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Con mi Padre Julián – Capítulo 001
Nací en el seno de una familia normal, mi madre me tuvo cuando mi padre era muy joven, ella era mayor y tuvo complicaciones, por lo que no pudieron tener más niños. Como hija única estuve consentida, todo lo que pedía me lo daban sobre todo mi padre.
Cuando yo tenía 16 años, montando a caballo, que me gustaba mucho, tuve un accidente, aunque me llevaron a muchos especialistas, no pudieron hacer nada y me quedé con una silla de rueda como compañera inseparable, mi padre lo pasó muy mal, lo vi llorar muchas veces en mi cama, yo le decía que se tranquilizara que iba a ser una chica normal, pero él no se lo creía y me prometió que haría todo lo posible porque fuese feliz.
Mi novio me dejó y alguna amigas dejaron de serlo, yo me volví más reservada, mi relación con mi padre se estrechó, él iba conmigo a todos los sitios, se hizo inseparable, su trabajo de arquitecto le permitía estar en casa mucho tiempo y como yo necesitaba a alguien para casi todo, pues nos unimos muchos.
Mi relación con el sexo, era escasa, mi antiguo novio, no era un experto, bueno eso lo supe con posterioridad, tuve relaciones sexuales, pero no conseguí un orgasmo, bueno tampoco sabía que era eso, pero mis padres aunque discretos, tenía su habitación al lado de la mía y algunas noche escuché como mi madre suspiraba muy fuerte, eran muy activos y los comentarios de mis amigas del instituto con sus relaciones sexuales, me parecía que eran una exageradas, yo había hecho el amor y no había para tanto.
Desde que me dejó mi novio, no me salían ligues como antes, tenía razón mi padre y me veían diferente, la silla de rueda era un impedimento y mi relación en el instituto cambió radicalmente, ya no era la chica más solicitada, era una cosa con rueda, de la que nadie quería saber nada y sólo mis amigos más cercanos, se acercaban de vez en cuando, también mis visitas a los médicos hacían que no funcionara bien.
Pero las desgracias no se acabaron ahí, mi madre una mañana que iba a comprar, fue atropellada por un autobús, se quedó en coma dos semanas y murió, mi padre estaba desecho, se hizo el valiente en el entierro pero se desplomó cuando nos quedamos en casa solos. Yo sentí la perdida de mi madre, pero más el sufrimiento que mi padre estaba sintiendo, por lo que estuve más pendiente de él.
Mi padre es joven, se casó con mi madre a temprana edad y se conserva perfectamente, siempre hizo ejercicios y más cuando yo tuve que ir a rehabilitación para llevar la silla de rueda, él se quedaba haciendo ejercicios en el gimnasio que hay al lado y aunque es mi padre, es muy guapo, las vecinas siempre lo han mirado con deseo y algunas amigas mías, cuando venían a mi casa, me lo decían, por lo que supuse que no tendría problemas en volver a tener pareja, pero pasaba el tiempo y no vi reacción por su parte.
A mí me costaba coger el sueño algunos días, pero como no podía levantarme, mi padre me acostaba, me levantaba y me podía en la silla, por lo que agudice el oído y podía escuchar como mi padre se quedaba muy tarde en el comedor viendo la televisión, pero una noche de madrugada me desperté y escuché una gemidos de hombre y de mujer que salían del comedor, pensé:
- mi padre se ha traído un ligue a casa, ¡ya era hora!
Estuve pendiente de escuchar la voz de la chica, para saber quién era, pero no reconocía a nadie con esa voz, si escuché los gemidos de mi padre, también me extraño que no se escuchara la puerta cerrarse cuando se fuera la chica, se escuchó como mi padre apagaba la televisión y la voz femenina desapareció, me dio una pena inmensa, mi padre se había masturbado viendo una película porno.
Una mañana estuvimos mi padre y yo en la consulta de un especialista, en la sala de esperas, no dejé de ver como las mujeres miraban a mi padre, era verano iba con una camisa corta y le quedaba muy pegada al cuerpo, había llovido y él para que no me mojase me tapaba con el paraguas, sin embargo él se mojó, estaba impresionante atractivo. Entré a la consulta del médico, me desnudó de cintura para abajo, para examinarme, yo estaba excitada de ver a mi padre con la camisa empapada, los dedos del médico tocándome por la cintura y la base de las piernas, fueron un tormento para mí. De vuelta a casa observé a mi padre conduciendo, le dije que se quitara la camisa mojada, que podía resfriarse y como no había otra se quedó desnudo de cintura para arriba, cuando me cogió en brazos para ponerme en la silla, me pegué todo lo posible a su cuerpo y en mi cuarto no pude más, me masturbe pensando en mi padre.
Estuve llorando cuando me desperté por la tarde, como era posible que me excitara con mi padre, era indecente, no me lo podía creer. Le di mucho a la cabeza esos días y llegué a la conclusión que le quería, no como padre, que también, sino como hombre, repasé los chicos con los que había salido y se parecían a mi padre, en secreto yo había querido a mi padre y ahora estaba segura de eso.
Ya cuando mi madre estaba, me gustaba que me bañara mi padre, desde que me quedé sin andar, me habían puesto una bañera especial para mí, no necesitaba casi nada, pero siempre mi padre se había preocupado de que no me faltara de nada, me traía toalla, champú, o cualquier cosa que se me hubiese olvidado. Estos últimos días he estado muy cariñosa con mi padre, cuando me duché, le pedí varias cosas y no me tapaba en exceso.
- hija por dios, tápate algo.
- vamos papá, que somos adultos.
Dejé a propósito la silla de ruedas lejos de la ducha y le llamé, yo tenía una toalla puesta, él se acercó a cogerme y observé cómo sobre su pantalón, un pronunciado bulto se vislumbraba, yo me ruboricé. Me apreté contra su cuerpo todo lo que pude y cuando me dejó depositada en la silla de rueda, se me aflojó la toalla y mis pechos quedaron al descubierto, vi lo apurado que se puso mi padre y le dije:
- mira ya tengo los pechos tan grandes como mamá, ¿tú crees que me vendrán bien sus sujetadores?
Él pobre no sabía dónde poner los ojos y sólo dijo:
- yo que sé, creo que sí, pero hija tápate.
Yo cada día estaba más enamorada, no sabía si eso era normal a mi edad o era algo más, no sé lo dije a nadie, pero estuve investigando en el instituto, si alguien le pasaba lo mismo y no, había muchas chicas que se enamoraban de su profesor una temporada, pero de su padre no, es más, todas hablaban mal de sus padres; que si no las entendían, no les dejaban hacer cosas y por supuesto nadie dijo que su padre era guapo, eran calvos, gordos, bajos y casi nunca estaban en sus casas, vamos todo lo contrario a mi padre.
Mi padre fue al médico porque no podía dormir, yo insistí mucho, ya que antes dormía muy bien y no se quedaba tan tarde en el comedor, incluso se lo comenté:
- Papá ¿Por qué te vas a tu habitación tan tarde?, antes no lo hacías.
Y si le escapó:
- Antes estaba tu madre.
Después se dio cuenta y se fue a entregar unos planos del trabajo.
Esa noche después de cenar estaba muy excitada, me toqué hasta satisfacerme, pero antes de dormirme escuché como mi padre se masturbaba en el comedor, aunque esta vez no se escuchaba el televisor, y pensé: “¿en quién ha pensado masturbándose?”, yo sin querer había pensado en él, me acordé del bulto en el pantalón y sus ojos cuando me vio los pechos, igual él también ha pensado en mí, cuando se ha masturbado, esa idea me rondó por la cabeza toda la noche, ya de día me prometí, buscar una solución, había que ir por todas.
Una noche cenando me atreví a sacarle el tema a mi padre, llevaba muchos días pensando como decírselo y esa noche me lancé:
- Papá te veo muy abatido, ya han pasado unos meses y no sales con los amigos ni te relacionas con mujeres, echamos de menos a mamá, pero la vida continúa y tú eres joven aún, no te voy a echar en cara si sales con alguna mujer.
- Si hija, tienes razón, pero tu madre era muy especial nos compenetrábamos en muchos sentidos y no me veo saliendo con otra mujer, ella era única.
- Tú siempre has dicho que yo me parezco a ella y hasta tenemos la misma talla de ropa.
- Ya, pero tú eres mi hija.
- Yo por no verte tan abatido y triste haría todo lo que mamá te hacía.
Hasta yo me asusté de estas últimas palabras, mi padre pegó un bote y mirándome a los ojos me dijo:
- Pero hija, eso es un incesto.
Subió el tono de la voz cuando dijo “incesto”, como dando por finalizado la discusión, pero yo estaba convencida de mis argumentos y dije:
- Llámalo como quieras, pero mírate no sales con nadie y mi novio me dejó cuando vio que me quedaba en silla de ruedas y desde entonces nadie quiere estar conmigo.
- Y si se enteran, que dirá la gente.
- Nadie tiene que enterarse, además mis amigas dicen que después de hacerlo duermes como un lirón, tú desde que murió mamá tomas pastillas para dormir.
- Y tú, ¿cómo lo sabes?
- Cuando me dejas en la cama escucho como vuelves al comedor y te tiras horas viendo el televisor y cuando paso el aspirador en tu cuarto veo las pastillas de dormir.
- Pero hija lo que me pides no está bien, somos familia.
- Tú cuando me caí del caballo, me dijiste que me querías mucho y qué harías que nada me faltara, mis amigas hablan del sexo, como algo sublime, pero yo aún no lo he experimentado y tú ahora necesitas sexo, yo quiero saber que es hacer el amor, yo siempre te he querido como padre y también como hombre.
Se podía cortar el ambiente cuando terminé, me había salido del alma todo, estaba mirando como mi padre se quedaba pensativo y el silencio era angustiante, creí que lo tenía ya convencido y le dije:
- No te lo pienses más y vente conmigo a mi cuarto.
Pero él replico:
- Igual, no sale bien y eso rompe la convivencia entre nosotros.
- Siempre será mi papá, si no sale bien, pues lo dejamos y ya está.
- No es tan sencillo, una relación sexual implica dar y recibir, y no siempre dos personas se sincronizan, tiene que haber una química, una armonía.
- Yo siempre te he querido, mamá era muy afortunada, la desgracia se ha cebado con nosotros, sólo estamos tú y yo, ¡hazme el amor!, papá.
Otra vez en silencio y más pensativo, cuando me dijo con un tono bajito, como un secreto:
- Déjame pensarlo, no creas que no tengo ganas, después de unos meses sin sexo, tu madre y yo, éramos muy activos, pero quiero reflexionar si esto que me pides no te hará mal.
Estaba tan contenta que cuando me cogió para llevarme a la cama, como cada noche me agarré a su cuello y le di un beso, pero esta vez se lo di tan cerca de sus labios que rozaron y sin querer le dije:
- Que guapo eres papá, te estaré esperando por si te decides, seguro que no te arrepentirás.
Estuve agudizando los oídos, para escuchar que hacia mi padre, le escuché ir al servicio, le escuché ver el televisor y por último ir por el pasillo. Crucé los dedos, rogando que no entrara a su cuarto, que abriera mi puerta y entró. Lo vi entrar y fui a encender la luz de la mesita de noche, pero él me dijo:
- No por favor, no tengo fuerzas para estar con la luz encendida, es como si nos estuviera viendo todo el vecindario.
- No te preocupes, no la enciendo, lo importante es que estés aquí.
Mi corazón daba saltos de alegría, me puse sentada con los brazos hacia él, él cerró la puerta de mi cuarto, sólo entraba la luz de la luna por los agujeros de las persianas, por lo que sólo se veían sombras. Tardó mucho en venir a mi cama, yo no sabía que le pasaba, pero escuché como tiraba su ropa al suelo y entró en mi cama, lo recibí con los brazos abiertos, le cogí la cara y lo besé. Sí, mi primer beso en los labios con mi padre, me pareció una dulzura, me entregué a ese bese con pasión, le quería dar todo el amor que mi corazón tenía, pero él me puso una mano al pecho y otra en la entrepierna, por dios como sabia tocar mi padre, me rozo con las yemas de sus dedos mi pezón y suspiré, me metió un dedo en los labios vaginales y me derretí, movía el dedo de arriba para abajo y le dije:
- Si papá, esto me gusta, haz lo que quieras conmigo, soy toda tuya, hazme gozar a sin.
Mi cuerpo pedía más, me quité la camiseta con la ayuda de papá, yo seguía besándole, pero él dejo mis labios y muy despacio se fue acercándose a mis pechos, como chupó mis pezones, ¡qué gusto! Y se me escapó:
- Ooohh papá, que gusto me das.
Mi padre seguía dándome placer con su legua maestra, llegó a mi vagina y con sus manos separó mis piernas, mis labios fueron lamidos sin dejar un trozo y cuando tropezó con el clítoris, empecé a gemir alto y dije:
- Uff, que bien me siento papá, oleadas de placer que desconocía se apoderan de mi papá…
- Tranquila hija, sólo estamos en los preámbulos, hoy conocerás los placeres del sexo.
- Papá no se qué hacer, todo esto es nuevo para mí.
- Tú déjate llevar por tus instintos, que yo te guiaré por los caminos del placer sexual.
Él volvió a lamerme la vagina, pero esta vez introducía su lengua y la deslizaba hasta tropezar con el clítoris.
- Papá, que haces, no pares, continúa a sin, dame más, dame más placer.
Aquel placer tan intenso no podía durar, papá era muy hábil con su lengua y yo no pude aguantar que me corriera abundantemente.
- No puedo más papá, como utilizas la lengua, no pares de lamerme, me vengo, oh que placer.
Yo estaban tan contenta que le agarré su cabeza y le di besos por toda la cara. Al abrazarme noté como su miembro estaba tocándome la barriga, yo estiré mi mano y me asusté, ¡qué grande era!, se lo dije y él dijo:
- Pues el merito es tuyo, está a sin por tu culpa.
Me acorde de las amigas del instituto que decían los bien que se lo pasaban sus novios cuando se las chupaban.
- ¿quiero lamértela?, enséñame papá.
Él se puso de rodillas delante mío y me dijo:
- Cógemela con la mano y como si fuera un helado lame de arriba abajo, con la mano sigue el movimiento de tus labios, con la punta de tu lengua haz círculos sobre el capullo del pene e introdúcetela como si fuera un chupete, oprimiendo con tus labios el contorno de mi pene.
Yo lo intenté, me sorprendió la suavidad de la piel, la dureza del miembro, como latía y cómo reaccionaba papá a mis lametazos. No sabía, pero sus gemidos me dieron ánimos y le dije:
- ¿Cómo lo hago, papá?, ¿te gusta?
- Acelera hija y no te asuste.
- Pero me asusté cuándo empezó a salir líquido blanco a presión, aquello parecía una fuente, retiré la cara instintivamente, después quise probar eso y me gusto, tenía una sabor entre amargo y dulce, a la vez que cremoso y calentito.
- Gracias papá ha sido maravilloso, que delicia y qué gozada, bésame.
- Hija, si quieres vamos a pasar a cuotas de placeres mayores, pero igual esto puede hacerte un poco de daño, ¿estás dispuestas?
- Claro, es lo que he estado deseando estos últimos meses, por ti estoy preparada para todo, soy toda tuya.
- Mi pene es un poco grande, por eso serás tú la que marque la velocidad de introducción según vaya acomodándose mi pene en tu vagina, de acuerdo hija, ahora te lubricaré un poco con mi lengua.
- Papá no me lamas mucho, que me volveré a ir, tu lengua es muy hábil y mi sensibilidad está muy a flor de piel.
- Tranquila hija, tú me avisas.
No tardé mucho en pedirle que parase, sus manos y su lengua conseguían arrancarme gritos de placer.
- No continúes, por favor, te quiero dentro, no aguanto más el deseo, aunque me duela por el tamaño, te quiero en mis entrañas, hazme feliz papá.
Estaba muy excitada y contenta cuando me empezó a introducir su pene, parecía imposible que eso entrara, pero la delicadeza y la paciencia con que mi padre, lo hacía, consiguió dilatar mi vagina y meter la mitad, yo le animaba diciéndole:
- Que cosquillas más sabrosas, despacio papá, te quiero con locura y quiero ser tuya.
Noté un poco de dolor, mi padre paró un rato, retrocedió y volvió a la carga despacito, parándose y mirándome.
- Más, más, lo quiero todo, aunque me destroce por dentro, papá no pares, ya se me ha pasado el dolor.
Cuando mis labios vaginales chocaron con sus huevos, le di un beso largo en los labios y le dije:
- Adelante papá, ya está dentro, ahora demuéstrame como me haces gozar.
Él empezó con un vaivén muy despacio, pero con un ritmo que me acoplé moviendo las caderas, mis gemidos eran fuertes, no podía callármelos, mis manos sobre su cintura lo atraían hacia mí, con desesperación cuando se alejaba y me preguntó si la sentía.
- Como no, papá, me estoy derritiendo de gustoooo ¡uff!
Pero sus manos se posaron sobre mis pechos, estrujó mis pezones y no podía más, grité de gusto:
- No pares, no pares, papá, ay, como te siento aquí dentro, no puedo más.
Por fin pude tener un orgasmo en una penetración, era alucinante, que latigazo de felicidad, parecía que me había vuelto loca, sentí como se tensaba todo el cuerpo, incluso como un milagro, volví a sentí mis piernas por un instante.
Mi padre pensé que se había corrido, pero no, él seguía ahí introduciéndome su pene aun rígido, me volví a acoplar a su ritmo y le dije:
- Papá ahora faltas tú, riégame toda.
- No hija, que te puedo dejar embarazada.
- No me importa, sólo quiero que seas feliz papá.
- Ya habrá otras ocasiones, cuando tomemos medidas, no puede ser hija, lo siento.
Yo no conteste, porque tenía razón y me concentré en disfrutar las embestidas de su pene en mi interior y mover mis caderas para sentirlo. Las entradas y salidas eran más rápidas, nuestros gemido, bueno los míos eran ya gritos, se sincronizaban, aquello era un locura, íbamos hacia una explosión de placer, vi que mi padre estaba a punto, pero yo moví mis caderas en circulo y me corrí, antes que él sacara su pene y me diera su leche calentita, sobre mis pechos.
- Que feliz soy papá, me has hecho mujer, nunca olvidaré esta noche.
Me recosté sobre la cama y vi como mi padre se iba de la habitación y le dije:
- No te vayas papá, por favor, quédate, por lo menos hasta que me duerma.
- No me voy, voy al lavabo a coger unas toallas húmedas para lavarnos.
Esa noche fue un sueño hecho realidad, ni en sueños creía lo que había pasado esa noche, y más cuando nos quedamos dormidos abrazados en mi cama.
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Con mi Padre Julián – Capítulo 001
Nací en el seno de una familia normal, mi madre me tuvo cuando mi padre era muy joven, ella era mayor y tuvo complicaciones, por lo que no pudieron tener más niños. Como hija única estuve consentida, todo lo que pedía me lo daban sobre todo mi padre.
Cuando yo tenía 16 años, montando a caballo, que me gustaba mucho, tuve un accidente, aunque me llevaron a muchos especialistas, no pudieron hacer nada y me quedé con una silla de rueda como compañera inseparable, mi padre lo pasó muy mal, lo vi llorar muchas veces en mi cama, yo le decía que se tranquilizara que iba a ser una chica normal, pero él no se lo creía y me prometió que haría todo lo posible porque fuese feliz.
Mi novio me dejó y alguna amigas dejaron de serlo, yo me volví más reservada, mi relación con mi padre se estrechó, él iba conmigo a todos los sitios, se hizo inseparable, su trabajo de arquitecto le permitía estar en casa mucho tiempo y como yo necesitaba a alguien para casi todo, pues nos unimos muchos.
Mi relación con el sexo, era escasa, mi antiguo novio, no era un experto, bueno eso lo supe con posterioridad, tuve relaciones sexuales, pero no conseguí un orgasmo, bueno tampoco sabía que era eso, pero mis padres aunque discretos, tenía su habitación al lado de la mía y algunas noche escuché como mi madre suspiraba muy fuerte, eran muy activos y los comentarios de mis amigas del instituto con sus relaciones sexuales, me parecía que eran una exageradas, yo había hecho el amor y no había para tanto.
Desde que me dejó mi novio, no me salían ligues como antes, tenía razón mi padre y me veían diferente, la silla de rueda era un impedimento y mi relación en el instituto cambió radicalmente, ya no era la chica más solicitada, era una cosa con rueda, de la que nadie quería saber nada y sólo mis amigos más cercanos, se acercaban de vez en cuando, también mis visitas a los médicos hacían que no funcionara bien.
Pero las desgracias no se acabaron ahí, mi madre una mañana que iba a comprar, fue atropellada por un autobús, se quedó en coma dos semanas y murió, mi padre estaba desecho, se hizo el valiente en el entierro pero se desplomó cuando nos quedamos en casa solos. Yo sentí la perdida de mi madre, pero más el sufrimiento que mi padre estaba sintiendo, por lo que estuve más pendiente de él.
Mi padre es joven, se casó con mi madre a temprana edad y se conserva perfectamente, siempre hizo ejercicios y más cuando yo tuve que ir a rehabilitación para llevar la silla de rueda, él se quedaba haciendo ejercicios en el gimnasio que hay al lado y aunque es mi padre, es muy guapo, las vecinas siempre lo han mirado con deseo y algunas amigas mías, cuando venían a mi casa, me lo decían, por lo que supuse que no tendría problemas en volver a tener pareja, pero pasaba el tiempo y no vi reacción por su parte.
A mí me costaba coger el sueño algunos días, pero como no podía levantarme, mi padre me acostaba, me levantaba y me podía en la silla, por lo que agudice el oído y podía escuchar como mi padre se quedaba muy tarde en el comedor viendo la televisión, pero una noche de madrugada me desperté y escuché una gemidos de hombre y de mujer que salían del comedor, pensé:
- mi padre se ha traído un ligue a casa, ¡ya era hora!
Estuve pendiente de escuchar la voz de la chica, para saber quién era, pero no reconocía a nadie con esa voz, si escuché los gemidos de mi padre, también me extraño que no se escuchara la puerta cerrarse cuando se fuera la chica, se escuchó como mi padre apagaba la televisión y la voz femenina desapareció, me dio una pena inmensa, mi padre se había masturbado viendo una película porno.
Una mañana estuvimos mi padre y yo en la consulta de un especialista, en la sala de esperas, no dejé de ver como las mujeres miraban a mi padre, era verano iba con una camisa corta y le quedaba muy pegada al cuerpo, había llovido y él para que no me mojase me tapaba con el paraguas, sin embargo él se mojó, estaba impresionante atractivo. Entré a la consulta del médico, me desnudó de cintura para abajo, para examinarme, yo estaba excitada de ver a mi padre con la camisa empapada, los dedos del médico tocándome por la cintura y la base de las piernas, fueron un tormento para mí. De vuelta a casa observé a mi padre conduciendo, le dije que se quitara la camisa mojada, que podía resfriarse y como no había otra se quedó desnudo de cintura para arriba, cuando me cogió en brazos para ponerme en la silla, me pegué todo lo posible a su cuerpo y en mi cuarto no pude más, me masturbe pensando en mi padre.
Estuve llorando cuando me desperté por la tarde, como era posible que me excitara con mi padre, era indecente, no me lo podía creer. Le di mucho a la cabeza esos días y llegué a la conclusión que le quería, no como padre, que también, sino como hombre, repasé los chicos con los que había salido y se parecían a mi padre, en secreto yo había querido a mi padre y ahora estaba segura de eso.
Ya cuando mi madre estaba, me gustaba que me bañara mi padre, desde que me quedé sin andar, me habían puesto una bañera especial para mí, no necesitaba casi nada, pero siempre mi padre se había preocupado de que no me faltara de nada, me traía toalla, champú, o cualquier cosa que se me hubiese olvidado. Estos últimos días he estado muy cariñosa con mi padre, cuando me duché, le pedí varias cosas y no me tapaba en exceso.
- hija por dios, tápate algo.
- vamos papá, que somos adultos.
Dejé a propósito la silla de ruedas lejos de la ducha y le llamé, yo tenía una toalla puesta, él se acercó a cogerme y observé cómo sobre su pantalón, un pronunciado bulto se vislumbraba, yo me ruboricé. Me apreté contra su cuerpo todo lo que pude y cuando me dejó depositada en la silla de rueda, se me aflojó la toalla y mis pechos quedaron al descubierto, vi lo apurado que se puso mi padre y le dije:
- mira ya tengo los pechos tan grandes como mamá, ¿tú crees que me vendrán bien sus sujetadores?
Él pobre no sabía dónde poner los ojos y sólo dijo:
- yo que sé, creo que sí, pero hija tápate.
Yo cada día estaba más enamorada, no sabía si eso era normal a mi edad o era algo más, no sé lo dije a nadie, pero estuve investigando en el instituto, si alguien le pasaba lo mismo y no, había muchas chicas que se enamoraban de su profesor una temporada, pero de su padre no, es más, todas hablaban mal de sus padres; que si no las entendían, no les dejaban hacer cosas y por supuesto nadie dijo que su padre era guapo, eran calvos, gordos, bajos y casi nunca estaban en sus casas, vamos todo lo contrario a mi padre.
Mi padre fue al médico porque no podía dormir, yo insistí mucho, ya que antes dormía muy bien y no se quedaba tan tarde en el comedor, incluso se lo comenté:
- Papá ¿Por qué te vas a tu habitación tan tarde?, antes no lo hacías.
Y si le escapó:
- Antes estaba tu madre.
Después se dio cuenta y se fue a entregar unos planos del trabajo.
Esa noche después de cenar estaba muy excitada, me toqué hasta satisfacerme, pero antes de dormirme escuché como mi padre se masturbaba en el comedor, aunque esta vez no se escuchaba el televisor, y pensé: “¿en quién ha pensado masturbándose?”, yo sin querer había pensado en él, me acordé del bulto en el pantalón y sus ojos cuando me vio los pechos, igual él también ha pensado en mí, cuando se ha masturbado, esa idea me rondó por la cabeza toda la noche, ya de día me prometí, buscar una solución, había que ir por todas.
Una noche cenando me atreví a sacarle el tema a mi padre, llevaba muchos días pensando como decírselo y esa noche me lancé:
- Papá te veo muy abatido, ya han pasado unos meses y no sales con los amigos ni te relacionas con mujeres, echamos de menos a mamá, pero la vida continúa y tú eres joven aún, no te voy a echar en cara si sales con alguna mujer.
- Si hija, tienes razón, pero tu madre era muy especial nos compenetrábamos en muchos sentidos y no me veo saliendo con otra mujer, ella era única.
- Tú siempre has dicho que yo me parezco a ella y hasta tenemos la misma talla de ropa.
- Ya, pero tú eres mi hija.
- Yo por no verte tan abatido y triste haría todo lo que mamá te hacía.
Hasta yo me asusté de estas últimas palabras, mi padre pegó un bote y mirándome a los ojos me dijo:
- Pero hija, eso es un incesto.
Subió el tono de la voz cuando dijo “incesto”, como dando por finalizado la discusión, pero yo estaba convencida de mis argumentos y dije:
- Llámalo como quieras, pero mírate no sales con nadie y mi novio me dejó cuando vio que me quedaba en silla de ruedas y desde entonces nadie quiere estar conmigo.
- Y si se enteran, que dirá la gente.
- Nadie tiene que enterarse, además mis amigas dicen que después de hacerlo duermes como un lirón, tú desde que murió mamá tomas pastillas para dormir.
- Y tú, ¿cómo lo sabes?
- Cuando me dejas en la cama escucho como vuelves al comedor y te tiras horas viendo el televisor y cuando paso el aspirador en tu cuarto veo las pastillas de dormir.
- Pero hija lo que me pides no está bien, somos familia.
- Tú cuando me caí del caballo, me dijiste que me querías mucho y qué harías que nada me faltara, mis amigas hablan del sexo, como algo sublime, pero yo aún no lo he experimentado y tú ahora necesitas sexo, yo quiero saber que es hacer el amor, yo siempre te he querido como padre y también como hombre.
Se podía cortar el ambiente cuando terminé, me había salido del alma todo, estaba mirando como mi padre se quedaba pensativo y el silencio era angustiante, creí que lo tenía ya convencido y le dije:
- No te lo pienses más y vente conmigo a mi cuarto.
Pero él replico:
- Igual, no sale bien y eso rompe la convivencia entre nosotros.
- Siempre será mi papá, si no sale bien, pues lo dejamos y ya está.
- No es tan sencillo, una relación sexual implica dar y recibir, y no siempre dos personas se sincronizan, tiene que haber una química, una armonía.
- Yo siempre te he querido, mamá era muy afortunada, la desgracia se ha cebado con nosotros, sólo estamos tú y yo, ¡hazme el amor!, papá.
Otra vez en silencio y más pensativo, cuando me dijo con un tono bajito, como un secreto:
- Déjame pensarlo, no creas que no tengo ganas, después de unos meses sin sexo, tu madre y yo, éramos muy activos, pero quiero reflexionar si esto que me pides no te hará mal.
Estaba tan contenta que cuando me cogió para llevarme a la cama, como cada noche me agarré a su cuello y le di un beso, pero esta vez se lo di tan cerca de sus labios que rozaron y sin querer le dije:
- Que guapo eres papá, te estaré esperando por si te decides, seguro que no te arrepentirás.
Estuve agudizando los oídos, para escuchar que hacia mi padre, le escuché ir al servicio, le escuché ver el televisor y por último ir por el pasillo. Crucé los dedos, rogando que no entrara a su cuarto, que abriera mi puerta y entró. Lo vi entrar y fui a encender la luz de la mesita de noche, pero él me dijo:
- No por favor, no tengo fuerzas para estar con la luz encendida, es como si nos estuviera viendo todo el vecindario.
- No te preocupes, no la enciendo, lo importante es que estés aquí.
Mi corazón daba saltos de alegría, me puse sentada con los brazos hacia él, él cerró la puerta de mi cuarto, sólo entraba la luz de la luna por los agujeros de las persianas, por lo que sólo se veían sombras. Tardó mucho en venir a mi cama, yo no sabía que le pasaba, pero escuché como tiraba su ropa al suelo y entró en mi cama, lo recibí con los brazos abiertos, le cogí la cara y lo besé. Sí, mi primer beso en los labios con mi padre, me pareció una dulzura, me entregué a ese bese con pasión, le quería dar todo el amor que mi corazón tenía, pero él me puso una mano al pecho y otra en la entrepierna, por dios como sabia tocar mi padre, me rozo con las yemas de sus dedos mi pezón y suspiré, me metió un dedo en los labios vaginales y me derretí, movía el dedo de arriba para abajo y le dije:
- Si papá, esto me gusta, haz lo que quieras conmigo, soy toda tuya, hazme gozar a sin.
Mi cuerpo pedía más, me quité la camiseta con la ayuda de papá, yo seguía besándole, pero él dejo mis labios y muy despacio se fue acercándose a mis pechos, como chupó mis pezones, ¡qué gusto! Y se me escapó:
- Ooohh papá, que gusto me das.
Mi padre seguía dándome placer con su legua maestra, llegó a mi vagina y con sus manos separó mis piernas, mis labios fueron lamidos sin dejar un trozo y cuando tropezó con el clítoris, empecé a gemir alto y dije:
- Uff, que bien me siento papá, oleadas de placer que desconocía se apoderan de mi papá…
- Tranquila hija, sólo estamos en los preámbulos, hoy conocerás los placeres del sexo.
- Papá no se qué hacer, todo esto es nuevo para mí.
- Tú déjate llevar por tus instintos, que yo te guiaré por los caminos del placer sexual.
Él volvió a lamerme la vagina, pero esta vez introducía su lengua y la deslizaba hasta tropezar con el clítoris.
- Papá, que haces, no pares, continúa a sin, dame más, dame más placer.
Aquel placer tan intenso no podía durar, papá era muy hábil con su lengua y yo no pude aguantar que me corriera abundantemente.
- No puedo más papá, como utilizas la lengua, no pares de lamerme, me vengo, oh que placer.
Yo estaban tan contenta que le agarré su cabeza y le di besos por toda la cara. Al abrazarme noté como su miembro estaba tocándome la barriga, yo estiré mi mano y me asusté, ¡qué grande era!, se lo dije y él dijo:
- Pues el merito es tuyo, está a sin por tu culpa.
Me acorde de las amigas del instituto que decían los bien que se lo pasaban sus novios cuando se las chupaban.
- ¿quiero lamértela?, enséñame papá.
Él se puso de rodillas delante mío y me dijo:
- Cógemela con la mano y como si fuera un helado lame de arriba abajo, con la mano sigue el movimiento de tus labios, con la punta de tu lengua haz círculos sobre el capullo del pene e introdúcetela como si fuera un chupete, oprimiendo con tus labios el contorno de mi pene.
Yo lo intenté, me sorprendió la suavidad de la piel, la dureza del miembro, como latía y cómo reaccionaba papá a mis lametazos. No sabía, pero sus gemidos me dieron ánimos y le dije:
- ¿Cómo lo hago, papá?, ¿te gusta?
- Acelera hija y no te asuste.
- Pero me asusté cuándo empezó a salir líquido blanco a presión, aquello parecía una fuente, retiré la cara instintivamente, después quise probar eso y me gusto, tenía una sabor entre amargo y dulce, a la vez que cremoso y calentito.
- Gracias papá ha sido maravilloso, que delicia y qué gozada, bésame.
- Hija, si quieres vamos a pasar a cuotas de placeres mayores, pero igual esto puede hacerte un poco de daño, ¿estás dispuestas?
- Claro, es lo que he estado deseando estos últimos meses, por ti estoy preparada para todo, soy toda tuya.
- Mi pene es un poco grande, por eso serás tú la que marque la velocidad de introducción según vaya acomodándose mi pene en tu vagina, de acuerdo hija, ahora te lubricaré un poco con mi lengua.
- Papá no me lamas mucho, que me volveré a ir, tu lengua es muy hábil y mi sensibilidad está muy a flor de piel.
- Tranquila hija, tú me avisas.
No tardé mucho en pedirle que parase, sus manos y su lengua conseguían arrancarme gritos de placer.
- No continúes, por favor, te quiero dentro, no aguanto más el deseo, aunque me duela por el tamaño, te quiero en mis entrañas, hazme feliz papá.
Estaba muy excitada y contenta cuando me empezó a introducir su pene, parecía imposible que eso entrara, pero la delicadeza y la paciencia con que mi padre, lo hacía, consiguió dilatar mi vagina y meter la mitad, yo le animaba diciéndole:
- Que cosquillas más sabrosas, despacio papá, te quiero con locura y quiero ser tuya.
Noté un poco de dolor, mi padre paró un rato, retrocedió y volvió a la carga despacito, parándose y mirándome.
- Más, más, lo quiero todo, aunque me destroce por dentro, papá no pares, ya se me ha pasado el dolor.
Cuando mis labios vaginales chocaron con sus huevos, le di un beso largo en los labios y le dije:
- Adelante papá, ya está dentro, ahora demuéstrame como me haces gozar.
Él empezó con un vaivén muy despacio, pero con un ritmo que me acoplé moviendo las caderas, mis gemidos eran fuertes, no podía callármelos, mis manos sobre su cintura lo atraían hacia mí, con desesperación cuando se alejaba y me preguntó si la sentía.
- Como no, papá, me estoy derritiendo de gustoooo ¡uff!
Pero sus manos se posaron sobre mis pechos, estrujó mis pezones y no podía más, grité de gusto:
- No pares, no pares, papá, ay, como te siento aquí dentro, no puedo más.
Por fin pude tener un orgasmo en una penetración, era alucinante, que latigazo de felicidad, parecía que me había vuelto loca, sentí como se tensaba todo el cuerpo, incluso como un milagro, volví a sentí mis piernas por un instante.
Mi padre pensé que se había corrido, pero no, él seguía ahí introduciéndome su pene aun rígido, me volví a acoplar a su ritmo y le dije:
- Papá ahora faltas tú, riégame toda.
- No hija, que te puedo dejar embarazada.
- No me importa, sólo quiero que seas feliz papá.
- Ya habrá otras ocasiones, cuando tomemos medidas, no puede ser hija, lo siento.
Yo no conteste, porque tenía razón y me concentré en disfrutar las embestidas de su pene en mi interior y mover mis caderas para sentirlo. Las entradas y salidas eran más rápidas, nuestros gemido, bueno los míos eran ya gritos, se sincronizaban, aquello era un locura, íbamos hacia una explosión de placer, vi que mi padre estaba a punto, pero yo moví mis caderas en circulo y me corrí, antes que él sacara su pene y me diera su leche calentita, sobre mis pechos.
- Que feliz soy papá, me has hecho mujer, nunca olvidaré esta noche.
Me recosté sobre la cama y vi como mi padre se iba de la habitación y le dije:
- No te vayas papá, por favor, quédate, por lo menos hasta que me duerma.
- No me voy, voy al lavabo a coger unas toallas húmedas para lavarnos.
Esa noche fue un sueño hecho realidad, ni en sueños creía lo que había pasado esa noche, y más cuando nos quedamos dormidos abrazados en mi cama.
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