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Una Buena Comunicación entre Madre e Hijo - Capítulo 001
Antonio estaba en clase de cálculo de estructuras, aburrido, cuando le vibró el móvil que tenía en el bolsillo. Con disimulo para que el profesor, que estaba cinco filas más abajo de la clase en forma de anfiteatro de la facultad no se mosqueara, sacó el teléfono para ver si era una llamada, una notificación, un whatsap...
Vio que era un mensaje WhatsApp de María, una madurita que había conocido un par de semanas antes y con la que había echado tres polvos desde entonces. Se la habría follado más veces pero vivía en otra ciudad y no venía con asiduidad a la suya.
Abrió el teléfono, cerciorándose que los dos compañeros que estaban a su lado no estuviesen mirando y leyó el mensaje
-Hola guapo - decía la mujer
-Hola preciosa - contestó el muchacho, notando como la polla se le empezaba a despertar.
-¿Dónde estás?
-En clase. ¿Tú andas por la ciudad? - preguntó esperanzado ante la posibilidad de volver a follarse a aquella viciosa madurita.
-No, estoy en casa. Aún no sé cuándo podré ir.
-Jo. Con las ganas que tengo de clavarte la polla.
-Ummm cariño, y yo. No sabes cuanto echo de menos esa linda polla tuya. Sentirla llenar mi coño, mi boca...
-Solo me falta tu culito.
-Uf, no sé... la tienes muy gorda, jodío.
-Despacito todo entra - dijo Antonio, añadiendo varios iconos de caritas sonrientes.
-Sí claro. No es tu culito al que le van a clavar todo eso.
-Vaaaale. Olvidemos ese precioso par de nalgas que tienes.
-Estoy tirada en mi cama, cachonda como una perra.
-Joder, pues a mí me has puesto la polla dura, cabrona - respondió el chico.
-Ummm quiero verla... quiero ver esa polla preciosa.
Antonio pensó a toda prisa. Si no podía follársela pronto, al menos morbosearían un poco.
-Mira - le escribió - en cinco minutos termina la clase. Podría ir al baño y mandarte una foto de mi polla.
-No - respondió le mujer.
-¿No?
-No. Quiero un video. Quiero que te hagas una paja para mí.
-¿Una paja?
-Sí... una rica paja a mi salud... hasta que te corras... Así me imaginaré que te estás corriendo sobre mí.
-Ummm el otro día estabas preciosa con la cara llena de leche.
-Jamás había tenido tanto semen en la cara...
-Espero que no tardes mucho en volver a tenerla así.
-¿Lo harás? ¿Te harás una paja para mí hasta que te corras y me lo mandas? –preguntó, ansiosa, la mujer.
-Sabes que no te puedo negar nada. Vale, en poco termina esto y voy al baño a por tu paja.
-Gracias tesoro. Me correré mirando como te corres para mí.
La polla de Antonio tuvo un espasmo, atrapada y apretada contra sus pantalones. En cuanto la clase terminó y los alumnos empezaron a levantarse, cogió sus apuntes y los usó para taparse. El bulto de su bragueta era más que evidente.
Tenía 15 minutos antes de la siguiente clase. Y no se la quería perder, así que caminó rápidamente hacia el baño del segundo piso, que era más tranquilo, obviando el más cercano y concurrido. Entró y comprobó que estaba vació. Se encaminó hasta el reservado más alejado de la puerta y entró, echando el cerrojo.
Era el clásico baño público. Un pequeño cubículo, con paredes de paneles de madera que no llegaban ni al techo ni al suelo y una puerta que tampoco llegaba al suelo. Supuso que las hacían así para que en las películas de miedo el asesino pudiese ver si había gente o no dentro. Por suerte el inodoro era de los normales, con tapa plana, en donde pudo colocar el móvil y apoyarlo contra la pared.
Puso la cámara de selfies para poder ver lo que iba a grabar y calculó en donde tenía que ponerse para que se viera bien su polla. Cuando estuvo satisfecho con el encuadre, pulsó grabación y empezó el espectáculo dedicado a su madura amante.
Cuando estaba a punto de correrse, cogió el teléfono y lo puso delante de su cara. Susurrando, por si entraba alguien, dijo algo para que María lo oyese y paró de grabar. Luego lo volvió a dejar como estaba y se acercó más, poniéndose de perfil, de tal manera que cuando se corriese se grabase un primer plano de la que iba seguro a ser una copiosa corrida. Pulsó nuevamente grabación y terminó la paja.
La corrida fue tan fuerte que varios chorros llegaron a la pared del baño. Cogió el teléfono y grabó como el semen bajaba por la brillante madera hasta gotear en el suelo. Luego limpió el estropicio que había creado y volvió hacia la siguiente clase. Por el camino, sonriendo, le mandó el video a María.
Comenzó la clase y la profesora, que no estaba nada mal, por cierto, dibujó varios diagramas en la pizarra y comenzó con las explicaciones. Antonio le prestaba más atención el bamboleo de sus nalgas que a la aburrida lección, siempre atento a que vibrara su teléfono al recibir un whatsap de María. Pero los minutos pasaban y el whatsapp no llegaba.
Habían pasado ya más de 15 minutos desde que había mandado el video cuando por fin sintió la vibración. Sacó el teléfono y comprobó, con agrado, que era al fin un mensaje de María. Pero al leerlo, se extrañó.
-¿Qué pasa cabrito? ¿Dónde está mi video? Me tienes ardiendo - había escrito la mujer.
-Coño, pero si te lo mandé hace rato.
-Pues no me ha llegado nada. A saber a quién se lo mandarías, capullo.
Antonio sintió un escalofrío. Efectivamente no estaba el vídeo en el chat de María. Pero recordaba perfectamente haberlo enviado, como caminaba la ruedita y al final la rayita de enviado. Cerró, angustiado el chat de María y vio que justo debajo estaba el chat de su madre.
"No puede ser, dios mío... no puede ser..." pensó. Temblando abrió el chat y sus temores se confirmaron. Había enviado el video, sin querer, a su madre. Se quedó petrificado, sin saber qué hacer. Su cabeza daba vueltas buscando una solución.
"Tranquilo, Antonio. Tranquilo. Quizás aún no la haya abierto" se dijo. Pero al ver las dos rayitas azules al lado del icono del video, supo que no solo sí le había llegado sino que además lo había abierto.
"Bórralo, bórralo, estúpido", se dijo a sí mismo. Pero no era su día. Cuando fue a borrar el video, solo le daba la opción de borrarlo de su teléfono. Ya había pasado demasiado tiempo desde que lo mandó y no podía eliminarlo del teléfono de su madre.
Una nueva vibración. Otro mensaje de María, que solo decía "mi videoooooooooooooooooooooooooooooooooooo".
Como un autómata, para que lo dejara en paz, le envió los dos videos y silenció el chat con María por 8 horas. El resto de la clase y lo que quedaba hasta la hora de volver a casa se lo pasó mirando el teléfono, esperando alguna llamada de su madre o algún mensaje de WhatsApp.
+++++
Clara estaba planchando cuando silbó su teléfono al recibir un WhatsApp. Sería alguna bobada de sus amigas, una tonta cadena a las que Aurora era tan aficionada o algún mensaje de la familia. Miró sin mucho interés y al ver que era de su hijo lo abrió. Estaba en clase y quizás le había pasado algo.
Pero no. Era un video. Seguro que alguna chorrada de las suyas. Le solía mandar videos tontos, generalmente graciosos. Sobre todo del jodío negro ese y ella siempre picaba. Aún así, lo abrió. Cuando empezó, aunque no se le veía la cara, supo enseguida que era Antonio. Era la ropa con la que había salido esa mañana de casa. ¿Pero qué hacía en lo que parecía un baño público?
Casi le da un pasmo cuando vio como su hijo empezó a sobarse la bragueta. Se fijó más y se dio cuenta de que algo duro se marcaba debajo los pantalones. Y abrió los ojos cuando Antonio lo recorrió con los dedos, marcándolo.
-¡Coño! - exclamó, sin dejar de mirar la pantalla del teléfono.
¿Qué significaba eso? ¿Por qué le mandaba Antonio un video así? Pensó en pararlo, llamar a su hijo y decirle de todo cuando vio como él se bajaba la bragueta. Lo que abrió ahora, con asombro, fue la boca cuando en el teléfono su hijo metía su mano por la bragueta y tras varios intentos se sacaba la polla.
-¡Madre del amor hermoso! dijo la mujer, que sintió como le flaqueaban las piernas.
Para no caerse, se sentó en el sofá, pero sin dejar de mirar el teléfono. En éste, Antonio se sacó también con dificultad los dos huevos y se exhibió ante la cámara, mostrando desde varios ángulos su erecta verga.
-Pedazo de... polla - susurró para sí la aún asombrada mujer. No había visto a su hijo desnudo desde que tenía 12 años y entonces no estaba tan... desarrollado.
La polla de su hijo no solo le pareció larga, sino también gruesa. En el video él se la cogía con una mano y empezó a hacerse una paja. Apenas se oía nada, así que subió el volumen, sin apartar los ojos de la pantalla. Los gemidos de placer de Antonio, aún así, eran apenas audibles.
Siguió mirando el video con el corazón latiéndole desbocado. No sabía cuánto tiempo había pasado cuando en la imagen Antonio se acercaba y cogía el teléfono, acercándoselo al rostro. Ante ella quedó un primer plano de la cara de su hijo. Ahora si pudo oírlo claramente.
"Ummm María... estoy a punto de correrme - dijo la voz susurrante de Antonio - Voy a imaginarme que me corro en tu cara, como el otro día, y que te la dejo llena de leche caliente. Estabas preciosa, arrodillada y con mi lefa goteando sobre tus preciosas tetas. Si quieres que te mande el video de mi polla corriéndose para ti, me tendrás que mandar una foto de tu coño abierto y mojado".
El video terminó. Clara se quedó unos segundos mirando a la ahora negra pantalla del teléfono. Su mente empezó a aclararse y comprendió que el vídeo se lo había mandado Antonio por error. Era para una tal María, con la que sin duda su hijo mantenía relaciones sexuales.
Cerró los muslos y gimió. Fue consciente, en ese momento, que estaba excitada. Notó los pezones duros bajo la tela de la camiseta y como su coño rezumaba jugos.
Se consideraba una mujer moderna. Suponía que con 23 años Antonio tendría una vida sexual activa. De hecho le había conocido un par de novias, pero no le sonaba ninguna María.
El video empezó de nuevo. Había pulsado el play sin darse cuenta. Al menos no lo había hecho conscientemente.
Ahora lo miró con más calma. Se fijó con atención en la polla de su hijo. Cerró aún más las piernas, sintiendo un suave placer... y se mordió el labio inferior. Sus ojos no se apartaban de la mano de Antonio, que agarrando aquella gruesa barra de carne subía y bajaba. Se dio cuenta de que la mano de Antonio no abarcaba el grosor de aquella dura verga. Gimió de placer cuando su mano izquierda apretó su pecho izquierdo y con los dedos rozó su pezón. Lo notó duro bajo la tela de la camiseta y el sujetador.
Volvió a oír a su hijo hablarle a esa María, a decirle que iba a correrse e imaginar que lo hacía sobre su cara. Se pellizcó el pezón imaginándose a aquella hermosa polla dura corriéndose a borbotones... Cuando el video se paró otra vez, llegó a desear poder ver la continuación. Excitada como no recordaba desde hacía mucho, volvió a reproducirlo, ahora con plena conciencia de lo que hacía. Pero cuando su mano izquierda abandonó su pecho y se dirigió hacia sus piernas con la intención de meterse por debajo del pantaloncito primero y después debajo de sus bragas, paró.
Aquello no estaba bien. No podía tocarse mirando un video de su hijo. No podía hacerse una paja mirando como su hijo se hacía una paja. Así que cerró el WhatsApp, se levantó y continuó planchando.
Sin embargo, no consiguió quitarse aquellas imágenes de la cabeza.
+++++
Antonio no pudo concentrase en el resto de las clases. No hacía más que mirar a su móvil esperando ver algún mensaje de su madre, o una llamada. Pero no llegaron. Solo vio que María le había dejado como 15 mensajes. Le contestó que ahora no podía hablar, que ya lo haría por la noche, sin leer lo que ella había puesto.
Se dijo que todo estaba hecho. No podía cambiar lo que pasó, así que apesadumbrado cogió el autobús y se fue a su casa.
Cuando entró, oyó a su madre trasteando en la cocina, como siempre a esas horas. Respiró hondo y le gritó, como solía hacer
-Mamá. Ya estoy en casa.
-Vale cariño. En un momento estará la comida. En cuanto llegue tu padre comemos.
-Okis.
La voz de su madre parecía la de siempre. No la notó enfadada. Se fue a su cuarto para cambiarse de ropa y hacer tiempo hasta que su padre llegara, para así no tener que enfrentarse a solas con su madre.
¿Y si ella no había visto el video? ¿Y si se había descargado pero su madre aún no lo había visualizado? Quizás podría tratar de cogerle el móvil y borrarlo. Conocía el patrón de seguridad que usaba ella. A los pocos minutos llegó su padre y se atrevió a ir al salón.
En cuanto entró y cruzó su mirada con la de ella, supo que sí lo había visto. Aún así, la comida resultó como siempre. Ella actuaba como si no hubiese pasado nada. Por eso Antonio trató también de actuar con normalidad.
Después del almuerzo se fue a su cuarto. A veces ayudaba a su madre con los platos, pero ese día no se atrevió a quedarse solo con ella mientras su padre se echaba la siesta. Aprovechó para revisar los mensajes de María.
Básicamente le decía que le habían encantado los videos, que se había corrido varias veces mirándolos y que por qué le había mandado los dos a la vez sin la foto que le había pedido a cambio. Terminaba con una larga risotada preguntándole que a quien se lo había mandado por error.
-Nah… se lo mandé a un amigo - mintió - Ya lo borró -le escribió.
-jajaja mejor. No vaya a estar circulando por ahí un video de tu pajilla.
-Bueno, guapa. Voy a estudiar un rato.
-Vale precioso. Oye, en dos días me voy a escapar. Ya tengo reserva en el hotel de la última vez. Quiero que me estés follando toda la tarde.
La polla de Antonio se empezó a hinchar. Cogió el teléfono con la mano derecha mientras con la izquierda comenzó a acariciarse la verga sobre el pantalón.
-Te voy a dejar el coño escocío, María.
-Jajaja eso espero. ¿No quieres la foto?
-¿Qué foto? - preguntó él, si saber a qué se refería.
-Esa que me pediste en el video de mi coño abierto y mojado.
-Ah, sí, sí. Claro que la quiero.
A los pocos segundos la recibió. Reconoció enseguida ese sonrosado y excitado coño.
-Me la hice entre corrida y corrida.
-Qué lindo coñito tienes, jodía. Te lo voy a dejar seco con la boca.
-Ummmmm... Bueno, te dejo, que voy a salir con unas amigas.
-Y yo a estudiar. Chao.
Mirando aquella foto, Antonio siguió con la paja que se había empezado a hacer. No le dijo a María que se había sacado la polla mientras hablaba con ella. Mirando aquel precioso sexo femenino empezó a gemir, hasta que sin saber porqué se empezó a preguntar por cómo sería el coño de su madre.
Buscó el primer video que le había mandado primero a su madre y luego a María. No lo había mirado hasta ese momento. Cuando lo puso y comprobó lo nítido que se veía, lo claramente expuesta que estaba su polla y como se movía para que saliese en todo su esplendor en el video, le entró un escalofrío. Su madre lo había visto así, tocándose la polla. Y cuando se oyó a sí mismo diciendo aquellas cosas para María, su verga se puso aún más dura, si cabe.
Su madre sabía que se había corrido en la cara de María. Le había visto haciéndose una paja y ofreciendo un segundo video de su polla corriéndose. Puso el segundo, sin dejar de pajearse. Vio su polla estallar en varios chorros potentes, blanquecinos, espesos...que se estrellaban contra la pared del baño. Su madre no había visto ese otro video.
Recordó su mirada cuando había llegado a casa y como ella se comportaba como si nada hubiese pasado. ¿Quizás le gustó? ¿Le habría gustado a ella ver como se tocaba la polla? ¿Qué pensaría? Si estuviese molesta le habría dicho algo. Pero no. Se callaba.
Estaba muy cachondo, a punto de correrse. Como no tenía pensado hacerse una paja en ese momento, no estaba preparado para limpiar los rastros de sus siempre abundantes eyaculaciones, así que decidió parar y ponerse a hacer lo que había ido a hacer, estudiar.
Aunque mucho no estudió. No se podía concentrar. No dejaba de pensar en su madre, en que no le decía nada, en qué pensaría. En que había visto el video y actuaba como si no lo hubiese hecho. Solo salió de su ensimismamiento cuando Jorge lo llamó para irse a jugar a futbito.
+++++
La situación fue la misma cuando regresó del partido, durante la cena y le posterior velada. Su madre era la de siempre. Solo un par de veces cruzaron las miradas. Y en esos escasos segundos, Antonio creía ver algo en sus ojos.
Cuando, sobre las 11 de la noche se acostó siguió pensando. ¿No le iba a decir nada ella? ¿Todo quedaría así? Quizás fuera lo mejor. Todo fue un mal entendido, una tonta equivocación. Y mejor haberse equivocado con su madre que con alguien de menos confianza.
Pasaron los minutos. No podía dormirse. No dejaba de preguntarse el porqué su madre no le decía nada. Eso al final era peor que el que se hubiese enfadado.
A las 11:30 ya no pudo más. Cogió el móvil y abrió el chat de su madre.
+++++
Clara trató de comportarse con total naturalidad. De olvidar lo que había pasado. Pero no podía evitar mirarle la bragueta a su hijo con disimulo, tratando de adivinar si la tenía dura o no. Cuando sus miradas se cruzaron durante la comida y la cena la apartó rápidamente.
Antonio no le había dicho nada. Actuaba con normalidad, como siempre. Solo estaban aquellas miradas que duraban más de lo normal. Quizás él aún no se había dado cuenta de que le había mandado a ella el vídeo que era para esa María.
Su marido, Antonio también, roncaba ya a su lado. Ella trataba de conciliar el sueño pero no podía. Eran las 11:30 cuando su teléfono, que siempre dejaba en silencio sobre la mesilla de noche, se iluminó. Sin hacer ruido comprobó que era un WhatsApp de su hijo.
El corazón empezó a latirle. Cogió el teléfono y se puso de lado para que la luz no despertara a su esposo.
-¿Lo viste, verdad? - le había escrito su hijo.
-Sí - respondió Clara, tras unos segundos de duda.
-Joder, lo siento mamá. No era para ti.
-Supongo.
-No veas la flojera que me dio cuando me di cuenta de que te lo había enviado a ti.
-Tranquilo. Yo también he metido la pata enviándole cosas a quien no tenía intención
-¿Le has enviado videos a alguien por error?
-No de ese tipo - escribió Clara y añadió el icono de la risa.
-Jajaja.
Hubo un silencio. Ambos mirando la pantalla, pero sin escribir. Antonio fue el primero en decidirse.
-¿Y qué te pareció? - le preguntó a su madre, arrepintiéndose casi de inmediato de haberlo hecho.
-¿El video?
-Sí.
-Pues... bastante...explícito, la verdad.
-Siento haberte molestado, mamá.
-Cariño, no me molestó. Que no soy una mojigata. Solo me sorprendió. No me lo esperaba.
-Uf, vaya peso que me quitas de encima. Estaba hecho polvo pensando que te había ofendido.
-Pues no, tranquilo. No estoy ofendida. Y me quedó claro que no sales a la familia de tu padre - escribió, añadiendo el icono de la carita con la boca tapada
-¿Qué? - preguntó Antonio, sin entender lo que su madre quería decir.
María se pensó un poco como responderle. No podía decirle que su polla era más grande que la de su padre tan abiertamente.
-Pues...que calzas más que tu padre.
-Aaaaaaaaaa... jajajaja.
Su madre le acababa de insinuar que tenía la polla más grande que la de su padre. Ante el 'halago', esa polla se empezó a levantar.
-Tu chica estará contenta - y puso la carita que pica un ojo.
-¿Qué chica? ¿María?
-Sí.
-No es mi chica. Es solo una... amiga
-Una... follamiga.
-Sí, una follamiga.
Clara notó la humedad que se estaba formando entres su piernas. Notó el roce de sus ya duros pezones contra la tela del pijama. Se estaba calentando al hablar por mensajes con su hijo. En la oscuridad de su habitación, solo iluminada por la luz de la pantalla del móvil, recordó las imágenes del video. Revivió en su mente todos los detalles y casi volvió a oír aquellas palabras que tan sensualmente Antonio había grabado para su follamiga.
Si antes Antonio se había arrepentido de preguntarle algo a su madre, ahora fue ella la que no pudo creer lo que le preguntó a continuación.
-¿Grabaste el segundo video?
-Sí - respondió Antonio, con la ya dura del todo polla en su mano.
-¿Se lo mandaste?
-Sí, le mandé los dos.
Clara cerró los ojos y se imaginó como sería ese video. Gimió suavemente, ya que su mano izquierda se había introducido por debajo de sus bragas y sus dedos acariciaban su empapado coño.
Cuando abrió los ojos y vio lo que Antonio le había escrito, sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Se mordió el labio con fuerza.
-Ya que viste el primero... ¿Quieres que te mande el otro?
Se quedó paralizada. Su mente le decía que no. Pero su cuerpo le decía que sí. Antonio, al ver que pasaban los segundos y su madre no contestaba, pensó que quizás se había pasado.
-Perdona mamá...No tenía que haberte preguntado eso.
-Sí.
-Lo siento.
-Digo que sí. Que me lo mandes.
-¿Estás segura?
-Ya vi el otro, ¿No?
-Pues sí.
-Pues eso - y volvió a poner el iconito de la cara sonriente tapada con la mano.
Antonio, con la polla babeando, buscó el video en la galería y se lo mandó a su madre. Esta vez sin equivocarse y con plena conciencia de lo que hacía.
Clara, con los dedos de la mano izquierda recorriendo la rajita de su coño y sosteniendo el teléfono con la derecha, pulsó el play cuando el video de descargó. Ante ella volvió a aparecer la preciosa y gruesa polla de su hijo, que continuaba con la paja, pero ahora de manera más furiosa y desde otro ángulo, más de perfil. Ella acompasó el ritmo de sus dedos al ritmo que Antonio le imprimía a la verga.
De repente, la mano de Antonio soltó aquella magnífica polla, que dio un brinco y soltó un enorme chorro de semen que salió disparado hacia adelante. Clara se quedó sin respiración, mirando como la polla daba otro brinco y un nuevo y potente chorro salía disparado de la verga. Al tercer brinco, al tercer lleretazo, su cuerpo se tensó y se corrió con intensidad, tratando de no moverse, de no hacer ruido... de no cerrar los ojos para ver como aquella preciosa polla seguí brincando y soltando leche a cañonazos.
Los siguientes chorros eran menos fuertes, hasta que el último dejó colgando de la punta de la polla un hilillo brillante. La verga daba ahora pequeños brinquitos. El cuerpo de Clara aún tenía espasmos orgásmicos. El aire aún no entraba en sus pulmones. Poco a poco se recuperó y volvió a respirar profundamente, a bocanadas, intentando no hacer el más mínimo ruido.
En la pantalla la imagen se movía. Antonio enfocó la pared del baño, que tenía varios chorros de semen que bajaban lentamente y goteaban. El video se terminó.
Clara fue consciente de lo que acababa de hacer. Se había masturbado y tenido un intenso orgasmo mirando como la polla de su hijo se corría abundantemente. Aún tenía los dedos entre sus piernas.
Antonio, que no había dejado de mover su mano arriba y abajo a lo largo de su polla estaba a punto de correrse también. Pero se aguantaba, impidiendo que estallara el orgasmo, esperando a que su madre dijese algo. Un par de minutos más tarde, llegó el mensaje.
-Uf, espero que limpiaras todo
-Jeje, si. Lo dejé todo limpito.
-Ibas cargadito.
-Bah, lo normal.
-¿Normal? ¿Siempre... te sale tanta?
-Pues la verdad es que sí.
Clara recordó las palabras del video.
-Pobre María - dijo -
-Jeje, no se queja.
A punto de correrse, envalentonado por la conversación tan inhabitual que estaba teniendo con su madre, se lanzó de lleno.
-¿Papá te lo hace?
-¿El qué?
-Pues... ya sabes... Correrse en tu cara.
-¡Antonio!
-Ops, perdona, jeje. Me dejé llevar.
-Bueno, será mejor que dejemos esto y durmamos.
-Vale. Que descanses.
Clara cerró el WhatsApp y dejó el teléfono boca abajo. Pensó que habían ido demasiado lejos.
Antonio, por su parte, llenó su pecho con otra de sus abundantes y espesas corridas. Puso una mano delante de su dura polla para que los potentes chorros no mancharan todo. Con los ojos cerrados se corrió imaginando que se corría sobre la cara de su madre, en su boca, en sus tetas. No era la primera vez que se corría pensando en su madre, pero sí era la primera vez tras saber que ella acababa de ver como se corría en el video.
Más relajado, por fin consiguió conciliar el sueño.
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Una Buena Comunicación entre Madre e Hijo - Capítulo 001
Antonio estaba en clase de cálculo de estructuras, aburrido, cuando le vibró el móvil que tenía en el bolsillo. Con disimulo para que el profesor, que estaba cinco filas más abajo de la clase en forma de anfiteatro de la facultad no se mosqueara, sacó el teléfono para ver si era una llamada, una notificación, un whatsap...
Vio que era un mensaje WhatsApp de María, una madurita que había conocido un par de semanas antes y con la que había echado tres polvos desde entonces. Se la habría follado más veces pero vivía en otra ciudad y no venía con asiduidad a la suya.
Abrió el teléfono, cerciorándose que los dos compañeros que estaban a su lado no estuviesen mirando y leyó el mensaje
-Hola guapo - decía la mujer
-Hola preciosa - contestó el muchacho, notando como la polla se le empezaba a despertar.
-¿Dónde estás?
-En clase. ¿Tú andas por la ciudad? - preguntó esperanzado ante la posibilidad de volver a follarse a aquella viciosa madurita.
-No, estoy en casa. Aún no sé cuándo podré ir.
-Jo. Con las ganas que tengo de clavarte la polla.
-Ummm cariño, y yo. No sabes cuanto echo de menos esa linda polla tuya. Sentirla llenar mi coño, mi boca...
-Solo me falta tu culito.
-Uf, no sé... la tienes muy gorda, jodío.
-Despacito todo entra - dijo Antonio, añadiendo varios iconos de caritas sonrientes.
-Sí claro. No es tu culito al que le van a clavar todo eso.
-Vaaaale. Olvidemos ese precioso par de nalgas que tienes.
-Estoy tirada en mi cama, cachonda como una perra.
-Joder, pues a mí me has puesto la polla dura, cabrona - respondió el chico.
-Ummm quiero verla... quiero ver esa polla preciosa.
Antonio pensó a toda prisa. Si no podía follársela pronto, al menos morbosearían un poco.
-Mira - le escribió - en cinco minutos termina la clase. Podría ir al baño y mandarte una foto de mi polla.
-No - respondió le mujer.
-¿No?
-No. Quiero un video. Quiero que te hagas una paja para mí.
-¿Una paja?
-Sí... una rica paja a mi salud... hasta que te corras... Así me imaginaré que te estás corriendo sobre mí.
-Ummm el otro día estabas preciosa con la cara llena de leche.
-Jamás había tenido tanto semen en la cara...
-Espero que no tardes mucho en volver a tenerla así.
-¿Lo harás? ¿Te harás una paja para mí hasta que te corras y me lo mandas? –preguntó, ansiosa, la mujer.
-Sabes que no te puedo negar nada. Vale, en poco termina esto y voy al baño a por tu paja.
-Gracias tesoro. Me correré mirando como te corres para mí.
La polla de Antonio tuvo un espasmo, atrapada y apretada contra sus pantalones. En cuanto la clase terminó y los alumnos empezaron a levantarse, cogió sus apuntes y los usó para taparse. El bulto de su bragueta era más que evidente.
Tenía 15 minutos antes de la siguiente clase. Y no se la quería perder, así que caminó rápidamente hacia el baño del segundo piso, que era más tranquilo, obviando el más cercano y concurrido. Entró y comprobó que estaba vació. Se encaminó hasta el reservado más alejado de la puerta y entró, echando el cerrojo.
Era el clásico baño público. Un pequeño cubículo, con paredes de paneles de madera que no llegaban ni al techo ni al suelo y una puerta que tampoco llegaba al suelo. Supuso que las hacían así para que en las películas de miedo el asesino pudiese ver si había gente o no dentro. Por suerte el inodoro era de los normales, con tapa plana, en donde pudo colocar el móvil y apoyarlo contra la pared.
Puso la cámara de selfies para poder ver lo que iba a grabar y calculó en donde tenía que ponerse para que se viera bien su polla. Cuando estuvo satisfecho con el encuadre, pulsó grabación y empezó el espectáculo dedicado a su madura amante.
Cuando estaba a punto de correrse, cogió el teléfono y lo puso delante de su cara. Susurrando, por si entraba alguien, dijo algo para que María lo oyese y paró de grabar. Luego lo volvió a dejar como estaba y se acercó más, poniéndose de perfil, de tal manera que cuando se corriese se grabase un primer plano de la que iba seguro a ser una copiosa corrida. Pulsó nuevamente grabación y terminó la paja.
La corrida fue tan fuerte que varios chorros llegaron a la pared del baño. Cogió el teléfono y grabó como el semen bajaba por la brillante madera hasta gotear en el suelo. Luego limpió el estropicio que había creado y volvió hacia la siguiente clase. Por el camino, sonriendo, le mandó el video a María.
Comenzó la clase y la profesora, que no estaba nada mal, por cierto, dibujó varios diagramas en la pizarra y comenzó con las explicaciones. Antonio le prestaba más atención el bamboleo de sus nalgas que a la aburrida lección, siempre atento a que vibrara su teléfono al recibir un whatsap de María. Pero los minutos pasaban y el whatsapp no llegaba.
Habían pasado ya más de 15 minutos desde que había mandado el video cuando por fin sintió la vibración. Sacó el teléfono y comprobó, con agrado, que era al fin un mensaje de María. Pero al leerlo, se extrañó.
-¿Qué pasa cabrito? ¿Dónde está mi video? Me tienes ardiendo - había escrito la mujer.
-Coño, pero si te lo mandé hace rato.
-Pues no me ha llegado nada. A saber a quién se lo mandarías, capullo.
Antonio sintió un escalofrío. Efectivamente no estaba el vídeo en el chat de María. Pero recordaba perfectamente haberlo enviado, como caminaba la ruedita y al final la rayita de enviado. Cerró, angustiado el chat de María y vio que justo debajo estaba el chat de su madre.
"No puede ser, dios mío... no puede ser..." pensó. Temblando abrió el chat y sus temores se confirmaron. Había enviado el video, sin querer, a su madre. Se quedó petrificado, sin saber qué hacer. Su cabeza daba vueltas buscando una solución.
"Tranquilo, Antonio. Tranquilo. Quizás aún no la haya abierto" se dijo. Pero al ver las dos rayitas azules al lado del icono del video, supo que no solo sí le había llegado sino que además lo había abierto.
"Bórralo, bórralo, estúpido", se dijo a sí mismo. Pero no era su día. Cuando fue a borrar el video, solo le daba la opción de borrarlo de su teléfono. Ya había pasado demasiado tiempo desde que lo mandó y no podía eliminarlo del teléfono de su madre.
Una nueva vibración. Otro mensaje de María, que solo decía "mi videoooooooooooooooooooooooooooooooooooo".
Como un autómata, para que lo dejara en paz, le envió los dos videos y silenció el chat con María por 8 horas. El resto de la clase y lo que quedaba hasta la hora de volver a casa se lo pasó mirando el teléfono, esperando alguna llamada de su madre o algún mensaje de WhatsApp.
+++++
Clara estaba planchando cuando silbó su teléfono al recibir un WhatsApp. Sería alguna bobada de sus amigas, una tonta cadena a las que Aurora era tan aficionada o algún mensaje de la familia. Miró sin mucho interés y al ver que era de su hijo lo abrió. Estaba en clase y quizás le había pasado algo.
Pero no. Era un video. Seguro que alguna chorrada de las suyas. Le solía mandar videos tontos, generalmente graciosos. Sobre todo del jodío negro ese y ella siempre picaba. Aún así, lo abrió. Cuando empezó, aunque no se le veía la cara, supo enseguida que era Antonio. Era la ropa con la que había salido esa mañana de casa. ¿Pero qué hacía en lo que parecía un baño público?
Casi le da un pasmo cuando vio como su hijo empezó a sobarse la bragueta. Se fijó más y se dio cuenta de que algo duro se marcaba debajo los pantalones. Y abrió los ojos cuando Antonio lo recorrió con los dedos, marcándolo.
-¡Coño! - exclamó, sin dejar de mirar la pantalla del teléfono.
¿Qué significaba eso? ¿Por qué le mandaba Antonio un video así? Pensó en pararlo, llamar a su hijo y decirle de todo cuando vio como él se bajaba la bragueta. Lo que abrió ahora, con asombro, fue la boca cuando en el teléfono su hijo metía su mano por la bragueta y tras varios intentos se sacaba la polla.
-¡Madre del amor hermoso! dijo la mujer, que sintió como le flaqueaban las piernas.
Para no caerse, se sentó en el sofá, pero sin dejar de mirar el teléfono. En éste, Antonio se sacó también con dificultad los dos huevos y se exhibió ante la cámara, mostrando desde varios ángulos su erecta verga.
-Pedazo de... polla - susurró para sí la aún asombrada mujer. No había visto a su hijo desnudo desde que tenía 12 años y entonces no estaba tan... desarrollado.
La polla de su hijo no solo le pareció larga, sino también gruesa. En el video él se la cogía con una mano y empezó a hacerse una paja. Apenas se oía nada, así que subió el volumen, sin apartar los ojos de la pantalla. Los gemidos de placer de Antonio, aún así, eran apenas audibles.
Siguió mirando el video con el corazón latiéndole desbocado. No sabía cuánto tiempo había pasado cuando en la imagen Antonio se acercaba y cogía el teléfono, acercándoselo al rostro. Ante ella quedó un primer plano de la cara de su hijo. Ahora si pudo oírlo claramente.
"Ummm María... estoy a punto de correrme - dijo la voz susurrante de Antonio - Voy a imaginarme que me corro en tu cara, como el otro día, y que te la dejo llena de leche caliente. Estabas preciosa, arrodillada y con mi lefa goteando sobre tus preciosas tetas. Si quieres que te mande el video de mi polla corriéndose para ti, me tendrás que mandar una foto de tu coño abierto y mojado".
El video terminó. Clara se quedó unos segundos mirando a la ahora negra pantalla del teléfono. Su mente empezó a aclararse y comprendió que el vídeo se lo había mandado Antonio por error. Era para una tal María, con la que sin duda su hijo mantenía relaciones sexuales.
Cerró los muslos y gimió. Fue consciente, en ese momento, que estaba excitada. Notó los pezones duros bajo la tela de la camiseta y como su coño rezumaba jugos.
Se consideraba una mujer moderna. Suponía que con 23 años Antonio tendría una vida sexual activa. De hecho le había conocido un par de novias, pero no le sonaba ninguna María.
El video empezó de nuevo. Había pulsado el play sin darse cuenta. Al menos no lo había hecho conscientemente.
Ahora lo miró con más calma. Se fijó con atención en la polla de su hijo. Cerró aún más las piernas, sintiendo un suave placer... y se mordió el labio inferior. Sus ojos no se apartaban de la mano de Antonio, que agarrando aquella gruesa barra de carne subía y bajaba. Se dio cuenta de que la mano de Antonio no abarcaba el grosor de aquella dura verga. Gimió de placer cuando su mano izquierda apretó su pecho izquierdo y con los dedos rozó su pezón. Lo notó duro bajo la tela de la camiseta y el sujetador.
Volvió a oír a su hijo hablarle a esa María, a decirle que iba a correrse e imaginar que lo hacía sobre su cara. Se pellizcó el pezón imaginándose a aquella hermosa polla dura corriéndose a borbotones... Cuando el video se paró otra vez, llegó a desear poder ver la continuación. Excitada como no recordaba desde hacía mucho, volvió a reproducirlo, ahora con plena conciencia de lo que hacía. Pero cuando su mano izquierda abandonó su pecho y se dirigió hacia sus piernas con la intención de meterse por debajo del pantaloncito primero y después debajo de sus bragas, paró.
Aquello no estaba bien. No podía tocarse mirando un video de su hijo. No podía hacerse una paja mirando como su hijo se hacía una paja. Así que cerró el WhatsApp, se levantó y continuó planchando.
Sin embargo, no consiguió quitarse aquellas imágenes de la cabeza.
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Antonio no pudo concentrase en el resto de las clases. No hacía más que mirar a su móvil esperando ver algún mensaje de su madre, o una llamada. Pero no llegaron. Solo vio que María le había dejado como 15 mensajes. Le contestó que ahora no podía hablar, que ya lo haría por la noche, sin leer lo que ella había puesto.
Se dijo que todo estaba hecho. No podía cambiar lo que pasó, así que apesadumbrado cogió el autobús y se fue a su casa.
Cuando entró, oyó a su madre trasteando en la cocina, como siempre a esas horas. Respiró hondo y le gritó, como solía hacer
-Mamá. Ya estoy en casa.
-Vale cariño. En un momento estará la comida. En cuanto llegue tu padre comemos.
-Okis.
La voz de su madre parecía la de siempre. No la notó enfadada. Se fue a su cuarto para cambiarse de ropa y hacer tiempo hasta que su padre llegara, para así no tener que enfrentarse a solas con su madre.
¿Y si ella no había visto el video? ¿Y si se había descargado pero su madre aún no lo había visualizado? Quizás podría tratar de cogerle el móvil y borrarlo. Conocía el patrón de seguridad que usaba ella. A los pocos minutos llegó su padre y se atrevió a ir al salón.
En cuanto entró y cruzó su mirada con la de ella, supo que sí lo había visto. Aún así, la comida resultó como siempre. Ella actuaba como si no hubiese pasado nada. Por eso Antonio trató también de actuar con normalidad.
Después del almuerzo se fue a su cuarto. A veces ayudaba a su madre con los platos, pero ese día no se atrevió a quedarse solo con ella mientras su padre se echaba la siesta. Aprovechó para revisar los mensajes de María.
Básicamente le decía que le habían encantado los videos, que se había corrido varias veces mirándolos y que por qué le había mandado los dos a la vez sin la foto que le había pedido a cambio. Terminaba con una larga risotada preguntándole que a quien se lo había mandado por error.
-Nah… se lo mandé a un amigo - mintió - Ya lo borró -le escribió.
-jajaja mejor. No vaya a estar circulando por ahí un video de tu pajilla.
-Bueno, guapa. Voy a estudiar un rato.
-Vale precioso. Oye, en dos días me voy a escapar. Ya tengo reserva en el hotel de la última vez. Quiero que me estés follando toda la tarde.
La polla de Antonio se empezó a hinchar. Cogió el teléfono con la mano derecha mientras con la izquierda comenzó a acariciarse la verga sobre el pantalón.
-Te voy a dejar el coño escocío, María.
-Jajaja eso espero. ¿No quieres la foto?
-¿Qué foto? - preguntó él, si saber a qué se refería.
-Esa que me pediste en el video de mi coño abierto y mojado.
-Ah, sí, sí. Claro que la quiero.
A los pocos segundos la recibió. Reconoció enseguida ese sonrosado y excitado coño.
-Me la hice entre corrida y corrida.
-Qué lindo coñito tienes, jodía. Te lo voy a dejar seco con la boca.
-Ummmmm... Bueno, te dejo, que voy a salir con unas amigas.
-Y yo a estudiar. Chao.
Mirando aquella foto, Antonio siguió con la paja que se había empezado a hacer. No le dijo a María que se había sacado la polla mientras hablaba con ella. Mirando aquel precioso sexo femenino empezó a gemir, hasta que sin saber porqué se empezó a preguntar por cómo sería el coño de su madre.
Buscó el primer video que le había mandado primero a su madre y luego a María. No lo había mirado hasta ese momento. Cuando lo puso y comprobó lo nítido que se veía, lo claramente expuesta que estaba su polla y como se movía para que saliese en todo su esplendor en el video, le entró un escalofrío. Su madre lo había visto así, tocándose la polla. Y cuando se oyó a sí mismo diciendo aquellas cosas para María, su verga se puso aún más dura, si cabe.
Su madre sabía que se había corrido en la cara de María. Le había visto haciéndose una paja y ofreciendo un segundo video de su polla corriéndose. Puso el segundo, sin dejar de pajearse. Vio su polla estallar en varios chorros potentes, blanquecinos, espesos...que se estrellaban contra la pared del baño. Su madre no había visto ese otro video.
Recordó su mirada cuando había llegado a casa y como ella se comportaba como si nada hubiese pasado. ¿Quizás le gustó? ¿Le habría gustado a ella ver como se tocaba la polla? ¿Qué pensaría? Si estuviese molesta le habría dicho algo. Pero no. Se callaba.
Estaba muy cachondo, a punto de correrse. Como no tenía pensado hacerse una paja en ese momento, no estaba preparado para limpiar los rastros de sus siempre abundantes eyaculaciones, así que decidió parar y ponerse a hacer lo que había ido a hacer, estudiar.
Aunque mucho no estudió. No se podía concentrar. No dejaba de pensar en su madre, en que no le decía nada, en qué pensaría. En que había visto el video y actuaba como si no lo hubiese hecho. Solo salió de su ensimismamiento cuando Jorge lo llamó para irse a jugar a futbito.
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La situación fue la misma cuando regresó del partido, durante la cena y le posterior velada. Su madre era la de siempre. Solo un par de veces cruzaron las miradas. Y en esos escasos segundos, Antonio creía ver algo en sus ojos.
Cuando, sobre las 11 de la noche se acostó siguió pensando. ¿No le iba a decir nada ella? ¿Todo quedaría así? Quizás fuera lo mejor. Todo fue un mal entendido, una tonta equivocación. Y mejor haberse equivocado con su madre que con alguien de menos confianza.
Pasaron los minutos. No podía dormirse. No dejaba de preguntarse el porqué su madre no le decía nada. Eso al final era peor que el que se hubiese enfadado.
A las 11:30 ya no pudo más. Cogió el móvil y abrió el chat de su madre.
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Clara trató de comportarse con total naturalidad. De olvidar lo que había pasado. Pero no podía evitar mirarle la bragueta a su hijo con disimulo, tratando de adivinar si la tenía dura o no. Cuando sus miradas se cruzaron durante la comida y la cena la apartó rápidamente.
Antonio no le había dicho nada. Actuaba con normalidad, como siempre. Solo estaban aquellas miradas que duraban más de lo normal. Quizás él aún no se había dado cuenta de que le había mandado a ella el vídeo que era para esa María.
Su marido, Antonio también, roncaba ya a su lado. Ella trataba de conciliar el sueño pero no podía. Eran las 11:30 cuando su teléfono, que siempre dejaba en silencio sobre la mesilla de noche, se iluminó. Sin hacer ruido comprobó que era un WhatsApp de su hijo.
El corazón empezó a latirle. Cogió el teléfono y se puso de lado para que la luz no despertara a su esposo.
-¿Lo viste, verdad? - le había escrito su hijo.
-Sí - respondió Clara, tras unos segundos de duda.
-Joder, lo siento mamá. No era para ti.
-Supongo.
-No veas la flojera que me dio cuando me di cuenta de que te lo había enviado a ti.
-Tranquilo. Yo también he metido la pata enviándole cosas a quien no tenía intención
-¿Le has enviado videos a alguien por error?
-No de ese tipo - escribió Clara y añadió el icono de la risa.
-Jajaja.
Hubo un silencio. Ambos mirando la pantalla, pero sin escribir. Antonio fue el primero en decidirse.
-¿Y qué te pareció? - le preguntó a su madre, arrepintiéndose casi de inmediato de haberlo hecho.
-¿El video?
-Sí.
-Pues... bastante...explícito, la verdad.
-Siento haberte molestado, mamá.
-Cariño, no me molestó. Que no soy una mojigata. Solo me sorprendió. No me lo esperaba.
-Uf, vaya peso que me quitas de encima. Estaba hecho polvo pensando que te había ofendido.
-Pues no, tranquilo. No estoy ofendida. Y me quedó claro que no sales a la familia de tu padre - escribió, añadiendo el icono de la carita con la boca tapada
-¿Qué? - preguntó Antonio, sin entender lo que su madre quería decir.
María se pensó un poco como responderle. No podía decirle que su polla era más grande que la de su padre tan abiertamente.
-Pues...que calzas más que tu padre.
-Aaaaaaaaaa... jajajaja.
Su madre le acababa de insinuar que tenía la polla más grande que la de su padre. Ante el 'halago', esa polla se empezó a levantar.
-Tu chica estará contenta - y puso la carita que pica un ojo.
-¿Qué chica? ¿María?
-Sí.
-No es mi chica. Es solo una... amiga
-Una... follamiga.
-Sí, una follamiga.
Clara notó la humedad que se estaba formando entres su piernas. Notó el roce de sus ya duros pezones contra la tela del pijama. Se estaba calentando al hablar por mensajes con su hijo. En la oscuridad de su habitación, solo iluminada por la luz de la pantalla del móvil, recordó las imágenes del video. Revivió en su mente todos los detalles y casi volvió a oír aquellas palabras que tan sensualmente Antonio había grabado para su follamiga.
Si antes Antonio se había arrepentido de preguntarle algo a su madre, ahora fue ella la que no pudo creer lo que le preguntó a continuación.
-¿Grabaste el segundo video?
-Sí - respondió Antonio, con la ya dura del todo polla en su mano.
-¿Se lo mandaste?
-Sí, le mandé los dos.
Clara cerró los ojos y se imaginó como sería ese video. Gimió suavemente, ya que su mano izquierda se había introducido por debajo de sus bragas y sus dedos acariciaban su empapado coño.
Cuando abrió los ojos y vio lo que Antonio le había escrito, sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Se mordió el labio con fuerza.
-Ya que viste el primero... ¿Quieres que te mande el otro?
Se quedó paralizada. Su mente le decía que no. Pero su cuerpo le decía que sí. Antonio, al ver que pasaban los segundos y su madre no contestaba, pensó que quizás se había pasado.
-Perdona mamá...No tenía que haberte preguntado eso.
-Sí.
-Lo siento.
-Digo que sí. Que me lo mandes.
-¿Estás segura?
-Ya vi el otro, ¿No?
-Pues sí.
-Pues eso - y volvió a poner el iconito de la cara sonriente tapada con la mano.
Antonio, con la polla babeando, buscó el video en la galería y se lo mandó a su madre. Esta vez sin equivocarse y con plena conciencia de lo que hacía.
Clara, con los dedos de la mano izquierda recorriendo la rajita de su coño y sosteniendo el teléfono con la derecha, pulsó el play cuando el video de descargó. Ante ella volvió a aparecer la preciosa y gruesa polla de su hijo, que continuaba con la paja, pero ahora de manera más furiosa y desde otro ángulo, más de perfil. Ella acompasó el ritmo de sus dedos al ritmo que Antonio le imprimía a la verga.
De repente, la mano de Antonio soltó aquella magnífica polla, que dio un brinco y soltó un enorme chorro de semen que salió disparado hacia adelante. Clara se quedó sin respiración, mirando como la polla daba otro brinco y un nuevo y potente chorro salía disparado de la verga. Al tercer brinco, al tercer lleretazo, su cuerpo se tensó y se corrió con intensidad, tratando de no moverse, de no hacer ruido... de no cerrar los ojos para ver como aquella preciosa polla seguí brincando y soltando leche a cañonazos.
Los siguientes chorros eran menos fuertes, hasta que el último dejó colgando de la punta de la polla un hilillo brillante. La verga daba ahora pequeños brinquitos. El cuerpo de Clara aún tenía espasmos orgásmicos. El aire aún no entraba en sus pulmones. Poco a poco se recuperó y volvió a respirar profundamente, a bocanadas, intentando no hacer el más mínimo ruido.
En la pantalla la imagen se movía. Antonio enfocó la pared del baño, que tenía varios chorros de semen que bajaban lentamente y goteaban. El video se terminó.
Clara fue consciente de lo que acababa de hacer. Se había masturbado y tenido un intenso orgasmo mirando como la polla de su hijo se corría abundantemente. Aún tenía los dedos entre sus piernas.
Antonio, que no había dejado de mover su mano arriba y abajo a lo largo de su polla estaba a punto de correrse también. Pero se aguantaba, impidiendo que estallara el orgasmo, esperando a que su madre dijese algo. Un par de minutos más tarde, llegó el mensaje.
-Uf, espero que limpiaras todo
-Jeje, si. Lo dejé todo limpito.
-Ibas cargadito.
-Bah, lo normal.
-¿Normal? ¿Siempre... te sale tanta?
-Pues la verdad es que sí.
Clara recordó las palabras del video.
-Pobre María - dijo -
-Jeje, no se queja.
A punto de correrse, envalentonado por la conversación tan inhabitual que estaba teniendo con su madre, se lanzó de lleno.
-¿Papá te lo hace?
-¿El qué?
-Pues... ya sabes... Correrse en tu cara.
-¡Antonio!
-Ops, perdona, jeje. Me dejé llevar.
-Bueno, será mejor que dejemos esto y durmamos.
-Vale. Que descanses.
Clara cerró el WhatsApp y dejó el teléfono boca abajo. Pensó que habían ido demasiado lejos.
Antonio, por su parte, llenó su pecho con otra de sus abundantes y espesas corridas. Puso una mano delante de su dura polla para que los potentes chorros no mancharan todo. Con los ojos cerrados se corrió imaginando que se corría sobre la cara de su madre, en su boca, en sus tetas. No era la primera vez que se corría pensando en su madre, pero sí era la primera vez tras saber que ella acababa de ver como se corría en el video.
Más relajado, por fin consiguió conciliar el sueño.
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