Otra Madre Fantaseando con la Polla de su Hijo

heranlu

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Anoche vi a mi hijo masturbarse.

A ver, por favor, no me juzgues, no es como si lo hubiera planeado. Simplemente sucedió. Me quedé despierta hasta tarde lavando la ropa y tenía algunas cosas que llevar a su habitación. Cuando llegué a su puerta, estaba entreabierta y había luz. Mi intención era empujar la puerta lo suficiente como para dejar sus cosas en el pequeño estante justo al otro lado de la puerta y luego irme. Sin embargo, cuando lo hice, la puerta se abrió un poco más y de repente miré hacia dentro y lo vi en el espejo que tiene sobre el mueble de cajones.

Estaba acostado desnudo en su cama, las sábanas tiradas a un lado. Y tenía su polla en la mano, acariciándola lentamente mientras miraba algo en su tablet. Se me puso un nudo en la garganta y casi dí un gritito de asombro ¡No podía creer lo grande que era! Dios de mi vida, se veía enorme. ENORME. E incluso en el espejo, pude ver que la punta estaba cubierta de líquido preseminal brillante sobre el que ocasionalmente pasaba los dedos para lubricarlo. De repente la visión me trastocó la mente y mi coño hormigueó como si no fuese con él la decencia y luego palpitó de un modo inusual. Era como si no importase que fuese Nico el que se estuviese pajeando. Mi hijo adolescente. Mi niño lindo e inocente.

Mi mente quiso tomar el control y alejarse. Pero mis bragas y mi coño húmedo se volvieron locos con la idea de correr hacia la cama y tomar el control. Un control inédito y vergonzoso de aprovecharse de aquel pedazo de carne sobre la cama. Supongo que como madre debería haberme molestado mucho que mi precioso Nico se estuviese masturbando como un mono salido con porno sobre su cama, pero en cambio la parte de mujer que me mantenía hipnotizada lo deseaba a él y a esa preciosa, brillante y gruesa polla.

No sé cuánto tiempo estuve, asombrada con su gran virilidad contemplando cómo sus dedos recorrían ese tronco venoso. Estaba tan cautivada con él que olvidé que era mi propio hijo a quien estaba mirando. Su mano comenzó a acariciar un poco más rápido y no pude evitar gemir casi en un susurro y acariciar mi pecho sobre la camiseta, notando que mis pezones se habían puesto duros bajo el sostén. Realmente no sé cuánto tiempo pasó hasta que de repente echó la cabeza hacia atrás y gimió muy fuerte. Fue entonces cuando su polla comenzó a chorrear semen caliente y blanco por todo su vientre. Eran unos chorros densos y cremosos que me dejaron anonadada Estuve a punto de llegar al clímax allí mismo al verlo correrse sin ni siquiera.tocarme De repente, me di cuenta de dónde estaba y a quién estaba mirando. Rápidamente cerré la puerta tal como estaba y me retiré apresuradamente a mi dormitorio.

Cuando llegué allí, me di cuenta de que estaba tan mojada que había empapado por completo no solo mis bragas, sino también mis pantalones cortos. Con el corazón aún latiendo rápidamente, cerré rápidamente la puerta antes de quitarme la ropa y quedarme en ropa interior y me recosté sobre la cama de matrimonio. No podía creerme que hubiese pasado esto. Estaba tan excitada que sentía palpitar el interior de mi coño como una veinteañera. Sentía la necesidad de tocarme, de frotarme, de hundir mis dedos en mi interior y correrme como una cerda pensando en mi hijo adolescente y en su pollón venoso expulsando semen sobre mi cara.

Eso era demasiado. Me di cuenta que en esta cama en la que estaba pensando en deseos incestuosos, había follado con su padre esa misma madrugada, antes de irse al trabajo. Y que ahí habiamos concebido a Nico en una noche de verano en la que no habiamos parado de formicar durante horas por toda la casa.

Me recosté sobre la colcha y cerré los ojos. Se me apareció su polla y esos chorros blanquecinos sobre su barriga. Y pensé en mi lengua recogiendo ese liquido cálido y denso para meterlo en la boca y tragarlo, mirándole a los ojos mientras le susurraba que mamá está para arreglar las cosas. Esa idea hizo que metiese los dedos de mi mano derecha en mis bragas y las noté completamente mojadas. Separé ligeramente la goma hacia un lado y acaricié mi coño empapado con las yemas de los dedos. Abrí los labios y con la otra mano acaricié mi clítoris superficialmente en un suave circulo que ya conocía como uno de mis modos favoritos de correrme sin apenas insistir. Y eso sucedió. Fue tan intenso que tuve que morder mi almohada para no gritar demasiado fuerte porque tenía miedo de que me escuchara. Pero no me detuve ahí. Seguí jugando conmigo misma durante treinta minutos más hasta que tuve tres o cuatro orgasmos y tuve que quitarme el sostén y las bragas porque mi cuerpo ardía y no era capaz de mantener nada sobre mi piel. Caí en un sueño profundo de puro agotamiento mientras aún estaba desnuda. Nunca antes había dormido así, incluso después del sexo marital. No es algo que me guste. Pero en ese momento no era capaz de más.

Eso fue ayer.

Ahora es por la mañana y me siento muy culpable pero me visto y bajo a la cocina para preparar el desayuno. Mi marido se ha ido ya. Afortunadamente, cuando Nico entra, tiene prisa y engulle su comida antes de salir rápidamente por la puerta. Respiro aliviada de que no diga nada, aunque no estoy muy segura ni de que me haya visto ni de que haya oido después. Aunque hay algo que soy incapaz de callar. Y es que no puedo evitar ver el bulto en su entrepierna cuando se acerca a mí y me da un beso de despedida. Debería haber sabido que algo podría estar pasando porque no lo hace muy a menudo, pero en cambio casi me derrito en el acto por tenerlo tan cerca. Su olor. Su presencia. Su cuerpo. Su sonrisa zalamera y su “te quiero mami”.

Después de que salió de casa, entré en su habitación porque quería comprobar una cosa: qué es lo que estaba viendo ayer en su tablet. Pero no está allí, debe haberla llevado consigo. Maldita sea.

El solo hecho de estar en su habitación me excita ahora y contemplo acostarme en su cama y masturbarme, pero de repente entro en razón y no lo hago. En cambio, salgo rápidamente de allí antes de sucumbir a esa tentación. Durante el día trato de mantenerme muy ocupada para no estar pensando en él y en su polla, pero ese plan no está funcionando muy bien. No importa lo que haga, la imagen de su gran polla sigue volviendo a mí. Mi coño se moja y palpita cada vez que la visión de su hombría aparece en mi cabeza. Mis dedos no pueden hacer mucho y me da demasiada vergüenza entrar en una tienda de novedades para adultos y comprar un consolador.

A primera hora de la tarde, vuelvo a entrar en un estado frenético y tengo que ir a mi habitación para desnudarme como ayer. Tanto mis bragas como mis pantalones cortos están empapados de nuevo. Procedo a aliviar parte de la presión sexual metiendo mis dedos en mi coño una y otra vez mientras froto mi clítoris hasta que me retuerzo en un orgasmo masivo seguido de un par más. Mis orgasmos son tan intensos que me alegro de haber puesto un par de toallas en la cama.

Lo imagino sobre mí, diciéndome al oido “córrete, mami, córrete con mi polla dentro de ti, córrete puta” y con ese exabrupto acabo meándome encima, mezclando jugos vaginales con mi propio pis y todo saliendo a chorros de mi coño y llenando la colcha de la cama, regalo de mi tía Mari, la del pueblo, la mojigata, pero que se escapó de su matrimonio con un vendedor ambulante de origen africano y que, años después, supe por ella misma que poseía la mayor polla que había visto en su vida. Pues esa.

Cuando termino, estoy sudando y cubierta de mis propios jugos, así que me meto en la ducha muy rápido para refrescarme y limpiarme. Por alguna razón desconocida, no me molesto en ponerme un sostén y ni siquiera bragas cuando me visto de nuevo, poniéndome solo una camiseta bastante ajustada y un par de pantalones cortos de gimnasia. Incluso después de ducharme, la habitación sigue oliendo a sexo, así que cojo las toallas y la ropa sucia y las meto en la lavadora.

Cuando Nico llega a casa de la escuela, entra en su habitación, de donde también sale con unos pantalones cortos y una camiseta de su juego de la Play favorito. Luego entra en la cocina donde estoy preparando una cena ligera. Sé que su padre hoy no regresa y comenzamos a hablar sobre su día en la escuela.

- ¿Qué tal te va en las clases?

- Muy bien, mami. La verdad es que este año es estupendo. Me encantan las matemáticas y la biología, ya sabes, lo de siempre...

- ¿Y quién te da matemáticas este año?

- Maribel, la madre de Fran. No sé si te acuerdas de ella, es una tremenda morena de más de 40 que siempre enamora a todos los estudiantes desde hace años. Aun encima hace natación y todos quieren ir a la piscina a verla en bañador.

El muy cabrón se ríe pero a mí me pone celosísima que esté pensando en esa mujer, que conozco perfectamente porque sé que es un putón berbenero.

Su mera presencia allí de pie me excita y siento que mi coño se moja y mis pezones se endurecen. Me estoy maldiciendo mentalmente por no usar ropa interior cuando lo veo mirando mis pezones duros que sobresalen a través de la tela bastante delgada de mi camiseta ajustada. Hay una pausa en la conversación y de repente suelta la bomba que sacude mi mundo y lo pone del revés.

- Te vi mirándome anoche, mamá.Mi corazón cae hasta mis pies y siento que el color se escurre de mi cara mientras intento negar el hecho tartamudeando.

- ¿Cómo? ¿Qué? No sé de qué estás hablando, NIco.

- Por supuesto que sí, mamá!, dice sin dejar de sonreir. Te quedaste ahí en mi puerta durante mucho tiempo mirándote en el espejo mientras me masturbaba. Incluso vi que tú también te frotabas mientras mirabas. Deberías haber sabido que yo también podría verte en el espejo, al igual que tú podrías verme a mí.

El color de mi rostro se multiplica por diez como un profundo rubor carmesí. Abro la boca para tratar de hablar, pero no me salen palabras, solo algunos sonidos extraños. Luego me dice:

- Pero está bien, mamá; Era muy excitante tenerte allí mirándome... especialmente cuando vi la expresión de tu cara cuando comencé a disparar chorros.

Sé que mi rubor se hace más profundo y trato de decir indignada:

- ¡No lo hice! - intento balbucear.

- Claro que sí mamá. Me hiciste correr tan duro. Porque además estaba viendo vídeos de incesto en una página web que me pasó Fran, que también hace lo mismo con su madre. Y luego, apuesto a que probablemente te fuiste a tu habitación y te masturbaste hasta que llegaste también al final.

Así que su amigo Fran también piensa en su madre Maribel. Vaya.

- Si hasta escuché los gemidos que venían de detrás de tu puerta cerrada – dijo sonriendo el cabroncete.

¡Es la gota que colma el vaso! ¡Estoy totalmente humillada y avergonzada más allá de lo imaginable!. Salgo corriendo llorando de la cocina. Las lágrimas corren por mi rostro con total mortificación. ¿Cómo pude haber sido tan estúpida para no darme cuenta de que él también podía verme en el espejo? Me pregunto a mí misma mientras hago todo lo posible por largarme de allí, con el rostro desencajado y visiblemente afectada.

No me doy cuenta de que NIco está justo detrás de mí mientras voy por el pasillo. Se las arregla para detener mi retirada con una mano en mi hombro justo antes de que llegue a mi habitación y rápidamente dice:

- Lo siento, mamá, no debería haber dicho algo así ¡Por favor, perdóname!

Me da la vuelta allí mismo, en el pasillo, y me mira a los ojos. Es entonces cuando me doy cuenta de lo alto que ha llegado a ser mi hijo; probablemente quince o veinte centímetros más alto que yo. Me rodea con sus brazos y me abraza fuertemente contra él.

- Lo siento mucho, mamá. Por favor, disculpa si te he hecho sentir mal

Maldito chico. Tenerlo abrazándome está empeorando las cosas aún más ahora, pero logro gritar:

- ¡Te perdono, hijo! Por favor, perdóname tú por mirarte en tu intimidad....

Con lágrimas aún fluyendo, entierro mi rostro en su hombro, totalmente avergonzada. Pero al mismo tiempo, siento que mi coño se moja de nuevo con solo olerlo y sentir sus fuertes brazos alrededor de mí, sin mencionar el hecho de que mis grandes tetas sin sostén están presionadas contra su pecho musculoso y puedo sentir su polla dura presionando contra mi vientre. Una vez más me viene a la mente de modo inmediato la imagen de mi rostro lleno de sus chorros y cómo se sentiría su sabor en mi paladar. Entonces niego un poco con la cabeza y trato de decirme con firmeza “No. Esto está mal. ¿Esto no es incesto? Esto sería incesto, joder. Para ya, Ana. Es tu hijo, joder. Tu propio hijo".

Pero este argumento no está funcionando; Mi coño sigue palpitando de deseo. No puedo creer que esté tan jodidamente excitada por mi propio hijo y su hombría. Es como si ese intenso deseo de mi coño se hubiera apoderado de mi cerebro lógico mientras mis pensamientos carnales traviesos, sucios e incestuosos atraviesan mi mente de modo atronador.

Entonces me dice en voz baja:

- Está bien, mamá. Te aseguro que para mí fue algo increible tenerte en la puerta mirándome. Sé que es difícil para ti que pienses en mí como algo más que tu hijo adolescente, y estoy haciendo todo lo posible para hacer lo que pueda para ayudarte. Realmente no quise lastimarte. Lo prometo.

Su forma tan incocente de hablarme me derrite de amor y al mismo tiempo me pone cachonda perdida. No sé qué es, pero el modo en que este cuerpo tan fuerte y grande pero con pensamientos tan infantiles e inocentes me hace palpitar el coño como nadie lo ha hecho nunca hace que mi coño gotee como nunca lo ha hecho.

- Gracias Nico, de verdad. Es que no sé qué me pasa... Me gusta lo que me dices y cómo me lo dices... Te quiero tanto mi amor...

Después de eso nos quedamos en silencio y mis lágrimas han dejado de fluir. Me suelta y me seca suavemente las lágrimas de mis mejillas con sus dedos mientras me dice:

- Si alguna vez necesitas algo de mí, pídelo mamá. Prometo darte lo que necesitas.

Cuando se echa un poco hacia atrás, miro hacia abajo y miro el bulto de aspecto fabuloso en sus pantalones cortos. De repente me decido. Probablemente no sea la mejor decisión que haya tomado, pero extiendo la mano y acaricio esa dureza enorme a través de su ropa y digo suavemente:

- Necesito esto, cariño. Y lo necesito ahora. AHORA MISMO.

Todos los pensamientos de corrección parecen salir volando de mi cabeza mientras aprieto su virilidad suavemente sabiendo que ahora he cruzado una línea que nunca podré volver a saltar. No puedo levantar la vista. No quiero ver la conmoción absoluta y la incredulidad que probablemente aparezca en sus ojos.

Parece que estoy en el cuerpo de otra persona cuando lentamente caigo de rodillas frente a él. Todavía sin levantar la vista, empiezo a tirar hacia abajo de la cintura elástica de sus pantalones cortos. Mientras lo hago y los dejo caer hasta sus tobillos, su polla dura sale y casi me da una bofetada en la cara. Por un momento me siento un poco débil e insegura porque sé lo mal que está esto. No sé qué hago, qué es lo que estoy pensando, qué demonios hago con mi hijo en esta situación como madre. Pero la vista de su gran polla dura balanceándose frente a mi cara aleja esos sentimientos. Sin duda alguna, es la polla más hermosa, dura y gruesa que he visto en mi puñetera vida. Y no hay duda que su presencia hace salir a la Ana más puta, esa Ana que sólo conoce mi marido y algún que otro noviete hace años. Es la Ana sucia, la que no tiene medida sexual, la que quiere tener las riendas y hacer lo que quiere hacer para dar el placer que necesita.
 
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