Los Desmayos de la Abuela

heranlu

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Ana; Doctor, mi abuela se desmaya cuando se corre, ¿eso es malo?

Juan Triviño es un psiquiatra, neurólogo y ginecólogo de prestigio que tiene 45 años. Esta pregunta la recibió ayer en su consulta privada de parte de Ana una joven de 28 años que es paciente suya tEanto por problemas psiquiátricos como por seguimiento sexológico.

Juan conoce muy bien a Ana desde hace años y tiene con ella una relación especial ya que es una prostituta ninfómana. Lo más curioso del caso es que se presentó en la consulta con su abuela Eugenia de 73 años.

Juan: pero Ana, como se te ocurre traer aquí a tu abuela!

Ana: Coño, es mi abuela y es mi amante, además la cita la he pedido para ella!

Eugenia: no se preocupe doctor Triviño, he venido con gusto con mi nieta porque sé que no está muy bien, pero tiene razón, estoy muy preocupada porque cuando llego al orgasmo casi siempre pierdo el conocimiento.

Juan: Pero usted qué edad tiene?

Eugenia: yo 73 años ya doctor, pero sigo siento muy caliente.

Juan: ya, pero como tiene la poca consideración de tener relaciones con su joven nieta?

Eugenia: yo no tengo la culpa, mire usted, es ella que como sabe es ninfómana y dice que no puede evitar comerme mi oloroso coño. Fue ella quien me metió mano y yo que esto falta de cariño, pues mi marido ya no se empalma, me dejé llevar.

Ana es una mujer soltera, puta y bellísima. Tiene el pelo corto al estilo chico y una cara que cuando se maquilla llama la atención. También tiene un cuerpo de modelo. Una pena pues con ese cuerpo no necesitaría ser prostituta pero su ninfomanía necesita ganarse la vida de esa forma. Piernas muy largas y tetas naturales grandes y caídas pero para los hombres muy apetecibles.

Su amante abuela Eugenia es una setentona basta, con un buen cuerpo serrano y muy pueblerina. Juan vio que la ninfomanía de Ana parecía ser genético.

Juan: bueno, bueno, y dice usted que cuando alcanza el orgasmo pierde la consciencia? Durante cuánto tiempo?

Eugenia: yo qué sé, durante cinco minutos dice mi nieta, pero es que ella hace que explote cuando me hace correrme.

Juan: bueno, no sé si usted sabrá por su nieta que aquí tenemos unos métodos especiales para estos problemas sexuales. Necesitaría hacerle una prueba monitoreándola tanto el cerebro como el corazón para ver la importancia que tiene esto.

Ana: claro doctor, para eso estamos aquí, quiere que le coma el coño para verlo.

Juan: no seas bruta Ana, ya sabes que aquí tenemos a profesionales y tiene que estar en la camilla bien monitoreada. Está usted de acuerdo señora Eugenia?

Eugenia: si, ya me ha contado mi nieta lo bueno que está su enfermero ayudante de color.



En un rato Eugenia está acostada en una cama de hospital totalmente desnuda enseñando su cuerpazo rellenito con mucha celulitis y unas caderas muy ancha y unas tetas caídas grandes con grandes pezones.

En la cabeza el doctor le ha puesto un casco, en el pecho ventosas de electrocardiograma y unas pinzas en los pezones.

Juan: quítese las bragas señora que la explore

El médico le abre la gran vulva a la vieja sorprendiéndose del el gran clítoris que tiene.

Juan: joder, nunca había visto un clítoris tan gordo y protuberante. ¿puede masturbarse hasta llegar al orgasmo?

Eugenia: si doctor.

Eugenia se hace una paja cogiéndose la pipa como si de una polla se tratara.

Eugenia: necesitaría más excitación doctor. ¿No está por aquí su ayudante?

Juan: no, está ocupado con otra clienta, pero si quiere usted me gustaría ver cómo la hace correrse su nieta.

Ana no se lo pensó dos veces, en seguida estaba desnuda con solo unas medias negras con liguero sexy. Se metió entre las gordas piernas de su abuela y se metió el gran clítoris de esta dentro de la boca chupándoselo como si fuera una polla. En unos minutos la mujer mayor se corría en su boca soltando un chorro de pis.

Eugenia: lo siento doctor es que a mi edad ya tengo el muelle flojo, pero a la guarrilla de mi nieta le gusta mi orina.

El doctor vio los monitores tanto del cerebro y del corazón no observando ninguna actividad anormal.

Juan: todo normal, pero no se ha desmayado.

Ana: no, solo es cuando llega al clímax, cuando me la follo bien a gusto.

Juan: y eso como es?

Ana cogió a su abuela sentándose sobre su boca para que le comiera su coño de puta y levantándole el culo hacia arriba la dobló a pesar de sus 73 años, allí estaba espatarrada Eugenia con la piernas hacia arriba y su nieta metiéndole el puño en su coñazo hasta casi el codo.

Ana: así me la follo doctor, qué le parece?

Juan: pues que eres un putón y mira cómo me has puesto.

Juan se sacó un nabo gordo y tieso empezando a masturbarse.

Cuando Eugenia vio el pollón y sintió los flujos de su nieta llenándole la boca y su brazo en sus entrañas se corrió como una burra, bufando y gritando de placer mientras Ana le chupaba los gordos pies a su abuela.

Ana: ya está doctor, mire.

Efectivamente la madura gorda cayo en la cama derrengada sin sentido, desmayada.

El doctor vio las constantes y eran normales, el encefalograma no mostraba signos de peligro.

Juan: tu abuela es que es un prodigio de la naturaleza, es que tiene unos orgasmos tan fuertes que le hace perder el conocimiento durante unos minutos. ¿Ves ya se está despertando?, pero eso no es peligroso, tiene un corazón muy fuerte. Que siga disfrutando así muchos años.

Ana: me alegro mucho doctor, estupendo. ¿Pero ahora quién nos desahoga a nosotros?

Juan: no te preocupes putón, échate en la cama que te voy a meter mi rabo que yo tampoco puedo más.

En eso que en la consulta entra Eric, su enfermero con una bata blanca abierta que contrasta con su piel negra y un cipote morcillón chorreando hilillos de semen.

Eric: Ya he acabado con la señora Paca doctor.

Juan: pues ahora fóllate a esta señora que vas a ver cómo se corre.

Eugenia: madre del amor hermoso, vaya manguera que gasta el negro niña!

La nieta se estaba corriendo cabalgando al médico en esos momentos.

Ana: si abuela, ya la he probado en muchas ocasiones es enorme y no deja de echar leche, mira que cojones más gordos tiene.

Eugenia: dios mío, esto es un prodigio de la naturaleza tiene los huevo tan gordos como los cerdos que me follaban cuando era joven.

Ana: doctor por favor follense los dos a la vez por los dos agujeros a mi abuela verá como revienta de gusto.

Aquella consulta acabó con la vieja abierta de muslos con la tranca del negro en el fondo de sus tripas y la del doctor hincada en su higo actuando como émbolos. Y sí, al sentir como la llenaban de engrudo por dentro mientras le mordían las tetas y la lengua reventó en un orgasmo tan fuerte que tiró a los dos tíos al suelo y ella quedó sin sentido durante ocho minutos.
 
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