Una Gorda Madura Caliente

heranlu

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Poco tiempo después de mi divorcio comencé a ir nuevamente al gimnasio ya que en los últimos años, entre el trabajo y la insoportable de mi ex, no había practicado actividad deportiva alguna y mi cuerpo me lo estaba pidiendo.

El caso es que debido a mis horarios podía ir a última hora de la noche. Llegaba alrededor de las nueve y permanecía allí hasta las diez y media que era la hora en que el gimnasio cerraba. Para esa hora prácticamente no quedaba nadie y podía disfrutar de los diferentes aparatos casi en exclusiva. Apenas éramos tres o cuatro los que estábamos en ese horario y muchas veces el profesor se desentendía de nosotros y se dedicaba a ordenar todo para el día siguiente en la planta de abajo.

Al mes de estar yendo comenzó a ir una señora de 47 años, con un poco de sobrepeso que se le había sumado al que ya había adquirido en sus dos embarazos.

Con Esther, que así se llamaba, congeniamos casi desde el primer día. Creo que se debió a que los otros dos o tres chicos que iban en ese horario no pasaban los veinte pocos años y por eso quizá se sintió más identificada conmigo. Además encontramos comunes nuestros gustos por el cine y la música, lo que nos dio tema para hablar muchas veces.

He de decir que tengo 32 años y que si bien estoy peleando para sacarme unos kilos de más que adquirí en el último tiempo, siempre me han dado menos edad. Incluso Estela creía que yo andaba por los 28 o 29.

Ella a sus 47 no estaba tan mal. Muy linda de cara, con unos ojos verdes hermosos, se le notaba el paso del tiempo y los embarazos en un abdomen con exceso de grasa que quería eliminar. Era de estatura baja, sus piernas gorditas, un lindo par de senos que si bien no eran grandes estaban todavía bastante bien. Y coronaba todo con un excelente trasero. Grande y más que apetecible, que me llamó la atención desde el primer día.

Al principio sólo hablábamos acerca de los ejercicios que debía realizar, generalmente me consultaba sobre los pesos a utilizar y la forma de hacerlos. Pero con el paso de los días fuimos conociéndonos más y tocándonos temas más personales. Sobre todo a última hora cuando solíamos quedarnos solos. Me parece que en esos momentos ella se sentía más libre y cómoda de contarme sus cosas.

Así fue que me enteré que trabajaba como ejecutiva de cuentas empresariales en una mediana empresa que según ella "luchaba por pasar a ser una gran empresa, pero le resultaba más que difícil".

También pude saber que tenía dos hijos y un marido por el que había comenzado a hacer ejercicio para ver si le empezaba a prestar más atención. Aparentemente en el último tiempo la relación se había enfriado bastante y Esther estaba buscando la forma de que volviera a ser lo que eran anteriormente. Ya que según me comentó eran bastante fogosos los dos y ahora estaba extrañando bastante esa época.

Luego de estos comentarios comencé a verla de otra forma. Cada vez que podía le miraba el gran culo que tenía que lucía mejor aún apretado en esas licras deportivas y que además marcaban el contorno de su ropa interior que era siempre de un tamaño tirando más bien a pequeño y que se le metía en su hermoso culo. También aprovechaba a mirar su entrepierna cuando los ejercicios así lo permitían. Claro que hacía todo esto de la forma más disimulada posible. Además muchas veces al verla hacer algún ejercicio me la imaginaba en la cama y me cada vez más la idea de que debía ser muy buena en el sexo.

También empecé a prestar más atención al hecho de que ella también me miraba y en más de una oportunidad pude ver como me miraba a través de los espejos al mismo tiempo que yo la veía a ella. Esto siempre terminaba en un lindo cruce de sonrisas y la vuelta al trabajo. El tiempo que aprovechábamos para hablar era el de los descansos entre ejercicio y ejercicio.

Todo marchaba dentro de esta situación hasta que sucedieron dos cosas que me hicieron ver que la cosa podía ir a más.

Lo primero fue un día que enseguida de quedarnos solos me dijo que creía haber descubierto el por qué del enfriamiento de la relación con su esposo. Me dijo que se había dado cuenta de que su esposo tenía una amante. Y casi enseguida me preguntó que me parecía y que tenía que hacer.

  • Creo que como primera medida no debes abandonar los ejercicios. *contesté tratando de distender un poco la situación. Esto no le resultó nuevo ya que suelo hacer muchas bromas y en el caso de ella no era una excepción y solía reírse bastante con mis comentarios*
  • Sos un tonto!!! mira que te cuento lo que me pasa y me sales con una tontería de estas. *dijo sonriendo*
Poniéndome lo más serio posible le dije:

  • Hablando en serio. ¿Estás segura de esto o son suposiciones tuyas?
  • Segura al 100% no. Pero mirá que cuando las mujeres sospechamos algo seguramente estamos en lo cierto. Generalmente no nos equivocamos en cosas de este tipo.
  • Me parece que estás viendo mucha ciencia ficción.
  • ¡Sos malo! Te cuento mis problemas y te ríes de ellos. Y ni siquiera me contestas lo que te pregunto. *dijo Esther al tiempo que hacía un gesto como de llorar, similar al que hacen los niños y acompañándolo de una sonrisa que me resultó más que sensual y que buscaba complicidad*
  • Creo que lo que puedes hacer primero que nada es asegurarte de que sean ciertas tus sospechas y no debes de dejar el gimnasio.
Ella volvió a sonreír y yo la acompañé.

La conversación quedó por ahí ya que el instructor nos vino a avisar que iba a cerrar y que debíamos irnos.

Al salir ella me agradeció el haberla escuchado a pesar de mis bromas. Ese día nos despedimos por primera vez con un beso en la mejilla. Y a partir de allí nos saludamos con un beso en la mejilla cada día.

El segundo hecho sucedió un par de semanas más tarde. Ya nos habíamos quedado solos, Esther estaba usando un escalador y yo estaba en el piso haciendo una serie de abdominales y por supuesto disfrutando de tan hermoso trasero.

En un momento ella, sin dejar de hacer el ejercicio, se dio vuelta y pudo ver como mis ojos se encontraban clavados en su trasero, entonces dijo:

  • ¡Cómo te gusta mirar! *al tiempo que me lanzaba otra de sus sonrisas habituales*
Yo, que no me esperaba para nada esta situación, sólo atiné a decir:

  • Es que me encanta la vista.
Estela volvió a sonreír y dijo:

  • Es el mejor chiste que dijiste en la noche.
  • Pero yo estoy hablando en serio.
  • ¿Así? ¿Y qué tan linda te parece la vista?
  • Divina.
  • Bueno entonces me voy a dar vuelta así miras tranquilo. Pero no te distraigas mucho y termina pronto lo que estás haciendo que yo también voy a terminar pronto.
Ambos continuamos con lo nuestro. Yo no podía quitarme de la cabeza lo que me había dicho y por supuesto que además seguí mirando ese precioso culo. Esther me miraba por el espejo, me sonreía pícaramente y se inclinaba lo más que podía poniendo su culo lo más alto que podía al tiempo que se acomodaba su ropa interior de forma que se le metía hasta perderse en su culo.

No lo podía creer, tenía a una mujer con un culo hermoso que se me estaba insinuando y yo me había quedado demasiado callado. Por otra parte no quería apurar la situación por miedo a que ella fuera de esas histéricas que primero se insinúan y luego te montan una escenita cuando les propones algo. Para mi suerte ella no se quedó callada.

Yo me había puesto a hacer pecho en el banco plano y ella estaba en frente usando una de las máquinas para los brazos, cuando dijo:

  • Esto si es justo. Ahora me toca a mí tener una linda vista.
A mí casi se me cae la barra al oírla y más aún cuando levantó la cabeza y la veo con su vista clavada en mi paquete.

  • A vos también te gusta mirar o ¿me equivoco? *dije cuando terminé la serie que estaba haciendo*
  • Siempre es lindo ver cosas lindas. Y para que te lo voy a negar, me gusta lo que estoy viendo. *dijo sin dejar de hacer sus ejercicios*
  • Bueno, entonces disfruta de la vista.
  • Por supuesto si de eso se trata. *sentenció Esther a la vez que me lanzaba una mirada que parecía comerme*
Yo otra vez me volví a quedar pasmado y con la boca cerrada.

Al cambiar nuevamente de ejercicio ella se colocó en otro aparato en el cual quedaba con su culo hacia arriba. Yo me coloqué en el aparato de al lado y me dediqué a mirarle el culo ya sin ningún tipo de reparos.

Esther acomodó su cabeza hacia el otro lado y me miraba por el espejo. Era su manera de invitarme a mirar sin miedo.

En ese momento decidí jugarme al todo o nada y suavemente, casi con descuido apoyé mi mano en su culo. Ella se estremeció al primer contacto, pero casi enseguida me sonrió, me guiñó un ojo y cerró sus ojos para dejarme hacer a gusto.

Lentamente comencé a recorrer su culo con mis manos, poniendo especial esmero en la parte en que su ropa íntima se perdía. Me sorprendió lo durito que estaba ya que yo me lo imaginaba más fofo. Así estuvimos unos minutos hasta que ella me dijo:

  • ¿Qué te parece?
  • El más hermoso que he tocado.
  • Bueno, apúrate a disfrutarlo antes de que venga el instructor.
  • ¿Lo estás disfrutando?
  • Mucho.
Me dediqué entonces a disfrutar del momento, que por cierto hacía tiempo que deseaba que sucediese.

Seguía acariciando de arriba abajo esa hermosura de trasero al tiempo que cada vez me acercaba más a la entrepierna. Ya podía sentir en mis manos el calor que emanaba de su vagina cuando siento que una mano comienza a recorrerme la pierna hasta llegar a mi verga. La acaricia suavemente y luego la agarra con fuerza. De más está decir que estaba empalmado al máximo.

  • ¿Te gusta?
  • Más de lo que creía.
  • Entonces disfrútala todo lo que quieras.
En ese momento Estela se levantó y quedó parada frente a mí. Volvió a agarrar mi verga y me besó tiernamente.

Yo le correspondí y comenzamos a besarnos cada vez con más pasión. Nuestras lenguas recorrían nuestras bocas y se entrelazaban luchando por darle al otro el mayor placer posible.

Comencé a acariciar su culo nuevamente, sólo que esta vez lo hice por dentro de su licras. Mis manos jugaron un poco con su culo. Luego comencé a acariciarle su ya más que húmeda vagina. Me sorprendió encontrarla casi depilada por completo, apenas algunos vellos adornaban su monte de Venus. A todo esto Esther ya jugaba con mi verga por fuera de mis pantalones. Se sentía dueña de ella y disfrutaba tanto como yo del juego.

Nuestras bocas parecían querer devorarnos mutuamente fundidas desde hacía un buen rato en un prolongado y caliente beso.

Esther comenzó a masturbarme lentamente deteniéndose por momentos a jugar con mis huevos.

  • Me encanta tu pija. *dijo casi en un susurro*
Por mi parte empecé a jugar con su vagina metiéndole primero un dedo y luego otro para masturbarla. Ella trataba de controlar sus gemidos por miedo a ser descubiertos. Por suerte la música que siempre había en el gimnasio fue nuestra cómplice.

Con mi pulgar empecé a acariciarle el clítoris que se encontraba hinchado por la excitación al tiempo que con mi otra mano jugaba con su ano metiendo la punta de uno de mis dedos.

Ella disfrutaba de esto al tiempo que aumentaba el ritmo de la paja que me estaba haciendo. Pensé que me acabaría pronto si ella mantenía ese ritmo, así que la di vuelta la apoyé en uno de los aparatos, la incliné de manera que quedara toda su mojada conchita a mi disposición y de un solo movimiento la penetré. Esther arqueó su cuerpo aún más para facilitar la entrada de mi verga. Comencé a moverme lentamente dentro de ella al tiempo que le tomaba las tetas y se las sacaba del sujetador para sobarlas a gusto. Al igual que su culo me resultaron más firmes de lo que esperaba.

Poco a poco fui aumentando mi ritmo hasta llegar a penetrarla casi en forma salvaje y desesperada. Ambos lo deseábamos y lo necesitábamos desde hacía rato.

Esther pedía más y me decía que no parara.

No tardó mucho en acabar. Sentí como su cuerpo se contraía por unos segundos, para luego relajarse al tiempo que su vagina se inundaba de jugos que bañaron mi pija. Me detuve por unos segundos y luego volví al ataque. Ahora era yo quien necesitaba acabar ya que mis huevos parecían que iban a explotar.

Aumenté todo lo que pude mi ritmo y en un par de intensos minutos pude sentir el delicioso placer del orgasmo. Mi semen inundó su vagina con varios chorros que parecían no terminar.

Nos quedamos en esa posición unos minutos como queriendo prolongar lo vivido, pero fuimos interrumpidos por el instructor que desde la planta baja nos avisaba que era la hora de cerrar.

Esther pegó un salto al oír su voz y se acomodó la ropa en tiempo récord. Yo sólo atiné a reírme de la gracia que me causó.

Nos dimos un último beso antes de salir y nos prometimos no ir al gimnasio al día siguiente. En su lugar nos encontraríamos para hacer otro tipo de ejercicios más entretenidos.

Habíamos quedado con Esther en encontrarnos al día siguiente de nuestro primer encuentro, para seguir practicando "nuestro ejercicio favorito".

La cita era a las ocho de la noche. Ambos quedamos de acuerdo en salir un poco antes de nuestros respectivos trabajos para tener un poco más de tiempo que el habitual, para ir al “gimnasio”.

Estuve toda la tarde ansioso como un adolescente antes de su primera cita. Recuerdo que casi no pude concentrarme en lo que estaba haciendo. En base a eso alegué que no me sentía del todo bien y eso me sirvió como excusa para salir más temprano aún.

Sobre la media tarde recibí un llamado de Esther.

  • Hola ¿Cómo estás? *Resonó su simpática voz al otro lado del teléfono*
  • Con muchas ganas de verte.
  • Yo también. No veo la hora de poder irme. *dijo con voz de niña mimada*
  • ¿Hacemos como dijimos ayer?
  • Si.
  • Entonces un beso y hasta pronto.
  • Muchos besos también para ti guapetón.
En el poco tiempo que tuvimos para despedirnos la noche anterior habíamos resuelto que para evitar cualquier tipo de complicaciones, ambos íbamos a ir al estacionamiento de un centro comercial cercano, y que una vez allí Esther dejaría su auto y saldríamos en el mío.

La idea era más que nada porque Esther tenía miedo de que la viera alguna de sus amigas o de los amigos de su esposo en su auto con otro hombre.

Además al ser muy concurrido el centro comercial, si alguien reconocía el auto de ella y no la veía dentro no sospecharía nada ya que la cantidad de gente que asiste en esas horas es mucha y encontrar a alguien se hace muy dificultoso.

Yo salí bastante antes de mi trabajo, así que resolví pasar primero por mi casa a cambiarme y darme una ducha.

El baño tibio me sirvió para relajarme un poco. Aunque en todo momento pasaban por mi cabeza los momentos vividos la noche anterior, la imagen de Esther y todas las ideas acerca de lo que pasaría en nuestro encuentro, lo que volvía a ponerme a mil.

Un rato antes de lo pactado llegué al estacionamiento y me quedé a la espera de su llegada. Los no más de cinco o diez minutos de espera me parecieron interminables.

Ella llegó en su auto, lo estacionó a pocos metros del mío y casi corriendo se subió al mío.

Nos dimos un tierno beso en los labios, como si fuésemos una pareja de mucho tiempo. Casi enseguida me pidió que arrancara.

  • ¿Estás muy nerviosa? *pregunté, tratando de tranquilizarla y por qué no de tranquilizarme a mí también*
  • Bastante… *contestó intentando ensayar una sonrisa que me tranquilizara*
  • Tranquila ya estamos aquí juntos.
  • Es la primera vez que hago algo así, pero no te preocupes que ya se me va a pasar.
Iniciamos así el viaje hasta el motel más cercano. Al llegar pedí una habitación de las mejores que tuvieran. Esther se merecía eso y mucho más.

Al entrar a la habitación pude observar detenidamente a Esther. Llevaba un conjunto de chaqueta y falda (apenas por arriba de las rodillas), una blusa de seda que apenas dejaba transparentar algo de la ropa interior, zapatos de taco fino y medias opacas que completaban su elegante estilo. La veía así y me gustaba aún más que la noche anterior.

No perdimos el tiempo. Sabíamos muy bien a que veníamos y lo que queríamos. Así que enseguida de llegar nos abrazamos y comenzamos a besarnos.

Rápidamente le quité su chaqueta, para comenzar a acariciar sus pechos por encima de la blusa.

Sin parar de besarnos, nos dejamos caer en uno de los sillones que allí había. A estas alturas la intensidad de los besos era mucha. Nuestras lenguas volvían a recorrer todos los rincones de nuestras bocas y a entrelazarse indefinidamente al igual que la noche anterior.

Estela me abrió la camisa y comenzó a acariciar mi pecho. Poco a poco comenzó a bajar su mano hasta llegar a mi entrepierna. Al llegar a mi paquete lo agarró con fuerza y comenzó a sobar con la misma intensidad que el día anterior. Mientras tanto yo ya jugaba con uno de sus pezones, apretándolo entre mis dedos.

Por un momento dejé de besarla para posar mi boca en sus pechos. Los besé, chupé y mordisqueé a gusto, acompañado por los suaves gemidos de Esther que me pedía más y más. Al mismo tiempo empecé a acariciar sus piernas y muslos hasta posarme sobre su ardiente vagina. Noté su humedad y calor, señal inequívoca de que estaba pronta para más.

Así fue que rápidamente la desnudé, dejándola sólo con la pequeña tanga blanca que traía puesta y que se perdía debajo de sus sexys rollitos. Ella hizo lo propio conmigo. Al bajar mis pantalones y mis boxers mi verga salió como disparada mostrando toda su dureza y esplendor.

Al verla Esther no lo dudó y agachándose comenzó a besarla y a metérsela en la boca, para comenzar a darme una mamada como nunca antes había recibido. Mordisqueaba la cabeza de mi pija, la chupaba, lamía todo el tronco hasta los huevos y se la metía todo lo que podía en la boca. Un mar de sensaciones placenteras invadía mi cuerpo. Era increíble el placer que me estaba dando. Por momentos aceleraba el ritmo y yo creía que iba a acabar, pero con toda su experiencia sabía bajar el ritmo para que esto no pasara y pudiera disfrutar más aún.

Después me confesaría que le gustaba mucho chupar la pija y que en una época su marido se lo pedía casi a diario, de ahí su sapiencia a la hora de comerse una verga.

Yo estaba a punto de acabar pero no quería hacerlo aún, así que la tomé de los brazos y la llevé hasta otro de los sillones. Le quité la tanga que a esta altura estaba empapada de sus jugos, la senté en el sillón colocando una pierna en cada reposabrazos de forma que quedaba totalmente abierta de piernas y con su concha a mi total disposición. Su conchita lucía prolijamente depilada. Apenas unos pocos pelos en el monte de Venus le daban un toque por demás sexy. El resto estaba completamente rasurado.

No tardé nada en hundir mi boca en esa hermosa concha, caliente y jugosa. Lamí de arriba abajo abriendo sus labios un par de veces. Luego me ayudé con mis dedos para abrir aún más y meter mi lengua lo más que pudiese. Pasé luego a dedicarme a comerle el clítoris. Lucía rosado y durito y ante cada contacto con mi lengua hacía que Esther se estremeciera. Lo besaba y chupaba aumentando el ritmo cada vez más. Acompañaba esto metiendo un par de dedos en su concha y moviéndolos hacia adentro y hacia fuera.

Esther gemía y pedía más. Me pedía que la cogiera ya que no quería esperar más. Pero yo no estaba dispuesto a hacerlo todavía. Quería hacerla gozar al máximo y entonces continuaba con mi comida de concha.

Ella me acariciaba la cabeza y me la apretaba contra su concha aumentando de esta forma el placer que le estaba dando. Incluso comenzó a mover sus caderas como si estuviera cogiéndola con mi lengua y mis dedos. Con otro de mis dedos comencé a jugar en su ano. La mezcla de mi saliva y de sus jugos sirvió de lubricante y pronto lo hundía profundamente. Podía sentir a los otros dedos que taladraban su concha. Estaba siendo doblemente penetrada por mis dedos y vaya si lo gozaba. Ella acompañaba todo esto sobándose las tetas.

De pronto bajó sus piernas de los reposabrazos y las usó para rodear mi cuerpo. Me apretó fuertemente al tiempo que su cuerpo se tensaba y comenzaba un intenso y prolongado orgasmo. Una ola de jugos inundó su vagina. Yo absorbí todos los que pude sin retirar ninguno de mis dedos.

Se quedó unos segundos quieta. Luego dio un gran suspiro, se incorporó, me tomó la cabeza y me dio un gran beso. Entonces con los ojos inyectados en lujuria me dijo:

  • Vamos a la cama... Quiero sentir ese vergón tan divino que tienes dentro mío.
Hacia allí fuimos. Ella me tendió en la cama, se subió sobre mí y comenzó a besarme. Parecía que me quería comer en cada beso. Yo coloqué mi pija en la entrada de su vagina y comencé a recorrerla sin meterla. Esto parecía que la enloquecía porque sus besos se intensificaron más aún.

  • Dale. Metemela ya!!! No seas malo!!! *pedía Esther con un tono desesperado*
Como no le hacía caso, ella misma agarró mi pija, la acomodó en la entrada de su vagina y en un rápido movimiento se la metió toda. Comenzó a moverse cabalgándome, sentía como mis huevos chocaban contra su culo. A pesar de estar un tanto gordita tenía una agilidad admirable que le permitía inclinarse hacia delante para que le chupara las tetas.

Yo alternaba, por momentos le chupaba las tetas y por momentos la besaba. Ambos gemíamos y nos movíamos como queriendo darle al otro el mejor orgasmo de su vida.

También por momentos le ponía un par de dedos en su boca y ella me los chupaba con la misma maestría con que había chupado mi pija. Una vez que estaban bien ensalivados la traje hacia mi y mientras la besaba le metí los dos dedos en su culo. Ella se estremeció y en ese momento explotó en un nuevo orgasmo. Se recostó sobre mí y me volvió a besar. Esperé unos instantes, la di vuelta y la coloqué en cuatro patas. Su culo lucía espectacular y en su concha se podían observar los restos del reciente orgasmo.

Sin dudarlo un segundo la penetré por su concha. Comencé a bombearla con todas mis fuerzas, quería arrancarle otro orgasmo antes de que yo acabara. Ella lejos de estar satisfecha pedía más y más. Unos minutos después sentí como nuevamente su concha se llenaba de jugos al tiempo que Esther decía:

  • Me acabo mi amor!!! Me acabo otra vez!!! No pares!!!
Su cuerpo volvió a relajarse y yo continué bombeando un poco más. Luego me retiré de su vagina y coloqué mi verga en su ano. Comencé a penetrarla lentamente. Sentía como mi verga se introducía en su culo centímetro a centímetro hasta entrar por completo.

Luego empecé a bombear lentamente. Sintiendo como mi verga recorría todo su culo. Estela suspiraba profundamente y se quejaba. Le pregunté si quería que se la sacara y me dijo:

  • Si me la sacas te mato!!!.
Entonces aumenté mi ritmo, hasta llegar casi al mismo ritmo que tenía cuando lo hacía por la concha.

No aguanté mucho más y comencé a acabar llenándole el culo con mi leche que estaba más que caliente. Me descargué dentro de ella como nunca antes lo había hecho. Permanecí unos instantes más dentro de ella y luego me retiré.

Estuvimos acostados, abrazados y besándonos como dos recién casados en su noche de bodas por un buen rato. Esther me acariciaba y me decía todo lo bien que lo había pasado. Yo le correspondía también con besos y caricias.

Poco a poco los tiernos besos se fueron transformando en besos cada vez más apasionados demostrándonos que ambos queríamos y estábamos prontos para más.

Comencé a masturbarla nuevamente como antesala de una nueva penetración. A medida de que aumentaba el ritmo ella iba aumentando su excitación. Cuando estaba a punto de acabarse nuevamente me coloqué sobre ella y la penetré.

Casi automáticamente Esther me envolvió con sus piernas y con firmeza me llevó más hacia ella. Con sus manos acariciaba mi espalda y mis nalgas. Yo me dedicaba a comer sus pechos y su boca. Habíamos adoptado una posición bastante más romántica aunque la intensidad y el deseo eran los mismos que al principio.

Mantuvimos esta posición por un rato. Luego la tomé de las piernas y me las coloqué en los hombros de forma de realizar una penetración aún más profunda. Aceleré mi ritmo al sentir como el cuerpo de Esther comenzaba a dar señales de estar cerca de un nuevo orgasmo. Pronto los dos estallamos nuevamente en un espectacular orgasmo compartido.

Dejé caer todo mi cuerpo sobre ella que sonreía y acariciaba mi cabeza. Estuvimos así unos instantes hasta que Esther me invitó a ir al jacuzzi.

El agua tibia sirvió para relajar nuestros cuerpos. Ambos nos dábamos besos y caricias, alternándolos con palabras dulces.

Esther me dijo que quería hacerme un regalo y me pidió que me pusiera en el borde del jacuzzi. Ella se colocó entre mis piernas y comenzó a chuparme la pija nuevamente. Dudé que pudiera alcanzar una nueva erección tan pronto, pero la experta boca de Estela logró lo que yo creía imposible. Cuando logró su cometido, la colocó entre sus tetas y comenzó a masturbarme con sus tetas mientras me la chupaba. Además para hacer esto más placentero cada tanto pasaba una de sus manos por mis huevos.

No podía creer lo que estaba viviendo. Estaba gozando al máximo nuevamente y no quería que esto se terminara.

Esther iba aumentando paulatinamente el ritmo de su mamada. Se notaba que le gustaba lo que estaba haciendo. De pronto hizo algo que me sorprendió, empezó a jugar con uno de sus dedos en la entrada de mi ano. La dejé que siguiera ya que la sensación de su dedo allí era placentera. Poco a poco fue metiendo el dedo en mi culo. Yo me quise retirar pero ella dijo:

  • No te preocupes mi amor, te voy a dar la mejor acabada de tu vida.
Y diciendo esto continuó metiendo su dedo mayor en mi culo. Cuando lo tenía todo dentro comenzó con un movimiento circular que al principio me molestó un poco pero que de a poco fue gustándome. Por supuesto que hacía esto sin dejar de mamarme la verga.

Unos minutos después empezó con un mete y saca de dedo en mi culo que junto con la mamada hicieron que mi verga comenzara a tirar varios chorros de semen. Esther no desaprovechó ni una gota de mi acabada. Era increíble la expresión del rostro, nunca había visto tanta lujuria en una mujer. Repasó sus labios con su lengua empapada en semen. Luego me tomó de la cabeza y me besó compartiendo conmigo el fruto de tan hermosa chupada de pija.

Permanecimos un rato más en el jacuzzi y luego, aunque los dos lo lamentamos mucho, tuvimos que irnos.

Al despedirnos en el estacionamiento del centro comercial nos prometimos más noches como esta, pero que al día siguiente iríamos al gimnasio de lo más normal.
 
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