Desgranando Sentimientos (en prosa o verso)

mikelo

Veterano
Registrado
Jun 9, 2008
Mensajes
1,636
Likes Recibidos
7,620
Puntos
113
 
 
 
Tinta china

Me perdura,
en el papel, el olor de la tinta china,
-de tu piel-
y el suave rasgar de la pluma sobre él.

Me perdura,
en el libro, impresa en una página, una huella,
-de tus labios-
y un regalado trébol seco de cuatro hojas.

Me perdura,
en el plumier, los lapiceros despuntados,
-de tus dientes-
y la única goma Milán mordisqueada.

Me perdura,
en el cajón, la escuadra y cartabón Faber,
-de tus manos-
y la regla de haya rayada en pulgadas.

Me perdura,
en la trenca, dentro de un bolsillo, una fotografía,
-de tu sonrisa-
y una nota escrita, en su reverso, con tinta china.
 

mikelo

Veterano
Registrado
Jun 9, 2008
Mensajes
1,636
Likes Recibidos
7,620
Puntos
113
 
 
 

Inquieta

No detengas, no abordes
Goleta
De nombre Inquieta
Corta el cristal
Sin mirar estelas
Sin prestar velas a Céfiro
Sin canto de sirenas
Solo murmullos de alisios
Que tu mástil cimbre
¡Libera amarras!
No me leas, no me atiendas
Chiqueta
De libertad inquieta
 

mikelo

Veterano
Registrado
Jun 9, 2008
Mensajes
1,636
Likes Recibidos
7,620
Puntos
113
 
 
 
Meditando sin tiempo..

La mejor receta aún no se ha escrito.
Permanece a punto, y en la punta lengua aguarda, pero se niega a brotar...
Se niega a dejar de ser eso mismo: La Mejor Receta.
Ruego que la tinta no de forma a sus palabras y que el papel no ampare a sus rasgos.
Mientras, seguiremos experimentado en el fogón de la vida, entre sus cacharros de sensaciones.
 

mikelo

Veterano
Registrado
Jun 9, 2008
Mensajes
1,636
Likes Recibidos
7,620
Puntos
113
 
 
 
Vaya, vaya... Solitario está este lugar de Sentimientos.
Mientras llegan más cartas del Correo lúbrico de Felipesegundo y su real Cipote, con su muy amada Dama, limpiaré y quitaré las telarañas.

De paso iré dejando, por partes, una historia que, no recuerdo cuánto, me encontré dentro de unos zapatos muy viejitos...
Los hechos son reales, si creemos en los sueños.

Llamaré a esta historia:

El Trámite (y sus secuelas)
 

mikelo

Veterano
Registrado
Jun 9, 2008
Mensajes
1,636
Likes Recibidos
7,620
Puntos
113
 
 
 
Parte Primera

A pesar de ser madrugada, Palacio Fotocopia, era un hervidero de gente cargando con descomunales pilas de documentos. Pero ¡Ay desdicha! La Gran Madre de Todas las Maquinas estaba terriblemente constipada, estornudaba sin cesar, contratiempo que le impedía imprimir con soltura.

Fueron momentos dramáticos para ella. Calculó, con el pánico golpeándola entre la lengua y el paladar, que ya no llegaría en plazo. De nuevo todo se truncaba, ya no tendría más ocasiones. Dos brillantes lagrimillas se deslizaron por sus mejillas…

-Buena madrugada, muchacha de lágrima fácil. La noto preocupada…

-Buenas serán para usted... ¡Y cómo no estarlo! Señor emplumado, tengo que entregar, en la mañana de hoy, copia de éste montón de originales para su tramitación. Y la Madre, tose que te tose…

-Pues no debe preocuparse. Aquí, éste humilde pero eficiente profesional, le solucionará, bien gustoso, el ocasional inconveniente. Permita, chiquilla que se pierde en la desesperanza, me presente: Soy el Pato Secretario, o Súper Amanuense de Palacio.
Despliegue ya, delante de mi pico, todos y cada uno de los folios. Con ayuda de mis mil y una plumas fuente, y (poniendo énfasis) ” algún que otro extra”…, en un pispás cada hoja su réplica tendrá.

Dicho y hecho…

Se desató un pandemonio de gotas de tinta salpicando a diestro y siniestro. Entre la nube que se formó, creyó ver a un desleído diablo que, cojeando, corría de un lado a otro cambiando páginas con manos cuernos y rabo. “Será el extra” Dedujo.
Eso sí, prodigiosamente, ni un solo borrón maculó documento alguno, ni a su pródiga copia.

-¿Cuánto les debo?

-No hay nada que deber... Es obligación, o puede que pese más la devoción.

-Gracias, mi buen amanuense, pero no le entiendo.

-Ya comprenderás, cuando despiertes. Marcha ya…, pues sobrada de gracias vas.

Danza y gira,
acaricia el instante,
advierte y mira,
su esfera estante.
Ella, ilusión es,
dentro, el engranaje,
complejo relé
impulsando tu viaje.


Ya tenía, en su enorme carpeta, las fotocopias de los documentos que necesita para la pronta gestión o indigestión pendiente. Estaban recién manuscritas, olían al reconfortante perfume de la tinta china Pelikan.

Subió la enorme escalera, de sinuosos y escurridizos peldaños, con grande cuidado de no resbalarse. Ya estaba ¡por fin! en el estómago de Catedral Bureaucratie.

En la penumbra, apenas aliviada por el parpadeo somnoliento de unos pocos tubos fluorescentes, distinguió los mostradores del “Departamento de Atención y Confusión al Ingenuo Ciudadano”. Allá, en la esquina junto a una estatua del Emérito Asno, en un cartel electrónico torcido, casi descolgado, en grandes caracteres de fósforo verde que herían la vista rezaba: D. A. C. I. C. Debajo, con letra menuda, pero intermitente: A T R E V E T E, A T R E V E T E, A T R E V E T E…

En una solitaria columna trajana, un posti naranja: “Toma Número Cita” y una flecha indicando la dirección. Debajo, una papelera abollada llena de papelinas arrugadas. Eligió una al azar. “No Cita. Sigue intentándolo” Tras varias tentativas más: “¡Cita conseguida! ¡Va, va!”

El mostrador estaba solitario. Miró a su alrededor al techo y al suelo, a saliente y a poniente. Nada… Bueno sí, un esqueleto, muy bien trajeado, colgando de una percha le regaló con su simpática y reluciente sonrisa. Tras el velador, unas rasgadas mallas rosas reposaban sobre el respaldo de un sillón isabelino tapizado en verde eskay, y sobre el asiento, un enorme “dildo” de swarovski, entre rebanadas de pan de molde emergía de una bolsa de plástico de los famosos almacenes “El Corte de Mangas”.

-Hooolaaa, bueeenaaas. Traigo documentos para tramitar una solicitud. Por favor ¿Me pueden atender? ¿Hay alguien?... –Silencio polvoriento

– Ruego… Manifiéstate: Un golpe “toc”, será “sí,” dos serán “no” ¿Vale?

-¡Cállate ya, impertinente culo inquieto! – Clamó una chirriante vocecilla, sin poder distinguirse si procedía del lejano “más allá” o del cercano “más acá”

-Perdón… ¿Y qué hago?

-Deposita, muuuyyy lentamente, los documentos sobre la repisa. ¡Y que se te vean bien los deditos! Si llevas manicura de uñas, antes de nada, le quitas el esmalte con el pliego de lija del número 40, que tienes a tu alcance en la canasta de baloncesto. ¡De prisa! ¡De prisa!

Obediente, se miró todas y cada una de sus uñas. Ni rastro de esmalte, ni mugre. Acto seguido extrajo de la voluminosa cartera de piel, reforzada internamente con acero sueco, el paquete de las copias, depositándolas con exquisito esmero sobre el mostrador…

¡¡…!!

Fue un ver y no ver...

Una arpía saltó, cual resorte clavado entre las nalgas, de no se sabe dónde, hincándole, con ahínco, sus afilados dientecillos en varios dedos de la mano izquierda. ¡Ay, sus dedos…, tan finos, tan delicados! ¿Acaso, quedaría imposibilitada para volver a interpretar al piano “Arabesque” Op. 18 de Robert Schumann?...

Como buenamente pudo, arremetió con un par de ¡zascas!), del revés de su cartera.

La nariz de la pérfida salió volando, arrastrando consigo un cuerpecillo que se le antojó tal de una avecilla vestida toda de negro y con enaguas de satén y puntillas. También pudo apreciar, con envidiable asombro, que cubría sus piernecillas con medias de licra y coquetas ligas adornadas de lacitos rojos. Susurro para sí misma “Vaya, es presumida la arpía”

-¡Ayyy, madre de deu, qué ozzztia m’a dao! ¡zzzin dentezz m´a dejaoo! ¡Zzzocórran-me!
¡A mí. La Zzzanta Orkeda-de! ¡Zzzabotaaajeee!- Cacareó, la destartalada funcionaría…

Sobre un cartel de plástico con la inscripción “S. O.”, un bombillo de inmediato se iluminó, emitiendo destellos de alarma en color purpura cardenalicia. Debajo, en la puerta descolorida, lucía un poster con Mijail Bakunin (Sumun Fumador de la Gran Orden Celebrimbor, en su variante Orkolibertaria)

Que cuan vida propia atronó ¡¡ A LAS BARRICADAS, A LAS BARRICADAS!! ¡Jolines. Yaaa!

La puerta no se abrió, pero escuchó un tremendo golpetazo y, a continuación, se desplomó cuan larga era, ocasionando una tormenta de polvo primigenio y volutas de rancio serrín.

Después, tras un pavoroso bramido (mal ensayado), irrumpió, invadiendo todo espacio visual, un enorme orko tuerto, mal dentado y bien peinado, sin más vestimenta que un ajustado y elegante bóxer Kevin McBride. Miró, por cotilla costumbre, hacia ambos lados y, sin dudarlo, se abalanzó bufando sobre la aterrada muchacha…

Instintivamente, ella, dio un grácil saltito a la pata coja hacia atrás.

-Vade retro, engendro de perverso trasgo-

El orko, la recorrió perezosamente con sanguíneo ojo. Puso las zarpas de afiladas y bien cuidadas uñas sobre el mostrador. Infló, durante una eternidad, el pecho, soltó aire y su garganta emitió un rugido en clave de tenor venido a menos... Bien que su intención era que fuese modulado, sostenido, de menos a más, pero le brotaron un par de gallos (uno negro y el otro rojo. El negro era grande, pero el rojo era valiente)

–Non fale, non fale- se corrigió lloriqueando –E´spegra , porg favorg- …

De nuevo, clamó y la bóveda timbró de gusto por la acústica –Ahogra muxo mejor. ¿Vergdade que s´obrgecoge?
La muchacha, amenazándole con su cartera, le advirtió – ¡Ni se te ocurra comerme!

-¿Comergte… a tú? Oh, Piltrgafilla, mi ofende, pue´sto que s´erg vegetagriano. Serg de Gragn Ogden de Celebrimborg… Mala tua, moito violencia la tua. Ha´s violentado míña cariña nena…

-Pero oye, esto sí que es bueno, primero fue ella, mira- enseñándole las marcas en los dedos –me los ha mordido, ¡ñam, ñam!, casi los arranca.

-¡Igñorgaaanteee! ¡S´eg el trgamite! Teneg que comprgobag a tua huella digitae… Élla, s´ensorg en s´ua paladarge.

-Bueno… yo…

-Nin “yo” nin “yin yang”. Dargme, prgonta, copia documenta…

Acercándose, siempre alerta, fue a depositarlas sobre el mostrador. El orko, de un manotazo, se las arrebató y seguidamente se las fue comiendo a puñados.

-Mmmh, exquisitae... Papel seg firgme, bon grgamage, excelentia textugra. ¡Ah… la tinta! Intens´o agroma, saborg pergdugra en la paladarg, de rgemini´scencia da China ogriental. Non dudarg s´erg alta gama Pelikan. Tambén…, poderg apreciade la grafía gótica y prgecis´a de S´úperg Amanuens´e de Palaccio.

¡Eh! ¿Pero qué hace? ¡Puñetero orko tragón! ¡Son necesarias para la tramitación! ¡Oh, mi pobre solicitud! Vomite, vomítalas… Por favor…

-E´stoy lo tragmitando-la... ¿Tua non capiscas?… ¡Pergo, qué face tua acá todavía! ¡S´al ya da Catedrgal! Grgande strgopicia-de. ¡Go home!

El orko (descendiente de Celebrimbor), desentendiéndose de la muchacha, volvió sus pasos, y con inquieto ojo escudriño apesadumbrado…

Hecha un guiñapo la desvencijada arpía colgaba de una lámpara. Se acercó hasta ella, y delicadamente la descolgó. Acunándola entre sus fornidos brazos, con voz melodiosa y entre sollozos, la susurró al oído “Ay, la mí bella ¿Qué de tua han hecho? Mía, la mai´s precios´a, la mía vida bonitae. Pgronto aliviag, Mí, ben cuida-de tua...

Pero la arpía, con pronta agilidad, saltó de los amorosos brazos y, tras varias vueltas de campana en el aire, una vez en el suelo, agitándose se recompuso. Observó enternecida y amorosamente a su apuesto galán, que su vez la miraba con triste gimoteo.

-Oh, Mi hermoso orko-doncel, no más penita. Ya estoy bien, puesto que tus lágrimas me han reconfortado -Tomando asiento – Ven mi pedacito de amor y duérmete, descansa en mí cálido regazo, que yo te arrullaré con tu canción de cuna preferida.


Apesadumbrada y, aún más, emocionalmente masturbada, encaminó instintivamente sus pasos de caramelo hacia la boca de la Catedral.

Cual espinas de hielo, se clavó en su rostro y en las manos el aire glacial.

En la calle, los copos de opaca y negra nieve caían mansamente, dibujando en aventurada trayectoria, espirales y requiebros de una danza sin orquestar.

La bruna nieve contrastaba con las níveas y monstruosas estructuras Calatrava Despilfarroportolmorrem.

Con precaución, tanteando el espacio con la punta del suyo diminuto pie izquierdo, quiso posar sobre el primer peldaño. La escalera, con el sutil roce, primero se estremeció y, tras bostezar un par de veces, se desperezó cuan larga era, pasando a ser una empinada rampa sin final.

Patinó, cayendo sobre el helado pavimento. Amortiguado el golpe con su generosa y dura posadera se deslizó vertiginosamente a la velocidad de un caracol ensalivado por aquello que le pareció ser un virtual tobogán sin retorno.

Recostada, en la balaustrada de la escalera, sollozaba, hipaba, sorbía los mocos. Lágrimas, de infortunio y rabia, que por las mejillas descendían a raudales hasta posarse sobre la nieve.

Fontana de desesperanza, convertida en arroyo de verdes aguas, que desde sus pies viajaba hacia un futuro incierto.

-Se fastidió el Trámite ¡Pobrecilla de mí! Mala fortuna la mía, todo se me torna del revés ¿Y ahora qué? ¡Ay, desamparo!

Quieta he quedar en este lugar, hasta convertirme en figura helada.
Que el Sol me sorprenda y con caliente abrazo, me torne charco, después seré hilo de sollozos que se trague la indiferente imbornal, y poder viajar hasta desembocar en el mar…


-Sssh, yaaa ya, vaaa va…- Le susurraron los suaves acordes de un instrumento musical.

Apenas visible tras el saxofón y una luenga barba blanca se adivinaba una afable sonrisa.

-Buenas sean chiquilla de la desesperanza. ¿Cuán drama…?

-¡De buenas nada! Y deje de soplar, que me despeina los rizos. ¿Cómo no desesperar? Un grandote orko-funcionario acaba de manducarse las copias requeridas para la tramitación y aprobación de mi solicitud. Es que hoy se cumplía el plazo. ¡Jo, qué putada!

-De eso nada, muchacha. Anda límpiate los mocos y atiende- Ofreciéndole la manga de su verde gabán.

-“ Sssnot”… Gracias. Muy atenta le quedo.

-Verás, las cosas no son como parecen, ni aparecen cuando son…

-Uf, creo que voy a dormir. Las adivinanzas me producen sopor.

-Bueno, bueno… Ay, qué poca paciencia ¡Juventud! Al grano, si en verdad deseas que tu problema tenga feliz desenlace, mi persona te ofrecerá el auxilio y el camino para conseguirlo. Ten por seguro que así será, y a su término más contenta que unas pascuas quedarás. ¿Dispuesta?

-Arranque ya. Que ardo en curiosidad.

-Apúntate en la memoria los requisitos:

Necesitamos, Un tarro de mermelada de naranja al whiskey de Bushmills y un queso Cheddar también al whiskey.

-¿Y dónde puedo lograrlo? Las tiendas están todavía cerradas.

-¡Ejem! Bueno, esa es otra. Te están esperando, en las estanterías de un Dunnes Stores en la localidad de Ongar.

-¿Es broma?¡Parece sacado de las doce pruebas de Astérix!

-No, no es broma, ni putada. Es el juego, y nosotros formamos parte él.

-¿Un juego? Veamos ….(Procesando), Ongar, Ongar ¡Ésta en Dublín!

-¡Premio para la nena!

- No es posible, está muy lejos, tardaré días y el plazo… Tampoco dispongo de medios.

-Toma- Extrajo un sobre del bolsillo –Aquí dentro tienes el vuelo. Te quedan minutos. Apremia ya. Te esperan.

-¡Ay, no me dará tiempo! Contando que tengo que pasar por casa.

-He dicho que te quedan unos minutos, nada de que no tengas tiempo. Pásate por dónde quieras. No temas, te aseguro que llegarás a pesar del tiempo.

-¡Pero que broma es ésta!- Mirando dentro del sobre –¡Pero sí sólo hay aire!

-No necesitas más para volar: ¡Aire, viento!

- Bueno, siendo así… Dígame, por favor, cómo podría pagarle…

-Na, na chiquilla, no hay nada que pagar. Es la obligación…, o puede que sea la devoción.

-Gracias miles buen hombre.

-¡Tú sí que vas de sobrada de gracias! No esperes más, cuando despiertes comprenderás.

-¡Adiós señor otoñal!

-¡Hasta siempre, muchacha primaveral! ¡Corre y vuela! ¡Cabalga con viento, contra el tiempo!


Volando sin alas,
con color de realidad,
por el etéreo gris virtual.

Amazona de ensueños
que arropando con tu cálida piel
la anhelante carne de tu corcel,
vas dejando impresos suspiros azules,
sobre el lienzo de la materia ilusionada.

Índigo en los dedos,
tus pinceles,
de caricias ya por siempre
arrobados.
Añil en los labios,
en los trazos,
de besos en tu oculta luna
posados.

Cabalga y vuela,
por las infinitas praderas,
entre las manos
y las miradas compañeras.

 
Arriba Pie