Sexo en las Clases de la Universidad

heranlu

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Ago 31, 2007
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El lunes por la tarde tengo clase de inglés. La verdad, me aburro y me siento hasta atrás a dibujar garabatos, escuchar música y pensar en el chico que me gusta.

La licenciada entró a la clase con un "Good evening, class". "Good evening", se escuchó en coro en la clase. Subí el volumen de mi música y continué con los garabatos en mi cuaderno, que la verdad no tenían mucha forma. Estaba intentando mejorarlos cuando alcé la vista.

La licenciada se veía realmente atractiva ese día, bastante sexy para lo que acostumbra. Tenía puestos unos tacones cerrados de no más de 6 cm, medias negras y una falda negra algo corta. Llevaba una camisa blanca de manga larga con cuello y tirantes negros. Me sorprendió mucho verla así, ella siempre ha sido recatada.

No fui la única que la veía deslumbrada, noté miradas intentando traspasar lo bajo de su falda. Siendo sincera, yo también comencé a imaginarlo.

Siempre la consideré atractiva. Tenía el cabello lacio con luces color miel que le llegaba debajo de los senos, de un tamaño excelente, fácilmente comparables con toronjas. En una ocasión llevó una blusa de tirantes y me atreví a posicionarme justo a su lado cuando calificaba una de mis tareas sentada en su escritorio. Pude notar cómo se perdía la luz entre su brassier color crema. Su piel, con ligeros brillos dorados, no era ni muy blanca ni muy bronceada, parecía estar iluminada. Los poros de su piel eran visibles y, en ese momento, me mojé. Pero verla en falda era muy diferente.

Mi atención se dirigía completamente a sus piernas. Para rematar, la licenciada era una mujer con una cadera bastante prominente. Aunque tenía tal vez 36 años y un hijo, su cuerpo formaba un perfecto reloj de arena. Aún con pantalones sueltos y playera, la licenciada me traía loca.

Pero, Dios, la forma en que movía las piernas una detrás de la otra mientras intentaba explicarnos el verbo "to be", cómo se inclinaba hacia el pizarrón y dejaba ver un poco más de sus largas piernas... Me removí incómoda en mi asiento, yo realmente estaba mojada. Volteé a ver a mis compañeros, algunos intentaban tomarle una foto, había quien estaba literalmente babeando desde su escritorio, completamente ajeno a la erección que se le marcaba en los pantalones. Algunas chicas susurraban al otro lado de la clase. No perdí detalle alguno de su clase, aunque la verdad no escuchaba nada.

Llegó la hora del descanso y muchos se levantaron directamente al baño. Yo acostumbraba a quedarme en clase con una amiga que no había asistido en esa ocasión, así que no me moví, ni yo ni el chico de la baba y la erección sentado a tres lugares del mío. Intenté replicar su pose en las páginas de mi cuaderno: sus piernas cruzadas, su blusa ceñida, sus manos tecleando en su computadora. En ese momento, una de sus manos se deslizó de su frente para pasar su cabello detrás de su oreja y quedarse a sujetar las puntas, justo donde terminaba su busto. Yo estaba embelesada; no solo eso, mi cuerpo ardía.

Crucé las piernas e intenté concentrarme en esa imagen para mi dibujo, antes de que cambiara de posición. Al volver a alzar la vista, la atrapé mirándome. Sus ojos sobre los lentes que se ponía para usar la laptop me causaban escalofríos. Ella se estiró un poco y pasó su mano por su pierna, desde su muslo hasta su cadera, deslizándola tranquilamente y levantando un poco la falda, dejando ver lo que yo creía eran... ¿ligueros?

No pude más. Bajé la mirada mientras intentaba controlar mi respiración. Me había puesto roja, estoy segura.

Me quedé viendo hacia mi cuaderno. Levantar la vista significaba delatarme, delatar el deseo ardiente que tenía de deslizar mi mano por sus piernas y encontrar el borde de ese liguero. Comencé a fantasear: mi mano tocando su piel suave, quizá entre sus piernas e inclinarla sobre su escritorio para meterle los dedos...

Casi salté de la sorpresa y la decepción me inundó cuando caminó hacia mi compañero, el único hombre del momento en la clase. Comenzaron a hablar y ella le preguntó sobre una de las tareas. El pobre chico no sabía a dónde verla y ella parecía divertirse con la situación. Una vez más subí el volumen de mi música y me incliné hacia mi dibujo. Retocaba la curva de su falda cuando ella se posicionó detrás del chico. Yo tenía una perfecta vista de la parte posterior de su cuerpo: sus piernas ligeramente separadas y sus brazos cruzados. La falda hasta se le veía más corta. Me detuve en su trasero, un trabajado trasero de gimnasio que veía en mi dirección. Pausé mi música y me quedé viéndola. Estaba a un metro de mí, quería levantarme y hundir mi mano en esa falda, quería sentir su humedad, su calor...

La licenciada se inclinó sobre mi compañero, casi restregándole las tetas y antes de ponerme celosa, la verdad, mi cuerpo dio un grito cuando noté que me dejaba verle el culo.

La falda se levantó por la falta de tela. Las medias le llegaban justo a la altura de la curvatura de su trasero. Se notaba la tela que unía las calcetas con la cintura y un delicioso hilo se perdía en su trasero. Tanto mi compañero como yo la estábamos pasando a toda madre. Desde donde estaba podía sentir el olor de su loción. Me preguntaba si su trasero sabría tan bien como huele. Ella pasó nuevamente su mano por su muslo trasero, levantando su falda y dejándome todo el culo revelado.

Usaba una tanga blanca totalmente llamativa entre su falda y medias negras. Sus labios apenas cubiertos por esa deliciosa cobertura se veían depilados y de un ligero color más oscuro que el de su piel. Se pellizcó un poco el trasero con la mano y se bajó la falda apenas entraron unos compañeros. El receso había terminado y la mejor imagen de la vida se había clavado en mi memoria. Caminó despreocupada hacia su sitio, como si mi compañero y yo no estuviéramos a segundos de tener un orgasmo. El resto de la clase se fue uniendo y yo no podía separar la vista de mi cuaderno. Rápido se comenzó a hablar de cómo la licenciada Michelle estaba recargada sobre el escritorio del compañero que hasta el momento se mantenía rojo como un tomate. La licenciada no hacía mucho por acallarlos, la verdad no hacía nada, se dedicó a leer algo sobre el tema en inglés, hasta que el compañero se levantó abruptamente, tomó sus cosas y salió de clase.

Algunos rieron, otros vieron con culpa a la licenciada. Ella, por su parte, siguió en lo suyo.

Yo no dejaba de repetirme esa imagen de su mano subiendo su falda para dejarme ver sus ligueros. Yo había experimentado muy poco con chicas, hasta ahora solo había hecho un trío con un chico y una chica y me besé a una amiga en la fiesta de aniversario de la universidad. Aunque me considero capaz de confundir señales, esta me parecía clara como el agua.

¿Pero qué debía hacer?

Tragué profundo y respiré. La licenciada y yo vivíamos por la misma dirección. En alguna ocasión se ofreció a llevarme en su auto, pero el colectivo ya pasaba y decliné su oferta. Aunque pensaba en varias formas de hacer que eso pasara, todas me parecían razones estúpidas.

El resto de la hora pasó rápido. La licenciada se despidió y todos comenzaron a levantar sus cosas. Yo me quedé rezagada, guardando lo más lento posible mis útiles hasta que logré mi cometido. Ella terminaba de enrollar el cable de su computadora cuando el último estudiante salió. Apenas se había movido de su escritorio y cuando me vio al final de la clase, me sonrió.

"Lucía, ¿cierto?" Tragué.

"Así es, lic." Cerré mi mochila.

"¿Me ayudas a levantar la basura de allá?" Señaló el fondo del salón. Asentí y caminé lentamente. Apenas hice contacto visual cuando pasé por su escritorio. Me moría de los nervios.

Levanté la basura y la licenciada ya se había puesto su cartera al hombro, semi sentada sobre su escritorio, me veía dominante.

Yo debía pasar frente a ella para tirar la basura. Respiré y caminé hacia su dirección.

"Aquí hay más," me dijo justo cuando estaba frente suyo. Se inclinó sobre el escritorio devolviéndome la vista de su hermoso trasero, esta vez con la falda tapándole la mitad. Rebuscó en los cajones tomándose su tiempo. No quise desaprovechar la oportunidad y en esta ocasión me coloqué sobre ella.

"¿Le ayudo, licenciada?" Me incliné, rozando su trasero con mi cadera.

Ella se levantó y quedamos casi a la misma altura, aun con sus tacones. La verdad, yo era bastante alta.

Nuestros cuerpos se apretaban. Me miraba sobre su hombro con una hoja de papel en la mano, que se deslizó y cayó.

"Ay, ¿la recoges?" Sonreí y me agaché, quedando de cuclillas justo frente a ella, quien sin dudarlo abrió sus piernas para mí.

Tomé sus muslos con mis manos y hundí mi nariz en su tanga, inhalando profundamente.

Olía a vainilla y sus jugos se mezclaban con el aroma. Al acercar mi nariz, sentí la humedad de la tela. Pegue mis labios y mordí suavemente. Ella gimió. Pasé la lengua por la tela, moviéndola ligeramente. Sus labios estaban empapados, una fina baba se deslizó. Pasé mi lengua una vez más y, apoyándome en mi mano, aparté su tanga y comencé a devorarla. Besé y succioné sus labios, lamí su clítoris de arriba a abajo y besé las paredes de sus muslos. Ya fuera mi saliva o sus propios jugos, toda su zona goteaba. Volví a succionar sus labios, quería beber cada gota que salía de ella, pero no dejaba de fluir. Metí la lengua y un dedo; el dedo se hundió fácilmente, así que rápidamente lo cambié por dos. Cada vez que los sacaba, más de sus jugos fluían. Ella gemía como loca, me agarró la cabeza y me presionó contra su vulva. Sentía que me ahogaba, y yo felizmente moriría con la cara hundida entre las piernas de la licenciada Michelle. Succionaba todo lo que entraba en mi boca y luego lamía como un gatito sediento de leche. Ella jalaba mi cabello. Me atreví a pasar mi mano por su cintura hasta la altura de sus pechos y masajear mientras mi lengua y tres de mis dedos la atravesaban.

"Ahhh, Luci, así." En ese momento moría por tener un pene que enterrarle, moría por poseerla más allá de lo que mi boca y mis manos podían, quería levantarla en mis brazos y empalarla, pero no tenía cómo.

Así que me levanté y besé su cuello, desabroché su camisa y aparté los tirantes para dejar su torso libre. Con una habilidad que desconocía, me guardé su brasier en el bolsillo del suéter y luego me lo quité. Me deshice de mi playera y, mientras nos besábamos desesperadas, fue su turno de quitarme el brasier. Besé su cuello, sus axilas, sus brazos y sus costillas, devoré sus pezones y amasé sus pechos como si fueran masa. Ella enloquecía sobre mí.

"Sii, sigue así", "no pares", "más", gemía y sollozaba. Me desabroché el pantalón y ella hundió su mano en mis bragas. No estaba realmente preparada y tenía algo de vello, pero estaba tan mojada que no tuvo reparo en meterme tres dedos mientras masajeaba mi clítoris con la palma de su mano.

"Aaaaah". Casi grité de la excitación. Ella me tomó del cuello y volvimos a hundirnos en un beso. Apenas tomaba aire para apreciar lo sexy que se veía sentada sobre el escritorio con los pechos al aire, la falda levantada. Sin darme cuenta, su tanga también había desaparecido de la escena y tenía una vista espectacular de su chochito empapado. Sus piernas levantadas y uno de sus pies ya descalzo. Volví a besarle el cuello mientras ella entraba y salía de mi cuerpo. No estaba segura de cuántos dedos tenía dentro de mí, pero se escuchaba un "poch, poch" cada vez que chocaba contra mi ser. Volví hacia sus grandes tetas y besé, mordí y succioné su piel. Tenía algunas marcas que esperaba no quedaran, o más bien, que quería que se lucieran y que todos supieran que fue mía, que es mía, que estaba bajo mi dominio mientras me masturbaba y acariciaba. Me recosté sobre ella cuando sentí un escalofrío subiendo por mi cuerpo. El placer nos envolvía.

Rápidamente la tomé del cabello y sin reparo la hice bajarse del escritorio. La senté en el suelo y presioné sus labios contra los míos, los de abajo.

"Succiona, perra." La tomé del cabello y presioné mis caderas contra su cabeza, encerrándola. Su lengua subía, bajaba, entraba y salía, repetía y hacía círculos. Yo estaba a punto de correrme.

"Mm qhhh, licenciada." Hundió sus dedos e hizo una maravilla con su lengua indescriptible. Todo el calor que sentía me hizo arder y exploté en su boca. "Ahhhhh."

Ella lamió todo, no la solté hasta sentirme completamente limpia. Bajé la vista y me excitó verla ahí despeinada y sudada. Me incliné a besarla y perdí la noción del tiempo en eso. La ayudé a pararse sin separar nuestros labios. Esta vez tomó el control y me empujó contra el escritorio, besó mi cuello y succionó.

"Hey, me va a dejar una marca." Ella se rió sobre mi piel.

"Eres mía, que todos sepan." Mordió ligeramente y se apartó de mí, acomodó su falda, tomó su blusa y comenzó a vestirse. Yo hice lo mismo mientras temblaba, del orgasmo, de los nervios, de la emoción. Tomé mi playera y encontré su tanga justo debajo. La oculté en la manga de mi suéter. Abotoné mi pantalón y ella volteó a verme.

"¿Viste mi ropa interior?"

"¿Me deja conservarlo?" Dije mientras le mostraba su sostén. La licenciada Michelle sonrió.

"Solo si lo dices en inglés." Me acerqué a su oído y susurré:

"Can I keep it?"

Ella rió. "Sure", dijo, y sonreí. "¿Pero y mi ropa interior?" Preguntó.

"Esa no la he visto", mentí. Vio debajo del escritorio, dejándome ver su culo una vez más. Miré alrededor antes de pellizcarle suavemente una nalga.

"¡Oye!" Se quejó entre risas. "Aquí no está." Se levantó. "Vamos, continuemos esto en tu casa", me dijo. Yo le sonreí y acepté para luego besarla. Tomamos nuestras cosas antes de acomodar lo que quedaba y nos dirigimos a su auto. No volví a distraerme de inglés... Bueno, no de la maestra.
 
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