Una Niña Mimada - Capítulos 001 al 004

heranlu

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Una Niña Mimada - Capítulo 001

Todo comenzó cuando yo tenía 18 años, vivía en una burbuja de abundancia con mis papás, quienes además de ganar mucho dinero siendo médicos, tenían muy poco tiempo libre así que compensaban su abandono dándome absolutamente todo lo que pedía. Vivíamos en la Ciudad de México, pero ambos habían nacido y crecido en un pueblito de Aguascalientes, por lo que la mayoría de mi familia era de gente provinciana y sin chiste, todos me parecían lentos y aburridos y ellos me trataban como si fuera una retrasada mental sólo porque no sabía ordeñar una vaca.

El inicio de mi aprendizaje sexual, se dio cuando yo tenía 18 años, mis papás decidieron divorciarse y mientras se repartían hasta el último tenedor de la casa, me mandaron a Aguascalientes a pasar el verano con mis abuelos maternos; yo estaba furiosa, como era de esperarse, no me molestaba que se divociaran o tener que vivir con uno y el otro hasta que tuviera edad para mandarlos al diablo, sino el hecho de que, en lugar de mandarme a un buen campamento de verano, como solían hacer, decidieran condenarme a pasar mi verano en el asqueroso pueblo del que ellos habían huido a muy corta edad.

Al llegar con los abuelos, fueron muy amables, su casa era muy linda y casi pasaba por una casa de ciudad, gracias, claro está, a que mi mamá les había dado mucho dinero a lo largo de los años para que la remodelaran; mi habitación estaba al final del pasillo, muy lejos de la de mis abuelos y del ruido de la cocina, la sala y de los corrales del ganado. Traté de poner buena cara y de ver el lado positivo a las cosas, al menos mis abuelos se pasaban el día ocupados con sus reses y borregos como para molestarme, la casa tenía televisión por cable y una mesa de billar que mi papá le había regalado al abuelo unos años antes, y el río estaba muy cerca por lo que podría nadar cuando quisiera.

El primer par de días me lo pasé viendo televisión y comiendo lo que me daban las criadas, realmente estaba vegetando de lo lindo, hasta que mi abuelo, por bromear conmigo, me dijo que si seguía comiendo y viendo tele me pondría como una de sus vacas; para los abuelos esos era una broma, pero yo decidí que no podía regresar a la escuela al final del verano con padres divorciados y además estando obesa, así que me propuse hacer una buena rutina de ejercicios todos los días para mantenerme en forma.

A pesar de mi corta edad, mi cuerpo ya estaba muy bien formado, el tener mi periodo desde los 13 años hizo que mi cuerpo se desarrollara prematuramente, mis tetas ya medían 95 centímetros, mi cintura 68 y mi cadera 100 CM, siempre he sido muy nalgona, es de las cosas favoritas de mis parejas; estaba en la edad en que tener tetas es competencia con las amiguitas de la escuela, y afortunadamente yo la ganaba por mucho.

Comencé a hacer mi rutina de ejercicio en el jardín de la casa, algunas sentadillas, abdominales, lagartijas y correr un poco, todo eso en soledad porque todos en el rancho me parecían muy sosos como para solicitar compañía; el primer día al terminar de ejercitarme, decidí ir a nadar un rato al río, el agua estaba deliciosa y la corriente muy tranquila, estaba nadando de lo más serena, hasta que sentí que alguien me tocaba un pie.

- Hola, primita, no sabía que andabas por aquí, ¿por qué tan sola? - dijo mi primo Miguel, quien entonces tendría unos 16 años.

- Nado mejor a solas. - respondí cortante mientras me salía del agua y caminaba hacia mi toalla.

- ¡Ay, primita, sí que has crecido! ¡Mira nada más ese caminar! - dijo Miguel obviamente impresionado por mi figura, yo sólo me sonrojé, ya que nadie me había hecho un piropo así, y me fui caminando de regreso a la casa de mis abuelos.

Llegué a la casa y no pude evitar mirarme al espejo para comprobar si de verdad era deseable, en la escuela siempre llevaba un genérico uniforme que no permitía que luciera nada, y la ropa que mi mamá me compraba seguía siendo de niña, sin embargo, ataviada en ese traje de baño azul, mis formas eran muy obvias, tenía una bella cadera y mis tetas eran grandes y firmes, además, por efecto del frío, mis pezones lucían tiesos y paraditos, sólo de mirarme al espejo y pensar en el comentario de mi primo, me sentí un poco excitada.

Yo ya sabía algo de la masturbación, pero no era muy afecta a hacerlo, supongo que mi falta de experiencia hacía que no lo hiciera muy bien; en cuanto a novios, nunca había tenido uno, los niños de mi escuela estaban más interesados en las chicas "fáciles" que en las ñoñas con ropa de niña como yo. Pero ese día, por primera vez, me había sentido bonita y deseada, así que mientras me miraba en el espejo, comencé a tocarme las tetas y a apretar mis pezones, me estaba calentando delicioso, sentía que mi pepita se empezaba a humedecer, metí mi mano por debajo del traje de baño y comencé a frotar mi clitoris, sentía cómo empezaban a escurrir fluidos desde mi vagina, me recosté en la cama y seguí frotando mi clitoris y mis tetas hasta que alcancé un delicioso orgasmo, la idea de que mi cuerpo le gustara a alguien, me había calentado como nunca lo había hecho nada.

Me di un baño y dormí una siesta, pensé que lo mejor sería cenar en mi habitación esa noche, pero alrededor de las 7 una de las criadas tocó a mi habitación.

- Dile a mis abuelos que estoy cansada y súbeme la cena, no quiero salir - instruí a la criada.

- Dice tu abuelita que no puedes faltar a cenar porque vinieron tus tíos.

- ¿Cuáles tíos? - pregunté curiosa.

- Don Luis y doña Martha, y trajeron a sus hijos, a lo mejor te gusta estar con niños de tu edad, ¡ándale, ven a cenar!

La idea de estar en la misma mesa que mi primo Miguel me agradó mucho, en especial si conseguía que volviera a lanzarme un piropo como el de la tarde; me puse la ropa más ajustada que llevaba en mi maleta, un short de mezclilla cortito y una camiseta roja que marcaba mucho mis tetas, para hacerlo más obvio, decidí ir sin brasier para que mis pezones lucieran y mi primo tuviera la oportunidad de verlos.

Bajé las escaleras haciendo como que iba despertando, en la sala estaban sentados mis abuelos con mis tíos y mis dos primos, mi sorpresa fue que además de ver a mi primo Miguel, que me había calentado con su comentario, estaba mi primo Santiago, a quien ya ni recordaba; Santiago tenía 19 años en aquel entonces, ya no vivía con mis tíos porque se había ido a estudiar medicina a Monterrey, era alto, fornido y moreno, además de tener una barba de candado que lo hacía lucir mucho mayor, en mi mente me imaginé a un actor de Hollywood, o por lo menos de telenovela, el tipo era bastante guapo, por lo que mi atención se centró en él en vez de en mi primo Miguel.

La cena pasó muy normal en cuanto a mis abuelos respecta, pero yo no dejaba de sentir las miradas de mi primo Miguel y de mi tío, los dos parecían comerme con los ojos, en un momento incluso sentí que alguien me rozaba la pierna con el pie, pero no distinguí quién; todo estaba muy tenso pero nadie mencionaba nada hasta que sirvieron el postre y yo rechacé una rebanada del pastel.

- ¡Ay, nena, cómete una reanada, con ese cuerpecito que tienes puedes comer lo que quieras! - Dijo riendo mi tía.

- No es por eso, tía, es sólo que no se me antoja. - respondí sonrojada.

- No le hagas caso a tu tía, está bien que no comas pastel y cuides ese cuerpo tan lindo que tienes, Miguel me contó que te vio nadando y que eres una escultura. - dijo mi tío un poco impertinente.

- Ya dejen a la niña y que coma lo que quiera. - los regañó mi abuela terminando con el tema.

- Deberías venirte a la casa unos días, Florecita, no es tan grande como esta, pero tenemos una alberquita, en vista de que te gusta nadar- dijo mi tía - además no está tan lejos, hasta podrías ir y venir diario si no quieres quedarte a dormir allá.

- Muchas gracias, tía, a ver si mis abuelos me dan permiso - dije poniendo cara de niña buena hacia a mi abuelita; la verdad es que tenía ganas de pasar tiempo en casa de mis tíos para ver si podía conseguir la misma reacción en mi primo Santiago que en mi primo Miguel y mi tío Luis.

Mientras mis tíos y primos se despedían, mi primo Santiago se acercó para darme un beso de primos que en realidad fue demasiado cerca de la boca para un beso fraterno. - A ver si te veo mañana por la casa, chula - me dijo mientras me apretaba la cintura; aparentemente mi primo no era tan indiferente a la mocosa citadina.

Al otro día me dispuse a ir a la casa de los tíos, me llevé una maleta y le dije a mis abuelos que si me divertía me quedaría un día o dos, ellos estuvieron de acuerdo porque la casa de mis tíos estaba a 10 minutos en auto, ante cualquier problema podrían recogerme en seguida. Al llegar a la casa noté que era una típica casita de pueblo, muy sencilla y modesta, pero influenciada por el buen gusto de mi abuela, se notaba que muchas de las cosas que mi mamá le enviaba a la abuela, terminaban en la casa de mi tía; mi tía me dio una habitación, diciéndome que mis primos harían el esfuerzo de dormir juntos para que yo tuviera donde quedarme, me pareció un lindo detalle por parte de ellos. A la hora de almorzar mis primos regresaron de montar a caballo y me prometieron que al terminar, iríamos a nadar un rato a la alberca.

- Cuiden mucho a Florecita - les dijo mi tía - su papá y yo vamos a salir, pero regresamos antes de la cena, pórtense bien.

- Sí, má, nosotros la cuidamos - dijo Miguel lamiendo su labio superior, sentí una humedad inmediata ante esa expresión.

Me puse mi traje de baño y salí a la alberca, no era muy grande, pero más privada y cómoda que el río, cuando mis primos me vieron comenzaron a lanzarme silbidos y a decirme lo bella que lucía en mi traje de baño blanco; yo para seguirles el juego, comencé a caminar muy sexy y a dar vueltas como si fuera una modelo de pasarela, les hacía caras sensuales más en broma que en serio, pero los alentaba a que siguieran haciendo bulla; en un gesto de niñería, me lancé a la alberca de bomba, mojando sus caras y la totalidad de mi cuerpecito.

Comenzamos a jugar a lanzarnos una pelota, hasta que Santiago dijo que eso era aburrido, que jugáramos atrapadas en la alberca, yo ni tarda ni perezosa dije que sí, tenía muchas ganas de que mis primos me tocaran, aunque fuera sólo para atraparme, pero obviamente mi primo tenía otra cosa en mente; en cuanto comenzamos a jugar, Santiago dijo que él iría primero, por lo que Miguel nadó hasta el otro lado de la alberca, a mí ni tiempo me dio, Santiago me atrapó de inmediato y me rodeó con sus fuertes brazos.

- ¡Ya te atrapé! Y ahora la multa para dejarte ir va a ser que me des un beso - dijo Santiago, yo me di la vuelta y le di un beso de niñita en la mejilla. - ¡No, bonita, así no! Me tienes que dar un beso en los labios.

- Pero yo nunca he besado a nadie, ¿qué tal si lo hago mal? - dije fingiendo timidez, para ese momento, Miguel ya estaba junto a nosotros.

- Yo te enseño cómo, primita - dijo Miguel, mientras tomaba mi cara y me plantaba un delicioso beso en los labios, metía su lengua y recorría toda mi boca; para ser mi primer beso, fue bastante agradable.

- ¿Ya aprendiste? - preguntó Santiago.

- Creo que ya - respondí, y me acerqué a Santiago dándole un ejemplo de lo que su hermano me había mostrado. El beso de Santiago era más rudo, más sensual, en un segundo hizo que sintiera empapada la conchita.

Santiago comenzó a tocar mi cintura mientras me besaba apasionadamente. - Qué rica boquita tienes, nena, se siente que es nuevecita - bajó su mano a mis nalgas y comenzó a apretarlas de un modo exquisito; de repente sentí unas manos en mis tetas, mi primo Miguel me tocaba desde atrás apretando con sus dos manos, claro que mis tetas no le cabían, pues eran abundantes.

- A ver, chiquita, vamos a ver qué sabes hacer con esa boquita que te cargas - dijo Santiago saliendo de la alberca y sentándose en la orilla, se bajó el traje de baño y se sacó una verga enorme y dura, era la primera que veía en vivo. - A ver, hermosa, chúpala como si fuera una paleta de hielo - yo muy dispuesta me la metí en la boca, no me cabía toda, pero la chupaba con entusiasmo; mientras tanto, mi primo Miguel, quien seguía dentro del agua, aprovechaba para comerme las tetas a su antojo, yo me sentía en el cielo, con una verga en la boca y una boca mamando mis tetas, ni en mis más locos sueños me imaginé que mi primera vez sería un trío nada menos que con mis primos.

- Ahora te toca salirte a ti, nena - dijo Santiago.

- ¿No le vas a terminar en la boca? - le increpó Miguel.

- No, quiero que esta lechita le desrvigué el coño a esta putita - respondió mientras tomaba mi pequeño cuerpo y lo colocaba en la orilla de la alberca. - Abre las piernitas, mi amor, te voy a enseñar lo que es un orgasmo de verdad.

Muy obediente abrí las piernas e hice mi traje de baño a un lado con mi mano; Santiago comenzó a tocar mi clitoris con mucha dedicación, yo sentía que flotaba, de repente puso su boca en mi puchita mojada, succionaba mi clitoris como si fuera una paletita, me estaba haciendo vibrar como nunca; metió un dedo en mi vagina sólo para comprobar lo húmeda que estaba y comenzó a frotar lo que entonces ignoraba era mi punto G, sentía como que me orinaba, estaba desconectada del resto de mi cuerpo, lo único que podía sentir era mi cuerpo teniendo un orgasmo casi interminable.

- La putita me llenó la boca de sus jugos, está en su punto para quitarle lo niña, una buena cogida es lo que le hace falta - dijo Santiago, mientras él y su hermano salían de la alberca.

Apenas podía moverme, estaba agotada por el orgasmo que acababa de tener, así que entre los dos me llevaron a la habitación que me había asignado mi tía; me pusieron en la cama y me quitaron el traje de baño, dejándome completamente desnuda. Primero Santiago comenzó a comerse mis tetas, mientras mordía uno de mis pezones, apretaba mi otra teta, lo que hasta la fecha me fascina; Miguel me abrió las piernas y comenzó a comerse mi vagina, era casi tan bueno como su hermano pero se notaba que le faltaba experiencia, de igual modo hizo que me viniera en su boca de manera deliciosa.

- Ahora sí, carnal, hay que echar un volado a ver quién la va a desquintar - dijo Miguel con tono ansioso.

- Qué volado ni qué volado, a esta perrita primero le entra mi verga - dijo Santiago sin intención de aceptar cambios.

- Va, pero cuando le rompamos el culo, primero voy a ir yo -

- Ya veremos, mientras, abre bien las piernitas, putita, ahorita vas a ver lo que es bueno - dijo Santiago acostándose sobre mí y apuntando su verga a mi puchita.

Sentí que el aire se me iba, a pesar de estar muy mojada, era la primera verga que entraba en mi cuerpo y me lastimaba un poco; Santiago entró poco a poco, llenando mi vagina con mucha gentileza; fue hasta que notó que mi dolor había diminuido, que comenzó a bombearme de manera deliciosa, sentía cada milímetro de su verga recorrer mi apretada cuquita, sus movimientos hicieron que tuviera otro orgasmo mientras me la metía.

- ¡AY, PRIMITA, QUÉ RICA PUCHA TIENES! ¡APRIETAS DELICIOSO! - dijo a gritos mi primo.

- ¡MÉTEMELA, NO ME LA SAQUES NUNCA POR FAVOR! - gritaba yo totalmente poseída por el deseo.

- ¡VOY A VENIRME, PUTITA, VOY A ECHARTE TODOS MIS MECOS EN ESA PUCHA DE PUTA QUE TIENES! - gritó mientras me llenaba de semen.

Quedé hecha una madeja, no tenía más sensación que ese delicioso orgasmo y la leche escurriendo desde mi conchita hasta mi culito; aunque aparentemente a mi primo Miguel no le importaba remover la venida de su hermano, porque de inmediato me dio la vuelta y me puso en cuatro como la perrita que soy.

- A ver, primita, ya sentiste a Santi, ahora yo te voy a enseñar cómo se coge a las perritas como tú aquí - y sin mayor consideración me ensartó de una sola estocada.

Quizá era la posición y el hecho de que estaba hipersensible, pero la verda de Miguel se sintió mucho más rica que la de Santi; lo sentía bombear mi cuquita como un desesperado, menearse de un lado a otro y apretarme las nalgas con sus ásperas manos; a pesar de ser más joven y de no comer tan rico el coño, se notaba que Miguel era mucho más dedicado cuando de verga se trataba; me estaba dando una cogida espectacular, sentí cómo me venía y me escurría hasta los tobillos, no podía más, no dejaba de gritar, de aullar, de venirme, tuve un orgasmo que duró casi cinco minutos ininterrumpidos.

- ¡AY, PERRITA, QUÉ RICO TE VIENES! ¡VAS A HACERME TERMINAR! - gritó Miguel.

- ¡SÍ, PAPITO, LLÉNAME, VACÍAME TU LECHE! -

- ¡SÍ, MAMITA, SÍIIIIIII!

Miguel se salió de mi concha y me dejó en la cama, los tres estábamos extasiados y agotados, nos acostamos en la cama y tomamos un pequeño respiro.

- ¿Te gustó tu primera cogida, putita? Eres la primera a la que nos cogemos al mismo tiempo, siempre nos las turnamos, pero tú eres especial. - me dijo Santiago.

- Claro que me gustó, no creí que el sexo fuera tan rico - respondí.

- Y todavía no pruebas nada, quédate unos días y te vamos a enseñar muchas cosas, prima. - dijo Miguel mientras comenzaba a tocar mis tetas de nuevo.

Miguel rozaba mi teta derecha con su mano, mientras Santi me mamaba la izquierda; me sentía como una muñeca de trapo, una muñeca lujuriosa y empapada; Santiago bajó su mano hacia mi clitoris sin dejar de mamar mi teta, era delicioso sentir que alguien me masturbara, sólo sentir cómo mi clitoris se inflamaba y empezaba a sentir ese calor exquisito; Miguel bajó su otra mano y me metió dos dedos en la conchita, que obviamente resumaba de semen, una vez que los tuvo bien empapados, comenzó a meter uno de ellos en mi culito; primero frotó poco a poco la entrada de mi ano, y luego comenzó a meter un dedito con suavidad, yo sentía extraño, pero delicioso, nunca había pensado en lo excitante que sería que me metieran un dedo, o cualquier otra cosa, por el culo.

Tenía mis dos agujeros ocupados por los dedos de mis primos, Santiago me metía dos dedos rozando mi punto G, y Miguel me metía uno por el culito, mientras ambos me mamaban las tetas; yo no hacía nada, era un simple trapo, sentía que cada poro de mi cuerpo tenía un orgasmo; ni siquiera pude llevar la cuenta de cuántas veces me mojé, aunque por el estado de las sábanas al terminar, no fueron pocas.

Una vez que ambos se cansaron de darme placer, los dos se pusieron sus trajes de baño y se fueron a su habitación, yo me quedé demadejada y agotada sintiendo leche escurrir por mi dolorida vagina, era maravilloso sentirme así, me sentía como una adulta, agradecí a mis padres por no enviarme a ese campamento, por dejarme ir con los abuelos a aprender a ser mujer. Tomé un baño y me puse ropa cómoda, en realidad no aguantaría ropa ajustada con lo sensibles que estaban mi conchita y mis tetas; llamé a mis abuelos y les dije que me quedaría con mis tíos porque me estaba divirtiendo mucho con los primos, que me estaban enseñando muchas cosas, así que en realidad no mentí.

Al llegar mis tíos, todos cenamos juntos y mi tía notó que estaba muy cansada.

- ¿Qué le hicieron a esta criatura? Se ve que está molida. - les preguntó a mis primos.

- Le estamos enseñando a montar, la chilanguita necesita aprender cosas de campo. -dijo Santi, tampoco mintiendo del todo.

- ¡Ah, pues ya déjenla descansar un poco! Si la regresamos anémica sus papás nos la van a cobrar como nueva - dijo en broma mi tía.

Nos fuimos cada quien a su habitación y yo por fin pude recostarme a descansar, pero cuando ya estaba profundamente dormida, sentí unas manos en mis tetas, pensé que era uno de mis primos pidiendo segundo round, pero me equivoqué, se trataba de mi tío Luis apretándome las tetas con fuerza.

- Ni te hagas pendeja putita, no creas que no me di cuenta de que esos dos cabrones ya te metieron las vergas por todos lados, ni que no los conociera - dijo en voz baja, pero muy firme - Hoy te voy a dejar descansar, pero nada más que se te reponga la pucha, te la voy a llenar yo.

Me apretó las tetas fuertemente y me dio un beso con el que metió su lengua hasta mi garganta.
Después de que mi tío se metiera en mi habitación a manosearme las tetas, me quedé algo asustada, una cosa era que mis primos, jóvenes y guapos, me cogieran a su antojo y otra muy diferente era que un viejo como mi tío quisiera hacérmelo; tuve ganas de regresar a casa de mis abuelos y terminar con todo ese asunto, pero la verdad es que estaba demasiado entusiasmada con la idea de que mis primos siguieran dándome los deliciosos orgasmos que me habían dado, sin duda con una aventura como esa, sería la más popular entre las chicas de mi escuela, después de eso ninguna se atrevería a llamarme "ñoña" de nuevo.

Pasé la noche como si nada y por la mañana me levanté a desayunar sin mencionar nada el asunto, mi tía me dijo que iría al supermercado (que en esa ciudad bicicletera está a casi una hora de distancia) y me invitó a acompañarla, pero Santiago, mi primo mayor, me lanzó una mirada cómplice, como pidiéndome que no aceptara.

- No, mamá, no te la lleves. Seguro que la chilanguita sabe ir al super, déjala a que siga aprendiendo a montar, a ver si esta vez no acaba tan cansada como ayer. – Le dijo a mi tía.

- Está bien, pero pórtense bien con ella, no está acostumbrada al ritmo de vida del campo. – advirtió mi tía.

- No te apures, te prometo que la vamos a cuidar.

Ni bien salió mi tía de la casa, mi primo Santiago ya estaba en mi habitación.

- Ay, chiquita, estuve duro toda la noche pensando en tus tetas. – dijo mientras me las apretaba fuerte con sus dos manos.

- Espérate, que mi tío sigue en la casa, nos va a ver. – le dije asustada.

- No te apures, mi papá no va a entrar a tu recamara, dame una mamada rápido, no me dejes con las ganas, mamita. – y sin pensarlo se sacó la verga del pantalón.

La verdad era una verga tan dura y tan deliciosa, que no me aguanté las ganas y comencé a comérmela enterita; le pasé la lengua por cada milímetro, mientras apretaba sus huevos suavemente, él me dijo que debía lamerle los huevos y seguir jalándole la verga, cosa que disfruté muchísimo; mientras yo me dedicaba a comerme su verga y sus huevos, él no soltaba mis pezones, ya me tenía empapada con sólo tocarlos.

- No te detengas, chiquita, no pares que voy a llenarte la boquita. – me dijo anunciando su venida.

- ¡Apriétame más fuerte, también voy a venirme! – Sentí cómo mi conchita se escurrió completa al tiempo que él me llenaba la boca de su caliente y delicioso semen.

- Ay, mi amor, no se nota que acabas de aprender a mamar la verga, lo haces delicioso. – dijo mi primo subiéndose los pantalones. – Voy a decirle a Miguel que nos vayamos un rato al río, para que sigamos con tu entrenamiento, hermosa, vete preparando.

Yo feliz, me quedé preparando todo para salir con ellos, estaba ansiosa por seguir con mi “entrenamiento”, la verdad es que seguir sintiendo esas dos duras vergas por todo mi cuerpo me tenía más que animada. Estaba en eso cuando escuché que un auto salía de la casa, me asomé por la ventana y vi que el auto que salía era el de mi tío, me dio mucho gusto que mis primos y yo volviéramos a quedarnos solos, eso significaba coger en la comodidad de la casa, pero al bajar las escaleras, usando sólo una camiseta y un minishort, el que estaba en la sala era mi tío, sentado en el sillón.

- ¡Qué bonita mi sobrinita! ¡Mira nada más qué pezoncitos más duritos! ¿Qué, pensaste que ibas a quedarte a coger con los chamacos? – me preguntó en tono burlón.

- No, tío, no digas eso, mis primos me están enseñando a montar a caballo, no otras cosas. – le respondí nerviosa.

- ¡Ándale pues! A montártelos a ellos es lo que te enseñaron, golfita; a ver, ven acá, vamos a ver qué tan bien te enseñaron. – me ordenó en voz fuerte.

- No, tío, yo no quiero – dije casi llorando.

- No te estoy preguntando, perrita, si no me la mamas bien rico como se la mamaste al Santi, le voy a contar a tus abuelos la clase de putita que eres, ¿eso quieres? ¿Les digo a todos que no sólo te encanta la verga sino que te comes las de tus primos?

- No, no le digas a nadie por favor – le respondí ya sumida en llanto.

- Pues entonces bájame el cierre, saca mi verga y cómetela hasta que me saques hasta la última gotita de leche, mandé a los chamacos a hacer unos mandados, se van a tardar un rato.

No sabía qué hacer, estaba como en shock, así que me hinqué y obedecí a mi tío; no puedo decir que fuera un ranchero sucio ni mucho menos, en realidad era un señor bastante agradable a la vista, aunque sí mucho mayor que yo, en aquel entonces él tendría unos 45 años, el triple de mi edad; desabroché sus jeans y metí mi mano para tocar su verga, todavía no estaba dura, pero sí era de un tamaño considerable, él se levantó un poco y se bajó los pantalones hasta los tobillos, lo que facilitó mi labor. Saqué su verga y comencé a chuparle la puntita, estaba rica, y me gustaba cómo se iba poniendo tiesa cada que mi lengua la rozaba; mientras le pasaba la lengua de arriba a abajo, iba jalándola como Santi me había enseñado, eso parecía gustarle mucho porque no dejaba de gemir. Seguí bajando mi lengua hasta llegar a sus huevos, los tenía gordos y peludos, me encantó meterlos en mi boca y succionarlos, para ese momento la verga de mi tío estaba tiesa como mástil, definitivamente se notaba quién era el hombre de la casa, era enorme y lleno de venas, tan sólo de verlo me estaba empapando; yo subía y bajaba mi boca por su verga mientras él me sujetaba la cabeza, como ordenándome que no me detuviera, cosa que no tenía intención alguna de hacer, esa verga gorda me estaba calentando tanto que no sólo la quería en mi boca, ahora la quería metida enterita en mi mojada puchita.

Estaba tan concentrada en sacarle la leche a mi tío que no escuché cuando entró un coche al garaje, pero sí escuché cuando metieron las llaves a la puerta, quise levantarme de inmediato, pero mi tío me tomó del cabello y me obligó a seguir.

- Síguele, putita, han de ser tus primos, seguro también van a querer una mamada tuya.

Seguí con mi labor, excitada con la idea de que esta vez no me cogieran dos vergas, sino tres.

- ¡Mira nada más qué espectáculo tan bonito! – Escuché la voz de mi tía y casi me desmayo de la impresión. Solté la verga de mi tío y me levanté de inmediato.

- ¡Perdóname, tía! ¡Te prometo que yo no quería, pero él me obligó! – le dije casi rogando.

- No te hagas pendeja, chamaca, no creas que eres la primera puta que le chupa la verga a Luis, es un putañero de lo peor, pero por lo menos deberías aprender a hacerlo en habitaciones cerradas. – dijo mi tía sin mostrar la más mínima sorpresa o enojo.

- ¡Ya no hagas panchos, vieja! ¿Quieres que te coma la pucha mientras esta putita me chupa la verga? Tus hijos ya se la cogieron entre los dos, seguro que no le importará un trío con sus tíos favoritos, ¿verdad, perrita? – dijo mi tío muy cínico.

Yo no sabía qué responder, nunca me imaginé que mi familia pueblerina fuera tan liberal en cuestiones de sexo. Mi tía se acercó quitándose la blusa y el sostén; en realidad para una mujer de su edad estaba bastante bien cuidada, sus tetas estaban grandes y firmes y tenía una cintura muy estrecha; se acercó a mi tío y le puso las tetas en la boca, cosa que a él pareció agradarle mucho ya que comenzó a mamárselas como un bebé.

- ¡Ándale, putita, sigue comiendo verga! – me ordenó mi tía.

Quedé tan impresionada, pero a la vez tan caliente, que volví a hincarme a comer la verga de mi tío; creí que no podría estar más duro, pero me equivoqué, estaba que explotaba; yo levantaba la mirada ocasionalmente para ver cómo mi tía se apretaba un pezón, mientras mi tío le chupaba el otro de manera devota, me estaba calentando demasiado, estaba escurriendo.

- Quítate la blusa y pon su verga entre tus tetas, eso le gusta mucho. – me instruyó mi tía y yo obediente lo hice. Mi tío parecía estar en el cielo, gemía y temblaba mientras con mis tetas apretaba su verga, y lamía su cabecita con mi lengua. De repente sentí un chorro directo a mi garganta, su semen era más ácido que el de Santi, y también mucho más abundante.

Me levanté y me puse la blusa, mi tía hizo lo mismo, mientras se ponía su blusa se acercó a mí y me apretó un pezón fuertemente.

- Estás bien buena, chamaca. Si como mamas la verga, comes la concha, tú y yo nos vamos a llevar muy bien.

Subí a mi habitación intrigada, en verdad no creía que mi tía fuera capaz de cogerme, además a mí nunca me había pasado por la cabeza el hacerlo con una mujer. Mientras estaba acostada en la cama, escuché cómo mis tíos cogían como locos en su habitación, claramente a mi tía no sólo no le molestó que mi tío me cogiera la boca, sino que me había calentado tanto o más que a mí.
 

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Una Niña Mimada - Capítulo 002


Una vez que mis tíos terminaron de coger como locos después de nuestra experiencia compartida, mi tía bajó a la cocina a hacer la comida, estaba de mucho mejor humor que de costumbre, obviamente la cogida que mi tío le dio la había dejado más que satisfecha; yo me sentía muy incómoda con la situación, pero a la vez muy excitada por saber lo que sería comerme una concha, en especial si se trataba de la de mi tía, así que me puse ropa más presentable y bajé a la cocina a ofrecer mi ayuda, como pretexto para platicar con mi tía.

- ¿Te ayudo en algo tía? – le pregunté con mi tono inocente, como si no me hubiera comido todas las vergas de su casa.

- Claro, m’ija, corta las papas y ponlas en la cacerola. – me dijo de lo más relajada, como si nada hubiera pasado.

- Tía, quiero ofrecerte una disculpa por lo de hace rato, te prometo que mi tío me obligó, me dijo que si no lo hacía, le diría muchas mentiras a mis abuelitos y a mis papás.

- ¿Les va a decir que te cogiste a mis hijos? – dijo mi tía.

- Sí, tía, pero eso no es cierto. -dije mintiendo flagrantemente.

- ¡Ay, m’ija, no quieras verme la cara de pendeja! Sé muy bien que esos dos cabrones ya te metieron la verga, desde el día que llegaste han estado como perros en celo, y cuando Miguel te vio encuerada en el río, casi me rogaron para ir a cenar con mis papás, querían comerte con los ojos y con lo que pudieran, ¿a poco crees que lo de dejarte una recamara fue cosa mía? Esos dos calientes se pusieron de acuerdo para hacerse los primos hospitalarios y cogerte a voluntad, y tú eres tan pendeja y tan caliente que los dejaste, y para colmo el caliente de tu tío, que se coge a todo lo que se mueve.

- Perdóname de verdad, tía, es que yo no sabía nada de esto, te juro que yo era virgen, pero mis primos me dijeron que no tenía nada de malo, que eran cosas de familia.

- Ya sé que los dos están muy guapos, pero son tus primos, no creí que fueras tan pendeja, niña. ¿Al menos lo disfrutaste o esos dos cabrones te la metieron a la fuerza? – preguntó mi tía.

- La verdad lo disfruté mucho, tía. Me hicieron tener muchos orgasmos deliciosos. – contesté sonrojada, pero confiada en mi tía.

- Ay, mi niña, tú todavía no sabes lo que es un buen orgasmo, una mujer no lo sabe hasta que se lo da otra mujer. – dijo mi tía en tono muy sensual.

- ¿Tú has tenido orgasmos con otras mujeres, tía?

- Claro, mi niña, muchos, y los mejores. – me dijo.

En eso entraron mis primos con todas las cosas que mi tío les había encargado, los dos se veían agotados y fastidiados, era obvio que mi tío los había mandado por cosas difíciles de encontrar para que se tardaran. Mi tía los mandó a bañarse y les dijo que bajaran a comer en media hora. En ese tiempo mi tía y yo nos dedicamos a la cocina como todas unas mujeres, aunque la idea de tener orgasmos con otras mujeres estaba más que instalada en mi mente, por lo que ya me era imposible no ver a mi tía no como familia, sino como una mujer muy sexy, veía sus nalgas y sus tetas, no era una mujer muy refinada, pero definitivamente era guapa.

La tarde pasó de lo más normal, comimos en familia y luego vimos una película todos juntos, éramos como todo un retrato de la familia perfecta, una familia perfecta en la que la “hija” tenía intenciones de cogérselos a todos.

Subí a mi habitación un rato y me acosté a pensar en lo que había dicho mi tía, ni siquiera sabía cómo funcionaría eso de hacerlo con otra mujer, me imaginaba que todo lo que tendría que hacer sería frotarle el clítoris como me lo frotaba cuando me masturbaba, me estaba calentando mucho, así que comencé a apretar mis tetas, me las froté y amasé hasta que tuve un largo y caliente orgasmo, estaba tan relajada que me quedé dormida y ya ni siquiera bajé a cenar. Desperté alrededor de las doce la noche con un poco de hambre, así que bajé a la cocina a buscar algo, estaba en el refrigerador cuando bajó mi primo Miguel.

- Me dijo el Santi que le hiciste una mamada en la mañana.

- Sí, y le gustó mucho, pensé que iban a regresar a que se las mamara a los dos.

- Pues sí queríamos, pero mi papá y sus cosas, nos tardamos mucho en conseguir lo que nos pidió, y luego mi mamá y su tarde familiar, a ver si mañana se van y nos dejan seguir con lo nuestro. – dijo mientras se acercaba y me apretaba las nalgas y me daba un beso húmedo y ardiente.

- Ojalá que sí, primito, ya quiero tu verga adentro otra vez. – le dije apretándole el paquete; estaba segura de que iba a cogerme en ese momento, pero escuchamos ruidos y nos hicimos los locos. Era mi tía bajando las escaleras.

- ¿Qué hacen, chamacos?

- Yo busco algo de cenar, tía, me quedé dormida hace rato y ya me dio hambre. - le respondí.

- Yo nada más vine por agua, ya me voy, hasta mañana a las dos. – dijo Miguel subiendo a su recamara.

- Me tardo dos minutos más en bajar y ese cabrón te vuelve a coger, ¿verdad? - dijo mi tía en tono burlón.

- En una de esas, pero lo espantaste. – le respondí igual de burlona.

- A ver, mi niña, vamos a poner las cosas en claro, esos dos cabrones pueden cogerte todo lo que tú quieras, tu tío puede pedirte que se la mames y puedes aceptar todo lo que quieras, pero si dejas que te coja, te vas a la chingada, ¿entendiste?

- ¿Y si tú me pides que te la mame, también puedo aceptar tía? – le pregunté mientras me quitaba la camiseta que llevaba puesta, mostrando mi sostén de encaje y mis firmes tetas.

- Ay, mamita, si yo te pido que me la mames, nunca vas a querer soltarme. – dijo acercándose a mi cuello.

Comenzó a besar mi cuello muy suavemente, se sentía delicioso el aliento de una mujer en mi oreja; su cabello olía riquísimo y sus labios eran suaves y tibios.

- ¿Si te pido que me comas vas a hacerlo, nena? – me preguntó al oído, lo que hizo que me mojara de manera instantánea.

- Claro que sí, pero vas a tener que enseñarme, nunca me he comido una puchita.

- A ver, vamos a ver…

Me quitó el sostén y comenzó a comerse mis tetas, era como ser transportada a otra dimensión, su boca conocía mis tetas como si fueran propias, me lamía, succionaba y mordía justo en los lugares correctos; suavemente fue bajando su mano por mi abdomen y la metió en mi ropa interior, sus dedos entraron en mis labios sin el mayor problema, estaba tan mojada que resbalaron fácilmente, tocó mi clítoris y lo masajeó de manera ruda y deliciosa. La mezcla de su boca en mis tetas y sus dedos en mi clítoris me tenía más que caliente, estaba a punto de venirme.

- Niña bonita, pídeme un orgasmo o me voy a detener. - me dijo mi tía al oído.

- Dame un orgasmo, por favor. – dije en voz baja.

- Pídelo más fuerte, perrita.

- ¡Dame un orgasmo, por favor! – dije más alto, pero no tanto como para despertar a mis primos y a mi tío.

- ¡Más fuerte o voy a detenerme, putita!

- ¡Por favor, haz que me venga! – ya no me importó el resto de la familia, quería un orgasmo y lo quería en ese momento.

- Así me gusta mi putita obediente.

Siguió frotando mi clítoris y me vine en su mano como la perra caliente en la que me había convertido, escurrí su mano y mi tanga, estaba inundada; mi tía hizo que me subiera en la mesa de la cocina y me quitó el pantalón del pijama, junto con mi tanga, me tenía completamente desnuda y a su merced, con las piernas abiertas de par en par y la concha completamente mojada. Puso una silla y se sentó como si fuese a comer un banquete, comenzó frotando mi clítoris con su mano derecha y con la izquierda metió dos dedos en mi vagina, me estaba frotando el punto G de manera exquisita, sentía una serie de sensaciones indescriptibles, sus manos hacían que mi cuerpo sintiera descargas eléctricas, me estaba viniendo como una loca, esa noche supe lo que eran los orgasmos múltiples; cuando sentía que ya no podía estar más caliente, mi tía puso su lengua en mi clítoris y comenzó a mamarlo como su fuera un caramelo, succionaba y lamía como si en ello le fuera la vida, mi cuerpo se retorcía como una anguila, estaba fuera de mi ser; mientras su boca succionaba mis jugos y mi hinchado clítoris, sus manos apretaban mis pezones y amasaban mis duras tetas, sentí que mi cuerpo se partía en dos, estaba en otro mundo, tuve el orgasmo más largo e intenso que hubiese tenido, temí que mis gritos despertaran a los demás, pero mi calentura era mayor que mi precaución.

- ¿Mi perrita ya aprendió cómo se come una concha? – preguntó mi tía mientras mamaba una vez más mi pezón derecho.

- Creo que sí, veamos qué tan buena maestra eres. – le dije en tono retador.

Aún agotada por los incontables orgasmos que me dio, me levanté y comencé a quitarle la ropa, sólo llevaba una bata y unas pantys de encaje deliciosas, las bajé poco a poco mientras pasaba mis labios por su monte de Venus y sus muslos, su piel era tan suave que sentí escalofríos sólo de sentirla.

La recosté en la mesa justo como ella hizo conmigo, lamí sus tetas suaves y mordí sus duros pezones, aunque sus tetas no eran tan grandes como las mías, sí eran dulces y suaves, sólo probarlas me estaba dando docenas de mini orgasmos.

- Así, mi amor, lame mis tetas, comételas. – ordenó mi tía

Por mi falta de experiencia, no tenía muchas técnicas sexuales, así que decidí hacerle a mi tía lo mismo que ella me había hecho a mí, bajé hacia su vulva y comencé a frotar su clítoris y a introducir mis dedos en su vagina, era una sensación muy extraña, nunca había tocado una vagina excepto la mía, así que me esforcé en hacerla sentir lo que ella me hizo sentir a mí; la froté, la masajeé, y me comí su conchita como el manjar más delicioso que hubiese probado, ella sólo gemía pidiendo más.

- ¡Más, chiquita! ¡quiero llenarte la boca de mis jugos, perrita!

Mis dedos sentían cómo se contraía su caliente y mojada vagina, se vino como una perra en celo, me dejó la cara y las manos empapadas de sus jugos, cosa que disfruté a más no poder.

- Aprendes rápido, aunque te hace falta práctica, vamos a tener que entrenar mucho en estos días, ¿qué te parece? – dijo mi tía mientras se vestía de nuevo.

- Con mucho gusto, tía, después de todo mi mamá dijo que debía aprender de ti en la cocina. – le dije mientras le daba un beso y le apretaba un pezón.

- Vas a aprender de mí en la cocina, en el baño, en la sala y en cada rincón de la casa, putita, te voy a coger hasta que no quede un centímetro de esta casa en el que no hayas tenido un orgasmo.

Me fui a la cama agotada y completamente satisfecha, estas vacaciones iban a resultar mucho más educativas de lo que mis papás pudieron imaginarse.
Después de la velada que había tenido con mi tía, me fui a la cama a descansar un poco, realmente no podía procesar bien a bien todo lo que había ocurrido; en sólo una semana había pasado de ser una niña tonta y presumida de la ciudad, a una incestuosa que se había cogido a sus dos primos, a su tía y le había hecho una mamada a su tío, realmente no era lo que esperaba de esas vacaciones, yo esperaba aburrimiento, no volverme la puta de la familia.

Desperté pasadas las 10 de la mañana, decidida a regresar a la casa de mis abuelos, por muchos orgasmos y diversión que estuviera teniendo en casa de mis tíos, hasta yo era consciente de que esa situación era de todo, menos normal; recogí todas mis cosas y bajé al comedor sólo a despedirme, mis primos habían ido a correr, así que sólo estaban mis tíos:

- Pero ¿por qué te vas, chiquita? – me preguntó mi tío, muy sorprendido.

- ¡No te hagas, tío! Ya todos aquí saben cómo están las cosas, tus hijos me cogieron, tú me llenaste la boca de tu verga y por si no lo sabías, anoche mi tía y yo nos comimos las pepitas como locas, si me quedo me van a agarrar de su puta. – Respondí muy determinada.

- ¡Mira nada más a la putita rezongona! – dijo mi tía en tono sarcástico – Ahora resulta que es muy decente y moralina y le pesa que la hagamos venirse como la perra que es.

- ¡No me digas esas cosas! ¡Por eso quiero irme, porque yo no sabía nada de estas cosas y ustedes me quieren volver una puta!

- No, chiquita, a nosotros no nos culpes, aquí nadie te violó, tú solita le abriste las piernas a mis hijos y a mi mujer, y a mí me abriste esa rica boquita. – contestó mi tío, mientras se levantaba del sofá y se acercaba a mí, mientras tanto mi tía se me acercaba por atrás casi soplándome en la nuca.

- - ¿No te gustó lo que te hice anoche? Yo te vi muy contenta, en ningún momento dijiste que no – dijo mi tía mientras retiraba el cabello de mi nuca y comenzaba a darme suaves besos.

- Déjame en paz, ya no me toques, no vas a volver a hacerme lo mismo que ayer. – respondí defensiva.

- ¡¿Ah, no?! ¡Ay, niñita! Nada más dame unos minutitos y vas a estar pidiendo que te coma hasta el último milímetro de esa concha de puta que tienes. – dijo retadora mi tía.

Mi tío me tomó de un brazo y me jaló hacia él, siendo un hombre mucho más alto y pesado que yo, no le costó ningún trabajo, comenzó a levantar mi camiseta a pesar de mi resistencia dejándome sólo en sostén, mi tía me tomó por atrás y comenzó a pellizcar mis pezones por encima del sostén, mientras tanto mi tío me desabrochaba los jeans y comenzaba a bajarlos. Mi mente me decía que me resistiera y me fuera de ahí, pero las manos suaves de mi tía y la actitud dominante de mi tío me estaban quitando el control.

Mi tía desbrochó mi sostén dejando mis tetas al aire, cosa que aprovechó para acariciarlas suavemente, mientras mi tío me sacaba los zapatos y el pantalón; comencé a sentir cómo mi vagina se llenaba de fluidos, mis pezones estaban totalmente duros y cada vello de mi cuerpo estaba erizado por el deseo que esos dos adultos irresponsables causaban en mi cuerpo.

- Vámonos a la recamara, no vayan a regresar los chamacos. – dijo mi tío

- Tú decides, putita, ¿te llevamos a nuestra recamara o te llevo a casa de mis papás? – me preguntó mi tía para después morder uno de mis pezones, lo que me puso al límite.

- A tu recamara… - respondí.

Recogí mi ropa y subimos las escaleras cual si fuéramos unos adolescentes calientes que tienen que esconderse de sus papás (en mi caso, no era tan errada la idea), mi tía cerró la puerta de su habitación y mi tío me vio como si fuera un delicioso manjar que estaba a punto de saborear; me recosté en la cama dejando que mis tíos tomaran el control de la situación, mi calentura era tanta que hubiese dejado que me hicieran lo que quisieran, con tal de tener un orgasmo; se recostaron uno en cada lado y comenzaron a mamarme las tetas, al mismo tiempo mi tía metía su mano en mi ropa interior y buscaba mi hinchado y caliente clítoris, yo sentía que volaba, que estaba en otro planeta, tener la boca de mis tíos mamándome las tetas como posesos mientras ella me masajeaba el clítoris como una experta.

Para ese momento mi mente estaba totalmente desconectada de mi cuerpo, ya no era capaz de negarme a nada, de resistir nada, de entender que lo que estaba haciendo estaba mal, todo lo que quería era sentir más y más placer a cada segundo; mi tío bajó de la cama y me quitó la tanga, oliendo profundamente mi vulva:

- Todavía hueles a nuevo, preciosa, cómo me hubiera gustado estrenar esa puchita tan rica y apretadita que se te ve – dijo mi tío, casi jadeando.

- ¡Ni creas que te la vas a coger, pendejo! Puedes meterle la verga en la boca, pero eso es todo – respondió defensiva mi tía.

- Aunque sea déjame estrenarle el culo, se ve que ese sí lo tiene nuevo – dijo mi tío mientras acariciaba mi ano con sus gruesos y ásperos dedos.

- Lo voy a pensar, pero no creo que sea hoy, ahorita mejor convéncela de que te la mame – dijo mi tía mientras seguía chupando mis tetas.

Mi tío muy obediente, dedicó unos minutos más a reconocer mi vagina, puso sus dedos en mis labios y metió el dedo medio en mi vagina para comprobar que estuviera húmeda, su sonrisa confirmó que estaba satisfecho con lo que sintió, metió dos dedos en mi vagina tocando directamente mi punto G, sentí como que me orinaba con cada toque, pero era un placer indescriptible, al mismo tiempo comenzó a succionar mi clítoris y a lamerlo con su gruesa y dura lengua, yo me sentía de lo más caliente, los orgasmos comenzaban a llegar y por montones, sólo atinaba a retorcerme como serpiente, todas esas sensaciones eran nuevas y maravillosas para mí.

Mientras mi tío me comía como si fuese un banquete, mi tía se quitó toda la ropa y se subió a la cama, pensé que seguiría chupando mis tetas, pero en lugar de eso, se sentó en mi cara y me ordenó que me comiera su coño. La verdad estaba tan poseída por los orgasmos que me estaba dando mi tío, que no lo dudé ni por un segundo, en la posición en que estaba, mi lengua quedaba justo en su delicioso clítoris y mi nariz se metía en su encharcada vagina, me la comí exactamente como mi tío me estaba comiendo a mí, imitaba cada movimiento de su lengua, cada succión, cada metida de dedos, todo lo hacía igual, quería que ella se viniera en mí como yo me estaba viniendo en su esposo, y lo conseguí, de repente sentí una deliciosa descarga de fluidos en mi cara, había hecho que se viniera como perra, igual que yo.

- Si no vas a dejar que me la coja, te tengo que coger a ti, la tengo tan dura que si no la meto en algún lado se me va a reventar – dijo mi tío.

Mi tía se bajó de mi cara y se recostó en la cama abriendo completamente las piernas, mi tío, ni tardo ni perezoso, se la metió de un solo empujón, era tan salvaje que no entendía cómo mi tía aguantaba semejante ritmo; ver a mi tía penetrada por la enorme verga de mi tío me puso aún más caliente, era como tener mi propia película pornográfica, con la ventaja de que, en este filme, podía comerme las tetas de la actriz. Mientras le mamaba una teta, le apretaba el otro pezón, y ella no sacaba su mano de mi clítoris, estábamos en un delicioso triángulo de orgasmos.

Pasados unos minutos de intenso meter y sacar, mi tío dio un fuerte grito, lo que interpreté como su orgasmo llenando la vagina de mi tía de su caliente leche; no sé qué demonio me poseyó en ese momento, pero cuando mi tío le sacó la verga, no pude aguantar las ganas de mamársela, de limpiar con mi boca todos los fluidos y la leche que habían quedado en esa verga semi erecta, y creo que a él le gustó mucho la idea, porque no dejaba de jadear y de empujar mi cabeza hacia él.

Cuando la verga de mi tío estuvo flácida y limpia, me dirigí a la vagina de mi tía, para dejarla igual de limpia; mamé hasta la última gota de sus jugos y de la leche de mi tío, dándole a mi tía otra buena cantidad de orgasmos; para cuando los tres reaccionamos, ya eran casi el mediodía, ninguno había escuchado si mis primos habían regresado, pero de haberlo hecho, debieron pensar que sus papás estaban cogiendo en su habitación de manera escandalosa, como solían hacerlo. Salí en silencio de su habitación y me fui a la mía, me quedé dormida hasta las tres de la tarde, cuando mi tía entró a decirme que bajara a comer. Mis primos me preguntaron en dónde había estado toda la mañana, a lo que respondí mintiendo que había ido a ver a los abuelos, ese día no había tenido verga, pero ni siquiera fui capaz de contar la cantidad de orgasmos que mi tío me dio con sus dedos y su lengua, el hombre realmente era un experto.
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heranlu

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Una Niña Mimada - Capítulo 003

Tras la deliciosa mañana que había tenido con mis incestuosos tíos, pasé todo el día en mi habitación, incluso le pedí a mi tía que la muchacha me subiera las comidas, no tenía ganas de ver a nadie, me sentía sumamente sucia por haber estado con mis tíos, y al mismo tiempo. Pasé toda la tarde viendo televisión y leyendo un poco, pensé que al día siguiente podría decidir si regresar con mis abuelos o seguir aprendiendo de mis tíos y mis primos.

A la mañana siguiente, tras consultarlo con la almohada, decidí que regresaría a casa de mis abuelos, esta aventura sexual ya se me había salido de las manos, era muy joven e inexperta, pero no era estúpida y sabía distinguir cuando alguien me estaba usando, y antes de permitir que el pervertido de mi tío me cogiera por el culo, prefería dejar de tener orgasmos hasta llegar a la mayoría de edad; recogí mis cosas y antes de que todos se levantaran, le llamé a mi abuelo para que me recogiera, él sonó muy sorprendido de que le llamara tan temprano y con tanta urgencia, pero al ser su única nieta y su consentida, no reparó en ir por mí, por fin estaría en una casa segura para lo que me quedaba de decencia.

Pasado el mediodía, sonó el teléfono de la casa de mis abuelos, aparentemente era mi tía, muy preocupada porque al ir a buscarme a la habitación, no me había encontrado, mi abuela la tranquilizó avisando que mi abuelo me había recogido, yo esperaba que dejaran el asunto por la paz, pero alrededor de las cuatro, después de la comida, se apareció mi primo Santiago.

- Hola, abuelita, vengo por mi prima para llevarla al cine. - dijo mi primo.

- ¡Ay, m'ijo! No sabía que ibas a venir, de haber sabido te guardo postre, hoy comimos de tu favorito. - le dijo la abuelita consentidora que compartíamos.

- No te preocupes, abue, hazlo mañana otra vez y vengo a comer, ¿sale?

- Sí, mi niño, mañana te lo preparo, ahorita le dijo a la Flor que baje.

Yo había escuchado todo y no sabía de dónde sacó mi primo que iría con él al cine, todo en ese pueblo estaba muy lejos, ir al cine nos tomaría horas.

- ¿Vamos al cine, prima?- preguntó mi Santiago al verme bajar.

- No tengo ganas, ni siquiera estoy vestida, mírame, ando en fachas. - le dije señalando mi ropa deportiva.

- No te voy a llevar a una cena en el palacio, vamos a ver una película y nos regresamos, la sala es oscura, ni quien vea tus trapos. - dijo tomándome de la mano.

Ingenuamente, accedí a ir con él, honestamente tenía la esperanza de que se conformara con la cogida que me había dado y quedáramos como los primos que éramos.

Nos subimos a la camioneta y comenzamos a platicar de trivialidades: de su escuela, de la mía, de sus novias, de mi completa escasez de novios, todo iba como un paseo normal entre primos, ni siquiera habíamos tocado el tema del sexo en la alberca, todo iba muy bien, hasta que pasamos por la plaza comercial en donde estaba el cine y él no entró.

- ¡Oye, el cine es allá! - le dije a mi primo.

- ¡Ay, Florecita! ¿En serio creíste que te iba a llevar al cine? - me dijo riéndose.

- ¿Entonces a dónde vamos? - le pregunté un poco asustada.

- Te voy a llevar a un lugar muy rico en donde te voy a tener para mí solito, el otro día con Miguel estuvo rico metértela, y me encanta haber sido el primero, pero hoy quiero cogerte a gusto, quiero hacerte el amor como te lo mereces, como la princesa que eres. - dijo mientras me acariciaba la pierna.

Por un segundo pensé en hacerme la enojada, en negarme, en hacer un pancho y bajarme de la camioneta, pero de inmediato vinieron a mí toda las deliciosas sensaciones que mi primo me dio con su boca y su verga, si ya había accedido a abrirle las piernas en su casa y con su hermano, ¿por qué no abrírselas en la comodidad e intimidad de un hotel?

Mi vagina comenzó a mojarse de inmediato, mientras mi primo seguía acariciando mi pierna y subiendo su mano hacia mi pubis, no podía tocarme muy bien porque llevaba pantalón, pero sin duda me hacía sentir deseada y muy caliente. Llegamos a un motel que se veía muy bonito, obviamente yo nunca había estado en uno, así que no conocía el procedimiento, mi primo se estacionó, pagó como quien paga un Big Mac, y entró a lo que parecía un garaje común y corriente, nos bajamos de la camioneta y entramos en una habitación muy linda, decorada con colores sutiles y una cama enorme.

Ni tardo ni perezoso, mi primo comenzó a besarme de manera deliciosa, su lengua recorría la mía y sus manos tomaban mi rostro como en las películas, me sentía tan caliente, que bajé mi mano hacia su verga sólo para sentir su erección, no me decepcionó, su verga estaba tan dura que rogaba porque le bajara el cierre y la dejara respirar, no lo dudé ni un segundo, me hinqué y le bajé el cierre para ver esa dura y caliente verga, me la llevé a la boca y comencé a chuparla con toda la fuerza que tenía, mi primo se sentó en la cama y yo lo seguí como un cachorro que no quiere dejar de mamar.

- Espérate, hermosa, la chupas delicioso, pero no quiero venirme en tu boca – dijo deteniéndome y poniéndome de pie.

Me quitó toda la ropa, la cual honestamente era todo menos sensual, me dejó completamente desnuda y me tendió en la cama.

- Quiero probarte completita, con calma, quiero saborear esas tetas tan ricas que tienes -

Comenzó a besar desde mi oreja, poco a poco fue bajando hasta llegar a mis tetas, mientras chupaba una, apretaba mi otro pezón, era una sensación riquísima, me sentía como en una novela romántica, en donde los protagonistas tienen su noche de bodas y por fin descubren el sexo, y aunque no fuera mi primera vez, sí era la primera vez que me sentía realmente haciendo el amor, por cursi que suene; siguió bajando y llegó a mi conchita, abrió mis piernas y comenzó a pasar su lengua por mis labios vaginales, yo ya estaba completamente húmeda, pero igual llenó su lengua de saliva y me la metió tan profundo como pudo, mientras me penetraba con su lengua, con su dedo frotaba mi clitoris, tuve un orgasmo divino, le dejé la barba completamente empapada; pensé que ahí se acabaría el juego previo, pero comenzó a succionar mi clitoris y a lamerlo, alternaba chupadas con lamidas haciéndome sentir encharcada.

- Ahora sí ya estás bien mojadita, princesa, ¿te gustó que te comiera? - me preguntó con voz sensual.

- Me encantó, se nota que eres experto. - le dije con voz agitada.

- Eso no es nada, preciosa – y al decir eso, me dio la vuelta bruscamente y me puso en cuatro en la cama, pensé que me penetraría, pero no fue así, comencé a sentir su aliento en mi ano.

- ¿Qué haces? ¡Por favor, no me la metas por ahí! - le dije suplicando.

- No pienso cogerte el culo, eso no me gusta, sólo quiero comértelo.

La sensación fue extraña al principio, en las novelas y películas románticas no suelen mencionar los besos negros, pero poco a poco fue siendo total y absolutamente agradable, la boca de mi primo me chupaba y lamía el culo con una delicadeza que me tenía absorta, mientras su lengua exploraba mi culito, sus dedos se hundían en mi empapada vagina.

- ¡ASÍ, SANTI, ASÍ! ¡POR FAVOR NO TE DETENGAS! - gritaba llena de placer.

- ¿Quieres que siga, hermosa? ¿Te está gustando?

- ME ENCANTA, SE SIENTE DELICIOSO, ¡VOY A VENIRME!

Sentí que quitó su lengua de mi culo y sus manos de mi concha mientras tenía un delicioso orgasmo, apenas alcancé a escuchar el empaque del condón pero al voltear vi cómo se lo ponía.

- Ahora sí, bonita, te voy a coger como la yegüita que eres.

Al seguir teniendo las hermosas sensaciones del orgasmo anterior, sentir su verga entrando en mí fue una experiencia increíble, podría jurar que volví a venirme en ese mismo instante, sentía cómo la verga de mi primo entraba y salía con una enorme facilidad, aunque ya me había penetrado antes, mi vagina seguía siendo estrecha, así que las sensaciones se multiplicaban por mil.

- ¿Te gusta, hermosa? ¿Te gusta sentir mi verga en tu conchita?

- ¡Sí, me encanta! ¡Cógeme! ¡Cógeme completa, mi vida! ¡Párteme la puchita en dos!

- Sí mi amor, te voy a rellenar hasta el último milímetro de esa mojada pucha.

Sentí cómo otro orgasmo invadía mi vagina, sentí como si me hubiese orinado, incluso sentí un líquido que escurrió hasta mis tobillos, mi primo gimió delicioso y se puso aún más duro, creí que se vendría conmigo, pero por el contrario, me dio la vuelta y comenzó a cogerme en la posición de misionero, me encantaba ver su cara mientras me la metía, quería que viera cómo me hacía gozar, mientras me penetraba con fuerza, bajaba su boca y chupaba mis duros pezones. En un momento, levantó mis piernas y las puso en sus hombros, la penetración era total, sentía la cabeza de su verga rozar mi punto G en cada penetración, cada que su verga entraba, mi vagina expulsaba líquidos sobre sus calientes huevos, era una delicia estar en la cama con ese hombre.

- Ahora súbete, nenita, vas a ver que estar arriba es más rico para las mujeres – me pidió mi primo

Muy obediente me senté en su regazo y poco a poco fui bajando mientras su verga entraba en mi mojada vagina, sentía que su verga estaba más dura y más caliente, y me fascinó ver su cara de placer cuando comencé a subir y bajar como quien monta a un caballo sin domar; sus manos apretaban mis tetas con mucha fuerza, me pellizcaba los pezones como si de ello dependiera su placer, bajé mi torso hacia su boca y se la llené de mis tetas calientes, él sin dudarlo comenzó a mamarlas como un bebito, mientras yo subía y bajaba llenándome de su verga, él chupaba mis tetas y apretaba mis nalgas, debo haber tenido otros tres orgasmos en esa posición, ya que mi clitoris se frotaba constantemente con la base de su verga y su vello púbico, no pudo haber sido más placentero.

- ¡Voy a venirme, Florecita! ¡Voy a llenarte! - gritó Santiago.

- ¡Sí, mi amor! ¡Lléname de lechita, échamela toda, papi!

Nos fundimos en un delicioso orgasmo simultáneo, cosa que aparentemente disfrutó mucho, al igual que yo, me bajé de su ya flácida verga y me recosté junto a él.

- ¿Te gustó, primita? - preguntó mientras acariciaba mis tetas con suavidad.

- Me encantó, gracias por hacérmelo así.

- Se me hizo que te hizo falta una cogida decente, no saliendo de una alberca con tus dos primos.

- Esto fue perfecto. - dije agradecida.

- Cada que vengas, podemos repetirlo.

Vimos la hora y definitivamente ya era mucho tiempo para una película, así que nos vestimos y regresamos a casa de los abuelos.

- ¡Ay, chamacos, se tardaron mucho, ya me tenían con el pendiente! - dijo mi abuelita.

- Perdón, abue, es que cuando llegamos ya había empezado la película y tuvimos que esperar hasta la siguiente función, no te enojes. - le dijo mi primo abrazándola.

- Está bien, pero a la otra avisen, no me preocupen, chamacos desobligados. ¿Te quedas a cenar, m’ijo? - dijo mi abuelita.

- No, abue, Flor y yo ya cenamos. - dijo guiñándome un ojo.

- Vete con cuidado, m’ijo, y a ver si mañana te llevas a la Flor a otro lado, para que no se aburra aquí encerrada – dijo mi inocente abuela.

- Sí, abue, mañana me la llevo a otro lado, hasta mañana.

Después de que mi primo Santiago me cogiera rico en el motel, la verdad esperaba que fuera todos los días y me volviera a llevar "al cine", pero resultó que mis tíos tenían planeadas unas vacaciones familiares antes de saber que tanto ellos como sus hijos tendrían putita todo el verano, así que me dejaron a mi suerte a aburrirme con los abuelos, tras haber cogido como coneja, ver películas y hacer jardinería resultaba muy tonto, así que tras dos semanas más de aguantar a mis abuelos por mero amor, le llamé a mi mamá para insistirle en que me dejara regresar a mi casa, mi papá y ella ya habían tenido tiempo suficiente para repartirse la casa y las cosas, ahora me podrían repartir a mí.

Mi papá llegó por mí y en realidad no se entretuvo mucho a charlar con los abuelos, supongo que platicar con los papás de la ex no es tan agradable; todo el camino de regreso al entonces DF fue de mi papá quejándose sobre mi mamá, su nuevo novio y cómo le quitó todo lo de la casa, incluida la mesa de billar, tan ridículo mi papá, me explicó que estaría con él desde el jueves saliendo de la escuela hasta el lunes en el desayuno, se dividieron a la hija a la mitad, y claramente mi mamá se llevó la mejor parte, ella tendría los fines de semana libres de mí.

Como el día que mi papá me recogió era domingo, el lunes después de almorzar me fui a la casa de mi mamá (que era la casa familiar), y me llevé la sorpresa de que el novio ya era mobiliario de la casa, y eso no era lo peor, llevaba consigo a una hija de 18 años, una tipa hippie super pedante, de esas que huelen a incienso y mugre, la oficina de mi papá ahora era la recámara de la "hija nueva".

Ya sólo faltaban un par de semanas para iniciar clases, yo entraría a bachillerato y Jessica, la hija de Josué, entraría a la universidad, los días pasaban prácticamente en mi habitación porque no quería tratar con Josué y su hija, él trabajaba en la casa, así que no salía, y ella no tenía más familia, así que su verano era estar ahí encerrada con su papá y conmigo mientras mi mamá estaba en el hospital; un día estaba en mi habitación leyendo mi correo electrónico, en esa internet por teléfono que ocupaba la línea, era un correo de Santiago, diciéndome que desearía que estuviera en el rancho para poder tocarme las tetas, chuparme la conchita y meterme la verga hasta el fondo, leer eso me puso muy caliente, así que empecé a masturbarme mientras leía e imaginaba que Santi me lo hacía rico y duro, justo cuando llegué al orgasmo se abrió la puerta de mi habitación y la chocante Jessica entró gritándome que desocupara la línea telefónica.

Al darse cuenta de lo que estaba haciendo, empezó a reírse de mí y a decirme cosas ofensivas:

- Uy, tan chiquita y tan pajera, ¿Estás viendo porno o te dedeas escuchando canciones de N'Sync?

- ¿Puedes irte de mi recámara, por favor?

- No, cuéntame con qué te estabas calentando, me da curiosidad qué calienta a las niñas fresas como tú.

- Te vale madre, vete de mi habitación.

- No me voy a ir hasta ver con qué te estabas dedeando, ¿Siquiera tuviste un orgasmo? ¿Es más, sabes lo que es un orgasmo?

- Mira, imbécil, vete de mi recámara de una vez, no tienes idea de lo que sé.

- ¿En serio? ¿Sí sabes venirte rico?

Se acercó a mi escritorio y empezó a leer el correo de Santi, se puso roja cuando notó lo que estaba leyendo.

- ¡Güey, no lo puedo creer! Te ves super fresita y mamona, no puedo creer que te cogiste a tu primo, eres una pinche puta.

- Pues ya viste que esta pinche puta sabe más de orgasmos que tú, así que vete al carajo de mi habitación, idiota.

- ¿Y qué va a pasar cuando le diga a tu mamá que te cogiste a tu primo?

- Si le dices, además de romperte la madre, tu indigente padre y tú se quedan sin casa, así que adelante, dile.

- ¡Hasta crees! Lo caliente aparentemente lo sacaste de tu mamá, está tan enviciada con la verga de mi papá, que primero te manda a ti a vivir con tu papá que correr al mío.

La tipa tenía razón, en el par de semanas que tenía en la casa, los ruidos que salían de la habitación de mi mamá eran muy claros, jamás escuché eso mientras vivió con mi papá, aparentemente Josué sabía muy bien lo que hacía en la cama, y a mi mamá le encantaba.

- ¿Qué me vas a dar por no decirle a tu mamá que eres una putita caliente?

- ¿Qué quieres, idiota?

- ¿Quiero ver cómo te dedeas y te vienes?

- Eres una puerca, no voy a dejar que me veas masturbándome, estás loca.

- O me dejas verte o le digo a tus papás que tu primo te cogió.

- Estás mal de la cabeza si crees que voy a hacerlo.

- Ándale, ahorita ni terminaste a gusto, te interrumpí, vuelve a darte dedito rico, déjame verte y quedamos en paz.

Lo que Jessica no sabía es que yo ya había dedeado y hecho venirse a mi tía, lo que me estaba proponiendo, lejos de molestarme me estaba calentando mucho, y no es que ella me pareciera atractiva, sino que la situación se me hacía super caliente, ya estaba mojada sólo de pensarlo.

- Bueno, pero rápido, eh, y si le dices a alguien, voy a decir que eres una lesbiana mentirosa que me tiene envidia.

- Lo que quieras, fresita, pero abre las piernas y déjame ver esa cuquita caliente que tienes.

Primero cerré la puerta de mi habitación con seguro para que nadie más entrara, había sido tonto de mi parte no hacerlo antes, me acerqué a mi cama y poco a poco me bajé el short que traía puesto, dándole la espada a Jessica para que viera mis nalgas. Me agaché para sacarme el short y se lo aventé en la cara, luego me di la vuelta otra vez y ahora me agaché para quitarme la tanga, me aseguré de inclinarme lo más posible para que viera bien mi concha y mi culo, la idea de que me viera me ponía a mil.

Me recosté en la cama, asegurándome de poder ver bien la expresión de Jessica mientras me veía masturbarme, comencé a tocarme, primero un dedo, luego dos... Ella tomó la silla de mi escritorio y se sentó a escasos centímetros de mí, para disfrutar mejor el espectáculo que le estaba dando

Me chupé los dedos gimiendo y saboreando como si se tratara de un dulce, y luego volví a tocarme el clítoris con ellos, lento, suave, metí mi dedo medio en mi vagina, que para ese punto ya estaba encharcada.

- Tócate las tetas.

- Dijiste dedeada.

- Sabes que te las quieres tocar, golfita.

Subí mi camiseta y como no llevaba sostén, empecé a pellizcar mi pezón, también me chupé esos deditos, y los regresé a mi teta, eso hizo que me mojara aún más.

- ¿Te está gustando el show?

- Me está encantando, eres toda una puta, estás escurriendo.

Yo seguía tocándome las tetas y el clítoris mientras gemía como una perra en celo, en realidad estaba sintiéndome en el cielo.

- ¿Ya vas a venirte, puta?

- No, me gusta disfrutarlo, sentirlo todo, además así el espectáculo es más largo, ¿No?

- ¡Carajo, Flor, en serio eres una pinche puta! Estás haciendo que me caliente.

- Pues eres bienvenida a tocarte también, no me molestaría verte.

Vi cómo metió su mano dentro de su pantalón, la muy perra se iba a dedear delante de mí, eso me llevó al límite, metí dos dedos en mi vagina, me apreté el pezón y me vine como la perra caliente que soy, gemí, grité, aullé, todo para que ella se diera cuenta.

Jessica seguía tocándose y yo llevé mis dos manos a mis tetas para que viera cómo las apretaba, parecía gustarle porque gruñía como perra, quería que llegara al orgasmo, quería ver el placer en sus ojos, en sus labios... Me levanté de la cama y me dirigí hacia ella, subí su playera y vi sus tetas dentro del sostén, no eran tan grandes como las mías, pero estaban claramente inflamadas por el calentón que tenía, las saqué del sostén y comencé a acariciar sus pezones lentamente, muy suavecito, apenas tocándolos, eso la llevó al éxtasis, se vino completita, su cara lo decía todo, había disfrutado muchísimo ese orgasmo.

- ¿Te gustó mucho, verdad? - le pregunté cerca del oído.

- Ay, Flor, Flor, y yo que todo este tiempo pensé que eras aburrida y boba, qué buena sorpresa me diste.

- Pues espero que te haya gustado, porque ya quedamos a mano, ahora lárgate de mi recámara y déjame en paz.

- ¿Me vas a decir que no quieres repetirlo? - me preguntó realmente sorprendida.

- No, no quiero, y ahora vete, por favor.

Abrí la puerta indicándole que saliera, se levantó y muy ofendida se fue de mi habitación. Yo estaba segura de que la dejé queriendo más, y no me equivocaba

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heranlu

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Una Niña Mimada - Capítulo 004


La noche de mi "encuentro" con mi hermanastra Jessica, dormí como bendita, realmente me hacía falta un buen orgasmo para sentirme mejor. A la mañana siguiente bajé a desayunar como si nada hubiera pasado, era jueves y por la tarde me iría a la casa de mi papá, Jessica estaba sentada a la mesa de la cocina y cuando me vio, casi se ahoga con el jugo.

- Mastica bien, te vas a ahogar, hermanita. - le dije muy sarcástica

- No seas grosera, Flor. - me regañó mi mamá.

- No te entiendo, si la ignoro, te enojas, si me preocupo por ella, te enojas, ¿Qué quieres entonces? - le dije molesta.

- Quiero que se respeten y se lleven bien, son hermanas.

- Bueno, pues ahí vamos, poco a poco, ¿Verdad, Jess? - le pregunté, y mientras lo hacía me acerqué por atrás y la abracé, tomando sus tetas con mis dos manos, por la posición en que estaba mi mamá, no podía verlo, sólo veía el abrazo. Jessica sólo soltó un suspiro y asintió.

- Así me gusta, quiéranse, sean como hermanas. - dijo mi mamá orgullosa de mi comportamiento.

Antes de irme a casa de mi papá, pasé a despedirme de Josué y Jessica, que estaban en la cocina. Con Josué no era particularmente cercana así que sólo le dije "nos vemos el lunes", pero con Jessica me acerqué y le di un abrazo y un beso, más cerca de los labios que en la mejilla, se puso roja de inmediato, lo que me encantó.

Ese fin de semana mi papá me llevó a Acapulco porque la siguiente sería una semana ocupada con las preparaciones para la prepa, me divertí mucho, en el departamento de Acapulco teníamos muchas amistades, que por lo general vacacionaban al mismo tiempo que nosotros, vi a algunas amigas, mi papá nos llevó "de antro", al parque acuático, fueron unos días muy entretenidos, ni tiempo me dio de pensar en sexo, pero el lunes por la mañana, cuando iba de regreso con mi mamá, todo me regresó a la mente, mi meta era cogerme a Jessica antes de entrar a la prepa, tenía toda la semana para calentarla al límite.

Cuando llegué, Jessica estaba en la alberca, caí en cuenta de que en el mes que llevábamos viviendo juntas, nunca la había visto nadar, desde mi recámara podía ver perfectamente la alberca, me encantó ver su cuerpo, vestida era una hippie, en traje de baño se notaban sus curvas, tenía un culo delicioso, bien delineado, su cintura era pequeña y tenía unas tetas no muy grandes, pero jugosas y torneadas, todo esto enmarcado por una larga cabellera negra azabache, en realidad sin ropa era muy sexy, toqué mi clítoris mientras la veía nadar, si no me la cogía rápido iba a explotar.

Me puse un bikini y bajé a la alberca, ella se sorprendió al verme ahí, pero parecía que quería aprovecharlo, se salió de la alberca y se acostó en el camastro al lado de mí.

- ¿Me ayudas a ponerme bloqueador? Me quemé mucho el fin de semana, no quiero quemarme más. - le dije extendiendo la botella de bloqueador y haciendo puchero.

- Y si te quemaste en la playa, ¿Por qué sales a asolearte aquí? - me preguntó mientras ponía bloqueador en sus manos.

- Pues para presumirte mi bronceado y mi bikini, ¿Te gustan?

- El bikini está lindo, y el bronceado me encanta- dijo mientras se paraba detrás de mí y empezaba a untar bloqueador en mi espalda.

Sentir sus manos me estaba calentando riquísimo y ella lo sabía, frotaba mi espalda mientras acercaba su rostro a mi cuello, en un momento desanudó el top del bikini y me dejó topless.

- ¿O quieres que te queden más marcas? - me dijo mientras lanzaba el top a la alberca.

- No, tienes razón, así está mejor.

La muy perra, estando detrás de mí, empezó a frotarme las tetas de manera salvaje, amasaba mis tetas, que curiosamente habían crecido en este par de meses, y apretaba mis pezones, mientras me respiraba en la oreja. Yo no podía más, estaba a punto de venirme.

- Por favor no pares, voy a venirme.

- ¿Con las puras tetas? Ay, Florecita, eres más caliente de lo que pensé, ¿Pues qué tanto te enseñó ese primo tuyo? - me preguntó.

- Muchas cosas ricas, si haces que me venga, te puedo enseñar un par. - le dije apretando sus manos en mis tetas.

Las manos de Jessica siguieron dándome placer al por mayor, me vine riquísimo, la tanga quedó empapada.

- Vamos a mi recámara. - le dije mientras tomaba su mano.

- Pero mi papá nos va a ver, está en la cocina.

- Somos hermanas, me vas a dar consejos de la prepa. - le dije cínica.

Me puse una toalla y las dos entramos a la casa, Josué nos vio pasar pero no le importó en lo más mínimo, mientras no estuviéramos peleando, podíamos hacer lo que quisiéramos. Al llegar a mi habitación, comencé a quitarle el traje de baño a Jessica, su cuerpo era hermoso, su piel morena me excitaba muchísimo, la aventé a la cama y comencé a besar su cuello, sus orejas, sus hombros, ella sólo se dejaba llevar, lo disfrutaba...

Toqué sus tetas muy suavecito, ver cómo se paraban sus pezones me fascinó; bajé mis labios a sus tetas y comencé a mamarlas como su fuera un bebé, succionaba sus pezones con fuerza, lamía arriba y abajo, mientras Jessica comenzaba a gemir delicioso. Mientras chupaba sus tetas, bajé mi mano a su conchita, acaricié poco a poco, me abrí paso entre su vello púbico hasta llegar a su clítoris, al tocarlo ella dio un salto, estaba un poco seco, así que llevé mi dedo a su boca e hice que lo chupara, ya con el dedo mojado, volví a bajar mi mano y comencé a frotar el delicioso e inflamado clítoris, Jessica se retorcía y gemía, estaba tan caliente que no podía ni articular palabra. No paré de mamarle las tetas y comencé a meter un dedo en su caliente vagina, noté con alegría que estaba muy mojada, mi dedo entró como cuchillo en mantequilla, calientito, espesito, no me aguanté las ganas y saqué mi dedo para chuparlo, estaba deliciosa, sabía a mar, Jessica se vino sólo de verme chuparme el dedo, me encantó.

Dejé de mamar sus tetas y bajé poco a poco hacia su ombligo, su vientre, su cadera y entonces, me fui como animal hacia su clítoris, quería devorarla, hacerla venirse como loca, Jessica gemía y se retorcía, en un momento tomó mi cabeza y me dijo

- Espérate, es que la verdad nunca he hecho esto.

- ¿Con una mujer?

- No, con nadie, la verdad es que soy virgen. - me dijo casi avergonzada.

- No lo puedo creer, ¿No eres puro amor y paz y amor comunal? - le dije sarcástica.

- Eso no significa que sea una puta, me da miedo quedar embarazada. - me contestó en tono un poco ofendido.

- Ah, pues afortunadamente eso no va a ser un problema aquí, ¿Puedo seguir o quieres reservarte para tu noche de bodas? - le dije riendo.

- ¿Me vas a quitar la virginidad? - me preguntó.

- ¿No se supone que vas a entrar a la universidad? Esa es una pregunta muy estúpida, no jodas. Es obvio que no te voy a romper el himen, no te preocupes, vas a seguir siendo virgen para el campesino que le dé tres vacas a tu papá, ¿Quieres seguir cogiendo o no? Porque tus preguntas idiotas me están haciendo dudar. - le dije ya molesta.

- Es que...

- Es que nada, si no quieres, vete - le dije abriendo mi puerta.

- Ay, no, no digas eso, perdóname, es que no puedo creer que una escuincla como tú sepa tanto y yo esté a tu merced.

- Si quieres aprender, te enseño, pero si me vas a dejar a medias con el calentón, mejor ni me prendas.

- Sí quiero, te juro que sí quiero - dijo cerrando mi puerta con seguro otra vez.

- Ah, pues si quieres que te dé otro orgasmo, me vas a tener que dar uno a mí, le dije mientras me tendía en la cama y abría las piernas.

Jessica se puso a mi lado y me vio con ojos obedientes, sabía que haría lo que yo le dijera, y eso me ponía caliente al máximo, comencé a darle instrucciones y ella las siguió como un perrito obediente:

- Chúpame las tetas... Mámalas, como si quisieras sacarles leche... ¡Así, mmmm, qué rico se siente, chiquita, no te detengas!

- Ahora baja poco a poco, lame mi abdomen, mi vientre... Con tus manos abre mi vulva... Así, suavecito, acerca tu boca y pasa la punta de tu lengua muy suavecito... ¡Mmmmm, así, delicioso! Succiona mi clítoris como si chuparas de un popote, una y otra vez, rápido, ¡Así, así, no pares, se siente riquísimo! Méteme un dedo, hasta adentro... ¡Ahhhhhh! ¡Así, frótame la concha! ¡Ahhhhh! Mete otro dedo, ¡Mmmmmm! ¡Dóblalos hacia arriba! ¡Mi amor, me voy a venir! ¡No te detengas, sigue mamando, sigue mamando! ¡ME VENGO! ¡ME VENGO! ¡Ahhhhh!

Jessica no paró de comerme y meterme los dedos hasta que dejé de convulsionar, tuve un orgasmo monumental, quizá más rico que el que tuve con mi tía, el hecho de darle instrucciones a Jessica me calentó de manera adicional, me hizo sentirme poderosa, fuerte, ardiente...

En cuanto recuperé el aliento le levanté y lancé a Jessica a la cama

- ¿Ya te puedo coger? - le pregunté autoritaria.

- Sí, por favor, haz que me venga en tu boca. - dijo mientras abría totalmente las piernas.

Me salté el juego previo y fui directo a su vagina y su clítoris, mientras mamaba su botoncito inflamadito, le metí dos dedos en la encharcada concha, resbalaban delicioso, suave... Era maravilloso escucharla gemir, gritar, pedirme más... En un momento sentí cómo su vagina apretó mis dedos, se vino en una ola de jugos que apenas alcancé a beberme, me encantó probarla, saborear su venida en mi boca... Sólo de probarla me vine junto con ella.

Me recosté a su lado y por fin nos dimos nuestro primer beso, ambas bocas con sabor a la concha de la otra, saladitas, jugosas, era el beso más sexy que había dado, el mejor hasta ese momento, me encantó probarme en su boca, en su lengua, me encantó que ella probara sus propios jugos, frescos, marinos...
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