Desde pequeña siempre he sido el ojito derecho de mi padre. Durante la adolescencia empecé a fijarme en él como algo más, supongo que al ser el hombre más cercano era fácil que cuando empecé a descubrir el maravilloso mundo sexual mis primeras fantasías estuvieran protagonizadas por mi padre.
Durante esos años mi habitación y el baño de nuestra casa fueron los lugares donde experimentar muchas cosas. Al principio simplemente me hacía dedos fantaseando con él en la privacidad de mi habitación. Con el tiempo me fui haciendo más atrevida, tomaba su ropa interior del cesto de ropa sucia y me hacía los dedos en el baño intentando aguantarme los gemidos para no llamar la atención de mis padres. Incluso llegué a tomar como rutina espiar a mis padres siempre que escuchaba gemir a mi madre. Los orgasmos que tuve viendo como mi padre follaba con la mujer que me dio la vida fueron de lo más intenso que había experimentado en aquel tiempo. Podía escuchar con claridad como gemían, como disfrutaban el uno del otro creyendo que era un momento entre ellos dos, sin saber que su joven y virginal hijita se estaba masturbando en el marco de la puerta observándolos y fantaseando con ocupar esa cama en vez de la esposa. Me encantaba ver como mi madre se comía la larga y venosa polla de mi padre, como se la metía de un solo movimiento por estar mojada como una perra en celo. Y yo fantaseaba con ser yo quién chupara esa polla, montar a mi padre y mover mis caderas como una zorra para hacer que se corriera, no tenía experiencia, pero les había visto lo suficiente como para saber como le gustaba hacerlo a mi padre. Quería aprender a follar junto, por y para mi padre, que pudiera follarme cada vez que estuviera caliente, rogarle que me follara, desesperada por sentirle dentro otra vez.
Quería ser la puta de mi padre, lo admito.
Pero ya no soy esa chica. Ahora soy más y mejor.
He madurado, he estudiado, trabajado y aprendido lo que quiero. Me muero por sentir sus manos en mi cintura, su respiración contra mi piel haciendo que se me erice el cuello, notar como sus dedos y su lengua juegan dentro de mis agujeritos, cualquiera de ellos, por que no le diría nunca que no a lo que él quisiera y notar como su leche me chorrea por las piernas.
¿Y quién puede culparme por todo eso. A lo largo de los años la devoción por mi padre ha pasado a no ser algo simplemente sexual, ahora es algo más. No me sirve con ser la puta de mi padre, quiero ser su mujer.
Sé que mi padre se merece algo mejor, puede aspirar a más. Es el mejor hombre que conozco y por mucho que me duela admitirlo, mi madre no lo merece. Él se merece más. Me merece a mí. Nadie le va a querer y servir como yo y eso es innegable.
Todavía recuerdo cuando me gradué en la universidad y mi padre me abrazó y me dijo que estaba orgulloso de mi, que era una buena chica y que ningún padre podría imaginar tener una hija mejor que yo. Y puede que tenga razón y ningún padre pueda imaginar algo mejor, pero yo soy la hija y si que puedo imaginar algo mejor.
Me imagino los dos viviendo solos, con mi padre feliz por haber firmado el divorcio y compartiendo cama conmigo todas las noches. Me imagino como es dormir todas las noches a su lado después de una buena sesión de sucio e incestuoso sexo. Y quiero eso. Deseo eso.
Me merezco eso.
Soy mejor que mi madre en todo, tengo mejor cuerpo, tengo más estudios, sé hacer más cosas en la cama. Ella es una aburrida que lo hace en misionero o en perrito. Yo he leído el Kamasutra y me he tocado mientras por lo cachonda que me ponía tan solo imaginar como sería recrearlo con mi padre.
No puedo evitar fantasear sobre que podría pasar si mi padre llega a descubrir lo que piensa su buena y dedicada hija sobre él. Puede que se alarmara y me llamará loca. Puede que quisiera fingir que nunca llegó a descubrirlo por la simple vergüenza de saberse el fruto de las fantasías de su propia hija.
O puede que de descubrirlo en cuanto mi madre saliera de casa irrumpiera en mi habitación desnudo, con la polla dura apuntando al techo y dispuesto a demostrar lo buen padre que es. Pero sobre todo querría demostrar lo buen hombre que es. Vendría a mi habitación para abrir la puerta, entrar y mientras aún estoy sorprendida y sonrojada por verle tan cerca, tan desnudo y tan empalmado para mí que mientras soy incapaz de gesticular palabra por la vergüenza de la situación él se acercaría decidido.
Decidido a corromper a su inocente hijita hasta convertirla en su putita personal. Decidido a convertirme en una zorra incestuosa que solo busca ser usada por esa majestuosa polla paternal cuando él diga.
Podría ver como se acerca lenta pero decididamente a mí, me abriría la camiseta sin importarle que la tenga abotonada, solo quiere dejármelas al aire sabiendo de sobra que yo nunca uso sujetador en casa. Me las devoraría un momento con la mirada antes de pasar a devorarmelas con la boca y hacerme gemir como una zorrita loca. Y en ese momento yo sabría que esa es mi perdición. Notaría el placer que me da mi padre con su boca y su lengua en mis tetas y no podría pensar en nada que no sea devolverle el placer que me da. Se me nublaría el juicio y poco a poco iría poniéndome cachonda por y para mi padre. Cuanto más cachonda me ponga más nublado tengo el juicio y menos soy incapaz de saber lo que esta bien y lo que está mal.
E incapaz de saber lo que está bien y lo que está mal, lo que debería hacer o no, dejaría que mi padre me coma las tetas mientras se me encharca el coño. Una de mis manos, traviesa, buscaría agarrar esa increíble polla que carga mi padre y empezaría una paja. Notar el calor que despide ese trozo de carne, saber que yo soy la responsable de que mi padre tenga la polla así de dura. Esa idea me volvería loca, en menos de 5 minutos estaría gimiendo como una zorra y pidiendo a mi padre que me la meta, que me folle y use para el placer de ambos.
Mi padre estaría encantado de escuchar esas palabras salir de mi boquita y gracias a ser una buena hija que sabe como pedirle las cosas me tomaría en brazos para tirarme en mi propia cama. Ansioso me arrancaría las braguitas empapadas, posiblemente dudando de si debería metermelas en la boca para que los vecinos no escuchen a la puta loca que tiene por hija o no. Pero acabaría tirándolas por la habitación, dejando ese trozo de tela mojado perdido por ahí mientras me abraza y me aprieta contra él.
Es un abrazo cálido y nada paternal, notando su polla rozando contra mi coñito. Su punta apretando contra mi botón haciéndome gemir y suplicar. Por favor papá metémela ya, he fantaseado mucho con este momento y quiero por fin hacerlo realidad.
Y él, como un magnífico padre, complacería a su hija. Noto perfectamente como me la mete en el coño en un movimiento profundo de caderas todo lo que puede hasta que noto como sus huevos cargados chocan contra mi culo.
Las manos de mi padre en mi espalda, su boca apenas a unos centímetros de distancia de mi cuello echando su aliento contra mí mientras su polla está resguardada en mi coño.
He follado, sí, pero nunca nada se ha sentido como esto, esto es mucho mejor que cualquier cosa en la que pueda pensar. Mi padre me lo hace mejor que cualquier ligue o novio que haya pasado una noche conmigo. ¿Y como podrían competir ellos contra mi maravilloso padre? No tienen su experiencia ni su buen hacer.
Él sabe volverme loca y me retuerzo por puro placer con lo que me hace. Arqueo mi espalda al notar como me agarra el culo con ganas como si quisiera dejar marcadas sus manos en mi piel y digo entre gemidos que estoy a punto de correrme con la polla de mi padre en mi interior. Él me responde sin palabras, sigue haciendo lo que lleva tiempo haciendo y eso me vuelve loca, así que acabo por correrme mientras su polla sigue en un mete saca constante y eso es demasiado para él.
El haber sido una buena hija y correrme mientras me folla es demasiado para mi padre y gime que se va a correr. Yo respondo cerrando mis piernas tras su espalda, diciendo que nuestra primera vez solo puede acabar de una manera y es con su corrida dentro de mi coñito.
Por favor papi, correte dentro de mí, no puedes follarme así, hacer que me corra como una zorra y no recompensarme con una buena corrida dentro de mi coñito. Si crees que soy una buena hija tienes que demostrarlo.
Y se corre dentro de mí, vacía sus huevos en mi tras varias arremetidas.
Así es como imagino que mi padre me convierte en su mujer y empezamos una nueva y maravillosa etapa de nuestras vidas.
Durante esos años mi habitación y el baño de nuestra casa fueron los lugares donde experimentar muchas cosas. Al principio simplemente me hacía dedos fantaseando con él en la privacidad de mi habitación. Con el tiempo me fui haciendo más atrevida, tomaba su ropa interior del cesto de ropa sucia y me hacía los dedos en el baño intentando aguantarme los gemidos para no llamar la atención de mis padres. Incluso llegué a tomar como rutina espiar a mis padres siempre que escuchaba gemir a mi madre. Los orgasmos que tuve viendo como mi padre follaba con la mujer que me dio la vida fueron de lo más intenso que había experimentado en aquel tiempo. Podía escuchar con claridad como gemían, como disfrutaban el uno del otro creyendo que era un momento entre ellos dos, sin saber que su joven y virginal hijita se estaba masturbando en el marco de la puerta observándolos y fantaseando con ocupar esa cama en vez de la esposa. Me encantaba ver como mi madre se comía la larga y venosa polla de mi padre, como se la metía de un solo movimiento por estar mojada como una perra en celo. Y yo fantaseaba con ser yo quién chupara esa polla, montar a mi padre y mover mis caderas como una zorra para hacer que se corriera, no tenía experiencia, pero les había visto lo suficiente como para saber como le gustaba hacerlo a mi padre. Quería aprender a follar junto, por y para mi padre, que pudiera follarme cada vez que estuviera caliente, rogarle que me follara, desesperada por sentirle dentro otra vez.
Quería ser la puta de mi padre, lo admito.
Pero ya no soy esa chica. Ahora soy más y mejor.
He madurado, he estudiado, trabajado y aprendido lo que quiero. Me muero por sentir sus manos en mi cintura, su respiración contra mi piel haciendo que se me erice el cuello, notar como sus dedos y su lengua juegan dentro de mis agujeritos, cualquiera de ellos, por que no le diría nunca que no a lo que él quisiera y notar como su leche me chorrea por las piernas.
¿Y quién puede culparme por todo eso. A lo largo de los años la devoción por mi padre ha pasado a no ser algo simplemente sexual, ahora es algo más. No me sirve con ser la puta de mi padre, quiero ser su mujer.
Sé que mi padre se merece algo mejor, puede aspirar a más. Es el mejor hombre que conozco y por mucho que me duela admitirlo, mi madre no lo merece. Él se merece más. Me merece a mí. Nadie le va a querer y servir como yo y eso es innegable.
Todavía recuerdo cuando me gradué en la universidad y mi padre me abrazó y me dijo que estaba orgulloso de mi, que era una buena chica y que ningún padre podría imaginar tener una hija mejor que yo. Y puede que tenga razón y ningún padre pueda imaginar algo mejor, pero yo soy la hija y si que puedo imaginar algo mejor.
Me imagino los dos viviendo solos, con mi padre feliz por haber firmado el divorcio y compartiendo cama conmigo todas las noches. Me imagino como es dormir todas las noches a su lado después de una buena sesión de sucio e incestuoso sexo. Y quiero eso. Deseo eso.
Me merezco eso.
Soy mejor que mi madre en todo, tengo mejor cuerpo, tengo más estudios, sé hacer más cosas en la cama. Ella es una aburrida que lo hace en misionero o en perrito. Yo he leído el Kamasutra y me he tocado mientras por lo cachonda que me ponía tan solo imaginar como sería recrearlo con mi padre.
No puedo evitar fantasear sobre que podría pasar si mi padre llega a descubrir lo que piensa su buena y dedicada hija sobre él. Puede que se alarmara y me llamará loca. Puede que quisiera fingir que nunca llegó a descubrirlo por la simple vergüenza de saberse el fruto de las fantasías de su propia hija.
O puede que de descubrirlo en cuanto mi madre saliera de casa irrumpiera en mi habitación desnudo, con la polla dura apuntando al techo y dispuesto a demostrar lo buen padre que es. Pero sobre todo querría demostrar lo buen hombre que es. Vendría a mi habitación para abrir la puerta, entrar y mientras aún estoy sorprendida y sonrojada por verle tan cerca, tan desnudo y tan empalmado para mí que mientras soy incapaz de gesticular palabra por la vergüenza de la situación él se acercaría decidido.
Decidido a corromper a su inocente hijita hasta convertirla en su putita personal. Decidido a convertirme en una zorra incestuosa que solo busca ser usada por esa majestuosa polla paternal cuando él diga.
Podría ver como se acerca lenta pero decididamente a mí, me abriría la camiseta sin importarle que la tenga abotonada, solo quiere dejármelas al aire sabiendo de sobra que yo nunca uso sujetador en casa. Me las devoraría un momento con la mirada antes de pasar a devorarmelas con la boca y hacerme gemir como una zorrita loca. Y en ese momento yo sabría que esa es mi perdición. Notaría el placer que me da mi padre con su boca y su lengua en mis tetas y no podría pensar en nada que no sea devolverle el placer que me da. Se me nublaría el juicio y poco a poco iría poniéndome cachonda por y para mi padre. Cuanto más cachonda me ponga más nublado tengo el juicio y menos soy incapaz de saber lo que esta bien y lo que está mal.
E incapaz de saber lo que está bien y lo que está mal, lo que debería hacer o no, dejaría que mi padre me coma las tetas mientras se me encharca el coño. Una de mis manos, traviesa, buscaría agarrar esa increíble polla que carga mi padre y empezaría una paja. Notar el calor que despide ese trozo de carne, saber que yo soy la responsable de que mi padre tenga la polla así de dura. Esa idea me volvería loca, en menos de 5 minutos estaría gimiendo como una zorra y pidiendo a mi padre que me la meta, que me folle y use para el placer de ambos.
Mi padre estaría encantado de escuchar esas palabras salir de mi boquita y gracias a ser una buena hija que sabe como pedirle las cosas me tomaría en brazos para tirarme en mi propia cama. Ansioso me arrancaría las braguitas empapadas, posiblemente dudando de si debería metermelas en la boca para que los vecinos no escuchen a la puta loca que tiene por hija o no. Pero acabaría tirándolas por la habitación, dejando ese trozo de tela mojado perdido por ahí mientras me abraza y me aprieta contra él.
Es un abrazo cálido y nada paternal, notando su polla rozando contra mi coñito. Su punta apretando contra mi botón haciéndome gemir y suplicar. Por favor papá metémela ya, he fantaseado mucho con este momento y quiero por fin hacerlo realidad.
Y él, como un magnífico padre, complacería a su hija. Noto perfectamente como me la mete en el coño en un movimiento profundo de caderas todo lo que puede hasta que noto como sus huevos cargados chocan contra mi culo.
Las manos de mi padre en mi espalda, su boca apenas a unos centímetros de distancia de mi cuello echando su aliento contra mí mientras su polla está resguardada en mi coño.
He follado, sí, pero nunca nada se ha sentido como esto, esto es mucho mejor que cualquier cosa en la que pueda pensar. Mi padre me lo hace mejor que cualquier ligue o novio que haya pasado una noche conmigo. ¿Y como podrían competir ellos contra mi maravilloso padre? No tienen su experiencia ni su buen hacer.
Él sabe volverme loca y me retuerzo por puro placer con lo que me hace. Arqueo mi espalda al notar como me agarra el culo con ganas como si quisiera dejar marcadas sus manos en mi piel y digo entre gemidos que estoy a punto de correrme con la polla de mi padre en mi interior. Él me responde sin palabras, sigue haciendo lo que lleva tiempo haciendo y eso me vuelve loca, así que acabo por correrme mientras su polla sigue en un mete saca constante y eso es demasiado para él.
El haber sido una buena hija y correrme mientras me folla es demasiado para mi padre y gime que se va a correr. Yo respondo cerrando mis piernas tras su espalda, diciendo que nuestra primera vez solo puede acabar de una manera y es con su corrida dentro de mi coñito.
Por favor papi, correte dentro de mí, no puedes follarme así, hacer que me corra como una zorra y no recompensarme con una buena corrida dentro de mi coñito. Si crees que soy una buena hija tienes que demostrarlo.
Y se corre dentro de mí, vacía sus huevos en mi tras varias arremetidas.
Así es como imagino que mi padre me convierte en su mujer y empezamos una nueva y maravillosa etapa de nuestras vidas.