Mi Juan, mi Amor

heranlu

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Ago 31, 2007
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Me estaba arreglando para ir a casa de mi abuelo. Era su cumpleaños y como todos los años se hacía un festejo grande entre parientes. Tengo una familia numerosa. Desde unos meses estuve teniendo una relación supuestamente amorosa con mi primo Juan. Él se había enamorado de una amiga y yo traté de hacer el enganche, pero al final caí en sus redes y me enamoré perdidamente de él. Cuando le hice saber eso él me dijo que no quería saber nada del amor pero que no le iban a caer mal unas clavadas conmigo. Yo acepté pensando solamente en su amor. Durante meses estuvimos solamente enviándonos mensajes de texto calientes. A veces hablábamos. Pero nunca nos habíamos encontrado puesto que a mis padres no les gustaba que saliera con hombres y no me animaba a mentirles diciéndole que iba a otro lugar. Así pasaron los meses hasta que llegó el cumpleaños de mi abuelo. Donde habíamos quedado en robarnos unos besos, le hice prometer que solamente eso. Pues tenía 18 años y era virgen. Él tenía 26 y era un flor de mujeriego.

Estaba arreglándome cuando me envió un mensaje a mi celular, el mensaje decía:

- “Hola mi amor, cómo estás? Te vas a lo de abuelo hoy? Quiero verte y comerte a besos”

- “Hola bebé –le respondí- si voy, me estoy poniendo lo más hermosa posible para verte”´

Me puse una blusa roja muy escotada y una pollera de vaquero que no era tan corta, para no llamar la atención de todos mis primos, a mí solamente me interesaba Juan. Cuando llegamos a casa del abuelo él aún no había llegado. Juan era mi primer amor, y las ansias de verlo me hacían temblar, mi mamá se preocupó, pensó que tenía fiebre pues hacía como 40 grados de calor. Al fin llegó. Iba vestido muy elegante. Y saludó a todos, al rato me hizo unas señas y disimuladamente le seguí. Fue a ver la televisión, estaba allí en la sala una tía y unos primitos jugando. Me senté a su lado y me dijo muy bajito al oído:

- “Estas muy linda mi amor, pero me gustaría mas tenerte desnuda en mi cama”

Eso me excitó mucho. Mi tía parece que algo sospechó pues no nos dejaba de mirar. Y parecía vigilarnos.

- “Ven que te quiero enseñar mi nuevo celular, lo tengo en el auto” –me dijo Juan-

- “Ok. Vamos” –le dije, pensando que así sería realmente-

Al llegar al final del pasillo me empujó hasta la habitación de mis abuelos y al entrar cerró la puerta. La luz estaba apagada. Sólo la luz del velador estaba prendida. Y dejaba la habitación a media luz. Me apretó por la puerta y me besó apasionadamente. Yo sentía su lengua recorrer mi boca. Nunca antes yo había besado de esa manera, me había besado con un noviecito en el colegio pero eran solo besos de pico. En cambio con Juan parecía que el beso era para ahogarse. Me encantaba sentir el sabor de su lengua dentro de la mía. Dejé de avergonzarme y respondí al beso con la misma pasión que él. Poco a poco su mano fue bajando hasta llegar a mis muslos y fue subiendo más. Yo sentía que tenía mi entrepierna muy húmeda. Y la mano de Juan empezaba a acariciarme por encima de las bragas. Me asusté de eso en un principio pero la sensación que me causaba era enorme. Entonces dejé que prosiga. Mi respiración empezaba a agitarse. Juan con la otra mano me acariciaba los senos. Hizo a un costado mis bragas y acarició el clítoris. Estaba realmente mojada. No pude evitar soltar un pequeño gemido. Tenía miedo de que alguien que estaba por afuera escuchase eso. Pero Juan me dijo que no pasaría siendo que la música estaba muy fuerte y nadie alcanzaría a escuchar nada. Juan siguió con eso y me besaba al par que sus dos manos me daban placer. Luego introdujo un dedo en mi vagina, dolió un poco, automáticamente, sin querer cerré de golpe las piernas y Juan me decía:

- “Ssshh, tranquila mi amor, no te voy a lastimar, Ssshh no digas nada, solamente déjate llevar”

- “Pero tengo miedo” –le contesté-

- “Miedo de qué, bebé, tranquila, Ssshh, nada te va a pasar” –afirmó el-

Entonces dejándome llevar por el placer le abrí más las piernas, dando fácil acceso a sus dedos. Metió sus dedos suavemente con un vaivén lento. Con la otra mano me acariciaba los senos por sobre la ropa. Yo no sabía que hacer con las manos. Entonces Juan tomó una de mis manos y la llevó a su entrepierna. En serio no sabía que hacer. Miles de veces me había imaginado ese momento pero estando allí no tenía idea de cómo reaccionar. Entonces le abrí la bragueta y metí la mano. Tenía el miembro duro. Muchas veces habíamos fantaseado por teléfono y él me preguntaba si yo me animaba a hacerle sexo oral. Yo le decía que sí. Entonces quise demostrarle eso en ese momento. Le besé en la boca, luego en la mejilla, le besé el cuello y fui bajando por entre su camisa. Le acariciaba el pecho con una mano debajo de la camisa. Fui bajando y me quedé con la cara en su entrepierna. Le bajé los pantalones junto con los bóxers y su miembro saltó. Era más grande de lo que siempre me había imaginado. Torpemente le agarré del tronco y le lamí la punta. Escuché un gemido. Eso me puso feliz y me excitó saber que le gustó. Entonces introduje su pene en mi boca. Era la primera vez que lo hacía y estaba muy asustada por equivocarme y hacer algo que no esté bien. Le miraba pero solo encontraba su cara de placer y eran melodía para mis oídos sus gemidos.

- “Aaaaahh siii, asii mi amor, seguí así, no te detengas, lo hacés muy bien bebé” –me decía Juan-

- “Esta bien?” –contesté apartando su pene de mi boca-

- “Demasiado bien mi amor”

Seguí con eso y después de un rato me agarró y me levantó. Me llevó a la cama y me acostó suavemente allí. Se puso encima de mí y me besó. Me quitó la blusa y el corpiño. Me besó los senos, lamió y chupó mis pezones. Yo solamente gemía de placer, estaba en el cielo. En el cielo que siempre me había imaginado con Juan. Me levantó la pollera a la altura del abdomen y me quitó las bragas. Me abrió las piernas y con su lengua acarició mi clítoris. Yo parecía explotar. Me lamía el clítoris, me lo chupaba, le daba pequeños mordiscos y con un dedo me penetraba la vagina. Luego metió su lengua en mi vagina. Y hundía allí la lengua. Yo lancé un pequeño grito y empecé a temblar. El apresuraba sus movimientos. Y me vine en su boca. Tuve un delicioso orgasmo. El siguió luego un momento más con eso. Y después de eso se paró y me estiró más a la orilla de la cama. Y agarró su pene y lo puso en la entrada de mi vagina, con la punta me acarició nuevamente el clítoris.

- “Vamos Juan. Penétrame ya. Quiero sentirte dentro mio” –le dije ansiosa-

- “Estas segura?”

- “Segurisima mi amor, vamos vamos!!” –contesté-

Se agachó encima mío y me besó, con la mano me acarició nuevamente el clítoris. Le encantaba hacerme sufrir así, mientras yo necesitaba ya que me penetre. Me besó, me dijo cosas morbosas al oído. Me apretó los senos. Se rió de mi, hasta que me dijo “Está bien, hagámoslo ya” y puso nuevamente su pene a la entrada de mi vagina. En ese preciso momento alguien llamó desesperadamente a la puerta. Era mi tía. Nos miramos asustados sin saber que hacer. Le hice señas a Juan para que se esconda dentro del placard. Tomó sus pantalones y se metió en el placard. Me puse la blusa y me puse bien la pollera. Escondí rápidamente mi ropa interior y mi corpiño bajo las sabanas. Le quité el seguro a la puerta. Mi tía entró.

- “Hola princesa, que haces acá?” –dijo ella naturalmente-

- “Hola tía, nada, me dolía mucho la cabeza y me puse cómoda en la cama de abuela, ella me dijo que no había problemas”

- “Está bien, yo solamente quiero buscar unas zapatillas que están dentro del placard. Las encuentro y te dejo descansar nuevamente” –dijo sonriendo-

- “El placard?” –contesté asustada-

- “Si” –dijo mi tía dirigiéndose al placard-

Yo sentía como toda mi vida caía por un precipicio. Ya veía todo el escandalo que se armaría. Pero por suerte o por una bendición mi tía se dirigió a la otra puerta del placard. No en donde Juan estaba escondido. Suspiré y parecía que todo se iluminaba.

- “Ya las encontré. Voy a guardar estas otras aquí al lado” –dijo mi tía-

- “Nooo, yo las guardaré –dije rápidamente- no te preocupes tía, puedes seguir disfrutando de la fiesta, yo me pongo mejor y salgo al rato”

- “Gracias mi cielo, que amable eres” –dijo y salió.

Cerré la puerta detrás de ella y rápidamente saqué a Juan de adentro. Tenía la cara blanca del susto. Yo sentí como mis fluidos chorrearon por mis piernas. Juan se puso los pantalones y antes de salir se agachó a lamer el chorro que se derramaba por mis piernas y le dio una ultima chupada a mi clítoris. Me besó y sonriendo salió. Y allí me quedé yo, con el susto de mi vida y con las ganas de ser follada.

En toda la noche no podía sacar de mi mente esos momentos. Juan ni me dirigía la mirada. Y de vuelta a casa todavía sentía la lengua de Juan por mi vagina. Esa sensación me duró unos días.
Había visto a Juan en otras varias ocasiones luego de lo de la casa del abuelo. Pero en ninguna tuvimos la oportunidad de volver a estar juntos. Ni un beso siquiera. A él parecía no importarle, pero a mí me dolía en lo más profundo del alma. El segundo fin de semana de marzo se casaba el hermano menor de Juan. Yo sería una de las damas de honor. El festejo se realizaría luego de la ceremonia en casa de Juan. Me esmeré en ser la dama más hermosa de la noche. Y teniendo la esperanza de que algo sucedería esa vez compré ropa interior muy sexy y atrevida, como la que me había dicho que Juan que le gustaba.

Finalmente llegó la hora de la ceremonia religiosa, en la iglesia. Al entrar por el pasillo principal de la iglesia vi a Juan parado en medio de los invitados más importantes, al lado de sus padres y de los míos. Disimuladamente me hizo unas señas con las manos. No entendí muy bien lo que me quiso decir, puse cara de circunstancia y entonces simplemente me dijo con las manos que nos encontráramos en el atrio. Cuando el sacerdote comenzaba la celebración le dije a mi mamá que me sentía mal y que iría a tomar aire. Me dijo que estaba bien pero que volviera a entrar antes de que acabase la misa. Juan ni me miró. Salí al atrio donde había varias personas. El salió un momento después. Me agarró del brazo, y me dijo:

- “Vamos a la camioneta bebé. Ah, olvidé decirte que estás hermosa”

No le respondí, solamente sonreí. Subimos y manejó unas cinco cuadras, se estacionó en un lugar muy oscuro. Sin decirme nada se bajó y pasó al asiento de atrás. Por sentido común pasé también atrás, colocándome a su lado. Nos besamos como desesperados. Directamente envió la mano a mi entrepierna. Ya estaba empezando a mojarme. Acarició mi clítoris, me besaba como si estuviera muy apurado. Luego me dijo:

- “Solo tenemos veinte minutos. No vamos a hacer gran cosa. Además tienes el vestido muy claro y no quisiera que se manche y alguien sospeche”

- “Uuy noo –respondí decepcionada- para que me traes entonces si así va a ser?”

- “Ya tendremos tiempo en la fiesta –dijo muy seguro de si- no te preocupes mi amor, pero no te quedarás sin tu dosis de hoy”

Recostó los asientos y me recostó también a mí sobre ellos, me abrió las piernas haciendo a un lado mis bragas para darme una buena dosis de sexo oral. Yo gemía y gemía y creo que la gente que pasaba por allí se habrá imaginado que estaba sucediendo, más a mí ni me importaba. Juan me lamía y me chupaba el clítoris. Metía su lengua en mi vagina una y otra vez. Yo me apretaba los senos por encima de la ropa. Sentía que me iba a correr, pero no quería hacerlo aun. Le dije a Juan que parara. Él se detuvo. Rápidamente le abrí la bragueta y le saqué el pene. Escupí sobre él y empecé a chupárselo. Con una mano le agarraba del tronco y con la otra me masturbaba. Entonces él me dijo que espere. Me colocó encima de él. Quedando su pene en frente de mi cara y mi vagina en frente de la suya. En posición 69. Me levantó el vestido y comenzamos a darnos un placentero oral mutuo. Mientras yo le chupaba el pene, él me penetraba con su lengua, me mordía. Era un paraíso. Fue cuando me lamió el clítoris sin parar hasta que tuve un orgasmo. Él se dio cuenta de eso y me chupó todos los jugos. Se deslizó debajo de mí y me dijo que se iba a correr.

- “Hazlo en mi boca amor” –le dije-

Y sin dudar se corrió en mi boca, me gustaba sentir ese líquido tibio y medio salado. Lo tragué todo con un poco de dificultad pero fue bueno. Le lamí el pene para limpiarlo. Se lo limpié todo y luego lo besé.

- “Hiciste un mejor trabajo hoy –me dijo Juan- con quien practicaste?”

- “Jajaja, estás celoso? –respondí divertida-

- “Entonces si lo hiciste?”

- “Claro que no. Si no es contigo no es con nadie, te lo dije mil veces” –contesté-

- “Así está mejor. Vamos ya que preguntarán donde estamos”

- “Ok. Vamos” –dije-

Me incorporé en mi lugar. Él volvió al volante. Llegamos a la iglesia.

- “Juan, espera” –le dije antes de bajar-

- “Qué sucede? –me dijo-

- “Te amo Juan” –dije, sin creer lo que estaba diciendo, él me miró fijamente y me dijo

- “Yo también chiquita, yo también” –me besó y se bajó-

Definitivamente era el momento más feliz de mi vida. Juan, mi único y gran amor me decía que también me amaba. Era estupendo. Bajé deprisa y feliz de la camioneta. Caminé al altar con la frente en alto, orgullosa de mi victoria. Llegué justo a tiempo. Mi madre me preguntó si me sentía mejor. Contesté afirmativamente. El sacerdote bendijo la unión y proclamó a los nuevos esposos.

-----“”---

Ya en la fiesta de bodas, en la casa de Juan, yo estaba muy feliz. Estaba sentada en una mesa, con mis padres, mis abuelos y unos tíos. Mis padres notaron mi felicidad y con picardía me preguntaron si quien era el causante de tanta alegría.

- “Jajaja, no necesita que haya ningún causante –dije- dos almas están unidas y eso me hace muy feliz”

- “Cuáles almas, -dijo mi papá riendo- la de Jorge y Graciela (que eran los recién casados) o la tuya con algún fulanito por ahí?”

Mis padres reían y bromeaban conmigo. Por lo menos siempre tuve la suerte de que ellos me entendieran y me escucharan en todo. Pero contarles que estaba enamorada de mi propio primo y encima contarles lo que sucedió sería una tragedia. Simplemente reía con ellos por sus bromas y negaba cualquier romance en mi vida. Juan vino y se sentó a mi lado. Puso su brazo encima de mi hombro.

- “Hola! Porqué tanta felicidad, eh?” –preguntó Juan-

- “Hola príncipe –dijo mi mamá, que siempre amó desde pequeñito a Juan- es que tu prima se consiguió por allí a alguien que le detiene el corazón”

- “Y no nos quiere contar” –comentó mi papá-

- “Qué suerte! Pero dile a ese fulano que si se cruza en mi camino voy a tener que arreglar cuentas eh! Nadie se roba el corazón de mi primita sin mi autorización! –dijo Juan- No se preocupen tío y tía. Yo la cuidaré”

- “Me alegra escuchar eso Juan –dijo mi papá- por lo menos sé que alguien en la familia aparte de mí cuida a mi princesa-

- “Realmente así es –continuó mamá- y Juan, llévala a tomar algo a esta niña o a bailar. No tiene edad para quedarse a conversar con dos viejos mientras tiene una fiesta a sus espaldas”

No podía creer lo que estaba escuchando. Mi mamá y mi papá me entregaban en bandeja de plata a Juan. Todo estaba saliendo mejor de lo que me esperaba. Juan me llevó a bailar, a tomar unas copas de cóctel y me llevó nuevamente a la mesa. No quería que nadie sospechara nada. Cuando llegó la hora de regresar a casa Juan le pidió permiso a mi mamá para sacarme a bailar el día siguiente, ya que según él yo le había comentado que no salía mucho. Mis padres aceptaron gustosos y dijeron que cuando él quisiera podía pasar a buscarme y salir juntos. Ya que es mi primo y ellos sabían que yo estaba segura en manos de él. La ingenuidad de mis padres era tal o mi suerte era tremenda.
 
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