Su marido roncaba a su lado. María no podía dormir. Había algo que la tenía nerviosa desde hacía unos días. Primero pensó que eran cosas suyas, su imaginación. Después se convenció de que era real. Y la confirmación la tuvo esa misma tarde.
Pensando en todo eso no podía dormir. Le dio un codazo a su marido. Sin querer le dio en plenos riñones, y Mateo dio un respingo en la cama.
-Coño, María. Ten cuidado.
-Perdona, mi amor. No pretendía date tan fuerte. Pero es que...tengo que contarte algo.
-¿No puede esperar hasta mañana? - dijo Mateo, somnoliento e intentando coger el sueño otra vez.
-No, no puede. Es que....
Mateo se dio la vuelta. Sabía que cuando a su mujer se le metía algo en la cabeza no había nada en el mundo que se lo quitase. Cuanto antes terminara ella, antes se podría dormir.
-Venga. Suéltalo ya
-El niño...Me mira.
-¿Cómo que el niño te mira?
-Pues eso. Que me mira. Desde hace días me he dado cuenta que me mira. El escote, las piernas. Y culo cuando estoy de espaldas a él.
-Jajaja ¿Y cómo sabes que te mira el culo cuando estás de espaldas a él?
-Noto su mirada clavada en mí. Además, ayer lo vi a través del reflejo de la vitrina del salón.
-Jajaja. Vaya con el niño. Bueno, ya no es tan niño, con 19 primaveras. Aunque cuando tenga 50 le seguirás llamando niño, ¿No? Jajaja
-No te rías, coño. A mí no me hace gracia.
-Mujer, no te enfades. Es joven, y ya sabes lo tímido que es. Eres la mujer que tiene más cerca, y estás bien buena. No es extraño que te mire.
-Joder, Mateo. Que soy su madre. No debería mirarme así.
-Nah, no es nada, mujer. Ya se le pasará.
-Es que...ha ido a más.
-¿Cómo que a más? -Sí. Esta tarde, por el rabillo del ojo me di cuenta de que se tocaba.
-¿QUE SE TOCABA?
-Sí, disimuladamente se pasaba la mano por...ya sabes...
-Por la polla.
-Sí.
-Así que se sacó la polla delante de ti.
-Joder, no seas bruto. Claro que no. Sólo se pasó la mano por el pantalón.
-¿La tenía dura?
-¡MATEO! Pareces tonto. ¿Y yo que sé? Como comprenderás, no me puse a mirarle la entrepierna a tu hijo.
-Seguro que sí. Apuesto lo que quieras a que se le puso dura mirándote el culo.
-Ay, no sé por qué te lo he contado. Vete al carajo.
María apagó la luz de su mesilla, dejando el cuarto a oscuras y se acostó, dándole la espalda a su marido. Mateo se quedó, boca arriba, pensando en lo que su mujer le había contado.
Recordó su juventud, allá en el pueblo. A su mente vinieron aquellos momentos en los que se empezó a fijar en su madre. Era un pueblo pequeño, sin muchas mujeres. Su madre estaba rolliza, pero eso no le impidió, durante una temporada, el mirarla, intentado ver algo. Un poco de teta, un buen pedazo de muslo. Pero eso pasó. Pensó que era una fase por la que la mayoría de los muchachos pasan, algo natural, sin importancia, que sólo queda en eso y se olvida.
Además, su mujer estaba mucha más buena que su madre, así que entendió a Juan, su hijo. Esas grandes tetas, ese soberbio culamen. Alargó una mano por debajo de las sábanas hasta encontrarlo. Caliente, redondo. Suave al tacto por el pijama de seda que llevaba. Empezó a sobarlo.
-Mateo, ¿Qué haces?
-Nada. -¿Cómo que nada? Me estás tocando el culo.
Mateo se pegó a ella. María enseguida notó la dura polla de su marido pegada a su culo, y una de sus manos la rodeó y agarró una de sus tetas.
-Estoy cachondo, María. Echemos uno rapidito.
-No, déjame - dijo, sin mucha convicción.
Mateo empezó a besarle el cuello, el lóbulo de su orejita. Sabía que ese era su punto débil. La sintió estremecerse. Entonces, metió la mano por dentro del pijama y le abarcó una de sus hermosas tetas. Notó el pezón duro. Lo pellizcó entre sus dedos y ella gimió. Sin duda, también estaba cachonda.
No hubo más preliminares. Le bajó a su mujer el pantalón del pijama, quitándoselo de una pierna. Se bajó los suyos, la hizo poner boca arriba, se subió, poniéndose entre sus piernas y le clavó la polla en el coño, hasta el fondo, de una sola estocada.
-Aggggggggggg- gimió María, dejando los ojos en blanco en la oscuridad.
-Ummm, María. Pero si estás empapada.
Empezó a follársela con profundos golpes de cadera, metiéndole su polla hasta el fondo, y sacándola casi hasta la punta. Se oían los golpes, el chapoteo de la dura barra de carne en el empapado coño. En la oscuridad de la habitación sólo se oían los gemidos, los golpes de la cama, los besos.
-¿Te gustó ver cómo Juan se tocaba la polla?
-Agggg, calla...cómo se te...ocurren...esas... cosas....
Mateo alargó, sin dejar de follarse a su mujer, una mano y a tientas buscó el interruptor de la lámpara de la mesa de noche. Encendió la luz. La miró. Las mejillas sonrosadas, los labios resecos, los ojos semicerrados, y el placer reflejado en su rostro. Se la clavó a fondo y se quedó quieto.
-Venga, mujer, dímelo, que no pasa nada. ¿De verdad no te gustó verlo? ¿No te gusta saber que él te mira?
-No digas eso....Ummmmm....fóllame...no te quedes quieto.
-Pues dímelo. Estas muy caliente... ¿Me vas a decir que no es, aunque sea un poquito, por él?
María se mordió el labio inferior, mirando a su marido, suplicante.
-Fóllame mi amor...fóllame... -Dímelo.
La cabeza de María daba vueltas. Miró fijamente a los ojos de Mateo. Sentía clavada en su coño su polla. Necesitaba que se moviera, que la follara hasta hacerla correr. Cerró los ojos, y apenas audible, dijo:
-Sí
-¿Sí qué?
-Sí me....gustó.
-¿El qué?
-No seas malo....ya sabes el qué...fóllame... -No hasta que me lo digas.
María no podía aguantar más aquella tortura. Necesitaba ser follada, ya.
-Me gustó...ver como se...oh...dios mío....como se tocaba...
-¿La polla? ¿Cómo se tocaba la polla?
-Agggggggggggg síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii... fóllame yaaaaaaaaa.
La besó, metiendo la lengua en su boca. Brutalmente, con fuertes embestidas que hacían que la cama entera vibrase. Hacía años que no follaban así, con tanta pasión, con tanta intensidad. Y también hacía años que no era Mateo el primero en correrse. María arqueó la espalda sobre la cama, con los músculos tensos, su coño rezumando jugos y palpitando. Fue un orgasmo arrollador, que no hizo más que aumentar cuando Mateo, gruñendo, enterró su polla hasta el fondo y se empezó a correr, llenando el marital coño de su espesa y abundante leche.
Se quedó sobre ella, resoplando. María con los ojos cerrados. Sus corazones galopando en sus pechos. Al poco, él se dio la vuelta y se quedaron los dos boca arriba, sudando, jadeando.
-Joder María, vaya polvo.
-Uf... me has dejado agotadita...pero...que rico.
-Estabas muy caliente.
-Umm, sí. Me calentaste mucho.
-¿Yo? jeje, ¿No sería por Juanito?
-Calla loco. ¿Cómo dices eso? Claro que no.
-Pues no decías eso hace un momento.
-Era para que me follaras de una jodía vez.
-Sí, sí.
-Bueno, dejémonos de tonterías que mañana tienes que trabajar.
María se dio la vuelta y apagó la luz. No quería que Mateo siguiese hablando, mirándola, y le hiciese confesar que no había mentido, que en verdad se había excitado por su hijo. No era algo que quisiese reconocer. No era algo como para ir por ahí contándolo. Una cosa es que un jovencito mirase a una mujer, aunque fuera su madre, y otra muy distinta es que esa mujer se excitara con ello. Y encima, su marido, en vez de ayudarla, la había excitado aún más. Bueno, al menos me ha echado un estupendo polvete - pensó.
-María... - susurró Mateo.
-Queeeeeeeee - contestó con desdén.
-Mañana ponte ropa ajustada y con escote, a ver que hace Juan.
-¿Pero? Tú te has vuelto de verdad, Mateo. ¿Encima quieres que lo provoque?
-Mujer, sólo como...experimento.
-Ni experimento ni leches. Me pondré una bata bien cerrada.
-Jooooo
-Ay, Mateo. Eres peor que un crío. Duérmete ya, coño.
-'Ta bien.
+++++
Durante varios días, las cosas siguieron igual. María estaba más atenta a las miradas de Juan, que cada vez eran más osadas. Y por la noche, Mateo la cosía a preguntas. Casi siempre terminaban en un rico polvete. Parecían dos novios, más que un matrimonio de años.
Una mañana, Mateo se levantó, siguió su rutina matutina (que linda rima). Se afeitó, se tomó un café y se fue a trabajar. María durmió, como siempre, un poco más. Cuando se despertó, hizo pis, se dio una ducha para limpiarse. Después volvió a su cuarto para vestirse.
Abrió su armario y se puso a buscar. Cuando se dio cuenta de que ropa había cogido, se sorprendió. Era tal y como Mateo le pidió. Ajustada y con escote.
-Joder, parezco tonta - dijo, al tiempo que devolvía la ropa a la percha.
Buscó ropa más decente, se quitó la bata con la que había salido del baño, quedando desnuda. Se miró en el espejo. Ya no era una niña. El tiempo no pasa en vano y su cuerpo ya no era el de antes. Pero se gustó. Para una mujer de 45 años no estaba nada mal. Buenas tetas, algo caídas, caderas poderosas, hermoso culo. Le sobraban unos kilitos, pero Mateo siempre le decía que no. Que así, jamona, estaba más buena.
Se preguntó en cómo le sentaría el primer traje que cogió. Hacía tiempo que no se lo ponía y había cogido un par de kilitos desde la última vez.
-Sólo por ver cómo me queda - se dijo, volviéndolo a coger.
Se lo puso. Le costó un poco, pues le quedaba muy ceñido. Se volvió a mirar. Se vio preciosa. Le resaltaba las curvas, era como una segunda piel. Sus tetas quedaban apretadas y pugnaban por salirse por el escote. No se había puesto sujetador, ni bragas. Se sintió casi desnuda.
-Uf, si Juanito me ve así, me come. Jajaja.
-Buenos días, mamá.
María dio un respingo y miró a la puerta de su alcoba. Su hijo estaba allí, mirándola. Parecía embobado.
-Bu...buenos días, tesoro.
-Voy a desayunar.
-Vale. Ahora voy yo también.
Cuando él la dejó, María sintió sus mejillas acaloradas. Él la había visto así. ¿Qué hacer? ¿Cambiarse de ropa? Quedaría raro. Y la forma en que su hijo la miró, recorriéndola con la mirada de arriba a abajo, le encantó. Así que decidió quedarse con ese traje. Pero se puso bragas. Sujetador no, pues hubiese tenido que bajarse el vestido. No se dio cuenta, pero los pezones se le marcaban como dos pitones cuando entró en la cocina.
+++++
Al medio día, Mateo volvió de la oficina para comer. Entró en la casa y buscó a su mujer. La encontró en la cocina. En cuando la vio, se quedó maravillado. Estaba hermosa, como hacía tiempo que no la veía.
-María, pero que guapa estás.
Ella se dio la vuelta y le sonrió. Mateo, acercándose a ella, la miraba, embelesado. Se plantó delante de ella. Generalmente, cuando volvía a casa, le daba un besito, un piquito en los labios, y quizás, una palmadita en el culo. Esta vez, la abrazó y le dio un buen morreo, llevando sus manos al culo y sobándoselo bien sobado. Ella gimió entre sus brazos.
-¿Te vio Juan así?
-Sí. -¿Dónde está?
-Ha salido a no sé qué con unos amigos.
-Cuéntame, cuéntame. ¿Qué ha pasado? ¿Te miró? Dímelo todo.
Mateo le besó en el cuello, mientras una mano sobaba las tetas sobre el vestido, notando enseguida los pezones, duros como piedras.
-Aggg...mi amor...desde que entré en la cocina por la mañana no me quitó los ojos de encima. Me miraba las tetas, el culo, los muslos.
-Joder, no me extraña. Si es que estás para comerte.
María, con los ojos cerrados y sintiendo contra el pubis la dura polla de su marido, relataba lo sucedido.
-Tenía sus manos debajo de la mesa...yo creo que...ummm
-Que se sobaba la polla.
-Aggggg, sí...sí....creo que se estaba tocando mirándome.
Mateo le cogió una mano a su mujer y la llevó hacia su polla, que sin que ella se diera cuenta, se había sacado. En cuanto ella la notó, dura y caliente en tu mano, la agarró y empezó a manearla.
-Guárdate eso - decía, sin dejar de acariciarla - que Juan podría llegar en cualquier momento.
-¿Que más, qué más? - decía Mateo, cada vez más encendido.
-A veces...nuestras miradas se cruzaban. El disimulaba, sonreía, pero sus ojos se desviaban a mis tetas.
La mano que sobaba el culo de su mujer, se fue hacia adelante, hacia medio muslo, en donde terminaba el traje. Se metió por debajo y fue subiendo. Debido a lo ajustado de la tela, a medida que subía arrastraba la falda. Subió y subió por entre los muslos hasta llegar a las bragas. Se sorprendió de lo mojadas que estaban. Los jugos de su coño traspasaban la tela y mojaban sus dedos.
-Mi amor...pero si estás empapada.
-Uf, llevo así toda la mañana.
-¿Te pone cachonda que tu hijo te mire así, verdad?
-Agggggg Mateo...
La mano se metió por dentro de la braga y recorrió la raja del coño. Parecía que tuviese jabón de lo llena de jugos que estaba. María se mordió el labio para no gritar y apretó aún más fuerte la polla que palpitaba en su mano.
-¿Se te mojó el coño mientras te miraba? ¿Te pusiste cachonda delante de tu hijo?
-Ummmmmm Mateo.....Mateo...
Empezó a frotarle el inflamado clítoris, besando su cuello, lamiéndolo. La sintió estremecerse, próxima al orgasmo.
-No lo niegues. Lo sé. Sé que el coño te chorreaba mientras veías sus manos bajo la mesa. Sé que imaginabas que tenía la polla dura y se la sobaba, mirando tus tetas. ¿Verdad? Y seguro que llegaste a pensar que se la había sacado y se hacía una paja mirándote. ¿Verdad?
María no pudo más. Era eso lo que pensaba. Justo eso. Incluso llegó a pensar que Juan se corría mirándola, llenando la parte baja de la mesa con su leche, y que la dejaba allí para que ella lo descubriera luego. Se tensó, se pegó a su marido y empezó a correrse. Toda la tensión sexual acumulada durante la mañana estalló como una bomba contra la mano de Mateo.
La sostuvo, apretándola contra el pollete de la cocina, mientras María se corría, temblando, gimiendo de placer. Casi le arranca la polla de cuajo. Cuando se calmó un poco, Mateo volvió a la carga.
-¿Qué más? ¿Que pasó luego?
-Después de desayunar, se levantó y se marchó a su cuarto. Mateo.... la tenía dura. No pude evitar mirar. Tenía un gran bulto en los pantalones.
-Joder...Ya sabes a donde fue, ¿No?
-Sí...a su cuarto.
-Me refiero a lo que fue a hacer.
-¿Qué?
-Se fue a su cuarto a meneársela. A hacerse una buena paja. Un pajote a la salud de su hermosa madre.
-Aggg, Mateo... ¿Tú crees?
-Estoy seguro. Tan seguro como que ahora te voy a follar.
-Pero está a punto de llegar.
-Me importa un carajo.
Le dio la vuelta. La falda, arremangada hasta medio culo. Tiró de la tela, subiéndola del todo, dejando el amplio y redondo trasero, a la vista. Le bajó las bragas, hasta medio muslo, la hizo echar hacia adelante, apoyando sus tetas en el frio mármol. Se cogió la polla con la mano derecha, la acercó al coño y se la enterró hasta el fondo, haciéndola resbalar, atravesando la ardiente vagina. La agarró por las caderas y empezó una furiosa follada.
-Sí María, sí. Juan se hizo una buena paja en su cama. Le pusiste la polla dura y el chaval tuvo que desahogare.
-Aggggg estoy caliente otra vez. Fóllame...fóllameeeeeeeeeeeeeee.
-Imagínatelo en su cama, con la polla en la mano, los ojos cerrados, recordando tus tetas, tu culo.
Ella, cerrando los ojos, lo imaginaba. Sentía la dura polla de su marido barrenándole el coño y pensaba en su hijo pajeándose por ella.
-Agggg María... ¿En qué pensaría? Seguro que en follarte las tetas...o en que le chupas la polla...
-¿Sí?...Ummmm ¿Me imaginaría chupándole la polla? ¿A su madre haciéndole una mamada?
-Desde luego que sí....Eso y mucho más.
Mil ideas pasaron por la cabeza de María, que se volvió a correr, echando la cabeza hacia atrás y reprimiendo un enorme grito. Mateo también estaba a punto de correrse, pero tuvo una idea. Siempre quiso hacer algo con María, pero ella siempre le decía que no. Ahora la tenía cachonda perdida. Probó suerte.
-Mami...¿Me chupas la polla?
Cuando María lo oyó llamarla mami casi se corre otra vez. Se quedó quieta...Las palabras resonaban en su cabeza.
-Por favor, mamá...chúpame la polla...estoy muy caliente. Me has puesto muy caliente...ese culazo...tus tetas....
Ella se incorporó, sacándose la polla del coño. Se dio la vuelta. El corazón le latía a mil por hora.
-¿Así que mi niño quiere que mami le chupe la polla, eh?
-Sí, sí... mira como la tengo
La polla parecía a punto de reventar. Hacía mucho tiempo que no se levantaba tanto. María se arrodilló lentamente, puso las manos en los muslos y se la metió en la boca. Sabía a coño, a su coño. Cerró los ojos y empezó una soberbia mamada.
-¿Te gusta como mami tu come la polla? -Agggg sí, sí....
Mateo miraba la felación. No recordaba una tan sensual. Estaba tan cachondo que no podría aguantar mucho. Llevó sus manos al cabello de su mujer y siguió el movimiento de la cabeza.
-Ummm mamá..que rico..¿Me puedo correr en tu boca?
-Claro mi vida...córrete en la boca de mami.
Raramente ella lo dejaba correrse en su boca. Casi siempre se la sacaba en el último momento y lo hacía correrse en sus tetas o en su barriga.
Mateo notó la llegada del orgasmo. Movió sus caderas ligeramente, follándose la caliente boca de su mujer.
-Aggggg mamáaaa...me voy a correr....te...te ¿ tragarás toda mi leche?
-Mami se beberá toda la leche que su niño le dé.
Él no pudo más. Estalló con fuerza y su polla empezó a disparar fuertes trallazos de semen contra la lengua y el paladar de María. Y cuando la oyó tragar, cerró los ojos y siguió corriéndose, gozando hasta lo indecible.
Jamás ella se había tragado su leche. Y ahora, pensando en que era a Juan el que se corría en su boca, tragaba y tragaba. Cuando la polla dejó de manar, siguió chupando, relamiendo, hasta dejarla bien limpia.
Se la sacó de la boca y miró a su marido.
-¿Le ha gustado a mi niño como mami le chupó la polla?
-María, ha sido la mejor mamada de mi vida.
La ayudó a levantar y la besó. Su boca sabía salada. En ese momento, oyeron la puerta. Juan había regresado.
A toda prisa, se subió las bragas, se bajó la falda y Mateo se guardó la polla.
Durante la comida, Mateo no dejó de mirar, de reojillo, a su hijo, el cual no dejó de mirar a su madre. Mateo también miraba a su mujer y le hacía señas, guiños. Y ella, encantada.
A partir de ese día, vistió más provocativamente dentro de casa.
Pensando en todo eso no podía dormir. Le dio un codazo a su marido. Sin querer le dio en plenos riñones, y Mateo dio un respingo en la cama.
-Coño, María. Ten cuidado.
-Perdona, mi amor. No pretendía date tan fuerte. Pero es que...tengo que contarte algo.
-¿No puede esperar hasta mañana? - dijo Mateo, somnoliento e intentando coger el sueño otra vez.
-No, no puede. Es que....
Mateo se dio la vuelta. Sabía que cuando a su mujer se le metía algo en la cabeza no había nada en el mundo que se lo quitase. Cuanto antes terminara ella, antes se podría dormir.
-Venga. Suéltalo ya
-El niño...Me mira.
-¿Cómo que el niño te mira?
-Pues eso. Que me mira. Desde hace días me he dado cuenta que me mira. El escote, las piernas. Y culo cuando estoy de espaldas a él.
-Jajaja ¿Y cómo sabes que te mira el culo cuando estás de espaldas a él?
-Noto su mirada clavada en mí. Además, ayer lo vi a través del reflejo de la vitrina del salón.
-Jajaja. Vaya con el niño. Bueno, ya no es tan niño, con 19 primaveras. Aunque cuando tenga 50 le seguirás llamando niño, ¿No? Jajaja
-No te rías, coño. A mí no me hace gracia.
-Mujer, no te enfades. Es joven, y ya sabes lo tímido que es. Eres la mujer que tiene más cerca, y estás bien buena. No es extraño que te mire.
-Joder, Mateo. Que soy su madre. No debería mirarme así.
-Nah, no es nada, mujer. Ya se le pasará.
-Es que...ha ido a más.
-¿Cómo que a más? -Sí. Esta tarde, por el rabillo del ojo me di cuenta de que se tocaba.
-¿QUE SE TOCABA?
-Sí, disimuladamente se pasaba la mano por...ya sabes...
-Por la polla.
-Sí.
-Así que se sacó la polla delante de ti.
-Joder, no seas bruto. Claro que no. Sólo se pasó la mano por el pantalón.
-¿La tenía dura?
-¡MATEO! Pareces tonto. ¿Y yo que sé? Como comprenderás, no me puse a mirarle la entrepierna a tu hijo.
-Seguro que sí. Apuesto lo que quieras a que se le puso dura mirándote el culo.
-Ay, no sé por qué te lo he contado. Vete al carajo.
María apagó la luz de su mesilla, dejando el cuarto a oscuras y se acostó, dándole la espalda a su marido. Mateo se quedó, boca arriba, pensando en lo que su mujer le había contado.
Recordó su juventud, allá en el pueblo. A su mente vinieron aquellos momentos en los que se empezó a fijar en su madre. Era un pueblo pequeño, sin muchas mujeres. Su madre estaba rolliza, pero eso no le impidió, durante una temporada, el mirarla, intentado ver algo. Un poco de teta, un buen pedazo de muslo. Pero eso pasó. Pensó que era una fase por la que la mayoría de los muchachos pasan, algo natural, sin importancia, que sólo queda en eso y se olvida.
Además, su mujer estaba mucha más buena que su madre, así que entendió a Juan, su hijo. Esas grandes tetas, ese soberbio culamen. Alargó una mano por debajo de las sábanas hasta encontrarlo. Caliente, redondo. Suave al tacto por el pijama de seda que llevaba. Empezó a sobarlo.
-Mateo, ¿Qué haces?
-Nada. -¿Cómo que nada? Me estás tocando el culo.
Mateo se pegó a ella. María enseguida notó la dura polla de su marido pegada a su culo, y una de sus manos la rodeó y agarró una de sus tetas.
-Estoy cachondo, María. Echemos uno rapidito.
-No, déjame - dijo, sin mucha convicción.
Mateo empezó a besarle el cuello, el lóbulo de su orejita. Sabía que ese era su punto débil. La sintió estremecerse. Entonces, metió la mano por dentro del pijama y le abarcó una de sus hermosas tetas. Notó el pezón duro. Lo pellizcó entre sus dedos y ella gimió. Sin duda, también estaba cachonda.
No hubo más preliminares. Le bajó a su mujer el pantalón del pijama, quitándoselo de una pierna. Se bajó los suyos, la hizo poner boca arriba, se subió, poniéndose entre sus piernas y le clavó la polla en el coño, hasta el fondo, de una sola estocada.
-Aggggggggggg- gimió María, dejando los ojos en blanco en la oscuridad.
-Ummm, María. Pero si estás empapada.
Empezó a follársela con profundos golpes de cadera, metiéndole su polla hasta el fondo, y sacándola casi hasta la punta. Se oían los golpes, el chapoteo de la dura barra de carne en el empapado coño. En la oscuridad de la habitación sólo se oían los gemidos, los golpes de la cama, los besos.
-¿Te gustó ver cómo Juan se tocaba la polla?
-Agggg, calla...cómo se te...ocurren...esas... cosas....
Mateo alargó, sin dejar de follarse a su mujer, una mano y a tientas buscó el interruptor de la lámpara de la mesa de noche. Encendió la luz. La miró. Las mejillas sonrosadas, los labios resecos, los ojos semicerrados, y el placer reflejado en su rostro. Se la clavó a fondo y se quedó quieto.
-Venga, mujer, dímelo, que no pasa nada. ¿De verdad no te gustó verlo? ¿No te gusta saber que él te mira?
-No digas eso....Ummmmm....fóllame...no te quedes quieto.
-Pues dímelo. Estas muy caliente... ¿Me vas a decir que no es, aunque sea un poquito, por él?
María se mordió el labio inferior, mirando a su marido, suplicante.
-Fóllame mi amor...fóllame... -Dímelo.
La cabeza de María daba vueltas. Miró fijamente a los ojos de Mateo. Sentía clavada en su coño su polla. Necesitaba que se moviera, que la follara hasta hacerla correr. Cerró los ojos, y apenas audible, dijo:
-Sí
-¿Sí qué?
-Sí me....gustó.
-¿El qué?
-No seas malo....ya sabes el qué...fóllame... -No hasta que me lo digas.
María no podía aguantar más aquella tortura. Necesitaba ser follada, ya.
-Me gustó...ver como se...oh...dios mío....como se tocaba...
-¿La polla? ¿Cómo se tocaba la polla?
-Agggggggggggg síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii... fóllame yaaaaaaaaa.
La besó, metiendo la lengua en su boca. Brutalmente, con fuertes embestidas que hacían que la cama entera vibrase. Hacía años que no follaban así, con tanta pasión, con tanta intensidad. Y también hacía años que no era Mateo el primero en correrse. María arqueó la espalda sobre la cama, con los músculos tensos, su coño rezumando jugos y palpitando. Fue un orgasmo arrollador, que no hizo más que aumentar cuando Mateo, gruñendo, enterró su polla hasta el fondo y se empezó a correr, llenando el marital coño de su espesa y abundante leche.
Se quedó sobre ella, resoplando. María con los ojos cerrados. Sus corazones galopando en sus pechos. Al poco, él se dio la vuelta y se quedaron los dos boca arriba, sudando, jadeando.
-Joder María, vaya polvo.
-Uf... me has dejado agotadita...pero...que rico.
-Estabas muy caliente.
-Umm, sí. Me calentaste mucho.
-¿Yo? jeje, ¿No sería por Juanito?
-Calla loco. ¿Cómo dices eso? Claro que no.
-Pues no decías eso hace un momento.
-Era para que me follaras de una jodía vez.
-Sí, sí.
-Bueno, dejémonos de tonterías que mañana tienes que trabajar.
María se dio la vuelta y apagó la luz. No quería que Mateo siguiese hablando, mirándola, y le hiciese confesar que no había mentido, que en verdad se había excitado por su hijo. No era algo que quisiese reconocer. No era algo como para ir por ahí contándolo. Una cosa es que un jovencito mirase a una mujer, aunque fuera su madre, y otra muy distinta es que esa mujer se excitara con ello. Y encima, su marido, en vez de ayudarla, la había excitado aún más. Bueno, al menos me ha echado un estupendo polvete - pensó.
-María... - susurró Mateo.
-Queeeeeeeee - contestó con desdén.
-Mañana ponte ropa ajustada y con escote, a ver que hace Juan.
-¿Pero? Tú te has vuelto de verdad, Mateo. ¿Encima quieres que lo provoque?
-Mujer, sólo como...experimento.
-Ni experimento ni leches. Me pondré una bata bien cerrada.
-Jooooo
-Ay, Mateo. Eres peor que un crío. Duérmete ya, coño.
-'Ta bien.
+++++
Durante varios días, las cosas siguieron igual. María estaba más atenta a las miradas de Juan, que cada vez eran más osadas. Y por la noche, Mateo la cosía a preguntas. Casi siempre terminaban en un rico polvete. Parecían dos novios, más que un matrimonio de años.
Una mañana, Mateo se levantó, siguió su rutina matutina (que linda rima). Se afeitó, se tomó un café y se fue a trabajar. María durmió, como siempre, un poco más. Cuando se despertó, hizo pis, se dio una ducha para limpiarse. Después volvió a su cuarto para vestirse.
Abrió su armario y se puso a buscar. Cuando se dio cuenta de que ropa había cogido, se sorprendió. Era tal y como Mateo le pidió. Ajustada y con escote.
-Joder, parezco tonta - dijo, al tiempo que devolvía la ropa a la percha.
Buscó ropa más decente, se quitó la bata con la que había salido del baño, quedando desnuda. Se miró en el espejo. Ya no era una niña. El tiempo no pasa en vano y su cuerpo ya no era el de antes. Pero se gustó. Para una mujer de 45 años no estaba nada mal. Buenas tetas, algo caídas, caderas poderosas, hermoso culo. Le sobraban unos kilitos, pero Mateo siempre le decía que no. Que así, jamona, estaba más buena.
Se preguntó en cómo le sentaría el primer traje que cogió. Hacía tiempo que no se lo ponía y había cogido un par de kilitos desde la última vez.
-Sólo por ver cómo me queda - se dijo, volviéndolo a coger.
Se lo puso. Le costó un poco, pues le quedaba muy ceñido. Se volvió a mirar. Se vio preciosa. Le resaltaba las curvas, era como una segunda piel. Sus tetas quedaban apretadas y pugnaban por salirse por el escote. No se había puesto sujetador, ni bragas. Se sintió casi desnuda.
-Uf, si Juanito me ve así, me come. Jajaja.
-Buenos días, mamá.
María dio un respingo y miró a la puerta de su alcoba. Su hijo estaba allí, mirándola. Parecía embobado.
-Bu...buenos días, tesoro.
-Voy a desayunar.
-Vale. Ahora voy yo también.
Cuando él la dejó, María sintió sus mejillas acaloradas. Él la había visto así. ¿Qué hacer? ¿Cambiarse de ropa? Quedaría raro. Y la forma en que su hijo la miró, recorriéndola con la mirada de arriba a abajo, le encantó. Así que decidió quedarse con ese traje. Pero se puso bragas. Sujetador no, pues hubiese tenido que bajarse el vestido. No se dio cuenta, pero los pezones se le marcaban como dos pitones cuando entró en la cocina.
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Al medio día, Mateo volvió de la oficina para comer. Entró en la casa y buscó a su mujer. La encontró en la cocina. En cuando la vio, se quedó maravillado. Estaba hermosa, como hacía tiempo que no la veía.
-María, pero que guapa estás.
Ella se dio la vuelta y le sonrió. Mateo, acercándose a ella, la miraba, embelesado. Se plantó delante de ella. Generalmente, cuando volvía a casa, le daba un besito, un piquito en los labios, y quizás, una palmadita en el culo. Esta vez, la abrazó y le dio un buen morreo, llevando sus manos al culo y sobándoselo bien sobado. Ella gimió entre sus brazos.
-¿Te vio Juan así?
-Sí. -¿Dónde está?
-Ha salido a no sé qué con unos amigos.
-Cuéntame, cuéntame. ¿Qué ha pasado? ¿Te miró? Dímelo todo.
Mateo le besó en el cuello, mientras una mano sobaba las tetas sobre el vestido, notando enseguida los pezones, duros como piedras.
-Aggg...mi amor...desde que entré en la cocina por la mañana no me quitó los ojos de encima. Me miraba las tetas, el culo, los muslos.
-Joder, no me extraña. Si es que estás para comerte.
María, con los ojos cerrados y sintiendo contra el pubis la dura polla de su marido, relataba lo sucedido.
-Tenía sus manos debajo de la mesa...yo creo que...ummm
-Que se sobaba la polla.
-Aggggg, sí...sí....creo que se estaba tocando mirándome.
Mateo le cogió una mano a su mujer y la llevó hacia su polla, que sin que ella se diera cuenta, se había sacado. En cuanto ella la notó, dura y caliente en tu mano, la agarró y empezó a manearla.
-Guárdate eso - decía, sin dejar de acariciarla - que Juan podría llegar en cualquier momento.
-¿Que más, qué más? - decía Mateo, cada vez más encendido.
-A veces...nuestras miradas se cruzaban. El disimulaba, sonreía, pero sus ojos se desviaban a mis tetas.
La mano que sobaba el culo de su mujer, se fue hacia adelante, hacia medio muslo, en donde terminaba el traje. Se metió por debajo y fue subiendo. Debido a lo ajustado de la tela, a medida que subía arrastraba la falda. Subió y subió por entre los muslos hasta llegar a las bragas. Se sorprendió de lo mojadas que estaban. Los jugos de su coño traspasaban la tela y mojaban sus dedos.
-Mi amor...pero si estás empapada.
-Uf, llevo así toda la mañana.
-¿Te pone cachonda que tu hijo te mire así, verdad?
-Agggggg Mateo...
La mano se metió por dentro de la braga y recorrió la raja del coño. Parecía que tuviese jabón de lo llena de jugos que estaba. María se mordió el labio para no gritar y apretó aún más fuerte la polla que palpitaba en su mano.
-¿Se te mojó el coño mientras te miraba? ¿Te pusiste cachonda delante de tu hijo?
-Ummmmmm Mateo.....Mateo...
Empezó a frotarle el inflamado clítoris, besando su cuello, lamiéndolo. La sintió estremecerse, próxima al orgasmo.
-No lo niegues. Lo sé. Sé que el coño te chorreaba mientras veías sus manos bajo la mesa. Sé que imaginabas que tenía la polla dura y se la sobaba, mirando tus tetas. ¿Verdad? Y seguro que llegaste a pensar que se la había sacado y se hacía una paja mirándote. ¿Verdad?
María no pudo más. Era eso lo que pensaba. Justo eso. Incluso llegó a pensar que Juan se corría mirándola, llenando la parte baja de la mesa con su leche, y que la dejaba allí para que ella lo descubriera luego. Se tensó, se pegó a su marido y empezó a correrse. Toda la tensión sexual acumulada durante la mañana estalló como una bomba contra la mano de Mateo.
La sostuvo, apretándola contra el pollete de la cocina, mientras María se corría, temblando, gimiendo de placer. Casi le arranca la polla de cuajo. Cuando se calmó un poco, Mateo volvió a la carga.
-¿Qué más? ¿Que pasó luego?
-Después de desayunar, se levantó y se marchó a su cuarto. Mateo.... la tenía dura. No pude evitar mirar. Tenía un gran bulto en los pantalones.
-Joder...Ya sabes a donde fue, ¿No?
-Sí...a su cuarto.
-Me refiero a lo que fue a hacer.
-¿Qué?
-Se fue a su cuarto a meneársela. A hacerse una buena paja. Un pajote a la salud de su hermosa madre.
-Aggg, Mateo... ¿Tú crees?
-Estoy seguro. Tan seguro como que ahora te voy a follar.
-Pero está a punto de llegar.
-Me importa un carajo.
Le dio la vuelta. La falda, arremangada hasta medio culo. Tiró de la tela, subiéndola del todo, dejando el amplio y redondo trasero, a la vista. Le bajó las bragas, hasta medio muslo, la hizo echar hacia adelante, apoyando sus tetas en el frio mármol. Se cogió la polla con la mano derecha, la acercó al coño y se la enterró hasta el fondo, haciéndola resbalar, atravesando la ardiente vagina. La agarró por las caderas y empezó una furiosa follada.
-Sí María, sí. Juan se hizo una buena paja en su cama. Le pusiste la polla dura y el chaval tuvo que desahogare.
-Aggggg estoy caliente otra vez. Fóllame...fóllameeeeeeeeeeeeeee.
-Imagínatelo en su cama, con la polla en la mano, los ojos cerrados, recordando tus tetas, tu culo.
Ella, cerrando los ojos, lo imaginaba. Sentía la dura polla de su marido barrenándole el coño y pensaba en su hijo pajeándose por ella.
-Agggg María... ¿En qué pensaría? Seguro que en follarte las tetas...o en que le chupas la polla...
-¿Sí?...Ummmm ¿Me imaginaría chupándole la polla? ¿A su madre haciéndole una mamada?
-Desde luego que sí....Eso y mucho más.
Mil ideas pasaron por la cabeza de María, que se volvió a correr, echando la cabeza hacia atrás y reprimiendo un enorme grito. Mateo también estaba a punto de correrse, pero tuvo una idea. Siempre quiso hacer algo con María, pero ella siempre le decía que no. Ahora la tenía cachonda perdida. Probó suerte.
-Mami...¿Me chupas la polla?
Cuando María lo oyó llamarla mami casi se corre otra vez. Se quedó quieta...Las palabras resonaban en su cabeza.
-Por favor, mamá...chúpame la polla...estoy muy caliente. Me has puesto muy caliente...ese culazo...tus tetas....
Ella se incorporó, sacándose la polla del coño. Se dio la vuelta. El corazón le latía a mil por hora.
-¿Así que mi niño quiere que mami le chupe la polla, eh?
-Sí, sí... mira como la tengo
La polla parecía a punto de reventar. Hacía mucho tiempo que no se levantaba tanto. María se arrodilló lentamente, puso las manos en los muslos y se la metió en la boca. Sabía a coño, a su coño. Cerró los ojos y empezó una soberbia mamada.
-¿Te gusta como mami tu come la polla? -Agggg sí, sí....
Mateo miraba la felación. No recordaba una tan sensual. Estaba tan cachondo que no podría aguantar mucho. Llevó sus manos al cabello de su mujer y siguió el movimiento de la cabeza.
-Ummm mamá..que rico..¿Me puedo correr en tu boca?
-Claro mi vida...córrete en la boca de mami.
Raramente ella lo dejaba correrse en su boca. Casi siempre se la sacaba en el último momento y lo hacía correrse en sus tetas o en su barriga.
Mateo notó la llegada del orgasmo. Movió sus caderas ligeramente, follándose la caliente boca de su mujer.
-Aggggg mamáaaa...me voy a correr....te...te ¿ tragarás toda mi leche?
-Mami se beberá toda la leche que su niño le dé.
Él no pudo más. Estalló con fuerza y su polla empezó a disparar fuertes trallazos de semen contra la lengua y el paladar de María. Y cuando la oyó tragar, cerró los ojos y siguió corriéndose, gozando hasta lo indecible.
Jamás ella se había tragado su leche. Y ahora, pensando en que era a Juan el que se corría en su boca, tragaba y tragaba. Cuando la polla dejó de manar, siguió chupando, relamiendo, hasta dejarla bien limpia.
Se la sacó de la boca y miró a su marido.
-¿Le ha gustado a mi niño como mami le chupó la polla?
-María, ha sido la mejor mamada de mi vida.
La ayudó a levantar y la besó. Su boca sabía salada. En ese momento, oyeron la puerta. Juan había regresado.
A toda prisa, se subió las bragas, se bajó la falda y Mateo se guardó la polla.
Durante la comida, Mateo no dejó de mirar, de reojillo, a su hijo, el cual no dejó de mirar a su madre. Mateo también miraba a su mujer y le hacía señas, guiños. Y ella, encantada.
A partir de ese día, vistió más provocativamente dentro de casa.