No perdia la vista de esa vieja, cada vez que me encontraba con ella en el ascensor no podía mas que admirarla. Se llama Doña Francesca y vivía ultimo piso, o sea un piso mas arriba del mío. Ella debe tener unos 60 años, pero siempre anda tan arregladita y huele tan bien, que a pesar de que no se le observan intenciones de ocultar su edad, parece que tiene menos años. Además Doña Francesca es muy distinguida y sabe escoger muy bien su ropa y combinarla de la mejor manera. Es de estatura baja y con una cálida sonrisa siempre a flor de labios. Doña Francesca tiene dos hijas que son divinas, están muy bien, pero ellas andan en otro mundo y la conversación con ellas cuando nos encontramos en el ascensor no me ha ido tan bien como con la madre.
De buenas a primeras, un día se me metió en la cabeza que tenía que decirle algo a Doña Francesca, entonces yo rondaba los 22 años y ya había tenido mi primera experiencia sexual con maduras, precisamente a los 18 con una vecina de mi antiguo barrio quien me enseñó los secretos del sexo y parece que agarre cierta adicción por las mujeres maduras. Comencé a tratar de coincidir cada vez más con Doña Francesca en el ascensor, a conversar más, a hacerle pequeños favores, a ser el que más cooperaba cuando ella pasaba por los apartamentos recogiendo donaciones para caridad, cada vez Doña Francesca me llamaba más la atención, mi curiosidad y deseo de tener algún tipo de experiencia con ella se fue haciendo casi insostenible, al punto que con ánimos de imaginar estar con ella, así que determiné tranquilizar los ánimos y trazar un plan para ver si mis sueños con Doña Francesca se hacían realidad. Yo sabía de antemano que la posibilidad era remota, pero aprendi ese refrán que dice: "Quien no lo intenta no lo logra", ya nada me parecía imposible.
Un día mientras bajábamos en el ascensor por primera vez le hice alusión directa de algo respecto a mis intenciones, recuerdo que le dije:
Ese día, 22 de Diciembre, me arreglé impecablemente, casi me vacío el frasco de la loción encima y no esperé que Doña Francesca me viniera a buscar sino que subí a su apartamento. Ella misma salió a recibirme, no me esperaba pero me hizo pasar. Aún no se había cambiado y me pidió disculpas por la demora explicándome que esta se debía a que tuvo que llevar a su esposo al aeropuerto quien estaría unos días por Sur América atendiendo unos negocios. Evidentemente, en la casa solo estaba ella y una idea me empezó a dar vueltas rápidamente en la cabeza, aquel apartamento se parecía al mio pero la distribución y el tamaño diferían pues era un penthouse, ella debía de cambiarse de ropa y tal vez yo podía espiarla. Me levanté inmediatamente del sofá donde me había sentado y casi detrás de ella me dirigí al pasillo que comunica con las escaleras que van al segundo piso en el cual se encuentran los cuartos, comencé a subir con gran cuidado y al irme acercando al final, comencé a escuchar el agua que caía en la bañera procedente de la ducha, Doña Francesca se estaba bañando, terminé de subir de un solo paso los dos o tres peldaños que aún quedaban y comprobé no solo que se bañaba, sino que lo hacía con la puerta del cuarto y del baño abiertas. ¡¡¡Jugada perfecta!!!, pensé. Me fui acercando a la puerta del cuarto y buscando la ubicación adecuada para poder espiarla, encontré una posición perfecta, la vista era total y por lo que calculaba ella no me vería, solo si se volteaba completamente podía hacerlo. Por un momento pensé entrar a la habitación para espiarla desde más cerca pero recapacité un instante, hacerlo era peligroso, podía echarme la soga al cuello, mejor allí donde estaba, esa vista alcanzaba para una buena paja.
Ella estaba desnuda bajo el agua, acariciando su piel con una esponja que se notaba muy suave, mi morbo crecía y mi verga también, era diminuta, con unas inmensas tetas que ya colgaban sobre el abdomen, se me antojaban hermosas sobre todo la areola y el pezón, ambos eran muy grandes, calculé que la areola medía unos seis centímetros de diámetro y el pezón unos dos de largo y era bien grueso. Me llamó la atención Doña Francesca tenía su abdomen con algo de barriga, su trasero grande pero con algo de celulitis por la edad, las caderas anchas y con los muslos gruesos y bien proporcionados, y entre las piernas por momentos se dejaba ver un escaso monte de Venus que no era exactamente negro pero tampoco de algún color definido, el cual producto del agua que corría por ellos parecía la punta mechuda de un pincel de dibujo. Aquella imagen me excitaba, me excitaba mucho aquel cuerpo ya no joven pero en el que se dejaba ver lo buena que Doña Francesca había estado en su época. Sin darme cuenta me había sacado la verga y la estaba moviendo a ritmo lento, comencé a comparar el cuerpo de Doña Francesca con el de mi abuela, el cual ya conocía de memoria de las veces que la había espiado mientras se cambiaba después de salir del baño. Mi abuela era también una persona muy distinguida y quien a pesar de sus mas de setenta años conservaba la frescura de su cuerpo. Cerré los ojos y me dejé llevar, tanto me deje llevar que Doña Francesca casi me atrapa. Cuando me di cuenta que había cesado el ruido del agua cayendo y abrí nuevamente los ojos, ya se estaba secando aunque aún mantenía cerrada la puerta de la bañera. Rápidamente guardé mi verga y me fui a sentar al sofá de la sala bajando muy despacio las escaleras para no hacer ruido.
Cuando Doña Francesca terminó de cambiarse y bajó, estaba radiante, ¡Qué señora tan espectacular!. Algo debe haber ocurrido en mi porque ella me preguntó:
De repente la Doña dijo:
De buenas a primeras, un día se me metió en la cabeza que tenía que decirle algo a Doña Francesca, entonces yo rondaba los 22 años y ya había tenido mi primera experiencia sexual con maduras, precisamente a los 18 con una vecina de mi antiguo barrio quien me enseñó los secretos del sexo y parece que agarre cierta adicción por las mujeres maduras. Comencé a tratar de coincidir cada vez más con Doña Francesca en el ascensor, a conversar más, a hacerle pequeños favores, a ser el que más cooperaba cuando ella pasaba por los apartamentos recogiendo donaciones para caridad, cada vez Doña Francesca me llamaba más la atención, mi curiosidad y deseo de tener algún tipo de experiencia con ella se fue haciendo casi insostenible, al punto que con ánimos de imaginar estar con ella, así que determiné tranquilizar los ánimos y trazar un plan para ver si mis sueños con Doña Francesca se hacían realidad. Yo sabía de antemano que la posibilidad era remota, pero aprendi ese refrán que dice: "Quien no lo intenta no lo logra", ya nada me parecía imposible.
Un día mientras bajábamos en el ascensor por primera vez le hice alusión directa de algo respecto a mis intenciones, recuerdo que le dije:
- Sabe Doña Francesca que usted es una señora muy elegante y muy bonita
- Por qué mejor no me ayudas la próxima vez que tenga que recoger las donaciones, necesitare la ayuda de un hombre para las cosas pesadas.
Ese día, 22 de Diciembre, me arreglé impecablemente, casi me vacío el frasco de la loción encima y no esperé que Doña Francesca me viniera a buscar sino que subí a su apartamento. Ella misma salió a recibirme, no me esperaba pero me hizo pasar. Aún no se había cambiado y me pidió disculpas por la demora explicándome que esta se debía a que tuvo que llevar a su esposo al aeropuerto quien estaría unos días por Sur América atendiendo unos negocios. Evidentemente, en la casa solo estaba ella y una idea me empezó a dar vueltas rápidamente en la cabeza, aquel apartamento se parecía al mio pero la distribución y el tamaño diferían pues era un penthouse, ella debía de cambiarse de ropa y tal vez yo podía espiarla. Me levanté inmediatamente del sofá donde me había sentado y casi detrás de ella me dirigí al pasillo que comunica con las escaleras que van al segundo piso en el cual se encuentran los cuartos, comencé a subir con gran cuidado y al irme acercando al final, comencé a escuchar el agua que caía en la bañera procedente de la ducha, Doña Francesca se estaba bañando, terminé de subir de un solo paso los dos o tres peldaños que aún quedaban y comprobé no solo que se bañaba, sino que lo hacía con la puerta del cuarto y del baño abiertas. ¡¡¡Jugada perfecta!!!, pensé. Me fui acercando a la puerta del cuarto y buscando la ubicación adecuada para poder espiarla, encontré una posición perfecta, la vista era total y por lo que calculaba ella no me vería, solo si se volteaba completamente podía hacerlo. Por un momento pensé entrar a la habitación para espiarla desde más cerca pero recapacité un instante, hacerlo era peligroso, podía echarme la soga al cuello, mejor allí donde estaba, esa vista alcanzaba para una buena paja.
Ella estaba desnuda bajo el agua, acariciando su piel con una esponja que se notaba muy suave, mi morbo crecía y mi verga también, era diminuta, con unas inmensas tetas que ya colgaban sobre el abdomen, se me antojaban hermosas sobre todo la areola y el pezón, ambos eran muy grandes, calculé que la areola medía unos seis centímetros de diámetro y el pezón unos dos de largo y era bien grueso. Me llamó la atención Doña Francesca tenía su abdomen con algo de barriga, su trasero grande pero con algo de celulitis por la edad, las caderas anchas y con los muslos gruesos y bien proporcionados, y entre las piernas por momentos se dejaba ver un escaso monte de Venus que no era exactamente negro pero tampoco de algún color definido, el cual producto del agua que corría por ellos parecía la punta mechuda de un pincel de dibujo. Aquella imagen me excitaba, me excitaba mucho aquel cuerpo ya no joven pero en el que se dejaba ver lo buena que Doña Francesca había estado en su época. Sin darme cuenta me había sacado la verga y la estaba moviendo a ritmo lento, comencé a comparar el cuerpo de Doña Francesca con el de mi abuela, el cual ya conocía de memoria de las veces que la había espiado mientras se cambiaba después de salir del baño. Mi abuela era también una persona muy distinguida y quien a pesar de sus mas de setenta años conservaba la frescura de su cuerpo. Cerré los ojos y me dejé llevar, tanto me deje llevar que Doña Francesca casi me atrapa. Cuando me di cuenta que había cesado el ruido del agua cayendo y abrí nuevamente los ojos, ya se estaba secando aunque aún mantenía cerrada la puerta de la bañera. Rápidamente guardé mi verga y me fui a sentar al sofá de la sala bajando muy despacio las escaleras para no hacer ruido.
Cuando Doña Francesca terminó de cambiarse y bajó, estaba radiante, ¡Qué señora tan espectacular!. Algo debe haber ocurrido en mi porque ella me preguntó:
- ¿Qué te pasa, te sientes bien?
- Claro, solo que... no mejor no, pero si me siento bien, gracias
- Pero estás muy raro, que ibas a decirme
- No, nada, perdone, es que no se si...
- ¿Si qué?
- Si le gustará que se lo diga
- A ver de que se trata
- Es que... Doña Francesca, usted es una señora preciosa
- Pero eso ya me lo habías dicho antes, vamos mejor empezamos nuestra labor... ¿De verdad crees que soy bonita?
- Claro, bonita no, preciosa
- Es que no entiendo, con tu edad los chicos se andan fijando en las jóvenes no en viejas como yo
- Eso depende
- ¿Depende de qué?
- Depende de lo que cada uno quiera o de lo que cada uno entienda por belleza. Para mí usted es muy bella
- ¿Y dices que depende de lo que cada uno quiera? ¿Y que tu quieres?
- Bueno, bueno, ya veo que al parecer no sabes bien lo que quieres, así que vamos a lo nuestro que se hace tarde
- No, yo si se... comencé a decir pero ella no me dejó terminar
- Vamos, después me dices, mira la hora que es y aún no empezamos
- ¿No quieres tomar algo? ¿Qué puedo brindarte?
- En la casa volvíamos a estar solo ella y yo
- Perdón, es que usted debe estar cansada y tal vez con deseos de acostarse
- No te preocupes, no puedo acostarme tan temprano porque luego me desvelo y hoy mis hijas no vendrán a dormir y como sabes Carlos no está, ya la televisión no me llama la atención así que lo que hago es escuchar música ¿Te gusta la música?
- Si claro, mucho
- Veamos si esto te gusta
- Y colocó un CD de instrumentales de Kael Ruiz que sonaba espectacular pero que a mi se me ocurría que servía mas para otra ocasión
- Excelente música ¿No? Creo que es espectacular. Yo decía esto un poco en voz alta por cuanto Doña Francesca se había ido a la cocina y regresaba con una bandeja, una botella de vino y dos copas.
- ¿Te gusta el vino?
- En realidad no tomo, pero lo hago por usted
- ¿Por qué por mí?
- No sé, por usted lo hago, y brindamos y todo
- ¿Qué mas harías por mí?
- ¿Por qué me mirabas mientras me bañaba?
- Ya le he dicho que me gusta, que es usted preciosa y no pude terminar de hablar antes de irnos a recoger las donaciones, pero le puedo decir lo que quiero sin necesidad de pensar mucho en ello, solo que entonces me pareció una falta de respeto
- ¿Y ahora, también te parece una falta de respeto? ¿No crees que es una falta de respeto muy grande el haberme espiado sabiendo que yo puedo ser tu abuela?
- Si supiera que no Doña Francesca y perdone, eso es precisamente lo que me fascina, lo que me gusta más, realmente me maravilla y porque no decírselo, me trae todo el tiempo pensando en usted y excitado
- ¿Te excito? ¿Y que haces cuando estás excitado después de pensar en mi?
- ¿Qué hago? ... pues...
- Sin pena, ¿Qué haces, te masturbas?
- ¿Qué te pasa, te excitas cuando hablas de estas cosas? ¿No me vayas a decir que una persona de mi edad es capaz de excitarte así?
- Bueno por lo que puedo ver si te excita y... bastante
- Si Doña Francesca, me excita y no sabe usted cuanto, por eso le ruego que hablemos de otra cosa.
- De otra cosa, y no te gustaría mejor seguir hablando de lo mismo pero más cómodamente, a ver ¿Por qué no me dices que es lo que más te excita de mi?
- Sin dudas me excita mucho su elegancia y ahora que ya los conozco, aunque solo de lejos, me excitan mucho sus senos.
- ¿Te gustan? ¿Qué harías con ellas si te digo que puedes hacer lo que quieras?
- Sería capaz de chuparlas hasta quedar exhausto, le dije a Doña Francesca
- Pues hazlo, no, no me mires así... hazlo de una vez, son para ti
- Divina, es preciosa tu verga niño mío
- No pares, sigue que es muy rico...
De repente la Doña dijo:
- Desnúdate completo mi Enzo, hazlo para mí, quiero ver bien esa verga
- Si Encito, ahora me decía así, he practicado mucho sexo pero ni te creas que siempre con mi esposo, él en eso es muy tranquilo y yo necesito mucha acción, además me encantan los muchachos jóvenes.
- ¿Por qué no me coges ahora por el culo, me encanta?
- Si, se nota, porque lo tiene usted muy dilatado
- Me vengo Encito, ya viene, mi culo se está corriendo, así, tan rico, es divina tu verga mi Encito, me corro, así, no la saques, correte todo adentro
- Me estoy viniendo papito, me has llenado con toda tu lechita y ahora no puedo parar de venirme
- Que pena contigo mi niño, debes estar asqueado, perdona de verdad que debí habértelo advertido, espera yo limpio un poco todo esto.
- No se preocupe Doña Francesca no me desagrada para nada, me parecio más algo muy erotico
- Aquellas palabras causaron un efecto increible tanto en mi como en Doña Francesca
- ¿Enserio te excito?
- Vamos a mi habitación y continuemos, tenemos toda la noche para nosotros.