boredflamingo
Virgen
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Sara no pudo pegar ojo aquella noche, su sexo no paraba de rememorar lo que había visto y le reclamaba algo que no podía satisfacer.
"Una ducha me vendrá bien para despejarme", pensó. Cogió un muda limpia y se dirigió al baño.
Al llegar, Sara se quitó la camiseta y se bajó la bragas. En un suspiro, su mirada se perdió en el reflejo de su cuerpo desnudo y, tras una pausa, su mano se deslizó hacia su pecho, acariciándolo muy suavemente, prácticamente rozándolo.
Al poco, el roce de sus pezones erectos la devolvió a la realidad. Sara sacudió su cabeza, como si intentase negar sus pensamientos, y acto seguido se giró, corrió la cortina y entró en la bañera.
Una vez dentro cogió el cabezal, abrió el agua, y comenzó a mojarse un hombro, el otro y, de pronto, su corazón se aceleró. Sara quería, necesitaba, algo más que una ducha.
Una y otra mano comenzaron a moverse en sintonía, visitando cada rincón de su cuerpo e invitando a su respiración y su voz a participar en aquel baile al compás del fluir del agua.
Primero fue su pecho, después abdomen, su pubis e, inevitablemente, su sexo. Al poco, sintió como sus piernas flaqueaban, estar de pie en aquella bañera dejó de ser una opción. Sara se agachó y se acomodó. Apoyó una de sus piernas en el borde, cerró un poco el grifo, colocó el cabezal en su clítoris y retomó lo que estaba haciendo.
Con una mano masajeaba sus pechos. Con la otra, introdujo primero un dedo, luego otro, y estimuló sus puntos más sensibles.
Su respiración se aceleraba y su voz se elevaba. Sara siguió y siguió hasta que, sin quererlo, ni poder evitarlo, dejó escapar un gemido que puso fin a aquel momento.
Tras dicho momento, Sara se incorporó y continuó su ducha con normalidad.
Al abrir de nuevo la cortina, notó que la puerta del baño no estaba completamente cerrada. Tal vez, como aquella casa era relativamente vieja, el cierre de la puerta debía haberse aflojado, pensó. Pero, y si Carlos ha escuchado algo, se preguntó. Y si no solo lo había escuchado, sino que había estado observando al otro lado de la puerta, se volvió a pensar.
Aquella ducha que esperaba que despejase sus pensamientos, ahora no había hecho más que alimentarlos. Que Carlos hubiese estado detrás de la puerta, ¿era un problema o un deseo?
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Os dejo el enlace al episodio 1 por si no lo habéis leído todavía. Gracias.
"Una ducha me vendrá bien para despejarme", pensó. Cogió un muda limpia y se dirigió al baño.
Al llegar, Sara se quitó la camiseta y se bajó la bragas. En un suspiro, su mirada se perdió en el reflejo de su cuerpo desnudo y, tras una pausa, su mano se deslizó hacia su pecho, acariciándolo muy suavemente, prácticamente rozándolo.
Al poco, el roce de sus pezones erectos la devolvió a la realidad. Sara sacudió su cabeza, como si intentase negar sus pensamientos, y acto seguido se giró, corrió la cortina y entró en la bañera.
Una vez dentro cogió el cabezal, abrió el agua, y comenzó a mojarse un hombro, el otro y, de pronto, su corazón se aceleró. Sara quería, necesitaba, algo más que una ducha.
Una y otra mano comenzaron a moverse en sintonía, visitando cada rincón de su cuerpo e invitando a su respiración y su voz a participar en aquel baile al compás del fluir del agua.
Primero fue su pecho, después abdomen, su pubis e, inevitablemente, su sexo. Al poco, sintió como sus piernas flaqueaban, estar de pie en aquella bañera dejó de ser una opción. Sara se agachó y se acomodó. Apoyó una de sus piernas en el borde, cerró un poco el grifo, colocó el cabezal en su clítoris y retomó lo que estaba haciendo.
Con una mano masajeaba sus pechos. Con la otra, introdujo primero un dedo, luego otro, y estimuló sus puntos más sensibles.
Su respiración se aceleraba y su voz se elevaba. Sara siguió y siguió hasta que, sin quererlo, ni poder evitarlo, dejó escapar un gemido que puso fin a aquel momento.
Tras dicho momento, Sara se incorporó y continuó su ducha con normalidad.
Al abrir de nuevo la cortina, notó que la puerta del baño no estaba completamente cerrada. Tal vez, como aquella casa era relativamente vieja, el cierre de la puerta debía haberse aflojado, pensó. Pero, y si Carlos ha escuchado algo, se preguntó. Y si no solo lo había escuchado, sino que había estado observando al otro lado de la puerta, se volvió a pensar.
Aquella ducha que esperaba que despejase sus pensamientos, ahora no había hecho más que alimentarlos. Que Carlos hubiese estado detrás de la puerta, ¿era un problema o un deseo?
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Os dejo el enlace al episodio 1 por si no lo habéis leído todavía. Gracias.