Acabo de cenar, pollo al limón.
Se me quejó la nevera, diciendo que a ella siempre la dejaban fria y abierta de par en par mientras que, el horno siempre estaba calentito.
Se me quejó el limón, diciendo que lo había arrancado, que estaba lejos de su hogar y eso lo hacía ser ácido.
Se me quejó la sal, diciendo que ella siempre debía estar resalada,simpática y moverse con salero, cuando en realidad lo que quería, era ser sal marina, surcar los mares y a poder ser dormir en el lecho marino, sin ser molestada.
Y se me quejó el pollo, diciendo que no era pollo que su identidad sexual era otra. Se sentía identificado con un ave , de suave plumón, de llamativo colorido, con un pico muy largo para contar mentiras tralara y que era de hacer muchas payasadas y otras pavadas. Sin esperar a que me contará toda su vida, lo metí al horno, lo trinche y me lo comí para que se callara, ¡tralara!, ya más el pavo real no hablará.