Sonia es Descubierta por su Hijo Armando

heranlu

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La primera vez que lo vi haciendo esas cosas con mi ropa interior, pensé que era normal que mi hijo quisiera experimentar esas sensaciones. Debí ponerle un alto en ese momento, pero no tuve el valor de confrontarlo.

Me llamo Sonia, tengo treinta y seis años. Soy una mujer de buen ver; rubia, flaca, de rostro fino y bien conservado. Por lástima mi esposo no pensó lo mismo. Hace unos meses me terminó abandonando para irse con una de sus estudiantes. Una flaca de veinte con nada de porte, pero con un culo y unas piernas endemoniadas.

Desde entonces tuve que lidiar con todas las cuentas de la casa y gastos de mi hijo, por lo que tuve que doblar turno en el trabajo. Esto me ha complicado la crianza de Armando, un adolescente tímido de dieciocho y con problemas de aprendizaje. Siempre procuré ser paciente con él, pasaba por alto muchas cosas raras y traté de ser su amiga para que me tuviera esa confianza de contarme todo.

Pasé medio año en esta situación. Armando iba mal en la escuela y mis deudas no paraban de crecer. No fue hasta que en Instagram vi el video de una chica que hablaba de temas de sexualidad usando un escotazo; sus comentarios eran una mezcla de mujeres interesadas en el tema y de pajeros adulando su belleza. Tenía muy buenos números y aunque era más joven que yo, supe que tenía buenas posibilidades de lograr algo similar. Fue entonces que empecé a crear contenido de ese estilo.

A los pocos meses comencé a monetizar lo suficiente como para dejar de doblar turno y finalmente pude pasar más tiempo con mi hijo, lo que más añoraba como madre. Entonces las cosas comenzaron a cambiar. El algoritmo me comenzó a colocar en el lado oscuro de Instagram y Facebook, ya que de pronto mi bandeja se llenó de cientos de mensajes preguntando si vendía contenido explícito, que si hacía videollamadas o encuentros, que si grababa audios personalizados, que qué forma de pago recibía. De inicio me dio mucha gracia y no puedo negar que mi ego se disparó. Yo sabía la mujer que era, pero verlo confirmado por tanta gente me hizo creerlo aún más.

Quedé pensativa de esa posibilidad. Si vendía mi privacidad podría ganar más dinero del que había proyectado. Quizás podría usarlo como catapulta y después dejar las redes.

No fue hasta que lo hablé en una borrachera con mi mejor amiga. Ella me animó a hacerlo y se ofreció a ser mi fotógrafa. Así que decidí dar el salto. Esa misma noche me probé la mejor lencería y sacamos cuatro sesiones. Cada una con contenido soft, pero que siempre terminaba en explícito. Vendí mi primera sesión de fotos a un público selecto y fue un rotundo éxito. Gané 1,000 dólares y todo se fue directo a mi tarjeta de crédito. Sin dudarlo cree un perfil secundario en Instagram y lo dediqué enteramente a la venta de contenido. Liberé las otras tres sesiones y mis ventas se dispararon. En parte gracias a un Reel que se hizo viral, donde aparecía usando un camisón corto, sentada en la silla de mi habitación, hablando del orgasmo femenino. Mostraba mis piernas y escote, pero el verdadero hit fue que mi hijo aparecía en el fondo observando con curiosidad. Cabe mencionar que mi cuarto no tenía puerta sino cortina. No me di cuenta de ese detalle, pero mis seguidores sí. El video explotó completamente y se viralizó enseguida. Esa fue la primera vez que mi hijo me ayudó a subir las ventas.

Traté de mantener la calma esos días; tener dinero estaba bien, pero exponer mi cuerpo a desconocidos me hizo sentir como una prostituta. Cuando pasaron unos días, asimilé mejor lo que sucedió y me sentí lista para crear contenido explícito. Fue entonces que comenzó mi nueva etapa en la plataforma azul y como era de esperarse, me fue mucho mejor de lo que esperaba. Mi público eran jóvenes en su mayoría, que buscaban ese acercamiento sensual con una madura maternal, pero el público minoritario era el más fuerte; los señores urgidos con dinero. Diversifiqué y me pasé a las videollamadas en vivo, en un solo día podía ganar hasta 500 USD.

Mientras todo esto pasaba. La relación con mi hijo Armando mejoró mucho. Nos volvimos amigos y confidentes. Se cumplió lo que tanto quise y estaba al día de lo que pasaba con sus amigos y con la chica que le gustaba. Pero también noté que trataba de espiarme cada vez más seguido. Se asomaba por la cortina, a veces yo estando en vivo. Varias veces me agarró con la pierna sobre el escritorio mostrando mi clítoris en cámara o a mitad de un orgasmo.

Cuando eso pasaba cerraba el en vivo y me iba directo a hablar con él.

—Hijo, por favor, ya te dije que no puedes interrumpir a mami cuando está trabajando.

—Es que quiero ver.

—No, mi cielo, soy tu madre y un hijo no puede ver a su madre así. Por favor perdóname, te juro que pronto nos olvidaremos de todo esto y nos mudaremos muy lejos.

—¿Solo tú y yo?

—Solo tú y yo.

Lo abracé e inmediatamente sentí su bulto presionando mi vientre. Me quedé en shock, pero no tuve el valor de alejarlo.

A las pocas semanas descubrí algunos pagos hechos con mi tarjeta a la misma plataforma de videollamadas donde trabajaba. Después de darle vueltas, la respuesta era definitiva. Armando veía mis en vivos, pero el menso no tuvo mejor idea que agarrar mi tarjeta. Fui a su cuarto mientras seguía en la escuela y husmee en sus dispositivos. Finalmente encontré su usuario Macanudo70. Mis ojos se abrieron de par en par, ya que ese usuario era de los más activos últimamente y también de los que más puercadas me decían. Vi la bandeja de entrada y me topé con que me mandó una foto de su reata parada. Nunca pensé que Armando estaría tan bien preparado para la vida. Esa fue la primera vez que una fotopolla de toda la vida me calentó. Busqué más y descubrí un perfil en una web de relatos donde tiene guardados muchos sobre Amor Filial, sobre todo la temática de madre e hijo. Me senté en la cama impactada. Me recosté en su almohada, pero al momento de meter la mano debajo, encontré algunas de mis bragas completamente acartonadas de un fluido seco.

Mi corazón palpitó con locura. No lo podía creer, mi propio hijo me mirara de forma sexual. No entendía por qué de tantas mujeres en el mundo debía desear a su madre. Tal vez era el único contacto femenino que tenía o genuinamente me veía como una mujer deseable

Estuve unos días sin hacer en vivos pensando qué debería hacer, cómo debería confrontarlo o si dejar las plataformas de tajo.

—Hijo, ¿Puedo preguntarte algo? Pero necesito que seas lo más sincero.

—Sí, mami —dijo con ternura.

—¿Has estado agarrando mi ropa interior?

Se quedó callado.

—Sabes que puedes contarme lo que quieras.

—Sí, mami, es que… una vez las vi por accidente y… algo se activó dentro de mí. Al principio lo ignoré, pero pronto no pude dejar de pensarlo.

—¿Qué hiciste?

Miró hacia abajo.

—Está bien, amor, no te voy a juzgar, dime qué hacías con mis bragas. No olvides que estoy siempre para ayudarte —acaricié su barbilla.

Esa palabra movió algo en él, lo pude sentir en su tono de voz.

—Primero las olí… luego se me puso muy duro… tanto que comenzó a babear.

No pude evitar sonrojarme de la pena.

—Luego las comencé a usar para eso…

—¿Para masturbarte?

Asintió.

—¿Y luego qué hacías?

—Las llenaba todas.

—Entiendo... ven, abraza a mami.

Nos abrazamos. Sentí su calor y también se sonrojó. Me aparté, lo tomé de las manos y le dije a los ojos:

—Mi amor, sé que no te he podido dar la mejor guía y esto demuestra que te he fallado…

—No digas eso, has sido la mejor madre.

—Es que no entiendo qué te orilló a hacer esas cosas, soy tu madre y deberías verme como tal, no como un objeto de deseo.

—No te veo como un objeto, te veo como una mujer plena, independiente y muy trabajadora. Esto me libera mucho, mami, ninguna de las chicas del colegio siquiera me habla y esto me hace sentir menos mal.

Me quedé pensativa tratando de idear una solución.

—¿Seguro que es todo lo que necesitas?

Asintió.

—Ok, haremos esto, pero necesito que sea nuestro secreto. A nadie, ni a tus amigos, ni primos, ni tíos. Solo tú y yo podemos saber esto o se cancela el trato.

—Lo juro por mi vida.

Suspiré.

—Puedes quedarte con una de mis bragas solo para tu uso, tengo unas nuevas que me acaban de llegar…

Bajó la cabeza.

—¿Qué pasa?

—¿Puedo quedarme con una de las tuyas?

—¿De verdad? Bueno, creo que tengo unas recién lavadas…

Asintió.

Fuimos a mi habitación donde estaba la ropa limpia en un cesto y ropa sucia en otro.

—Está bien, toma una y ve a dormir… Esto es un secreto, ¿ok? entre tú y yo nada más. No lo olvides.

Me abrazó y me dio un beso en el cachete.

Fue directo a la ropa sucia y tomó las bragas que usé hoy.

Esa noche me ganó la curiosidad. Así que me acerqué a su habitación. Él también tenía una cortina como puerta, así que lo pude escuchar con claridad.

—Sí, mami… qué rico culo… ah, ah, voy a venirme en tus bragas, mamita.

Esto se repitió varias veces. Se volvió más común escucharlo en plena paja añorando mi cuerpo y deseando mi presencia. Como si lo hiciera a propósito.

Decidí espiarlo semanas después. Me las arreglé para entrar a su tablet y PC. Me encontré que el problema había aumentado. Guardó compulsivamente toda foto y video mío. Desde fotos de mi perfil de Instagram, hasta mis videos de OnlyFans, unos directos de la página y otros filtrados por Telegram. También esiones de horas enteras en la Webcam. No solo eso, había hecho una carpeta especial donde creaba videos con IA y me hacia de todo. Donde me desvestía o me ponía encaje, donde me hacían cumshots, faciales o bukkake, también me hincaba para orinar o donde hacía una paja con los pies, donde me ponía en cuatro patas, donde me abría de piernas para meterme el puño. Cada video exploraba el lado más oscuro de su mente y cada vez estaba más decepcionada de él y de mí.

Algo en mi mente se quebró en ese momento. Por primera vez vi en él la más grande añoranza que un hombre ha tenido por mí, pero también el aspecto más enfermizo del que me haya enterado. Debía solucionarlo, mi verdadero hombre era mi hijo Armando y podía dejarlo a la deriva. Debía actuar ahora, pero no tenía ni la menor idea de qué palabras utilizar. Esperé a que llegara a casa y dejé pasar unos minutos para que se acomodara. Me levanté y entré decidida a su habitación. Para mi sorpresa, lo encontré masturbándose con una braga diferente a la que le di.

—Hijo…

Pensé que se iba a sobresaltar, que iba a disculparse o a apenarse, pero me recibió con naturalidad, como si llevara esperando ese momento.

—Mami. Mírame, por favor, no dejes de mirarme… está a punto de pasar…

Se empezó a retorcer sin dejar de mirarme. Me quedé impactada presenciando a mi hijo llegando al orgasmo. Su chota era enorme y brillaba como un cetro ostentoso.

—Mamita hermosa, no sabes lo mucho que me gustas…

—Termina ya, quiero hablar contigo.

Su espalda se arqueó y disparos de leche brotaron por todos lados. Se limpió con mis bragas y sin guardarse la poronga me habló como si nada.

—Te amo mucho, mami, gracias por esto. Ha sido lo mejor que he sentido en la vida… sin duda.

—Vístete, nos vemos en el comedor.

Salí sin decir más.

Una vez allí lo confronté. Le dije todo lo que había encontrado y también que usaba mi tarjeta para pagar la suscripción al OnlyFans. Se puso a la defensiva al inicio, pero fue tanta la cagada que le dejé caer, que terminó por bajar la cabeza.

—Eres un buen muchacho y además muy guapo. Estoy segura que todo lo que necesitas es una chica que te ayude a descubrir el mundo. Yo no puedo ser esa mujer.

—No necesito a una chica, mami. Contigo lo tengo todo. Lo que pasó hace rato hizo que conectará contigo como nunca lo había hecho. Ahora más que nunca me siento unido a ti. Si esto pasara de vez en cuando… estoy seguro que…

—No te puedo ayudar, hijo. De verdad que no puedo. Lo que me pides es irracional e irresponsable. Si alguien se enterara…

—Yo no me arriesgaría a perder mis derechos y si a ti tampoco te conviene contarlo, entonces es imposible que se filtre. Solo somos dos adultos en una casa grande.

—Necesitamos ayuda profesional. Le puedo preguntar a tu prima si conoce a un psicólogo, tal vez podría…

Se puso de pie sin decir nada, se acercó y me besó en la boca. Me supo controlar porque le seguí; un par de segundos donde nuestros labios y lengua se encontraron por primera vez. Me separé y le reviré una cachetada que le volteó la cara.

—¿Estás enfermo o qué te pasa?

Pero se repuso enseguida y volvió a besarme. Esta vez me atrapó por los hombros con fuerza y nos besamos varios segundos más. Pasó su mano por una de mis tetas y se separó. Se fue sin decir nada y yo me quedé en el comedor al borde del llanto, porque si no se hubiera separado, yo no lo hubiera detenido. Esa noche me masturbé tratando de pensar en uno de mis fans, luego en el señor de la carne, luego en mi ex esposo y cuando mi mente se cruzó con Armando, todo mi ser se derritió y me terminé corriendo brutalmente.

Al día siguiente mientras me bañaba. Vi algo raro por la ventana. Me gustaba dejarla abierta y por lo mismo alguien dentro de la casa podría verme. Me seguí bañando y discretamente comprobé que mi hijo me estaba espiando. Desde ahí no podía ver demasiado, pero sentía sus ojos devorándome las tetas. Me coloqué de manera que la cortina del baño tape mi cuerpo y le hablé desde la ventana.

—Sé que estás ahí, Armando.

A los pocos instantes escuché sus pasos y vi su mirada de cachorro.

—¿Qué carajos estás haciendo?

—Perdóname, mamá. Estaba viendo que el calentador anda fallando.

—El calentador va perfecto, no me mientas. Ven ahora mismo.

Cerré la ventana, la regadera y me sequé con la toalla. Cuando abrí la puerta del baño, Armando me esperaba cabizbajo.

—Ni un día, Armando. No entiendo por qué tu obsesión conmigo. Soy tu …

—No es necesario que lo repitas. Sé perfectamente que eres mi madre y si te soy sincero… ese hecho hace que te desee aun más.

Un bulto en su entrepierna creció al grado que fue imposible ignorarlo.

—No, hijo, esto no puede continuar. Debes parar de una vez por todas, ¿qué necesitas? Te puedo conseguir lo que quieras… ¿quieres una prostituta? ¿Quieres dos? ¿Tres? Te puedo conseguir una novia para que practiques.

—Nada de eso, mami. Yo lo que necesito es verte cuando cocinas o haciendo quehacer, verte cuando te bañas, cuando duermes, en bikini cuando vamos a la playa. Eres la mujer más hermosa que he visto y estoy seguro que ninguna otra mujer es como tú.

Me quedé pensativa unos segundos. Sentí el impulso de ayudarlo, pero sabía que era antinatura. El llamado de la carne era abrumador e imbatible. Tanto él como yo queríamos ceder al instinto de hombre con mujer.

—Hijo, no sé si esta es la peor decisión de todas, pero prométeme que después de esto, dejaremos de lado este episodio.

—Lo prometo, ¿qué harás?

Me quité la toalla y me mostré ante él.

—Hijo, esta es tu madre. Este es mi cuerpo. Quiero que lo veas bien. Así se ve el cuerpo de una madre, no tiene nada de malo, solo necesito que te centres más, debes fijarte en chicas de tu edad. Mira mi celulitis, mis estrías, la marca de tu nacimiento. Mi cuerpo no es como el de tus compañeritas. Tú debes fijarte en mujeres más jóvenes, mi amor.

Se quedó hipnotizado, completamente ido, como si no escuchara nada de lo que decía. En seguida me di cuenta que había cometido un grave error.

—Hijo, por favor ya vete a tu cuarto ahora mismo.

Pero él se abalanzó y me abrazó.

—Mami, es la mujer más hermosa. Te amo mucho, no quiero alejarme de ti nunca.

Tomó mis tetas y hundió su rostro en ellas, enseguida me apretó el culo y deslizó sus manos por toda mi espalda. Yo estaba en shock; mi niño era joven, pero tenía fortaleza innata, detenerlo significaba no solo alzar la voz, sería imponerme y alejarlo físicamente. Cuando menos me di cuenta ya tenía su pene de fuera y lo restregaba en mi pierna. Se sentía muy caliente y tenía la forma de una salchicha jumbo para asado.

—Mami, quédate así un poco más, por favor.

Engulló una de mis tetas y comenzó a masturbarse con velocidad. Justo cuando me armé de valor para darle un empujón, se vino encima mío. Cerré los ojos con resignación y a mis oídos llegó el sonido de sus gemidos y en mi piel la sensación de líquido caliente escurriendo por mis piernas. Cuando acabó se guardó todo y se quedó cabizbajo.

—¿Estás contento? Es la primera y única vez, ¿me escuchaste bien?

—Gracias, ma, es lo mejor que me ha pasado en la vida.

—Debemos parar…

—Mami, te juro que si me dejas verte así, te dejaré de molestar. Incluso seré un mejor hijo y el mejor estudiante.

—Hijo, tu obligación es hacer todo eso. No te puedo recompensar por cumplir con tu parte.

—Lo sé, mami, pero no me puedo concentrar en la escuela ni aquí. Todo el tiempo estoy buscando la forma de que… Si me das esto, te prome…

Mis ojos se llenaron de lágrimas. Me tapé y lo mandé a su habitación.

—Vete ahora mismo a tu cuarto. Estás castigado.

Bajó la cabeza y salió.

Me encerré en mi habitación con una mezcla de emociones. Pensar en lo que me dice mi hijo me preocupaba, pero no pude evitar calentarme al repasar sus palabras en mi mente. Ese deseo y ardor por mí hace mucho no lo sentía. En realidad, la última persona que me quiso con tanta intensidad fue su padre. Al parecer venía de familia.

Las semanas siguientes tomamos distancia, pero él mostró una mejoría superior en la escuela. Se metió al club de música, danza y matemáticas. Lo dejé de ver gran parte del día ya que llegaba hasta la noche. Durante ese tiempo a solas, pude aumentar mi productividad. Cada día generaba más público y las cantidades que me ofrecían para tener encuentros, poco a poco eran más difíciles de ignorar. Aun así seguí aceptando solo trabajos por Webcam.

Fue durante una sesión de pago, mientras me metía un pepino frente a 50 personas que mi hijo entró a la casa mucho antes de lo normal. Bajé mi pierna del escritorio, aventé el pepino lejos y apagué el monitor. Él atravesó la cortina sin anunciarse y se aproximó. Me abrazó con fuerza; él olía a cerveza y cigarro, y me dio muchos besos en la mejilla.

—Mamita linda, por favor dame algo, he sido un buen hijo y estudiante. Merezco un premio, ¿no crees?

—Hijo, para por favor, no es un buen momento.

Me puso la mano detrás de la cabeza y me besó en los labios. Su calor y su dureza me recordaron a su padre. Perdí la cabeza y le seguí el beso un segundo. Me separé y le ordené que saliera de mi cuarto. Cuando lo miré, ya tenía la salchicha de fuera y estaba más que listo para entrar en mí. Cuando me quedé sola, miré el techo desconsolada y confundida. Pasé mis dedos por mi raja y noté que genuinamente estaba mojada, no era solo el lubricante sintético que usaba con el pepino, mi hijo me había puesto otra vez. Rocé la yema de mis dedos en mi clítoris empapado y pensé en él.

Después de unos segundos mi cuerpo se empalideció, me paré, prendí el monitor y encontré a los usuarios completamente enloquecidos y mandando donaciones como nunca antes había visto. Preguntaban si de verdad era mi hijo, que si era un actor, que si sería recurrente en mis videos. Cerré la transmisión y apagué todo. Durante media hora el dinero siguió entrando.

Mi video se viralizó en X y en Telegram. Por suerte no se veían nuestros rostros, pero aun así muchos de los que vieron ese pequeño clip, llegaban a buscar a la artífice. Todos querían más y todos parecían dispuestos a dilapidar sus ahorros con tal de verme de nuevo con él. Un perfil me contactó asegurando que podía pagarme diez mil dólares si me grababa teniendo relaciones con mi hijo. Con ese dinero podía dejar todo esto y emprender un negocio. Otro ofreció treinta mil por un trío con mi hijo. Me imaginé la escena y luego a mi hijo y yo gastando toda esa plata. Gran parte de la noche me imaginé a mi hijo como mi hombre. Donde el pepino se convirtió en la verga de Armando, mismo con el que me corrí varias veces hasta dejar el colchón encharcado.

Desde esa noche me volví más compasiva con mi hijo, al igual que dadivosa. Con el dinero ganado por el último video le compré un auto seminuevo, el celular nuevo de turno y una PC gamer. Nos fuimos de crucero por el Cantábrico y nos quedamos en la misma cama. Por las noches fingía estar dormida cuando lo escuchaba dando rienda suelta, estiraba su mano a tientas hasta tocar mi culo o mis piernas. Al hacer contacto su respiración cambiaba, su agitación se volvía impredecible y se corría enérgicamente a los pocos segundos.

Horas antes de llegar a Coruña, estando en la alberca, me dijo que iría al camarote por su cargador. Cuando sentí que ya se había demorado, intuí que solo podía haber un motivo. Abrí la puerta de golpe y lo encontré desnudo sobre la cama con el mástil a punto de reventar el techo. Cerré la puerta y nos quedamos en el silencio incómodo del chapoteo de su preseminal. Lo miré a los ojos con curiosidad.

—Sí, mami, no dejes de mirarme… ahhh, mamita linda… ahhh dios…me voy a correr por ti… ahah ahhhh…Haz a un lado tu bikini para verte las tetas… aunque sea un pezoncito.

Un disparo de esperma salió por los aires alcanzando una altura prodigiosa. Luego otro y otro. Caía en su barriga y en la cama, mientras se retorcía sumido de placer.

—Deja todo limpio —dije antes de dar media vuelta y salir del camarote.

Al día siguiente tuvimos un maravilloso día recorriendo Asturias. En la noche de vuelta en el camarote, me metí a la ducha. Al salir, encontré a Armando en plena masturbación. Mi corazón latió con fuerza al darse cuenta que esto se podía volver costumbre. Era obvio por qué eligió este momento, así que no dejé que lo pidiera. Me retiré la toalla y le mostré mi cuerpo desnudo por segunda vez. Me acerqué paso a paso sin dejar de verlo y me senté a su lado. Posé mi mano en su pecho y la bajé despacio hasta sus huevos. Los traía depilados completamente y eran suaves como piedra de río. Él posó sus manos en mis piernas y las acarició. Yo estaba convertida en una zorra total. Me quemaba la idea de verlo eyacular de cerca.

—Qué lindas piernas, mami. Estás buenísima.

—Quiero que te corras, mi amor.

—¿Pero y si te mancho?

—No pasa nada.

Su mirada se tornó primitiva, inclinó su cuerpo ligeramente hacia mí y se dejó ir. Bramó como un animal salvaje. Sus lechazos cayeron en mis muslos, uno a uno sin parar. Mis piernas fueron quedando blancas y el excedente comenzó a escurrirse lentamente por mi entrepierna hasta mojar los pelos de mi cuca.

Armando se colocó boca arriba jadeando. Se incorporó y pasó la yema de sus dedos sobre mis muslos almidonados.

—Nunca había salido tanta.

Le sonreí, le di su beso de buenas noches y me paré.

—Me ducharé de nuevo, descansa.

—Sí, mamá. Buenas noches… y … Muchas gracias, han sido las mejores vacaciones de mi vida, y no lo digo por el crucero.

—También me ha gustado pasar tiempo contigo, mi amor.

Me incliné y le di otro beso en la frente. Sentí la lefa enfriarse y hacerse más líquida. No dejaba de sentirme muy caliente y maternal al mismo tiempo. Dos sentimientos contrarios que no deberían sentirse por la propia sangre.

Cuando entré de nuevo a la ducha, su corrida ya se había escurrido hasta mis tobillos. Antes de abrir el agua me observé las piernas. Hace tiempo que no me sentía así de puta. Mi cuerpo aún ardía por dentro y quería leche de Armando. Pasé mis dedos por mis muslos, los mojé y lo llevé directo a mi clítoris hinchado. La yema mojada de Armando conectó mi cuerpo por completo y me enfilé directo al orgasmo. Un par de minutos con la corrida de mi hijo en el clítoris me bastó para inmolarme de un terrible orgasmo. Mis piernas temblaron y alcé mi rostro implorando piedad al cielo. De pronto mis jugos empezaron a botar como si estuviera orinando; mi primer squirt en años, había olvidado que podía hacerlo.

Me fui a la cama sin culpa ni arrepentimientos. Cuando el amor atraviesa todas las fronteras, se vuelve absoluto. Y yo amaba a Armando absolutamente.

Al día siguiente un presentimiento me despertó. Estaba acostada de lado dando la espalda a Armando. Me giré y vi su mástil alzando la cobija como carpa de circo. Me acomodé para verlo mejor y colé mi mano en mi entrepierna para tocarme un poco. Cuando ya estaba mojadita no me resistí a mis deseos, así que deslicé mi mano hasta y me topé su tranca petrificada. Durmió sin ropa interior. Armando despertó con la mano de su madre sosteniendo su virilidad erecta.

—Shhh, sigue durmiendo, mi amor. Mami hará algo porque está muy caliente.

Asintió, pero sin dejar de ver la escena.

Empecé a pajearlo muy lentamente, mientras me daba justicia en el clítoris con la otra mano. Su falo latía desesperado y la cabeza parecía hincharse cada vez más. Era la primera verga que tocaba en años. Comprobé que lo que bien se aprende, no se olvida.

—Ya casi… aggg…ahhh.

—Espera un poco, mi amor, ya casi se viene mamá.

—Qué rico que te estés tocando, mami.

No pude evitar gemir ante el inminente orgasmo. Eso alocó más a Armando, que no paró de jadear a un ritmo acelerado.

—Ahhhhhh —gemimos al unísono.

De pronto nada.

Mi cuerpo explotó por dentro y sentí que mi piel se revolvía con mis entrañas. Solté su verga y me dejé consumir por un clímax sin final. Sin dejar de tocarme me dejé llevar por las olas del placer. Jugos brotaron sin control mojando toda la cama y de la nada otro clímax azotó mi cuerpo.

—AHHHHHH,dios mío, qué rico…

No vi a Armando en ese rato porque cerré los ojos, solo vi de reojo que estaba de pie a mi lado de la cama. Con la verga empalmada a más no poder, observando con atención mis multiorgasmos mientras se mataba con tremenda paja. Paré porque mi mano ya no daba para más y Armando, en su inocencia, no se le ocurrió hacer un movimiento audaz. En ese instante, si me hubiera penetrado, lo hubiera dejado cogerme.

Me detuve exhausta y jadeante. Armando se detuvo un momento y me puso la verga en los labios de mi boca.

Nos miramos a los ojos.

—Un poquito nada más.

Me quedé inmóvil. Mi calentura ya estaba apaciguada y esto era pura y llanamente complacencia para Armando.

Tomó el tronco de la base y presionó contra mis labios. No sé si por instinto o por mecánica simple, pero mi boca se abrió y su pene se abrió paso hasta mi garganta.

—OHHHHHHHHH… mierda, es lo más rico que he sentido en la vida.

Hizo un vaivén lento sin sacarlo por completo.

—Mhhmmm —era el único sonido que podía hacer.

Me arremetió aumentando el ritmo cada vez. Con su mano me tomó del cabello para mejorar su agarré y poseyó mi boca a su gusto. Su verga me causó arcadas que apenas podía controlar para no vomitar. Buscaba su orgasmo como un desquiciado. Con su mano me agarró las tetas y las apretó. Luego bajó por mi abdomen hasta llegar a mi raja. Me dejó la verga hasta el fondo y se concentró en buscar mi clítoris. Lo guié al tesoro y justo al igual que ayer en el baño, al posar sus yemas en mi clítoris, todo mi ser se conectó de nuevo. Con torpeza me frotó el clítoris y reanudo el vaivén oral. Tomé su mano y la moví exactamente como debía hacerlo. Tomó varios minutos hasta que finalmente lo entendió.

Me frotó sin dejar de penetrarme por la boca y me volvió a ganar. Tomé su mano de nuevo y me dirigí a otro orgasmo.

—AHHHHHH, no puede ser… ahhhhh… qué rica verga tienes, dios mío.

Su verga quedó flotando sobre mí y luego cayó en mi rostro; sobre mi nariz y párpados. Con sus dedos me llevé a un nuevo maratón multiorgásmico. Fue tal mi desconexión que le pedí que me penetrara.

—Métemela, hijo, hazme tuya. AHHHH, AHHHH. Hazme tuya y cogeme con tu vergota. Quiero sentirte, amor.

Acotó al instante e intentó un misionero improvisado. Cuando su chota tocó mi puerta, lo rechacé inmediatamente.

Paré todo y lo alejé con todas mis fuerzas, pero él trató de forzar la penetración. De un último empujón lo alejé por completo.

—No, eso ya no…

—Pero me lo pediste.

—Esto ya es demasiado.

El vómito verbal sobre que soy su madre nació de nuevo. Él hizo cara de disgusto y se alejó.

—De verdad no te entiendo, mamá. Me exigiste que te hiciera el amor para empujarme durísimo. Pinches viejas, nadie las entiende.

Le di una cachetada y él salió del camarote. No lo vi el resto del día.

En la tarde de ese día, pasó algo extraño. Mi mejor amiga me llamó angustiada. Había visto una noticia viral de un video filtrado de una madre y su hijo. Investigó en X y encontró los clips de una señora teniendo intimidad con un joven. En el audio se oye claramente la interacción incestuosa y supo sin dudar que se trataba de mí y Armando.

—Amiga, no entiendo si accediste a grabar esto o él grabó sin avisarte. Pero es un delito, puedes ir a la cárcel.

—Te juro que no estuve de acuerdo con esto Marta. Hablaré con Armando para esclarecer esto.

—Amiga, no entiendo qué te pasó. Amabas a tu hijo como ninguna otra madre y ahora me topo con esto… no te reconozco… no sé…

—Marta, esto es muy difícil de procesar, por favor no me martirices con más culpa. Mándame los videos que encontraste por favor, hablaremos cuando llegue a la ciudad.

En efecto, los videos eran de los momentos de intimidad con Armando con nuestros rostros censurados . El primero cuando lo caché en plena paja en el camarote y yo lo miré hasta terminar. El segundo cuando me mostré ante él después de la ducha y me embadurnó los muslos de leche. El tercero justo antes de acercarse a mi lado de la cama para que se la mamara. En todas buscó activamente grabarnos en pleno acto y por un motivo que desconozco, los publicó.

Cuando llegó la parte donde intentó penetrarme y lo empujé, no pude más y me eché a llorar en el suelo del camarote. Después de un rato, él entró.

—Mamá… —susurró.

Yo apenas hice sonidos.

—Tengo que contarte algo…

Lo miré desde el suelo.

—¿Qué? ¿Qué violaste nuestra privacidad y que destruiste nuestras vidas?

Sus ojos se humedecieron e intentó irse.

—No te vayas, desgraciado —dije mientras me paraba.

—Mamá… te prometo que se arreglará, nunca sabrán nuestra identidad.

Me acerqué y lo tomé de los hombros.

—¿Por qué, hijo? ¿Qué clase de fetiche cumples con exponernos así? —dije aguantando las lágrimas.

Armando se quedó callado mirando el piso.

—Responde, cabrón. No puedo creer que todos los hombres terminan siendo unos verdaderos hijos de puta cuando…

Me detuve de golpe, me di la media vuelta e hice respiraciones para calmarme.

—Solo vete a la chingada de aquí, no quiero verte.

Salió sin decir nada y yo volví a llorar.

El resto del crucero fue incómodo y cuando regresamos a casa semanas después, cada quién fue por su lado. Al retomar mis redes vi que ya no podía acceder a ninguna cuenta. Habían cambiado contraseñas el día que se viralizaron los clips. Entré como usuaria y busqué mis perfiles. Todo seguía como lo dejé, excepto OnlyFans, donde el chat automático me quiso vender los famosos tres clips virales a un precio desorbitante.

No había duda, Armando estaba detrás de todo. Antes de salir a por él, escuché su voz en el umbral.

—Mamá… —susurró en el mismo tono que cuando entró al camarote esa última vez.

Lo miré como si viera a un monstruo.

—Si ya lo descubriste, quiero enseñarte algo antes que cometas una locura —dijo mostrando la pantalla de su celular.

Era la app del banco con un balance absurdo. 3,500,000 y pico de dólares.

—¿Qué es esto? ¿Es dinero real o me estás jodiendo?

—Es real, míralo por ti misma.

Tomé su celular y navegué la app, entré y salí y todo se veía legítimo.

—Fue lo que ganamos por esos clips, mamá. Somos ricos…

—Los… los vendiste… nos vendiste…

—Ya sé que fue horrible lo que hice, pero sabía que no te ibas a animar. Yo estaba seguro que esta maniobra nos iba a sacar de todos los apuros económicos.

Me dejé caer de sentón en la cama. La cabeza me daba vueltas y no tenía idea de cómo proceder.

—Tres millones de dólares, mami. Estoy seguro que me podrás perdonar algún día cuando estemos de viaje por el mundo y cuando compremos nuestra nueva casa.

—Sí… puede ser hijo —respondí en automático.

Me abrazó y lloró conmigo. Tomé distancia unos días.

Una tarde cualquiera vimos películas, platicamos de la vida, preparamos la cena y salimos a un bar. Esa noche, como todas las que le siguieron, dormimos juntos. A veces separados, a veces abrazados, otras incluso sin ropa, pero eso sí, siempre me encargué de deslechar a mi hombre con mi mano o mi boca. Siempre tenía ganas y yo hacía lo propio. Él satisfacía a su madre con su lengua y sus manos, como bien le había enseñado.

Compramos una gran casa en la costa, cambiamos el auto y recorrimos Europa, Sudamérica y este año nos toca Asia. Siempre vamos como marido y mujer, donde yo siempre quedo como la cougar. Lleva meses tratando de convencerme de hacer el amor, pero no se lo he permitido. Su insistencia fue tal que tuve que ceder un poco.

Le ofrecí mi culo y él no dudó ni un segundo en aceptar. Ese día nos hospedamos en un hotel de lujo en la ciudad. Colocó la cámara y comenzó a grabar. Ante las luces de la ciudad me desnudé frente a él como muchas otras veces.

Me puse en cuatro sobre la cama y me empiné.

Se colocó detrás mío y me abrió las nalgas. Me dio una nalgada; dura y sonora, luego otra y otra y otra. Sentí mi culo arder y mi puchita gotear. Tiró unas gotas de lubricante y pasó su cabeza por mi anillo apretado. Se puso condón y siguió.

—Ay dios, siento que me va a doler.

—Lo haré despacio, mami, pero no prometo nada después.

—No me rompas el culo, mi amor.

Sentí la presión de su cabeza tratando de entrar. Sentí que me abrieron todo el culo, pero apenas estaba entrando. El dolor me dominó.

—AAGGGGGGG, ME ESTAS ROMPIENDO..

Sus manos anclaron mis caderas y siguió entrando. El dolor era desgarrador, pero estaba dispuesta a cumplirle.

—¿Ya habías dado el culo antes, putita?

—No, papi, eres el primero.

Era verdad, mi propio hijo fue el primero y último en romperme el culo.

Lo sacó y liberó mi esfínter de la presión.

—Te quedó bien abierto tu hoyo, mami.

—¿Te apretó mucho, cariño?

—Ufff, sí, está bien ajustadito, hasta pensé que se rompería el condón.

—Quítatelo, hijo —dije embriagada de placer.

—¿Segura?

—Sí, mi amor, quiero sentirte por completo en mi culo. Si me rompes quiero que sea piel con piel.

Sin titubear se sacó el condón y embadurno todo el asunto con lubricante. Esta vez sentí su verga más caliente mientras se habría paso. Sin problemas me atravesó, mientras yo ahogaba mis gritos con la almohada. Sentí su pelvis tocando mis nalgas y una masa enorme que casi toca mi intestino. Se quedó así unos segundos, como si admirara la escena y disfrutara la presión total de mi culo. Cuando mi ano se acopló le di la señal para continuar.

Hizo un vaivén lentísimo, tanto él como yo sentimos cada centímetro. Entró y salio; su cabeza nunca abandonaba mi cuerpo y sus manos no dejaban de aprisionar mis caderas. Él siempre tuvo el control de mi cuerpo y yo confiaba que no me desgraciaría. Yo sabía que él quería reventarme con todas sus fuerzas, pero no se dejó poseer por sus demonios. Se salió y aplicó más lubricante. Cada vez era más fácil y placentero. Mi ano ya se había amoldado a la verga de Armando.

—Dame duro, papi. Destrozame.

—No, mami, no te quiero lastimar.

—Hazlo, papi, te lo ordeno. Reviéntame el culo hasta que te vengas, mi amor.

Dudo un poco y aumentó el ritmo.

Sabía que debía provocarlo más.

—Dame verga, papito. Dale verga verga tu puta. Quiero que me destroces con esa vergota que traes… AHHHH, qué rico que culeas, papi.

Su ritmo aumentó drásticamente y aunque el dolor regresó, la satisfacción de complacerlo le ganaba a todo.

—Rompe a tu puta. Quiero que me regreses en silla de ruedas.

—Sí, mami. Te voy a quebrar como la pendeja zorrita que eres.

Se salió y aplicó más lubricante. Fue entonces que se dejó de tapujos.

Me la metió de una hasta el fondo. Me tomó del cabello con la mano y con la otra apretó una de mis nalgas con todas sus fuerzas y la nalgueo. Me comenzó a embestir tal como sus deseos le dictaban. Había destapado el animal una vez más, solo que ahora mi integridad estaba a su merced.

—AAGGGGGGG AGGGGG —pegué unos gritotes de verdad—. DIOS MÍO AHHH AHHHHH, ME VAS A MATAR… AHHHHH

—No vas ni a caminar, perrita.

—AAAAAAAGGGGG, si me desmayo no quiero que …. AAAAAHHH… no quiero que pares… tienes … tienes prohibido salir sin terminar.

—Eso haré, puta. Te voy a destrozar y sin importar lo que pase te voy a llenar de leche. Así serás mi zorra para siempre.

—Sí, papi, seré tu puta para siempre.

—¿Segura? ¿Me darás el culo siempre que quiera?

—Sí, amor, podrás usar mi culo cuando quieras.

Me siguió penetrando como si no hubiera mañana.

—Este será tu castigo por no darme lo que quiero.

—Ay, papi, eso no te lo puedo dar…AHHHH.

—Claro que sí puedes… en lo que te convences te castigaré abriendote el culo.

Sus embestidas se volvieron brutales al igual que sus bramidos. Era evidente que faltaba poco.

—Dame lechita, mi amor, llena a tu madre.

Armando dejó de responder. Se agitaba más cada segundo.

—Te voy a llenar todo tu culo…OHHHHHHHH

Su rugido casi animal resonó en la suite.

Finalmente se dejó venir toda su leche y me llenó por dentro justo como lo prometió.

Desde entonces ha sido la forma con la que lo mantengo satisfecho. Mano, tetas, boca y culo. Sabe que mi cuerpo le pertenece menos mi sexo. Sin embargo, no hay día que no me lo pida, ni día que no tenga que apagar su fuego. Pero mi decisión era firme, sabía que si lo dejaba entrar en mí, no lo querría dejar ir; me terminará preñando y es algo que aun no estoy dispuesta a hacer.

Mi familia eventualmente supo de los videos. Por el bien de todos decidí cortar relación con ellos. Por suerte nunca supieron la dirección de la nueva casa, así que no fue difícil empezar de nuevo.

Desde entonces mi hijo y yo grabamos toda clase de videos sexuales y eso nos ha mantenido muy cómodamente. Ya está por terminar su grado en finanzas y me prometió que dejaríamos esta vida muy pronto. Tiene un plan para diversificar nuestra fortuna y poder vivir de ella sin mover un solo dedo.

En este momento estoy lista para grabar con él. Esta ocasión tenemos una invitada especial. Será nuestro primer trío y por supuesto que será publicado. No estoy segura cómo me sentiré cuando vea a Armando penetrando por primera vez una puchita y probando la carne joven. En el fondo me arrepiento de no haberle cumplido completamente, me da miedo que esa chica ya no salga de esta casa y quiera un pedazo del pastel.
 
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