Vivencias de Sandra - Capítulos 001 al 003

heranlu

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Vivencias de Sandra - Capítulo 001


Mi nombre es Sandra, tengo 35 años y soy originaria del estado de México, en este momento me encuentro embarazada de 6 meses de mi segundo hijo, el primero lo tuve a la edad de 18 años debido a una calentura prematura con un noviecillo mayor que yo, el cual, al enterarse de que estaba en cinta decidió escapar a provincia con ayuda de su familia, para evadir la responsabilidad, desde entonces no he tenido relaciones serias con ningún hombre, lo que ocasiono que estuviera sola durante mucho tiempo, así que me dedique a mi hijo, gracias a mis padres pude estudiar una carrera y pude salir adelante hasta el día de hoy, lo interesante de este relato es que mi pareja actual es mi propio hijo, no relatare en este instante como es que empezamos nuestra relación de pareja, sino que les contare un día cualquiera en nuestras vidas.

Me levanté esa mañana a las siete como todos los días, me puse mi bata, me dirigí al baño para darme una ducha y así empezar el día, disfrutaba cada momento mientras el agua recorría mi cuerpo, mis senos estaban creciendo debido al embarazo por lo que ahora se me veían enormes, como dos melones a punto de madurar, rellenos de néctar dulce y blanquecino, lave a conciencia cada parte de mi cuerpo, mi pequeña barriga la cual ya era notoria debido a mi embarazo, y mis piernas que aunque no eran muy largas debido a mi estatura, eran firmes y duras, puse especial atención a mi conchita y mi culito, frotaba minuciosamente mis labios vaginales los cuales eran de un color más intenso que mi piel morena, eran perfectos, ni muy grandes que llegaran a intimidar, ni muy pequeños que no se pudieran apreciar, tenían el tamaño adecuado para ser besados y mamados a placer, al terminar la ducha seque mi cabellera negra y ondulada y me envolví en la toalla para que se absorbiera el agua que aún se mantenía en mi cuerpo, sabía que mi hombre estaba en la planta baja, y como era costumbre estaba preparando el desayuno para consentir a su mujer, me vestí con un baby doll transparente color rosado, sin sujetador y una tanguita blanca que apenas cubría el poco vello que coronaba mi clítoris, para completar, unas zapatillas de color negro que provocaban que mi hermoso culo se parara y quedara más firme.

Mientras bajaba las escaleras, me fui transformando, dentro de mí se encendía un fuego que me quemaba por dentro, una sensación de calentura que no se podía calmar con nada, me estaba convirtiendo en una hembra, en una puta que era capaz de fornicar con su propio hijo para apaciguar esta sensación, lo vi de espaldas recargado sobre la mesa de la cocina terminando de preparar algún alimento, llevaba puesto una camiseta y su pantalón del pijama, en ese momento mi transformación fue completa y la perra en celo que vive en mi interior salió apoderándose de mi cuerpo y mi voluntad, era en esos momentos cuando no tenía conciencia de mi misma y era capaz de todo por satisfacer mis deseos carnales, así que, cual perra que era, me puse en cuatro patas desde el recibidor, y me acerque a mi hijo que aún no se percataba de mi presencia, me dirigí hacia él contoneando mi trasero de manera sensual, sintiéndome segura de lo hembra que era al lucir mi panza de embarazada, llegue hasta donde estaba mi hijo y me le restregué en las piernas ronroneando como gata en busca de las atenciones de su macho, el cual no tardó mucho en responder a las peticiones de la hembra, me puse de rodillas y con la mano empecé a frotar la entrepierna de mi niño, buscando ese garrote que tantas veces me había hecho feliz, y el cual ante mis caricias empezó a hincharse hasta alcanzar un tamaño considerable, lo libere de su prisión de tela, y cual animal rabioso, se irguió frente a mi orgulloso de su tamaño y de la lujuria que me provocaba, casi me golpea la cara debido a sus proporciones, lo contemple hipnotizada unos segundos mientras lo sobaba con las dos manos, sentía mi chochito arder y escurrir jugo como una manguera de agua. Lo lleve a mi boca, siendo mi lengua la primera en recibirlo para delicadamente probar su punta, saboreando el jugo que empezaba a salir por la enorme cabeza, mi mano subía y bajaba la piel de ese garrote, y empecé a lamerlo a todo lo largo tratando de no dejar un solo centímetro sin recibir mis caricias, entonces lo solté sin perderlo de vista, coloque mis manos en mis rodillas, mientras mi pequeña panza de embarazada descansaba sobre mis muslos, y con hambre de verga dirigí mi boca hacia ella tragándomela completa y empezando a mamarla como becerra a su ubre, tratando de exprimir toda la leche que escondía en su interior, la verga entraba y salía de mi boca una y otra vez, con mis ojos entrecerrados, alce la vista y vi como mi hijo hacía gestos de placer mientras se recargaba sobre la mesa para no perder el equilibrio , oía sus gemidos y como pedía que continuara con la mamada, “eres tan puta mama” me dijo, “me encanta que te comportes como una perra”, “que ordeñes mi tranca como si fueras una cachorra hambrienta” yo no alcance a decir nada, con la boca llena como la tenía, solo alcance a balbucear algunos sonidos, mientras, me seguía afanando con esa enorme verga.

Después de unos minutos, de saborear esa verga tan deliciosa, mi hijo me tomo del brazo para levantarme del suelo, me beso tiernamente, primero las mejillas y luego los labios, para después empezar a comerse toda mi boca tratando de arrancarme la lengua, “¿quieres sentir mi verga?”, pregunto mi hijo, “¿deseas que te meta mi tranca en ese coño mojado?” “que te coja una y otra vez hasta que te vengas en mí?”, “¿te gusta que te trate como a una perra en brama?”, “¿qué te haya preñado como si fueras una cualquiera?”, me separe de él unos centímetros, y poniendo mi mirada de lujuria, al tiempo que me mordía los labios, le comenté que me encantaba que me tratara como a su perra, que deseaba que me cogiera sin parar, alce mi mano y alcance el tremendo tolete para empezar a masturbarlo.

Él, delicadamente, prestando atención a mi hermosa panza donde llevaba a su propio hijo, me tomo en sus brazos, y me llevo hacia la sala, para depositarme suavemente en el mullido sofá, me quito la braguita blanca, que se encontraba totalmente empapada y pegajosa, se la aproximo al rostro, donde descaradamente hizo una respiración profunda para poder percibir y disfrutar del olor que emanaba del hambriento coño de su madre, olor de perra, me abrió las piernas, y el coñito pareció sonreírle cuando los labios vaginales debido al movimiento se separaron levemente, como intuyendo que era el momento de disfrutar de una buena cogida, la verga se acercó a ellos, los cuales gustosos y totalmente empapados se abrieron para abrazar ese garrote tan deseado, sentí un escalofrío al sentirme penetrada nuevamente por mi hijo, arquee la espalda por la sensación y disfrute de la verga entrando y saliendo suavemente de mi caliente coño, “toma perra, la verga que tanto deseabas”, “te gusta que te coja?”, “eres una perra preñada dejándote coger por tu hijo”, “ ¿te gusta que te meta mi verga puta?”, me preguntaba mi hijo, quien por una lado me trataba como la puta que era, pero al mismo tiempo tenia delicadeza por mi condición de mujer embarazada, de perra preñada como él me decía, al tratar de no sobrecargar mi pequeña panza mientras me penetraba una y otra vez.

Ahí estaba yo, caliente, lujuriosa, hambrienta de verga, toda una perra en celo, tumbada en el sofá, con las piernas levantadas apoyadas a cada lado de la cabeza de mi pequeño hijo, sintiendo como su verga profanaba una y otra vez mi delicado coño, mis manos se sujetaban con fuerza a la tela del sofá tratando de arrancar pedazos de este con cada estocada recibida.

“Ven acá perra” dijo, mientras me incorporaba para sentarse esta vez él en el sofá, me pare y me senté sobre el insertándome su tranca yo misma, la cual entraba como cuchillo en mantequilla debido a lo mojada que estaba, empecé a cabalgar sobre el sintiendo con cada embestida la dimensión del palo que se estaba tragando mi pequeño coño, mis tetas y mi panza botaban rítmicamente cada vez que yo bajaba y subía sobre esa barra de carne, él se prendió a mis ubres lamiendo los pezones con la lengua, y succionando con los labios cada uno de mis hermosos y blancos senos, sentía que un escalofrió recorría todo mi cuerpo al sentir como era cogida por mi hijo al tiempo que mamaba con frenesí mis pezones completamente duros, de los cales empezaba a brotar el néctar sagrado que serviría para amamantar a mis dos niños, “así bebe” “mama las ubres de tu perra”, mámame como cuando eras mi bebe”, “toma tu lechita calientita”, “ tú me haces sentir la perra más caliente que te puedas imaginar, sigue mamando no pares”, ”mámame bebe, mámame”, gritaba yo con placer mientras sentía como se aproximaba el orgasmo a mi ser, me aferre a él y encaje mis uñas en su espalda con todas mis fuerzas, el placer inundo mi cuerpo, y mis ojos se pusieron en blanco mientras ese orgasmo recorría todo mi ser, a lo lejos oí a mi hijo gritar que estaba a punto de correrse, “me vengo mami, me vengo” decía, “córrete dentro quiero sentir una vez más tu leche caliente”, sentí cada chorro de esperma llenar mi útero preñado por mi propio hijo, sentía mis entrañas quemadas por esa deliciosa lefa, mi piernas se mojaron aún más, ya no solo por mis jugos producto de mi corrida sino por la lecha caliente de mi niño que salía de mi vagina y escurría por mis piernas, caí sofocada sobre él, mi panza pegada a su abdomen, y mi coño aun lleno por su hermosa verga.

Lo bese suavemente en los labios demostrándole mi amor, estuvimos así besándonos y lamiéndonos durante varios minutos hasta que me pare de encima de él y agotada caí sobre el sofá, mi hermoso hijo se paró hacia la cocina y me dijo, el desayuno está listo mamita.

Me arreglé el pequeño babydoll que apenas cubría mi pancita, me puse mi tanguita blanca en mi coño aun mojado por el semen de mi hijo, y me dirigí a la cocina a desayunar con mi pequeño, “gracias por todo hijo” le comenté guiñándole un ojo.

Desayunamos tranquilamente, pero la perra en mi aún no estaba satisfecha, quería seguir sintiendo esa verga en mi interior, como machacaba mi coño una y otra vez, nuevamente mi panocha empezó a mojarse deseosa de ser cogida una vez más, me acerque a mi hijo por su espalda y empecé a lamer y besar sugerentemente la oreja de mi hijo, “quiero mi postre” le comente. El me pidió que me calmara, ya que tenía que apurarse para llegar a la escuela, yo suplique por mas verga, le pedí que me cogiera una vez más, le dije que estaba como perra en caliente debido al embarazo y solo él podía satisfacer mis calenturas, ante mis suplicas, me permitió volver a mamarle la verga debido a que tenía prisa, así que yo gustosa y rápidamente antes de que cambiara de parecer me volví a arrodillar, saque su verga de su pantalón y me la metí inmediatamente a la boca, empecé a comerme ese pedazo de carne caliente que tanto me enloquecía, mi legua se enroscaba sobre su cabeza como una serpiente con vida propia, alternaba lamidas a tolo lo largo del garrote con mamadas para extraer su leche, ante tal trabajo, mi hijo me aviso de su inminente corrida por lo que acelere la mamada, cuando el primer chorro de leche toco el fondo de mi garganta saque el hermoso garrote de mi boca y lo apunte a mi cara, los chorros siguientes se estrellaron sobre mi rostro, la abundante leche escurría de mi cara hacia mi cuerpo, mi hijo salió de su catarsis, “te amo mama”, me dijo, y subió corriendo a su habitación a cambiarse por que ya se le había hecho tarde, me quede ahí en el piso de la cocina con la cara escurriendo leche de mi pequeño, con mis tetas y mi panza impregnadas de semen, al tiempo que chupaba un dedo de mi mano izquierda y con la derecha me frotaba el clítoris para terminar de satisfacer mi calentura. Me sentía feliz, completa me sentía toda una hembra, me sentía una gran perra en celo.

Me la pase ese día solo pensando en mi niño, y en esperar su próximo regreso para poder disfrutar nuevamente de nuestras muestras de cariño, pensé en consentirlo y mimarlo como el hacía conmigo, así que prepare la cena para mi hombrecito, se lo merecía, ya que no solo era mi hijo, era el padre del hijo que está esperando, era mi macho, y por el yo me había convertido en su hembra.

En una de esas tardes en que mi adorado hijo y yo habíamos estado cogiendo como perros, nos encontrábamos descansando en la cama, el acostado de espaldas y yo apoyando mi cabeza sobre su torso y acariciándole su verga con una mano, esperanzada en que esta reaccionara lo más rápido posible para poder seguir disfrutando de sus embestidas en mi dulce coñito, por lo reducido del colchón de la cama de mi hijo, perdí el equilibrio y estuve a punto de caer al suelo, mi pequeño, atento ante el descuido de su mami rápidamente me abrazo y apretó contra su cuerpo mientras reíamos a carcajadas, “ten cuidado mi amor, no quiero que te hagas daño” me comento. “Si me hago daño tú me cuidarías como tu perra que soy” le dije, él me beso tiernamente “no lo dudes mami” acomode mi cuerpo para que no estuviera tan orillada en el colchón, pero era imposible ante lo reducido de este.

“Mami, hasta el día de hoy, hemos cogido en todos los rincones de la casa, en el baño, en la cocina, en la sala, en el interior del carro, el único lugar donde no te he cogido, y donde quisiera estar contigo, es en tu cama, en tu habitación, deseo dormir contigo, que vivamos como la pareja que somos”.

Yo estaba emocionada ante la petición de mi hijo, hasta ahora no sé por qué no habíamos tenido relaciones en mi cama, así que estaba dispuesta a compartir el lecho con mi hijo, pero no se lo pondría tan fácil, en ese momento mi mente pervertida viajo más rápido que la luz, y una fantasía empezó a originarse en mi cabeza.

“cariño, si lo que quieres es compartir mi lecho, y vivir conmigo como pareja, tendremos que hacerlo bien, como se debe, es decir, no voy a compartir mis aposentos contigo así nada más, imagínate que dirían, que soy una cualquiera, una puta, no, no, no, así que, si tu intensión es realmente vivir así conmigo, tendrás que pedirme la mano, tendrás que casarte conmigo y llevarme de luna de miel”, solo de imaginármelo, mi coño recién cogido empezó a chorrear nuevamente, la reacción de mi hijo fue de lujuria, su mirada cambio, y el deseo de poseer a su hembra se reflejó en ella, no sé qué se estaba imaginando, pero se me aventó como un lobo hambriento sobre una pequeña niña, esa tarde recibí una ración extra de verga como no se pueden imaginar.

Una vez pasada la calentura del momento, empecé a imaginar cómo llevaríamos a cabo esta locura, necesitaría un vestido, y un ramo de novia y zapatillas y ropa interior, sin darme cuenta estaba emocionada imaginándome como me vería vestida de novia, la verdad es que estaba ilusionada de poder realizar una ceremonia de boda con la persona que más deseaba.

Empecé a realizar los preparativos de mi boda, así que, en colaboración con mi hijo empezamos a detallar los pasos que seguiríamos, lo primero y más difícil, fue ponerlo a él en cuarentena, es decir no habría nada de mami para el hasta no estar debidamente casados, el trato de objetar pero termino cediendo ante el morbo que esto ocasionaba, serian dos semanas terribles para ambos sin poder darnos caña como nos gustaba, el siguiente paso era visitar varias tiendas de novia, lo cual hice como colegiala emocionada hasta que encontré el vestido perfecto, de igual manera me encargué del menú del día y de un pequeño pastel para celebrar nuestro compromiso, mi hijo se encargaría de adornar el lugar, de conseguir un par de argollas para su futura mujer, fueron un par de semanas intensas, que se me fueron como agua, deseaba que todo saliera a la perfección, hasta que por fin el gran día llego.

El domingo por la tarde me puse un vestido veraniego, luciendo lo más hermosa y jovial posible, subimos las maletas al carro y cual pareja de novios tomamos rumbo felices y entusiasmados hacia el destino que sería testigo de nuestro enlace matrimonial.

La ceremonia la realizamos en una casita a orillas de la playa que rentamos para esa ocasión, esta casa estaba hecha de madera y pintada de blanco, contaba con una recamara principal con su propio baño, y una sala comedor además de una pequeña cocina, estaba orientada hacia la playa, y desde su terraza podías observar el mar sin ningún problema, la principal ventaja es que no había vecinos muy cerca que pudieran estar de entrometidos, y tampoco estábamos lejos de la población más cercana por si algo llegaba a pasar, en resumen era el paraíso perfecto para que un par de novios pasarán su luna de miel.

No sé cómo sería con las demás, pero en ese momento me sentía la novia más nerviosa del mundo, me metí a dar un baño con agua tibia, para relajarme y empezar a arreglarme para mi boda, no deje parte de mi cuerpo sin lavar minuciosamente, sabedora de que más tarde, cada centímetro de piel seria degustada por mi pequeño hijo, para ese entonces mi esposo, con esta idea en la cabeza empecé a calentarme y mi chochito a escurrir, una mano se introdujo en mi rajita y sentí ese jugo rodar por mi muslo, como pude me contuve de masturbarme, tenía que aguantar, ya que en unas horas más me entregaría completamente a mi macho, así que debía de llegar lo más pura posible.

Termine de bañarme y salí envuelta en una tolla, mi hijo no se encontraba en la habitación, habíamos acordado que yo la ocuparía para arreglarme, y el estaría ocupando la salita de la cabaña, perfume todo mi cuerpo con una crema aromática que unte por toda mi piel, me puse unas media blancas de seda y un coqueto liguero de encaje, completaba esa envoltura del regalo una tanguita diminuta de encaje blanco, como toda novia que se precie de serlo, me coloque en el muslo derecho una liga de color blanco la cual tenía una par de flores de encaje blanco y al centro una de color azul, por ultimo me puse mi brazier que apenas podía contener mis magnificas tetas y , las cuales sin ser demasiado grandes, si son generosas en tamaño, y debido a esto y a lo reducido del brazier, lo cual fue a propósito, se insinuaban de manera traviesa las aureolas de mis pezones, las cuales eran de color más oscuro contrastando con el blanco de mis pechos, me mire al espejo y me sentí encantada con lo que veía, me sentía una perra en brama, estaba feliz con el resultado, cabe mencionar que como consecuencia de la relación incestuosa que había iniciado con mi hijo, ya tenía tiempo de estar asistiendo a un gimnasio de manera regular, por lo que mis piernas se había tonificado, mi abdomen aplanado y mi trasero endurecido y respingado, estaba realmente fascinada con el resultado que se reflejaba en el espejo, nuevamente un calorcito se originó en mi entrepierna al pensar en el manjar que estaba a punto de comerse mi niño.

Con sumo cuidado saque el estuche que contenía mi vestido de novia del armario, lo colgué en el perchero, baje el cierre y lo extraje del estuche, era un vestido blanco, precioso, antes de ponerme el vestido, puse gran esmero en maquillarme y peinarme, use tonos rosas para maquillarme, en las sombras de mis ojos y un color similar pero más intenso para mis labios, como no tenía ayuda de ninguna persona por obvias razones, trate de hacerlo de manera sencilla pero femenina, para mi peinado elegí llevar el pelo semi recogido con una cola de caballo sujeto por un tocado de flores discreto y con mechones sueltos en forma de bucles, me veía natural, inocente y candorosa, nuevamente quede maravillada con el resultado, venia una de las partes más emocionantes, ponerme el vestido por lo que mis nervios se acrecentaron.

Saque el vestido completamente del estuche y lentamente me lo fui poniendo, metí primero una pierna, y luego la otra, lo subí a la cintura con delicadeza y dando un respiro termine de colocarme hasta los hombros, el vestido se ajustó como un guante a mi cuerpo, nuevamente me vi al espejo y una sonrisa de felicidad ilumino mi rostro, estaba ante mí un ángel vestido de blanco, el cual, antes de terminar el día, estaría abierta de piernas recibiendo la tranca de su hijo.

El vestido tenía un diseño con corte de princesa muy elegante, sin tirantes y sin mangas, poniendo énfasis en mis pechos, los cuales se esforzaban por salir de su hermosa prisión, el corte de la falda era acampanado ajustándose a mi cadera y con discretos bordados de flores a su alrededor y una cola discreta, me puse el velo para coronar mi vestimenta, sujeto a mi cabello por medio de una diadema finamente adornada, me llegaba un poco más debajo de mis hombros y lo coloque enfrente de mi rostro, me sentí toda una princesa, una niña inocente y pura, termine de colocarme mi zapatillas plateadas, y tome mi ramo de rosas blancas, nerviosa empecé a respirar agitadamente, el momento había llegado.

Toque tres veces la puerta del cuarto como había acordado con mi hijo para avisarle que estaba lista, espere unos segundos, me arme de valor y abrí la puerta, mi pequeño hizo sonar la marcha nupcial tocada en piano desde la laptop que tenía, empecé a recorrer el camino de pétalos de rosas blancas que iba desde la habitación hasta el centro de la sala, lo hice pausadamente debido a que me temblaban las piernas ya sea de la emoción o de la calentura del momento, la salita estaba adornada con varios arreglos de rosas blancas, y en el centro al final del camino de rosas, estaba una mesita con un mantel blanco, y a sus pies un arreglo de rosas rojas que contrastaba con todas las demás flores blancas, sobre la mesa, una cajita dorada y una carpeta igual dorada, al lado de la mesa mi hijo vestido con un traje negro, camisa blanca y corbata roja, mi machito había crecido y se había convertido en todo un hombre, ahora era mi hombre, mi macho y en unos minutos más seria mi esposo, me contuve para no aventarme sobre él y comerlo a besos, desnudarlo y cogérmelo como se debe, seguí mi recorrido hasta llegar a su lado mientras aún se escuchaba la dulce música entonada por el piano. “mamá, luces preciosa, te ves divina” me dijo al tiempo que alzaba mi velo y lo dirigía hacia atrás de mi cabeza, esboce una sonrisa de malicia y mis ojos reflejaron mis intenciones, pero fue el quien las pronuncio, “no sabes que ganas tengo de cogerte, ya deseo montarte como la perra que eres”, habían sido muchos días de abstinencia, y la tensión sexual se notaba en el aire.

La música cambio y se escuchaba música instrumental de fondo, la ceremonia dio inicio con mi hijo abriendo la caja dorada para que intercambiáramos nuestros anillos de bodas, hicimos nuestros votos, prometiéndonos estar juntos como esposos, cogiendo como perros, fornicando a cada momento, le dije que toda yo estaba dispuesta para cuando él lo deseara, que era su esclava y podía hacer conmigo lo que quisiera, por su parte, él prometió tener mis hoyitos siempre llenos, satisfecha para estar siempre bien cogida, sin la necesidad de buscar en otras partes lo que tenía en casa de sobra, nos pusimos las argollas uno al otro, mientras una lagrima de emoción caía por mi mejilla, tomo la carpeta y la abrió, apareciendo una hoja blanca con un texto escrito que empezó a leer, era nuestra acta de matrimonio, en la que se plasmaba todo lo que nos habíamos dicho unos minutos antes de viva voz, al final de leer el texto hizo la pregunta definitiva, “ Tu, Sandra, aceptas a tu hijo como tu esposo, como tu macho, y a estar siempre dispuesta como un perra en brama cada que él te desee coger” con una voz mustia y delicada dije “si acepto”, por mi parte dijo, “ yo te acepto mamita hermosa como mi hembra, mi princesa y mi ángel, como mi esposa y mi puta, y prometo hacerte siempre feliz, cogiéndote cada que tú lo desees”.

Yo no podía aguantar el llanto de la emoción, el tomo delicadamente mis mejillas con sus manos y me dio un tierno beso, firmamos el acta que sellaba nuestro compromiso, éramos oficialmente al menos a nuestro ojos, marido y mujer, hembra y macho, para estar siempre juntos, me volvió a besar de una manera más lujuriosa introduciendo su lengua en mi boca, buscando la mía en un frenesí de intercambio de saliva, se separó unos centímetros y dijo, ahora si mamita ya eres mi esposa, mi puta y como tal te voy a tratar, me tomo en sus brazos mientras yo me carcajeaba de la emoción, y me llevo cargando a nuestra habitación recorriendo en sentido opuesto el camino de pétalos blancos que hace unos minutos yo había seguido, me deposito con ternura en la cama mientras nos besábamos dulcemente, pronto ese beso se transformó en una batalla por tratar de devorarnos, su lengua se enroscaba con la mía tratando de ser solo una, me dejo recostada en la cama apoyada en mis codos, y se dedicó a subir un poco mi vestido, mis piernas enfundadas en las medias aparecieron y el tomo una de ellas para besarla desde los pies hasta el interior de los muslos, recorriendo cada centímetro de ellas, cada caricia, cada beso era electrizante, mi chochito se encendía cada vez más, de una pierna se pasó a la otra hasta llegar cerca de mi hermoso coño, empezó a besarme por encima de mí ya húmeda tanguita, de los besos pasa a los lengüetazos, yo me retorcía de placer con cada caricia recibida, se apartó para retirarme mi tanguita, me acomodo el vestido de manera que tuviera acceso total a su delicioso tesoro, mientras tanto, yo, abierta de piernas enfundad en mi hermoso vestido blanco de novia, recibía las caricias de mi hijo, quien con su mano abría los labios de mi hermosa flor, para poder introducir su lengua al interior de mi vagina, la lengua se movía incesantemente en el interior de su madre, y con la otra mano, su pulgar e índice pellizcaban suavemente mi pepita, era una zorra envuelta en placer, gemía como perra debido a las atenciones recibidas, era tal la excitación que babeaba como un animal, mi cuerpo empezó a tensarse y el primer orgasmo vino a mí, mientras mi dulce niño había dirigido su lengua hacia mi pepita y en mi huequito del amor la sustituían dos dedos que frenéticamente me perforaban bañándose en mis pegajosos jugos, estuvo así varios minutos llenándome de placer, para después alzarme las piernas de donde las tenía al lado de su cuerpo quedando mi apretado culito expuesto a su alcance, se lanzó como niño a un dulce y empezó a lengüetearlo mojándolo con su saliva, mimándolo y besándolo, un escalofrió me recorrió completa mientras mi esposo me mamaba el culo, se ensalivo un dedo y lo introdujo lentamente, solo alcanzo a entrar la punta, la cual metió y saco en un par de ocasiones, yo lo separe suavemente, “eres un niño malo, mamita aun es virgen por ese hoyito, pórtate bien y ven aquí” le dije, se separó de mi culito y se acercó a mi rostro nos besamos carcajeándonos de placer, y locura, mientras con una mano me bajo la el vestido de mis pechos a la cintura, lo cual no tuvo complicaciones debido a que el vestido no tenía tirantes.

De mi boca paso a mis senos, enroscando esa lengua en cada uno de mis pezones, paso de uno a otro seno mamando con la intención de extraer la leche tan deseada, yo le decía “eso mi bebé, así mámalas, son tuyas mámame las tetas como lo hacías de niño, comételas termina de alimentarte con mis ubres”.

Una de mis manos busco su entrepierna y se asió a su enorme verga la cual estaba completamente dura y goteando, empecé a subir y bajar mi mano por encima de ese pedazo de carne una y otra vez, mientras, mi niño seguía llenándose la boca de mis ubres, no me quería quedar con las ganas, ya que yo también tenía antojo de mamar, así que lo jale de la verga y la lleve a mi boca, tragándomela sin miramientos, mis movimientos eran como de una perra que se alimenta tratando de extraerle toda la leche a su macho, estuve chupando verga y lamiendo huevos un buen rato, mi hijo bramaba como toro con cada chupada que su mamita le daba, mi bello rostro y su hermosa verga brillaban por la escandalosa gran cantidad de saliva que me escurría, nuevamente vi la lujuria en sus ojos, se puso de pie y tomándome de los brazos me arrojo sobre la cama donde quede de espaldas con el torso levantado mientras con temor y placer veía que un cachondo y pervertido animal, enloquecido por el deseo se aproximaba hacia mí para enterrarme su vergajo en mi dulce florecita.

Tanto la verga como mi puchita estaban mojados chorreando tanto saliva como jugos del amor, por lo que la estocada fue suave certera placentera y hasta el fondo, sentí toda la barra de carne dura de mi hijo en mi interior durante unos segundos, en los que me daba un tierno beso, para después empezar un mete y saca sin piedad que me hizo voltear los ojos y agarrarme a su espalda con las uñas, en ese momento no era yo, me había convertido en un una perra que solo buscaba su propio placer, era la zorra de mi hijo, “así mamita, así, me gusta cogerte, tenerte abierta de patas para mi recibiendo mi verga” decía, después de un buen rato en que mi hijo me estuvo bombeando sin piedad, me dijo “ponte en cuatro patas zorra, quiero tomarte como la perra que eres”, me di la vuelta ante la orden recibida, y me puse en la posición de perra para que mi esposo me montara, me subí la falda de mi vestido a la cintura para facilitarle el acceso a mi macho, mi senos colgaban y se veían más grandes, sentí la verga partirme en dos, mientras, mi niño abría mis nalgas con sus manos y dejaba expuesto mi tímido culito, el cual fue acariciado con uno de los dedos de mi hijo, la verga entraba y salía y yo no dejaba de jadear y de salivar aguantando las estocadas que me daba mi hijo, los sonidos que de mi garganta emanaban eran tan graves que parecían los de una perra ladrando, siendo salvajemente violada por un demonio, sus bolas chocaban contra mí y se oía ese chapoteo característico de una cogida salvaje, estaba sujetando mi vestido con una mano a la altura de mi cintura, pero ante el ímpetu de mi amor, no pude aguantar y lo solté para apoyarme completamente con las dos manos, aun así, fui vencida y caí de bruces sobre el colchón, mientras mi culo se empinaba para permitir una penetración más profunda a mi hijo, quien ante el excitante panorama, lanzo un escupitajo justo sobre mi negro culito, sentí la saliva escurrir hacia los lados para llegar a mi pequeña vagina que estaba siendo violada tan salvajemente y se mezcló para confundirse con los jugos que emanaban de ella.

“Que puta eres Sandra, ¿te gusta que te coja tu hijo verdad?”, “que te de verga hasta cansarse, verdad mamita”, “si hijo me encanta sentir tu verga en mi interior, que me llenes de leche el chocho, sentir como me montas como mi macho que eres”, “me vengo mami, me vengo”, grito mi hijo, y soltó un chorro de leche caliente que llego hasta lo más profundo de mi útero, me perdí en ese momento, ya que al igual que el había alcanzado el orgasmo, un chorro de jugos emanaba por mi chochito, haciendo que pareciera un lago profundo y caliente, y una corriente eléctrica recorría todo mi cuerpo llevándome a un placer indescriptible, mi hijo esposo cayó sobre mi sin fuerzas, con todo su peso sobre mi ser, yo aún seguía en el viaje al que el orgasmo me había llevado, al reaccionar bese a mi hijo a la altura de la sien, en forma de felicitación y aprobación por el excelente trabajo que había realizado.

Me lo quite de encima como pude, y quedo de espaldas sobre la cama, me incorporé, subí mi vestido nuevamente a la cintura y monte a mi hijo de forma que mi coño estuviera sobre su verga, frotando suavemente mi pepita sobre ese vergón que tanto placer me había dado, al mismo tiempo lo besaba y lo llenaba de mimos, y palabras dulces, “De ahora en adelante eres mi macho y yo tu hembra, yo soy tu esposa y tu mi esposo, soy tu perra y tu mi perro, cogeremos como animales y seremos felices tu y yo, por eso deberás tratarme como lo que soy hoy y siempre”,” si mi vida” respondió él “te tratare como la princesa que eres, y te respetare como mi amada esposa, y cuando cojamos serás mi puta y te comportaras como tal”, seguimos un buen rato en esa posición hasta que caí sobre el para descansar un momento.

Pasados unos minutos de estar en esa posición, me levante y mi niño conmigo, “déjame quitarte el vestido mi vida o se te maltratara” me dijo, así que delicadamente me bajo la cremallera para que el vestido cayera de mi cintura hacia mis pies, fue en ese momento que pudo apreciarme con la lencería nupcial que había elegido para él, estaba ahí parada, con mis zapatillas plateadas y tacones de diez centímetros, mi vestido a mis pies, mis piernas enfundadas en la medias de seda blancas, la liga con dos flores blancas y una azul en mi muslo derecho, mi liguero de encaje, la tanguita había desaparecido siendo la primera en perecer en esa batalla, por lo que se veía mi hermosa vagina delicadamente rasurada, mi brazier aun en mi pecho, estaba movido de su lugar dejando ver mis preciosas chiches que habían recibido tanto cariño de mi hijo unos momentos antes, y para rematar mi velo blanco sobre mi cabeza con mi tiara de princesa, el peinado se había alborotado pero aún se apreciaba como debía ser, “estas preciosa mama, eres todo un ángel”, su verga reacciono y volvió a estar tiesa como una barra de metal ante tal visión, su mirada de lujuria apareció nuevamente, “ y tu un demonio lujurioso cuando pones esa mirada” dije en tono juguetón y eche a correr por la habitación gritando y el tras de mí, “¿no hijo que haces, que me vas a hacer?, ¿porque quieres meter ese enorme pedazo de carne en tu madre?, me vas a lastimar”, el me seguía el juego persiguiéndome por la habitación, haciendo como que me agarraba y yo como que me escapaba, tome de paso una botella de champagne que estaba abierta sobre un mesa y seguí corriendo, vacié sui contenido sobre mis pechos mientras mi hijo me alcanzaba y me arrinconaba contra una pared, “vas a ver mama que cogida te voy a dar”, yo aún juguetona, le dije “no, hijo mi marido se puede enterar y creer que soy una puta, no lo hagas, respeta a tu mami”, y se abalanzó hambriento sobre mis tetas mojadas de champagne para degustarlas minuciosamente, mientras me decía “desde ahora yo soy tu marido”, “tu esposo, tu hijo, tu único macho y también seré el padre de tus hijos”, yo ya estaba bramando como puta una vez más por las caricias recibidas así que no puse atención al último comentario, me levanto e introdujo su verga en mi coñito mientras me mantenía en el aire, sus brazos me sujetaban por debajo de mis pierna, las cuales, abiertas le rodeaban la cintura, la verga entre juguetona en su amado agujerito, lo reclamo y perforo una y otra vez, nosotros no dejábamos de comernos con nuestros labios, por segunda ocasión fui cogida esa tarde noche por mi pequeño hijo, pero no sería la última vez ya que la noche aún era larga y esa era, nuestra noche de bodas
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heranlu

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Vivencias de Sandra - Capítulo 002


Ese día por la mañana, la temperatura alcanzo los treinta y seis grados, me encontraba en mi casa sola ya que mi esposo se había ido a la universidad, yo con mis 6 meses de embarazo solía despertarme más tarde de lo normal, ya que de momento no tenía responsabilidades desde que había quedado embarazada, mi hijo-esposo se había hecho cargo del negocio que teníamos al mismo tiempo que atendía sus clases, me desperece cual gatita estirándome sensualmente en mi cama y me metí a dar un baño, desayune ligeramente, mientras tanto mi mente morbosa no dejaba de pensar en mi hijo y en cuanto lo deseaba, al medio día me prepare para hacer mis ejercicios de yoga para embarazadas, trate de ponerme una playera pero debido a mi estado de preñez, se me quedo a la mitad, me la quite y opte por ponerme solamente un top blanco, mi senos, para estas fechas más crecidos de lo normal se veían enormes metidos en ese ajustado top, por debajo, mi pancita lucia reluciente sabedora de que era la más grande prueba de que era toda una hembra, busque unos leggins pero al igual que la playera, debido a mi hermosa panza no me quedaron, así que opte por quedarme solo en bragas, mi trasero se veía enorme, mi coñito se marcaba perfectamente en las pantis la cuales, como causa de mi aumento de peso me quedaban ajustadísimas, me imagine a mi hijo, como se pondría si me viera vestida de esa manera, como una puta barata, imaginaba como era poseído por el demonio de la lujuria para abalanzarse sobre mí sometiéndome a vergazos.

No pude evitar llevarme un dedo a mi ensopado coñito para confirmar lo que ya sabía, empecé a frotarlo sobre mi pequeño clítoris, el cual reacciono endureciéndose y alcanzando el tamaño de mi dedo meñique, seguí frotando un rato y después dos dedos desaparecieron al interior de mi hambriento coño, mi otra mano palpo mis senos sobre el top blanco, los pezones estaban hinchados de lujuria exigiendo ser liberados de su prisión, así que subí mi top y uno de ellos salto desafiante, mis dedos se apoderaron del pezón y lo frotaron vehementemente, empecé a gemir imaginando a mi hijo clavando su verga dentro de mí, mi mano se empapo con mis jugos cuando el orgasmo me alcanzo, caí de rodillas al suelo con el coño mojado, mi frente y mi pancita húmedas de sudor, y mi mano empapada de jugos, sin dudarlo la lleve a mi boca y deguste del sabor de mi conchita, era el sabor de una hembra de verdad, termine por acomodarme el top blanco y secaba mi frente y mi panza con una toallita húmeda, cuando escuche que mi hijo me hablaba desde la entrada, alce la vista y lo vi frente a mí, observándome, yo, de rodillas sobre el suelo toda sudada, mojada por la corrida, y vestida como una puta, “¿haces ejercicio?” me dijo, sin poder reaccionar solo pude responder con un suave sonido afirmativo “mju”, me tendió una mano para ayudarme a levantarme, al tiempo que me jalaba contra su cuerpo, al estar de pie, frente a frente, vi su mirada de demonio una vez más, abrí los ojos en un gesto de sorpresa, sentí algo duro y caliente que se encajaba suavemente en mi panza, baje la mirada y vi su verga lista para cogerse a su mamita, por lo que, imaginando lo que me esperaba, simule resignación y emití un suspiro, mientras gustosa y caliente me disponía a abrirme de patas para ser follada por mi hijo una vez más.

Tenía ya unos cinco meses de fornicar con mi hijo un día sí y el otro también, y solo un par de semanas de recién casados por lo que nuestras cogidas se habían multiplicado, al principio como aun soy una mujer muy joven y fértil, me cuide de no quedar embarazada, ya que dentro de mí imaginaba que sería terrible y era lo peor que nos podía pasar por las consecuencias que esto podría traer.

sin embargo desde nuestra noche de bodas y posteriores días de luna de miel, no me había cuidado tanto como hubiera deseado, me dedique a disfrutar de nuestros días como recién casados, como una pareja normal de esposos, por lo que estaba sumamente nerviosa al notar que mi periodo se atrasó por una semana, empecé a actuar preocupada, ya no disfrutaba tanto estando con mi hijo, y de hecho reduje los encuentros sexuales que teníamos, dormíamos juntos pero trataba de buscar pretextos para no coger con él, él se percató de esto por lo que constantemente me preguntaba que me pasaba, a lo que yo solo respondía que no era nada, que estaba cansada y que solo necesitaba que me abrazara muy fuerte, así que un día rápidamente corrí a comprar una prueba casera de embarazo, temerosa me encerré en el baño para realizarla, la espera fue desesperante, pero el alivio fue enorme cuando después de unos minutos la prueba dio negativo, empecé a llorar como loca, no sé si de felicidad o por la tranquilidad de saber que no estaba en cinta.

Esa noche, estábamos acostados mi hijo y yo en nuestro lecho de amor, yo estaba acurrucada hecha bolita y el me abrazaba por la espalda, mi trasero sentía claramente la dureza de la hermosa verga que tanto placer me había dado y que, de igual manera me había provocado un susto enorme los últimos días, a pesar de que deseaba tener esa verga entre mis piernas perforando mi dulce vagina, aún estaba pensativa y ensimismada por los días aciagos que había vivido imaginándome preñada de mi propio hijo, él, me apretó a su cuerpo dulcemente, por lo que mi trasero se acoplo más a su palo, como estaba totalmente desnudo, sentía muy bien su piel caliente al hacer contacto sobre la mía, yo llevaba puesto un babydoll transparente de color negro que dé pie, apenas y me cubría mi tanguita, por lo que así acostada como estaba, dejaba totalmente al descubierto mi trasero mostrando mi tanguita negra de encaje que llevaba puesta y que estaba totalmente en contacto con la preciosa verga de mi hijo.

“¿Mamita que te pasa?” me pregunto, yo no le respondí, al contrario apreté mi cuerpo para hacerme más chiquita, era como una niña indefensa completamente asustada y atemorizada, con las lágrimas a flor de piel, suavemente me dio un beso en la mejilla y comento, “encontré la prueba de embarazo” yo empecé a llorar como niña, me lleve las manos al rostro y me cubrí la cara desesperada, lo siento hijo, tengo miedo, no sé qué va a pasar con nosotros, el me tomo de los hombros y me dio la vuelta para quedar de frente, viéndonos a los ojos, ahí estaba mi macho, mi esposo, mi niño, y a pesar del miedo que sentía, no podía dejar de desearlo, tan fuerte era la perra en mí que me dominada, sabía que no podía estar separada de mi hombre, de su verga, “ no tienes por qué asustarte Sandra, es normal que una pareja que se ama, que se desea y que coge tanto como nosotros, pueda quedar embarazada”, “si, pero tú y yo no somos una pareja normal” respondí, “¿a qué te refieres, es que no me amas, no me deseas, no quieres pasar conmigo el resto de tu vida?” cuestionaba mi hijo, “claro que lo deseo mi vida, estar contigo siempre es lo que más anhelo, pero tú y yo somos madre e hijo”, un poco serio contesto “¿es eso?, que somos madre e hijo, pero también somos un hombre y una mujer, somos una hembra y un macho, que no tienen miedo de demostrarse su lujuria el uno por el otro, ¡si somos madre e hijo!, pero también somos marido y mujer, tú te casaste conmigo por voluntad propia, para ser algo más que mi madre, para ser mi hembra mi amante, y como mi hembra que eres es tu obligación darme hijos”, “perdóname mi amor pero tengo miedo”, “no debes temer Sandra, yo estaré contigo por el resto de nuestras vidas, formaremos una familia feliz, y tendremos hijos como cualquier pareja”, “ hijo, yo sé que estaremos siempre juntos, y que seremos felices, pero y si nuestros hijos pagan las consecuencias“, “¿eso te asusta Sandra?, no te preocupes máma, lo que tenga que ser será, quítate esos pensamientos de tu cabeza, y mejor piensa en nuestra familia y en lo felices y afortunados que seremos cuando seamos padres.”

Eche a llorar como quinceañera escondiendo el rostro en el pecho de mi hijo, él tenía razón éramos una pareja de esposos, había sido yo la que le sugirió que debíamos casarnos, y ahora no podía negarle la posibilidad de ser padre, el miedo se transformó en felicidad imaginando que sería la madre de los hijos de mi hijo, que quedaría preñada por mi propio hijo, y que luciría mi panza con orgullo, sabedora que llevaba en mi vientre al hijo de mi hijo, al fruto de nuestro amor y de nuestra lujuria.

Su mano tomo mi barbilla y alzo mi cara, me dio un tierno beso y con la otra mano seco mis lágrimas, “tienes razón hijo, no debo de preocuparme más que por hacerte feliz, y si eso conlleva darte un hijo, así será”, su beso paso de ser delicado y tierno a salvaje y fuerte, a querer devorarme, su lengua entraba en mi boca en busca de la mía, mordía mis labios y mi lengua con la intención de arrancarla y de que nunca le diera a alguien más esa lengua que tanto placer le brindaba, mi mano ya se encontraba apretando su garrote, por debajo de las sabanas empecé a frotar la verga desesperada por sentirla, mi coñito empezó a gotear exigiendo guerra, exigiendo ser perforada y violentada por el mástil de mi bebe, el descubrió uno de mis senos y ávidamente se aproximó a mamar ese bombón materno y dulce que tanto le fascinaba, su lengua mordía mi pezón, lo lengüeteaba y lo lamia, yo solo pujaba de placer, mi mano seguía masturbando esa hermosa verga, no aguante más, me incorpore y me decidí a montar a mi macho.

Me senté sobre el e introduje de un solo golpe su enorme palo en mi encharcado coñito, sentí cada centímetro de la verga de mi niño perforarme la puchita, y me quede así, sentada sobre él un instante, con la vagina llega de carne, al mismo tiempo besaba a mi hijo, mordiendo su labios, preguntándole quien era su perra, “tu mamita, tu” respondió el , “solo tú eres mi perra, mi puta”, empecé a moverme suavemente sobre la verga del niño, lento, gozando cada entrada y salida, “yo soy tu perra” le repetí, “soy un perra en celo, necesito que me cojas y que me preñes, ¡vas a embarazarme ahora cabrón!, ¡vas a cumplir con tu tarea de macho!”, acelere mis movimientos, cada vez más rápido, sentía la verga entrar y salir, lo estaba montando como una amazona a su caballo, mi coño se mojaba cada vez más y mi hijo agitado me dijo “no aguanto mami , me vengo, me vengo”, “hazlo dentro cabrón, lléname el coño con tu leche, que no se desperdicie nada, hazme un hijo.”

Los chorretazos de mi esposo llenaron mi útero con la finalidad de fecundarme, de engendrar un hijo fruto de nuestro incestuoso amor, me quede sentada sobre el un rato más, para asegurar que su semilla permaneciera en mí, me desmonte de mi hijo y vi su verga, aun semi erecta mantenía un considerable tamaño, estaba cubierta de mis jugos de hembra, y de su semen por lo que, con lo caliente que estaba, me prendí de ella como una bebe a su mamila, “esto no debe desperdiciase” le dije, “lo que no se quedó en mi coño, me lo trago por la boca, de uno u otro modo me vas a preñar”, mi hijo se carcajeo por mi comentario, pero eran más fuertes mis mamadas a esa mamila llena de leche que empezó a jadear y aullar como perro, la verga ante mis caricias recupero su tamaño, y la pude seguir degustando más fácilmente, “ ponte como perra mama, te quiero coger como lo que eres, ¡mi perra en brama!, quiero preñarte así, como una perra, para que cuando estés en cinta, te acuerdes de tu condición de perra preñada,”, yo obedecí y rápidamente me puse en cuatro patas sobre la cama, el dio dos lengüetazos a mi chochito mojado por su corrida anterior, y me ensarto la verga sin compasión, me bombeaba rápidamente, esta vez era el quien me montaba y yo la montada como si de una perra se tratara, como si dos perros se estuvieran cruzando para engendrar, el orgasmo me alcanzo y perdí las fuerzas por el placer, caí de bruces sobre el colchón mientras mi hijo seguía perforándome, unos minutos después , sentí su segunda corrida llegar aún más profundo que la primera, su leche caliente se introdujo en mí, dentro de mi calentura alcance a gritarle a mi hijo, “¡¡préñame, cabrón, embaraza a la puta de tu madre!!”, apreté el coño para que nada de esa deliciosa leche se derramara, ni su verga se escapara de su estuche de piel, nos recostamos abrazados, besándonos, felices, riéndonos el uno para el otro, el sobaba mi abdomen aun plano, suavemente, como si supiera que en ese momento hubiera quedado preñada por la leche que me inyecto,” gracias mamá, eres grandiosa, mi puta, mi perra”, yo solo lo seguía besando dulcemente por toda la cara, también agradeciéndole por estar conmigo, toda la noche y los días siguientes nos la pasamos fornicando como animales, solo bastaba con toparnos en la casa para empezar a aparearnos como poseídos, un mes después me realice una prueba más de embarazo, esta vez, mi macho estaba conmigo, juntos esperamos nerviosos el resultado, yo vi primero la prueba y nuevamente empecé a llorar, pero esta vez de felicidad, estábamos embarazados, mi hijo me había preñado, él, feliz, como macho orgulloso tomo a su hembra a la altura de mis nalgas, y me levanto en el aire mientras me daba un tierno beso, actualmente tengo 4 meses de embarazo, veo en el espejo como mi pancita empieza crecer coquetamente, y una sonrisa de satisfacción ilumina mi cara, mis senos y mis nalgas también están aumentando de tamaño, lo que hace que ni hijo se prenda, aunque no sé qué lo calienta más, que mis tetas estén más grandes y jugosas, que mis nalgas estén más apetecibles y cogibles, o mi vanidosa pancita de embarazada, lo que si se es que la ración de verga que le da a su madre no ha disminuido, al contrario, me he beneficiado de mi estado para poder gozar más como la puta que soy, estoy feliz y realizada me siento más hembra debido a que estoy esperando al hijo de mi hijo.
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heranlu

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Vivencias de Sandra - Capítulo 003


Como ya les había comentado en el primer relato de esta serie, tuve a mi primer hijo a una edad muy temprana debido a una calentura de adolecente, con 18 años me vi embarazada y sola, afortunadamente conté con el apoyo de mis padres, quienes nunca me dejaron y me ayudaron con el niño, y también para que continuará mis estudios, gracias a eso pude terminar mi carrera y montar un pequeño consultorio, mis padres eran dueños de una tienda de abarrotes por lo que económicamente estábamos tranquilos, tristemente para mí, ellos fallecieron en un accidente hace cuatro años cuando mi niño tenía quince, yo soy hija única y en el lugar donde vivimos no tenemos ningún otro familiar, la poca familia que nos queda vive en provincia y nos frecuentamos poco sino es que nada, esa época fue muy triste para mí ya que me quede sola con mi hijo, no he tenido relaciones serias desde mi embarazo debido a que siempre había estado pendiente de él, era un compromiso que hice con mis padres, el no involucrarme con nadie hasta que mi hijo estuviera mayor y yo hubiera concluido mis estudios, para de esa manera no tener que depender de nadie, los pocos hombres con los que salía eran más para quitarme mi calentura, fue muy difícil para mí, ya que reconozco que me encanta el sexo, y cogerme a un buen macho, sin embargo por mi hijo tenía que hacer ese sacrificio.

Después de la muerte de mis padres, pasaron tres difíciles años, pero entre mi hijo y yo hijo habíamos logrado salir adelante, siempre estábamos juntos, disfrutábamos de nuestra compañía, nos gustaba estar solos, rehuíamos la compañía de alguien más, y nos sentíamos incomodos cuando esto sucedía, realmente parecíamos más una pareja de novios que madre e hijo.

La relación que teníamos era tan peculiar, que me empecé a preocupar que un chico de su edad, ya de dieciocho años en esos momentos, no le conociera ninguna amiga y mucho menos una novia, mi niño aunque no es un galán de telenovela, es atractivo y alto, con su metro ochenta de estatura y su porte, imagino que al menos una chica debería estar interesada, además era delgado y atlético sin ser fornido, ya que había adquirido la sana costumbre de hacer ejercicio en su habitación, sus amistades se limitaban tal vez a dos o tres personas con las que se juntaba, aunque realmente dudaba que los considerara amigos, incluso llegue a pensar que le gustaban los hombres, sin embargo, tampoco había señales de que tuviera una relación más cercana con alguno de sus compañeros.

Por mi parte yo había pasado los treinta y cinco años, aún era una mujer joven y atractiva, tenía una membresía en un gimnasio aunque no era tan constante como me gustaría, ya que solo asistía tres días a la semana , sin embargo, servía para mantenerme en forma y mantener a raya esa molesta llantita de grasa en mi cintura, por otro lado soy una mujer de senos generosos que me fascinan valga decirlo, me gusta llevar a mis niñas siempre soberbias y presumiéndolas, apenas y rebaso el metro sesenta y cinco de altura, mis piernas, no eran delgadas ni gordas y con el ejercicio habían adquirido firmeza, mi trasero era redondo y altivo, mi pelo era rizado y negro lo llevaba un poco debajo de mis hombros, nariz y boca pequeñas, ojos color miel, aunque no era mi intención andar en busca de algún macho, me gustaba vestirme de manera coqueta y seductora siempre ha sido parte de mi personalidad, calzaba normalmente zapatillas altas, blusas escotadas y faldas a medio muslo, a mi hijo le encantaba lucirse conmigo, en muchas ocasiones, me percate de los celos que afloraban en su cara cada que algún extraño me veía de más, incluso cuando esto pasaba y veía la cara de enojo de mi pequeño, buscaba siempre la fuente de esa molestia y al ubicar al fisgón, me restregaba al cuerpo de mi hijo para dejarle bien claro que lo único a lo que podía aspirar era a ver, mi hijo se sonrojaba pero no se apartaba de mí, incluso en varias ocasiones pasaba su brazo por mi cintura juntando más su cuerpo contra el mío, en esas ocasiones nos mirábamos con complicidad y nos alejábamos riéndonos.

Recuerdo esa mañana, preparaba el desayuno mientras escuchaba un canción pegajosa desde mi teléfono, llevaba puesto un short de mezclilla demasiado corto, que permitía que mis piernas se lucieran completamente, un top blanco que apenas contenía mis senos, ocasionando que estos se vieran más grandes de lo que son, mi hijo bajo y se quedó unos segundos viéndome sin que yo me percatara, se acero por detrás mío, y me abrazo por la espalada, su cara bajo a mi hombro recorriendo mi cuello y llegando a mi oído si tocarme , solo sentía su aliento, su cuerpo se pegó al mío, y sentí la calidez de su abdomen en mi espalda, yo me asuste y di un reparo, gire la cabeza para confirmar que se tratara de mi hijo, “hola mami por qué tan feliz”, “por todo hijo, por ti, por mí, por lo afortunados que somos, tengo ánimos de bailar”, sus manos sujetaron mi cintura y empezamos a contonear nuestros cuerpos pegados al ritmo de la música, él, tomando valor se atrevió a darme besos en la mejilla, yo estaba ensimismada, sintiendo el calor del cuerpo de mi hijo que me abrazada y concentrada en sus labios que recorrían sutilmente el borde de mi rostro, cuando de repente salí de mi trance al sentir algo duro que se incrustaba dónde termina mi columna un poco arriba de mis acolchonado glúteos, un escalofrió subió por toda mi espina dorsal, me asuste y me separe de él, “ya es suficiente hijo, vamos a almorzar”, dije con la cara roja como un tomate, y tratando de no verlo a los ojos, él, corriendo se sentó en la mesa y respondió, “lo que tú digas mami”, almorzamos tranquilamente, pero mi mente divagaba en que era lo que había sentido entre mis nalgas, no podía ser lo que estaba imaginando, con el pasar del día, se me fue olvidando esta extraña sensación.

Los días trascurrieron normalmente hasta que, a la semana siguiente se presentó otra situación inusual, regresaba del consultorio, como siempre llevaba una falda ajustada a medio muslo que cada que me sentaba dejaba al descubierto el encaje de mis medias, zapatillas de tacón alto y había desabrochado varios botones de mi blusa, ya que me encontraba en la privacidad de mi casa, dejando a la vista el sostén color vino que sujetaba mis senos, aun llevaba puesta la bata blanca que usaba en las consultas, la cual llegaba unos centímetros más abajo de mi falda, de repente apareció mi hijo, venia de la cocina donde había ido a buscar algo que comer, vestía solo en ropa interior, me lo quede viendo hipnotizada, su cuerpo, su pecho, su abdomen, su…, no me había dado cuenta cuanto había crecido mi pequeño, mi mirada ahora fija en su entrepierna se percató de un enorme bulto que hizo que me desestabilizara, el venia ensimismado con lo que traía en la mano, sin percatarse de la presencia de su mamita querida, por lo que chocó de frente conmigo, yo salí de mi letargo demasiado tarde, no me pude hacer a un lado y fui a parar estrepitosamente al suelo, caí sentada con las piernas abiertas, completamente despatarrada frente a mi hijo, mi falda se había subido casi hasta mi cintura, lo suficiente para dejar a la vista casi por completo mi tanguita de encaje negro, al igual que mis muslos carnosos y firmes, él, presuroso se agacho a levantarme, pero al hacerlo su mirada recorrió todo mi ser, desde mis tobillos hasta las piernas, pasando por mi entrepierna envuelta en la prenda de encaje, para terminar clavándose en mis hermosas tetas que se agitaban rápidamente con mi respiración, mientras tanto mi mirada se clavaba en su paquete que había quedado a la altura de mi rostro y el cual parecía haber crecido ante la visión que tenía mi hijo, luego nuestras miradas se cruzaron, ambos nos miramos a los ojos al mismo tiempo, nuestros rostros estaban a escasos veinte centímetros, mi cara debió parecer una braza de carbón, fueron unos segundos de duda, hasta que reaccionamos al mismo tiempo, “perdón mami déjame ayudarte” me tomo de un brazo y me levanto, aproveche para continuar viendo su hermoso bulto que se escondía detrás de su apretado bóxer el cual ocasionaba que se marcara mucho más, al mismo tiempo podía sentir su mirada penetrante sobre mis blancos senos que subían y bajaban nerviosos por causa de mi agitada respiración, y su brazo rodeándome por la cintura, adolorida, con su ayuda me puse de pie, “¿estás bien mami, te duele algo, te hiciste daño?”, “no te preocupes cariño, estoy bien, ayúdame a sentarme”, le comente mientras mi trasero palpitaba por el golpe y me bajaba la falda lo más rápido posible para tapar mis intimidades, me senté en el sofá y note como no despegaba sus ojos de mis senos, voy a vestirme mami y ya regreso me dijo, subió rápido a su habitación y yo me quede ahí tumbada en el sofá, con la respiración acelerada, y la frente perlada en sudor, de repente sentí una humedad en mi braguita y mi mente se percató sobre lo que pasaba, mi hijo me había puesto caliente, estaba excitada y mi vaginita parecía una manguera por la cantidad de jugos que chorreaban de ella, nerviosa lleve una mano a mi frente para limpiar el sudor que me escurría, y la otra bajo a mi entrepierna para comprobar lo excitada y caliente que me encontraba, en cuanto mis dedos sintieron esa humedad se retiraron inmediatamente a mi pecho, pude notar lo impetuoso de mi respiración al ser consiente que desde hacía varios minutos mis hermosas tetas no dejaban de subir y bajar presas de la emoción, estaba asustada y confundida.

Los siguientes días no dejaba de pensar en lo que estaba pasando, una idea rondaba por mi cabeza, y una humedad aparecía persistentemente en mi chochito, no podía ser que mi hijo me excitara, sin embargo, no podía dejar de pensar en él, lo más seguro es que debido al prolongado tiempo sin sentir una buena verga había estado imaginando cosas, después de todo era consciente de que me gustaba coger y ser toda una puta, sin embargo debía de guardar cierta apariencia, por lo que muchas veces tenía que reprimir mis ansias ya que no podía andar revolcándome con cuanto hombre se me cruzara por el frente, pero esto ya era demasiado, mi cuerpo estaba en constante efervescencia, esa necesidad era insoportable, convencida que no era posible resistir más, decidí realizar una prueba para salir de la duda, debía saber si realmente era mi hijo quien me excitaba y quien me atraía, si este deseo era hacia él, o si él solo era una víctima de mi calentura y al ser la única verga cerca y debido a mi gran hambre de sentir una buena cogida, no me importaba que incluso fuera el quien me la diera, pero lo más importante, necesitaba saber si mi hijo también se excitaba conmigo o si solo estaba imaginando cosas en medio de mi calentura.

Decidida, esa noche mientras sufría revolcándome en la cama por la imperiosa necesidad de mi cuerpo por sentir una buena verga, me propuse poner en marcha un plan, por lo que ese viernes me desperté más temprano que mi hijo, me puse un baby doll rojo transparente que había comprado, el cual era abierto por el frente y solo llegaba a mis caderas, completaban el sensual atuendo una tanguita de hilo dental igual de color rojo y un par de zapatillas de tacón color negro, espere a que mi hijo se despertara y entrara al baño, cuando lo hizo, lo seguí y haciéndome la despistada entre también al baño, lo encontré orinando con su verga en la mano, al oír que la puerta se abrió, asustado giro la cabeza, para toparse con una imagen de mi lujurioso cuerpo apenas cubierto por un delgado y transparente pedazo de tela roja, “¿mama que haces?” grito, yo estaba concentrada con lo que tenía mi hijo entre sus manos, por lo que no respondí hasta que un segundo grito me saco de mi trance, “perdona hijo, no me di cuenta que estabas aquí”, y salí rápidamente, con la respiración entrecortada regalándole una visión de mi trasero contoneándose cuando salía del cuarto del baño.

Al cerrar la puerta, sentí que mis piernas me temblaban, mi respiración aún era agitada, me recargue contra la pared para tomar un poco de aire y tranquilizarme, cerré los ojos, y la imagen de la magnífica tranca de mi pequeño ocupo todos mis pensamientos, nuevamente sentí una humedad en mi entrepierna, inconscientemente mi mano derecha había bajado y acariciaba suavemente mi caliente chochito por encima de mi tanguita, por lo que agite la cabeza varias veces, respire profundo una vez más y convenciéndome de que no pasaba nada, baje a prepararle el desayuno, mientras almorzábamos mi hijo estaba nervioso no quería moverse de su asiento, yo me paseaba frente a él con ese baby doll sugerente, me agachaba para que apreciara mis nalgas, me le restregaba para que sintiera mis tetas, me inclinaba para que las pudiera degustar con la mirada, me comportaba como una perra hambrienta de verga, no podía quitar su mirada de mí ya que me había sentado frente a él dejando intencionalmente a la vista mi hermoso par de senos, para que se paladeara con la mirada, terminamos de almorzar y él se puso de pie dificultosamente, yo haciéndome la distraída pude notar una enorme erección en su entrepierna, subió rápidamente y yo me quedé sorprendida por el tamaño del falo que se ocultaba en el bóxer de mi niño, esta vez no solo sentí una humedad en mi coñito, sino que literalmente un chorro de líquido que escurría por mi pierna hasta mis pantorrillas, estaba completamente húmeda, caliente, hambrienta, necesitada, me encontraba desesperada, esta parte de mi plan fu contraproducente para mí, ya que las ganas de tener una barra de carne entre mis piernas habían aumentado.

Me había excitado demasiado con mi hijo al punto de la desesperación, y al parecer el conmigo también, la segunda parte de mi plan era comprobar realmente si mi calentura era por mi hijo o solo por la necesidad de una buena verga, cogí mi agenda y busque a un conocido con el que había salido ocasionalmente, quedamos de vernos en un bar de la ciudad y después de eso fuimos a su departamento, seguimos bebiendo y poco a poco fuimos subiendo la intensidad, me tenía abrazada besando mi cuello, mientras mi mano se dirigía a su entrepierna, agarre su verga e inmediatamente mi mente voló hacia mi hijo, no era la verga de ese hombre la que tenía en mi mano, era la de mi hijo, sin embargo algo le faltaba, el tamaño no era igual, debajo de su bóxer se notaba más grande, imponente, poderosa, y lo que tenía en mi mano apenas era la mitad de lo que había imaginado, mi coñito que en la mañana se había meado de las babas por la excitación, estaba seco e impávido, reaccione, abrí los ojos como dos platos y al ver a la persona encima de mí, me di cuenta que no era mi niño quien masajeaba mis senos y besaba mi cuello, no era su verga en mi mano, que gran decepción, me separe rápidamente, “lo siento, me tengo que ir, olvide algo importante”, salí corriendo del departamento mientras me arreglaba la blusa y el brazzier, preocupada y atemorizada por lo que había pasado. Deambule un rato por la ciudad para tratar de aclarar mis pensamientos

Llegue a mi casa temprano, ya que no podía dejar de pensar en lo que había ocurrido, además de que no pude coger con ese hombre debido a que mi hijo ocupaba mis pensamientos, él y su enorme verga se habían apoderado de mis deseos, me calme como pude, mientras me metía con todo y ropa a tomar una ducha de agua fría, sintiéndome la más puta de las putas, decidí confirmar que era realmente lo que quería, aunque inconscientemente yo ya lo sabía, y si mi hijo también lo quería, por la noche, me puse una playera blanca ajustada, se pegaba a mi cuerpo como un guante, envolvía mi abdomen cuan plano era, y mis globos mamarios eran oprimidos de manera que lucían más al intentar romper la diminuta prenda que los oprimía, mis pezones juguetones lucían firmes a través de la tela ya que no me había puesto mi brazziere y debido a la delgadez de la prenda se notaba completamente su hermoso color café, me puse un tanguita blanca de algodón que apenas y cubría mi puchita y me dispuse a esperar a mi hijo, no decidí ponerme zapatillas debido a que lo considere un exceso para una puta barata en busca de macho, que, aunque realmente me sentía como tal, aun debía fingir ante mi hijo.

Estaba en la sala cuando él entro a la casa, me pare rápidamente para que pudiera apreciar mejor a la hembra que tenía enfrente, se quedó perplejo con los ojos desorbitados y si no babeo es porque todavía tenía presente que quien estaba frente a él era su madre, justo en ese momento fui consciente de lo que iba a hacer, fue como si un balde de agua helada se estrellara contra mi rostro, estaba nerviosa, asustada, mi respiración se detuvo completamente, me petrifique sin saber qué hacer, mis músculos no me respondían y mi boca no podía articular palabra alguna, ahí, de pie, inmóvil y vestida como puta, infinidad de dudas me asaltaron, ¿y si mi hijo me rechazaba?, ¿y si el no sentía lo mismo por mí?, ¿me vería como un monstruo?, ¿qué pasaría con nosotros después?, ¿qué pasaría con nuestra pequeña familia?, ¿se iría todo a la mierda?, ¿cómo lo vería a los ojos de ahora en adelante?, no soportaría vivir con él en esas circunstancias, no se cuento tiempo pase así, tal vez segundos, tal vez años, pero a mí se me hizo una eternidad, estuve a punto de salir corriendo y encerrarme en mi habitación para no salir de ahí nunca más, de pronto una voz dentro de mi ser me animo, “vamos Sandra, no hay vuelta atrás, es el momento de convertirte en una perra de verdad, que importa lo que pase, él no se podrá resistir a ti, si no te arriesgas te arrepentirás toda la vida, él te desea tanto como tú a él, mira su verga, dura, tiesa, con ganas de ti, hambrienta por llenarte tu agujerito, arriésgate puta, vamos, hazlo, llena de pavor trague saliva, uno de pies se adelantó, apreté los puños, me abalance sobre él y me colgué de su cuello.

“¿Qué pasa cariño te has quedado mudo?”, le di un beso en la mejilla rozando la comisura de sus labios, mientras sentía en mi abdomen que algo crecía buscando guerra, “andas muy cómoda mama, que guapa te ves, nunca te había visto así”, “gracias hijo” respondí aun colgada de su cuello, me separe y pose discretamente para él, “¿te gusta?, solo es una playera vieja, quería estar ligera por la casa”, “te ves genial mama, no sé por qué no has encontrado pareja aun”, ”yo si lo se hijo” hice una pausa, “es por ti”, dije de forma seductora mientras me volvía a colgar de su cuello embarrando todo mi cuerpo al de él, su polla se sentía enorme, “me refiero a que tú eres mi prioridad en este mundo”, lo tome de la mano y me dirigí con él a la sala mientras me contoneaba como gata en celo, moviendo mi culo sugerentemente, sentí su mirada en mi trasero lo que me prendió aún más, “acompáñame mi vida, te estaba esperando para ver una película, me la recomendaron mucho y tengo ganas de verla pero no quería estar sola”, él se sentó en el sofá y rápidamente jalo un cojín para ocultar su enorme erección, yo me senté a su lado, flexione mis piernas y las subí al sofá, estaba sentada sobre mis piernas enseñándoselas a mi hijo, dándole a entender que este hermoso par de muslos lo envolverían mientras me ensartaba su verga, mi torso pegado lo más posible a su cuerpo mientras mis dos manos lo asían de su antebrazo colgándome literalmente, parecía una niña asustadiza que busca el cobijo de su papi, la película era de terror, pero en lugar de asustarme yo estaba cada vez más excitada, en cada escena de miedo yo me le pegaba más a mi hijo embarrándole mis chiches, mi coño era un lago hirviendo, y su verga estaba a punto de explotar de la excitación que su mami le prodigaba.

Para disimular, se puso el recipiente de palomitas sobre el cojín que tapaba su erección con la intención de ocultarla de su mamita, pero eso era imposible, tomaba las palomitas y le daba a mi hijo en la boca, dejando intencionalmente por unos segundos mis dedos dentro de esta para que el pudiera lamerlos aumentando aún más mi calentura, sentía que no aguantaría más y me aventaría sobre el cómo una loba en celo para violarlo en ese instante, había comprobado que era mi hijo quien me excitaba y me ponía como una perra caliente y como consecuencia no iba a poder estar con otro hombre sin primero sacármelo de la cabeza, y para eso era imprescindible que me lo cogiera, sentir su verga en lo más profundo de mis entrañas, también había comprobado que el sentía lo mismo por mí, y si no, solo bastaba verle la gran verga a punto de estallar que intentaba ocultarme.

“¿Quieres un poco de agua mi vida?” pregunte, “que tonta soy, desde luego que quieres, con tanta palomita que he estado metiéndote en la boca”, me pare lentamente, me quede de pie frente a mi hijo que me veía embobado, me di la vuelta , paré mi presumido culo y me ajuste mi tanga, la cual se introdujo totalmente en mi coñito marcándolo completamente, todo esto mientras mi hijo me observaba, me dirigí a la cocina con mi contoneo de gata y serví un vaso de agua de un litro para mi hijo, intencionalmente tropecé cuando estaba cerca de él volteando el vaso de agua sobre mi pecho y dejando caer mi cuerpo encima de él mientras estaba sentado, mi playera absorbió toda el agua y como acto reflejo, se pegó a mi piel marcando mis enormes tetas transparentándose completamente, se veían mis pezones duros a través de la tela, más oscuros que mis blancos senos y totalmente erectos esperando ser amados, “cuidado mamita” alcance a escuchar mientras una de sus manos rodeaba mi cintura aprovechando la supuesta caída, me jalo hacia él embarrándome contra su cuerpo, mis tetas estaban a la altura de su boca, su otra mano se dirigió hacia ellas amasándolas suavemente simulando que las limpiaba del agua, “¿te lastimaste mamita?” me decía, “no hijo estoy bien solo un poco mojada”, “deja que yo te limpie” respondió mientras su mano seguía jugando con mis glándulas mamarias, sentía la fuerte presión de su brazo en mi cintura, para que no me despegara ni un centímetro de él, “¿no te duele mami?”, “no hijo solo fue el agua que está un poco fría”, “si ya me di cuenta” me dijo, mientras su mano abarcaba completamente mis ubres pasando de una a la otra, al estar a la altura de su cara, lo tome suavemente de la nuca y lo pegue a ellas para que pudiera mamarlas, se prendió como becerro a tomar el agua impregnada en la playera. Así estuvimos como una hembra alimentando a su cría, yo solo pujaba mientras él se afanaba limpiándome la playera, alzo la mirada un momento, y me dijo “¿así está mejor mama, ya no tienes frio?”, “si hijo gracias, me siento mucho mejor, pero creo que si me lastime mi tobillo, ¿me puedes revisar, por favor?, le dije mordiéndome el dedo, “faltaba más princesa”, se paró, me tomo en sus brazos y me recostó suavemente en el sofá, tomo mi tobillo y empezó a acariciar todo mi pie mientras me observaba, yo estaba recostada sobre el sofá con una playera mojada mostrándole todas mi tetas a mi niño, con las piernas desnudas y tan solo una tanguita diminuta cubriendo mi intimidad, completamente empapada, vi como mi hijo se empezó a transformar en una bestia de lujuria, para ese momento ya no se molestaba en ocultar su tremenda erección, froto suavemente mi pie contra su rostro y sus manos recorrían mi pantorrilla, “pobre bebita se lastimo su piecito, yo hare que se sienta mejor”, empezó a besar mi empeine en repetidas ocasiones, y poco después paso a chupar con delicadeza cada uno de mis pequeños dedos, sentía cosquillas en mi cuerpo mientras mi coño se mojaba cada vez más, empezó a bajar lentamente al tiempo que besaba y lamia mi pierna, paso por mi pantorrilla y mi muslo, me volvió loca cuando beso la parte interior de este, se aproximó a mi dulce coñito que lo esperaba ansioso, lo vio un segundo, pero no lo toco, solo sentí su respiración caliente cuando se pasó al muslo de mi otra pierna e hizo el recorrido de manera inversa, llego a mis pies y los junto para poder besarlos, yo empezaba a gemir, “¿te sientes mejor chiquita, ya no te duele?” “si hijo, me siento mejor pero aún me duele mucho, sigue por favor”, “creo que donde te lastimaste es aquí abajo”, toco mi braguita completamente empapada, “¡mira esta mojada!, creo que te lastimaste muy fuerte” separo mis mulsos para quedar abierta ante él, y acerco su nariz a mi vagina, con su lengua recorrió toda la tanga bebiendo mis jugos vaginales, “¿así nenita, así?, ¿te sientes mejor?”, “si, así, mucho mejor no pares sigue”, junto mis piernas y lentamente retiro la delicada prenda de algodón blanco, vio mi coño mearse de la emoción y nuevamente como becerro se prendió a él, el primer orgasmo me alcanzo retorciéndome en el sofá mientras mi niño se comía mi coño, su legua se introdujo en mi interior , mientras sus labios mamaban mi chochito, mis jugos llenaron su boca y él se los trago completamente, “así nena así, dame más de tus juguitos”, mi mano presurosa busco esa tranca que me quito el sueño y me volvió loca, y empezó a jugar con ella jalándola de arriba a abajo hasta que no pudiendo más lo atraje hacia mí para juntos hacer un sesenta y nueve en el sofá, yo trataba de meterme esa vergota en la boca pero por la posición era difícil, así que solo lamia su tronco cuan largo era, él se regodeaba en mi coño bebiendo su dulce néctar, “te voy a dar tu medicina nena, no te preocupes te vas a sentir mejor”, me levanto del sofá e invertimos posiciones, ahora él estaba abajo abriendo mis nalgas para acceder a mi bollito, y yo arriba con entera libertad para meterme esa verga en la boca cuanto quisiera, al fin, mi sueño hecho realidad, me aferre a ella para extraer su preciado líquido, “¿así pequeña así mamita, toma tu jarabito para el dolor, y si eso no es suficiente más tarde te daré una inyección”,” chomp chomp chomp” era mi respuesta mientras mis labios mamaban enérgicamente la verga de mi hijo, estuvimos así un rato mamándonos recostados, de repente el empezó a incorporarse conmigo encima y se puso de pie, cargándome, yo de cabeza aun enganchada a la verga sin querer soltarla seguía chupando, mis piernas a cada lado de uno de los hombros de mi hijo, mientras él me sostenía por la cintura con sus dos brazos para que no fuera a resbalarme, su boca pegada a mi chocho bebía como si de un cántaro se tratara, tomaba todos los jugos de su madre a placer, por fin me recostó nuevamente, me deposito en el sofá delicadamente, y me tomo de la mano, “ven mamita, te voy a coger” y me jalo bruscamente para pegar nuestros cuerpos y fundirnos en un apasionado beso, “si hijo cógeme, quiero sentir tu verga como me destroza”, se sentó en el sofá y me dispuse a montarlo, era como un potro salvaje y yo era su hembra que lo domaría, me senté sobre el encajándome su tolete mientras nuestros labios se comían unos a los otros, la verga entro de un solo golpe, debido a lo encharcado mi hoyito, sentí entrar a ese animal en mi ser y ladre como perra, mis uñas se enterraron en su espalda, mientras permanecía así por unos segundos sintiendo ese garrote profanar mi útero, luego, lentamente empecé a subir y bajar sobre la barra de carne de mi hijo, acelere el movimiento haciendo que mi hijo me cogiera “¿así mamita, así mi nena, así mi chiquita te gusta cómo te cojo?”, “si mi vida cógeme cógeme”, seguimos así un rato, él nuevamente me incorporo para ponerme en cuatro patas, te lo voy a meter como te mereces, como a una perra por haber seducido a tu hijo, serás mi perra de ahora en adelante por dejarte coger por tu hijo, mi chocho se prendió más por las palabras de mi hijo, abrió mis nalgas con sus manos para apreciar mi coñito hambriento de su verga escurrir jugos, acerco su rostro hacia él y le pego un par de lengüetazos, “ así mi vida así, cógeme como a una perra, soy tu perra, tu puta cógeme como quieras”, “niña traviesa te has portado muy mal” me dio un par nalgadas que sonaron en toda la casa, la verga nuevamente violo la entrada de mi coñito que gustoso se amoldaba para formar un estuche de carne cálido para ese tremendo tolete, las embestidas empezaron furiosamente provocando que cayera de bruces en el sofá mientras era perforada por mi bebe, el me tomo del cabello y me jalo, yo como una perra orgullosa me incorpore para poder seguir recibiendo la verga de mi pequeño, era toda una perra, en cuatro patas, con la playera mojada mostrando mis tetas, una mano de mi hijo me tiraba del cabello y la otra me tomaba de la cadera, realmente estaba siendo montada por mi macho, metiéndome su verga, para esos instantes ya había perdido la cuenta de las veces que me había venido, solo sé que mis ojos estaban en blanco. Mi saliva escurría de mi boca, y mi chochito parecía un lago chorreando jugos, se oía el golpeteo de su sus huevos chocar con mis partes íntimas, el clap clap de una verga violando un coño, mi hijo me advirtió que se correría, pero no le hice caso estaba concentrada en mi propio placer, así que lancetazos de su leche caliente llenaron mi coñito, y nuevamente el orgasmo me alcanzo, sentí que me desmayaría de tanto placer, caímos los dos de bruces, él sobre mí, su verga aun en mi interior, me beso las mejillas y busco mi boca, ambos estábamos sudorosos, “te amo mamita, te amo, ¿ya te sientes mejor, ya no te duele?”, “no hijito ya estoy mucho mejor”, sentía todo su peso sobre mí, su piel en contacto con la mía, sudorosos y pegajosos de nuestra corridas, me sentía plena, satisfecha y feliz, nos acostamos en el sofá el abrazándome y yo dejándome consentir, “te amo mamita, te amo, no sabes cuánto te he deseado, cuantos años han sido esperando que esto llegara a pasar, poder tenerte para mí, convertirte en mi mujer, probar tu cuerpo completamente entregado”, ”yo también te amo hijo, te deseo, deseo que me cojas que me hagas tuya, que me hagas tu mujer.

Nos besábamos tiernamente, después de una hora de sexo salvaje, mi blusa seguía empapada ahora de sudor, “déjame quitarte esto princesa, no quiero que te enfermes,” retiro mi apretada playera, “si me enfermo tú me cuidaras, para que sane rápido”, con una manta cubrimos nuestras desnudeces mientras seguíamos frotándonos uno contra el otro, nuevamente se prendió a mamar mis senos, mi mano busco su verga, y la encontró dura, poderosa, hostil, mi senos eran amasados suavemente por las manos de mi pequeño, me acomode sobre él y una vez más me ensarte su verga, al tiempo que cadenciosamente subía y bajaba sobre ella, él me mamaba mi tetas como dos bombones blancos y dulces, mi coñito nuevamente estaba mojado y caliente, mi cadera subía y bajaba por momentos, y por otros hacia círculos sobre la gran verga, un orgasmo suave y placentero recorrió mi cuerpo, mi espalda se tensó y mis uñas se enterraron en el pecho de mi bebe, mientras temblaba de placer, nuevamente caí sobre él, fatigada, sintiendo la verga en mi interior aun dura, penetrándome, “¿estás bien mamita, te gusto?”, sudorosa, mojada, completamente maltrecha, solo alcance a responder “si hijo me gustó mucho”, me beso los labios y saco el enrome garrote del delicado chochito, era una pistola que aún estaba cargada, pidiendo atención, la tome con la mano, “ven acá preciosa”, era una víbora con vida, sentí su latido y como se esforzaba por liberarse, empecé a masturbarla, la piel subía y bajaba “tranquila pequeña te voy a consentir y a mimar mucho” le dije y empecé a besar su cabeza y a mamar suavemente la misma, por momentos introducía todo lo que podía de la verga ya que era demasiado grande y solo me cabía la mitad en la boca, mi deseo era tragármela toda pero no era posible, por lo que cuando la sacaba de mi boca, le lamia todo el tronco para no dejar ni una parte sin mis caricias, cuando mi hijo me dijo que se correría, me puse de rodillas e hice que se parara, empecé a mamarla más rápidamente hasta que un latigazo de semen inundo mi garganta, saque la verga mientras la seguía masturbando y otro disparo se estrelló en mi rostro cerca de mi ojo, la lefa escurrió rápidamente a mis mejillas, uno más se dirigió a mis tetes, era una manguera fuera de control termine bañaba de leche caliente, era una postal llena de lujuria, yo, de rodillas, empapada con la leche de mi hijo , escurriéndome de mi carita, por mis senos por mi boquita, tome nuevamente ese animal y complacida la limpiaba concienzudamente con mi hábil lengua.

Al terminar de atender a esa verga tan adorada de ahora en adelante por su mamita, me recosté nuevamente con mi hijo, nos cubrimos con la manta y estuvimos así, riendo y conversando mientras nos acariciábamos y prodigábamos cosquillas y halagos el uno al otro. Esa noche no paramos de coger como animales, prácticamente cogíamos descansábamos y volvíamos a coger.

Había cumplido 7 meses de embarazo, mi pancita crecía y crecía cada vez más, junto con mi hijo encontramos un ginecólogo en otra ciudad distinta de donde vivíamos, para el segundo trimestre nos trasladábamos cada fin de semana a esa ciudad para poder llevar el control de mi embarazo, la ginecóloga desconociendo nuestra condición de madre e hijo, nos había recomendado que no tuviéramos relaciones sexuales durante mi último periodo en cinta y así evitar cualquier posible complicación, debido a esto, ya llevábamos dos semanas sin que mi hijo me diera una buena montada.

Casi un mes después decidimos mudarnos a la ciudad donde se encontraba nuestra doctora, así evitaríamos el estar viajando cada semana, y si surgía algún problema la podríamos contactar de inmediato sin tener que realizar diez horas en auto desde donde vivíamos, esa tarde nos encontrábamos descansando en la sala de la casa que habíamos rentado, por mi estado me la pasaba gran parte del tiempo reposando, él estaba sentado en el sofá y yo recostada sobre sus piernas tapada con una ligera sabana y apoyando mi panza sobre un cojín para estar lo más cómoda posible, la verdad estaba muy aburrida, mi hijo estaba más atento a su tableta que a mí, yo ignoraba lo que estaba haciendo pero me puso de mal humor, eso, sumado a las dos semanas horribles sin que pudiera sentirme llena de la carne de mi hijo, a que mi estado de preñez había aumentado mi libido considerablemente ocasionando que quisiera violarlo cada vez que lo tenía cerca, y a que sabía que él también sufría por no poder cogerse a su mamita como estaba acostumbrado, hicieron que acercara una de mis manos y empezara a jugar con su verga la cual se notaba a través del pantalón, esta, ante las caricias recibidas y debido a la prolongada abstinencia, no tardo en alcanzar su máximo tamaño, por lo que deje de acariciarla con la mano, y suavemente empecé a darle mordiscos por encima de la tela, hambrienta y caliente como me encontraba, me percate que me había vuelta adicta al enorme garrote de mi hijo.

Él deslizo su mano por dentro de mi pijama, la cual era un vanidoso conjunto conformado por un pantalón corto tipo short y una blusita de tirantitos ambos de color lila, su mano encontró mi pepita, y dos de sus dedos empezaron a jugar con ella presionándola entre las yemas, un pujido escapo de mi boca mientras esta se encontraba llena de verga, debido a que instantes antes la había liberado de su prisión de tela y me había prendido de ella con la intención de ordeñarla y dejarla seca. Mi coñito estaba enfangado, deje por un momento la verga de mi hijo y me aproxime a sus labios para besarnos delicadamente.

-Tengo ganas de sentirte, de que me partas con este palo.

-Yo igual mama, han sido unos días terribles sin poder cogerte, sin sentir tu chochito caliente envolviendo mi verga.

Estuvimos comiéndonos a besos unos minutos en los que nuestras lenguas se enroscaban y nuestras salivas se mezclaban, nuestros labios se fundían y mis uñas se encajaban en su espalda como reclamo por la falta de atención que había tenido ante su hembra, una de sus manos no dejaba de frotar mi hermoso coñito mientras yo le jalaba la verga una y otra vez, nuestras miradas se cruzaron por un instante, nuestras frentes se tocaron la una a la otra.

-Te deseo Sandra, necesito cogerte ahora mismo o voy a reventar”

- Si mi amor, yo también te deseo, te necesito, quiero volver a ser tu perra.

Poco nos importó la recomendación de la doctora, nuestra atracción era tan fuerte, que nos convertimos en animales que solo pensaban en copular el uno con el otro, me tomo entre sus brazos y se dirigió a nuestra habitación, mientras me besaba dulcemente durante el trayecto.

Suavemente me deposito sobre la cama, coloco unas almohadas en mi espalada para que estuviera cómoda y mi panza no se maltratara, por lo que realmente no estaba acostada sino más bien sentada sobre el colchón, me quito el pantalón corto de la pijama y me abrió de patas, presuroso dirigió su boca a mi conejito para devorarlo, con dos dedos pellizcaba mis labios vaginales mientras su lengua daba vueltas sobre mi chochito, el cual estaba infladísimo debido a las caricias, ahí estaba yo despatarrada con las piernas abiertas y mi panza de embarazada, ofreciendo mi coño a mi hijo, ofreciéndome toda, dos dedos de mi mano izquierda estaban dentro de mi boca, los lamia y los mordía por el placer que me brindaba mi hijo, mi coño brillaba por la mezcla de la saliva de mi hijo con mis jugos, y se abría candoroso para seguir siendo atendido, mientras, mi otra mano le revolvía el cabello al tiempo que con fuerza lo pegaba más a mi caliente coñito para que no la dejara nunca, mi garganta emitía sonidos sin sentido, el orgasmo no tardó en llegar debido a la comida de coño que me realizaba mi esposo, un gran chorro de jugo inundo mi sabana, solo con la lengua me había hecho ver las estrellas.

A pesar de ser dos animales en brama, aun éramos un poco conscientes de que esta vez no podía haber penetración por parte de mi hijo, ni siquiera con sus dedos, ya que no queríamos poner en riesgo al bebe que estábamos esperando, al terminar mi orgasmo el seguía mamando mi puchita y tragando jugos maternos, levanto suavemente mis piernas para tener un mejor acceso a mi tímido culito, siempre con cuidado de no apretar de más mi pancita, por lo que gire levemente el torso para no estar completamente de espaldas, sino sobre un costado, de esta manera mi preciosa panza que tanto excitaba a mi hijo estaría más segura apoyada sobre la almohada, además mis piernas no quedaban en lo alto, posición que me cansaba mucho, sino que estaban apoyadas en el colchón, de igual manera en esta posición él tenía un acceso total al tesoro que estaba buscando, empezó a lengüetear mi hoyito tímidamente, mientras cariñosamente decía,

- ¿Que tenemos aquí, qué preciosidad es esta?, Y lo prodigaba de besos y mimos, lo ensalivaba, lo besaba y lo lamia, yo sentía cosquillas en mi culito, por lo que con cada caricia emitía risitas nerviosas.

- ¡con cuidado hijo, trata bien a mami!

El seguía con su trabajo sobre mi sonrosado hoyito, pude notar que la punta de un dedo trataba de abrirse paso en mi culo, un escalofrió me recorrió, un pujido salió de mi garganta y mis uñas se aferraron a la sabana casi rasgándola.

-No hijo. Alcance a decir gravemente.

-No lo hagas, tengo miedo, nunca lo he hecho por ahí, aun soy virgen”.

Ante esta declaración mi hijo se volvió a convertir en un demonio, en una bestia lujuriosa, note que escurría saliva de su boca, se acercó a mí y me dijo.

- ¿En serio mami, aun eres virgen?”, asentí con la cabeza mientras una mirada de incredulidad y lujuria adornaba mi rostro.

-Entonces es justo que te entregues a tu hijo… a tu esposo.

Su dedo había logrado introducir la puntita y bombea suavemente, un par de lágrimas recorrían mis mejillas, mientras enterraba el rostro en una almohada, para ese momento yo sentía el placer recorrer mi cuerpo desde mi culo hasta mi boca, mis defensas habían caído y deseaba que mi hijo me enculara con su verga, la perra en celo había resurgido.

Me encontraba hambrienta de verga y lista para demostrar que mi estado de preñez no era impedimento para cogerme a mi hijo.

- ¿mamita me va s a dar tu culito?, ¿vas a dejar que te encule?, ¿verdad que si zorra?, ¡eres una puta ramera!, te encanta sentir mi verga, sé que lo deseas y te mueres por tenerla adentro, vas a ver que rico te desvirgo mi vida.

Yo asentía con la cabeza y con suaves pujidos que salían de mis labios, mi boca se hacía agua al solo imaginar que me iban a coger por el culo, que mi hijo me iba a desvirgar.

-si chiquito, si, cógete el culito de mami, méteme tu verga, pero por favor hazlo despacito, porque me duele mucho.

Mi mirada era la de una niña asustada durante su primera vez, mezclada con la lujuria que la perra en mi interior generaba, saco su dedo de mi culo y lo ensalivo con la boca, saboreándolo y degustándolo para embadurnarlo bien con su saliva, nuevamente ataco mi culito, el dedo violador entro más fácilmente ya lubricado, pero el dolor aún era intenso, él, tiernamente solo metió la puntita.

Si mi vida, que rico se siente, así, despacito, cógete a tu puta. Alcance a decir fingidamente presa de la enorme calentura que me invadía.

Después de unos momentos dedeandome, me levanto delicadamente con miedo de que me pudiera romper, acomodo las almohadas y me puso en cuatro patas, tenía almohadas a mi alrededor de manera que mi barriguita tuviera apoyo y no quedara volando, de esa manera podría resistir las embestidas sin que me cansara por el esfuerzo y sin riesgo de que me pudiera lastimar.

Se dirigió a la cocina rápidamente, dejándome ahí en cuatro patas con mi culo totalmente expuesto esperando ser atendido, regreso y me encontró ahí en esa posición, una virgen en el altar esperando ser sacrificada, una perra preparada para la monta, inmediatamente se prendió como un becerro de mi culo mamándolo con frenesí, traía algo en la mano que unto entre mis abiertas nalgas, era frio y al contacto con mi esfínter este se contrajo involuntariamente cerrándose aún más, sentí como ese líquido frio escurría de mi ojetito hacia mi chochito y luego por mis muslos, al instante mi hijo se afano pasando su lengua por todas partes para no dejar que siguiera escurriendo, una vez lamidos los muslos y mi chochito se dedicó a mi ano el cual degusto como si de un dulce se tratase, volvió a repetir la acción varias veces, derramaba el líquido en mi ano, y con la lengua lo recogía degustándolo, saboreándolo, mi coño estaba encharcado reclamando atención por lo que su otra mano empezó a frotármelo lentamente.

-¡¡ahora si perra, te voy a desvirgar!!, ¡este culito será mío!”.

-suave por favor hijo, hazlo suave, esa verga está muy gruesa y me da miedo.

De reojo vi como unto su verga con el mismo líquido que antes había derramado en mi dulce hoyito, froto su verga contra mi vagina para que también se lubricara con los jugos que escurrían de mi ser, y procedió a apoyar la cabeza contra mi delicado esfínter anal para culminar el acto de sodomizar a su mamita, sentí como el enorme champiñón luchaba con ese hoyito virgen para poder profanarlo, por lo que empleo más fuerza y mi culito empezó a rendirse, la cabezota completamente lubricada se abría paso lentamente hasta que por fin pudo entrar completa, había sido desvirgada analmente, esa gran barra de carne había reclamado como suyo el delicado agujerito que acababa de profanar, yo sentía dolor mientras más lágrimas surcaban mis mejillas, me aferraba a la sabana con mis uñas y mis dientes, mientras estoica esperaba el embate final de esa verga que me estaba partiendo en dos, él, cariñosamente espero un rato a que mi culo se acoplara a la cabeza de su verga, después, su mástil siguió a la cabeza y empezó a introducirse en mi recto, apreté más los dientes mientras el tolete perforaba mi desvirgado culo, estaba consumado, mi hijo había tomado la castidad de mi culito, entro la mitad de la verga, y sentía como mi culo se ensanchaba con cada centímetro de carne que lo perforaba, empezó a embestir suavemente, la mitad de su verga entraba a mi anito, hasta que poco a poco me la metió toda, sentía sus testículos pegados a mi coño, yo empecé a llorar como una pequeña con la cogida que me daba mi hijo, me sentía emputecida, perforada, me estaba destrozando el culo, bombeaba primero despacio y suave, luego rápido y salvaje, el dolor cambio a placer, no había sentido tanto placer como en ese momento en que mi hijo tomaba la pureza de mi ano.

-Eso hijo, cógete a tu perra, así cabrón móntame, métemela bien hondo en mi culo, cógeme, cógeme

Mi culo era violado por esa gran verga, mi coño babeaba del placer, estaba completamente mojada, empapada por todas partes, el sudor cubría mi cara, mi frente y mi pancita, saliva me escurría de la boca, la cual no podía mantenerla cerrada debido a las estocadas recibidas y al placer experimentado, la verga entraba y salía de mi ojete, mis bramidos inundaban la habitación, de pronto sentí los chorros de leche caliente en mi apretado culo, sentí que me desmayaba por la emoción, hacía tiempo que no sentía a mi hijo correrse dentro de mí, y esta vez era mejor que antes, era mi primera vez, y él había sido el afortunado.

Mi hijo saco su tolete de mi culo y de este escurrió un chorro de la leche caliente y espesa, me sentía abierta y profanada, mi hoyito se había expandido hasta sus límites y aun no regresaba a su normalidad, sentía el aire frio colarse hasta lo más profundo de mi ser, en esos momentos el pequeño esfínter se había convertido en un orificio capaza de tragar cualquier cosa que pusieran en él, el tímido agujerito del principio se había transformado en un hoyo negro en el espacio, caí sobre el colchón recostándome de lado ya que no deseaba lastimar mi panza.

-te amo mama, gracias por darme tu virginidad, por dejarme estrenar tu delicioso culito.

Se recostó a mi lado y me beso la frente.

-gracias por la cogida hijo.

mi hijo ya estaba prendido de uno de mis pechos alimentándose de ese delicioso bombón que eran mis enormes senos debido al embarazo, nuevamente empecé a gemir, y solo le dije a mi hijo.

-No tienes remedio, ahí vas otra vez, no me respetas ni porque estoy esperando a tu hijo

- Mira quien lo dice, tu eres una perra caliente que siempre quiere que me la coja, te la pasas pidiendo que te dé más y más verga.

-Cállate niño travieso”, mi mano lo sujetaba de la verga, -Ven aquí malcriado, quiero probar esto.

Acerque el tolete completamente brilloso por mis jugos, por mi sudor, por su semen y por ese líquido dulce que había derramado en mi culito, deguste la verga con mi lengua limpiándola completamente, la introduje hasta mi garganta y la mame felizmente hasta que me lleno nuevamente la boca con su deliciosa leche, esa noche lo hicimos una vez más, debido a que mi culito estaba recién estrenado, no quería que me lastimara demasiado, al final dormimos como siempre, abrazados , abrazando su garrote entre mis nalgas, sabedores que mañana seria otro día más para nuestra lujuria, y esta vez ya no teníamos que quedarnos con las ganas de que me clavara esa deliciosa verga, mi culito ya había probado carne y estaba hambriento de seguir comiéndose el garrote de mi hijo.

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