Eva terminó de limpiar el salón. Ahora le tocaba la leonera, como llamaba al cuarto de Pedro, su hijo. Ya había desistido de intentar que él lo mantuviera ordenado. Abrió la puerta y se encontró con calcetines sucios tirados por el suelo, la ropa del día anterior hecha un ovillo sobre la silla y en la mesa de estudio un yogur vacío con una cuchara dentro.
-Ay, este chico. ¿Cuándo madurará?
Empezó a recoger. Primero los calcetines. Dobló la ropa pero decidió que ya necesitaba lavadora. Hizo la cama, barrió el piso e intentó poner en orden el desaguisado que era la mesa, llena de apuntes, notas y fotocopias. Pedro le había dicho muchas veces que no le tocara los papeles, que los tenía ordenados.
-¿Ordenados? Pero Pedro... ¿Cómo puedes encontrar las cosas así?
-Mamá. Están todos ordenaditos. Sé donde está cada cosa. Si me los mueves, me trastocas el sistema.
Por eso, procuró no mezclarlos y sólo los apiló un poco mejor, para que pareciese que sobre la mesa acababa de pasar un vendaval.
Sobre la mesa había una repisa con videojuegos y libros. Era lo único del cuarto que estaba más o menos decente. Sólo había una libreta de anillas un poco descolocada, así que con un dedo la empujó y la puso bien entre dos libros.
Le llamó la atención. No se había fijado en esa libreta antes. Curiosa, la sacó y la hojeó.
Las primeras páginas estaban escritas a mano. El resto, en blanco. Reconoció la letra de Pedro.
-Vaya, a ver si mi Pedrito me va a salir escritor.
Sabía que no tenía derecho a leer aquello. Pero no pudo resistirse a abrir por una página cualquiera.
"Hoy estaba preciosa. Con un traje ajustado que resaltaba su precioso culito. No pude dejar de imaginarme recorriendo sus amplias nalgas con mis manos. No pude evitar que la polla se me pusiese dura mirándola"
-Coño - dijo Eva - Parece un diario. ¿Quién será esa chica? No me ha dicho nada de una novia.
Siguió leyendo.
"Sin que se diera cuenta me sobé la polla sobre el pantalón. Mientras lo hacía me imaginaba que me acercaba a ella, me pegaba a su espalda y le restregaba mi dura barra por el culo. Ella gemía, me miraba y me sonreía. Yo le besaba el cuello, que ella me ofrecía cerrando los ojos. Mis manos iban hacia sus tetas. Se las agarraba, se las acariciaba, notando sus ya duros pezones".
-Vaya con Pedrito
"Le levanté la falda. Ella se bajó las bragas y se echó hacia adelante. Me dijo...
-Fóllame mi amor. Estoy muy mojada por ti.
Me bajé la bragueta, me saqué la polla y se le clavé. Su coño estaba tan mojado que resbaló hasta el fondo. Los dos gemimos de placer y comencé a follarla.
Todo eso me lo imaginaba mientras ella seguía dándome la espalda y yo me tocaba la polla por encima del pantalón. Si se hubiese dado la vuelta me habría pillado, y yo me hubiese muerto de vergüenza. Por eso, me di la vuelta y me fui. "
Eva pasó unas cuantas páginas más y leyó otro párrafo.
"Esta mañana me he levantado muy caliente. Creo que soñé con ella. Tenía la polla muy dura. Llevé una mano hasta ella y me empecé a masturbar. Cerré los ojos y mi mente se llenó con su imagen. Su linda cara, sus sensuales labios. Sus generosas tetas. Ese culito redondo y tentador. Mi mano subía y bajaba a lo largo de mi polla mientras repasaba una y otra vez su cuerpo. El día anterior ella llevaba un gran escote y me pasé mucho tiempo mirándola."
Parecía que su hijo estaba enganchado a aquella chica. ¿Por qué no le decía nada? Eva sabía que Pedro era un poco tímido, pero tenía que luchar por lo que deseaba. Quizás si hablara con él... Pero no. Él se daría cuenta de que había leído su diario.
"Sí, mirándola, deseándola. Mi mente no dejaba de imaginar cosas. Imaginé que sentiría si ella me dejase meter mi polla entre sus preciosas tetas. Si me dejase follárselas hasta que no pudiese más y me corriese a borbotones entre ellas. Cuando me corro pensando en ella siempre lo hago con fuerza, con intensidad. Seguro que mi leche le golpearía en el cuello, en la cara. Ella me miraría sonriendo, y me diría:
-Mira como le has dejado la carita a mami"
La libreta se le cayó de las manos a Eva. ¿Hablaba de ella? ¿La chica de quien Pedro hablaba era ella? No podía ser. Tenía que ser un error. Con el corazón latiéndole como loco recogió la libreta y leyó la primera página.
"Sé que está mal lo que pienso. Sé que está mal lo que deseo. Pero no puedo evitarlo. No hay mujer en el mundo que me atraiga como ella. Es mi madre, y la quiero. Aún así, mis ojos la ven como a una mujer. Mi cuerpo la desea."
Las piernas de Eva flaquearon. Se sentó en la silla sin soltar la libreta. Le quedó claro que sí se refría a ella. Bajó la mirada y continuó leyendo.
"Fue ella la primera mujer en la que me fijé. Cuando empecé a ser hombre era ella la que estaba a mi lado. La primera a la que deseé. Y aún la sigo deseando. Eso me hace sentir mal. No está bien que tenga estos deseos hacia ella. Es mi madre. La amo como madre. Pero la deseo como mujer.
He intentado muchas veces no pensar en ella. Pero la veo todos los días. Su sonrisa. Su cuerpo. Mis ojos la siguen. Mi cuerpo reacciona. Llevo mucho tiempo así, deseándola en silencio. Sufriendo por ese deseo en silencio. Por eso he decidido escribir este diario. Porque me he dado cuenta de una cosa. De que a pesar de todo. A pesar de saber que está mal, también me gusta sentirlo. Cuando la miro y tengo fantasías con ella me siento bien. Aunque después me diga a mí mismo que soy un pervertido, en esos momentos soy feliz.
Quizás, si plasmo aquí todos mis deseos, todas mis fantasías, se queden aquí. Encerradas en estas páginas las mantendré a ralla."
¿Cómo era posible aquello? ¿Cómo podía Pedro desearla así? No sentía una mujer deseable. Y menos para un joven como su hijo. No sabía que pensar. Cómo sentirse. Pasó la primera hoja. En el encabezado ponía "Martes, 3 de julio de 2012". Eso fue hacía tres meses.
"Ya se acabaron las clases y los exámenes. Ahora estoy todo el día en casa. Todo el día viéndola. Hoy me levanté temprano. Ella aún no se había levantado. Fui a la cocina a prepararme algo de desayuno. A los pocos minutos, ella apareció en la cocina. Cuando la vi me quedé maravillado. Vestía su pijama rosa, ese tan ajustado. Se frotaba los ojos y tenía el cabello revuelto"
Eva se había dicho varias veces que tenía que tirar ya ese pijama. Había cogido un par de kilitos y le quedaba bastante ajustado, pero aún no lo había hecho.
"¿Cómo no voy a desearla? Era la viva imagen de la lujuria. El pelo revuelto sólo me hacía pensar en ella revolcándose en la cama. Llevaba sujetador, y pensé que no llevaba bragas. El pijama era tan ajustado que se le había metido por la rajita de su coño. La polla se me puso dura en el acto. Menos mal que estaba sentado. Con el pijama que yo llevaba ella me habría visto el bulto enseguida. Se acercó a mí y me dio un beso.
Aún estaba adormilada. Se dio la vuelta y su culo quedó a mi vista. Confirmé que no llevaba bragas. Al menos no le aprecié ninguna costura. Lo que sí aprecié es la belleza de su culito. Mi madre tiene sin duda uno de los culos más bonitos que he visto. Redondo, rotundo. Hubiese deseado alargar una mano y acariciarlo. Lo que hice fue acariciar mi polla por encima del pijama sin apartar mis ojos de aquella belleza".
El corazón de Eva no había dejado de latir con fuerza mientras leía las palabras de su hijo. Recordó que en julio habían empezado los calores. Y aunque casi siempre dormía con bragas y sujetador, a veces lo hacía sin bragas. Ese sábado que Pedro comentaba debió ser uno de esos días sin bragas.
Extrañamente, le gustó lo que Pedro había dicho sobre su culo. De novia con su marido muchas veces éste se lo dijo. Que tenía el culito más lindo del mundo. Los primeros años de casados también se lo decía. Le gustaba cuando se lo acariciaba con mimo. Cuando lo besaba. Cuando lo lamía. Incluso llegó a gustarle cuando se lo penetraba hasta que se lo llenaba de leche calentita.
Pero todo aquello ya había pasado. Ya no le decía nada. Ya casi ni la tocaba. Había engordado un poco. Ya no era una jovencita. El tiempo no pasa en vano. Aún así, a su hijo le parecía que su culo era hermoso. Aquellas palabras las sintió como un piropo. Uno de esos piropos que te hacen sonreír.
"La miré mientras se preparaba un café con leche.
-¿Qué vas a hacer hoy? - me preguntó.
-No lo sé. Descansar. Hacer el vago.
-Jajaja. Te lo has ganado.
Ummm, su risa me encanta. Se le ilumina la cara cuando se ríe. Se dio la vuelta y su risa hacía que sus tetas se movieran arriba y abajo. Lo que daría por poder vérselas. Deben de ser preciosas"
Eva se miró las tetas. Ya no eran lo que fueron: Estaban algo caídas. Pero a Pedro le gustaban.
"-Voy a darme un ducha y después iré de compras. ¿Me acompañas?
-Claro mami
Miré como salía de la cocina. Mis ojos clavados en el contoneo de sus caderas, en el suave temblor de sus nalgas. Fue primero a su cuarto a por ropa y después oí la puerta del baño. Mi padre no estaba. Siempre se iba a caminar los sábados por la mañana temprano, así que me acerqué a la puerta del baño.
Pegué la oreja a la puerta. Oí el agua correr. Ella estaría desnuda, con el agua cayendo sobre su cuerpo. Yo sabía que la puerta del baño no estaba cerrada.
¿Y si entraba? La vería desnuda, al fin. Todo su cuerpo. Las partes conocidas y las partes imaginadas.
Pero no lo hice. No me atreví. Sólo me atreví a sacarme la polla y hacerme una paja oyendo el agua. Cerré los ojos e... imaginé"
Eva recordó aquel sábado de Julio. Recordó como fue al súper por la mañana acompañada por Pedro. Recordó aquella ducha. ¿Era todo aquello cierto? ¿Mientras ella se duchaba Pedro estaba al otro lado de la puerta masturbándose?
"Imaginé que me atrevía. Que abría la puerta y entraba al baño. Ella no me oía. Me desnudaba con cuidado y entraba en la bañera. Ella me daba la espalda, enjabonándose.
Me acercaba. Hasta que mi cuerpo se pagaba al suyo. Hasta que mi polla se aplastaba contra su culo. Ella se quedaba quieta y yo me restregaba contra sus nalgas.
-Hola mami.
-Hola mi amor - me decía, moviendo su tentador culito contra mí.
Yo llevaba mis manos hasta sus tetas. Las cogía, las acariciaba. Notaba sus pezones duros y los pellizcaba entre mis dedos. Ella gemía.
-Ummmm que rico... ¿Te gustan las tetas de mami?
-Me gusta todo de ti
Besaba su cuello. Ella doblaba la cabeza, ofreciéndomelo. Después, se daba la vuelta y nos mirábamos a los ojos. Yo veía como ella bajaba la mirada y clavaba sus ojos en mi polla. Con una sonrisa pícara me la cogía con una mano y empezaba a hacerme una suave paja.
Mientras yo imaginaba todo eso, seguía oyendo el agua correr. Mi mano seguía subiendo y bajando a lo largo de mi polla. En mi mente era su mano, no la mía.
-Ummm, qué durita tiene mi niño la polla. ¿Es por mí? ¿Mami te pone la polla así?
-Sí, es por ti, mamá. Llevas años poniéndome la polla así de dura.
La besaba. Juntaba mis labios a los suyos y le comía la boca. Nuestras lenguas se entrelazaban, nuestras salivas se mezclaban. El agua caliente caía sobre nosotros.
-Mamá... te deseo tanto. Te quiero follar...ya...ahora...aquí mismo.
-Ummm, mi niño se quiere follar a su mami. Yo también quiero que mi bebé me folle. Quiero que mi niño me meta su linda polla en el coñito que lo trajo a este mundo...
La apoyaba contra la pared. Ella me rodeaba con sus muslos y mi polla entraba dentro de ella. Resbalaba hasta el fondo de su coño.
Mordiéndole el cuello empezaba a follarla.
El agua dejó de sonar. Mi madre ya había terminado de ducharse. Yo estaba a punto de correrme. Quise hacerlo allí, contra la puerta del baño, para que ella lo viera. Para que supiese como la deseaba.
No me atreví. Salí corriendo hacia mi cuarto, cerré la puerta, me acerqué a la mesa y estallé. Una catarata de leche salió de mi polla sobre la mesa de estudio. Fue un orgasmo intenso, que me hizo cerrar los ojos y apretar los dientes. Yo seguía imaginando. Me estaba corriendo dentro de ella. Y ella se corría conmigo mientras el agua caía sobre nosotros.
Me encantó pasarme la mañana con ella en el súper. Aunque las miradas que algunos hombres le echaban me ponían celoso."
Eva casi jadeaba. El corazón no había dejado de latirle con fuerza mientras leía. Y otra cosa. Algo que le chocó. Estaba excitada. Tenía los pezones duros, marcados en la tela. Y el coño lo notaba mojado.
¿Cómo era posible?
¿Era por lo que había leído? Sin duda eran palabras llenas de erotismo, de sexo, de morbo.
¿Quizás por saberse deseada? A todos nos gusta saber que los demás nos encuentras atractivos. Que despertamos el deseo en otros. Toda mujer se siente bien cuando sabe que los hombres la desean.
¿O era porque se trataba de Pedro? ¿Estaba tan excitada por saber que a Pedro le gustaba como mujer? ¿Por saber que tenía fantasías con ella?
Se dijo que era por todo. Por leer aquellas fantasías. Por sentirse deseada. Y por que fuera Pedro quien la deseara. Se dijo que aquello estaba mal. Qué él no debía tener aquellos pensamientos sobre ella. Que ella no debía sentirse bien por saberlo.
Estaría mal. Sería abominable. Sería el mayor de los pecados. Pero el coño le palpitaba. Juntó las piernas y sintió placer.
Hacía mucho, mucho tiempo que Eva no estaba tan excitada, tan caliente. Tan... cachonda.
¿Qué más diría Pedro sobre ella? ¿Qué más fantasías tendría? Pasó la hoja, dispuesta a averiguarlo. Pero cerró la libreta de golpe.
-No. No, no y no.
La dejó donde la había encontrado y salió del cuarto de su hijo.
-No leeré más su diario - se prometió a si misma.
+++++
Al medio día, cuando Pedro regresó de clase y le dio, como siempre, un beso en la mejilla, Eva se estremeció. Se dio la vuelta y siguió preparando la comida.
"¿Me estará mirando? Seguro que me estará mirando. Tendrá sus ojos clavados en mi culo"
Eva se ruborizó ligeramente. Ahora sabía lo que él pensaba de ella. Ahora se sentiría siempre observada.
Durante la comida sus miradas coincidieron varias veces. Ella la apartaba con rapidez.
-¿Cómo empieza el curso, Pedrito? - preguntó su padre.
-Muy bien papá.
-Si te sale tan bien como el curso pasado, tendrás lo que te prometí.
-Gracias papá - respondió contento.
Lo prometido era una moto. Así no tendría que ir en autobús a la facultad. Sabía que a su madre no le gustaba la idea de la moto, pero un coche era demasiado caro.
Por la tarde Eva se quedó sola en la casa. Como cada tarde, veía la tele en el salón. Pero no tenía la mente allí. Miraba la pantalla sin verla. Pensaba en Pedro. En lo que había leído. Tenía una extraña sensación en el cuerpo. Una sensación que sólo había tenido otra vez en su vida. Antes de casarse, cuando empezó a tener relaciones sexuales con su novio. Cuando pensar en él la excitaba. Cuando sólo deseaba estar con él, besarlo, ser besada, ser acariciada...ser... follada.
Esa pasión, esa mezcla de amor, deseo y lujuria ya había pasado. El tiempo la fue diluyendo poco a poco hasta hacerla desaparecer. Hasta que la lectura del diario de Pedro la había hecho reaparecer.
La primera vez que la sintió fue algo hermoso. Nació el amor, el matrimonio. Un hijo. Esta segunda vez era algo... impensable. Algo que tenía que desterrar de su mente.
En la pantalla se sucedían imágenes sin sentido. Su mente la empujaba al cuarto de Pedro. Al diario.
Sonó el teléfono y dio un respingo. Se levantó. Reconoció el teléfono. Era su amiga Rosa.
-Hola Rosa.
-Hola Evita. ¿Qué haces?
-Nada, ver la tele.
-Bah, y yo. No hay nada interesante. ¿Vamos a dar una vuelta?
-Ay, sí. Necesito despejarme un poco.
-Vale. Nos vemos donde siempre.
A la media hora las dos amigas estaban sentadas en una cafería.
-¿Qué te pasa, Eva?
-Nada. ¿Por?
-Estás muy callada. Estás en otro sitio.
-No me pasa nada, de verdad.
Rosa se acercó a Eva y le susurró:
-Aquellos dos chavales no nos quitan el ojo de encima.
Eva miró con disimulo. Eran dos chicos, de la edad de su hijo, más o menos.
-No seas tonta, Rosa.
-Que sí, mujer. Uf, quien pillara a un yogurín de esos. Seguro que me quitaba las telarañas del coño.
-Jajaja Rosa, pero que brutita eres.
-Evita, no sabes las ganas que tengo de echar un buen polvo. Y seguro que con un jovencito de esos haría maravillas.
-¿Es que tu marido no te atiende como es debido?
-¿Acaso el tu yo sí?
Eva desvió la mirada.
-Umm, ya veo que estás igual que yo, Evita.
-No todo es culpa suya. Ya no soy una jovencita. Me hago vieja.
-¡Toma coño! Ni ellos tampoco son unos pimpollos. Ya tienen barriguita y las cabezas se les empiezan a pelar. Seguro que se les van los ojos detrás de las jovencitas.
-Seguro.
-Pues a mí se me van detrás de los jovencitos.
-¿Serías capaz de ponerle los cuernos a Rodolfo?
-No sé. Pero si uno de esos de la mesa de al lado me lo propone, creo que sí.
-Yo no sería capaz. ¿De verdad piensas que un chico como ese se sentiría atraído por alguien de nuestra edad?
-He oído que hay muchos jóvenes a los que les atraen mucho las maduritas.
Eva se estremeció al recordar las cosas que su hijo había escrito sobre ella.
-¿Otra vez con la mirada pedida, Eva?
-¿Eh?
-Ummm, ¿No tendrás tú algún rollito y me lo estás ocultando?
-No, no. Claro que no.
-Evita. Te conozco como si te hubiese parido. Cuenta, cuenta. ¿Quién es él? ¿Lo conozco? ¿Qué edad tiene? ¿Está bueno? ¿Tiene una buena polla?
-Ay, que boba eres. No hay nadie, mujer.
-No te lo voy a quitar. Podríamos... compartirlo. Jajaja.
Rosa la miró con los ojos entornados. Eva trató de disimular.
-Ya me enteraré.
Eva cambió de conversación. Empezaron a criticar a las amigas que no estaban presentes. Siempre es divertido poner verde a quien no está delante. A más de una le pitaron los oídos esa tarde, seguro.
Cuando cerca de las ocho de la tarde se despidieron, Rosa insistió.
-¿Y quién es él?
-Pesada. No hay nadie, coño.
-¿A qué dedica el tiempo libreeeeeeeee? - añadió Rosa tatareando la canción de Perales.
-Jajaja. Capulla. Adiós. Se buena.
Cuando Eva llegó a su casa Pedro estaba viendo la tele.
-Hola mami. ¿De paseo?
-Sí, me tomé un café con Rosa.
-Seguro que pusieron verde a más de una.
-Jajajaja, sí. Y a más de uno también.
-Uf, dos mujeres juntas son un peligro.
-¿Me ayudas con la cena?
-Claro mamá.
Entre los dos prepararon la cena.
"¿Me estará mirando?", pensaba Eva, sin atreverse a mirar a Pedro.
"Ya basta. No sigas. Déjalo ya. Es tu hijo, por el amor de dios", pensó. Pero al instante siguiente, en su cabeza resonó: "Me estaba corriendo dentro de ella. Y ella se corría conmigo mientras el agua caía sobre nosotros".
Cenó sin levantar la vista, respondiendo automáticamente las preguntas de su marido y de Pedro.
Horas después, Eva estaba acostada en su cama. No se podía sacar a las palabras de Pedro de la cabeza. No podía evitar sentirse excitada. Por mucho que se lo negase a sí misma, sus pezones duros y sensibles se lo recodaban a cada instante. La humedad de su coño era como un puñetazo contra su voluntad.
No podía dormir. Necesita desahogo. Necesitaba placer. Pensó en darse la vuelta, pegarse a su marido. Acariciarle. Antes, bastaba eso para que él se diera la vuelta y le clavara su dura polla hasta el fondo de su coño y no dejase de follarla hasta hacerla correr con intensidad.
Recordó la última vez que lo intentó. Estaba excitada. Se pegó él, llevó su mano hacia la polla y se la empezó a sobar. Él le apartó la mano.
-Estoy cansado - dijo, secamente.
Eva retiró la mano, se dio la vuelta y nunca más lo volvió a intentar.
Ahora necesita sexo. Los suaves ronquidos de su marido le hicieron desistir de intentar nada con él. No quería recibir otro rechazo. Su mano derecha bajó por su cuerpo, se metió por dentro de su pijama y por debajo de las bragas. Giró la cabeza contra la almohada para ahogar sus gemidos de placer.
Estaba muy mojada. Recorrió la rajita de su coño con las yemas de sus dedos, se frotó con suavidad el inflamado clítoris. El placer la inundó. Necesitaba un orgasmo que liberara la tensión acumulada en su cuerpo. Deseaba correrse sin tener a Pedro en su mente. Luchó con todas sus fuerzas por pensar en otras cosas, en otros hombres, pero su mente volvía una y otra vez hacia su hijo.
Dejó de tocarse. No quería correrse así, pensando en él. No podía.
Su corazón dio un latido. Lo sintió en la sien. Lo sintió entre las piernas. Estaba tan caliente, tan excitada, que casi sentía dolor. Y se rindió. Perdió la batalla. No podía luchar contra el deseo.
Su mano volvió hasta su coño. Se frotó con intensidad y se corrió como hacía años que no lo hacía. Mordiendo la almohada para no gritar. Con cada fibra de su cuerpo en tensión. Con intensos espasmos que hicieron mover toda la cama a pesar de sus esfuerzos por que su marido no se diera cuenta de nada.
Y se corrió con una imagen en su cabeza. Pedro, su hijo, la miraba a los ojos. Su polla clavada hasta lo más profundo de su coño. Y el calor de su leche llenándola por dentro.
Se quedó varios minutos jadeando, con el cuerpo perlado de sudor.
Se acababa de correr pensando en su hijo, imaginando como él se corría con ella, dentro de ella.
"Es sólo una fantasía. Juegos de mi mente. Nunca se harán realidad."
Se convenció a si misma de que mientras todo quedase así, sólo dentro de su cabeza, no era tan horrible. Que así lograría no sentirse tan sucia. No podía controlar lo que su cabeza pensaba. Pero sí podía controlar lo que su cuerpo hacía.
+++++
Se despertó agitada. No había conseguido descansar. El sueño había sido muy superficial y se había despertado varias veces durante la noche.
Se levantó y fue al baño a hacer pis. Cuando terminó, se miró al espejo.
-¿Pero que ve en mí? - se preguntó.
Estaba despeinada, con ojeras. No creía que pudiese atraer a nadie. Cogió el cepillo y se arregló el cabello. Se limpió la cara con agua fría y cogió la bata que había detrás de la puerta.
Cuando llegó a la cocina, su marido y Pedro ya estaban desayunando.
-Buenos días, dijo.
-Buenos días, mamá.
-Buenos días - dijo su marido.
Las miradas de Eva y su hijo se cruzaron un instante. Ella la desvió, se dio la vuelta y se preparó un café.
Cuando ellos terminaron, se marcharon juntos. Su marido le dio un rápido beso en una mejilla. Eva esperaba el beso de Pedro.
-Hasta luego, mami - le dijo cuando sus labios se separaron.
-Hasta luego, tesoro
Mirando como se alejaban, Eva se llevó la mano hasta el punto donde los cálidos labios de Pedro la habían besado. Después recogió la cocina y se dispuso a hacer las labores de la casa.
Habitación por habitación limpió el polvo y fregó el suelo. Evitó la habitación de Pedro. Evitó la tentación.
"Joder. Tengo que limpiar su habitación. Pero no voy a leer su diario".
Cuando entró, lo primero que hicieron sus ojos fue buscar la libreta. La vio entre los libros, en donde la había dejado el día anterior. Empezó con la limpieza.
De vez en cuando miraba hacia la repisa. Una parte de su cerebro quería leer el diario. Otra parte, quería salir corriendo de allí
"Sólo un poco... Sólo una página....nada más...Y ya no lo leeré más"
"No. No lo hagas. Si lo haces no podrás parar"
"Sólo una. Lo juro".
Dejó la escoba apoyada en la puerta, se acercó a la repisa y cogió la libreta. Se sentó en la silla y abrió el cuaderno. Buscó lo último que había escrito. Era del día anterior. Debió escribirlo por la noche, antes de acostarse.
"Hoy me he despertado muy excitado. Con mi polla dura, como siempre. Aún tenía tiempo antes de tener que irme a clase, así que empecé a acariciarme.
Muchas veces he pensado en que pasaría si mi madre me sorprende masturbándome. Fantaseo mucho con eso. La puerta de mi cuarto está cerrada, pero sin llave. Ella podría abrir la puerta y entrar.
Me destapé y me bajé los calzoncillos. Me agarré la polla y empecé a hacerme una paja mirando hacia la puerta. Deseando que se abriera y ella me viese.
No era la primera vez que lo hacía así. Me gusta tentar a la suerte. Quizás sea con la esperanza de que pase de verdad. Que mi madre abra la puerta y me pilla con la polla en la mano."
La imagen de Pedro masturbándose sobre su cama y deseando que ella lo viera provocó que Eva se mojase en el acto. Había pasado muchas veces por el pasillo, por delante de su puerta cerrada. ¿En cuántas de esas ocasiones estaría Pedro tocándose?
Abrió su bata. Abrió sus piernas. Metió entre ellas su mano derecha. Con la izquierda sujetaba el diario.
Y mientras continuó leyendo, comenzó a masturbarse.
"Empecé a fantasear. A imaginar. A desear.
La puerta se abre. Es ella.
-Pedro... ¿Tienes ropa para...?
Sus ojos se clavan en mi polla. Mi mano no deja de subir y bajar a lo largo de mi duro mástil. Me mira a los ojos un momento, pero en seguida vuela a mirar mi polla.
En vez de irse, entra en mi cuarto y cierra la puerta. Lentamente, si dejar de mirarme, se acerca a mi cama y se sienta en mi cama, a mi lado. Me sonríe.
-Vaya. Parece que mi niño está caliente.
-Ummm, mamá. Mucho.
-¿Y en qué piensa mi niño para ponerse así? ¿Qué chica es la afortunada de tener tus pensamientos?
-Mamá...no te lo puedo decir.
-¿Por qué no? Me lo puedes contar todo.
-Me da vergüenza.
-Venga, tesoro. Dile a mami que mujer te pone la polla así de dura.
-Tú, mamá. La tengo así de dura por ti. Eres tú la mujer en quien estoy pensando.
-¿En serio?
-Sí.
-Ummmm ¿Te estás haciendo una paja pensando en mí? ¿En tu madre?
-Aggg, sí...sólo en ti.
-Eres un...pervertidillo
Mira mi polla. Por la punta sale líquido pre seminal.
-Uf, mira como babea tu polla, tesoro. ¿Babea por mí?
-Sí...agg... por ti.
Se acerca aún más a mí. Su cuerpo roza el mío.
-¿Y vas a seguir así hasta correrte? ¿Pensarás en mí mientras tu polla escupe su lechita caliente?
-Mamá...sí...me correré por ti.
Me mira a los ojos, con picardía.
-¿Sabes? Si la tienes así por mí, creo que sería justo que fuese yo la que... ya sabes.
-¿Lo harías?
-Claro que sí. ¿Quieres que mami te haga una pajita? ¿Quieres que mami te vacíe esa linda polla tuya?
No le dijo nada. Solo suelo mi polla. Era, sin dejar de sonreírme acerca su mano y la agarra. Empieza una paja lenta, muy lenta.
-Ummm que dura tiene mi nene la polla.
Nos miramos a los ojos mientras ella mueve su mano cada vez más deprisa. Sus ojos brillan. Yo empiezo a gemir. Me correré muy rápido. Ella me excita hasta el límite.
-Aggg, mamá...me voy a correr...me voy a correr....
-Sí, sí, córrete para mami. Déjame ver como tu polla escupe su leche.
Deja de mirarme a los ojos para mirarme la polla. Su mano me lleva inexorablemente a un poderoso orgasmo. Los dedos de mis pies se agarrotan. Mis músculos se ponen rígidos. Mi polla empieza a tener espasmos hasta que de su punta sale disparado un potente chorro de leche que cae después sobre mi pecho.
-Ummm mi niño se está corriendo: Eso eso...así, así...dale toda tu leche a tu mami.
Me ordeña por completo. Son varios los chorros de semen que salen disparados de mi polla para acabar sobre mi pecho y mi barriga. Los últimos, más flojos, caen en su mano.
Ella se queda mirando mi corrida sobre mi piel. Y sonríe.
-Uf, vaya corrida que ha tenido mi tesoro. ¡Cuánta lechita tenía dentro! ¿Te has gustado la paja que te hizo mami?
-Mucho. Quiero más
-Vicioso - me dice, sonriendo.
Mi pecho estaba de verdad lleno de semen. Pero lo había sacado yo con mi mano. Me quedó unos minutos así, mirando la puerta, deseando que ella entrara.
Pero no entró."
Eva se reponía del intenso orgasmo que tuvo leyendo la fantasía de Pedro. Se corrió justo cuando su hijo, en el la fantasía, se corría gracias a su mano.
Había más escrito sobre ese día. Sin sacar la mano de entre sus piernas, siguió leyendo.
"Al medio día noté algo extraño. Ella me miraba mucho, pero apartaba la vista. No sé por que sería"
Se estremeció de pies a cabeza. Él se había dado cuenta.
"Por la noche me pidió que la ayudara a preparar la cena. Lo hice encantado. Eso significaba estar a su lado. Poder mirarla. Poder admirarla.
¡Es tan hermosa! Me gusta todo de ella. Como se mueve, sus gestos. Su suave perfume. No dejé de mirarla con disimulo. Incluso llegué a tropezar intencionadamente con ella un par de veces"
-Ay, este chico. ¿Cuándo madurará?
Empezó a recoger. Primero los calcetines. Dobló la ropa pero decidió que ya necesitaba lavadora. Hizo la cama, barrió el piso e intentó poner en orden el desaguisado que era la mesa, llena de apuntes, notas y fotocopias. Pedro le había dicho muchas veces que no le tocara los papeles, que los tenía ordenados.
-¿Ordenados? Pero Pedro... ¿Cómo puedes encontrar las cosas así?
-Mamá. Están todos ordenaditos. Sé donde está cada cosa. Si me los mueves, me trastocas el sistema.
Por eso, procuró no mezclarlos y sólo los apiló un poco mejor, para que pareciese que sobre la mesa acababa de pasar un vendaval.
Sobre la mesa había una repisa con videojuegos y libros. Era lo único del cuarto que estaba más o menos decente. Sólo había una libreta de anillas un poco descolocada, así que con un dedo la empujó y la puso bien entre dos libros.
Le llamó la atención. No se había fijado en esa libreta antes. Curiosa, la sacó y la hojeó.
Las primeras páginas estaban escritas a mano. El resto, en blanco. Reconoció la letra de Pedro.
-Vaya, a ver si mi Pedrito me va a salir escritor.
Sabía que no tenía derecho a leer aquello. Pero no pudo resistirse a abrir por una página cualquiera.
"Hoy estaba preciosa. Con un traje ajustado que resaltaba su precioso culito. No pude dejar de imaginarme recorriendo sus amplias nalgas con mis manos. No pude evitar que la polla se me pusiese dura mirándola"
-Coño - dijo Eva - Parece un diario. ¿Quién será esa chica? No me ha dicho nada de una novia.
Siguió leyendo.
"Sin que se diera cuenta me sobé la polla sobre el pantalón. Mientras lo hacía me imaginaba que me acercaba a ella, me pegaba a su espalda y le restregaba mi dura barra por el culo. Ella gemía, me miraba y me sonreía. Yo le besaba el cuello, que ella me ofrecía cerrando los ojos. Mis manos iban hacia sus tetas. Se las agarraba, se las acariciaba, notando sus ya duros pezones".
-Vaya con Pedrito
"Le levanté la falda. Ella se bajó las bragas y se echó hacia adelante. Me dijo...
-Fóllame mi amor. Estoy muy mojada por ti.
Me bajé la bragueta, me saqué la polla y se le clavé. Su coño estaba tan mojado que resbaló hasta el fondo. Los dos gemimos de placer y comencé a follarla.
Todo eso me lo imaginaba mientras ella seguía dándome la espalda y yo me tocaba la polla por encima del pantalón. Si se hubiese dado la vuelta me habría pillado, y yo me hubiese muerto de vergüenza. Por eso, me di la vuelta y me fui. "
Eva pasó unas cuantas páginas más y leyó otro párrafo.
"Esta mañana me he levantado muy caliente. Creo que soñé con ella. Tenía la polla muy dura. Llevé una mano hasta ella y me empecé a masturbar. Cerré los ojos y mi mente se llenó con su imagen. Su linda cara, sus sensuales labios. Sus generosas tetas. Ese culito redondo y tentador. Mi mano subía y bajaba a lo largo de mi polla mientras repasaba una y otra vez su cuerpo. El día anterior ella llevaba un gran escote y me pasé mucho tiempo mirándola."
Parecía que su hijo estaba enganchado a aquella chica. ¿Por qué no le decía nada? Eva sabía que Pedro era un poco tímido, pero tenía que luchar por lo que deseaba. Quizás si hablara con él... Pero no. Él se daría cuenta de que había leído su diario.
"Sí, mirándola, deseándola. Mi mente no dejaba de imaginar cosas. Imaginé que sentiría si ella me dejase meter mi polla entre sus preciosas tetas. Si me dejase follárselas hasta que no pudiese más y me corriese a borbotones entre ellas. Cuando me corro pensando en ella siempre lo hago con fuerza, con intensidad. Seguro que mi leche le golpearía en el cuello, en la cara. Ella me miraría sonriendo, y me diría:
-Mira como le has dejado la carita a mami"
La libreta se le cayó de las manos a Eva. ¿Hablaba de ella? ¿La chica de quien Pedro hablaba era ella? No podía ser. Tenía que ser un error. Con el corazón latiéndole como loco recogió la libreta y leyó la primera página.
"Sé que está mal lo que pienso. Sé que está mal lo que deseo. Pero no puedo evitarlo. No hay mujer en el mundo que me atraiga como ella. Es mi madre, y la quiero. Aún así, mis ojos la ven como a una mujer. Mi cuerpo la desea."
Las piernas de Eva flaquearon. Se sentó en la silla sin soltar la libreta. Le quedó claro que sí se refría a ella. Bajó la mirada y continuó leyendo.
"Fue ella la primera mujer en la que me fijé. Cuando empecé a ser hombre era ella la que estaba a mi lado. La primera a la que deseé. Y aún la sigo deseando. Eso me hace sentir mal. No está bien que tenga estos deseos hacia ella. Es mi madre. La amo como madre. Pero la deseo como mujer.
He intentado muchas veces no pensar en ella. Pero la veo todos los días. Su sonrisa. Su cuerpo. Mis ojos la siguen. Mi cuerpo reacciona. Llevo mucho tiempo así, deseándola en silencio. Sufriendo por ese deseo en silencio. Por eso he decidido escribir este diario. Porque me he dado cuenta de una cosa. De que a pesar de todo. A pesar de saber que está mal, también me gusta sentirlo. Cuando la miro y tengo fantasías con ella me siento bien. Aunque después me diga a mí mismo que soy un pervertido, en esos momentos soy feliz.
Quizás, si plasmo aquí todos mis deseos, todas mis fantasías, se queden aquí. Encerradas en estas páginas las mantendré a ralla."
¿Cómo era posible aquello? ¿Cómo podía Pedro desearla así? No sentía una mujer deseable. Y menos para un joven como su hijo. No sabía que pensar. Cómo sentirse. Pasó la primera hoja. En el encabezado ponía "Martes, 3 de julio de 2012". Eso fue hacía tres meses.
"Ya se acabaron las clases y los exámenes. Ahora estoy todo el día en casa. Todo el día viéndola. Hoy me levanté temprano. Ella aún no se había levantado. Fui a la cocina a prepararme algo de desayuno. A los pocos minutos, ella apareció en la cocina. Cuando la vi me quedé maravillado. Vestía su pijama rosa, ese tan ajustado. Se frotaba los ojos y tenía el cabello revuelto"
Eva se había dicho varias veces que tenía que tirar ya ese pijama. Había cogido un par de kilitos y le quedaba bastante ajustado, pero aún no lo había hecho.
"¿Cómo no voy a desearla? Era la viva imagen de la lujuria. El pelo revuelto sólo me hacía pensar en ella revolcándose en la cama. Llevaba sujetador, y pensé que no llevaba bragas. El pijama era tan ajustado que se le había metido por la rajita de su coño. La polla se me puso dura en el acto. Menos mal que estaba sentado. Con el pijama que yo llevaba ella me habría visto el bulto enseguida. Se acercó a mí y me dio un beso.
Aún estaba adormilada. Se dio la vuelta y su culo quedó a mi vista. Confirmé que no llevaba bragas. Al menos no le aprecié ninguna costura. Lo que sí aprecié es la belleza de su culito. Mi madre tiene sin duda uno de los culos más bonitos que he visto. Redondo, rotundo. Hubiese deseado alargar una mano y acariciarlo. Lo que hice fue acariciar mi polla por encima del pijama sin apartar mis ojos de aquella belleza".
El corazón de Eva no había dejado de latir con fuerza mientras leía las palabras de su hijo. Recordó que en julio habían empezado los calores. Y aunque casi siempre dormía con bragas y sujetador, a veces lo hacía sin bragas. Ese sábado que Pedro comentaba debió ser uno de esos días sin bragas.
Extrañamente, le gustó lo que Pedro había dicho sobre su culo. De novia con su marido muchas veces éste se lo dijo. Que tenía el culito más lindo del mundo. Los primeros años de casados también se lo decía. Le gustaba cuando se lo acariciaba con mimo. Cuando lo besaba. Cuando lo lamía. Incluso llegó a gustarle cuando se lo penetraba hasta que se lo llenaba de leche calentita.
Pero todo aquello ya había pasado. Ya no le decía nada. Ya casi ni la tocaba. Había engordado un poco. Ya no era una jovencita. El tiempo no pasa en vano. Aún así, a su hijo le parecía que su culo era hermoso. Aquellas palabras las sintió como un piropo. Uno de esos piropos que te hacen sonreír.
"La miré mientras se preparaba un café con leche.
-¿Qué vas a hacer hoy? - me preguntó.
-No lo sé. Descansar. Hacer el vago.
-Jajaja. Te lo has ganado.
Ummm, su risa me encanta. Se le ilumina la cara cuando se ríe. Se dio la vuelta y su risa hacía que sus tetas se movieran arriba y abajo. Lo que daría por poder vérselas. Deben de ser preciosas"
Eva se miró las tetas. Ya no eran lo que fueron: Estaban algo caídas. Pero a Pedro le gustaban.
"-Voy a darme un ducha y después iré de compras. ¿Me acompañas?
-Claro mami
Miré como salía de la cocina. Mis ojos clavados en el contoneo de sus caderas, en el suave temblor de sus nalgas. Fue primero a su cuarto a por ropa y después oí la puerta del baño. Mi padre no estaba. Siempre se iba a caminar los sábados por la mañana temprano, así que me acerqué a la puerta del baño.
Pegué la oreja a la puerta. Oí el agua correr. Ella estaría desnuda, con el agua cayendo sobre su cuerpo. Yo sabía que la puerta del baño no estaba cerrada.
¿Y si entraba? La vería desnuda, al fin. Todo su cuerpo. Las partes conocidas y las partes imaginadas.
Pero no lo hice. No me atreví. Sólo me atreví a sacarme la polla y hacerme una paja oyendo el agua. Cerré los ojos e... imaginé"
Eva recordó aquel sábado de Julio. Recordó como fue al súper por la mañana acompañada por Pedro. Recordó aquella ducha. ¿Era todo aquello cierto? ¿Mientras ella se duchaba Pedro estaba al otro lado de la puerta masturbándose?
"Imaginé que me atrevía. Que abría la puerta y entraba al baño. Ella no me oía. Me desnudaba con cuidado y entraba en la bañera. Ella me daba la espalda, enjabonándose.
Me acercaba. Hasta que mi cuerpo se pagaba al suyo. Hasta que mi polla se aplastaba contra su culo. Ella se quedaba quieta y yo me restregaba contra sus nalgas.
-Hola mami.
-Hola mi amor - me decía, moviendo su tentador culito contra mí.
Yo llevaba mis manos hasta sus tetas. Las cogía, las acariciaba. Notaba sus pezones duros y los pellizcaba entre mis dedos. Ella gemía.
-Ummmm que rico... ¿Te gustan las tetas de mami?
-Me gusta todo de ti
Besaba su cuello. Ella doblaba la cabeza, ofreciéndomelo. Después, se daba la vuelta y nos mirábamos a los ojos. Yo veía como ella bajaba la mirada y clavaba sus ojos en mi polla. Con una sonrisa pícara me la cogía con una mano y empezaba a hacerme una suave paja.
Mientras yo imaginaba todo eso, seguía oyendo el agua correr. Mi mano seguía subiendo y bajando a lo largo de mi polla. En mi mente era su mano, no la mía.
-Ummm, qué durita tiene mi niño la polla. ¿Es por mí? ¿Mami te pone la polla así?
-Sí, es por ti, mamá. Llevas años poniéndome la polla así de dura.
La besaba. Juntaba mis labios a los suyos y le comía la boca. Nuestras lenguas se entrelazaban, nuestras salivas se mezclaban. El agua caliente caía sobre nosotros.
-Mamá... te deseo tanto. Te quiero follar...ya...ahora...aquí mismo.
-Ummm, mi niño se quiere follar a su mami. Yo también quiero que mi bebé me folle. Quiero que mi niño me meta su linda polla en el coñito que lo trajo a este mundo...
La apoyaba contra la pared. Ella me rodeaba con sus muslos y mi polla entraba dentro de ella. Resbalaba hasta el fondo de su coño.
Mordiéndole el cuello empezaba a follarla.
El agua dejó de sonar. Mi madre ya había terminado de ducharse. Yo estaba a punto de correrme. Quise hacerlo allí, contra la puerta del baño, para que ella lo viera. Para que supiese como la deseaba.
No me atreví. Salí corriendo hacia mi cuarto, cerré la puerta, me acerqué a la mesa y estallé. Una catarata de leche salió de mi polla sobre la mesa de estudio. Fue un orgasmo intenso, que me hizo cerrar los ojos y apretar los dientes. Yo seguía imaginando. Me estaba corriendo dentro de ella. Y ella se corría conmigo mientras el agua caía sobre nosotros.
Me encantó pasarme la mañana con ella en el súper. Aunque las miradas que algunos hombres le echaban me ponían celoso."
Eva casi jadeaba. El corazón no había dejado de latirle con fuerza mientras leía. Y otra cosa. Algo que le chocó. Estaba excitada. Tenía los pezones duros, marcados en la tela. Y el coño lo notaba mojado.
¿Cómo era posible?
¿Era por lo que había leído? Sin duda eran palabras llenas de erotismo, de sexo, de morbo.
¿Quizás por saberse deseada? A todos nos gusta saber que los demás nos encuentras atractivos. Que despertamos el deseo en otros. Toda mujer se siente bien cuando sabe que los hombres la desean.
¿O era porque se trataba de Pedro? ¿Estaba tan excitada por saber que a Pedro le gustaba como mujer? ¿Por saber que tenía fantasías con ella?
Se dijo que era por todo. Por leer aquellas fantasías. Por sentirse deseada. Y por que fuera Pedro quien la deseara. Se dijo que aquello estaba mal. Qué él no debía tener aquellos pensamientos sobre ella. Que ella no debía sentirse bien por saberlo.
Estaría mal. Sería abominable. Sería el mayor de los pecados. Pero el coño le palpitaba. Juntó las piernas y sintió placer.
Hacía mucho, mucho tiempo que Eva no estaba tan excitada, tan caliente. Tan... cachonda.
¿Qué más diría Pedro sobre ella? ¿Qué más fantasías tendría? Pasó la hoja, dispuesta a averiguarlo. Pero cerró la libreta de golpe.
-No. No, no y no.
La dejó donde la había encontrado y salió del cuarto de su hijo.
-No leeré más su diario - se prometió a si misma.
+++++
Al medio día, cuando Pedro regresó de clase y le dio, como siempre, un beso en la mejilla, Eva se estremeció. Se dio la vuelta y siguió preparando la comida.
"¿Me estará mirando? Seguro que me estará mirando. Tendrá sus ojos clavados en mi culo"
Eva se ruborizó ligeramente. Ahora sabía lo que él pensaba de ella. Ahora se sentiría siempre observada.
Durante la comida sus miradas coincidieron varias veces. Ella la apartaba con rapidez.
-¿Cómo empieza el curso, Pedrito? - preguntó su padre.
-Muy bien papá.
-Si te sale tan bien como el curso pasado, tendrás lo que te prometí.
-Gracias papá - respondió contento.
Lo prometido era una moto. Así no tendría que ir en autobús a la facultad. Sabía que a su madre no le gustaba la idea de la moto, pero un coche era demasiado caro.
Por la tarde Eva se quedó sola en la casa. Como cada tarde, veía la tele en el salón. Pero no tenía la mente allí. Miraba la pantalla sin verla. Pensaba en Pedro. En lo que había leído. Tenía una extraña sensación en el cuerpo. Una sensación que sólo había tenido otra vez en su vida. Antes de casarse, cuando empezó a tener relaciones sexuales con su novio. Cuando pensar en él la excitaba. Cuando sólo deseaba estar con él, besarlo, ser besada, ser acariciada...ser... follada.
Esa pasión, esa mezcla de amor, deseo y lujuria ya había pasado. El tiempo la fue diluyendo poco a poco hasta hacerla desaparecer. Hasta que la lectura del diario de Pedro la había hecho reaparecer.
La primera vez que la sintió fue algo hermoso. Nació el amor, el matrimonio. Un hijo. Esta segunda vez era algo... impensable. Algo que tenía que desterrar de su mente.
En la pantalla se sucedían imágenes sin sentido. Su mente la empujaba al cuarto de Pedro. Al diario.
Sonó el teléfono y dio un respingo. Se levantó. Reconoció el teléfono. Era su amiga Rosa.
-Hola Rosa.
-Hola Evita. ¿Qué haces?
-Nada, ver la tele.
-Bah, y yo. No hay nada interesante. ¿Vamos a dar una vuelta?
-Ay, sí. Necesito despejarme un poco.
-Vale. Nos vemos donde siempre.
A la media hora las dos amigas estaban sentadas en una cafería.
-¿Qué te pasa, Eva?
-Nada. ¿Por?
-Estás muy callada. Estás en otro sitio.
-No me pasa nada, de verdad.
Rosa se acercó a Eva y le susurró:
-Aquellos dos chavales no nos quitan el ojo de encima.
Eva miró con disimulo. Eran dos chicos, de la edad de su hijo, más o menos.
-No seas tonta, Rosa.
-Que sí, mujer. Uf, quien pillara a un yogurín de esos. Seguro que me quitaba las telarañas del coño.
-Jajaja Rosa, pero que brutita eres.
-Evita, no sabes las ganas que tengo de echar un buen polvo. Y seguro que con un jovencito de esos haría maravillas.
-¿Es que tu marido no te atiende como es debido?
-¿Acaso el tu yo sí?
Eva desvió la mirada.
-Umm, ya veo que estás igual que yo, Evita.
-No todo es culpa suya. Ya no soy una jovencita. Me hago vieja.
-¡Toma coño! Ni ellos tampoco son unos pimpollos. Ya tienen barriguita y las cabezas se les empiezan a pelar. Seguro que se les van los ojos detrás de las jovencitas.
-Seguro.
-Pues a mí se me van detrás de los jovencitos.
-¿Serías capaz de ponerle los cuernos a Rodolfo?
-No sé. Pero si uno de esos de la mesa de al lado me lo propone, creo que sí.
-Yo no sería capaz. ¿De verdad piensas que un chico como ese se sentiría atraído por alguien de nuestra edad?
-He oído que hay muchos jóvenes a los que les atraen mucho las maduritas.
Eva se estremeció al recordar las cosas que su hijo había escrito sobre ella.
-¿Otra vez con la mirada pedida, Eva?
-¿Eh?
-Ummm, ¿No tendrás tú algún rollito y me lo estás ocultando?
-No, no. Claro que no.
-Evita. Te conozco como si te hubiese parido. Cuenta, cuenta. ¿Quién es él? ¿Lo conozco? ¿Qué edad tiene? ¿Está bueno? ¿Tiene una buena polla?
-Ay, que boba eres. No hay nadie, mujer.
-No te lo voy a quitar. Podríamos... compartirlo. Jajaja.
Rosa la miró con los ojos entornados. Eva trató de disimular.
-Ya me enteraré.
Eva cambió de conversación. Empezaron a criticar a las amigas que no estaban presentes. Siempre es divertido poner verde a quien no está delante. A más de una le pitaron los oídos esa tarde, seguro.
Cuando cerca de las ocho de la tarde se despidieron, Rosa insistió.
-¿Y quién es él?
-Pesada. No hay nadie, coño.
-¿A qué dedica el tiempo libreeeeeeeee? - añadió Rosa tatareando la canción de Perales.
-Jajaja. Capulla. Adiós. Se buena.
Cuando Eva llegó a su casa Pedro estaba viendo la tele.
-Hola mami. ¿De paseo?
-Sí, me tomé un café con Rosa.
-Seguro que pusieron verde a más de una.
-Jajajaja, sí. Y a más de uno también.
-Uf, dos mujeres juntas son un peligro.
-¿Me ayudas con la cena?
-Claro mamá.
Entre los dos prepararon la cena.
"¿Me estará mirando?", pensaba Eva, sin atreverse a mirar a Pedro.
"Ya basta. No sigas. Déjalo ya. Es tu hijo, por el amor de dios", pensó. Pero al instante siguiente, en su cabeza resonó: "Me estaba corriendo dentro de ella. Y ella se corría conmigo mientras el agua caía sobre nosotros".
Cenó sin levantar la vista, respondiendo automáticamente las preguntas de su marido y de Pedro.
Horas después, Eva estaba acostada en su cama. No se podía sacar a las palabras de Pedro de la cabeza. No podía evitar sentirse excitada. Por mucho que se lo negase a sí misma, sus pezones duros y sensibles se lo recodaban a cada instante. La humedad de su coño era como un puñetazo contra su voluntad.
No podía dormir. Necesita desahogo. Necesitaba placer. Pensó en darse la vuelta, pegarse a su marido. Acariciarle. Antes, bastaba eso para que él se diera la vuelta y le clavara su dura polla hasta el fondo de su coño y no dejase de follarla hasta hacerla correr con intensidad.
Recordó la última vez que lo intentó. Estaba excitada. Se pegó él, llevó su mano hacia la polla y se la empezó a sobar. Él le apartó la mano.
-Estoy cansado - dijo, secamente.
Eva retiró la mano, se dio la vuelta y nunca más lo volvió a intentar.
Ahora necesita sexo. Los suaves ronquidos de su marido le hicieron desistir de intentar nada con él. No quería recibir otro rechazo. Su mano derecha bajó por su cuerpo, se metió por dentro de su pijama y por debajo de las bragas. Giró la cabeza contra la almohada para ahogar sus gemidos de placer.
Estaba muy mojada. Recorrió la rajita de su coño con las yemas de sus dedos, se frotó con suavidad el inflamado clítoris. El placer la inundó. Necesitaba un orgasmo que liberara la tensión acumulada en su cuerpo. Deseaba correrse sin tener a Pedro en su mente. Luchó con todas sus fuerzas por pensar en otras cosas, en otros hombres, pero su mente volvía una y otra vez hacia su hijo.
Dejó de tocarse. No quería correrse así, pensando en él. No podía.
Su corazón dio un latido. Lo sintió en la sien. Lo sintió entre las piernas. Estaba tan caliente, tan excitada, que casi sentía dolor. Y se rindió. Perdió la batalla. No podía luchar contra el deseo.
Su mano volvió hasta su coño. Se frotó con intensidad y se corrió como hacía años que no lo hacía. Mordiendo la almohada para no gritar. Con cada fibra de su cuerpo en tensión. Con intensos espasmos que hicieron mover toda la cama a pesar de sus esfuerzos por que su marido no se diera cuenta de nada.
Y se corrió con una imagen en su cabeza. Pedro, su hijo, la miraba a los ojos. Su polla clavada hasta lo más profundo de su coño. Y el calor de su leche llenándola por dentro.
Se quedó varios minutos jadeando, con el cuerpo perlado de sudor.
Se acababa de correr pensando en su hijo, imaginando como él se corría con ella, dentro de ella.
"Es sólo una fantasía. Juegos de mi mente. Nunca se harán realidad."
Se convenció a si misma de que mientras todo quedase así, sólo dentro de su cabeza, no era tan horrible. Que así lograría no sentirse tan sucia. No podía controlar lo que su cabeza pensaba. Pero sí podía controlar lo que su cuerpo hacía.
+++++
Se despertó agitada. No había conseguido descansar. El sueño había sido muy superficial y se había despertado varias veces durante la noche.
Se levantó y fue al baño a hacer pis. Cuando terminó, se miró al espejo.
-¿Pero que ve en mí? - se preguntó.
Estaba despeinada, con ojeras. No creía que pudiese atraer a nadie. Cogió el cepillo y se arregló el cabello. Se limpió la cara con agua fría y cogió la bata que había detrás de la puerta.
Cuando llegó a la cocina, su marido y Pedro ya estaban desayunando.
-Buenos días, dijo.
-Buenos días, mamá.
-Buenos días - dijo su marido.
Las miradas de Eva y su hijo se cruzaron un instante. Ella la desvió, se dio la vuelta y se preparó un café.
Cuando ellos terminaron, se marcharon juntos. Su marido le dio un rápido beso en una mejilla. Eva esperaba el beso de Pedro.
-Hasta luego, mami - le dijo cuando sus labios se separaron.
-Hasta luego, tesoro
Mirando como se alejaban, Eva se llevó la mano hasta el punto donde los cálidos labios de Pedro la habían besado. Después recogió la cocina y se dispuso a hacer las labores de la casa.
Habitación por habitación limpió el polvo y fregó el suelo. Evitó la habitación de Pedro. Evitó la tentación.
"Joder. Tengo que limpiar su habitación. Pero no voy a leer su diario".
Cuando entró, lo primero que hicieron sus ojos fue buscar la libreta. La vio entre los libros, en donde la había dejado el día anterior. Empezó con la limpieza.
De vez en cuando miraba hacia la repisa. Una parte de su cerebro quería leer el diario. Otra parte, quería salir corriendo de allí
"Sólo un poco... Sólo una página....nada más...Y ya no lo leeré más"
"No. No lo hagas. Si lo haces no podrás parar"
"Sólo una. Lo juro".
Dejó la escoba apoyada en la puerta, se acercó a la repisa y cogió la libreta. Se sentó en la silla y abrió el cuaderno. Buscó lo último que había escrito. Era del día anterior. Debió escribirlo por la noche, antes de acostarse.
"Hoy me he despertado muy excitado. Con mi polla dura, como siempre. Aún tenía tiempo antes de tener que irme a clase, así que empecé a acariciarme.
Muchas veces he pensado en que pasaría si mi madre me sorprende masturbándome. Fantaseo mucho con eso. La puerta de mi cuarto está cerrada, pero sin llave. Ella podría abrir la puerta y entrar.
Me destapé y me bajé los calzoncillos. Me agarré la polla y empecé a hacerme una paja mirando hacia la puerta. Deseando que se abriera y ella me viese.
No era la primera vez que lo hacía así. Me gusta tentar a la suerte. Quizás sea con la esperanza de que pase de verdad. Que mi madre abra la puerta y me pilla con la polla en la mano."
La imagen de Pedro masturbándose sobre su cama y deseando que ella lo viera provocó que Eva se mojase en el acto. Había pasado muchas veces por el pasillo, por delante de su puerta cerrada. ¿En cuántas de esas ocasiones estaría Pedro tocándose?
Abrió su bata. Abrió sus piernas. Metió entre ellas su mano derecha. Con la izquierda sujetaba el diario.
Y mientras continuó leyendo, comenzó a masturbarse.
"Empecé a fantasear. A imaginar. A desear.
La puerta se abre. Es ella.
-Pedro... ¿Tienes ropa para...?
Sus ojos se clavan en mi polla. Mi mano no deja de subir y bajar a lo largo de mi duro mástil. Me mira a los ojos un momento, pero en seguida vuela a mirar mi polla.
En vez de irse, entra en mi cuarto y cierra la puerta. Lentamente, si dejar de mirarme, se acerca a mi cama y se sienta en mi cama, a mi lado. Me sonríe.
-Vaya. Parece que mi niño está caliente.
-Ummm, mamá. Mucho.
-¿Y en qué piensa mi niño para ponerse así? ¿Qué chica es la afortunada de tener tus pensamientos?
-Mamá...no te lo puedo decir.
-¿Por qué no? Me lo puedes contar todo.
-Me da vergüenza.
-Venga, tesoro. Dile a mami que mujer te pone la polla así de dura.
-Tú, mamá. La tengo así de dura por ti. Eres tú la mujer en quien estoy pensando.
-¿En serio?
-Sí.
-Ummmm ¿Te estás haciendo una paja pensando en mí? ¿En tu madre?
-Aggg, sí...sólo en ti.
-Eres un...pervertidillo
Mira mi polla. Por la punta sale líquido pre seminal.
-Uf, mira como babea tu polla, tesoro. ¿Babea por mí?
-Sí...agg... por ti.
Se acerca aún más a mí. Su cuerpo roza el mío.
-¿Y vas a seguir así hasta correrte? ¿Pensarás en mí mientras tu polla escupe su lechita caliente?
-Mamá...sí...me correré por ti.
Me mira a los ojos, con picardía.
-¿Sabes? Si la tienes así por mí, creo que sería justo que fuese yo la que... ya sabes.
-¿Lo harías?
-Claro que sí. ¿Quieres que mami te haga una pajita? ¿Quieres que mami te vacíe esa linda polla tuya?
No le dijo nada. Solo suelo mi polla. Era, sin dejar de sonreírme acerca su mano y la agarra. Empieza una paja lenta, muy lenta.
-Ummm que dura tiene mi nene la polla.
Nos miramos a los ojos mientras ella mueve su mano cada vez más deprisa. Sus ojos brillan. Yo empiezo a gemir. Me correré muy rápido. Ella me excita hasta el límite.
-Aggg, mamá...me voy a correr...me voy a correr....
-Sí, sí, córrete para mami. Déjame ver como tu polla escupe su leche.
Deja de mirarme a los ojos para mirarme la polla. Su mano me lleva inexorablemente a un poderoso orgasmo. Los dedos de mis pies se agarrotan. Mis músculos se ponen rígidos. Mi polla empieza a tener espasmos hasta que de su punta sale disparado un potente chorro de leche que cae después sobre mi pecho.
-Ummm mi niño se está corriendo: Eso eso...así, así...dale toda tu leche a tu mami.
Me ordeña por completo. Son varios los chorros de semen que salen disparados de mi polla para acabar sobre mi pecho y mi barriga. Los últimos, más flojos, caen en su mano.
Ella se queda mirando mi corrida sobre mi piel. Y sonríe.
-Uf, vaya corrida que ha tenido mi tesoro. ¡Cuánta lechita tenía dentro! ¿Te has gustado la paja que te hizo mami?
-Mucho. Quiero más
-Vicioso - me dice, sonriendo.
Mi pecho estaba de verdad lleno de semen. Pero lo había sacado yo con mi mano. Me quedó unos minutos así, mirando la puerta, deseando que ella entrara.
Pero no entró."
Eva se reponía del intenso orgasmo que tuvo leyendo la fantasía de Pedro. Se corrió justo cuando su hijo, en el la fantasía, se corría gracias a su mano.
Había más escrito sobre ese día. Sin sacar la mano de entre sus piernas, siguió leyendo.
"Al medio día noté algo extraño. Ella me miraba mucho, pero apartaba la vista. No sé por que sería"
Se estremeció de pies a cabeza. Él se había dado cuenta.
"Por la noche me pidió que la ayudara a preparar la cena. Lo hice encantado. Eso significaba estar a su lado. Poder mirarla. Poder admirarla.
¡Es tan hermosa! Me gusta todo de ella. Como se mueve, sus gestos. Su suave perfume. No dejé de mirarla con disimulo. Incluso llegué a tropezar intencionadamente con ella un par de veces"