—Y tú, cariño —dijo Vanessa, su mano bajando para acariciar su polla ya despierta—. ¿Cómo te sentiste viéndome con Carmen? ¿Y con Dante al mismo tiempo?
—Fue... abrumador —admitió Robert—. Una mezcla de celos y la excitación más fuerte que he sentido. Ver que te disfrutas tanto, que eres capaz de sentir tanto placer... me hizo quererte más.
La comunicación, esa que durante años había sido un monólogo de necesidades insatisfechas, se había convertido en un diálogo explícito y honesto. Y de ese diálogo nació una nueva pregunta: "¿Y ahora qué?".
La respuesta llegó no de ellos, sino de un mensaje de Dante en el grupo de WhatsApp que había creado para los cuatro: "Dante, Robert, Vanessa y la diosa Carmen". El mensaje era simple: "Mi hermana propone una nueva obra de teatro. ¿Interesados?".
Vanessa sonrió al leer el mensaje. "La diosa Carmen", le gustaba el apodo.
—¿Qué te parece? —preguntó Robert, mostrándole el móvil—. ¿Otra ronda?
Vanessa lo pensó, su ceño fruncido en concentración.
—Sí —dijo finalmente—. Pero quiero que esta vez sea diferente.
—¿Cómo de diferente?
—Quiero que lo planeemos entre nosotros cuatro —explicó Vanessa—. No solo que lleguemos y vea qué pasa. Quiero que hablemos de lo que queremos. De nuestros límites. De nuestras fantasías.
Robert asintió, intrigado. La idea de planear una orgía como si se tratara de una reunión de trabajo era tan extraña como excitante.
Se organizó una videollamada para la noche siguiente. Ver a Carmen y a Dante en la pantalla de su portátil, sentados cómodamente en el salón de Dante, fue tan normal y tan surrealista a la vez.
—Bienvenida a la junta directiva del placer, cariño —bromeó Carmen, con una copa de vino en la mano—. He oído que tienes ideas.
Vanessa, sorprendentemente, tomó la iniciativa.
—Sí —dijo, su voz firme—. La última vez fue increíble, un descubrimiento. Pero fue caótico. Esta vez, quiero que sea... intencionado.
—Interesante —dijo Dante, inclinándose hacia la cámara—. ¿Qué propones?
—Propongo que cada uno escriba una fantasía en un papel —continuó Vanessa—. Algo que quiera probar. Algo que no hayamos hecho. Luego las ponemos en un sombrero y sacamos una. O dos. Y esa es nuestra escenografía para la noche.
La idea fue recibida con sonrisas y asentimientos. Robert sentía una admiración renovada por su esposa. No solo estaba participando, estaba dirigiendo.
—De acuerdo —dijo Carmen—. Me encanta. Pero yo pongo una condición. La fantasía que se elija, se cumple. Sin excusas, sin tapujos. Somos todos adultos.
CONTINUARA....... @k66