El despertar de los sentidos

Kaxondete

Estrella Porno
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Robert se ajustó la corbata nerviosamente mientras observaba a Vanessa en el espejo del armario. Llevaban quince años de matrimonio, dos hijos, y una rutina sexual que se había desvanecido como el humo. A sus 47 años, con sus 180 centímetros de altura y sus 80 kilos, Robert sentía que algo faltaba. Algo fundamental.

—Vanessa, cariño... ¿Has pensado en lo que hablamos la otra noche? —preguntó, su voz apenas un susurro.

Vanessa, con sus 100 kilos distribuidos en un cuerpo que Robert encontraba exquisitamente femenino, se volvió lentamente. Sus tetas medianas, algo caídas, se movían bajo la camiseta de algodón. Su piel blanca contrastaba con la morena de su esposo.

—Rob, no sé si puedo —respondió, jugando con un mechón de su largo cabello—. Me da vergüenza. Soy tímida, tú lo sabes.

Robert se acercó y la rodeó por la espalda, notando el calor de su cuerpo a través de la fina tela. Su polla, de apenas 11 centímetros, comenzó a despertarse contra el pantalón. Ambos la tenían depilada, al igual que sus huevos, un pequeño ritual que compartían en la intimidad.

—Pero te excita la idea, ¿verdad? Te he visto cómo te ruborizas cuando lo mencionamos. Dante dice que...

—¡Dante! —exclamó Vanessa, girándose de repente—. ¿Por qué tiene que meterse él en todo? Tiene 64 años, Rob. ¿Qué sabrá él de nuestro matrimonio?

—Sabe más de lo que crees —murmuró Robert en su oído, su mano descendiendo por la espalda de su esposa hasta la curva de sus nalgas—. Ha visto nuestras fotos. Sabe lo que nos gusta.

Vanessa tembló ligeramente. Era cierto. Habían enviado a Dante, su amigo de toda la vida, algunas fotos íntimas. Robert, con su cuerpo moreno y su pequeña polla erecta. Vanessa, completamente depilada, con su piel blanca resplandeciendo bajo la luz del cuarto. Las fotos que Dante había respondido con comentarios que hicieron a Robert ponerse duro como una roca.

—¿Y si organizamos algo? —sugirió Robert, sus dedos trazando círculos en la cintura de su esposa—. Algo discreto. Algo donde tú tengas el control total.

Vanessa se quedó en silencio, sus ojos fijos en el reflejo de ambos en el espejo. Robert podía leer el conflicto en su rostro. El deseo mezclado con el miedo. La curiosidad luchando contra la timidez.

—¿Qué... qué tipo de algo? —preguntó finalmente, su voz temblorosa.

Robert sonrió, sabiendo que había ganado un pequeño terreno.

CONTINUARA.....
 

k66

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Robert se ajustó la corbata nerviosamente mientras observaba a Vanessa en el espejo del armario. Llevaban quince años de matrimonio, dos hijos, y una rutina sexual que se había desvanecido como el humo. A sus 47 años, con sus 180 centímetros de altura y sus 80 kilos, Robert sentía que algo faltaba. Algo fundamental.

—Vanessa, cariño... ¿Has pensado en lo que hablamos la otra noche? —preguntó, su voz apenas un susurro.

Vanessa, con sus 100 kilos distribuidos en un cuerpo que Robert encontraba exquisitamente femenino, se volvió lentamente. Sus tetas medianas, algo caídas, se movían bajo la camiseta de algodón. Su piel blanca contrastaba con la morena de su esposo.

—Rob, no sé si puedo —respondió, jugando con un mechón de su largo cabello—. Me da vergüenza. Soy tímida, tú lo sabes.

Robert se acercó y la rodeó por la espalda, notando el calor de su cuerpo a través de la fina tela. Su polla, de apenas 11 centímetros, comenzó a despertarse contra el pantalón. Ambos la tenían depilada, al igual que sus huevos, un pequeño ritual que compartían en la intimidad.

—Pero te excita la idea, ¿verdad? Te he visto cómo te ruborizas cuando lo mencionamos. Dante dice que...

—¡Dante! —exclamó Vanessa, girándose de repente—. ¿Por qué tiene que meterse él en todo? Tiene 64 años, Rob. ¿Qué sabrá él de nuestro matrimonio?

—Sabe más de lo que crees —murmuró Robert en su oído, su mano descendiendo por la espalda de su esposa hasta la curva de sus nalgas—. Ha visto nuestras fotos. Sabe lo que nos gusta.

Vanessa tembló ligeramente. Era cierto. Habían enviado a Dante, su amigo de toda la vida, algunas fotos íntimas. Robert, con su cuerpo moreno y su pequeña polla erecta. Vanessa, completamente depilada, con su piel blanca resplandeciendo bajo la luz del cuarto. Las fotos que Dante había respondido con comentarios que hicieron a Robert ponerse duro como una roca.

—¿Y si organizamos algo? —sugirió Robert, sus dedos trazando círculos en la cintura de su esposa—. Algo discreto. Algo donde tú tengas el control total.

Vanessa se quedó en silencio, sus ojos fijos en el reflejo de ambos en el espejo. Robert podía leer el conflicto en su rostro. El deseo mezclado con el miedo. La curiosidad luchando contra la timidez.

—¿Qué... qué tipo de algo? —preguntó finalmente, su voz temblorosa.

Robert sonrió, sabiendo que había ganado un pequeño terreno.

CONTINUARA.....
Pinta muy bien estare atento al siguiente capitulo
 

Kaxondete

Estrella Porno
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Robert se ajustó la corbata nerviosamente mientras observaba a Vanessa en el espejo del armario. Llevaban quince años de matrimonio, dos hijos, y una rutina sexual que se había desvanecido como el humo. A sus 47 años, con sus 180 centímetros de altura y sus 80 kilos, Robert sentía que algo faltaba. Algo fundamental.

—Vanessa, cariño... ¿Has pensado en lo que hablamos la otra noche? —preguntó, su voz apenas un susurro.

Vanessa, con sus 100 kilos distribuidos en un cuerpo que Robert encontraba exquisitamente femenino, se volvió lentamente. Sus tetas medianas, algo caídas, se movían bajo la camiseta de algodón. Su piel blanca contrastaba con la morena de su esposo.

—Rob, no sé si puedo —respondió, jugando con un mechón de su largo cabello—. Me da vergüenza. Soy tímida, tú lo sabes.

Robert se acercó y la rodeó por la espalda, notando el calor de su cuerpo a través de la fina tela. Su polla, de apenas 11 centímetros, comenzó a despertarse contra el pantalón. Ambos la tenían depilada, al igual que sus huevos, un pequeño ritual que compartían en la intimidad.

—Pero te excita la idea, ¿verdad? Te he visto cómo te ruborizas cuando lo mencionamos. Dante dice que...

—¡Dante! —exclamó Vanessa, girándose de repente—. ¿Por qué tiene que meterse él en todo? Tiene 64 años, Rob. ¿Qué sabrá él de nuestro matrimonio?

—Sabe más de lo que crees —murmuró Robert en su oído, su mano descendiendo por la espalda de su esposa hasta la curva de sus nalgas—. Ha visto nuestras fotos. Sabe lo que nos gusta.

Vanessa tembló ligeramente. Era cierto. Habían enviado a Dante, su amigo de toda la vida, algunas fotos íntimas. Robert, con su cuerpo moreno y su pequeña polla erecta. Vanessa, completamente depilada, con su piel blanca resplandeciendo bajo la luz del cuarto. Las fotos que Dante había respondido con comentarios que hicieron a Robert ponerse duro como una roca.

—¿Y si organizamos algo? —sugirió Robert, sus dedos trazando círculos en la cintura de su esposa—. Algo discreto. Algo donde tú tengas el control total.

Vanessa se quedó en silencio, sus ojos fijos en el reflejo de ambos en el espejo. Robert podía leer el conflicto en su rostro. El deseo mezclado con el miedo. La curiosidad luchando contra la timidez.

—¿Qué... qué tipo de algo? —preguntó finalmente, su voz temblorosa.

Robert sonrió, sabiendo que había ganado un pequeño terreno.

CONTINUARA.....

—Quizás Dante podría invitarnos a su casa. Tiene esa habitación en el sótano... aislada. Podríamos beber un poco, relajarnos. Y si no te gusta, nos vamos. Simple así.

Vanessa negó con la cabeza, pero menos firmemente que antes.

—No sé si podría hacerlo con otra persona, Rob. Y menos con Dante mirando. Es tan... intenso.

—Yo estaré contigo —prometió Robert, su mano deslizándose bajo la cintura de su esposa—. Y si no quieres hacerlo con él, quizás... quizás con otra chica. He pensado en eso, cariño. En verte con otra mujer.

Los ojos de Vanessa se abrieron de par en par.

—¿Con otra chica? ¡Rob, soy heterosexual! ¿Cómo se te ocurre siquiera...?

—Pero te excita, ¿verdad? —insistió Robert, su voz baja y persuasiva—. Imagínalo. Tú y otra mujer, mientras yo miro. Luego me uno. Los tres. Podríamos experimentar. Podríamos descubrir cosas nuevas de nosotros mismos.

Vanessa se apartó bruscamente, su respiración agitada.

—Necesito pensar, Rob. Esto es demasiado... demasiado.

Robert la observó retirarse al baño, cerrando la puerta tras de sí. Se quedó de pie en medio del dormitorio, su erección insistente bajo el pantalón. Sacó su móvil y abrió el chat con Dante.

"Creo que está considerándolo", escribió. "Necesito tu ayuda para convencerla".

La respuesta llegó casi instantáneamente. "Dime cuándo y dónde. Tengo exactamente lo que necesitan para perderse en la experiencia".

Robert sonrió, guardando el móvil. Sabía que Vanessa era tímida, indecisa. Pero también sabía que debajo de esa coraza de inseguridad había una mujer con deseos profundos, anhelos que apenas comenzaban a asomar. Y él, con su bisexualidad curiosa y su fantasía de verla disfrutar con otros, estaba decidido a ayudarla a descubrirlos.

Esa noche, cuando Vanessa finalmente se acostó a su lado, Robert se acercó sigilosamente.

—¿Qué tal si empezamos con algo pequeño? —susurró en la oscuridad—. Mañana. Sin presión. Solo Dante, nosotros, y unas copas de vino. Si no te gusta, nos vamos. Simple así.

Vanessa no respondió, pero Robert sintió cómo su cuerpo se relajaba ligeramente. Sabía que no sería fácil, pero estaba dispuesto a ser paciente. Después de todo, lo mejor de la vida a menudo requiere un pequeño salto de fe hacia lo desconocido.

La tarde siguiente, Robert se sentía como un adolescente antes de su primera cita. Mientras se afeitaba, se miró en el espejo, su torso moreno y delgado, su polla y huevos completamente depilados, un contraste con su pelo corto y canoso. ¿Estaba haciendo lo correcto? El pulso de excitación en su entrepierna le decía que sí.

CONTINUARA.......
 

Kaxondete

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—Quizás Dante podría invitarnos a su casa. Tiene esa habitación en el sótano... aislada. Podríamos beber un poco, relajarnos. Y si no te gusta, nos vamos. Simple así.

Vanessa negó con la cabeza, pero menos firmemente que antes.

—No sé si podría hacerlo con otra persona, Rob. Y menos con Dante mirando. Es tan... intenso.

—Yo estaré contigo —prometió Robert, su mano deslizándose bajo la cintura de su esposa—. Y si no quieres hacerlo con él, quizás... quizás con otra chica. He pensado en eso, cariño. En verte con otra mujer.

Los ojos de Vanessa se abrieron de par en par.

—¿Con otra chica? ¡Rob, soy heterosexual! ¿Cómo se te ocurre siquiera...?

—Pero te excita, ¿verdad? —insistió Robert, su voz baja y persuasiva—. Imagínalo. Tú y otra mujer, mientras yo miro. Luego me uno. Los tres. Podríamos experimentar. Podríamos descubrir cosas nuevas de nosotros mismos.

Vanessa se apartó bruscamente, su respiración agitada.

—Necesito pensar, Rob. Esto es demasiado... demasiado.

Robert la observó retirarse al baño, cerrando la puerta tras de sí. Se quedó de pie en medio del dormitorio, su erección insistente bajo el pantalón. Sacó su móvil y abrió el chat con Dante.

"Creo que está considerándolo", escribió. "Necesito tu ayuda para convencerla".

La respuesta llegó casi instantáneamente. "Dime cuándo y dónde. Tengo exactamente lo que necesitan para perderse en la experiencia".

Robert sonrió, guardando el móvil. Sabía que Vanessa era tímida, indecisa. Pero también sabía que debajo de esa coraza de inseguridad había una mujer con deseos profundos, anhelos que apenas comenzaban a asomar. Y él, con su bisexualidad curiosa y su fantasía de verla disfrutar con otros, estaba decidido a ayudarla a descubrirlos.

Esa noche, cuando Vanessa finalmente se acostó a su lado, Robert se acercó sigilosamente.

—¿Qué tal si empezamos con algo pequeño? —susurró en la oscuridad—. Mañana. Sin presión. Solo Dante, nosotros, y unas copas de vino. Si no te gusta, nos vamos. Simple así.

Vanessa no respondió, pero Robert sintió cómo su cuerpo se relajaba ligeramente. Sabía que no sería fácil, pero estaba dispuesto a ser paciente. Después de todo, lo mejor de la vida a menudo requiere un pequeño salto de fe hacia lo desconocido.

La tarde siguiente, Robert se sentía como un adolescente antes de su primera cita. Mientras se afeitaba, se miró en el espejo, su torso moreno y delgado, su polla y huevos completamente depilados, un contraste con su pelo corto y canoso. ¿Estaba haciendo lo correcto? El pulso de excitación en su entrepierna le decía que sí.

CONTINUARA.......

Vanessa tardó casi una hora en prepararse. Cuando finalmente salió del baño, Robert se quedó sin aliento. Llevaba un vestido negro ceñido que resaltaba sus curvas generosas, sus tetas medianas se notaban claramente bajo la tela. Su largo cabello oscuro caía en ondas sobre sus hombros pálidos. Se había depilado por completo, como siempre, pero esta vez parecía diferente, más... intencionada.

—¿Estás segura? —preguntó Robert, aunque no quería que cambiara de opinión.

Vanessa negó con la cabeza, pero no con convicción.

—No. Pero voy a intentarlo. Por ti. Por nosotros.

El viaje en coche hasta la casa de Dante transcurrió en un silencio denso, cargado de expectación. Robert mantenía una mano sobre el muslo de Vanessa, sintiendo el calor de su piel a través del tejido del vestido. Cada vez que se acercaban a su destino, sentía cómo su polla se endurecía un poco más, hasta que el roce de la tela se volvía casi doloroso.

La casa de Dante era una villa espaciosa en las afueras, con un jardín perfectamente cuidado. El propio Dante abrió la puerta, con su sonrisa cómplice y sus 64 años bien portados. Vestía una camisa de lino abierta hasta el pecho, revelando un vello canoso que contrastaba con su piel bronceada.

—Entra, entra —dijo, apartándose para dejarles pasar—. He abierto una botella de algo especial.

El salón era elegante pero acogedor, con sofás de cuero oscuro y una chimenea que no estaba encendida. Dante les sirvió vino en copas de cristal finas, sus ojos deslizándose sobre el cuerpo de Vanessa con una apreciación que Robert encontró increíblemente excitante.

—Me alegra que hayáis venido —dijo Dante, sentándose frente a ellos—. He estado pensando mucho en nuestras conversaciones. Y en vuestras fotos.

Vanessa se ruborizó intensamente, apurando su vino en un solo trago. Robert le reflejó una sonrisa tranquilizadora.

—Solo vamos a hablar —dijo Robert, aunque sabía que era una mentira—. A relajarnos un poco.

—Por supuesto —asintió Dante—. Aunque, si me permitís decirlo, Vanessa, eres aún más espectacular en persona. Tu piel... es como la porcelana.

Vanessa bajó la vista, jugando con el tallo de su copa. Robert notó cómo sus pezones se endurecían bajo el vestido, marcando dos pequeños puntos en la tela negra.

—¿Por qué no nos mostramos lo que vimos en las fotos? —sugirió Dante suavemente—. Sin presión. Solo para... romper el hielo.

Robert miró a Vanessa, buscando su consentimiento. Después de un momento, ella asintió casi imperceptiblemente.

CONTINUARA.......
 

Kaxondete

Estrella Porno
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Vanessa tardó casi una hora en prepararse. Cuando finalmente salió del baño, Robert se quedó sin aliento. Llevaba un vestido negro ceñido que resaltaba sus curvas generosas, sus tetas medianas se notaban claramente bajo la tela. Su largo cabello oscuro caía en ondas sobre sus hombros pálidos. Se había depilado por completo, como siempre, pero esta vez parecía diferente, más... intencionada.

—¿Estás segura? —preguntó Robert, aunque no quería que cambiara de opinión.

Vanessa negó con la cabeza, pero no con convicción.

—No. Pero voy a intentarlo. Por ti. Por nosotros.

El viaje en coche hasta la casa de Dante transcurrió en un silencio denso, cargado de expectación. Robert mantenía una mano sobre el muslo de Vanessa, sintiendo el calor de su piel a través del tejido del vestido. Cada vez que se acercaban a su destino, sentía cómo su polla se endurecía un poco más, hasta que el roce de la tela se volvía casi doloroso.

La casa de Dante era una villa espaciosa en las afueras, con un jardín perfectamente cuidado. El propio Dante abrió la puerta, con su sonrisa cómplice y sus 64 años bien portados. Vestía una camisa de lino abierta hasta el pecho, revelando un vello canoso que contrastaba con su piel bronceada.

—Entra, entra —dijo, apartándose para dejarles pasar—. He abierto una botella de algo especial.

El salón era elegante pero acogedor, con sofás de cuero oscuro y una chimenea que no estaba encendida. Dante les sirvió vino en copas de cristal finas, sus ojos deslizándose sobre el cuerpo de Vanessa con una apreciación que Robert encontró increíblemente excitante.

—Me alegra que hayáis venido —dijo Dante, sentándose frente a ellos—. He estado pensando mucho en nuestras conversaciones. Y en vuestras fotos.

Vanessa se ruborizó intensamente, apurando su vino en un solo trago. Robert le reflejó una sonrisa tranquilizadora.

—Solo vamos a hablar —dijo Robert, aunque sabía que era una mentira—. A relajarnos un poco.

—Por supuesto —asintió Dante—. Aunque, si me permitís decirlo, Vanessa, eres aún más espectacular en persona. Tu piel... es como la porcelana.

Vanessa bajó la vista, jugando con el tallo de su copa. Robert notó cómo sus pezones se endurecían bajo el vestido, marcando dos pequeños puntos en la tela negra.

—¿Por qué no nos mostramos lo que vimos en las fotos? —sugirió Dante suavemente—. Sin presión. Solo para... romper el hielo.

Robert miró a Vanessa, buscando su consentimiento. Después de un momento, ella asintió casi imperceptiblemente.

CONTINUARA.......



Se levantaron, el corazón de Robert martilleando en su pecho. Se desvistieron lentamente, casi ceremonialmente. Primero Robert, quitándose su camisa y luego sus pantalones, dejando al descubierto su cuerpo moreno y delgado, su polla de 11 centímetros ya semi erecta. Luego Vanessa, con manos temblorosas que bajaron la cremallera de su vestido y lo dejaron caer al suelo.

Dante siseó suavemente cuando vio el cuerpo de Vanessa. Sus tetas medianas, algo caídas, con sus pezones rosados y erectos. Su vientre suave y sus caderas amplias. Y entre sus piernas, su coño completamente depilado, ya visiblemente húmedo.

—Eres perfecta —murmuró Dante—. Absolutamente perfecta.

Vanessa cubrió su rostro con las manos, avergonzada pero claramente excitada. Robert se acercó y la rodeó con sus brazos, sintiendo el calor de su piel contra la suya.

—Está bien, cariño —susurró—. Estoy aquí.

—¿Y si...? —comenzó a decir Vanessa, pero se interrumpió.

—¿Y si empezamos con algo simple? —sugirió Dante, levantándose y acercándose a ellos—. Robert, ¿por qué no te sientas allí y observas? Y Vanessa, ven aquí conmigo.

Robert sintió una descarga de adrenalina pura. Se sentó en uno de los sofás de cuero, su polla ahora completamente erecta y palpitante. Observó cómo Dante tomaba suavemente la mano de Vanessa y la conducía hacia el centro de la habitación.

—Voy a tocarte, ¿vale? —dijo Dante suavemente—. Solo con las manos. Nada más. Y si en algún momento quieres parar, dilo y pararemos.

Vanessa asintió, su cuerpo temblando ligeramente. Robert observó, hipnotizado, mientras las manos de Dante comenzaban a explorar el cuerpo de su esposa. Primero sus hombros, luego descendiendo por su espalda, hasta las curvas de sus nalgas. Vanessa emitió un pequeño gemido cuando los dedos de Dante se deslizaron entre sus mejillas, encontrando la humedad que ya se acumulaba allí.

—Estás excitada, ¿verdad? —murmuró Dante, su voz baja y ronca—. ¿Te gusta que Robert te mire mientras te toco?

Vanessa solo pudo asentir, su cabeza echada hacia atrás mientras las manos de Dante encontraban sus tetas, acariciando suavemente sus pezones ya duros.

Robert se frotó la polla a través del aire, incapaz de resistirse. La escena era aún más excitante de lo que había imaginado. Su esposa, tímida y recatada, entregándose a las caricias de otro hombre mientras él observaba.

—¿Y si probamos algo más? —sugirió Dante, sus dedos deslizándose hacia el coño de Vanessa—. ¿Te gustaría sentir mi lengua allí? ¿Mientras Robert nos mira?

Vanessa abrió los ojos, mirando directamente a su esposo. En su mirada, Robert vio una mezcla de miedo y deseo intenso. Asintió lentamente, casi imperceptiblemente.

Dante se arrodilló frente a ella, separando suavemente sus piernas. Robert observó, con la respiración contenida, mientras la cabeza canosa de su amigo se acercaba al coño depilado de su esposa. El primer contacto de la lengua de Dante con el clítoris de Vanessa provocó un gemido que resonó en toda la habitación.

CONTINUARÁ.....
 

esbarres

Estrella Porno
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Valles Occ. ( Egara )
 
Kaxondete , cuando se le despierta a uno la polla es despertar de los sentidos ? Ó despertar del cacharro ? Por cuando see despierta , como se pone el chisme , Cabezón y tieso . Jjjjeee es broma
 

Kaxondete

Estrella Porno
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Se levantaron, el corazón de Robert martilleando en su pecho. Se desvistieron lentamente, casi ceremonialmente. Primero Robert, quitándose su camisa y luego sus pantalones, dejando al descubierto su cuerpo moreno y delgado, su polla de 11 centímetros ya semi erecta. Luego Vanessa, con manos temblorosas que bajaron la cremallera de su vestido y lo dejaron caer al suelo.

Dante siseó suavemente cuando vio el cuerpo de Vanessa. Sus tetas medianas, algo caídas, con sus pezones rosados y erectos. Su vientre suave y sus caderas amplias. Y entre sus piernas, su coño completamente depilado, ya visiblemente húmedo.

—Eres perfecta —murmuró Dante—. Absolutamente perfecta.

Vanessa cubrió su rostro con las manos, avergonzada pero claramente excitada. Robert se acercó y la rodeó con sus brazos, sintiendo el calor de su piel contra la suya.

—Está bien, cariño —susurró—. Estoy aquí.

—¿Y si...? —comenzó a decir Vanessa, pero se interrumpió.

—¿Y si empezamos con algo simple? —sugirió Dante, levantándose y acercándose a ellos—. Robert, ¿por qué no te sientas allí y observas? Y Vanessa, ven aquí conmigo.

Robert sintió una descarga de adrenalina pura. Se sentó en uno de los sofás de cuero, su polla ahora completamente erecta y palpitante. Observó cómo Dante tomaba suavemente la mano de Vanessa y la conducía hacia el centro de la habitación.

—Voy a tocarte, ¿vale? —dijo Dante suavemente—. Solo con las manos. Nada más. Y si en algún momento quieres parar, dilo y pararemos.

Vanessa asintió, su cuerpo temblando ligeramente. Robert observó, hipnotizado, mientras las manos de Dante comenzaban a explorar el cuerpo de su esposa. Primero sus hombros, luego descendiendo por su espalda, hasta las curvas de sus nalgas. Vanessa emitió un pequeño gemido cuando los dedos de Dante se deslizaron entre sus mejillas, encontrando la humedad que ya se acumulaba allí.

—Estás excitada, ¿verdad? —murmuró Dante, su voz baja y ronca—. ¿Te gusta que Robert te mire mientras te toco?

Vanessa solo pudo asentir, su cabeza echada hacia atrás mientras las manos de Dante encontraban sus tetas, acariciando suavemente sus pezones ya duros.

Robert se frotó la polla a través del aire, incapaz de resistirse. La escena era aún más excitante de lo que había imaginado. Su esposa, tímida y recatada, entregándose a las caricias de otro hombre mientras él observaba.

—¿Y si probamos algo más? —sugirió Dante, sus dedos deslizándose hacia el coño de Vanessa—. ¿Te gustaría sentir mi lengua allí? ¿Mientras Robert nos mira?

Vanessa abrió los ojos, mirando directamente a su esposo. En su mirada, Robert vio una mezcla de miedo y deseo intenso. Asintió lentamente, casi imperceptiblemente.

Dante se arrodilló frente a ella, separando suavemente sus piernas. Robert observó, con la respiración contenida, mientras la cabeza canosa de su amigo se acercaba al coño depilado de su esposa. El primer contacto de la lengua de Dante con el clítoris de Vanessa provocó un gemido que resonó en toda la habitación.

CONTINUARÁ.....



Robert se masturbaba lentamente, sus ojos fijos en la escena. Observó cómo el cuerpo de su esposa se arqueaba, cómo sus manos se enredaban en el cabello de Dante, cómo sus caderas comenzaban a moverse rítmicamente contra la boca de su amigo. Era lo más guarro y excitante que había visto en su vida.

—Rob —gimió Vanessa, mirándolo con los ojos vidriosos—. Oh, Dios, Rob...

—Disfruta, cariño —logró decir Robert, su voz ronca por la excitación—. Disfruta todo.

Dante continuó lamiendo y chupando, sus dedos uniéndose a su lengua, penetrando suavemente el coño ya empapado de Vanessa. Robert pudo ver cómo se contraía, cómo su cuerpo temblaba con el preludio de un orgasmo.

—Voy a correrme —gimió Vanessa, su voz alta y sin inhibiciones—. Voy a correrme...

Y entonces lo hizo, con un grito que hizo que la polla de Robert palpitara violentamente en su mano. Se corrió al mismo tiempo, su semen salpicando su vientre moreno mientras observaba a su esposa disfrutar de un orgasmo intenso y liberador.

Cuando terminó, Vanessa se desplomó sobre Dante, que la sostuvo suavemente. Robert se levantó, su cuerpo temblando todavía por el forcejeo, y se acercó a ellos.

—¿Estás bien, cariño? —preguntó, besándola suavemente en la frente.

Vanessa asintió, una sonrisa perezosa en sus labios.

—Más que bien —murmuró—. Mucho más que bien.

Dante sonrió a Robert, un gesto de complicidad y satisfacción.

—Y esto solo es el principio —dijo—. Tenemos toda la noche por delante.

Dante sonrió a Robert, un gesto de complicidad y satisfacción.

—Y esto solo es el principio —dijo—. Tenemos toda la noche por delante para explorar. Robert, ven aquí. Acércate y siente el calor de tu esposa después de haberla disfrutado.

Robert obedeció, su polla todavía semi erecta y pegajosa. Se arrodilló junto a Dante y acarició la espalda sudorosa de Vanessa. La piel de su esposa ardía bajo sus dedos.

—¿Lo ves? —susurró Dante, su voz un murmullo junto al oído de Robert—. Está viva. Está despertando. Y es gracias a ti, por haberla dejado ir.

Robert sintió una mezcla de orgullo y celos que lo excitó hasta la médula. Se inclinó y besó a Vanessa, una vez más. Esta vez, ella le devolvió el beso con una pasión que no sentía en años, sus manos buscando el cuerpo de Robert, sus dedos envolviendo su polla, que comenzó a endurecerse de nuevo.

—¿Te gustaría verla conmigo, Robert? —preguntó Dante, su mano deslizándose por la cadera de Vanessa hasta su coño todavía húmedo—. ¿Verla mientras la penetro, mientras te mira a ti?

CONTINUARA......
 

Kaxondete

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Robert se masturbaba lentamente, sus ojos fijos en la escena. Observó cómo el cuerpo de su esposa se arqueaba, cómo sus manos se enredaban en el cabello de Dante, cómo sus caderas comenzaban a moverse rítmicamente contra la boca de su amigo. Era lo más guarro y excitante que había visto en su vida.

—Rob —gimió Vanessa, mirándolo con los ojos vidriosos—. Oh, Dios, Rob...

—Disfruta, cariño —logró decir Robert, su voz ronca por la excitación—. Disfruta todo.

Dante continuó lamiendo y chupando, sus dedos uniéndose a su lengua, penetrando suavemente el coño ya empapado de Vanessa. Robert pudo ver cómo se contraía, cómo su cuerpo temblaba con el preludio de un orgasmo.

—Voy a correrme —gimió Vanessa, su voz alta y sin inhibiciones—. Voy a correrme...

Y entonces lo hizo, con un grito que hizo que la polla de Robert palpitara violentamente en su mano. Se corrió al mismo tiempo, su semen salpicando su vientre moreno mientras observaba a su esposa disfrutar de un orgasmo intenso y liberador.

Cuando terminó, Vanessa se desplomó sobre Dante, que la sostuvo suavemente. Robert se levantó, su cuerpo temblando todavía por el forcejeo, y se acercó a ellos.

—¿Estás bien, cariño? —preguntó, besándola suavemente en la frente.

Vanessa asintió, una sonrisa perezosa en sus labios.

—Más que bien —murmuró—. Mucho más que bien.

Dante sonrió a Robert, un gesto de complicidad y satisfacción.

—Y esto solo es el principio —dijo—. Tenemos toda la noche por delante.

Dante sonrió a Robert, un gesto de complicidad y satisfacción.

—Y esto solo es el principio —dijo—. Tenemos toda la noche por delante para explorar. Robert, ven aquí. Acércate y siente el calor de tu esposa después de haberla disfrutado.

Robert obedeció, su polla todavía semi erecta y pegajosa. Se arrodilló junto a Dante y acarició la espalda sudorosa de Vanessa. La piel de su esposa ardía bajo sus dedos.

—¿Lo ves? —susurró Dante, su voz un murmullo junto al oído de Robert—. Está viva. Está despertando. Y es gracias a ti, por haberla dejado ir.

Robert sintió una mezcla de orgullo y celos que lo excitó hasta la médula. Se inclinó y besó a Vanessa, una vez más. Esta vez, ella le devolvió el beso con una pasión que no sentía en años, sus manos buscando el cuerpo de Robert, sus dedos envolviendo su polla, que comenzó a endurecerse de nuevo.

—¿Te gustaría verla conmigo, Robert? —preguntó Dante, su mano deslizándose por la cadera de Vanessa hasta su coño todavía húmedo—. ¿Verla mientras la penetro, mientras te mira a ti?

CONTINUARA......


Vanessa tensó ligeramente, pero no se apartó. Miró a Robert, sus ojos llenos de una pregunta silenciosa.

—Sí —dijo Robert, su voz firme y decidida—. Quiero verlo. Quiero verte disfrutar con él.

Dante se levantó y se desvistió lentamente. Su cuerpo, aunque mayor, estaba bien conservado, con una polla más larga y gruesa que la de Robert, ya completamente erecta. Vanessa la miró con una mezcla de temor y fascinación.

—Acuéstate en la alfombra, cariño —sugirió Robert, ayudando a su esposa a tenderse de espaldas—. Abre las piernas para él. Déjale ver lo hermosa que eres.

Vanessa obedeció, su respiración agitada. Robert se sentó a su lado, observando mientras Dante se arrodillaba entre las piernas de su esposa. Lentamente, Dante guió su polla hacia la entrada del coño de Vanessa, deslizándola hacia arriba y hacia abajo por sus labios ya húmedos.

—¿Estás lista? —preguntó Dante, mirando a Vanessa y luego a Robert—. ¿Lista para sentirme dentro de ti?

Vanessa asintió, sus ojos fijos en los de su esposo. Lentamente, Dante comenzó a penetrarla. Robert observó fascinado cómo la polla de su amigo desaparecía dentro del cono de su esposa, cómo el cuerpo de Vanessa se arqueaba para recibirlo, cómo un gemido escapaba de sus labios.

El ritmo comenzó lento, casi reverente. Dante se movía dentro de Vanessa con movimientos largos y profundos, mientras Robert observaba, su polla otra vez completamente erecta en su mano. La escena era increíblemente íntima y cruda al mismo tiempo. Su esposa, la madre de sus hijos, siendo disfrutada por otro hombre mientras él observaba.

—Acércate más —gimió Vanessa, extendiendo una mano hacia Robert—. Quiero tocarte mientras él me folla.

Robert se acercó, permitiendo que su esposa le masturbara mientras Dante continuaba su ritmo, cada vez más rápido. El contraste entre la mano suave y familiar de Vanessa y la visión de su cuerpo siendo poseído por otro hombre era abrumadoramente excitante.

—¿Te gusta? —preguntó Dante, su voz ronca por el esfuerzo—. ¿Te gusta ver cómo tu esposa disfruta de mi polla?

—Sí —logró decir Robert, su cuerpo temblando—. Sí, me encanta.

Dante aumentó el ritmo, sus caderas chocando contra las de Vanessa con cada embestida. El cuerpo de Vanessa se tensó, su espalda arqueándose mientras un nuevo orgasmo la recorría.

—¡Dios, sí! —gritó, su mano apretando la polla de Robert con tanta fuerza que casi le hizo daño—. ¡Sí, sí, sí!

El grito de placer de Vanessa fue el detonante para Robert. Se corrió de nuevo, su semen salpicando el muslo de su esposa mientras Dante continuaba moviéndose dentro de ella, buscando su propio clímax, que llegó pocos segundos después con un gruñido profundo mientras se vaciaba dentro del coño de Vanessa.

CONTINUARA........
 
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Kaxondete

Estrella Porno
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Vanessa tensó ligeramente, pero no se apartó. Miró a Robert, sus ojos llenos de una pregunta silenciosa.

—Sí —dijo Robert, su voz firme y decidida—. Quiero verlo. Quiero verte disfrutar con él.

Dante se levantó y se desvistió lentamente. Su cuerpo, aunque mayor, estaba bien conservado, con una polla más larga y gruesa que la de Robert, ya completamente erecta. Vanessa la miró con una mezcla de temor y fascinación.

—Acuéstate en la alfombra, cariño —sugirió Robert, ayudando a su esposa a tenderse de espaldas—. Abre las piernas para él. Déjale ver lo hermosa que eres.

Vanessa obedeció, su respiración agitada. Robert se sentó a su lado, observando mientras Dante se arrodillaba entre las piernas de su esposa. Lentamente, Dante guió su polla hacia la entrada del coño de Vanessa, deslizándola hacia arriba y hacia abajo por sus labios ya húmedos.

—¿Estás lista? —preguntó Dante, mirando a Vanessa y luego a Robert—. ¿Lista para sentirme dentro de ti?

Vanessa asintió, sus ojos fijos en los de su esposo. Lentamente, Dante comenzó a penetrarla. Robert observó fascinado cómo la polla de su amigo desaparecía dentro del cono de su esposa, cómo el cuerpo de Vanessa se arqueaba para recibirlo, cómo un gemido escapaba de sus labios.

El ritmo comenzó lento, casi reverente. Dante se movía dentro de Vanessa con movimientos largos y profundos, mientras Robert observaba, su polla otra vez completamente erecta en su mano. La escena era increíblemente íntima y cruda al mismo tiempo. Su esposa, la madre de sus hijos, siendo disfrutada por otro hombre mientras él observaba.

—Acércate más —gimió Vanessa, extendiendo una mano hacia Robert—. Quiero tocarte mientras él me folla.

Robert se acercó, permitiendo que su esposa le masturbara mientras Dante continuaba su ritmo, cada vez más rápido. El contraste entre la mano suave y familiar de Vanessa y la visión de su cuerpo siendo poseído por otro hombre era abrumadoramente excitante.

—¿Te gusta? —preguntó Dante, su voz ronca por el esfuerzo—. ¿Te gusta ver cómo tu esposa disfruta de mi polla?

—Sí —logró decir Robert, su cuerpo temblando—. Sí, me encanta.

Dante aumentó el ritmo, sus caderas chocando contra las de Vanessa con cada embestida. El cuerpo de Vanessa se tensó, su espalda arqueándose mientras un nuevo orgasmo la recorría.

—¡Dios, sí! —gritó, su mano apretando la polla de Robert con tanta fuerza que casi le hizo daño—. ¡Sí, sí, sí!

El grito de placer de Vanessa fue el detonante para Robert. Se corrió de nuevo, su semen salpicando el muslo de su esposa mientras Dante continuaba moviéndose dentro de ella, buscando su propio clímax, que llegó pocos segundos después con un gruñido profundo mientras se vaciaba dentro del coño de Vanessa.

CONTINUARA........


Los tres permanecieron inmóviles durante un momento, sus cuerpos entrelazados, sudorosos y satisfechos. Luego, Dante se retiró lentamente, permitiendo que Robert viera el semen de su amigo goteando del coño de su esposa. Era la imagen más guarra y excitante que había visto en su vida.

—¿Lo ves? —susurró Dante, acostándose al otro lado de Vanessa—. Esto es lo que querías. ¿Verdad?

Robert asintió, sin palabras, acariciando el cabello sudoroso de su esposa.

—Sí —dijo finalmente, su voz ronca—. Esto es lo que quería.

Vanessa sonrió, una sonrisa perezosa y satisfecha.

—Y yo también —murmuró—. Yo también lo quería.

Las semanas siguientes a aquella noche en casa de Dante transcurrieron en una especie de nebulosa de silencios y miradas cómplices. La rutina diaria con los hijos, el trabajo, las compras... todo seguía igual, pero en realidad, todo había cambiado. El aire entre Robert y Vanessa era más denso, cargado con el recuerdo de los sonidos, los olores, las imágenes de esa noche.

Robert notaba el cambio en su esposa. Se movía con una nueva confianza, una ligereza que antes no tenía. Una vez, mientras preparaba la cena, la sorprendió mirándola por encima del periódico con una sonrisa perezosa.

—¿Qué pasa? —preguntó ella, notando su mirada.

—Nada —dijo Robert, bajando el periódico—. Es que... estás radiante.

Vanessa sonrió, un auténtico sonrojo coloreando sus mejillas, pero esta vez no era de vergüenza, sino de orgullo.

—Me siento... diferente —confesó, secándose las manos en el delantal—. Como si me hubieras desatado algo dentro de mí.

Esa noche, después de acostar a los niños, el sexo fue diferente. No fue el sexo rutinario de los últimos años, sino algo más salvaje, más exploratorio. Vanessa tomó la iniciativa, empujando a Robert sobre la cama y montándolo con una ferocidad que lo dejó sin aliento.

—Cuéntame —gimió él, mientras ella se movía sobre su polla de 11 centímetros—. Cuéntame qué sentiste.

—Sentí... poder —soltó Vanessa, su voz ronca—. Sentí vuestras miradas sobre mí. La tuya, llena de amor y deseo. La de Dante, llena de pura lujuria. Y me sentí... deseada. Como nunca antes.

Robert se corrió con un grito, su cuerpo arqueándose bajo el de su esposa. Fue el mejor orgasmo que había tenido en años, y no solo por la estimulación física, sino por la mental.

CONTINUARA.....
 
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