Me llamo Renzo y les contare la historia de cómo comencé a tener relaciones con mi madre. Antes que nada voy a describirles a mi familia, que está compuesta por mi padre, Victor de 49 años, mi madre Sofía de 44 y yo que tengo 20 años. Mi padre trabaja en una empresa de electrónicos. Hace dos años fue ascendido y ahora tiene que realizar varios viajes empresariales al mes por lo que pasa poco tiempo en casa. Mi madre es la típica ama de casa, pero en los últimos tiempos le ha dado por hacer baile fitness lo que ha favorecido a su físico. Es morena, con el pelo largo, sobre 1.65 de altura, con unos pechos algo caídos pero grandes y un buen culo. La verdad es que el gimnasio le ha hecho desaparecer algunos kilos que le sobraban en su culo y en su barriga.
Yo la verdad que nunca había tenido pensamientos sexuales con mi madre pero me di cuenta que es atractiva. Pero nunca me imaginaría lo que iba a pasar. Yo volvía una tarde de jugar al fútbol con unos amigos cuando me tope con mi madre que iba a comprar, saliendo de nuestro departamento.
Mi madre volvió una hora después y se puso a hacer la cena. No me dijo nada pero noté que me observaba con una mirada extraña. Mi padre llegó poco después y cenamos normalmente. Yo me fui a mi cuarto y me conecté un rato a Internet y a eso de las doce me entró sueño y me fui a la cama. Como era aun verano, solo usaba los pantalones cortos del pijama, sin calzoncillos ni nada debajo. Eso que cuando iba a apagar la luz apareció mi madre con el camisón que solía llevar. Era azulado y se le transparentaban dejando en evidencia sus bragas blancas y se marcaban sus pezones.
Al cuarto día cuando se lo propuse a mi madre me dijo que ya estaba bien y que no haría falta continuar con los masajes. Yo le dije que no y que me dolía. Ella accedió y yo me estire en el sofá, tras quitarme los pantalones y quedarme en calzoncillos. Comenzó a aplicar la crema y vi como su mirada se fijaba en mi polla que comenzaba a crecer en mis calzoncillos. Mi madre se paró y para mi sorpresa me cogió el slip y me lo bajo haciendo que mi polla saliera como un resorte.
Ella continuó pajeandome la verga durante casi un minuto. Entonces se miró la mano, manchada de mi leche, embelesada y de repente su rostro se contrajo en una mueca y salió de la habitación. Yo la seguí aturdido y la encontré en su cama llorando.
Llegó la semana antes del comienzo de las clases y mis amigos organizaron una fiesta para despedir el verano. La fiesta era el viernes y mi padre se marchó el miércoles a uno de sus viajes y no volvería hasta el domingo por la tarde. A diferencia de otras veces, esta ocasión demorará más tiempo. La verdad es que era una buena oportunidad para intentar otra cosa con mi madre pero aunque aun me ponía muy cachondo ya casi había agotado las expectativas de conseguir algo.
Ya era viernes por la noche. Me arreglé y me fui a casa de mi amigo Ángel, allí era la fiesta, a las siete de la tarde. Me despedí de mi madre con un beso en la mejilla y partí.
Ayudé a Ángel a acabar con los preparativos y a eso de las diez comenzaron a llegar los invitados y a correr la bebida. A las doce ya estaba bastante bebido y tras bailar con varias de mis amigas muy cachondo. Conseguí enrollarme con una, llamada Ximena, que vivía por mi barrio. Aunque yo intenté llegar a algo más, ella me dijo que no quería ir tan rápido por lo que la cosa no llegó a mayores. Aunque accedió a llevarme a mi casa en su coche. Por el camino aproveché para meterle mano pero ella sonreía y me la apartaba. Me dejó frente a mi casa y se despidió con un largo beso diciéndome que la llamara el lunes. Yo me despedí de ella.
Entre el alcohol y Ximena me habían puesto como una moto por lo que subí a mi casa preso de una gran excitación. Me dirigí a mi habitación y me quedé como pasmado al pasar por delante de la de mi madre. Estaba durmiendo en su cama destapada. Su camisón azulado se había levantado y mostraba sus bragas blancas. Mi verga comenzó a dolerme dentro del pantalón y atontado por la bebida me desvestí rápidamente.
Me acerqué a mi madre y comencé a acariciarla por todo el cuerpo. Baje mis manos hacia sus bragas y las retiré lentamente. Vi el coñito depilado por los bordes de mi madre y comencé a acariciarlo. Apunté mi polla a la boca de mi madre y la pasé por sus labios. Mi madre se despertó sobresaltada.
Estaba cocinando algo en una sartén. Se veía preciosa con su vestido corto y escotado. Solo al verla y recordar lo que había hecho la noche anterior mi polla empezó a crecer. Mi madre se giró y me saludó con una sonrisa. No parecía enfadada.
Yo la verdad que nunca había tenido pensamientos sexuales con mi madre pero me di cuenta que es atractiva. Pero nunca me imaginaría lo que iba a pasar. Yo volvía una tarde de jugar al fútbol con unos amigos cuando me tope con mi madre que iba a comprar, saliendo de nuestro departamento.
- ¿Ya te has cansado de jugar?
- Si es que me dolía la pierna.
- ¿Te pasa algo hijo?
- Nada, nada. Una lesión un poco fuerte.
- Bueno luego te echo una crema.
- Vale. *le dije mientras subía por la escalera.
- Que cabeza la mía, me había olvidado el monedero.
- A ver donde te han dado?
- No hay nada, ven aquí *dijo señalando una de las sillas del comedor.
- Hijo vaya moretón que tienes.
Mi madre volvió una hora después y se puso a hacer la cena. No me dijo nada pero noté que me observaba con una mirada extraña. Mi padre llegó poco después y cenamos normalmente. Yo me fui a mi cuarto y me conecté un rato a Internet y a eso de las doce me entró sueño y me fui a la cama. Como era aun verano, solo usaba los pantalones cortos del pijama, sin calzoncillos ni nada debajo. Eso que cuando iba a apagar la luz apareció mi madre con el camisón que solía llevar. Era azulado y se le transparentaban dejando en evidencia sus bragas blancas y se marcaban sus pezones.
- Hay que echarte más crema. Si en un par de días no mejora iremos al médico.
- ¿Te pasa algo?
- No te preocupes cariño. A los hombres les suelen pasar estas cosas.
- Lo… lo siento mamá.
- No pasa nada. Me halaga que un jovencito como tu se… bueno se motive conmigo jeje.
- Es que tu eres muy guapa mamá.
- Mi madre me miró fijamente y me dio un gran abrazo, tras lo cual me besó en la mejilla.
- Que encantador que eres hijito. Duerme bien.
Al cuarto día cuando se lo propuse a mi madre me dijo que ya estaba bien y que no haría falta continuar con los masajes. Yo le dije que no y que me dolía. Ella accedió y yo me estire en el sofá, tras quitarme los pantalones y quedarme en calzoncillos. Comenzó a aplicar la crema y vi como su mirada se fijaba en mi polla que comenzaba a crecer en mis calzoncillos. Mi madre se paró y para mi sorpresa me cogió el slip y me lo bajo haciendo que mi polla saliera como un resorte.
- Creo que es esto lo que te duele.
Ella continuó pajeandome la verga durante casi un minuto. Entonces se miró la mano, manchada de mi leche, embelesada y de repente su rostro se contrajo en una mueca y salió de la habitación. Yo la seguí aturdido y la encontré en su cama llorando.
- Esto no tenía que haber pasado… pero no pude resistir el impulso.
- Mama yo... no has hecho nada malo. No ha sido más que una forma de expresar tu amor por mí. Y es una forma muy placentera. *sonreí con la broma
- Mi madre me miró y las lágrimas le caían aún por sus mejillas pero asomo una sonrisa y me abrazó.
- Gracias cariño.
Llegó la semana antes del comienzo de las clases y mis amigos organizaron una fiesta para despedir el verano. La fiesta era el viernes y mi padre se marchó el miércoles a uno de sus viajes y no volvería hasta el domingo por la tarde. A diferencia de otras veces, esta ocasión demorará más tiempo. La verdad es que era una buena oportunidad para intentar otra cosa con mi madre pero aunque aun me ponía muy cachondo ya casi había agotado las expectativas de conseguir algo.
Ya era viernes por la noche. Me arreglé y me fui a casa de mi amigo Ángel, allí era la fiesta, a las siete de la tarde. Me despedí de mi madre con un beso en la mejilla y partí.
Ayudé a Ángel a acabar con los preparativos y a eso de las diez comenzaron a llegar los invitados y a correr la bebida. A las doce ya estaba bastante bebido y tras bailar con varias de mis amigas muy cachondo. Conseguí enrollarme con una, llamada Ximena, que vivía por mi barrio. Aunque yo intenté llegar a algo más, ella me dijo que no quería ir tan rápido por lo que la cosa no llegó a mayores. Aunque accedió a llevarme a mi casa en su coche. Por el camino aproveché para meterle mano pero ella sonreía y me la apartaba. Me dejó frente a mi casa y se despidió con un largo beso diciéndome que la llamara el lunes. Yo me despedí de ella.
Entre el alcohol y Ximena me habían puesto como una moto por lo que subí a mi casa preso de una gran excitación. Me dirigí a mi habitación y me quedé como pasmado al pasar por delante de la de mi madre. Estaba durmiendo en su cama destapada. Su camisón azulado se había levantado y mostraba sus bragas blancas. Mi verga comenzó a dolerme dentro del pantalón y atontado por la bebida me desvestí rápidamente.
Me acerqué a mi madre y comencé a acariciarla por todo el cuerpo. Baje mis manos hacia sus bragas y las retiré lentamente. Vi el coñito depilado por los bordes de mi madre y comencé a acariciarlo. Apunté mi polla a la boca de mi madre y la pasé por sus labios. Mi madre se despertó sobresaltada.
- ¡Pero qué haces Renzo! ¡ Que soy tu madre!
- ¡Eso no lo decías el otro día.
- ¡O me comes la polla ahora mismo o le cuento todo a papá!
- Para por favor *me dijo pero en su tono había algo de excitación.
- ¡Cállate!
- ¡Dios sigue hijo, sigue no pares por nada, sigue más rápido!
- Siii..!!! correte… lléname con tu lechita a mami. *exclamó mi madre mientras se corría.
Estaba cocinando algo en una sartén. Se veía preciosa con su vestido corto y escotado. Solo al verla y recordar lo que había hecho la noche anterior mi polla empezó a crecer. Mi madre se giró y me saludó con una sonrisa. No parecía enfadada.
- Mamá....
- ¿Si? *dijo y se acercó.
- Yo quería decirte que siento mucho lo de ayer.
- Y que sepas que yo nunca podría decirle nada a papá.
- No te preocupes cariño. Gracias a ti he descubierto el verdadero significado de la palabra placer.
- Vaya, mi niño es insaciable. *dijo poniéndose de rodillas y bajándome los pantalones.
- Que maravillosos sois los jóvenes. Siempre están llenos de energía.
- Siiii… no pares… comete este coñito hijo.
- Que ricos estan tus jugos mami… pero quiero metértelo de una vez.
- Para hijo para que me vas a matar de gusto…
- Pues hartate de la verga de tu hijo… tomala toda para ti.
- No puedo más… me haces daño con cada metida.
- Dame… sigue rompeme… rompeme toda!!! *gritaba fuera de si, mientras se masturbaba.
- Ahhhh… mmmm… siiii… eso llename la colita…
- Mmmmm… si quiero toda tu lechita para mí!!!
- La comida estará en menos de una hora, lávate primero hijo.