Ricardo empujó la puerta con el pie y entró a su casa. Tenía las manos ocupadas; llevaba una bolsa grande, un paquete de pañales y dos bolsas con la comida. Dejó los paquetes en la mesa de la cocina.
Después de protestar volvió a la cama mientras Leo todavía lloraba. Ricardo estuvo de pie allí por un momento bajo la suave luz de la alcoba. Su mamá estaba agotada pero estaba despierta. Ella era una persona fuerte, alguien quien raramente se quejaba. Era todavía muy joven, sólo tenía 32 años y ya esperaba esa felicidad que calmaría su vida. Sus ojos eran chispeantes, llenos de vida, sus cabellos eran color castaño oscuro ondulados hasta un poco más debajo de los hombros, y tenía una figura que los hombres encontraban muy atractiva. Claro, no tenía pretendientes, pero el problema, era que cuando ella encontraba a alguien, siempre era de muy mala clase.
Ricardo miró a su Mamá mientras dormía. Se veía bella sin maquillaje, con sus cabellos enredados y un bello pero viejo vestido. Al mirarla, se dio cuenta de que los botones de enfrente de su vestido se abrieron y un pezón café grande y mojado se destacaba. Ricardo sintió una súbita llamarada de vergüenza y se fue rápidamente.
Mamá había estado probando sin éxito darle pecho a Leo a la hora de su alimento. Contrario a la opinión popular que no hay nada malo en los bebés que no quieren mamar. Su médico, le explicó a mi madre muchos factores que podrían estar mal, incluso la dieta de mamá.
Afortunadamente, casi todos los bebés que son amamantados con este problema tienen una solución, una botella o biberón. Mamá estaba acongojada, con el sentimiento de haber fracasado como madre. Al no poder alimentarlo. Ricardo en secreto, hallaba la idea de que su madre amamantara a su hermano, muy excitante. Desde la pubertad, que tenía fascinación con los pechos femeninos. A los 16 años, su vida sexual se remitía a experiencias muy vagas, como manosear a una compañera de curso en el sótano de su casa. Ahí unas pocas veces había dejado resbalar su mano en el sostén de Carmen. Cuando le intentó quitar su sostén, ella protestó, y se fue del lugar.
Carmen era un poco delgada pero tenía unas tetas muy apetecibles. En todo caso Carmen no era nada comparada a la madre de Ricardo. Su madre pese a ser delgada, tenía unos pechos grandes, y pesados. En secreto, Ricardo había buscado en el cuarto de la lavandería uno de los sostenes de su madre. Avergonzado y excitado Ricardo leyó la marchita etiqueta en el sostén de su madre "38C". Esperando que su madre no se diera cuenta, escondió el sostén debajo de su colchón, para verlo de vez en cuando.
Ricardo, en sus ratos libres se enfocó en lecturas de su tema favorito, los pechos femeninos. Sabía que los pechos de las mujeres podrían aumentar más de dos tallas de la copa durante el embarazo; y, él estaba bastante seguro, de que el nuevo sostén de lactancia que su madre había comprado, era un increíble "38DD". Ricardo quería saber por qué usó ese tamaño en lugar de "E", pero él decidió que éste quedara como otro de los muchos misterios privados de las mujeres .
Recordó cómo fue el embarazo de su Mamá, Roger su novio de la época vivía con ellos. Era un hombre muy desagradable que visitaba periódicamente la casa y él vivía enojado con el mundo. Una noche Roger vino tarde al hogar y golpeó duramente a mi Mamá en la cara porque la comida estaba fría. Ricardo trató de intervenir, pero Roger lo tiró del cuarto.
Luego de unos meses, mi madre descubrió que estaba embarazada. Roger se puso muy feliz y le dijo a mamá que ahora se podrían casar. Pero en la noche Roger no llegó a casa. Ella lo llamó a su trabajo pero este había desaparecido.
Mamá estaba, por supuesto, angustiada. Antes había sido abandonada, pero ahora, estaba embarazada. El propio padre de Ricardo se había largado de la casa luego de que este naciera, pero por lo menos él y su mamá se habían casado. Mamá se puso a llorar en los hombros de Ricardo. Él la abrazó y le dijo a su Mamá que no se preocupara por nada. No necesitaban otro hombre en la casa. Ricardo sería el hombre de la casa. Y así fue, él ayudó a su Mamá. Se encargó de la casa y su limpieza, de hacer las compras de los comestibles.
Cuando su Mamá partía a la clínica para tener a su bebe, Ricardo le ofreció ser el chofer del auto, pero la hermana de su madre, la tía Victoria, dijo que no era apropiado y tomó su lugar como chofer.
Mamá estaba bien, su cara estaba muy radiante y con ganas de vivir, y su cuerpo delgado floreció proporcionando unos pechos grandes que llegaron a ser más pesados y más llenos aún.
La operación se realizó con cesárea. Solo a la tía Victoria se le permitió estar con la madre.
Ricardo estaba muy tenso cuando la enfermera le anunció que ahora tenía un hermano pequeño y saludable, de 4.28 Kg. La enfermera lo llevó a la habitación donde se alojaba su madre. Llegó y se tiró en la cuna del pequeño. Besó a su Mamá en la frente.
Abrió la puerta de la alcoba de su Mamá. Se sorprendió al ver a su madre sentada desnuda en su cama. Su vestido color crema, su favorito para estar en la casa, estaba muy mojado por la leche que derramó. Estaba arrugado y puesto como una pelota en el suelo. Su madre llevaba sólo calzón y sostén. El ala flexible en cada copa del sostén estaba abierta, mostrando los pechos de su madre pesados e hinchados.
Los pezones eran luminosamente café/rojizos. De ellos goteaba algo de leche. La figura de mamá se veía muy voluptuosa. A Ricardo le creció inmediatamente su duro miembro excitado.
Casi como en un sueño, Ricardo se subió en la cama junto a su madre. Le tiró del pecho a ella. Su pezón era luminosamente café con un brilló con la leche que goteaba hacia fuera. Ella lo tomó por la nuca y suavemente se lo acercó a su pecho. Un duro pezón rozó contra sus labios y soltó más fluido. Abrió su boca instintivamente y recogió el pezón. Saboreó la dulzura de la leche. El pecho estaba pesado con mucha leche. Él chupó, y de repente se sorprendió del chorro de leche que llenó su boca. La leche de su madre era como leche de vaca, excepto que era más delgada y más dulce. Él saboreó la leche tibia, esta comenzó a inundar su boca y goteo hacia su mentón y comenzó a bajar a su pecho. Tragó rápidamente la leche de su madre para así detener la inundación en su boca, pero descubrió que esa acción causó que más leche fluyera de la teta de su madre. Chupó más fuerte, bebía hasta el fondo del fluido de vida. Al rato, Ricardo noto como la hinchazón del pecho disminuía despacio. Su cuerpo se comenzó a relajar, mientras chupaba el otro pezón la leche comenzó a gotear nuevamente hacia su mejilla.
Cuando salió de la escuela se detuvo a charlar con Carmen y algunos de sus compañeros. Luego se acordó que debía llegar pronto a casa, cuando finalmente llegó vio que todo estaba oscuro salvo la alcoba de su madre. Él caminó a la puerta abierta de su madre. Sentada en la cama, ella llevaba la misma bata blanca, le sonrió al verlo dentro. Él también le sonrió, nervioso como siempre.
Él continuó su juego y cuando se le agotó un pecho, automáticamente cambió al otro. Un chorro de leche caluroso llegó a su boca en cuanto su boca sujetó el pezón. El podía sentir como se construía la excitación en él y en su mamá. Apretaron sus cuerpos el uno contra el otro. Ambos se retorcían inconscientemente, apretándose mutuamente por las caderas. Ella apretó la erección palpitante de su hijo. Ricardo finalmente agotó el segundo pecho de su mamá, pero no se detuvo, porque ahora ambos se empujaban rítmicamente el uno contra el otro.
Enloquecido por la excitación, Ricardo deslizó su mano hacia las bragas de sus madre. Su madre rápidamente agarró su mano y lo tiró lejos. Asustado ya que había ido demasiado lejos con su madre, Ricardo comenzó a retirarse, pero ella lo atrajo nuevamente. Ella lo había parado al igual que Carmen, pero se devolvió a chupar más duro las tetas de su madre y permitió que sus dientes rasparan muy ligeramente el pezón de su mamá.
- Oh, Ricardo… Ricardo.. Ricardo…
Las caderas de su madre dieron unos fuertes tirones. Su madre entró en una profunda excitación. Él se acercó a su madre y entró en un clímax estremecedor.
Ricardo se tiró en su cama. Se masturbó fuertemente, estaba fantaseando sin tapujos con su madre. Eyaculo, más semen del que nunca había eyaculado. Al rato se durmió
Ricardo comenzó a despertarse. Sintió un beso, luego otro beso. Abrió sus ojos y vio a su madre frente a su cara. Se dio cuenta de que su verga estaba dura y pegajosa fuera de sus pantalones. Él trató de ocultar la erección, para que su mamá no la viera.
Él fue directamente al pecho de su madre y comenzó a chupar. Eficazmente, presiono y noto que el cuerpo de su madre se relajaba contra él. Le raspó el pezón con su lengua, mientras continuaba alimentándose de su madre. Instintivamente, su madre abrió sus piernas y comenzó a retorcerse.
El se arrimó aún más al cuerpo de su mamá. Su pene resbaló fuera de su pijama y lo apretó contra la frialdad de los calzones de su madre. Se preparó a retirarlo, pero su madre no mostró resistencia. Con ambas manos apretó la teta de su madre y engullo el chorro de leche en su boca. Ambos estaban excitados.
Animado por su madre retorciéndose del placer, acerco la pierna de su madre. Despacio, tiró al elástico. Estaba listo para sacar su mano si su madre mostraba la mínima resistencia, pero continuaba retorciéndose contra él sin darse cuenta de nada. Él empujó su verga en los calzones de su madre.
El elástico resistía firme contra su pene, pero no era una sensación desagradable. La punta de su verga halló la entrada a la concha de su madre. Estaba húmeda y emanaba un caluroso y maravilloso olor.
Se detuvo a pensar si realmente quería seguir con esto. “¿Quería hacer esto realmente? ¿Estaba listo para esto?”. Mordió el pezón mientras continuaba chupando la leche de su madre. Ella estaba jadeando y envolvió sus piernas alrededor de él. No estaba seguro pero ella lo estaba alentando a seguir. Quizás por la calentura, su madre no se percató de lo que ocurría. Ricardo no sabía cómo revertir la situación. Estaba agitado y todo le sudaba. Estaba confundido, pero decidió seguir adelante.
No podía seguir con su vida sin conocer, sin adentrarse en los misterios de su madre después de haber llegado tan lejos.
Ricardo empujó ligeramente y sintió como resbalaba en la concha su madre, como si tuviera mantequilla. Era muy fácil, y esto cambiaría para siempre su relación con su madre. Todo lo que habían hecho previamente era grande e inocente. Lo necesito para chupar su leche y así ayudarla a evitar las molestias. Si ellos se entregaban al placer, no tendrían ninguna vergüenza. A pesar de lo caliente de la situación, todavía actuaban como madre e hijo. Ahora, con un solo movimiento habían cruzado la línea de madre e hijo para ser amantes. Y nadie quería revertir lo ocurrido.
Ambos descansaron un minuto. Ahora los dos sabían que ya no tenían vuelta atrás. Su madre, entonces, agarró el trasero de su hijo. Lo tiró a su vagina que resbaló de todas formas dentro de ella. El sentimiento era indescriptible. Estaba como un guante de terciopelo firme, húmedo, caliente, que tiernamente cobijaba su verga.
La fricción envió calor a sus cuerpos. Supo que su madre sentía lo mismo porque sintió los empujones al arquear sus caderas. ¿Estaban realmente cogiendo?.
Lo que él había leído mencionaba problemas con respecto al sexo. Él había pensado lo desesperadamente complicado que podía ser el sexo, pero nada podría ser tan natural como culiar con su madre.
Esa mañana el sol despertó a Ricardo. Estaba muy desorientado. Vio a su alrededor y recordó que estaba en el cuarto de su madre. Vio a su madre desnuda durmiendo a su lado. Entró en un profundo pánico.
Su madre se vistió con un vestido blanco, y vino a la mesa de la cocina llevando a Leo. En el desayuno había un silencio casi sepulcral. El trató de ocupar el tiempo viendo su celular, mientras su Mamá le daba de comer a Leo y sé servía una taza de café. Ricardo miró el reloj.
Su mamá estaba sentada en la cama esperándolo. Como antes, ella tenía el sostén de la lactancia con las alas flexibles abiertas para así exponer sus hinchados pechos. Ahora estaba desnuda salvo por el sostén de la lactancia que disimulaba su desnudez. Él se acerco y con sus ojos Ricardo rastreó el contorno de las piernas lisas de su madre, podia identificar el negro y abundante vello púbico de su madre. Ella miró a Ricardo un poco temerosa y seductora a la vez.
Más tarde cambiaron las tácticas amatorias que hasta el momento utilizaban. Ellos follaron freneticamente logrando un orgasmo violento. Durante toda la noche se despertaban y volvían a la acción. En la mañana se encontraban exhaustos pero de igual forma comenzaron el día culiando.
Unos días más tarde llegó a la alcoba de su madre. Ricardo y su madre no podían estar separados mucho tiempo el uno del otro. Ellos hacían el amor cada cuatro horas por lo cual necesitaban experiencias nuevas. Probaron de todo y estaban constantemente en el hallazgo de maneras nuevas de excitar al otro. Entonces introdujeron el sexo oral. Ricardo se puso como loco en cuanto su madre tomó su verga y la puso en su boca. Su mamá lo chupó con su lengua hasta que él disparó su carga en su boca, en un intenso orgasmo. Ricardo también probó el sexo oral en su mamá, cosa que no disfrutó particularmente, pero le gusto ver como se excitaba su madre ante esto.
Ricardo y su mamá también disfrutaban a la hora de ponerse lociones. Su madre debía usar una loción especial para evitar las estrías del embarazo en su cuerpo. Ella se dedicaba amablemente, durante horas, a frotar la cremosa loción en sus pechos hinchados, caderas cada vez más redondas y trasero. Acababan siempre follando durante varias sesiones. Una vez su madre engrasó el glande de su verga con gran cantidad de la loción. Luego ella se puso en cuatro patas para que él pudiera penetrar su ano.
Ricardo había oído acerca del sexo anal pero lo consideraba un poco brutal y pervertido. Pero él realmente no imaginaba el placer exquisito del ano firme de su madre. Cuando él empujó verga por el esfínter de su madre y penetró a su recto, el partió despacio para evitarle dolores a su madre, pero ella comenzó a gritar groserías que excitaron más a Ricardo que comenzó a perforar más fuerte a su madre. Finalmente entró un orgasmo intenso en el que bombeó todo el ano de su madre con su semen. Después de esa primera vez, el sexo anal llegó a ser uno de sus favoritos. Supo que a su mamá le dolía esa práctica, pero ese dolor era mínimo si comparaban el inmenso placer que les provocaba a ambos.
Su madre disfrutaba calentando a su hijo. Sabía de su fascinación con su ropa interior. Ella se ponía la ropa interior y se paseaba frente a su hijo, hasta que él la tomó por la cintura y la llevó a la cama. Ahora las tetas de su madre eran dos tallas más grandes, lo que por supuesto reforzó el efecto en Ricardo .
El inesperado juego con las tetas de su madre era una parte regular de su repertorio sexual. Frecuentemente Ricardo estaba acostado y su madre se sentaba encima de él con sus pechos colgando como péndulos encima de él. En esta posición ellos podían follar cómodamente y así Ricardo chupaba las tetas hinchadas de su madre. Él terminaba usualmente empapado de leche materna. Cuando Ricardo y su madre descubrieron los deleites de sexo anal, se dieron cuenta que podrían usar la misma posición. Ricardo pegaría su verga arriba del ano firme de su madre, mientras chupaba la leche de sus pechos. A ella también le gustaba mucho esta posición.
También en su eterna búsqueda del placer, la madre le dijo a Ricardo que se sentara encima de ella y pusiera su pene entre sus tetas.
Con ambas manos amasaba sus pechos y se masturbaba en su hendidura. Sus pechos eran pesados, llenos y con un calor moderado que era grato para su verga. Ricardo no sobrevivió a este éxtasis por mucho rato porque pronto le llegó otro orgasmo. Alarmado de repente, trató de mover su verga de su mamá; pero era demasiado tarde cuando disparó la nueva ola de semen cayó en la cara de su madre.
Ricardo estaba muy avergonzado por lo que pasó.
Sus vidas cambiaron para siempre, estaban tranquilos. Ahora ellos eran madre e hijo y amantes, mejores amigos y confidentes. La intensidad de su relación sexual los había asustado al principio. Ellos estaban siempre dispuestos a hacer el amor, en cualquier momento. Quizá esta intensidad es puramente del sexo entre una madre e hijo y son el origen real del incesto prohibitivo. Era una obsesión; una afición sexual podía seguir cambiando sus vidas. Ricardo y su madre sabían que debían controlar las pasiones dentro de casa e incluso fuera. Ricardo siguió en la escuela y con mejores notas, ya que sabía que cada día su madre lo esperaba como un premio por su agotadora jornada.
Su mamá insistió que tuviera relaciones con otras muchachas. Ella le recordó que se cansaría de ella cuando ella estuviera vieja y fea. De mala gana, estuvo de acuerdo y llamó por teléfono a Carmen, estaba feliz por la llamada y quedaron de salir a comer algo el sábado en la noche. La relación de Carmen con Ricardo era nada comparada a la profunda relación de esta con su madre. Y Carmen no se daba cuenta de esto.
El sábado por la noche Carmen llevó a Ricardo a una colina cercana a la ciudad. Él empezó inmediatamente a manosear las tetas debajo de la ropa. Sus pechos, aunque eran grandes, jamás llegaron al nivel de las tetas de su madre. Ricardo la besó profundamente mientras ligeramente acariciaba su pezón con su mano. Luego le quitó la blusa a Carmen quedando esta en topless. Estudió su cuerpo mientras ella estaba roja de vergüenza. Luego de estar un mes acostándose con su madre, Carmen no le llegaba ni a los talones a su madre. Los pechos de ella, no eran tan exuberantes como los de su madre. Sus pezones eran de un ligero café y sus aureolas eran más redondeadas. Hicieron el amor debajo de unos árboles, mientras Ricardo pensaba, que con su madre él era un alumno, con Carmen, él era el maestro.
El cuerpo de su madre siempre lo excito, y provocaba que su miembro creciera duro. Desde que era un niño utilizo cada oportunidad fortuita en que pudiese ver el cuerpo de su Mamá. En su adolescencia comenzó a masturbarse para liberar la tensión de ver en secreto a su madre. Ya adultos ellos liberaron esa tensión juntos, en un acto caliente y maravilloso. Todas las otras relaciones palidecen ante la ardiente relación con su Mamá.
¡Nada se compara a culiar a su propia madre!. Pese a eso debían ser cuidadosos porque el mundo no aceptaría su relación. Él habitaba la casa con su madre, donde tenía su cuarto, pero en la realidad, ellos compartían la misma habitación, donde se ocultaban de la mirada castigadora del mundo. La diferencia de edad entre ellos, a ninguno de los dos parecía importarles. En lugar de que su pasión disminuyera con el tiempo, esta crecía hasta niveles insospechados. Lo que más provocaba a esta pareja era romper el tabú impuesto por la sociedad, la relación madre e hijo.
Ella se recuperó y se dio cuenta de que su pecho todavía colgaba fuera de su sostén.
- ¿Mamá? *grito pero no hubo ninguna respuesta*
Después de protestar volvió a la cama mientras Leo todavía lloraba. Ricardo estuvo de pie allí por un momento bajo la suave luz de la alcoba. Su mamá estaba agotada pero estaba despierta. Ella era una persona fuerte, alguien quien raramente se quejaba. Era todavía muy joven, sólo tenía 32 años y ya esperaba esa felicidad que calmaría su vida. Sus ojos eran chispeantes, llenos de vida, sus cabellos eran color castaño oscuro ondulados hasta un poco más debajo de los hombros, y tenía una figura que los hombres encontraban muy atractiva. Claro, no tenía pretendientes, pero el problema, era que cuando ella encontraba a alguien, siempre era de muy mala clase.
Ricardo miró a su Mamá mientras dormía. Se veía bella sin maquillaje, con sus cabellos enredados y un bello pero viejo vestido. Al mirarla, se dio cuenta de que los botones de enfrente de su vestido se abrieron y un pezón café grande y mojado se destacaba. Ricardo sintió una súbita llamarada de vergüenza y se fue rápidamente.
Mamá había estado probando sin éxito darle pecho a Leo a la hora de su alimento. Contrario a la opinión popular que no hay nada malo en los bebés que no quieren mamar. Su médico, le explicó a mi madre muchos factores que podrían estar mal, incluso la dieta de mamá.
Afortunadamente, casi todos los bebés que son amamantados con este problema tienen una solución, una botella o biberón. Mamá estaba acongojada, con el sentimiento de haber fracasado como madre. Al no poder alimentarlo. Ricardo en secreto, hallaba la idea de que su madre amamantara a su hermano, muy excitante. Desde la pubertad, que tenía fascinación con los pechos femeninos. A los 16 años, su vida sexual se remitía a experiencias muy vagas, como manosear a una compañera de curso en el sótano de su casa. Ahí unas pocas veces había dejado resbalar su mano en el sostén de Carmen. Cuando le intentó quitar su sostén, ella protestó, y se fue del lugar.
Carmen era un poco delgada pero tenía unas tetas muy apetecibles. En todo caso Carmen no era nada comparada a la madre de Ricardo. Su madre pese a ser delgada, tenía unos pechos grandes, y pesados. En secreto, Ricardo había buscado en el cuarto de la lavandería uno de los sostenes de su madre. Avergonzado y excitado Ricardo leyó la marchita etiqueta en el sostén de su madre "38C". Esperando que su madre no se diera cuenta, escondió el sostén debajo de su colchón, para verlo de vez en cuando.
Ricardo, en sus ratos libres se enfocó en lecturas de su tema favorito, los pechos femeninos. Sabía que los pechos de las mujeres podrían aumentar más de dos tallas de la copa durante el embarazo; y, él estaba bastante seguro, de que el nuevo sostén de lactancia que su madre había comprado, era un increíble "38DD". Ricardo quería saber por qué usó ese tamaño en lugar de "E", pero él decidió que éste quedara como otro de los muchos misterios privados de las mujeres .
Recordó cómo fue el embarazo de su Mamá, Roger su novio de la época vivía con ellos. Era un hombre muy desagradable que visitaba periódicamente la casa y él vivía enojado con el mundo. Una noche Roger vino tarde al hogar y golpeó duramente a mi Mamá en la cara porque la comida estaba fría. Ricardo trató de intervenir, pero Roger lo tiró del cuarto.
- Por favor, Roger, Basta!!! Ricardo… solo salte de aquí.
- Ricardo, por favor. *suplicó la madre*
- Está bien, Ricardo. Por favor quédate fuera del cuarto. *le susurró*
Luego de unos meses, mi madre descubrió que estaba embarazada. Roger se puso muy feliz y le dijo a mamá que ahora se podrían casar. Pero en la noche Roger no llegó a casa. Ella lo llamó a su trabajo pero este había desaparecido.
Mamá estaba, por supuesto, angustiada. Antes había sido abandonada, pero ahora, estaba embarazada. El propio padre de Ricardo se había largado de la casa luego de que este naciera, pero por lo menos él y su mamá se habían casado. Mamá se puso a llorar en los hombros de Ricardo. Él la abrazó y le dijo a su Mamá que no se preocupara por nada. No necesitaban otro hombre en la casa. Ricardo sería el hombre de la casa. Y así fue, él ayudó a su Mamá. Se encargó de la casa y su limpieza, de hacer las compras de los comestibles.
Cuando su Mamá partía a la clínica para tener a su bebe, Ricardo le ofreció ser el chofer del auto, pero la hermana de su madre, la tía Victoria, dijo que no era apropiado y tomó su lugar como chofer.
Mamá estaba bien, su cara estaba muy radiante y con ganas de vivir, y su cuerpo delgado floreció proporcionando unos pechos grandes que llegaron a ser más pesados y más llenos aún.
La operación se realizó con cesárea. Solo a la tía Victoria se le permitió estar con la madre.
Ricardo estaba muy tenso cuando la enfermera le anunció que ahora tenía un hermano pequeño y saludable, de 4.28 Kg. La enfermera lo llevó a la habitación donde se alojaba su madre. Llegó y se tiró en la cuna del pequeño. Besó a su Mamá en la frente.
- Saluda a tu nuevo hermano pequeño, "Leo Gabriel".
- Uhhh, ¿Mamá? ¿Deseas que salga? *le dijo a nerviosamente*
- No seas tonto, Ricardo. Voy a probar alimentar a Leo solamente.
- Espero que tenga hambre. He estado incómoda últimamente desde que comencé a lactar.
- Probablemente está cansado... pruebo más tarde.
- El doctor dice que me podré ir a casa pasado mañana. *tomo tibiamente a Ricardo de la mano*
- Que bueno escucharlo.
- Gracias, Ricardo, por toda la ayuda que me has dado. Sé que ésta no fue una buena época para ti.
- No ha sido la mejor para ti Mamá, pero estaré siempre allí, por ti Mamá. *dijo él tiernamente*
- No te avergüences, Ricardo. *le dijo tibiamente, cuando ella se abotonaba su camisa de dormir*
- Qué dices Mamá.
- Conozco personalmente por experiencia acerca de la fascinación de los adolescentes con los pechos femeninos. *se rió*
- Amamantar niños es la cosa más natural en el mundo. Por favor no te pongas nervioso cuando alimente a Leo, ¿entendido?
- Está bien, Mamá. *cruzó sus piernas ligeramente para esconder su erección. Y rogó al cielo para que su madre no lo notara*
- Hola mamá, ¿está nublado?
- Sí. cariño… Probé alimentarlo de nuevo pero no tuve nada de suerte. *le dijo ella, tristemente*
- Dios, soy un enredo.
- Oh, lo siento, cariño.
- Uh, está bien mamá.
- Discúlpame nuevamente voy a limpiar arriba.
- Seguro, Mamá.
Abrió la puerta de la alcoba de su Mamá. Se sorprendió al ver a su madre sentada desnuda en su cama. Su vestido color crema, su favorito para estar en la casa, estaba muy mojado por la leche que derramó. Estaba arrugado y puesto como una pelota en el suelo. Su madre llevaba sólo calzón y sostén. El ala flexible en cada copa del sostén estaba abierta, mostrando los pechos de su madre pesados e hinchados.
Los pezones eran luminosamente café/rojizos. De ellos goteaba algo de leche. La figura de mamá se veía muy voluptuosa. A Ricardo le creció inmediatamente su duro miembro excitado.
- Ricardo, la bomba no funciona. *le dijo desesperadamente. No pareció importarle su desnudez y el efecto que esta producía en su hijo mayor*
- Mamá, quizás tiene un daño en el circuito interno.
- No puedo hacerlo, Mamá. Quizá debamos cambiarlo por otro en la clínica.
- ¡Está cerrada, Ricardo! La oficina cerró a las 3 de la tarde. *tiró la bomba y comenzó a llorar.*
- Mamá…
- Ricardo, soy un fracaso como una madre. No te preocupes por mí.
- Pero yo quiero… Mamá.
- Aún no puedo alimentar a mi propio bebé. No puedo hacer nada correctamente. *sollozó*
- El Doctor... lo dijo.
- Sé lo qué el Doctor dijo, Ricardo, pero todavía soy como un fracaso. Yo igual tengo que usar esta maldita máquina para bombearme y más encima la condenada no trabaja.
- Mamá, no llores. *se abrazó contra los pechos desnudos de sus mamá, que se apretaron pesadamente contra el suyo propio. Inmediatamente, retrocedió lejos*
- Ricardo ¡están goteando!" *le dijo ella desesperadamente*
- Quizá, debamos llamar a la oficina del doctor, Mamá."
- ¿Qué, Mamá?
- Ricardo, te alimenté cuando eras un bebé. No tenía ningún problema, te alimenté hasta que tenías nueve meses.
- ¿Mamá, qué dices?
- Ricardo, si no quieres hacer esto, créeme que lo entenderé. *lo miró casi suplicándole*
- Cariño, me creerías una loca si te pidiera que chuparas mi leche.
- Ricardo, eres mi hijo al igual que Leo. Por favor ayúdame…
- Mamá yo… *ahora su pene estaba dolorosamente duro y su boca muy seca*
- Por favor, Ricardo. Haz esto por mi.
- Mmm… sí, M-mamá. ¿Cómo lo vamos a hacer?
- Ven aquí, Bebé. *le dijo su madre, tiernamente*
Casi como en un sueño, Ricardo se subió en la cama junto a su madre. Le tiró del pecho a ella. Su pezón era luminosamente café con un brilló con la leche que goteaba hacia fuera. Ella lo tomó por la nuca y suavemente se lo acercó a su pecho. Un duro pezón rozó contra sus labios y soltó más fluido. Abrió su boca instintivamente y recogió el pezón. Saboreó la dulzura de la leche. El pecho estaba pesado con mucha leche. Él chupó, y de repente se sorprendió del chorro de leche que llenó su boca. La leche de su madre era como leche de vaca, excepto que era más delgada y más dulce. Él saboreó la leche tibia, esta comenzó a inundar su boca y goteo hacia su mentón y comenzó a bajar a su pecho. Tragó rápidamente la leche de su madre para así detener la inundación en su boca, pero descubrió que esa acción causó que más leche fluyera de la teta de su madre. Chupó más fuerte, bebía hasta el fondo del fluido de vida. Al rato, Ricardo noto como la hinchazón del pecho disminuía despacio. Su cuerpo se comenzó a relajar, mientras chupaba el otro pezón la leche comenzó a gotear nuevamente hacia su mejilla.
- Eso es, Ricardo. lo estas haciendo muy bien. *le dijo su mamá y besó su cabeza corriendo sus dedos por los cabellos de su hijo*
- Oh, Ricardo… *comenzó a gemir*
- Sigue así, Ricardo sigue… *gimió suavemente*
- ¡Oh, mi bebé! *ahora gimió ruidosamente*
- Oh. oh oh… *el cuerpo de su madre se agitaba como loca*
- ¿Ricardo? ¿Ricardo? Uh. *quedo allí casi catatónico en el calor del cuerpo de su madre*
- Mmm…
- Ricardo, pienso que debes levantarte ya. *dijo con su voz suave*
- Gracias, cariño. No sé qué haría sin ti.
- Ricardo ¿te podrías retirar mientras limpio todo aquí?
- Uh, seguro, Mamá.
- Y límpiate también.
- Uh, hola Mamá. ¡Ouch! *sin darse cuenta se quemó la mano en la cocina*
- ¿Estás bien Ricardo?" Tomó su mano y le dio un beso.
- Sí, estoy bien Mamá.
- Ricardo ¿estás molesto por lo que hicimos recién ? *le preguntó seriamente*
- Mmm… no sé, Mamá.
- Ricardo, tú me hiciste un favor. Yo estaba sufriendo porque la bomba no funcionaba.
- Lo que sea por ti.
- Tú... nosotros, no hicimos nada malo Ricardo, tu eres mi hijo al igual que Leo. Porque tu seas mayor no significa que este mal para ti y bien para el.
- Mira... sé que probablemente lo disfrutaste. ya te dije que yo conozco la fijación de los muchachos. *sonrió dulcemente*
- Entiendo mamá.
- Y te confieso que lo disfruté demasiado. La anatomía de una mujer se diseñó para que amamantemos. Ricardo, me ayudaste cuando lo requerí. Y el hecho de que disfrutemos de eso no significa que sea algo para estar avergonzado.
- Además, vamos a tener que hacerlo más tarde, en la noche. *a pesar de estar más tranquilo, su miembro volvió a ponerse duro*
- ¿Enserio mamá?
- Si, tenemos que ver de aquí para adelante… más tarde. *agregó su mamá con una indirecta seducción*
Cuando salió de la escuela se detuvo a charlar con Carmen y algunos de sus compañeros. Luego se acordó que debía llegar pronto a casa, cuando finalmente llegó vio que todo estaba oscuro salvo la alcoba de su madre. Él caminó a la puerta abierta de su madre. Sentada en la cama, ella llevaba la misma bata blanca, le sonrió al verlo dentro. Él también le sonrió, nervioso como siempre.
- Te he estado esperando, Hijo mío.
- Oh... Mamá. *él se escuchó y se sintió apenado por lo que había dicho. Viendo su nerviosismo, su madre sonrió*
- No te avergüences Ricardo. Ven con tu madre. *tomó su mano y lo llevó a su cama.
Él continuó su juego y cuando se le agotó un pecho, automáticamente cambió al otro. Un chorro de leche caluroso llegó a su boca en cuanto su boca sujetó el pezón. El podía sentir como se construía la excitación en él y en su mamá. Apretaron sus cuerpos el uno contra el otro. Ambos se retorcían inconscientemente, apretándose mutuamente por las caderas. Ella apretó la erección palpitante de su hijo. Ricardo finalmente agotó el segundo pecho de su mamá, pero no se detuvo, porque ahora ambos se empujaban rítmicamente el uno contra el otro.
Enloquecido por la excitación, Ricardo deslizó su mano hacia las bragas de sus madre. Su madre rápidamente agarró su mano y lo tiró lejos. Asustado ya que había ido demasiado lejos con su madre, Ricardo comenzó a retirarse, pero ella lo atrajo nuevamente. Ella lo había parado al igual que Carmen, pero se devolvió a chupar más duro las tetas de su madre y permitió que sus dientes rasparan muy ligeramente el pezón de su mamá.
- Oh, Ricardo… Ricardo.. Ricardo…
Las caderas de su madre dieron unos fuertes tirones. Su madre entró en una profunda excitación. Él se acercó a su madre y entró en un clímax estremecedor.
- Ohh… Mamá!!!
- ¿Estás bien, cariño?
- Sí, Mamá, estoy bien.
- Estuvo bueno, ¿no, Ricardo?
- Uy, sí Mamá.
- Estará bien si dices que te gusto. No hacíamos nada malo. *dijo su madre claramente*
- Sí, Mamá. A mí me gustó mucho.
Ricardo se tiró en su cama. Se masturbó fuertemente, estaba fantaseando sin tapujos con su madre. Eyaculo, más semen del que nunca había eyaculado. Al rato se durmió
Ricardo comenzó a despertarse. Sintió un beso, luego otro beso. Abrió sus ojos y vio a su madre frente a su cara. Se dio cuenta de que su verga estaba dura y pegajosa fuera de sus pantalones. Él trató de ocultar la erección, para que su mamá no la viera.
- Ricardo, es hora...
- Uh… ok, Mamá. *miró su reloj digital y vio la hora, 3:15am. Se levantó despacio*
- Te espero en mi alcoba, de acuerdo cariño.
Él fue directamente al pecho de su madre y comenzó a chupar. Eficazmente, presiono y noto que el cuerpo de su madre se relajaba contra él. Le raspó el pezón con su lengua, mientras continuaba alimentándose de su madre. Instintivamente, su madre abrió sus piernas y comenzó a retorcerse.
El se arrimó aún más al cuerpo de su mamá. Su pene resbaló fuera de su pijama y lo apretó contra la frialdad de los calzones de su madre. Se preparó a retirarlo, pero su madre no mostró resistencia. Con ambas manos apretó la teta de su madre y engullo el chorro de leche en su boca. Ambos estaban excitados.
- ¡¡¡Ricardo!!! *gritó ella,ruidosamente*
Animado por su madre retorciéndose del placer, acerco la pierna de su madre. Despacio, tiró al elástico. Estaba listo para sacar su mano si su madre mostraba la mínima resistencia, pero continuaba retorciéndose contra él sin darse cuenta de nada. Él empujó su verga en los calzones de su madre.
El elástico resistía firme contra su pene, pero no era una sensación desagradable. La punta de su verga halló la entrada a la concha de su madre. Estaba húmeda y emanaba un caluroso y maravilloso olor.
Se detuvo a pensar si realmente quería seguir con esto. “¿Quería hacer esto realmente? ¿Estaba listo para esto?”. Mordió el pezón mientras continuaba chupando la leche de su madre. Ella estaba jadeando y envolvió sus piernas alrededor de él. No estaba seguro pero ella lo estaba alentando a seguir. Quizás por la calentura, su madre no se percató de lo que ocurría. Ricardo no sabía cómo revertir la situación. Estaba agitado y todo le sudaba. Estaba confundido, pero decidió seguir adelante.
No podía seguir con su vida sin conocer, sin adentrarse en los misterios de su madre después de haber llegado tan lejos.
Ricardo empujó ligeramente y sintió como resbalaba en la concha su madre, como si tuviera mantequilla. Era muy fácil, y esto cambiaría para siempre su relación con su madre. Todo lo que habían hecho previamente era grande e inocente. Lo necesito para chupar su leche y así ayudarla a evitar las molestias. Si ellos se entregaban al placer, no tendrían ninguna vergüenza. A pesar de lo caliente de la situación, todavía actuaban como madre e hijo. Ahora, con un solo movimiento habían cruzado la línea de madre e hijo para ser amantes. Y nadie quería revertir lo ocurrido.
Ambos descansaron un minuto. Ahora los dos sabían que ya no tenían vuelta atrás. Su madre, entonces, agarró el trasero de su hijo. Lo tiró a su vagina que resbaló de todas formas dentro de ella. El sentimiento era indescriptible. Estaba como un guante de terciopelo firme, húmedo, caliente, que tiernamente cobijaba su verga.
- ¡Ricardo! ¡Oh, mi pequeño bebé!
La fricción envió calor a sus cuerpos. Supo que su madre sentía lo mismo porque sintió los empujones al arquear sus caderas. ¿Estaban realmente cogiendo?.
Lo que él había leído mencionaba problemas con respecto al sexo. Él había pensado lo desesperadamente complicado que podía ser el sexo, pero nada podría ser tan natural como culiar con su madre.
- Ricardo… cariño mio…
- ¡¡¡Mamá!!!! *trató de advertirle. Pero era muy tarde. Entró en una violenta erupción, eyaculando dentro de su madre*
- Oh… ¡¡¡Ricardo!!!" *su madre envolvió sus piernas alrededor de él, y empujó sus caderas de un lado a otro contra él*
- Ah… ah… ¡Mamá, estuvo increíble!
- Ricardo... *su lamento disminuye en un suave gemido*
Esa mañana el sol despertó a Ricardo. Estaba muy desorientado. Vio a su alrededor y recordó que estaba en el cuarto de su madre. Vio a su madre desnuda durmiendo a su lado. Entró en un profundo pánico.
- ¿Qué hice? ¿Qué hago ahora?
- Hola, Ricardo.
- Hola, Mamá. Este… Mamá… perdón… *su madre le apretó sus labios. con su dedo*
- No te disculpes, cariño. Yo debí saber que esto pasaría. Además lo pasé muy bien... esto lo anhelaba mucho. *acarició su mejilla*
- Enserio mamá, yo igual.
- Estuvo increíble, Ricardo. Mejor de lo que yo habría pensado jamás. Pero no podemos permitir que esto pase de nuevo.
- Estás equivocada. Has hecho tanto por mí y ahora debo yo…
- Ricardo, nunca más discutiremos esto de nuevo, ¿por favor? *dijo firmemente*
- Ahora, Ricardo por favor retírate para que me pueda vestir, ¿quieres?
Su madre se vistió con un vestido blanco, y vino a la mesa de la cocina llevando a Leo. En el desayuno había un silencio casi sepulcral. El trató de ocupar el tiempo viendo su celular, mientras su Mamá le daba de comer a Leo y sé servía una taza de café. Ricardo miró el reloj.
- Mamá, mejor me voy. Llegaré tarde a la escuela.
- Ricardo, vente rápido cuando termines. *miró a su madre muy confundido*
- Tienes que ocuparte... el pecho, "Tú sabes".
- Ah, sí, mamá; cuenta con ello.
- A menos que quieras traerme otra bomba de la clínica.
- M-mamma, voy atrasado. *Ricardo tartamudeó*
- Ok, puedes recogerla cuando quieras, pero te necesito.
- Sí, Mamá, seguro.
- Pero como ayer, Ricardo... no como la noche pasada.
- Sí, seguro mamá.
Su mamá estaba sentada en la cama esperándolo. Como antes, ella tenía el sostén de la lactancia con las alas flexibles abiertas para así exponer sus hinchados pechos. Ahora estaba desnuda salvo por el sostén de la lactancia que disimulaba su desnudez. Él se acerco y con sus ojos Ricardo rastreó el contorno de las piernas lisas de su madre, podia identificar el negro y abundante vello púbico de su madre. Ella miró a Ricardo un poco temerosa y seductora a la vez.
- ¿Sorprendido? Ricardo, no sé si lo qué hicimos estuvo correcto o no, pero se que no queremos que termine. *Su madre se incorporó en la cama,lo que causó que sus pechos se movieran de forma muy sensual *
- Si…
- He hecho todo tipo de cosas en la casa pero solo pienso en ti Ricardo…
- Mamá… yo…
- Dios ayúdame, no quiero que dejemos de estar juntos. *ella comenzó a llorar*
- Esperate…
- Mi vida es un enredo, y ahora enrede tu vida...
- ¡No... no, mamá! *protestó él*
- Desearía saber si está mal acostarme con mi propio hijo. Debe ser malo, pero estuvo tan bien, y no solo la parte física... *Lo miró como suplicándole*
- Ahh… *estaba aturdido ante impactante confesión*
- Ricardo, si no quieres entenderé, pero por favor… no pienses mal de tu madre…
- Oh, Ricardo… *gimió cuando sintió la presión en su pecho.*
- Oh, Mamá…
- Vamos, Ricardo, follame. *dijo su madre en un gemido muy caliente*
- Vamos cariño, follate bien a mamá.
- Mamá… Mamá… Mamá!!! *se oyó gritar involuntariamente*
- Dios… Eso fue maravilloso, Ricardo. *su madre sonrió*
- Si, fue increíble…
- Fue fantástico y no nos debemos sentir culpables.
- Te amo Mamá. *Abrazó a su madre ávidamente*
- Yo también te amo demasiado, Ricardo. Oh, deseo hacerlo una vez más, pero tienes que volver a la escuela.
- Podrías llamar y decir que tengo fiebre. *Sonrío maliciosamente a su madre*
- No, Ricardo. No podemos permitir que esto cambie el orden en nuestras vidas. Además, tenemos el resto de la noche para seguir con esto. *le dio un beso a Ricardo mientras acariciaba su cabello*
- Esta noche… *Se mentalizo él*
- ¿Ricardo? *su maestro le hablaba*
- Uh… ¿podría repetir la pregunta, Profe?
- ¿Por qué me evitas? ¿Hay otra chica acaso? *le preguntó Carmen*
- No, Carmen no. He estado ocupado con mi madre. Está muy ocupada con el nuevo bebé.
- Por supuesto, Ricardo, me siento tan tonta. ¿Cómo está tu madre?
- Pues, mucho mejor. Estoy tratando de ayudarla lo más que pueda.
- Cualquier cosa que necesites de mí, solo pidemela, Ricardo.
- Gracias, Carmen. Hablaremos más tarde, Ok.
Más tarde cambiaron las tácticas amatorias que hasta el momento utilizaban. Ellos follaron freneticamente logrando un orgasmo violento. Durante toda la noche se despertaban y volvían a la acción. En la mañana se encontraban exhaustos pero de igual forma comenzaron el día culiando.
Unos días más tarde llegó a la alcoba de su madre. Ricardo y su madre no podían estar separados mucho tiempo el uno del otro. Ellos hacían el amor cada cuatro horas por lo cual necesitaban experiencias nuevas. Probaron de todo y estaban constantemente en el hallazgo de maneras nuevas de excitar al otro. Entonces introdujeron el sexo oral. Ricardo se puso como loco en cuanto su madre tomó su verga y la puso en su boca. Su mamá lo chupó con su lengua hasta que él disparó su carga en su boca, en un intenso orgasmo. Ricardo también probó el sexo oral en su mamá, cosa que no disfrutó particularmente, pero le gusto ver como se excitaba su madre ante esto.
Ricardo y su mamá también disfrutaban a la hora de ponerse lociones. Su madre debía usar una loción especial para evitar las estrías del embarazo en su cuerpo. Ella se dedicaba amablemente, durante horas, a frotar la cremosa loción en sus pechos hinchados, caderas cada vez más redondas y trasero. Acababan siempre follando durante varias sesiones. Una vez su madre engrasó el glande de su verga con gran cantidad de la loción. Luego ella se puso en cuatro patas para que él pudiera penetrar su ano.
Ricardo había oído acerca del sexo anal pero lo consideraba un poco brutal y pervertido. Pero él realmente no imaginaba el placer exquisito del ano firme de su madre. Cuando él empujó verga por el esfínter de su madre y penetró a su recto, el partió despacio para evitarle dolores a su madre, pero ella comenzó a gritar groserías que excitaron más a Ricardo que comenzó a perforar más fuerte a su madre. Finalmente entró un orgasmo intenso en el que bombeó todo el ano de su madre con su semen. Después de esa primera vez, el sexo anal llegó a ser uno de sus favoritos. Supo que a su mamá le dolía esa práctica, pero ese dolor era mínimo si comparaban el inmenso placer que les provocaba a ambos.
Su madre disfrutaba calentando a su hijo. Sabía de su fascinación con su ropa interior. Ella se ponía la ropa interior y se paseaba frente a su hijo, hasta que él la tomó por la cintura y la llevó a la cama. Ahora las tetas de su madre eran dos tallas más grandes, lo que por supuesto reforzó el efecto en Ricardo .
El inesperado juego con las tetas de su madre era una parte regular de su repertorio sexual. Frecuentemente Ricardo estaba acostado y su madre se sentaba encima de él con sus pechos colgando como péndulos encima de él. En esta posición ellos podían follar cómodamente y así Ricardo chupaba las tetas hinchadas de su madre. Él terminaba usualmente empapado de leche materna. Cuando Ricardo y su madre descubrieron los deleites de sexo anal, se dieron cuenta que podrían usar la misma posición. Ricardo pegaría su verga arriba del ano firme de su madre, mientras chupaba la leche de sus pechos. A ella también le gustaba mucho esta posición.
También en su eterna búsqueda del placer, la madre le dijo a Ricardo que se sentara encima de ella y pusiera su pene entre sus tetas.
- Mmmm… A mí me gusta esto, Mamá. Dios… que delicia… ya no aguanto mas..
Con ambas manos amasaba sus pechos y se masturbaba en su hendidura. Sus pechos eran pesados, llenos y con un calor moderado que era grato para su verga. Ricardo no sobrevivió a este éxtasis por mucho rato porque pronto le llegó otro orgasmo. Alarmado de repente, trató de mover su verga de su mamá; pero era demasiado tarde cuando disparó la nueva ola de semen cayó en la cara de su madre.
Ricardo estaba muy avergonzado por lo que pasó.
- Disculpa, Mamá…
- No, hijo. No te preocupes. *lo dijo con una sonrisa que calentó su corazón*
- Es que fue demasiado para mi.
- Tranquilo, además debe ser bueno para la piel. *dijo mientras frotaba el semen en su cara*
- Hola, mi niño.
- Mmmm… subamos a la alcoba, Ricardo.
- No. Tengo una idea mejor, Mamá.
- Oooh, Ricardo…
- ¡Brrr! Qué intenso eres.
- Todo para usted, Mamita querida.
- Ricardo, hazlo… Hazlo por el culo de tu madre. *dijo ella muy caliente*
- ¡Oh, Mamá!
- A Usted le gusta esto, verdad Mamá. *empujaba más duro ahora*
- Oh! Oh! Oh! *ella gruño al sentir la enorme verga en su ano*
Sus vidas cambiaron para siempre, estaban tranquilos. Ahora ellos eran madre e hijo y amantes, mejores amigos y confidentes. La intensidad de su relación sexual los había asustado al principio. Ellos estaban siempre dispuestos a hacer el amor, en cualquier momento. Quizá esta intensidad es puramente del sexo entre una madre e hijo y son el origen real del incesto prohibitivo. Era una obsesión; una afición sexual podía seguir cambiando sus vidas. Ricardo y su madre sabían que debían controlar las pasiones dentro de casa e incluso fuera. Ricardo siguió en la escuela y con mejores notas, ya que sabía que cada día su madre lo esperaba como un premio por su agotadora jornada.
Su mamá insistió que tuviera relaciones con otras muchachas. Ella le recordó que se cansaría de ella cuando ella estuviera vieja y fea. De mala gana, estuvo de acuerdo y llamó por teléfono a Carmen, estaba feliz por la llamada y quedaron de salir a comer algo el sábado en la noche. La relación de Carmen con Ricardo era nada comparada a la profunda relación de esta con su madre. Y Carmen no se daba cuenta de esto.
El sábado por la noche Carmen llevó a Ricardo a una colina cercana a la ciudad. Él empezó inmediatamente a manosear las tetas debajo de la ropa. Sus pechos, aunque eran grandes, jamás llegaron al nivel de las tetas de su madre. Ricardo la besó profundamente mientras ligeramente acariciaba su pezón con su mano. Luego le quitó la blusa a Carmen quedando esta en topless. Estudió su cuerpo mientras ella estaba roja de vergüenza. Luego de estar un mes acostándose con su madre, Carmen no le llegaba ni a los talones a su madre. Los pechos de ella, no eran tan exuberantes como los de su madre. Sus pezones eran de un ligero café y sus aureolas eran más redondeadas. Hicieron el amor debajo de unos árboles, mientras Ricardo pensaba, que con su madre él era un alumno, con Carmen, él era el maestro.
- Ricardo, estás cambiado, como si hubieras madurado más ¿no habrás estado con otra chica?
- “Sólo mi madre” *sonrió ante su chiste privado*
- Estaba asustada de que estuvieras con otra.
- ¿Pues, cómo estuvo la cita?
- Estuvo bien, Mamá. *dijo él de manera muy tosca*
- ¿Le hiciste al amor verdad?
- Sí, Mamá, pero yo no quiero hablar de eso.
- ¿Ella es tan buena como yo?
- Nadie es tan buena como tú, Mamá. Nadie.
- Nadie se te iguala, Mamá. Eres irremplazable. *dijo él mientras jugaba con los pechos de su madre*
El cuerpo de su madre siempre lo excito, y provocaba que su miembro creciera duro. Desde que era un niño utilizo cada oportunidad fortuita en que pudiese ver el cuerpo de su Mamá. En su adolescencia comenzó a masturbarse para liberar la tensión de ver en secreto a su madre. Ya adultos ellos liberaron esa tensión juntos, en un acto caliente y maravilloso. Todas las otras relaciones palidecen ante la ardiente relación con su Mamá.
¡Nada se compara a culiar a su propia madre!. Pese a eso debían ser cuidadosos porque el mundo no aceptaría su relación. Él habitaba la casa con su madre, donde tenía su cuarto, pero en la realidad, ellos compartían la misma habitación, donde se ocultaban de la mirada castigadora del mundo. La diferencia de edad entre ellos, a ninguno de los dos parecía importarles. En lugar de que su pasión disminuyera con el tiempo, esta crecía hasta niveles insospechados. Lo que más provocaba a esta pareja era romper el tabú impuesto por la sociedad, la relación madre e hijo.
- Tengo que ir al trabajo.
- Voy a llegar tarde. *dijo algo molesta*
- No. Voy a llegar tarde, a la noche jugamos.
- Oh… *gimió. Su boca estaba abierta ahora*
- Vamos se que lo quieres.
- Entremos a la alcoba. *dijo ella en total excitación*
- No. Aquí mismo.
- ¿Delante del cuarto de baño? Esto es nuevo.
- Ouch. Espera un minuto.
- Voy tarde al trabajo así que hagámoslo rápido.
- No cariñoooooooo… Estoy todavía herida de la última vez. Por favor…
- Estás como una perra caliente Mamá.
- Dilo puta, dilo. *dijo cruelmente mientras pellizcaba su pezón*
- Follame… Follame por el culo. *dijo su madre. Era un nuevo juego que ambos tenían*
- Ohhh…
- Mamá. Usted es una perra.
- Oh! Oh! Oh! es demasiado para mi cariño…
- Oh! Oh! Eres un hijodeputaaaaaaaa… Oh..
- Ahhh… ya no puedo más… *el fuerte orgasmo de su madre hizo que descargara el semen dentro de su ano*
- Te amo Mamá. Lo siento por ser tan brusco. *susurró él un poco arrepentido*
- Yo también… te amo demasiado, cariñito. *le respondió agitada y con una dulce sonrisa*
Ella se recuperó y se dio cuenta de que su pecho todavía colgaba fuera de su sostén.
- No te hagas ideas. Ahora si que voy tarde al trabajo.
- ¿Qué voy a decir en mi trabajo?
- Sólo diles que estabas haciendo el amor con tu hijo.*dijo Ricardo en broma*
- Esa excusa no sirve hijo… pero es muy ingeniosa de tu parte. *se besaron profundamente*
- Oh, Mamá… ¡Te amaré por siempre!