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Mi Hija Lisiada También Puede Follar – Capítulo 001
Mi nombre es Julián, tengo 38 años y soy viudo desde hace unos seis meses, mi mujer Isabel era muy ardiente, pero un accidente de autobús la dejó en coma quince días antes de morir. Nos quedamos mi hija Ana y yo solos, he de decir que Ana tiene 19 años, es guapa como su madre y simpática, pero un accidente cuando montaba en caballo la dejó inválida a los 16 años y aunque la hemos llevado a muchos especialistas no ha podido levantarse de la silla de ruedas, este accidente afectó su carácter, de simpática y alegre, pasó a ser reservada y poco amigable, por eso pensé que le afectaría más la pérdida de su madre, pero quien más la echó de menos fui yo. Me pasaba el día; del trabajo a casa y paseando a Ana por el parque. Una noche después de cenar, Ana me dijo:
- Papá te veo muy abatido, ya han pasado unos meses y no sales con los amigos ni te relacionas con mujeres, echamos de menos a mamá, pero la vida continúa y tú eres joven aún, no te voy a echar en cara si sales con alguna mujer. – Si hija, tienes razón, pero tu madre era muy especial nos compenetrábamos en muchos sentidos y no me veo saliendo con otra mujer, ella era única. – Tú siempre has dicho que yo me parezco a ella, hasta tenemos la misma talla de ropa. – Ya, pero tú eres mi hija. – Yo por no verte tan abatido y triste haría todo lo que mamá te hacía.
Yo como un resorte boté en el sofá y mirándola le dije:
- Pero hija, eso es un incesto. – Llámalo como quieras, pero mírate no sales con nadie y mi novio me dejó cuando vio que me quedaba en silla de ruedas y desde entonces nadie quiere estar conmigo.- Y si se enteran, que dirá la gente.- Nadie tiene que enterarse, además mis amigas dicen que después de hacerlo duermes como un lirón, tú desde que murió mamá tomas pastillas para dormir.- Y tú, ¿cómo lo sabes? - Cuando me dejas en la cama escucho como vuelves al comedor y te tiras horas viendo el televisor y cuando paso el aspirador en tu cuarto veo la caja de pastillas de dormir tirada en el cubo de la basura.- Pero hija lo que me pides no está bien, somos familia.- Tú cuando me caí del caballo, me dijiste que me querías mucho y qué harías que nada me faltara, mis amigas hablan del sexo, como algo sublime, pero yo aún no lo he experimentado y tú ahora necesitas sexo, yo quiero saber que es hacer el amor, yo siempre te he querido como padre y también como hombre.
La miré, era verano, tenía una camiseta de tirante ceñida y muy escotada, se le veía el comienzo de los senos, eran del mismo tamaño de mi mujer, yo estaba pensativo cuando ella dijo:
- Papá no lo pienses más y vente a mi cuarto. – Es que igual, no nos sale bien y esto rompe la convivencia entre nosotros. – Papá, siempre serás mi papá, déjame ser por una noche como era mamá, si no sale pues lo dejamos. – No es tan sencillo, una relación sexual implica dar y recibir, no siempre dos personas se sincronizan, tiene que haber una química, una armonía.
- Yo siempre te he querido, mamá era muy afortunada, yo os veía y me decía cuando llegará un chico como mi padre, la desgracia se ha cebado con nosotros y sólo estamos tú y yo, hazme el amor.
Yo la miraba, cada vez se parecía más a su madre y sus argumentos me iban convenciendo, pero mi educación me retenía a besarle los labios y acariciar su cuerpo. Después de un rato en silencio y con un hilo de voz bajito le dije:
- Déjame pensarlo, no creas que no tengo ganas, después de unos meses sin sexo, tu madre y yo éramos muy activos, pero quiero reflexionar si esto que me pides no te hará mal.
La cogí de la cintura para llevarla a la cama como cada noche y ella se agarraba del cuello, me miraba muy cerca y me dio un beso, ese beso no fue como el de siempre, me lo dio muy cerca de los labios y rozaron. Mi cuerpo tembló y ella lo notó.
- Que guapo eres papá, te estaré esperando por si te decides, seguro que no te arrepentirás.
Me fui al cuarto de baño para orinar y mi miembro estaba como un palo, me palpitaba el pulso muy rápido y en mi cabeza sólo veía a mi hija guiñar un ojo diciéndome: “te estaré esperando por si te decides”. Quité la mesa y me senté a ver la tele, esa noche sólo salían chicas jóvenes besándose con hombres o eso era lo que yo veía, miré el pantalón de pijama y el pene estaba como un hierro, no se había deshinchado, pensé en hacerme una paja en el lavabo pero estaba al lado de la habitación de mi hija igual que mi habitación, lo más alejado era el comedor, donde yo estaba, pero los ventanales daban a otra casa y podían verme los vecinos.
El deseo era cada vez más intenso y yo me repetía mentalmente “bueno como si fuera un sueño y mi mujer ha vuelto, sólo por esta noche”. Me dirigí al cuarto de ella, pero en el pasillo me detuve y me puse las manos en la cabeza diciéndome “pero si es mi hija, cuando la mire a la cara no podré”, me volví, pero unos pasos después “pues no enciendo la luz, a oscuras, así pensaré que estoy con mi mujer y mi hija conocerá los placeres del sexo”. Entré en el cuarto de Ana y esta fue a encender la lamparilla de la mesita de noche y yo le dije:
- No por favor, no tengo fuerzas para estar con la luz encendida, es como si nos estuviera viendo todo el vecindario. – No te preocupes papá, lo importante es que estés aquí.
Me quité los pantalones y la camisa del pijama antes de entrar en la cama de mi hija, ella estaba con las manos hacia delante y cuando me tocó, me agarró al cuello y me besó en los labios, sabían a miel, eran como mi esposa cuando la conocí, si sabía besar eso se notaba, jugaba con mi lengua, le cogí con una mano la cabeza y la otra en la cintura, fui acariciando su espalda, le quité la camiseta muy despacio, ella levantó las manos dejando de besarme por un momento, pero volvió con más pasión, una de mis manos fue posándose sobre su seno muy despacio y cuando rocé su pezón ella dio un brinco, la otra mano fue desde su cuello hasta su entrepierna, le separé sus muslos y mi mano tocó las braguitas, estaban húmedas, le estiré el elástico de un lateral y mis dedos acariciaron el vello púbico, esta vez mi hija estiró todo el cuerpo y emitió un gemido mientras me besaba. Su respiración se hizo más agitara y decía:
- Si papá, esto me gusta papá, haz lo que quieras conmigo, soy toda tuya, hazme el amor.
Yo quería besar todo su cuerpo, empecé a bajar por su cuello acariciando con mi boca, pero cuando sus senos estuvieron a mi alcance, la lengua hizo círculos sobre el pezón.
- Ooohh papá, que gusto me das.
Mi excitación era máxima, como en los viejos tiempo con mi mujer, pude sentir como el pezón se ponía duro y aumentaba como el de su madre, 2 centímetros, mientras mi hija empezaba a gemir. La otra mano con la ayuda de ella le había quitado la braguitas y ya mi mano oprimía la vagina, el dedo corazón acariciaba sus labios y tropezó con el clítoris cuando ella dijo:
- Uff, que bien me siento papá, como me acaricias, oleadas de placer que desconocía se apoderan de mi papá… – Tranquila esto es sólo un preámbulo, esta noche conocerás los placeres del sexo. – Papá no se qué hacer, todo esto es nuevo para mí. – Déjate llevar, tus instintos y yo te guiaremos por los caminos del placer sexual.
Después de saborear los pezones pasé por el ombligo plano de mi hija, ella me cogía la cabeza con sus manos y me dirigió hacia su entrepierna, cuando llegué el aroma a hembra en celo me embriagó. Lamí su vagina como un niño lame su helado favorito, con pasión, una mano masajeaba los glúteos, mientras la otra acariciaba el clítoris, mi lengua no dejaba nada sin lamer, incluso el ojete del culo, mi hija gemía más fuerte, pero cuando con las manos separé los labios vaginales e introduje la lengua ella gritaba:
- Papá, que haces, no pares, continúa a sin, dame más, dame más placer.
Menos mal que no vivimos en un bloque de casa, sino los vecinos se enterarían, pero yo estaba disfrutando como si mi mujer no se hubiese ido y me era igual que gritara. Mi miembro estaba como un hierro y me dolía dentro de los calzoncillos, con una mano me los quité sin dejar de lamer. Yo le separé las piernas, le daba golpecito con la lengua entre su clítoris y el interior de su vagina, cuando mi hija me cogió la cabeza con sus manos y me dijo:
- No puedo más papá, como utilizas la lengua, no pares de lamerme, me vengo, oh que placer.
Absorbí todo su néctar con mi lengua, sin dejar una gota que se derramara. Me incorporé, ella palpó mi rostro cerca de su cara y me atrajo a sus labios dándome besos de agradecimientos por toda da cara.
- Que contenta estoy de esto papá, que bien me haces.
Mi cuerpo estaba pegado a ella y en un movimiento mi pene rozó su barriga. Mi hija se estremeció y con la mano me la cogió.
- Que grande es papá. – Pues el merito es tuyo, está así por tu culpa.- ¿Quiero lamértela? Dicen mis amigas que a los hombres les gusta mucho, enséñame papá.
Se la puse a la altura de sus labios y le dije:
- Cógemela con la mano y como si fuera un helado lame de arriba abajo, con la mano sigue el movimiento de tus labios, con la punta de tu lengua en círculos lame el capullo del pene e introdúcela como si fuera un chupete y oprimiendo con tus labios el contorno de mi pene.
Ella abrió la boca, con su lengua jugueteó con mi miembro, al principio como si tuviera miedo, pero después cogió ritmo y se percató de la palpitación del pene cuando sus lamidas empezaron a tener consistencia, se dio cuenta como determinadas acciones tenían una reacción en mi cuerpo y en mi respiración.
- ¿Cómo lo hago papá? ¿Te gusta? – Acelera hija y no te asustes, estoy a punto.
Hacía meses que no me hacían una mamada y esa lengua caliente de mi hija junto con las caricias consiguieron que eyaculase una gran cantidad de leche, que mi hija al principio retiró la cara, pero después saboreó con su lengua los últimos latigazos.
- Gracias papá ha sido maravilloso sentir tu pene en mi boca, que suave y que duro a la vez, que delicia, que gozada.
Yo la besaba con locura, con lujuria y con pasión, pero mi pene no se había arrugado y mi deseos tampoco.
- Hija, si quieres vamos a pasar a cuotas de placeres mayores, pero igual esto puede hacerte un poco de daño, ¿estás dispuestas? – Claro, es lo que he estado deseando estos últimos meses, desvírgame papá, por ti estoy preparada para todo, soy toda tuya.- Mi pene es un poco grande, por eso serás tú la que marque la velocidad de introducción según vaya acomodándose mi pene en tu vagina, ¿de acuerdo hija?, ahora te lubricaré un poco con mi lengua.- Papá no me lamas mucho, que me volveré a ir, tu lengua es muy hábil y mi sensibilidad está muy a flor de piel. – Tranquila hija tú me avisas.
Las lamidas hicieron que ella temblase al cabo de unos instantes y cogiéndome la cabeza con las manos, me dijo:
- No continúes, por favor, te quiero dentro, no aguanto más el deseo, aunque me duela por el tamaño, te quiero en mis entrañas, hazme feliz papá. Le puse la punta en la entrada, se la pasé por los labios de arriba abajo y rocé su clítoris. – Que cosquillas más sabrosas, despacio papá, es mi primera vez, te quiero con locura y quiero ser tuya.
Centímetro a centímetro mi miembro abría aquella cueva, los gemidos y sus manos en mi cadera me decían lo bien que iba, retrocedía de vez en cuando y volvía a introducir un cacho más, hasta que una barrera fina noté en la punta de pene, mi hija también la notó, evidentemente era el himen de mi hija virgen y fue cuando le dije entre besos:
- Hija ahora te dolerá un poco, pero enseguida te pasará, cuando estés preparada.- Adelante papá, aguantaré ese dolor, sólo es un pequeño obstáculo para ser tuya.
Le besé los labios mientras le introducía el pene, ella pegó un bote y se le escapó un ¡ahí! Paré, me quedé un tiempo quieto y noté como un líquido resbalaba por su vagina. Ella me volvió a besar y movió sus caderas, yo continué la introducción con lentitud, ya tenía la mitad dentro y mi hija me decía:
- Más, más, lo quiero todo aunque me destroce por dentro, papá no pares, ya se me ha pasado el dolor.
Esa cueva era tan estrecha que notaba cada trozo conquistado, como si fuera un manjar de dioses, mientras ella me aceleraba con sus manos en mi cadera la culminación de la entrada. Parecía imposible, pero mis bolas chocaron con sus labios vaginales, cuando ella dijo:
- Adelante papá, ya está dentro, ahora demuéstrame como me haces gozar.
El vaivén empezó muy lento, como a cámara lenta, en cada embestida, ella gemía más fuere y yo aceleraba.
- ¿La sientes? – Como no papá, me estoy derritiendo de gustooooo. Uff.
Continué con el ritmo más acelerado, cuando mis manos cogieron los senos de ella, le estrujé los pezones y ella gritó.
- No pares, no pares, papá, ay, como te siento aquí dentro, no puedo más.
Y se corrió entre gritos de felicidad, me asusté porque los gritos salían de su garganta como si se fuera a desmayar, movía su cuerpo como una serpiente, incluso yo que estaba arriba, me movía, con sus sacudidas. Le cogí las manos y la besaba, mientras mi pene ya más lubricado, seguía dentro de ella entrando y saliendo.
- Papá ahora faltas tú, riégame toda.- No hija te puedes quedar embarazada.- No me importa, sólo quiero que seas feliz papá.- Ya habrá otra ocasión cuando tomemos medidas, no puede ser hija, lo siento.
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Mi Hija Lisiada También Puede Follar – Capítulo 001
Mi nombre es Julián, tengo 38 años y soy viudo desde hace unos seis meses, mi mujer Isabel era muy ardiente, pero un accidente de autobús la dejó en coma quince días antes de morir. Nos quedamos mi hija Ana y yo solos, he de decir que Ana tiene 19 años, es guapa como su madre y simpática, pero un accidente cuando montaba en caballo la dejó inválida a los 16 años y aunque la hemos llevado a muchos especialistas no ha podido levantarse de la silla de ruedas, este accidente afectó su carácter, de simpática y alegre, pasó a ser reservada y poco amigable, por eso pensé que le afectaría más la pérdida de su madre, pero quien más la echó de menos fui yo. Me pasaba el día; del trabajo a casa y paseando a Ana por el parque. Una noche después de cenar, Ana me dijo:
- Papá te veo muy abatido, ya han pasado unos meses y no sales con los amigos ni te relacionas con mujeres, echamos de menos a mamá, pero la vida continúa y tú eres joven aún, no te voy a echar en cara si sales con alguna mujer. – Si hija, tienes razón, pero tu madre era muy especial nos compenetrábamos en muchos sentidos y no me veo saliendo con otra mujer, ella era única. – Tú siempre has dicho que yo me parezco a ella, hasta tenemos la misma talla de ropa. – Ya, pero tú eres mi hija. – Yo por no verte tan abatido y triste haría todo lo que mamá te hacía.
Yo como un resorte boté en el sofá y mirándola le dije:
- Pero hija, eso es un incesto. – Llámalo como quieras, pero mírate no sales con nadie y mi novio me dejó cuando vio que me quedaba en silla de ruedas y desde entonces nadie quiere estar conmigo.- Y si se enteran, que dirá la gente.- Nadie tiene que enterarse, además mis amigas dicen que después de hacerlo duermes como un lirón, tú desde que murió mamá tomas pastillas para dormir.- Y tú, ¿cómo lo sabes? - Cuando me dejas en la cama escucho como vuelves al comedor y te tiras horas viendo el televisor y cuando paso el aspirador en tu cuarto veo la caja de pastillas de dormir tirada en el cubo de la basura.- Pero hija lo que me pides no está bien, somos familia.- Tú cuando me caí del caballo, me dijiste que me querías mucho y qué harías que nada me faltara, mis amigas hablan del sexo, como algo sublime, pero yo aún no lo he experimentado y tú ahora necesitas sexo, yo quiero saber que es hacer el amor, yo siempre te he querido como padre y también como hombre.
La miré, era verano, tenía una camiseta de tirante ceñida y muy escotada, se le veía el comienzo de los senos, eran del mismo tamaño de mi mujer, yo estaba pensativo cuando ella dijo:
- Papá no lo pienses más y vente a mi cuarto. – Es que igual, no nos sale bien y esto rompe la convivencia entre nosotros. – Papá, siempre serás mi papá, déjame ser por una noche como era mamá, si no sale pues lo dejamos. – No es tan sencillo, una relación sexual implica dar y recibir, no siempre dos personas se sincronizan, tiene que haber una química, una armonía.
- Yo siempre te he querido, mamá era muy afortunada, yo os veía y me decía cuando llegará un chico como mi padre, la desgracia se ha cebado con nosotros y sólo estamos tú y yo, hazme el amor.
Yo la miraba, cada vez se parecía más a su madre y sus argumentos me iban convenciendo, pero mi educación me retenía a besarle los labios y acariciar su cuerpo. Después de un rato en silencio y con un hilo de voz bajito le dije:
- Déjame pensarlo, no creas que no tengo ganas, después de unos meses sin sexo, tu madre y yo éramos muy activos, pero quiero reflexionar si esto que me pides no te hará mal.
La cogí de la cintura para llevarla a la cama como cada noche y ella se agarraba del cuello, me miraba muy cerca y me dio un beso, ese beso no fue como el de siempre, me lo dio muy cerca de los labios y rozaron. Mi cuerpo tembló y ella lo notó.
- Que guapo eres papá, te estaré esperando por si te decides, seguro que no te arrepentirás.
Me fui al cuarto de baño para orinar y mi miembro estaba como un palo, me palpitaba el pulso muy rápido y en mi cabeza sólo veía a mi hija guiñar un ojo diciéndome: “te estaré esperando por si te decides”. Quité la mesa y me senté a ver la tele, esa noche sólo salían chicas jóvenes besándose con hombres o eso era lo que yo veía, miré el pantalón de pijama y el pene estaba como un hierro, no se había deshinchado, pensé en hacerme una paja en el lavabo pero estaba al lado de la habitación de mi hija igual que mi habitación, lo más alejado era el comedor, donde yo estaba, pero los ventanales daban a otra casa y podían verme los vecinos.
El deseo era cada vez más intenso y yo me repetía mentalmente “bueno como si fuera un sueño y mi mujer ha vuelto, sólo por esta noche”. Me dirigí al cuarto de ella, pero en el pasillo me detuve y me puse las manos en la cabeza diciéndome “pero si es mi hija, cuando la mire a la cara no podré”, me volví, pero unos pasos después “pues no enciendo la luz, a oscuras, así pensaré que estoy con mi mujer y mi hija conocerá los placeres del sexo”. Entré en el cuarto de Ana y esta fue a encender la lamparilla de la mesita de noche y yo le dije:
- No por favor, no tengo fuerzas para estar con la luz encendida, es como si nos estuviera viendo todo el vecindario. – No te preocupes papá, lo importante es que estés aquí.
Me quité los pantalones y la camisa del pijama antes de entrar en la cama de mi hija, ella estaba con las manos hacia delante y cuando me tocó, me agarró al cuello y me besó en los labios, sabían a miel, eran como mi esposa cuando la conocí, si sabía besar eso se notaba, jugaba con mi lengua, le cogí con una mano la cabeza y la otra en la cintura, fui acariciando su espalda, le quité la camiseta muy despacio, ella levantó las manos dejando de besarme por un momento, pero volvió con más pasión, una de mis manos fue posándose sobre su seno muy despacio y cuando rocé su pezón ella dio un brinco, la otra mano fue desde su cuello hasta su entrepierna, le separé sus muslos y mi mano tocó las braguitas, estaban húmedas, le estiré el elástico de un lateral y mis dedos acariciaron el vello púbico, esta vez mi hija estiró todo el cuerpo y emitió un gemido mientras me besaba. Su respiración se hizo más agitara y decía:
- Si papá, esto me gusta papá, haz lo que quieras conmigo, soy toda tuya, hazme el amor.
Yo quería besar todo su cuerpo, empecé a bajar por su cuello acariciando con mi boca, pero cuando sus senos estuvieron a mi alcance, la lengua hizo círculos sobre el pezón.
- Ooohh papá, que gusto me das.
Mi excitación era máxima, como en los viejos tiempo con mi mujer, pude sentir como el pezón se ponía duro y aumentaba como el de su madre, 2 centímetros, mientras mi hija empezaba a gemir. La otra mano con la ayuda de ella le había quitado la braguitas y ya mi mano oprimía la vagina, el dedo corazón acariciaba sus labios y tropezó con el clítoris cuando ella dijo:
- Uff, que bien me siento papá, como me acaricias, oleadas de placer que desconocía se apoderan de mi papá… – Tranquila esto es sólo un preámbulo, esta noche conocerás los placeres del sexo. – Papá no se qué hacer, todo esto es nuevo para mí. – Déjate llevar, tus instintos y yo te guiaremos por los caminos del placer sexual.
Después de saborear los pezones pasé por el ombligo plano de mi hija, ella me cogía la cabeza con sus manos y me dirigió hacia su entrepierna, cuando llegué el aroma a hembra en celo me embriagó. Lamí su vagina como un niño lame su helado favorito, con pasión, una mano masajeaba los glúteos, mientras la otra acariciaba el clítoris, mi lengua no dejaba nada sin lamer, incluso el ojete del culo, mi hija gemía más fuerte, pero cuando con las manos separé los labios vaginales e introduje la lengua ella gritaba:
- Papá, que haces, no pares, continúa a sin, dame más, dame más placer.
Menos mal que no vivimos en un bloque de casa, sino los vecinos se enterarían, pero yo estaba disfrutando como si mi mujer no se hubiese ido y me era igual que gritara. Mi miembro estaba como un hierro y me dolía dentro de los calzoncillos, con una mano me los quité sin dejar de lamer. Yo le separé las piernas, le daba golpecito con la lengua entre su clítoris y el interior de su vagina, cuando mi hija me cogió la cabeza con sus manos y me dijo:
- No puedo más papá, como utilizas la lengua, no pares de lamerme, me vengo, oh que placer.
Absorbí todo su néctar con mi lengua, sin dejar una gota que se derramara. Me incorporé, ella palpó mi rostro cerca de su cara y me atrajo a sus labios dándome besos de agradecimientos por toda da cara.
- Que contenta estoy de esto papá, que bien me haces.
Mi cuerpo estaba pegado a ella y en un movimiento mi pene rozó su barriga. Mi hija se estremeció y con la mano me la cogió.
- Que grande es papá. – Pues el merito es tuyo, está así por tu culpa.- ¿Quiero lamértela? Dicen mis amigas que a los hombres les gusta mucho, enséñame papá.
Se la puse a la altura de sus labios y le dije:
- Cógemela con la mano y como si fuera un helado lame de arriba abajo, con la mano sigue el movimiento de tus labios, con la punta de tu lengua en círculos lame el capullo del pene e introdúcela como si fuera un chupete y oprimiendo con tus labios el contorno de mi pene.
Ella abrió la boca, con su lengua jugueteó con mi miembro, al principio como si tuviera miedo, pero después cogió ritmo y se percató de la palpitación del pene cuando sus lamidas empezaron a tener consistencia, se dio cuenta como determinadas acciones tenían una reacción en mi cuerpo y en mi respiración.
- ¿Cómo lo hago papá? ¿Te gusta? – Acelera hija y no te asustes, estoy a punto.
Hacía meses que no me hacían una mamada y esa lengua caliente de mi hija junto con las caricias consiguieron que eyaculase una gran cantidad de leche, que mi hija al principio retiró la cara, pero después saboreó con su lengua los últimos latigazos.
- Gracias papá ha sido maravilloso sentir tu pene en mi boca, que suave y que duro a la vez, que delicia, que gozada.
Yo la besaba con locura, con lujuria y con pasión, pero mi pene no se había arrugado y mi deseos tampoco.
- Hija, si quieres vamos a pasar a cuotas de placeres mayores, pero igual esto puede hacerte un poco de daño, ¿estás dispuestas? – Claro, es lo que he estado deseando estos últimos meses, desvírgame papá, por ti estoy preparada para todo, soy toda tuya.- Mi pene es un poco grande, por eso serás tú la que marque la velocidad de introducción según vaya acomodándose mi pene en tu vagina, ¿de acuerdo hija?, ahora te lubricaré un poco con mi lengua.- Papá no me lamas mucho, que me volveré a ir, tu lengua es muy hábil y mi sensibilidad está muy a flor de piel. – Tranquila hija tú me avisas.
Las lamidas hicieron que ella temblase al cabo de unos instantes y cogiéndome la cabeza con las manos, me dijo:
- No continúes, por favor, te quiero dentro, no aguanto más el deseo, aunque me duela por el tamaño, te quiero en mis entrañas, hazme feliz papá. Le puse la punta en la entrada, se la pasé por los labios de arriba abajo y rocé su clítoris. – Que cosquillas más sabrosas, despacio papá, es mi primera vez, te quiero con locura y quiero ser tuya.
Centímetro a centímetro mi miembro abría aquella cueva, los gemidos y sus manos en mi cadera me decían lo bien que iba, retrocedía de vez en cuando y volvía a introducir un cacho más, hasta que una barrera fina noté en la punta de pene, mi hija también la notó, evidentemente era el himen de mi hija virgen y fue cuando le dije entre besos:
- Hija ahora te dolerá un poco, pero enseguida te pasará, cuando estés preparada.- Adelante papá, aguantaré ese dolor, sólo es un pequeño obstáculo para ser tuya.
Le besé los labios mientras le introducía el pene, ella pegó un bote y se le escapó un ¡ahí! Paré, me quedé un tiempo quieto y noté como un líquido resbalaba por su vagina. Ella me volvió a besar y movió sus caderas, yo continué la introducción con lentitud, ya tenía la mitad dentro y mi hija me decía:
- Más, más, lo quiero todo aunque me destroce por dentro, papá no pares, ya se me ha pasado el dolor.
Esa cueva era tan estrecha que notaba cada trozo conquistado, como si fuera un manjar de dioses, mientras ella me aceleraba con sus manos en mi cadera la culminación de la entrada. Parecía imposible, pero mis bolas chocaron con sus labios vaginales, cuando ella dijo:
- Adelante papá, ya está dentro, ahora demuéstrame como me haces gozar.
El vaivén empezó muy lento, como a cámara lenta, en cada embestida, ella gemía más fuere y yo aceleraba.
- ¿La sientes? – Como no papá, me estoy derritiendo de gustooooo. Uff.
Continué con el ritmo más acelerado, cuando mis manos cogieron los senos de ella, le estrujé los pezones y ella gritó.
- No pares, no pares, papá, ay, como te siento aquí dentro, no puedo más.
Y se corrió entre gritos de felicidad, me asusté porque los gritos salían de su garganta como si se fuera a desmayar, movía su cuerpo como una serpiente, incluso yo que estaba arriba, me movía, con sus sacudidas. Le cogí las manos y la besaba, mientras mi pene ya más lubricado, seguía dentro de ella entrando y saliendo.
- Papá ahora faltas tú, riégame toda.- No hija te puedes quedar embarazada.- No me importa, sólo quiero que seas feliz papá.- Ya habrá otra ocasión cuando tomemos medidas, no puede ser hija, lo siento.
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