Sofía Aplica Crema en la Lesión de su Hijo Renzo

heranlu

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Me llamo Renzo y les contare la historia de cómo comencé a tener relaciones con mi madre. Antes que nada voy a describirles a mi familia, que está compuesta por mi padre, Victor de 49 años, mi madre Sofía de 44 y yo que tengo 20 años. Mi padre trabaja en una empresa de electrónicos. Hace dos años fue ascendido y ahora tiene que realizar varios viajes empresariales al mes por lo que pasa poco tiempo en casa. Mi madre es la típica ama de casa, pero en los últimos tiempos le ha dado por hacer baile fitness lo que ha favorecido a su físico. Es morena, con el pelo largo, sobre 1.65 de altura, con unos pechos algo caídos pero grandes y un buen culo. La verdad es que el gimnasio le ha hecho desaparecer algunos kilos que le sobraban en su culo y en su barriga.

Yo la verdad que nunca había tenido pensamientos sexuales con mi madre pero me di cuenta que es atractiva. Pero nunca me imaginaría lo que iba a pasar. Yo volvía una tarde de jugar al fútbol con unos amigos cuando me tope con mi madre que iba a comprar, saliendo de nuestro departamento.

  • ¿Ya te has cansado de jugar?
  • Si es que me dolía la pierna.
  • ¿Te pasa algo hijo?
  • Nada, nada. Una lesión un poco fuerte.
  • Bueno luego te echo una crema.
  • Vale. *le dije mientras subía por la escalera.
Entré en mi casa y ya que me encontraba solo decidí cascarme una paja. Me senté en el sofá y saqué mi verga, que es muy grande, unos 21 centímetros, además de bastante gorda. Empecé a masturbarme y cuando estaba a punto de correr oí la puerta. Me subí el pantalón rápidamente, cruce las piernas mientras encendía con el mando la tele. Entró en el salón mi madre.

  • Que cabeza la mía, me había olvidado el monedero.
No tardó mucho en regresar y yo ya estaba algo más tranquilo pensando que el peligro había pasado. Entonces me fijé que en la mano traía un pote de crema.

  • A ver donde te han dado?
El golpe lo tenía por encima de la rodilla, cerca de la ingle, pero si me daba la frotada se percataría de mi erección. Yo con nerviosismo le dije que me diera la frotada después, pero ella insistió que no. Viendo mi derrota opté por levantarme el pantalón corto hacia arriba, para no tener que quedarme en slips.

  • No hay nada, ven aquí *dijo señalando una de las sillas del comedor.
Yo tragué saliva y me levanté rápidamente y casi corriendo me senté en la silla. Puse mi mano derecha sobre mi paquete y con la izquierda me arremangué el pantalón.

  • Hijo vaya moretón que tienes.
Untó un poco de crema y comenzó a restregarla. Para eso se había puesto de rodillas con lo que tenía mi verga a pocos centímetros de su cara. Yo hacía fuerza con mi mano para evitar que mi polla siguiera subiendo, pero la situación debo reconocer que me daba morbo. Me fije en mi madre, consciente de que se habría dado cuenta y me sorprendió ver que no apartaba los ojos de mi entrepierna, pero no parecía enfadado o alarmada sino todo lo contrario. Incluso me pareció ver deseo en sus ojos. Finalmente acabo el masaje y me dijo que se iba a continuar la compra. Nada más salir saqué mi torturada polla y me hice una gran paja en honor de mi madre.

Mi madre volvió una hora después y se puso a hacer la cena. No me dijo nada pero noté que me observaba con una mirada extraña. Mi padre llegó poco después y cenamos normalmente. Yo me fui a mi cuarto y me conecté un rato a Internet y a eso de las doce me entró sueño y me fui a la cama. Como era aun verano, solo usaba los pantalones cortos del pijama, sin calzoncillos ni nada debajo. Eso que cuando iba a apagar la luz apareció mi madre con el camisón que solía llevar. Era azulado y se le transparentaban dejando en evidencia sus bragas blancas y se marcaban sus pezones.

  • Hay que echarte más crema. Si en un par de días no mejora iremos al médico.
Me hizo estirar y empezó a aplicar la crema en círculos. Sus dedos cada vez recorrían una circunferencia mayor que ya casi llegaba a mi ingle. El hecho es que comencé a calentarme y con disimulo trate de bajar mi mano para tapar mi paquete, pues mi polla comenzaba a crecer.

  • ¿Te pasa algo?
La miré fijamente y encogí el brazo. Mi madre sonrió con picardía y en su movimiento al extender la crema rozó mi paquete. Yo miraba a mi madre perplejo y algo avergonzado.

  • No te preocupes cariño. A los hombres les suelen pasar estas cosas.
  • Lo… lo siento mamá.
  • No pasa nada. Me halaga que un jovencito como tu se… bueno se motive conmigo jeje.
Yo no sé qué me pasaba por la cabeza en ese momento pero le dije:

  • Es que tu eres muy guapa mamá.
  • Mi madre me miró fijamente y me dio un gran abrazo, tras lo cual me besó en la mejilla.
  • Que encantador que eres hijito. Duerme bien.
Luego se fue apagando la luz. Yo no tarde en masturbarme nuevamente y esta vez pensando en mi madre. Durante los tres días siguientes continuó aplicándome la crema dos veces al día y cada vez rozaba mi verga en más ocasiones. Después de cada sesión debía ir rápidamente al lavabo para "aliviarme".

Al cuarto día cuando se lo propuse a mi madre me dijo que ya estaba bien y que no haría falta continuar con los masajes. Yo le dije que no y que me dolía. Ella accedió y yo me estire en el sofá, tras quitarme los pantalones y quedarme en calzoncillos. Comenzó a aplicar la crema y vi como su mirada se fijaba en mi polla que comenzaba a crecer en mis calzoncillos. Mi madre se paró y para mi sorpresa me cogió el slip y me lo bajo haciendo que mi polla saliera como un resorte.

  • Creo que es esto lo que te duele.
Me la cogió y empezó a masturbarme. Primero lentamente y luego con rapidez provocando mis gemidos. Noté que ella jadeaba de excitación y pude comprobar por su cara que estaba muy excitada. No tardé en correrme soltando grandes chorros de leche en la mano de mi madre.

Ella continuó pajeandome la verga durante casi un minuto. Entonces se miró la mano, manchada de mi leche, embelesada y de repente su rostro se contrajo en una mueca y salió de la habitación. Yo la seguí aturdido y la encontré en su cama llorando.

  • Esto no tenía que haber pasado… pero no pude resistir el impulso.
  • Mama yo... no has hecho nada malo. No ha sido más que una forma de expresar tu amor por mí. Y es una forma muy placentera. *sonreí con la broma
  • Mi madre me miró y las lágrimas le caían aún por sus mejillas pero asomo una sonrisa y me abrazó.
  • Gracias cariño.
Durante la siguiente semana hicimos como si no hubiera pasado nada, eso si, yo necesitaba recurrir con más frecuencia a las pajas para calmar la calentura al ver a mi madre. La verdad es que me moría de ganas de sentir los labios de mi madre comiéndose mi polla, de follarmela sin parar. Pero no sabía como mi madre reaccionaría ante la propuesta.

Llegó la semana antes del comienzo de las clases y mis amigos organizaron una fiesta para despedir el verano. La fiesta era el viernes y mi padre se marchó el miércoles a uno de sus viajes y no volvería hasta el domingo por la tarde. A diferencia de otras veces, esta ocasión demorará más tiempo. La verdad es que era una buena oportunidad para intentar otra cosa con mi madre pero aunque aun me ponía muy cachondo ya casi había agotado las expectativas de conseguir algo.

Ya era viernes por la noche. Me arreglé y me fui a casa de mi amigo Ángel, allí era la fiesta, a las siete de la tarde. Me despedí de mi madre con un beso en la mejilla y partí.

Ayudé a Ángel a acabar con los preparativos y a eso de las diez comenzaron a llegar los invitados y a correr la bebida. A las doce ya estaba bastante bebido y tras bailar con varias de mis amigas muy cachondo. Conseguí enrollarme con una, llamada Ximena, que vivía por mi barrio. Aunque yo intenté llegar a algo más, ella me dijo que no quería ir tan rápido por lo que la cosa no llegó a mayores. Aunque accedió a llevarme a mi casa en su coche. Por el camino aproveché para meterle mano pero ella sonreía y me la apartaba. Me dejó frente a mi casa y se despidió con un largo beso diciéndome que la llamara el lunes. Yo me despedí de ella.

Entre el alcohol y Ximena me habían puesto como una moto por lo que subí a mi casa preso de una gran excitación. Me dirigí a mi habitación y me quedé como pasmado al pasar por delante de la de mi madre. Estaba durmiendo en su cama destapada. Su camisón azulado se había levantado y mostraba sus bragas blancas. Mi verga comenzó a dolerme dentro del pantalón y atontado por la bebida me desvestí rápidamente.

Me acerqué a mi madre y comencé a acariciarla por todo el cuerpo. Baje mis manos hacia sus bragas y las retiré lentamente. Vi el coñito depilado por los bordes de mi madre y comencé a acariciarlo. Apunté mi polla a la boca de mi madre y la pasé por sus labios. Mi madre se despertó sobresaltada.

  • ¡Pero qué haces Renzo! ¡ Que soy tu madre!
  • ¡Eso no lo decías el otro día.
Mi madre intentó levantarse pero yo se lo impedí.

  • ¡O me comes la polla ahora mismo o le cuento todo a papá!
Mi madre me miró entre furiosa y humillada y empezó a sollozar. Yo estaba fuera de mi y la cogí del pelo obligando a que se comiera mi polla. Al principio opuso cierta resistencia pero al final desistió. Yo empecé a follarla por la boca como un loco. No tardé en correrme llenando su boca de leche. Mi madre se atragantó y empezó a toser. Yo le saqué la polla y me subí a la cama. Me coloque entre sus rodillas y le empecé a comer el coño.

  • Para por favor *me dijo pero en su tono había algo de excitación.
  • ¡Cállate!
Continué comiéndole el coño sin atender a sus protestas hasta que estas desaparecieron y fueron sustituidas por gemidos de placer. Mi madre se corrió entre gritos. Ya estaba totalmente desinhibida. Yo me incorpore y apunté mi verga hacia su coño. Mi madre me miró ansiosa a que la penetrara. Se la metí de golpe provocando un gritito de placer. Empecé a bombearla como un loco.

  • ¡Dios sigue hijo, sigue no pares por nada, sigue más rápido!
Se la saqué y la obligue a ponerse de cuatro patas. Desde esa postura volví a penetrarla por la vagina mientras introducía un dedo por su culito. Me corrí llenando de leche su coño.

  • Siii..!!! correte… lléname con tu lechita a mami. *exclamó mi madre mientras se corría.
Se la saqué y de tan exhausto que estaba me quede dormido en la cama junto a mi madre. Me desperté casi al mediodía y mi madre no estaba. Me levanté y mientras me ponía el pantalón oí que estaba en la cocina. Sin saber muy bien qué decirle ni que hacer, pues estaba muy avergonzado por lo ocurrido, me dirigí a su encuentro.

Estaba cocinando algo en una sartén. Se veía preciosa con su vestido corto y escotado. Solo al verla y recordar lo que había hecho la noche anterior mi polla empezó a crecer. Mi madre se giró y me saludó con una sonrisa. No parecía enfadada.

  • Mamá....
  • ¿Si? *dijo y se acercó.
Yo me percaté que no llevaba sujetador y sus pezones se marcaban en el vestido, lo que hizo que mi verga se pusiera dura como una piedra.

  • Yo quería decirte que siento mucho lo de ayer.
Le dije de repente intentando encontrar las palabras mientras hablaba a toda prisa para no perder el poco valor que me quedaba.

  • Y que sepas que yo nunca podría decirle nada a papá.
Mi madre se acercó y me plantó un ardiente beso en los labios. Su lengua penetró en mi boca y tras mi sorpresa yo le respondí.

  • No te preocupes cariño. Gracias a ti he descubierto el verdadero significado de la palabra placer.
Yo sonreí. Y me fijé en su rostro, no era el de una madre sino el de una mujer ardiente.

  • Vaya, mi niño es insaciable. *dijo poniéndose de rodillas y bajándome los pantalones.
Con lentitud se introdujo mi polla en su boca y empezó a lamerla lentamente. Todo esto lo hacía mirándome directamente a los ojos con cara de lujuria y mientras acariciaba su coñito por encima de las bragas. No tardé en correrme, pero mi polla sin duda por el morbo, no bajó. Mi madre sonrió y me dijo:

  • Que maravillosos sois los jóvenes. Siempre están llenos de energía.
Yo le quité las bragas y empecé a comer su coño provocando sus gemidos.

  • Siiii… no pares… comete este coñito hijo.
  • Que ricos estan tus jugos mami… pero quiero metértelo de una vez.
De un movimiento me puse de pie y se la metí de golpe hasta los huevos provocando un grito de mi madre. Yo la cogí del culo elevándose y ella me rodeó la espalda con sus piernas. Yo seguí dándole hasta que apoyé su culo sobre la mesa de la cocina. Entonces con mis manos que habían quedado libres, empecé a sobarle los pechos sin dejar de metérsela. Mi madre se corrió pero yo seguí dándole sin compasión.

  • Para hijo para que me vas a matar de gusto…
  • Pues hartate de la verga de tu hijo… tomala toda para ti.
  • No puedo más… me haces daño con cada metida.
Yo accedí y ella se puso de cuatro patas dispuesta a chuparmela, pero yo tuve una idea mejor. Me coloqué detrás empecé a penetrar con mis dedos su coño. Mi madre no paraba de gemir y al ver su ano no dude en introducir un dedito. A mi madre pareció gustarle porque gimió más fuerte. Me agaché y empecé a lamerle el ano sin parar de penetrarla con mis dedos. Después de introducir dos dedos a la vez saque mis deditos y me decidí a meter mi verga. Al notar la punta entrando mi madre erizó la espalda y se quedó inmóvil. Yo continué introduciéndoselo poco a poco hasta que finalmente mis huevos chocaron contra sus nalgas.

  • Dame… sigue rompeme… rompeme toda!!! *gritaba fuera de si, mientras se masturbaba.
Yo al oír esas palabras empecé a bombear como un loco su culito.

  • Ahhhh… mmmm… siiii… eso llename la colita…
Yo empecé a acariciar su clítoris con mi mano provocando que se corriera otra vez. Continué un buen rato dando por culo a mi madre hasta que me corrí.

  • Mmmmm… si quiero toda tu lechita para mí!!!
Yo saqué la polla del culo de mi madre. Estaba manchada de fluidos, mierda y algo de sangre. Me alarmé pero observé el trasero de mi madre y sólo percibí un hilillo de sangre y semen. Mi madre se levantó y me besó en los labios.

  • La comida estará en menos de una hora, lávate primero hijo.
Solo llegue a asentir, y miraba como se colocaba sus bragas con todos mis fluidos aun dentro de ella. Enseguida me dirigí a mi habitación para luego ducharme. A partir de ahora mi relación con mi madre será muy divertida.
 
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