Puta Para una Familia Completa

heranlu

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- Hola, mucho gusto, mi nombre es Sergio -. Me saludó el señor de la casa, dándome la mano. - Es la primera señorita que se presenta por el anuncio.

Sonreí con nerviosismo sin saber que decir al respecto, mientras me sentaba en el sofá, justo al frente de él.

- Bueno, verá. El anuncio especifica que buscamos a una mucama, pero que también se dedique a hacer otras cosas. ¿Está de acuerdo con eso?

- Sí -. Respondí, estando de acuerdo con eso.

- Bien, antes de especificar nada, necesito que firme este contrato de confidencialidad, que estipula que todo lo que sea revelado, usted no dirá nada a la hora de salir de acá.

Me entregó tres documentos similares, que leí con atención, y aceptando todos los términos y demás, firmé los documentos, y una copia me la quedé yo.

- Procedamos. Somos una familia especial, unida. Siendo más específico, somos sexualmente activos. Nos gusta el sexo y prácticamente lo estamos haciendo todo el tiempo, incluso con nosotros mismos. Sí, somos incestuosos y todo eso.

Por un momento me quedé dura, tratando de procesar eso, pero después me calmé.

- Entonces, ¿cuál sería mi trabajo?

- Mira, nuestra última empleada se acaba de ir, porque cuestiones familiares. Así que necesitamos a una mucama que realmente limpie la casa, y además... que se convierta en el juguete sexual de la familia cuando sea requerida. Si acepta, sepa que se le va apagar por ambas cosas.

Sabía que esto podía ser una locura total, que no debería aceptar por nada del mundo, pero la paga era genial, y la necesitaba con urgencia... y en cuanto al sexo... realmente eso me interesó y me calentó.

- Acepto. Todo. ¿Cuándo empezaría?

El señor sonrió con satisfacción y se acomodó mejor en el sillón.

- En este instante -. Respondió, mientras se tocaba la pija por encima del pantalón. - Veamos en que eres buena.

Me mordí el labio inferior y me levanté de mi lugar para arrodillarme al frente de él.

Era buena en el sexo, porque realmente lo hago desde que tengo 15 años, y la verdad, amo chupar pijas, por eso, no esperé más tiempo, y sacándole la pija fuera del pantalón comencé a mamarla como una profesional.

Era grande, como 20 centímetros y muy gorda. Pasé mi lengua a todo lo largo de ese pedazo de carne, que se ponía a cada segundo más duro.

- Oh, sí, así... como te gusta la pija, ¿no puta? Desde el primer momento en que te vi en la puerta, supe que te encanta que te cojan, ¿no?

- Sí, patrón, me encanta que me den bien duro -. Dije, mientras me sacaba la blusa, para poder dejar al aire mis tetas.

- Vaya, que par de tetas grandes -. Me dijo, estirando sus brazos para empezar a amasarlas y apretarlas.

Gemí ante su rudeza, pero no dejé de comerme ese palo.

- Metete en la boca mis pelotas.

Y así lo hice, comencé a succionar esas bolas sin compasión.

- Párate, quiero verte la concha -. Prácticamente me arrancó el pantalón. - Si serás puta, ni siquiera te pusiste tanga -. Me dijo, mientras me metía la mano, y me pellizcaba el clítoris, y me metía algún que otro dedo en la vagina.

- ¡Ah! -. Suspiré, al sentir un placer riquísimo.

- Estás muy caliente y mojada. Dime, ¿ya te rompieron el culo?

- Sí, ya me lo rompieron...

- ¿Quién?

- Mi primo, el año pasado... ah, no pares -. Le dije, abriendo más las piernas e inclinándome hacia adelante.

- Ve al sillón y ponte a cuatro patas. Vamos a ver que tan bien te lo abrió.

Me dirigí al sillón, y me puse de espaldas a él, abriéndome bien para que tenga fácil acceso.

- Que culo...

Grité al sentir su lengua recorrer desde mi concha hasta el agujero de mi culo.

- Que ricura.

Estuvo mamándome la concha y el culo durante un largo rato. Metiéndome los dedos y de ves en cuando me pellizcarme el clítoris, haciéndome gritar de puro placer.

- Meteme la pija, por favor, ¡ya hazlo!

Se levantó y sin previo aviso, me mando toda su pija hasta el fondo de mi concha. Empezó a darme duro, sin compasión, tomándome de la cintura. Podía sentir y escuchar como sus pelotas golpeaban mi culo, y me encantaba.

- Así, sí... más duro... ¡ah! -. Le grité, mientras arqueaba mi espalda. Estiró sus brazos, hasta llegar a mis tetas, y comenzó a apretarlas, haciéndome gritar aun más.

- Sí nena, grita, grita mucho para que todos vengan a ver como te rompo toda.

Tuve una serie de orgasmos, uno tras otro, como nunca lo tuve, y es que me llenaba por completo. De pronto sacó su pija de mi concha, y me la metió de lleno en mi culo, que se encontraba totalmente estimulado y abierto, por lo tanto, entró sin problema.

- Estás muy buena, tan apretadita como a mí me gusta.

Me jaló del pelo, y me tiró hacia él, sintiéndolo aún más adentro. A pesar de que me producía cierto dolor, me encantaba, no quería que pare.

Y la verdad, no lo hizo, hasta que al final, ambos llegamos al más riquísimo orgasmo.

Sentí como me llenaba el culo de leche, y apreté mi esfinger, sin querer soltarlo, hasta que largara toda la leche que tenía contenida.

- Sí, sin duda vas a ser una buena empleada... pero, déjate crecer los pelos de la concha, nos gusta más las concha así de peludas.

- Sí señor -. Respondí, aún sin poder moverme, con los ojos cerrados, y es que persistía en mí aquel calor de placer.

- Vamos niña. Debes prepararte para conocer a la familia -. Me dijo, mientras me daba una nalgada bien fuerte.

Sin duda me iba a gustar trabajar para esa familia.

- No te vistas, ven a la cocina, así te muestro tu nueva habitación y te das un baño para poder ponerte el uniforme -. Me informó, mientras él sí se vestía.

- Pero mi ropa está...

- No te preocupes por eso, nosotros te vamos a abastecer en todo lo que necesites.

Caminamos por un pasillo, hasta llegar a la cocina, que era amplia y limpia. Me señaló una puerta a la derecha y me dirigí hacia ahí.

- Desde hoy, esta será tu habitación. Puedes compartirla con quien quieras cuando quieras.

- Bien. Pero, ¿dónde está la familia?

- Mi mujer salió de viaje, y llegará esta tarde. Mis hijos deben estar durmiendo juntos o con alguno de sus amigos, no se bien -. Me dijo, mientras sacaba de un cajón el uniforme que iba a usar. - Toma, este es el uniforme que usarás siempre, todos los días. Y este, cuando hay visitas que no saben lo que sucede en esta casa.

Miré ambas prenda, y sin duda, la diferencia era extremadamente grande. El uniforme de siempre, no me cubría nada, absolutamente nada ya que dejaba todo a la vista de todos, mientras que el otro, era conservador en todos los ángulos. Era grande, y largo.

- Dúchate. Después te explico bien las cosas -. Y salió.

Pero antes de hacerlo, empecé a observar la habitación. Abrí cajones, encontrándome con juguetes de todo tipo, y la verdad, me volví a calentar, mi concha empezó a correar otra vez, por lo tanto, no me contuve, y me metí un vibrador en la concha y gemí ante el dulce cosquilleo que experimenté.

Me recosté en la cama y mientras que con una mano, me metía y sacaba el vibrador, con la otra me pellizcaba mis 115 de tetas. Cuando llegué al orgasmo, lo hice una manera abundante, tanto, que al levantarme, me temblaban las pierna por la experiencia.

Me dirigí al baño, y me metí dentro del agua fría, que templó mi piel y me relajó. Después de salir, me sequé completamente y pasando unas cremas por mi cuerpo, me vestí con el diminuto traje.

Me miré en el espejo de cuerpo entero, y sin duda, me veía como una completa puta, ya que dejaba mis tetas al aire, tapando a penas mi concha y culo. Como no había encontrado ropa interior que ponerme, no lo hice.

Salí de la habitación y lo vi preparando café.

- Vaya... estás bien puta -. Me dijo como alago. - Y la verdad, me encantó meterte la pija en tu culo.

- Gracias.

- Siéntate, vamos a dejar un par de cosas claras. Dime, ¿te molestan las palabras puta, zorra o cosas por el estilo?

- No.

- ¿Nada de enfermedades? ¿Adicciones?

- No.

Y así siguió con sus preguntas, como si alguna vez estuve en una orgía, o si me cogí a mi propio padre.

- Bien, pareces es caso perfecto, pero lástima que solo te dejaras follar por tu primo. Mirá, la cosa es así, somos una familia muy abierta, a mi mujer a mi siempre nos gustó practicar el sexo por toda las casa a pesar de que nuestros hijos fueran chicos, por lo tanto, ellos crecieron sabiendo que era eso y a muy corta edad, les permitimos experimentarlo, porque la verdad, es algo que todos merecen disfrutar de verdad. Nosotros estrenamos a nuestros hijos, y ellos ejercitaron entre ellos hasta poder encontrar a gente que les gustase. Por lo tanto, no te sorprendas si vez a Tobías, el mejor con 12 años metiéndosela a Sara de 20, o a Víctor de 25 a mi mujer Anabella de 48, o a mí, a alguno de ellos. Ya que somos bisexuales también.

- Entiendo -. Dije, mientras bebía el café que me ofreció.

- Somos de organizar orgías con algunos de nuestros mejores amigos y eso.

Siguió explicándome un par de cosas más, como iba a ser mi paga, mis días de descanso y que tenía total libertad de decir NO cuando yo quisiera. Me dijo que cada uno tenía sus propios fetiches y maneras de ser, y que pronto lo iba a descubrir.

- Bien, creo que es hora de que comiences a trabajar. Son las nueve de la mañana, por lo tanto, te diría que empieces a hacerles el desayuno a los niños. Ellos ya saben que iba a llegar una empleada nueva, por tanto no te preocupes. Te presentas y si tienen ganas de algo, ya sabes que hacer. Nos vemos más tarde, ahora debo ir a trabajar.

Se acercó a mí, y chupándome una teta, se marchó.

Realmente no estaba acostumbrada a tener una sección de sexo tras otra, y veía que debía empezar a acostumbrarme, porque tenía el presentimiento de que no me darían descanso alguno, y eso lo comprové, al escuchar como alguien se acercaba y entraba a la cocina. Rápidamente me levanté de la silla, para ver al familiar que se presentaba y me quedé un momento paralizada, al ver a Sara, cruzada de brazos en el umbral de la puerta.

- ¿Necesita algo? -. Pregunté, sin poder dejar de ver el impresionante cuerpo escultural que tenía. Sus tetas eran más grandes que las mías, sus curvas eran tan impresionantes. Pero lo que más me llamó la atención, fue la mata de pelos pelirrojos que cubría su concha.

- ¿Qué? ¿Te gusta lo que ves? -. Me preguntó, con un deje de diversión.

El señor me había aconsejado ser sincera siempre en cuanto al sexo ya que ellos nunca decía no, así que así lo hice.

- ¿Puedo tocarle la concha? -. Le pregunté, acercándome, y es que quería sentir la suavidad de esos pelos.

- Claro -. Gadeó al sentir mi mano recorrer toda su concha, y fue genial hacerlo. Introducí dos dedos en su cueva, para sacarlos manchados de sus flujos vaginales y sin duda semen. - Uno de mis pervertidos hermanos no se ha resistido y me la metió hasta el fondo, como de seguro lo hizo el viejo.

Me llevé los dedos a la boca y los saboree.

- Vaya que eres una guarra, ehhh -. Me dijo riéndose. - Ven, siéntate en la mesada.

Me dijo, y así lo hice. Me abrió las piernas y agachándose un poco, comenzó a comerme la concha.

- Sí, así... que bien lo haces... -. Le dije, moviendo mi cadera de arriba hacia abajo y en círculo. Cuando agarró mi clítoris en sus labios y no aguanté más y tuve un orgasmo, lo cual, me hizo agarrar su cabellera pelirroja y apretarla contra mi sexo para que no pare.

- ¡Pero hermana! Deja un poco de jugo para nosotros.

Escuché que decía la vos de un niño, que se acercaba a nosotras, y metía la pija entre las piernas de su hermana, y sin meterce en ella, se restregaba entre sus labios.

- Tobías, deja de ser pajero, y meteme de una vez la pija en el culo -. Le dijo Sara, cuando dejé que se separara de mi sexo para que respirara un poco.

- Tus mandatos son ley -. Y por como se impulsos hacia mi sexo otra vez, pude ver que su hermano menor, la había penetrado con fuerza. - Que puta te vez hermanita, mientras chupas la concha de zorra, y estás siendo ensartada por mi pija sin parar.

Y sí, la imagen era genial, tanto, que volví a llegar al orgasmo, así como Sara.

- Creo que la nueva integrante, también querrá un poco de ti, Tob -. Le dijo ella, separándose de mí, para dejar paso a su hermano.

Y ahí pude ver su pija, que para ser un niño de 12 años, era bastante grande, eso sí, un poco fina. Bajé de la mesada, y me puse a chupársela.

- Mira como se la traga toda, completa. Que puta -. Dijo, agarrando mis cabellos y comenzando a coger mi boca, hasta que terminó.

Me tragué todo lo que pude, pero aún así, algo se me salió de la boca, y comenzó a correr por mi cara.

- Espera, yo te ayudo -. Se ofreció Sara, y comenzamos a besarnos, mientras que de vez en cuando lamía alguna línea de semen y volvía a mi boca.

- Bueno, ¿que quieren de desayunar? -. Les pregunté, una vez que la faena ya había terminado.​
 
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