Los efectos depresivos del alcohol aparecen nada más abrir los ojos. Miro a ambos lados y descubro a los dos hombres desnudos que aún duermen. La sensación de malestar me embarga. Quiero llorar. Me arrepiento de todo. La boca pastosa, mezcla del Jack Daniel's y el semen, provocan que mi aliento sea terrible.
Hay fantasías que nunca deben llevarse a cabo. Menos aún si el ejecutor tiene su propia versión. Más perversa, más depravada.
Me levanto de la cama y camino completamente desnuda hasta el baño. La claridad que entra por la ventana me molesta a la vista acostumbrada durante horas a la oscuridad. Me siento en el váter y vacío mi vejiga evacuando los últimos restos del abundante alcohol.
Me siento los labios inflamados. Irritados de la dura sesión de sexo que he disfrutado primero y padecido después. Una punzada aguda en el ano me recuerda que también fui sodomizada. Me pongo de pie frente al espejo. Me miro las tetas. Ya no son lo que eran. La turgencia juvenil se pasó y la derrota ante la gravedad es un hecho. Aún así son de buen tamaño y bonitas a su manera.
Subo la mirada y casi no puedo mirarme a los ojos. Son negros, grandes, profundos. Siento que me escrutan. Me juzgan. Se me saltan las lágrimas y tapo mi cara con las manos. Una cara morbosa, lasciva. Ahora de refleja una perversión enferma:
-¿Pero qué he hecho? - me pregunto mientras lloro.
Siempre que bebo suelo perder el pudor. Y los papeles. La idea de un trio era una fantasía recurrente y Jaime, mi pareja, me había dicho que alguna vez la llevaríamos a cabo. El Rioja del almuerzo había sido el primer paso hacia lo inevitable. Los fin tónics de la tarde no hicieron sino acercarme un poco más al abismo y al objetivo de Jaime.
A las 11 de la noche nos besábamos en el dormitorio bebiendo a morro de una botella de Jack Daniel's. Para entonces él ya había decidido que cumpliría mi fantasía del trio pero con sus propias reglas.
No sé en qué momento me ví con los ojos vendados mientras Jaime controlaba la situación. Mientras me susurraba obscenidades al oído alguien me pasaba la lengua por mi rajita cubierta por una fina capa de rizos negros.
Mi cabeza daba vueltas ante tal placentera sensación y morbosa situación. Un completo desconocido me comía el coño mientras mi pareja me calientaba. Le pedí que me la metiera por la boca.
Recostada contra el cabecero de la cama, alguien me comía el coño mientras yo se la comía a mi pareja. No pude controlar el orgasmo y sentí como mi coño inundaba la boca de mi amante secreto. Jaime no pudo evitar correrse en mi boca.
Sin respiro, el amante desconocido me levantó y me colocó sobre su regazo. Me empaló sobre su polla. Una polla larga y gruesa mayor que la de mi pareja. Me arrancó un suspiro de satisfacción al sentirme toda llena. Comencé a botar mientras el tipo me comía las tetas. Me succionaba los pezones. Como si quisiera amamantarse.
Sentí que otro orgasmo me inundaba cuando el amante desconocido se corrió dentro. No me importó en absoluto. Por edad, 53 años, no podía quedarme embarazada. Caí derrengada cuando el tipo salió de mi interior.
Tumbada boca arriba, y con las piernas abierta, Jaime metií la cabeza entre ellas y me limpió el semen del desconocido con su lengua llevándome al éxtasis.
La imagen para el desconocido debía ser tremendamente morbosa. Una MILF con los ojos vendados, abierta de patas para que su pareja le comiera el coño relleno de su propio semen. Imaginar esta situación unida a la hábil lengua de Jaime me provocó otro orgasmo. Los estaba encadenando sin respiro.
De repente, el amante misterios me colocó a 4 patas y comenzó a comerme el culo. Cada lengüetazo por el ojete me provoca a escalofríos de placer. Entendí que me iba a dar por culo. Así que me acomodé apoyando el peso de mi cuerpo en los codos para que tuviera un mejor ángulo de penetración.
Sentí el frió del gel lubricante que el tipo untó en la entrada de mi esfínter. Apreté los dientes cuando el capullo desconocido presionaba mi ojo del culo hasta conseguir profanar mi entrada trasera. Sentí las manos agarrarme por la cintura y la polla hundirse hasta lo más profundo de mis entrañas. Mi pareja anima a al desconocido a que me diera fuerte antes de insultarme y provocarme una excitacion desconocida.
Jaime me metió la polla por la boca al tiempo que el amante misterioso me daba puntazos muy fuertes. Tanto que me estremecía de dolor.
Cuando ya pensaba que no podía aguantar más sentí como los dos tíos se corrían al mismo tiempo. El desconocido en el culo y mi pareja en la boca.
Por fin me quité la venda de los ojos para descubrir al amante secreto... No me lo podía creer. El tipo que me había comido el coño, mamado las tetas, follado el coño sin condón y me había dado por culo sin compasión era mi propio hijo, Alex.
Jaime, mi pareja, había convencido a mi hijo, fruto de un matrimonio anterior, de montarse un trio con nosotros. Mi pareja tenía una interpretación propia de mi fantasía del trio. Me había engañado para verme follada por mi hijo.
Ahora, muchas horas después y sin el alcohol diluyendo mi pudor, me sentía una bestia. Un monstruo por haber disfrutado del sexo con mi hijo. No lo podría volver a mirar a la cara.
Hay fantasías que nunca deben llevarse a cabo. Menos aún si el ejecutor tiene su propia versión. Más perversa, más depravada.
Me levanto de la cama y camino completamente desnuda hasta el baño. La claridad que entra por la ventana me molesta a la vista acostumbrada durante horas a la oscuridad. Me siento en el váter y vacío mi vejiga evacuando los últimos restos del abundante alcohol.
Me siento los labios inflamados. Irritados de la dura sesión de sexo que he disfrutado primero y padecido después. Una punzada aguda en el ano me recuerda que también fui sodomizada. Me pongo de pie frente al espejo. Me miro las tetas. Ya no son lo que eran. La turgencia juvenil se pasó y la derrota ante la gravedad es un hecho. Aún así son de buen tamaño y bonitas a su manera.
Subo la mirada y casi no puedo mirarme a los ojos. Son negros, grandes, profundos. Siento que me escrutan. Me juzgan. Se me saltan las lágrimas y tapo mi cara con las manos. Una cara morbosa, lasciva. Ahora de refleja una perversión enferma:
-¿Pero qué he hecho? - me pregunto mientras lloro.
Siempre que bebo suelo perder el pudor. Y los papeles. La idea de un trio era una fantasía recurrente y Jaime, mi pareja, me había dicho que alguna vez la llevaríamos a cabo. El Rioja del almuerzo había sido el primer paso hacia lo inevitable. Los fin tónics de la tarde no hicieron sino acercarme un poco más al abismo y al objetivo de Jaime.
A las 11 de la noche nos besábamos en el dormitorio bebiendo a morro de una botella de Jack Daniel's. Para entonces él ya había decidido que cumpliría mi fantasía del trio pero con sus propias reglas.
No sé en qué momento me ví con los ojos vendados mientras Jaime controlaba la situación. Mientras me susurraba obscenidades al oído alguien me pasaba la lengua por mi rajita cubierta por una fina capa de rizos negros.
Mi cabeza daba vueltas ante tal placentera sensación y morbosa situación. Un completo desconocido me comía el coño mientras mi pareja me calientaba. Le pedí que me la metiera por la boca.
Recostada contra el cabecero de la cama, alguien me comía el coño mientras yo se la comía a mi pareja. No pude controlar el orgasmo y sentí como mi coño inundaba la boca de mi amante secreto. Jaime no pudo evitar correrse en mi boca.
Sin respiro, el amante desconocido me levantó y me colocó sobre su regazo. Me empaló sobre su polla. Una polla larga y gruesa mayor que la de mi pareja. Me arrancó un suspiro de satisfacción al sentirme toda llena. Comencé a botar mientras el tipo me comía las tetas. Me succionaba los pezones. Como si quisiera amamantarse.
Sentí que otro orgasmo me inundaba cuando el amante desconocido se corrió dentro. No me importó en absoluto. Por edad, 53 años, no podía quedarme embarazada. Caí derrengada cuando el tipo salió de mi interior.
Tumbada boca arriba, y con las piernas abierta, Jaime metií la cabeza entre ellas y me limpió el semen del desconocido con su lengua llevándome al éxtasis.
La imagen para el desconocido debía ser tremendamente morbosa. Una MILF con los ojos vendados, abierta de patas para que su pareja le comiera el coño relleno de su propio semen. Imaginar esta situación unida a la hábil lengua de Jaime me provocó otro orgasmo. Los estaba encadenando sin respiro.
De repente, el amante misterios me colocó a 4 patas y comenzó a comerme el culo. Cada lengüetazo por el ojete me provoca a escalofríos de placer. Entendí que me iba a dar por culo. Así que me acomodé apoyando el peso de mi cuerpo en los codos para que tuviera un mejor ángulo de penetración.
Sentí el frió del gel lubricante que el tipo untó en la entrada de mi esfínter. Apreté los dientes cuando el capullo desconocido presionaba mi ojo del culo hasta conseguir profanar mi entrada trasera. Sentí las manos agarrarme por la cintura y la polla hundirse hasta lo más profundo de mis entrañas. Mi pareja anima a al desconocido a que me diera fuerte antes de insultarme y provocarme una excitacion desconocida.
Jaime me metió la polla por la boca al tiempo que el amante misterioso me daba puntazos muy fuertes. Tanto que me estremecía de dolor.
Cuando ya pensaba que no podía aguantar más sentí como los dos tíos se corrían al mismo tiempo. El desconocido en el culo y mi pareja en la boca.
Por fin me quité la venda de los ojos para descubrir al amante secreto... No me lo podía creer. El tipo que me había comido el coño, mamado las tetas, follado el coño sin condón y me había dado por culo sin compasión era mi propio hijo, Alex.
Jaime, mi pareja, había convencido a mi hijo, fruto de un matrimonio anterior, de montarse un trio con nosotros. Mi pareja tenía una interpretación propia de mi fantasía del trio. Me había engañado para verme follada por mi hijo.
Ahora, muchas horas después y sin el alcohol diluyendo mi pudor, me sentía una bestia. Un monstruo por haber disfrutado del sexo con mi hijo. No lo podría volver a mirar a la cara.