Tres Amigas con Cuerpos Voluptuosos – Capítulos 001 al 003

heranlu

Veterano
Registrado
Ago 31, 2007
Mensajes
7,931
Likes Recibidos
3,587
Puntos
113
 
 
 
-
Tres Amigas con Cuerpos Voluptuosos – Capítulo 001

Las tres mejores amigas del mundo caminaban por la calle del centro, las tres juntas como siempre, llamando la atención de todos los hombres que se cruzaban. Sus cuerpos eran puro escándalo: tetas enormes, descomunales, que rebotaban con cada paso, cinturas delgaditas y culos grandes, redondos y jugosos que apenas cabían en la ropa que acostumbraban usar.

Lulu es una chica asiática, la más bajita de las 3 con apenas 1.50m de altura, llevaba un top blanco de tirantes microscópico. que apenas contenía sus enormes pechos, se transparentaba tanto que dejaba ver su diminuto sostén que llevaba debajo, una minifalda negra tan corta que se le veía el inicio de las nalgas cada vez que daba un paso y que las dejaba al descubierto cada vez que se agachaba, su cabello negro brillante le llega hasta la cintura, con un fleco que le cae sobre los ojos, dándole esa carita de muñequita inocente, además de unos tacones que le ayudan a compensar un poco su baja estatura, sus brazos y piernas delgaditas contrastaban con sus curvas de infarto

Diamond es de piel negra, nadie sabe de qué país viene, pero parece echa de chocolate, un color tan único que hace voltear a cualquiera, ella mide 1.60m, pero siempre usa tacones de alturas exageradas que la hacen parecer como si midiera 1.80, tiene una figura más torneada y atlética, con piernas gruesas y potentes, brazos delgados y firmes, su cabello rizado estilo afro se mueve con gracia y sus labios gruesos y carnosos brillan con un gloss rosado que incitaban a ser besados o a ponerlos a dar una buena mamada, llevaba unos leggings color rosa chicle tan ceñidos que se le hundían entre las nalgas y de frente se notaba perfectamente el contorno de su tanga y la forma de sus labios vaginales, un crop top rosa que dejaba casi todo su pecho al aire, incomprensible como se mantenía en su lugar sin dejar escapar sus senos.

Y por último esta Tiffany, la clásica bimbo rubia de 1.74m, la más alta de las tres, cabello platino amarrado en 2 coletas a los lados, labios inflados, y un cuerpo que parecía sacado de un sueño húmedo de algún adolescente, vestía una blusa blanca atada debajo de sus enormes tetas y una falda a cuadros tan corta que parecía un cinturón, rematando con unos tacones rojos de aguja, parecía la típica estudiante erótica de las películas porno, por si fuera poco lamia una pequeña paleta, dándole lengüetazos de arriba abajo, con pequeños besos y la metía en su boca empujándola contra sus mejillas, mas de uno se corrió solo viéndolas pasar.

Mientras pasaban frente a un gimnasio bastante concurrido, Lulu se detuvo y rompió el silencio con su voz agudita y su típico tono inocente dijo:

— Chicas… creo que tenemos que ir al gimnasio.

Tiffany parpadeó con sus grandes ojos azules y le dijo confundida.

— ¿Al gimnasio? ¿Por qué, Lulu? Yo odio sudar…

— ¿Para qué, Lulu? Hace mucho calor para hacer ejercicio —Dijo Diamond con esa voz ronca y sexy que tenía.

Lulu se mordió el labio inferior y bajó la mirada, avergonzada pero sincera como siempre:

— Es que… hoy en el subterráneo un viejito me agarró las pompis con mucha fuerza, me apretó bien duro y me dijo “culo gordo” al oído, sentí su mano toda callosa apretándome la nalga debajo de la falda, con sus dedos hundiéndose en mi pompita… se quedó apretando un rato largo y no supe qué hacer, me dio mucha pena, solo me quedé quietita hasta que me soltó.

Las tres se quedaron calladas unos segundos, Tiffany inclinó la cabeza, pensando con dificultad.

— Creo que el viejito tenía razón, mi “culo” está demasiado gordo ¿verdad? Por eso los hombres siempre me lo agarran y me lo aprietan. — Dijo Lulu mirando a las 2 chicas.

Tiffany abrió mucho los ojos y dijo afligida:

— A mí también me pasan cosas así a veces… El otro día en el centro comercial un hombre me subió la falda y me dio varias nalgadas fuertes mientras decía que tenía el culo más grande que había visto, me dejo las nalgas rojas y adoloridas.

Diamond asintió, agitando su cabello afro.

— A mí me agarran seguido en el transporte, a veces me aprietan las dos nalgas al mismo tiempo, o las pellizcan, en la calle me dicen mucho “menudo rabo de guarra” y “nalgas de puta”.

— ¿Será verdad que nuestros culos son demasiado gordos? — pregunto Lulu con total inocencia—. Porque si es asi, los señores mayores me van a seguir agarrando, tengo que hacer ejercicio para… para que mi culo sea menos gordo, ¿no?

Diamond preocupada se llevó las manos a sus nalgas, apretándoselas por encima de los leggings rosas que traía, las otras chicas hicieron lo mismo. Los hombres que pasaban quedaban atónitos viendo el espectáculo, tres mujeres con cuerpos pornográficos sobándose y abriendo sus nalgas. Así pasaron unos minutos, hasta que las tres se quedaron un momento pensando, completamente ajenas a lo inocentes y tontas que se veian, como si entre las 3 no pudieran completar una idea.

— Ay, Lulu… eres tan tonta. — Dijo Tiffany, saliendo de su trance — Pero tienes razón, ya me cansé de que me agarren y azoten tanto el culo, deberíamos ir al gimnasio para que no estén tan gordos y así paren.

Las tres se miraron entre sí con sus caritas de ingenuas totales.

— Entonces vamos —dijo Lulu con determinación infantil—. Vamos a hacer que nuestros culos gordos mejoren un poquito.

— Bueno… — dijo Diamond ya convencida —. Entonces entremos.

El lugar era horrible, se llamaba “Gimnasio Super Mega VIP” pero no tenía nada de super, mega o VIP, era viejo, sucio y mal iluminado, olía a sudor rancio, humedad y ropa sucia, las máquinas estaban oxidadas, el piso pegajoso, y había varias luces parpadeando, apenas entraron las tres se miraron con cara de incomodidad.

Todas las miradas se clavaron en ellas, hombres de todas las edades dejaron de hacer ejercicio para verlas, la recepcionista las vio con asco y envidia, fingió acomodar unos papeles para ignorarlas.

— Ay no… esto está muy feo y sucio —dijo Tiffany arrugando su nariz respingada—. Mejor vámonos a otro lado.

— Sí, huele raro y todo está viejo —añadió Diamond, ya girando hacia la salida.

Lulu también parecía dudosa, estaban a punto de irse cuando un hombre panzón, calvo, de unos 60 años se acercó rápidamente, tenía una gran barriga que sobresalía por debajo de una camiseta vieja y ajustada, que alguna vez, hace muchos años, le había quedado bien a un cuerpo musculoso, pero ahora todo su cuerpo estaba cubierto de grasa, sudaba mucho y sonreía con dientes amarillentos, cuando vio a las tres chicas, sus ojos se abrieron como platos y una sonrisa lasciva se dibujó en su cara.

— Ey, ey, ey… ¿a dónde van tan rápido, bellezas? —dijo con voz ronca, bloqueándoles el paso y mirándoles los senos —. Acaban de llegar ¿No vienen a entrenar?

Las tres se detuvieron, Tiffany fue la primera en hablar, forzando una sonrisa tratando de no mostrar su decepción.

— Veníamos a hacer ejercicio para el culo, señor… Pero mejor ya nos v…

Roberto soltó una carcajada ronca.

— Claro, claro… Pasen, son $600 cada una

Las tres se miraron confundidas.

— Pero… en la entrada dice $250—dijo Diamond con su voz sensual pero tonta.

El hombre soltó una risa forzada y levantó las manos.

— ¡No, no, no! Este gimnasio es especial, tenemos métodos muy efectivos para chicas con cuerpos como los suyos, especialmente para glúteos grandes y gordos, yo soy Roberto, el dueño y entrenador personal, déjenme ayudarlas.

Las tres se miraron entre sí confundidas, no les había respondido por qué les quería cobrar más.

Roberto continuó hablando sin darles mucho tiempo para pensar, usando un tono convincente y paternal:

—Miren, la mayoría de los gimnasios bonitos no saben cómo trabajar culos gordos como los que ustedes tienen, aquí sí, yo tengo mucha experiencia con chicas que tienen mucho volumen en las nalgas, si se van ahora, van a seguir teniendo el mismo problema: hombres agarrándoles el culo en la calle porque está demasiado grande y suave. ¿No quieren solucionar eso?

Lulu asintió lentamente, sorprendida de que supiera por qué estaban ahí.

— Es verdad… hoy me agarraron muy fuerte.

— Exacto — dijo Roberto dándole palmadas al trasero de Lulu—. Por eso vinieron, ¿no? Yo les puedo hacer un entrenamiento especial hoy mismo, solo tienen que quedarse un rato, les prometo que van a sentir cómo trabajan esos glúteos.

Diamond todavía dudaba,

— Pero… está muy sucio el piso y además las maquinas… — Dijo, mientras veía a Lulu

La cara de Lulu era un poema, veía al entrenador como una colegiala viendo al maestro del que está enamorada en secreto, Tiffany también la estaba viendo y después giro la cabeza hacia Diamond, la cual asintió.

— Está bien… —dijo Tiffany suspirando—. Si usted dice que nos puede ayudar con nuestros culos gordos, nos quedamos

Roberto sonrió ampliamente, mostrando su satisfacción.

— Buena decisión, chicas, denme el dinero y síganme.

Las chicas pagaron, Roberto nunca dijo porque les cobraba de mas, agarro a lulu y a Tiffany de la cintura y las guio al fondo del gimnasio.

Lulu estaba muy emocionada, jamás había entrado a un gimnasio, a pesar de lo feo del lugar, ella todo lo veía sorprendida, con su vocecita inocente le dijo al entrenador:

— Disculpe, señor… ¿para qué sirve esa maquina? — mientras señalaba a uno de los aparatos

— Ah, esa es para hacer brazo — Dijo Roberto sonriendo mientras le acariciaba los brazos a Lulu

— ¿y esa? — pregunto de nuevo

— Esa es para espalda — respondió Roberto sobando la espalda de Lulu, del cuello hasta rozando sus nalgas.

— ¿y aquella? — nuevamente Lulu muy emocionada

— Esa es para pecho — nuevamente Roberto toco a Lulu, esta vez sobando uno de los enormes senos de la chica.

Lulu no protesto ni reacciono, estaba tan emocionada que ni se daba cuenta que cada vez que preguntaba para que servía una máquina, el viejo le sobaba una parte de su cuerpo

Las llevó caminando por todo el sucio gimnasio hacia la parte más alejada, un rincón oscuro y apartado detrás de unas máquinas viejas y polvorientas, mientras caminaban, los pocos hombres que había en el lugar, se quedaron mirando boquiabiertos a las tres diosas con cuerpos de prostitutas de lujo, sus tetas enormes rebotando, sus culos grandes moviéndose de lado a lado y sus tacones resonando en el piso pegajoso.

Cuando llegaron al rincón donde nadie podía verlos, Roberto se detuvo y dijo con tono serio:

— Les voy a enseñar los mejores ejercicios… muy duros, dolorosos, que las harán sudar y sufrir, pero que ayudaran a resolver su problema.

Tiffany aplaudió emocionada.

— ¡Qué bueno! Nos puede pedir lo que sea y lo hacemos, somos mujeres muy fuertes y decididas.

Diamond asintió, ambas se sintieron mejor al ver que el hombre cambiaba su actitud, ya no era el viejo gordo que les veía las tetas, ahora si parecía un entrenador profesional

— Bien, ahora quítense esa ropa de calle, no pueden entrenar así. — Dijo Roberto con seriedad — Necesitan ropa adecuada de gimnasio para no lastimarse.

— No trajimos ropa de gimnasio —dijo Tiffany con cara de preocupación, mientras se miraban entre ellas.

— La ropa que traen es demasiado ajustada y gruesa, no permite que los glúteos se muevan con libertad y podrían lastimares —con su voz seria de entrenador — Disculpen, pero no puedo dejarles entrenar así.

— Pero yo traigo leggings… — Dijo Diamond quien frunció el ceño ligeramente.

— Los leggings no sirven para este tipo de entrenamiento especial de glúteos —respondió Roberto muy serio—. Se resbalan y no dejan que las nalgas se muevan libremente, en especial las que son grandes y gordas como los suyas, confíen en mí, yo soy el experto aquí.

Las tres se miraron entre sí un segundo.

— ¿Pe… pero que podemos hacer? — Dijo Lulu muy triste.

Roberto se quedo unos segundos en silencio, con los ojos cerrados fingiendo pensar, y de pronto los abrió.

— Pueden quedarse solo en ropa interior, así pueden mover bien el cuerpo y trabajar esos culos gordos sin restricciones — Dijo , haciendo una expresión como si acabara de tener una excelente idea.

— ¡¿Qué?! — Dijeron las tres al unisonó.

— ¿Solo en ropa interior? ¿Aquí? —Dijo Diamond sorprendida y molesta

— Claro, incluso así el ejercicio es mucho más efectivo, el culo necesita moverse sin ninguna restricción para que se forme correctamente. — Siguió hablando Roberto, sabiendo que las chicas protestarían por su idea — ¿O son de esas mujeres viejas que piensan que esta mal vestirse así? — Roberto señalo a unos chicos que entrenaban a lo lejos.

Las chicas voltearon y vieron a aquellos hombres, musculosos, sudados, con shorts ajustados y pequeños, algunos sin camisa y otros con camisetas pegadas al cuerpo.

A las 3 les molesto que les dijeran viejas, ellas eran jóvenes, además se consideraban de mentalidad abierta, con ideas modernas, que siempre son criticadas por cómo se ven y como visten por mujeres mayores.

— Miren, yo soy entrenador desde hace muchos años, he visto de todo, muchas chicas con culos grandes vienen y entrenan en tanga porque es lo más práctico, si se dejan los leggings o la falda, el tejido se pega al sudor y no dejan que los músculos trabajen bien, además, con esas tetas tan grandes que tienen, los tops les van a molestar y se lastimaran al hacer los movimientos, lo mejor es que se queden en sostén y tanga, es por su propio bien. —insistió Roberto con paciencia fingida—.

Diamond intentó negociar.

— Yo vivo cerca, podría ir a mi casa y…

— Si usted dice que es lo mejor para que nuestro culo no esté tan gordo… entonces está bien. — Lulu interrumpió a Diamond, fue la primera en ceder, como siempre.

Tiffany y Diamond se miraron y terminaron asintiendo también.

— Okay… —dijo Tiffany—. Nos cambiamos entonces. — ¿Dónde están los vestidores?

— Están cerrados, pueden cambiarse aquí. — Respondió Roberto

Sin pensarlo dos veces, Lulu empezó a quitarse la ropa frente a él, las chicas al verla, ya no dijeron nada y empezaron a hacer lo mismo, Lulu se quedó en una pequeña tanga blanca con moñito que por detrás desaparecía entre sus nalgas grandes y redondas, con un sostén blanco que apenas lograba cubrir sus pezones, parecería ropa linda e inocente, si no fuera por su diminuto tamaño, Diamond traía una tanga negra muy pequeña de encaje y pierna alta, un sostén negro también de encaje que luchaba por contener sus enormes tetas, parecía ser una o dos tallas menor a la suya, Tiffany, se quedó en una tanga rosa fosforescente casi invisible que marcaba perfectamente la forma de sus labios y un sostén push-up blanco que hacía que sus tetas rubias parecieran aún más grandes y a punto de desbordarse.

Las tres ahora estaban prácticamente desnudas, solo con tangas mínimas, sostenes que apenas tapaban lo esencial y sus tacones altos, Roberto las miró de arriba abajo con deseo evidente, respirando más pesado.

— Así me gustan… listas para entrenar, ahora pondremos esas nalgas gordas en movimiento.

Pónganse en fila y empiecen a mover sus nalgas para calentar. Las tres, felices y obedientes, se colocaron de espaldas a él y comenzaron a mover sus culos grandes y redondos en círculos, sin darse cuenta de lo expuestas y vulnerables que estaban.

Roberto sonrió con malicia, pensando que tenía a tres putitas idiotas, sumisas e inocentes completamente a su merced, para utilizarlas sin piedad.

El contraste era brutal: tres cuerpos de ensueño porno en un lugar viejo y mugroso.

— Muy bien, bellezas —dijo Roberto con voz ronca, frotándose las manos—. Vamos a empezar con algo mas fuerte para glúteos, tienen que hacer los ejercicios bien intensos para que esos culos gordos empiecen a bajar. ¿Están listas?

Las tres asintieron con entusiasmo inocente.

— ¡No las escucho! — Dijo Roberto con voz de mando — Quiero escuchar un “¡Si, Señor!” bien fuerte.

— ¡Sí, señor! —dijo Lulu con su vocecitar—. Queremos que nuestros culos no estén tan gordos.

— Perfecto, empecemos. Primero patadas hacia atrás en cuatro, pónganse en posición. — Dijo Roberto mientras señalaba al piso.

Las tres se colocaron en el piso sucio, a cuatro patas, sus enormes tetas colgaban pesadamente, casi saliéndose de los sostenes diminutos. Sus culos quedaron levantados y completamente expuestos hacia Roberto.

— Ahora levanten una pierna hacia atrás, bien alto, y aprieten el glúteo ¡Arriba! — Grito Roberto.

Lulu fue la primera, al levantar su piernita delgada hacia atrás, su tanga blanca se hundió todavía más entre sus nalgas redondas y grandes, dejando su culo al aire, sus tetas rebotaban violentamente con cada patada, su cara de esfuerzo la hacía ver tierna y erotica, Roberto se colocó justo detrás de ella, “corrigiéndole” la postura.

— Más alto, chiquita… así —dijo mientras le ponía una mano en la cintura y la otra directamente en su nalga derecha. Apretó fuerte, estrujando la carne suave y blanca—. Muy bien, qué glúteo tan firme y suave tienes…

Lulu solo jadeaba concentrada, sudando ya profusamente.

—Gracias, señor… ¿esto ayuda a que baje?

—Claro que sí —respondió Roberto, restregando disimuladamente su entrepierna dura contra la cadera de la asiática, mientras le sobaba el culo con descaro.

Después le tocó a Diamond, la negra de piernas gruesas levantó una pierna con fuerza, su culo firme y grande se tensaba con cada movimiento, y sus tetas negras rebotaban como locas. Roberto se pegó inmediatamente a ella, poniéndole ambas manos en las nalgas.

— Separa más las piernas, Diamond… bien, necesito ver cómo se abre todo —dijo, mientras le abría las nalgas con las manos y le estrujaba con fuerza, metiendo los dedos profundamente en la carne

Roberto pensó qué culo más rico y gordo tenía frente a él, Diamond estaba sudando mucho, las gotas corriendo entre sus pechos enormes, le exitaban enormemente.

— Estoy sudando bastante… eso es bueno, ¿verdad? Así se quema la grasa del culo ¿verdad? — Dijo entre jadeos Diamond

— Muy bueno —contestó Roberto, presionando su bulto contra su nalga mientras fingía corregir su postura.

Tiffany, la bimbo rubia, fue la siguiente, cuando levantó la pierna, su culote redondo se agitaba de un lado a otro, la tanga rosa chicle casi invisible quedaba perdida entre sus nalgas, sus tetas parecían a punto de salirse del sostén con cada rebote. Roberto no perdió tiempo, se pegó completamente a ella por detrás, restregando su erección contra su culo mientras le sobaba ambas nalgas con las dos manos, recorriendo con sus manos su cintura, hasta llegar al borde de sus senos.

— Así, rubia… mueve ese culo gordo, arriba y abajo, muy bien —gruñó, apretando y amasando sus nalgas sin disimulo. — Ya se nota que empieza a encogerse.

Tiffany sonreía feliz, concentrada en el ejercicio.

— Siento que estoy trabajando mucho el culo… ¡voy a hacerlo pequeñito!

Después de varios minutos de patadas, Roberto las hizo cambiar de ejercicio.

— Ahora puente de glúteos, acuéstense de espalda, zapatillas en el suelo y levanten la cadera bien alto. ¡Mantengan la posición!

Las tres se acostaron en el piso pegajoso, al levantar las caderas, sus culos quedaban totalmente elevados y sus piernas abiertas, las tangas se hundían completamente entre sus nalgas, estirando la fina tela, haciendo que sus coños se marcaran claramente a través de ella.

Roberto caminaba en circulos, tocando todo lo que podía, se paró entre las piernas de Lulu, le puso las manos en las caderas y empujó su pelvis contra la de ella, restregando su bulto contra su coño, fingiendo ayudarla a subir más.

— Más alto, Lulu… aprieta ese culo.

Luego pasó a Diamond, le metió las manos por debajo de las nalgas, levantándola más mientras le estrujaba la carne con fuerza, sus dedos rozaban peligrosamente cerca de su ano.

— Qué nalgas más duras tienes… perfecto para este ejercicio.

Con Tiffany fue aún más descarado, se colocó entre sus largas piernas abiertas como con Lulu, le agarró las caderas con ambas manos y restregó su entrepierna directamente contra su coño levantado, moviéndose de adelante hacia atrás como si la estuviera follando en esa posición.

— Así, Tiffany… muy bien, siente cómo se trabaja ese culo gordo.

Las tres chicas sudaban abundantemente, sus cuerpos brillaban por el sudor, sus enormes tetas subían y bajaban con la respiración agitada, y sus pezones se marcaban claramente a través de los sostenes mojados, estaban contentas y concentradas, creyendo que realmente estaban haciendo algo útil.

— Estoy sudando mucho —dijo Lulu jadeando—. Seguro que mi culo va a bajar de tamaño…

— Sí —añadió Diamond con una sonrisa tonta—. Siento que ya está más pequeño.

— Gracias, señor Roberto — Dijo Tiffany, con la cara roja y el pelo rubio pegado a la frente, mientras movía la cadera con entusiasmo. —Nunca había sudado tanto… ¡esto sí que sirve para culos gordos!

Roberto sonreía con lujuria, sudando también, pero de pura excitación, sus manos no paraban de tocar, apretar, sobar y estrujar, se movía de una a otra, restregando su polla contra sus cuerpos, metiendo dedos entre sus nalgas y disfrutando de lo inocentes y obedientes que eran las tres.

— Sigan así, chicas. Todavía falta mucho para que esos tres culos enormes desaparezcan, vamos a hacer muchos más ejercicios…

Sus diminutas tangas ya estaban empapadas de sudor haciendo que fueran ligeramente transparentes.

— Muy bien, put… digo, chicas —corrigió rápidamente—. El calentamiento normal ya pasó, ahora vamos con los ejercicios reales para glúteos grandes. Estos son más intensos y duros, pero son los que mejor funcionan para que dejen de tener esos culos gordos. Tienen que aguantar, ¿entendido?

— Sí, señor — Las tres respondieron al unísono, felices y sudadas

— Primero sentadillas profundas con apertura, pónganse de pie, piernas bien abiertas. — ordeno Roberto.

Las tres se colocaron frente a él, Roberto se paró muy cerca.

— Ahora bajen hasta el fondo… más… más… ¡así!

Cuando bajaban, sus culos se abrían obscenamente, sus zapatos de tacón alto hacían que la posición fuera mas vulgar, las tangas desapareciendo por completo entre las nalgas, sus enormes tetas rebotaban con fuerza hacia arriba y hacia abajo.

Roberto no se contuvo más, mientras Lulu bajaba, le dio un azote fuerte en la nalga derecha que resonó en el rincón.

— ¡Plaf!— Ay… — gimió Lulu, pero siguió bajando.

— Muy bien, muñequita, ese culo necesita más fuerza, si es que quieres que dejen de apretártelo en el subterráneo —dijo Roberto, y le dio otro azote aún más fuerte, dejando la marca de su mano.

Luego metió la mano entre sus piernas y sobó descaradamente su vagina por encima de la tanga, frotando los dedos contra sus labios hinchados

— Aquí también hay que trabajar ¡Aprieta!.

Lulu solo jadeaba concentrada.

Tiffany, al bajar en cuclillas con las piernas muy abiertas, recibió el mismo tratamiento, le azotó ambas nalgas con fuerza varias veces, haciendo que su culo grande y redondo se sacudiera violentamente, luego le pellizcó los pezones por encima del sostén, retorciéndolos con los dedos.

— Estas tetas tan grandes estorban para el equilibrio —dijo mientras las estrujaba con fuerza—. Hay que agarras bien.

Tiffany soltó un gemidito y se las agarro mientras hacia el ejercicio:

— Duele un poquito… pero si sirve para bajar el culo, está bien.

Con Diamond fue mas directo, Roberto se colocó detrás de ella, y mientras bajaba, le metió la mano completa entre las nalgas, la movió de atrás hacia adelante, alternando entre su vagina y su ano, froto fuerte su clítoris por encima de la tela, al mismo tiempo le azotaba la nalga izquierda con la otra mano.

—Este culo de chocolate es el más gordo de las tres —gruñó, estrujando y amasando sin vergüenza—. Necesita más esfuerzo, ¡Aprieta! ¡Muévelo mas!

Después del ejercicio de sentadillas, las puso en posición de Buenos días (good mornings).

— Inclínense hacia adelante con las piernas rectas, bajen el torso todo lo que puedan, manos a la nuca.

Las tres quedaron dobladas, culos hacia arriba y tetas colgando. Roberto caminaba entre ellas como un rey, en esta posición tenía una vista perfecta de sus anos cubiertos por la fina tira de sus tangas.

Las chicas seguían platicando entre ellas como si nada, sudando y gimiendo por el esfuerzo de esa posición:

— Roberto es muy buen entrenador… Siento que estoy perdiendo grasa del culo. — Dijo Lulu.

— Si, siento que mis nalgas están trabajando bien. — contesto Tiffany

— Uff, ahora si… ¡Aaaay! — Zaz, Una dura nalgada hizo gritar a Diamond.

Tifanny y Lulu también recibieron una nalgada, y luego otra y varias mas, la mano de Roberto golpeaba sus culos sin piedad

— ¡Ouchie! Ya no mas… por favor— grito Lulu

— ¿por qué..? — Exclamo Diamond

Tiffany no podía decir nada, solo gritaba y las lagrimas comenzaron a brotarle.

— Vamos, aguanten, estos azotes les ayudan a las fibras de sus culos, se rompen y mejoran la oxigenación — Roberto solo soltaba palabras al azar para justificar las nalgadas

Las tetas de las chicas rebotaban de un lado a otro con cada golpe, las 3 aguantaron las nalgadas por unos minutos creyendo que las palabras que les decía Roberto eran verdad.

Cuando los golpes cesaron, las chicas estaban sudadas, con las nalgas rojas y jadeando, seguían conversando inocentemente a pesar de la paliza que les dieron:

— Este ejercicio sí que es… fuerte… —dijo Lulu— Pero me gusta cómo me arde el culo, es señal de que debe estar funcionando. — mientras se sobaba con ambas manos,

Tiffany, con la voz entrecortada y lágrimas en los ojos:

— Siento mi vagina y culo caliente…casi hirviendo… seguro es por la circulación. Roberto sabe mucho.

Diamond, fue la más castigada de las tres, Roberto se ensaño con su culo al ver que aguantaba sin soltar lágrimas, solo apretaba los dientes y soportaba las embestidas

—Mis tetas me duelen de tanto rebote… pero el culo siento que me va a reventar, creo que mañana ya voy a tenerlo más chiquito. ¿Verdad, chicas?

Las tres sonrieron felices, exhaustas y completamente ajenas a lo que realmente estaba pasando, mientras Roberto disfrutaba de sus cuerpos sin límites.

-
 

heranlu

Veterano
Registrado
Ago 31, 2007
Mensajes
7,931
Likes Recibidos
3,587
Puntos
113
 
 
 
-
Tres Amigas con Cuerpos Voluptuosos – Capítulo 002

Roberto las miró con una sonrisa sádica y satisfecha. Las tres chicas estaban exhaustas, sudando a chorros en ese rincón oscuro y mugroso del gimnasio, sus cuerpos brillaban y sus diminutas tangas y sostenes estaban empapados de su sudor.

— Ahora el ejercicio más importante del calentamiento —anunció con tono autoritario—. El puente completo, rápido, manos y pies en el piso, cuerpo levantado formando un puente. Tienen que mantener la posición sin bajar, sin importar lo que pase. ¿Entendido?

Las tres obedientes como siempre se colocaron en posición, manos y zapatillas firmes en el piso sucio, caderas levantadas lo más alto posible, sus cuerpos formaban un arco tembloroso. En esa posición, sus tetas descomunales pesaban muchísimo y colgaban hacia sus caras, tirando dolorosamente de sus hombros y espalda, sus culos apretados y sus piernas abiertas dejaban sus vaginas expuestas.

Pasaron los primeros segundos y ya empezaban a sufrir.

— Ay… mis tetas pesan mucho… —jadeó Diamond, cuyos enormes pechos negros colgaban pesadamente.

Lulu, la más chiquita, temblaba visiblemente.

— Duele… los brazos y… las tetas me jalan hacia abajo…

Tiffany, la más alta, tenía la cara roja y sudada.

— Esto es muy difícil… siento que mis tetas me van a romper los hombros…

Roberto caminaba lentamente alrededor de ellas, disfrutando del espectáculo.

— Mantengan la posición, sin importar qué pase, si quieren bajar esos culos gordos, tienen que aguantar como chicas grandes. ¿Lo prometen?

— Sí… señor… —respondieron las tres con dificultad, concentradas en no desplomarse. — lo prometemos.

Roberto se acercó primero a Diamond, sin decir nada, metió las manos por debajo de su espalda y desabrochó su sostén negro de un solo movimiento, las enormes tetas se liberaron por completo, cayendo y colgando pesadamente hacia su rostro como 2 globos

Diamond abrió mucho los ojos, sorprendida soltó un quejido.

— ¡Señor! Mi sostén…mis tetas…

— Shhh —la cortó Roberto—. Tienen que mantener la posición sin importar qué pase, eso prometieron, ¿no? Las tetas grandes necesitan estar libres para que el ejercicio sea efectivo ¡No bajen!

Diamond tragó saliva, quería cubrirse, pero su naturaleza sumisa y tonta ganó.

— Está bien… si es necesario…

Roberto pasó a Lulu, le desabrochó el sostén blanco diminuto, las tetas grandes y pálidas de la asiática cayeron pesadamente a los lados, balanceándose, Lulu soltó un gemidito, pero mantuvo la posición con esfuerzo.

Finalmente llegó a Tiffany, le quitó el sostén push-up rosa, sus tetas se desbordaron enormes e hinchadas, se liberaron y colgaron como dos melones pesados, dejando ver sus pezones rosas y paraditos, la rubia gimió de alivio y dolor al mismo tiempo.

Ahora las tres estaban en puente, completamente con las tetas al aire, colgando y balanceándose con cada temblor de sus brazos, el sudor les corría por los pechos y caía al piso.

— Por favor… señor… ¿ya podemos bajar? —suplicó Lulu con voz temblorosa—. Mis tetas pesan mucho… me duele la espalda…

— Duele demasiado… —añadió Tiffany, con lágrimas en los ojos.

Diamond también suplicaba entre dientes:

— Mis brazos se van a romper… por favor…

Roberto sonrió con crueldad y les dio una palmada fuerte en el coño a cada una.

— Si quieren seguir teniendo esos culos tan gordos y que los hombres se los agarren todo el tiempo, entonces bajen, pero si son mujeres decididas y valientes que quieren mejorar, tienen que aguantar. ¡Mantengan la posición!

Las tres, con lágrimas de esfuerzo, obedecieron y siguieron aguantando, Roberto entonces se colocó detrás de Tiffany, metió lentamente la mano entre sus piernas abiertas y empezó a acariciar su vagina por encima de la tanga rosa, luego agarró la tela de la tanga y tiró hacia arriba con fuerza, metiéndosela profundamente entre los labios de su vagina y entre sus nalgas, Tiffany soltó un grito ahogado.

— ¡Ay! ¡Me duele! ¡Señor, por favor pare… está muy apretado! —Lloriqueaba mientras la tanga se le hundía dolorosamente.

Roberto siguió tirando más fuerte, sonriendo.

— Aguanta, rubia. Esto estira bien los glúteos y la entrepierna, Es parte del ejercicio.

Tiffany lloraba abiertamente, el cuerpo temblando por el esfuerzo y el dolor.

— ¡Por favor… me está cortando… duele mucho!

Finalmente, con un último tirón fuerte, la tanga rosa se rompió con un sonido seco, Tiffany cayó desplomada al piso sucio, jadeando agotada, con el culo y la vagina enrojecidos.

— Buena chica… — dijo Roberto dándole una palmada en la cabeza.

Hizo exactamente lo mismo con Lulu, acarició su vagina, tiró de la tanga blanca hacia arriba con fuerza brutal, hundiéndola entre sus labios hinchados, la asiática chiquita lloraba y suplicaba con su vocecita aguda:

— ¡Duele! ¡Señor, por favor… no tire más!

La tanga se rompió tras varios tirones crueles, Lulu cayó al piso, temblando y sudando.

Por último, fue el turno de Diamond, Roberto tiró de su tanga negra con saña, metiéndosela profundamente en su vagina gruesa y entre sus nalgas grandes, la hermosa negra gemía y lloraba de dolor, pero mantenía la posición hasta el final.

— ¡Ay, por favor… me está lastimando…!

La tanga duro mas que las otras, pero se rompió también, Diamond cayó al piso junto a sus amigas, las tres completamente desnudas, sudando profusamente, con las tetas colgando y los coños irritados por la tela rota, las tres yacían ahí, jadeando exhaustas y con lágrimas en los ojos, pero todavía creyendo que todo eso era para “encoger sus culos gordos”.

Roberto las miró desde arriba, con una erección enorme marcándose en su pantalón, listo para la siguiente fase.

— Descansen un minuto, chicas… Luego seguiremos trabajando esos cuerpos.

Las tres solo pudieron responder con débiles gemidos:

— Gracias… señor…

El cabello de Lulu estaba pegado a su espalda y cara, el afro de Diamond se había vuelto un desastre húmedo, y el cabello rubio platino de Tiffany estaba completamente despeinado y pegado a su frente y hombros, sus enormes tetas subían y bajaban con la respiración agitada, los pezones duros por el esfuerzo y el aire fresco, sus culos grandes y redondos descansaban sobre el piso mugroso, y entre sus piernas se podía ver claramente cómo sus vaginas estaban enrojecidas e hinchadas por los tirones anteriores. La escena era tan pornográfica y decadente que Roberto estaba al límite, su polla palpitaba dolorosamente dentro de su pantalón, tan erecta que le dolía, tenía la cara roja y respiraba pesado solo de mirarlas.

Después de un par de minutos de jadeos, Tiffany fue la primera en reaccionar, abrió los ojos, se dio cuenta de que estaba totalmente desnuda y soltó un grito agudo:

— ¡Ay no! ¡Estoy desnuda! ¡No puedo estar así!

Rápidamente se cubrió los enormes pechos con un brazo y la vagina con la otra mano, Lulu y Diamond hicieron lo mismo al instante, cubriéndose como pudieron con sus manos, con las caras rojas de vergüenza.

— Señor… no podemos estar desnudas aquí… —dijo Lulu con voz temblorosa.

— Esto está mal… —añadió Diamond, intentando tapar sus tetas negras descomunales.

Roberto levantó las manos con una sonrisa tranquilizadora, aunque su polla seguía latiendo visiblemente.

— Tranquilas, chicas. Es completamente normal en este tipo de entrenamientos avanzados para glúteos, muchas se quedan desnudas porque la ropa estorba la circulación y el movimiento. No hay nada de malo, yo soy un profesional, he visto de todo.

Las tres seguían nerviosas, intentando cubrirse.

— No… de verdad no podemos… —suplicó Tiffany.

Roberto las interrumpió y empezó a quitarse la camiseta sudada.

— Para que vean que no es nada malo, yo también me voy a quedar desnudo, así se sentirán más cómodas. — Dijo con la camiseta sobre su rostro— Miren, a mí no me molesta para nada.

Las chicas intentaron protestar:

— ¡No, señor! Eso no es necesario…

Pero Roberto ya se había quitado la camiseta, revelando su barriga grande, peluda y flácida, con pelo canoso por todo el pecho y la espalda, se bajó los pantalones y los calzoncillos amarillentos de un tirón, su pene torcido, largo, delgado y completamente erecto saltó hacia arriba, apuntando hacia ellas. Era grotesco: un viejo panzón, calvo, con grasa donde antes había músculo, lleno de vello blanco y gris, y esa polla fea y venosa palpitando.

Las tres se quedaron congeladas, más nerviosas aún al ver esa polla erecta.

— Señor… eso… —murmuró Diamond.

— No miren tanto —dijo Roberto riendo—. Es solo un pene normal, pero si les gusta, pueden seguir admirándolo. Ahora, dejen de perder el tiempo, ¡Levántense! Tenemos que seguir con el ejercicio si quieren bajar esos culos gordos.

Sin darles tiempo a reaccionar, Roberto las levantó una por una de los brazos y las llevó hasta una vieja máquina de abductores que estaba en el rincón, la máquina no tenía asiento y sus dos pads para las piernas que se abrían hacia los lados estaban muy desgastados. Se sentó primero en el espacio donde debería estar el siento, con las piernas abiertas y su polla erecta apuntando hacia arriba como un mástil grotesco.

— Diamond, ven tú primero, siéntate sobre mí para que no te lastimes, te enseñe bien cómo se hace el ejercicio

Diamond dudó, pero su naturaleza obediente y sumisa la hizo avanzar, se sentó lentamente sobre las piernas de Roberto, sintiendo inmediatamente la polla caliente y dura presionando directamente contra su culo grande y redondo.

— Señor… no creo que este bien que ponga “eso” en mi trasero…

— Es normal, te servirá de apoyo —mintió Roberto—. Ahora coloca las piernas en los pads.

Diamond obedeció, apenas puso las piernas en la máquina, Roberto activó el peso y las piernas de la chica se abrieron de golpe hasta el límite máximo. Diamond soltó un leve grito:

— ¡Ah! ¡Está muy abierto! ¡Duele mucho!

— Exacto —dijo Roberto con voz ronca, mientras sus manos subían a las tetas enormes de Diamond y empezaban a sobarlas sin vergüenza, apretando y pellizcando los pezones— Este ejercicio abre mucho las piernas para trabajar los glúteos internos y externos. Al mismo tiempo bajo una de sus manos frotando su vagina con descaro y empujando su pene contra su culo. — Siente como duele aquí, es la maquina trabajando, ahora cierra las piernas … ¡fuerte!

Diamond hizo fuerza para cerrar las piernas, pero el peso y la mano de Roberto sobre su vagina se lo hacían difícil. Cada vez que cerraba, su culo se apretaba contra la polla erecta de Roberto, frotándola de arriba abajo, sus tetas rebotaban mientras él las manoseaba abiertamente, estrujándolas y tirando de sus pezones.

— Así… muy bien —gruñía Roberto—. Siente cómo se trabaja ese coño y ese culo gordo…

Diamond jadeaba por el esfuerzo, sudando de nuevo, sin darse cuenta que Roberto estaba jugando con sus tetas y que ya tenia un dedo metido en su coño.

— Duele mucho en las piernas… también el coño me duele… pero si sirve para bajar el culo… sigo…

Tiffany y Lulu observaban nerviosas, todavía intentando cubrirse un poco, mientras veían a su amiga desnuda abriendo y cerrando las piernas sobre la polla del viejo, Roberto sonrió con lujuria, sabiendo que tenía total control sobre las tres idiotas.

Después de varios minutos tortuosos con Diamond, Roberto le dio una palmada fuerte en el culo y la hizo levantarse, la belleza negra quedó de pie, temblando, con las piernas débiles y la vagina hinchada y mojada.

— Bien hecho, Diamond. Ahora tú, Tiffany. Ven aquí, rubia.

Tiffany, todavía nerviosa y tratando de cubrirse, se acercó, dudando al ver esa horrible polla, no pudo pensarlo mucho ya que Roberto tiro del brazo de la chica y la sentó sobre sus piernas, sintiendo inmediatamente la polla torcida y caliente presionando contra su culo grande y redondo.

— Señor… pero está muy dura… —murmuró.— mejor deberíamos…

— Shh, concéntrate en el ejercicio —ordenó Roberto.

Le colocó las piernas en los pads de la máquina y activó el peso, las piernas largas de Tiffany se abrieron de golpe hasta el límite, dejando su coño completamente expuesto y abierto, a rubia soltó un gemido, Roberto no perdió tiempo, mientras ella empezaba a cerrar las piernas con esfuerzo, él le agarró las tetas enormes con ambas manos, estrujándolas con fuerza, acercaba su rostro a la espalda de la chica y la olfateaba como si fuera un animal, esto incomodaba a Tiffany, metió la mano derecha entre sus piernas abiertas y le introdujo un dedo grueso directamente en la vagina, hundiéndolo hasta el fondo.

— ¡Ah! ¡Señor, sáquelo! —gritó Tiffany, abriendo mucho los ojos—. ¡No puedo hacer el ejercicio así!

— Claro que puedes —gruñó Roberto, moviendo el dedo rápidamente dentro de ella mientras la obligaba a seguir cerrando y abriendo las piernas—. Esto estimula los músculos internos ¡Sigue moviéndote!

Tiffany jadeaba y gemía, ya no era solo un dedo de Roberto entrando y saliendo de su coño mojado con cada repetición, ya eran 2 y después 3, sus tetas rebotaban salvajemente mientras él las sobaba y pellizcaba los pezones con la otra mano, el sudor le corría por todo el cuerpo.

— ¡Por favor… me están lastimando sus dedos… duele y… ¡ah!… me siento.. ¡Ah! —suplicaba entre gemidos.

Roberto no le hizo caso, siguió masturbándola sin piedad mientras la máquina le abría las piernas una y otra vez, Tiffany intentó resistir, pero su cuerpo traicionero empezó a contraerse, después de varios minutos de tortura, tuvo un orgasmo intenso: su cuerpo se sacudió violentamente, soltó un grito agudo y se corrió sobre la mano del viejo, dejando sus dedos empapados.

Tiffany cayó hacia adelante, completamente agotada, jadeando y lloriqueando, Roberto sacó el dedo lentamente y le dio una nalgada.

— Buena chica, descansa.

Ahora le tocó el turno a Lulu, Roberto ya no podía más, su polla torcida palpitaba dolorosamente, roja y llena de venas, a punto de explotar.

— Ven, muñequita, siéntate aquí. — dijo mientras con sus palmas golpeaba sus piernas, como si llamara a una mascota.

Lulu se acercó temblando, apenas se acomodaba para sentarse sobre las piernas del viejo cuando Roberto agarró su cadera con una mano y con la otra guio su pene largo y delgado directamente hacia la entrada de su vagina, de un solo empujón hacia arriba, la penetró profundamente.

— ¡Ahhh! ¡Señor! ¡Está adentro! —exclamó Lulu sorprendida, abriendo mucho los ojos.

— ¡Vamos muñequita! Deja de lloriquear como una bebe y entrena —dijo Roberto con voz ronca y mandona, sujetándola firmemente por las caderas—. Ahora mueve las piernas en la máquina, abre y cierra.

Lulu obediente a pesar de la sorpresa, colocó las piernas en los pads, cuando la máquina la abrió de golpe, su cuerpecito se sacudió y la polla de Roberto se hundió aún más dentro de ella. Empezó a hacer las repeticiones, cerraba las piernas con esfuerzo, apretando la polla del viejo dentro de su ya apretado coño, y luego se abría completamente. Gemía sin parar, sudando a chorros, su cabello negro largo se pegaba a su espalda y el fleco a su rostro.

— ¡Ah!… ¡Ah!… Señor… está muy adentro… por favor… duele..

Roberto le pellizcaba los pezones con fuerza, tirando de ellos mientras la hacía rebotar ligeramente sobre su polla, el viejo gruñía de placer, sintiendo cómo el coño virgen y apretado de la asiática lo estrujaba, además los gritos de la chica con cada pellizco, lo ponían a mil.

— Sigue, Lulu… aprieta más con el culo, así se trabaja mejor el glúteo.

Lulu gemía cada vez más alto, no entendía lo que pasaba, pero obedecía, el movimiento combinado del ejercicio y la polla moviéndose dentro de ella la llevaron al límite, después de unos minutos, Roberto no aguantó más, agarró con fuerza las caderas de Lulu y empujó hacia arriba con violencia, corriéndose profundamente dentro de ella, chorros calientes de semen llenaron su vagina, en ese mismo momento, Lulu tuvo un orgasmo intenso, su cuerpecito se tensó, soltó un gemido agudo y prolongado, y su coño se contrajo alrededor de la polla del viejo mientras temblaba sin control.

-
 

heranlu

Veterano
Registrado
Ago 31, 2007
Mensajes
7,931
Likes Recibidos
3,587
Puntos
113
 
 
 
-
Tres Amigas con Cuerpos Voluptuosos – Capítulo 003

Cuando Roberto terminó de eyacular, sacó su polla lentamente, un hilo de semen mezclado con los fluidos de Lulu le corrió por los muslos a la chica, cayó al piso junto a sus amigas, desnuda, sudada, con el coño rojo y lleno de semen, jadeando exhausta.

Roberto las miraba desde la máquina, con la polla todavía semierecta y goteando, satisfecho, pero con ganas de más.

— Descansen un rato, putitas tontas… En unos minutos continuamos con la siguiente máquina.

Las tres solo pudieron gemir débilmente en respuesta.

Roberto se levantó y camino hacia una mochila vieja que tenía en la esquina, sacó un frasco de pastillas y se metió un puñado de Viagra directamente a la boca, las masticó sin agua, tragándolas con una sonrisa grotesca.

— Esto va a durar horas… —murmuró para sí mismo. Se volvió hacia ellas con voz autoritaria — El Descanso ha terminado, putitas ¡Levántense! Todavía falta mucho para que esos culos gordos bajen, vamos a seguir con ejercicios más intensos.

Las tres se pusieron de pie con dificultad, temblando, intentando reaccionar, pero estaban tan cansadas que ni notaban que ahora Roberto las llamaba putitas, las llevó a diferentes máquinas viejas y oxidadas, y entonces comenzó a follarlas y manosearlas sin piedad mientras las obligaba a hacer ejercicios humillantes.

Primero puso a Tiffany en la máquina de sentadillas Smith, Roberto se sentó en un banco detrás de ella y cada vez que bajaba en cuclillas profundas la penetraba de un golpe, su polla larga y torcida entraba hasta el fondo mientras la rubia se esforzaba por sostener la barra de la máquina.

— ¡Ahhh! ¡Señor, está muy adentro! —gemía Tiffany.

— Más abajo, rubia, quiero que ese culo gordo toque mis huevos —gruñía él, agarrándola de las caderas y embistiéndola con fuerza cada repetición.

Le azotaba las nalgas con saña y le estrujaba las tetas colgantes, pellizcando los pezones hasta ponerlos rojos, Tiffany lloriqueaba y gemía, pero seguía haciendo las sentadillas, creyendo que era parte del entrenamiento.

— Duele mucho… mis piernas me arden… y mi coño se siente tan lleno… ¡Ah!

Roberto se corrió dentro de ella, llenándola mientras la mantenía en cuclillas.

Después le tocó a Diamond en una máquina de patadas hacia atrás sobre el banco, mientras ella movía las piernas con peso, Roberto se colocó sobre ella con las piernas abiertas y le follaba el coño como un animal, sus embestidas eran brutales, hacían que sus tetas se aplastaran dolorosamente en el banco.

— ¡Qué culo tan gordo tienes, chocolatito! —gruñía, arañándole la espalda que le dejaba marcas rojas— ¡Aprieta más guarra!

Se inclino y metió sus dedos índices en la boca mientras la follaba, luego le tiraba del cabello afro y le mordía la espalda, Diamond gemía como una puta, sudando a chorros, el semen de Roberto salía de su coño con cada embestida.

— Señor… es muy duro… mis tetas me duelen de tanto rebote… —se quejaba entre gemidos.

— Ese es el punto. Aguanta, idiota.

Se corrió dentro de ella, dejando su vagina rebosante, llegó el turno de Lulu, Roberto ya no se complico, se recostó en el piso y le dijo que se pusiera en posición de sentadilla sobre el, ella separo las piernas al lado de las caderas de el y bajo lentamente.

— Tus manos en la nuca — le ordeno Roberto, al mismo tiempo que tiraba de ella hacia abajo penetrándola de un golpe.— ahora sube y baja.

Lulu se movió de arriba abajo sobre el pene de el, con sus manos en su nuca, sus tetas descomunales rebotaban cerca de la cara de Roberto, él se inclinó y jalo un poco a la chica de los hombros y chupo y mordió sus pezones.

— ¡Ay!… ¡Señor!… ¡Señor!... !Duele! —gemía Lulu con su vocecita aguda, apenas y podía abrir los ojos por el sudor que le escurría por la frente.

Roberto le agarraba las tetas y luego paso al culo, guiando el movimiento de la chica, follándola sin misericordia.

— Qué coñito tan apretado tienes, guarra. Perfecto para un viejo como yo.

La folló durante unos minutos, hasta correrse dentro de ella por segunda vez, Lulu tuvo otro orgasmo pequeño, temblando y gimiendo, completamente ida.

Los ejercicios se volvieron cada vez más humillantes, Roberto las puso a las tres juntas haciendo “caminata de pato” completamente desnudas por el rincón, admirando lo ridículas que se veían, después a andar en 4, caminando de un lado a otro con las piernas abiertas, las manos en el piso y sus culos bien arriba, mientras lo hacían, él iba detrás, metiéndoles los dedos en el coño y en el culo, azotándolas y follándolas por turnos cuando se detenían, les tiraba del cabello, les pellizcaba los pezones y les daba cachetadas en la cara con su polla torcida. Sin saber cómo, en un momento las tres estaban de rodillas frente a él, exhaustas, jadeando, luchando por no desmayarse del cansancio, Roberto con la Viagra haciendo efecto total, las hizo chuparle la polla por turnos mientras les explicaba que “era ejercicio para la mandíbula y el cuello”.

— Succiona más fuerte, Lulu… así se tonifica la cara.

Tiffany casi se ahogaba con la polla torcida, Diamond la lamía con su lengua mientras Roberto le daba leves bofetadas en el rostro. Después de follarlas una y otra vez en diferentes posiciones y máquinas, las tres chicas estaban destrozadas: llenas de semen en el coño y en la cara, culos rojos de nalgadas, tetas marcadas de pellizcos y mordidas, sudadas, despeinadas y temblando.

Roberto, todavía con la polla dura como piedra gracias a las “vitaminas”, las miró con una sonrisa victoriosa.

— Esto todavía no termina, putitas idiotas. Todavía nos quedan varias máquinas más… y van a aprender a usar todos sus agujeros para “bajar esos culos gordos”.

Las tres, inocentes, sumisas y agotadas, solo jadearon débilmente un:

— Sí… señor…

Roberto, con los ojos inyectados en lujuria y la polla torcida más dura que nunca tomo otro puñado de Viagra, miró a las tres chicas exhaustas y cubiertas de sudor y semen.

— Se acabó el juego suave, putas estúpidas. Ahora viene la sesión de verdad para bajar esos culos gordos que tanto les molesta.

Agarró a Tiffany primero, la más alta, la tomo del cabello y la puso a cuatro patas sobre un banco viejo y sucio, le escupió en el culo y, sin ningún preámbulo, presionó la cabeza de su polla contra su ano virgen.

— ¡No! ¡Señor, ahí no! ¡Me va a doler! —suplicó la rubia.

Roberto la ignoró y empujó con fuerza, la polla larga y torcida se abrió paso brutalmente dentro del culo apretado de Tiffany, la chica gritó y lloró mientras él la penetraba hasta el fondo.

— ¡Aaaah! ¡Me duele mucho! ¡Sáquela!—Calla y aprieta, puta. Esto es para tonificar el culo gordo —gruñó él, empezando a follarla analmente con embestidas fuertes y profundas.

Mientras follaba a Tiffany, ordenó a las otras dos:

— Diamond y Lulu, pónganse de rodillas al lado y chúpenle las tetas.

Las chicas se miraron desconcertadas.

— ¡Ahora! Putas inútiles — les grito Roberto.

Las dos obedecieron, asustadas, Diamond agarró un de los enormes senos de Tifanny y empezó a chuparle los pezones con fuerza, Lulu hizo lo mismo con la otra, gemían mientras Roberto destrozaba el culo de Tiffany sin piedad.

Después de correrse dentro del ano de la rubia, sacó la polla sucia y pasó a Diamond, la puso en una posición humillante: de espaldas sobre un banco, piernas levantadas y abiertas al máximo, tocando su propia cara con sus rodillas, le metió la polla directamente en el culo de un solo empujón.

— ¡Dios! ¡Me parte! ¡pare! … ¡ARGH! —gritó Diamond, con sus tetas aplastándole su rostro.

Roberto la folló salvajemente, escupiéndole en la cara y pellizcándole los pezones con saña, mientras tanto, hizo que Tiffany y Lulu se pusieran frente a frente sentadas a un lado del banco.

— Ahora froten sus vaginas una contra la otra. ¡Scissoring! Muévanse como las putas que son.

Las dos chicas, obedientes abrieron las piernas y empezaron a frotar sus coños mojados y llenos de semen entre sí, gimiendo mientras se miraban con cara de confusión y placer forzado, habían estado siguiendo sus ordenes durante varias horas, que ya lo hacían sin protestar y sin pensar que diablos estaban haciendo.

Lulu fue la siguiente en recibir anal, Roberto aprovecho el pequeño tamaño de ella y la levantó como si fuera una muñeca, le puso su espalda contra la pared en posición de “misionero de pie” pero anal. Sus piernitas delgadas temblaban mientras la penetraba profundamente por el culo, la pequeña asiática lloraba y gemía, su cabello negro pegado al cuerpo.

— ¡Duele mucho, señor! ¡Mi culito es muy pequeño!

— Por eso lo vamos a reventar, idiota.— gruño Roberto

Mientras la follaba, ordenó a Tiffany y Diamond que se lamieran mutuamente los coños, en un 69 en el piso sucio, las dos amigas obedecieron, lamiendo semen y jugos de sus vaginas hinchadas.

La depravación subió de nivel, Roberto las puso a las tres en fila, culo arriba, y las folló anal por turnos, cambiando de agujero cada poco segundo, les daba nalgadas brutales, les tiraba del cabello y les estrujaba los senos con saña, clavándoles las uñas, tanto viagra lo tenían como poseído.

— Díganlo: “Somos putas muy estúpidas, con culos gordos que merecen ser folladas por el ano”.

Las tres, entre gemidos y llanto, lo repitieron obedientemente.

— ¡Somos putas muy estúpidas, con culos gordos que merecen ser folladas por el ano!

Después de correrse varias veces más, Roberto decidió el gran final, sacó tres pequeñas mancuernas de 1 kg del rincón.

— Prepárense putas, ahora viene el gran final.

Les ordenó ponerse a cuatro patas, apenas si podían moverse, sus cuerpos temblaban, estaban al limite. Una por una, les metió la mancuerna fría en el culo, empujándola hasta que solo quedara uno de los lados fuera.

— ¡Nooo! ¡Está muy grande! ¡Me duele! —gritaba Tiffany.

Lulu solo lloraba en silencio mientras sentía cómo el metal le abría el ano, Diamond gemía de dolor, sentía como su ano se abría, apretaba los puños y los dientes para no gritar, con las mancuernas dentro del culo, Roberto se sentó y las hizo hacer ejercicios humillantes y dolorosos, mientras él se masturbaba:

  • Caminata de pato con las mancuernas dentro, obligándolas a abrir mucho las piernas.
  • Sentadillas profundas donde la mancuerna empujaba aún más adentro.
  • Puente de glúteos, donde el peso se sentía brutal en sus anos.
  • Patadas hacia atrás, haciendo que las pesas se movieran dentro de ellas.
Las chicas sudaban, lloraban y gemían de dolor y agotamiento extremo, pero seguían obedeciendo, completamente rotas, después de casi veinte minutos de tortura anal con las pesas, las chicas comenzaron a caer desmayadas una sobre la otra, Roberto finalmente se corrió por última vez, eyaculando sobre sus caras y tetas, se quedó mirándolas, satisfecho, como un artista terminando su obra.

— Listo, por hoy terminaron, putitas, pueden quedarse tiradas aquí un rato, han hecho un buen “entrenamiento”.

Las tres chicas quedaron tiradas en el piso sucio del gimnasio, desnudas, cubiertas de sudor, semen, lágrimas y marcas rojas, sus culos abiertos y rojos, con las pequeñas mancuernas todavía metidas dentro, respirando con dificultad, destruidas.

Roberto se vistió, las miró una última vez con una sonrisa victoriosa y salió del rincón, dejándolas allí como tres muñecas rotas.

Permanecieron tiradas en el piso sucio durante casi media hora, sus cuerpos temblaban, Lulu fue la primera en recobrar la conciencia y comenzó a hablar con su vocecita débil:

— Chicas… ¿ya… ya terminó el entrenamiento? — dijo agarrándose la cabeza.

Tiffany, todavía con el culo rojo y abierto, abrió los ojos con dificulta y asintió apenas.

— Creo que sí… Me duele todo… especialmente el culito.

Diamond se incorporó lentamente, con sus tetas enormes balanceándose.

— Nunca había sudado tanto… ni sentido tanto dolor. Seguro que mañana tendremos los traseros más chiquitos.

Se miraron entre ellas, exhaustas, y lentamente empezaron a buscar su ropa, sin embargo, no encontraron ni los sostenes ni las tangas, Roberto se las había llevado todas como trofeo.

— No hay ropa interior… —murmuró Lulu, confundida

— Da igual —dijo Tiffany, todavía aturdida—. Nos ponemos solo la ropa que haya.

Se vistieron como pudieron, tops que apenas cubrían sus tetas, faldas y leggings sin nada debajo. Sus pezones se marcaban claramente y sentían el semen seco entre sus piernas mientras caminaban con las piernas algo abiertas por el dolor.

Las tres chicas llegaron al departamento de Diamond pasadas las 8 de la noche, caminaban con dificultad, con las piernas temblando y el culo adolorido, lo primero que hicieron fue meterse juntas a bañar, El agua caliente les alivió un poco el cuerpo, pero no el escozor en sus agujeros, se frotaban entre ellas limpiando los restos del entrenamiento.

Después de secarse, se pusieron solo unas camisetas viejas y grandes, se sentaron en el sofá con las piernas cruzadas, aun con el cabello mojado y con caras de cansancio.

Lulu fue la primera en hablar, mientras se peinaba su largo cabello negro:

— Ay chicas… hoy fue el día más cansado de mi vida, me duele todo el cuerpo, especialmente mi… bueno, mi ano, creo que las mancuernas que nos metió sí que van a hacer que baje de tamaño.

Tiffany, se tumbó en el piso boca arriba y asintió:

— Igual, mis senos están rojos y super sensibles — mientras se tocaba las tetas por encima de la camiseta — me duelen de tanto que me las apretó, pellizcó y mordió. Y mi vagina… y mi ano… me arden. Pero supongo que es normal cuando entrenas fuerte, ¿verdad? ¿Ustedes sintieron cómo sudábamos? Nunca había sudado tanto en mi vida.

Diamond asintió mientras se masajeaba los muslos gruesos para después pasar a su culo y aplicarse una crema calmante.

— Sí, yo también, cuando me tenía en esa máquina y me metía el dedo… y luego la polla… y ese ejercicio del puente con las tetas colgando fue horrible, sentía que se me iban a desprender, pero sabía que era por el ejercicio. — Diamond guardo silencio un momento mientras se tocaba las nalgas con cuidado— Y cuando nos hizo frotarnos las vaginas entre nosotras… eso debió ser para trabajar los glúteos internos, ¿no? …

Las tres se quedaron calladas, pensando con mucha dificultad, sus pequeñas neuronas comenzaron a trabajar, Lulu inclinó la cabeza y dijo:

— Oigan… ¿no les pareció raro que se llevara toda nuestra ropa interior?

— Chicas… —hablo Diamond, mordiéndose el labio—. Fue extraño todo lo que pasó hoy ¿No?

Tiffany frunció el ceño.

— Ahora que lo dices… me metió el dedo en la vagina… y luego la polla en el culo, nos hizo chuparnos las tetas… ¿eso es normal en un gimnasio?...

— Apenas si estaba consciente, pero escuche que dijo que lamernos los coños ayudaba a relajar los músculos… — comento Lulu — La verdad se sintió raro, pero el es un profesional ¿no?

— Esperen… ahora que lo recuerdo ¿por qué nos llamaba putas, idiotas y guarras mientras entrenábamos? — pregunto Diamond

— También nos dijo estúpidas — respondió Lulu.

— Y se corrió como varias veces dentro de nosotras. —Dijo Tiffany mientras se frotaba crema en sus pezones adoloridos

Tiffany parpadeó varias veces, procesando lentamente, abrió mucho los ojos, como si una luz muy tenue se hubiera encendido en su cabecita.

— Oigan Chicas… ¿y si no era entrenador de verdad? — Las tres chicas se miraron entre si —creo que… ¡Nos engañó! ¡Solo quería follar con nosotras ¡

Diamond se tapó la boca.

— Ay no… Es verdad, nosotras le creímos todo, le mostramos el culo y las tetas sin pensarlo dos veces.

Lulu bajó la mirada, la realidad les cayó como un balde de agua fría.

— Somos muy estúpidas… — Dijo avergonzada, pero sincera— Por eso todos se aprovechan de nosotras, el señor del subterráneo, los del autobús, en el trabajo, el casero… y ahora este viejo panzón.

Las tres se quedaron en silencio varios minutos, asimilando la dura verdad, finalmente Diamond suspiró:

— Nos usó… y encima pagamos nosotras, $1800 entre las tres, para que un señor viejo y asqueroso nos follara.

— Nos vio la cara de idiotas completas. — afirmo Lulu

Tiffany se tapó la cara con las manos.

— Somos tan tontas… super tontas… le creímos todo, añadió avergonzada. —

— Se aprovechó porque somos fáciles de engañar, pero esto no se queda así. Mañana vamos a ir a reclamarle. — dijo Diamond mientras se ponía de pie— No podemos dejarlo así.

Las tres asintieron, todavía adoloridas pero molestas.

Al día siguiente las tres llegaron al gimnasio con cara de enojo, caminando con dificultad por el dolor que aún sentían en el culo, entraron decididas y se plantaron frente al mostrador.

— Buenos días —dijo Diamond firmemente—. Queremos hablar con Roberto, el dueño y entrenador, nos engañó ayer y queremos que nos devuelva el dinero.

La recepcionista, una mujer de unos 30 años, las miró confundida.

— ¿Roberto el entrenador? ¿Estás segura que fue en este gimnasio?

— Sí —respondió Tiffany molesta—. El señor panzón, calvo, que es el dueño.

La recepcionista soltó una risa incrédula que no pudo contener .

— Espera… ¿Hablan de Don Roberto? ¿El señor de la limpieza?...

Las tres se miraron confundidas, Lulu preguntó con su vocecita:

— ¿Limpieza? No… él nos… entrenó el día de ayer.

La recepcionista se inclinó hacia adelante, disfrutando el momento.

— Ese no es entrenador… y mucho menos el dueño, Don Roberto es el viejo asqueroso que trapea los pisos, limpia los baños y saca la basura.

Las chicas palidecieron, como que no era entrenador ni dueño, habían caído redonditas ante alguien que solo hacia la limpieza.

— Lo despedimos en la mañana — Dijo en tono burlón la recepcionista —metió a tres putas baratas al gimnasio y las folló como animal en la zona de atrás. Había semen y fluidos por todo el piso y las máquinas. — señalo hacia la parte done follaron a las chicas — Estamos buscando a esas putas, vamos a demandarlas por exhibicionismo, indecencia pública, prostitución y daño a las instalaciones, el dueño está furioso, fue repugnante como dejaron el lugar.

Las tres se quedaron congeladas, pálidas.

— ¿Qué...? —balbuceó Lulu.

— ¿Putas? —murmuró Diamond, horrorizada

— Sí —continuó la recepcionista con desprecio—. Tres furcias con tetas enormes y culos gigantes, se dejaron follar por ese viejo sucio como si fueran perras en celo, las tuvo horas metiéndoles la polla en todos los agujeros, haciendo que se chuparan entre ellas y todo, una vergüenza, por fortuna tenemos todo grabado.

Las chicas voltearon a ver las pantallas de las cámaras de seguridad, se veía claramente el lugar donde estuvieron ejercitándose.

— ¡Oh si! Esas golfas caerán bien duro cuando las encontremos.— recalco la recepcionista.

Tiffany empezó a temblar.

— Nosotras… nosotras no somos… nosotras pagamos $1800…

— ¿Ustedes…? — La recepcionista las vio con sorpresa y asco. —malditas guarras asquerosas ¡yo tuve que limpiar su desastre! —tomo el teléfono y marco— Si… policía… si… ya encontramos a las 3 prostitutas que ofrecieron sus servicios en el establecimiento… si, manden oficiales por favor.

Las tres se miraron aterrorizadas, sin decir una palabra más, dieron media vuelta y salieron corriendo del gimnasio, con sus gigantes culos moviéndose de un lado a otro, las enormes tetas rebotando y el corazón a mil, huyendo muertas de miedo.

Apenas se fueron, Roberto salió de detrás del aparador donde estaba escondido, con su trapeador en la mano y una sonrisa de oreja a oreja.

La recepcionista, colgo el telefono, no habia marcado a nadie, solo fingio la llamada y se rio a carcajadas al verlo.

— Don Roberto, ¡es un hijo de puta! — la chica rio durante un minuto entero — maldito bastardo, me duele el estomago de tanto reír, ¡no puedo creer que haya funcionado! ¿De verdad se dejaron follar así?

— Claro mi niña, tal cual lo viste por las cámaras — Respondió Roberto sonriendo como idiota.

— ¡Son unas retrasadas! Nunca pensé que hubiera alguien tan estúpida para creer todas tus mentiras… El silicón de sus tetas les atrofio el cerebro, jajaja.

Los dos reían, Roberto saco unos billetes de su bolsillo y dijo:

— ¡Y pagaron ellas! — Roberto rio con ganas, mostrándole los $1800 del bolsillo y dividiéndolos en dos partes. — Aquí tienes tu mitad, mija, pero ya sabes, ni una palabra al jefe.

— Claro, claro — Respondio la recepcionista contando el dinero y riendo — Nunca había visto a unas guarras tan idiotas en mi vida...¡Claro! justo eso son…¡Guarridiotas!...Jajajaja.

Roberto soltó la carcajada ante tremendo apodo.

— Voy a limpiar el rincón de ayer… todavía hay restos de la “rutina”.

Mientras trapeaba el piso, recordó como habían pasado las cosas, el día anterior en el subterráneo de camino al gimnasio, vio a la pequeña Lulu y sin pensarlo mucho le agarró el culo bien duro, le apretó esa nalga gorda con mucha fuerza y le dijo al oído “culo gordo”, por vergüenza ella nunca volteo, solo lo vio de reojo. Ya más tarde se sorprendió cuando ella paso frente al gimnasio junto con sus dos voluptuosas amigas, se acercó para ver si podría hacer lo mismo con ellas, pero se esperó al escuchar su conversación, supo que eran perfectas para caer en sus mentiras, solo tuvo que decirles lo que querían oír, recordo cada azote, cada penetracion, cada orgasmo que tuvieron las chicas.

— Hey, don Roberto ¿ cree que regresen ? — le grito la recepcionista.

— No se mi niña — respondio suspirando Roberto — Tal vez regresen por mas, no sabemos que tan estupidas y que tan putas son "Las Tres Guarridiotas", ja,ja


-
 
Arriba Pie