Mi nombre es Tadeo, tengo 18 años recién cumplidos, y soy virgen, así es, si bien no soy tan poco atractivo (más de 1.80, flaco, blanco con cabello negro lacio y ojos color miel) tengo muchas dificultades para relacionarme con mujeres.
Por si no fueran pocas las presiones que tengo a mi edad, también todos mis amigos ya lo han hecho, incluso Violeta, mi hermana melliza con la que vivimos junto a nuestros padres, ya había estado en pareja en más de una ocasión por lo que de seguro tampoco era virgen.
Cansado de mi situación decidí entrar en la web y busqué un burdel en mi ciudad, luego de una investigación encontré el lugar elegido al que iría al día siguiente: Un ex hotel muy cerca del centro en el que trabajaban varias chicas y podría ir sin reservar.
Al otro día me dirigí al lugar, zona transitada así que entré lo más rápida y disimuladamente que pude, me recibió una mujer de unos 50 años que al parecer era quien estaba a cargo.
La madame me dio una especie de catálogo, en la que había fotos de las 3 trabajadoras que estaban disponibles: Una morena de grandes curvas, rasgos latinos (o eso parecía ya que a ninguna se le veía la cara) vestida con un conjunto de encaje negro. Una chica al parecer bastante más joven, cuerpo de teen bastante delgada, con un top y un mini-short de colores llamativos, y por último una auténtica MILF rubia, ropa interior color celeste que dejaba ver su cuerpo fitness pero con grandes atributos, como las que veía en el porno. Le indiqué a la recepcionista cual era la elegida, luego de cobrarme me dio un jabón y una toalla, y me dijo que esperase en la habitación al final del pasillo.
Ya dentro del cuarto, previa visita higiénica al tocador, la ansiedad me comía por dentro, sentía mi corazón como se aceleraba a medida que se acercaba el momento, por fin iba a suceder eso que tanto esperaba, de pronto, escucho el sonido de la puerta acompañado por el inconfundible caminar con tacones.
De repente la vi entrar, vestida con la misma lencería que traía en las fotos, con una falda semitransparente a tono, una particular forma de caminar levantando bastante sus largas piernas apenas cubiertas con medias de red, terminando en unos tacones de plataforma ancha color negro, dejando al descubierto su más que notoriamente trabajado abdomen plano, con un piercing en el ombligo, sostén de un radiante turquesa con un imponente escote. Pero toda esa excitación cesó en el momento en que vi su cara e hicimos contacto visual, nos reconocimos al instante, ambos nos quedamos helados hasta que ella finalmente logró decir:
-Tadeo, ¿Qué estás haciendo en este lugar?.
Se trataba de mi tía Mariana, la hermana menor de mi madre. Mi tía Mariana la del inexplicable costoso nivel de vida, la marginada de la familia, se encontraba ahí, semidesnuda y preparada para atender a un cliente más, lo que no se imaginaría nunca es que ese cliente sería su adolescente y tímido sobrino.
-¿Qué hacés acá pendejo? -Exclamó mi tía con cierto nivel de ira, frunciendo el ceño mientras cruzaba los brazos en un pobre intento de cubrir su pronunciados pechos al semi-descubierto.
-Pe-perdón tía, n-no sabía que eras vos- balbuceé, quería que me trague la tierra.
-¿Ya habías venido antes?- preguntó mientras llevaba un tabaco rubio a sus carnosos labios pintados color cielo.
-No, es mi primera vez.
-¿Tu primera vez?
Estaba rojo por la vergüenza, no podía mirar a mi tía a los ojos, agaché la cabeza, y tras un breve silencio confesé: -Vine a perder la virginidad.
Al escuchar eso, la cara de Mariana pasó del enojo a sentirse apenada por su sobrino. Apoyó su cartera detrás del antiguo televisor y se acercó a la cama matrimonial en la que yo me encontraba tan solo con unos pantalones cortos, con el torso desnudo.
Se recostó a mi lado, luego de dejar sus incómodos zapatos al pie de la cama. Había 1 metro de distancia entre ambos, y cada uno miraba al techo, sólo se escuchaba el tic tac del antiguo reloj de pared que estaba en el cuarto.
-¿Ibas a tener tu primera vez de esta forma?- exclamó cortando el silencio.
-De otra forma no puedo, ya estoy cansado. - respondí.
-Tu primera vez tiene que ser algo especial sobrino, con una persona que quieras, y te pueda guiar, ya vas a encontrar a alguien.- dijo mientras giraba hacia mi lado y me acariciaba suavemente la mejilla.
-Lo peor es que estuve meses ahorrando para venir a este lugar y terminé desperdiciando el dinero. -repliqué frustrado.
Mi tía se sentó en la cama y atinó a levantarse, diciendo que me podía hacer pasar con alguna de las otras chicas que estaban en el catálogo.
-No tía, no quiero ver a las otras chicas, quiero estar con vos.- exclamé tomando su mano para que no se fuera.
-¿Te volviste loco? Somos parientes de sangre nene, no puedo hacer eso.
-¿Qué tiene que ver? Es tu trabajo, yo ya pagué por una hora de servicio , hacelo como si fuera cualquier otro de los que te cogés por día.- Ella amagó a responder pero la interrumpí diciendo: -Además si no lo hacés, le voy a contar a toda la familia cual es ese trabajo en el que te va tan bien y del que no te gusta hablar.
-Tendrías que confesar que te querías ir de putas, dejame irme a buscar a mi compañera que venga a sacarte las ganas y nos olvidamos de todo.-
-Pero quiero que mi primera vez sea con alguien especial tía, quiero que me enseñes vos.
Tras unos segundos de duda, mi tía volvió a recostarse, esta vez más cerca mío, su perfume invadía mis fosas nasales, me miró a los ojos y susurró: -Con una condición, no le decís una palabra a nadie ¿queda claro?- Desafiante, mientras sutilmente deslizaba su mano por mi muslo, lo que provocó una pre-erección casi instantánea, al mismo tiempo que mi corazón volvía a aumentar el ritmo de sus latidos.
-Trato hecho- Contesté tragando saliva.
De inmediato, mi tía se avalanzó se manera abrupta sobre mis inexpertos labios, pegando sus grandes y bien formados senos artificiales sobre mi pecho descubierto, introduciendo de a poco su lengua en mi boca y moviéndola al mismo ritmo con el que acariciaba mi firme miembro por encima de mi ropa.
No podía creer lo que estaba pasando, al fin iba a perder la virginidad, aunque de todas las veces que lo había imaginado, nunca pensé que sería así.
Mi tía y yo seguíamos besándonos apasionadamente como dos enamorados, ella sujetaba mi nuca para acercar nuestros cuerpos, y con la otra jugueteaba por mi ingle mientras que yo tímidamente acariciaba sus tonificados muslos, nuestras lenguas danzaban al unísono. Envolví a mi tía con mis brazos y giré sobre mi espalda quedando boca abajo con ella por encima, por primera vez despegamos nuestras bocas, sólo pudimos atinar a mirarnos los ojos y sonreír, rápidamente mis ojos se desviaron hacia su prominente escote, a lo cual Mariana reaccionó llevando una mano a su espalda y tirando de la cuerda del sujetador sin quitárselo del todo, no tenía manera de esconder la excitación que me generaba saber que estaba a punto de ver unas tetas en persona por primera vez, pero tan solo un segundo luego de pensar en ello, mi tía tomó mi mano con la suya acercándola a su pecho, una caricia guiada primero por encimaa y después debajo de su sostén, fue una sensación única, sentir la piel característica de una mujer de su edad, también rocé lo que parecía ser una cicatriz de una clara operación para mejorar su tamaño; cubrí ese seno que sentía duro al tacto por completo con mi mano para apretar con fuerza, luego llevé delicadamente mis dedos pulgar e índice hacia el pezón que no tardó en reaccionar endureciéndose mientras mi tía dejaba salir un leve jadeo. Usé mi mano libre para terminar de removerle el sujetador, dejando al fin sus grandes pechos al aire, descubriendo una ligera marca del bikini, y coronando con 2 pezones rosados apuntando hacia mis ojos.
-Veo que te gustan- dijo mi tía.
Asentí con la cabeza mientras tomaba ambos pechos en mis manos y volvía a comerle la boca. Fui levemente recorriendo su cuello, bajando por el pecho y finalmente me metí uno de sus senos en la boca, con mi lengua dibujaba un círculo del tamaño de su aureola, y de a poco mordiéndolos cuidadosamente mientras con las manos recorría sus preciosas nalgas y frotraba mi miembro con sus muslos. Ella con su mano tomó desprevenidamente mi pene y comenzó a jalarlo de arriba a abajo, generando una sensación totalmente nueva y mucho más placentera que cuando yo mismo lo hacía, nuestras bocas volvieron a juntarse, hasta que mi tía se agachó y fue besando todo mi cuerpo hasta culminar con una mamada que me dejó viendo las estrellas, era un momento único.
Tras unos pocos minutos que se sintieron eternos, sentí que estaba por llegar al orgasmo, así que aparté a mi tía de su tarea bucal, volví a besarla apasionadamente mientras de manera torpe intentaba abrir el paquete de un condón; Mariana, al notarme inexperto se encargó del trabajo y me lo colocó ella misma con su mano mientras yo corrí su encaje negro a un costado para con mis dedos juguetear con su sexo.
Me recosté en la cama dejando que mi mentora tomara el control de la situación y así lo hizo, sentada encima de mí tomó mi miembro y se lo introdujo mientras yo apretaba sus tetas y le besaba el cuello. Nunca me hubiese imaginado sentir el calor interno de semejante mujer y mucho menos tratándose de la hermana de mi madre. No tardé ni 5 minutos en experimentar el mejor orgasmo que tuve hasta ese momento, mientras mi tía me gemía al oido casi como una actriz porno.
-Eso fue...- No alancé a terminar la frase que mi tía comenzó a vestirse mientras que me indicaba que hiciera lo mismo y casi que me empujaba hacia la salida del cuarto, me esperaba una reacción un tanto menos fría después del tremendamente excitante encuentro vivido, pero para ella, solo se trataba de otro cliente del montón o así me lo hizo notar.
Por si no fueran pocas las presiones que tengo a mi edad, también todos mis amigos ya lo han hecho, incluso Violeta, mi hermana melliza con la que vivimos junto a nuestros padres, ya había estado en pareja en más de una ocasión por lo que de seguro tampoco era virgen.
Cansado de mi situación decidí entrar en la web y busqué un burdel en mi ciudad, luego de una investigación encontré el lugar elegido al que iría al día siguiente: Un ex hotel muy cerca del centro en el que trabajaban varias chicas y podría ir sin reservar.
Al otro día me dirigí al lugar, zona transitada así que entré lo más rápida y disimuladamente que pude, me recibió una mujer de unos 50 años que al parecer era quien estaba a cargo.
La madame me dio una especie de catálogo, en la que había fotos de las 3 trabajadoras que estaban disponibles: Una morena de grandes curvas, rasgos latinos (o eso parecía ya que a ninguna se le veía la cara) vestida con un conjunto de encaje negro. Una chica al parecer bastante más joven, cuerpo de teen bastante delgada, con un top y un mini-short de colores llamativos, y por último una auténtica MILF rubia, ropa interior color celeste que dejaba ver su cuerpo fitness pero con grandes atributos, como las que veía en el porno. Le indiqué a la recepcionista cual era la elegida, luego de cobrarme me dio un jabón y una toalla, y me dijo que esperase en la habitación al final del pasillo.
Ya dentro del cuarto, previa visita higiénica al tocador, la ansiedad me comía por dentro, sentía mi corazón como se aceleraba a medida que se acercaba el momento, por fin iba a suceder eso que tanto esperaba, de pronto, escucho el sonido de la puerta acompañado por el inconfundible caminar con tacones.
De repente la vi entrar, vestida con la misma lencería que traía en las fotos, con una falda semitransparente a tono, una particular forma de caminar levantando bastante sus largas piernas apenas cubiertas con medias de red, terminando en unos tacones de plataforma ancha color negro, dejando al descubierto su más que notoriamente trabajado abdomen plano, con un piercing en el ombligo, sostén de un radiante turquesa con un imponente escote. Pero toda esa excitación cesó en el momento en que vi su cara e hicimos contacto visual, nos reconocimos al instante, ambos nos quedamos helados hasta que ella finalmente logró decir:
-Tadeo, ¿Qué estás haciendo en este lugar?.
Se trataba de mi tía Mariana, la hermana menor de mi madre. Mi tía Mariana la del inexplicable costoso nivel de vida, la marginada de la familia, se encontraba ahí, semidesnuda y preparada para atender a un cliente más, lo que no se imaginaría nunca es que ese cliente sería su adolescente y tímido sobrino.
-¿Qué hacés acá pendejo? -Exclamó mi tía con cierto nivel de ira, frunciendo el ceño mientras cruzaba los brazos en un pobre intento de cubrir su pronunciados pechos al semi-descubierto.
-Pe-perdón tía, n-no sabía que eras vos- balbuceé, quería que me trague la tierra.
-¿Ya habías venido antes?- preguntó mientras llevaba un tabaco rubio a sus carnosos labios pintados color cielo.
-No, es mi primera vez.
-¿Tu primera vez?
Estaba rojo por la vergüenza, no podía mirar a mi tía a los ojos, agaché la cabeza, y tras un breve silencio confesé: -Vine a perder la virginidad.
Al escuchar eso, la cara de Mariana pasó del enojo a sentirse apenada por su sobrino. Apoyó su cartera detrás del antiguo televisor y se acercó a la cama matrimonial en la que yo me encontraba tan solo con unos pantalones cortos, con el torso desnudo.
Se recostó a mi lado, luego de dejar sus incómodos zapatos al pie de la cama. Había 1 metro de distancia entre ambos, y cada uno miraba al techo, sólo se escuchaba el tic tac del antiguo reloj de pared que estaba en el cuarto.
-¿Ibas a tener tu primera vez de esta forma?- exclamó cortando el silencio.
-De otra forma no puedo, ya estoy cansado. - respondí.
-Tu primera vez tiene que ser algo especial sobrino, con una persona que quieras, y te pueda guiar, ya vas a encontrar a alguien.- dijo mientras giraba hacia mi lado y me acariciaba suavemente la mejilla.
-Lo peor es que estuve meses ahorrando para venir a este lugar y terminé desperdiciando el dinero. -repliqué frustrado.
Mi tía se sentó en la cama y atinó a levantarse, diciendo que me podía hacer pasar con alguna de las otras chicas que estaban en el catálogo.
-No tía, no quiero ver a las otras chicas, quiero estar con vos.- exclamé tomando su mano para que no se fuera.
-¿Te volviste loco? Somos parientes de sangre nene, no puedo hacer eso.
-¿Qué tiene que ver? Es tu trabajo, yo ya pagué por una hora de servicio , hacelo como si fuera cualquier otro de los que te cogés por día.- Ella amagó a responder pero la interrumpí diciendo: -Además si no lo hacés, le voy a contar a toda la familia cual es ese trabajo en el que te va tan bien y del que no te gusta hablar.
-Tendrías que confesar que te querías ir de putas, dejame irme a buscar a mi compañera que venga a sacarte las ganas y nos olvidamos de todo.-
-Pero quiero que mi primera vez sea con alguien especial tía, quiero que me enseñes vos.
Tras unos segundos de duda, mi tía volvió a recostarse, esta vez más cerca mío, su perfume invadía mis fosas nasales, me miró a los ojos y susurró: -Con una condición, no le decís una palabra a nadie ¿queda claro?- Desafiante, mientras sutilmente deslizaba su mano por mi muslo, lo que provocó una pre-erección casi instantánea, al mismo tiempo que mi corazón volvía a aumentar el ritmo de sus latidos.
-Trato hecho- Contesté tragando saliva.
De inmediato, mi tía se avalanzó se manera abrupta sobre mis inexpertos labios, pegando sus grandes y bien formados senos artificiales sobre mi pecho descubierto, introduciendo de a poco su lengua en mi boca y moviéndola al mismo ritmo con el que acariciaba mi firme miembro por encima de mi ropa.
No podía creer lo que estaba pasando, al fin iba a perder la virginidad, aunque de todas las veces que lo había imaginado, nunca pensé que sería así.
Mi tía y yo seguíamos besándonos apasionadamente como dos enamorados, ella sujetaba mi nuca para acercar nuestros cuerpos, y con la otra jugueteaba por mi ingle mientras que yo tímidamente acariciaba sus tonificados muslos, nuestras lenguas danzaban al unísono. Envolví a mi tía con mis brazos y giré sobre mi espalda quedando boca abajo con ella por encima, por primera vez despegamos nuestras bocas, sólo pudimos atinar a mirarnos los ojos y sonreír, rápidamente mis ojos se desviaron hacia su prominente escote, a lo cual Mariana reaccionó llevando una mano a su espalda y tirando de la cuerda del sujetador sin quitárselo del todo, no tenía manera de esconder la excitación que me generaba saber que estaba a punto de ver unas tetas en persona por primera vez, pero tan solo un segundo luego de pensar en ello, mi tía tomó mi mano con la suya acercándola a su pecho, una caricia guiada primero por encimaa y después debajo de su sostén, fue una sensación única, sentir la piel característica de una mujer de su edad, también rocé lo que parecía ser una cicatriz de una clara operación para mejorar su tamaño; cubrí ese seno que sentía duro al tacto por completo con mi mano para apretar con fuerza, luego llevé delicadamente mis dedos pulgar e índice hacia el pezón que no tardó en reaccionar endureciéndose mientras mi tía dejaba salir un leve jadeo. Usé mi mano libre para terminar de removerle el sujetador, dejando al fin sus grandes pechos al aire, descubriendo una ligera marca del bikini, y coronando con 2 pezones rosados apuntando hacia mis ojos.
-Veo que te gustan- dijo mi tía.
Asentí con la cabeza mientras tomaba ambos pechos en mis manos y volvía a comerle la boca. Fui levemente recorriendo su cuello, bajando por el pecho y finalmente me metí uno de sus senos en la boca, con mi lengua dibujaba un círculo del tamaño de su aureola, y de a poco mordiéndolos cuidadosamente mientras con las manos recorría sus preciosas nalgas y frotraba mi miembro con sus muslos. Ella con su mano tomó desprevenidamente mi pene y comenzó a jalarlo de arriba a abajo, generando una sensación totalmente nueva y mucho más placentera que cuando yo mismo lo hacía, nuestras bocas volvieron a juntarse, hasta que mi tía se agachó y fue besando todo mi cuerpo hasta culminar con una mamada que me dejó viendo las estrellas, era un momento único.
Tras unos pocos minutos que se sintieron eternos, sentí que estaba por llegar al orgasmo, así que aparté a mi tía de su tarea bucal, volví a besarla apasionadamente mientras de manera torpe intentaba abrir el paquete de un condón; Mariana, al notarme inexperto se encargó del trabajo y me lo colocó ella misma con su mano mientras yo corrí su encaje negro a un costado para con mis dedos juguetear con su sexo.
Me recosté en la cama dejando que mi mentora tomara el control de la situación y así lo hizo, sentada encima de mí tomó mi miembro y se lo introdujo mientras yo apretaba sus tetas y le besaba el cuello. Nunca me hubiese imaginado sentir el calor interno de semejante mujer y mucho menos tratándose de la hermana de mi madre. No tardé ni 5 minutos en experimentar el mejor orgasmo que tuve hasta ese momento, mientras mi tía me gemía al oido casi como una actriz porno.
-Eso fue...- No alancé a terminar la frase que mi tía comenzó a vestirse mientras que me indicaba que hiciera lo mismo y casi que me empujaba hacia la salida del cuarto, me esperaba una reacción un tanto menos fría después del tremendamente excitante encuentro vivido, pero para ella, solo se trataba de otro cliente del montón o así me lo hizo notar.