Todo es Debido a Carmen - Capítulos 001 al 002

heranlu

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Era la primera vez que Carmen iba a casa de Rosa. Eran amigas desde no hacía mucho, pero congeniaron enseguida. Estaban las dos sobre la cama de Rosa, hablando de lo que hablan dos chicas jóvenes cuando están a solas. De chicos.

-¿Con cuántos te has acostado, Rosa?

-Pues... sólo con dos.

-¿Sólo dos?

-Sí. ¿Y tú?

-Con unos pocos más. Soy, digamos, bastante liberal.

-Bueno, más que liberal, lo que dicen por ahí es que eres un poco zorra.

-Jajajaja. Lo sé. Pero me importa un comino. Si un tío me gusta, no me ando con rodeos y me lo tiro. La vida es corta y hay que vivir. ¿Quién fue tu primer hombre?

-Se llamaba, bueno, se llama, Luis. Fue como hace dos años. Fuimos novios durante un tiempo. Después vino Juan.

-¿Qué Juan? ¿Juan el gafotas?

-No. Mi Juan no llevaba gafas.

-Ah, que pena. Porque el Juan que digo yo, el gafotas, folla de maravilla.

-Jajaja. Que brutita eres, Carmen.

-¿Yo? Nooooo. Jajajaja.

Las dos jóvenes chicas reían con ganas sobre la cama. La una, Rosa, morena, de piel blanca, con el pelo rizado y unos ojos azules preciosos. La otra, Carmen, rubia, con un cuerpo de impresión con el que cualquier hombre caía en sus redes sin esfuerzo.

-¿Y quién fue tu primer chico, Carmen? ¿Lo recuerdas?

-Coño, claro que lo recuerdo. El primero nunca se olvida, bonita.

-¿Quién fue?

-Mi tío Rodolfo.

-¿Tú tío?

-Sip

-Joder. Te... ¿forzó?

-Coño Rosa. ¿Cómo que si me forzó? Pues claro que no. Si fui yo la que me metí en su cama. Él no quería, decía que yo era su sobrinita, que no podía. Jajaja. Pero su polla dura dijo que sí.

-¡Qué fuerte, tía!

-Ummmm, que recuerdos. Mi tío sí que follaba bien. No he encontrado, aún, a nadie que lo supere. Y he buscado mucho. Jajajajaja.

-¿Sigues haciéndolo con él?

-Ojalá. La palmó hace un par de años.

-Uf, lo siento.

-Y yo. Jeje, pero que me quiten lo bailao. Digo, lo follao.

-Jajajajajaja.

Tan absortas en lo suyo estaban que no se dieron cuenta de que alguien las miraba desde la puerta. El padre de Rosa. Miraba a aquellas dos lindas chicas reír sobre la cama. No conocía a la rubia.

-¿Es bueno el chiste? - dijo.

Rosa y Carmen dieron un respingo y miraron hacia la puerta.

-Ah, hola papá. ¿Ya has vuelto?

-Sí, hoy salí un poco antes de la oficina. ¿Quién es tu amiga?

Miró a la rubia. Se dijo que estaba bien buena aquella chica.

-Coño, uy, perdón - dijo Rosa - Te presento a mi amiga Carmen. Carmen, este es Enrique, mi padre.

Carmen se levantó y se acercó al padre de Rosa. Rosa la miró. Se acercó a él contoneándose como una serpiente.

-Encantada, don Enrique.

-Ay, no me digas don, que me haces viejo. Encantado, Carmen.

Carmen le miró a los ojos. Sonrió.

-No eres viejo, Enrique

El pobre hombre se quedó un poco cortado. Aquella chica era muy directa. No le pudo aguantar la mirada.

-Bueno, voy a refrescarme un poco, chicas. Os dejo con vuestras cosas.

Enrique se alejó por el pasillo y Carmen volvió a la cama.

-No me dijiste que tu padre estaba tan bueno.

-Eres incorregible, Carmen.

-¿Le has visto la polla?

Rosa miró asombrada a su amiga. A veces no sabía cuando hablaba en serio y cuando en broma.

-¿Estás loca? Pues claro que no le he visto la polla a mi padre, coño.

-¿Nunca te has preguntado cómo la tendrá?

-Ya basta, Carmen. No te pases.

-Jajajaja, Rosita. No seas tonta. Que estoy de broma, mujer.

-Pues basta de bromitas.

-'Ta bien. No te sulfures.

Cambiaron de tema y siguieron hablando un rato largo. Después, Rosa se puso a leer y Carmen cogió el ordenador para leer su correo.

-Rosa, me estoy meando. ¿Dónde está el baño?

-Sal, pasillo a la derecha, al fondo.

-Okis.

Rosa siguió leyendo mientras Carmen salía corriendo en busca del baño. No prestó atención, pero cuando pasaron cómo cinco minutos y Carmen no regresaba, se preocupó. Dejó el libro sobre la cama y se iba a levantar a buscas a su amiga cuando ésta regresó. Entró en el cuarto de Rosa y cerró la puerta tras de sí. Se acercó a la cama y se tumbó al lado de Rosa.

-¿Qué? ¿Te perdiste?

-No.

-¿Entonces? ¿Estreñida o cagalera? Jajaja

-Ninguna. Rosa, le acabo de hacer una mamada a tu padre.

Rosa la miró primero como si le hubiese dicho que acababa de ver al mismísimo demonio jugando al parchís en el salón. Y después, estalló en una inmensa carcajada.

-Jajajaja. Carmen...Jajajaja. Claro, claro. Jajaja.

-¿No me crees? - dijo Carmen, seria.

-Claro que no. ¡Qué cosas se te ocurren!

-Pues es verdad.

Antes de que se diera cuenta, Carmen se acercó a Rosa. Acercó su boca a la suya y le echó el aliento. Rosa se quedó petrificada. Reconoció el dulzón aroma del semen.

-Aún me huele la boca a su corrida. Uf, y vaya corrida, Rosa. Tu padre hacía mucho que no descargaba. Casi mi atraganta con tanta leche.

-Pero... ¿Cómo has podido?

-Bajándole la bragueta y sacándole la polla. Que por cierto, es una muy buena polla.

-Joder, Carmen. Eres...eres...

-¿Una zorra?

-Sí.

-Jeje. Lo sé. ¿Pero quieres que te lo cuente o no?

-Claro que no.

-Vale. Te lo cuento - dijo, ignorando a su amiga.

Empezó a relatarle lo sucedido. Le contó que salió corriendo hacia el baño, que entró, se bajó las bragas hasta los tobillos y se sentó en la taza. Ni se ocupó de cerrar la puerta.

Cerró los ojos cuando empezó a salir el chorrillo.

-Uy, perdón - sonó la voz de Enrique.

Carmen abrió los ojos. El padre de Rosa había abierto la puerta del baño sin saber que estaba ocupado.

-No importa, Enrique. ¿Tienes pis?

-No, necesitaba algo del armarito.

-Pasa y cógelo.

-¿Seguro?

-Claro.

Enrique entró en el baño. En ese momento, Carmen volvió a orinar. El chorrillo se oyó claramente.

-Perdona, pero no podía más.

-Jeje, tranquila.

Miró a la guapa joven. Sentada en la taza, con la falda remangada hasta medio muslo, orinando. Era una imagen muy sexy y morbosa. Y cuando vio sus bragas blancas en los tobillos, se empezó a poner cachondo. Casi tira varias botellas de colonia al buscar lo que había venido a recoger.

-¿Estás nervioso, Enrique?

-¿Qué? No, no.

Se miraron a los ojos. Los de ella eran magnéticos. Atraparon la mirada de Enrique que no pudo apartarlos de ella. Y así pudo ver como la mirada de ella bajó unos segundos y se quedó fija en el bulto que formaba su polla en el pantalón. Volvió a mirar a los ojos de él y sonrió.

-Ah, no, nervioso no. Lo que estás es cachondo.

-Carmen...yo...

-Acércate.

Lentamente, Enrique se acercó a la chica. Ya había terminado de orinar, pero siguió sentada. Ella le puso una mano en una de las rodillas, y la fue subiendo poco a poco, mirándole morbosamente a los ojos. Cuando la mano llegó a la dura polla, la agarró y empezó a acariciarla.

-Ummmm, qué durita está tu polla.

-Aggg, Carmen. Esto...no puede ser.

-Claro que puede ser.

El sonido de la bragueta al bajarla Carmen hizo estremecer a Enrique. Y más se estremeció cuando la fina mano de la chica se metió dentro, buscando su polla. Diestramente, la sacó.

-Ummmm, Enrique. Vaya polla más linda que tienes. ¿Me la prestas?

Sin esperar respuesta, Carmen acercó su boca y empezó a chupar la polla. Enseguida Enrique se dio cuenta de que aquella chica sabía chupar una polla. Hacía mucho tiempo desde la última vez que se la chupaban. Desde la muerte de su mujer no había estado con nadie.

Cerró los ojos y disfrutó de la experta boca de Carmen. Sentía su lengua, sus manos. Hasta los dientes los usaba para darle placer. Aquello era tan intenso que no podría aguantar mucho aquella agradable tortura.

Llevó sus manos a la cabeza de la chica y le acarició el cabello. El placer no hacía más que aumentar. Si no la detenía se correría sin remedio en su cálida boca.

-Ummmm...no puedo más....Me vas a hacer correr si sigues así.

-¿A qué esperas para correrte? Cuando chupo una polla quiero mi premio.

-Agggg, dios mío.

Enrique la agarró por la cabeza. Ahora fue él el que empezó a moverse, follándole la boca. Ella se quedó quieta y le dejó hacer.

Carmen no le mintió a Rosa cuando le dijo que casi se había atragantado con toda la leche que Enrique le echó en la boca. Fueron varios chorros potentes, espesos y calientes que le llenaron la boca y la obligaron a esmerarse y tragárselo todo a prisa. Enrique gemía con cada golpe de caderas, con cada disparo lanzado contra la lengua y el paladar de Carmen.

La oía tragar, y eso lo excitaba aún más. Fue una de las mayores corridas de su vida. Una de las más placenteras. Y cuando se dio cuente de lo que había hecho, de lo que había dicho, salió corriendo del baño.

Carmen, relamiéndose los labios, lo miró marchar.

-Y así fue, Rosa, como se la mamé a tu padre. Ummmmm, ¿Sabes? Estoy ahora mismo muy cachonda. ¿Te importa que me haga una pajita aquí?

Carmen solía hacer preguntas de las que no esperaba a las respuestas. Antes de que Rosa dijese nada ya había metido una mano por debajo de su falda y se acariciaba el coño.

-Ummmm que mojadito lo tengo, Rosa.

-Carmen...pero... ¿Qué haces...?

-Darme gustito, Rosa... La polla de tu padre me ha calentado demasiado.

Rosa no pudo moverse. Se quedó mirando como Carmen se daba placer. Como se pasaba la lengua por los labios, mojándolos. Como entrecerraba los parpados. Como gemía. Miraba de vez en cuando hacia la falda. Veía como la tela se movía al ritmo con que su amiga se masturbaba.

-Agggg, Rosa...que...caliente estoy...uf....me voy a correr enseguida.

Rosa nunca había visto una mujer masturbarse delante de ella. Nunca había visto a una mujer correrse a su lado. Carmen cerró los ojos, apretó los dientes y empezó a ser recorrida por espasmos.

-Aggg agggg que... rico...aggg agggggg

El último espasmo fue largo, intenso. Hizo arquear el cuerpo de Carmen sobre la cama, para después dejarla inerme, quieta. Sólo su respiración jadeante movía su cuerpo. A los pocos segundos, abrió los ojos y sonrió.

-Ummm, vaya corrida, Rosa. Me ha dejado relajadita.

Rosa no dijo nada. Se quedó mirando a su amiga. Su pecho también subía y bajaba al ritmo de su respiración. Ella también jadeaba.

-Rosa... Estás cachonda.

-No...claro que no.

-Mentirosilla. Mira como se te notan los pezones. No has dejado de frotarte los muslos. Y tienes las mejillas sonrosadas. Seguro que tienes el coño empapado.

Lo tenía como un lago.

-¿Qué te puso cachonda? ¿Cómo te conté la mamada a tu padre o ver como me hacía una pajita a tu lado?

Otra vez no hubo respuesta. Las dos cosas la habían excitado. Pero no podía decírselo a Carmen.

-Venga, Rosa. Hazte una pajita. Me encantará verlo.

-No...no...no puedo.

Carmen se acercó a Rosa. Casi pegó su cuerpo al suyo.

-¿Prefieres que te le haga yo?

No había terminado la frase y ya le había puesto una mano en la rodilla a Rosa, que se quedó petrificada. Sintió como una corriente que la atravesaba. Empezó a temblar cuando la mano de Carmen empezó lentamente a subir por su muslo.

-No será la primera vez que acaricie a una mujer, Rosa. Me encanta.

Las dos chicas se miraban a los ojos. En la cara de Carmen había una tierna sonrisa. En la de Rosa, miedo y deseo. La mano subía y subía, cada vez más cerca. Hasta que llegó a las braguitas.

-Ummmm, pero Rosita. Si estás chorreando.

La pasó un dedo a lo largo de la raja del coñito, sobre la tela, y Rosa cerró los ojos al tiempo que se moría el labio inferior. Abrió más sus piernas cuando Carmen metió la mano por dentro de las bragas y empezó una suave y sensual paja.

-Aggggg, Carmen...ummmm

Carmen se tumbó al lado de Rosa. Sus bocas quedaron casi pegadas.

-Mírame, Rosa

Abrió los ojos y se miraron. Lentamente, Carmen acercó su boca a la boca de Rosa y la besó. Primero, un tierno beso en los labios. Después, un beso apasionado, metiendo la lengua y buscando la otra lengua. Su dedo corazón frotó el clítoris de Rosa al mismo tiempo. La espalda de la chica se arqueó sobre la cama.

-¿Aún notas el sabor de la leche de tu padre en mi boca, Rosa?

Aquellas palabras llevaron a Rosa al borde del orgasmo. Era ya irremediable. Se iba a correr gracias a las caricias de otra mujer. E iba a ser un orgasmo intenso, arrollador.

-¿Sabes que me dijo tu padre cuando se empezó a correr en mi boca, mientras me iba tragando su leche?

-Agggg no...no...¿Qué...te dijo? - respondió Rosa con un hilo de voz, su cuerpo empezando a tensarse.

-Me dijo: "Así, así...Así Rosa...trágate la leche de papi, Rosa. Trágate la leche de papi"

Eso fue la gota que faltaba. El cuerpo de Rosa se congeló, rígido. Su pecho dejó de respirar y el placer más arrasador de su vida la rompió en mil pedazos. Su coño palpitó entre los dedos de Carmen, llenándoselos de abundantes y calientes jugos. Carmen miraba el orgasmo que estaba recorriendo el cuerpo de su preciosa amiga. Fueron largos segundos de puro placer, que acabaron de repente.

La espalda de Rosa cayó sobre la cama. Su cuerpo, ahora fláccido, quedó quieto. Carmen sacó lentamente su mano y estuvo unos segundos mirando a Rosa, hasta que ésta abrió los ojos y se miraron.

-Vaya, creo que te ha gustado mi caricia.

-Uf...sí.

-Estabas muy caliente.

-Mucho. No sé por qué.

-Jeje, tú sabrás. Pero el saber que tu padre te desea creo que ha ayudado algo.

-No puede ser. Mi madre también se llamaba Rosa. Se referiría a ella

-Piensa lo que quieras. Pero sus palabras fueron "Trágate la leche de papi". Y cuando le dije que yo no era Rosa, salió corriendo.

-Joder.

-Jajajaja. Tranquila mujer, que no es el primer padre que desea a su hija. Ni tú la primera hija que desea a su padre.

-Yo no deseo a mi padre.

-¿A no?

-No - respondió, convencida.

-Pues te acabas de correr pensando en él.

-Yo...no pensaba en él. Me he corrido porque tú....

-Porque yo te acabo de hacer una rica paja.

-Sí.

-Pues eso no es nada, guapa, comparado a lo que sentirás cuando te coma el coño. Pero tendrá que ser otro día. Es muy tarde. Tengo que irme.

Rosa acompañó a Carmen a la puerta.

-Dale un beso de mi parte a tu padre. jajaja. Chao

-Adiós

Rosa volvió a su cuarto. Se sentó en la cama y se puso a pensar en lo que había pasado esa tarde. No se lo podía creer. Había tenido una relación lésbica. Se había enterado de los ocultos deseos de su padre. Desde luego, había sido una tarde muy aprovechadita.

Se quedó allí hasta la hora de la cena. Su padre siempre la preparaba a la misma hora. Fue a la cocina y allí estaba él.

-Hola papi.

Se miraron los dos unos segundos y ambos desviaron la mirada.

-¿Se fue ya tu...amiga?

-Sí hace rato. ¿Qué te parece?

-Bueno. Parece simpática.

-Un poco loca, ¿No?

-Ah...no me lo pareció. Sólo la vi un... momento

"Sí, sí, un momento", pensó Rosa.

Cenaron prácticamente sin hablarse. Ambos se sentían un poco cohibidos. Al finalizar la cena, Rosa volvió a su cuarto a estudiar, y Enrique al salón a ver un rato la televisión

No estudió. Se puso a oír música y a navegar por internet. Sobre las 10 de la noche sonó su móvil. Era Carmen.

-Hola guapa.

-Hola Carmen.

-Me lo voy a tirar.

-¿A quién?

-Al vecino del quinto. ¿A quién va a ser? A tu padre.

-Joder Carmen.

-No te estoy pidiendo permiso. Sólo te informo. ¿Dónde está?

-En el salón.

-Dame el teléfono de tu casa. Lo voy a llamar.

-No.

-Bueno, si no me lo das, me planto ahí.

-Cabrona.

-Jajajaja. Venga mujer. Sólo quiero... calentarlo un poco ¿Quieres oírlo?

-¿Qué?

-Que si quieres oír la conversación. Lo llamaré con mi fijo y pondré el manos libres.

-No.

-Tú misma. Dame el teléfono y cuelga si quieres. Yo no colgaré.

Rosa le dio el número. No colgó. Siguió escuchando a través de su móvil. Oyó el sonido de un teléfono sonando. Y después, la voz de su padre.

-¿Sí? Dígame.

-Hola Enrique. Soy Carmen.

-¡Carmen! Ho...hola. ¿Quieres hablar con Rosa?

-No. Quiero hablar contigo. Enrique...

-Dime.

-Me encantó chuparte la polla. ¿A ti te gustó?

-Claro que me gustó - respondió, hablando bajito.

-No hace falta que hables tan flojito. Nadie nos oye.

-Me gustó mucho.

-¿Por qué saliste corriendo?

-Yo...es que...

-No me importó que me llamaras Rosa. ¿La deseas, verdad?

Silencio. El corazón de Rosa palpitaba con fuerza, esperando oír la respuesta de su padre.

-Venga, dímelo. A mí me lo puedes decir. No te voy a juzgar. Dímelo. Dime que deseas a tu hija.

-Joder, sí. La deseo.

-Ummmmmm Enrique...Eso me pone muy cachonda.

-Pues a mí me hace sentir asqueroso. Un padre no puede sentir esto por su hija.

-No seas tonto, Enrique. Rosa es una chica preciosa...

-Y se parece tanto a su madre.

-No se puede luchar contra el deseo. Puedes ignorarlo, darle la espalda, pero eso no lo hará desaparecer.

-Lo sé. Llevo mucho tiempo así. Me digo que soy un monstruo, que tengo que dejar de sentir esto, pero no dejo de sentirlo.

-Deja de luchar. Asúmelo. Ummm Enrique... Estoy muy cachonda. Me estoy acariciando el coñito. Está muy mojadito.

-Carmen...también yo me estoy excitando.

-¿Sí? ¿Se te está poniendo la polla dura como esta tarde?

-Ujum.

-Ummmm. ¿Cuando hacía que no te corrías? Vaya lechada que me hiciste tragar.

-Varios días.

-Sé por qué.

-¿Lo sabes?

-Sí. Lo sé. Es porque cada vez que te masturbas piensas en Rosa, y por eso lo haces pocas veces, cuando ya no puedes más. ¿Es así, no?

-Sí.

Rosa, que seguía escuchando, estaba estupefacta. Y excitada.

-Sácate la polla, Enrique. Hagámonos una paja juntos. Aggggg me estoy metiendo los dedos...

-Uf, Carmen. Cómo me pones. Ya...me la he sacado.

-Ummmm Enrique... Venga, tócate la polla. Sube tu mano...arriba...abajo.

-Aggggg Sí...

Rosa, acostada en su cama, escuchando atentamente, había llevado una mano hasta su coño y se masturbaba con ellos.

-¿Cuántas veces te has corrido pensando en ella, Enrique?

-Muchas. No lo sé.

-¿Dónde está ella ahora?

-En su cuarto.

-Ummm, ¿Te imaginas que entre ahora en el salón y te vea así, con la polla en la mano?

-Agggggggggg Carmen...

-Seguro que se acercaría hacia ti.

-Ummmm ¿Tú crees?

-Claro que sí. Miraría tu polla.

-¿Y qué más?

Enrique tenía los ojos cerrados. Movía su mano a lo largo de su polla, escuchando las cosas que aquella endiablada chica le decía. Rosa, en su cama, también escuchaba. Y gemía de placer.

-Se acercaría a ti. Se arrodillaría entre tus piernas.

-Oh, dios mío, Carmen...

-Y te diría: "Déjame a mí, papá. Déjame a mí.

-¿Eso haría?

-Sí, apartaría tus manos y agarraría tu dura polla. Te miraría con esos preciosos ojos azules.

-Ummm sus ojos. Son tan bellos sus ojos.

-¿Los has imaginado mirándote mientras ella tu chupaba la polla, verdad?

-Muchas...muchas...veces.

-Pues eso haría, Enrique. Te miraría a los ojos y te haría una lenta y sensual mamada.

-Carmen...me voy a correr...me voy a correr...

-Sí sí sí...y yo contigo. Córrete en su boca. Se lo tragará todo, como hice yo. Aggggg Dime...dime lo que me dijiste esta tarde...

Rosa estaba al borde del orgasmo. Ella también deseaba oírlo. Deseaba oír a su padre decirlo.

-Agggg Rosa...Rosa...trágate la leche de papiiiii

De la polla de Enrique salió un potente chorro de semen que cayó sobre su pijama. Fue seguido por varios más, que mancharon su mano y su pantalón. Al otro lado de la línea, oyéndolo correrse, Carmen temblaba de placer. Y en su cama, escuchando gemir a su padre diciendo su nombre, Rosa se corría apretando la cara contra la almohada para no gritar.

Los tres estuvieron unos segundos callados. Carmen fue la primera en hablar.

-Enrique. Quiero que me folles.

-Carmen, yo también lo deseo. No sabes cuánto.

-¿Cuándo? ¿Cuándo me vas a follar?

-Mañana. Mañana mismo. Pediré un par de horas en la oficina y te follaré aquí, en casa.

-Ummmm sí sí sí.

Se pusieron de acuerdo la hora y se despidieron. Carmen cogió el móvil.

-¿Sigues ahí, verdad?

-Sí, respondió Rosa.

-¿Lo has oído todo?

-Hasta el último gemido. Tenían razón.

-¿Quién tenía razón sobre qué?

-Los que decían eras una zorra.

-Jajajaja. Desde luego. ¿Cómo te sentiste al oír a tu padre decir todo eso sobre ti?

-Rara. Joder. Y también...

-Cachonda.

-Sí. No sé por qué.

-Yo sí.

-Coño Carmen. ¿Es que lo sabes todo?

-Jajaja. Casi. Pero es sencillo. A todas las mujeres nos gusta saber que los hombres nos desean. Pero nuestros padres no están dentro del grupo de hombres que pueden sentir deseos hacia nosotras. Ese tabú es muy difícil de romper. No quiero decir que todas las hijas sientan deseos, ni todos los padres. Pero cuando sabes que tu padre los siente, se te despierta un morbillo especial. Saber que el hombre más especial de tu vida siente hacia ti lo que cualquier otro hombre sentiría, te hace sentir especial.

-Hablas como si te hubiese pasado a ti.

-Sí, a mi me pasó, pero la versión mala.

-¿Versión mala?

-Tu padre te desea, pero en el fondo es un hombre normal, que adora a su hija y que jamás se atrevería a tocarte ni un pelo. Mi padre no era así. Él si me tocaba, por las noches en mi cama, siendo aún una niña. Me hizo cosas que no entendí, hasta que mi madre lo pilló y todo terminó.

-¡Qué fuerte!

-Sí, la vida. Crea que aún no le he perdonado. Y no sé si algún día lo haré.

-¿Y tu tío?

-Ummm, mi tito lindo. Con él fue muy distinto. Él era como tu padre. Me adoraba. Siempre me decía que era su sobrina preferida, pero jamás me hizo nada, ni el más mínimo roce. Quizás por eso, cuando mis hormonas empezaron a florecer, me fijé en él. Era el hombre que yo más quería. Y me propuse que él sería el primero.

-¿Pero cómo lo hiciste? Quiero decir que si él jamás te tocó ni intentó nada...

-Jejeje, ay Rosita. Qué poco conoces a los hombre. Mi tío jamás se atrevió a tocarme. Tu padre tampoco lo hará. Pero ambos son hombres. Y si le tocas la polla a un hombre y le dices en plan mimoso que quieres que te folle, ese hombre te folla. Puede que se resista un poco, que trate de evitarlo, pero notarás como la polla se le pone dura. Te dirá mil cosas, que no puede ser, que eres su sobrina, que es tu tío, que está mal. Pero se quedará quieto mientras le bajas la bragueta. Y cuando le saques la polla, ya está perdido. Uf, que recuerdos me trae esto.

-¿Así fue con tu tío?

-Sí, más o menos. Me pasé semanas insinuándome, rozándome con él. Lo abrazaba y le daba besitos tiernos, pero él, nada. Hasta que decidí tomar el toro por los cuernos. En este caso, a mi tío por la polla. Jajajajaja

-Jajajaja. Eres terrible, Carmen. Jajajaja.

-Lo sé. Y mañana me voy a follar a tu padre. Uf, no sabes las ganas que tengo. Está muy bueno. Me recuerda un poco a mi tío. ¿Vendrás?

-¿Cómo que si vendré?

-Si vendrás a oírnos follar. Incluso a vernos follar.

-Tú estás loca.

-Jejeje, un poco. Pero sé que tienes ganas de ver como tu padre me folla.

El silencio de Rosa lo dijo todo.

-La puerta del armario de tu cuarto tiene rendijas, ¿No?

-Sí. - dijo Rosa, mirando a la puerta, que miraba justo hacia su cama

-Pues saca algunas cosas y hazte un hueco. Tu padre me va a follar en tu cama.

-Joder Carmen.

-No seas tonta. Sé que te mueres de ganas de verlo todo. Seguro que el coño te palpita como loco ahora mismo. ¿Sabes? También tengo unas ganas locas de comerte el coñito.

-Carmen...

Era cierto. Todo era cierto. Aquella chica lo sabía todo. Conocía las raíces del deseo. Rosa empezó de nuevo a acariciarse.

-Sí Rosita. Me voy a comer tu coñito. Ya verás que rico. Ningún hombre te lo ha comido como yo te lo voy a comer.

-Ummmm me estás poniendo cachonda otra vez.

-Me acabo de hacer una paja con tu padre. Y ahora me voy a hacer una contigo, Rosa. También deseo que me comas el coño tú a mí. Mirar esos preciosos ojos tuyos mientras me corro en tu boca...Ummmmmmm. ¿Nunca has deseado comerle el coño a otra mujer?

-No, nunca. No hasta hoy, cabrona.

-Jajajaja. Te va a encantar.

Las dos chicas se masturbaban, con los ojos cerrados, oyéndose gemir. Carmen le decía cosas calientes a Rosa, que la encendían más y más, aumentando la intensidad de los gemidos.

-Agggg, Rosa... me voy a correr otra vez. Córrete conmigo.

-Si, si...yo...también estoy a punto.

-¿Sabes lo que más me gustaría? ¿Lo que más caliente me pondría?

-Ummm, no...dímelo...

-Pues...comerte el coño...justo después de que...aggggg tu padre te hubiese follado. Comértelo rebosando su leche, su corrida. Beberme todo...tus jugos y...los suyos....Agggggggggggggg

Carmen se corrió. Rosa, imaginando su coño rebosando la leche de su padre, se corrió.

-Hasta mañana, Carmen. Ya hablaremos.

Colgó. Fue una despedida fría. Rosa se quedó, acurrucada en su cama, pensando en todo lo que había pasado en ese extraño día. De ser una chica normal, con una vida normal, había pasado a tener sexo con otra mujer, había conocido el deseo que su padre tenía por ella, se había excitado por ese deseo y, sobre todo, había empezado a sentir deseos. Deseo de ver a su padre con Carmen. Y, aunque no quería reconocerlo, deseos hacia él.

Y todo por esa jodía mujer. Todo por culpa de Carmen.

Le costó dormirse esa noche.

++++++

Al día siguiente se encontraron en la facultad.

-Hola Rosita. Anoche me colgaste de golpe.

-Lo siento. Tenía muchas cosas en la cabeza.

Carmen se acercó una de las orejas de Rosa y le susurró.

-Yo lo que tengo en la cabeza es la polla de tu padre follándome, y a ti mirándome.

Le rozó el cuello con los labios, dándole un suave beso. Rosa sintió un escalofrío por todo su cuerpo.

-¿Vendrás, verdad?- preguntó la bella rubia.

-Sí.

-Ummmmm, bien. Uf, qué cachonda estoy. Mira como se me notan los pezones.

Rosa miró el pecho de Carmen. Los pezones se marcaban como dos pitones.

-Wow, Carmen. Si vas a clase así el profe de económicas no dará pie con bola.

-Jajaja. Lo que necesito es una buena...paja. - y mirando fijamente a Rosa a los ojos, le dijo - ¿Me haces una pajita, Rosa?

-Joder...Carmen.

-Ummm venga... estoy demasiado caliente como para ir a clase. Vamos al baño del segundo, que es el menos concurrido.

-Me da a mí en la nariz que no es la primera vez que vas a ese baño.

-Jeje, nop.

Carmen se dio la vuelta y empezó a dirigirse hacia el segundo piso. Rosa la vio alejarse. El corazón le latía con fuerza. El coño le palpitaba

"Pero... ¿Qué coño me está haciendo esta chica?", pensó, mientras empezó a seguirla. Carmen miraba hacia atrás, de vez en cuando. Le sonreía y le tiraba besitos.

Carmen entró en el baño como si nada. Rosa, por el contrario, antes de entrar miró hacia todos los lados para asegurarse que nadie miraba

Dentro, aguantando la puerta de uno de los reservados, la esperaba Carmen. Con la carpeta apretada al pecho, Rosa corrió y entró. Carmen cerró la puerta y echó el cierre. La puerta era completa. Nadie desde fuera podría ver nada.

Rosa se quedó quieta. El corazón le latía con fuerza. Se apretaba la carpeta contra el pecho. La manera en que Carmen la miraba la intimidaba un poco. Y la atraía con la misma fuerza.

Carmen se acercó, le quitó la carpeta y se pegó a ella. Sus pechos se encontraron. Sintieron contra sus tetas las tetas de la otra.

-Dame un besito, Rosa.

Carmen no esperó. Fue ella la que acercó su boca a la de Rosa. Fueron sus labios los que besaron los labios de Rosa. Sus manos las que la abrazaron y la atrajo hacia ella. Y su lengua la primera en entrar en la boca de la estremecida morena.

Rosa poco a poco empezó a reaccionar, a devolver los besos. A buscar con su lengua la otra lengua. Las dos chicas se apoyaron contra la pared del pequeño cubículo. Apenas cabían las dos, pero eso ahora no les importaba.

Carmen llevaba falda. No le costó nada coger la una de las manos de Rosa y llevarla hasta sus bragas. La apretó contra ella y la soltó. Rosa no la quitó. Sintió el calor, la humedad.

-Ummm Rosa...acaríciame...por dentro...acaríciame el coñito. Verás que mojado está.

Rosa metió los dedos por debajo de la braga. Y recorrió la raja de aquel coño. En verdad estaba mojado. Sus dedos resbalaron con facilidad por los pliegues, por los labios. Así se le ponía el coñito a Rosa cuando estaba muy excitada. Así lo tenía ahora mismo

-Agggg, ummm, así...así...que rico. Imagina que es tu coño el que acaricias.

Se volvieron a besar mientras Rosa no dejaba de frotar y acariciar. Le hacía a Carmen lo que ella misma se hacía. Dejar el clítoris entre las yemas de dos dedos y trazar círculos. Por los gemidos de Carmen, le gustaba.

-No pares Rosita. Sigue así. ¿Tú estás mojadita?

-Ummm, joder...chorreando.

-¿Quieres que te haga yo una pajita a ti?

-Sí, claro que quiero.

Rosa ese día llevaba pantalones, pero eran holgados. Carmen le bajó la cremallera y metió su mano dentro, directamente por dentro de las bragas.

Las dos chicas, besándose y abrazando sus lenguas entre sí, se acariciaban la una a la otra. Ambas con los ojos cerrados. Ambas jadeando de placer.

El reducido lugar enseguida se calentó. Las dos empezaron a sudar ligeramente, pero no dejaron de besarse, de acariciarse. Hasta que Carmen, de repente, se quedó quietan, tensa, con un ligero temblor en todo el cuerpo.

Rosa comprendió que le estaba dando su primer orgasmo a otra mujer. Y le encantó. Desencadenó el suyo propio. En sus dedos sintió los jugos de Carmen. Carmen los de Rosa en los suyos.

Después de unos segundos, ya recuperadas, se miraron. Y se sonrieron antes de darse un nuevo y sensual beso.

-Vámonos a tu casa, Rosa. Te ayudaré a prepararlo todo. No nos queda mucho tiempo.

Se arreglaron las ropas. Fuera se refrescaron un poco y se marcharon juntas de la facultad.

+++++

Cuando llegaron a la casa de Rosa, se fueron al dormitorio. Carmen fue derechita al ropero y lo abrió.

-Perfecto. quitando un poco de ropa cabrás perfectamente. Ayúdame.

Entre las dos sacaron unos pocos trajes.

-Bien. Métete dentro y probamos.

Rosa entró y Carmen cerró la puerta. Dentro había bastante claridad, que se colaba por las numerosas hendiduras. Carmen se acostó en la cama y miró al ropero.

-¿Qué tal? ¿Me ves bien?

Rosa miró por entre las rendijas. No era perfecto pero no se iba a perder detalla de lo que allí pasara.

-Sí, bastante bien. ¿U tú a mí? ¿Me ves?

-Nop, para nada.

Rosa salió del armario.

-Joder. Estoy nerviosa, Carmen.

-Jeje. Y yo. ¿Qué hora es?

-Las 10:30

-Coño. Quedamos a las 11. Mira, mejor me voy y le espero abajo, en la calle. Tu quédate aquí y en cuando oigas la puerta, te metes en el ropero. ¿OK?

-Vale.

-Hasta luego, guapa.

Dando saltitos, como una niña, Carmen salió del cuarto y a los pocos segundos Rosa oyó la puerta. Se sentó en la cama a esperar.

A esperar a que su padre viniese y se follara a su amiga en su propia cama
 

heranlu

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Todo es Debido a Carmen - Capítulos 002

Sentada en la cama, Rosa esperó. Atenta al menor ruido para esconderse rápidamente en el armario.

En la calle, Carmen esperaba en frente del portal a que el padre de Rosa, llegara.

Cinco minutos antes de la hora convenida, lo vio llegar. Enrique también la vio a ella, y le hizo un disimulado gesto. Él entró en el portal y ella segundos después. Simulando no conocerse, pues el portero revoloteaba por allí, se acercaron al ascensor y esperaron a que llegara. Los ojos de Carmen fueron de los números que se encendían y apagaban marcando los pisos, a los ojos de Enrique, al evidente bulto que formaba su dura polla en el pantalón y de nuevo a sus ojos. Le sonrió.

Cuando el ascensor llegó, él le abrió amablemente la puerta y entraron. En cuando las puertas se cerraron y el ascensor empezó a subir, Carmen se abalanzó sobre Enrique. Lo besó con pasión y llevó una de sus manos a la polla.

-Ummm, que dura la tienes ya. ¿Es por mí?

-Claro que es por ti, Carmen.

-Pues si vieras como tengo yo el coño.

El ascensor paró y los dos salieron, tranquilamente. No había vecinos por allí en aquel momento, así que Enrique se dirigió a la puerta de su casa y abrió la puerta. Carmen, rápidamente, entró y él cerró tras ella.

Al fondo, Rosa se metía en el armario sin hacer ruido.

Carmen y Enrique volvieron a abrazar. La mano de Carmen volvió a la dura polla.

-Ummm, papá... ¡Qué dura tienes la polla! ¿Me quieres follar? ¿Quieres follarte a tu nenita?

-Claro que quiero follarte, Carmen. Te deseo como un loco. ¿No lo notas?

Carmen le miró a los ojos y le apretó la polla.

-Llámame Rosa.

-¿Qué?

-Que me llames Rosa. Imagínate que soy ella. ¿Me follarás, papá? ¿Me follarás en mi camita?

Enrique la miró. Era muy distinta a su hija, pero la idea de pensar en Rosa mientras se follaba a Carmen lo excitó sobremanera. La agarró con las manos por las mejillas y la besó, metiendo su lengua todo lo que pudo en la boca de la chica.

-Claro que te voy a follar en tu cama, Rosa. No sabes las veces que he deseado hacerlo. Las veces que me he imaginado que te abrazaba, que te besaba.

-Y que me follabas

-Ummm sí, que te follaba

-Que le clavabas la polla a tu hija.

-Sí.

-Mirándome a los ojos.

-Aggg, Rosa, sí, sí

-Vamos, papi. Vamos a mi camita.

Le cogió de la mano y lo llevó hasta el cuarto de Rosa. Ella iba delante. Cuando entró, miró hacia el ropero y guiñó un ojo. Sabía que Rosa estaría mirando. Aún cogiendo a Enrique de la mano, lo llevó justo delante del ropero.

-¿Sabes una cosa, papi?

-Dime Rosa.

En la semioscuridad de su escondite, los ojos de Rosa se abrieron como platos. Su padre llamaba Rosa a su amiga, y ella le decía papá. Era como si se la fuese a follar a ella. El corazón le palpitaba. El coño le palpitaba. Se llevó una mano y empezó a acariciarse. No sabía si podría disimular sus gemidos.

-No he podido olvidarme de tu polla. Como la sentía ayer en mi boca. ¿Quieres que tu hijita te chupe la polla?

-Rosa, es lo que más deseo. Que mi preciosa hija me chupe la polla.

Por las rendijas, Rosa vio como Carmen se arrodillaba delante de su padre. Le empezó a pasar la mano sobre la polla. Podía distinguir fácilmente el bulto que formaba. Observó como Carmen, mirando a su padre a los ojos, le bajó lentamente la bragueta, como metió la mano y como le sacó la polla. Sus ojos se quedaron clavados en la polla de su padre. Le pareció una polla hermosa, y desde su oculta atalaya le parecía dura. Se movía con los latidos de su corazón.

-Ummmm, papi, que polla más bonita tienes. ¿Quieres que te la chupe?

-Sí, chúpamela.

-Ya sabes como tienes que pedirlo.

-Chúpame la polla Rosa. Chúpale la polla a papá.

Rosa asistió a una lenta y sensual mamada por parte de su amiga a su padre. Chupaba la polla despacito, lamiéndola de arriba a abajo. Con la lengua acariciaba la gorda cabezota. Se ayudaba a veces de la mano, masturbando el tronco mientras mamaba. Y su padre gemía de placer. Y hablaba, decía cosas, cosas que tenía a Rosa al borde del orgasmo.

-Así, Rosa... que bien le chupas la polla a papá. Siempre he deseado tenerte así, arrodillada delante de mí con mi polla en tu preciosa boca.

-Ummmm y yo siempre he querido que lo hicieras.

-Agggg que bien chupa mi niña. ¿Sabes? A veces voy a tu cuarto por las noches y te veo dormir

Rosa se estremeció al oír aquello. Su padre en la puerta de su cuarto, mirándola, y, quizás, tocándose.

-¿Sí, papi? ¿Haces eso?

-Sí Rosa, eso hago.

-Ummm, que malo eres. Espiando a tu hijita. Seguro que te tocas la polla mientras me miras.

-Rosa....sí... me toco

-Te imaginas que me despierto y te veo.

-Sí

-Que miro tu polla - dijo Carmen dándole un besito en la punta.

-Ummm sí.

-Que te pide que dejes de mirarme y que me folles.

-Agggg Rosa...sí. Todo eso imagino mientras te miro.

Rosa, es su escondite, tuvo su primer orgasmo. Intenso, arrollador. Apretó con fuerza los dientes para no gritar. Aguantó como pudo la respiración para no jadear, y cuando las intensas olas de placer cesaron, respiró a bocanadas lentas. No apartó la vista ni un segundo de como la polla de su padre entraba y salía de la boca de Carmen.

-Ummm papi. ¿Y por qué no te acercas a mí? ¿Por qué no me acaricias la carita con tu polla mientras duermo? Si me despertase en ese momento, haría lo que estoy haciendo ahora, chuparte esta preciosa polla.

-Rosa...lo he pensado...tantas veces...Pero no puedo, no puedo.

-Ahora sí puedes, papá.

Enrique le levantó la cara, se cogió la polla y se la pasó por la linda carita. Era Carmen, la guapa y sexy Carmen, pero él se imaginaba que era su preciosa hija, con sus profundos ojos azules. Cuantas veces se había imaginado, en esas noches que la espiaba desde la puerta de su habitación, que se acercaba y se masturbaba a su lado. Y que se corría sobre su linda cara, dormida. Que la dejaba así y se iba a dormir. Pero sólo era una fantasía. Algo que nunca ocurriría.

La fabulosa mamada que Carmen le estaba haciendo lo estaba llevando inexorablemente hacia el orgasmo. Bañar aquel bello rostro con su semen sería algo excitante y morboso, pero ahora quería otra cosa. La hizo detener.

-Para, Rosa. O papi se correrá en tu boca.

-Ummmm, me encanta tu leche papi. ¿No me la vas a dar?

La levantó y la besó.

-Hoy papi te va a dar su leche en otro sitio.

-¿En dónde, papi?

-En tu coñito.

-Ummmmmmmmm papi, sí, sí, sí

Mientras Carmen le acariciaba la polla, Enrique la fue desnudando. Cuando le quitó toda la ropa y la miró, se quedó maravillado del hermoso cuerpo de la joven. La acercó hacia sí y la acarició. Atrapó sus tetas entre sus manos y lamió sus duros pezones. Ahora, Carmen lo fue desnudando a él. Al poco tiempo, los dos estaban completamente desnudos.

Rosa se estremeció a ver como su padre acariciaba a su amiga. Se empezó a preguntar cómo se sentiría si fuese a ella a la que estuviera besando, a ella a la que le estuviera lamiendo y chupando los pezones como hacía con Carmen. Si fuese ella la que tuviese la polla de su padre bien agarrada en su mano. Frotaba su mojado coñito mirando, deseando.

Enrique tumbó a Carmen sobre la cama de Rosa. Él se acostó a su lado y la contempló. Su bello rostro, su largo y fino cuello. Sus preciosas tetas. Su vientre plano. Su claro pubis. Sabía que no era Rosa. Que el de Rosa sería oscuro. Pero siguió con el juego que tanto lo excitaba.

-Eres preciosa, Rosa.

-¿Te gusta mi cuerpo, papi?

-Llevo soñando con él mucho tiempo.

-Pues es todo tuyo. Cómete a tu niñita.

Se agachó y la besó, metiendo su lengua en la cálida boca. Sus manos acariciaban las tetas, notando los duros pezones. Lentamente, fue bajando una de sus manos. Acarició el vientre, el pubis. Carmen gimió cuando los dedos de Enrique se abrieron paso entre sus piernas.

-Agggg, papi.... Qué mojadita estoy. Es por ti.

Enrique pasó un dedo a lo largo de aquella encharcada raja. Frotó el clítoris y Carmen se estremeció sobre la cama.

Rosa vio como su padre le decía algo al oído a Carmen que no pudo escuchar. Supo lo que fue cuando Carmen contestó.

-Aggg, si papi. Cómeme el coño. Cómele el coño a tu hija.

Rosa se quedó mirando como su padre empezaba a bajar lentamente por el cuerpo de Carmen. Vio como besaba su cuello, como lamía sus tetas. Carmen gemía de placer y miraba hacia donde estaba Rosa. Se mordía un dedo y se contorsionaba sobre la cama. Sentía la boca de Enrique cada vez más cerca de su coño.

-Papá... cómemelo. Cómeme el coñito ya...

Enrique metió la cara entre las piernas de la chica. Lo primero que hizo fue inspirar. Llenarse los pulmones de aquel exquisito olor. El olor de un coño excitado, mojado, anhelante.

Sólo había una cosa que le gustase más que ese olor. El sabor. Abrió la boca, sacó la lengua y la pasó a lo largo de la sabrosa raja.

-Ummmmm cómo me gusta el coñito de mi niña.

-¿Te gusta, papi? ¿Te gusta mi coño?

-Me encanta

Rosa no pudo más. Se volvió a correr. El estrecho habitáculo se estaba llenando del aroma de su sexo. De calor. Sudaba, pero no dejó de mirar. Veía la cabeza de su padre entre las piernas de Carmen. La movía hacia los lados, en círculos. Miraba hacia Carmen, que no dejaba de gemir. Ésta llevó sus manos a la cabeza del padre de Rosa y lo apretó contra su coño. Su espalda se separó de la cama.

-Aggggggggggg papiiiiiiiiii me...corrooooooo

Hacía tiempo que Carmen no se corría tan intensamente como lo hizo contra la boca de Enrique. Aquel hombre sin duda sabía comerse un coño como era debido. Le recordaba tanto a su amado tío.

Durante los largos segundos que duró el orgasmo de Carmen, Enrique no apartó su boca. Con placer recibió en la cara y en la boca los abundantes jugos del intenso orgasmo de la chica. Y siguió lamiendo y chupando cuando ella quedó relajada, sin fuerzas, ahora más despacito.

-Ummm papi...que rico me comiste.

-Me pasaría el día haciéndolo, Rosa.

-Papi... fóllame...fóllame ya

-Sí, Rosa, mi amor. Papi te va a follar.

El corazón de la verdadera Rosa latía con fuerza mirando como su padre subía lentamente, se ponía entre las abiertas piernas de Carmen y la penetraba. Casi sintió que era a ella a la que le estaba metiendo su linda polla. Y lo deseó. Deseó que fuese a ella, que su padre la follase como se estaba empezando a follar a Carmen, besándola, acariciándola, entrando y saliendo de ella lentamente, sin prisas. Miró con envidia como su amiga gozaba ante sus ojos.

Pero no se atrevió a salir. Ese hombre era su padre. Ella era su hija. Eso no podía ser.

-Agggg Papi...que bien me follas.... más... más...fóllame más, papá.

Enrique aumentó el ritmo de la follada. Entrelazó sus manos con las de la chica, besándola ahora con pasión, follándola con fuerza, arrancándole más y más gemidos de placer.

-Dímelo Rosa. Dime como te gusta que te folle papi.

-Me encanta, papi. Nadie me había follado así nunca, sólo mi tío.

-¿Tú tío? - preguntó sorprendido Enrique. Él no tenía hermanos y su esposa tampoco.

-No importa. No pares. Fóllame, fóllame.

Carmen se corrió. Rosa la miró en ese momento. Vio su cara crispada, su cuerpo tenso. Y a su padre taladrarla sin parar. Después del intenso orgasmo, Carmen abrió los ojos y miró al hombre que la seguía follado. Por fin había encontrado a otro hombre como su tío. Estaba claro que los hombres maduros le iban más que los jovenzuelos.

Enrique se paró. Se salió de Carmen y quedó arrodillado sobre la cama. Los ojos de Carmen y los ojos de Rosa se quedaron clavados en su polla, brillante por los abundantes jugos que el coñito de Carmen destilaba.

-¿No me follas más, papi?

-Claro que sí, Rosa. Date la vuelva.

Carmen sonrió y se dio la vuelta, pero lo hizo de tal manera que su cara quedase mirando directamente hacia el ropero. Miró fijamente a las rendijas, levantó las caderas.

-Clávame la polla, papi. Fóllame y lléname el coño de lechita.

Enrique se puso detrás. El culito de la chica era precioso. El coño aparecía mojado, abierto, rojo, invitándolo. No esperó más. Acercó su polla y se la clavó de un sólo golpe hasta el fondo del encharcado coño.

-Agggggggg papiiiiiiiiiiiiiii

Rosa se frotaba con fuerza el clítoris observando como su padre, agarrado a las caderas de su amiga, se la follaba ahora salvajemente, con profundos pollazos que hacían estremecer a las dos chicas. Su mirada iba de la cara de Carmen a la cara de su padre.

-Rosa... Rosa... papi se va a correr...

-Si si siiiiii, córrete papi....lléname de ti.

Rosa se quedó mirando fijamente la cara de su padre. Vio como cerraba los ojos, los apretaba... también los dientes. Supo el preciso instante en que su padre se empezó a correr. Supo cada espeso chorro de semen que le depositaba profundamente dentro del coño de Carmen. Y se corrió con él, mirando su rostro marcado por el placer. Apenas puso atención a los gemidos de Carmen, que se corría también intensamente al sentir su coño llenarse de semen hirviente.

Supo cuando dejó de correrse. Cuando su cara que quedó relajada. Y se quedó mirando como hizo levantar a Carmen, agarrándola por las tetas, y todavía con su polla dentro de ella, le besó el cuello, las mejillas.

-Ummmm, papi... me has llenado el coñito de leche. La siento caliente dentro de mí.

-Rosa, mi vida, lo deseaba tanto.

-Y yo.

Al poco tiempo se separaron y se besaron.

-Tengo que volver a la oficina.

-¿Tan pronto?

-Sí, lo siento

-¿Me volverás a follar, verdad?

-¿Tú qué crees? - respondió Enrique, al tiempo que la besaba y acariciaba.

-¿Te importa que me quede un ratito en la cama? Me has dejado agotada.

-Claro que no. Luego simplemente cierras al salir.

Las dos chicas contemplaron, una desde la cama y la otra desde su escondite como Enrique se vestía. Enrique miraba a su vez a la hermosa chica que estaba acostada en la cama de su hija. Chica a la que se acababa de follar. Hermosa, con el cabello rubio revuelto. La polla se le empezó a poner dura otra vez, pero no tenía tiempo. Pensó que así la próxima vez la pillaría con más ganas.

Ser acercó a la cama y le dio un último beso.

-Eres preciosa, Carmen.

-Gracias Enrique. Y tú estás muy bueno.

-Jajaja. Gracias a ti.

-La próxima vez quiero que me folles a mí, no a Rosa.

-Carmen, cualquier hombre de este mundo estaría encanado de follarte.

-Jajajaja. Venga, vete ya a la oficina, no vaya tu jefe a echarte un rapapolvo.

Enrique dejó a la chica en la habitación y se marchó. En cuanto se oyó la puerta principal cerrarse, Rosa salió del armario. Las dos jóvenes se miraron.

-Ummm Rosa, vaya polvazo que me ha echado tu padre.

-Uf, lo he visto.

-¿Cuántas veces te has corrido mirándonos?

-No sé. Varias. Ha sido muy caliente.

-¿Deseabas que fuera a ti a la que se follaba, verdad?

-Joder, Carmen. ¿Qué me has hecho?

-¿Yo? Jejeje, nada. Venga, confiésalo.

-Sí, coño. Lo deseaba.

-¿Y por qué no saliste del armario? Seguro que tu padre, después de recuperarse del susto, se hubiese tirado sobre ti y te hubiese follado bien follada.

Rosa se sentó en la cama, rozando una de las piernas de su desnuda amiga.

-Lo pensé. Lo deseé. Pero no me atreví. Una cosa es desearlo y otra hacerlo.

-Tontita. Pero si él se muere por follarte. Y tú porque te folle.

En ese momento, Carmen abrió lentamente las piernas, mostrando su recién follado coño. Rosa no pudo evitar mirarlo. Sus labios estaban abiertos, rojos, mojados. A Carmen le gustó que Rosa la mirase así.

-Rosa, tu padre me ha dejado el coño llenito de leche. Uf, vaya corrida que me echó.

Carmen llevó una mano hacia su coño y metió un dedo dentro. Lo sacó mojado, con rastros evidentes de semen.

-Mira. Leche de tu padre. ¿Quieres probarla?

-No.

No le hizo caso y le acercó el dedo a la boca.

-Huele.

Rosa lo hizo. Olía a coño, a semen. Carmen se lo pasó por los labios. Rosa se estremeció al darse cuenta que sus labios estaban mojados con semen de su padre. Sacó la lengua y se la pasó por los labios. Cuando su boca se llenó de aquella mezcla se sabores, todo su cuerpo se estremeció. Abrió la boca y se metió el dedo de Carmen en la boca. Lo chupó con ganas.

No era por su sabor. No le gustaba especialmente el sabor del semen. Alguna vez algún chico se había corrido en su boca, pero nunca llegó a tragárselo. Lo que sintió fue porque era el semen de su padre. Tenerlo en la boca era algo tan morboso, algo tan prohibido que la hizo estremecer.

-Vaya, parece que a la niña le gusta la leche de papi. Tengo el coño a rebosar. Sírvete. Cómeme el coñito y bébete la leche de papi.

Rosa se quedó parada. Bloqueada. Nunca había hecho eso ni nunca lo había deseado. Su experiencia con otra mujer se resumía en los besos y la paja que Carmen le había hecho. Y ahora su amiga le pedía que le comiese el coño. Rebosando de semen. Semen de su padre. Se quedó mirando la húmeda rajita y cuando vio como un reguerito de semen empezó a salir, se acercó lentamente, sacó la lengua y lo lamió.

-Aggggg Rosa....ummmm, sí, cómemelo.

Lamió otra vez. Recogió con su lengua la leche paterna y la saboreó en su boca. Todo su cuerpo se estremecía de placer. Se acostó boca abajo entre las piernas de Carmen y empezó a comerle el coño, pero sobre todo, a sorber y beberse toda la leche de su padre, que salía de la vagina de su amiga mezclado con los jugos de Carmen. El coño de Rosa rezumaba casi igual que el de Carmen, aun no teniendo dentro una abundante descarga de semen. La lengua iba de la abertura de la vagina, siguiendo los pliegues, hasta el clítoris, el cual lamía y chupaba. Al poco tiempo, Rosa empezó a disfrutar de lo que hacía. Ya apenas salía semen, pero siguió lamiendo, chupando, haciendo gemir a Carmen.

A Rosa le habían comido el coño algunos chicos. Le había dado placer, sí, pero eran torpes. Le comió el coño a Carmen como le hubiese gustado que se lo comisen a ella, y por como Carmen gemía y se contorsionaba sobre la cama, le estaba gustando. Había llevado sus manos a su cabello y la apretaba contra su coño.

-Ummm eso es...así....así se come un coño...Rosa...que rico....me voy a correr en tu boca...

El orgasmo llenó la cara de Rosa con abundantes jugos. Carmen se movió tanto que le restregó el coño por toda la cara. Su espalda subía y bajaba sobre la cama y sus manos la apretaban con fuerza contra ella. Hasta que la soltó y se quedó quieta.

-Uf, Rosita. Vaya corrida que me has dado.

Rosa se incorporó y miró a Carmen, que le sonreía.

-¿Lo hice bien?

-Muy bien. Está claro que en materia 'comecoñil' la mujer supera al hombre.

-Jajajajaja

-Aunque tu padre tampoco lo hace nada mal. Deberías probar.

-No sé.

-Sí sabes. Sabes que tarde o temprano tu padre te va a follar. Y creo que será más temprano que tarde. Pero tendrás que pedírselo. Él no va a hacer ningún movimiento si tú no le das pie.

-Me da cosa, Carmen.

-Jajajaja. ¿Cómo que te da cosa? Pero si te acabas de tragar su leche de mi coño.

-Lo sé.

Carmen también se incorporó. Las dos chicas se quedaron sentadas sobre la cama, la una frente a la otra. Carmen se acercó a Rosa y la besó en los labios.

-Cuando me viste chuparle la polla deseaste ser tú la que se la chupaba.

-Sí

-Cuando me comió el coño deseaste que fuera a ti a quien se lo comía.

-Sí.

-Y cuando me folló, deseaste que fuera a ti a quien le clavaba su hermosa polla.

-Sí, Carmen. Lo deseaba... Lo deseo. Eres... eres una cabrona. Has hecho que desee que mi padre me folle.

-¿Yooooo? Yo no he hecho nada.

Le dio otro beso. Esta vez abriendo la boca y metiendo la lengua, buscando la lengua de Rosa, que le devolvió, cerrando los ojos, el beso.

-¿Estás cachonda, Rosita?

-Estoy hirviendo, Carmen.

-¿Sí? ¿Por mí o por tu padre? Calla, no respondas. ¿Quieres que te coma el coñito?

-Ummm Carmen... sí. Cómemelo

La comida fue lenta, pausada, pero intensa. Rosa se corrió varias veces contra la boca de Carmen, que la sujetaba con fuerza para que no se moviera. Comparando lo que sintió Rosa con lo que había sentido cuando algún chico le había hecho lo mismo, pensó igual que lo que Carmen le había dicho antes. Que en materia 'comecoñil' la mujer supera al hombre. Pero también deseó comprobar cómo lo hacía su padre.

Desde entre sus piernas, con sus brazos alrededor de cada muslo, Carmen le dijo.

-Fóllatelo hoy. Esta noche. No esperes más.

-Carmen... yo....joder...

-Ni joder ni nada. Te lo vas a follar hoy mismo. Y ya sé exactamente cómo.

Carmen le contó a Rosa su plan y ésta se estremeció por lo morboso del mismo

-¿Qué te parece?

-Que eres una calentorra de cuidado, Carmen

-Jajaja. Lo sé. Lo malo es que no veré como te folla. La primera vez os daré intimidad. Pero mañana me los follo a los dos.

-Jajaja. Bruta.

-Joder. Sigo caliente. Ven aquí.

Las muchachas se abrazaron y se besaron con pasión. Carmen desnudó a Rosa, y cuando estuvieron las dos desnudas, se abrazaron y besaron. Cada una sintió los duros pezones de la otra clavarse en sus tetas. Las manos revolotearon por los cuerpos, especialmente recorriendo cada una la mojada raja del coño de la otra.

Carmen, más experimentada, fue bajando por el cuerpo de Rosa, besando y lamiendo cada centímetro de la blanca y suave piel. Cuando llegó al coñito de la morena, puso el suyo al alcance de la boca de Rosa. Formaron un perfecto 69 que llenó de gemidos la habitación.

Fue una lucha de igual a igual, para ver cual de las dos conseguía darle más placer a la otra. Cuando una arranca un orgasmo a la otra, ésta no le iba a la zaga y a los pocos segundos se lo devolvía.

El último, el definitivo, el que dejó a las dos chicas agotadas fue simultáneo. Ambas se corrieron intensamente en la boca de la otra. El coño de cada una apagó los gritos de placer de las chicas.

Ambas quedaron cansadas. Se acurrucaron las dos juntas, como dos amantes. Rosa se sorprendió a si misma cuando se dio cuenta de que estaba acariciando tiernamente el bonito cabello de Carmen.

¿Qué clase de brujería practicaba aquella mujer? En dos días había vuelto su tranquilo mundo del revés.

-Coño, cualquiera vuelve ahora a clase, Rosa.

-Yo no tengo ganas, la verdad. Creo que nos las saltamos, ¿No?

-Apoyo la moción.

Se quedaron en la cama, en silencio. La cabeza de Rosa bullía con ideas. Esa noche, si todo salía como Carmen había planeado, su padre se la follaría. Lo que hasta ahora no eran más que deseos, fantasías, se haría realidad. Rompería el tabú, lo machacaría. Eso la asustaba mucho. La aterrorizaba. Pero su coño palpitaba otra vez, de deseo. De deseo hacia su padre.

Y todo, por culpa de Carmen.

++++++

Ese medio día, cuando su padre llegó a casa y le dio a Rosa, como siempre, un casto beso en la mejilla, Rosa tembló y entrecerró los ojos. Sintió los pezones duros, el coño, mojarse. Mientras comían en la cocina, miraba a su padre, tratando de disimular su deseo. No se podía quitar de la cabeza la imagen de él follándose a su amiga como si se la follase a ella.

-¿Qué tal el día, papi?

-Ah, muy bien. Normalito. ¿Y tú qué tal? ¿Cómo van las clases?

-Muy bien

Rosa cerró las piernas y sintió placer. Notó sus bragas mojadas. ¿Y si se levantaba, se acercaba a su padre, se arrodillaba entre sus piernas, le sacaba la polla y le hacía una buena manada? ¿Y si se quitaba las bragas, se abría de piernas y le pedía que se la follara? Todas clase de fantasías cruzaban sus pensamientos mientras comían, pero la presión del tabú, del incesto, la retenía. El corazón le latía con fuerza, pero no se levantaba. No sabía si esa noche podría hacerlo. No sabía si podría llevar a cabo el plan de Carmen. Deseo y miedo, juntos. Una mezcla difícil de combatir. Necesitaba algo que inclinase la balanza hacia un lado. Quizás ese algo fuera la loca de Carmen.

Después de comer fueron al salón al ver la tele un rato, como siempre, hasta que fuera la hora de que su padre volviese a la oficina. Enrique en su sillón favorito y Rosa en el grande. Y como siempre, a los pocos minutos Enrique se durmió. Esas pequeñas cabezaditas que siempre se echaba después de comer le sentaban de maravilla.

En cuanto su padre se durmió, Rosa dejó de mirar la tele, y se puso a mirarle a él. Le miró como a un hombre, no como a su padre. Le pareció atractivo. Sus sienes empezaban a blanquearse ligeramente, lo que le daba un aire especial. Se mantenía en forma. Rosa miró hacia su entrepierna, ahora en reposo. Se la había visto en plena forma, dura, hermosa, entrando y saliendo de la boca de Carmen.

Entornó los ojos. Sin hacer ruido, se bajó al suelo y a gatas se acercó hacia su padre. Se acomodó al lado de sus piernas. La mano le tembló cuando la acercó hacia el muslo de su padre. Lo acarició, mirándole a los cerrados ojos. Él no los abrió. Seguía dormido. Con cuidado, empezó a subirla, hasta llegar a la bragueta.

Empezó a acariciar, apretando ligeramente. Miraba a los ojos de él, esperando que los abriera. Su corazón se aceleró aún más cuando notó que la polla se empezaba a endurecer. La recorrió con los dedos. Su mano libre se metió entre sus propios muslos y se acarició el coñito metiendo la mano por debajo de las bragas.

Con el pulgar y el índice agarró la cremallera y la bajó, despacito. Los ojos seguían cerrados. Abrió el pantalón. Vio el calzoncillo, abultado por la dura polla. Metió la mano y la acarició. Sus dedos se metieron profundamente en su coño. Apartó el calzoncillo, agarró la polla y la sacó. Quedó tiesa, delante de su cara. Dura, palpitante, hermosa. La recorrió con la mano, iniciando una suave paja. Sus ojos fueron de la polla a los ojos de su padre. Deseaba que los abriese. Que la viese con su polla en la mano. La apretó.

Su padre, lentamente, abrió los ojos. Y vio a su querida hija, a su deseada Rosa, arrodillada a sus pies agarrando su polla.

-Rosa...pero...

-Papi... sé que me deseas. Y yo... te deseo a ti. Pídemelo y te chuparé la polla.

Los dos se miraban a los ojos. Los dos corazones latiendo a mil por hora. La mano de Rosa subiendo y bajando a lo largo de la dura barra.

-Oh, Rosa...yo....

-Pídemelo papi. Como hiciste con Carmen. Pide que tu niñita te chupe la polla.

Rose se acercó y se empezó a pasar la polla de su padre por la cara. Enrique no pudo resistirse a aquellos bellos ojos azules que lo miraban con deseo.

-Rosa, mi vida... chúpame la polla. Chúpale la polla a papi.

Rosa, obediente, abrió la boca, sacó la lengua y la pasó alrededor de la cabeza de la polla. La agarró por la base con las dos manos y empezó a metérsela en la boca.

Semi acostada en el sofá, mirando hacia su dormido padre, Rosa se corrió. Trató de no gemir, de no moverse, pero la intensidad del orgasmo imaginando como le chupaba la polla a su padre hizo que de su garganta saliese un incontrolado gemido. En ese momento, su padre entreabrió los ojos y ella, rápidamente, desvió la mirada. Se estaba corriendo y él la estaba mirando.

Los últimos espasmos la sacudieron. Para disimular, tosió, pero apenas tenía aire en los pulmones.

-Bueno, ya va siendo hora de que vuelva a la oficina - dijo Enrique, aún somnoliento.

Se levantó y miró a su hija.

-¿Estás bien?

-Sí, papi.

-Estás roja. ¿No tendrás fiebre?

-No, no. Es que me entró un poco de tos. Carraspera. No es nada.

-Ah, vale.

Enrique se fue al baño a asearse un poco y dejó a su hija acostada en el sofá. Rosa, con el coño aún palpitando, lo vio alejarse. Casi la pilla masturbándose a su lado. Sonrió.

Al poco, su padre se despidió de ella desde la puerta del salón.

-Bueno, tesoro. Vuelvo al trabajo. Hasta luego.

-Hasta luego, papi. Te quiero mucho-

-Y yo a ti, mi vida.

Se miraron a los ojos unos instantes. Por la cabeza de ambos pasó la misma imagen. Los dos, abrazados, besándose. Ninguno hizo nada.

+++++

La cena fue una repetición de lo que pasó durante la comida, pero más intenso. Se acercaba la hora fijada para llevar a cabo el plan de Carmen. Rosa estaba nerviosa. Sus dedos temblaban ligeramente.

¿Se atrevería? Lo deseaba con locura. Su encharcado coño se lo pedía, sus pezones duros como piedras se lo pedían, pero ahí, en el fondo, seguía ese bloqueo mental que la retenía.

Padre e hija fueron al salón. Buscaron una cadena en donde echaran alguna película que les gustase a los dos y se pusieron a verla. Rosa apenas puso atención a la televisión. Sus ojos iban y venía hacia el reloj de pared.

Las 9. Las 9:30. Se acercaba la hora. Dieron las 10. Había quedado con Carmen que todo empezaría a las 10 y cuarto.

-Bueno, papi. Me voy ya a la camita.

-Pero si aún no ha terminado la película.

-Ya, pero es que tengo sueñito. Además, ya la había visto.

Enrique recordó que esa tarde Rosa estaba colorada.

-¿Seguro que no estarás mala?

-No, de verdad que no. Es solo sueño. Hasta mañana, papá.

Se acercó a su padre y le dio un beso en la mejilla. A punto estuvo de besarle en la boca, pero el bloqueo actuó.

-Hasta mañana, mi vida.

Enrique la vio alejarse. Se maravilló de lo hermosa que era. Miró su cuerpo alejarse. Su precioso culito contonearse. La polla se le empezó a poner dura. Luchó por pensar en otra cosa, por seguir viendo la tele.

Rosa entró en su habitación y se puso su pijama. El que había quedado con Carmen en ponerse. Uno corto, ajustado. Sin sujetador. Sin bragas. Se miró en el espejo. Estaba preciosa. Sus tetas se marcaban contra la fina tela. Sus pezones claramente visibles. Se acostó en su cama, cogió el móvil y llamó a Carmen.

-Hola Rosita. ¿Qué tal?

-Uf Carmen. Estoy hecha un flan. No sé si quiero seguir adelante.

-Quieres seguir adelante, Rosa. No sea tonta. Seguro que tienes el coño licuándose ahora mismito.

-Es un lago.

-! Pues entonces ¡

-Pero... tengo miedo.

-Ni miedo ni gaitas. Te lo vas a follar. Tu padre te va a follar dentro de un ratito. Lo deseas, Rosa. Lo deseas. Coño, y yo lo deseo. Venga. Dilo. Di que sí.

Rosa lucho unos segundos, que a Carmen le parecieron eternos.

-Sí, lo deseo. Deseo que me folle. ¿Pero y si no él no quiere? ¿Y si piensa mal de mí? Que soy una zorra.

-¿Pero no lo has oído? ¿No viste como me folló? Pensaba que era a ti a quien se follaba.

-Pero no era a mí, era a ti. Era una simulación. ¿Y si no se atreve conmigo? ¿Y si me rechaza? Me moriría.

-Rosita... Rosita. Ya te dije que aparte de tu padre, Enrique en hombre. No va a rechazar a una linda mujer como tú, te lo aseguro.

-¿Tú crees?

-Claro. ¿Acaso no lo sé todo?

-Sí.

-Pues venga. Sigamos con el plan. A partir de ahora, silencio.

-Vale.

Rosa escuchó con atención los sonidos que salían por el auricular de su móvil. Como Carmen marcaba un número de teléfono con el fijo. Como sonaba una llamada y a los pocos segundos como sonaba el teléfono de su casa.

Oyó la voz de su padre contestar.

-¿Sí? Dígame.

-Hola Enrique.

-Carmen. Hola preciosa. - contestó, hablando bajito.

-¿Está Rosa ahí?

-No. Se fue a dormir ya.

-Ummm me encantó como me follaste, Enrique.

-Uf, Carmen y a mí. Eres una chica preciosa.

-Enrique....

-Dime.

-Estoy cachonda. Si vieses como tengo el coñito.

-¿Cómo lo tienes?

-Ummm, mojadito, jugosito. Me estoy pasando los dedos por la rajita.

-Carmen, que caliente eres.

-¿No te gusta que sea así?

-Me encanta que seas así.

-¿Le tienes dura?

-Sí, le tengo dura.

-Sácatela

Las dos chicas trataron de escuchar el sonido de la bragueta al bajarse.

-Ummm Carmen., Ya. Ya me he sacado la polla.

-Esa linda polla tuya. ¿Sabes lo que me gustaría?

-Dime el qué.

-Ver como te la follas.

-¿A quién?

-A la vecina del quinto. ¿A quién va a ser? A Rosa.

-Uf, cuando se fue hoy a la cama, no pude evitar mirarla. Es tan hermosa.

-¿Se te puso dura al mirarla?

-Sí, un poco.

-Estará ahora acostada en su camita.

-Sí.

-¿Por qué no vas a su cuarto?

-No no...¿Estás loca?

-Sí, vete a su cuarto. Siéntate en su cama. Acaríciala. Dile que la deseas. Dile que tienes la polla dura por ella. Ummmmm.... Enrique, que cachonda estoy.

Rosa escuchaba, también muy excitada.

-No puedo hacer eso.

-Pero si te mueres de deseo por ella.

-Pero es mi hija. No puedo tocarla. No soportaría su mirada de horror si intento algo. No podría volver a mirarla a la cara.

Ese era el momento que tanto Carmen como Rosa estaban esperando.

-¿Y si ella te lo pide?

-¿Qué?

-¿Y si tu linda niña te pide que te la folles? Si te dice que ella también te desea. Que desea que le claves tu polla en su coño, y que no pares de follarla hasta llenárselo de leche. ¿Lo harías? ¿Entonces te la follarías?

La mano de Enrique subía ya bajaba a lo largo de su polla. Cerró los ojos.

-Sí. Si ella me lo pidiese lo haría sin dudarlo.

El corazón de Rosa latía con fuerza en su pecho.

-Bien, Rosa. Pídeselo - dijo Carmen - acercando el móvil al micrófono del manos libres del teléfono. - Pídele a tu padre que vaya a tu cuarto, que lo esperas para que te clave su polla.

Enrique abrió los ojos. Rosa, temblando, intentó hablar. No le salían las palabras.

-Venga, Rosita. Pídeselo ya. Lo deseas con toda tu alma.

Rosa cerró los ojos. Cogió aire.

-Papi...

Enrique dio un respingo al oír la voz de su hija. ¿Cómo podía ser? Si estaba en su cama.

-¿Rosa?

-Sí soy yo... Papi... ¿Me quieres....follar?

-Oh, dios mío...Rosa...Rosa... yo...

-Dímelo papi. ¿Me deseas?

Ahora fue Enrique el que cogió aire.

-Sí, Rosa, te deseo. Con todo mi ser.

-Ummmm, papi, y yo a ti. Te deseo. Ven.... ven a mi camita. Ven y.... fóllame. Fóllame, por favor. No puedo más... Hazme tuya, papi.

Enrique se levantó. La cabeza le daba vueltas. Su niña, su adorada y deseada niña, le estaba pidiendo que la hiciera suya. Que fuese a su cuarto y se la follase en su cama. Como un autómata, colgó el teléfono y se dirigió hacia el dormitorio de Rosa.

-Colgó, Rosa - dijo Carmen - Tu padre va para allá. Tu padre te va a follar.

-Carmen, nunca había estado tan excitada.

-Ni se te ocurra colgar. Deja el móvil encendido sobre la mesilla de noche. Quiero oírlo todo.

Por el pasillo, Enrique se guardó la polla dentro de la bragueta. No le pareció oportuno presentarse ante Rosa con su asta apuntándola.

La puerta estaba cerrada, Se quedó parado, delante. ¿Y si todo había sido una broma de Carmen? No. No podía ser. Era la voz de Rosa. De eso estaba seguro.

Tocó a la puerta. El corazón de Rosa dio un vuelco.

-Pasa papi.

Enrique abrió lentamente la puerta. Y lo que se encontró fue a su hija, acostada en la cama, más hermosa que nunca. Con un precioso y corto pijama, ajustado a su cuerpo. Sus hermosas tetas parecían casi desnudas, y sus pezones se marcaban

Se miraron unos segundos. Ninguno se atrevía a decir nada. Ella lo miraba con sus penetrantes ojos azules. Fueron esos ojos los que le hicieron entrar y acercarse a la cama. Se sentó a su lado.

-Eres tan hermosa, Rosa.

-¿Me deseas, papi?

-Desde hace tanto tiempo, mi vida.

-¿Te recuerdo a mamá?

-Te pareces mucho a ella, sí, A veces es como si la viese a ella, pero - alargó una mano y la puso sobre uno de los muslo de su hija - ella ya no está. Es a ti a quien deseo. A ti, Rosa, mi hija.

-Ummm, papi...sigue.

La mano subió lentamente, acariciando la suave piel. Llegó al pantaloncito del pijama, y siguió subiendo.

-Si supieras las veces que he soñado con esto, con estar sentado en tu cama y acariciarte así.

-Ummmm

La mano, despacito, se dirigió hacia el pubis. Lo acarició, esperando una señal por parte de ella. La señal llegó. Rosa abrió ligeramente las piernas, invitando a que la caricia se hiciera aún más íntima.

Enrique aceptó la invitación. Sus dedos bajaron, acariciando la zona. Le estaba acariciando el coño a su hija por encima de la tela del pijama.

-Dios mío, Rosa... estás...empapada.

-Estoy muy caliente, papi. Por ti. Y veo que tú también estas...caliente.

Enrique se miró el evidente bulto que su dura polla formaba en el pantalón.

-Sí, mi vida. Por ti.

-Papi... Bésame

Sin quitar la mano de donde estaba, Enrique se echó sobre Rosa, le miró unos instantes sus ojazos azules, y la besó. Rosa lo abrazó con fuerza y el beso se tornó apasionado, con las lenguas buscándose. Lo atrajo con fuerza hacia ella, aplastando sus tetas contra el pecho de su padre.

-Papi, papi... fóllame ya... fóllame ya. Lo necesito. Necesito sentirte dentro de mí.

Enrique también lo deseaba. Le bajó el pantalón de pijama. Ella lo ayudó y lo tiró al suelo. Mientras él se quitaba la camisa y los pantalones, Rosa se quitó la parte de arriba del pijama. Nunca olvidaría como su padre la miró en ese momento. Deseo, admiración, alegría. Todo mezclado.

-Rosa, eres tan linda.

-Fóllame papi - dijo, abriendo las piernas.

Enrique se quitó la última prenda que le quedaba, los calzoncillos. Se puso entre las piernas de su hija, se acostó sobre ella y le metió la polla de un sólo golpe hasta el fondo del coño.

Fueron dos orgasmos casi simultáneos. El de Rosa al sentirse por fin penetrada por su deseado padre y, al otro lado de la línea, el de Carmen, que no se perdía detalle de lo que pasaba entre su amiga y su padre. Enrique se quedó quieto, mirando como su amada hija se corría bajo él. Sentía como las paredes de su estrecho coño se convulsionaban alrededor de su polla.

-Agggggg pa..pá... me...corro....dios..mío... me... corro.

-Córrete mi vida. Córrete con la polla de papi dentro de ti.

Después de largos segundos de intenso placer, Rosa quedó quieta, con los ojos cerrados. Una ligera sonrisa en los labios. Su padre la miraba, con adoración.

Los bellos ojos azules se abrieron lentamente.

-Ahora... fóllame de verdad.

Lo atrajo con las manos y se besaron. Enrique empezó a moverse, lentamente, entrando y saliendo del cálido coño de Rosa. Se la metía hasta el fondo, y se movía en círculos. Luego se la sacaba y le daba varios golpes seguidos, para luego repetirlo todo

-Ummm si si...cómo siento tu polla dentro de mí. No pares papi...sigue follándome así.

-Mi niña, mi amor... Al fin..al fin eres mía.

-Tuya para siempre.

Le empezó a follar con más ganas, más rápido. Sus manos fueron hacia sus hermosas tetas. Las acarició, las sobó. Llevó su boca hasta ellas y las lamió. Chupó sus duros pezones, incluso los mordió, arrancando gemidos de placer a su hija. Gemidos que se transformaron en quejidos cuando un nuevo orgasmo atravesó el cuerpo de la joven.

-Aggggggggg papiiiiiiiiiiiiiiiiiii

La besó. Ella continuó gimiendo en su boca, con el cuerpo recorrido por espasmos. La polla no dejó un segundo de martillear su coño. Entrelazaron sus manos. La boca de Enrique iba de la boca de Rosa a su cuello, a su orejita, y de vuelta a su boca.

Rosa lo abrazó con las piernas, empujándolo más dentro de ella. Hasta que Enrique notó que su orgasmo se acercaba irremediablemente.

-Rosa...papi... se va a correr..ummm

La miró. Ella lo miró. Sus ojos. No pudo apartar la mirada de los azules luceros, que brillaban.

-Córrete dentro de mí, papi. Lléname de tu leche. Lléname el coño de tu leche caliente.

Hasta la última fibra de su cuerpo se tensó. El placer si hizo tan intenso que casi perdió el mundo de vista. Sólo estaba él, el placer que sentía y aquellos dos ojos azules.

El primer y potente chorro golpeó el fondo de la vagina de Rosa. El segundo la hizo correr, acompañando a su padre con un igualmente intenso orgasmo. Fueron seis o siete disparos que Rosa sintió llenarla. Con el último, los dos cerraron los ojos. Los dos, al mismo tiempo, sintieron sus cuerpos quedarse sin fuerzas. Enrique cayó y se quedó al lado de su hija.

Se quedaron abrazados. Se acariciaban tiernamente. Enrique le besó en la frente. Rosa levantó la cara y lo besó en la boca.

-Te quiero, papá.

-Te quiero, mi vida.

Durante varios minutos se quedaron así, mirándose y acariciándose. Un silbido los sacó de su estado. Rosa alargó la mano y cogió el móvil.

-¿Sigues ahí?

-Joder, claro que sigo aquí. Que envidia me das. Tu padre te acaba de hacer el amor.

-Ummmm sí. Ha sido lo más maravilloso que me ha pasado nunca.

Enrique se extrañó.

-¿Con quién hablas?

-Con Carmen. Lo ha estado escuchando todo.

-¿Todo?

-Sí, todo. Fue ella la que urdió todo el plan. Fue ella la que me dijo que me deseabas. Todo esto...todo, ha sido por culpa de Carmen,

Oyeron como Carmen decía algo. Rosa puso el manos libres del móvil.

-Mira, Rosita, yo sólo les di un empujoncito. Y no me digas ahora que no te ha gustado como tu padre te ha follado.

Mirando a los ojos de su padre, Rosa dijo.

-Me ha encantado como me ha follado mi padre. Ummmm, Carmen, tengo el coño rebosando de su leche.

-Joder, Rosa. Estoy por salir corriendo a tu casa a comértelo.

-Jajajaja. No, no vengas, creo que mi papi lo hará ¿Verdad, papi?

-Será un placer.

Rosa le fue contando a Carmen lo que su padre le estaba haciendo.

-Ummm me está besando cada poro de mi piel. Agggg y ahora...me lame las tetas.

-Rosa, que rico. Me voy a hacer otra paja escuchándote.

-Sí, hazlo...aggggg Me...muerde...los pezones... Papi...más...más fuerte.

Carmen se frotó el coño con fuerza. Oía a su amiga gemir.

-Me está besando la barriguita. Ummmm que cosquillitas, Carmen. Que rico...

Enrique besó las ingles de su hija. La sintió estremecer, y temblar cuando le pasó la lengua a lo largo de su mojada raja.

-Aggggggggg Carmen.... me lo está comiendo. Mi padre me está comiendo el coño.

-Umm, Rosa... rebosando leche. Seguro que está rico. Mañana mismo lo quiero. Quiere estar presente cuando te folle, y luego beberme toda su leche de tu coño.

-Papi... papi....¿Te gusta mi coñito?

-Umm, Rosa, es lo más rico que me probado en la vida.

-Sigue comiéndome...no pares...

Enrique no paró. Siguió lamiendo, besando, sorbiendo el jugoso como de su hija hasta hacerla estallar de placer contra su boca. Rosa, tras el intenso orgasmo, se quedó acurrucada en su cama. Enrique se acostó a su lado, a su espalda, y la abrazó.

Rosa apenas tenía fuerza para hablar. Había sido un día intenso, lleno de placer. Cogió el móvil.

-Hasta mañana, Carmen. Estoy muertita. Me voy a dormir...¿ Dormirás conmigo, papá?

-Ahora y siempre, mi vida.

-Hasta mañana, pareja - dijo Carmen.

Rosa colgó.

Estuvieron varios minutos sin hablar. Enrique apagó la luz. En la oscuridad, acarició el suave cabello de su hija.

-Papá, tenía mucho miedo de dar el paso. Pero ha sido maravilloso. No me arrepiento.

-Ni yo, Rosa.

-Y todo, por culpa de Carmen.

-Bendita Carmen.

-
 
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