Desgranando Sentimientos (en prosa o verso)

mikelo

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Tinta china

Me perdura,
en el papel, el olor de la tinta china,
-de tu piel-
y el suave rasgar de la pluma sobre él.

Me perdura,
en el libro, impresa en una página, una huella,
-de tus labios-
y un regalado trébol seco de cuatro hojas.

Me perdura,
en el plumier, los lapiceros despuntados,
-de tus dientes-
y la única goma Milán mordisqueada.

Me perdura,
en el cajón, la escuadra y cartabón Faber,
-de tus manos-
y la regla de haya rayada en pulgadas.

Me perdura,
en la trenca, dentro de un bolsillo, una fotografía,
-de tu sonrisa-
y una nota escrita, en su reverso, con tinta china.
 

mikelo

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Inquieta

No detengas, no abordes
Goleta
De nombre Inquieta
Corta el cristal
Sin mirar estelas
Sin prestar velas a Céfiro
Sin canto de sirenas
Solo murmullos de alisios
Que tu mástil cimbre
¡Libera amarras!
No me leas, no me atiendas
Chiqueta
De libertad inquieta
 

mikelo

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Meditando sin tiempo..

La mejor receta aún no se ha escrito.
Permanece a punto, y en la punta lengua aguarda, pero se niega a brotar...
Se niega a dejar de ser eso mismo: La Mejor Receta.
Ruego que la tinta no de forma a sus palabras y que el papel no ampare a sus rasgos.
Mientras, seguiremos experimentado en el fogón de la vida, entre sus cacharros de sensaciones.
 

mikelo

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Vaya, vaya... Solitario está este lugar de Sentimientos.
Mientras llegan más cartas del Correo lúbrico de Felipesegundo y su real Cipote, con su muy amada Dama, limpiaré y quitaré las telarañas.

De paso iré dejando, por partes, una historia que, no recuerdo cuánto, me encontré dentro de unos zapatos muy viejitos...
Los hechos son reales, si creemos en los sueños.

Llamaré a esta historia:

El Trámite (y sus secuelas)
 

mikelo

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Parte Primera

A pesar de ser madrugada, Palacio Fotocopia, era un hervidero de gente cargando con descomunales pilas de documentos. Pero ¡Ay desdicha! La Gran Madre de Todas las Maquinas estaba terriblemente constipada, estornudaba sin cesar, contratiempo que le impedía imprimir con soltura.

Fueron momentos dramáticos para ella. Calculó, con el pánico golpeándola entre la lengua y el paladar, que ya no llegaría en plazo. De nuevo todo se truncaba, ya no tendría más ocasiones. Dos brillantes lagrimillas se deslizaron por sus mejillas…

-Buena madrugada, muchacha de lágrima fácil. La noto preocupada…

-Buenas serán para usted... ¡Y cómo no estarlo! Señor emplumado, tengo que entregar, en la mañana de hoy, copia de éste montón de originales para su tramitación. Y la Madre, tose que te tose…

-Pues no debe preocuparse. Aquí, éste humilde pero eficiente profesional, le solucionará, bien gustoso, el ocasional inconveniente. Permita, chiquilla que se pierde en la desesperanza, me presente: Soy el Pato Secretario, o Súper Amanuense de Palacio.
Despliegue ya, delante de mi pico, todos y cada uno de los folios. Con ayuda de mis mil y una plumas fuente, y (poniendo énfasis) ” algún que otro extra”…, en un pispás cada hoja su réplica tendrá.

Dicho y hecho…

Se desató un pandemonio de gotas de tinta salpicando a diestro y siniestro. Entre la nube que se formó, creyó ver a un desleído diablo que, cojeando, corría de un lado a otro cambiando páginas con manos cuernos y rabo. “Será el extra” Dedujo.
Eso sí, prodigiosamente, ni un solo borrón maculó documento alguno, ni a su pródiga copia.

-¿Cuánto les debo?

-No hay nada que deber... Es obligación, o puede que pese más la devoción.

-Gracias, mi buen amanuense, pero no le entiendo.

-Ya comprenderás, cuando despiertes. Marcha ya…, pues sobrada de gracias vas.

Danza y gira,
acaricia el instante,
advierte y mira,
su esfera estante.
Ella, ilusión es,
dentro, el engranaje,
complejo relé
impulsando tu viaje.


Ya tenía, en su enorme carpeta, las fotocopias de los documentos que necesita para la pronta gestión o indigestión pendiente. Estaban recién manuscritas, olían al reconfortante perfume de la tinta china Pelikan.

Subió la enorme escalera, de sinuosos y escurridizos peldaños, con grande cuidado de no resbalarse. Ya estaba ¡por fin! en el estómago de Catedral Bureaucratie.

En la penumbra, apenas aliviada por el parpadeo somnoliento de unos pocos tubos fluorescentes, distinguió los mostradores del “Departamento de Atención y Confusión al Ingenuo Ciudadano”. Allá, en la esquina junto a una estatua del Emérito Asno, en un cartel electrónico torcido, casi descolgado, en grandes caracteres de fósforo verde que herían la vista rezaba: D. A. C. I. C. Debajo, con letra menuda, pero intermitente: A T R E V E T E, A T R E V E T E, A T R E V E T E…

En una solitaria columna trajana, un posti naranja: “Toma Número Cita” y una flecha indicando la dirección. Debajo, una papelera abollada llena de papelinas arrugadas. Eligió una al azar. “No Cita. Sigue intentándolo” Tras varias tentativas más: “¡Cita conseguida! ¡Va, va!”

El mostrador estaba solitario. Miró a su alrededor al techo y al suelo, a saliente y a poniente. Nada… Bueno sí, un esqueleto, muy bien trajeado, colgando de una percha le regaló con su simpática y reluciente sonrisa. Tras el velador, unas rasgadas mallas rosas reposaban sobre el respaldo de un sillón isabelino tapizado en verde eskay, y sobre el asiento, un enorme “dildo” de swarovski, entre rebanadas de pan de molde emergía de una bolsa de plástico de los famosos almacenes “El Corte de Mangas”.

-Hooolaaa, bueeenaaas. Traigo documentos para tramitar una solicitud. Por favor ¿Me pueden atender? ¿Hay alguien?... –Silencio polvoriento

– Ruego… Manifiéstate: Un golpe “toc”, será “sí,” dos serán “no” ¿Vale?

-¡Cállate ya, impertinente culo inquieto! – Clamó una chirriante vocecilla, sin poder distinguirse si procedía del lejano “más allá” o del cercano “más acá”

-Perdón… ¿Y qué hago?

-Deposita, muuuyyy lentamente, los documentos sobre la repisa. ¡Y que se te vean bien los deditos! Si llevas manicura de uñas, antes de nada, le quitas el esmalte con el pliego de lija del número 40, que tienes a tu alcance en la canasta de baloncesto. ¡De prisa! ¡De prisa!

Obediente, se miró todas y cada una de sus uñas. Ni rastro de esmalte, ni mugre. Acto seguido extrajo de la voluminosa cartera de piel, reforzada internamente con acero sueco, el paquete de las copias, depositándolas con exquisito esmero sobre el mostrador…

¡¡…!!

Fue un ver y no ver...

Una arpía saltó, cual resorte clavado entre las nalgas, de no se sabe dónde, hincándole, con ahínco, sus afilados dientecillos en varios dedos de la mano izquierda. ¡Ay, sus dedos…, tan finos, tan delicados! ¿Acaso, quedaría imposibilitada para volver a interpretar al piano “Arabesque” Op. 18 de Robert Schumann?...

Como buenamente pudo, arremetió con un par de ¡zascas!), del revés de su cartera.

La nariz de la pérfida salió volando, arrastrando consigo un cuerpecillo que se le antojó tal de una avecilla vestida toda de negro y con enaguas de satén y puntillas. También pudo apreciar, con envidiable asombro, que cubría sus piernecillas con medias de licra y coquetas ligas adornadas de lacitos rojos. Susurro para sí misma “Vaya, es presumida la arpía”

-¡Ayyy, madre de deu, qué ozzztia m’a dao! ¡zzzin dentezz m´a dejaoo! ¡Zzzocórran-me!
¡A mí. La Zzzanta Orkeda-de! ¡Zzzabotaaajeee!- Cacareó, la destartalada funcionaría…

Sobre un cartel de plástico con la inscripción “S. O.”, un bombillo de inmediato se iluminó, emitiendo destellos de alarma en color purpura cardenalicia. Debajo, en la puerta descolorida, lucía un poster con Mijail Bakunin (Sumun Fumador de la Gran Orden Celebrimbor, en su variante Orkolibertaria)

Que cuan vida propia atronó ¡¡ A LAS BARRICADAS, A LAS BARRICADAS!! ¡Jolines. Yaaa!

La puerta no se abrió, pero escuchó un tremendo golpetazo y, a continuación, se desplomó cuan larga era, ocasionando una tormenta de polvo primigenio y volutas de rancio serrín.

Después, tras un pavoroso bramido (mal ensayado), irrumpió, invadiendo todo espacio visual, un enorme orko tuerto, mal dentado y bien peinado, sin más vestimenta que un ajustado y elegante bóxer Kevin McBride. Miró, por cotilla costumbre, hacia ambos lados y, sin dudarlo, se abalanzó bufando sobre la aterrada muchacha…

Instintivamente, ella, dio un grácil saltito a la pata coja hacia atrás.

-Vade retro, engendro de perverso trasgo-

El orko, la recorrió perezosamente con sanguíneo ojo. Puso las zarpas de afiladas y bien cuidadas uñas sobre el mostrador. Infló, durante una eternidad, el pecho, soltó aire y su garganta emitió un rugido en clave de tenor venido a menos... Bien que su intención era que fuese modulado, sostenido, de menos a más, pero le brotaron un par de gallos (uno negro y el otro rojo. El negro era grande, pero el rojo era valiente)

–Non fale, non fale- se corrigió lloriqueando –E´spegra , porg favorg- …

De nuevo, clamó y la bóveda timbró de gusto por la acústica –Ahogra muxo mejor. ¿Vergdade que s´obrgecoge?
La muchacha, amenazándole con su cartera, le advirtió – ¡Ni se te ocurra comerme!

-¿Comergte… a tú? Oh, Piltrgafilla, mi ofende, pue´sto que s´erg vegetagriano. Serg de Gragn Ogden de Celebrimborg… Mala tua, moito violencia la tua. Ha´s violentado míña cariña nena…

-Pero oye, esto sí que es bueno, primero fue ella, mira- enseñándole las marcas en los dedos –me los ha mordido, ¡ñam, ñam!, casi los arranca.

-¡Igñorgaaanteee! ¡S´eg el trgamite! Teneg que comprgobag a tua huella digitae… Élla, s´ensorg en s´ua paladarge.

-Bueno… yo…

-Nin “yo” nin “yin yang”. Dargme, prgonta, copia documenta…

Acercándose, siempre alerta, fue a depositarlas sobre el mostrador. El orko, de un manotazo, se las arrebató y seguidamente se las fue comiendo a puñados.

-Mmmh, exquisitae... Papel seg firgme, bon grgamage, excelentia textugra. ¡Ah… la tinta! Intens´o agroma, saborg pergdugra en la paladarg, de rgemini´scencia da China ogriental. Non dudarg s´erg alta gama Pelikan. Tambén…, poderg apreciade la grafía gótica y prgecis´a de S´úperg Amanuens´e de Palaccio.

¡Eh! ¿Pero qué hace? ¡Puñetero orko tragón! ¡Son necesarias para la tramitación! ¡Oh, mi pobre solicitud! Vomite, vomítalas… Por favor…

-E´stoy lo tragmitando-la... ¿Tua non capiscas?… ¡Pergo, qué face tua acá todavía! ¡S´al ya da Catedrgal! Grgande strgopicia-de. ¡Go home!

El orko (descendiente de Celebrimbor), desentendiéndose de la muchacha, volvió sus pasos, y con inquieto ojo escudriño apesadumbrado…

Hecha un guiñapo la desvencijada arpía colgaba de una lámpara. Se acercó hasta ella, y delicadamente la descolgó. Acunándola entre sus fornidos brazos, con voz melodiosa y entre sollozos, la susurró al oído “Ay, la mí bella ¿Qué de tua han hecho? Mía, la mai´s precios´a, la mía vida bonitae. Pgronto aliviag, Mí, ben cuida-de tua...

Pero la arpía, con pronta agilidad, saltó de los amorosos brazos y, tras varias vueltas de campana en el aire, una vez en el suelo, agitándose se recompuso. Observó enternecida y amorosamente a su apuesto galán, que su vez la miraba con triste gimoteo.

-Oh, Mi hermoso orko-doncel, no más penita. Ya estoy bien, puesto que tus lágrimas me han reconfortado -Tomando asiento – Ven mi pedacito de amor y duérmete, descansa en mí cálido regazo, que yo te arrullaré con tu canción de cuna preferida.


Apesadumbrada y, aún más, emocionalmente masturbada, encaminó instintivamente sus pasos de caramelo hacia la boca de la Catedral.

Cual espinas de hielo, se clavó en su rostro y en las manos el aire glacial.

En la calle, los copos de opaca y negra nieve caían mansamente, dibujando en aventurada trayectoria, espirales y requiebros de una danza sin orquestar.

La bruna nieve contrastaba con las níveas y monstruosas estructuras Calatrava Despilfarroportolmorrem.

Con precaución, tanteando el espacio con la punta del suyo diminuto pie izquierdo, quiso posar sobre el primer peldaño. La escalera, con el sutil roce, primero se estremeció y, tras bostezar un par de veces, se desperezó cuan larga era, pasando a ser una empinada rampa sin final.

Patinó, cayendo sobre el helado pavimento. Amortiguado el golpe con su generosa y dura posadera se deslizó vertiginosamente a la velocidad de un caracol ensalivado por aquello que le pareció ser un virtual tobogán sin retorno.

Recostada, en la balaustrada de la escalera, sollozaba, hipaba, sorbía los mocos. Lágrimas, de infortunio y rabia, que por las mejillas descendían a raudales hasta posarse sobre la nieve.

Fontana de desesperanza, convertida en arroyo de verdes aguas, que desde sus pies viajaba hacia un futuro incierto.

-Se fastidió el Trámite ¡Pobrecilla de mí! Mala fortuna la mía, todo se me torna del revés ¿Y ahora qué? ¡Ay, desamparo!

Quieta he quedar en este lugar, hasta convertirme en figura helada.
Que el Sol me sorprenda y con caliente abrazo, me torne charco, después seré hilo de sollozos que se trague la indiferente imbornal, y poder viajar hasta desembocar en el mar…


-Sssh, yaaa ya, vaaa va…- Le susurraron los suaves acordes de un instrumento musical.

Apenas visible tras el saxofón y una luenga barba blanca se adivinaba una afable sonrisa.

-Buenas sean chiquilla de la desesperanza. ¿Cuán drama…?

-¡De buenas nada! Y deje de soplar, que me despeina los rizos. ¿Cómo no desesperar? Un grandote orko-funcionario acaba de manducarse las copias requeridas para la tramitación y aprobación de mi solicitud. Es que hoy se cumplía el plazo. ¡Jo, qué putada!

-De eso nada, muchacha. Anda límpiate los mocos y atiende- Ofreciéndole la manga de su verde gabán.

-“ Sssnot”… Gracias. Muy atenta le quedo.

-Verás, las cosas no son como parecen, ni aparecen cuando son…

-Uf, creo que voy a dormir. Las adivinanzas me producen sopor.

-Bueno, bueno… Ay, qué poca paciencia ¡Juventud! Al grano, si en verdad deseas que tu problema tenga feliz desenlace, mi persona te ofrecerá el auxilio y el camino para conseguirlo. Ten por seguro que así será, y a su término más contenta que unas pascuas quedarás. ¿Dispuesta?

-Arranque ya. Que ardo en curiosidad.

-Apúntate en la memoria los requisitos:

Necesitamos, Un tarro de mermelada de naranja al whiskey de Bushmills y un queso Cheddar también al whiskey.

-¿Y dónde puedo lograrlo? Las tiendas están todavía cerradas.

-¡Ejem! Bueno, esa es otra. Te están esperando, en las estanterías de un Dunnes Stores en la localidad de Ongar.

-¿Es broma?¡Parece sacado de las doce pruebas de Astérix!

-No, no es broma, ni putada. Es el juego, y nosotros formamos parte él.

-¿Un juego? Veamos ….(Procesando), Ongar, Ongar ¡Ésta en Dublín!

-¡Premio para la nena!

- No es posible, está muy lejos, tardaré días y el plazo… Tampoco dispongo de medios.

-Toma- Extrajo un sobre del bolsillo –Aquí dentro tienes el vuelo. Te quedan minutos. Apremia ya. Te esperan.

-¡Ay, no me dará tiempo! Contando que tengo que pasar por casa.

-He dicho que te quedan unos minutos, nada de que no tengas tiempo. Pásate por dónde quieras. No temas, te aseguro que llegarás a pesar del tiempo.

-¡Pero que broma es ésta!- Mirando dentro del sobre –¡Pero sí sólo hay aire!

-No necesitas más para volar: ¡Aire, viento!

- Bueno, siendo así… Dígame, por favor, cómo podría pagarle…

-Na, na chiquilla, no hay nada que pagar. Es la obligación…, o puede que sea la devoción.

-Gracias miles buen hombre.

-¡Tú sí que vas de sobrada de gracias! No esperes más, cuando despiertes comprenderás.

-¡Adiós señor otoñal!

-¡Hasta siempre, muchacha primaveral! ¡Corre y vuela! ¡Cabalga con viento, contra el tiempo!


Volando sin alas,
con color de realidad,
por el etéreo gris virtual.

Amazona de ensueños
que arropando con tu cálida piel
la anhelante carne de tu corcel,
vas dejando impresos suspiros azules,
sobre el lienzo de la materia ilusionada.

Índigo en los dedos,
tus pinceles,
de caricias ya por siempre
arrobados.
Añil en los labios,
en los trazos,
de besos en tu oculta luna
posados.

Cabalga y vuela,
por las infinitas praderas,
entre las manos
y las miradas compañeras.

 

Gamber

La Jefa
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Parte Primera

A pesar de ser madrugada, Palacio Fotocopia, era un hervidero de gente cargando con descomunales pilas de documentos. Pero ¡Ay desdicha! La Gran Madre de Todas las Maquinas estaba terriblemente constipada, estornudaba sin cesar, contratiempo que le impedía imprimir con soltura.

Fueron momentos dramáticos para ella. Calculó, con el pánico golpeándola entre la lengua y el paladar, que ya no llegaría en plazo. De nuevo todo se truncaba, ya no tendría más ocasiones. Dos brillantes lagrimillas se deslizaron por sus mejillas…

-Buena madrugada, muchacha de lágrima fácil. La noto preocupada…

-Buenas serán para usted... ¡Y cómo no estarlo! Señor emplumado, tengo que entregar, en la mañana de hoy, copia de éste montón de originales para su tramitación. Y la Madre, tose que te tose…

-Pues no debe preocuparse. Aquí, éste humilde pero eficiente profesional, le solucionará, bien gustoso, el ocasional inconveniente. Permita, chiquilla que se pierde en la desesperanza, me presente: Soy el Pato Secretario, o Súper Amanuense de Palacio.
Despliegue ya, delante de mi pico, todos y cada uno de los folios. Con ayuda de mis mil y una plumas fuente, y (poniendo énfasis) ” algún que otro extra”…, en un pispás cada hoja su réplica tendrá.

Dicho y hecho…

Se desató un pandemonio de gotas de tinta salpicando a diestro y siniestro. Entre la nube que se formó, creyó ver a un desleído diablo que, cojeando, corría de un lado a otro cambiando páginas con manos cuernos y rabo. “Será el extra” Dedujo.
Eso sí, prodigiosamente, ni un solo borrón maculó documento alguno, ni a su pródiga copia.

-¿Cuánto les debo?

-No hay nada que deber... Es obligación, o puede que pese más la devoción.

-Gracias, mi buen amanuense, pero no le entiendo.

-Ya comprenderás, cuando despiertes. Marcha ya…, pues sobrada de gracias vas.

Danza y gira,
acaricia el instante,
advierte y mira,
su esfera estante.
Ella, ilusión es,
dentro, el engranaje,
complejo relé
impulsando tu viaje.


Ya tenía, en su enorme carpeta, las fotocopias de los documentos que necesita para la pronta gestión o indigestión pendiente. Estaban recién manuscritas, olían al reconfortante perfume de la tinta china Pelikan.

Subió la enorme escalera, de sinuosos y escurridizos peldaños, con grande cuidado de no resbalarse. Ya estaba ¡por fin! en el estómago de Catedral Bureaucratie.

En la penumbra, apenas aliviada por el parpadeo somnoliento de unos pocos tubos fluorescentes, distinguió los mostradores del “Departamento de Atención y Confusión al Ingenuo Ciudadano”. Allá, en la esquina junto a una estatua del Emérito Asno, en un cartel electrónico torcido, casi descolgado, en grandes caracteres de fósforo verde que herían la vista rezaba: D. A. C. I. C. Debajo, con letra menuda, pero intermitente: A T R E V E T E, A T R E V E T E, A T R E V E T E…

En una solitaria columna trajana, un posti naranja: “Toma Número Cita” y una flecha indicando la dirección. Debajo, una papelera abollada llena de papelinas arrugadas. Eligió una al azar. “No Cita. Sigue intentándolo” Tras varias tentativas más: “¡Cita conseguida! ¡Va, va!”

El mostrador estaba solitario. Miró a su alrededor al techo y al suelo, a saliente y a poniente. Nada… Bueno sí, un esqueleto, muy bien trajeado, colgando de una percha le regaló con su simpática y reluciente sonrisa. Tras el velador, unas rasgadas mallas rosas reposaban sobre el respaldo de un sillón isabelino tapizado en verde eskay, y sobre el asiento, un enorme “dildo” de swarovski, entre rebanadas de pan de molde emergía de una bolsa de plástico de los famosos almacenes “El Corte de Mangas”.

-Hooolaaa, bueeenaaas. Traigo documentos para tramitar una solicitud. Por favor ¿Me pueden atender? ¿Hay alguien?... –Silencio polvoriento

– Ruego… Manifiéstate: Un golpe “toc”, será “sí,” dos serán “no” ¿Vale?

-¡Cállate ya, impertinente culo inquieto! – Clamó una chirriante vocecilla, sin poder distinguirse si procedía del lejano “más allá” o del cercano “más acá”

-Perdón… ¿Y qué hago?

-Deposita, muuuyyy lentamente, los documentos sobre la repisa. ¡Y que se te vean bien los deditos! Si llevas manicura de uñas, antes de nada, le quitas el esmalte con el pliego de lija del número 40, que tienes a tu alcance en la canasta de baloncesto. ¡De prisa! ¡De prisa!

Obediente, se miró todas y cada una de sus uñas. Ni rastro de esmalte, ni mugre. Acto seguido extrajo de la voluminosa cartera de piel, reforzada internamente con acero sueco, el paquete de las copias, depositándolas con exquisito esmero sobre el mostrador…

¡¡…!!

Fue un ver y no ver...

Una arpía saltó, cual resorte clavado entre las nalgas, de no se sabe dónde, hincándole, con ahínco, sus afilados dientecillos en varios dedos de la mano izquierda. ¡Ay, sus dedos…, tan finos, tan delicados! ¿Acaso, quedaría imposibilitada para volver a interpretar al piano “Arabesque” Op. 18 de Robert Schumann?...

Como buenamente pudo, arremetió con un par de ¡zascas!), del revés de su cartera.

La nariz de la pérfida salió volando, arrastrando consigo un cuerpecillo que se le antojó tal de una avecilla vestida toda de negro y con enaguas de satén y puntillas. También pudo apreciar, con envidiable asombro, que cubría sus piernecillas con medias de licra y coquetas ligas adornadas de lacitos rojos. Susurro para sí misma “Vaya, es presumida la arpía”

-¡Ayyy, madre de deu, qué ozzztia m’a dao! ¡zzzin dentezz m´a dejaoo! ¡Zzzocórran-me!
¡A mí. La Zzzanta Orkeda-de! ¡Zzzabotaaajeee!- Cacareó, la destartalada funcionaría…

Sobre un cartel de plástico con la inscripción “S. O.”, un bombillo de inmediato se iluminó, emitiendo destellos de alarma en color purpura cardenalicia. Debajo, en la puerta descolorida, lucía un poster con Mijail Bakunin (Sumun Fumador de la Gran Orden Celebrimbor, en su variante Orkolibertaria)

Que cuan vida propia atronó ¡¡ A LAS BARRICADAS, A LAS BARRICADAS!! ¡Jolines. Yaaa!

La puerta no se abrió, pero escuchó un tremendo golpetazo y, a continuación, se desplomó cuan larga era, ocasionando una tormenta de polvo primigenio y volutas de rancio serrín.

Después, tras un pavoroso bramido (mal ensayado), irrumpió, invadiendo todo espacio visual, un enorme orko tuerto, mal dentado y bien peinado, sin más vestimenta que un ajustado y elegante bóxer Kevin McBride. Miró, por cotilla costumbre, hacia ambos lados y, sin dudarlo, se abalanzó bufando sobre la aterrada muchacha…

Instintivamente, ella, dio un grácil saltito a la pata coja hacia atrás.

-Vade retro, engendro de perverso trasgo-

El orko, la recorrió perezosamente con sanguíneo ojo. Puso las zarpas de afiladas y bien cuidadas uñas sobre el mostrador. Infló, durante una eternidad, el pecho, soltó aire y su garganta emitió un rugido en clave de tenor venido a menos... Bien que su intención era que fuese modulado, sostenido, de menos a más, pero le brotaron un par de gallos (uno negro y el otro rojo. El negro era grande, pero el rojo era valiente)

–Non fale, non fale- se corrigió lloriqueando –E´spegra , porg favorg- …

De nuevo, clamó y la bóveda timbró de gusto por la acústica –Ahogra muxo mejor. ¿Vergdade que s´obrgecoge?
La muchacha, amenazándole con su cartera, le advirtió – ¡Ni se te ocurra comerme!

-¿Comergte… a tú? Oh, Piltrgafilla, mi ofende, pue´sto que s´erg vegetagriano. Serg de Gragn Ogden de Celebrimborg… Mala tua, moito violencia la tua. Ha´s violentado míña cariña nena…

-Pero oye, esto sí que es bueno, primero fue ella, mira- enseñándole las marcas en los dedos –me los ha mordido, ¡ñam, ñam!, casi los arranca.

-¡Igñorgaaanteee! ¡S´eg el trgamite! Teneg que comprgobag a tua huella digitae… Élla, s´ensorg en s´ua paladarge.

-Bueno… yo…

-Nin “yo” nin “yin yang”. Dargme, prgonta, copia documenta…

Acercándose, siempre alerta, fue a depositarlas sobre el mostrador. El orko, de un manotazo, se las arrebató y seguidamente se las fue comiendo a puñados.

-Mmmh, exquisitae... Papel seg firgme, bon grgamage, excelentia textugra. ¡Ah… la tinta! Intens´o agroma, saborg pergdugra en la paladarg, de rgemini´scencia da China ogriental. Non dudarg s´erg alta gama Pelikan. Tambén…, poderg apreciade la grafía gótica y prgecis´a de S´úperg Amanuens´e de Palaccio.

¡Eh! ¿Pero qué hace? ¡Puñetero orko tragón! ¡Son necesarias para la tramitación! ¡Oh, mi pobre solicitud! Vomite, vomítalas… Por favor…

-E´stoy lo tragmitando-la... ¿Tua non capiscas?… ¡Pergo, qué face tua acá todavía! ¡S´al ya da Catedrgal! Grgande strgopicia-de. ¡Go home!

El orko (descendiente de Celebrimbor), desentendiéndose de la muchacha, volvió sus pasos, y con inquieto ojo escudriño apesadumbrado…

Hecha un guiñapo la desvencijada arpía colgaba de una lámpara. Se acercó hasta ella, y delicadamente la descolgó. Acunándola entre sus fornidos brazos, con voz melodiosa y entre sollozos, la susurró al oído “Ay, la mí bella ¿Qué de tua han hecho? Mía, la mai´s precios´a, la mía vida bonitae. Pgronto aliviag, Mí, ben cuida-de tua...

Pero la arpía, con pronta agilidad, saltó de los amorosos brazos y, tras varias vueltas de campana en el aire, una vez en el suelo, agitándose se recompuso. Observó enternecida y amorosamente a su apuesto galán, que su vez la miraba con triste gimoteo.

-Oh, Mi hermoso orko-doncel, no más penita. Ya estoy bien, puesto que tus lágrimas me han reconfortado -Tomando asiento – Ven mi pedacito de amor y duérmete, descansa en mí cálido regazo, que yo te arrullaré con tu canción de cuna preferida.


Apesadumbrada y, aún más, emocionalmente masturbada, encaminó instintivamente sus pasos de caramelo hacia la boca de la Catedral.

Cual espinas de hielo, se clavó en su rostro y en las manos el aire glacial.

En la calle, los copos de opaca y negra nieve caían mansamente, dibujando en aventurada trayectoria, espirales y requiebros de una danza sin orquestar.

La bruna nieve contrastaba con las níveas y monstruosas estructuras Calatrava Despilfarroportolmorrem.

Con precaución, tanteando el espacio con la punta del suyo diminuto pie izquierdo, quiso posar sobre el primer peldaño. La escalera, con el sutil roce, primero se estremeció y, tras bostezar un par de veces, se desperezó cuan larga era, pasando a ser una empinada rampa sin final.

Patinó, cayendo sobre el helado pavimento. Amortiguado el golpe con su generosa y dura posadera se deslizó vertiginosamente a la velocidad de un caracol ensalivado por aquello que le pareció ser un virtual tobogán sin retorno.

Recostada, en la balaustrada de la escalera, sollozaba, hipaba, sorbía los mocos. Lágrimas, de infortunio y rabia, que por las mejillas descendían a raudales hasta posarse sobre la nieve.

Fontana de desesperanza, convertida en arroyo de verdes aguas, que desde sus pies viajaba hacia un futuro incierto.

-Se fastidió el Trámite ¡Pobrecilla de mí! Mala fortuna la mía, todo se me torna del revés ¿Y ahora qué? ¡Ay, desamparo!

Quieta he quedar en este lugar, hasta convertirme en figura helada.
Que el Sol me sorprenda y con caliente abrazo, me torne charco, después seré hilo de sollozos que se trague la indiferente imbornal, y poder viajar hasta desembocar en el mar…


-Sssh, yaaa ya, vaaa va…- Le susurraron los suaves acordes de un instrumento musical.

Apenas visible tras el saxofón y una luenga barba blanca se adivinaba una afable sonrisa.

-Buenas sean chiquilla de la desesperanza. ¿Cuán drama…?

-¡De buenas nada! Y deje de soplar, que me despeina los rizos. ¿Cómo no desesperar? Un grandote orko-funcionario acaba de manducarse las copias requeridas para la tramitación y aprobación de mi solicitud. Es que hoy se cumplía el plazo. ¡Jo, qué putada!

-De eso nada, muchacha. Anda límpiate los mocos y atiende- Ofreciéndole la manga de su verde gabán.

-“ Sssnot”… Gracias. Muy atenta le quedo.

-Verás, las cosas no son como parecen, ni aparecen cuando son…

-Uf, creo que voy a dormir. Las adivinanzas me producen sopor.

-Bueno, bueno… Ay, qué poca paciencia ¡Juventud! Al grano, si en verdad deseas que tu problema tenga feliz desenlace, mi persona te ofrecerá el auxilio y el camino para conseguirlo. Ten por seguro que así será, y a su término más contenta que unas pascuas quedarás. ¿Dispuesta?

-Arranque ya. Que ardo en curiosidad.

-Apúntate en la memoria los requisitos:

Necesitamos, Un tarro de mermelada de naranja al whiskey de Bushmills y un queso Cheddar también al whiskey.

-¿Y dónde puedo lograrlo? Las tiendas están todavía cerradas.

-¡Ejem! Bueno, esa es otra. Te están esperando, en las estanterías de un Dunnes Stores en la localidad de Ongar.

-¿Es broma?¡Parece sacado de las doce pruebas de Astérix!

-No, no es broma, ni putada. Es el juego, y nosotros formamos parte él.

-¿Un juego? Veamos ….(Procesando), Ongar, Ongar ¡Ésta en Dublín!

-¡Premio para la nena!

- No es posible, está muy lejos, tardaré días y el plazo… Tampoco dispongo de medios.

-Toma- Extrajo un sobre del bolsillo –Aquí dentro tienes el vuelo. Te quedan minutos. Apremia ya. Te esperan.

-¡Ay, no me dará tiempo! Contando que tengo que pasar por casa.

-He dicho que te quedan unos minutos, nada de que no tengas tiempo. Pásate por dónde quieras. No temas, te aseguro que llegarás a pesar del tiempo.

-¡Pero que broma es ésta!- Mirando dentro del sobre –¡Pero sí sólo hay aire!

-No necesitas más para volar: ¡Aire, viento!

- Bueno, siendo así… Dígame, por favor, cómo podría pagarle…

-Na, na chiquilla, no hay nada que pagar. Es la obligación…, o puede que sea la devoción.

-Gracias miles buen hombre.

-¡Tú sí que vas de sobrada de gracias! No esperes más, cuando despiertes comprenderás.

-¡Adiós señor otoñal!

-¡Hasta siempre, muchacha primaveral! ¡Corre y vuela! ¡Cabalga con viento, contra el tiempo!


Volando sin alas,
con color de realidad,
por el etéreo gris virtual.

Amazona de ensueños
que arropando con tu cálida piel
la anhelante carne de tu corcel,
vas dejando impresos suspiros azules,
sobre el lienzo de la materia ilusionada.

Índigo en los dedos,
tus pinceles,
de caricias ya por siempre
arrobados.
Añil en los labios,
en los trazos,
de besos en tu oculta luna
posados.

Cabalga y vuela,
por las infinitas praderas,
entre las manos
y las miradas compañeras.
Increíble, fabuloso.
Genial surrealismo mágico.

Quiero más 💋 💋 💋
 

mikelo

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Parte Segunda

Protegiéndose de la fina lluvia con su sombrero de fieltro y la gabardina, delante de la salida del aeropuerto de Cork y estacionado en la parada de las aerobici, Michael Collins aguardaba, apoyado en su bicicleta
La misma que utilizó siendo un mozuelo para repartir el correo y ganarse la vida.
La misma con la cual, estando en busca y captura, se paseaba por las calles delante de los “nariz impertinente” policías británicos.



M_Collins.jpg



Uno tras otro fueron llegando, primero Dalton y Mulcahy, después el resto los camaradas.

Tenían un nuevo sueño, un reto, en el cual aventurarse.



No lo habían dudado. Estaban contentos y se notaba. Bromeaban, reían, cantaban, palmeaban y algún que otro danzaba. Surgieron las pintas de Rebel Red, de las cuales tomaron grandes tragos en perfecta comunión.

Latían los corazones con fuerza. La historia les brindaba una nueva oportunidad. Al menos, la que se escribe en éste cuento…

Pronto la muchacha aparecería, tal vez, inquieta y risueña. Pero ajena a la suerte de su ensueño…



-¡¡Allí, allí, Collins, es ella!!- Señaló Mulcahy



….
 

mikelo

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Amazona, sobre su enorme cartera, dejándose llevar por el viento del sobre, se fue elevando...

Allí abajo, aun pudo ver como un puntito verde desaparecía, acompañándose de las aterciopeladas notas del saxofón. Tras él, Catedral Bureaucratie y todas las espectaculares edificaciones existentes o en proyecto, comenzaron a girar vertiginosamente alrededor de un diminuto pero voraz agujero negro. En un segundo no quedó ni la historia.
Ya no nevaba.

El aire le trajo la proximidad del familiar aroma de los claveles.
Entró por la ventana de su dormitorio aprovechado que en ese momento ésta bostezaba.

Sin perder un solo instante se dio una ducha con la regadera de la pradera.
Ya desnuda, corría, saltaba (las tetitas le repicaban), por todos los rincones del diminuto apartamento, sin dejar de tatarear: Pinto, pinto, gorgorito…

Mientras se vestía, notó como la estancia se llenaba de miradas. No tenía cortinas su alma, y se ruborizó.


Cuento_1.jpg

Sobre fondo negro, ojos sin pasado, miradas sin futuro.

“Y anhelo el roce dichoso de mis labios por tu pelo”.
“Y deseo la suerte de las medias en su viaje afortunado por tus piernas”
“Déjame que te calce y bese tus pies, aún sin mirar tu rostro”


Llista ¡Tachánnn! Dispuesta a cumplir con éxito el encargo que le ayudaría a finalizar el Trámite.

Sacó los documentos originales de la cartera, depositándolos sobré la cómoda, junto a Trapillo (Trapillo es real, un muñeco de trapo que protagoniza otra fábula: “Corazón de trapo” ). Pará él depositó un sonoro beso.


Apunto estaba de saltar al exterior cuando se acordó del piano. Sin esfuerzo alguno lo depositó en el fondo de la cartera. “Por si acaso, mejor no salgas a la calle sin llevar uno puesto”

Brinco ilusionada, impulsada por la excitación que la arrastraba.

Surcaba el espacio. El sobre rezongaba “Quizá no fue acertado echar el piano” Pensó ella. Pero volaban cada vez más alto, cada vez más lejos… y más cerca.


Vertiginosas nubes cargadas humedad se cruzaban con ella y, en su encuentro, las muy traviesas le mojaban la orejilla.
Sinfonía de paisajes. Collage de sombras, trazos y texturas de una inmensa almazuela bajo sus zapatos de caramelo se ofrecían.

¡Ya! ¡El grande mar gris palpitando!
Y de nuevo la brevedad de la tierra ¡Esmeralda!

-Allá, allá está, ¡Aaachisss!- Le estornudó el sobre de papel un tanto resfriado.

“Ay mi pobre, ya llegamos, creo. Te guardaré al calor de mi cartera”

Descendieron despacio, cual pluma de ave AerLingus.
Quedó posada en el interior de un inmenso recibidor acristalado. Las puertas, deslizándose le pestañearon, invitándola a salir.
Dio varios pasos hacia el exterior, se paró y asomó sus inquietos rizos…

-¡¡Allí, allí, Collins, es ella!!


-Dia duit, bean álainn! Fáilte go hÉirinn!- Le saludó en irlandés, sombrero en alto, un exultante Michael Collins.

-Hola- Atinó a respoder, timidamente y muy sorprendida por el recibimiento.

No hubo tiempo de más. Ya la abrazaban, buscando sus cabellos los besaban. Tomándola en brazos se la pasaban de uno a otro arrojándola al aire.

¿Acaso se conocían? ¡Qué más da!!Ah, Los sueños! Ni principio ni final, sin conocimiento, sin identidad, pero seguros en sí mismos.

-Más vuelos no, porfavor- Imploró entre risas.

-Bien, mi bella amiga, nosotros seremos tu escolta hasta Ongar.- Mick la tomó de la mano.

-¿Es necesario todo este cortejo? Con mi cartera y mi sobre de viento, no necesitare de más. De verdad, que no quisiera ser causa de entrenimiento ni de molestia alguna- Se excusó, no muy convencida de sus propias palábras, pero sin soltarse de “Gradullón”.

-Y no lo eres. Está soñándo éste cuento y, colorines coloreados, por tal causa todos somos afortunados.

-Vamos no se hable más- Apremió, subido ya en su aerobici- Da un saltito y acomódate en el porta cestas. -¡Sujétate que despegamos!- Gritó, sin dejar de pedalear con energía.
 

mikelo

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Parte Tercera

(Un balon de cuero reglamentario, les pasó chutando y, tomándoles la delantera, se perdió en el horizonte, entre las nubes de poniente)

...

La comitiva giró en su vuelo hacia la izquierda, dirección Béal na mBláth. No podían eludir el encuentro de la fábula con historía.
El silencio era total, ni siquiera se escuchaba el jadear de los cuerpos, ni el suave run run de las nubes al desplazarse.
Ya casí estaban sobre “La boca de las flores”. En el aire se olía la pimienta y el azufre. Hasta se podía barruntar el rencor...

En otro lugar
-¡Acaban de salir del aerfort de Cork! Les chivó el balón, sin dejar de rebotar contra las paredes y contra el suelo de tierra y heces, de la taberna “The Dragons” -Lo he oído todo- Informó, al sorprendido grupo de jóvenes dragones rojos que, como era habitual, se encontraban allí tomándose sus buenas pintas de agua de regaliz.

-¡Deja ya de pelotear!- Gruñó Sonny –Relájate, por favor e infórmanos… ¿Quiénes?...

-Michael Collins y sus compañeros “tratadistas”. Escoltan a una joven hasta Ongar.

¡Mierda, nunca aprenderá!- Rugió -Maldita sea. No hay manera, el puto Grandullón se apunta a todo. Igual le da si es fantasía o es realidad. Vive y muere con un pié en cada lugar.
-Bien, bien…- Rascándose la perilla- Él, solito de nuevo se lo ha buscado.

-Camaradas ya sabemos lo que tenemos que hacer. Nos emboscaremos sobre “La boca de las flores” y cuando estén a un soplido de distancia los achicharramos. ¡Ah! Uno de vosotros, por favor, que vuele rápido en busca de Madre.
....​

El pedaleo bajó de intensidad. La comitiva se desplazaba alerta entre girones de nubes.

A la altura de Béal na mBláth, vieron como un orko azul, dando enormes saltos, se dirigía hacia ellos, llamando la atención con grandes aspavientos de los brazos.

Decidieron, echando pie a la nube, por precaución hacer un alto y esperar que llegase hasta ellos.
La muchacha de la enorme cartera, sobrecogida, se abrazó a su guía –¡Oh no! Otro orko

-No temas- Le tranquilizó Collins- Es amigo. Los orkos de la Gran Orden de Celebrimbor son amigos de los humanos. Y en concreto los azules también protegen a los niños.

-Ya, pero uno parecido a ése se comió las copias para la tramitación de mi solicitud. Y, claro, de esos barros vienen estos lodos.

-Bien, bien, mi bella resabiada– Riéndose con gana Mick –Las cosas no son como parecen, ni aparecen cuando son…

-¡Está sí que es buena! Eh, Grandullón, por casualidad ¿No tendrás un pariente de larga barba blanca, gabán verde y que además resopla un viejo saxofón? ¡Es que te salió la misma retahíla!

Mick sonriendo –No es pariente, bueno, al menos tal y como se entiende al uso. Pero sí nos reconocemos. Por él estamos aquí, contigo, dándote escolta- Fijando la mirada en los ojos verdes de la joven- Incluso, en éste momento, puedo verle a través de tus pupilas…

El orko azul, interrumpió dando nerviosas palmadas, moviéndose entre los aerociclistas

-Amigo´s bueno´s. Mí, descubri-les porg cas’ualida-de. Ello´s serg s’iete dragon’s rgojo’s, embo’scarg trga´s aquel-lo cúmulo black. Non pargecerg-lo buonos- Advirtió el orko -Mexor vo’s tuas darg graaande rgodeo. Porg favorg, favorge.


-Gracias mil, bueno amigo. No cabe rodeo y aún menos retorno- Manifestó un Collins totalmente decidido –Escrito está, y pronto sabremos el desenlace de éste capítulo.

-Compañeros, caravana ¡En marcha! El cielo no conoce fronteras

 

Gamber

La Jefa
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Sigues vistiendo mis sentidos de fantasía y primavera. Sigues vistiendo mi alma con una sonrisa. Sigues vistiendo mis sueños.

Muchas gracias por tu escrito, 💋 💋 💋
 

mikelo

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Sigues vistiendo mis sentidos de fantasía y primavera. Sigues vistiendo mi alma con una sonrisa. Sigues vistiendo mis sueños.

Muchas gracias por tu escrito, 💋 💋 💋
Éso me gusta, aunque más me gustaría poder desvestirte, y no precisamente, de tus sentimientos...
:giggle:
 

mikelo

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Parte cuarta

Apenas unos cuantos pedaleos más, próximos ya al cúmulo black, una tras otra, las siete rojas cabezas se asomaron. Un intrépido Sonny se alzó sobre el resto. Olisqueó primero, después, miró fijamente en dirección a Michael Collins.

-¡Grandullón, cuidado, te quiere a ti!- Avisó Emmet Dalton, sin dejar de pedalear hacia él, con la valiente intención de anteponerse…

El dragón agitó la cola y extendió las alas. Sin emitir bufido alguno de aviso, lanzó un torrente de fuego y lava contra Mick.

La joven, con gesto rápido y decidido, tapó con la enorme cartera a su guía y protector (Está vez, protegido. Y no sería la última). La cartera ni se inmutó.


(Permítanme, a tenor de éste incidente, hacer una pausa como narrador. Destacar que desde entonces quedó más que refutada la excelente calidad y la muy precisa manufactura del cuero cordobés (España). Al menos, en lo concerniente al ámbito de los sueños)


Tan solo hubo que lamentar que, muy ligeramente, se le chamuscasen algunos de los pelos en la oreja izquierda al Orko Celebrimbor ¡Cosas que pasan en el batallar de los sueños! Llegó el último y le tocó ser el primero. Pero también señalar, que más allá de pelillos a la mar, los orkos son incombustibles.

Tras unos instantes de sorpresa, desconcierto y mosqueo dragonil, los otros seis acudieron para dar apoyo y secundar a su hermano. Ya era todo un resoplar y un lanzar llamaradas. Ahora bien, a Sonny, el más potente y certero (Fue franco tirador en el ejército británico), apenas le quedaba combustible, el resto, unos advenedizos de tiro corto y mala puntería.

En ello estaban, cuando se escuchó tras el cúmulo negro, un pavoroso bramido. Hasta el cielo preso de pánico se estremeció, perdiendo parte de su bóveda celeste.

Imponente y muy cabreada, la grande Madre dragona eclosionó cual gigantesco capullo de rosa roja. Las alas desplegadas eclipsaron el sol. El pecho, casi a punto de reventar, henchido de orgullo y de mala ostia. El rostro ladino y miope, sin duda, de Éamon de Valera.

Esta vez sí que pintaba mal. Los compañeros rodearon de inmediato a Collins y a la protegida. Un gesto de valentía que les honraba, pero que presuntamente servía de poco o nada...

Pero Collins, “el grandullón”, abriéndose paso entre ellos, se encaminó con paso decidido, hundiendo las piernas en las nubes, a enfrentarse de nuevo con su destino, o con la historia, o con lo que fuere.

-Se acabó, retorcido bicho. Ansia de poder. Quiero paz y tranquilidad, tanto que moriría por ello. ¡Aquí me tienes!

-La Gran Madre Dragona Roja, avanzó decidida hacia él. Deteniéndose, inspiró largo y profundamente, el estómago le subió al pecho y el corazón le bajó a la punta de la cola.

-¡No, no, atrás, atrás!- Gritaron los compañeros.

De repente, la muchacha, se acordó del piano.
–Tengo una idea. Dicen que la música amansa a las fieras, y los dragones, al menos éstos, fieras son-
Sacando el piano de la cartera se acomodó como buenamente pudo, sentándose en un nuboso mojón. Abrió la tapa y se dispuso a…

-Favorg. Tua pergmite-me acompañarg . Facerg dueto– Imploró el orko enseñando sus enormes dedos nudosos.

-¡Cóoomo! ¿Sabes tocar? ¿Con ésos dedazos? ¡Anda ya, pero sí no caben en el teclado!

-Mi tocarg, mia’s mans do sentimen-to. Mí, grande maestrgo piano do alma. Suplico-te. Porg favorge tua buona.

-De acuerdo. Discúlpame por favor. Ven, y arrímate a mí todo lo que puedas.
-Preparado. Un dos, un dos, un dos tres… Allá vamos


Y las cuatro manos, empujadas por un mismo cariño, permiten la liberación de las notas. Ya brotan, etéreas y alegres, como un pasodoble.


Deslizándose la melodía hasta la dragona, la fue envolviendo con sus acordes, con su cadencia, con sus giros, con sus pasos, contrapaso y pasodoble. Penetrándola a través de sus fauces.

La dragona pareció sorprenderse un tanto, puesto que algo extraño estaba ocurriendo, algo se salía del guión, o puede que entrase. Más sólo fue un pestañeo.

Carraspeó y tosió con fuerza “El ambiente está enrarecido ” pensó “ quién lo desenrarecerá, la desenrarecedora que lo desenrarezca, buena será. Ósea, mi menda lerenda”

-Yo misma purificaré el ambiente de mediocres virus “tratadistas” como vosotros- Bramó, parafraseando entre dientes

Dobló hacia atrás la cabeza, pretendiendo tomar impulso…
 

mikelo

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Pero hete aquí, que en ése preciso instante, de su garganta brotó un espectacular castillo pirotécnico. El espacio se llenó de sonidos, zumbidos y explosiones, de luces y colores. Conformando preciosas y brillantes figuras, de palmeras, de culebras, de voladores, de palomitas, de gusanos, de ruedas y de estrellas, que al caer se descomponían en lluvia de más estrellas…

Boquiabiertos quedaron todos, extasiados con tan magnífico e inesperado espectáculo. Incluso los jóvenes dragones, divertidos aleteaban de puro gozo.

Desconcertada y abochornada. Con el pasodoble “Paquito el chocolatero” bailándole en las entrañas, la Gran Dragona Roja, con rostro de Éamon de Valera, retrocediendo se giró, marchando por dónde había venido. No sin antes soltar por la retaguardia una imponente mascletá.

Tras ella, los siete dragones rojos emprendieron el vuelo. Hay quién dice que meándose de la risa.

-¡Madre, madre! Permita- Llamó la atención Sonny, llegándose a la altura de ésta- Se me acaba de ocurrir, a propósito de lo recién acontecido, una excelente idea. Pienso que en vez de ir por los pueblos, los caminos y las nubes, chamuscando plumas, mostachos y peluquines, quemando cosechas y ovejas, evaporando arroyos y lagunas, achicharrando “tratadistas”... Podríamos dedicarnos a marchar por las grandes ciudades organizando espectáculos falleros ¡Sin duda que sería un productivo, a la par que divertido, negocio!

La gran dragona, le miró con los ojos inyectados de bilis -Calla y vuela- Rugió, escupiendo los últimos fuegos de artificio.


El cortejo no cabía en su gozo. Reían abrazados. Un mocetón con pinta de orko azul lloraba de alegría. Sin duda que nadie (salvo el narrador) se esperaba tan feliz y festivo desenlace. De nuevo las pintas de cerveza circularon.

- Sláinte! –Brindó Eoin O'Duffy jarra en alto

-Gracias mil, valiente muchacha. Te debemos algo más que nuestros sueños- Agradeció Mick mientras la estrujaba entre sus brazos. –¡Ésta vez no han podido matarme!

-No por favor, todo es fruto causal de la fabulación. Además, no hubiese sido posible sin la ayuda de nuestro particular Celebrimbor.

-¡Non, non! Mi, moito emociona-do, porg serg utilida-de. Pianno serg a forgzza. Mi, conten-to, gustarg mússica…

La joven se abrazó a él contagiándose con el calor de su cariño –¡Deseo que te quedes con el piano! Todavía nos queda largo camino, y no está bien abusar de las piernas de Mick. Por “favor de favores” mi buen orko.

-Muchachos- Resonó fuerte y grave la voz de Seán Cannon Tres ¡Hip, hip. Hurra! Por la dama española

 

Gamber

La Jefa
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¡Hip, hip, hurra!
Gracias por tener a Mikelo entre estas charlas.

💋 💋 💋
 

mikelo

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Parte quinta

Las gorras, los sombreros , las pelucas volaron alto. Hacia un luminoso cielo. Y en su vuelo, fueron transformándose en gráciles palomas, cada una de un color. Infinitos son colores de los sentimientos. Ya unidas, conformaron un arcoíris, el puente improvisado que les conduciría hasta la localidad de Ongar.

(Hago un inciso para informar al lector que ésta metáfora la he tomado prestada de otro sueño no escrito. En su caso, al otro lado del arcoíris, hay una orza de negra arcilla, conteniendo garbanzos de brillantes colores)

-Bien, bien, alegría ¡Viva la fiestuka! Muuuxa marxa, muxa marxaaa. Ra, ra , rá…
- Botaba, de nube en nube, un balón de reglamento, y, chivato …

El orko Celebrimbor le propinó tal puntapié que, desde entonces, rebota de un estadio de fútbol a otro. Dicen, los expertos en balística, que el próximo en recibir el bote será el estadio Azteca, quizá por junio de 2026…

Estaban ultimando para continuar el viaje, cuando vieron venir un caballo alado y a lomos un caballero.
No eran otros que Pegasus y el caballero Valiente de Bigoteblanco.


(De nuevo, ya, ya lo sé, soy un tanto tedioso, pero debo abrir un pertinente paréntesis.
En ocasiones como ésta, los sueños se cruzan. Permitan informales:
Valiente de Bigoteblanco, forma parte de otro cuento tampoco escrito. Se protege con un escudo reflectante, siendo su arma de batallar una vara de avellano, la cual según la ocasión se puede transformar, en espada, lanza, vara mágica, avión, león, águila, trompa de elefante, entre otros.
Bueno, pero lo habitual es que la empleé para rascarse las espaldas.
En dicho cuento, batalla sin descanso, controlando toda clase de dragones, ogros y orkos, excepto los azules. Ya sabemos de éstos últimos que son amigos y en especial de los niños irlandeses.)


-Disculpen, les rogamos, que lleguemos tan tarde. Recibimos el aviso y aunque presto salimos, la autovía aérea estaba colapsada a causa de una tormenta. Los controladores nos asignaron otra ruta, pero supuso un grande rodeo.

También vieron llegar pedaleando en una aerobici color verde a la hermosa Kitty Kiernan.

-Oh, cariño- Se dirigió, sin bajarse, a Collins
–Te he llamado al móvil multitud de veces, pero siempre me salía la misma voz en off: “Está apagado o fuera de cobertura.”
Me tenías muy preocupada…

-Pues no debes preocuparte más, mi amor –Comentó Mick mientras la besaba – Ya ves, aquí sigo y bien vivo- Levantando el sobrero de fieltro – Sin tan siquiera despeinarme…

Señalando a su alrededor, insistió -Todos estamos más que contentos, y con más ganas, si cabe, de proseguir viaje- Señaló al arcoíris -¡Mira qué maravilla de camino nos aguarda!

- Podéis comprobar- Señaló Dalton -que ya no existe peligro draconiano. La música de un pasodoble y las manos de dos virtuosos lo ha evitado. Listos estamos para continuar hasta Ongar. Allí, al final del arco finalizará nuestra aventura. Podéis sumaros…

-¡Oh gracias, pero no puede ser!- Exclamó Kitty -Tengo un bizcocho de zanahoria esperándome en el horno. Mick, por favor, no retrases mucho…

-Querida, cuenta conmigo. Juntos lo degustaremos antes que se enfríe… Mientras nos degustamos…

Kitty Kiernan se alejó por dónde había venido, con pedaleo rítmico y constante. Había visto a la muchacha de la gran cartera y se habían saludado con las miradas. Le gustó, incluso le resulto familiar, puede que fuese por su rostro irlandés. Puede que en otra ocasión, en otro sueño, merendasen juntas.

Después de realizar varias cabriolas de lucimiento, Pegasus, se alejó a vuelo tendido. El jinete, caballero Valiente de Bigoteblanco, se dirigía tras el rastro de los dragones rojos
-¡Ayooo Pegasus!

Aún se podía oler la pólvora, incluso, escuchar el eco de las explosiones alejándose.
Collins al frente de la comitiva ya marcha por el arcoíris.
La joven volvió su rostro y pudo ver como el orko agitaba con una sola mano el piano a modo de adiós.

-Agurg, mi’s amigo’s. Grgade sorte tua’s. Miña niña kerida cuore, mi cariño sempre tua.

-Hasta siempre mi buen orko ¡Yo también te estimo!

Contento e incansable el pedaleo. Satisfecho el corazón. Sedientas las gargantas cantaban, clamaban: ¡Whiskey en la jarra!

 

mikelo

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...

El arcoíris finalizaba junto a los Dunnes Stores. Allí dentro le aguarda el objetivo de tan loco ensueño. Ahora sólo quedaba buscar. Después, retornar a casa con ellos. Ansiaba con ardor que todo se desarrollará de manera simple y rápida. Sólo había sido un instante de sueño, pero ya echaba de menos su casa, y el olor de los claveles.

-Compañeros, amigos y siempre leales camaradas. Punto final.

Acá, en éste lugar terminó vuestro reto; es momento de regresar a vuestros hogares, al calor y el amor del vuestras familias.
No olvidéis nunca los episodios que juntos hemos soñado, guardarlos a buen recaudo, a través de la palabra transcrita en la memoria de vuestros hijos y nietos.
Mi persona quedará con la nuestra ya amiga, y será quien la guarde y la regrese a su origen.

La muchacha, despacio, fue besándolos uno a uno. Con cada beso un abrazo, y una lágrima de agradecimiento

-Siempre os llevaré en el corazón verde de los sueños. Mis héroes.

Enfilaron, un tanto abatidos, a golpe de cadera, la pronunciada pendiente del arcoíris. Según iban ascendiendo, éste se desvanecía. Entonaron de nuevo su canción, y el ánimo les fue regresando a los valientes pechos.

Clavaron mil espadas naranjas
en el pecho de éstas tierras
y la abonaron con la mierda
del suyo dragón de casaca roja.

Y nos rebautizaron
con apodos, de cobardes
y de sucios perros...

Cicatrizan las llagas del hambre
en muñecas y tobillos
y sus excrementos se desecaron,
nunca sustancia fueron, ni polvo son.

Y continuamos
siendo un sólo corazón:
Verde.
Libre.



Nieva, los copos que caen con suave balanceo son blancos, del tamaño de una oblea de feria.

-Tienes que entrar tú sola– Grandullón, indicó el acceso con un gesto de su barbilla.

-¡Jo! ¿No puedes acompañarme, tan sólo un poquitín? Le rogó con quejica mohín la muchacha de la enorme cartera

-No, ésta vez no debo. Pero no te inquietes porque lo podrás conseguir. Piensa que estás a las puertas de la última y definitiva etapa. Sé que lo vas obtener. Confió en ti, como siempre lo hice, muchacha de rebeldes cabellos.

-Sí claro. Pero supongamos, que ahí dentro, aparece un orko que ni es azul, ni de la orden de Celebrimbor, va y me come enterita, empezando, precisamente, por mis cabellos y terminándose por mis zapatitos de caramelo…

Michael Collins, rompió a reír
–Pues le atizas un ¡zasca! con tu infalible cartera, ¡un arma de protección masiva!-
Y ya más serio, empujándola suavemente hacia las puertas- Anda, por favor, apura ya. Te espero aquí mismo, no me moveré de este lugar ¡Te lo prometo!

La joven se acercó a la puerta y, antes de penetrar en el edificio, volvió la mirada hacia su protector (y protegido) Lo contempló, apoyado en la pared, sujetando la aerobici. Con el cuello de la gabardina tapándole orejas y el sombreo calado hasta los ojos. Su corazón le palpitó más rápido durante un instante “no es por una arritmia, es por el placer del cariño”

Tiró, sobrecogida, lentamente de las puertas de doble hoja. El corazón palpitándole con fuerza “ Sssh… Calma, calma. Aquieta tu bodhran"

 
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