Las calientes aventuras de los faraones... and friends

faraon7

Virgen
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Mar 4, 2026
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CAPÍTULO I, LA NOCHE DE LOS MUERTOS

Llevábamos tiempo hablando sobre ello, pero, siempre teníamos el miedo a ser reconocidos por alguien de nuestro entorno. Miramos en distintas ciudades, lejos de casa, buscando esa intimidad y discreción que tanto poníamos encima de la mesa.

Fue poco antes de la noche de los muertos (Halloween), cuando tuvimos la idea de aprovechar ese día para, poder taparnos la cara con alguna máscara e intentar así poder camuflar nuestra verdadera identidad.

Nos pusimos de acuerdo y seguido a ello fue un poco dicho y hecho; buscamos un hotel cerca, un restaurante cerca y por fin pudimos cuadrar todo. Las niñas estaban con el “truco o trato” en una fiesta con las amigas y pasarían la noche en grupo, teniendo entonces toda la noche para nuestra nueva experiencia.

Llegó el día, 31 de octubre de 2025, la noche de los muertos. Tras nuestra jornada laboral, comimos, preparamos nuestro macuto y empezamos a disfrutar de ese día para nosotros dos. Era lo que más deseábamos, poder pasar una tarde y una noche tranquilos, sin menores dando el follón, ni solicitando la atención que tanto merecen. Primero fuimos a un centro comercial a hacer algunas compras, tomamos un café en una conocida cadena de cafeterías y entre risas y nervios, comentábamos entre nosotros cómo podría ser ese lugar que tanto interés nos había despertado y, haciendo algo que consideramos totalmente imprescindible, pactar unas normas para que ambos estuviésemos cómodos y conectados en todo momento.

Iban pasando las horas y los nervios iban en aumento, en algunos momentos notaba como mi corazón se aceleraba considerablemente, era una sensación impresionante, ver a esa persona a mi lado, queriendo descubrir algo que nos resultaba curioso a la vez que respetuoso, era algo que me ha unido mucho más a ella, más que nada por el hecho de saber que yendo con ella de la mano, sé que puedo llegar muy lejos. Ella es impresionante y sorprendente.

Salimos del centro comercial y nos pusimos camino a la zona donde íbamos a cenar, dormir y experimentar. Los nervios iban y venían, ella me calmaba a mi en algunos momentos y yo a ella en otros, sensación muy gratificante tanto cuando me calmaba ella a mí, como cuando yo veía que podía calmarla y, llevarla de nuevo a una zona de confort. Entramos a un bazar chino a ver qué disfraz podíamos usar para ocultar un poquito nuestra identidad y no ser reconocidos. Eran todo risas en ese momento, ella se puso a probarse diversos antifaces y cada cual que se ponía, le quedaba mejor que el anterior. Se me ha olvidado comentar que ella tiene unos ojazos inmensos, de un color pardo muy clarito, casi verdes, con una mirada profunda y muy embaucadora. Al ponerse el antifaz y ocultar parte de su rostro, aun se pronunciaba mucho más esa mirada tan especial que, me vuelve tan loco con tan solo clavarla en mis ojos. También se probó alguna peluca, totalmente distinta a lo que su pelo natural es, saliendo una carcajada enorme de mi boca cuando la vi con ella puesta. Además de preciosa, es muy graciosa.

Ya con nuestros disfraces comprados, decidimos ir al hotel a hacer el check-in y descansar un poquito. Nos tumbamos en la cama y mientras ella descansaba un poco, yo iba buscando algún sitio bonito para picar algo, aunque, he de reconocer que, cualquier lugar es bonito siempre que vaya con ella de la mano, sabe hacer de cualquier lugar, un sitio especial.

Con todo ya más o menos controlado, normas pactadas y demás, nos pusimos a darnos una duchita y arreglarnos un poquito para salir a cenar. Ella tenía dudas sobe su outfit y me pidió que le diera mi opinión sobre los modelitos que trajo para la ocasión. Uno me gustaba y otro me encantaba, cada prenda que se ponía, le quedaba genial. Trajo dos vestidos oscuros, uno negro de piel y otro en un color gris antracita, en tejido de paño. Ambos le quedaban espectacularmente bonitos a la vez que sexis. Tiene unas piernas muy bonitas, largas, apretaditas del trabajo que hace constantemente en el gimnasio, tiene una planta atlética muy bonita a la vez que femenina. Yo en ese momento, solo sabía mirarla y babear constantemente. Como me gusta esta mujer, física y psíquicamente.

Decidimos abandonar la habitación del hotel e irnos a picar algo. Camino al restaurante, en cuanto el tráfico me dejaba poder apartar mi mirada de la carretera, la miraba a ella. Estaba deslumbrante, con poco que se ponga, me enamora. Decidió vestirse con el vestido gris oscuro de paño, con unos botines de media caña en un tono beige muy elegante, con detallitos dorados. Acompañaba con una rebeca de pelo cortito, estampada en colores beige y negro. El pelo recogido, dejando todo su rostro al descubierto, luciendo ese par de ojos que tanto desequilibran mi mente al verlos. Estaba ansioso por aparcar el coche y poder pasear con ella por la calle cogidos de la mano, orgulloso de ser yo la persona con la que, por ahora, está decidiendo pasar mucha parte de su tiempo.

Tras cruzar cuatro calles caminando, llegamos a un pequeño gastro bar situado en una pequeña pedanía junto a una famosa iglesia de la zona, donde cada año se celebra una romería muy famosa a nivel nacional. Situado en una zona peatonal del casco antiguo, con la entrada por un pequeño callejoncito adornado con plantas y con alguna bicicleta vieja apoyada en la fachada de una de las casitas. Ese fresquito de la noche, la luz tenue del callejón y… ella a mi lado. Era un momento perfecto, de esos de película romántica en la que dos personas tienen su primera cita y todo son sonrisas y brillo en la mirada. Tomamos un par de copas de vino, cada uno a su gusto, ella un monastrel, afrutado, fresquito y ligero. Yo en cambio, opté por un tinto, variedad tempranillo, de una de las denominaciones de origen favoritas de mi bodega particular.

La noche fluía perfecta, por momentos se nos olvidaba el plan que teníamos para después y solo sabíamos disfrutar de cada minuto que compartíamos. Tras acabar nuestro picoteo, compartimos una torrija caramelizada, maridada con una copita de un vino de Oporto, un rubí dulce y suave que acompañaba perfectamente al caramelo que formaba parte de ese postre tan conocido. Añadimos un par de cafés a nuestra velada y empezamos a pensar que era el momento de seguir con nuestra noche especial.

En menos de cinco minutos estábamos plantados en la puerta de aquel lugar. Veíamos entrar a numerosas parejas sin pudor, con decisión, parecían saber a donde iban y no se les veía nada alarmados. Los nervios afloraban por segundos, el corazón latía cada vez más fuerte, parecía que iba a salir del pecho en cualquier momento y salir corriendo. Andando cogidos de la mano, de repente noto un tirón hacia atrás, parece que ella necesitaba pararse a pensar si todo esto sería una buena idea o no. Me detuve junto a ella, no quería que se sintiera presionada a nada que no quisiera hacer y quería que tuviera claro que mi prioridad era ella y solamente ella. Yo quería una experiencia nueva con ella, no un mal trago o algo de lo que arrepentirse.

No pasaron ni tres minutos hablando para que se decidiese, se puso su antifaz, cogió aire con fuerzas y valentía, me agarró de la mano y en una mezcla rara entre risas, nervios y confianza, nos pusimos a caminar directos a la puerta de entrada.

Allí estábamos los dos bien agarrados de la mano, con miedo, nervios y un pedazo de cartel en la frente que ponía “NOVATOS”. Nos atendió una chica muy amable, la cual nos dijo con total naturalidad si era nuestra primera vez, aunque evidentemente ya sabía que sí, se nos notaba a leguas. Nos acompañó al guardarropa de la entrada, donde nos atendió otra chica con una sonrisa amable y mostrando confianza. Todo parecía muy limpio y respetuoso. Nos explicaron algunas normas básicas y nos invitaron a solicitar en la barra, una visita guiada con explicación de todas las zonas del local.

De primeras no queríamos que nos explicasen ni enseñasen nada, los nervios y la vergüenza que aun nos quedaba, nos paralizaba en ese aspecto. Tras pedir un par de gintonics, decidimos entonces decirle a la camarera que, era nuestra primera vez y nos echase una mano. Muy amablemente salió de la barra y nos acompañó a hacer un tour por todo el establecimiento. Al principio, al pensar que una de las empleadas nos iba enseñando todo el local, nos sentíamos como observados, pero muy lejos de la realidad, nadie nos estaba mirando, allí cada uno iba a lo suyo y poco a poco íbamos relajándonos. Pasamos a una sala en cual entrada había un cartel muy claro en el que indicaba “solo parejas”, otro motivo por el cual debíamos ir relajándonos. Así fue en todo el local, la chica nos explicaba bien las zonas en común y las zonas solo para parejas, hasta por fin, terminar de hacer todo el tour y dejarnos solos a nuestra aventura.

Vista la inexperiencia de ambos, comentamos de pasar a una de esas salas solo para parejas. Era una habitación de unos 18/20 m2 aproximadamente. Tras pasar la entrada, a mano izquierda había una cama en un rincón, un sofá rinconero de frente, en el cual pudimos ver a una pareja con sus cositas, él sentado en el sofá y ella, sentada al lado, chupándosela, como si estuviesen solos, a su aire, allí nadie molestaba a nadie. También había una pantalla de unas 50” en la que tenían proyectadas películas porno. Nos sentamos a escasos metros de ellos, a tomar nuestra copa y charlar sobre lo que estábamos experimentando. En todo momento pude sentir como ambos estábamos muy pendientes del otro, intentando hacer de esto, un lazo de unión e interés por el bienestar ajeno.

Junto al lugar donde tomamos asiento, estaba la entrada a un pequeño pasillo que daba a un par de habitaciones, comunicadas entre ellas por una ventana en la que se podía ver lo que hacían en cada una de ellas. Eran unas habitaciones pequeñas con una cama y una cadenita en la puerta, la cual podías poner para que nadie entrase o, dejar abierta para invitar a otras parejas a su paso. Sin a penas darnos cuenta, había una pareja frente a nosotros, en la cama que había a la entrada, ella apoyada sobre la cama y él detrás de ella, embistiéndola por detrás, dando unas palmadas de vez en cuando en su culo que, sonaban en toda la sala. Por lo menos a mí, esas primeras palmadas me llegaron a resultar algo incómodas, no por las palmadas en sí, si no porque, no había terminado de relajarme del todo y poder asimilar que es una práctica habitual en cualquier pareja. Todo nos hacía gracia, nos daba un punto de excitación, pero a la vez, al ser novatos en esto, nos intimidaba ligeramente.

Procedimos a seguir haciendo nuestro propio tour, copa en mano, intentando ir soltándonos y relajándonos. Fue entonces cuando volviendo a cruzar la sala principal, volvimos a adentrarnos a otra de las salas “solo parejas”. Era un pasillo largo en el que habían distintas habitaciones a un lado y otro, unas con las anteriormente mencionadas cadenitas y otras con una cortina, la cual, no impedía el paso de ninguna de las parejas. Asomándonos tras una de dichas cortinas, pudimos ver algo que nos impactó bastante, una gran cama en medio de la habitación con unas cuatro o cinco parejas practicando sexo y otras seis o siente parejas mirando alrededor de dicha cama. Decidimos quedarnos a observar un poquito y, no sé si fue ver a mi chica con los ojos como platos o que los gintonics empezaban a hacer su efecto, pero decidí meter mi mano por debajo de su falda mientras ella no quitaba mirada de esa lujuriosa cama. Su sexo estaba, más que húmedo, empapado. Estaba como me gusta y ella no puso objeción alguna en que explorase a mis anchas toda esa zona. Uno que no es de piedra, tenía la polla como el mástil de un velero y decidí desabrochar mi cinturón para acto seguido, desabrochar mi pantalón y aliviando toda la presión que llevaba dentro. Ella sin dudarlo, agarró con fuerza mi polla y empezó a masturbarme. La situación era de lo más excitante, era la primera vez que nos veíamos en un entorno así y, lo mejor es que, lo estaba haciendo con ella, no era simplemente sexo vacío, había una compenetración entre nosotros, un respeto y un amor, con lo que toda esa experiencia, se elevaba al máximo nivel. De golpe volvimos a la realidad y pensamos en que, era suficiente hasta donde habíamos llegado. Volví a meter mi polla entre la ropa y salimos de allí dirección a la sala principal a tomar otra copa. Allí estuvimos durante un rato, charlando sobre lo sucedido hace escasos minutos. Ella parecía empezar a estar cómoda. Yo no dejaba de mirar sus ojos a través de esa máscara de gatita que llevaba, me tenía hipnotizado, absorbido con esa mirada tan penetrante que tiene, todo era magia con ella. Pedimos otra ronda de copas a las cuales le añadimos unos chupitos de vodka de caramelo, ¡que ricos estaban!

Tras pasar por la sala de fumadores y echar un pitillo, volvimos a la primera sala, parece que le habíamos cogido confianza y es donde nos sentíamos más seguros, pero en este caso, en vez de quedarnos sentados en el sofá, nos dimos cuenta de que había una pareja en una de las habitaciones, con la cadenita abierta, invitando a entrar a otras personas. Nosotros, muertos de curiosidad y morbo, nos quedamos en la puerta mirando como disfrutaban entre ellos y cuando quise darme cuenta, había otra pareja pidiéndonos paso para dejarlos entrar a dicha habitación. Accedimos a dejarles pasar sin dudarlo un segundo, no queríamos molestar a nadie. La chica se quedó mirando como su pareja se acercaba a la chica que había tumbada en la cama y él, lanzó una caricia con su mano en la pierna de ella, como pidiendo permiso para “jugar”, cosa a la que la chica que había tumbada, accedió. Antes de que se pusieran las dos parejas a disfrutar de esa ensalada, nos percatamos de que la habitación contigua quedaba libre, por lo que decidimos ocuparla, eso sí, con su correspondiente cadena en la puerta. Ella se acercó a la ventana que comunicaba con la otra habitación, deseando no perderse un detalle de lo que hacían los vecinos. Se puso de espaldas a mí. Yo la besaba por el cuello y la acariciaba suavemente mientras ella, disfrutaba de dicho espectáculo. Yo solo hacía que alucinar en cada momento, esa chica que tenía junto a mí, la cual tenía un miedo enorme de entrar a un lugar así, estaba empezando a disfrutar como un niño en el día de Reyes. Caricia tras caricia, sin casi percatarme, me doy cuenta de que sube una rodilla a la cama, seguido la otra y, sin dejar de mirar por la ventana, sube su vestido con decisión, dejando ver ese culo que tan animal me pone, el cual, tras apartar ese tanga negro de puntilla, me pongo a comer como si no hubiese un mañana. Ella estaba disfrutando muchísimo, se notaba por la cantidad de flujo que emanaba de su sexo. Me encanta el sabor de ese flujo, es pura miel, pero, no podía contenerme un segundo más, abrí de nuevo la presa que encerraba la presión de mi polla y la dejé salir para así, poder volver a meterla, pero esta vez dentro de ella, suave pero intensamente, hasta dentro del todo. Era un momento para recordar el resto de mis días, ella disfrutando mientras miraba a otros y la follaba, era vicio, pero no un vicio sucio, era un vicio mezclado con amor, con pasión… era un momento perfecto. Tras un poquito de juego, cambiamos de postura, yo me apoyo contra una de las pareces y ella, se agacha delante de mi y se pone a darme placer con su boca. Otros novatos que pasaban con la guía, como habíamos hecho nosotros un rato antes, se asomaban y veían lo que estábamos haciendo. Que morbazo da, estar practicando esto con tu pareja y que no pase nada porque otras personas te puedan ver.

¡Relajémonos un poco, tengo sed!, le dije. Dejamos la faena a medias y nos fuimos de nuevo a la barra de la sala principal aunque primero, pasamos por el baño para aliviar un poquito nuestras vegigas y lavarnos las manos. No porque aquello estuviese sucio ni mucho menos, la verdad es que nos pareció todo bastante higiénico, pero por si acaso, habíamos tocado muchas zonas del local y preferíamos mantener las manos limpias. Al volver a la barra, pedimos otra copa, en este caso tan solo una para compartirla, no hay nada mejor que compartir una copa con tu confidente. Añadimos otros dos chupitos de ese vodka de caramelo que tan bien entra, brindamos por la aventura que estábamos teniendo y cuando hago un barrido con la mirada, me cruzo con una persona conocida del pasado, la cual, me reconoce y cuando cruzamos por su lado, extiende su mano para saludarme. Fue un momento raro, por un lado me daba vergüenza que pudieran verme allí y pensar… ¿qué podrían pensar? ¿que estaba con mi chica en un club liberal? Es que era eso, ¡estábamos en un club liberal! Pero por otro lado, no es algo de lo que me arrepienta ni crea que, aunque la sociedad nos haya creado pensar así, sea algo malo.

Salimos a echar otro pitillo a la zona de fumadores, en este caso, con algo más de ligereza, no quería perder el tiempo en esa sala, parecía que habían lugares mucho más interesantes.

Abandonamos la sala de fumadores, nos dirigimos directos a la otra zona de parejas, atravesamos las cortinas que delimitaban la entrada a la zona y nos adentramos de nuevo por aquel pasillo. La cosa ya era algo distinta a lo que vimos allí hace un rato. Todo estaba algo más desatado, parecía todo mucho más relajado y las parejas que habían allí, se les notaba disfrutar muchísimo más, del momento y del lugar. Volvimos a entrar a esa sala, con más decisión, con un “a tomar por culo todo” marcado en la cabeza. Nos pusimos bien pegados a una de las tres parejas que habían encima de la cama, fue entonces cuando la chica de los ojazos penetrantes que me acompañaba en cuerpo y alma, decidió jugar también conmigo. Nos hicimos un hueco entre dos parejas, ella se tumbó boca arriba, le levanté el vestido sin mucha delicadeza, estaba ansioso por volver a meter la lengua entre ese par de piernas esculpidas por el deporte. Cuando levanté la cabeza, pude ver como un chico que había detrás de ella, había puesto su mano en las tetas de mi chica, nos miramos y fue más que suficiente para decirle que por mi parte no tenía ningún problema, que si le gustaba lo disfrutase y si no le gustaba, que tomase las medidas que creyera oportunas. Fue una sensación muy buena el hecho de saber que con tan solo mirarnos, nos entendimos perfectamente. Solo un par de minutos estuve inmerso en ese manjar dulce y húmedo, cuando tomé la decisión de incorporarme, desabrochar de nuevo mi pantalón y jugar con ella a eso que tanto nos gusta. La pareja que había a nuestro lado, seguía a lo suyo, ella de rodillas en la cama y su pareja tras ella embistiéndole sin piedad. La situación era muy morbosa pero quería tantear un poquito más a ver hasta donde podríamos llegar y disfrutar. Cogí su mano y la invité a colocarla sobre la espalda de la chica que había a nuestro lado, acto que no rechazó en ningún momento, todo lo contrario, si había que ir, se iba, con lo que cambió de lugar la mano, acariciando entonces una de las tetas de esa chica. La respuesta por parte de ella fue positiva, no dudó de buscar ella también los pechos de mi chica, abriéndose camino entre los tirantes de su vestido.

La excitación aumentaba por momentos, me estaba poniendo enfermo, miraba a mi alrededor, ese cuarto con luz tan ténue que era imposible poder reconocer a cualquier persona de las que allí habían. Es gracioso cuando te paras a analizar la situación y recopilas datos, -“no vamos a hacer nada, tan solo a tomar un par de copas y ver lo que es”-. Repetíamos tanto esa frase los días anteriores, que casi parecía que estabamos yendo contra nuestros propios principios, pero no más lejos de la realidad, fuimos sacando de nosotros nuestro lado más lujurioso, sin obligaciones y, si eso fue así, es porque así somos.

El orgasmo fue inminente, no duré mucho más de un par de minutos en esa situación. Verla a ella tumbada en esa cama, disfrutando conmigo, con confianza, queriéndonos… era imposible poder luchar contra tanto placer y sentimientos. Nos miramos a los ojos, pude ver millones de sentimientos saliendo de su preciosa mirada y la besé con todo el amor del mundo.

En ese momento escuchamos a los empleados del local diciendo que cerraban en unos minutos. Volvimos al vestuario en el que habíamos ido una hora antes a dejar parte de nuestras pertenencias, vaciamos al taquilla y nos pusimos camino a la salida.

Que sensación y que cúmulo de sentimientos encontrados en esa noche. Cruzamos la puerta de salida y sentimos el frescor de la noche en nuestra cara. Fue bastante gratificante sentir ese cambio de temperatura en nuestra piel, dado que, dentro el ambiente estaba muy caldeado y venía bien un poco de aire fresco. Caminábamos hacia el coche, en algunos momentos cogidos de la mano, en otros abrazados, alguna palmada al culo… era todo super emocionante, ¡lo habíamos hecho! Y no me refiero tan solo a una lujuriosa noche divertida, fue todo en ese día, el café de la tarde, las risas en el bazar chino, la cena en ese lugar tan acogedor y pintoresco… pero sobre todo… ELLA.

En el momento que ella saca de nuevo su paquete de tabaco, me lanzo a fumarme yo también uno. Creo que me lo gané, sí, así lo sentí. Como ese tópico de fumarse un pitillo después de un polvo. ¡¿qué cojones?!, claro que me lo merecía, menudo polvo el de esa noche. Nos terminamos el pitillo cuando ya estábamos a un par de metros del coche. Nos fuimos directamente al hotel, comentando jugadas, riendo y flipando muchísimo por lo acontecido esa noche. Llegados al hotel, no tardamos más de minuto y medio en estar ya en la habitación, era un hotel pequeñito, familiar y muy entrañable.

Ya en nuestra habitación, ella entra delante de mi. No podía quitar mi vista de su cuerpo, recordando el escenario que hace un corto espacio de tiempo, rodeaba su silueta. Gira su cabeza, me mira, me pide ayuda para bajar la cremallera del vestido, ubicada en la parte alta de su espalda. No me quedo solo en la ayuda de bajar dicha cremallera, aparto un poco uno de los tirantes, dejando ver su piel de uno tono tostadito muy sexy y apetecible. Buscando más piel para descubrir. Ese trapo gris oscuro al que se le denomina “vestido”, acaba en el suelo dejando desnudo su cuerpo, el cual ahora sí que puedo disfrutar con claridad, ya que, la luz de la habitación para nada era tan ténue y sombría como la de aquel lugar. Que espalda, que brazos, que…. culazo! Es impresionante lo de su culo, sencillamente me vuelve jodidamente loco. Obviamente, no puedo resistir mi sentido animal y vuelvo a notar como mi polla tiene ganas de ella. Su tanga acaba en mi mano, empapado en una mezcla de sus fluidos con los míos, caliente, y con todo el aroma a vicio y perversión. No es necesario tener que explicar mucho más que, sin darnos cuenta, ya estábamos de nuevo envueltos en besos, pasión y lujuria. Cuando el alcohol consumido y el cansancio físico me dejaron llegar al orgasmo, dejé caer mi semen sobre sus pechos, nada voluptuosos pero muy bonitos y bien colocados.

Nos dimos una ducha rápida y a dormir relajados y bien satisfechos.
 

Jugodevida

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CAPÍTULO I, LA NOCHE DE LOS MUERTOS

Llevábamos tiempo hablando sobre ello, pero, siempre teníamos el miedo a ser reconocidos por alguien de nuestro entorno. Miramos en distintas ciudades, lejos de casa, buscando esa intimidad y discreción que tanto poníamos encima de la mesa.

Fue poco antes de la noche de los muertos (Halloween), cuando tuvimos la idea de aprovechar ese día para, poder taparnos la cara con alguna máscara e intentar así poder camuflar nuestra verdadera identidad.

Nos pusimos de acuerdo y seguido a ello fue un poco dicho y hecho; buscamos un hotel cerca, un restaurante cerca y por fin pudimos cuadrar todo. Las niñas estaban con el “truco o trato” en una fiesta con las amigas y pasarían la noche en grupo, teniendo entonces toda la noche para nuestra nueva experiencia.

Llegó el día, 31 de octubre de 2025, la noche de los muertos. Tras nuestra jornada laboral, comimos, preparamos nuestro macuto y empezamos a disfrutar de ese día para nosotros dos. Era lo que más deseábamos, poder pasar una tarde y una noche tranquilos, sin menores dando el follón, ni solicitando la atención que tanto merecen. Primero fuimos a un centro comercial a hacer algunas compras, tomamos un café en una conocida cadena de cafeterías y entre risas y nervios, comentábamos entre nosotros cómo podría ser ese lugar que tanto interés nos había despertado y, haciendo algo que consideramos totalmente imprescindible, pactar unas normas para que ambos estuviésemos cómodos y conectados en todo momento.

Iban pasando las horas y los nervios iban en aumento, en algunos momentos notaba como mi corazón se aceleraba considerablemente, era una sensación impresionante, ver a esa persona a mi lado, queriendo descubrir algo que nos resultaba curioso a la vez que respetuoso, era algo que me ha unido mucho más a ella, más que nada por el hecho de saber que yendo con ella de la mano, sé que puedo llegar muy lejos. Ella es impresionante y sorprendente.

Salimos del centro comercial y nos pusimos camino a la zona donde íbamos a cenar, dormir y experimentar. Los nervios iban y venían, ella me calmaba a mi en algunos momentos y yo a ella en otros, sensación muy gratificante tanto cuando me calmaba ella a mí, como cuando yo veía que podía calmarla y, llevarla de nuevo a una zona de confort. Entramos a un bazar chino a ver qué disfraz podíamos usar para ocultar un poquito nuestra identidad y no ser reconocidos. Eran todo risas en ese momento, ella se puso a probarse diversos antifaces y cada cual que se ponía, le quedaba mejor que el anterior. Se me ha olvidado comentar que ella tiene unos ojazos inmensos, de un color pardo muy clarito, casi verdes, con una mirada profunda y muy embaucadora. Al ponerse el antifaz y ocultar parte de su rostro, aun se pronunciaba mucho más esa mirada tan especial que, me vuelve tan loco con tan solo clavarla en mis ojos. También se probó alguna peluca, totalmente distinta a lo que su pelo natural es, saliendo una carcajada enorme de mi boca cuando la vi con ella puesta. Además de preciosa, es muy graciosa.

Ya con nuestros disfraces comprados, decidimos ir al hotel a hacer el check-in y descansar un poquito. Nos tumbamos en la cama y mientras ella descansaba un poco, yo iba buscando algún sitio bonito para picar algo, aunque, he de reconocer que, cualquier lugar es bonito siempre que vaya con ella de la mano, sabe hacer de cualquier lugar, un sitio especial.

Con todo ya más o menos controlado, normas pactadas y demás, nos pusimos a darnos una duchita y arreglarnos un poquito para salir a cenar. Ella tenía dudas sobe su outfit y me pidió que le diera mi opinión sobre los modelitos que trajo para la ocasión. Uno me gustaba y otro me encantaba, cada prenda que se ponía, le quedaba genial. Trajo dos vestidos oscuros, uno negro de piel y otro en un color gris antracita, en tejido de paño. Ambos le quedaban espectacularmente bonitos a la vez que sexis. Tiene unas piernas muy bonitas, largas, apretaditas del trabajo que hace constantemente en el gimnasio, tiene una planta atlética muy bonita a la vez que femenina. Yo en ese momento, solo sabía mirarla y babear constantemente. Como me gusta esta mujer, física y psíquicamente.

Decidimos abandonar la habitación del hotel e irnos a picar algo. Camino al restaurante, en cuanto el tráfico me dejaba poder apartar mi mirada de la carretera, la miraba a ella. Estaba deslumbrante, con poco que se ponga, me enamora. Decidió vestirse con el vestido gris oscuro de paño, con unos botines de media caña en un tono beige muy elegante, con detallitos dorados. Acompañaba con una rebeca de pelo cortito, estampada en colores beige y negro. El pelo recogido, dejando todo su rostro al descubierto, luciendo ese par de ojos que tanto desequilibran mi mente al verlos. Estaba ansioso por aparcar el coche y poder pasear con ella por la calle cogidos de la mano, orgulloso de ser yo la persona con la que, por ahora, está decidiendo pasar mucha parte de su tiempo.

Tras cruzar cuatro calles caminando, llegamos a un pequeño gastro bar situado en una pequeña pedanía junto a una famosa iglesia de la zona, donde cada año se celebra una romería muy famosa a nivel nacional. Situado en una zona peatonal del casco antiguo, con la entrada por un pequeño callejoncito adornado con plantas y con alguna bicicleta vieja apoyada en la fachada de una de las casitas. Ese fresquito de la noche, la luz tenue del callejón y… ella a mi lado. Era un momento perfecto, de esos de película romántica en la que dos personas tienen su primera cita y todo son sonrisas y brillo en la mirada. Tomamos un par de copas de vino, cada uno a su gusto, ella un monastrel, afrutado, fresquito y ligero. Yo en cambio, opté por un tinto, variedad tempranillo, de una de las denominaciones de origen favoritas de mi bodega particular.

La noche fluía perfecta, por momentos se nos olvidaba el plan que teníamos para después y solo sabíamos disfrutar de cada minuto que compartíamos. Tras acabar nuestro picoteo, compartimos una torrija caramelizada, maridada con una copita de un vino de Oporto, un rubí dulce y suave que acompañaba perfectamente al caramelo que formaba parte de ese postre tan conocido. Añadimos un par de cafés a nuestra velada y empezamos a pensar que era el momento de seguir con nuestra noche especial.

En menos de cinco minutos estábamos plantados en la puerta de aquel lugar. Veíamos entrar a numerosas parejas sin pudor, con decisión, parecían saber a donde iban y no se les veía nada alarmados. Los nervios afloraban por segundos, el corazón latía cada vez más fuerte, parecía que iba a salir del pecho en cualquier momento y salir corriendo. Andando cogidos de la mano, de repente noto un tirón hacia atrás, parece que ella necesitaba pararse a pensar si todo esto sería una buena idea o no. Me detuve junto a ella, no quería que se sintiera presionada a nada que no quisiera hacer y quería que tuviera claro que mi prioridad era ella y solamente ella. Yo quería una experiencia nueva con ella, no un mal trago o algo de lo que arrepentirse.

No pasaron ni tres minutos hablando para que se decidiese, se puso su antifaz, cogió aire con fuerzas y valentía, me agarró de la mano y en una mezcla rara entre risas, nervios y confianza, nos pusimos a caminar directos a la puerta de entrada.

Allí estábamos los dos bien agarrados de la mano, con miedo, nervios y un pedazo de cartel en la frente que ponía “NOVATOS”. Nos atendió una chica muy amable, la cual nos dijo con total naturalidad si era nuestra primera vez, aunque evidentemente ya sabía que sí, se nos notaba a leguas. Nos acompañó al guardarropa de la entrada, donde nos atendió otra chica con una sonrisa amable y mostrando confianza. Todo parecía muy limpio y respetuoso. Nos explicaron algunas normas básicas y nos invitaron a solicitar en la barra, una visita guiada con explicación de todas las zonas del local.

De primeras no queríamos que nos explicasen ni enseñasen nada, los nervios y la vergüenza que aun nos quedaba, nos paralizaba en ese aspecto. Tras pedir un par de gintonics, decidimos entonces decirle a la camarera que, era nuestra primera vez y nos echase una mano. Muy amablemente salió de la barra y nos acompañó a hacer un tour por todo el establecimiento. Al principio, al pensar que una de las empleadas nos iba enseñando todo el local, nos sentíamos como observados, pero muy lejos de la realidad, nadie nos estaba mirando, allí cada uno iba a lo suyo y poco a poco íbamos relajándonos. Pasamos a una sala en cual entrada había un cartel muy claro en el que indicaba “solo parejas”, otro motivo por el cual debíamos ir relajándonos. Así fue en todo el local, la chica nos explicaba bien las zonas en común y las zonas solo para parejas, hasta por fin, terminar de hacer todo el tour y dejarnos solos a nuestra aventura.

Vista la inexperiencia de ambos, comentamos de pasar a una de esas salas solo para parejas. Era una habitación de unos 18/20 m2 aproximadamente. Tras pasar la entrada, a mano izquierda había una cama en un rincón, un sofá rinconero de frente, en el cual pudimos ver a una pareja con sus cositas, él sentado en el sofá y ella, sentada al lado, chupándosela, como si estuviesen solos, a su aire, allí nadie molestaba a nadie. También había una pantalla de unas 50” en la que tenían proyectadas películas porno. Nos sentamos a escasos metros de ellos, a tomar nuestra copa y charlar sobre lo que estábamos experimentando. En todo momento pude sentir como ambos estábamos muy pendientes del otro, intentando hacer de esto, un lazo de unión e interés por el bienestar ajeno.

Junto al lugar donde tomamos asiento, estaba la entrada a un pequeño pasillo que daba a un par de habitaciones, comunicadas entre ellas por una ventana en la que se podía ver lo que hacían en cada una de ellas. Eran unas habitaciones pequeñas con una cama y una cadenita en la puerta, la cual podías poner para que nadie entrase o, dejar abierta para invitar a otras parejas a su paso. Sin a penas darnos cuenta, había una pareja frente a nosotros, en la cama que había a la entrada, ella apoyada sobre la cama y él detrás de ella, embistiéndola por detrás, dando unas palmadas de vez en cuando en su culo que, sonaban en toda la sala. Por lo menos a mí, esas primeras palmadas me llegaron a resultar algo incómodas, no por las palmadas en sí, si no porque, no había terminado de relajarme del todo y poder asimilar que es una práctica habitual en cualquier pareja. Todo nos hacía gracia, nos daba un punto de excitación, pero a la vez, al ser novatos en esto, nos intimidaba ligeramente.

Procedimos a seguir haciendo nuestro propio tour, copa en mano, intentando ir soltándonos y relajándonos. Fue entonces cuando volviendo a cruzar la sala principal, volvimos a adentrarnos a otra de las salas “solo parejas”. Era un pasillo largo en el que habían distintas habitaciones a un lado y otro, unas con las anteriormente mencionadas cadenitas y otras con una cortina, la cual, no impedía el paso de ninguna de las parejas. Asomándonos tras una de dichas cortinas, pudimos ver algo que nos impactó bastante, una gran cama en medio de la habitación con unas cuatro o cinco parejas practicando sexo y otras seis o siente parejas mirando alrededor de dicha cama. Decidimos quedarnos a observar un poquito y, no sé si fue ver a mi chica con los ojos como platos o que los gintonics empezaban a hacer su efecto, pero decidí meter mi mano por debajo de su falda mientras ella no quitaba mirada de esa lujuriosa cama. Su sexo estaba, más que húmedo, empapado. Estaba como me gusta y ella no puso objeción alguna en que explorase a mis anchas toda esa zona. Uno que no es de piedra, tenía la polla como el mástil de un velero y decidí desabrochar mi cinturón para acto seguido, desabrochar mi pantalón y aliviando toda la presión que llevaba dentro. Ella sin dudarlo, agarró con fuerza mi polla y empezó a masturbarme. La situación era de lo más excitante, era la primera vez que nos veíamos en un entorno así y, lo mejor es que, lo estaba haciendo con ella, no era simplemente sexo vacío, había una compenetración entre nosotros, un respeto y un amor, con lo que toda esa experiencia, se elevaba al máximo nivel. De golpe volvimos a la realidad y pensamos en que, era suficiente hasta donde habíamos llegado. Volví a meter mi polla entre la ropa y salimos de allí dirección a la sala principal a tomar otra copa. Allí estuvimos durante un rato, charlando sobre lo sucedido hace escasos minutos. Ella parecía empezar a estar cómoda. Yo no dejaba de mirar sus ojos a través de esa máscara de gatita que llevaba, me tenía hipnotizado, absorbido con esa mirada tan penetrante que tiene, todo era magia con ella. Pedimos otra ronda de copas a las cuales le añadimos unos chupitos de vodka de caramelo, ¡que ricos estaban!

Tras pasar por la sala de fumadores y echar un pitillo, volvimos a la primera sala, parece que le habíamos cogido confianza y es donde nos sentíamos más seguros, pero en este caso, en vez de quedarnos sentados en el sofá, nos dimos cuenta de que había una pareja en una de las habitaciones, con la cadenita abierta, invitando a entrar a otras personas. Nosotros, muertos de curiosidad y morbo, nos quedamos en la puerta mirando como disfrutaban entre ellos y cuando quise darme cuenta, había otra pareja pidiéndonos paso para dejarlos entrar a dicha habitación. Accedimos a dejarles pasar sin dudarlo un segundo, no queríamos molestar a nadie. La chica se quedó mirando como su pareja se acercaba a la chica que había tumbada en la cama y él, lanzó una caricia con su mano en la pierna de ella, como pidiendo permiso para “jugar”, cosa a la que la chica que había tumbada, accedió. Antes de que se pusieran las dos parejas a disfrutar de esa ensalada, nos percatamos de que la habitación contigua quedaba libre, por lo que decidimos ocuparla, eso sí, con su correspondiente cadena en la puerta. Ella se acercó a la ventana que comunicaba con la otra habitación, deseando no perderse un detalle de lo que hacían los vecinos. Se puso de espaldas a mí. Yo la besaba por el cuello y la acariciaba suavemente mientras ella, disfrutaba de dicho espectáculo. Yo solo hacía que alucinar en cada momento, esa chica que tenía junto a mí, la cual tenía un miedo enorme de entrar a un lugar así, estaba empezando a disfrutar como un niño en el día de Reyes. Caricia tras caricia, sin casi percatarme, me doy cuenta de que sube una rodilla a la cama, seguido la otra y, sin dejar de mirar por la ventana, sube su vestido con decisión, dejando ver ese culo que tan animal me pone, el cual, tras apartar ese tanga negro de puntilla, me pongo a comer como si no hubiese un mañana. Ella estaba disfrutando muchísimo, se notaba por la cantidad de flujo que emanaba de su sexo. Me encanta el sabor de ese flujo, es pura miel, pero, no podía contenerme un segundo más, abrí de nuevo la presa que encerraba la presión de mi polla y la dejé salir para así, poder volver a meterla, pero esta vez dentro de ella, suave pero intensamente, hasta dentro del todo. Era un momento para recordar el resto de mis días, ella disfrutando mientras miraba a otros y la follaba, era vicio, pero no un vicio sucio, era un vicio mezclado con amor, con pasión… era un momento perfecto. Tras un poquito de juego, cambiamos de postura, yo me apoyo contra una de las pareces y ella, se agacha delante de mi y se pone a darme placer con su boca. Otros novatos que pasaban con la guía, como habíamos hecho nosotros un rato antes, se asomaban y veían lo que estábamos haciendo. Que morbazo da, estar practicando esto con tu pareja y que no pase nada porque otras personas te puedan ver.

¡Relajémonos un poco, tengo sed!, le dije. Dejamos la faena a medias y nos fuimos de nuevo a la barra de la sala principal aunque primero, pasamos por el baño para aliviar un poquito nuestras vegigas y lavarnos las manos. No porque aquello estuviese sucio ni mucho menos, la verdad es que nos pareció todo bastante higiénico, pero por si acaso, habíamos tocado muchas zonas del local y preferíamos mantener las manos limpias. Al volver a la barra, pedimos otra copa, en este caso tan solo una para compartirla, no hay nada mejor que compartir una copa con tu confidente. Añadimos otros dos chupitos de ese vodka de caramelo que tan bien entra, brindamos por la aventura que estábamos teniendo y cuando hago un barrido con la mirada, me cruzo con una persona conocida del pasado, la cual, me reconoce y cuando cruzamos por su lado, extiende su mano para saludarme. Fue un momento raro, por un lado me daba vergüenza que pudieran verme allí y pensar… ¿qué podrían pensar? ¿que estaba con mi chica en un club liberal? Es que era eso, ¡estábamos en un club liberal! Pero por otro lado, no es algo de lo que me arrepienta ni crea que, aunque la sociedad nos haya creado pensar así, sea algo malo.

Salimos a echar otro pitillo a la zona de fumadores, en este caso, con algo más de ligereza, no quería perder el tiempo en esa sala, parecía que habían lugares mucho más interesantes.

Abandonamos la sala de fumadores, nos dirigimos directos a la otra zona de parejas, atravesamos las cortinas que delimitaban la entrada a la zona y nos adentramos de nuevo por aquel pasillo. La cosa ya era algo distinta a lo que vimos allí hace un rato. Todo estaba algo más desatado, parecía todo mucho más relajado y las parejas que habían allí, se les notaba disfrutar muchísimo más, del momento y del lugar. Volvimos a entrar a esa sala, con más decisión, con un “a tomar por culo todo” marcado en la cabeza. Nos pusimos bien pegados a una de las tres parejas que habían encima de la cama, fue entonces cuando la chica de los ojazos penetrantes que me acompañaba en cuerpo y alma, decidió jugar también conmigo. Nos hicimos un hueco entre dos parejas, ella se tumbó boca arriba, le levanté el vestido sin mucha delicadeza, estaba ansioso por volver a meter la lengua entre ese par de piernas esculpidas por el deporte. Cuando levanté la cabeza, pude ver como un chico que había detrás de ella, había puesto su mano en las tetas de mi chica, nos miramos y fue más que suficiente para decirle que por mi parte no tenía ningún problema, que si le gustaba lo disfrutase y si no le gustaba, que tomase las medidas que creyera oportunas. Fue una sensación muy buena el hecho de saber que con tan solo mirarnos, nos entendimos perfectamente. Solo un par de minutos estuve inmerso en ese manjar dulce y húmedo, cuando tomé la decisión de incorporarme, desabrochar de nuevo mi pantalón y jugar con ella a eso que tanto nos gusta. La pareja que había a nuestro lado, seguía a lo suyo, ella de rodillas en la cama y su pareja tras ella embistiéndole sin piedad. La situación era muy morbosa pero quería tantear un poquito más a ver hasta donde podríamos llegar y disfrutar. Cogí su mano y la invité a colocarla sobre la espalda de la chica que había a nuestro lado, acto que no rechazó en ningún momento, todo lo contrario, si había que ir, se iba, con lo que cambió de lugar la mano, acariciando entonces una de las tetas de esa chica. La respuesta por parte de ella fue positiva, no dudó de buscar ella también los pechos de mi chica, abriéndose camino entre los tirantes de su vestido.

La excitación aumentaba por momentos, me estaba poniendo enfermo, miraba a mi alrededor, ese cuarto con luz tan ténue que era imposible poder reconocer a cualquier persona de las que allí habían. Es gracioso cuando te paras a analizar la situación y recopilas datos, -“no vamos a hacer nada, tan solo a tomar un par de copas y ver lo que es”-. Repetíamos tanto esa frase los días anteriores, que casi parecía que estabamos yendo contra nuestros propios principios, pero no más lejos de la realidad, fuimos sacando de nosotros nuestro lado más lujurioso, sin obligaciones y, si eso fue así, es porque así somos.

El orgasmo fue inminente, no duré mucho más de un par de minutos en esa situación. Verla a ella tumbada en esa cama, disfrutando conmigo, con confianza, queriéndonos… era imposible poder luchar contra tanto placer y sentimientos. Nos miramos a los ojos, pude ver millones de sentimientos saliendo de su preciosa mirada y la besé con todo el amor del mundo.

En ese momento escuchamos a los empleados del local diciendo que cerraban en unos minutos. Volvimos al vestuario en el que habíamos ido una hora antes a dejar parte de nuestras pertenencias, vaciamos al taquilla y nos pusimos camino a la salida.

Que sensación y que cúmulo de sentimientos encontrados en esa noche. Cruzamos la puerta de salida y sentimos el frescor de la noche en nuestra cara. Fue bastante gratificante sentir ese cambio de temperatura en nuestra piel, dado que, dentro el ambiente estaba muy caldeado y venía bien un poco de aire fresco. Caminábamos hacia el coche, en algunos momentos cogidos de la mano, en otros abrazados, alguna palmada al culo… era todo super emocionante, ¡lo habíamos hecho! Y no me refiero tan solo a una lujuriosa noche divertida, fue todo en ese día, el café de la tarde, las risas en el bazar chino, la cena en ese lugar tan acogedor y pintoresco… pero sobre todo… ELLA.

En el momento que ella saca de nuevo su paquete de tabaco, me lanzo a fumarme yo también uno. Creo que me lo gané, sí, así lo sentí. Como ese tópico de fumarse un pitillo después de un polvo. ¡¿qué cojones?!, claro que me lo merecía, menudo polvo el de esa noche. Nos terminamos el pitillo cuando ya estábamos a un par de metros del coche. Nos fuimos directamente al hotel, comentando jugadas, riendo y flipando muchísimo por lo acontecido esa noche. Llegados al hotel, no tardamos más de minuto y medio en estar ya en la habitación, era un hotel pequeñito, familiar y muy entrañable.

Ya en nuestra habitación, ella entra delante de mi. No podía quitar mi vista de su cuerpo, recordando el escenario que hace un corto espacio de tiempo, rodeaba su silueta. Gira su cabeza, me mira, me pide ayuda para bajar la cremallera del vestido, ubicada en la parte alta de su espalda. No me quedo solo en la ayuda de bajar dicha cremallera, aparto un poco uno de los tirantes, dejando ver su piel de uno tono tostadito muy sexy y apetecible. Buscando más piel para descubrir. Ese trapo gris oscuro al que se le denomina “vestido”, acaba en el suelo dejando desnudo su cuerpo, el cual ahora sí que puedo disfrutar con claridad, ya que, la luz de la habitación para nada era tan ténue y sombría como la de aquel lugar. Que espalda, que brazos, que…. culazo! Es impresionante lo de su culo, sencillamente me vuelve jodidamente loco. Obviamente, no puedo resistir mi sentido animal y vuelvo a notar como mi polla tiene ganas de ella. Su tanga acaba en mi mano, empapado en una mezcla de sus fluidos con los míos, caliente, y con todo el aroma a vicio y perversión. No es necesario tener que explicar mucho más que, sin darnos cuenta, ya estábamos de nuevo envueltos en besos, pasión y lujuria. Cuando el alcohol consumido y el cansancio físico me dejaron llegar al orgasmo, dejé caer mi semen sobre sus pechos, nada voluptuosos pero muy bonitos y bien colocados.

Nos dimos una ducha rápida y a dormir relajados y bien satisfechos.

Tienes una buena narrativa, no se hace pesado el leerte, este relato lejos de tener un derroche de sexo, es más bien la vivencia de una pareja con años de convivencia que están bien enamorados todavía. Para mí puede ser una parte de realidad vivida por vosotros está experiencia, habéis visitado una sala swinger, pero no habéis intercambiado sexo en ella, tan solo hubo toques y rozamientos, está claro que esto os excitaba, pero lejos de entregados a la lujuria compartida, fuistes en plan observador, creo que hay vuelta a esta sala, siendo en esta ocasión cuando destapesis la caja de los truenos y deis rienda suelta a vuestros instintos sexuales. 😍
 

Jugodevida

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Si lo lei todo aunque no te lo creas
No soy de leer asi es pero yo los relatos que empiezo y me gustan me los leo
no son muchos pero alguno

Era una broma, me consta de que lees de vez en cuando, de hecho tengo por mis relatos tres o cuatro "me gusta" tuyos, amigo. 🤣
 
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Tienes una buena narrativa, no se hace pesado el leerte, este relato lejos de tener un derroche de sexo, es más bien la vivencia de una pareja con años de convivencia que están bien enamorados todavía. Para mí puede ser una parte de realidad vivida por vosotros está experiencia, habéis visitado una sala swinger, pero no habéis intercambiado sexo en ella, tan solo hubo toques y rozamientos, está claro que esto os excitaba, pero lejos de entregados a la lujuria compartida, fuistes en plan observador, creo que hay vuelta a esta sala, siendo en esta ocasión cuando destapesis la caja de los truenos y deis rienda suelta a vuestros instintos sexuales. 😍
Que buen ojo tienes, aciertas en muchas cosas de las que comentas.

Me alegra que te haya gustado y gracias por tu opinión.

Tengo algun capítulo más por ahí... poco a poco.
 

Jugodevida

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Que buen ojo tienes, aciertas en muchas cosas de las que comentas.

Me alegra que te haya gustado y gracias por tu opinión.

Tengo algun capítulo más por ahí... poco a poco.

Espero a que las publiques, creo que me va a gustar de leerte. 😍
 
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nicoadicto

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Lamentablemente somos muy pocos los q leemos las historias y eso me desalienta a escribir.
Después me puse a pensar. La gente no lée a Vargas Llosa, ni a Garcia Marquez, ni a Borges, ni a Miguel d Unamuno ni a Antonio Machado ni a Isabel Allende...cómo pretendemos q nos lea a nosotros??😁
 
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Jugodevida

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Lamentablemente somos muy pocos los q leemos las historias y eso me desalienta a escribir.
Después me puse a pensar. La gente no lée a Vargas Llosa, ni a Garcia Marquez, ni a Borges, ni a Miguel d Unamuno ni a Antonio Machado ni a Isabel Allende...cómo pretendemos q nos lea a nosotros??😁
Llevas toda la razón Nico, has estado a punto de sacarme una lágrima, aunque te diré una cosa, todas esas plumas que has nombrado no escribían porno como nosotros, de haberlo hecho nuestra afición a la lectura sería mucho más grande, porque algunas cosas de las que escribieron son aburridisimas, en cambio los relatos eroticos nos llenan de sueños nuestras noches y crean en nuestras mentes millones de fantasías, “chupamela, puta” “ábrete de piernas, cerda” “muévete más deprisa, cabrona” “que coño más rico que tienes, como me la pones de dura” ¡esto si es emocionante de leerlo! 🤣
 

nicoadicto

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Llevas toda la razón Nico, has estado a punto de sacarme una lágrima, aunque te diré una cosa, todas esas plumas que has nombrado no escribían porno como nosotros, de haberlo hecho nuestra afición a la lectura sería mucho más grande, porque algunas cosas de las que escribieron son aburridisimas, en cambio los relatos eroticos nos llenan de sueños nuestras noches y crean en nuestras mentes millones de fantasías, “chupamela, puta” “ábrete de piernas, cerda” “muévete más deprisa, cabrona” “que coño más rico que tienes, como me la pones de dura” ¡esto si es emocionante de leerlo! 🤣
Jugo, tienes razón, ninguno d los nombrados escribía porno y tu has escrito 5 frases célebres, insuperables!! Creo q eres merecedor del próx premio Nobel 🤣
 

faraon7

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CAPÍTULO II, CERVEZAS Y BILLARES

Aquella tarde pudimos librarnos de las peques, tenían un cumpleaños de una amiga y luego se iban con los primos a hacer una fiesta de pijamas, por lo que, teníamos la tarde y la noche libre para nosotros.

Llevábamos un tiempo hablando con otra pareja de edades similares a las nuestras, muy precavidos, con buena conversación y un cierto toque picantito. Congeniábamos muy bien pero el tema de los niños, nos dejaba prácticamente nada de tiempo para nosotros.

Este día no lo pensamos dos veces y después de horas y horas de conversaciones, decidimos lanzarnos a la piscina y dar el paso de conocernos en persona. Al principio nos daba un poco de reparo, pero las fantasías de nuestras mentes, nos empujaron directamente a lanzarles la pregunta: - ¿qué os parece vernos este viernes y tomar algo? -. La respuesta tardó en llegar lo que tardas en tomar un café rápido en un restaurante de carretera cuando vas de viaje, dando a entender que las ganas eran mutuas. Fue una respuesta afirmativa, ya solo nos faltaba decidir donde quedar.

Hay un pool bar muy cerquita de la zona que, solemos frecuentar Rocío y yo para tomar unas cervecitas cuanto tenemos un pequeño espacio de tiempo, no lo habíamos probado, pero, nos lo habían recomendado muy bien. Así quedamos, nos pareció un buen lugar para conocernos en persona.

Llegamos antes que ellos, los nervios estaban a flor de piel, pensamos en pedir algo mientras esperábamos, pero en ese mismo instante, un chico con muy buena presencia, con un aroma muy discreto pero atrayente, nos interrumpió en nuestra conversación sobre qué cerveza tomar preguntando si éramos los faraones.

Faraones es el nombre que usamos en una app de citas para parejas, no nos gusta mucho mostrar nuestra identidad, nunca sabes si te puedes encontrar al vecino o algún padre del colegio de las niñas.

Él era alto, vestía unos vaqueros con jersey y un chaleco, algo casual, buen porte y bien perfumado. Ella venía un poco más coqueta, con una falda por encima de la rodilla y una blusa que transparentaba un poquito un bonito sujetador de encaje negro. El recibimiento fue muy cálido, un par de besos con cierta calidez, como si ya nos conociésemos de tiempo.

Rompimos un poco el hielo hablando sobre las cervezas que pensábamos pedir unos minutos antes de que llegasen, que si nos tomamos una de importación, que si una más suave… al final cada uno pidió su cerveza y nos pusimos a charlar sobre temas que ya habíamos hablado previamente por dicha app. Los primeros minutos fueron algo tensos, es la primera vez que hacíamos algo así y, las dudas estaban continuamente encima de la mesa, dudas que, con el paso de los minutos, se iba disipando al ver el buen rollo que íbamos teniendo. Parece que teníamos las mismas intenciones y primaba el respeto por encima de todo. Solo éramos dos parejas de amigos compartiendo una cerveza y unas risas.

En cuanto uno de los billares se quedó libre, decidimos jugar una partida. - rompo yo!! -, gritó Rocío con una voz que se escuchó hasta en el local de al lado. Nos reímos todos al ver el ímpetu que tenía por abrir la partida, como sea tan lanzada para todo, el día de hoy promete. Abrió la partida metiendo una bola y dejando claro que íbamos a jugar con las rayadas, o al menos, eso pensaba yo. Verónica, la chica de la otra pareja, dijo que quería que las parejas de billar fueran chicas contra chicos y, obviamente, no tuvimos el valor de rebatirles esa orden, dado que, nos gustaba la idea de verlas jugar juntas, aunque en este caso, fuese al billar.

Rocío llevaba un pantaloncito corto, con medias oscuras, que aun hace frío y, un jersey beige palabra de honor, sin sujetador, tiene un pecho muy bonito y muy buen puesto, sabe que me encanta que vaya así y ese día tenía ganas de provocarme.

No tardó mucho en ponerse a calentar el ambiente, Rocío tiene un culo que provoca taquicardias de verlo y algún amago de infarto si ya lo tocas, respingón, apretado del gym pero tierno. Le gustaba provocar con él, sabía que gustaba, se agachaba más de la cuenta cuando le tocaba jugar, incluso sin darse cuenta de que, los espectadores estábamos disfrutando por todos lados, ya que, cada vez que se agachaba, sacaba su culo, pero también su jersey se despegaba ligeramente de su pecho, dejando sus tetas algo descubiertas desde cierto ángulo. - otra bola dentro!!! -, parecía que no les iba mal la partida y cada vez que metían una bola, se chocaban las manos o se daban un pequeño abrazo. Las miradas entre ellas cada vez eran más cómplices, se les notaba cierta atracción entre ellas.

Nos ganaron la partida y nos tocó entonces pagar la siguiente ronda de cervezas. Ambas estaban muy contentas por el triunfo y se vinieron arriba. Ya jugaban con más soltura, se veía que habían hecho equipo. En esta partida, Verónica quiso romper aún más ese hielo que parecía ya estar totalmente derretido y dio un paso que nos dejó a todos boquiabiertos, en una de las jugadas, consiguió meter dos bolas y fue tanto el énfasis que cuando corrió hacia su compañera de equipo, cambio ese choque de manos por un piquito en los labios. La cosa parecía ponerse más animada.

Íbamos jugando los cuatro. En una que me tocaba jugar a mí, Rocío no tenía muchas ganas de apartarse para dejarme jugar, apoyada en la mesa, dándome la espalda, se ponía frente a mí, pegando su culo contra mi paquete. Carlos comenzó a quejarse diciendo que eso era trampa y que no era justo que estuviésemos con esos roces tan cariñosos, pero, visto el caso omiso por parte de una de las jugadoras del equipo contrario, cuando era el turno de Verónica, Carlos también decidió “molestarla” a ella cuando le tocaba jugar, agarrándola por detrás en un descuido, cogiéndola por la cintura y dando besitos por su nuca. Rocío me miraba, con esa mirada pícara de deseo, de querer también jugar y, no precisamente al billar.

Acabamos la partida, en este caso con victoria por parte de los chicos y, decidimos sentarnos un rato y charlar sobre nuestras anécdotas y experiencias. El tema a tratar de primeras fue, sobre playas nudistas. Yo lo practico desde hace unos años, pero mi pareja, tan solo desde el verano pasado. Ella era muy recatada en este aspecto, pero tras sugerirle un día de probar, no me puso impedimentos, aunque fuese un poquito de topless. La cuestión es que poco a poco, fue viendo que, en una playa nudista la gente está desnuda, ¡obviamente! y, poco a poco fue perdiendo la vergüenza hasta acabar completamente desnuda, claro está, después de ir yo también empujándola un poquito a ello. Nos contábamos experiencias y la idea de vernos los cuatro tomando el sol en pelotas en una playa, iba subiendo cada vez más la temperatura.

En ese momento, me percaté de que Verónica no dejaba de mirar mi entrepierna, parece que la leve erección que estaba empezando a tener, se notaba a través de mis pantalones. Ella parecía tener una mirada la cual dejaba entrever su interés por lo que habría debajo de ese pantalón. Hasta que, en un momento dado, Rocío se percató de esas miradas y le soltó - si tanto interés tienes, podemos ir a algún lugar más íntimo y te la enseña -. Yo me quedé de piedra, atónito, sin palabras, Verónica, en menos de tres segundos, se puso roja como un tomate, pero no sé si las dos cervezas que llevábamos en el cuerpo, las historias contadas y los roces mientras jugábamos al billar unos minutos antes, la habían puesto tan caliente que soltó un - pues tenemos un chaletito grande y para dos personas se queda un poco vacío -. Carlos soltó una carcajada a la vez que miraba a Verónica sin terminar de creer lo que había dicho. En ese momento, mi faraona se levanta con intención de ir al baño y con un gesto pícaro, invita a Verónica para que la acompañase. Ambas se levantaron, dejándonos caer un beso algo húmero y rozando bien sus cuerpos contra nosotros, manteniendo en la cara una sonrisa pícara muy atrayente. Carlos y yo nos quedamos comentando que parecía que había mucho feeling entre los cuatro y que lo estaban pasando genial. Para las dos parejas era la primera vez que teníamos esta experiencia y aunque la cosa parecía que podría irse de las manos, nos paramos a pensar por un momento con la mente algo más fría y quedamos en que íbamos a ir pero con ciertos límites, no queríamos ir tan deprisa con algunas cosas.

Salieron del baño jugueteando entre ellas, no dejaban de reír y de susurrarse cosas al oído. - bueno qué, ¿tenéis pensado en pagar las cervezas o nos quedamos aquí toda la tarde? -, soltó Rocío entre risas y miradas cruzadas con Verónica. No dejamos pasar ni dos segundos para levantarnos a pagar, como el que corre por el aeropuerto porque pierde el vuelo o se le están quemando las croquetas en el fuego. Para fuego el que parecía que llevaban ambas en el cuerpo. Salimos del pool bar y Carlos me dijo que los siguiéramos, ellos iban en su coche y nosotros en el nuestro. Fue nada más montar al coche cuando muerto de la curiosidad le pregunté a Rocío sobre lo que iban susurrándose cuando salían del baño y qué habían hecho dentro. Su respuesta fue que cuando llegásemos al chalet, podría saberlo todo, incluso verlo. Metí la mano entre su pantalón y su sexo estaba tal cual me gusta, caliente y húmedo, aunque más que húmedo, estaba empapado. Que ganas tenía de quitarle el tanga y metérmelo en la boca como aperitivo y en cuanto le quitase todo el sabor a sorbos, sumergirme entre sus piernas y lamerla de arriba abajo, como a ella le gusta.

Llegamos al chalet, una bonita casa de campo en las afueras del pueblo, alejada de vecinos cotillas y miradas indiscretas. Tenía una piscina, la cual, incitaba mucho a meterse dentro y, el problema no estaba en no haber traído bañador, más bien era que estábamos en enero y por muy caliente que fuésemos, no era momento de meterse al agua. Al entrar a la casa, lo primero que hizo Carlos fue encender la chimenea para calentar un poquito la vivienda, al ser una segunda vivienda y estar cerrada unas semanas, estaba algo helada. Fue entonces cuando Verónica, se acercó hasta un mueble bar que tenían y nos preguntó si queríamos tomar una copa. Ambos le respondimos que nos gustaría tomar un gintonic, suavecito. Lo preparó con mucho mimo, como la madre que prepara el primer biberón de su preciado y querido bebé. Se notaba las ganas que tenían de hacernos sentir como en casa y satisfacernos hasta en el último detalle.

Ya los cuatro sentados, en un sofá muy amplio, tomando las copas, frente a la chimenea y con una luz tenue proveniente de una lámpara de pie que tenían en un rincón del salón. Era un lugar acogedor y muy cómodo. Antes de ir por la mitad de la copa, el salón ya estaba caldeado, por un lado, por el calor que emitían esos troncos de olivo ardiendo en la chimenea y por otro, porque de nuevo Rocío le comentó a Verónica si quería ver lo que había bajo mis pantalones. La respuesta por parte de Verónica fue afirmativa, a la vez que mi faraona le respondió que ella no iba a ser menos y, que también le resultaba curioso saber qué tenía Carlos para mostrar. Parece que se pusieron en modo dominante y, Carlos y yo, no dejábamos de sorprendernos a cada paso que iban dando ellas, por lo que, dejamos que fuesen las que llevasen la iniciativa.

Rocío tardó poco en desabrochar mi cinturón y seguido a ello, abrir mi pantalón dejando libre toda mi polla. Se puso a acariciarla suavemente con sus labios mientras no quitaba mirada a Verónica, la cual parecía repetir sus pasos como si de un espejo se tratase. Mi polla estaba chorreando, la tenía dura como una piedra y con muchas ganas de jugar. Parece que, en menos de una hora, ambas habían pasado de estar jugando con un palo de madera y unas bolas, para jugar con otras distintas y mucho más divertidas. La cosa se iba poniendo caliente, tanto que la ropa ya molestaba bastante. Verónica se apartó un momento de Carlos y se acercó a Rocío, se hablaban con la mirada, se acercaron y volvieron a repetir ese piquito que se habían dado un rato antes mientras jugábamos al billar. El escenario era parecido, lugar acogedor, palos, bolas y ellas eufóricas y haciendo muy buen equipo. Rocío se aventuró a desabrochar la blusa a Verónica, dejando mostrar ese sujetador de encaje que insinuaba ser bastante sexy y así era, le levantaba el pecho lo justo para lucir un escote discreto y nada exagerado, con elegancia. Ambas se quedaron semi desnudas, yo acariciaba mi polla y Carlos, parece que tampoco la tenía abandonada. En ese momento decidimos intervenir y ser partícipes de la historia. Nos acercamos cada uno a nuestra pareja por detrás, acariciando sus tetas y besuqueándolas por el cuello y la espalda, mientras, ellas se lanzaban algún que otro beso acompañado de alguna caricia.

Yo estaba muy muy caliente, nos habían puesto a mil y nada más que tenía ganas de complacerla. La cogí de la cintura, la arranqué de las manos de Verónica y le acompañé a ponerse de rodillas en el sofá, de espaldas a mí. Mientras la seguía besando por el cuello y la espalda, continuaba acariciando sus pezones, los cuales estaban muy duros, dejando en evidencia la excitación que llevaba. Fui bajando mis manos por su vientre y su cintura, hasta llegar al botón de su pantalón, no tardé nada en desabrocharlo, estaba ansioso por saborear cada centímetro de su piel. Bajé su pantalón hasta las rodillas, apoyadas contra el sofá, aparté su tanga, pequeño complemento que, le hacía resaltar el pedazo de culo que tiene, parte de su cuerpo que me vuelve un animal sediento de su hembra. Sin mucho miramiento y sin importarme nada saber que teníamos a otra pareja al lado, un señor y una señora que hace tan solo unas horas, eran prácticamente completos desconocidos. Aparté su tanga y metí con ansia toda mi boca en su culo y su coño, como el náufrago de una isla desierta al encontrar un poco de agua dulce y potable tras días de agonizante sed. Aquello sabía a gloria, me encantaba escuchar como gemía de placer, como agarraba mi cabeza para que no me escapase de ese lugar tan placentero para ambos.

Las miradas con Verónica eran inevitables, ambas estaban disfrutando mucho de verse reflejadas en la pareja que tenían al lado. Carlos sentó a Verónica en el sofá, la agarró de los tobillos hasta que, consiguió colocarle las piernas sobre sus hombros, para empezar besando sus piernas y acabar jugando con su lengua, justo en la línea que separa sus ingles. Parece que la situación se nos había ido de las manos, pero, ¿por qué decimos que se nos ha ido de las manos? ¿acaso estamos haciendo algo malo? Los cuatro estábamos disfrutando de una experiencia consentida por todos y nadie estaba sufriendo, a veces la sociedad nos hace ver que algo tan natural como es el sexo, verlo como algo obsceno y depravado. Pues que me llamen depravado, pero yo estoy lo estoy disfrutando como un niño en un parque de atracciones.

El fuego entre nosotros era más intenso que el gran incendio de Chicago de 1871 pero, esos chuscos de olivo de la chimenea, estaban empezando a quedarse en unas pocas ascuas. No queríamos quedarnos sin el lujo de tener la chimenea de fondo, dando ese aporte de calor y luz tenue. Carlos se levantó para echar otro pedazo de leña al fuego, desnudo completamente. Lucía un tatuaje en su espalda bastante discreto, pero a la vez daba a entender que había sido un adolescente algo rebelde. También se daba por hecho que, era una persona deportista, tenía unos muslos bien definidos y un culo apretado, Rocío no dejaba de mirarlo con esa mirada intensa y lasciva, le gustaba, se notaba por cómo se tensaba su cuerpo mientras lo miraba. En ese momento que Carlos estuvo acomodando la chimenea, Verónica aprovechó para volver a interactuar con Rocío. En este caso no se cortó mucho y se puso a besarla con bastante intensidad, estaban ambas muy calientes y mi faraona no pudo negarse a ello. Carlos y yo alucinábamos cada vez más, el hecho de ver a nuestras parejas disfrutando entre ellas, nos ponía a mil. Me apartó a un lado con cierto aire de dominación, dándome la orden sin hablar, de que me quedase mirando lo que estaba haciendo con Verónica. Ambas se fundieron en un beso y múltiples caricias. Rocío tumbada en el sofá y Verónica encima de ella, con sus piernas flexionadas apoyadas en el sofá y con el culo respingón, lo que se dice vulgarmente “ponerse en cuatro”, dejando ver por debajo un coño sonrosadito y empapado en un néctar lujurioso que, serviría de lubricante para las embestidas que estaban por llegarle. Carlos no obedeció a la orden de que nos quedásemos mirando, no podía más, su polla iba a reventarle, la tenía muy gorda y muy dura, cosa inequívoca al ver la cara de placer que puso Verónica cuando se la metió lentamente, pero hasta el fondo. Rocío estaba alucinando, tenía a una mujer encima de ella, desnuda completamente, que le estaba acariciando y besando por el cuello, por su boca y lamiendo sus pezones lentamente mientras los acariciaba con dulzura.

No le duró mucho su orden de que me quedase mirando, cuando con una sonrisa pícara y un gesto con su dedo, me invitó a unirme a la fiesta. Se posicionó de tal manera que Verónica también accediese bien a partes más íntimas de ella, invitándola así a que, si quería, podía lamerle las partes más íntimas y profundas de su cuerpo. Yo me coloqué sobre su cabeza, quería jugar con mis pelotas y con mi polla. Que bien sabe jugar con ellas, tiene una boquita y una lengua dignas del más lujurioso pecado. La escena era muy propia de una buena película porno, Carlos embistiendo por detrás a Verónica, la cual estaba de rodillas sobre el sofá, lamiendo el coño a mi faraona, mientras ella, comía mi polla con unas ganas inmensas. Carlos y yo nos mirábamos y, con la simple mirada nos lo estábamos diciendo todo, aquello era jodidamente espectacular, inimaginable por ninguno de los cuatro unas horas atrás, aunque, he de decir que, yo creo que sí era algo que no solo horas antes, sino incluso, meses o años antes, es una imagen que muchos hemos proyectado en nuestra mente en alguna ocasión.

Yo, ya no aguantaba más la situación, necesitaba notar el calor de su coño envolviendo mi polla. Agarré con fuerzas a Rocío, librándola de esa pareja que se la estaba comiendo, como un grupo de leones se come a la gacela que acaban de apresar. Con ella posicionada boca arriba, la agarré de los tobillos y enfoqué mi polla hacia su coño. Estaba empapado, una mezcla de sus fluidos con la saliva de Verónica, se notaba que estaba disfrutando muchísimo de la situación. Froté mi polla contra ella, con suavidad, pero sin temor, que ganas tenía de notar su coño junto a mi polla. No aguanté mucho en esa situación cuando la penetré. ¡¡¡Dios!!! Aunque es una acción muy frecuente entre nosotros, en ese momento y situación, era una sensación inmensamente placentera. Estábamos follando junto a otra pareja que también estaba haciendo lo mismo. Que morbazo, que placer provocaba verlos a ellos junto a nosotros, volver a mirar a Rocío, ver su esculpido cuerpo de gimnasio, sudando, tenso, su cara de placer, su boca entreabierta emitiendo pequeños gemidos de placer…

Harta de recibir mis embestidas, en un empujón me quita de encima de ella, me sienta en el sofá y se sube encima de mí. En esa posición podría considerarse como la campeona del último rodeo del Cheyenne Frontier Days de los Estados Unidos de Ámerica. Es una mujer con una fuerza increíble y, cuando está sedienta de obtener placer, saca unas fuerzas descomunales. Mientras se cernía sobre mí en posición de horcajadas, busca rápidamente a su alrededor para ver qué estaban haciendo nuestros compañeros de batalla. Teniendo a Verónica a menos de un palmo de ella, no puede resistirse a probar esos pezoncitos rosados, erguidos y firmes de tanta excitación, que no dejaban de botar al ritmo de los empujones de Carlos. A Rocío no pareció disgustarle la situación, cogía sus tetas con ambas manos, amasando enérgicamente y saboreando cada centímetro de su delicada piel. Notaba por momentos como de su coño brotaba más y más fluido, cayendo lentamente por mis pelotas, caliente, provocando mucha más excitación en mí. Saber que está gozando, me hace enfermar de una manera que solo ella sabe qué medicina suministrar para curarme.

En ciertos momentos, parece que se nos cruzaba algún pensamiento por la cabeza que hacía poner en duda lo que estaba sucediendo en ese lugar, pero, visto el placer, no duraban más de dos segundos en salir de aquella habitación.

El tiempo corría entre gemidos, caricias y distintas posiciones. Carlos y Verónica estaban super excitados, ella ya había tenido algún orgasmo, al igual que Rocío, en el momento en que estuvo cabalgando sobre mí y, comiéndose las tetas de Verónica. Se le notaba demasiado cuando llegaba a ese punto, su coño se endurecía y su cuerpo se estremecía, dejando claras evidencias de su orgasmo.

Pedí a Rocío que volviese a poner sus rodillas contra el sofá, dejando su perfecto y redondeado culo mirando hacia mí y, pidiendo que fuese yo quien llevase el control de nuevo. ¿control? Yo más bien lo llamaría descontrol, porque no tardé mucho en llegar al orgasmo. Ella sabe de sobra que esa posición me vuelve loco, hace que me falte piel en la polla para soportar tal hinchazón. Cuando ya no podía más, saqué mi polla y dejé caer una buena dosis de mi semen por su culo, cayendo desde el mismo y, llegando en parte, hasta la mitad de su espalda. Carlos tras ver la situación, tampoco pudo soportar más y, tras sentar a Verónica en el sofá, se puso a masturbarse delante de ella. Ella no dudó ni un segundo en agachar un poco la cabeza para comerle las pelotas mientras lo veía masturbarse frente a ella.

En menos de un minuto, Carlos, con su mano izquierda, cogió a Verónica del pelo, le levanto la cabeza y mientras la miraba fijamente a los ojos, derramó toda la leche por su pecho al son que ella, iba restregándose por los pezones que aún contenían restos de la saliva de Rocío.

Al ser los invitados, nos ofrecieron pasar primero al baño para poder limpiarnos. Entramos entre risas y tonteos. No fue larga nuestra estancia en el baño, ya que, la temperatura no era tan cálida como la del salón de donde veníamos. Carlos y Verónica entraron nada más salir nosotros, cruzándonos en un estrecho pasillo, lugar perfecto para que Carlos, al cruzarse con nosotros, no perdiera la oportunidad de dar un pequeño azotito al culo de Rocío, seguido de un pícaro guiño.

¡Es que es imposible resistirse a azotar tremendo culo!

Cuando volvieron del baño, nosotros estábamos vestidos en parte, Rocío se puso el tanga y mi camisa, sin llegar a abotonarla, dejando entrever ese torso tan firme, moreno y bonito que tiene. Yo en cambio, me puse los calzoncillos por no llevar la polla dando tumbos, al final se pone a rozarse con una pierna y con otra y, se pone tontorrona en menos que canta un gallo.

Estuvimos un rato charlando sobre varios temas, el cole de los niños, alguna película que todos habíamos visto, que si esta serie o la otra, experiencias en viajes… lo que vienen a ser conversaciones normales entre amigos. Salvo por la ropa que llevábamos puesta, nadie imaginaría lo que unos minutos antes se estaba desarrollando en aquel sofá.

Ya pasaban las dos de la madrugada cuando, decidimos que era hora de despedirnos. Terminamos de vestirnos y tras una despedida algo más cálida e íntima, salimos de aquel chalet camino a casa, con una sonrisa en la cara y una muy buena experiencia para nuestra vida. Mañana había que volver a la rutina de unos padres “normales y corrientes”.

Al llegar a casa, nos metimos en la cama y mientras la miraba a los ojos, llenos de vida y alegría, sin dejar de sentir todo lo que la quiero, le hice el amor.

FIN
 
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