Una Jovencita, Disfrazada de Forma Provocativa

heranlu

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¿Cuantos años tienes, chiquitita? Preguntó mi hombre, mientras le paseaba el glande empapado de sus propios fluidos vaginales por los rosados labios núbiles entreabiertos.

Tengo los suficientes, caballero. Y soy una mujer. Respondió la pendejita pelirroja, con cara de puta, las mejillas coloradas. Con un suspiro de anhelo. Mirando desde abajo. Arrodillada frente a mi dueño, en la caseta donde se pagaba la entrada para recorrer el parque botánico del pequeño pueblo sureño, que en esa época del año recibía pocos visitantes.

La adolescente salibaba, miraba fijo la enorme cosa que palpitaba venosa frente a su rostro núbil, su vista seguía la verga de lado a lado, Sacaba la lengua para saborear lo, que mi hombre sobajeaba por toda su carita de piel blanca y suave, pecas, pelo rojo ondulado.

La virilidad gruesa y cabezona paseó por sus mejillas, cuello, ojos. La chica jadeaba con la boca abierta. Sacando la lengua con desesperación.

Con la mano izquierda, mi macho la sostenía de la nuca, impidiéndole que entrara en la boca. Impidiendole saborearla.

¿Quieres chupar? Preguntó él con voz profunda. Ella asintió. Acabas de dejar que un viejo de 50 años te culiara en un lugar público. Eres una pendeja maraca. Hizo una pausa, la chica asintió. Te culié como a una puta y ni siquera sabes mi nombre. Dijo mi macho y le metió el pene en la boca. Le agarró la cabeza con las dos manos y con suavidad le culió la carita, la chica gemia, succionaba con los ojos cerrados... hasta que se le puso dura nuevamente.

La hizo atragantarse Probando los límites de la niñita, que abría la boca todo lo que podía. La hizo toser y llorar.

Ahora te voy a romper el oyo por puta. Le dijo el hombre mayor, con voz autoritaria. Una voz que la obligaba a obedecer. El culo de la pendeja comenzó a abrirse y cerrarse. La pendeja palideció de miedo y calentura. Sentía que se cagaba del susuto. Comenzó a mearse de miedo.

Hagame lo que quiera, caballero, dijo con la voz temblando. Hágamelo por el ano... Aunque me duela... Aunque grite... Hágame mujer...

Pero comencemos por el principio.

Tengo 22 años y soy la hembra sumisa de un hombre de 50 años.

Era primavera, Octubre, y me llevó de viaje al sur del país.

Veníamos de un paseo por el borde del río, donde me culió entre unos sauces llorones, luego caminamos por la playa, yo estaba toda caliente por la forma en que nos miraban, con deseo y envidia, era obvio que yo era la puta de un viejo degenerado, que además, me agarraba el culo cuando las mujeres fijaban la mirada en nosotros. Notaban mis mejillas sonrosadas, pezondes duros, la calza mojada en la entrepierna, manchada con el semen de mi hombre, la delgada tela incrustada en mi vulva, marcando mis hinchados labios vaginales.

Siempre era así cuando paseabamos en público, y las miradas de los otros nos divertían y calentaban por igual.

Mi cueepo emanaba aroma a puta, al semen de mi hombre, que me había llenado la zorra al borde del río, sin importar quien me escuchase gritar, o nos viese.

Con cara de puta satisfecha, yo Avanzaba de la mano de mi dueño, Los hombres me miraban la raja de gimnasio y las tetas duras que se bamboleaban en mi polerón corto. Se les paraban las vergas, y me miraban con calentura y burla. Sus miradas gritaban la palabra "PUTA" y a mi me encantaba. Mi hombre les guiñaba un ojo, me manoseaba y los miraba, indicando con sus muecas que yo estaba exquisita.

Las mujeres Me miraban con odio, a mi hombre con deseo. Veían mi cara de hembra satisfecha y sabían que me estaban culiando rico. Y eso era lo que a ellas les faltaba a ellas, la falta de un buen culión las amargaba, pero ese hombre, que podía haberlas culiado a ellas, me había elegido a mi por mi juventud, y no había nada que ellas pudieran hacer para competir conmigo. Pero era cuando notaban que sus hijas también lo miraban. Y les preguntaban a sus mamás si estuvieron alguna vez con un hombre mayor. Algunas mujeres mayores me hablaban al oido y me decían que era puta. Pero la sonrisa en la cara no me la quita nadie. Respondía yo. Se nota que Te hace falta y yo no soy egoista. O las jovenes, que se me acercaban cuando nos separbamos. Se ponían al lado mío y me preguntaban haciendose las tontas. El supermercado era nuestro coto de caza preferido.

Caminando por la costanera, Disfrutamos de la atención de los transeuntes, riendonos de sus miradas, escuchamos sus murmullos y risas nerviosas al vernos tomar el camino al parque botánico. El lugar perfecto para que me reculiaran. Era obvio que el viejo del que caminaba tomada de la mano, me tenía solo para culiarme. De puta. Eso pensaban ellos. Y fingían escandalizarse cuando en verdad les calentaba.

Caminamos hasta que Llegamos frente a la caseta para pagar la entrada al parque, veníamos acariciandonos con ternura, besándonos. La pendeja que atendía lo miró con deseo, luego, avergonzada, me miró a mi. Yo, Una jovencita de unos veinte años, pareja de aquel atractivo hombre mayor con cara de degenerado. Era obvio que me culiarían en algún lugar del parque como a una puta.

Vio la mancha en mi calza, mis pezones erectos marcadose en mi top blanco que se transparentaba. Mis mejillas sonrosadas. Luego miró a mi macho. Los brazos musculosos, el pecho amplio, los hombros poderosos, La mirada de viejo caliente, El pico marcado en el pantalón. Se imaginó que el hombre me partía. Luego se imagino a ella en mi lugar.

Me imaginó parando la raja, con las calzas de yoga enrrolladas en los tobillos, abriendome las nalgas, recibiendo verga por el culo. Como en el porno que le gustaba. Luego me visualizó chupando pico. Se imaginó ella misma arrodillada frente a mi hombre. Imagino la verga dura en su boquita. Y sintió como se le humedecía la vagina al visualizar las cosas que aquel macho atlético, que la miraba con cara de caliente, tremendo bulto en el pantalón apretado, de abdomen plano, me hacía en la cama. Me haría en el parque. Me imaginó entre los árboles, las tetas al aire, la calza abajo, mostrando el culo, con la verga hasta la garganta. Tragando semen.

Me miró nuevamente. Mi cara de pendeja caliente y satisfecha lo decía todo. Se fijó en mi entrepierna, la tela manchada. Mi vulva se marcaba, hinchada, mojada. Sintiió el olor a semen que emanaba de mi zorra.

Estoy llenita. dije y le sonrí a la pendeja y le agarré el paquete, pasandome la lengua por lo labios. Luego los dedos por la zorra, por sobre la tela. A la orilla del río... Pero quiero más...

La pendeja miro a mi hombre, las mejillas se le pusieron coloradas. Este viejo de seguro me abriría hasta el culo entre los árboles, me dejaría toda abierta, pensó la pendeja. Quiero más pico, le dije al oido, fuerte para que ella escuchara. Quiero tu leche en el culo, Quiero que me partas al ano. Papito.

Me agarró la zorra, despues metió la mano bajo la calza y me enterró un dedo en el orto, lo que me hizo dar un gemodo agudo y un salto. Lo sacó, me lo puso en la boca, Lo chupe. Me garró las tetas y la zorra mirado a lapendeja.

Cálmate chiquitita. Me dijo, con su voz profunda, calmada y autoritaria. Hay que pagarle la entrada a esta jovencita guapa primero.

Se hacercó a saludarla con una sonrisa lobuna, yo le tocaba la pichula sobre el pantalon.

Mi macho se acercó, a la caseta, mirandola con calma, con calentura, reparando en el traje de halloween que la pendeja llevaba puesto, toda de negro, medias de malla, falda espumosa corta, corsé, maquillaje negro.

La pendeja Vestía como una prostituta gótica de cabaret. Daban ganas de culiarla Y ella lo sabía. Esta era la fecha en la que podía hacerlo.

Yo le pasaba la lengua por el cuello, y la miraba a ella.

Lo tienes tan rico, le decía yo a mi hombre, toda puta, sobajeandome en él. No hay nadie que lo haga tan bien. Soy tu sumisa. Dónde quieras me haces lo que quieres. Ves como te mira, la cara que tiene, como aprieta los muslos y los mueve. Quiere tu pene. Quiere probar la verga gorda y venosa de un hombre de verdad. Agarratela delante mío. No me importa... Eres demasiado hombre para tener una sola mujer... Quieres probarlo, verdad? me dirigí a ella, jadeando. Ella asintió con los labios entreabiertos.

Dos entradas para adultos. le dijo mi hombre a la pendeja. Porque vamos a hacer cosas de adultos.

Ella Tartamudeó al atenderlo. Se relamía los labios. Se reía como tonta. Hasta la raja se le meneaba sola. Mirando el pico de mi hombre marcado en el pantalon acariciado por mi mano,

Mi macho le pasó un billete. La pendejita Se movió torpe, incapaz de discimular su calentura. Al entregarle el comprobante de pago, le regaló unos dulces. Sonriendo con cara de caliente y avergonzada.

Feliz halloween, babeó con cara de puta.

Caramelos. dijo mi hombre. Te imagino sacando el dulce cabezón y colorado del paquete. Tienes cara de que lo lames, de que Te lo metes a la boca y lo chupas. Lo succionas. Te gusta chupar dulce de carne ¿Verdad? Preguntó él.

Nunca he probado el sabor que dice usted... titubeo ella... pero mi mamá dice que es el más rico...

¿Quieres probar? Insistí yo. Sobajeando la verga de mi macho, antes de bajar el cierre de su pantalón y hurgar dentro. Dejando salir aroma a verga impregnada en semen y jugo de hermbra...

... contestó ella, suspirando en una mezcla de miedo y calentura.

Mirate la cara. Dije abriendo el botón del pantalón de mi hombre mostrandole a la chica como se marcaba en su ropa interior.. ¿La quieres probar? No es cierto. Ella asintió, temblando.

Te ves atractiva vestida de negro. Me gusta tu corset. Dijo él. Para Calmar la situación. Evitar que la chica se asustara.

Gracias, titubeo la pendeja. lo pedí por temu.

¿Te gsuta como te queda, como se te ve de delgada la cintura? Insistió él.

Si, dijo ella.

¿Te gusta como se te ven los pechos con el corset? Interrogó con su voz melosa y calma mi macho. Ella asintió. ¿Te miraste al espejo antes de salir?. Asintió de nuevo. Te ves bonita, atractiva. No como niña. Te ves Como una mujer.

Quiero ser mujer. susurró ella, deglutió, Se sonrojo y sonrío. Se acomodó los pechos para mostrarlos mejor,

Sabes quienes usan corset, ¿Verdad?

Las bailarinas france...

Las maracas... Las prostitutas... las cariñosas de cabaret, las cochinas de prostíbulo, las universitarias que trabajan en casas de puta, las rameras usan corset para que se les vean las tremendas tetas y las miren los hombres... Y quieran pagar para tocarlas... Lo Sabes, sonrió mi macho, disfrutando el momento. Y por eso te vestiste así ¿Verdad? Para que te miren y te deseen... te deseen con la calentura que los hombres miran a las mujeres fáciles...

Es mi disfraz...

Y viniste a trabajar con el disfraz con que Se te ven las tremendas tetas. ¿Te las viste al espejo antes de salir? ¿Y te gustó salir así, vestida de puta, mostrando las tetas? ¿Verdad?

Sí, sí, sí... fue intencional...

Sabes que dan ganas de chuparlas. Dan ganas de chuparte las tetas. Querías calentar a los viejos... Te fijaste como te miraron las ricas tetas que tienes, los hombres con los que te cruzaste camino hasta aquí. Se notaba en su cara que te querían chupar las tetas... Te miraron como miran a las putas, te dijeron cosas y te dio asco... ¿te sentiste cochina, sucia?

Sucia, me miraron y me sentí una zorra sucia. Asintió compungida. Los escuché murmurar y sorbetear...

Pero se te mojó la vagina, te los imaginaste chupandote las tetas y te sentiste asquerosa pero te gustó, te puso las tetas calientes verles las caras de degenerados mientras te las miraban. Que se les notara que te las querían chupar. ¿Porque Eso querías al vestirte así, que se calentaran? ¿Te calienta sentirte zorra? Te imaginaste que ellos te chupaban las tetas... ¿Y te sentiste como una puta asquerosa y eso te moja más?

Me da asco y Me dan más ganas... Asintió avergonzada la jovencita. Me siento mojadita. Me imagino a los viejos chupando mis tetas y me palpita la conchita... Los del camión de la cervecería me vieron y murmuraron entre ellos...

Levantate y muestrame la falda. Ordenó mi macho. La pendeja obedeció. Que linda te ves. Es cortita. Te gusta como te queda. Como se te ve el cola less metido en la raja de lo corta que está. ¿Te calienta mostrar el culo? ¿Que te miren el culo rico que tienes?

Me sentí bien puta cuando los viejos de los paseos en bote al verme pasar temprano, solita, con la falda, tan corta que se me veía el poto. comentaron pensando que yo no escuchaba. Anda pidiendo pico esa puta, mira la faldita, esa pendeja de verdad verdad necesita pichula, y se agarraron las vergas y rieron. Los saludé a lo lejos. Venga mijita, que le damos un paseo a usted solita. Dijo el más viejo. Me acerqué y me incliné para mostrarles las tetas. ¿Un paseo tío? Nunca me han llevado a pasear bote solita. Vestidita así parece que la llevan a pasear a cada rato. No va solita, mi amor, dijo el otro. Va conmigo y mi hermano. Entre los dos le vamos a dar el paseo más rico de su vida. Va a quedar llenita, mijita linda.

Querías mostrar las piernas tambien. Y Te pusiste ligas, como las prostitutas francesas. Levantate el vestido para ver como te quedan. La chiqulla lo hizo. Dan ganas de culiarte. ¿Querías que te miraran con ganas de culiarte, verdad? ¿te da verguenza, pero te gusta?

Sí... Caballero, me da verguenza... no quiero que mi mamá sepa que soy una cualquiera, tampoco que me traten de puta mis compañeras en el colegio... Pero ando caliente todo el día... Yo quería que me dieran ese paseo, los imaginaba mientras me decían, Llenita. llenita... Pero era mucho riesgo... Me gusta, pero tengo que trabajar dije. Puede ser en la tarde mejor, Y vengo con unas compañeras de curso. Y ustedes nos dan dulces en el paseo. Y nosotras chupamos rico los dulces. Los viejos se rieron. Ya me la hicieron el año pasado. Vinieron con los weones de los pololos y nos dejaron con una guatona santurrona. Me tocaron las piernas y yo di un paso atrás. Riendo toda caliente.. Me di vuelta y me levanté la falda y los dejé mirarme las nalgas antes de comenzar a caminar, Te salvas por ser la bastarda de tu papá nomás, pendeja caliente... Yo les moví las caderas a los viejos asquerosos. No lo pude evitar... Si no fueras la bastarda del jefe te reculiamos a la fuerza, pendeja...

Levantate la falda. Mas. Para ver el calzon que te pusiste. La pendeja jadeaba. Lo hizo. Es transparente, se te ve toda la zorrita depilada. Te gusta estar vestida como prostituta. Te calienta imaginar que eres una...

Sí me ofrece plata se la chupo. Asintió. Lo haría por plata... lo haría...

Tienes la vagina goteando. Puedo sentir el aroma de tu vagina con hambre de hombre. Estás chorreando.

Lo quiero, deme, porfavor... Volvió a asintir ella y Se toco la zorrita por sobre el calzón.

Quieres te metan la pichula. Por eso te vestiste así.¿Verdad?

Quiero, quiero, caballero, por favor... pofavor... hagalo usted va ser el primero.... Rogó.

Bajate el vestido y Date la vuelta. Ella obedeció. Se te ven las nalgas. Querias que te miraran bien el culo tambien. ¿Verdad? Levantate bien la faldita de prostituta que te pusiste. Para verte la raja. Quiero ver como el colaless que te pusiste se te entierra ente los cachetes del poto.

La pendeja se levantó bien la falda y le mostró el culo.

Abrete las nalgas, muestrame. El calzón no te tapa el oyo del culo. Pareces una prostituta, una perra sumisa traga penes. Date vuelta. Dijo mi macho. Y se sacó la verga. Pareces una traga penes. Una pendeja que chupa pichulas, Como este pene. Mirame la pichula. Te gusta como me lo pusiste de duro. ¿Quieres tenerlo en la boca?

Sí, caballero, quiero el de usted... en la boca... lo quiero a usted en la boca... asintió, tocandose y gimiendo...

Abreme la puerta. Ahora. Que te voy a reculiar como a una maraca, dentro de esa caseta, te voy a reventar como a una perra caliente, que es como te vestiste hoy.

Ella deglutió, las piernas le tiritaron, la vagina palpitó aún más répido y soltó un chorro de fluidos, pero no dijo nada, en silencio, temblando, con la mirada fija en la verga, abrió la boca.

Yo me quedé afuera por si venían personas. Me acerqué a la ventanilla. Te van a reventar la zorra por maraca. Le dije.

La pendeja me miró y asintió. Nerviosa y caliente levantó la mirada,

hagame lo que quiera, le dijo con un hilo de voz.

Mi dueño entró a la choxa de madera.

.La pendeja, a penas lo tuvo cerca, hizo ademán de arrodillarse.

Pero mi macho La agarró del cuello con la izquieda, acercó el rostro al de la jadeante chiquilla, quien cerró los ojos y abrió la boca.

Mi hombre le lamió los labios antes de meter la lengua, dura, entrando y saliendo, como penetrándola, al tiempo que la mano derecha se metía bajo la falda y le bajaba con fuerza, de un tirón por lado, las medias y el calzón, antes de buscar el clítoris y masajearlo con maestría.

La pelirroja Gemía mirandolo a los ojos. En una mezcla de sorpresa y placer. Besándolo con torpeza y deseo.

Mi macho se tomó su tiempo para giarla, vi como le enseñó a besar en un par de minutos. Mi macho se alejó de ella, la agarró de la quijada, le metió los dedos gruesos en la boca. Los sacó. Le dio una cachetada suave.

La jovencita Suspiraba y abría la boca. Mi dueño le soltó escupitajos. Luego tiró un poco de su pelo. Una nalgada. Otro escupo. La pendeja saboreo la saliba de mi hombre, que le agarró la muñeca y puso la pequeña mano en su enorme pico, ella lo acarició con torpeza.

Mi dueño La masturbó a dos manos, estmulando clítoris y vagina. Le bajó el vestido y le dejó las tetas blancas y firmes, de pezones rozados y duros al aire. Le lamió y succionó los pezones, el cuello, las orejas, las nalgas. Hueles a niñita. Me encanta culiar jovencitas. Los dedos expertos jugaron con la vulva vagina y el clitoris hasta que La chica se estremeció en un orgasmo, que mi macho extendió metiendo un dedo en la apretada vagina, buscando los puntos del placer de la pequeña.

El volumen de sus gemidos agudos y deliciosos aumentaron, sus plañidos expresaban tanto anhelo y emtrega que hasta a mi me calentaron. Mi hombre movió el dedo en la vagina de la chiquilla, presionando la parte interna frontal, buscando la superficie rugosa. Desatando un segundo orgasmo, que le hizo tiritar las piernas. Gemir suave, en suspiros agudos e intensos, con los ojos en blanco, la boca abierta. Luego sonreir sorprendida.

Cuando los estremecimientos comenzaron a menguar. La giró, haciendola apoyarse con las palmas contra la bandeja de madera frente a la ventanilla, pompa en ristre, bajó los calzones y las medias de un tirón hasta los tobillos.

Te voy a abrir esa zorra, te voy reculiar como la maraca que eres, pendeja caliente, en plena calle, como a una prostituta, para que veas lo que les pasa a las niñitas que se disfrasan de maracas. Le decía al oido, con una mano agarrandole las tetas, Mientras con la otra le paseaba la pichula por las nalgas y la raja, la zorra y el culo.

Te voy a reventar la zorra, te la voy a llenar de semen y te voy a preñar. Le dijo agarrandola del cuello, ella dio chillidos de placer y expectación, la raja se le movio sola. Nalgada y tirón de pelo.

Hagame un hijo. Quiero tener un hijo de usted. C<

urva la espalda, puta, dijo mi hombre y le abrió ligeramente las piernas antes de levantarle la falda y dejar las blancas, redondas y firmes nalgas de la chiquilla a la vista. Le puso una palma abrierta en la cabeza, las llemas de los dedos en la frente, presionando para que mirase hacia arriba para corregir la postura.

Para la raja mierda, insistió mi hombre, ofreceme la zorra mojada. La chiquilla se acomodó y dejó la rosada concha palpitante a la vista. Con la otra mano, mi hombre buscó la entrada de la apretada, mojada y pulsante vagina, antes de acomodar la cabeza del pene en la entrada, lo que la hizo inspirar con una mezcla de miedo y deseo.

Soy virgen, dijo la pequeña. Las piernas tiritando. Soy una putita virgen, de todas parte. Usted es mi primer hombre. Soy virgen caballero de verdad. No me raje la zorra porfavor. Es mi primera vez.

El pene entró lento pero con firmeza. Abriendo los tejidos apretados y enchidos de sangre, con cuidado, permitiendo que la chiquilla experimentara en pleno el dolor y el placer..

Te voy a disfrutar la concha, sientes como entra la pichula poco a poco, como te va llenando, como vas dandole placer a mi pene?

Sí, sí, Me abre, decía, me llena, me abre. chillaba y Suspiraba. Me llena, que rico.

Disfrútalo, le dije, ardiendio en celos y la besé con lengua, hoy te conviertes en mujer, agregué antes de agarrarla de los hombros para que no se arrancara.

La pendeja miraba hacia arriba con los ojos en blanco, jadeando.

El pene llegó hasta el fondo, rajando el hímen. No puedo respirar, gritó la chica. Está duro. No me puedo mover.

Pude ver la mueca de terror, dolor y ahogo.

Estoy llena de pico. Estoy llena de pichula. Suspiraba la pelirroja.

La verga de mi hombre de 50 años se quedó ahí, tocando el cuello del útero de la chica. Comenzó a hacerla palpitar.

Su carita de caliente comenzó a cambiar, las mejillas estaban sonrosadas, se sentía tan llena que no podía ni jadear, esos movimientos, inexplicables para ella, la desbordaron, estimulando todo su tracto vaginal, estimulándola sin entrar ni salir.

Ella boqueaba como un pez, con los ojos en blanco.

Tienes una pichula de 50 años enterrada hasta los testículos, Abriendote la zorra. Le dije a la pendeja. Un viejo degenerado te está desvirgando. Como desvirgan a las putas. En la calle. Asquerosa, cochina...

La chiquilla comenzó a estremecerse nuevamente. Sin intervención de su voluntad, sus caderas describieron círculos. Comenzó a subir y bajar. Sintió como la cabeza del pene, el tronco venoso, toda la pichula de ese hombre irresistible, se deslizaba dentro suyo.

Un tercer orgasmo la hizo apretar los dientes, gemir, soltar un chorro de fluidos vaginales mezclados con sangre, su zorra apretó la verga en espasmos que no controlaba.

Antes de que el orgasmo perdiese intensidad. Mi hombre la agarró del pelo y de la cadera y comenzó a mterlo y sacarlo un poco más rápido. Un empeñon duro. Pausa.

Te estoy disfrutando la zorra, pendeja. Otro empeñon y una entrada y sacada lenta. Le estás dando placer a un viejo caliente.

Tres metidas bestiales. La pendeja chilló. La pichula se puso aún más dura. Más, más, pedía. Comenzó a meterla a ritmo constante. Aumentó la velocidad.

Sí, sí, sí, chillaba la pendejita. Así, asi papito... gemía...

Mi hombre la agarró de las caderas y comenzó a culiarla sin piedad. Rápido y con fuerza. Las nalgas núbiles chocaban contra las caderas masculinas, sonando como cachetadas.

La chiquilla gritaba descontrolada no se diferenciaba si era dolor o placer lo que sentía, comenzó a experimentar un tren de orgasmos. Se sucedían uno tras otro y la hacían tiritar entera.

Mi macho comenzó entonces a nalgearla con saña, dejando la piel roja e hinchada. Mientras más gritaba ella. Mas duro y más rápido le enterraba la pichula.

Me encanta devirgar pendejas maracas como tú, cabra chica caliente. Te voy a partir la zorra por haberte vestido de puta. Se detuvo dejando el pico ensartado. La adolescente comenzó a gemir agudo y moverse sola, enterrandose en la verga, como una perra en celo.

Sí, sí, sí. Repetía. Había entrado en éxtasis. En un transe de placer que yo conocía muy bien. Soy tuya, soy tuya, comenzó a repetir.

Mi dueño comenzó a gruñir como un animal.

La pendeja Aumentó la rapidez y la fuerza con la que se ensartaba. Se abrió las nalgas.

Metame hasta los cocos peludos adentro de mi zorrita, caballero, revienteme porfavor.

Mi macho se acopló a los movimientos de la pendeja y las penetraciones sumaban ambos esfuerzos.

La raja de la pendejita sonaba como un azote al estrellarse con las caderas de mi macho, que al cabo de un buen rato, en que la chiquilla aullaba afónica. Sus piernas tirritando. Desfalleciendo de tanto placer. Comenzó a eyacular dentro de la vagina de la chiquilla, cuyo cuerpo alcanzó un estertor de placer incluso más intenso que los anteriores al sentirse inundada de semen.

A penas sintió el primer chorro de semen caliente salir del pico que la tenía ensartada. Comenzó a gritar.

Préñame, préñame. La pichula no dejaba de entrar y salir. En ese momento la adolescente recordó mis palabras, había perdido la virginidad como una puta, le había entregado su virginidad a un viejo que no conocía, en un lugar público, donde podían verla, podían escucharla, frente a una mujer que tampoco conocía, presumiblemente la pareja del hombre, que se estaba cagando a su mujer en sus narices, disfrutando de ella de forma descarada.

Le calentó pensar que el viejo se había puesto tan caliente al verla, que fue capaz de cagarse a una mina guapa y caliente, como yo. Que de seguro lo dejaba culiarme donde y cuando él quisiera. Se sintió plena, hembra, poderosa, al saber que ella provocaba tanto deseo en mi hombre, que me estaba siendo infiel frente a mi, a pesar de que me había culiaado minutos antes.

Ahora, la chiquilla estaba segura de que el olor a semen que emanaba de mi entrepierna y la mancha en mi calza era producto de la leche que me desbordaba el choro. La misma leche que mi pololo, en mi propia cara, sin importarle mi precencia, arriesgandose a perderme, le estaba echando a ella en su zorra. Ese mismo semen salía a chorros de la verga de mi macho, inundandole la vagina. La llenaba de la misma leche que me había llenado a mi.

Aarrandola de las caderas. Dando rugidos de deseo y calentura desbordantes. Mi hombre echaba su abundante esperma dentro de ella. Le calentaba pensar que el miso pene que salía y entraba con fuerza, de su zorra. Había entrado y salido de la mía. Y el mismo semen que me rebalsaba la vagina, la estaba llenado ahora a ella, el mismo semen comenzaba en ese momento a desbordarle el choro a ella.

Somos hermanas de leche, pendeja caliente. Le dije. Me calienta como te disfruta. Le dije. Toda celosa. Me toqué la zorra mientras Lo escuchaba rugir de placer. Apretar los dientes Mientras la reculiaba. La pendeja sentía las manos poderosas aferrarla de la cintura para enterrarla en la pichula. Me miraba con sorna y felicidad. Soy más hembra que ella. Pensaba al experimentar el intenso orgasmo de mi macho, pensando que era merito suyo. La pendeja Sintió su seguridad de hembra al pensar que El hombre atractivo la deseaba más a ella que a una tetona y culona bien maquillada, puta caliente que se dejaba rajar el culo, como yo.

Sentía que, aquél hombre. Por tenerla, por disfrutarla a ella, culiarla, eyacular dentro suyo y continuar penetrándola, extendiendo el placer de ambos, todo esto en frente mío, me Humillaba. Sentía que era una señal inequpivoca de que mi macho la prefería a ella y se regodeaba y multiplicaba su placer al sentir el poder de hembra que le producía mi hombre al meterle el pico en mi precencia. Al demostrar sin tapujos todo el placer que le provocaba culiarla. Echarle el semen hasta desbordarle la vagina recién desvirgada y llegar a un orgasmo simultáneo larguísimo.

Le permití experimentar el orgullo y seguridad que siente una hembra al ser escogida y llenada por un macho dominante y poderoso. Por genes sobresalientes. Mi hombre disfrutaba también. Estaba celosa. Pero era su primera vez. Yo hubiese querido una primera vez como aquella. No quise romper la energía sublime de su experiencia. Ella creía qye estaba satisfaciendolo. Que era ella Dandole placer. Tanto lo había calentado, sentía, que ese hombre, ese macho llegó y la culió, cara de raja, en frente de su puta jovencita y rica, sintió su sentido de hembra explotar al volver a recordar que despues de llenarme el choro, como yo no era suficiente, le estaba llenando la vagina virgen a ella, embarazandola con su semen de macho maduro, frente a mi. La otra hembra. La hembra vieja. Ella era la deseada ahora. Su primera vez no solo implicaba la perdida de su virginidad. La rotura del himan. La jovencita desperto de golpe sus instintos de mujer. Fue sometida al instante por un macho verdadero y se convirtió en hembra.

Comenzó a mover las caderas como una odalisca. Admirando a su macho, que no necesitaba culiar a escondidas, como su poderoso padre. Que a pesar de su poder, debía guardar las apariencias y no hacerlo delante de su mujer o hijas.

Ese señor en cambio, al que ella le daba placer, nos culiaba y embarazaba en la calle, nos mostraba como nos culiaba a las dos, y nosotras lo aceptabamos, nos destruía el ego, pero nos sometíamos a él, y hechos nos mostraban el calibre de hombre al que ambas le daríamos hijos. Había sido elegida y se había entregado a Un macho que podía tener las hembras que quisiera, al mismo tiempo, todas juntas, si quería. Podia embarazar a tres o a cuatro... y ella lo aceptaría...

Lo sabía porque el mismo semen debordaba nuestra vaginas. Porque él, le había dado una orden. Abreme la puerta para reculiarte. Y ella había abierto la puerta sin protestar. Se había ofrecido a un extraño, que la estaba culiando como si fuese una puta, peor que a una prostitua, había dejado que el viejo atractivo se lo metiera sin condón, ahora caía en cuenta, cuando una segunda tanda, aun más intensa de chorros de leche caliente, comenzaron a llenarla, las erumpciones de semen no paraban de ser expulsadas con potencia asombrosa de la verga palpitante, sentia esa leche caliente inundarla, revalsarla nuevamente. Marcarla como su hembra por segunda vez.

¿Cómo se llama usted, cómo se llama? Al menos dígame como se llama...

Le estaba moviendo las nalgas a un viejo que nunca había visto antes, era la mujer de ese desconocido. Que de seguro la estaba dejando embarazada. Se imaginó los espermatozoides poderosos del hombre subiendo por su cuello uterino, invadioendola, rodeando su ovulo, fecundandola, poniendole un bebe dentro. Obligandola a darle desendencia. Haciendola sulla por completo. Se imagino con barriga de embarazada, chupandole la verga. Pariendo el hijo de ese hombre. Dandoselo como una ofrenda. Se vió con el bebé en los brazos, chupando la verga del macho que tendría que complacer de ahora en adelante. Sintió que el semen de aquél desconocido le chorreaba por los muslos. Se fijó nuevamente en mi zorra, que apestaba al semen de nuestro macho. Que llevaba semanas llenandome varias veces al día.

Voy a tenerlo, comenzó a gemir, voy a tenerlo para usted... Igual que ella, las dos vamos a tenerlos...

A las dos nos había embarazado. A las dos nos había puesto un bebe en el útero. Ambas estaríamos guatonas y tetonas con sus hijos en el vientre. Ambas habíamos querido concebir, cargar y parir un hijo para él. Ambas le daríamos decendencia y seríamos sus mujeres. Eso sentía y aquel sentimiento de entrega animal le nubló la razón... La poca que le quedaba...

Se sintió obligada a complacerlo.No podía dejar de mover la raja. De enterrarse en el pico. De escucharlo gemir de placer al rodearle la pichula con su zorra apretadita. El macho que la estaba culiando era tan poderoso que dos mujeres le querían dar hijos. Sintió que no podía hacer otra cosa más que entregarse a un hombre de verdad.

Mi dueño le dió una nalgada fuerte.

Muevete puta. Dame placer con esa zorra virgen. Miarte puta, como te tengo. Te culié sin condón. Perra de mierda. Igual que a esta otra maraca. Las dos pendejas son mis putas. Eres una puta.

Sintió vergüenza, Se estaba entregando por completo a un hombre que la estaba usando, que la disfrutaría, la preñaría y la dejaría botada. Sería mamá soltera, caminaría embarazada, sola por la calle, La mirarían y sabrian que se la habían culiado y evaluado indigna, a ella y a su hijo. Que ni mezclados con un súper macho sus genes eran decentes.

Sabrían también que era caliente y puta, que le habían metido el pico sin condón, que era una pendeja tan caliente que no le había importado dejar que le metieran el pico así y la llenaran de semen, las mujeres la aborrecerían, y los hombres se le acercarían para ofrecerle sus pichulas calientes. Por que sabían que ya había probado pico y de seguro, como la dejaron tirada, debía estar deseosa de que la volvieran a culiar, una vez que prueban la pichula, había escuchado murmurar a los viejos agarrandose las pichulas, mostrandoselas a las mamás solteras, se vuelvan adicas. Sabían que ella estaría dispuesta a dejar que cualquiera le metiera el pico y la llenaran de semen, porque no podía quedar embarazada. Sabían que lo haría a cambio de promesas de seguridad, que no siempre cumplían. Sabía que lo haría por plata. Los viejos asquerosos del pueblo aplicarían el castigo que se les aplicaba en ese pueblo, desde antes de la llegada de los cristianos, a las madres que no querían cofesar la paternidad de su vastago.

La atracarían incluso con la barriga gorda de embarazada, le manosearían el culo y las tetas y nadie les diría nada. Le pasarían la lengua por la cara y le pondrian el pico en la cara. La gente Miraría hacia otro lado, mientras le pasaban la pichula edionda a pescado por las tetas, arrinconada contra un Kiosco o un automovil.

Los espectadires Se elejarían murmurando que se lo merecía, por puta. La obligarían a chupar esos picos. Se la culiarían donde la encontrasen. Se calentó al imaginarlo. Al imaginarse deseada y usada por los ancianos de la ciudad. Se sintió sucia, una pendeja maraca y caliente, como las actrices porno con las que se tocaba. Esas que agarran entre varios y les meten pichulas gigantes por todos lados. Sintió morbo. Se imagino caminando por el pueblo. Todos sabrían que se la habían culiado. Los hombres la mirarían con deseo. Como la habían mirado hoy. Cuanto cobra, Feñita, le había dicho al oido el dueño de la pizería. La verla pasar.

Ahora, Por maraca, ahora La podrían culiar sin condón. La buscarían. La obligarían. Le ofrecerían plata. Y se dio cuenta del placer que aquello la estaba haciendo sentir.

Preñeme papito, préñeme, dejame embarazada y conviértame en su puta jovencita. Quiero darle un hijo.Gimió. Siento su semen en mi zorrita, caballero, es tan caliente. Exclamaba la chiquilla. Y movió con aún más ganas la raja, ensartándose en el pico del desconocido que la había convertido en mujer, quien a pesar de haber acabado no dejó de penetrarla hasta que la pendeja se estremeció con un nuevo orgasmo, que la hizo sonreir con una felicidad desconocida hasta ese momento.

Cuando el hombre sacó la verga, la muchacha dió un suspiro. Se sintió vacía y abierta. Se tocó la vagina y donde antes entraba un dedo ahora cabían tres. Sin que le dijeran nada se dio media vuelta y se arrodilló.

¿Que se siente ser la puta de un viejo de 50 años, pendeja? Preguntó mi dueño, mientras la pendeja chupaba la pichula con una calentura que me dio envidia.

Chupaba pico como una puta enamorada. Lo chupa exquisito la pendejita.

Lo chupa mejor que tú la huasita, lo ves, mira como la succiona, maraca de mierda. Muestrame las tetas. Tocate puta. Yo lo hice, mientras el le agarraba la cabeza a la pendeja, cuya boca succionaba con sonoridad la exquisita pichula de mi hombre, los labios de la putita se apretaban en el tronco de la verga de mi macho.

Bajate las calzas y muestra la raja. Abrete las nalgas, quiero verte el oyo del culo. Obedecí.

Mira cabra chica. La pendeja miró sin dejar de chupar. Ves como se lo tengo de abierto. Le ves el orto a esta maraca. Ven mierda, Me dijo y me abrio la raja delante de la pendeja. Comenzó a meter y sacar dos dedos en mi culo. Me corrió mano, me pegó en las nalgas y me agarró del pelo para que mirara como la pendejita le mamaba la verga. Me va a ahacer acabar denuevo la cabra chica. Es la mejor chupada de pico que me han pegado en años, conchatumadre, me metió dos dedos en el culo. Empelotate pendeja de mierda, Me dijo rugiendo, Eyaculando nuevamente, en la boquita de la pequeña, quien tragó el semen con hambre y siguió chupando hasta ponerlo duro nuevamente.

Ven, perra, me dijo, me agarró de las nalgas, pegandome. Puso mi zorra en la cara de la niña, Chupa mi semen de la concha, pendeja. Chupa zorra maraca. La pendeja me hizo gemir de placer.

Luego él, se puso detrás mío, me abrió la raja y me enterró el pico, que estaba aún duro, sin lubricación me la metio con fuerza, te voy a rajar, puta, me hizo gritar. Pero ese dolor me gusta...

Parteme, rajame el orto papito. Lo enterró hasta el fondo sin piedad. Me dio vuelta y mostró mi oyo abierto, cagado y sangrante a la pendejita. Así te voy a dejar el culo. Entendiste. Mierda.

La chiquilla asintió.

La agarró del pelo, y la hizo lamerle el pico lleno de mierda y sangre.

Come mierda, putita. Come mierda.

La chuquilla me lo lamio con calentura ciega. Luego mi macho le enterró la cabeza entre mis nalgas, sobajendo su carita en mi ano.

Te voy a dejar el oyo del poto dado vuelta. Igual que a esta maraca. Comele el culo, come mierda. ¿Entendiste, pendeja?

La pendeja no podía hablar, le sacó la cara machada de sangre y caca de ente mis nalgas.

Contesta, mierda.

Lo que usted diga, caballero, Respondió la niña, sorprendida, asustada.

Mi hombre la agarró de las mechas, la levantó y la besó en la boca mientras le corría mano. Le metió un dedo en el culo. La hizo chillar.

Duele, duele. No, no lo haga, pare, porfavor.

Me encanta culiar pendejitas como tú. Putitas adolescentes que andan pidiendo pico con sus caras de caliente. Vestidas de puta. Mostrando la raja. Pidiendo a gritos que se las culeen. Te voy a reventar el culo por haberte vestido de puta callejera. Le abrió las nalgas y le metió otro dedo en el ano.

Me duelen sus dedos. No lo haga, porfavor.

Callate puta. Le metió y sacó los dos dedos. Te pasa por maraca. Aguanta conchatumadre.

La niña lloró.Mi macho Sacó los dedos y la hizo chuparlos con su Mierda.

Eres mi puta ahora, pendeja maraca. dilo. En voz alta.

Le dio una nalgada. Le tiro el pelo y la hizo mirarlo hacia arriba, le escupió la cara.

Soy tu puta. Dijo ella, lagrimas corriendo por sus mejillas.

Abrete la raja, perra de mierda. Le ordeno con una cachetada.

La quinceañera obedeció tiritando de miedo. No entendía lo que estaba pasando. Luego de tanto placer. Esto era dolor. No consentido. Sexo no consentido. Con sus manitos se separo las nalgas y dejo su apretado orto a la vista.

Maraca tragasemen, me dijo, come mierda. Muestrale como se comporta una verdadera hermbra...

Sí mi amor, dije por costumbre, con sumisión absoluta. Me agaché y comenzé a chuparle el culo a la niña. Yo Se lo lamía y le daba nalgadas.

Mi hombre la besaba, le corría mano, apretandola con violencia. Ahoracandola. Lamiendole la cara. PAsando su verga por el cuerpo, las tetas, los brazos, la cara.

Le puso las manitos en el pico.

Tocalo, pendeja. Todo este pico te voy a enterrar en el culo. Tocalo todo, recorrelo. Te lo voy a meter la pichula hasta los cocos. Convhatumadre.

Yo le enterraba la lengua en el ano. Que se contrajo y relajó de miedo. Mi macho le hablaba. Ella tocaba la verga y lloraba. Hasta qye su ano se soltó. Se cagó de miedo.

Me comí toda la mierda que soltó de miedo.

Sintiendo como se le contraía el esfinter de puro terro, se le relajaba y se cagaba, y luego volvía a las contracciones espasmpodicas, mientras palpaba la media pichula, sintiendo las venas, con sus deditos que no alcanzaba a rodearlo.

Vas a sentir que te cagas. Te voy a hacer salpicar caca. Le decía. Mi hombre. Te voy a dejar toda abierta.

Cuando la niña llegó a la enorme cabeza de la pichula. Lloró,

No, caballero, ya me desvirgó, mi vagina es suya, pero su pene es muy grande para mi ano, no voy a poder. Suplicó.

Te voy a culear a la fuerza. Maraca culia. Le dio una cachetada y la mechoneo. Te voy a violar. Puta de mierda. Le escupió la cara. Te va a doler. Le apretaba las tetitas. Te voy a rajar. Vas a sangar. Vas a querer arrancar. Pero no vas a poder.

Papito, porfavor, no, no me viole, no...

Tocalo, tocalo, recorrelo hasta los cocos, hasta los cocos te voy a enterrar este pico en el hoyo puta de mierda. Vas a pedir auxilio. Pero nadie te va a escuchar. Vas a llegar toda cagada a tu casa. Sangrando por el culo.

Mi mamá me va a pegar por puta. Lloraba. Me va a oler, y revisar los calzones... y me va a pegar...

Callate mierda. La cacheteo nuevamente.

La di vuelta y la sostuve firme.

Soy su puta, caballero pero el poto no. Se los ruego...

Mi hombre acomodó el gande en el culito. De un empujón Le enterró la cabeza del pico en el ano.

El esfinter se rajó.

La pendeja chilló y lloró.

Me raja. Me raja. Duele, de verdad duele. Movia la raja tratando de sacarselo. De arrancarse.

Mi hombre La agarró firme de la cintura.

Llora pendeja. Llora. Que me calienta tu llanto. Volvió a empujar. Entró hasta la mitad.

Me violan, ayuda, porfavor, me estan violando. Chillaba desesperada. Aterrada.

Me la tines como fierro con ese llanto de miedo y dolor, llora, pendeja, sufre. Ahora te va a entrar completo.

Al tercer empeñón entró entero. Los enormes testículos rebotaron en sus nalgas.

Ella Dio un alarido.

Para, para. No te muevas. Eso. LLoraba la pendeja. No lo muevas.

Mi macho hizo palpitar el pene.

Duele, duele, chilló. eso duele. Saquelo, porfavor. No quiero, dije que no, me duele, lloró...

Nada como abrirle el culo a una pendejita dijo mi macho y comenzó a meter y sacar el pico lento.

La pendeja gritaba,

Mira como te disfruto el recto. Te estoy desvirgando el ano. Maraca. Siente Como mi pichula te abre entera.

Le metía y sacaba la verga disfrutando con calma cada milimetro de recto, de la sensación que le provocaba ese apretado esfinter, y los gritos de la pendeja. Le agarraba las tetas.

Pendejita rica le decía, y le pegaba. Siente mi media pichula.

Ya No, lloraba, no, Los voy a denunciar Por violacion. Comenzó a gritar, lagrimas corrían por sus mejillas. Los van a meter presos por violarme el ano. Se envalentonó.

Yo le di cachetadas, una tras otra. Aguanta puta. No te gustó que mi hombre te desvirgara. No tuviste orgasmos que te hicieorn sentir mujer.

No, no, porfavor, no aguanto, no puedo, decía la niña. Lagrimas corrian por las mejillas de la jovencita,

cullo llanto ponía la verga que la enculaba más dura.

Mi hombre Le dio nalgadas brutales. Y luego embestidas bestiales.

Pide ayuda, grita, eso mierda... no, no, pare, señor... detengase... Mamá, ayuda, me raja señor, estoy sangrando, no, piedad, me duele....

La pichula se le ponía más dura. Se le inflaba.

Me encanta reventar culo de apretado de escolares como tú. Y violarles la raja. Me calienta tu llanto De cabrita chica. Le decía, mi ombre, gimiendo de placer metiendo y sacando su pichula. Las busco niñitas como tu para rajarles el culo. Llora maraca, Llora.

Con más fuerza le enterraba el pico.

Llora pendeja conchatumadre. Llama a tu mamá. A tu papito. Los dos te van aencontrar con la raja reventada. Le decía y se lo metía con fuerza. Los chillidos eran ahora ininteligibles. Mi hombre comenzó a culiarla sin piedad. Te estamos violando, cabra culia caliente, te estoy rajando el culo y no puedes hacer nada.

Así me lo reventó cuando me conoció. Le dije. Y le hablé a mi macho. Rajala.para que aprenda. Rompela, por caliente. Quiero verla llorar. Hazla salpicar mierda a esta mostazera culiá...

Siento que me cago, no puedo apretar, se me sale la mierda. Logró decir, Lloriqueando. Sangre y mierda salpicaban del culo virgen para todos lados.

Mirate maraca. Le dije yo, desatando todos mis celos, te dejaste desvirgar la zorra y el ano por un viejo que ni conoces. Estas salpicando mierda y sangre como los maricones.

La chiquilla ya no podía gritar. Lloraba, sollozaba.

Te pasa por caliente, perra conchadetumadre. Por calentar a un macho de verdad. Si queres ser su puta, deja que la pichula te llene la raja. Dale placer a tu hombre con esa rajita rica que tienes. Cagate, deja que tu macho te saque caca con la pichula, deja que humille. Mueve la raja llorona conchatumadre. Le decía tirándole el pelo y escupiendola. Te estan llenando el intestino de pichula, como a las putas baratas. Te va a dar vuelta el oyo, te va a quedar la raja colgando.

Su rostro era una mezcla de dolor y miedo. Imaginaba su recto colgando entre las nalgas. Las enfermeras del sesfam la harían pasar a un box, la costarían en una camilla con la raja al aire, el culo colgando a la vista. Le mostrarían a todos en el centro hospitalario como le habían dejado la raja. Esparciendo el chisme. Enculada en público. Le entra todo a la maraca. Le entra todo. Dirían a sus espaldas. Por caliente me pasa, por maraca, pensaba. Lloró sollozando. Porque una pichula le estaba abriendo la raja, Y ella no podía hacer nada. Le estaba pasando por caliente. Por asquerosa. Por dejar que ese viejo tan guapo la desvirgara en la caseta, en su trabajo. Por dejarse tocar por esas manos que la hicieron acabar acariciando su clitoris. Por disfrutar de los besos de ese hombre experimentado. Por mirar como tenía a su pendeja maraca y adivinar que era bueno en la cama. Por que con la mirada, ella le rogó al hombre que se la culiara.

Y cuando le dijo que la reculiaría. Ella dijo que le hiciera lo que quisiera. Ella lo pidió. Sus deliciosos labios de fresa tiritaban deformados. Soltaba suspiros ahogados.

Mi macho comenzó a enterrarle la pichula en el ano de forma brutal y veloz.

Su frente juvenil, se arrugaba en una mueca de angustia, perlada de frío sudor, en el cual se pegaban mechones de pelo rojo. El terror vibrava hermoso en sus cejas, revelando la precaria resistencia que ofrecía su voluntad por defender su dignidad, Pude ver, la apretura de dientes, que se produjo al final de su lucha y la tristeza que precede a la entrega total. Soltó. Dejó de luchar...

Hagame lo que quiera, caballero, hagame lo que quiera pronunció en un susurro.

EL recto de la pendeja se relajó.

Mi hombre la agarró del pelo y no paró de enterrar y sacar. Cada vez con más fuerza. Hasta que ella lo experimentó

Sus ojos se abrieron de par en par al sentir el cambio que venía, como una ola a la distancia. El dolor se ensordeció por un segundo. Toda la energía acumulada por la tortura previa, la tensión de la resitencia, el miedo, se habían acumulado hasta sobrecargar su sistema nervioso, y al momento en que dejó de resistir, esa energía explotó estremeciendola por completo. El dolor se convirtió en el placer más intenso que la pendeja hubiere experimentado nunca. Sintio que llegaba al cielo.

Vi un espectaculo Que pocas veces me ha tocado prescenciar. La pelirroja perdía la voluntad y el control sobre sí misma. Entro en un transe orgásmico. El ano se apretaba y relaba solo en torno a la pichula, que se le puso como fierro al ver su obra maestra.

La pendeja carcajeaba.

Mi culo es tuyo. Soy tu mujer, mi amor, No dejes de enterrarmela en la raja. Te amo, gritaba, te amo.

Su cuerpo se retorcía entero. Su recto se contraía aprentando la verga en la salida, como succionando el pico con en culo.

Enterrarme tu pene. Sus caderas danzban como las una odalisca. La quincealera pelirroja empezó a enterrarse sola en el pene.

No pares, mi amor, no te detengas porfavor. Me voy, me voy, otra vez es otrp orgasmo anal. Chillaba con una sonrisa de oreja a oreja.

La pendeja no,paraba de apretar el ano en espasmos incontolables, lo que calentaba más y más al viejo. La pendeja Comenzó a mover el culo en círculos, con el pico enterrado en el ano.

Soy tuya, soy tuya, gemía ahora. Soy su puta. Soy su puta. Tengo todo el pico metido en la raja.

La pendeja aumentó la velocidad, sus piernas se estremecieron.

Estoy acabando por el poto. Estoy acabando por el poto, decía. Sorprendida y caliente.

Su esfinter virgen de jovencita se contraía un nuevo tren de orgasmos, en torno a la verga enorme del hombre de 50 años que rugía de placer. La agarró de las caderas y la levantó. Solo puedo describirlo así.

La tomó de la cintura, y en vilo comenzó a enterrarsela. La chiquilla gritaba en una mezcla de miedo, sorpresa y calentura. El hombre la estaba reculiando, gozandole el poto y no había nada que ella pudiese hacer. La tenía en el aire, sus poderosos brazos la levantaban y la dejaban caer con brutalidad, el pene enorme y gordo en en recto, la chica sentía que la pichula le llagaba hasta la garganta. Sintió el semen llenarle el recto. Mierda, leche y sangre salpicaban por todos lados.

Me cago, me cago, gemía. Mientras la pichula entraba y salía de su raja. Mi hombre tuvo un orgasmo intenso. La bajó y la apoyó contra el mesón y la siguío enculiando. Luego de un buen rato, le sacó el pico aun duro del reventado recto y se lo puso en la boca.

La pendeja chupó suspirando, con los ojos cerrados, moviendo el cuello para tragarlo todo, apresando el tronco con los labios, llenandose la boca con verga, mierda, sangre y semen. Yo me agaché tras ella y le chupe la leche de mi hombre de la raja. La pendeja mamo verga hasta que por fin el pene perdió turgencia.

Mi hombre se lo pasó por la cara antes de guardarlo en su pantalón. Atendimos la caseta mientras ella se recuperaba. Hasta que llegó su mejor amiga. Una pendeja esbelta, una mezcla de croata y mapuche, vestida con un disfraz de enfermera comprado en un sexshop de la ciudad que estaba a dos horas, un poco más grande que aquél pueblo...
 
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