faraon7
Virgen
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CAPÍTULO I, LA NOCHE DE LOS MUERTOS
Llevábamos tiempo hablando sobre ello, pero, siempre teníamos el miedo a ser reconocidos por alguien de nuestro entorno. Miramos en distintas ciudades, lejos de casa, buscando esa intimidad y discreción que tanto poníamos encima de la mesa.
Fue poco antes de la noche de los muertos (Halloween), cuando tuvimos la idea de aprovechar ese día para, poder taparnos la cara con alguna máscara e intentar así poder camuflar nuestra verdadera identidad.
Nos pusimos de acuerdo y seguido a ello fue un poco dicho y hecho; buscamos un hotel cerca, un restaurante cerca y por fin pudimos cuadrar todo. Las niñas estaban con el “truco o trato” en una fiesta con las amigas y pasarían la noche en grupo, teniendo entonces toda la noche para nuestra nueva experiencia.
Llegó el día, 31 de octubre de 2025, la noche de los muertos. Tras nuestra jornada laboral, comimos, preparamos nuestro macuto y empezamos a disfrutar de ese día para nosotros dos. Era lo que más deseábamos, poder pasar una tarde y una noche tranquilos, sin menores dando el follón, ni solicitando la atención que tanto merecen. Primero fuimos a un centro comercial a hacer algunas compras, tomamos un café en una conocida cadena de cafeterías y entre risas y nervios, comentábamos entre nosotros cómo podría ser ese lugar que tanto interés nos había despertado y, haciendo algo que consideramos totalmente imprescindible, pactar unas normas para que ambos estuviésemos cómodos y conectados en todo momento.
Iban pasando las horas y los nervios iban en aumento, en algunos momentos notaba como mi corazón se aceleraba considerablemente, era una sensación impresionante, ver a esa persona a mi lado, queriendo descubrir algo que nos resultaba curioso a la vez que respetuoso, era algo que me ha unido mucho más a ella, más que nada por el hecho de saber que yendo con ella de la mano, sé que puedo llegar muy lejos. Ella es impresionante y sorprendente.
Salimos del centro comercial y nos pusimos camino a la zona donde íbamos a cenar, dormir y experimentar. Los nervios iban y venían, ella me calmaba a mi en algunos momentos y yo a ella en otros, sensación muy gratificante tanto cuando me calmaba ella a mí, como cuando yo veía que podía calmarla y, llevarla de nuevo a una zona de confort. Entramos a un bazar chino a ver qué disfraz podíamos usar para ocultar un poquito nuestra identidad y no ser reconocidos. Eran todo risas en ese momento, ella se puso a probarse diversos antifaces y cada cual que se ponía, le quedaba mejor que el anterior. Se me ha olvidado comentar que ella tiene unos ojazos inmensos, de un color pardo muy clarito, casi verdes, con una mirada profunda y muy embaucadora. Al ponerse el antifaz y ocultar parte de su rostro, aun se pronunciaba mucho más esa mirada tan especial que, me vuelve tan loco con tan solo clavarla en mis ojos. También se probó alguna peluca, totalmente distinta a lo que su pelo natural es, saliendo una carcajada enorme de mi boca cuando la vi con ella puesta. Además de preciosa, es muy graciosa.
Ya con nuestros disfraces comprados, decidimos ir al hotel a hacer el check-in y descansar un poquito. Nos tumbamos en la cama y mientras ella descansaba un poco, yo iba buscando algún sitio bonito para picar algo, aunque, he de reconocer que, cualquier lugar es bonito siempre que vaya con ella de la mano, sabe hacer de cualquier lugar, un sitio especial.
Con todo ya más o menos controlado, normas pactadas y demás, nos pusimos a darnos una duchita y arreglarnos un poquito para salir a cenar. Ella tenía dudas sobe su outfit y me pidió que le diera mi opinión sobre los modelitos que trajo para la ocasión. Uno me gustaba y otro me encantaba, cada prenda que se ponía, le quedaba genial. Trajo dos vestidos oscuros, uno negro de piel y otro en un color gris antracita, en tejido de paño. Ambos le quedaban espectacularmente bonitos a la vez que sexis. Tiene unas piernas muy bonitas, largas, apretaditas del trabajo que hace constantemente en el gimnasio, tiene una planta atlética muy bonita a la vez que femenina. Yo en ese momento, solo sabía mirarla y babear constantemente. Como me gusta esta mujer, física y psíquicamente.
Decidimos abandonar la habitación del hotel e irnos a picar algo. Camino al restaurante, en cuanto el tráfico me dejaba poder apartar mi mirada de la carretera, la miraba a ella. Estaba deslumbrante, con poco que se ponga, me enamora. Decidió vestirse con el vestido gris oscuro de paño, con unos botines de media caña en un tono beige muy elegante, con detallitos dorados. Acompañaba con una rebeca de pelo cortito, estampada en colores beige y negro. El pelo recogido, dejando todo su rostro al descubierto, luciendo ese par de ojos que tanto desequilibran mi mente al verlos. Estaba ansioso por aparcar el coche y poder pasear con ella por la calle cogidos de la mano, orgulloso de ser yo la persona con la que, por ahora, está decidiendo pasar mucha parte de su tiempo.
Tras cruzar cuatro calles caminando, llegamos a un pequeño gastro bar situado en una pequeña pedanía junto a una famosa iglesia de la zona, donde cada año se celebra una romería muy famosa a nivel nacional. Situado en una zona peatonal del casco antiguo, con la entrada por un pequeño callejoncito adornado con plantas y con alguna bicicleta vieja apoyada en la fachada de una de las casitas. Ese fresquito de la noche, la luz tenue del callejón y… ella a mi lado. Era un momento perfecto, de esos de película romántica en la que dos personas tienen su primera cita y todo son sonrisas y brillo en la mirada. Tomamos un par de copas de vino, cada uno a su gusto, ella un monastrel, afrutado, fresquito y ligero. Yo en cambio, opté por un tinto, variedad tempranillo, de una de las denominaciones de origen favoritas de mi bodega particular.
La noche fluía perfecta, por momentos se nos olvidaba el plan que teníamos para después y solo sabíamos disfrutar de cada minuto que compartíamos. Tras acabar nuestro picoteo, compartimos una torrija caramelizada, maridada con una copita de un vino de Oporto, un rubí dulce y suave que acompañaba perfectamente al caramelo que formaba parte de ese postre tan conocido. Añadimos un par de cafés a nuestra velada y empezamos a pensar que era el momento de seguir con nuestra noche especial.
En menos de cinco minutos estábamos plantados en la puerta de aquel lugar. Veíamos entrar a numerosas parejas sin pudor, con decisión, parecían saber a donde iban y no se les veía nada alarmados. Los nervios afloraban por segundos, el corazón latía cada vez más fuerte, parecía que iba a salir del pecho en cualquier momento y salir corriendo. Andando cogidos de la mano, de repente noto un tirón hacia atrás, parece que ella necesitaba pararse a pensar si todo esto sería una buena idea o no. Me detuve junto a ella, no quería que se sintiera presionada a nada que no quisiera hacer y quería que tuviera claro que mi prioridad era ella y solamente ella. Yo quería una experiencia nueva con ella, no un mal trago o algo de lo que arrepentirse.
No pasaron ni tres minutos hablando para que se decidiese, se puso su antifaz, cogió aire con fuerzas y valentía, me agarró de la mano y en una mezcla rara entre risas, nervios y confianza, nos pusimos a caminar directos a la puerta de entrada.
Allí estábamos los dos bien agarrados de la mano, con miedo, nervios y un pedazo de cartel en la frente que ponía “NOVATOS”. Nos atendió una chica muy amable, la cual nos dijo con total naturalidad si era nuestra primera vez, aunque evidentemente ya sabía que sí, se nos notaba a leguas. Nos acompañó al guardarropa de la entrada, donde nos atendió otra chica con una sonrisa amable y mostrando confianza. Todo parecía muy limpio y respetuoso. Nos explicaron algunas normas básicas y nos invitaron a solicitar en la barra, una visita guiada con explicación de todas las zonas del local.
De primeras no queríamos que nos explicasen ni enseñasen nada, los nervios y la vergüenza que aun nos quedaba, nos paralizaba en ese aspecto. Tras pedir un par de gintonics, decidimos entonces decirle a la camarera que, era nuestra primera vez y nos echase una mano. Muy amablemente salió de la barra y nos acompañó a hacer un tour por todo el establecimiento. Al principio, al pensar que una de las empleadas nos iba enseñando todo el local, nos sentíamos como observados, pero muy lejos de la realidad, nadie nos estaba mirando, allí cada uno iba a lo suyo y poco a poco íbamos relajándonos. Pasamos a una sala en cual entrada había un cartel muy claro en el que indicaba “solo parejas”, otro motivo por el cual debíamos ir relajándonos. Así fue en todo el local, la chica nos explicaba bien las zonas en común y las zonas solo para parejas, hasta por fin, terminar de hacer todo el tour y dejarnos solos a nuestra aventura.
Vista la inexperiencia de ambos, comentamos de pasar a una de esas salas solo para parejas. Era una habitación de unos 18/20 m2 aproximadamente. Tras pasar la entrada, a mano izquierda había una cama en un rincón, un sofá rinconero de frente, en el cual pudimos ver a una pareja con sus cositas, él sentado en el sofá y ella, sentada al lado, chupándosela, como si estuviesen solos, a su aire, allí nadie molestaba a nadie. También había una pantalla de unas 50” en la que tenían proyectadas películas porno. Nos sentamos a escasos metros de ellos, a tomar nuestra copa y charlar sobre lo que estábamos experimentando. En todo momento pude sentir como ambos estábamos muy pendientes del otro, intentando hacer de esto, un lazo de unión e interés por el bienestar ajeno.
Junto al lugar donde tomamos asiento, estaba la entrada a un pequeño pasillo que daba a un par de habitaciones, comunicadas entre ellas por una ventana en la que se podía ver lo que hacían en cada una de ellas. Eran unas habitaciones pequeñas con una cama y una cadenita en la puerta, la cual podías poner para que nadie entrase o, dejar abierta para invitar a otras parejas a su paso. Sin a penas darnos cuenta, había una pareja frente a nosotros, en la cama que había a la entrada, ella apoyada sobre la cama y él detrás de ella, embistiéndola por detrás, dando unas palmadas de vez en cuando en su culo que, sonaban en toda la sala. Por lo menos a mí, esas primeras palmadas me llegaron a resultar algo incómodas, no por las palmadas en sí, si no porque, no había terminado de relajarme del todo y poder asimilar que es una práctica habitual en cualquier pareja. Todo nos hacía gracia, nos daba un punto de excitación, pero a la vez, al ser novatos en esto, nos intimidaba ligeramente.
Procedimos a seguir haciendo nuestro propio tour, copa en mano, intentando ir soltándonos y relajándonos. Fue entonces cuando volviendo a cruzar la sala principal, volvimos a adentrarnos a otra de las salas “solo parejas”. Era un pasillo largo en el que habían distintas habitaciones a un lado y otro, unas con las anteriormente mencionadas cadenitas y otras con una cortina, la cual, no impedía el paso de ninguna de las parejas. Asomándonos tras una de dichas cortinas, pudimos ver algo que nos impactó bastante, una gran cama en medio de la habitación con unas cuatro o cinco parejas practicando sexo y otras seis o siente parejas mirando alrededor de dicha cama. Decidimos quedarnos a observar un poquito y, no sé si fue ver a mi chica con los ojos como platos o que los gintonics empezaban a hacer su efecto, pero decidí meter mi mano por debajo de su falda mientras ella no quitaba mirada de esa lujuriosa cama. Su sexo estaba, más que húmedo, empapado. Estaba como me gusta y ella no puso objeción alguna en que explorase a mis anchas toda esa zona. Uno que no es de piedra, tenía la polla como el mástil de un velero y decidí desabrochar mi cinturón para acto seguido, desabrochar mi pantalón y aliviando toda la presión que llevaba dentro. Ella sin dudarlo, agarró con fuerza mi polla y empezó a masturbarme. La situación era de lo más excitante, era la primera vez que nos veíamos en un entorno así y, lo mejor es que, lo estaba haciendo con ella, no era simplemente sexo vacío, había una compenetración entre nosotros, un respeto y un amor, con lo que toda esa experiencia, se elevaba al máximo nivel. De golpe volvimos a la realidad y pensamos en que, era suficiente hasta donde habíamos llegado. Volví a meter mi polla entre la ropa y salimos de allí dirección a la sala principal a tomar otra copa. Allí estuvimos durante un rato, charlando sobre lo sucedido hace escasos minutos. Ella parecía empezar a estar cómoda. Yo no dejaba de mirar sus ojos a través de esa máscara de gatita que llevaba, me tenía hipnotizado, absorbido con esa mirada tan penetrante que tiene, todo era magia con ella. Pedimos otra ronda de copas a las cuales le añadimos unos chupitos de vodka de caramelo, ¡que ricos estaban!
Tras pasar por la sala de fumadores y echar un pitillo, volvimos a la primera sala, parece que le habíamos cogido confianza y es donde nos sentíamos más seguros, pero en este caso, en vez de quedarnos sentados en el sofá, nos dimos cuenta de que había una pareja en una de las habitaciones, con la cadenita abierta, invitando a entrar a otras personas. Nosotros, muertos de curiosidad y morbo, nos quedamos en la puerta mirando como disfrutaban entre ellos y cuando quise darme cuenta, había otra pareja pidiéndonos paso para dejarlos entrar a dicha habitación. Accedimos a dejarles pasar sin dudarlo un segundo, no queríamos molestar a nadie. La chica se quedó mirando como su pareja se acercaba a la chica que había tumbada en la cama y él, lanzó una caricia con su mano en la pierna de ella, como pidiendo permiso para “jugar”, cosa a la que la chica que había tumbada, accedió. Antes de que se pusieran las dos parejas a disfrutar de esa ensalada, nos percatamos de que la habitación contigua quedaba libre, por lo que decidimos ocuparla, eso sí, con su correspondiente cadena en la puerta. Ella se acercó a la ventana que comunicaba con la otra habitación, deseando no perderse un detalle de lo que hacían los vecinos. Se puso de espaldas a mí. Yo la besaba por el cuello y la acariciaba suavemente mientras ella, disfrutaba de dicho espectáculo. Yo solo hacía que alucinar en cada momento, esa chica que tenía junto a mí, la cual tenía un miedo enorme de entrar a un lugar así, estaba empezando a disfrutar como un niño en el día de Reyes. Caricia tras caricia, sin casi percatarme, me doy cuenta de que sube una rodilla a la cama, seguido la otra y, sin dejar de mirar por la ventana, sube su vestido con decisión, dejando ver ese culo que tan animal me pone, el cual, tras apartar ese tanga negro de puntilla, me pongo a comer como si no hubiese un mañana. Ella estaba disfrutando muchísimo, se notaba por la cantidad de flujo que emanaba de su sexo. Me encanta el sabor de ese flujo, es pura miel, pero, no podía contenerme un segundo más, abrí de nuevo la presa que encerraba la presión de mi polla y la dejé salir para así, poder volver a meterla, pero esta vez dentro de ella, suave pero intensamente, hasta dentro del todo. Era un momento para recordar el resto de mis días, ella disfrutando mientras miraba a otros y la follaba, era vicio, pero no un vicio sucio, era un vicio mezclado con amor, con pasión… era un momento perfecto. Tras un poquito de juego, cambiamos de postura, yo me apoyo contra una de las pareces y ella, se agacha delante de mi y se pone a darme placer con su boca. Otros novatos que pasaban con la guía, como habíamos hecho nosotros un rato antes, se asomaban y veían lo que estábamos haciendo. Que morbazo da, estar practicando esto con tu pareja y que no pase nada porque otras personas te puedan ver.
¡Relajémonos un poco, tengo sed!, le dije. Dejamos la faena a medias y nos fuimos de nuevo a la barra de la sala principal aunque primero, pasamos por el baño para aliviar un poquito nuestras vegigas y lavarnos las manos. No porque aquello estuviese sucio ni mucho menos, la verdad es que nos pareció todo bastante higiénico, pero por si acaso, habíamos tocado muchas zonas del local y preferíamos mantener las manos limpias. Al volver a la barra, pedimos otra copa, en este caso tan solo una para compartirla, no hay nada mejor que compartir una copa con tu confidente. Añadimos otros dos chupitos de ese vodka de caramelo que tan bien entra, brindamos por la aventura que estábamos teniendo y cuando hago un barrido con la mirada, me cruzo con una persona conocida del pasado, la cual, me reconoce y cuando cruzamos por su lado, extiende su mano para saludarme. Fue un momento raro, por un lado me daba vergüenza que pudieran verme allí y pensar… ¿qué podrían pensar? ¿que estaba con mi chica en un club liberal? Es que era eso, ¡estábamos en un club liberal! Pero por otro lado, no es algo de lo que me arrepienta ni crea que, aunque la sociedad nos haya creado pensar así, sea algo malo.
Salimos a echar otro pitillo a la zona de fumadores, en este caso, con algo más de ligereza, no quería perder el tiempo en esa sala, parecía que habían lugares mucho más interesantes.
Abandonamos la sala de fumadores, nos dirigimos directos a la otra zona de parejas, atravesamos las cortinas que delimitaban la entrada a la zona y nos adentramos de nuevo por aquel pasillo. La cosa ya era algo distinta a lo que vimos allí hace un rato. Todo estaba algo más desatado, parecía todo mucho más relajado y las parejas que habían allí, se les notaba disfrutar muchísimo más, del momento y del lugar. Volvimos a entrar a esa sala, con más decisión, con un “a tomar por culo todo” marcado en la cabeza. Nos pusimos bien pegados a una de las tres parejas que habían encima de la cama, fue entonces cuando la chica de los ojazos penetrantes que me acompañaba en cuerpo y alma, decidió jugar también conmigo. Nos hicimos un hueco entre dos parejas, ella se tumbó boca arriba, le levanté el vestido sin mucha delicadeza, estaba ansioso por volver a meter la lengua entre ese par de piernas esculpidas por el deporte. Cuando levanté la cabeza, pude ver como un chico que había detrás de ella, había puesto su mano en las tetas de mi chica, nos miramos y fue más que suficiente para decirle que por mi parte no tenía ningún problema, que si le gustaba lo disfrutase y si no le gustaba, que tomase las medidas que creyera oportunas. Fue una sensación muy buena el hecho de saber que con tan solo mirarnos, nos entendimos perfectamente. Solo un par de minutos estuve inmerso en ese manjar dulce y húmedo, cuando tomé la decisión de incorporarme, desabrochar de nuevo mi pantalón y jugar con ella a eso que tanto nos gusta. La pareja que había a nuestro lado, seguía a lo suyo, ella de rodillas en la cama y su pareja tras ella embistiéndole sin piedad. La situación era muy morbosa pero quería tantear un poquito más a ver hasta donde podríamos llegar y disfrutar. Cogí su mano y la invité a colocarla sobre la espalda de la chica que había a nuestro lado, acto que no rechazó en ningún momento, todo lo contrario, si había que ir, se iba, con lo que cambió de lugar la mano, acariciando entonces una de las tetas de esa chica. La respuesta por parte de ella fue positiva, no dudó de buscar ella también los pechos de mi chica, abriéndose camino entre los tirantes de su vestido.
La excitación aumentaba por momentos, me estaba poniendo enfermo, miraba a mi alrededor, ese cuarto con luz tan ténue que era imposible poder reconocer a cualquier persona de las que allí habían. Es gracioso cuando te paras a analizar la situación y recopilas datos, -“no vamos a hacer nada, tan solo a tomar un par de copas y ver lo que es”-. Repetíamos tanto esa frase los días anteriores, que casi parecía que estabamos yendo contra nuestros propios principios, pero no más lejos de la realidad, fuimos sacando de nosotros nuestro lado más lujurioso, sin obligaciones y, si eso fue así, es porque así somos.
El orgasmo fue inminente, no duré mucho más de un par de minutos en esa situación. Verla a ella tumbada en esa cama, disfrutando conmigo, con confianza, queriéndonos… era imposible poder luchar contra tanto placer y sentimientos. Nos miramos a los ojos, pude ver millones de sentimientos saliendo de su preciosa mirada y la besé con todo el amor del mundo.
En ese momento escuchamos a los empleados del local diciendo que cerraban en unos minutos. Volvimos al vestuario en el que habíamos ido una hora antes a dejar parte de nuestras pertenencias, vaciamos al taquilla y nos pusimos camino a la salida.
Que sensación y que cúmulo de sentimientos encontrados en esa noche. Cruzamos la puerta de salida y sentimos el frescor de la noche en nuestra cara. Fue bastante gratificante sentir ese cambio de temperatura en nuestra piel, dado que, dentro el ambiente estaba muy caldeado y venía bien un poco de aire fresco. Caminábamos hacia el coche, en algunos momentos cogidos de la mano, en otros abrazados, alguna palmada al culo… era todo super emocionante, ¡lo habíamos hecho! Y no me refiero tan solo a una lujuriosa noche divertida, fue todo en ese día, el café de la tarde, las risas en el bazar chino, la cena en ese lugar tan acogedor y pintoresco… pero sobre todo… ELLA.
En el momento que ella saca de nuevo su paquete de tabaco, me lanzo a fumarme yo también uno. Creo que me lo gané, sí, así lo sentí. Como ese tópico de fumarse un pitillo después de un polvo. ¡¿qué cojones?!, claro que me lo merecía, menudo polvo el de esa noche. Nos terminamos el pitillo cuando ya estábamos a un par de metros del coche. Nos fuimos directamente al hotel, comentando jugadas, riendo y flipando muchísimo por lo acontecido esa noche. Llegados al hotel, no tardamos más de minuto y medio en estar ya en la habitación, era un hotel pequeñito, familiar y muy entrañable.
Ya en nuestra habitación, ella entra delante de mi. No podía quitar mi vista de su cuerpo, recordando el escenario que hace un corto espacio de tiempo, rodeaba su silueta. Gira su cabeza, me mira, me pide ayuda para bajar la cremallera del vestido, ubicada en la parte alta de su espalda. No me quedo solo en la ayuda de bajar dicha cremallera, aparto un poco uno de los tirantes, dejando ver su piel de uno tono tostadito muy sexy y apetecible. Buscando más piel para descubrir. Ese trapo gris oscuro al que se le denomina “vestido”, acaba en el suelo dejando desnudo su cuerpo, el cual ahora sí que puedo disfrutar con claridad, ya que, la luz de la habitación para nada era tan ténue y sombría como la de aquel lugar. Que espalda, que brazos, que…. culazo! Es impresionante lo de su culo, sencillamente me vuelve jodidamente loco. Obviamente, no puedo resistir mi sentido animal y vuelvo a notar como mi polla tiene ganas de ella. Su tanga acaba en mi mano, empapado en una mezcla de sus fluidos con los míos, caliente, y con todo el aroma a vicio y perversión. No es necesario tener que explicar mucho más que, sin darnos cuenta, ya estábamos de nuevo envueltos en besos, pasión y lujuria. Cuando el alcohol consumido y el cansancio físico me dejaron llegar al orgasmo, dejé caer mi semen sobre sus pechos, nada voluptuosos pero muy bonitos y bien colocados.
Nos dimos una ducha rápida y a dormir relajados y bien satisfechos.
Llevábamos tiempo hablando sobre ello, pero, siempre teníamos el miedo a ser reconocidos por alguien de nuestro entorno. Miramos en distintas ciudades, lejos de casa, buscando esa intimidad y discreción que tanto poníamos encima de la mesa.
Fue poco antes de la noche de los muertos (Halloween), cuando tuvimos la idea de aprovechar ese día para, poder taparnos la cara con alguna máscara e intentar así poder camuflar nuestra verdadera identidad.
Nos pusimos de acuerdo y seguido a ello fue un poco dicho y hecho; buscamos un hotel cerca, un restaurante cerca y por fin pudimos cuadrar todo. Las niñas estaban con el “truco o trato” en una fiesta con las amigas y pasarían la noche en grupo, teniendo entonces toda la noche para nuestra nueva experiencia.
Llegó el día, 31 de octubre de 2025, la noche de los muertos. Tras nuestra jornada laboral, comimos, preparamos nuestro macuto y empezamos a disfrutar de ese día para nosotros dos. Era lo que más deseábamos, poder pasar una tarde y una noche tranquilos, sin menores dando el follón, ni solicitando la atención que tanto merecen. Primero fuimos a un centro comercial a hacer algunas compras, tomamos un café en una conocida cadena de cafeterías y entre risas y nervios, comentábamos entre nosotros cómo podría ser ese lugar que tanto interés nos había despertado y, haciendo algo que consideramos totalmente imprescindible, pactar unas normas para que ambos estuviésemos cómodos y conectados en todo momento.
Iban pasando las horas y los nervios iban en aumento, en algunos momentos notaba como mi corazón se aceleraba considerablemente, era una sensación impresionante, ver a esa persona a mi lado, queriendo descubrir algo que nos resultaba curioso a la vez que respetuoso, era algo que me ha unido mucho más a ella, más que nada por el hecho de saber que yendo con ella de la mano, sé que puedo llegar muy lejos. Ella es impresionante y sorprendente.
Salimos del centro comercial y nos pusimos camino a la zona donde íbamos a cenar, dormir y experimentar. Los nervios iban y venían, ella me calmaba a mi en algunos momentos y yo a ella en otros, sensación muy gratificante tanto cuando me calmaba ella a mí, como cuando yo veía que podía calmarla y, llevarla de nuevo a una zona de confort. Entramos a un bazar chino a ver qué disfraz podíamos usar para ocultar un poquito nuestra identidad y no ser reconocidos. Eran todo risas en ese momento, ella se puso a probarse diversos antifaces y cada cual que se ponía, le quedaba mejor que el anterior. Se me ha olvidado comentar que ella tiene unos ojazos inmensos, de un color pardo muy clarito, casi verdes, con una mirada profunda y muy embaucadora. Al ponerse el antifaz y ocultar parte de su rostro, aun se pronunciaba mucho más esa mirada tan especial que, me vuelve tan loco con tan solo clavarla en mis ojos. También se probó alguna peluca, totalmente distinta a lo que su pelo natural es, saliendo una carcajada enorme de mi boca cuando la vi con ella puesta. Además de preciosa, es muy graciosa.
Ya con nuestros disfraces comprados, decidimos ir al hotel a hacer el check-in y descansar un poquito. Nos tumbamos en la cama y mientras ella descansaba un poco, yo iba buscando algún sitio bonito para picar algo, aunque, he de reconocer que, cualquier lugar es bonito siempre que vaya con ella de la mano, sabe hacer de cualquier lugar, un sitio especial.
Con todo ya más o menos controlado, normas pactadas y demás, nos pusimos a darnos una duchita y arreglarnos un poquito para salir a cenar. Ella tenía dudas sobe su outfit y me pidió que le diera mi opinión sobre los modelitos que trajo para la ocasión. Uno me gustaba y otro me encantaba, cada prenda que se ponía, le quedaba genial. Trajo dos vestidos oscuros, uno negro de piel y otro en un color gris antracita, en tejido de paño. Ambos le quedaban espectacularmente bonitos a la vez que sexis. Tiene unas piernas muy bonitas, largas, apretaditas del trabajo que hace constantemente en el gimnasio, tiene una planta atlética muy bonita a la vez que femenina. Yo en ese momento, solo sabía mirarla y babear constantemente. Como me gusta esta mujer, física y psíquicamente.
Decidimos abandonar la habitación del hotel e irnos a picar algo. Camino al restaurante, en cuanto el tráfico me dejaba poder apartar mi mirada de la carretera, la miraba a ella. Estaba deslumbrante, con poco que se ponga, me enamora. Decidió vestirse con el vestido gris oscuro de paño, con unos botines de media caña en un tono beige muy elegante, con detallitos dorados. Acompañaba con una rebeca de pelo cortito, estampada en colores beige y negro. El pelo recogido, dejando todo su rostro al descubierto, luciendo ese par de ojos que tanto desequilibran mi mente al verlos. Estaba ansioso por aparcar el coche y poder pasear con ella por la calle cogidos de la mano, orgulloso de ser yo la persona con la que, por ahora, está decidiendo pasar mucha parte de su tiempo.
Tras cruzar cuatro calles caminando, llegamos a un pequeño gastro bar situado en una pequeña pedanía junto a una famosa iglesia de la zona, donde cada año se celebra una romería muy famosa a nivel nacional. Situado en una zona peatonal del casco antiguo, con la entrada por un pequeño callejoncito adornado con plantas y con alguna bicicleta vieja apoyada en la fachada de una de las casitas. Ese fresquito de la noche, la luz tenue del callejón y… ella a mi lado. Era un momento perfecto, de esos de película romántica en la que dos personas tienen su primera cita y todo son sonrisas y brillo en la mirada. Tomamos un par de copas de vino, cada uno a su gusto, ella un monastrel, afrutado, fresquito y ligero. Yo en cambio, opté por un tinto, variedad tempranillo, de una de las denominaciones de origen favoritas de mi bodega particular.
La noche fluía perfecta, por momentos se nos olvidaba el plan que teníamos para después y solo sabíamos disfrutar de cada minuto que compartíamos. Tras acabar nuestro picoteo, compartimos una torrija caramelizada, maridada con una copita de un vino de Oporto, un rubí dulce y suave que acompañaba perfectamente al caramelo que formaba parte de ese postre tan conocido. Añadimos un par de cafés a nuestra velada y empezamos a pensar que era el momento de seguir con nuestra noche especial.
En menos de cinco minutos estábamos plantados en la puerta de aquel lugar. Veíamos entrar a numerosas parejas sin pudor, con decisión, parecían saber a donde iban y no se les veía nada alarmados. Los nervios afloraban por segundos, el corazón latía cada vez más fuerte, parecía que iba a salir del pecho en cualquier momento y salir corriendo. Andando cogidos de la mano, de repente noto un tirón hacia atrás, parece que ella necesitaba pararse a pensar si todo esto sería una buena idea o no. Me detuve junto a ella, no quería que se sintiera presionada a nada que no quisiera hacer y quería que tuviera claro que mi prioridad era ella y solamente ella. Yo quería una experiencia nueva con ella, no un mal trago o algo de lo que arrepentirse.
No pasaron ni tres minutos hablando para que se decidiese, se puso su antifaz, cogió aire con fuerzas y valentía, me agarró de la mano y en una mezcla rara entre risas, nervios y confianza, nos pusimos a caminar directos a la puerta de entrada.
Allí estábamos los dos bien agarrados de la mano, con miedo, nervios y un pedazo de cartel en la frente que ponía “NOVATOS”. Nos atendió una chica muy amable, la cual nos dijo con total naturalidad si era nuestra primera vez, aunque evidentemente ya sabía que sí, se nos notaba a leguas. Nos acompañó al guardarropa de la entrada, donde nos atendió otra chica con una sonrisa amable y mostrando confianza. Todo parecía muy limpio y respetuoso. Nos explicaron algunas normas básicas y nos invitaron a solicitar en la barra, una visita guiada con explicación de todas las zonas del local.
De primeras no queríamos que nos explicasen ni enseñasen nada, los nervios y la vergüenza que aun nos quedaba, nos paralizaba en ese aspecto. Tras pedir un par de gintonics, decidimos entonces decirle a la camarera que, era nuestra primera vez y nos echase una mano. Muy amablemente salió de la barra y nos acompañó a hacer un tour por todo el establecimiento. Al principio, al pensar que una de las empleadas nos iba enseñando todo el local, nos sentíamos como observados, pero muy lejos de la realidad, nadie nos estaba mirando, allí cada uno iba a lo suyo y poco a poco íbamos relajándonos. Pasamos a una sala en cual entrada había un cartel muy claro en el que indicaba “solo parejas”, otro motivo por el cual debíamos ir relajándonos. Así fue en todo el local, la chica nos explicaba bien las zonas en común y las zonas solo para parejas, hasta por fin, terminar de hacer todo el tour y dejarnos solos a nuestra aventura.
Vista la inexperiencia de ambos, comentamos de pasar a una de esas salas solo para parejas. Era una habitación de unos 18/20 m2 aproximadamente. Tras pasar la entrada, a mano izquierda había una cama en un rincón, un sofá rinconero de frente, en el cual pudimos ver a una pareja con sus cositas, él sentado en el sofá y ella, sentada al lado, chupándosela, como si estuviesen solos, a su aire, allí nadie molestaba a nadie. También había una pantalla de unas 50” en la que tenían proyectadas películas porno. Nos sentamos a escasos metros de ellos, a tomar nuestra copa y charlar sobre lo que estábamos experimentando. En todo momento pude sentir como ambos estábamos muy pendientes del otro, intentando hacer de esto, un lazo de unión e interés por el bienestar ajeno.
Junto al lugar donde tomamos asiento, estaba la entrada a un pequeño pasillo que daba a un par de habitaciones, comunicadas entre ellas por una ventana en la que se podía ver lo que hacían en cada una de ellas. Eran unas habitaciones pequeñas con una cama y una cadenita en la puerta, la cual podías poner para que nadie entrase o, dejar abierta para invitar a otras parejas a su paso. Sin a penas darnos cuenta, había una pareja frente a nosotros, en la cama que había a la entrada, ella apoyada sobre la cama y él detrás de ella, embistiéndola por detrás, dando unas palmadas de vez en cuando en su culo que, sonaban en toda la sala. Por lo menos a mí, esas primeras palmadas me llegaron a resultar algo incómodas, no por las palmadas en sí, si no porque, no había terminado de relajarme del todo y poder asimilar que es una práctica habitual en cualquier pareja. Todo nos hacía gracia, nos daba un punto de excitación, pero a la vez, al ser novatos en esto, nos intimidaba ligeramente.
Procedimos a seguir haciendo nuestro propio tour, copa en mano, intentando ir soltándonos y relajándonos. Fue entonces cuando volviendo a cruzar la sala principal, volvimos a adentrarnos a otra de las salas “solo parejas”. Era un pasillo largo en el que habían distintas habitaciones a un lado y otro, unas con las anteriormente mencionadas cadenitas y otras con una cortina, la cual, no impedía el paso de ninguna de las parejas. Asomándonos tras una de dichas cortinas, pudimos ver algo que nos impactó bastante, una gran cama en medio de la habitación con unas cuatro o cinco parejas practicando sexo y otras seis o siente parejas mirando alrededor de dicha cama. Decidimos quedarnos a observar un poquito y, no sé si fue ver a mi chica con los ojos como platos o que los gintonics empezaban a hacer su efecto, pero decidí meter mi mano por debajo de su falda mientras ella no quitaba mirada de esa lujuriosa cama. Su sexo estaba, más que húmedo, empapado. Estaba como me gusta y ella no puso objeción alguna en que explorase a mis anchas toda esa zona. Uno que no es de piedra, tenía la polla como el mástil de un velero y decidí desabrochar mi cinturón para acto seguido, desabrochar mi pantalón y aliviando toda la presión que llevaba dentro. Ella sin dudarlo, agarró con fuerza mi polla y empezó a masturbarme. La situación era de lo más excitante, era la primera vez que nos veíamos en un entorno así y, lo mejor es que, lo estaba haciendo con ella, no era simplemente sexo vacío, había una compenetración entre nosotros, un respeto y un amor, con lo que toda esa experiencia, se elevaba al máximo nivel. De golpe volvimos a la realidad y pensamos en que, era suficiente hasta donde habíamos llegado. Volví a meter mi polla entre la ropa y salimos de allí dirección a la sala principal a tomar otra copa. Allí estuvimos durante un rato, charlando sobre lo sucedido hace escasos minutos. Ella parecía empezar a estar cómoda. Yo no dejaba de mirar sus ojos a través de esa máscara de gatita que llevaba, me tenía hipnotizado, absorbido con esa mirada tan penetrante que tiene, todo era magia con ella. Pedimos otra ronda de copas a las cuales le añadimos unos chupitos de vodka de caramelo, ¡que ricos estaban!
Tras pasar por la sala de fumadores y echar un pitillo, volvimos a la primera sala, parece que le habíamos cogido confianza y es donde nos sentíamos más seguros, pero en este caso, en vez de quedarnos sentados en el sofá, nos dimos cuenta de que había una pareja en una de las habitaciones, con la cadenita abierta, invitando a entrar a otras personas. Nosotros, muertos de curiosidad y morbo, nos quedamos en la puerta mirando como disfrutaban entre ellos y cuando quise darme cuenta, había otra pareja pidiéndonos paso para dejarlos entrar a dicha habitación. Accedimos a dejarles pasar sin dudarlo un segundo, no queríamos molestar a nadie. La chica se quedó mirando como su pareja se acercaba a la chica que había tumbada en la cama y él, lanzó una caricia con su mano en la pierna de ella, como pidiendo permiso para “jugar”, cosa a la que la chica que había tumbada, accedió. Antes de que se pusieran las dos parejas a disfrutar de esa ensalada, nos percatamos de que la habitación contigua quedaba libre, por lo que decidimos ocuparla, eso sí, con su correspondiente cadena en la puerta. Ella se acercó a la ventana que comunicaba con la otra habitación, deseando no perderse un detalle de lo que hacían los vecinos. Se puso de espaldas a mí. Yo la besaba por el cuello y la acariciaba suavemente mientras ella, disfrutaba de dicho espectáculo. Yo solo hacía que alucinar en cada momento, esa chica que tenía junto a mí, la cual tenía un miedo enorme de entrar a un lugar así, estaba empezando a disfrutar como un niño en el día de Reyes. Caricia tras caricia, sin casi percatarme, me doy cuenta de que sube una rodilla a la cama, seguido la otra y, sin dejar de mirar por la ventana, sube su vestido con decisión, dejando ver ese culo que tan animal me pone, el cual, tras apartar ese tanga negro de puntilla, me pongo a comer como si no hubiese un mañana. Ella estaba disfrutando muchísimo, se notaba por la cantidad de flujo que emanaba de su sexo. Me encanta el sabor de ese flujo, es pura miel, pero, no podía contenerme un segundo más, abrí de nuevo la presa que encerraba la presión de mi polla y la dejé salir para así, poder volver a meterla, pero esta vez dentro de ella, suave pero intensamente, hasta dentro del todo. Era un momento para recordar el resto de mis días, ella disfrutando mientras miraba a otros y la follaba, era vicio, pero no un vicio sucio, era un vicio mezclado con amor, con pasión… era un momento perfecto. Tras un poquito de juego, cambiamos de postura, yo me apoyo contra una de las pareces y ella, se agacha delante de mi y se pone a darme placer con su boca. Otros novatos que pasaban con la guía, como habíamos hecho nosotros un rato antes, se asomaban y veían lo que estábamos haciendo. Que morbazo da, estar practicando esto con tu pareja y que no pase nada porque otras personas te puedan ver.
¡Relajémonos un poco, tengo sed!, le dije. Dejamos la faena a medias y nos fuimos de nuevo a la barra de la sala principal aunque primero, pasamos por el baño para aliviar un poquito nuestras vegigas y lavarnos las manos. No porque aquello estuviese sucio ni mucho menos, la verdad es que nos pareció todo bastante higiénico, pero por si acaso, habíamos tocado muchas zonas del local y preferíamos mantener las manos limpias. Al volver a la barra, pedimos otra copa, en este caso tan solo una para compartirla, no hay nada mejor que compartir una copa con tu confidente. Añadimos otros dos chupitos de ese vodka de caramelo que tan bien entra, brindamos por la aventura que estábamos teniendo y cuando hago un barrido con la mirada, me cruzo con una persona conocida del pasado, la cual, me reconoce y cuando cruzamos por su lado, extiende su mano para saludarme. Fue un momento raro, por un lado me daba vergüenza que pudieran verme allí y pensar… ¿qué podrían pensar? ¿que estaba con mi chica en un club liberal? Es que era eso, ¡estábamos en un club liberal! Pero por otro lado, no es algo de lo que me arrepienta ni crea que, aunque la sociedad nos haya creado pensar así, sea algo malo.
Salimos a echar otro pitillo a la zona de fumadores, en este caso, con algo más de ligereza, no quería perder el tiempo en esa sala, parecía que habían lugares mucho más interesantes.
Abandonamos la sala de fumadores, nos dirigimos directos a la otra zona de parejas, atravesamos las cortinas que delimitaban la entrada a la zona y nos adentramos de nuevo por aquel pasillo. La cosa ya era algo distinta a lo que vimos allí hace un rato. Todo estaba algo más desatado, parecía todo mucho más relajado y las parejas que habían allí, se les notaba disfrutar muchísimo más, del momento y del lugar. Volvimos a entrar a esa sala, con más decisión, con un “a tomar por culo todo” marcado en la cabeza. Nos pusimos bien pegados a una de las tres parejas que habían encima de la cama, fue entonces cuando la chica de los ojazos penetrantes que me acompañaba en cuerpo y alma, decidió jugar también conmigo. Nos hicimos un hueco entre dos parejas, ella se tumbó boca arriba, le levanté el vestido sin mucha delicadeza, estaba ansioso por volver a meter la lengua entre ese par de piernas esculpidas por el deporte. Cuando levanté la cabeza, pude ver como un chico que había detrás de ella, había puesto su mano en las tetas de mi chica, nos miramos y fue más que suficiente para decirle que por mi parte no tenía ningún problema, que si le gustaba lo disfrutase y si no le gustaba, que tomase las medidas que creyera oportunas. Fue una sensación muy buena el hecho de saber que con tan solo mirarnos, nos entendimos perfectamente. Solo un par de minutos estuve inmerso en ese manjar dulce y húmedo, cuando tomé la decisión de incorporarme, desabrochar de nuevo mi pantalón y jugar con ella a eso que tanto nos gusta. La pareja que había a nuestro lado, seguía a lo suyo, ella de rodillas en la cama y su pareja tras ella embistiéndole sin piedad. La situación era muy morbosa pero quería tantear un poquito más a ver hasta donde podríamos llegar y disfrutar. Cogí su mano y la invité a colocarla sobre la espalda de la chica que había a nuestro lado, acto que no rechazó en ningún momento, todo lo contrario, si había que ir, se iba, con lo que cambió de lugar la mano, acariciando entonces una de las tetas de esa chica. La respuesta por parte de ella fue positiva, no dudó de buscar ella también los pechos de mi chica, abriéndose camino entre los tirantes de su vestido.
La excitación aumentaba por momentos, me estaba poniendo enfermo, miraba a mi alrededor, ese cuarto con luz tan ténue que era imposible poder reconocer a cualquier persona de las que allí habían. Es gracioso cuando te paras a analizar la situación y recopilas datos, -“no vamos a hacer nada, tan solo a tomar un par de copas y ver lo que es”-. Repetíamos tanto esa frase los días anteriores, que casi parecía que estabamos yendo contra nuestros propios principios, pero no más lejos de la realidad, fuimos sacando de nosotros nuestro lado más lujurioso, sin obligaciones y, si eso fue así, es porque así somos.
El orgasmo fue inminente, no duré mucho más de un par de minutos en esa situación. Verla a ella tumbada en esa cama, disfrutando conmigo, con confianza, queriéndonos… era imposible poder luchar contra tanto placer y sentimientos. Nos miramos a los ojos, pude ver millones de sentimientos saliendo de su preciosa mirada y la besé con todo el amor del mundo.
En ese momento escuchamos a los empleados del local diciendo que cerraban en unos minutos. Volvimos al vestuario en el que habíamos ido una hora antes a dejar parte de nuestras pertenencias, vaciamos al taquilla y nos pusimos camino a la salida.
Que sensación y que cúmulo de sentimientos encontrados en esa noche. Cruzamos la puerta de salida y sentimos el frescor de la noche en nuestra cara. Fue bastante gratificante sentir ese cambio de temperatura en nuestra piel, dado que, dentro el ambiente estaba muy caldeado y venía bien un poco de aire fresco. Caminábamos hacia el coche, en algunos momentos cogidos de la mano, en otros abrazados, alguna palmada al culo… era todo super emocionante, ¡lo habíamos hecho! Y no me refiero tan solo a una lujuriosa noche divertida, fue todo en ese día, el café de la tarde, las risas en el bazar chino, la cena en ese lugar tan acogedor y pintoresco… pero sobre todo… ELLA.
En el momento que ella saca de nuevo su paquete de tabaco, me lanzo a fumarme yo también uno. Creo que me lo gané, sí, así lo sentí. Como ese tópico de fumarse un pitillo después de un polvo. ¡¿qué cojones?!, claro que me lo merecía, menudo polvo el de esa noche. Nos terminamos el pitillo cuando ya estábamos a un par de metros del coche. Nos fuimos directamente al hotel, comentando jugadas, riendo y flipando muchísimo por lo acontecido esa noche. Llegados al hotel, no tardamos más de minuto y medio en estar ya en la habitación, era un hotel pequeñito, familiar y muy entrañable.
Ya en nuestra habitación, ella entra delante de mi. No podía quitar mi vista de su cuerpo, recordando el escenario que hace un corto espacio de tiempo, rodeaba su silueta. Gira su cabeza, me mira, me pide ayuda para bajar la cremallera del vestido, ubicada en la parte alta de su espalda. No me quedo solo en la ayuda de bajar dicha cremallera, aparto un poco uno de los tirantes, dejando ver su piel de uno tono tostadito muy sexy y apetecible. Buscando más piel para descubrir. Ese trapo gris oscuro al que se le denomina “vestido”, acaba en el suelo dejando desnudo su cuerpo, el cual ahora sí que puedo disfrutar con claridad, ya que, la luz de la habitación para nada era tan ténue y sombría como la de aquel lugar. Que espalda, que brazos, que…. culazo! Es impresionante lo de su culo, sencillamente me vuelve jodidamente loco. Obviamente, no puedo resistir mi sentido animal y vuelvo a notar como mi polla tiene ganas de ella. Su tanga acaba en mi mano, empapado en una mezcla de sus fluidos con los míos, caliente, y con todo el aroma a vicio y perversión. No es necesario tener que explicar mucho más que, sin darnos cuenta, ya estábamos de nuevo envueltos en besos, pasión y lujuria. Cuando el alcohol consumido y el cansancio físico me dejaron llegar al orgasmo, dejé caer mi semen sobre sus pechos, nada voluptuosos pero muy bonitos y bien colocados.
Nos dimos una ducha rápida y a dormir relajados y bien satisfechos.