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Tres Amigas con Cuerpos Voluptuosos – Capítulo 001
Las tres mejores amigas del mundo caminaban por la calle del centro, las tres juntas como siempre, llamando la atención de todos los hombres que se cruzaban. Sus cuerpos eran puro escándalo: tetas enormes, descomunales, que rebotaban con cada paso, cinturas delgaditas y culos grandes, redondos y jugosos que apenas cabían en la ropa que acostumbraban usar.
Lulu es una chica asiática, la más bajita de las 3 con apenas 1.50m de altura, llevaba un top blanco de tirantes microscópico. que apenas contenía sus enormes pechos, se transparentaba tanto que dejaba ver su diminuto sostén que llevaba debajo, una minifalda negra tan corta que se le veía el inicio de las nalgas cada vez que daba un paso y que las dejaba al descubierto cada vez que se agachaba, su cabello negro brillante le llega hasta la cintura, con un fleco que le cae sobre los ojos, dándole esa carita de muñequita inocente, además de unos tacones que le ayudan a compensar un poco su baja estatura, sus brazos y piernas delgaditas contrastaban con sus curvas de infarto
Diamond es de piel negra, nadie sabe de qué país viene, pero parece echa de chocolate, un color tan único que hace voltear a cualquiera, ella mide 1.60m, pero siempre usa tacones de alturas exageradas que la hacen parecer como si midiera 1.80, tiene una figura más torneada y atlética, con piernas gruesas y potentes, brazos delgados y firmes, su cabello rizado estilo afro se mueve con gracia y sus labios gruesos y carnosos brillan con un gloss rosado que incitaban a ser besados o a ponerlos a dar una buena mamada, llevaba unos leggings color rosa chicle tan ceñidos que se le hundían entre las nalgas y de frente se notaba perfectamente el contorno de su tanga y la forma de sus labios vaginales, un crop top rosa que dejaba casi todo su pecho al aire, incomprensible como se mantenía en su lugar sin dejar escapar sus senos.
Y por último esta Tiffany, la clásica bimbo rubia de 1.74m, la más alta de las tres, cabello platino amarrado en 2 coletas a los lados, labios inflados, y un cuerpo que parecía sacado de un sueño húmedo de algún adolescente, vestía una blusa blanca atada debajo de sus enormes tetas y una falda a cuadros tan corta que parecía un cinturón, rematando con unos tacones rojos de aguja, parecía la típica estudiante erótica de las películas porno, por si fuera poco lamia una pequeña paleta, dándole lengüetazos de arriba abajo, con pequeños besos y la metía en su boca empujándola contra sus mejillas, mas de uno se corrió solo viéndolas pasar.
Mientras pasaban frente a un gimnasio bastante concurrido, Lulu se detuvo y rompió el silencio con su voz agudita y su típico tono inocente dijo:
— Chicas… creo que tenemos que ir al gimnasio.
Tiffany parpadeó con sus grandes ojos azules y le dijo confundida.
— ¿Al gimnasio? ¿Por qué, Lulu? Yo odio sudar…
— ¿Para qué, Lulu? Hace mucho calor para hacer ejercicio —Dijo Diamond con esa voz ronca y sexy que tenía.
Lulu se mordió el labio inferior y bajó la mirada, avergonzada pero sincera como siempre:
— Es que… hoy en el subterráneo un viejito me agarró las pompis con mucha fuerza, me apretó bien duro y me dijo “culo gordo” al oído, sentí su mano toda callosa apretándome la nalga debajo de la falda, con sus dedos hundiéndose en mi pompita… se quedó apretando un rato largo y no supe qué hacer, me dio mucha pena, solo me quedé quietita hasta que me soltó.
Las tres se quedaron calladas unos segundos, Tiffany inclinó la cabeza, pensando con dificultad.
— Creo que el viejito tenía razón, mi “culo” está demasiado gordo ¿verdad? Por eso los hombres siempre me lo agarran y me lo aprietan. — Dijo Lulu mirando a las 2 chicas.
Tiffany abrió mucho los ojos y dijo afligida:
— A mí también me pasan cosas así a veces… El otro día en el centro comercial un hombre me subió la falda y me dio varias nalgadas fuertes mientras decía que tenía el culo más grande que había visto, me dejo las nalgas rojas y adoloridas.
Diamond asintió, agitando su cabello afro.
— A mí me agarran seguido en el transporte, a veces me aprietan las dos nalgas al mismo tiempo, o las pellizcan, en la calle me dicen mucho “menudo rabo de guarra” y “nalgas de puta”.
— ¿Será verdad que nuestros culos son demasiado gordos? — pregunto Lulu con total inocencia—. Porque si es asi, los señores mayores me van a seguir agarrando, tengo que hacer ejercicio para… para que mi culo sea menos gordo, ¿no?
Diamond preocupada se llevó las manos a sus nalgas, apretándoselas por encima de los leggings rosas que traía, las otras chicas hicieron lo mismo. Los hombres que pasaban quedaban atónitos viendo el espectáculo, tres mujeres con cuerpos pornográficos sobándose y abriendo sus nalgas. Así pasaron unos minutos, hasta que las tres se quedaron un momento pensando, completamente ajenas a lo inocentes y tontas que se veian, como si entre las 3 no pudieran completar una idea.
— Ay, Lulu… eres tan tonta. — Dijo Tiffany, saliendo de su trance — Pero tienes razón, ya me cansé de que me agarren y azoten tanto el culo, deberíamos ir al gimnasio para que no estén tan gordos y así paren.
Las tres se miraron entre sí con sus caritas de ingenuas totales.
— Entonces vamos —dijo Lulu con determinación infantil—. Vamos a hacer que nuestros culos gordos mejoren un poquito.
— Bueno… — dijo Diamond ya convencida —. Entonces entremos.
El lugar era horrible, se llamaba “Gimnasio Super Mega VIP” pero no tenía nada de super, mega o VIP, era viejo, sucio y mal iluminado, olía a sudor rancio, humedad y ropa sucia, las máquinas estaban oxidadas, el piso pegajoso, y había varias luces parpadeando, apenas entraron las tres se miraron con cara de incomodidad.
Todas las miradas se clavaron en ellas, hombres de todas las edades dejaron de hacer ejercicio para verlas, la recepcionista las vio con asco y envidia, fingió acomodar unos papeles para ignorarlas.
— Ay no… esto está muy feo y sucio —dijo Tiffany arrugando su nariz respingada—. Mejor vámonos a otro lado.
— Sí, huele raro y todo está viejo —añadió Diamond, ya girando hacia la salida.
Lulu también parecía dudosa, estaban a punto de irse cuando un hombre panzón, calvo, de unos 60 años se acercó rápidamente, tenía una gran barriga que sobresalía por debajo de una camiseta vieja y ajustada, que alguna vez, hace muchos años, le había quedado bien a un cuerpo musculoso, pero ahora todo su cuerpo estaba cubierto de grasa, sudaba mucho y sonreía con dientes amarillentos, cuando vio a las tres chicas, sus ojos se abrieron como platos y una sonrisa lasciva se dibujó en su cara.
— Ey, ey, ey… ¿a dónde van tan rápido, bellezas? —dijo con voz ronca, bloqueándoles el paso y mirándoles los senos —. Acaban de llegar ¿No vienen a entrenar?
Las tres se detuvieron, Tiffany fue la primera en hablar, forzando una sonrisa tratando de no mostrar su decepción.
— Veníamos a hacer ejercicio para el culo, señor… Pero mejor ya nos v…
Roberto soltó una carcajada ronca.
— Claro, claro… Pasen, son $600 cada una
Las tres se miraron confundidas.
— Pero… en la entrada dice $250—dijo Diamond con su voz sensual pero tonta.
El hombre soltó una risa forzada y levantó las manos.
— ¡No, no, no! Este gimnasio es especial, tenemos métodos muy efectivos para chicas con cuerpos como los suyos, especialmente para glúteos grandes y gordos, yo soy Roberto, el dueño y entrenador personal, déjenme ayudarlas.
Las tres se miraron entre sí confundidas, no les había respondido por qué les quería cobrar más.
Roberto continuó hablando sin darles mucho tiempo para pensar, usando un tono convincente y paternal:
—Miren, la mayoría de los gimnasios bonitos no saben cómo trabajar culos gordos como los que ustedes tienen, aquí sí, yo tengo mucha experiencia con chicas que tienen mucho volumen en las nalgas, si se van ahora, van a seguir teniendo el mismo problema: hombres agarrándoles el culo en la calle porque está demasiado grande y suave. ¿No quieren solucionar eso?
Lulu asintió lentamente, sorprendida de que supiera por qué estaban ahí.
— Es verdad… hoy me agarraron muy fuerte.
— Exacto — dijo Roberto dándole palmadas al trasero de Lulu—. Por eso vinieron, ¿no? Yo les puedo hacer un entrenamiento especial hoy mismo, solo tienen que quedarse un rato, les prometo que van a sentir cómo trabajan esos glúteos.
Diamond todavía dudaba,
— Pero… está muy sucio el piso y además las maquinas… — Dijo, mientras veía a Lulu
La cara de Lulu era un poema, veía al entrenador como una colegiala viendo al maestro del que está enamorada en secreto, Tiffany también la estaba viendo y después giro la cabeza hacia Diamond, la cual asintió.
— Está bien… —dijo Tiffany suspirando—. Si usted dice que nos puede ayudar con nuestros culos gordos, nos quedamos
Roberto sonrió ampliamente, mostrando su satisfacción.
— Buena decisión, chicas, denme el dinero y síganme.
Las chicas pagaron, Roberto nunca dijo porque les cobraba de mas, agarro a lulu y a Tiffany de la cintura y las guio al fondo del gimnasio.
Lulu estaba muy emocionada, jamás había entrado a un gimnasio, a pesar de lo feo del lugar, ella todo lo veía sorprendida, con su vocecita inocente le dijo al entrenador:
— Disculpe, señor… ¿para qué sirve esa maquina? — mientras señalaba a uno de los aparatos
— Ah, esa es para hacer brazo — Dijo Roberto sonriendo mientras le acariciaba los brazos a Lulu
— ¿y esa? — pregunto de nuevo
— Esa es para espalda — respondió Roberto sobando la espalda de Lulu, del cuello hasta rozando sus nalgas.
— ¿y aquella? — nuevamente Lulu muy emocionada
— Esa es para pecho — nuevamente Roberto toco a Lulu, esta vez sobando uno de los enormes senos de la chica.
Lulu no protesto ni reacciono, estaba tan emocionada que ni se daba cuenta que cada vez que preguntaba para que servía una máquina, el viejo le sobaba una parte de su cuerpo
Las llevó caminando por todo el sucio gimnasio hacia la parte más alejada, un rincón oscuro y apartado detrás de unas máquinas viejas y polvorientas, mientras caminaban, los pocos hombres que había en el lugar, se quedaron mirando boquiabiertos a las tres diosas con cuerpos de prostitutas de lujo, sus tetas enormes rebotando, sus culos grandes moviéndose de lado a lado y sus tacones resonando en el piso pegajoso.
Cuando llegaron al rincón donde nadie podía verlos, Roberto se detuvo y dijo con tono serio:
— Les voy a enseñar los mejores ejercicios… muy duros, dolorosos, que las harán sudar y sufrir, pero que ayudaran a resolver su problema.
Tiffany aplaudió emocionada.
— ¡Qué bueno! Nos puede pedir lo que sea y lo hacemos, somos mujeres muy fuertes y decididas.
Diamond asintió, ambas se sintieron mejor al ver que el hombre cambiaba su actitud, ya no era el viejo gordo que les veía las tetas, ahora si parecía un entrenador profesional
— Bien, ahora quítense esa ropa de calle, no pueden entrenar así. — Dijo Roberto con seriedad — Necesitan ropa adecuada de gimnasio para no lastimarse.
— No trajimos ropa de gimnasio —dijo Tiffany con cara de preocupación, mientras se miraban entre ellas.
— La ropa que traen es demasiado ajustada y gruesa, no permite que los glúteos se muevan con libertad y podrían lastimares —con su voz seria de entrenador — Disculpen, pero no puedo dejarles entrenar así.
— Pero yo traigo leggings… — Dijo Diamond quien frunció el ceño ligeramente.
— Los leggings no sirven para este tipo de entrenamiento especial de glúteos —respondió Roberto muy serio—. Se resbalan y no dejan que las nalgas se muevan libremente, en especial las que son grandes y gordas como los suyas, confíen en mí, yo soy el experto aquí.
Las tres se miraron entre sí un segundo.
— ¿Pe… pero que podemos hacer? — Dijo Lulu muy triste.
Roberto se quedo unos segundos en silencio, con los ojos cerrados fingiendo pensar, y de pronto los abrió.
— Pueden quedarse solo en ropa interior, así pueden mover bien el cuerpo y trabajar esos culos gordos sin restricciones — Dijo , haciendo una expresión como si acabara de tener una excelente idea.
— ¡¿Qué?! — Dijeron las tres al unisonó.
— ¿Solo en ropa interior? ¿Aquí? —Dijo Diamond sorprendida y molesta
— Claro, incluso así el ejercicio es mucho más efectivo, el culo necesita moverse sin ninguna restricción para que se forme correctamente. — Siguió hablando Roberto, sabiendo que las chicas protestarían por su idea — ¿O son de esas mujeres viejas que piensan que esta mal vestirse así? — Roberto señalo a unos chicos que entrenaban a lo lejos.
Las chicas voltearon y vieron a aquellos hombres, musculosos, sudados, con shorts ajustados y pequeños, algunos sin camisa y otros con camisetas pegadas al cuerpo.
A las 3 les molesto que les dijeran viejas, ellas eran jóvenes, además se consideraban de mentalidad abierta, con ideas modernas, que siempre son criticadas por cómo se ven y como visten por mujeres mayores.
— Miren, yo soy entrenador desde hace muchos años, he visto de todo, muchas chicas con culos grandes vienen y entrenan en tanga porque es lo más práctico, si se dejan los leggings o la falda, el tejido se pega al sudor y no dejan que los músculos trabajen bien, además, con esas tetas tan grandes que tienen, los tops les van a molestar y se lastimaran al hacer los movimientos, lo mejor es que se queden en sostén y tanga, es por su propio bien. —insistió Roberto con paciencia fingida—.
Diamond intentó negociar.
— Yo vivo cerca, podría ir a mi casa y…
— Si usted dice que es lo mejor para que nuestro culo no esté tan gordo… entonces está bien. — Lulu interrumpió a Diamond, fue la primera en ceder, como siempre.
Tiffany y Diamond se miraron y terminaron asintiendo también.
— Okay… —dijo Tiffany—. Nos cambiamos entonces. — ¿Dónde están los vestidores?
— Están cerrados, pueden cambiarse aquí. — Respondió Roberto
Sin pensarlo dos veces, Lulu empezó a quitarse la ropa frente a él, las chicas al verla, ya no dijeron nada y empezaron a hacer lo mismo, Lulu se quedó en una pequeña tanga blanca con moñito que por detrás desaparecía entre sus nalgas grandes y redondas, con un sostén blanco que apenas lograba cubrir sus pezones, parecería ropa linda e inocente, si no fuera por su diminuto tamaño, Diamond traía una tanga negra muy pequeña de encaje y pierna alta, un sostén negro también de encaje que luchaba por contener sus enormes tetas, parecía ser una o dos tallas menor a la suya, Tiffany, se quedó en una tanga rosa fosforescente casi invisible que marcaba perfectamente la forma de sus labios y un sostén push-up blanco que hacía que sus tetas rubias parecieran aún más grandes y a punto de desbordarse.
Las tres ahora estaban prácticamente desnudas, solo con tangas mínimas, sostenes que apenas tapaban lo esencial y sus tacones altos, Roberto las miró de arriba abajo con deseo evidente, respirando más pesado.
— Así me gustan… listas para entrenar, ahora pondremos esas nalgas gordas en movimiento.
Pónganse en fila y empiecen a mover sus nalgas para calentar. Las tres, felices y obedientes, se colocaron de espaldas a él y comenzaron a mover sus culos grandes y redondos en círculos, sin darse cuenta de lo expuestas y vulnerables que estaban.
Roberto sonrió con malicia, pensando que tenía a tres putitas idiotas, sumisas e inocentes completamente a su merced, para utilizarlas sin piedad.
El contraste era brutal: tres cuerpos de ensueño porno en un lugar viejo y mugroso.
— Muy bien, bellezas —dijo Roberto con voz ronca, frotándose las manos—. Vamos a empezar con algo mas fuerte para glúteos, tienen que hacer los ejercicios bien intensos para que esos culos gordos empiecen a bajar. ¿Están listas?
Las tres asintieron con entusiasmo inocente.
— ¡No las escucho! — Dijo Roberto con voz de mando — Quiero escuchar un “¡Si, Señor!” bien fuerte.
— ¡Sí, señor! —dijo Lulu con su vocecitar—. Queremos que nuestros culos no estén tan gordos.
— Perfecto, empecemos. Primero patadas hacia atrás en cuatro, pónganse en posición. — Dijo Roberto mientras señalaba al piso.
Las tres se colocaron en el piso sucio, a cuatro patas, sus enormes tetas colgaban pesadamente, casi saliéndose de los sostenes diminutos. Sus culos quedaron levantados y completamente expuestos hacia Roberto.
— Ahora levanten una pierna hacia atrás, bien alto, y aprieten el glúteo ¡Arriba! — Grito Roberto.
Lulu fue la primera, al levantar su piernita delgada hacia atrás, su tanga blanca se hundió todavía más entre sus nalgas redondas y grandes, dejando su culo al aire, sus tetas rebotaban violentamente con cada patada, su cara de esfuerzo la hacía ver tierna y erotica, Roberto se colocó justo detrás de ella, “corrigiéndole” la postura.
— Más alto, chiquita… así —dijo mientras le ponía una mano en la cintura y la otra directamente en su nalga derecha. Apretó fuerte, estrujando la carne suave y blanca—. Muy bien, qué glúteo tan firme y suave tienes…
Lulu solo jadeaba concentrada, sudando ya profusamente.
—Gracias, señor… ¿esto ayuda a que baje?
—Claro que sí —respondió Roberto, restregando disimuladamente su entrepierna dura contra la cadera de la asiática, mientras le sobaba el culo con descaro.
Después le tocó a Diamond, la negra de piernas gruesas levantó una pierna con fuerza, su culo firme y grande se tensaba con cada movimiento, y sus tetas negras rebotaban como locas. Roberto se pegó inmediatamente a ella, poniéndole ambas manos en las nalgas.
— Separa más las piernas, Diamond… bien, necesito ver cómo se abre todo —dijo, mientras le abría las nalgas con las manos y le estrujaba con fuerza, metiendo los dedos profundamente en la carne
Roberto pensó qué culo más rico y gordo tenía frente a él, Diamond estaba sudando mucho, las gotas corriendo entre sus pechos enormes, le exitaban enormemente.
— Estoy sudando bastante… eso es bueno, ¿verdad? Así se quema la grasa del culo ¿verdad? — Dijo entre jadeos Diamond
— Muy bueno —contestó Roberto, presionando su bulto contra su nalga mientras fingía corregir su postura.
Tiffany, la bimbo rubia, fue la siguiente, cuando levantó la pierna, su culote redondo se agitaba de un lado a otro, la tanga rosa chicle casi invisible quedaba perdida entre sus nalgas, sus tetas parecían a punto de salirse del sostén con cada rebote. Roberto no perdió tiempo, se pegó completamente a ella por detrás, restregando su erección contra su culo mientras le sobaba ambas nalgas con las dos manos, recorriendo con sus manos su cintura, hasta llegar al borde de sus senos.
— Así, rubia… mueve ese culo gordo, arriba y abajo, muy bien —gruñó, apretando y amasando sus nalgas sin disimulo. — Ya se nota que empieza a encogerse.
Tiffany sonreía feliz, concentrada en el ejercicio.
— Siento que estoy trabajando mucho el culo… ¡voy a hacerlo pequeñito!
Después de varios minutos de patadas, Roberto las hizo cambiar de ejercicio.
— Ahora puente de glúteos, acuéstense de espalda, zapatillas en el suelo y levanten la cadera bien alto. ¡Mantengan la posición!
Las tres se acostaron en el piso pegajoso, al levantar las caderas, sus culos quedaban totalmente elevados y sus piernas abiertas, las tangas se hundían completamente entre sus nalgas, estirando la fina tela, haciendo que sus coños se marcaran claramente a través de ella.
Roberto caminaba en circulos, tocando todo lo que podía, se paró entre las piernas de Lulu, le puso las manos en las caderas y empujó su pelvis contra la de ella, restregando su bulto contra su coño, fingiendo ayudarla a subir más.
— Más alto, Lulu… aprieta ese culo.
Luego pasó a Diamond, le metió las manos por debajo de las nalgas, levantándola más mientras le estrujaba la carne con fuerza, sus dedos rozaban peligrosamente cerca de su ano.
— Qué nalgas más duras tienes… perfecto para este ejercicio.
Con Tiffany fue aún más descarado, se colocó entre sus largas piernas abiertas como con Lulu, le agarró las caderas con ambas manos y restregó su entrepierna directamente contra su coño levantado, moviéndose de adelante hacia atrás como si la estuviera follando en esa posición.
— Así, Tiffany… muy bien, siente cómo se trabaja ese culo gordo.
Las tres chicas sudaban abundantemente, sus cuerpos brillaban por el sudor, sus enormes tetas subían y bajaban con la respiración agitada, y sus pezones se marcaban claramente a través de los sostenes mojados, estaban contentas y concentradas, creyendo que realmente estaban haciendo algo útil.
— Estoy sudando mucho —dijo Lulu jadeando—. Seguro que mi culo va a bajar de tamaño…
— Sí —añadió Diamond con una sonrisa tonta—. Siento que ya está más pequeño.
— Gracias, señor Roberto — Dijo Tiffany, con la cara roja y el pelo rubio pegado a la frente, mientras movía la cadera con entusiasmo. —Nunca había sudado tanto… ¡esto sí que sirve para culos gordos!
Roberto sonreía con lujuria, sudando también, pero de pura excitación, sus manos no paraban de tocar, apretar, sobar y estrujar, se movía de una a otra, restregando su polla contra sus cuerpos, metiendo dedos entre sus nalgas y disfrutando de lo inocentes y obedientes que eran las tres.
— Sigan así, chicas. Todavía falta mucho para que esos tres culos enormes desaparezcan, vamos a hacer muchos más ejercicios…
Sus diminutas tangas ya estaban empapadas de sudor haciendo que fueran ligeramente transparentes.
— Muy bien, put… digo, chicas —corrigió rápidamente—. El calentamiento normal ya pasó, ahora vamos con los ejercicios reales para glúteos grandes. Estos son más intensos y duros, pero son los que mejor funcionan para que dejen de tener esos culos gordos. Tienen que aguantar, ¿entendido?
— Sí, señor — Las tres respondieron al unísono, felices y sudadas
— Primero sentadillas profundas con apertura, pónganse de pie, piernas bien abiertas. — ordeno Roberto.
Las tres se colocaron frente a él, Roberto se paró muy cerca.
— Ahora bajen hasta el fondo… más… más… ¡así!
Cuando bajaban, sus culos se abrían obscenamente, sus zapatos de tacón alto hacían que la posición fuera mas vulgar, las tangas desapareciendo por completo entre las nalgas, sus enormes tetas rebotaban con fuerza hacia arriba y hacia abajo.
Roberto no se contuvo más, mientras Lulu bajaba, le dio un azote fuerte en la nalga derecha que resonó en el rincón.
— ¡Plaf!— Ay… — gimió Lulu, pero siguió bajando.
— Muy bien, muñequita, ese culo necesita más fuerza, si es que quieres que dejen de apretártelo en el subterráneo —dijo Roberto, y le dio otro azote aún más fuerte, dejando la marca de su mano.
Luego metió la mano entre sus piernas y sobó descaradamente su vagina por encima de la tanga, frotando los dedos contra sus labios hinchados
— Aquí también hay que trabajar ¡Aprieta!.
Lulu solo jadeaba concentrada.
Tiffany, al bajar en cuclillas con las piernas muy abiertas, recibió el mismo tratamiento, le azotó ambas nalgas con fuerza varias veces, haciendo que su culo grande y redondo se sacudiera violentamente, luego le pellizcó los pezones por encima del sostén, retorciéndolos con los dedos.
— Estas tetas tan grandes estorban para el equilibrio —dijo mientras las estrujaba con fuerza—. Hay que agarras bien.
Tiffany soltó un gemidito y se las agarro mientras hacia el ejercicio:
— Duele un poquito… pero si sirve para bajar el culo, está bien.
Con Diamond fue mas directo, Roberto se colocó detrás de ella, y mientras bajaba, le metió la mano completa entre las nalgas, la movió de atrás hacia adelante, alternando entre su vagina y su ano, froto fuerte su clítoris por encima de la tela, al mismo tiempo le azotaba la nalga izquierda con la otra mano.
—Este culo de chocolate es el más gordo de las tres —gruñó, estrujando y amasando sin vergüenza—. Necesita más esfuerzo, ¡Aprieta! ¡Muévelo mas!
Después del ejercicio de sentadillas, las puso en posición de Buenos días (good mornings).
— Inclínense hacia adelante con las piernas rectas, bajen el torso todo lo que puedan, manos a la nuca.
Las tres quedaron dobladas, culos hacia arriba y tetas colgando. Roberto caminaba entre ellas como un rey, en esta posición tenía una vista perfecta de sus anos cubiertos por la fina tira de sus tangas.
Las chicas seguían platicando entre ellas como si nada, sudando y gimiendo por el esfuerzo de esa posición:
— Roberto es muy buen entrenador… Siento que estoy perdiendo grasa del culo. — Dijo Lulu.
— Si, siento que mis nalgas están trabajando bien. — contesto Tiffany
— Uff, ahora si… ¡Aaaay! — Zaz, Una dura nalgada hizo gritar a Diamond.
Tifanny y Lulu también recibieron una nalgada, y luego otra y varias mas, la mano de Roberto golpeaba sus culos sin piedad
— ¡Ouchie! Ya no mas… por favor— grito Lulu
— ¿por qué..? — Exclamo Diamond
Tiffany no podía decir nada, solo gritaba y las lagrimas comenzaron a brotarle.
— Vamos, aguanten, estos azotes les ayudan a las fibras de sus culos, se rompen y mejoran la oxigenación — Roberto solo soltaba palabras al azar para justificar las nalgadas
Las tetas de las chicas rebotaban de un lado a otro con cada golpe, las 3 aguantaron las nalgadas por unos minutos creyendo que las palabras que les decía Roberto eran verdad.
Cuando los golpes cesaron, las chicas estaban sudadas, con las nalgas rojas y jadeando, seguían conversando inocentemente a pesar de la paliza que les dieron:
— Este ejercicio sí que es… fuerte… —dijo Lulu— Pero me gusta cómo me arde el culo, es señal de que debe estar funcionando. — mientras se sobaba con ambas manos,
Tiffany, con la voz entrecortada y lágrimas en los ojos:
— Siento mi vagina y culo caliente…casi hirviendo… seguro es por la circulación. Roberto sabe mucho.
Diamond, fue la más castigada de las tres, Roberto se ensaño con su culo al ver que aguantaba sin soltar lágrimas, solo apretaba los dientes y soportaba las embestidas
—Mis tetas me duelen de tanto rebote… pero el culo siento que me va a reventar, creo que mañana ya voy a tenerlo más chiquito. ¿Verdad, chicas?
Las tres sonrieron felices, exhaustas y completamente ajenas a lo que realmente estaba pasando, mientras Roberto disfrutaba de sus cuerpos sin límites.
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Tres Amigas con Cuerpos Voluptuosos – Capítulo 001
Las tres mejores amigas del mundo caminaban por la calle del centro, las tres juntas como siempre, llamando la atención de todos los hombres que se cruzaban. Sus cuerpos eran puro escándalo: tetas enormes, descomunales, que rebotaban con cada paso, cinturas delgaditas y culos grandes, redondos y jugosos que apenas cabían en la ropa que acostumbraban usar.
Lulu es una chica asiática, la más bajita de las 3 con apenas 1.50m de altura, llevaba un top blanco de tirantes microscópico. que apenas contenía sus enormes pechos, se transparentaba tanto que dejaba ver su diminuto sostén que llevaba debajo, una minifalda negra tan corta que se le veía el inicio de las nalgas cada vez que daba un paso y que las dejaba al descubierto cada vez que se agachaba, su cabello negro brillante le llega hasta la cintura, con un fleco que le cae sobre los ojos, dándole esa carita de muñequita inocente, además de unos tacones que le ayudan a compensar un poco su baja estatura, sus brazos y piernas delgaditas contrastaban con sus curvas de infarto
Diamond es de piel negra, nadie sabe de qué país viene, pero parece echa de chocolate, un color tan único que hace voltear a cualquiera, ella mide 1.60m, pero siempre usa tacones de alturas exageradas que la hacen parecer como si midiera 1.80, tiene una figura más torneada y atlética, con piernas gruesas y potentes, brazos delgados y firmes, su cabello rizado estilo afro se mueve con gracia y sus labios gruesos y carnosos brillan con un gloss rosado que incitaban a ser besados o a ponerlos a dar una buena mamada, llevaba unos leggings color rosa chicle tan ceñidos que se le hundían entre las nalgas y de frente se notaba perfectamente el contorno de su tanga y la forma de sus labios vaginales, un crop top rosa que dejaba casi todo su pecho al aire, incomprensible como se mantenía en su lugar sin dejar escapar sus senos.
Y por último esta Tiffany, la clásica bimbo rubia de 1.74m, la más alta de las tres, cabello platino amarrado en 2 coletas a los lados, labios inflados, y un cuerpo que parecía sacado de un sueño húmedo de algún adolescente, vestía una blusa blanca atada debajo de sus enormes tetas y una falda a cuadros tan corta que parecía un cinturón, rematando con unos tacones rojos de aguja, parecía la típica estudiante erótica de las películas porno, por si fuera poco lamia una pequeña paleta, dándole lengüetazos de arriba abajo, con pequeños besos y la metía en su boca empujándola contra sus mejillas, mas de uno se corrió solo viéndolas pasar.
Mientras pasaban frente a un gimnasio bastante concurrido, Lulu se detuvo y rompió el silencio con su voz agudita y su típico tono inocente dijo:
— Chicas… creo que tenemos que ir al gimnasio.
Tiffany parpadeó con sus grandes ojos azules y le dijo confundida.
— ¿Al gimnasio? ¿Por qué, Lulu? Yo odio sudar…
— ¿Para qué, Lulu? Hace mucho calor para hacer ejercicio —Dijo Diamond con esa voz ronca y sexy que tenía.
Lulu se mordió el labio inferior y bajó la mirada, avergonzada pero sincera como siempre:
— Es que… hoy en el subterráneo un viejito me agarró las pompis con mucha fuerza, me apretó bien duro y me dijo “culo gordo” al oído, sentí su mano toda callosa apretándome la nalga debajo de la falda, con sus dedos hundiéndose en mi pompita… se quedó apretando un rato largo y no supe qué hacer, me dio mucha pena, solo me quedé quietita hasta que me soltó.
Las tres se quedaron calladas unos segundos, Tiffany inclinó la cabeza, pensando con dificultad.
— Creo que el viejito tenía razón, mi “culo” está demasiado gordo ¿verdad? Por eso los hombres siempre me lo agarran y me lo aprietan. — Dijo Lulu mirando a las 2 chicas.
Tiffany abrió mucho los ojos y dijo afligida:
— A mí también me pasan cosas así a veces… El otro día en el centro comercial un hombre me subió la falda y me dio varias nalgadas fuertes mientras decía que tenía el culo más grande que había visto, me dejo las nalgas rojas y adoloridas.
Diamond asintió, agitando su cabello afro.
— A mí me agarran seguido en el transporte, a veces me aprietan las dos nalgas al mismo tiempo, o las pellizcan, en la calle me dicen mucho “menudo rabo de guarra” y “nalgas de puta”.
— ¿Será verdad que nuestros culos son demasiado gordos? — pregunto Lulu con total inocencia—. Porque si es asi, los señores mayores me van a seguir agarrando, tengo que hacer ejercicio para… para que mi culo sea menos gordo, ¿no?
Diamond preocupada se llevó las manos a sus nalgas, apretándoselas por encima de los leggings rosas que traía, las otras chicas hicieron lo mismo. Los hombres que pasaban quedaban atónitos viendo el espectáculo, tres mujeres con cuerpos pornográficos sobándose y abriendo sus nalgas. Así pasaron unos minutos, hasta que las tres se quedaron un momento pensando, completamente ajenas a lo inocentes y tontas que se veian, como si entre las 3 no pudieran completar una idea.
— Ay, Lulu… eres tan tonta. — Dijo Tiffany, saliendo de su trance — Pero tienes razón, ya me cansé de que me agarren y azoten tanto el culo, deberíamos ir al gimnasio para que no estén tan gordos y así paren.
Las tres se miraron entre sí con sus caritas de ingenuas totales.
— Entonces vamos —dijo Lulu con determinación infantil—. Vamos a hacer que nuestros culos gordos mejoren un poquito.
— Bueno… — dijo Diamond ya convencida —. Entonces entremos.
El lugar era horrible, se llamaba “Gimnasio Super Mega VIP” pero no tenía nada de super, mega o VIP, era viejo, sucio y mal iluminado, olía a sudor rancio, humedad y ropa sucia, las máquinas estaban oxidadas, el piso pegajoso, y había varias luces parpadeando, apenas entraron las tres se miraron con cara de incomodidad.
Todas las miradas se clavaron en ellas, hombres de todas las edades dejaron de hacer ejercicio para verlas, la recepcionista las vio con asco y envidia, fingió acomodar unos papeles para ignorarlas.
— Ay no… esto está muy feo y sucio —dijo Tiffany arrugando su nariz respingada—. Mejor vámonos a otro lado.
— Sí, huele raro y todo está viejo —añadió Diamond, ya girando hacia la salida.
Lulu también parecía dudosa, estaban a punto de irse cuando un hombre panzón, calvo, de unos 60 años se acercó rápidamente, tenía una gran barriga que sobresalía por debajo de una camiseta vieja y ajustada, que alguna vez, hace muchos años, le había quedado bien a un cuerpo musculoso, pero ahora todo su cuerpo estaba cubierto de grasa, sudaba mucho y sonreía con dientes amarillentos, cuando vio a las tres chicas, sus ojos se abrieron como platos y una sonrisa lasciva se dibujó en su cara.
— Ey, ey, ey… ¿a dónde van tan rápido, bellezas? —dijo con voz ronca, bloqueándoles el paso y mirándoles los senos —. Acaban de llegar ¿No vienen a entrenar?
Las tres se detuvieron, Tiffany fue la primera en hablar, forzando una sonrisa tratando de no mostrar su decepción.
— Veníamos a hacer ejercicio para el culo, señor… Pero mejor ya nos v…
Roberto soltó una carcajada ronca.
— Claro, claro… Pasen, son $600 cada una
Las tres se miraron confundidas.
— Pero… en la entrada dice $250—dijo Diamond con su voz sensual pero tonta.
El hombre soltó una risa forzada y levantó las manos.
— ¡No, no, no! Este gimnasio es especial, tenemos métodos muy efectivos para chicas con cuerpos como los suyos, especialmente para glúteos grandes y gordos, yo soy Roberto, el dueño y entrenador personal, déjenme ayudarlas.
Las tres se miraron entre sí confundidas, no les había respondido por qué les quería cobrar más.
Roberto continuó hablando sin darles mucho tiempo para pensar, usando un tono convincente y paternal:
—Miren, la mayoría de los gimnasios bonitos no saben cómo trabajar culos gordos como los que ustedes tienen, aquí sí, yo tengo mucha experiencia con chicas que tienen mucho volumen en las nalgas, si se van ahora, van a seguir teniendo el mismo problema: hombres agarrándoles el culo en la calle porque está demasiado grande y suave. ¿No quieren solucionar eso?
Lulu asintió lentamente, sorprendida de que supiera por qué estaban ahí.
— Es verdad… hoy me agarraron muy fuerte.
— Exacto — dijo Roberto dándole palmadas al trasero de Lulu—. Por eso vinieron, ¿no? Yo les puedo hacer un entrenamiento especial hoy mismo, solo tienen que quedarse un rato, les prometo que van a sentir cómo trabajan esos glúteos.
Diamond todavía dudaba,
— Pero… está muy sucio el piso y además las maquinas… — Dijo, mientras veía a Lulu
La cara de Lulu era un poema, veía al entrenador como una colegiala viendo al maestro del que está enamorada en secreto, Tiffany también la estaba viendo y después giro la cabeza hacia Diamond, la cual asintió.
— Está bien… —dijo Tiffany suspirando—. Si usted dice que nos puede ayudar con nuestros culos gordos, nos quedamos
Roberto sonrió ampliamente, mostrando su satisfacción.
— Buena decisión, chicas, denme el dinero y síganme.
Las chicas pagaron, Roberto nunca dijo porque les cobraba de mas, agarro a lulu y a Tiffany de la cintura y las guio al fondo del gimnasio.
Lulu estaba muy emocionada, jamás había entrado a un gimnasio, a pesar de lo feo del lugar, ella todo lo veía sorprendida, con su vocecita inocente le dijo al entrenador:
— Disculpe, señor… ¿para qué sirve esa maquina? — mientras señalaba a uno de los aparatos
— Ah, esa es para hacer brazo — Dijo Roberto sonriendo mientras le acariciaba los brazos a Lulu
— ¿y esa? — pregunto de nuevo
— Esa es para espalda — respondió Roberto sobando la espalda de Lulu, del cuello hasta rozando sus nalgas.
— ¿y aquella? — nuevamente Lulu muy emocionada
— Esa es para pecho — nuevamente Roberto toco a Lulu, esta vez sobando uno de los enormes senos de la chica.
Lulu no protesto ni reacciono, estaba tan emocionada que ni se daba cuenta que cada vez que preguntaba para que servía una máquina, el viejo le sobaba una parte de su cuerpo
Las llevó caminando por todo el sucio gimnasio hacia la parte más alejada, un rincón oscuro y apartado detrás de unas máquinas viejas y polvorientas, mientras caminaban, los pocos hombres que había en el lugar, se quedaron mirando boquiabiertos a las tres diosas con cuerpos de prostitutas de lujo, sus tetas enormes rebotando, sus culos grandes moviéndose de lado a lado y sus tacones resonando en el piso pegajoso.
Cuando llegaron al rincón donde nadie podía verlos, Roberto se detuvo y dijo con tono serio:
— Les voy a enseñar los mejores ejercicios… muy duros, dolorosos, que las harán sudar y sufrir, pero que ayudaran a resolver su problema.
Tiffany aplaudió emocionada.
— ¡Qué bueno! Nos puede pedir lo que sea y lo hacemos, somos mujeres muy fuertes y decididas.
Diamond asintió, ambas se sintieron mejor al ver que el hombre cambiaba su actitud, ya no era el viejo gordo que les veía las tetas, ahora si parecía un entrenador profesional
— Bien, ahora quítense esa ropa de calle, no pueden entrenar así. — Dijo Roberto con seriedad — Necesitan ropa adecuada de gimnasio para no lastimarse.
— No trajimos ropa de gimnasio —dijo Tiffany con cara de preocupación, mientras se miraban entre ellas.
— La ropa que traen es demasiado ajustada y gruesa, no permite que los glúteos se muevan con libertad y podrían lastimares —con su voz seria de entrenador — Disculpen, pero no puedo dejarles entrenar así.
— Pero yo traigo leggings… — Dijo Diamond quien frunció el ceño ligeramente.
— Los leggings no sirven para este tipo de entrenamiento especial de glúteos —respondió Roberto muy serio—. Se resbalan y no dejan que las nalgas se muevan libremente, en especial las que son grandes y gordas como los suyas, confíen en mí, yo soy el experto aquí.
Las tres se miraron entre sí un segundo.
— ¿Pe… pero que podemos hacer? — Dijo Lulu muy triste.
Roberto se quedo unos segundos en silencio, con los ojos cerrados fingiendo pensar, y de pronto los abrió.
— Pueden quedarse solo en ropa interior, así pueden mover bien el cuerpo y trabajar esos culos gordos sin restricciones — Dijo , haciendo una expresión como si acabara de tener una excelente idea.
— ¡¿Qué?! — Dijeron las tres al unisonó.
— ¿Solo en ropa interior? ¿Aquí? —Dijo Diamond sorprendida y molesta
— Claro, incluso así el ejercicio es mucho más efectivo, el culo necesita moverse sin ninguna restricción para que se forme correctamente. — Siguió hablando Roberto, sabiendo que las chicas protestarían por su idea — ¿O son de esas mujeres viejas que piensan que esta mal vestirse así? — Roberto señalo a unos chicos que entrenaban a lo lejos.
Las chicas voltearon y vieron a aquellos hombres, musculosos, sudados, con shorts ajustados y pequeños, algunos sin camisa y otros con camisetas pegadas al cuerpo.
A las 3 les molesto que les dijeran viejas, ellas eran jóvenes, además se consideraban de mentalidad abierta, con ideas modernas, que siempre son criticadas por cómo se ven y como visten por mujeres mayores.
— Miren, yo soy entrenador desde hace muchos años, he visto de todo, muchas chicas con culos grandes vienen y entrenan en tanga porque es lo más práctico, si se dejan los leggings o la falda, el tejido se pega al sudor y no dejan que los músculos trabajen bien, además, con esas tetas tan grandes que tienen, los tops les van a molestar y se lastimaran al hacer los movimientos, lo mejor es que se queden en sostén y tanga, es por su propio bien. —insistió Roberto con paciencia fingida—.
Diamond intentó negociar.
— Yo vivo cerca, podría ir a mi casa y…
— Si usted dice que es lo mejor para que nuestro culo no esté tan gordo… entonces está bien. — Lulu interrumpió a Diamond, fue la primera en ceder, como siempre.
Tiffany y Diamond se miraron y terminaron asintiendo también.
— Okay… —dijo Tiffany—. Nos cambiamos entonces. — ¿Dónde están los vestidores?
— Están cerrados, pueden cambiarse aquí. — Respondió Roberto
Sin pensarlo dos veces, Lulu empezó a quitarse la ropa frente a él, las chicas al verla, ya no dijeron nada y empezaron a hacer lo mismo, Lulu se quedó en una pequeña tanga blanca con moñito que por detrás desaparecía entre sus nalgas grandes y redondas, con un sostén blanco que apenas lograba cubrir sus pezones, parecería ropa linda e inocente, si no fuera por su diminuto tamaño, Diamond traía una tanga negra muy pequeña de encaje y pierna alta, un sostén negro también de encaje que luchaba por contener sus enormes tetas, parecía ser una o dos tallas menor a la suya, Tiffany, se quedó en una tanga rosa fosforescente casi invisible que marcaba perfectamente la forma de sus labios y un sostén push-up blanco que hacía que sus tetas rubias parecieran aún más grandes y a punto de desbordarse.
Las tres ahora estaban prácticamente desnudas, solo con tangas mínimas, sostenes que apenas tapaban lo esencial y sus tacones altos, Roberto las miró de arriba abajo con deseo evidente, respirando más pesado.
— Así me gustan… listas para entrenar, ahora pondremos esas nalgas gordas en movimiento.
Pónganse en fila y empiecen a mover sus nalgas para calentar. Las tres, felices y obedientes, se colocaron de espaldas a él y comenzaron a mover sus culos grandes y redondos en círculos, sin darse cuenta de lo expuestas y vulnerables que estaban.
Roberto sonrió con malicia, pensando que tenía a tres putitas idiotas, sumisas e inocentes completamente a su merced, para utilizarlas sin piedad.
El contraste era brutal: tres cuerpos de ensueño porno en un lugar viejo y mugroso.
— Muy bien, bellezas —dijo Roberto con voz ronca, frotándose las manos—. Vamos a empezar con algo mas fuerte para glúteos, tienen que hacer los ejercicios bien intensos para que esos culos gordos empiecen a bajar. ¿Están listas?
Las tres asintieron con entusiasmo inocente.
— ¡No las escucho! — Dijo Roberto con voz de mando — Quiero escuchar un “¡Si, Señor!” bien fuerte.
— ¡Sí, señor! —dijo Lulu con su vocecitar—. Queremos que nuestros culos no estén tan gordos.
— Perfecto, empecemos. Primero patadas hacia atrás en cuatro, pónganse en posición. — Dijo Roberto mientras señalaba al piso.
Las tres se colocaron en el piso sucio, a cuatro patas, sus enormes tetas colgaban pesadamente, casi saliéndose de los sostenes diminutos. Sus culos quedaron levantados y completamente expuestos hacia Roberto.
— Ahora levanten una pierna hacia atrás, bien alto, y aprieten el glúteo ¡Arriba! — Grito Roberto.
Lulu fue la primera, al levantar su piernita delgada hacia atrás, su tanga blanca se hundió todavía más entre sus nalgas redondas y grandes, dejando su culo al aire, sus tetas rebotaban violentamente con cada patada, su cara de esfuerzo la hacía ver tierna y erotica, Roberto se colocó justo detrás de ella, “corrigiéndole” la postura.
— Más alto, chiquita… así —dijo mientras le ponía una mano en la cintura y la otra directamente en su nalga derecha. Apretó fuerte, estrujando la carne suave y blanca—. Muy bien, qué glúteo tan firme y suave tienes…
Lulu solo jadeaba concentrada, sudando ya profusamente.
—Gracias, señor… ¿esto ayuda a que baje?
—Claro que sí —respondió Roberto, restregando disimuladamente su entrepierna dura contra la cadera de la asiática, mientras le sobaba el culo con descaro.
Después le tocó a Diamond, la negra de piernas gruesas levantó una pierna con fuerza, su culo firme y grande se tensaba con cada movimiento, y sus tetas negras rebotaban como locas. Roberto se pegó inmediatamente a ella, poniéndole ambas manos en las nalgas.
— Separa más las piernas, Diamond… bien, necesito ver cómo se abre todo —dijo, mientras le abría las nalgas con las manos y le estrujaba con fuerza, metiendo los dedos profundamente en la carne
Roberto pensó qué culo más rico y gordo tenía frente a él, Diamond estaba sudando mucho, las gotas corriendo entre sus pechos enormes, le exitaban enormemente.
— Estoy sudando bastante… eso es bueno, ¿verdad? Así se quema la grasa del culo ¿verdad? — Dijo entre jadeos Diamond
— Muy bueno —contestó Roberto, presionando su bulto contra su nalga mientras fingía corregir su postura.
Tiffany, la bimbo rubia, fue la siguiente, cuando levantó la pierna, su culote redondo se agitaba de un lado a otro, la tanga rosa chicle casi invisible quedaba perdida entre sus nalgas, sus tetas parecían a punto de salirse del sostén con cada rebote. Roberto no perdió tiempo, se pegó completamente a ella por detrás, restregando su erección contra su culo mientras le sobaba ambas nalgas con las dos manos, recorriendo con sus manos su cintura, hasta llegar al borde de sus senos.
— Así, rubia… mueve ese culo gordo, arriba y abajo, muy bien —gruñó, apretando y amasando sus nalgas sin disimulo. — Ya se nota que empieza a encogerse.
Tiffany sonreía feliz, concentrada en el ejercicio.
— Siento que estoy trabajando mucho el culo… ¡voy a hacerlo pequeñito!
Después de varios minutos de patadas, Roberto las hizo cambiar de ejercicio.
— Ahora puente de glúteos, acuéstense de espalda, zapatillas en el suelo y levanten la cadera bien alto. ¡Mantengan la posición!
Las tres se acostaron en el piso pegajoso, al levantar las caderas, sus culos quedaban totalmente elevados y sus piernas abiertas, las tangas se hundían completamente entre sus nalgas, estirando la fina tela, haciendo que sus coños se marcaran claramente a través de ella.
Roberto caminaba en circulos, tocando todo lo que podía, se paró entre las piernas de Lulu, le puso las manos en las caderas y empujó su pelvis contra la de ella, restregando su bulto contra su coño, fingiendo ayudarla a subir más.
— Más alto, Lulu… aprieta ese culo.
Luego pasó a Diamond, le metió las manos por debajo de las nalgas, levantándola más mientras le estrujaba la carne con fuerza, sus dedos rozaban peligrosamente cerca de su ano.
— Qué nalgas más duras tienes… perfecto para este ejercicio.
Con Tiffany fue aún más descarado, se colocó entre sus largas piernas abiertas como con Lulu, le agarró las caderas con ambas manos y restregó su entrepierna directamente contra su coño levantado, moviéndose de adelante hacia atrás como si la estuviera follando en esa posición.
— Así, Tiffany… muy bien, siente cómo se trabaja ese culo gordo.
Las tres chicas sudaban abundantemente, sus cuerpos brillaban por el sudor, sus enormes tetas subían y bajaban con la respiración agitada, y sus pezones se marcaban claramente a través de los sostenes mojados, estaban contentas y concentradas, creyendo que realmente estaban haciendo algo útil.
— Estoy sudando mucho —dijo Lulu jadeando—. Seguro que mi culo va a bajar de tamaño…
— Sí —añadió Diamond con una sonrisa tonta—. Siento que ya está más pequeño.
— Gracias, señor Roberto — Dijo Tiffany, con la cara roja y el pelo rubio pegado a la frente, mientras movía la cadera con entusiasmo. —Nunca había sudado tanto… ¡esto sí que sirve para culos gordos!
Roberto sonreía con lujuria, sudando también, pero de pura excitación, sus manos no paraban de tocar, apretar, sobar y estrujar, se movía de una a otra, restregando su polla contra sus cuerpos, metiendo dedos entre sus nalgas y disfrutando de lo inocentes y obedientes que eran las tres.
— Sigan así, chicas. Todavía falta mucho para que esos tres culos enormes desaparezcan, vamos a hacer muchos más ejercicios…
Sus diminutas tangas ya estaban empapadas de sudor haciendo que fueran ligeramente transparentes.
— Muy bien, put… digo, chicas —corrigió rápidamente—. El calentamiento normal ya pasó, ahora vamos con los ejercicios reales para glúteos grandes. Estos son más intensos y duros, pero son los que mejor funcionan para que dejen de tener esos culos gordos. Tienen que aguantar, ¿entendido?
— Sí, señor — Las tres respondieron al unísono, felices y sudadas
— Primero sentadillas profundas con apertura, pónganse de pie, piernas bien abiertas. — ordeno Roberto.
Las tres se colocaron frente a él, Roberto se paró muy cerca.
— Ahora bajen hasta el fondo… más… más… ¡así!
Cuando bajaban, sus culos se abrían obscenamente, sus zapatos de tacón alto hacían que la posición fuera mas vulgar, las tangas desapareciendo por completo entre las nalgas, sus enormes tetas rebotaban con fuerza hacia arriba y hacia abajo.
Roberto no se contuvo más, mientras Lulu bajaba, le dio un azote fuerte en la nalga derecha que resonó en el rincón.
— ¡Plaf!— Ay… — gimió Lulu, pero siguió bajando.
— Muy bien, muñequita, ese culo necesita más fuerza, si es que quieres que dejen de apretártelo en el subterráneo —dijo Roberto, y le dio otro azote aún más fuerte, dejando la marca de su mano.
Luego metió la mano entre sus piernas y sobó descaradamente su vagina por encima de la tanga, frotando los dedos contra sus labios hinchados
— Aquí también hay que trabajar ¡Aprieta!.
Lulu solo jadeaba concentrada.
Tiffany, al bajar en cuclillas con las piernas muy abiertas, recibió el mismo tratamiento, le azotó ambas nalgas con fuerza varias veces, haciendo que su culo grande y redondo se sacudiera violentamente, luego le pellizcó los pezones por encima del sostén, retorciéndolos con los dedos.
— Estas tetas tan grandes estorban para el equilibrio —dijo mientras las estrujaba con fuerza—. Hay que agarras bien.
Tiffany soltó un gemidito y se las agarro mientras hacia el ejercicio:
— Duele un poquito… pero si sirve para bajar el culo, está bien.
Con Diamond fue mas directo, Roberto se colocó detrás de ella, y mientras bajaba, le metió la mano completa entre las nalgas, la movió de atrás hacia adelante, alternando entre su vagina y su ano, froto fuerte su clítoris por encima de la tela, al mismo tiempo le azotaba la nalga izquierda con la otra mano.
—Este culo de chocolate es el más gordo de las tres —gruñó, estrujando y amasando sin vergüenza—. Necesita más esfuerzo, ¡Aprieta! ¡Muévelo mas!
Después del ejercicio de sentadillas, las puso en posición de Buenos días (good mornings).
— Inclínense hacia adelante con las piernas rectas, bajen el torso todo lo que puedan, manos a la nuca.
Las tres quedaron dobladas, culos hacia arriba y tetas colgando. Roberto caminaba entre ellas como un rey, en esta posición tenía una vista perfecta de sus anos cubiertos por la fina tira de sus tangas.
Las chicas seguían platicando entre ellas como si nada, sudando y gimiendo por el esfuerzo de esa posición:
— Roberto es muy buen entrenador… Siento que estoy perdiendo grasa del culo. — Dijo Lulu.
— Si, siento que mis nalgas están trabajando bien. — contesto Tiffany
— Uff, ahora si… ¡Aaaay! — Zaz, Una dura nalgada hizo gritar a Diamond.
Tifanny y Lulu también recibieron una nalgada, y luego otra y varias mas, la mano de Roberto golpeaba sus culos sin piedad
— ¡Ouchie! Ya no mas… por favor— grito Lulu
— ¿por qué..? — Exclamo Diamond
Tiffany no podía decir nada, solo gritaba y las lagrimas comenzaron a brotarle.
— Vamos, aguanten, estos azotes les ayudan a las fibras de sus culos, se rompen y mejoran la oxigenación — Roberto solo soltaba palabras al azar para justificar las nalgadas
Las tetas de las chicas rebotaban de un lado a otro con cada golpe, las 3 aguantaron las nalgadas por unos minutos creyendo que las palabras que les decía Roberto eran verdad.
Cuando los golpes cesaron, las chicas estaban sudadas, con las nalgas rojas y jadeando, seguían conversando inocentemente a pesar de la paliza que les dieron:
— Este ejercicio sí que es… fuerte… —dijo Lulu— Pero me gusta cómo me arde el culo, es señal de que debe estar funcionando. — mientras se sobaba con ambas manos,
Tiffany, con la voz entrecortada y lágrimas en los ojos:
— Siento mi vagina y culo caliente…casi hirviendo… seguro es por la circulación. Roberto sabe mucho.
Diamond, fue la más castigada de las tres, Roberto se ensaño con su culo al ver que aguantaba sin soltar lágrimas, solo apretaba los dientes y soportaba las embestidas
—Mis tetas me duelen de tanto rebote… pero el culo siento que me va a reventar, creo que mañana ya voy a tenerlo más chiquito. ¿Verdad, chicas?
Las tres sonrieron felices, exhaustas y completamente ajenas a lo que realmente estaba pasando, mientras Roberto disfrutaba de sus cuerpos sin límites.
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