Jugodevida
Colaborador del foro
LAS LINDEZAS DE PAULA
De niña a mujer.
Este relato es un fiel testimonio de la debilidad que muestra un hombre maduro ante las maravillosas tentaciones que adorna a la juventud. Esta historia me pasó a mí, pero igual te podía haber pasado a ti, ningún hombre al que guste la belleza femenina en su mayor momento de esplendor está libre de soñar con poseer el lindo cuerpo de una hermosa chica de 22 años, que parecia estar esculpido por tallistas de la época de Miguel Angel, un monumento lleno de curvas, resaltos y sensualidad, fuera de lo normal.
Me situó, soy un hombre divorciado, de 45 años, que tras 18 años de matrimonio llego a la conclusión de que no vivía la vida que deseaba, por lo que llegué a un acuerdo con mi mujer para separarnos y romper ese matrimonio que a ninguno de los dos nos llenaba.
Mi nombre es Mateo, soy ingeniero de energías renovables, por lo que viajo mucho, dependiendo del lugar en donde se va a realizar un proyecto, este fue uno de los factores por los que no funcionó mi matrimonio, demasiado tiempo solo, a veces a cientos de kilómetros de mi sitio de residencia.
En mayo del 2.025 me entra un proyecto importante, el montaje de un parque solar inmenso en el sur de España, tuve que desplazarme hasta Cadiz, esa bonita ciudad costera y alquilar un departamento en la zona, ya que era un trabajo de larga estancia, en el cual además de hacer el proyecto fui el director de obra.
En esta ciudad tenía unos viejos conocidos de mis tiempos de universitario, busqué en mi agenda sus números de teléfono, siguiendo el orden alfabético, el primero que encontré fue el de Adrián, este chico era introvertido, vivo, muy hábil con las mujeres, con gran labia, chistoso, capaz de levantarte el ánimo por muy preocupado que estuvieras.
Le hice llamada y en el cuarto toque me descuelga.
— Vaya, pero si es Mateo, quién iba a decirme que hoy me podrías llamar, cuando ya había perdido la esperanza de volver hablar contigo.
— Hola Adrián, viejo amigo, ¿cómo estás? la verdad que tenía ganas de oír de nuevo tu voz, hace mucho tiempo que nos hemos hablado, pero no me he olvidado de ti, pese a las circunstancias, recuerdo que la última vez que nos vimos fue en la comunión de tu hija, desde entonces ha llovido mucho.
— Así es, ahora ella es toda una hermosa mujer, está cerca de cumplir los 22 añitos, por cierto, ¿a que viene tu inesperada llamada?
— Resulta que estoy aquí en tu ciudad, tengo un trabajo para largo tiempo, por lo que me voy a instalar en un apartamento y no quería dejar pasar la oportunidad de saludarte.
— No me digas que vas a vivir aquí una temporada, esto es una gran noticia, podemos quedar y hablar de nuestras cosas, necesito de vaciarme con alguien de confianza, la vida me ha tratado bien, pero tengo cosas que debo de contar a alguien para que no me corroan por dentro.
— Estupendo, yo estoy en mi departamento, llegué hace unas horas y estoy colocando mis cosas y adaptándome a mi nuevo habitad, en poco rato debo de salir a comprar víveres poco perecederos, para mi manutención más ligera y precisa.
— Bien, mándame tu ubicación y paso a por ti en una hora y te llevo a comprar lo necesario y después vamos a comer a cualquier restaurante de calidad, déjame presumir contigo de mi ciudad.
— Gracias Adrián, sabía que no me desfraudarias, siempre fuiste generoso y buen amigo, voy a ducharme y espero a que vengas.
Mientras me duchaba vino a mi cabeza Paula, la hija de Adrián, apenas la recordaba, solo se quedó grabado en mi mente que esa corta edad en que se toma la comunión, unos 9 años, la chica iba muy desarrollada en sus facciones de mujer, recordaba que estuvimos tiempo en su casa antes de terminar de vestirla con el bonito traje de comunión que andaba con un transparente viso, que dejaba ver sus puntiagudas tetas, que comenzaban a crecer levantando la piel, se les notaba sus pezones como dos medios limones que engordaban con el roce del raso de la tela del viso, uno no quería mirar, porque se trataba de una niña, pero la verdad que la imaginación te lleva a pecar, sin que esto fuese nada que estuviera dentro de mi pretensión de adulto maduro y equilibrado.
Recibo una llamada de Adrián, me dice que está en la puerta de la comunidad, que si subía o bajaba yo, le dije que bajaba, que ahora mismo estaba con el. Al llegar a la calle me saluda con el brazo,
— Mateo, aquí. Me dirijo hasta su coche, me dice que pase al asiento de delante, por lo que me extraño, pensaba que iba solo, cosa que pude comprobar al entrar al coche, en el asiento de atrás viajaba una joven mujer, yo me quedé extrañado al verla, el ante mi cara de sorpresa me dice riendo.
— Ya conoces a Paula, al menos desde que tomó su primera comunión. Jajaja. Me quedé a cuadros, esa mujer tenía cara de virgen, era lo más bonito que había visto en persona, llevaba un peinado recién salida de peluquería, sin maquillaje apenas, sus ojos claros, junto a su bien marcada sonrisa me hizo tartamudear momentáneamente, por lo que los dos rompieron en risas, padre e hija.
— Tu, tu, eres, esa niña que conocí el día de tu comunión, no es posible, “bueno” eras una niña muy guapa, pero de aquello ahora, hay un cambio extraordinario, eres una bellísima mujer.
— Así es. dice Adrian.
— Esa niña de entonces es esta mujer de ahora, es la mujer más bella de la comunidad andaluza, ha ganado todos los concursos de belleza en los que se ha presentado, ella es mi alegría, mis ganas de vivir, es el motor de mi vida, me muevo al compás de su energía, soy todo lo que ella necesita, mi misión en esta vida es que ella sea feliz.
— Oye Adrian, ¿que pasó con tu mujer?
— Ella murió cuando Paula tenía 15 años, un cáncer la invadió, fue muy duro su pérdida para los dos, para Paula y para mí, desde su pérdida nos prometimos estar siempre juntos y protegernos el uno al otro.
— Bueno, ya reconocidos vosotros dos, vamos hacer tu compra, después nos iremos a comer y celebrar este emotivo encuentro que viene a reforzar nuestra amistad, Mateo, por si te cabe duda, siempre te he considerado un gran amigo, estos años en los que no nos hemos rozado, han sido una prueba para nuestra amistad, para mi sigues siendo el mismo Mateo de nuestros años de estudiantes, te pido que confíes en mí, dame tu confianza también, haremos que esto sea algo más que un encuentro de viejos conocidos.
Nos dimos un abrazo sentados en nuestros asientos del coche, le dije que yo también tenía necesidad de tener un amigo de confianza plena, que nuestra amistad seria duradera e inquebrantable, que los dos nos encontrábamos solos sin pareja y podía contar conmigo para lo que necesitara, no le desfraudaria.
Paula me cogió de mis hombros, acercó su boca a mi cara y me besó la mejilla, yo le respondí besando la suya, nos miramos y tenía los ojos llorosos, estaba emocionada por todo lo presenciado, sabía que nos haría bien esta retomada vieja y buena amistad.
En breves minutos llegamos a un supermercado, mi intención era comprar complementos dietéticos para el desayuno, leche, yogur, tostadas, alguna pasta o galletas, café, cerveza, alguna lata de conservas y alguna bolsa de papas, una botella de whisky y otra de vodka, Adrián y Paula también compraron algún género de los que andaba escaso, después subimos de nuevo al coche y nos dirigimos al sitio en donde íbamos a comer.
Este restaurante estaba cerca de la autovía, era un sitio clásico en donde paraban cientos de camioneros y gente que va de paso, siempre lo había oído, de tener que comer fuera de tus sitios de costumbre, para donde veas muchos camiones estacionados, allí se come bien y barato, Adrián me comento.
— Te he traído a este restaurante porque hacen unas comidas caseras que te chuparas los dedos, utilizan ollas de barro para hacer los guisos.
Yo dejé a su elección para pedir que comer, como buenos conocedores del sitio, pidieron una buena ensalada, tres platos de guisado de cordero, vino de la casa, Adrián me dijo que después si me quedaba con hambre pidiera un segundo plato, pero pensaba que con la ensalada y el plato del guiso iba a quedar más que satisfecho, yo le dije que esto pensaba yo, tampoco es que fuera muy comilón. Paula no hablaba mucho, pero sonreía a todo, yo trataba de hacerme el simpático, verla sonreír ya era un acontecimiento, esa boca suya tan sensual, junto con los gestos de la risa, marcada por las facciones de su hermosa cara, aún resaltaba más si cabe su belleza. Comimos muy bien, después tomamos café, un postre helado y un licor dulce, después de dos horas salimos de vuelta para casa, en el camino me dijo Adrián que primero me enseñarían donde viven ellos, para así de tener que ir yo a su casa supiera donde paraba, ya que nos venía de paso para ir a mi apartamento.
Vivían en un duplex de dos plantas, paramos en la puerta y dijeron de pasar para enseñarme la casa y de paso tomarnos un refresco, esa tarde hacía mucho calor, Paula nada más entrar nos dijo que ella iba a darse una ducha, mientras que Adrián me enseñaba la casa y nos acomodábamos en el salón, enseguida estaría con nosotros, la casa era grande, arriba tenía cuatro habitaciones y un baño, abajo un comedor de al menos treinta metros cuadrados, una sala, la cocina, otro baño, una buena despensa, el lavadero y el holl, de la entrada, después nos sentamos en la sala para tomarnos los refrescos.
En este mismo momento entra Paula con unos vasos altos y una cubitera, su padre va a la cocina a por unas latas de colas, yo me quedo mirando a la chica disimuladamente, ya que tenía puesto una ligera bata, tan sumamente fina que a través del tras luz de la ventana se clareaba parte de su fisionomía, incluidos sus pezones puntiagudos que se rozaban desnudos contra la tela de la bata, mis pulsaciones se aceleraron, ella se dio cuenta que la miraba con tremendo esfuerzo, que a pesar de querer apartar la mirada de su cuerpo había una segunda fuerza que se empeñaba en girar mi cabeza hasta ese sensual cuerpo que tenía delante de mis ojos, mi sorpresa fue cuando me habla con una cálida voz, coqueta y juguetona.
— Jajaja, que te pasa Mateo, parece que llevarás tiempo sin tener tan cerca tuyo la presencia de una chica, encuentro por tus gestos como si quisieras evitar de mirarme en primer plano, ¿porque huyen tus ojos de mi figura, acaso no te gusta lo que ven?.
Yo no soy tímido, tan solo trataba de no ser grotesco mirando a la chica como si pensara en comérmela, pero al decirme esto me dio la tranquilidad para volverme sereno, ahora ya sin una tensión por mi parte por tratar de no perder el respeto hacia ella, porque sabía que era consentida en que la mirara fijamente, le hablé con calma.
— Lo siento Paula, trataba de ser educado, no está bien que estando en tu casa, te mire con cara de asalto, pensarías que soy un asaltacunas, aunque ahora eres toda una mujer, yo te sigo viendo como aquella guapa niña que hace unos años la conocí vestida para tomar su primera comunión.
— De eso hace ya trece años Mateo, ahora soy una mujer, a las mujeres nos gusta que nos miren, porque en la mirada de los hombres leemos los deseos que pasan por su imaginación, fíjate si nos divierte poder leer en tu mente que te gustaría poseerme.
De nuevo me deja helado Paula, nunca había sentido un bullir tan grande corriendo por mis venas, no podía ver mi piel, llevaba una camisa de manga larga, de poder verla seguro que la tendría toda erizada, el vello de punta, así la sentía, un vibrar que subía por mis piernas, me acariciaba los huevos, invadía mi glande, haciéndome notar un cosquilleo tan grato que pensaba llevar mis manos y tocar mi pene para comenzar a pajearme, esta chica ha sacado de mi interior en unos minutos, lo que ninguna otra mujer me hizo sentir en días, meses o años de relación.
Jugodevida
Primera entrega.
De niña a mujer.
Este relato es un fiel testimonio de la debilidad que muestra un hombre maduro ante las maravillosas tentaciones que adorna a la juventud. Esta historia me pasó a mí, pero igual te podía haber pasado a ti, ningún hombre al que guste la belleza femenina en su mayor momento de esplendor está libre de soñar con poseer el lindo cuerpo de una hermosa chica de 22 años, que parecia estar esculpido por tallistas de la época de Miguel Angel, un monumento lleno de curvas, resaltos y sensualidad, fuera de lo normal.
Me situó, soy un hombre divorciado, de 45 años, que tras 18 años de matrimonio llego a la conclusión de que no vivía la vida que deseaba, por lo que llegué a un acuerdo con mi mujer para separarnos y romper ese matrimonio que a ninguno de los dos nos llenaba.
Mi nombre es Mateo, soy ingeniero de energías renovables, por lo que viajo mucho, dependiendo del lugar en donde se va a realizar un proyecto, este fue uno de los factores por los que no funcionó mi matrimonio, demasiado tiempo solo, a veces a cientos de kilómetros de mi sitio de residencia.
En mayo del 2.025 me entra un proyecto importante, el montaje de un parque solar inmenso en el sur de España, tuve que desplazarme hasta Cadiz, esa bonita ciudad costera y alquilar un departamento en la zona, ya que era un trabajo de larga estancia, en el cual además de hacer el proyecto fui el director de obra.
En esta ciudad tenía unos viejos conocidos de mis tiempos de universitario, busqué en mi agenda sus números de teléfono, siguiendo el orden alfabético, el primero que encontré fue el de Adrián, este chico era introvertido, vivo, muy hábil con las mujeres, con gran labia, chistoso, capaz de levantarte el ánimo por muy preocupado que estuvieras.
Le hice llamada y en el cuarto toque me descuelga.
— Vaya, pero si es Mateo, quién iba a decirme que hoy me podrías llamar, cuando ya había perdido la esperanza de volver hablar contigo.
— Hola Adrián, viejo amigo, ¿cómo estás? la verdad que tenía ganas de oír de nuevo tu voz, hace mucho tiempo que nos hemos hablado, pero no me he olvidado de ti, pese a las circunstancias, recuerdo que la última vez que nos vimos fue en la comunión de tu hija, desde entonces ha llovido mucho.
— Así es, ahora ella es toda una hermosa mujer, está cerca de cumplir los 22 añitos, por cierto, ¿a que viene tu inesperada llamada?
— Resulta que estoy aquí en tu ciudad, tengo un trabajo para largo tiempo, por lo que me voy a instalar en un apartamento y no quería dejar pasar la oportunidad de saludarte.
— No me digas que vas a vivir aquí una temporada, esto es una gran noticia, podemos quedar y hablar de nuestras cosas, necesito de vaciarme con alguien de confianza, la vida me ha tratado bien, pero tengo cosas que debo de contar a alguien para que no me corroan por dentro.
— Estupendo, yo estoy en mi departamento, llegué hace unas horas y estoy colocando mis cosas y adaptándome a mi nuevo habitad, en poco rato debo de salir a comprar víveres poco perecederos, para mi manutención más ligera y precisa.
— Bien, mándame tu ubicación y paso a por ti en una hora y te llevo a comprar lo necesario y después vamos a comer a cualquier restaurante de calidad, déjame presumir contigo de mi ciudad.
— Gracias Adrián, sabía que no me desfraudarias, siempre fuiste generoso y buen amigo, voy a ducharme y espero a que vengas.
Mientras me duchaba vino a mi cabeza Paula, la hija de Adrián, apenas la recordaba, solo se quedó grabado en mi mente que esa corta edad en que se toma la comunión, unos 9 años, la chica iba muy desarrollada en sus facciones de mujer, recordaba que estuvimos tiempo en su casa antes de terminar de vestirla con el bonito traje de comunión que andaba con un transparente viso, que dejaba ver sus puntiagudas tetas, que comenzaban a crecer levantando la piel, se les notaba sus pezones como dos medios limones que engordaban con el roce del raso de la tela del viso, uno no quería mirar, porque se trataba de una niña, pero la verdad que la imaginación te lleva a pecar, sin que esto fuese nada que estuviera dentro de mi pretensión de adulto maduro y equilibrado.
Recibo una llamada de Adrián, me dice que está en la puerta de la comunidad, que si subía o bajaba yo, le dije que bajaba, que ahora mismo estaba con el. Al llegar a la calle me saluda con el brazo,
— Mateo, aquí. Me dirijo hasta su coche, me dice que pase al asiento de delante, por lo que me extraño, pensaba que iba solo, cosa que pude comprobar al entrar al coche, en el asiento de atrás viajaba una joven mujer, yo me quedé extrañado al verla, el ante mi cara de sorpresa me dice riendo.
— Ya conoces a Paula, al menos desde que tomó su primera comunión. Jajaja. Me quedé a cuadros, esa mujer tenía cara de virgen, era lo más bonito que había visto en persona, llevaba un peinado recién salida de peluquería, sin maquillaje apenas, sus ojos claros, junto a su bien marcada sonrisa me hizo tartamudear momentáneamente, por lo que los dos rompieron en risas, padre e hija.
— Tu, tu, eres, esa niña que conocí el día de tu comunión, no es posible, “bueno” eras una niña muy guapa, pero de aquello ahora, hay un cambio extraordinario, eres una bellísima mujer.
— Así es. dice Adrian.
— Esa niña de entonces es esta mujer de ahora, es la mujer más bella de la comunidad andaluza, ha ganado todos los concursos de belleza en los que se ha presentado, ella es mi alegría, mis ganas de vivir, es el motor de mi vida, me muevo al compás de su energía, soy todo lo que ella necesita, mi misión en esta vida es que ella sea feliz.
— Oye Adrian, ¿que pasó con tu mujer?
— Ella murió cuando Paula tenía 15 años, un cáncer la invadió, fue muy duro su pérdida para los dos, para Paula y para mí, desde su pérdida nos prometimos estar siempre juntos y protegernos el uno al otro.
— Bueno, ya reconocidos vosotros dos, vamos hacer tu compra, después nos iremos a comer y celebrar este emotivo encuentro que viene a reforzar nuestra amistad, Mateo, por si te cabe duda, siempre te he considerado un gran amigo, estos años en los que no nos hemos rozado, han sido una prueba para nuestra amistad, para mi sigues siendo el mismo Mateo de nuestros años de estudiantes, te pido que confíes en mí, dame tu confianza también, haremos que esto sea algo más que un encuentro de viejos conocidos.
Nos dimos un abrazo sentados en nuestros asientos del coche, le dije que yo también tenía necesidad de tener un amigo de confianza plena, que nuestra amistad seria duradera e inquebrantable, que los dos nos encontrábamos solos sin pareja y podía contar conmigo para lo que necesitara, no le desfraudaria.
Paula me cogió de mis hombros, acercó su boca a mi cara y me besó la mejilla, yo le respondí besando la suya, nos miramos y tenía los ojos llorosos, estaba emocionada por todo lo presenciado, sabía que nos haría bien esta retomada vieja y buena amistad.
En breves minutos llegamos a un supermercado, mi intención era comprar complementos dietéticos para el desayuno, leche, yogur, tostadas, alguna pasta o galletas, café, cerveza, alguna lata de conservas y alguna bolsa de papas, una botella de whisky y otra de vodka, Adrián y Paula también compraron algún género de los que andaba escaso, después subimos de nuevo al coche y nos dirigimos al sitio en donde íbamos a comer.
Este restaurante estaba cerca de la autovía, era un sitio clásico en donde paraban cientos de camioneros y gente que va de paso, siempre lo había oído, de tener que comer fuera de tus sitios de costumbre, para donde veas muchos camiones estacionados, allí se come bien y barato, Adrián me comento.
— Te he traído a este restaurante porque hacen unas comidas caseras que te chuparas los dedos, utilizan ollas de barro para hacer los guisos.
Yo dejé a su elección para pedir que comer, como buenos conocedores del sitio, pidieron una buena ensalada, tres platos de guisado de cordero, vino de la casa, Adrián me dijo que después si me quedaba con hambre pidiera un segundo plato, pero pensaba que con la ensalada y el plato del guiso iba a quedar más que satisfecho, yo le dije que esto pensaba yo, tampoco es que fuera muy comilón. Paula no hablaba mucho, pero sonreía a todo, yo trataba de hacerme el simpático, verla sonreír ya era un acontecimiento, esa boca suya tan sensual, junto con los gestos de la risa, marcada por las facciones de su hermosa cara, aún resaltaba más si cabe su belleza. Comimos muy bien, después tomamos café, un postre helado y un licor dulce, después de dos horas salimos de vuelta para casa, en el camino me dijo Adrián que primero me enseñarían donde viven ellos, para así de tener que ir yo a su casa supiera donde paraba, ya que nos venía de paso para ir a mi apartamento.
Vivían en un duplex de dos plantas, paramos en la puerta y dijeron de pasar para enseñarme la casa y de paso tomarnos un refresco, esa tarde hacía mucho calor, Paula nada más entrar nos dijo que ella iba a darse una ducha, mientras que Adrián me enseñaba la casa y nos acomodábamos en el salón, enseguida estaría con nosotros, la casa era grande, arriba tenía cuatro habitaciones y un baño, abajo un comedor de al menos treinta metros cuadrados, una sala, la cocina, otro baño, una buena despensa, el lavadero y el holl, de la entrada, después nos sentamos en la sala para tomarnos los refrescos.
En este mismo momento entra Paula con unos vasos altos y una cubitera, su padre va a la cocina a por unas latas de colas, yo me quedo mirando a la chica disimuladamente, ya que tenía puesto una ligera bata, tan sumamente fina que a través del tras luz de la ventana se clareaba parte de su fisionomía, incluidos sus pezones puntiagudos que se rozaban desnudos contra la tela de la bata, mis pulsaciones se aceleraron, ella se dio cuenta que la miraba con tremendo esfuerzo, que a pesar de querer apartar la mirada de su cuerpo había una segunda fuerza que se empeñaba en girar mi cabeza hasta ese sensual cuerpo que tenía delante de mis ojos, mi sorpresa fue cuando me habla con una cálida voz, coqueta y juguetona.
— Jajaja, que te pasa Mateo, parece que llevarás tiempo sin tener tan cerca tuyo la presencia de una chica, encuentro por tus gestos como si quisieras evitar de mirarme en primer plano, ¿porque huyen tus ojos de mi figura, acaso no te gusta lo que ven?.
Yo no soy tímido, tan solo trataba de no ser grotesco mirando a la chica como si pensara en comérmela, pero al decirme esto me dio la tranquilidad para volverme sereno, ahora ya sin una tensión por mi parte por tratar de no perder el respeto hacia ella, porque sabía que era consentida en que la mirara fijamente, le hablé con calma.
— Lo siento Paula, trataba de ser educado, no está bien que estando en tu casa, te mire con cara de asalto, pensarías que soy un asaltacunas, aunque ahora eres toda una mujer, yo te sigo viendo como aquella guapa niña que hace unos años la conocí vestida para tomar su primera comunión.
— De eso hace ya trece años Mateo, ahora soy una mujer, a las mujeres nos gusta que nos miren, porque en la mirada de los hombres leemos los deseos que pasan por su imaginación, fíjate si nos divierte poder leer en tu mente que te gustaría poseerme.
De nuevo me deja helado Paula, nunca había sentido un bullir tan grande corriendo por mis venas, no podía ver mi piel, llevaba una camisa de manga larga, de poder verla seguro que la tendría toda erizada, el vello de punta, así la sentía, un vibrar que subía por mis piernas, me acariciaba los huevos, invadía mi glande, haciéndome notar un cosquilleo tan grato que pensaba llevar mis manos y tocar mi pene para comenzar a pajearme, esta chica ha sacado de mi interior en unos minutos, lo que ninguna otra mujer me hizo sentir en días, meses o años de relación.
Jugodevida
Primera entrega.