yesod2006
Pajillero
- Registrado
- May 4, 2008
- Mensajes
- 167
- Likes Recibidos
- 117
- Puntos
- 43
Cabe señalar que este relato no es mio, su autora se llama Olga (olgamujer@hotmail.com) de TR. Si infrinjo alguna norma por favor eliminenlo...
Soy María, tengo 19 años y vivo con mis papás en un barrio muy humilde, soy hija única, mi papá es carpintero, mi mamá lava ropa ajena y como ya no alcanzaba para que yo siguiera estudiando, mi papá me consiguió trabajo con un amigo suyo que tiene una tienda y necesitaba quien se la atendiera porque a su esposa la iban a llevar de emergencia al hospital y no podía cerrarla, así que fui a verlo, quedaba a cuatro cuadras de mi casa, me enseñó los precios y me dijo que volvería por la noche, se fue con su esposa en la ambulancia, yo atendí a todos los vecinos y cuando tenía duda de algún producto lo llamaba por teléfono, así pasé todo el día... ni siquiera sabía cuánto iba a ganar.
Por la noche regresó don Pedro, me dijo que ya podía irme a mi casa y que me esperaba mañana temprano, al llegar a mi casa saludé a mi mamá y le conté como me había ido, ella estaba muy enojada porque mi papá había llegado del trabajo a pedirle dinero porque se iba ir a chupar con sus amigotes, a mí no me sorprendía nada, mi papá desde un tiempo para acá se había vuelto un borracho incorregible, como estaba toda sudada me fui a bañar, al salir me vi en el espejo quebrado que tenía en mi cuarto, al verme desnuda me di cuenta de lo delgada que estaba, talvez por eso ningún muchacho se me acercaba para que fuera su novia.
Al día siguiente me fui a la tienda, don Pedro no fue al hospital porque doña Margarita estaba sedada, llegó mucha gente en la primera hora, pero a las nueve de la mañana ya casi no llegaba nadie, así pasaron los días, a veces don Pedro iba al hospital y otras se quedaba conmigo, pero era muy incómodo porque cuando yo me recostaba en el mostrador, él pasaba muy cerca y me rozaba las nalgas con su cosa, siempre me pedía disculpas diciéndome que casi no había espacio, pero lo hacía a cada rato, de vez en cuando lo sorprendía viéndome el trasero ¿qué quería ver? si yo estaba toda flaca.
Como a las dos meses de estar trabajando en la tienda, se murió doña Margarita, yo me hice cargo porque a don Pedro le entró un bajón terrible, así pasó un mes, casi ya no había productos en la tienda, don Pedro por fin se levantó de su cama y volvió a surtir la tienda, a mí me daba mucha compasión el señor y empecé a cocinar para él, a hacerle compañía, a limpiar la casa y él me lo agradecía dándome un pago extra, pero no sé si él mal interpretó mis atenciones porque empezó a verme de otra manera, aunque me decía que me quería como a una hija, cada vez que me abrazaba, yo sentía su cosa bien parada en mi estómago, hasta que un día me armé de valor y le dije:
-Don Pedro ¿usted que pretende de mí? siento que me abraza mucho y cada vez que lo hace siento su cosa bien parada en mi panza.
-Lo siento, m'hija, no sé qué hacer para disculparme, no tengo excusas, me siento solo y tú me gustas mucho... no digas nada, ya sé que yo podría ser tu padre, pero todo hombre tiene sus necesidades y antes de que Margarita muriera ya no lo hacíamos porque ella siempre se sentía cansada, si quieres renunciar te puedes ir, solo te pido que no le digas nada a tus papás.
-Usted sabe que mi familia necesita el dinero que usted me paga, así que no puedo renunciar, ¿Por qué no se busca una novia para calmar sus necesidades?
-¿Y tú crees que alguien me haría caso?
Continuará...
-Claro que sí, usted todavía está guapo, si yo fuera señora le hacía caso, pero...
-Dime una cosa, María ¿has tenido novio?
-No.
-Entonces ¿eres virgen?
-No, un amigo borracho de mi papá me violó hace tiempo, yo no dije nada porque mi papá es capaz de matarlo.
-Y tú como mujer ¿no tienes necesidades de...? bueno, tú ya sabes.
-No quiero hablar de eso.
Don Pedro dejó de abrazarme, pero de lo que no me libraba era de sus miradas morbosas, casi me desnudaba con la mirada, cuando me iba a mi casa me masturbaba, antes lo hacía poco, pero ahora solo pensaba en cómo sería la cosa de don Pedro, yo me sentía tan sola como él, mis pocas amigas tenían novio, yo era la única apestada que nadie le hacía caso, así que con el único hombre que fantaseaba era con don Pedro, pero él ya era muy viejo para mí, yo quería un novio, no un viejo que casi me triplica la edad... cada vez que me metía los dedos en mi cosita, pensaba que era el pene de don Pedro y terminaba bañada en sudor, así pasaron varios meses, él haciéndome preguntas incómodas y yo haciendo como que me enojaba, eso sí, ya habíamos logrado mucha más confianza, una noche antes de cerrar me dijo:
-¿Te quedas a cenar? no me gusta hacerlo solo, pero si no quieres lo entiendo.
-Si quiero, pero usted cocina.
-Tengo una pregunta que me ha estado dando vueltas en la cabeza ¿Te ha besado alguien?
-Ay, don Pedro, ya va a empezar con sus cosas.
-¿Qué tiene de malo mi pregunta?
-Tiene razón... el viejo que me violó solo hizo a un lado mi calzón y me la metió... pero no me besó.
-¿Cuántas veces te lo hizo?
-Solo esa vez porque estábamos solos... cuando lo volvió a intentar le dije que iba a gritar y como estábamos en mi cuarto y mis papás estaban en la sala se arrepintió y me dejó en paz, pero cada vez que me miraba me nalgueaba o me tocaba los pechos, pero de repente dejó de llegar a mi casa, no sé por qué.
-Y... ¿no te gustaría que alguien te besara?
-Sí, pero un novio, no usted.
-Y... ¿si yo te pidiera que fueras mi novia?
Salí corriendo y lo dejé con la cena servida, antes de entrar a mi casa respiré profundo para que mis papás no se dieran cuenta de nada, después de cenar me acosté en mi cama y pensaba en la propuesta de don Pedro, no podía creer que un viejo como él me pidiera semejante cosa, mi mente decía que no, pero mi cuerpo deseaba ser besado, acariciado, penetrado... pero ¿qué dirían mis papás? no, eso era una locura... ¿tan desesperado estaba el viejo ese para fijarse en una flaca como yo?... pero era muy lindo sentirme deseada, era la primera vez en mi vida que me pasaba, yo abría la boca imaginando como sería sentir la suya dándome ese primer beso que yo ansiaba con locura... ¿qué haría mañana? ¿iría o no? tenía que ir, si no mis papás iban a sospechar y eso me podía meter en problemas, casi no dormí a pesar de que me masturbé muchas veces.
Al día siguiente don Pedro me recibió recién bañado, muy bien rasurado, cosa que ya le hacía falta, muy bien peinado y vestido como si fuera a una fiesta, hasta loción que olía muy rica se puso
-Hola, María, buenos días, tenía miedo de que ya no vinieras.
-¿Por qué tan elegante? ¿Es su cumpleaños?
-No, m'hija, mi cumpleaños fue en enero, tú aún no trabajabas en la tienda... ¿pensaste en lo que te dije?
-No he hecho otra cosa que pensar... pero, mire, don Pedro, usted y yo no podemos ser novios, si lo supiera mi papá lo mata, se lo juro.
-Y no lo pongo en duda... ¿eso quiere decir que tú no quieres ser mi novia solo por miedo a tu papá? pero si estuvieras sola sí aceptarías.
-Yo no dije eso.
-Si no quieres ser mi novia... ¿no te gustaría que fuéramos amigos con derechos?
-¡¿Cómo así?! Yo no soy prostituta, don Pedro.
-Yo no dije eso... déjame explicarte, lo que quise decir es que yo si quiero ser tu novio y entiendo las razones del por qué tu no me aceptas, pero que tal que solo fuéramos novios cuando estemos solos, nadie lo sabrá y por fin me daría el gusto de besarte... ¿qué?... ¿por qué no dices nada?... ¿lo estás pensando?
-No sé, don Pedro... me da miedo que alguien lo sepa... ustedes los hombres son muy habladores... además...
Y en ese momento me besó, afortunadamente estábamos solos, sentí que se me doblaron las piernas cuando su lengua entró a mi boca y yo empecé a juguetear con la suya, todo era divino, pero cuando sentí su mano en mi pecho...
-¡Don Pedro!, un beso para empezar está bien, pero usted va muy rápido, no haga que me arrepienta, por favor.
-Discúlpame, María, no creo que te imagines que un viejo como yo hubiera soñado en besar a una jovencita como tú, me emocioné, perdóname, yo sé que no esperabas que te tocara, pero entiéndeme, tú eres mucha tentación para mí.
-No sé que decirle...
-¿Te gustó como te besé?
-Sí, don Pedro, me encantó, pero me asustó al sentir su mano tocándome.
-Lo siento, la próxima vez solo te beso, ya no te tocaré... aunque no sé cuánto tiempo pueda resistirlo... ¿tú me dirías cuando estás lista? me muero por verte desnuda en mi cama.
-No se pase.
-Ya no me digas don y trátame de tú.
-No, don Pedro, eso sería como decirle a la gente que somos algo, mejor sigamos así... usted me prometió que la próxima vez que me besara no me iba a tocar, ¿verdad?
Lo llevé atrás de la puerta y lo besé, él se sorprendió de mi atrevimiento, me besó con mucha pasión, me abrazó tan fuerte que pude sentir su cosota en mi panza y ahora sí lo disfruté, quería agarrársela, pero sabía que no debía, después del relajo que le hice por haber tocado un pecho, sería muy contradictorio portarme como una prostituta, él me dio vuelta y me abrazó desde atrás, me daba besos en el cuello, yo sentía escalofríos por todo mi cuerpo y seguramente se había agachado porque sentí su cosa restregarse en mis nalgas, por un momento no dije nada, cerré los ojos y sentí como mi cosita se empezaba a mojar, cuando sentí que empecé a mover el trasero, me zafé.
-¡No, don Pedro! Tráteme como si fuera virgen, mire que cuando lo hice no fue porque yo quisiera, no sé nada de esto y me asusta todo lo que estoy sintiendo, me encanta cuando me besa, pero sentir... su cosa... me da miedo...
-No te preocupes, mi reina, te prometo que iré poco a poco.
Era la primera vez que alguien me trataba con cariño, ese "mi reina" se me quedó grabado en mi mente para siempre, ese 26 de septiembre nunca lo olvidaré, el día de mi primer beso y aunque no quise reconocerlo en ese momento, también fue el día en que me acariciaron un pecho, fue muy rico; a partir de ese día buscábamos momentos para estar solos, nos comíamos a besos y yo moría de placer cuando sentí su pene parado restregarse en mi cosita, sabía que faltaba poco para que me hiciera suya, pero yo luchaba con todas mis fuerzas, no por falta de ganas, si no por miedo a que mi papá se enterara; una noche que me quedé a cenar con él me dijo:
-Mi amor, ¿cómo haces para controlarte tanto? cada vez que te beso no puedo evitar que sientas mi erección en tu cuerpo. y tú no haces ni dices nada.
-No soy de piedra, don Pedro, claro que lo siento y me excito, pero... a una siempre le enseñan a tenerle miedo al sexo... no sé qué hacer cada vez que me besa y siento su erección... ¿qué hizo doña Margarita la primera vez?
-Con Margarita fue diferente porque ella ya tenía experiencia, ya había estado con varios hombres antes que yo, así que no la puedo compararla contigo, pero si tú te sientes excitada cuando te beso, imagina como te sentirás cuando te toque y más cuando hagamos el amor.
-¡Ay, don Pedro! Ustedes los hombres todo lo quieren rápido.
-Entiendo eso de que a ustedes las mujeres les enseñan a tenerle miedo al sexo, pero ¿cuándo crees tú que vas a dejar de tenerlo?... cuando pase, solo cuando me dejes tocarte vas a perder el miedo y cuando lo pierdas te vas a arrepentir de no haber empezado antes.
Se me tiró encima y me besó, yo cerré los ojos toda excitada por su plática y empecé a sentir sus manos en mis pechos, lo abracé más fuerte para que entendiera que me estaba gustando que me tocara y de pronto siento una mano en mi trasero, sabía que eso no estaba bien, pero dejé que me sobara las nalgas, se sentía tan rico, pero me asusté cuando metió su mano dentro de mi calzón y empezó a tocarme mi cosita, por instinto lo aventé.
-¡No, don Pedro! no haga que me sienta como una cualquiera, vaya despacio, por favor, ya se lo he pedido un montón de veces y usted no me hace caso.
-Esta vez no me voy a disculpar porque hice lo que un hombre y una mujer que son pareja hacen para demostrase su amor, esto no es solo calentura, María, yo te amo, tenía miedo de decírtelo por temor a que me dejaras, pero te amo y quiero besarte, quiero tocarte, quiero chupar todo tu cuerpo, quiero que beses el mío y que tengamos muchos orgasmos juntos, pero si eso te da miedo te puedes ir porque ya estoy demasiado viejo para esperar una eternidad a que pierdas todos tus miedos.
Soy María, tengo 19 años y vivo con mis papás en un barrio muy humilde, soy hija única, mi papá es carpintero, mi mamá lava ropa ajena y como ya no alcanzaba para que yo siguiera estudiando, mi papá me consiguió trabajo con un amigo suyo que tiene una tienda y necesitaba quien se la atendiera porque a su esposa la iban a llevar de emergencia al hospital y no podía cerrarla, así que fui a verlo, quedaba a cuatro cuadras de mi casa, me enseñó los precios y me dijo que volvería por la noche, se fue con su esposa en la ambulancia, yo atendí a todos los vecinos y cuando tenía duda de algún producto lo llamaba por teléfono, así pasé todo el día... ni siquiera sabía cuánto iba a ganar.
Por la noche regresó don Pedro, me dijo que ya podía irme a mi casa y que me esperaba mañana temprano, al llegar a mi casa saludé a mi mamá y le conté como me había ido, ella estaba muy enojada porque mi papá había llegado del trabajo a pedirle dinero porque se iba ir a chupar con sus amigotes, a mí no me sorprendía nada, mi papá desde un tiempo para acá se había vuelto un borracho incorregible, como estaba toda sudada me fui a bañar, al salir me vi en el espejo quebrado que tenía en mi cuarto, al verme desnuda me di cuenta de lo delgada que estaba, talvez por eso ningún muchacho se me acercaba para que fuera su novia.
Al día siguiente me fui a la tienda, don Pedro no fue al hospital porque doña Margarita estaba sedada, llegó mucha gente en la primera hora, pero a las nueve de la mañana ya casi no llegaba nadie, así pasaron los días, a veces don Pedro iba al hospital y otras se quedaba conmigo, pero era muy incómodo porque cuando yo me recostaba en el mostrador, él pasaba muy cerca y me rozaba las nalgas con su cosa, siempre me pedía disculpas diciéndome que casi no había espacio, pero lo hacía a cada rato, de vez en cuando lo sorprendía viéndome el trasero ¿qué quería ver? si yo estaba toda flaca.
Como a las dos meses de estar trabajando en la tienda, se murió doña Margarita, yo me hice cargo porque a don Pedro le entró un bajón terrible, así pasó un mes, casi ya no había productos en la tienda, don Pedro por fin se levantó de su cama y volvió a surtir la tienda, a mí me daba mucha compasión el señor y empecé a cocinar para él, a hacerle compañía, a limpiar la casa y él me lo agradecía dándome un pago extra, pero no sé si él mal interpretó mis atenciones porque empezó a verme de otra manera, aunque me decía que me quería como a una hija, cada vez que me abrazaba, yo sentía su cosa bien parada en mi estómago, hasta que un día me armé de valor y le dije:
-Don Pedro ¿usted que pretende de mí? siento que me abraza mucho y cada vez que lo hace siento su cosa bien parada en mi panza.
-Lo siento, m'hija, no sé qué hacer para disculparme, no tengo excusas, me siento solo y tú me gustas mucho... no digas nada, ya sé que yo podría ser tu padre, pero todo hombre tiene sus necesidades y antes de que Margarita muriera ya no lo hacíamos porque ella siempre se sentía cansada, si quieres renunciar te puedes ir, solo te pido que no le digas nada a tus papás.
-Usted sabe que mi familia necesita el dinero que usted me paga, así que no puedo renunciar, ¿Por qué no se busca una novia para calmar sus necesidades?
-¿Y tú crees que alguien me haría caso?
Continuará...
-Claro que sí, usted todavía está guapo, si yo fuera señora le hacía caso, pero...
-Dime una cosa, María ¿has tenido novio?
-No.
-Entonces ¿eres virgen?
-No, un amigo borracho de mi papá me violó hace tiempo, yo no dije nada porque mi papá es capaz de matarlo.
-Y tú como mujer ¿no tienes necesidades de...? bueno, tú ya sabes.
-No quiero hablar de eso.
Don Pedro dejó de abrazarme, pero de lo que no me libraba era de sus miradas morbosas, casi me desnudaba con la mirada, cuando me iba a mi casa me masturbaba, antes lo hacía poco, pero ahora solo pensaba en cómo sería la cosa de don Pedro, yo me sentía tan sola como él, mis pocas amigas tenían novio, yo era la única apestada que nadie le hacía caso, así que con el único hombre que fantaseaba era con don Pedro, pero él ya era muy viejo para mí, yo quería un novio, no un viejo que casi me triplica la edad... cada vez que me metía los dedos en mi cosita, pensaba que era el pene de don Pedro y terminaba bañada en sudor, así pasaron varios meses, él haciéndome preguntas incómodas y yo haciendo como que me enojaba, eso sí, ya habíamos logrado mucha más confianza, una noche antes de cerrar me dijo:
-¿Te quedas a cenar? no me gusta hacerlo solo, pero si no quieres lo entiendo.
-Si quiero, pero usted cocina.
-Tengo una pregunta que me ha estado dando vueltas en la cabeza ¿Te ha besado alguien?
-Ay, don Pedro, ya va a empezar con sus cosas.
-¿Qué tiene de malo mi pregunta?
-Tiene razón... el viejo que me violó solo hizo a un lado mi calzón y me la metió... pero no me besó.
-¿Cuántas veces te lo hizo?
-Solo esa vez porque estábamos solos... cuando lo volvió a intentar le dije que iba a gritar y como estábamos en mi cuarto y mis papás estaban en la sala se arrepintió y me dejó en paz, pero cada vez que me miraba me nalgueaba o me tocaba los pechos, pero de repente dejó de llegar a mi casa, no sé por qué.
-Y... ¿no te gustaría que alguien te besara?
-Sí, pero un novio, no usted.
-Y... ¿si yo te pidiera que fueras mi novia?
Salí corriendo y lo dejé con la cena servida, antes de entrar a mi casa respiré profundo para que mis papás no se dieran cuenta de nada, después de cenar me acosté en mi cama y pensaba en la propuesta de don Pedro, no podía creer que un viejo como él me pidiera semejante cosa, mi mente decía que no, pero mi cuerpo deseaba ser besado, acariciado, penetrado... pero ¿qué dirían mis papás? no, eso era una locura... ¿tan desesperado estaba el viejo ese para fijarse en una flaca como yo?... pero era muy lindo sentirme deseada, era la primera vez en mi vida que me pasaba, yo abría la boca imaginando como sería sentir la suya dándome ese primer beso que yo ansiaba con locura... ¿qué haría mañana? ¿iría o no? tenía que ir, si no mis papás iban a sospechar y eso me podía meter en problemas, casi no dormí a pesar de que me masturbé muchas veces.
Al día siguiente don Pedro me recibió recién bañado, muy bien rasurado, cosa que ya le hacía falta, muy bien peinado y vestido como si fuera a una fiesta, hasta loción que olía muy rica se puso
-Hola, María, buenos días, tenía miedo de que ya no vinieras.
-¿Por qué tan elegante? ¿Es su cumpleaños?
-No, m'hija, mi cumpleaños fue en enero, tú aún no trabajabas en la tienda... ¿pensaste en lo que te dije?
-No he hecho otra cosa que pensar... pero, mire, don Pedro, usted y yo no podemos ser novios, si lo supiera mi papá lo mata, se lo juro.
-Y no lo pongo en duda... ¿eso quiere decir que tú no quieres ser mi novia solo por miedo a tu papá? pero si estuvieras sola sí aceptarías.
-Yo no dije eso.
-Si no quieres ser mi novia... ¿no te gustaría que fuéramos amigos con derechos?
-¡¿Cómo así?! Yo no soy prostituta, don Pedro.
-Yo no dije eso... déjame explicarte, lo que quise decir es que yo si quiero ser tu novio y entiendo las razones del por qué tu no me aceptas, pero que tal que solo fuéramos novios cuando estemos solos, nadie lo sabrá y por fin me daría el gusto de besarte... ¿qué?... ¿por qué no dices nada?... ¿lo estás pensando?
-No sé, don Pedro... me da miedo que alguien lo sepa... ustedes los hombres son muy habladores... además...
Y en ese momento me besó, afortunadamente estábamos solos, sentí que se me doblaron las piernas cuando su lengua entró a mi boca y yo empecé a juguetear con la suya, todo era divino, pero cuando sentí su mano en mi pecho...
-¡Don Pedro!, un beso para empezar está bien, pero usted va muy rápido, no haga que me arrepienta, por favor.
-Discúlpame, María, no creo que te imagines que un viejo como yo hubiera soñado en besar a una jovencita como tú, me emocioné, perdóname, yo sé que no esperabas que te tocara, pero entiéndeme, tú eres mucha tentación para mí.
-No sé que decirle...
-¿Te gustó como te besé?
-Sí, don Pedro, me encantó, pero me asustó al sentir su mano tocándome.
-Lo siento, la próxima vez solo te beso, ya no te tocaré... aunque no sé cuánto tiempo pueda resistirlo... ¿tú me dirías cuando estás lista? me muero por verte desnuda en mi cama.
-No se pase.
-Ya no me digas don y trátame de tú.
-No, don Pedro, eso sería como decirle a la gente que somos algo, mejor sigamos así... usted me prometió que la próxima vez que me besara no me iba a tocar, ¿verdad?
Lo llevé atrás de la puerta y lo besé, él se sorprendió de mi atrevimiento, me besó con mucha pasión, me abrazó tan fuerte que pude sentir su cosota en mi panza y ahora sí lo disfruté, quería agarrársela, pero sabía que no debía, después del relajo que le hice por haber tocado un pecho, sería muy contradictorio portarme como una prostituta, él me dio vuelta y me abrazó desde atrás, me daba besos en el cuello, yo sentía escalofríos por todo mi cuerpo y seguramente se había agachado porque sentí su cosa restregarse en mis nalgas, por un momento no dije nada, cerré los ojos y sentí como mi cosita se empezaba a mojar, cuando sentí que empecé a mover el trasero, me zafé.
-¡No, don Pedro! Tráteme como si fuera virgen, mire que cuando lo hice no fue porque yo quisiera, no sé nada de esto y me asusta todo lo que estoy sintiendo, me encanta cuando me besa, pero sentir... su cosa... me da miedo...
-No te preocupes, mi reina, te prometo que iré poco a poco.
Era la primera vez que alguien me trataba con cariño, ese "mi reina" se me quedó grabado en mi mente para siempre, ese 26 de septiembre nunca lo olvidaré, el día de mi primer beso y aunque no quise reconocerlo en ese momento, también fue el día en que me acariciaron un pecho, fue muy rico; a partir de ese día buscábamos momentos para estar solos, nos comíamos a besos y yo moría de placer cuando sentí su pene parado restregarse en mi cosita, sabía que faltaba poco para que me hiciera suya, pero yo luchaba con todas mis fuerzas, no por falta de ganas, si no por miedo a que mi papá se enterara; una noche que me quedé a cenar con él me dijo:
-Mi amor, ¿cómo haces para controlarte tanto? cada vez que te beso no puedo evitar que sientas mi erección en tu cuerpo. y tú no haces ni dices nada.
-No soy de piedra, don Pedro, claro que lo siento y me excito, pero... a una siempre le enseñan a tenerle miedo al sexo... no sé qué hacer cada vez que me besa y siento su erección... ¿qué hizo doña Margarita la primera vez?
-Con Margarita fue diferente porque ella ya tenía experiencia, ya había estado con varios hombres antes que yo, así que no la puedo compararla contigo, pero si tú te sientes excitada cuando te beso, imagina como te sentirás cuando te toque y más cuando hagamos el amor.
-¡Ay, don Pedro! Ustedes los hombres todo lo quieren rápido.
-Entiendo eso de que a ustedes las mujeres les enseñan a tenerle miedo al sexo, pero ¿cuándo crees tú que vas a dejar de tenerlo?... cuando pase, solo cuando me dejes tocarte vas a perder el miedo y cuando lo pierdas te vas a arrepentir de no haber empezado antes.
Se me tiró encima y me besó, yo cerré los ojos toda excitada por su plática y empecé a sentir sus manos en mis pechos, lo abracé más fuerte para que entendiera que me estaba gustando que me tocara y de pronto siento una mano en mi trasero, sabía que eso no estaba bien, pero dejé que me sobara las nalgas, se sentía tan rico, pero me asusté cuando metió su mano dentro de mi calzón y empezó a tocarme mi cosita, por instinto lo aventé.
-¡No, don Pedro! no haga que me sienta como una cualquiera, vaya despacio, por favor, ya se lo he pedido un montón de veces y usted no me hace caso.
-Esta vez no me voy a disculpar porque hice lo que un hombre y una mujer que son pareja hacen para demostrase su amor, esto no es solo calentura, María, yo te amo, tenía miedo de decírtelo por temor a que me dejaras, pero te amo y quiero besarte, quiero tocarte, quiero chupar todo tu cuerpo, quiero que beses el mío y que tengamos muchos orgasmos juntos, pero si eso te da miedo te puedes ir porque ya estoy demasiado viejo para esperar una eternidad a que pierdas todos tus miedos.