Rito de Paso

heranlu

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Ago 31, 2007
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Mi padre me alargó la escopeta, bueno el rifle, había insistido mucho en la diferencia durante todo el camino hasta aquel campo perdido en mitad de una de las Castillas dos días después de mi dieciocho cumpleaños. El sol de julio castigaba la casa señorial de piedra con la entrada coronada con un escudo de armas. Frente a ella media docena de todoterrenos aparcados, todos de primeras marcas, y casi el doble de hombres de mediana edad peinando canas y vestidos casi a juego. También había una camioneta con un remolque lleno de perros que ladraban ansiosos de empezar la cacería.





  • Vamos a tirar a jabalí, los perros le hacen salir del monte y nosotros tiramos desde los puestos –por enésima vez mi padre me repitió aquello. - Esto no es como un videojuego, espero que tengas los cojones de disparar, no me dejes en ridículo.




Asentí, me calcé el rifle al hombro y nos reunimos con el resto de hombres. Había empresarios varios, algún noblezuelo y un ministro. Todos con el mismo corte, cincuentones, barrigudos y altaneros. Fardaron un poco de armas, cerraron algún negocio y al fin fui presentado.





  • Este es el primogénito, ¿no? -Me cayó con exagerada fuerza una mano, acostumbrada a plumas y teclados, de un compañero del banco de mi padre.
  • No, no es el primogénito. Por un minuto se le adelantó la hermana, las mujeres que son de culo inquieto ya se sabe. -Se me vino la imagen del culo de mi hermana que aquel sábado estaría tostándose en la piscina, ojalá poder ponerle crema y no estar con estos gañanes.
  • ¿Entonces va a ser ella la heredera? -Saltó el ministro.- Como en nuestra gloriosa corona.- De nuevo risas.
  • No jodamos, esté reinará, cuando le toque y si da la talla. -Todos asintieron.- En fin, Marcos habla coño, que parece que tengo un hijo mudo.
  • Buenos días a todos. -Sonreí educado, algunos me estrecharon antes de encarar un camino que se alejaba por detrás de la casa hacia el coto.




Mi padre me reprendió por no ser más enérgico, pero llevaba desde las cinco de la mañana en pie y aquel día era lo menos apetecible de mi vida. No soy precisamente un animalista radical, sin embargo, matar a cualquier bicho me causaba cierta aprensión. Al fin llegamos a los puestos donde unos mozos del lugar ya tenían todo dispuesto para que nos plantásemos a esperar el tiro. Mi padre me recordó la jerarquía de tiro allí: primero el noble, que tenía amistad con la Casa Real; después el ministro que para eso era ministro; luego un par de los empresarios, que tenía una posición importante en un equipo de futbol de la capital y ya se sabe; luego ya todos los demás estaban en una posición de iguales. Cuando los peces gordos se cobrasen su pieza, sin disputas, el resto debía pugnar por ser el primus. Había unos seis o siete jabalíes que se podía matar y eran de buen tamaño, luego solo rayones que había que dejar ir.





Pasamos casi dos horas de chistes verdes, conjuras y tramas casi delictivas hasta que apareció la primera pieza. Salió del soto bosque azuzado por los perros, en lo que le dejaron unos metros una detonación acabó con su huida en seco. Aún se movía pese a caer y uno de los canes le enganchó la garganta hasta detener sus espasmos. Las tres siguientes bestias tardaron una hora en cobrarse, a orden de mi padre yo tiraba de tanto en tanto, “a fallar eh”. Estando ya satisfechos los cuatro intocables nos llegó el turno al resto de la masa. El quinto jabalí se lo cobró el compañero de mi padre en el banco, sonreía como si hubiese levantado mil millones al Estado. Mi padre maldecía, el sexto le cayó a un constructor que parecía que le habían adjudicado una autopista entre Gata y Finisterre. Pasaron dos horas más, uno de los locales anunció que solo quedaba una pieza.





Juraría que mi padre se santiguó y rezó para que le cayese su bala al bicho, “este tiene que ser mío”. Con esa frase emergió de un arbusto un jabalí más grande que ninguno de los anteriores, apartando a los perros a hocicazos y encarándose por la loma. A más de un cazador el ver a la presa cargar hacia ellos hizo recular con carreras apresuradas, mi padre aguantó y yo a su lado. Tiró, tres veces, falló tres veces, el cerdo estaba ya a menos de cincuenta metros de nosotros y entonces si tembló mi valiente progenitor. Yo tragué saliva, agarré bien el rifle y con una sola detonación frené en seco la carrera del animal. Cayó como a treinta metros, los presentes vitorearon y aplaudieron. Mi padre me levantó la mano como a un boxeador triunfante, pero con resentimiento contenido. Los del coto nos dijeron que eso era todo, que retiraría y entregaría las piezas, que podíamos volver a la casa para almorzar y disfrutar del aire acondicionado. Ni me lo pensé y di la espalda al cadáver para encarar la vuelta, no me apetecía contemplar aquello ni un segundo más.





  • Al final parece que tienes un buen heredero Julián. -Me felicitó el ministro guiñando un ojo.
  • Claro hostia es mi hijo. -En la voz de mi padre no había orgullo precisamente.
  • Joder, puta próstata voy a parar a mear que no llego. -Soltó el noble.
  • Pues ahora que lo dice, picha española no mea sola.




Tanto hablar del tema acabe teniendo ganas y uniéndome al grupo que ya era de cinco que rodeaba un matorral. Con ese primitivo instinto de mirar al frente empecé a soltar el contenido de mi vejiga. Pronto se produjo un coro de agua, alguna entre cortada y otra muy débil. Entre el coro se alzó una voz.





  • ¡Cago en dios! Normal que se haya cargado al jabalí con semejante pistolón. -El comentario iba dirigido a mí.




Las risas y las miradas empezaron a correr y yo mismo acabé mirando. En efecto era el que la tenía más larga y gruesa, vamos más grande que el resto. La comparativa era especialmente dolosa con mi padre. Sé con precisión cuanto me mide la polla, estando erecto veintitrés centímetros y un par de milímetros, así meando pues estaría en sus buenos diecisiete. Estoy acostumbrado a estas reacciones aunque mi amigo Jerome calza más que yo, también tiene la ventaja de ser negro.





Tras aquella pequeña, parada retomamos camino con más chanzas y tratos oscuros. En la casa se mantuvo la tónica, se bebió, se comió, se acosó a las chicas que estaban al cargo del catering y el tiempo pasó con cuenta gotas. Tras la obligada socialización me perdí por las habitaciones para poder mirar el móvil y ver que me perdía ese día. Los primeros mensajes que leí eran de mis amigos decidiendo que hacer esa tarde/noche, ni participé en la conversación; los segundos de mi madre preguntando por el viaje y la mañana, me pedía que la llamase en unos quince minutos que se tomaba el descanso en la consulta; los terceros de mi hermana, estaba en la piscina de casa con algunas de sus amigas todas en topless, una foto suya con cara sugerente rezaba “te echo de menos hermanito”. Un relámpago recorrió mi polla en toda su longitud, se me perdían los ojos en el desfiladero que se asomaba entre los pechos de mi hermana y la toalla y en las montañas de sus nalgas. Instintivamente me llevé una mano al paquete y me acaricié con aquella foto, que buena esta mi melliza y yo mismo, toda genética de mama que también es una hembra imponente. En esto, mirando su móvil entró una de las camareras que se quedó mirando mi bulto. Salí marcando el número de mi madre como si nada, la mujer du unos cuarenta y con un cigarrillo en la boca dijo algo como “menudo niño”.





  • Hola mama ¿Qué tal el día? -Saludé al teléfono.
  • Bien cariño, tranquilo, sin ninguna urgencia en nada saldré para casa y a darme un bañito. ¿Tu padre y tú qué tal? -La voz de mi madre, sin pretenderlo tenía una sensualidad increíble era suave y a terciopelada de línea erótica.
  • Bien, ya sabes. -Contesté lacónico.
  • Aguanta un poco, esta noche puedes estar tranquilo me lo llevo a cenar y volveremos tarde.




Agradecí a mi madre que me quitase a mi padre de encima unas horas, aunque aún me quedase un día casi entero con él. Colgué y me dispuse a volver con el grupo, pero me di de bruces con la camarera de antes.





  • Hola. -Su voz auguraba problemas.- ¿Estas con el grupo?
  • Sí.
  • Eres muy joven para cazar. -Tenía un acento rural.
  • Dieciocho, tengo licencia y todo. -Me justifiqué como si fuese la Guardia Civil.
  • Tranquilo, por aquí los chavales cazan incluso más jóvenes. Siempre que tengan buena arma. -Se me acercó mucho y el pasillo pareció estrecharse.
  • Bien... -Acerté solo a decir aquello y ella río.




Su mano se fue con decisión a mi paquete, lo magreó y sopesó con gusto. Yo no sabía cómo reaccionar, no soy virgen pero solo he estado con dos chicas antes y desde luego no así. Unos pasos de botas rompieron el momento y me liberaron del agarre.





  • Marcela, está aquí. -Era el noble que iba con los carrillos colorados.- Necesito verla en el despacho, para un asunto urgente.
  • Claro señor, voy ahora mismo. -Marcela tenía el rostro más expresivo y lascivo con que me he cruzado.
  • Marcos, eres un buen chaval. -El noble pasó a mi lado hipando.




Tras alegarse y meterse en una habitación Marcela volvió a acorralarme contra la pared, sentía sus pechos contra mí. Tenía unas tetas enormes, a todas luces naturales, una talla ciento veinte o más, probablemente le sobraban unos cuatro kilos, pero no estaba gorda. Tenía un cuerpo generoso, y parecía saber usarlo.





  • Metete en la segunda puerta y mira detrás del tapiz. Cuando acabe iré a verte.




Se separó dejándome cachondo como un mono y se metió en la puerta que había cruzado el noble. Dudé un segundo, pero solo eso y seguí sus instrucciones. La habitación en la que entré en efecto tenía un gran tapiz con motivos de la Batalla de Cabra pegado a la pared tras la que se encontraba Marcela. Me acerqué y corrí el pedazo de tela polvoriento. Como un palmo y medio por debajo de la línea de mis ojos, mido un metro ochenta y cinco, había una rejilla que comunicaba con el otro lado. Pensé que se trataba de algún tipo de mecanismo de ventilación, pero descubrí al segundo que estaba allí para servir de “espiadero”.





Hice lo propio y miré, como en el enrejillado se recortaban las figuras del noble y marcela que se había quitado la blusa blanca que llevaba y no tenía sujetador dejando sus ubres al aire. Apoyado en la mesa el noble se pajeaba mientras la otra le comía los huevos. Asistía a la escena de perfil y con suficiente nitidez para notar que la mujer tenía unos pezones casi invisibles por lo que no se le transparentaban en la blusa. Pronto aquellos melones, increíblemente erectos para la edad de su dueña, rodearon el cipote del noble y relevaron su paja. Él gruñía y ella gemía, fingiendo, placenteramente. En esto estaban, yo también polla en mano, cuando entró mi padre.





  • Marqués, me gustaría hablarle de la línea de crédito con la sucursal de Lausana.




Mi padre se quedó congelado al ver la escena, Marcela no se inmutó, el marqués maldijo. Cuando recobró el control mi padre hizo ademán de retirarse, pero con un gesto de la mano el marqués lo retuvo.





  • Porque esto es para quién es, sino te mandaba a tomar por culo Julián. Marcela, tu no escuches ahora. -Acarició la melena teñida de mechas rubias de la mujer.
  • Tranquilo señor, yo estoy entretenida. -Lanzó una fugaz mirada a la rejilla y sin duda vio mis ojos allí.
  • Yo me marcho y ya lo solucionamos...
  • Que no, que tiene que ser ahora. Que le ha salido un chiquillo de una a quien tú sabes. Y la guarra pues le pide un millón por callar. Mira que es buen ejemplo, con su edad y aún sabe disparar. -Se le torció el gesto de placer y apartó la boca de Marcela de su rabo.
  • Hare los preparativos y esta misma tarde estará el dinero, en efectivo y para el contacto habitual.
  • Sí, y prepara también su parte que sino el cabrón nos hunde. Nos lo teníamos que cargar... Coño Julián, sácatela porque me siento incomodo y esta zorra siempre tiene hambre.
  • Siempre, siempre...- Matizó Marcela, girándose hasta quedar de frente a mí y entre los dos.




Mi padre se acercó incomodo, pero se acercó. Se sacó su polla por la bragueta, diría que estaba morcillona, aunque la verdad con el poco tamaño cualquiera sabe. Marcela hizo lo suyo, con una mano pajeaba a uno y mientras boca y la otra mano a otro rabo. Así fue jugando un poco al tenis con los dos que debatían sus negocios.





  • Dale bien Marcela, que este hoy necesita descargar. Que su chiquillo le ha dejado bien retratado.
  • Bueno ha sido suerte.
  • ¿Suerte también tener más rabo que el demonio? Tranquilo hombre, a todos nos pasa con los hijos, nos acaban superando es ley de vida. Al menos es tuyo no se le ve maricón, el mío mira que es listo, pero más torcido que un palomo cojo.
  • Ya, eso sí. Marcos llegará lejos, aunque aún debe respetar a su padre. - Agarró entonces la cabeza de Marcela y empezó a follarle la boca de forma brutal.




Ella soltó la polla del marqués he hizo por liberarse de mi padre que seguía arremetiendo sin piedad. En esto que le empezó a golpear en las caderas mi padre exhalo un gemido y se detuvo. Liberada Marcela escupió un hilo de semen al suelo.





  • Menudo animal estás hecho Julianito.




Los dos hombres se echaron a reír y le marqués despacho a Marcela. Esperé a que se metiese en mi habitación siguiendo lo pactado, pero escuché como marchaba por el pasillo maldiciendo. Mi padre y el marqués acabaron de cerrar su negocio y se unieron al resto abajo. Viendo que yo no iba a follar me uní al resto y me camuflé en sus bromas, di mi modesta opinión en algunos asuntos e hice de cortesano como mi padre podía desear. Su humor a la vuelta había mejorado.





  • Hoy te has portado como un hombre, pero no dejes que se te suba a la cabeza. Ahora disfruta el verano y prepárate, porque en cuanto empieces la facultad no te pasaré ni una. Quiero que seas el mejor... Cuando te toque.
  • Supongo que tienes razón papá.
  • No supongas, la tengo.




Me divertía ver a mi padre amenazado por mí sobrevenida hombría. Un ego frágil del mi progenitor, pero cosa suya. En mi cabeza solo resonaba uno de sus consejos disfrutar el verano y volver con mi hermana y sus amigas a la piscina era el primer paso.





Vivimos en una urbanización de un pueblo madrileño de los de postín, futbolistas y otros nuevos ricos eran nuestros vecinos. Nuestro chalet de estilo moderno, con grandes cristaleras y una finca circundante que hacía imposible ser visto desde las mismas era simplemente perfecto. Teníamos servicio que venía cada dos días y un par de jardineros que visitaban por semana.





En la casa vivimos mis padres, mi hermana y yo mismo. Mi padre trabaja para un importante banco, tiene cuarenta y ocho años, no muy alto y es regordete. Mi madre Arantxa, de cuarenta y cuatro, es doctora, uróloga para ser exactos, y tiene una consulta privada en Madrid además de trabajar en la pública. Físicamente es lo opuesto a mi padre, en parte porque el suyo era un marino noruego que se afincó en Bilbao, mide algo más de metro setenta, pelirroja, pecosa de ojos verdes y delgada, aunque con curvas. Muy consciente y preocupada de su aspecto, hace un par de años pasó por el cirujano y se puso pecho una talla más y realzadas, no es una barbie de peli porno, gastará una noventa y cinco o cien y van perfectas con su figura. Mi hermana Natalia, mi gemela por seis minutos mayor, es tan alta como mi madre, con sus ojos y sus pecas, pero con el pelo moreno, su cuerpo es dulce y virginal, con curvas adolescentes, aunque me consta que mi hermana de virgen tiene poco. Mi hermana es una bala perdida, pero a mi padre nunca le ha importado, si no fuese por el dinero que pagaban al colegio nunca hubiera superado el bachillerato. Yo sí tengo el pelo de mi madre y sus ojos, pero no las pecas, de piel muy clara y de constitución la de mi abuelo. Sin necesidad de gimnasio, solo con el rugby que practico desde los quince, tengo una figura potente y musculosa y el resto pues ya lo he dicho.





Nada más dejar mi padre el coche me lancé en dirección al jardín de atrás a tomar la piscina. Mi hermana y sus amigas se habían ido y solo quedaba mi madre, en un bikini turquesa y mínimo que le sentaba genial. Me quedé boquiabierto contemplando el sudor que se le formaba en el canalillo. No me vio, pues debía estar dormida, eran ya las seis de la tarde y llevaba en liza desde las siete de la mañana. Atesoré esa imagen como oro en paño, sin despertarla me fui para mi habitación. Con la escena de la casa y la imagen de mi madre tenía un asunto urgente del que ocuparme.





Al entrar en mi cuarto me encontré mi portátil encendido y con el navegador abierto en una página que conocía bien. “Sisterlover” donde hermanas y hermanos, ficticios, dan rienda suelta a su amor por el otro. Ver aquello suponía que mi hermana había estado allí, y al cerrar la pestaña y encontrar en el escritorio una foto de su perfecto culo me quedó más que claro. Para quien se pregunté por qué haría tal cosa mi hermana la respuesta nos lleva a hace un par de meses, cuando mi hermana me encontró esos videos en mi ordenador al tomármelo prestado sin permiso. Me confrontó entonces, con algo de desprecio por mi fetiche, pero con un oscuro interés. Con el tiempo fue en aumento su tonteo, aunque yo por ser mi hermana procuro ignorarlo. No sin dificultad, me cuesta horrores y más de una paja ha caído a su salud, pero cruzar la línea me parece impensable. Además, hasta no hacía mucho mi hermana salía con Jerome, que no deja de ser mi mejor amigo.





Ya que mi hermana me había acabado de pavimentar el terreno me aproveché de su culo para soltar todo lo que llevaba dentro, aunque aún ese día necesitaría un par más para quedarme a gusto. Con el aire acondicionado puesto y queriendo evitar el calor madrileño me quedé jugando al ordenador hasta que mi madre me interrumpió.





  • ¿Qué tal mi niño? Dice tu padre que has sido tú el que ha disparado a un jabalí -asentí.- Lo siento mi niño. -Se había acercado a mí y me recogió en un abrazo.




Hundir mi cabeza entre sus pechos fue gloria bendita, oler su piel que había estado al sol y ahora estaba lavada y olía a cítricos. Empecé a empalmarme.





  • Bueno mi niño, nos vamos a cenar tu padre y yo. Pídete unas pizzas para tu hermana y para ti, os he dejado dinero.
  • Mama, ya sabes que al segurata le hierve la sangre cada vez que nos tiene que acercar las pizzas desde la entrada.
  • Ya me ocuparé yo de él, tu descuidad. Venga y sal de tu cuarto, tu hermana está en el salón podéis cenar en el jardín que hace muy buena noche.




Me besó la frente y se fue, al poco mi padre lanzó una voz despidiéndose también. Yo acabé mi partida, jugué otra más y bajé al salón, en el sofá tirada mi hermana chequeando el móvil. Me miró por encima de la pantalla un segundo, llevaba un top y un pantalón corto. Entré a la cocina a por agua y volví a ella, me esperaba sentada con las piernas cruzas y larguísimas. Volvía a jugar al tonteo, a recrear una escena porno que en mi cabeza ya se reproducía por más que lo negase.





  • Mamá ha dicho que pidamos pizza ¿Qué te apetece?
  • Salchicha hermanito.
  • Natalia, para.
  • ¿Qué pasa salido? ¿Qué no estoy tan buena como las guarras esas del porno? -Con una agilidad felina se puso a cuatro patas sobre el sofá encarándome, casi podía ver sus tetas por completo.
  • Natalia...
  • Te pongo cachondo. Dilo. Dilo.




Rehuí su mirada, aunque en el fondo estaba muy cachondo, sabiéndonos solos. Cogí mi móvil y empecé a pedir lo de siempre intentando ignorarla.





  • Va Marcos, llevamos así meses. Solo dilo, dilo.
  • Vale me pones. Me pones cachondo. -Tiré el móvil al sofá de mala gana y me senté.
  • Perdona. -Se me acercó y se apoyó en mi hombro, pude olerla.- Está bien hermanito, estoy bien buena es normal que te ponga.- Semejante alarde de soberbia me hizo reir.- Tu también estás bueno y además sé que la tienes grande.
  • ¿Cómo sabes tú eso?
  • Venga, que Jerome me lo contaba todo, yo a él no claro. Sé que él la tiene más grande, vamos si lo sé, pero siempre me ha dicho que tú casi la tienes igual.
  • Joder Natalia y el salido soy yo, hablo yo de tus tetas o tu culo con tus amigas.
  • Ya les gustaría a ellas catar a mi hermanito.
  • ¿En serio?
  • Pues claro, pero yo no las dejo.
  • ¿Cómo que no las dejas?
  • Pues eso, les tengo dicho que no se te acerquen o les arranco los pelos.
  • ¿Pero eso por qué?
  • Porque no van a poder con eso. -Señaló mi paquete.- Que no sabes lo que me costaba a mí la de Jerome, y sé que tú la tienes más gorda.
  • ¿Pero cómo vas a saber eso? Ni que me hubieses visto duro.
  • Te he visto, por eso sé que de largo eres algo menos que Jerome pero la tienes más gorda.
  • ¿Cómo hostias me has visto?
  • Hermanito, que me toque el coño en clase no significa que sea tonta y tú no te fijas en que tienes la “cam” encendida cuando te pajeas. Joder podía haber abierto un “OnlyFans” con el material que tengo.
  • Tú estás loca, ¡loca!
  • Yo estoy cachonda. -Se apartó de mí y se espatarró, pude ver en sus pantalones grises una mancha de humedad.- ¡Ves! -Se llevó su mano derecha allí y la izquierda al pezón del mismo lado.
  • Ya basta de coñas y jugueteos.
  • No es coña, llevo un mes sola y cachonda como una perra. Quiero que me folles.
  • Somos hermanos...
  • Sí y eso me pone más y a ti también.




Y con esas palabras se me echó encima. Me buscó la boca con sus labios rosados y encontró mi beso, nos morreamos mientras como una serpiente se me enroscaba al pecho y me quitaba la camiseta. Su boca bajó por mi cuello a mi pecho, yo busqué como agarrar su top para prácticamente arrancárselo. Con sus tetas al aire me lancé a comérselas, Natalia dobló su espalda y comenzó a gemir mientras mis labios y lengua saltaban de un pezón al otro. No podía parar y el sabor dulce de la piel de mi hermana era el mejor que había probado. En un segundo que tomé aire ella se apartó de mí y se arrodilló frente a mí.





  • Quiero el pollón de mi hermanito.




Se relamió mientras bajaba mis pantalones cortos y dejaba al aire mi polla ya dura. Ya he dicho como la tengo y hasta entonces a ninguna chica había visto con puro deseo mirarla. Siempre había visto algo de miedo en las chicas con las que he estado, quejas por el dolor que les podía hacer, pero con Natalia no hubo nada de eso. Se lanzó a mi polla y llegó a tragársela casi entera del primer envite.





  • Joder como se nota que es más gorda que la de Jerome. Tranquilo hermanito que me la voy a comer entera.




Hablaba como una guarra y la mamada que me hizo fue digna de dicho adjetivo. Su lengua subía y bajaba por mi rabo, me comía los huevos y en momentos bajaba su nariz hasta tocar con mi pubis. Tuve que agarrar su pelo para evitar correrme.





  • Todavía no, quiero follarte.- Le dije mientras la sujetaba del pelo en mi puño.
  • Pues venga hermanito, quiero que me destroces con ese rabo.




Se tiró en el sofá y me abrió su coño, estaba listo para clavársela, pero no me pude resistir. Me lancé a comérselo, ella gimió con fuerza y apretó mi cabeza contra sí. Saboreé sus jugos hasta que la lengua se me entumeció, busqué su clítoris para hacer gemir a mi hermana y que se volviese loca. Lo hizo, comenzó a mover sus caderas casi intentando que me colase de cabeza dentro de ella, entonces sé que en la mente de ambos se dibujó lo que debía ocurrir a continuación.





Me levanté y me predispuse para penetrar a mi hermana. Rocé con mi glande sus húmedos labios, iba a clavársela a base de bien cuando oímos la puerta. Las voces de mi padre llegaron al salón con claridad.





  • Es que eso del sushi ni es comida ni es nada. Seguro que tengo un anisakis o alguna mierda.
  • Ya será el sake, que eres un animal. De verdad que no se puede salir contigo a ningún sitio.




La discusión seguía, pero yo ya no la escuchaba. No con claridad, pues el agua hacía de barrera sónica. Mis pulmones estaban ardiendo cuando mi madre se asomó y por suerte no me vio. Tampoco vio mi padre a Natalia que se había ocultado tras la encimera de la cocina. Cuando al fin pudimos dejar nuestros escondites el calentón se había aplacado y los nervios lo habían sustituido. Nos morreamos una última vez antes de encerrarnos cada uno en nuestra habitación. En apenas un día había superado no solo a mi padre, sino que también había conquistado a mi hermana.
 

heranlu

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Tras ese encuentro furtivo en el sofá, mi hermana y yo, no podíamos quitarnos las manos de encima. Cada vez que coincidíamos en casa nos besábamos, nos tocábamos donde no se deben tocar los hermanos y básicamente íbamos todo el día cachondos como monos. Sin embargo, no encontrábamos un momento para acabar de consumar, para follar como nos moríamos por hacerlo. Cuando no era por mis padres, era el servicio o los jardineros o el tipo de la piscina.

Así casi sin quererlo y por mantener las apariencias volvimos paulatinamente a la rutina. Empezamos a alternar cada uno con nuestros respectivos grupos de amigos. Habían pasado cuatro días y me encontraba con mis amigos viendo el coche que le habían regalado a Jerome sus padres.

V8, hace más ruido que un avión. -Nos explicaba levantando el capo y mostrando un motor que parecía más bien una caja de plástico con tubos.

Esta muy guapo tío. -Germán era más simple que el mecanismo de un botijo.

La verdad que tu papi se ha portado. ¿Qué ha costado más el coche o tu nueva mami? -Daniel era un payaso tocahuevos.

Menos imbécil que te parto la boca. -Jerome se le encaró y le sacaba más de una cabeza, me puse en medio.

Calma chicos, el coche está muy bien y nuestras madres también.

La tuya desde luego. Jujujuju. -Cuando hablaba German bajaba el cociente intelectual de la zona.

Eso es verdad. -Apuntó Jerome.

Pues, aunque me juegue una hostia, querido Jerome tu madrastra es de cuento también o peli porno. ¿Cuántos años tiene?

Treinta y dos de cuerpo, quince mentales. -Solté para devolver el golpe de antes.

Los otros de se rieron y Jerome también, al final. Entonces recibí un mensaje de mi hermana, era una imagen de su coño. Germán me miró por encima del hombro y la vio.

¿Y ese coñito?

Calla payaso.

Marcos tiene un coño ya era hora. -Daniel era lo más odioso del mundo.

Pues sí, ya te tocaba zanahorio. -Jerome me aplastó el pelo como un padre, lo que cabreo.

Ya ves, supongo que soy el único del grupo sin coño. Daniel el repelente, German el simple y Jerome el...

Yo tengo un coño zanahorio.

El de tu hermana. -Soltó German.

No, ese no lo tiene ya. Créeme. -Jerome me miró con cierta extrañeza.

No, no es de Natalita. Es un más dulce y más apretado. -Mi puño si se apretó al oírle.

¿Quién es? - Germán era como un niño pequeño.

Sois unos bocazas no os lo pienso decir.

Va tío. -Insistió Germán.

Venga pajeros, por animaros. Esto os va a parecer de peli porno, pero mi nueva madrastra tiene mucho gusto por mi chocolate. -Por si no lo había dicho el padre de Jerome es blanco como la cal, aunque el hijo sea un tizón, herencia materna.

Estás de coña, eso no se lo cree ni German. -German babeaba.

Mira. -Nos enseñó el móvil, era un video de su madrastra una barbi de treinta y pocos comiéndose un pollón negro. El plano cambiaba y se veía a Jerome sonreír. -Así se consigue que tu nueva mami insista para que te regalen un coche de 60k.

Desde ahí en adelante la conversación y giró en torno a la prohibida relación de Jerome. Muy “light” en comparación con la de mi hermana y yo. Pasamos un rato visualizando videos de nuestro amigo jodiendo con la barbi con acento de Parla y corrigiendo sus posturas y puntuándole.

Esta guarra está bien, pero lo que me molaría sería una “milf” de verdad. No te ofendas Marcos, pero una mujer como tu madre, con sus cuarenta y cuerpazo. -Me ofendí, aunque estaba de acuerdo con él mi madre esta diez veces más buena que esa tipa.

Venga, basta de hablar de madres. Vamos a ver a cuánto puede tirar esto. -Di una patada a la rueda y me subí.

Los otros se fueron montando, pusimos música alta y por suerte se acabaron las menciones a mi madre. Tras un par de horas con los chicos Jerome me acercó a casa, él también vive en la misma urbanización. Al entrar en casa mi madre se encontraba en la cocina preparando una cena casera. Me saludó con un beso y me dirigí a mi cuarto. En mi habitación, en mi cama, con la falda del uniforme de la escuela y solo el sujetador arriba.

¿Qué haces así? Mamá está abajo.

Ya lo sé, me ha visto y me ha dado la chapa. Le he dicho que son fotos para “Insta”.

Estás loca.

Por tu rabo.

Con la puerta cerrada me acerqué a ella hasta dejar mi paquete a la altura de su boca. Mirándome directamente a los ojos deslizó su lengua, sobre la tela del pantalón, por el bulto que me iba creciendo. Acaricié su pelo atrayéndola más hacía mí, sus manos se agarraron a la cintura de mis pantalones y comenzó a bajarlos.

Nos van a pillar. -Susurré, mi respiración se estaba acelerando.

Me da igual, tengo muchas ganas y tú también. -Mi pubis estaba expuesto y Natalia lo lamía.

¿Quieres mi polla hermanita?

Mucho hermanito. -La base de mi rabo y parte del tronco ya asomaban y allí fue su lengua.

Los golpes de mi madre en la puerta nos sacaron del trance sexual. Mi hermana giró sobre sí misma y se escondió detrás de la cama. Entreabrí la puerta escondiendo a Natalia y mi erección.

La cena estará lista en media hora, baja y apaga el horno voy a nadar un poco.

Vale mamá.

Me sonrió y se fue. Cerré, me giré y mi hermana ya se me estaba abalanzando. En un segundo mis pantalones estaban por mis tobillos, al siguiente los calzoncillos y casi entre uno y otro movimiento, no sé cómo, la boca de mi Natalia saludaba la punta de mi polla con un beso húmedo. Me la mamaba con hambre, yo acompañaba los movimientos de su cabeza con mis manos y mis caderas. En apenas dos minutos me encontré follándole la boca.

Cuando mi respiración era de puro éxtasis se me separó, entendí a la perfección porqué. Me quité la camiseta, ella el sujetado y el tanga bajó la falda, cuando fue a desprenderse de esta la retuve.

Déjatela puesta.

Sonrió como una lolita de peli porno y tomando mi mano me condujo hasta la cama. Se dejó caer, con la falda hinchándose un segundo. Al estar boca arriba se descubrió el coño y yo ya me iba a lanzar cuando mi hermana dijo.

No, hoy no me quedo con las ganas de que me la metas.

Me agarró ella misma la polla y la guio hasta la entrada. “Despacio” susurró. Con cuidado me deslicé dentro de mi húmeda hermana, mordiéndome el labio inferior como ella misma hacia porque el placer me pedía gritar y gruñir como un animal. Cuando toda mi longitud entro en su coño dejé descansar todo mi peso sobre ella, noté sus pezones duros contra mi pecho, su latido contra el mío y así nos besamos. El beso fue largo, seguíamos enzarzados en él mientras empecé realmente a follarme a mi hermana. Con rítmicos movimientos empecé a subir y bajar sobre ella, los ruidos húmedos llenaron la habitación y fueron seguidos por gemidos. Las uñas de mi hermana se clavaron en mi espalda y en mi culo, sus piernas se cerraron en un candado y un punto era ella quién me follaba a mí.

Aquel polvo estaba siendo maravilloso, pero yo necesitaba algo más salvaje. Me liberé de su candado y le di la vuelta. Por un segundo mi hermana temió que fuese a por su culo, se lo perdoné, o más bien lo reservé para otra ocasión. Desde atrás empecé a darle con más fuerza, añadiendo un deje de dolor a sus gemidos que no duró mucho. Sin embargo, el placer de su apretado coño y el control de agarrar sus estrechas caderas con mis manos me volvía loco. Llevé una de mis manos a su cuello y alcé a mi hermana hasta llevarla contra la pared.

Con cada arremetida aplastaba a mi hermana contra la pared, empecé a darle azotes en las nalgas hasta notar como se calentaban al rojo. Por entre sus piernas y las mías se vertían nuestros fluidos.

Dame la vuelta... -Su voz era un hilo entre gemidos.- Quiero besarte.

Hice lo que me pedía, nos enfrentamos y nos comimos la boca. Por algo más de dos minutos detuvimos la follada solo para besarnos. Cuando nos separamos bastó un asentimiento de mi hermana y volví a su retaguardia. Deslicé mi polla empapada por entre sus nalgas hasta llegar al coño, y de nuevo se la clave. Pero esta vez llevé su cuerpo contra la venta, y sus tetas se aplastaron contra el cristal. Desde mi ventana se veía el jardín de atrás y la piscina. Allí, mi madre hacía largos en los veinte metros de piscina.

¿Qué haces? Nos va a ver.

Calla. -Mis ojos se fueron al cuerpo mojado de mi madre.

Mi hermana estaba allí empalada por mi rabo, con un cuerpo perfecto de dieciocho años, pero mi deseo quería no solo poseer ese cuerpo sino también el de mi madre. Los dos, uno tras otro o los dos a la vez.

Esto te pone cachondo... Eres un enfermo hermanito. Dame más fuerte, dame como le darías a mamá.

Cumplí su deseo que era el mío y me la follé con más fuerza y ganas que a ninguna mujer antes. Nos tuvimos que apartar de la ventana porque la íbamos a romper. Caímos de nuevo en la cama, ella se colocó encima de mí y me dio una bofetada.

Me la suda que te ponga mamá, pero me estás follando a mí y te vas a correr conmigo.

Asentí y dejé hacer a mi hermana, ella me dominaba, me cabalgaba. Su cuerpo, su piel, todo en ella era perfecto. Nos corrimos juntos ahogando nuestros gemidos lo más que pudimos. Empapadas en sudor sus tetas se pegaron de nuevo a mi pecho.

Me vas a preñar gilipollas.

Con esas palabras me di cuenta que no me había puesto el condón. Me quité a mi hermana de encima nervioso. Ella se echó a reír y me dijo que me calmase, que tomaba la píldora. Desde abajo un grito furioso de mi madre llegó hasta la habitación, con prisa nos vestimos como sí nada y bajé. Humo salía desde la cocina, el pescado negro y mi madre en llamas. La bronca fue buena, coincidió con la llegada de mi padre que dijo que prefería cenar algo con más sustancia “un solomillo o así”. Mi madre en bikini aún dijo:

Pizza, yo no cocino más hoy.

Pues pizza, que más dará.

Me reencontré con mi hermana aún en mi habitación, estaba riéndose. Nos besamos, me enseñó como de su coño iba saliendo mi corrida y se llevó allí los dedos para recoger unas gotas que lamió con vicio.

Ha sido genial.

Lo ha sido.

Hablamos, como siempre habíamos hecho con la complicidad de los gemelos. De alguna manera acabé contándole la conversación con los chicos.

Jerome es un gilipollas, follarse a esa guarra. Y lo de mamá le viene de largo, me lo decía cuando follábamos y todo. Como tú.

No me compares con él.

Lo hago, y ganas. Además, a mamá no creo que le gusten los negros.

Una voz nos llamó abajo, las pizzas habían llegado. Vi como mi madre las recogía del segurata que le sonreía, incluso noté que al tenderle las cajas buscó su mano y la encontró. El ambiente en la cena fue distendido, mi madre había dejado pasar el enfado, mi padre estaba de buen humor y mi hermana y yo...

Después de cenar nos pusimos a ver una peli. Mi padre cayó en veinte minutos y mi hermana se excusó a la media hora. Quedamos mi madre y yo solos. Me fijé entonces en la ropa que llevaba, unas mallas muy ceñidas a sus piernas y culo y una camiseta con mucho escote.

Marcos, quiero hablarte de algo que os concierne a tu hermana y a ti. -Tragué saliva al oír aquello.- Pensabas que no me iba a dar cuenta, está bien, sois hermanos es un vínculo fuerte y además gemelos. Sé que os queréis mucho, pero por dios no os vayáis a poner a hacer cosas raras de gemelos ahora. Que tenéis ya edad, búscate una chica o un chico, no te encierres con tu hermana en el cuarto. Que prefiero que esté contigo que, con Jerome, que es un peligro. Quereos, mucho, pero haced más cosas.

Sí mamá.

Que poco don tienes para la palabra mi niño. Y esta película peor no podía ser. -Miró entonces su móvil que vibraba con una notificación.

Por descuido desbloqueó la pantalla en un ángulo que quedaba a mi vista y contemplé el mensaje. No llegué a leer la conversación, pero sí vi con claridad el pollón negro en la pantalla. Sin atisbo de dudas lo reconocí, era la polla de Jerome. Recibí la imagen con más desconcierto y nerviosismo que mi hermano. Aquella polla bien me podía haber golpeado en la cara que me hubiese causado menos conmoción.

¿Quién te escribe a estas horas mamá? -Pregunté conteniendo mi ira y mirando la televisión.

Nada cariño, es de trabajo.

¿Alguna urgencia?

Una tontería, mañana me ocuparé de ello.

Espero que no sea nada.

No lo es, descuida. Algo rutinario.

Rutinario... -Repetí como escupiendo veneno.

Tu madre tiene bastante experiencia en estas lides cariño.

Tenía los nudillos blancos de apretar los puños, me despedí diciendo que la película era una mierda y me fui a mi cuarto. Abrí una conversación con Jerome dispuesto a amenazarle de muerte, pero me contuve. En su lugar me metí al cuarto de mi hermana, estaba chateando por el móvil y se sorprendió al verme.

¿Qué haces?

No dije nada y hundí mi cabeza entre sus piernas. En susurros me pedía que parase, pero no la hice caso. Solo separé la boca de su raja para decirle que no me importaba, que iba a comérselo hasta que se corriese cada noche desde ese día. Entonces hundió mi cabeza en su coño y me sacié con sus jugos hasta que se vino como un río en mi boca mientras mordía la almohada.

Saciada mi hambre y mi hermana, con toda la casa dormida regresé a mi cuarto. Pasé frente al baño del pasillo y vi una rendija de luz. En la luz estaba mi madre, desnuda, sentada en la taza, exponiendo su coño y sus tetas a la cámara de su móvil. Rabié de nuevo, pero esta vez no busqué a mi hermana. Busqué cama y dormí mi mala leche, podía tolerar que mi madre se follase a otro que no fuera mi padre, sin embargo, que ese otro fuese Jerome era veneno. Desde luego eso no podía pasar bajo mi techo, yo era el hombre de la casa y mi hermana y mi madre debían ser mis hembras y solo mías.
 
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