Cuando uno logra ver en los detalles algo mas:
Todo radica en esta foto: Con el gusto de jugar con mi novia y el hecho de calentarnos le insistía que me mandara una foto así en 4, insistía mucho pero no lograba que ella accediera, hasta que llego el día y por la calentura de ver cosa más rica no entendía algo que pasaba en esa foto, y lo entendí luego, les explico rápido, alguien tuvo que tomar esa foto ya que ella solo es imposible que se la tomara, como pones un teléfono o cámara a esa altura o ángulo cómo?, yo estaba confundido y le pregunte a lo cual su respuesta no fue clara y muy enredada, sin más entendí lo más obvio, alguien más tomo esa foto, alguien más esta con ella, lo más extraño de todo es el hecho de pensarlo me provoca sentimientos encontrados , coraje pero me calienta muchísimo , creo me entenderán , pero el solo ver la foto sé que ella estaba con otra persona y le pidió tómame una foto así y después me la mando, toda una zorra. por eso desde entonces la trate como lo que es una delicia de mujer, pero puta deliciosa.
La foto:
Abra sorpresa de repente en esta confección fotitos de ella en mis respuestas
EL LENTE DE LA CÓMPLICE: LA ENTREGA PROFANADA (Versión generada por un dato que no alcance ver pero que María Isabel Rlme me dio entender y que es aun mas rico)
Contexto
Lo que empezó como un juego de distancia para encenderme, terminó como una cacería entre mujeres. No hubo inocencia en ese favor fotográfico; hubo un contrato de piel donde su amiga dejó de ser espectadora para convertirse en dueña. Es la crónica de cómo un "click" se transformó en un gemido ahogado contra la almohada, bajo el peso de un deseo que no conoce de lealtades masculinas.
Relato
Todo comenzó en esa habitación con el aire cargado.
Mi novia, ya con la piel encendida, miró a su amiga con una mezcla de picardía y urgencia. —"Hazme un favor... quiero mandarle una foto a él. Quiero que vea exactamente cómo me tiene ahora mismo"— le dijo, pasándole el teléfono.
Su amiga la observó, al principio con una curiosidad natural, pero algo cambió en su mirada cuando
mi novia se lanzó sobre la cama. Sin esperar instrucciones, ella se puso en cuatro, arqueando la espalda con esa curva que sabe que me vuelve loco, ofreciendo su anatomía con una naturalidad que dejó a su amiga sin aliento.
—"Ponte ahí... quiero que la toma sea desde arriba.
Así es como le gusta a él, así es como me posee siempre"— sentenció mi novia, hundiendo el rostro en la almohada y dejando que sus caderas buscaran el ángulo perfecto.
La amiga se quedó estática un segundo, tragando saliva mientras el visor del teléfono encuadraba aquella rendición. —"Mierda... no sabía que te ponías así por él"— susurró la amiga, con una chispa oscura naciendo en sus ojos. Se acercó al borde de la cama, y mientras ajustaba el enfoque, su voz se volvió más densa. —"Si así le gusta a él... déjame decirte que no es el único. Te ves exquisita así, eres... maravillosa".
La luz del flash no fue lo único que quemó la piel de mi novia esa noche. Tras la última captura, el silencio en la habitación se volvió denso, casi líquido. La amiga no soltó el teléfono; lo dejó grabando sobre la mesa de noche, enfocando directamente ese paisaje de curvas que yo creía poseer en exclusiva.
—"Mírate..."— susurró la amiga, cuya voz ya no sonaba a favor, sino a comando. Sus dedos, expertos y carentes de duda, se enterraron en las caderas de mi novia, dejando marcas rojas que el sensor de la cámara apenas lograba registrar. La presión fue descendiendo, recorriendo la hendidura de su espalda hasta que el contacto dejó de ser superficial. Con un movimiento brusco, la amiga la obligó a arquearse más, aprovechando la pose que mi novia había preparado para mí.
El lenguaje se volvió impúdico. —"Él solo va a ver una imagen estática, pero yo estoy oliendo cómo te mueres por esto. ¿De verdad crees que él te conoce tanto como yo en este momento?"—. Mi novia soltó un grito quebrado cuando sintió la lengua de su amiga reclamando el rincón más íntimo de su anatomía, una humedad que ya no era para mí, sino para el lente que las observaba. No hubo delicadeza; hubo urgencia animal. La amiga la tomó por el cabello, forzando su rostro contra las sábanas mientras sus dedos trabajaban con un ritmo frenético y experto, buscando el clímax con una precisión que solo otra mujer conoce.
El final fue un colapso de espasmos y fluidos que empaparon la colcha. Mi novia, con la mirada perdida y el aliento roto, se entregó a esa
petite mort mientras la amiga, victoriosa, le susurraba al oído: —"Dile que la foto fue su regalo... pero que este fuego me pertenece a mí"—. Al final, solo quedó el sonido de la respiración agitada y el calor de dos cuerpos recuperando el aliento en una complicidad que yo nunca alcanzarás a descifrar.
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