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Le Envian Videos de su Hija - Capítulo 001
Pedro estaba en el salón, viendo la tele. Era una lluviosa y aburrida tarde de domingo. Lidia, su hija, su ojito derecho, había salido con unas amigas y su mujer dormía la siesta.
Su teléfono sonó con el clásico silbidito de un mensaje de whatsapp. Con desgana, cogió el aparato, lo desbloqueó y miró. Vio que salía un número de teléfono en lugar de un nombre, señal de que el mensaje lo enviaba alguien que no estaba en su agenda. La notificación decía: "¿Cómo va la cosa, suegrito?"
Se trataba, sin duda, de algún error. El no era el suegrito de nadie. Abrió el whatsapp y contestó:
-Creo que se equivoca de persona.
Iba a dejar otra vez el teléfono en la mesita de al lado del sofá, cuando recibió un nuevo mensaje de aquel desconocido.
-No me equivoco, suegrito.
Aquello empezó a molestar a Pedro. Respondió con enfado.
-Mire, caballero. No soy su suegrito ni su nada. Revise el número porque lo debe de haber apuntado mal. Corríjalo y déjeme en paz.
-Suegrito, que no me equivoco - contestó el desconocido, añadiendo una risueña carita que enervó aún más a Pedro.
Enfadado, bloqueó el teléfono y lo dejó sobre la mesa. Se dijo que lo mejor sería ignorar a aquel imbécil.
Pasaron algunos minutos, y cuando creía que ya se había librado de aquel tipo, dos nuevos silbiditos le hicieron coger el móvil con rabia, dispuesto a cantarle las 40 al capullo ese. Abrió el whatsapp y se quedó de piedra. El primer mensaje decía:
-¿Acaso no es esta tu hija, suegrito?
Y debajo, una foto. Pedro la miró. Parecía, efectivamente, una foto de Lidia. ¿Cómo tenía aquel tipejo una foto de su hija? Pulsó sobre la foto para ampliarla y cerciorarse.
No había duda. La chica de la foto era Lidia. Sonreía a la cámara, con los brazos abiertos hacia quien sacaba la foto. Encima, iba solo con ropa interior. Una pequeñas braguitas y un sujetador que no hacían más que resaltar su bello cuerpo.
-¿Quién diablos eres? - preguntó.
-Jeje, suegrito. Soy el que se folla a tu hija.
Pedro se quedó paralizado. ¿Cómo que el que se follaba a su hija? Pero si ella no tenía novio. Al menos, que él supiera. Tenía que ser mentira. Ese tipejo habría conseguido la foto de alguna otra manera. Quizás se las hicieron, jugando, entre el grupito de amigas.
-¿Cómo conseguiste la foto, cabrón?
-Se la hice antes de follármela.
-Hijo de puta. Bórrala.
-Ni loco, suegrito. Con lo linda que está en las fotos.
-¿Cómo fotos?
-Jajaja. Pues claro. Tengo más. Mira
Antes los ojos de Pedro apareció otra foto de Lidia. Ahora ella se tapaba los pechos con un brazo mientras que con la otra mano agarraba el sujetador.
-Está buena, ¿Eh? - dijo el desconocido.
Pedro recibió una foto más. Lidia, ahora de espaldas, tenía el culito hacia atrás, como si lo meneara ante la cámara. Pedro no pudo evitar mirar aquel redondo y tentador culete.
No era la primera vez que lo miraba, ni siquiera la primera vez que veía así el cuerpo de su hija. El verano anterior, sin ir más lejos, la vio muchas veces en bikini en la playa o en la piscina. Tenía un hermoso y torneado cuerpo, pero jamás la miró con ojos distintos a los de un padre.
Ahora, sin embargo, miraba una foto de su niñita en bragas, enseñando el culo hacia la cámara. Aún no había podido reaccionar cuando recibió una nueva foto. Lidia miraba a la cámara, con una sonrisa cautivadora, los brazos en jarras, con las manos apoyadas en sus caderas.
Era la primera vez que Pedro veía las tetas de su hija al natural, sin telas de por medio.
-Mira que tetas más lindas tiene. Y mira los pezones. Estaba tan cachonda que los tenía duros como diamantes.
Pedro no fue consciente de que había ampliado la foto hasta tener un primer plano de los pezones. Parecían, verdaderamente, duros.
-Los tiene muy sensibles. Gime como una perra cuando se los chupo y se los muerdo.
-Cabrón. Borra inmediatamente esas fotos. Como se te ocurra mandárselas a alguien, te mato.
-Tranqui, suegrito. No se las voy a mandar a nadie. Todo queda en familia... jajaja
Si Pedro cogía a aquel tipo en ese momento, la apretaría el cuello hasta que dejara de respirar. Estaba lleno de rabia.
La siguiente foto le hizo abrir los ojos. Lidia aparecía totalmente desnuda. No pudo evitar que sus ojos se clavaran en el pubis de su niñita. Con asombro vio que estaba totalmente depilada.
-Es preciosa, ¿Verdad? - preguntó el desconocido.
Pedro escribió 'Sí' como respuesta, pero cuando iba a pulsar el botón de envío, borró lo que había escrito.
"¡Pero qué coño! No voy a seguir hablando con este imbécil", se dijo.
-No veas lo mojadita que estaba. Tenía el coñito chorreando. ¿Quieres verlo?
-¿Pero qué dices? ¿Estás loco?
-Mira...
Recibió una foto. Era un primer plano de un precioso coño depilado. Estaba abierto, y claramente excitado y brillante de jugos.
-¡Ja! - dijo Pedro - No es mi hija. Habrás sacado la foto de internet.
-Es ella, te lo aseguro.
-Sí sí.
Recibió otra foto. El mismo coño mojado, los mismos muslos abiertos. Pero ahora la foto era de cuerpo entero. Lida, su niñita, sonreía a la cámara con las piernas abiertas, mostrando su intimidad.
-¿Qué? ¿Es o no es tu hija la que tiene el coño empapado?
Pedro no contestó. Se quedó mirando la foto de su hija.
-Está buena, ¿Eh, suegrito?
Siguió mirando la foto de su hija. No solo era una mujer preciosa, sino que aquella pose tan sensual la hacía muy deseable.
-¿Ya se te puso la polla dura?
En ese momento Pedro fue consciente de que tenía una fuerte erección, que abultaba su entrepierna.
-Eres un hijo de puta. Te exijo que borres esas fotos ya.
-No pienso hacerlo, suegrito. Me encantan estas fotos. La que te voy a mandar ahora seguro que te encanta.
-No me mandes más fotos, cabrón. Te voy a poner en la lista de bloqueados.
Antes de que pudiese reaccionar, llegó la foto. Pedro estuvo unos segundos sin reaccionar a lo que estaba bien. Su polla si reaccionó, palpitando entre sus piernas. En la pantalla había un primer plano de Lidia, mirando a la cara con sus hermosos ojos avellana. Y en su boca, distendiendo sus labios, una gruesa polla.
-Uf, suegrito. No veas lo bien que mama tu niña. Es una comepollas de primera.
Siguió mirando la foto. Parecía una de aquellas fotos que solía mirar por Internet. Pero con la diferencia de que no era una desconocida la que se comía una buena polla, sino su propia hija.
-Venga, suegrito. Que no nos oye nadie. Confiesa que tu niña te pone la polla dura. Mira sus preciosos ojos como te miran. Imagina que es tu polla la que se está comiendo.
Pedro se lo imaginó. Aunque trató de no hacerlo, no pudo evitar imaginar a Lidia chupándole la polla, arrodillada entre sus piernas.
-¿No dices nada? Bueno, tú mismo. Me tengo que ir ya. Ella me espera y me la voy a follar bien follada. Te mando una última cosa. Chao
El siguiente mensaje era un vídeo. Le llegó el primer fotograma, borroso. Tenía que pulsar para descargarlo. Por esa borrosa imagen supo que el vídeo era de Lidia chupando aquella polla.
Cerró el whatsapp y tiró su teléfono sobre la mesita del salón.
-Hijo de puta. Cabrón. No me vas a hacer mirarla así.
Trató de serenarse. Se tuvo que colocar la polla de lado, pues le molestaba dura como estaba encerrada en los pantalones. Siguió viendo la tele.
+++++
Sobre las siete apareció su mujer, con las sábanas marcadas en la cara y bostezando.
-Hola cariño. Vaya siestecita más rica que me he echado.
-¿Siestecita? Pero si te oía roncar desde aquí.
-Quita, quita. Exagerao. ¿Ya volvió la niña?
"¿La niña?" - pensé Pedro "Sí, sí. La niña. No veas como chupa pollas la niña. Ahora mismo ese tipejo se la estará follando".
-No, no ha vuelto aún - respondió.
-¿Te apetece tortilla de cebolla para cenar?
-Ummm sí, sí. Con mayonesita.
-Ok. Voy a pelar las papas.
Pedro le miró el culo a su mujer mientras se alejaba hacia la cocina. La polla la tenía morcillona. Pero no era por aquel culo. Era porque no se sacaba de la cabeza la imagen de Lidia.
A la media hora oyó la puerta principal de la casa.
-Holaaaaaaaaaaa. Ya estoy en casa - gritó Lidia.
Pedro se estremeció. ¿Qué hacer ahora? ¿Hablar con ella? ¿Decirle lo que su supuesto novio le había mandado? Lidia ya era mayor de edad. Tenía el derecho de hacer con su vida lo que le diese la gana, y él no era quien para cuestionarla. Siempre había sido una buena chica. Jamás le había dado ningún problema. Su vida privada era de ella.
Así que optó por no hacer nada. Olvidarlo todo.
Pero no pudo. En cuanto ella entró al salón y se acercó a él a darle un beso, aquella foto volvió a llenar su mente. La foto de Lidia mirando a la cámara con una gruesa polla en la boca. La polla terminó de ponérsele dura del todo y tuvo que taparse con disimulo.
-¿Qué tal la tarde, cariño? - le preguntó inocentemente - ¿Te divertiste con tus amigas?
-Sí. Fuimos al cine. ¿Qué hay de cena? Me muero de hambre.
"¿De hambre? ¿Pero no te acabas de comer una buena polla?"
-Tu madre está preparando tortilla.
-¿De cebolla?
-Sí.
-Yupiiiii. Voy a echarle una mano
Los ojos de Pedro se clavaron en el precioso y cimbreante culito de su hija. Era la primera vez que la miraba así
-Joder Pedro - se dijo - ¡Qué es tu hija! Deja de mirarla así.
Lo intentó. Por supuesto que lo intentó. Pero no pudo. Durante la cena no dejé de mirarla con disimulo. Como se reía. Como comía. Como se mecían sus tetas tras la fina camisa que llevaba. Cada vez que ella se llevaba un trozo de tortilla a la boca él pensaba que era una polla. Su polla. Y encima, la mayonesa con que ella rebañaba cada trozo no hacía más que aumentar el morbo de sus pensamientos. La polla le dolía encerrada entre sus pantalones y se la colocó un par de veces.
Sus ojos se cruzaron con los ella en varias ocasiones. Ella le sonreía. Era tan linda.
Lidia era la viva imagen de su mujer a aquella edad. Preciosa, delgada, con un cuerpo espectacular. Con los años su mujer había cambiado. Su figura ya no era la misma. Sus tetas estaban caídas y había cogido bastantes kilos de más. Los años no pasan en balde. Ni por supuesto, para él. Pedro también había cogido sus kilitos. Tenía lo que su mujer llamaba su 'redondita barriga cervecera'. Tenía bastante menos pelo en la cabeza. Pedro se miraba a veces en el espejo y se decía que para tener 50 años tampoco estaba tan mal.
Después de la cena fue peor. Lidia se puso un pijama cortito que no hacía más que resaltar sus encantos. Pedro lo pasó fatal. Ese cabrón que lo llamaba suegrito le había jodido el día.
Terminada la película Lidia se despidió de sus padres y se fue a la cama.
A los cinco minutos Pedro no pudo ya más. Cogió una de las manos de su mujer y la llevó hasta su polla.
-Uf, cariño. ¿Qué te pasa? - preguntó ella, apretando la dureza.
-Que estoy cachondo.
-Ya lo noto - dijo su mujer, retirando la mano.
-¿Echamos un polvo? Hace mucho que no follamos.
-Estoy cansada, Pedro.
-¿Pero si te has pasado la tarde durmiendo?
-No tengo ganas.
-Joder, Maruca. Nunca tienes ganas.
-Y tú siempre estás cachondo.
Pedro se lo vio venir. Si seguían así, empezarían con la discusión de siempre, que no les llevaría a ningún lado. Estarían enfadados unos días y al final todo quedaría como siempre.
-Está bien. Dejémoslo - dijo, resignado.
Siguió viendo la tele hasta que al rato su mujer se levantó.
-Me voy a la cama, cariño. Hasta mañana.
-Hasta mañana - respondió, seco.
Se quedó solo. Solo con sus pensamientos. Solo con su polla... dura. Se la empezó a acariciar sobre el pantalón. Sabía que terminaría haciéndose, como habitualmente, una buena paja para relajarse y dormirse a gusto.
Un bip bip de su móvil, que seguía en donde lo había dejado por la tarde, le sobresaltó. Miró y vio que era solo un correo de gmail. De publicidad, encima. Fue a dejar otra vez el teléfono sobre la mesa cuando se acordó de lo que allí había.
Dudó. Luchó consigo mismo, pero abrió el whatsapp y puso a pantalla completa la foto de Lidia mirándole con la polla en la boca. Y sin dejar de mirarla, siguió tocándose la polla por encima del pantalón.
-Joder, mi niña. Qué bien mamas - susurró.
Se bajó la bragueta y se sacó la polla. Y empezó a hacerse una paja mirando la foto de su hija. Subió y bajó su mano sin apartar los ojos de los de ella.
-Uf...Lidia...tú sí que sabes comerte una polla como es debido.
Si bien Lidia era la viva imagen de su mujer a esa edad, su mujer nunca fue ni remotamente tan lanzada como parecía ser su hija. No follaron hasta la noche de bodas, como mandaban los cánones. Y le costó muchos años conseguir que le chupara la polla. Pero nunca se la llegó a chupar como Lidia. Así, mirándole a los ojos, tan sensualmente, tan eróticamente.
Entonces se acordó del vídeo. Ese vídeo que su yernito le mandó y que no había querido bajarse. Ahora necesitaba verlo. Minimizó la foto y pulsó sobre el vídeo para que comenzara a descargarse. Se quedó mirando como la ruedita verde se iba llenando.
Cuando se completó, la borrosa imagen se transformó en una nítida foto de Lidia mirando a la cámara con aquella polla en la boca. Solo que ahora tenía un triangulito de play encima. Pedro lo pulsó y giró el teléfono para poner en horizontal.
Lo que siguió fue lo más caliente que Pedro había visto en su vida. Lidia, su niñita del alma, sin dejar ni un instante de mirar a la cámara, y con una lentitud exasperante, subía y bajaba su boca a lo largo de la afortunada polla. Se la metía más de tres cuartas partes antes de sacarla lentamente, hasta casi la punta. Y gemía. Hacía un 'ummmm ummmm' que erizó el vello de Pedro.
Con la boca abierta, casi babeando, Pedro sostenía el teléfono con la mano izquierda mientras con la derecha se pajeaba furiosamente mirando la mamada perfecta que Lidia realizaba antes sus ojos. La polla del video se fue poniendo brillante gracias a la saliva. La polla de Pedro se puso brillante gracias a la babilla que destilaba por la punta.
-¿Te gusta mi polla? - dijo el hombre del video. Pedro pensó que la voz no parecía la de un chico joven.
-Ujum - respondió Lidia con la boca llena de polla.
-Pues dímelo. Dime que te gusta mi polla.
Ella se sacó la verga de la boca y con voz mimosa dijo
-Umm, me encanta tu polla. Es tan grande y tan dura.
Se la pasó por la cara. La llenó de besos que retumbaban en la cabeza de Pedro. Con la lengua dio vueltas y vueltas alrededor del grueso capullo, haciendo gemir al hombre.
-Aggg, Lidia. Nadie mama como tú. Me vas a hacer correr.
-Ummm, sí, sí.... córrete. Llena mi cara de leche caliente y espesita....Dámela toda.
Aquello fue demasiado para Pedro. Su cuerpo se tensó y un tremendo chorro de leche salió disparado de su polla, manchando su camisa y sus pantalones. Fue seguido por varios más. Se corrió intensamente, apretando los dientes y sin dejar de mirar la pantalla de su móvil, en donde Lidia mamaba ahora más deprisa.
-Aggg... ya.... ya me corro... yaaaa
Lidia se sacó la polla de la boca y no cerró los ojos. Siguieron clavados en la cámara. Para Pedro era como si lo mirase directamente a él. Aun con los últimos espasmos de su corrida, Pedro se dispuso a ver como la cara de Lidia era cubierta del semen de aquel cabrón afortunado.
Pero de repente, el vídeo terminó.
-¿Qué? ¡Joder! Ahora no. Ahora noooo - casi gritó Pedro.
Le dio a volver por si había otro vídeo, pero no había más. Aquel cabrón solo le mandó ese. Y lo cortó en el mejor momento.
Se miró. Estaba sucio, lleno de lamparones de su abundante corrida. Si su mujer o su hija apareciesen en ese momento, no podría disimular aquello, así que se levantó y se fue al baño a lavarse. Entró y cerró la puerta.
Se quitó la camisa y los pantalones y los enjuagó en el lavamanos. Después los dejaría en el cubo de la ropa sucia.
Un silbidito en su teléfono le indicó que a acababa de llegar un whatsapp. Miró y vio que era aquel tipejo.
-Hola suegrito - le decía - ¿Qué te pareció el video? Y no me digas que no lo viste. Esto me marca que lo has bajado.
Estaba claro que aquel desconocido sabía que había descargado el video. No valía la pena negarlo.
-Borra ese vídeo. No tienes derecho a grabar a mi hija haciendo esas cosas.
-¿Cómo que no? Puedo hacer lo que me da la real gana. Además, ella está de acuerdo. Le encanta que la graben follando.
-¿Te la follaste hoy? - le preguntó de repente, sin saber por qué lo hizo. Quizás por pura envidia.
-¿Tú qué crees? Pues claro que me la follé esta tarde. ¿Ella te dio un besito cuando llegó a casa?
-Sí.
-Jeje, pues seguro que aún tenía en la boca el sabor de mi leche. Además de en la cara a tu hija le encanta que le llene la boca de leche caliente y espesa. Se lo traga todo y se relame con gusto.
La polla de Pedro se empezó a poner dura otra vez.
-¿Te hiciste una paja mirando como tu niñita me comía la polla, suegrito?
Pedro no contestó. A los pocos segundos llegó un nuevo mensaje.
-Venga, hombre. Entre tú y yo. ¿Me vas a decir que no te puso la polla dura ver como mama tu hija? ¿Me vas a decir que no te sacaste la polla y te cascaste un buen pajote mirándola?
Pedro siguió sin contestar. No iba a decirle a aquel tipejo que sí. Que se había corrido encima mirando como Lidia le mamaba la polla. Pero entonces recibió una foto que terminó de ponerle la polla dura del todo.
Lidia, su preciosa Lidia, miraba a la cámara con la polla en la boca. Pero su cara estaba cubierta de blanco y brillante semen.
-Uf, no veas vaya corridón que tuve, suegrito. Mira que linda la dejé. Aunque el vídeo está mucho mejor que esta simple foto.
-¿Vídeo? ¿Lo grabaste? - preguntó, aunque suponía que aquel cabrito no había dejado de grabar justo cuando se paró el vídeo que le mandó.
-Jeje, claro que lo grabé. Esta tarde te mandé el vídeo, pero lo corté justo cuando iba a correrme. ¿Quieres que te lo mande completo? ¿Quieres ver como le baño la cara a Lidia con una buena corrida?
El pulgar de Fernando se movió con rapidez hacia la S. Pero no la pulsó. Pasaron los segundos...
-Venga, suegrito. No seas bobo. Esto es solo entre tú y yo. Nadie lo sabrá nunca. ¿Quieres o no quieres ver el vídeo completo?
Cerró los ojos. Pulsó la S. Luego la i. Y apretó la flechita de enviar.
-Jeje, Lo sabía, suegrito. Lo sabía. Vale. Te lo mando... Pero antes...
-¿Qué?
-Confiésalo. Miraste el vídeo que te mandé. Y te hiciste una paja mirándolo.
Le acababa de pedir que le mandara el vídeo completo. ¿Para qué negar lo que él otro ya sabía?
-Joder, está bien. Sí, miré el vídeo...y me hice una paja mirándolo.
-Ummm, que rico. ¿Te corriste?
-Uf, como hacía mucho que no me corría.
-Conozco esa sensación. Así me corrí yo la primera vez que Lidia me comió la polla. Bueno, la verdad es que me corro así con ella siempre. Es la mujer más caliente y sensual con la que he estado. Bueno, te dejo ya. Chao. Te mando el vídeo. Que lo disfrutes.
Le llegó el mensaje con el vídeo y empezó a descargarlo. Su mano subía y baja a lo largo de su enhiesta polla. Se iba a hacer otra paja. Otra vez miraría a su hija mamando aquella polla.
En cuanto de descargó pulsó el play. Otra vez se repitió lo que ya había visto. Aquella sensual mamada. Aquella perfecta mamada. Pero esta vez el vídeo no se paró cuando la polla salía de la boca y aquel tipo anunciaba su inminente corrida. Esta vez vio como la mano del hombre agarraba la polla, la sacudía y como un poderoso chorro de leche se estrellaba contra la frente y la nariz de Lidia. Acompasó los movimientos de su mano a los de la mano del vídeo, imaginando que era su polla la que se corría sobre su hija. Y cuando el tercer chorretón caía sobre una de las mejillas de la ella, su polla estalló. Por primera vez en muchos años Pedro se corría dos veces seguidas. Con los dientes apretados, sin dejar de mirar como en la pantalla la carita de Lidia era cubierta de espesa leche, se vació en el lavamanos.
Se quedó jadeando, sin apartar los ojos de los ojos de Lidia, que con la polla ahora dentro de la boca, le miraba con el rostro bañando en semen. El video terminó con ella sacándose la polla de la boca, dándole un beso en la punta y sonriendo.
Pedro miró el lavamanos. Vio los lamparones de su corrida. Y se los imaginó sobre ella. La imaginó sonriéndole como en el vídeo.
Le entraron remordimientos. No estaba bien lo que había hecho. Había sido asqueroso. Enfadado consigo mismo, borró las fotos, borró el primer vídeo. Pero cuando en la pantalla del teléfono le indicaba que si estaba seguro de querer eliminar el segundo, pulsó que no.
-Cabrón - dijo, más refiriéndose a sí mismo que a su yernito.
+++++
Supo que ya nada volvería a ser como antes cuando por la mañana Lidia apareció por la cocina a desayunar antes de irse a clase. Supo que ya no sería como antes porque lo primero que pensó al verla era lo preciosa que estaría ella con su polla en la boca.
-Buenos días papi. ¿Qué tal dormiste?
-Buenos días, cariño. Muy bien ¿Y tú?
-Estupendamente.
Mientras ella desayunaba la miraba. Y la deseaba. Aunque sabía que solo podría hacer eso. Desearla en silencio. Era su hija, su niñita del alma. Lo que pasase dentro de su mente quedaría para él. Y de ahí no pasaría.
-Bueno, me voy a clase. Chao papá - le dijo ella dándole como cada mañana un beso en la mejilla.
-Chao tesoro.
Se quedó mirando como su redondito culete se alejaba por el pasillo.
Esa noche, cuando Lidia y su mujer se marcharon a dormir, Pedro se fue al baño. Puso el vídeo y se corrió con intensidad justo cuando ella sonreía a la cámara con la carita llena de leche.
Después, volvió el arrepentimiento. Ahora su parte 'decente' fue más fuerte que su parte libidinosa y borró el vídeo.
Aunque a la mañana siguiente, al verla a ella, regresó el deseo.
+++++
La tarde del miércoles, después de comer, mientras su mujer dormía la siesta y Lidia estudiaba en su habitación, sonó el silbidito. Era él, el tipejo.
-Hola suegrito. ¿Cómo estás? ¿Qué te pareció el vídeo?
-Lo borré. Y déjame ya en paz. Si me sigues molestando, hablaré con mi hija y le diré lo asqueroso que eres.
-Jajaja. No te aconsejo que hagas eso.
-¿Por qué no, cabrón?
-Porque si le dices algo, publicaré esos vídeos en Internet para que todos vean lo zorrita que es tu hija.
-Hijo de puta. Ni se te ocurra hacer eso.
-No es mi intención, suegrito. Pero no me obligues
Aquel degenerado lo tenía en sus manos.
-¿Por qué borraste el vídeo? - preguntó el hombre.
-No está bien que un padre vea esas cosas, joder.
-Jajaja. ¿No está bien? Pero si me lo pediste. Si te corriste mirándolo. ¿No volviste a correr, verdad? ¿Cuántas veces?
Pedro no respondió. Pero el que calla, otorga.
-Tranquilo, suegrito. Ya te dije que esto es solo un juego entre tú y yo. Todo quedará entre nosotros.
-¿Por qué haces esto?
-Pues... la verdad. Porque puedo. Y si te soy sincero, porque me pone cachondo. Me da morbo saber que te calientas mirando a tu hija. ¿A que ahora cuando la miras piensas en cochinadas con ella?
Silencio
-¡Ja! Bueno. No hace falta que digas nada. Lo sé. Las cosas prohibidas son siempre las que más nos atraen. ¿Y qué más prohibido que un padre desee follarse a su hija?
Más silencio.
Y entonces, llegó una foto. Era un primer plano de una chica con las piernas abiertas y una gruesa polla clavada más de la mitad en su coño. Pedro supo que era Lidia.
-Mira como me la follo. Me encanta follarme a tu hija. Tiene el coño tan apretadito.... ummmmm
Pedro miró la foto, notando como su polla comenzaba a presionar sus pantalones.
-Lo grabé en video. Se oye como ella gime como una perra, como me pide que le clave la polla hasta el fondo. Me corrí dentro de ella y cuando le saco la polla se ve como mi lefa le escurre coño abajo. ¿Quieres que te lo mande?
-Hijo de puta.
-Jajajaja. Sí, un poco, lo reconozco. ¿Pero te mando o no te mando el vídeo, suegrito?
Después de unos segundos de lucha, Pedro escribió un simple Sí
-Jeje, lo sabía. Eres tan salido como yo. Ahí va, suegrito. Que lo disfrutes. Chao.
Llegó el aviso y descargó el vídeo. La polla le dolía, encerrada en sus pantalones, así que se levantó y se fue al baño porque Lidia o su mujer podrían aparecer en cualquier momento. Cerró la puerta, se bajó la bragueta, se sacó la polla y pulsó el play.
Los siguientes minutos fueron intensos. La cámara de vez en cuando enfocaba la cara de Lidia, que gemía de placer y le pedía a su follador que le clavase la polla hasta el fondo. Estaba tan sensual, con el cabello alborotado, los labios resecos, las mejillas coloradas, los ojos entornados. También enfocaba sus lindas tetas, que se movían al compás de los fuertes envites que la empotraban una y otra vez contra el sofá en donde estaba siendo follada.
Pero sobre todo, lo que más se veía en el vídeo eran primeros planos de la polla entrando y saliendo del precioso y depilado coño de su hija. Aquella gruesa polla entraba hasta el fondo y salía mojada, brillante por los abundantes jugos que ella destilaba. Una y otra vez, sin descanso, barrenaba sin compasión aquel delicado coñito. Y ella no dejaba de gemir, de pedir más y más polla.
En un momento dado el hombre, sosteniendo el teléfono con el que grababa, filmó como con su mano izquierda apretaba con fuerza una de las tetas de Lidia. Al ver aquel brazo, Pedro se quedó estupefacto. No era el brazo de un hombre joven. Era un brazo peludo y claramente se distinguían algunas canas entre el resto del vello negro.
-Joder. ¡Pero si es un viejo! - exclamó Pedro, sin dejar de pajearse.
Cuando la cámara volvió a centrarse en como la polla entraba y salía del coño, Pedro se fijó mejor. Y comprobó que aquel tipo que se estaba follando a su hija tenía una prominente y peluda barriga. Más incluso que la de él.
-Pero... ¿Qué coño? ¡Si podría ser su padre! ¡Si podría ser... yo!
En ese momento sonó la voz del hombre. Y no había dudas. No era la voz de un jovencito.
-Aggg, me voy a correr, preciosa. ¿Quiere mi leche? ¿Quieres que te llene el coño a rebosar de leche de macho?
-Siiiiiiiiiiiiiiiii córrete dentro de miiiiiiii... llenameeeeeeeeeeeee.
La polla desapareció dentro de su niñita. Por los gemidos del hombre Pedro supo que se estaba corriendo como un burro dentro de ella. Y cuando tras largos segundos la polla salió del coño, rojo y abierto, y vio con un reguero de semen escurría en abundancia y se perdía entre las nalgas de Lidia, Pedro se corrió. El primer chorro fue tan fuerte que se estrelló contra el espejo del baño. El resto los dirigió hacia el lavamanos. Seis o siete espesos chorros de leche salieron de su polla mientras él miraba como el coño de Lidia se vaciaba poco a poco.
Se quedó sin respiración cuando ella, con una mano, recogió parte de la corrida del tipo y se la llevó a la boca. Con una amplia sonrisa, se chupó con gula los dedos.
-Me encanta tu leche - dijo.
El vídeo terminó. Pedro aún jadeaba. En ese momento, alguien tocó a la puerta.
-¿Papi, eres tú? Me meo - dijo la voz de Lidia al otro lado de la puerta.
-Joder - dijo Pedro entre dientes. - Ya voy. Un segundo.
Estaba de pie delante del lavamanos, con la polla fuera y el lavamanos lleno de su reciente corrida. Con rapidez se guardo la verga, limpió el semen y cuando se disponía a abrir la puerta se acordó del espejo. El primer chorro aún estaba allí, empezando a gotear sobre el lavamanos. Lo limpió y abrió la puerta.
-Uy, uy, papi. Que me meoooo
Ella con rapidez se dirigió al wáter. Cuando se empezó a bajar los pantalones, Pedro salió del baño y cerró la puerta,
-Mierda. Casi me pilla. Joder, joder.
Volvió al salón. Cogió el móvil y escribió en el whatsapp del tipejo.
-¿Qué edad tienes, cabrón?
Esperó la respuesta. Pero no llegaba.
-¿Estás ahí? Contesta, hijoputa.
Nada.
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Le Envian Videos de su Hija - Capítulo 001
Pedro estaba en el salón, viendo la tele. Era una lluviosa y aburrida tarde de domingo. Lidia, su hija, su ojito derecho, había salido con unas amigas y su mujer dormía la siesta.
Su teléfono sonó con el clásico silbidito de un mensaje de whatsapp. Con desgana, cogió el aparato, lo desbloqueó y miró. Vio que salía un número de teléfono en lugar de un nombre, señal de que el mensaje lo enviaba alguien que no estaba en su agenda. La notificación decía: "¿Cómo va la cosa, suegrito?"
Se trataba, sin duda, de algún error. El no era el suegrito de nadie. Abrió el whatsapp y contestó:
-Creo que se equivoca de persona.
Iba a dejar otra vez el teléfono en la mesita de al lado del sofá, cuando recibió un nuevo mensaje de aquel desconocido.
-No me equivoco, suegrito.
Aquello empezó a molestar a Pedro. Respondió con enfado.
-Mire, caballero. No soy su suegrito ni su nada. Revise el número porque lo debe de haber apuntado mal. Corríjalo y déjeme en paz.
-Suegrito, que no me equivoco - contestó el desconocido, añadiendo una risueña carita que enervó aún más a Pedro.
Enfadado, bloqueó el teléfono y lo dejó sobre la mesa. Se dijo que lo mejor sería ignorar a aquel imbécil.
Pasaron algunos minutos, y cuando creía que ya se había librado de aquel tipo, dos nuevos silbiditos le hicieron coger el móvil con rabia, dispuesto a cantarle las 40 al capullo ese. Abrió el whatsapp y se quedó de piedra. El primer mensaje decía:
-¿Acaso no es esta tu hija, suegrito?
Y debajo, una foto. Pedro la miró. Parecía, efectivamente, una foto de Lidia. ¿Cómo tenía aquel tipejo una foto de su hija? Pulsó sobre la foto para ampliarla y cerciorarse.
No había duda. La chica de la foto era Lidia. Sonreía a la cámara, con los brazos abiertos hacia quien sacaba la foto. Encima, iba solo con ropa interior. Una pequeñas braguitas y un sujetador que no hacían más que resaltar su bello cuerpo.
-¿Quién diablos eres? - preguntó.
-Jeje, suegrito. Soy el que se folla a tu hija.
Pedro se quedó paralizado. ¿Cómo que el que se follaba a su hija? Pero si ella no tenía novio. Al menos, que él supiera. Tenía que ser mentira. Ese tipejo habría conseguido la foto de alguna otra manera. Quizás se las hicieron, jugando, entre el grupito de amigas.
-¿Cómo conseguiste la foto, cabrón?
-Se la hice antes de follármela.
-Hijo de puta. Bórrala.
-Ni loco, suegrito. Con lo linda que está en las fotos.
-¿Cómo fotos?
-Jajaja. Pues claro. Tengo más. Mira
Antes los ojos de Pedro apareció otra foto de Lidia. Ahora ella se tapaba los pechos con un brazo mientras que con la otra mano agarraba el sujetador.
-Está buena, ¿Eh? - dijo el desconocido.
Pedro recibió una foto más. Lidia, ahora de espaldas, tenía el culito hacia atrás, como si lo meneara ante la cámara. Pedro no pudo evitar mirar aquel redondo y tentador culete.
No era la primera vez que lo miraba, ni siquiera la primera vez que veía así el cuerpo de su hija. El verano anterior, sin ir más lejos, la vio muchas veces en bikini en la playa o en la piscina. Tenía un hermoso y torneado cuerpo, pero jamás la miró con ojos distintos a los de un padre.
Ahora, sin embargo, miraba una foto de su niñita en bragas, enseñando el culo hacia la cámara. Aún no había podido reaccionar cuando recibió una nueva foto. Lidia miraba a la cámara, con una sonrisa cautivadora, los brazos en jarras, con las manos apoyadas en sus caderas.
Era la primera vez que Pedro veía las tetas de su hija al natural, sin telas de por medio.
-Mira que tetas más lindas tiene. Y mira los pezones. Estaba tan cachonda que los tenía duros como diamantes.
Pedro no fue consciente de que había ampliado la foto hasta tener un primer plano de los pezones. Parecían, verdaderamente, duros.
-Los tiene muy sensibles. Gime como una perra cuando se los chupo y se los muerdo.
-Cabrón. Borra inmediatamente esas fotos. Como se te ocurra mandárselas a alguien, te mato.
-Tranqui, suegrito. No se las voy a mandar a nadie. Todo queda en familia... jajaja
Si Pedro cogía a aquel tipo en ese momento, la apretaría el cuello hasta que dejara de respirar. Estaba lleno de rabia.
La siguiente foto le hizo abrir los ojos. Lidia aparecía totalmente desnuda. No pudo evitar que sus ojos se clavaran en el pubis de su niñita. Con asombro vio que estaba totalmente depilada.
-Es preciosa, ¿Verdad? - preguntó el desconocido.
Pedro escribió 'Sí' como respuesta, pero cuando iba a pulsar el botón de envío, borró lo que había escrito.
"¡Pero qué coño! No voy a seguir hablando con este imbécil", se dijo.
-No veas lo mojadita que estaba. Tenía el coñito chorreando. ¿Quieres verlo?
-¿Pero qué dices? ¿Estás loco?
-Mira...
Recibió una foto. Era un primer plano de un precioso coño depilado. Estaba abierto, y claramente excitado y brillante de jugos.
-¡Ja! - dijo Pedro - No es mi hija. Habrás sacado la foto de internet.
-Es ella, te lo aseguro.
-Sí sí.
Recibió otra foto. El mismo coño mojado, los mismos muslos abiertos. Pero ahora la foto era de cuerpo entero. Lida, su niñita, sonreía a la cámara con las piernas abiertas, mostrando su intimidad.
-¿Qué? ¿Es o no es tu hija la que tiene el coño empapado?
Pedro no contestó. Se quedó mirando la foto de su hija.
-Está buena, ¿Eh, suegrito?
Siguió mirando la foto de su hija. No solo era una mujer preciosa, sino que aquella pose tan sensual la hacía muy deseable.
-¿Ya se te puso la polla dura?
En ese momento Pedro fue consciente de que tenía una fuerte erección, que abultaba su entrepierna.
-Eres un hijo de puta. Te exijo que borres esas fotos ya.
-No pienso hacerlo, suegrito. Me encantan estas fotos. La que te voy a mandar ahora seguro que te encanta.
-No me mandes más fotos, cabrón. Te voy a poner en la lista de bloqueados.
Antes de que pudiese reaccionar, llegó la foto. Pedro estuvo unos segundos sin reaccionar a lo que estaba bien. Su polla si reaccionó, palpitando entre sus piernas. En la pantalla había un primer plano de Lidia, mirando a la cara con sus hermosos ojos avellana. Y en su boca, distendiendo sus labios, una gruesa polla.
-Uf, suegrito. No veas lo bien que mama tu niña. Es una comepollas de primera.
Siguió mirando la foto. Parecía una de aquellas fotos que solía mirar por Internet. Pero con la diferencia de que no era una desconocida la que se comía una buena polla, sino su propia hija.
-Venga, suegrito. Que no nos oye nadie. Confiesa que tu niña te pone la polla dura. Mira sus preciosos ojos como te miran. Imagina que es tu polla la que se está comiendo.
Pedro se lo imaginó. Aunque trató de no hacerlo, no pudo evitar imaginar a Lidia chupándole la polla, arrodillada entre sus piernas.
-¿No dices nada? Bueno, tú mismo. Me tengo que ir ya. Ella me espera y me la voy a follar bien follada. Te mando una última cosa. Chao
El siguiente mensaje era un vídeo. Le llegó el primer fotograma, borroso. Tenía que pulsar para descargarlo. Por esa borrosa imagen supo que el vídeo era de Lidia chupando aquella polla.
Cerró el whatsapp y tiró su teléfono sobre la mesita del salón.
-Hijo de puta. Cabrón. No me vas a hacer mirarla así.
Trató de serenarse. Se tuvo que colocar la polla de lado, pues le molestaba dura como estaba encerrada en los pantalones. Siguió viendo la tele.
+++++
Sobre las siete apareció su mujer, con las sábanas marcadas en la cara y bostezando.
-Hola cariño. Vaya siestecita más rica que me he echado.
-¿Siestecita? Pero si te oía roncar desde aquí.
-Quita, quita. Exagerao. ¿Ya volvió la niña?
"¿La niña?" - pensé Pedro "Sí, sí. La niña. No veas como chupa pollas la niña. Ahora mismo ese tipejo se la estará follando".
-No, no ha vuelto aún - respondió.
-¿Te apetece tortilla de cebolla para cenar?
-Ummm sí, sí. Con mayonesita.
-Ok. Voy a pelar las papas.
Pedro le miró el culo a su mujer mientras se alejaba hacia la cocina. La polla la tenía morcillona. Pero no era por aquel culo. Era porque no se sacaba de la cabeza la imagen de Lidia.
A la media hora oyó la puerta principal de la casa.
-Holaaaaaaaaaaa. Ya estoy en casa - gritó Lidia.
Pedro se estremeció. ¿Qué hacer ahora? ¿Hablar con ella? ¿Decirle lo que su supuesto novio le había mandado? Lidia ya era mayor de edad. Tenía el derecho de hacer con su vida lo que le diese la gana, y él no era quien para cuestionarla. Siempre había sido una buena chica. Jamás le había dado ningún problema. Su vida privada era de ella.
Así que optó por no hacer nada. Olvidarlo todo.
Pero no pudo. En cuanto ella entró al salón y se acercó a él a darle un beso, aquella foto volvió a llenar su mente. La foto de Lidia mirando a la cámara con una gruesa polla en la boca. La polla terminó de ponérsele dura del todo y tuvo que taparse con disimulo.
-¿Qué tal la tarde, cariño? - le preguntó inocentemente - ¿Te divertiste con tus amigas?
-Sí. Fuimos al cine. ¿Qué hay de cena? Me muero de hambre.
"¿De hambre? ¿Pero no te acabas de comer una buena polla?"
-Tu madre está preparando tortilla.
-¿De cebolla?
-Sí.
-Yupiiiii. Voy a echarle una mano
Los ojos de Pedro se clavaron en el precioso y cimbreante culito de su hija. Era la primera vez que la miraba así
-Joder Pedro - se dijo - ¡Qué es tu hija! Deja de mirarla así.
Lo intentó. Por supuesto que lo intentó. Pero no pudo. Durante la cena no dejé de mirarla con disimulo. Como se reía. Como comía. Como se mecían sus tetas tras la fina camisa que llevaba. Cada vez que ella se llevaba un trozo de tortilla a la boca él pensaba que era una polla. Su polla. Y encima, la mayonesa con que ella rebañaba cada trozo no hacía más que aumentar el morbo de sus pensamientos. La polla le dolía encerrada entre sus pantalones y se la colocó un par de veces.
Sus ojos se cruzaron con los ella en varias ocasiones. Ella le sonreía. Era tan linda.
Lidia era la viva imagen de su mujer a aquella edad. Preciosa, delgada, con un cuerpo espectacular. Con los años su mujer había cambiado. Su figura ya no era la misma. Sus tetas estaban caídas y había cogido bastantes kilos de más. Los años no pasan en balde. Ni por supuesto, para él. Pedro también había cogido sus kilitos. Tenía lo que su mujer llamaba su 'redondita barriga cervecera'. Tenía bastante menos pelo en la cabeza. Pedro se miraba a veces en el espejo y se decía que para tener 50 años tampoco estaba tan mal.
Después de la cena fue peor. Lidia se puso un pijama cortito que no hacía más que resaltar sus encantos. Pedro lo pasó fatal. Ese cabrón que lo llamaba suegrito le había jodido el día.
Terminada la película Lidia se despidió de sus padres y se fue a la cama.
A los cinco minutos Pedro no pudo ya más. Cogió una de las manos de su mujer y la llevó hasta su polla.
-Uf, cariño. ¿Qué te pasa? - preguntó ella, apretando la dureza.
-Que estoy cachondo.
-Ya lo noto - dijo su mujer, retirando la mano.
-¿Echamos un polvo? Hace mucho que no follamos.
-Estoy cansada, Pedro.
-¿Pero si te has pasado la tarde durmiendo?
-No tengo ganas.
-Joder, Maruca. Nunca tienes ganas.
-Y tú siempre estás cachondo.
Pedro se lo vio venir. Si seguían así, empezarían con la discusión de siempre, que no les llevaría a ningún lado. Estarían enfadados unos días y al final todo quedaría como siempre.
-Está bien. Dejémoslo - dijo, resignado.
Siguió viendo la tele hasta que al rato su mujer se levantó.
-Me voy a la cama, cariño. Hasta mañana.
-Hasta mañana - respondió, seco.
Se quedó solo. Solo con sus pensamientos. Solo con su polla... dura. Se la empezó a acariciar sobre el pantalón. Sabía que terminaría haciéndose, como habitualmente, una buena paja para relajarse y dormirse a gusto.
Un bip bip de su móvil, que seguía en donde lo había dejado por la tarde, le sobresaltó. Miró y vio que era solo un correo de gmail. De publicidad, encima. Fue a dejar otra vez el teléfono sobre la mesa cuando se acordó de lo que allí había.
Dudó. Luchó consigo mismo, pero abrió el whatsapp y puso a pantalla completa la foto de Lidia mirándole con la polla en la boca. Y sin dejar de mirarla, siguió tocándose la polla por encima del pantalón.
-Joder, mi niña. Qué bien mamas - susurró.
Se bajó la bragueta y se sacó la polla. Y empezó a hacerse una paja mirando la foto de su hija. Subió y bajó su mano sin apartar los ojos de los de ella.
-Uf...Lidia...tú sí que sabes comerte una polla como es debido.
Si bien Lidia era la viva imagen de su mujer a esa edad, su mujer nunca fue ni remotamente tan lanzada como parecía ser su hija. No follaron hasta la noche de bodas, como mandaban los cánones. Y le costó muchos años conseguir que le chupara la polla. Pero nunca se la llegó a chupar como Lidia. Así, mirándole a los ojos, tan sensualmente, tan eróticamente.
Entonces se acordó del vídeo. Ese vídeo que su yernito le mandó y que no había querido bajarse. Ahora necesitaba verlo. Minimizó la foto y pulsó sobre el vídeo para que comenzara a descargarse. Se quedó mirando como la ruedita verde se iba llenando.
Cuando se completó, la borrosa imagen se transformó en una nítida foto de Lidia mirando a la cámara con aquella polla en la boca. Solo que ahora tenía un triangulito de play encima. Pedro lo pulsó y giró el teléfono para poner en horizontal.
Lo que siguió fue lo más caliente que Pedro había visto en su vida. Lidia, su niñita del alma, sin dejar ni un instante de mirar a la cámara, y con una lentitud exasperante, subía y bajaba su boca a lo largo de la afortunada polla. Se la metía más de tres cuartas partes antes de sacarla lentamente, hasta casi la punta. Y gemía. Hacía un 'ummmm ummmm' que erizó el vello de Pedro.
Con la boca abierta, casi babeando, Pedro sostenía el teléfono con la mano izquierda mientras con la derecha se pajeaba furiosamente mirando la mamada perfecta que Lidia realizaba antes sus ojos. La polla del video se fue poniendo brillante gracias a la saliva. La polla de Pedro se puso brillante gracias a la babilla que destilaba por la punta.
-¿Te gusta mi polla? - dijo el hombre del video. Pedro pensó que la voz no parecía la de un chico joven.
-Ujum - respondió Lidia con la boca llena de polla.
-Pues dímelo. Dime que te gusta mi polla.
Ella se sacó la verga de la boca y con voz mimosa dijo
-Umm, me encanta tu polla. Es tan grande y tan dura.
Se la pasó por la cara. La llenó de besos que retumbaban en la cabeza de Pedro. Con la lengua dio vueltas y vueltas alrededor del grueso capullo, haciendo gemir al hombre.
-Aggg, Lidia. Nadie mama como tú. Me vas a hacer correr.
-Ummm, sí, sí.... córrete. Llena mi cara de leche caliente y espesita....Dámela toda.
Aquello fue demasiado para Pedro. Su cuerpo se tensó y un tremendo chorro de leche salió disparado de su polla, manchando su camisa y sus pantalones. Fue seguido por varios más. Se corrió intensamente, apretando los dientes y sin dejar de mirar la pantalla de su móvil, en donde Lidia mamaba ahora más deprisa.
-Aggg... ya.... ya me corro... yaaaa
Lidia se sacó la polla de la boca y no cerró los ojos. Siguieron clavados en la cámara. Para Pedro era como si lo mirase directamente a él. Aun con los últimos espasmos de su corrida, Pedro se dispuso a ver como la cara de Lidia era cubierta del semen de aquel cabrón afortunado.
Pero de repente, el vídeo terminó.
-¿Qué? ¡Joder! Ahora no. Ahora noooo - casi gritó Pedro.
Le dio a volver por si había otro vídeo, pero no había más. Aquel cabrón solo le mandó ese. Y lo cortó en el mejor momento.
Se miró. Estaba sucio, lleno de lamparones de su abundante corrida. Si su mujer o su hija apareciesen en ese momento, no podría disimular aquello, así que se levantó y se fue al baño a lavarse. Entró y cerró la puerta.
Se quitó la camisa y los pantalones y los enjuagó en el lavamanos. Después los dejaría en el cubo de la ropa sucia.
Un silbidito en su teléfono le indicó que a acababa de llegar un whatsapp. Miró y vio que era aquel tipejo.
-Hola suegrito - le decía - ¿Qué te pareció el video? Y no me digas que no lo viste. Esto me marca que lo has bajado.
Estaba claro que aquel desconocido sabía que había descargado el video. No valía la pena negarlo.
-Borra ese vídeo. No tienes derecho a grabar a mi hija haciendo esas cosas.
-¿Cómo que no? Puedo hacer lo que me da la real gana. Además, ella está de acuerdo. Le encanta que la graben follando.
-¿Te la follaste hoy? - le preguntó de repente, sin saber por qué lo hizo. Quizás por pura envidia.
-¿Tú qué crees? Pues claro que me la follé esta tarde. ¿Ella te dio un besito cuando llegó a casa?
-Sí.
-Jeje, pues seguro que aún tenía en la boca el sabor de mi leche. Además de en la cara a tu hija le encanta que le llene la boca de leche caliente y espesa. Se lo traga todo y se relame con gusto.
La polla de Pedro se empezó a poner dura otra vez.
-¿Te hiciste una paja mirando como tu niñita me comía la polla, suegrito?
Pedro no contestó. A los pocos segundos llegó un nuevo mensaje.
-Venga, hombre. Entre tú y yo. ¿Me vas a decir que no te puso la polla dura ver como mama tu hija? ¿Me vas a decir que no te sacaste la polla y te cascaste un buen pajote mirándola?
Pedro siguió sin contestar. No iba a decirle a aquel tipejo que sí. Que se había corrido encima mirando como Lidia le mamaba la polla. Pero entonces recibió una foto que terminó de ponerle la polla dura del todo.
Lidia, su preciosa Lidia, miraba a la cámara con la polla en la boca. Pero su cara estaba cubierta de blanco y brillante semen.
-Uf, no veas vaya corridón que tuve, suegrito. Mira que linda la dejé. Aunque el vídeo está mucho mejor que esta simple foto.
-¿Vídeo? ¿Lo grabaste? - preguntó, aunque suponía que aquel cabrito no había dejado de grabar justo cuando se paró el vídeo que le mandó.
-Jeje, claro que lo grabé. Esta tarde te mandé el vídeo, pero lo corté justo cuando iba a correrme. ¿Quieres que te lo mande completo? ¿Quieres ver como le baño la cara a Lidia con una buena corrida?
El pulgar de Fernando se movió con rapidez hacia la S. Pero no la pulsó. Pasaron los segundos...
-Venga, suegrito. No seas bobo. Esto es solo entre tú y yo. Nadie lo sabrá nunca. ¿Quieres o no quieres ver el vídeo completo?
Cerró los ojos. Pulsó la S. Luego la i. Y apretó la flechita de enviar.
-Jeje, Lo sabía, suegrito. Lo sabía. Vale. Te lo mando... Pero antes...
-¿Qué?
-Confiésalo. Miraste el vídeo que te mandé. Y te hiciste una paja mirándolo.
Le acababa de pedir que le mandara el vídeo completo. ¿Para qué negar lo que él otro ya sabía?
-Joder, está bien. Sí, miré el vídeo...y me hice una paja mirándolo.
-Ummm, que rico. ¿Te corriste?
-Uf, como hacía mucho que no me corría.
-Conozco esa sensación. Así me corrí yo la primera vez que Lidia me comió la polla. Bueno, la verdad es que me corro así con ella siempre. Es la mujer más caliente y sensual con la que he estado. Bueno, te dejo ya. Chao. Te mando el vídeo. Que lo disfrutes.
Le llegó el mensaje con el vídeo y empezó a descargarlo. Su mano subía y baja a lo largo de su enhiesta polla. Se iba a hacer otra paja. Otra vez miraría a su hija mamando aquella polla.
En cuanto de descargó pulsó el play. Otra vez se repitió lo que ya había visto. Aquella sensual mamada. Aquella perfecta mamada. Pero esta vez el vídeo no se paró cuando la polla salía de la boca y aquel tipo anunciaba su inminente corrida. Esta vez vio como la mano del hombre agarraba la polla, la sacudía y como un poderoso chorro de leche se estrellaba contra la frente y la nariz de Lidia. Acompasó los movimientos de su mano a los de la mano del vídeo, imaginando que era su polla la que se corría sobre su hija. Y cuando el tercer chorretón caía sobre una de las mejillas de la ella, su polla estalló. Por primera vez en muchos años Pedro se corría dos veces seguidas. Con los dientes apretados, sin dejar de mirar como en la pantalla la carita de Lidia era cubierta de espesa leche, se vació en el lavamanos.
Se quedó jadeando, sin apartar los ojos de los ojos de Lidia, que con la polla ahora dentro de la boca, le miraba con el rostro bañando en semen. El video terminó con ella sacándose la polla de la boca, dándole un beso en la punta y sonriendo.
Pedro miró el lavamanos. Vio los lamparones de su corrida. Y se los imaginó sobre ella. La imaginó sonriéndole como en el vídeo.
Le entraron remordimientos. No estaba bien lo que había hecho. Había sido asqueroso. Enfadado consigo mismo, borró las fotos, borró el primer vídeo. Pero cuando en la pantalla del teléfono le indicaba que si estaba seguro de querer eliminar el segundo, pulsó que no.
-Cabrón - dijo, más refiriéndose a sí mismo que a su yernito.
+++++
Supo que ya nada volvería a ser como antes cuando por la mañana Lidia apareció por la cocina a desayunar antes de irse a clase. Supo que ya no sería como antes porque lo primero que pensó al verla era lo preciosa que estaría ella con su polla en la boca.
-Buenos días papi. ¿Qué tal dormiste?
-Buenos días, cariño. Muy bien ¿Y tú?
-Estupendamente.
Mientras ella desayunaba la miraba. Y la deseaba. Aunque sabía que solo podría hacer eso. Desearla en silencio. Era su hija, su niñita del alma. Lo que pasase dentro de su mente quedaría para él. Y de ahí no pasaría.
-Bueno, me voy a clase. Chao papá - le dijo ella dándole como cada mañana un beso en la mejilla.
-Chao tesoro.
Se quedó mirando como su redondito culete se alejaba por el pasillo.
Esa noche, cuando Lidia y su mujer se marcharon a dormir, Pedro se fue al baño. Puso el vídeo y se corrió con intensidad justo cuando ella sonreía a la cámara con la carita llena de leche.
Después, volvió el arrepentimiento. Ahora su parte 'decente' fue más fuerte que su parte libidinosa y borró el vídeo.
Aunque a la mañana siguiente, al verla a ella, regresó el deseo.
+++++
La tarde del miércoles, después de comer, mientras su mujer dormía la siesta y Lidia estudiaba en su habitación, sonó el silbidito. Era él, el tipejo.
-Hola suegrito. ¿Cómo estás? ¿Qué te pareció el vídeo?
-Lo borré. Y déjame ya en paz. Si me sigues molestando, hablaré con mi hija y le diré lo asqueroso que eres.
-Jajaja. No te aconsejo que hagas eso.
-¿Por qué no, cabrón?
-Porque si le dices algo, publicaré esos vídeos en Internet para que todos vean lo zorrita que es tu hija.
-Hijo de puta. Ni se te ocurra hacer eso.
-No es mi intención, suegrito. Pero no me obligues
Aquel degenerado lo tenía en sus manos.
-¿Por qué borraste el vídeo? - preguntó el hombre.
-No está bien que un padre vea esas cosas, joder.
-Jajaja. ¿No está bien? Pero si me lo pediste. Si te corriste mirándolo. ¿No volviste a correr, verdad? ¿Cuántas veces?
Pedro no respondió. Pero el que calla, otorga.
-Tranquilo, suegrito. Ya te dije que esto es solo un juego entre tú y yo. Todo quedará entre nosotros.
-¿Por qué haces esto?
-Pues... la verdad. Porque puedo. Y si te soy sincero, porque me pone cachondo. Me da morbo saber que te calientas mirando a tu hija. ¿A que ahora cuando la miras piensas en cochinadas con ella?
Silencio
-¡Ja! Bueno. No hace falta que digas nada. Lo sé. Las cosas prohibidas son siempre las que más nos atraen. ¿Y qué más prohibido que un padre desee follarse a su hija?
Más silencio.
Y entonces, llegó una foto. Era un primer plano de una chica con las piernas abiertas y una gruesa polla clavada más de la mitad en su coño. Pedro supo que era Lidia.
-Mira como me la follo. Me encanta follarme a tu hija. Tiene el coño tan apretadito.... ummmmm
Pedro miró la foto, notando como su polla comenzaba a presionar sus pantalones.
-Lo grabé en video. Se oye como ella gime como una perra, como me pide que le clave la polla hasta el fondo. Me corrí dentro de ella y cuando le saco la polla se ve como mi lefa le escurre coño abajo. ¿Quieres que te lo mande?
-Hijo de puta.
-Jajajaja. Sí, un poco, lo reconozco. ¿Pero te mando o no te mando el vídeo, suegrito?
Después de unos segundos de lucha, Pedro escribió un simple Sí
-Jeje, lo sabía. Eres tan salido como yo. Ahí va, suegrito. Que lo disfrutes. Chao.
Llegó el aviso y descargó el vídeo. La polla le dolía, encerrada en sus pantalones, así que se levantó y se fue al baño porque Lidia o su mujer podrían aparecer en cualquier momento. Cerró la puerta, se bajó la bragueta, se sacó la polla y pulsó el play.
Los siguientes minutos fueron intensos. La cámara de vez en cuando enfocaba la cara de Lidia, que gemía de placer y le pedía a su follador que le clavase la polla hasta el fondo. Estaba tan sensual, con el cabello alborotado, los labios resecos, las mejillas coloradas, los ojos entornados. También enfocaba sus lindas tetas, que se movían al compás de los fuertes envites que la empotraban una y otra vez contra el sofá en donde estaba siendo follada.
Pero sobre todo, lo que más se veía en el vídeo eran primeros planos de la polla entrando y saliendo del precioso y depilado coño de su hija. Aquella gruesa polla entraba hasta el fondo y salía mojada, brillante por los abundantes jugos que ella destilaba. Una y otra vez, sin descanso, barrenaba sin compasión aquel delicado coñito. Y ella no dejaba de gemir, de pedir más y más polla.
En un momento dado el hombre, sosteniendo el teléfono con el que grababa, filmó como con su mano izquierda apretaba con fuerza una de las tetas de Lidia. Al ver aquel brazo, Pedro se quedó estupefacto. No era el brazo de un hombre joven. Era un brazo peludo y claramente se distinguían algunas canas entre el resto del vello negro.
-Joder. ¡Pero si es un viejo! - exclamó Pedro, sin dejar de pajearse.
Cuando la cámara volvió a centrarse en como la polla entraba y salía del coño, Pedro se fijó mejor. Y comprobó que aquel tipo que se estaba follando a su hija tenía una prominente y peluda barriga. Más incluso que la de él.
-Pero... ¿Qué coño? ¡Si podría ser su padre! ¡Si podría ser... yo!
En ese momento sonó la voz del hombre. Y no había dudas. No era la voz de un jovencito.
-Aggg, me voy a correr, preciosa. ¿Quiere mi leche? ¿Quieres que te llene el coño a rebosar de leche de macho?
-Siiiiiiiiiiiiiiiii córrete dentro de miiiiiiii... llenameeeeeeeeeeeee.
La polla desapareció dentro de su niñita. Por los gemidos del hombre Pedro supo que se estaba corriendo como un burro dentro de ella. Y cuando tras largos segundos la polla salió del coño, rojo y abierto, y vio con un reguero de semen escurría en abundancia y se perdía entre las nalgas de Lidia, Pedro se corrió. El primer chorro fue tan fuerte que se estrelló contra el espejo del baño. El resto los dirigió hacia el lavamanos. Seis o siete espesos chorros de leche salieron de su polla mientras él miraba como el coño de Lidia se vaciaba poco a poco.
Se quedó sin respiración cuando ella, con una mano, recogió parte de la corrida del tipo y se la llevó a la boca. Con una amplia sonrisa, se chupó con gula los dedos.
-Me encanta tu leche - dijo.
El vídeo terminó. Pedro aún jadeaba. En ese momento, alguien tocó a la puerta.
-¿Papi, eres tú? Me meo - dijo la voz de Lidia al otro lado de la puerta.
-Joder - dijo Pedro entre dientes. - Ya voy. Un segundo.
Estaba de pie delante del lavamanos, con la polla fuera y el lavamanos lleno de su reciente corrida. Con rapidez se guardo la verga, limpió el semen y cuando se disponía a abrir la puerta se acordó del espejo. El primer chorro aún estaba allí, empezando a gotear sobre el lavamanos. Lo limpió y abrió la puerta.
-Uy, uy, papi. Que me meoooo
Ella con rapidez se dirigió al wáter. Cuando se empezó a bajar los pantalones, Pedro salió del baño y cerró la puerta,
-Mierda. Casi me pilla. Joder, joder.
Volvió al salón. Cogió el móvil y escribió en el whatsapp del tipejo.
-¿Qué edad tienes, cabrón?
Esperó la respuesta. Pero no llegaba.
-¿Estás ahí? Contesta, hijoputa.
Nada.
-