-
Cristina se Marcha de la Boda – Capítulo 001
Mis vacaciones estaban resultando mucho más caras de lo previsto. Mucha playa, mucha fiesta por la noche, mucho intento de aproximación a toda mujer sola y atractiva, pero la verdad es que me había dejado una auténtica fortuna en invitaciones a copas, … ¡¡para nada!!, por que no había conseguido nada con ninguna. Un cúmulo de mala suerte y un cajero automático estropeado que me tragó la tarjeta de crédito un viernes por la tarde hizo que me quedase sin dinero y sin tarjeta. ¡El banco no abría hasta el lunes por la mañana y no tenía nada con que pagarme el hotel de esa noche!. "¡¡Dios, como me puede pasar esto!!". Llamé a la línea de atención telefónica de mi banco y no me dio ninguna solución, … "¡¡Joder!!, lo que no me pase a mi …".
Esperé, pensé ,… y la primera noche a la intemperie de mi vida me hizo tomar la decisión de que algo tenía que encontrar para la noche del sábado. Casualmente pasé por una oficina de trabajo temporal, donde al plantearles el problema me dieron un trabajo para el sábado por la tarde que me permitiría al menos pagar un pequeño hotel hasta el lunes en que pudiese solucionar el problema. Incluso podían darme algo de dinero por adelantado o sea que me serviría. Se trataba de hacer de camarero en una boda. "De acuerdo, ¿por qué no?. No era el trabajo de mi vida, pero supongo que podría hacerlo sin mayores problemas".
Me presenté a la hora, me dieron un uniforme y Javier, un compañero me llevo en su coche al lugar donde se celebraba la fiesta. Javier ya había trabajado allí y sería el encargado. Era un chico muy moreno, algo más joven que yo, de unos 25 o 26 años musculoso, muy alto y educado. Se trataba de la boda de una pareja de chicos jóvenes donde la mayoría de invitados eran amigos y amigas de su edad. "Joder, para una vez que trabajo de camarero me va a tocar servir copas a unos tíos que se pondrán como una puta cuba en 2 horas". Mi trabajo era servir detrás de una pequeña barra sin cobrar nada las copas que los invitados solicitasen antes del banquete y también después del mismo durante la música. Tenía simplemente que apuntar en un papel todo lo que servía y además ser un poco "tacaño" con el alcohol en los combinados. Javier me enseñó también donde estaba el almacén de bebidas, al final de un pasillo, pegado a los baños, de donde debía reponer lo que se fuese acabando. La música estaba bastante alta y según iban llegando los invitados se iban organizando en grupillos para charlar.
Todo empezó tranquilo. Vinos para los más mayores, cervezas, whiskies, combinados para los más jóvenes, … todo sin problema. La verdad es que en ese momento ya me había fijado en que había mujeres preciosas entre las invitadas, vestidos de ceremonia superceñidos, tops super ajustados, pero había una realmente bonita que me llamó la atención. Eras tú. Pelo liso, suelto sobre los hombros, carita super atractiva con preciosos ojos grandes y unos labios que estaba seguro que decían "cómeme y dame algo para comer". En el primer contacto visual te eché poco más de 20 años. Vestías un vestido dorado, con unos bonitos bordados en rosa y un chal cubriendo un escote que prometía esconder unas preciosas tetas realmente grandes para lo delgadita que parecías ser. Tu culo parecía pequeño, durito y respingón, de los que parecen pedir "estrújame". Te calculé sobre 1,60, pero los enormes tacones que llevabas te hacían parecer realmente alta. Charlabas con unos y otros a no más de 2 metros míos, o sea que me aprendí de memoria hasta tu última curva. "Joder, con el hambre que yo tengo y esta tía no se larga a la otra puta esquina del restaurante". Un buen rato estuviste charlando con la novia, por lo que deduje que podrías ser posiblemente una buena amiga, ya que físicamente no te parecías como para ser familia.
Antes de sentarse a comer tomaste un par de vinos rosados que siempre alguien le llevaba.
No pude perderte de vista ni un momento hasta que todos los invitados os sentasteis al banquete, momento que yo aproveché para recoger un poco vasos y prepararme para la parte dura de mi trabajo: después de la ceremonia.
La tarta llegó e inmediatamente la música comenzó y poco a poco los invitados se iban acercando a mi zona. Viniste pronto y te acercaste a la barra para pedirme un combinado que te puse sin perder de vista ese escote, esos labios y esos ojos, hasta el punto que me dijiste, "basta" porque sino llenaba el vaso de licor hasta arriba. "Ni me miraste a la cara, ¡joder!". Iba pasando el tiempo y fueron varios los chicos que se te acercaron, pero no parecían tener éxito, aunque era evidente que se habían formado otras parejitas en la boda, parecías más interesada en charlar con unos y otros.
La primera vez que tuve que ir al almacén a por una botella de ginebra, me desvié y pasé rozándote. Mis manos acariciaron tu culo de pasada, "¡Madre mía, qué culo tiene la niña. Duro, redondito, .., perfecto!". Mi polla se iba poniendo tan dura que me molestaba el pantalón y por el bolsillo trataba de colocármela para que no fuese tan evidente. No pareciste darte cuenta la primera vez o sea que lo repetí cada vez que iba al almacén, cosa que ocurría cada 20 minutos ya que traía las botellas de una en una. Yo pasaba por detrás de ti rozándote y tocándote muy suavemente el culo, que solo estaba protegido por ese vestido dorado que me estaba volviendo loco. "O no lleva bragas o lo más probable, llevaba un tanga, ¡joder que culo más durito!". En una de las ocasiones, al volver con una botella de Ron, empujando un poco mi cintura, fue mi polla la que descaradamente te recorrió el culo por encima del vestidito: una nalga,.. la rajita y … la otra nalga … Esta vez ella lo habías notado perfectamente y te giraste, mirándome a los ojos y dándote la vuelta con un gesto de insignificancia hacia mí. "Joder como me estaba poniendo la nena".
Yo seguía sirviendo copas a los que me pedían, pero no podía dejar de mirarte. Mi jefe se cabreó conmigo cuando rompí el quinto vaso por no prestar atención. "¡¡Como iba a prestar atención a echar una coca cola en un bar si no podía quitar la cabeza de pensar en cómo debía moverse esa melena con mi polla follándose los labios!!". Te desnudaba una y otra vez con la mirada … esas tetas de tamaño impresionante como a mi me gustan, esas piernas delgadas y preciosas, ese culito, … y esa boquita … De vez en cuando te girabas y cruzabas la mirada con la mía, dándote cuenta de que yo te observaba para inmediatamente volver a retirar la vista y volver a las conversaciones y risas con tus amigos y amigas. En un par de ocasiones, al retirar la mirada noté como me mirabas de arriba abajo. Lo sentí como si se tratase de una brisa helada que me recorría de los pies a la cabeza "¿Se habría dado cuenta de mi erección?". Para entonces tú te habías tomado por lo menos 5 cuba libres más lo que hubieses tomado antes en la mesa o sea que tu mirada era ya un poco "transparente" en ese momento.
Otra botella de ron acabada, otro viajecito hasta el almacén y esta vez a la ida repetí el recorrido de mi polla por tu culo: nalga .. rajita … nalga, pero en esta ocasión con una mano en el bolsillo de mi pantalón, me sujetaba la base de la polla con fuerza para que se hundiese un poquito en tus pequeñas y preciosas nalgas. "Mmmmhhh, pero qué maravilla de culito, ahora ya sabes como aprieta mi polla". Diste un pequeño respingo, otra mirada atrás y ningún comentario. "Mmmhh, qué ojazos y que boquita. Seguro que es una loba follando". No podía dejar de pensar en ti. Ya no sabía como colocarme la polla de lo dura que estaba.
Abrí la puerta del almacén, tiré las botellas vacías a la basura y cogí dos nuevas. Salí y cuando me giré para volver a mi trabajo … ¡¡Auu!! Me di de bruces con la chica de mis sueños. Tus pechos golpearon mi pecho, tu cabeza mi barbilla y mi pié pisó con fuerza el tuyo.
"¡¡Aauuu!!, ¿no ves por donde vas?", dijiste sin mirarme a la cara. "¡Me has pisado!".
Me quedé un poco cortado, por acabar de pisar a una chica que la había restregado mi polla por el culo hacía unos segundos.
"Eehhh, estooo, perdona. Ha sido sin querer. Salía rápido y no te había visto".
Ahí estabas, agachada tocándote la punta del pie sin haberme mirado todavía la cara. Yo por supuesto no retiraba la mirada de tu escote que en esa postura dejaba ver mucho más de lo que escondía.
"Pasa, pasa, yo te miro ese pié", dije cogiéndote del brazo.
Estábamos a medio metro de la puerta del almacén y yo aprovechando la estúpida confusión te empujé un poco por la cintura para hacerla entrar cojeando. Una vez dentro, di la luz y cerré la puerta con el pestillo interior.
"Déjalo, ya se me está pasando. ¡Pero mira por donde vas, joder!", dijiste enfadada, justo levantando la vista del dolorido pie y sin darte cuenta de que te había metido en un oscuro almacén.
"Me alegro".
"¡¡Qué!!, ¿Dónde estoy?. ¿Eres tú?", dijiste un poco confundida posiblemente por el efecto del alcohol.
"Yo, sí soy yo ¿me conoces acaso?".
"Eres un cerdo. Me has sobado todo lo que has podido, asqueroso. Déjame marchar", dijiste intentando abrir la puerta sin reparar en el pestillo.
"No tan rápido", dije cerrando con la llave y abriendo el pestillo. "Tenemos que hablar y te tengo que pedir una cosa. Por cierto, ¿cómo te llamas?".
"¡¡¿Pero qué haces?!!. Abre la puerta ahora mismo. ¡¿Hablar de qué?, ¿Qué quieres pedirme?!".
"Te preguntaba tu nombre, ¿Cómo te llamas?".
"Cristina. ¿Qué coño quieres?".
"Cristina, quiero que te arrodilles, que me mires a los ojos y que abras la boca, porque me vas a dar la mejor mamada que has hecho nunca. Necesito sentir esos labios tuyos preciosos alrededor de mi polla, esos ojazos clavados en los míos y tu bonito pelo moverse al ritmo que más te gusta".
"¡¡¡¿Queeee?!!!. ¡Tú eres idiota!. Abre la puerta y déjame salir, sino vas a tener muchos problemas", dijiste con seguridad y sin perder la compostura aunque absolutamente sorprendida por mis palabras.
"Después de que me la chupes un ratito y la tenga bien dura, te voy a desnudar, te voy a comer enterita, te voy a lubricar con la lengua ese culito que me lleva provocando toda la noche y te la voy a meter por ahí hasta el fondo. Vas a ver lo que se siente estando empalada hasta el fondo. Quiero oírte gritar de gusto y correrte con mi polla clavada en el culito ese tan vacilón que tienes. ¡Ah!, y si quieres que te folle por el coñito me lo vas a tener que rogar, sino te vas a quedar con las ganas".
"¡¡¿Quee?!!. Tú has bebido, imbecil. Ni se te ocurra ponerme la mano encima. Déjame salir".
"No me vengas con bobadas Cristina, cariño. Me has provocado toda la noche con miradas. Has dejado que te toque el culo sin quejarte y ¿ahora te vas a hacer la estrecha?. De eso nada. Te voy a follar quieras o no y además vas a correrte como una loca, porque necesito ver esa boquita y esos ojazos gimiendo de placer".
El exterior de mi mano acarició tu mejilla, a lo que respondiste con un manotazo y retirando la cara hacia atrás.
"Vaya, vaya, … o sea que no te vas a dejar por las buenas".
"Te he dicho que no me toques. Eres un cerdo que no has hecho otra cosa que pasar a mi lado para tocarme el culo. ¡Lárgate y déjame salir!. Sino voy a gritar ahora mismo y te vas a enterar lo que es bueno".
"Cristina, yo no haría esto si no pensase que lo estás deseando".
Dicho esto y a la vista de que estabas a punto de gritar me lancé sobre ti cogiéndote por detrás, con tu espalda sobre mi pecho y mi mano derecha tapando con fuerza tu boca a la vez que sujetando tu cabeza contra mi hombro derecho. Tus manos se movían, pero como soy mucho más corpulento, no me resulto difícil llevarte así hasta el fondo del almacén. Me intentabas morder, me arañabas el brazo que sujetaba su cabeza y trababas de liberarte con todas las fuerzas, pero por otro lado sin demasiado éxito. El poco ruido que hacíamos era imposible que se oyese desde el exterior debido al alto volumen de la música.
Después de un par de minutos de intenso forcejeo paraste un poco, posiblemente para recuperar el aliento, momento que aproveché para hablarte al oído después de pasar mi lengua muy lentamente por toda tu oreja derecha y mordisquearte el lobulo.
"Estas buenísima Cristina y vas a disfrutar esto de verdad. Ya lo verás. Ahora te voy a abrir el vestido y te lo voy a bajar. Puedes resistirte, en cuyo caso te lo romperé o no resistirte en cuyo caso el vestido no se estropeará. Si se rompe me temo que cuando salgamos de aquí vas a tener una situación embarazosa explicando a todos porqué sales en pelotas de un almacén o sea que tú verás. Deja caer las manos hacia abajo".
No hubo respuesta. Tu respiración, para ese momento, era ya muy agitada y sonora por el gran esfuerzo realizado para tratar de liberarte. Tus manos siguieron unos pocos segundos agarradas a mi mano derecha que te tapaba la boca, pero pasado ese escaso tiempo las dejaste caer a ambos lados del cuerpo como te estaba pidiendo. Antes de que cambiases de opinión, con mi mano libre abrí tu vestido por la parte de atrás, retiré los dos tirantes de los hombros muy lentamente y con total naturalidad el vestido deslizó por sus caderas hasta los pies. Inmediatamente después solté los cierres traseros del sujetador, que cayo por su propio peso hasta el suelo tras quedar un instante colgado de tu brazo derecho.
"Cristina, ¿me escuchas?", susurré a tu oído.
Asentiste con la cabeza con lágrimas de rabia saliendo de tus ojos.
"Pon las manitas en la espalda preciosa".
Obedeciste y con mi mano libre me las arreglé para coger una cinta de embalar que había sobre una caja y atar tus muñecas por la espalda firmemente pero sin hacer daño.
"La música está alta y nadie te va a oír si gritas. ¿Vas a chillar?".
Negaste con la cabeza, ante lo cual, muy suavemente retiré mi mano de tu boca. A pesar de estar prácticamente desnuda no había tenido tiempo para observar su precioso cuerpo.
"Así me gusta, que seas buena. Ven que te limpio los ojos".
Con un pañuelo muy suavemente limpié sus ojos retirando las lágrimas de rabia e impotencia por haber sido desnudada y atada, totalmente a disposición de un desconocido.
"No te preocupes. Eres preciosa y lo vas a pasar realmente bien".
"Por favor, no me hagas nada".
"No te preocupes no te haré nada que no disfrutes", dije sentándome en una caja dejándote ahora ya sí perfectamente a mi vista, vestida solo con un tanga malva, un precioso sujetador y sus zapatos de tacón.
"Por favor, …"
Allí estabas Cristina, prácticamente desnuda, mostrando unos perfectos pechos aún más bonitos de lo que prometían bajo el vestido, redondos, muy firmes y con unos pezones irresistibles y duritos. El tanguita cubría perfectamente el vello público y tus piernas eran realmente atractivas, delgadas pero con unos preciosos muslos que parecían pedir ser tocados. Tu cintura era estrechita, dando a su cuerpo un toque de una sensualidad irresistible para cualquier hombre.
"Ven aquí. Ponte aquí de pie", te ordené señalando el suelo justo entre mis piernas.
"Por favor, no me hagas, …".
"Cristina, ven aquí. No me hagas enfadar".
Obedeciste y sacándote definitivamente el vestido de los tobillos te colocaste de pie justo entre mis rodillas, dejando al alcance de mis manos todo tu cuerpo.
Mis dos manos se colocaron al instante en tu cintura y recorrieron muy suavemente, solamente rozando, tu culo. Me apetecía estrujarlo, pero no lo hice, solo lo recorrí con las manos haciendo que se te pusiese la piel de gallina. Así estuve rozando tu culo un par de minutos, notando sin mirar su perfecto tamaño y su firmeza.
"Tienes el culo perfecto que nos gusta a los hombres. Ni pequeño ni grande pero ante todo bien duro. Bien proporcionado para poder acariciarlo. Tengo unas ganas locas de estrujártelo y de jugar una hora con él pero antes …"
Sin más preámbulo cogí tu tanga por la cintura y te lo bajé hasta los tobillos, a lo que respondiste con un pequeño gritito de sorpresa al notarte ahora sí ya totalmente desnuda y de alguna manera indefensa. Por escasos segundos pude ver su precioso y arregladito pubis, con el pelo moreno, cortito en una pequeña línea sobre el monte de Venus.
"¡Aah!, no por favor déjame" y trató de escapar corriendo hacia la puerta, rompiendo el tanga que había quedado sujetando sus tobillos.
Yo salí tras de ti y justo antes de que llegases a golpear la puerta te cogí por la cintura y tapándote nuevamente la boca con mi mano derecha, te levanté del suelo volviendo al fondo del almacén.
"Tienes un culo divino cuando corres, a ver como es cuando le dan unos buenos azotes por desobediente".
Volví a sentarme en las cajas y te coloqué con el culo sobre mis rodillas, la cabeza colgando hacia un lado y los pies hacia el otro, como se pone a los niños para darles una buena azotaina.
"Esta es tu última oportunidad. Te voy a dar unos buenos azotes en este culete tan bonito antes de hacerle otra cosa. Como se te ocurra chillar te pongo cinta de embalar en esos precioso labios que tienes y hago contigo todo lo que me apetezca". " ¡¡¡¡Plaaaaas !!!!", sonó el primer azote con mi mano derecha totalmente abierta sobre tus nalgas.
"¡¡¡Mmmmmmmmm!!!", te quejaste dando un respingo, estirando el cuerpo todo lo posible y mordiéndote los labios para no gritar.
"¡¡Plaaas!!, ¡¡Plaaas!!, ¡¡Plaaas!!, ¡¡Plaaas!!, ¡¡Plaaas!!, ¡¡Plaaas!!". Uno tras otro fueron sonando los azotes sobre unas nalgas que se iban enrojeciendo.
Un par de lágrimas caían por tus mejillas más por la humillación de estar siendo tratada como una cría que por el dolor de los mismos.
"Basta, por favor. Basta, no chillaré, de verdad. Basta", me pediste entre sollozos.
"Está bien cariño. No voy a seguir dándote azotes pero más vale que te portes bien".
Tu culo estaba rojo y con mis dedos marcados en diferentes puntos debido a las palmadas. Me levanté ayudándote y te tumbé en el suelo de madera del almacén boca abajo. No te moviste mientras yo me desnudaba completamente dejando mi polla apuntando al techo del almacén.
Me arrodillé a la altura de tus rodillas obligándote por tanto a abrir las piernas un poco, permitiéndome ver tu preciosa y depiladita entrepierna. El coñito se veía cerradito y libre de pelos, sería desde luego un enorme placer para mí comérmelo durante 2 horas, pero tiempo al tiempo …
En esa postura, en la que para ti era realmente difícil incorporarte por tener las muñecas atadas coloqué cada una de mis manos en tus nalgas y comenzó el masaje de ese precioso culo, objeto de mis deseos durante horas. Empujé, estrujé, sobé, acaricié una y otra vez ese delicioso culo que me había vuelto loco.
-
Cristina se Marcha de la Boda – Capítulo 001
Mis vacaciones estaban resultando mucho más caras de lo previsto. Mucha playa, mucha fiesta por la noche, mucho intento de aproximación a toda mujer sola y atractiva, pero la verdad es que me había dejado una auténtica fortuna en invitaciones a copas, … ¡¡para nada!!, por que no había conseguido nada con ninguna. Un cúmulo de mala suerte y un cajero automático estropeado que me tragó la tarjeta de crédito un viernes por la tarde hizo que me quedase sin dinero y sin tarjeta. ¡El banco no abría hasta el lunes por la mañana y no tenía nada con que pagarme el hotel de esa noche!. "¡¡Dios, como me puede pasar esto!!". Llamé a la línea de atención telefónica de mi banco y no me dio ninguna solución, … "¡¡Joder!!, lo que no me pase a mi …".
Esperé, pensé ,… y la primera noche a la intemperie de mi vida me hizo tomar la decisión de que algo tenía que encontrar para la noche del sábado. Casualmente pasé por una oficina de trabajo temporal, donde al plantearles el problema me dieron un trabajo para el sábado por la tarde que me permitiría al menos pagar un pequeño hotel hasta el lunes en que pudiese solucionar el problema. Incluso podían darme algo de dinero por adelantado o sea que me serviría. Se trataba de hacer de camarero en una boda. "De acuerdo, ¿por qué no?. No era el trabajo de mi vida, pero supongo que podría hacerlo sin mayores problemas".
Me presenté a la hora, me dieron un uniforme y Javier, un compañero me llevo en su coche al lugar donde se celebraba la fiesta. Javier ya había trabajado allí y sería el encargado. Era un chico muy moreno, algo más joven que yo, de unos 25 o 26 años musculoso, muy alto y educado. Se trataba de la boda de una pareja de chicos jóvenes donde la mayoría de invitados eran amigos y amigas de su edad. "Joder, para una vez que trabajo de camarero me va a tocar servir copas a unos tíos que se pondrán como una puta cuba en 2 horas". Mi trabajo era servir detrás de una pequeña barra sin cobrar nada las copas que los invitados solicitasen antes del banquete y también después del mismo durante la música. Tenía simplemente que apuntar en un papel todo lo que servía y además ser un poco "tacaño" con el alcohol en los combinados. Javier me enseñó también donde estaba el almacén de bebidas, al final de un pasillo, pegado a los baños, de donde debía reponer lo que se fuese acabando. La música estaba bastante alta y según iban llegando los invitados se iban organizando en grupillos para charlar.
Todo empezó tranquilo. Vinos para los más mayores, cervezas, whiskies, combinados para los más jóvenes, … todo sin problema. La verdad es que en ese momento ya me había fijado en que había mujeres preciosas entre las invitadas, vestidos de ceremonia superceñidos, tops super ajustados, pero había una realmente bonita que me llamó la atención. Eras tú. Pelo liso, suelto sobre los hombros, carita super atractiva con preciosos ojos grandes y unos labios que estaba seguro que decían "cómeme y dame algo para comer". En el primer contacto visual te eché poco más de 20 años. Vestías un vestido dorado, con unos bonitos bordados en rosa y un chal cubriendo un escote que prometía esconder unas preciosas tetas realmente grandes para lo delgadita que parecías ser. Tu culo parecía pequeño, durito y respingón, de los que parecen pedir "estrújame". Te calculé sobre 1,60, pero los enormes tacones que llevabas te hacían parecer realmente alta. Charlabas con unos y otros a no más de 2 metros míos, o sea que me aprendí de memoria hasta tu última curva. "Joder, con el hambre que yo tengo y esta tía no se larga a la otra puta esquina del restaurante". Un buen rato estuviste charlando con la novia, por lo que deduje que podrías ser posiblemente una buena amiga, ya que físicamente no te parecías como para ser familia.
Antes de sentarse a comer tomaste un par de vinos rosados que siempre alguien le llevaba.
No pude perderte de vista ni un momento hasta que todos los invitados os sentasteis al banquete, momento que yo aproveché para recoger un poco vasos y prepararme para la parte dura de mi trabajo: después de la ceremonia.
La tarta llegó e inmediatamente la música comenzó y poco a poco los invitados se iban acercando a mi zona. Viniste pronto y te acercaste a la barra para pedirme un combinado que te puse sin perder de vista ese escote, esos labios y esos ojos, hasta el punto que me dijiste, "basta" porque sino llenaba el vaso de licor hasta arriba. "Ni me miraste a la cara, ¡joder!". Iba pasando el tiempo y fueron varios los chicos que se te acercaron, pero no parecían tener éxito, aunque era evidente que se habían formado otras parejitas en la boda, parecías más interesada en charlar con unos y otros.
La primera vez que tuve que ir al almacén a por una botella de ginebra, me desvié y pasé rozándote. Mis manos acariciaron tu culo de pasada, "¡Madre mía, qué culo tiene la niña. Duro, redondito, .., perfecto!". Mi polla se iba poniendo tan dura que me molestaba el pantalón y por el bolsillo trataba de colocármela para que no fuese tan evidente. No pareciste darte cuenta la primera vez o sea que lo repetí cada vez que iba al almacén, cosa que ocurría cada 20 minutos ya que traía las botellas de una en una. Yo pasaba por detrás de ti rozándote y tocándote muy suavemente el culo, que solo estaba protegido por ese vestido dorado que me estaba volviendo loco. "O no lleva bragas o lo más probable, llevaba un tanga, ¡joder que culo más durito!". En una de las ocasiones, al volver con una botella de Ron, empujando un poco mi cintura, fue mi polla la que descaradamente te recorrió el culo por encima del vestidito: una nalga,.. la rajita y … la otra nalga … Esta vez ella lo habías notado perfectamente y te giraste, mirándome a los ojos y dándote la vuelta con un gesto de insignificancia hacia mí. "Joder como me estaba poniendo la nena".
Yo seguía sirviendo copas a los que me pedían, pero no podía dejar de mirarte. Mi jefe se cabreó conmigo cuando rompí el quinto vaso por no prestar atención. "¡¡Como iba a prestar atención a echar una coca cola en un bar si no podía quitar la cabeza de pensar en cómo debía moverse esa melena con mi polla follándose los labios!!". Te desnudaba una y otra vez con la mirada … esas tetas de tamaño impresionante como a mi me gustan, esas piernas delgadas y preciosas, ese culito, … y esa boquita … De vez en cuando te girabas y cruzabas la mirada con la mía, dándote cuenta de que yo te observaba para inmediatamente volver a retirar la vista y volver a las conversaciones y risas con tus amigos y amigas. En un par de ocasiones, al retirar la mirada noté como me mirabas de arriba abajo. Lo sentí como si se tratase de una brisa helada que me recorría de los pies a la cabeza "¿Se habría dado cuenta de mi erección?". Para entonces tú te habías tomado por lo menos 5 cuba libres más lo que hubieses tomado antes en la mesa o sea que tu mirada era ya un poco "transparente" en ese momento.
Otra botella de ron acabada, otro viajecito hasta el almacén y esta vez a la ida repetí el recorrido de mi polla por tu culo: nalga .. rajita … nalga, pero en esta ocasión con una mano en el bolsillo de mi pantalón, me sujetaba la base de la polla con fuerza para que se hundiese un poquito en tus pequeñas y preciosas nalgas. "Mmmmhhh, pero qué maravilla de culito, ahora ya sabes como aprieta mi polla". Diste un pequeño respingo, otra mirada atrás y ningún comentario. "Mmmhh, qué ojazos y que boquita. Seguro que es una loba follando". No podía dejar de pensar en ti. Ya no sabía como colocarme la polla de lo dura que estaba.
Abrí la puerta del almacén, tiré las botellas vacías a la basura y cogí dos nuevas. Salí y cuando me giré para volver a mi trabajo … ¡¡Auu!! Me di de bruces con la chica de mis sueños. Tus pechos golpearon mi pecho, tu cabeza mi barbilla y mi pié pisó con fuerza el tuyo.
"¡¡Aauuu!!, ¿no ves por donde vas?", dijiste sin mirarme a la cara. "¡Me has pisado!".
Me quedé un poco cortado, por acabar de pisar a una chica que la había restregado mi polla por el culo hacía unos segundos.
"Eehhh, estooo, perdona. Ha sido sin querer. Salía rápido y no te había visto".
Ahí estabas, agachada tocándote la punta del pie sin haberme mirado todavía la cara. Yo por supuesto no retiraba la mirada de tu escote que en esa postura dejaba ver mucho más de lo que escondía.
"Pasa, pasa, yo te miro ese pié", dije cogiéndote del brazo.
Estábamos a medio metro de la puerta del almacén y yo aprovechando la estúpida confusión te empujé un poco por la cintura para hacerla entrar cojeando. Una vez dentro, di la luz y cerré la puerta con el pestillo interior.
"Déjalo, ya se me está pasando. ¡Pero mira por donde vas, joder!", dijiste enfadada, justo levantando la vista del dolorido pie y sin darte cuenta de que te había metido en un oscuro almacén.
"Me alegro".
"¡¡Qué!!, ¿Dónde estoy?. ¿Eres tú?", dijiste un poco confundida posiblemente por el efecto del alcohol.
"Yo, sí soy yo ¿me conoces acaso?".
"Eres un cerdo. Me has sobado todo lo que has podido, asqueroso. Déjame marchar", dijiste intentando abrir la puerta sin reparar en el pestillo.
"No tan rápido", dije cerrando con la llave y abriendo el pestillo. "Tenemos que hablar y te tengo que pedir una cosa. Por cierto, ¿cómo te llamas?".
"¡¡¿Pero qué haces?!!. Abre la puerta ahora mismo. ¡¿Hablar de qué?, ¿Qué quieres pedirme?!".
"Te preguntaba tu nombre, ¿Cómo te llamas?".
"Cristina. ¿Qué coño quieres?".
"Cristina, quiero que te arrodilles, que me mires a los ojos y que abras la boca, porque me vas a dar la mejor mamada que has hecho nunca. Necesito sentir esos labios tuyos preciosos alrededor de mi polla, esos ojazos clavados en los míos y tu bonito pelo moverse al ritmo que más te gusta".
"¡¡¡¿Queeee?!!!. ¡Tú eres idiota!. Abre la puerta y déjame salir, sino vas a tener muchos problemas", dijiste con seguridad y sin perder la compostura aunque absolutamente sorprendida por mis palabras.
"Después de que me la chupes un ratito y la tenga bien dura, te voy a desnudar, te voy a comer enterita, te voy a lubricar con la lengua ese culito que me lleva provocando toda la noche y te la voy a meter por ahí hasta el fondo. Vas a ver lo que se siente estando empalada hasta el fondo. Quiero oírte gritar de gusto y correrte con mi polla clavada en el culito ese tan vacilón que tienes. ¡Ah!, y si quieres que te folle por el coñito me lo vas a tener que rogar, sino te vas a quedar con las ganas".
"¡¡¿Quee?!!. Tú has bebido, imbecil. Ni se te ocurra ponerme la mano encima. Déjame salir".
"No me vengas con bobadas Cristina, cariño. Me has provocado toda la noche con miradas. Has dejado que te toque el culo sin quejarte y ¿ahora te vas a hacer la estrecha?. De eso nada. Te voy a follar quieras o no y además vas a correrte como una loca, porque necesito ver esa boquita y esos ojazos gimiendo de placer".
El exterior de mi mano acarició tu mejilla, a lo que respondiste con un manotazo y retirando la cara hacia atrás.
"Vaya, vaya, … o sea que no te vas a dejar por las buenas".
"Te he dicho que no me toques. Eres un cerdo que no has hecho otra cosa que pasar a mi lado para tocarme el culo. ¡Lárgate y déjame salir!. Sino voy a gritar ahora mismo y te vas a enterar lo que es bueno".
"Cristina, yo no haría esto si no pensase que lo estás deseando".
Dicho esto y a la vista de que estabas a punto de gritar me lancé sobre ti cogiéndote por detrás, con tu espalda sobre mi pecho y mi mano derecha tapando con fuerza tu boca a la vez que sujetando tu cabeza contra mi hombro derecho. Tus manos se movían, pero como soy mucho más corpulento, no me resulto difícil llevarte así hasta el fondo del almacén. Me intentabas morder, me arañabas el brazo que sujetaba su cabeza y trababas de liberarte con todas las fuerzas, pero por otro lado sin demasiado éxito. El poco ruido que hacíamos era imposible que se oyese desde el exterior debido al alto volumen de la música.
Después de un par de minutos de intenso forcejeo paraste un poco, posiblemente para recuperar el aliento, momento que aproveché para hablarte al oído después de pasar mi lengua muy lentamente por toda tu oreja derecha y mordisquearte el lobulo.
"Estas buenísima Cristina y vas a disfrutar esto de verdad. Ya lo verás. Ahora te voy a abrir el vestido y te lo voy a bajar. Puedes resistirte, en cuyo caso te lo romperé o no resistirte en cuyo caso el vestido no se estropeará. Si se rompe me temo que cuando salgamos de aquí vas a tener una situación embarazosa explicando a todos porqué sales en pelotas de un almacén o sea que tú verás. Deja caer las manos hacia abajo".
No hubo respuesta. Tu respiración, para ese momento, era ya muy agitada y sonora por el gran esfuerzo realizado para tratar de liberarte. Tus manos siguieron unos pocos segundos agarradas a mi mano derecha que te tapaba la boca, pero pasado ese escaso tiempo las dejaste caer a ambos lados del cuerpo como te estaba pidiendo. Antes de que cambiases de opinión, con mi mano libre abrí tu vestido por la parte de atrás, retiré los dos tirantes de los hombros muy lentamente y con total naturalidad el vestido deslizó por sus caderas hasta los pies. Inmediatamente después solté los cierres traseros del sujetador, que cayo por su propio peso hasta el suelo tras quedar un instante colgado de tu brazo derecho.
"Cristina, ¿me escuchas?", susurré a tu oído.
Asentiste con la cabeza con lágrimas de rabia saliendo de tus ojos.
"Pon las manitas en la espalda preciosa".
Obedeciste y con mi mano libre me las arreglé para coger una cinta de embalar que había sobre una caja y atar tus muñecas por la espalda firmemente pero sin hacer daño.
"La música está alta y nadie te va a oír si gritas. ¿Vas a chillar?".
Negaste con la cabeza, ante lo cual, muy suavemente retiré mi mano de tu boca. A pesar de estar prácticamente desnuda no había tenido tiempo para observar su precioso cuerpo.
"Así me gusta, que seas buena. Ven que te limpio los ojos".
Con un pañuelo muy suavemente limpié sus ojos retirando las lágrimas de rabia e impotencia por haber sido desnudada y atada, totalmente a disposición de un desconocido.
"No te preocupes. Eres preciosa y lo vas a pasar realmente bien".
"Por favor, no me hagas nada".
"No te preocupes no te haré nada que no disfrutes", dije sentándome en una caja dejándote ahora ya sí perfectamente a mi vista, vestida solo con un tanga malva, un precioso sujetador y sus zapatos de tacón.
"Por favor, …"
Allí estabas Cristina, prácticamente desnuda, mostrando unos perfectos pechos aún más bonitos de lo que prometían bajo el vestido, redondos, muy firmes y con unos pezones irresistibles y duritos. El tanguita cubría perfectamente el vello público y tus piernas eran realmente atractivas, delgadas pero con unos preciosos muslos que parecían pedir ser tocados. Tu cintura era estrechita, dando a su cuerpo un toque de una sensualidad irresistible para cualquier hombre.
"Ven aquí. Ponte aquí de pie", te ordené señalando el suelo justo entre mis piernas.
"Por favor, no me hagas, …".
"Cristina, ven aquí. No me hagas enfadar".
Obedeciste y sacándote definitivamente el vestido de los tobillos te colocaste de pie justo entre mis rodillas, dejando al alcance de mis manos todo tu cuerpo.
Mis dos manos se colocaron al instante en tu cintura y recorrieron muy suavemente, solamente rozando, tu culo. Me apetecía estrujarlo, pero no lo hice, solo lo recorrí con las manos haciendo que se te pusiese la piel de gallina. Así estuve rozando tu culo un par de minutos, notando sin mirar su perfecto tamaño y su firmeza.
"Tienes el culo perfecto que nos gusta a los hombres. Ni pequeño ni grande pero ante todo bien duro. Bien proporcionado para poder acariciarlo. Tengo unas ganas locas de estrujártelo y de jugar una hora con él pero antes …"
Sin más preámbulo cogí tu tanga por la cintura y te lo bajé hasta los tobillos, a lo que respondiste con un pequeño gritito de sorpresa al notarte ahora sí ya totalmente desnuda y de alguna manera indefensa. Por escasos segundos pude ver su precioso y arregladito pubis, con el pelo moreno, cortito en una pequeña línea sobre el monte de Venus.
"¡Aah!, no por favor déjame" y trató de escapar corriendo hacia la puerta, rompiendo el tanga que había quedado sujetando sus tobillos.
Yo salí tras de ti y justo antes de que llegases a golpear la puerta te cogí por la cintura y tapándote nuevamente la boca con mi mano derecha, te levanté del suelo volviendo al fondo del almacén.
"Tienes un culo divino cuando corres, a ver como es cuando le dan unos buenos azotes por desobediente".
Volví a sentarme en las cajas y te coloqué con el culo sobre mis rodillas, la cabeza colgando hacia un lado y los pies hacia el otro, como se pone a los niños para darles una buena azotaina.
"Esta es tu última oportunidad. Te voy a dar unos buenos azotes en este culete tan bonito antes de hacerle otra cosa. Como se te ocurra chillar te pongo cinta de embalar en esos precioso labios que tienes y hago contigo todo lo que me apetezca". " ¡¡¡¡Plaaaaas !!!!", sonó el primer azote con mi mano derecha totalmente abierta sobre tus nalgas.
"¡¡¡Mmmmmmmmm!!!", te quejaste dando un respingo, estirando el cuerpo todo lo posible y mordiéndote los labios para no gritar.
"¡¡Plaaas!!, ¡¡Plaaas!!, ¡¡Plaaas!!, ¡¡Plaaas!!, ¡¡Plaaas!!, ¡¡Plaaas!!". Uno tras otro fueron sonando los azotes sobre unas nalgas que se iban enrojeciendo.
Un par de lágrimas caían por tus mejillas más por la humillación de estar siendo tratada como una cría que por el dolor de los mismos.
"Basta, por favor. Basta, no chillaré, de verdad. Basta", me pediste entre sollozos.
"Está bien cariño. No voy a seguir dándote azotes pero más vale que te portes bien".
Tu culo estaba rojo y con mis dedos marcados en diferentes puntos debido a las palmadas. Me levanté ayudándote y te tumbé en el suelo de madera del almacén boca abajo. No te moviste mientras yo me desnudaba completamente dejando mi polla apuntando al techo del almacén.
Me arrodillé a la altura de tus rodillas obligándote por tanto a abrir las piernas un poco, permitiéndome ver tu preciosa y depiladita entrepierna. El coñito se veía cerradito y libre de pelos, sería desde luego un enorme placer para mí comérmelo durante 2 horas, pero tiempo al tiempo …
En esa postura, en la que para ti era realmente difícil incorporarte por tener las muñecas atadas coloqué cada una de mis manos en tus nalgas y comenzó el masaje de ese precioso culo, objeto de mis deseos durante horas. Empujé, estrujé, sobé, acaricié una y otra vez ese delicioso culo que me había vuelto loco.
-