Una noche solo en casa todo cambió. Mi hija Victoria y mi sobrina Alison llegaron ebrias de una fiesta. Pasaron a la sala, pero Victoria se siguió de largo al baño y se encerró. A solas con Alison, nos saludados de beso y luego me abrazó como de costumbre. Aunque esta vez se ciñó a mi cuerpo más de lo normal y pude sentir su cuerpo exuberante. Alison era una joven de piel blanca, pechos incipientes y un culo de ensueño. Su figura avispa y piernas torneadas Llevaba puesto un top negro sin tirantes que revelaba la forma de sus pezones. Sus exquisitas piernas vestían minifalda roja, sus muslos tersos eran magnéticos a la vista y sus pies celestiales eran alzados por tacones. Quedé prendado de su cintura estrecha y su cadera imponente. Una mujer tan espectacular solo puede ser un regalo del cielo. Desde que comenzó a desarrollarse me di cuenta de su potencial. Si fuera otra circunstancia, haría hasta lo imposible para casarme con ella. Se veía espectacular y me pregunté si algún imbécil con suerte probó sus labios esa noche. Si la tomó de la cintura o si pudo ponerle mano a su precioso culo. Era un derecho que un tío no está destinado a reclamar. Solo queda apreciarla de lejos hasta que algún día un hombre aparezca para quedársela y se vaya lejos. En lo que pensaba eso, me percaté que ninguno cedió el abrazo. Un magnetismo nos mantuvo pegados.
—Qué gusto verte, tío.
—Me alegra que hayan llegado con bien —le susurré y luego aflojé los brazos
—No me sueltes, hace frío —dijo y se acurrucó en mí.
Pegó más su cuerpo al mío y la abracé con más firmeza. Era un deleite rodearla y tenerla para mí. Todo en ella era sublime; su aroma frutal, sus palabras en ese tono preciso, su cabello castaño lacio y brillante. La tomé y la cargué en brazos al sillón. Me acosté, la puse encima de mí y jalé una manta. Ella se regocijó de comodidad en mi pecho, mientras se oía a mi hija vomitar sin control. A espaldas del sillón quedaba el baño, así que el respaldo nos cubriría en caso de que saliera de pronto.
—Eres fuerte —dijo apretando mi bíceps.
—Ayuda mucho tu cuerpo de muñeca.
Soltó una risita y escondió el rostro en mi pecho.
—Recuerdo que así me acomodabas y me quedaba dormida por horas.
—Eras una niña tremenda, solo me caías bien cuando dormías.
—Eres un grosero —escondió su rostro—, pensé que te caía bien solo por ser bonita.
—Tu belleza inmaculada no es suficiente.
—Cálmate, exagerado —me dio una palmada en la barriga.
—No, de verdad. No puedo decir más porque soy tu tío y no sería correcto, pero la verdad eres muy hermosa.
—Si no fueras mi tío, ¿Qué más me dirías?
Dudé si seguir adelante, pero ya se me estaba poniendo dura, con ello, todo mi raciocinio se desvanecía.
—Diría que eres tan hermosa que tu mirada de fuego podría derretir glaciares. Que tu boca carnosita puede conquistar reinos enteros. Tu sola existencia hace brillar más al mundo y que no es ninguna exageración llamarte inmaculada.
Me di pena ajena, pero pensé que tal vez iba a hacer la única oportunidad de que pasara algo.
—Mmm… si un chico me dijera eso pensaría que me quiere secuestrar —se rio—. Y ¿si no fuera tu sobri? —me susurró—, ¿qué más harías?
Nuestros rostros quedaron muy cerca. Podía escuchar su respiración y sus latidos. Noté que se sonrojó. Nuestro calor aumentó mientras Victoria ya no hacía ningún ruido en el baño. En ese momento sentí que estaba cruzando límites y cualquier paso en falso sería la ruina familiar. Mi hermana me asesinaría si nos viera, pero no me importó. Se acomodó y su culo quedó pegado al montículo de mi verga asfixiada. Se quedó inmóvil, como si contuviera la respiración. Con mi mano acaricié su rostro y alzó la mirada. Sus ojos de avellana me llevaron por las olas de un mar prohibido. Me acerqué poco a poco y ella terminó por adelantarse y me plantó un beso.
Al inicio nos besamos con ternura, pero el nivel se elevó rápidamente. Pronto se convirtió en un agarrón donde ambos nos manoseamos sin pudor. Nunca olvidaré la primera vez que me tocó la verga por encima del pantalón; se puso tan dura que soltó un gemido de la excitación. Llevé mi mano a sus pechos y bajé su top con delicadeza; sus senos eran finos y ligeros, con aureolas y pezones claros como dunas de alabastro. No perdí el tiempo y las poseí con las manos. Luego me bajé a engullirlas como dios manda. Por turnos le chupé una y luego otra, mientras mis manos exploraban sus piernas de diosa y su culo obsceno. Me daba igual si en este punto nos atrapaba Victoria, estaba dispuesto a exprimir cada segundo de este instante para devorarla. Maniobré para bajarme el pantalón y su mano me la acarició por arriba del bóxer sin pensársela me la sacó. La pescó con su mano, tenía uñas largas y pintadas de barniz rojo brillante, sus manos limpias y suaves contrastaron tremendamente con la crudeza de mi trozo moreno y tieso. La paja me subió al paraíso y admiré la vida en cámara lenta. Deslicé mi mano de sus piernas a su entre pierna y la miré en busca de aprobación. Ella asintió con su rostro abrumado por la calentura. Me metí debajo de su falda y puse mi dedo medio e índice sobre su monte, justo por encima de sus bragas. Se retorció de placer y buscó mi boca para meterme la lengua. Le hice a un lado sus bragas y finalmente tuve contacto directo con el sexo de mi sobrina. Ya estaba lubricada, mis dedos se empaparon en sus jugos nacientes.
—Métemela... —susurró.
Sus palabras se arraigaron en lo más profundo y sentí mi cerebro derretirse del morbo tan intenso.
—No se puede, mamita. Soy tu tío, el hermano de tu mamá.
—Por favor, no le diremos a nadie, solo quiero sentirte dentro.
El sonido de los jugos al frotarla con mis dedos inundó la habitación.
—Solo puedo tocar tu puchita, mi amor, ¿vale? Tu tío te puede dar ese placer siempre que quieras...
—¿Cuándo quiera? —frunció el ceño poseída por el placer.
—Sí, mi niña.
Me atrajo con su mano y me dio un apasionado beso francés.
—Puedes tomarme cuando quieras, tío...
Su respiración aumentaba de intensidad cada segundo. Seguía lubricando como loca y mi pene ya estaba completamente embadurnado de preseminal. Sus manos me esclavizaron y ahora iba sin control al orgasmo. Se empezó a agitar cada vez más y se apretó contra mí con fuerza, se quedó tiesa un segundo y luego explotó un orgasmo intenso. Le tapé la boca porque empezó a gemir descontrolada y vi por primera vez a mi sobrina derretirse y rendirse ante en mis brazos.
Apenas se recuperó me miró juguetona con una sonrisa ensoñada. Retomó el ritmo de la paja hasta que llegó el momento; le apreté el culo con todas mis fuerzas y con la otra mano la tomé del cabello. Mi carga, que ya había acumulado una presión considerable, comenzó a botar con desdén por todos lados. El brote abundante inundó su cuca, su abdomen y su ombligo. Nos miramos en silencio un segundo y de repente se abrió la puerta del baño. Le subí las bragas encerrando toda mi corrida en su intimidad. Le acomodé el top y como pude me subí el pantalón. Me asomé y la vi sentada afuera del baño texteando en el cel. Me alivié y me escabullí a la cocina, luego aparecí como si nada a lado de mi hija. Estaba tan ebria que definitivamente no sospechó nada.
—¿Te pasaste de copas, no crees? —Lo siento, papá... No sé en qué estaba pensando —dijo tomándose la cabeza.
—No te preocupes, hija, creo que a todos nos debe pasar para aprender. Solo ten más cuidado, no es buena idea beber tanto, ¿vale, amor?
—Sí, pa... ya nos iremos a dormir.
Alison se levantó del sofá y caminó hacia nosotros, el lechazo que le dejé escurría por su abdomen hasta la pretina de su falda. Victoria me abrazó y se encaminó a su habitación. Alison hizo lo mismo, procuré no mancharme de semen y antes de irse le di un besito en los labios, ella respondió con un beso más intenso. Victoria volteó, pero pudimos disimularlo.
Esa noche no dormí nada bien; destrocé todas las fronteras familiares tomando provecho de mi sobrina ebria. Me abrumó el miedo de que despertara asqueada por el recuerdo y me fuera a delatar.
La bruma se disipó cuando bajaron a desayunar por la mañana. Alison me saludó de lejos con normalidad y se sentó. Platicamos y reímos entre todos. Luego decidimos ir al cine. Pasamos por mi esposa en el auto y después de la película fuimos a comer a un restaurante bar. Todos pedimos cerveza para comer y para la sobremesa encargué un tequila cristalino. A medida que nos fuimos embriagando, los fantasmas de la noche anterior se manifestaron. Empecé a ver de reojo a Alison, me estaba calentando ver sus clavículas descubiertas y su escote juguetón. Se movía con la libertad de una mariposa. Llevaba un vestido ajustado y cortito color azul con adornos florales. Sus muslos resplandecían y me llamaban a tomarlos. Ella me respondía con miradas furtivas y sonrisas cómplices. Su cuerpo me enloquecía cada vez más, quería sentarla en mi cara y vivir así el resto de mi vida.
El restaurante era anticuado y demasiado grande para el número habitual de comensales. En sus años de gloria rebosaba de risas y pláticas en todos sus rincones, pero ahora ya no quedaba nada. Para ir al baño debías salir del salón, pasar por otro, subir escaleras y pasar por una antesala. Calculé el momento justo y me topé a Alison en la antesala. Nos vimos y me sonrió con dulzura. Se me hacía impensable que hace unas horas la había dejado embadurnada de leche. Me pregunté si se había limpiado o si durmió así. Me puse duro al instante. Al quedar frente a frente, pasé el dorso de mi índice por su mejilla.
—No sabes cuánto quiero que se repita.
Nerviosa bajó la mirada.
—Yo igual...
Alcé su rostro con mi mano y la miré a los ojos.
—Tengo muchas ganas de tomarte justo ahora.
—Oh... pero... ¿y si alguien...
Me aproximé a pocos centímetros y la interrumpí con un beso. En segundos nos agarramos con lujuria, acaricié su cintura y bajé para apretar su culito mientras nuestras lenguas hablaban.
—Ponte de rodillas —ordené.
Sin articular respuesta miró a su alrededor y obedeció al ver que estábamos solos con el silencio. Le di la mano para que se apoyara al bajar y así lo hizo. Sus rodillas tocaron el piso y me miró desde abajo esperando la siguiente instrucción. La miré sin decir nada, observé sus piernas depiladas, su escote y su preciosa carita. Me saqué la reata y se la mostré. Me observó con una mezcla de curiosidad y sorpresa hasta soltar una risa nerviosa. Le acerqué la punta de la verga a su boca y abrazó mi cabeza con sus labios. Rápidamente sentí su calor y la humedad de su saliva empapándome. Poco a poco se la metí hasta sentir sus labios en la base de mi pene. Me esclavizó al instante y no pude contener soltar un gemido gutural. Alcé la mirada al cielo sin creerme todavía que me la estaba chupando la hija de mi hermana. Alison comenzó a chupar con energía, pero con movimientos algo torpes. Le recogí su cabello y lo sostuve. Me incliné rápidamente y le bajé la parte superior de su vestido para ver sus tetas una vez más. Su lengua degustaba mi chota como si no hubiera un mañana, a veces se la metía entera hasta provocarse arcadas.
—Qué rico la chupas.
—Mmmm...mmm....
— ¿Me la vas a mamar así siempre que te lo pida?
—Mmhmm...
La jalé del cabello para sacarle mi verga.
—Sí, tío —respondió tratando de recuperar el aliento—: Siempre que me lo pidas.
—¿Y si no tienes ganas?
—Siempre voy a tener.
—¿Siempre estarás lista para mí?
—Sí.
Me incendió su sumisión. Así que la jalé del cabello y se la metí de nuevo, pero esta vez tomando el control del ritmo. Mi corazón y mis metidas no dejaban de acelerarse. Un instinto de depravación tomó control de mí y estaba dispuesto a todo. Me empecé a agitar cada vez más. Me miró con los ojos llorosos sin saber lo que estaba a punto de pasar. Se la metía tan adentro que sus arcadas sonaban por toda la estancia y un hilo de saliva caía hasta sus muslos. Le empezaron a escurrir lágrimas de ahogamiento por sus mejillas. Si algún comensal iba al baño tendría una función en directo de un tío y con su sobrina.
—Mírame, amor.
Acto seguido, sin dejar de mamar como puta, poso sus tiernos ojos sobre los míos y finalmente se la metí hasta el fondo y exploté mi corrida en su boquita. Lechazo tras lechazo la llené hasta dejarla sin espacio.
—Pásatelo todo, mi amor, y cuidado con tu vestido para que no se manche —le dije en voz baja.
Obediente trató de tragarse todo, aunque le costó trabajo. Cuanto eché todo la solté y se tiró de lado tosiendo mis mecos tratando de recobrar el aliento. Pude ver sus rodillas enrojecidas y sus tetas rozando el piso. De repente vi de reojo a la mesera que nos estaba atendiendo, venía subiendo las escaleras directo a nosotros. Cuando su bonito rostro nos vio, quedó estupefacta.
—Iré a la mesa para que no sospechen. Te veo allá, cariño.
—Sí, tío —respondió trémula.
Caminé hacia las escaleras donde aún estaba la mesera atónita.
—Hermosa, ayúdale a mi niña a arreglarse, ¿vale? —le ofrecí un buen par de billetes—: Dale un poco de agua. Y por favor, evita mencionar esto frente a mi esposa.
Me miró incrédula y un poco indignada, pero tomó el dinero. Al llegar a la mesa me excusé con que algo me había caído mal y al poco rato Alison se unió a nosotros. Mi esposa le susurró algo, ella le respondió y Gloria asintió con la cabeza. Todo continuó con normalidad. Seguimos bebiendo y retomamos la plática. La mesera se notaba incómoda conmigo, pero por fortuna no me delató. Pedí la cuenta y fuimos a dejar a mi sobrina en casa de mi hermana.
—Mira qué bonita, regresando de estar con tu segunda familia —espetó Karen en todo de broma—. Ya deberían adoptarla, solo con ustedes se porta bien.
—Con mucho gusto, hermana. Déjanosla unos meses y te la regresamos como nueva —dije sonriendo.
Platicamos un momento entre todos mientras reflexionaba que Alison había sacado los mejores atributos de mi hermana y casi nada del padre. Recordé fugazmente cuando me desvirgó durante mi adolescencia. Fue una noche que llegué llorando después de terminar con mi novia. Ella, al ser la mayor, siempre me escuchaba y me daba consejos. Esa vez nos abrazamos un largo rato, me tranquilizó con susurros y acariciando mi nuca. Yo estaba convencido de ser un adefesio y ella juró que era muy apuesto. De pronto me besó y luego me llevó a la cama para convencerme que era un hombre deseable. Lo hice con torpeza, ni siquiera pude ponerme bien el condón y ella me dejó entrar a pelo. Recordarlo siempre me ponía. Eventualmente comenzamos a tener pareja y dejamos esa parte de lado para siempre. Tal vez no sería el primer hombre en la vida de Alison, pero estaba dispuesto a ser el último.
Regresamos a casa y durante el camino me sentí en la cima del mundo. Ella era la chispa que necesitaba mi vida. Respiré el aire fresco de la noche y me llené de optimismo por el futuro. Al llegar a casa dormí plácidamente.
...
El miércoles siguiente mi esposa e hija salieron a su respectivo trabajo y escuela. Me aseguré de que Alison estuviera en su casa, como mi hermana y su esposo trabajaban todo el día, lo lógico era encontrarla sola en casa. Tomé las llaves del auto y en 15 minutos estaba en la esquina de su casa. Entonces le marqué.
—¿Bueno?
—Hola, hija, habla tu tío.
—Hola, tío —su voz se alegró.
—Lo que pasa es que tu mami quedó en arreglarme unos trajes y quería ver si ya estaban listos. Ahora ando muy cerca de tu casa y me queda de paso.
—Oh, la verdad no sé si los tenga listos. Le llamaré a ver si me contesta.
—No te preocupes, esperaré a unas calles.
—Claro que no, tío. Pasa a la casa en lo que la contacto. Sirve que al fin pruebas uno de mis cafés.
Sonreí por la disposición de mi sobrina a tenerme cerca y por colarme a su casa para compartir un tiempo a solas.
—Vale, solo porque haces el café más delicioso.
Lanzó una risa juguetona y colgó. A los pocos minutos me abrió la puerta, me recibió con una sonrisa divina y me pasó a la sala. Su casa era silenciosa y amplia, olía a madera por la duela y los muebles antiguos. Esperé sentado en el viejo sofá de la abuela. Llegó con mi café y unas galletas. Pocas veces hemos estado a solas y se sentía una tensión creciente. Si quisiera podría levantarme y hacerla mía, pero me gustaba asechar a mi presa, quería que ella se me ofreciera.
Hablamos tendido por varios minutos, ninguno mencionó los supuestos trajes. Era la primera vez que platicábamos tan fluido. Me di cuenta de que más allá de ser una chica extrovertida y sonriente, era muy inteligente y metódica. Cuando vi el reloj ya había pasado una hora. La conversación era tan buena que le di un cortón.
—Me encantó, platicar contigo, hija. Dile a tu mami que no se apure, que paso por mis trajes cuando ella me diga.
Hice el ademán de levantarme.
—¿Ya te vas? —preguntó desconcertada.
—Sí, tengo una cita con mi PC y unas cervezas.
—O sea prefieres eso a quedarte conmigo.
—No es eso, pero sería extraño si llega uno de tus papás.
—No estamos haciendo nada malo. Además, ellos llegan hasta la noche.
—Entonces, ¿les vas a contar que pasaste toda la tarde a solas con tu tío favorito?
—Obvio no.
—Pero no estamos haciendo nada malo.
Se quedó callada y me miró molesta.
—Vale, tío. Cuídate, me saludas a Vicky —dijo resignada.
—¿Qué te parece si pedimos algo de comer y vemos películas todo el día?
Su rostro se iluminó como jamás había visto y saltó a abrazarme. Sus piernas y brazos se engancharon en mi cuerpo. Era ligera y cálida, como un koala aferrado a su rama. Nos miramos fijamente. Pasé mis manos por su cintura para comprobar su figura esbelta y pasé por sus caderas anchas. Irremediablemente nos comenzamos a besar con una pasión desmedida. Como si nuestras almas quisieran escapar de la barrera de nuestros cuerpos para fundirse en una sola entidad. Por primera vez sentí algo más que solo deseo, era algo que solo sentía cuando comenzaba a enamorarme.
Nos echamos al sillón y poco a poco nos fuimos despojando de nuestras ropas. Llevaba un conjunto de encaje color lila, tiempo después de confesó que corrió a ponérselo cuando supo que vendría. Besé todo su cuerpo; comenzando del cuello, bajé por su pecho y continué mi camino a besos hasta su vientre. Besé sus muslos y acaricié sus piecitos. Venerarla se volvió mi misión y principal interés. Me acerqué a su rajita y pasé mi nariz sobre sus bragas de encaje. Sentí su humedad y con un dedo hice a un lado sus braguitas y le rocé muy ligeramente mi lengua. Ella soltó un gemido ahogado y puso su mano en mi nuca. Volví a pasar mi lengua en la rajita de mi sobrina y palpé sus rastros en mi paladar. Era un elixir. Le quité sus bragas y me comí su concha como dios manda; primero estimulando sus labios y repasando su clítoris levemente. Cada que regresaba a tocar su botón su respiración y sus movimientos se descontrolaban. No dejaba de gemir ante el abrumador placer que sentía. Escuchar gemir a mi sobrina hizo que todo valiera la pena. Incluso si ahora mismo decidiera ya no continuar, me quedaría con la satisfacción de haberle arrancado la respiración. Me suplicó que no parara, sus piernas se tensaron, su mano me apretó contra su sexo y de pronto todo en ella se contrajo. Colapsó en un terrible orgasmo y sus melodiosas súplicas flotaron sobre nosotros y se posaron sobre el silencio de dos personas sin aliento.
Recargué la cabeza en una de sus piernas. Mi boca y mi nariz estaban embadurnadas de sus jugos. Desde ahí miré su vulva empapada. Me acerqué y le di un beso en el clítoris. Ella se retorció por la sensibilidad y lanzó una risita.
—Es...pera...
Yo me reí y subí formando un camino de besos hasta su boquita. Fui por mi cartera y saqué un condón. Retomé mi posición y mi pene quedó justo en la entrada de su cuca.
—¿Me la vas a meter?
—Sí, mi niña. ¿Me dejas?
Asintió con timidez.
—¿Tienes condones?
—Sí, cielo. Lo que menos queremos es que salgas embarazada de tu tío —le dije acariciando su cabello.
Asintió de nuevo al tiempo que empecé a entrar. Estaba tan lubricada que abrirme paso en ella se sintió como entrar al paraíso. Amé todo sobre tierra y todos los eventos cósmicos que dieron lugar a que estemos aquí. Cuando se la metí toda sentí que también era su fondo, era como si nuestros sexos se hubieran creado para estar juntos. Me quedé inmóvil disfrutando mi victoria. Me estaba follando a mi sobrina, después de tantas fantasías en mi cama, después de tantas pajas viendo su perfil de IG, finalmente llegué a la cima.
—Es muy grande, tío.
—¿Te duele?
Agitó la cabeza.
Comencé a penetrarla sin piedad. Metiendo y sacando el grueso de mi verga entera. Cada que llegaba al fondo no contenía sus gemidos. Llevó una de sus manos a mi nalga y me atraía hacia ella en cada vaivén. Yo le respondí aumentando la fuerza de mi pelvis y el golpeteo húmedo de dos pieles gobernó la casa entera. Me paré, la levanté y la puse en cuatro patas sobre el sofá. Vi su culote y sus caderas rendidas ante mí. Se la metí y retomé el ritmo duro, solo que con más fuerza. Ya no sabía si gemía de placer o de dolor, pero no me detuve.
—Ya no aguanto más.
—Espera...
Se giró y se puso de rodillas. Tomó mi pene, le quitó el condón y se la metió en la boca metiendo y sacando al ritmo con el que se lo estaba metiendo. Me aparté unos centímetros, tomé poder de mi pene y finalmente vi la luz del mundo. Sentí el peso de mi leche dejando mis testículos, pasando por mis conductos y liberé uno de mis mejores talentos, producir cantidades impensables de semen. Dejé caer disparo tras disparo en toda su carita, ella cerró los ojos justo antes de embadurnar por completo sus párpados y nariz. Mis descargas de leche espesa fueron tan cuantiosas que empezó a escurrir por su cuello y gotas caían de su barbilla hasta sus piernas y pechos. La admiré mi obra de arte por un par de minutos y la limpié con una toalla.
En la ducha me dispuse a enjabonarla de pies a cabeza, se me puso tiesa de nuevo, no me aguanté, así que la incliné en la regadera y se la quise meter de nuevo.
—¿Sin condón? — preguntó sorprendida.
—Ya no tengo.
—Es peligroso, tío.
Desde ahí se veía divina; empapada e inclinada con el culo parado. Sería un crimen perdonar.
—No pasará nada, hija, te lo prometo. Solo es cuando me vengo dentro que hay riesgo.
—¿Seguro?
Le pasé la verga por todo su culo. Estaba desesperado por meterla.
—Mmm seguro, hija. Es casi imposible que suceda.
Asintió. La tomé de la cadera, me acomodé y finalmente nuestros sexos se tocaron por primera vez. Me abrí paso en mi sobrina a pelo hasta tocar fondo. Moví mi cadera en círculos para que mi chota estimulara la totalidad de su puchita. Me apretaba, pero la lubricación natural de Alison hacia todo más fácil. Empecé el vaivén. Mientras, con las manos, recorrí su espalda y me deslicé a sus pechos. Eran meloncitos que no cabían en mi mano.
—AHH, MMMM —soltó ida del placer.
—Qué puchita tienes, mi amor. Me aprieta bien rico.
—Se siente mejor así. Ahh. Puedo sentirte más. Ahhhh, ahhhh.
La arremetí con envestidas más fuertes. Mi ritmo era impecable. Retumbé la casa de mi hermana con el sonido de mi pelvis reventando el culo de mi sobrina.
—De ahora en adelante solo cogeremos a pelo, cielo.
—Está bien, tío.
Estaba tan caliente que en ese momento me vi teniendo una vida con ella. Empezar algo serio, aunque tengamos que confrontar a la familia.
—Quiero que te toques el chocho, cielo. Desde ahí te alcanzas. Tócate en lo que te meto más duro.
—Ss sí… —dijo temblorosa al tiempo de estimular su clitoris.
Sus músculos se relajaron a medida que se estimulaba.
—Sigue así, cielo. Lo que vas a experimentar se llama orgasmo. Lo mejor es que tú misma te lo provoques.
—Siento que me haré pipí.
—Es normal, déjate llevar.
—Ahhh, ahh qué rico, diosss… AHHHHHHH
Se retorció y se dejó caer. La sostuve en mis brazos hasta que terminó su orgasmo. Cuando se repuso retomé el ritmo, ya no podía esperar más
—Ya no aguanto más, me voy a venir.
—Nooo... ahhh… afuera… afuera…
—No, amor. Quiero llenarte para que seas mi mujer —dije completamente poseído por el morbo.
—¿Qué?
Con sus manos trató de detener mi furia, pero la fuerza era incomparable.
—Embarazarte … ah…
—No, tío. No es tan fácil, nadie lo aceptaría.
Mis envestidas no cesaban. Mis manos aprisionaban su cadera, la tenía a mi completa merced.
—Escapamos, empezamos de nuevo. Te daré la vida de reina que mereces…
—Puedes llenarme, tío. Hazme tuya, estoy lista para convertirme en tu mujer.
—Eso haré, mamita, te voy a llenar hasta el fondo de tu cuquita.
—Ahhh ahh, sí, sí, sí. Lléname, córrete dentro.
Mi venida era insostenible. Se la metí hasta el fondo y con mis manos la presioné con todas mis fuerzas contra mi pelvis. Una corriente eléctrica atravesó mi cuerpo y durante un segundo sentí la paz absoluta. Empecé a venirme sacando leche recién hecha. Bombee dentro de mi mujer descarga tras descarga mientras ella no paraba de gemir. Al salirme toda la leche se botó de su cuca. Le apreté una nalga para ver mejor mi obra de arte. Ver a mi sobrina llena de mí me llenó de orgullo.
Continuamos el baño y ahora sí vimos películas y pedimos algo de comer. Salí una hora antes de la llegada de sus padres. Esa noche dormí convencido que la mujer de mi vida era mi sobrina Alison. Estaba equivocado.
—Qué gusto verte, tío.
—Me alegra que hayan llegado con bien —le susurré y luego aflojé los brazos
—No me sueltes, hace frío —dijo y se acurrucó en mí.
Pegó más su cuerpo al mío y la abracé con más firmeza. Era un deleite rodearla y tenerla para mí. Todo en ella era sublime; su aroma frutal, sus palabras en ese tono preciso, su cabello castaño lacio y brillante. La tomé y la cargué en brazos al sillón. Me acosté, la puse encima de mí y jalé una manta. Ella se regocijó de comodidad en mi pecho, mientras se oía a mi hija vomitar sin control. A espaldas del sillón quedaba el baño, así que el respaldo nos cubriría en caso de que saliera de pronto.
—Eres fuerte —dijo apretando mi bíceps.
—Ayuda mucho tu cuerpo de muñeca.
Soltó una risita y escondió el rostro en mi pecho.
—Recuerdo que así me acomodabas y me quedaba dormida por horas.
—Eras una niña tremenda, solo me caías bien cuando dormías.
—Eres un grosero —escondió su rostro—, pensé que te caía bien solo por ser bonita.
—Tu belleza inmaculada no es suficiente.
—Cálmate, exagerado —me dio una palmada en la barriga.
—No, de verdad. No puedo decir más porque soy tu tío y no sería correcto, pero la verdad eres muy hermosa.
—Si no fueras mi tío, ¿Qué más me dirías?
Dudé si seguir adelante, pero ya se me estaba poniendo dura, con ello, todo mi raciocinio se desvanecía.
—Diría que eres tan hermosa que tu mirada de fuego podría derretir glaciares. Que tu boca carnosita puede conquistar reinos enteros. Tu sola existencia hace brillar más al mundo y que no es ninguna exageración llamarte inmaculada.
Me di pena ajena, pero pensé que tal vez iba a hacer la única oportunidad de que pasara algo.
—Mmm… si un chico me dijera eso pensaría que me quiere secuestrar —se rio—. Y ¿si no fuera tu sobri? —me susurró—, ¿qué más harías?
Nuestros rostros quedaron muy cerca. Podía escuchar su respiración y sus latidos. Noté que se sonrojó. Nuestro calor aumentó mientras Victoria ya no hacía ningún ruido en el baño. En ese momento sentí que estaba cruzando límites y cualquier paso en falso sería la ruina familiar. Mi hermana me asesinaría si nos viera, pero no me importó. Se acomodó y su culo quedó pegado al montículo de mi verga asfixiada. Se quedó inmóvil, como si contuviera la respiración. Con mi mano acaricié su rostro y alzó la mirada. Sus ojos de avellana me llevaron por las olas de un mar prohibido. Me acerqué poco a poco y ella terminó por adelantarse y me plantó un beso.
Al inicio nos besamos con ternura, pero el nivel se elevó rápidamente. Pronto se convirtió en un agarrón donde ambos nos manoseamos sin pudor. Nunca olvidaré la primera vez que me tocó la verga por encima del pantalón; se puso tan dura que soltó un gemido de la excitación. Llevé mi mano a sus pechos y bajé su top con delicadeza; sus senos eran finos y ligeros, con aureolas y pezones claros como dunas de alabastro. No perdí el tiempo y las poseí con las manos. Luego me bajé a engullirlas como dios manda. Por turnos le chupé una y luego otra, mientras mis manos exploraban sus piernas de diosa y su culo obsceno. Me daba igual si en este punto nos atrapaba Victoria, estaba dispuesto a exprimir cada segundo de este instante para devorarla. Maniobré para bajarme el pantalón y su mano me la acarició por arriba del bóxer sin pensársela me la sacó. La pescó con su mano, tenía uñas largas y pintadas de barniz rojo brillante, sus manos limpias y suaves contrastaron tremendamente con la crudeza de mi trozo moreno y tieso. La paja me subió al paraíso y admiré la vida en cámara lenta. Deslicé mi mano de sus piernas a su entre pierna y la miré en busca de aprobación. Ella asintió con su rostro abrumado por la calentura. Me metí debajo de su falda y puse mi dedo medio e índice sobre su monte, justo por encima de sus bragas. Se retorció de placer y buscó mi boca para meterme la lengua. Le hice a un lado sus bragas y finalmente tuve contacto directo con el sexo de mi sobrina. Ya estaba lubricada, mis dedos se empaparon en sus jugos nacientes.
—Métemela... —susurró.
Sus palabras se arraigaron en lo más profundo y sentí mi cerebro derretirse del morbo tan intenso.
—No se puede, mamita. Soy tu tío, el hermano de tu mamá.
—Por favor, no le diremos a nadie, solo quiero sentirte dentro.
El sonido de los jugos al frotarla con mis dedos inundó la habitación.
—Solo puedo tocar tu puchita, mi amor, ¿vale? Tu tío te puede dar ese placer siempre que quieras...
—¿Cuándo quiera? —frunció el ceño poseída por el placer.
—Sí, mi niña.
Me atrajo con su mano y me dio un apasionado beso francés.
—Puedes tomarme cuando quieras, tío...
Su respiración aumentaba de intensidad cada segundo. Seguía lubricando como loca y mi pene ya estaba completamente embadurnado de preseminal. Sus manos me esclavizaron y ahora iba sin control al orgasmo. Se empezó a agitar cada vez más y se apretó contra mí con fuerza, se quedó tiesa un segundo y luego explotó un orgasmo intenso. Le tapé la boca porque empezó a gemir descontrolada y vi por primera vez a mi sobrina derretirse y rendirse ante en mis brazos.
Apenas se recuperó me miró juguetona con una sonrisa ensoñada. Retomó el ritmo de la paja hasta que llegó el momento; le apreté el culo con todas mis fuerzas y con la otra mano la tomé del cabello. Mi carga, que ya había acumulado una presión considerable, comenzó a botar con desdén por todos lados. El brote abundante inundó su cuca, su abdomen y su ombligo. Nos miramos en silencio un segundo y de repente se abrió la puerta del baño. Le subí las bragas encerrando toda mi corrida en su intimidad. Le acomodé el top y como pude me subí el pantalón. Me asomé y la vi sentada afuera del baño texteando en el cel. Me alivié y me escabullí a la cocina, luego aparecí como si nada a lado de mi hija. Estaba tan ebria que definitivamente no sospechó nada.
—¿Te pasaste de copas, no crees? —Lo siento, papá... No sé en qué estaba pensando —dijo tomándose la cabeza.
—No te preocupes, hija, creo que a todos nos debe pasar para aprender. Solo ten más cuidado, no es buena idea beber tanto, ¿vale, amor?
—Sí, pa... ya nos iremos a dormir.
Alison se levantó del sofá y caminó hacia nosotros, el lechazo que le dejé escurría por su abdomen hasta la pretina de su falda. Victoria me abrazó y se encaminó a su habitación. Alison hizo lo mismo, procuré no mancharme de semen y antes de irse le di un besito en los labios, ella respondió con un beso más intenso. Victoria volteó, pero pudimos disimularlo.
Esa noche no dormí nada bien; destrocé todas las fronteras familiares tomando provecho de mi sobrina ebria. Me abrumó el miedo de que despertara asqueada por el recuerdo y me fuera a delatar.
La bruma se disipó cuando bajaron a desayunar por la mañana. Alison me saludó de lejos con normalidad y se sentó. Platicamos y reímos entre todos. Luego decidimos ir al cine. Pasamos por mi esposa en el auto y después de la película fuimos a comer a un restaurante bar. Todos pedimos cerveza para comer y para la sobremesa encargué un tequila cristalino. A medida que nos fuimos embriagando, los fantasmas de la noche anterior se manifestaron. Empecé a ver de reojo a Alison, me estaba calentando ver sus clavículas descubiertas y su escote juguetón. Se movía con la libertad de una mariposa. Llevaba un vestido ajustado y cortito color azul con adornos florales. Sus muslos resplandecían y me llamaban a tomarlos. Ella me respondía con miradas furtivas y sonrisas cómplices. Su cuerpo me enloquecía cada vez más, quería sentarla en mi cara y vivir así el resto de mi vida.
El restaurante era anticuado y demasiado grande para el número habitual de comensales. En sus años de gloria rebosaba de risas y pláticas en todos sus rincones, pero ahora ya no quedaba nada. Para ir al baño debías salir del salón, pasar por otro, subir escaleras y pasar por una antesala. Calculé el momento justo y me topé a Alison en la antesala. Nos vimos y me sonrió con dulzura. Se me hacía impensable que hace unas horas la había dejado embadurnada de leche. Me pregunté si se había limpiado o si durmió así. Me puse duro al instante. Al quedar frente a frente, pasé el dorso de mi índice por su mejilla.
—No sabes cuánto quiero que se repita.
Nerviosa bajó la mirada.
—Yo igual...
Alcé su rostro con mi mano y la miré a los ojos.
—Tengo muchas ganas de tomarte justo ahora.
—Oh... pero... ¿y si alguien...
Me aproximé a pocos centímetros y la interrumpí con un beso. En segundos nos agarramos con lujuria, acaricié su cintura y bajé para apretar su culito mientras nuestras lenguas hablaban.
—Ponte de rodillas —ordené.
Sin articular respuesta miró a su alrededor y obedeció al ver que estábamos solos con el silencio. Le di la mano para que se apoyara al bajar y así lo hizo. Sus rodillas tocaron el piso y me miró desde abajo esperando la siguiente instrucción. La miré sin decir nada, observé sus piernas depiladas, su escote y su preciosa carita. Me saqué la reata y se la mostré. Me observó con una mezcla de curiosidad y sorpresa hasta soltar una risa nerviosa. Le acerqué la punta de la verga a su boca y abrazó mi cabeza con sus labios. Rápidamente sentí su calor y la humedad de su saliva empapándome. Poco a poco se la metí hasta sentir sus labios en la base de mi pene. Me esclavizó al instante y no pude contener soltar un gemido gutural. Alcé la mirada al cielo sin creerme todavía que me la estaba chupando la hija de mi hermana. Alison comenzó a chupar con energía, pero con movimientos algo torpes. Le recogí su cabello y lo sostuve. Me incliné rápidamente y le bajé la parte superior de su vestido para ver sus tetas una vez más. Su lengua degustaba mi chota como si no hubiera un mañana, a veces se la metía entera hasta provocarse arcadas.
—Qué rico la chupas.
—Mmmm...mmm....
— ¿Me la vas a mamar así siempre que te lo pida?
—Mmhmm...
La jalé del cabello para sacarle mi verga.
—Sí, tío —respondió tratando de recuperar el aliento—: Siempre que me lo pidas.
—¿Y si no tienes ganas?
—Siempre voy a tener.
—¿Siempre estarás lista para mí?
—Sí.
Me incendió su sumisión. Así que la jalé del cabello y se la metí de nuevo, pero esta vez tomando el control del ritmo. Mi corazón y mis metidas no dejaban de acelerarse. Un instinto de depravación tomó control de mí y estaba dispuesto a todo. Me empecé a agitar cada vez más. Me miró con los ojos llorosos sin saber lo que estaba a punto de pasar. Se la metía tan adentro que sus arcadas sonaban por toda la estancia y un hilo de saliva caía hasta sus muslos. Le empezaron a escurrir lágrimas de ahogamiento por sus mejillas. Si algún comensal iba al baño tendría una función en directo de un tío y con su sobrina.
—Mírame, amor.
Acto seguido, sin dejar de mamar como puta, poso sus tiernos ojos sobre los míos y finalmente se la metí hasta el fondo y exploté mi corrida en su boquita. Lechazo tras lechazo la llené hasta dejarla sin espacio.
—Pásatelo todo, mi amor, y cuidado con tu vestido para que no se manche —le dije en voz baja.
Obediente trató de tragarse todo, aunque le costó trabajo. Cuanto eché todo la solté y se tiró de lado tosiendo mis mecos tratando de recobrar el aliento. Pude ver sus rodillas enrojecidas y sus tetas rozando el piso. De repente vi de reojo a la mesera que nos estaba atendiendo, venía subiendo las escaleras directo a nosotros. Cuando su bonito rostro nos vio, quedó estupefacta.
—Iré a la mesa para que no sospechen. Te veo allá, cariño.
—Sí, tío —respondió trémula.
Caminé hacia las escaleras donde aún estaba la mesera atónita.
—Hermosa, ayúdale a mi niña a arreglarse, ¿vale? —le ofrecí un buen par de billetes—: Dale un poco de agua. Y por favor, evita mencionar esto frente a mi esposa.
Me miró incrédula y un poco indignada, pero tomó el dinero. Al llegar a la mesa me excusé con que algo me había caído mal y al poco rato Alison se unió a nosotros. Mi esposa le susurró algo, ella le respondió y Gloria asintió con la cabeza. Todo continuó con normalidad. Seguimos bebiendo y retomamos la plática. La mesera se notaba incómoda conmigo, pero por fortuna no me delató. Pedí la cuenta y fuimos a dejar a mi sobrina en casa de mi hermana.
—Mira qué bonita, regresando de estar con tu segunda familia —espetó Karen en todo de broma—. Ya deberían adoptarla, solo con ustedes se porta bien.
—Con mucho gusto, hermana. Déjanosla unos meses y te la regresamos como nueva —dije sonriendo.
Platicamos un momento entre todos mientras reflexionaba que Alison había sacado los mejores atributos de mi hermana y casi nada del padre. Recordé fugazmente cuando me desvirgó durante mi adolescencia. Fue una noche que llegué llorando después de terminar con mi novia. Ella, al ser la mayor, siempre me escuchaba y me daba consejos. Esa vez nos abrazamos un largo rato, me tranquilizó con susurros y acariciando mi nuca. Yo estaba convencido de ser un adefesio y ella juró que era muy apuesto. De pronto me besó y luego me llevó a la cama para convencerme que era un hombre deseable. Lo hice con torpeza, ni siquiera pude ponerme bien el condón y ella me dejó entrar a pelo. Recordarlo siempre me ponía. Eventualmente comenzamos a tener pareja y dejamos esa parte de lado para siempre. Tal vez no sería el primer hombre en la vida de Alison, pero estaba dispuesto a ser el último.
Regresamos a casa y durante el camino me sentí en la cima del mundo. Ella era la chispa que necesitaba mi vida. Respiré el aire fresco de la noche y me llené de optimismo por el futuro. Al llegar a casa dormí plácidamente.
...
El miércoles siguiente mi esposa e hija salieron a su respectivo trabajo y escuela. Me aseguré de que Alison estuviera en su casa, como mi hermana y su esposo trabajaban todo el día, lo lógico era encontrarla sola en casa. Tomé las llaves del auto y en 15 minutos estaba en la esquina de su casa. Entonces le marqué.
—¿Bueno?
—Hola, hija, habla tu tío.
—Hola, tío —su voz se alegró.
—Lo que pasa es que tu mami quedó en arreglarme unos trajes y quería ver si ya estaban listos. Ahora ando muy cerca de tu casa y me queda de paso.
—Oh, la verdad no sé si los tenga listos. Le llamaré a ver si me contesta.
—No te preocupes, esperaré a unas calles.
—Claro que no, tío. Pasa a la casa en lo que la contacto. Sirve que al fin pruebas uno de mis cafés.
Sonreí por la disposición de mi sobrina a tenerme cerca y por colarme a su casa para compartir un tiempo a solas.
—Vale, solo porque haces el café más delicioso.
Lanzó una risa juguetona y colgó. A los pocos minutos me abrió la puerta, me recibió con una sonrisa divina y me pasó a la sala. Su casa era silenciosa y amplia, olía a madera por la duela y los muebles antiguos. Esperé sentado en el viejo sofá de la abuela. Llegó con mi café y unas galletas. Pocas veces hemos estado a solas y se sentía una tensión creciente. Si quisiera podría levantarme y hacerla mía, pero me gustaba asechar a mi presa, quería que ella se me ofreciera.
Hablamos tendido por varios minutos, ninguno mencionó los supuestos trajes. Era la primera vez que platicábamos tan fluido. Me di cuenta de que más allá de ser una chica extrovertida y sonriente, era muy inteligente y metódica. Cuando vi el reloj ya había pasado una hora. La conversación era tan buena que le di un cortón.
—Me encantó, platicar contigo, hija. Dile a tu mami que no se apure, que paso por mis trajes cuando ella me diga.
Hice el ademán de levantarme.
—¿Ya te vas? —preguntó desconcertada.
—Sí, tengo una cita con mi PC y unas cervezas.
—O sea prefieres eso a quedarte conmigo.
—No es eso, pero sería extraño si llega uno de tus papás.
—No estamos haciendo nada malo. Además, ellos llegan hasta la noche.
—Entonces, ¿les vas a contar que pasaste toda la tarde a solas con tu tío favorito?
—Obvio no.
—Pero no estamos haciendo nada malo.
Se quedó callada y me miró molesta.
—Vale, tío. Cuídate, me saludas a Vicky —dijo resignada.
—¿Qué te parece si pedimos algo de comer y vemos películas todo el día?
Su rostro se iluminó como jamás había visto y saltó a abrazarme. Sus piernas y brazos se engancharon en mi cuerpo. Era ligera y cálida, como un koala aferrado a su rama. Nos miramos fijamente. Pasé mis manos por su cintura para comprobar su figura esbelta y pasé por sus caderas anchas. Irremediablemente nos comenzamos a besar con una pasión desmedida. Como si nuestras almas quisieran escapar de la barrera de nuestros cuerpos para fundirse en una sola entidad. Por primera vez sentí algo más que solo deseo, era algo que solo sentía cuando comenzaba a enamorarme.
Nos echamos al sillón y poco a poco nos fuimos despojando de nuestras ropas. Llevaba un conjunto de encaje color lila, tiempo después de confesó que corrió a ponérselo cuando supo que vendría. Besé todo su cuerpo; comenzando del cuello, bajé por su pecho y continué mi camino a besos hasta su vientre. Besé sus muslos y acaricié sus piecitos. Venerarla se volvió mi misión y principal interés. Me acerqué a su rajita y pasé mi nariz sobre sus bragas de encaje. Sentí su humedad y con un dedo hice a un lado sus braguitas y le rocé muy ligeramente mi lengua. Ella soltó un gemido ahogado y puso su mano en mi nuca. Volví a pasar mi lengua en la rajita de mi sobrina y palpé sus rastros en mi paladar. Era un elixir. Le quité sus bragas y me comí su concha como dios manda; primero estimulando sus labios y repasando su clítoris levemente. Cada que regresaba a tocar su botón su respiración y sus movimientos se descontrolaban. No dejaba de gemir ante el abrumador placer que sentía. Escuchar gemir a mi sobrina hizo que todo valiera la pena. Incluso si ahora mismo decidiera ya no continuar, me quedaría con la satisfacción de haberle arrancado la respiración. Me suplicó que no parara, sus piernas se tensaron, su mano me apretó contra su sexo y de pronto todo en ella se contrajo. Colapsó en un terrible orgasmo y sus melodiosas súplicas flotaron sobre nosotros y se posaron sobre el silencio de dos personas sin aliento.
Recargué la cabeza en una de sus piernas. Mi boca y mi nariz estaban embadurnadas de sus jugos. Desde ahí miré su vulva empapada. Me acerqué y le di un beso en el clítoris. Ella se retorció por la sensibilidad y lanzó una risita.
—Es...pera...
Yo me reí y subí formando un camino de besos hasta su boquita. Fui por mi cartera y saqué un condón. Retomé mi posición y mi pene quedó justo en la entrada de su cuca.
—¿Me la vas a meter?
—Sí, mi niña. ¿Me dejas?
Asintió con timidez.
—¿Tienes condones?
—Sí, cielo. Lo que menos queremos es que salgas embarazada de tu tío —le dije acariciando su cabello.
Asintió de nuevo al tiempo que empecé a entrar. Estaba tan lubricada que abrirme paso en ella se sintió como entrar al paraíso. Amé todo sobre tierra y todos los eventos cósmicos que dieron lugar a que estemos aquí. Cuando se la metí toda sentí que también era su fondo, era como si nuestros sexos se hubieran creado para estar juntos. Me quedé inmóvil disfrutando mi victoria. Me estaba follando a mi sobrina, después de tantas fantasías en mi cama, después de tantas pajas viendo su perfil de IG, finalmente llegué a la cima.
—Es muy grande, tío.
—¿Te duele?
Agitó la cabeza.
Comencé a penetrarla sin piedad. Metiendo y sacando el grueso de mi verga entera. Cada que llegaba al fondo no contenía sus gemidos. Llevó una de sus manos a mi nalga y me atraía hacia ella en cada vaivén. Yo le respondí aumentando la fuerza de mi pelvis y el golpeteo húmedo de dos pieles gobernó la casa entera. Me paré, la levanté y la puse en cuatro patas sobre el sofá. Vi su culote y sus caderas rendidas ante mí. Se la metí y retomé el ritmo duro, solo que con más fuerza. Ya no sabía si gemía de placer o de dolor, pero no me detuve.
—Ya no aguanto más.
—Espera...
Se giró y se puso de rodillas. Tomó mi pene, le quitó el condón y se la metió en la boca metiendo y sacando al ritmo con el que se lo estaba metiendo. Me aparté unos centímetros, tomé poder de mi pene y finalmente vi la luz del mundo. Sentí el peso de mi leche dejando mis testículos, pasando por mis conductos y liberé uno de mis mejores talentos, producir cantidades impensables de semen. Dejé caer disparo tras disparo en toda su carita, ella cerró los ojos justo antes de embadurnar por completo sus párpados y nariz. Mis descargas de leche espesa fueron tan cuantiosas que empezó a escurrir por su cuello y gotas caían de su barbilla hasta sus piernas y pechos. La admiré mi obra de arte por un par de minutos y la limpié con una toalla.
En la ducha me dispuse a enjabonarla de pies a cabeza, se me puso tiesa de nuevo, no me aguanté, así que la incliné en la regadera y se la quise meter de nuevo.
—¿Sin condón? — preguntó sorprendida.
—Ya no tengo.
—Es peligroso, tío.
Desde ahí se veía divina; empapada e inclinada con el culo parado. Sería un crimen perdonar.
—No pasará nada, hija, te lo prometo. Solo es cuando me vengo dentro que hay riesgo.
—¿Seguro?
Le pasé la verga por todo su culo. Estaba desesperado por meterla.
—Mmm seguro, hija. Es casi imposible que suceda.
Asintió. La tomé de la cadera, me acomodé y finalmente nuestros sexos se tocaron por primera vez. Me abrí paso en mi sobrina a pelo hasta tocar fondo. Moví mi cadera en círculos para que mi chota estimulara la totalidad de su puchita. Me apretaba, pero la lubricación natural de Alison hacia todo más fácil. Empecé el vaivén. Mientras, con las manos, recorrí su espalda y me deslicé a sus pechos. Eran meloncitos que no cabían en mi mano.
—AHH, MMMM —soltó ida del placer.
—Qué puchita tienes, mi amor. Me aprieta bien rico.
—Se siente mejor así. Ahh. Puedo sentirte más. Ahhhh, ahhhh.
La arremetí con envestidas más fuertes. Mi ritmo era impecable. Retumbé la casa de mi hermana con el sonido de mi pelvis reventando el culo de mi sobrina.
—De ahora en adelante solo cogeremos a pelo, cielo.
—Está bien, tío.
Estaba tan caliente que en ese momento me vi teniendo una vida con ella. Empezar algo serio, aunque tengamos que confrontar a la familia.
—Quiero que te toques el chocho, cielo. Desde ahí te alcanzas. Tócate en lo que te meto más duro.
—Ss sí… —dijo temblorosa al tiempo de estimular su clitoris.
Sus músculos se relajaron a medida que se estimulaba.
—Sigue así, cielo. Lo que vas a experimentar se llama orgasmo. Lo mejor es que tú misma te lo provoques.
—Siento que me haré pipí.
—Es normal, déjate llevar.
—Ahhh, ahh qué rico, diosss… AHHHHHHH
Se retorció y se dejó caer. La sostuve en mis brazos hasta que terminó su orgasmo. Cuando se repuso retomé el ritmo, ya no podía esperar más
—Ya no aguanto más, me voy a venir.
—Nooo... ahhh… afuera… afuera…
—No, amor. Quiero llenarte para que seas mi mujer —dije completamente poseído por el morbo.
—¿Qué?
Con sus manos trató de detener mi furia, pero la fuerza era incomparable.
—Embarazarte … ah…
—No, tío. No es tan fácil, nadie lo aceptaría.
Mis envestidas no cesaban. Mis manos aprisionaban su cadera, la tenía a mi completa merced.
—Escapamos, empezamos de nuevo. Te daré la vida de reina que mereces…
—Puedes llenarme, tío. Hazme tuya, estoy lista para convertirme en tu mujer.
—Eso haré, mamita, te voy a llenar hasta el fondo de tu cuquita.
—Ahhh ahh, sí, sí, sí. Lléname, córrete dentro.
Mi venida era insostenible. Se la metí hasta el fondo y con mis manos la presioné con todas mis fuerzas contra mi pelvis. Una corriente eléctrica atravesó mi cuerpo y durante un segundo sentí la paz absoluta. Empecé a venirme sacando leche recién hecha. Bombee dentro de mi mujer descarga tras descarga mientras ella no paraba de gemir. Al salirme toda la leche se botó de su cuca. Le apreté una nalga para ver mejor mi obra de arte. Ver a mi sobrina llena de mí me llenó de orgullo.
Continuamos el baño y ahora sí vimos películas y pedimos algo de comer. Salí una hora antes de la llegada de sus padres. Esa noche dormí convencido que la mujer de mi vida era mi sobrina Alison. Estaba equivocado.