davidlopez7207
Virgen
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Breve resumen para el lector:
Desde que Griseo regresó por su celular olvidado, su vida y la de su yerno Maro cambiaron para siempre. Espió cómo Maro follaba brutalmente a Mar en la sala, lo grabó y, en lugar de enfadarse, se masturbó. Al confesarle lo sucedido, descubrió con sorpresa que Maro no solo no se molestó, sino que se excitó enormemente con la idea. Desde entonces, ambos hombres han entrado en una complicidad perversa: Maro ahora graba videos explícitos de él follándose a su propia esposa y se los envía a Griseo. El último video muestra a Mar vendada y atada mientras Maro la usa con violencia. Griseo, completamente obsesionado, le propuso a Maro el siguiente paso: dejarlo follarse a Mar en persona mientras él lo graba desde lejos. Ahora, días después, Griseo ha decidido comenzar a mover las piezas.
Breve resumen para el lector:
Desde que Griseo regresó por su celular olvidado, su vida y la de su yerno Maro cambiaron para siempre. Espió cómo Maro follaba brutalmente a Mar en la sala, lo grabó y, en lugar de enfadarse, se masturbó. Al confesarle lo sucedido, descubrió con sorpresa que Maro no solo no se molestó, sino que se excitó enormemente con la idea. Desde entonces, ambos hombres han entrado en una complicidad perversa: Maro ahora graba videos explícitos de él follándose a su propia esposa y se los envía a Griseo. El último video muestra a Mar vendada y atada mientras Maro la usa con violencia. Griseo, completamente obsesionado, le propuso a Maro el siguiente paso: dejarlo follarse a Mar en persona mientras él lo graba desde lejos. Ahora, días después, Griseo ha decidido comenzar a mover las piezas.
CAPÍTULO 5: La visita de Papá
POV GRISEO
Llegué a la casa de mi hija poco después de las once de la mañana, con una bolsa de pañales y fórmula en la mano como excusa perfecta. Maro había regresado de la base el día anterior y todavía estaba en casa. Era el momento ideal para tantear el terreno cara a cara.
Mar me abrió la puerta con Diego en brazos. El niño tenía la boquita pegada a uno de sus pechos pequeños, mamando con hambre. Ver a mi hija dando pecho, con esa cara de mamá cansada pero todavía tan pinche sexy, hizo que mi verga diera un salto dentro del pantalón.
—Papá… qué sorpresa —dijo Mar con una sonrisa genuina, inclinándose para darme un beso en la mejilla como siempre—. No te esperaba tan temprano.
—Vine a ayudar con el chamaco, hija. Sé que Maro está en casa y pensé que podrían descansar un rato. Traje pañales y unas cosas para el niño —respondí con mi voz más paternal, aunque por dentro solo pensaba en cómo se veía ese pezón oscuro hinchado de leche.
Maro apareció detrás de ella en la sala. Nuestras miradas se cruzaron. Había algo nuevo en sus ojos: una mezcla de nervios, excitación y complicidad enferma. Sabía perfectamente por qué estaba yo ahí.
—Suegro —dijo Maro, estrechándome la mano con más fuerza de lo normal—. Qué bueno que viniste.
—Quería ver a mi nieto… y a mi hija, claro —respondí, dejando que mis ojos bajaran un segundo a las tetas de Mar. Todavía tenía una mancha húmeda de leche en la blusa donde Diego había estado comiendo.
Nos sentamos en la sala. Mar fue a la cocina a preparar café mientras Diego gateaba por el tapete. El silencio entre Maro y yo era pesado, cargado de todo lo que no se decía delante de ella.
—Recibí tu último video —dije en voz baja, asegurándome de que Mar no pudiera escucharnos desde la cocina—. Me corrí tres veces viéndolo, cabrón. Ver a mi hija atada y vendada mientras le partías el coño… fue una de las cosas más ricas que he visto en mi vida.
Maro tragó saliva. Noté cómo se le marcaba el bulto en el pantalón. El muy hijo de puta también se estaba excitando.
—Griseo… —murmuró, mirando hacia la cocina—. Esto se está poniendo peligroso. Mar no es pendeja. Si seguimos así…
—No te hagas el santo ahora —lo corté, sonriendo con malicia—. Tú fuiste el que le dijiste “chúpame los dedos como si fuera la verga de tu Papá” mientras la grababas para mí. Los dos estamos enfermos, yerno.
En ese momento Mar regresó con dos tazas de café. Se sentó entre nosotros, cruzando las piernas. La blusa ligera dejaba ver ligeramente el contorno de sus pezones todavía húmedos.
—Papá, ¿te vas a quedar a comer? —preguntó inocentemente.
La miré directamente a los ojos, luego bajé la vista sin disimulo a sus tetas y respondí con voz ronca:
—Claro que sí, hija. Me voy a quedar todo el tiempo que sea necesario.
Mi mano descansó sobre mi muslo, peligrosamente cerca de mi verga semierecta. Maro lo notó. Yo sabía que lo notó.
Mientras Mar se agachaba para levantar a Diego del suelo, su short se subió lo suficiente para dejar ver la parte baja de sus nalgas morenas. Tanto Maro como yo nos quedamos mirando como dos lobos.
Cuando Mar se fue de nuevo a la cocina con el niño, me incliné hacia mi yerno y le hablé claro, con voz baja y cargada:
—Quiero que la prepares, Maro. La próxima vez que te vayas de viaje, la quiero mojada y cachonda antes de que yo llegue. Quiero que le digas mientras la coges que su Papá la extraña. Quiero que le metas la idea poco a poco en la cabeza.
Maro respiraba agitado. Tenía la verga completamente dura, se le notaba.
—¿Hasta dónde quieres llegar, Griseo? —preguntó casi en un susurro.
Lo miré fijamente, con una sonrisa oscura.
—Hasta el fondo, yerno. Quiero cogerme a mi hija en su propia cama. Quiero que me llame “Papá” mientras le meto la verga. Y quiero que tú estés mirando… ya sea en vivo o grabado.
Mar se acercaba de nuevo por el pasillo.
Me recargué en el sillón, tomé un sorbo de café y le sonreí a mi hija con cara de abuelo amoroso, mientras mi verga palpitaba pensando en cómo iba a destruir ese pequeño y apretado coño que crié.
El juego apenas estaba comenzando.
CAPÍTULO 6: Susurros de Papá
POV MARO
No pude sacarme de la cabeza las palabras de Griseo en toda la tarde.
“Quiero que la prepares… Quiero que le metas la idea poco a poco en la cabeza… Quiero que le digas que su Papá la extraña.”
El viejo me había dejado con la verga dura todo el pinche día. Cada vez que miraba a Mar, solo podía imaginarme a Griseo partiéndole ese coño mientras yo miraba. Y lo peor es que esa imagen ya no me daba asco… me ponía como un animal.
Esa misma noche, después de que Diego se durmió, entré al cuarto con la sangre hirviendo.
Mar estaba acostada de lado, revisando el celular con una camiseta vieja mía que apenas le tapaba el culo. Apenas me vio entrar, sonrió con esa cara inocente que todavía tenía.
—Qué cansado te vi hoy, mi amor… —empezó a decir.
No la dejé terminar.
Me abalancé sobre ella, le quité la camiseta de un tirón y la puse boca abajo sobre la cama. Ni besos, ni caricias suaves. Nada de esa mierda.
—Maro, ¿qué te pasa? —preguntó sorprendida.
—Cállate la boca —gruñí mientras le bajaba las bragas de un jalón.
Mi verga ya estaba durísima. La agarré de las caderas, le abrí las nalgas y se la metí de golpe hasta el fondo, sin piedad.
—¡¡Ahh!! —gritó Mar, apretando las sábanas.
Empecé a cogérmela con fuerza brutal. Cada embestida era más violenta que la anterior. El sonido de mi pelvis golpeando contra su culo llenaba todo el cuarto. Sus tetitas pequeñas se movían con cada golpe y dejaban escapar gotas de leche que manchaban las sábanas.
Me incliné sobre ella, pegando mi pecho contra su espalda, y acerqué mi boca a su oído mientras seguía follándola como un salvaje.
—Tu Papá estuvo todo el día mirándote las tetas… —le susurré con voz ronca—. ¿Te diste cuenta cómo te veía mientras le dabas pecho a Diego?
Mar se tensó debajo de mí, pero su coño se apretó alrededor de mi verga.
—Maro… ¿qué dices? —gimió, claramente excitada y confundida al mismo tiempo.
Le jalé el cabello con fuerza y le metí la verga más profundo, hablándole directamente al oído mientras la partía:
—Tu Papá te quiere, Mar… Ese viejo cabrón te ha querido coger desde hace años. ¿Sabes qué me dijo hoy cuando no estabas escuchando? Que tienes un coño riquísimo… que se acuerda de cuando eras más joven y vivías con él.
Mar soltó un gemido largo y tembloroso. Su coño estaba empapado, chorreando alrededor de mi verga.
Seguí susurrándole mientras la cogía cada vez más fuerte:
—Imagínate que tu Papá estuviera aquí ahora mismo… mirándote mientras te parto el coño. Imagínate que te estuviera viendo cómo te pones de perra para mí. ¿Te gustaría que te viera, puta? ¿Te gustaría que tu Papá te viera cogiendo como la zorra que eres?
—Maro… ¡¡Dios!! —gimió ella, casi sin aliento.
Le di una nalgada fuerte que retumbó en el cuarto.
—Respóndeme —le exigí, mordiéndole la oreja—. ¿Te excita que tu Papá te mire? Dime la verdad, cabrona.
Mar tardó unos segundos, pero finalmente soltó entre gemidos entrecortados:
—Sí… sí me excita… No sé por qué… pero sí…
Esa respuesta me volvió completamente loco.
La agarré del cuello con una mano, la levanté un poco y empecé a cogérmela como si quisiera romperla. Rápido, profundo y salvaje. Cada embestida acompañada de más susurros enfermos:
—Tu Papá quiere cogerte, Mar… Quiere meterte su verga gruesa mientras yo miro… Quiere que le digas “Papá” mientras te llena de leche…
Mar se corrió violentamente. Su coño se contrajo alrededor de mi verga como si quisiera ordeñarme. Temblaba y gemía como nunca la había visto. Yo no aguanté más.
Me enterré hasta el fondo y me corrí adentro de ella con gruñidos animales, soltando chorros calientes de semen mientras le seguía susurrando al oído:
—Así… recibe leche, puta… Imagina que es la leche de tu Papá la que te estoy metiendo…
Cuando terminé, me quedé encima de ella, ambos jadeando. Mi verga todavía dentro de su coño chorreante.
Mar estaba callada, respirando agitada, claramente afectada por todo lo que le había dicho.
Yo, en cambio, solo podía pensar en una cosa:
Griseo iba a estar muy contento cuando le contara lo que había pasado esta noche.
CAPÍTULO 7: La voz en mi cabeza
POV MAR
No pude dormir casi nada en toda la noche.
Cada vez que cerraba los ojos, escuchaba la voz ronca de Maro susurrándome al oído mientras me partía el coño como nunca:
«Tu Papá te quiere coger… Ese viejo cabrón te ha querido desde hace años… Imagínate que tu Papá estuviera aquí ahora mismo, mirándote mientras te parto el coño… ¿Te gustaría que te viera, puta?»
Sentía un calor horrible entre las piernas solo de recordarlo.
Eran las diez de la mañana y yo seguía en la cocina, con Diego en brazos dándole pecho, pero mi mente estaba completamente en otro lado. Tenía los pezones tan duros que me dolían, y no era solo por la leche. Cada vez que el bebé succionaba, sentía un latigazo de placer que me llegaba directo al clítoris.
«¿Te excita que tu Papá te mire? Dime la verdad, cabrona.»
Me mordí el labio con fuerza. Estaba mojada. Otra vez. Desde anoche no había dejado de estar mojada.
—Esto está mal… —susurré para mí misma, avergonzada.
Griseo es mi Papá. Me crió desde que tenía quince años. Siempre fue estricto, autoritario, pero también protector. Me enseñó a manejar, me regañaba cuando llegaba tarde, me abrazaba cuando lloraba por algún novio pendejo. Y ahora… ahora mi propio marido me había metido en la cabeza la imagen de ese mismo hombre follándome.
Y lo peor de todo… era que me había excitado como nunca en mi vida.
Caminé por la casa con Diego dormido en el pecho. Cada paso que daba sentía mi coño palpitar. Tenía las bragas empapadas. Me senté en el sillón de la sala, el mismo donde Maro me había cogido salvajemente hace unas semanas, y abrí las piernas un poco.
No podía dejar de pensarlo.
Imaginé a Papá sentado en ese mismo sillón, mirándome con esos ojos oscuros y serios mientras yo estaba desnuda, atada y con los ojos vendados como anoche. Imaginé su voz grave diciéndome “hija” mientras me metía su verga gruesa.
—Ay, no mames… —gemí bajito, cerrando los ojos.
Estaba temblando. El solo pensamiento de mi padrastro cogiéndome me tenía al borde de un orgasmo sin siquiera tocarme. Me sentía sucia. Asquerosa. Pero también más cachonda de lo que había estado en años.
«Tu Papá quiere meterte su verga gruesa mientras yo miro… Quiere que le digas “Papá” mientras te llena de leche…»
Un escalofrío me recorrió toda la espalda.
Sabía que era solo una fantasía enferma de Maro. Mi marido siempre había sido celoso. Seguro solo lo dijo para ponerme más caliente, para jugar a algo prohibido. Papá jamás me vería de esa forma. Él me veía como su hija. Siempre me había tratado como tal.
Pero entonces… ¿por qué me mojaba tanto solo de imaginarlo?
Me metí la mano dentro de los shorts sin pensarlo dos veces. Estaba empapada. Mis dedos se deslizaron fácilmente entre mis labios hinchados y empecé a tocarme el clítoris mientras seguía con Diego dormido pegado a mi pecho.
Pensé en Papá. En sus manos grandes. En su forma de mirarme ayer cuando vine con la blusa manchada de leche. En cómo se quedó viendo mis nalgas cuando me agaché.
—Papá… —susurré casi sin voz, mientras mis dedos se movían más rápido.
El orgasmo me golpeó de repente, fuerte, vergonzoso. Tuve que morderme el labio para no gemir demasiado alto. Mi coño se contrajo con espasmos mientras imaginaba a mi propio padrastro corriéndose adentro de mí.
Cuando terminé, me quedé jadeando, con lágrimas de vergüenza en los ojos y la respiración agitada.
Esto estaba mal. Muy mal.
Yo no era esa clase de mujer. Tenía dos hijos. Estaba casada. Papá era… Papá.
Pero mientras limpiaba mis dedos llenos de jugos, una parte de mí, una parte oscura y húmeda que acababa de descubrir, no podía dejar de pensar en lo mismo:
¿Qué pasaría si no fuera solo una fantasía de Maro?
¿Qué pasaría si Papá realmente quisiera cogerme?
CAPÍTULO 8: El mensaje de Papá
POV MAR
Estaba terminando de bañar a Diego cuando el celular vibró sobre el lavabo.
Lo tomé con la mano mojada y el corazón casi se me sale del pecho al ver el nombre en la pantalla:
Papá
Era un mensaje de WhatsApp.
Me quedé congelada mirando la notificación. Los dedos me temblaban tanto que casi se me cae el teléfono. Tuve que sentar a Diego en su silla de baño para poder abrirlo.
Solo había dos cosas: un mensaje de voz de 22 segundos y un texto debajo.
Primero abrí el texto:
Papá:
Hija, ¿cómo amaneciste? Ayer me quedé con ganas de platicar más contigo. Dile a Maro que si necesita que venga a ayudarte con Diego esta semana, nomás avísame. Sabes que para ti siempre estoy disponible. Te quiero mucho, mi niña.
El mensaje era inocente. Completamente normal. Pero después de lo que Maro me había susurrado anoche, cada palabra se sentía cargada de algo sucio.
«Sabes que para ti siempre estoy disponible.»
«Te quiero mucho, mi niña.»
Mi coño dio una contracción involuntaria.
Me mordí el labio con tanta fuerza que sentí el sabor de la sangre. Tenía las bragas otra vez empapadas. Solo con leer un pinche mensaje de mi papá.
Respiré profundo y, sin poder evitarlo, le di play al mensaje de voz.
La voz grave y ronca de Papá llenó el baño:
“Hija… buenos días. Te escuché muy callada ayer, ¿todo bien? No sé por qué, pero no dejo de pensar en ti desde que te vi dando pecho. Se te ve tan… mujer. Tan hermosa. Si necesitas que tu Papá vaya a ayudarte con lo que sea, solo dilo. Estoy para ti. Siempre. Te mando un beso, mi reina.”
Se me aflojaron las piernas.
Tuve que apoyarme en el lavabo. La voz de Papá sonaba tan profunda, tan cargada… o tal vez solo era mi cabeza que ya estaba completamente podrida. Sentía el corazón latiéndome en la garganta y un calor insoportable entre las piernas.
—Esto no puede estar pasando… —susurré, mirándome al espejo. Tenía las mejillas rojas y los pezones tan duros que se marcaban obscenamente contra la fina tela de mi blusa.
Me senté en la tapa del inodoro con las piernas abiertas. Estaba temblando. La combinación de vergüenza, culpa y excitación era tan fuerte que me costaba respirar.
¿Y si no era solo fantasía de Maro?
¿Y si Papá realmente me deseaba?
La idea me golpeó como un rayo. ¿Debería tentarlo? ¿Debería mandarle algo provocativo? ¿Una foto de mis tetas con leche? ¿Un mensaje insinuante? Solo para ver cómo reaccionaba…
Me sentí asquerosa solo de pensarlo.
Pero no podía negar lo mojada que estaba. Mi coño palpitaba con tanta fuerza que era casi doloroso. Deslicé una mano dentro de mis shorts y gemí bajito al tocarme. Estaba chorreando.
Empecé a tocarme despacio mientras reproducía de nuevo el mensaje de voz de Papá.
Su voz grave diciendo “mi reina”… “mi niña”… “estoy para ti”…
—Papá… —susurré sin darme cuenta, con los ojos cerrados y dos dedos metidos en mi coño.
El orgasmo me llegó rapidísimo, brutal. Tuve que taparme la boca con la otra mano para no gritar. Mis piernas temblaban sin control mientras imaginaba a mi propio padrastro mirándome, tocándome, follándome.
Cuando terminé, me quedé sentada ahí, jadeando, con lágrimas de vergüenza corriéndome por las mejillas y los dedos cubiertos de mis jugos.
Esto ya no era solo una fantasía enferma de mi marido.
Yo también lo estaba deseando.
Y lo más peligroso de todo era que estaba empezando a pensar muy en serio si debería tentar a Papá… o si solo debía quedarme callada y volverme loca poco a poco.
Miré el celular otra vez.
El mensaje de Papá seguía abierto.
Tenía que responderle.
Pero ¿qué chingados le iba a decir ahora?
CONITNUARÁ...
Desde que Griseo regresó por su celular olvidado, su vida y la de su yerno Maro cambiaron para siempre. Espió cómo Maro follaba brutalmente a Mar en la sala, lo grabó y, en lugar de enfadarse, se masturbó. Al confesarle lo sucedido, descubrió con sorpresa que Maro no solo no se molestó, sino que se excitó enormemente con la idea. Desde entonces, ambos hombres han entrado en una complicidad perversa: Maro ahora graba videos explícitos de él follándose a su propia esposa y se los envía a Griseo. El último video muestra a Mar vendada y atada mientras Maro la usa con violencia. Griseo, completamente obsesionado, le propuso a Maro el siguiente paso: dejarlo follarse a Mar en persona mientras él lo graba desde lejos. Ahora, días después, Griseo ha decidido comenzar a mover las piezas.
Breve resumen para el lector:
Desde que Griseo regresó por su celular olvidado, su vida y la de su yerno Maro cambiaron para siempre. Espió cómo Maro follaba brutalmente a Mar en la sala, lo grabó y, en lugar de enfadarse, se masturbó. Al confesarle lo sucedido, descubrió con sorpresa que Maro no solo no se molestó, sino que se excitó enormemente con la idea. Desde entonces, ambos hombres han entrado en una complicidad perversa: Maro ahora graba videos explícitos de él follándose a su propia esposa y se los envía a Griseo. El último video muestra a Mar vendada y atada mientras Maro la usa con violencia. Griseo, completamente obsesionado, le propuso a Maro el siguiente paso: dejarlo follarse a Mar en persona mientras él lo graba desde lejos. Ahora, días después, Griseo ha decidido comenzar a mover las piezas.
CAPÍTULO 5: La visita de Papá
POV GRISEO
Llegué a la casa de mi hija poco después de las once de la mañana, con una bolsa de pañales y fórmula en la mano como excusa perfecta. Maro había regresado de la base el día anterior y todavía estaba en casa. Era el momento ideal para tantear el terreno cara a cara.
Mar me abrió la puerta con Diego en brazos. El niño tenía la boquita pegada a uno de sus pechos pequeños, mamando con hambre. Ver a mi hija dando pecho, con esa cara de mamá cansada pero todavía tan pinche sexy, hizo que mi verga diera un salto dentro del pantalón.
—Papá… qué sorpresa —dijo Mar con una sonrisa genuina, inclinándose para darme un beso en la mejilla como siempre—. No te esperaba tan temprano.
—Vine a ayudar con el chamaco, hija. Sé que Maro está en casa y pensé que podrían descansar un rato. Traje pañales y unas cosas para el niño —respondí con mi voz más paternal, aunque por dentro solo pensaba en cómo se veía ese pezón oscuro hinchado de leche.
Maro apareció detrás de ella en la sala. Nuestras miradas se cruzaron. Había algo nuevo en sus ojos: una mezcla de nervios, excitación y complicidad enferma. Sabía perfectamente por qué estaba yo ahí.
—Suegro —dijo Maro, estrechándome la mano con más fuerza de lo normal—. Qué bueno que viniste.
—Quería ver a mi nieto… y a mi hija, claro —respondí, dejando que mis ojos bajaran un segundo a las tetas de Mar. Todavía tenía una mancha húmeda de leche en la blusa donde Diego había estado comiendo.
Nos sentamos en la sala. Mar fue a la cocina a preparar café mientras Diego gateaba por el tapete. El silencio entre Maro y yo era pesado, cargado de todo lo que no se decía delante de ella.
—Recibí tu último video —dije en voz baja, asegurándome de que Mar no pudiera escucharnos desde la cocina—. Me corrí tres veces viéndolo, cabrón. Ver a mi hija atada y vendada mientras le partías el coño… fue una de las cosas más ricas que he visto en mi vida.
Maro tragó saliva. Noté cómo se le marcaba el bulto en el pantalón. El muy hijo de puta también se estaba excitando.
—Griseo… —murmuró, mirando hacia la cocina—. Esto se está poniendo peligroso. Mar no es pendeja. Si seguimos así…
—No te hagas el santo ahora —lo corté, sonriendo con malicia—. Tú fuiste el que le dijiste “chúpame los dedos como si fuera la verga de tu Papá” mientras la grababas para mí. Los dos estamos enfermos, yerno.
En ese momento Mar regresó con dos tazas de café. Se sentó entre nosotros, cruzando las piernas. La blusa ligera dejaba ver ligeramente el contorno de sus pezones todavía húmedos.
—Papá, ¿te vas a quedar a comer? —preguntó inocentemente.
La miré directamente a los ojos, luego bajé la vista sin disimulo a sus tetas y respondí con voz ronca:
—Claro que sí, hija. Me voy a quedar todo el tiempo que sea necesario.
Mi mano descansó sobre mi muslo, peligrosamente cerca de mi verga semierecta. Maro lo notó. Yo sabía que lo notó.
Mientras Mar se agachaba para levantar a Diego del suelo, su short se subió lo suficiente para dejar ver la parte baja de sus nalgas morenas. Tanto Maro como yo nos quedamos mirando como dos lobos.
Cuando Mar se fue de nuevo a la cocina con el niño, me incliné hacia mi yerno y le hablé claro, con voz baja y cargada:
—Quiero que la prepares, Maro. La próxima vez que te vayas de viaje, la quiero mojada y cachonda antes de que yo llegue. Quiero que le digas mientras la coges que su Papá la extraña. Quiero que le metas la idea poco a poco en la cabeza.
Maro respiraba agitado. Tenía la verga completamente dura, se le notaba.
—¿Hasta dónde quieres llegar, Griseo? —preguntó casi en un susurro.
Lo miré fijamente, con una sonrisa oscura.
—Hasta el fondo, yerno. Quiero cogerme a mi hija en su propia cama. Quiero que me llame “Papá” mientras le meto la verga. Y quiero que tú estés mirando… ya sea en vivo o grabado.
Mar se acercaba de nuevo por el pasillo.
Me recargué en el sillón, tomé un sorbo de café y le sonreí a mi hija con cara de abuelo amoroso, mientras mi verga palpitaba pensando en cómo iba a destruir ese pequeño y apretado coño que crié.
El juego apenas estaba comenzando.
CAPÍTULO 6: Susurros de Papá
POV MARO
No pude sacarme de la cabeza las palabras de Griseo en toda la tarde.
“Quiero que la prepares… Quiero que le metas la idea poco a poco en la cabeza… Quiero que le digas que su Papá la extraña.”
El viejo me había dejado con la verga dura todo el pinche día. Cada vez que miraba a Mar, solo podía imaginarme a Griseo partiéndole ese coño mientras yo miraba. Y lo peor es que esa imagen ya no me daba asco… me ponía como un animal.
Esa misma noche, después de que Diego se durmió, entré al cuarto con la sangre hirviendo.
Mar estaba acostada de lado, revisando el celular con una camiseta vieja mía que apenas le tapaba el culo. Apenas me vio entrar, sonrió con esa cara inocente que todavía tenía.
—Qué cansado te vi hoy, mi amor… —empezó a decir.
No la dejé terminar.
Me abalancé sobre ella, le quité la camiseta de un tirón y la puse boca abajo sobre la cama. Ni besos, ni caricias suaves. Nada de esa mierda.
—Maro, ¿qué te pasa? —preguntó sorprendida.
—Cállate la boca —gruñí mientras le bajaba las bragas de un jalón.
Mi verga ya estaba durísima. La agarré de las caderas, le abrí las nalgas y se la metí de golpe hasta el fondo, sin piedad.
—¡¡Ahh!! —gritó Mar, apretando las sábanas.
Empecé a cogérmela con fuerza brutal. Cada embestida era más violenta que la anterior. El sonido de mi pelvis golpeando contra su culo llenaba todo el cuarto. Sus tetitas pequeñas se movían con cada golpe y dejaban escapar gotas de leche que manchaban las sábanas.
Me incliné sobre ella, pegando mi pecho contra su espalda, y acerqué mi boca a su oído mientras seguía follándola como un salvaje.
—Tu Papá estuvo todo el día mirándote las tetas… —le susurré con voz ronca—. ¿Te diste cuenta cómo te veía mientras le dabas pecho a Diego?
Mar se tensó debajo de mí, pero su coño se apretó alrededor de mi verga.
—Maro… ¿qué dices? —gimió, claramente excitada y confundida al mismo tiempo.
Le jalé el cabello con fuerza y le metí la verga más profundo, hablándole directamente al oído mientras la partía:
—Tu Papá te quiere, Mar… Ese viejo cabrón te ha querido coger desde hace años. ¿Sabes qué me dijo hoy cuando no estabas escuchando? Que tienes un coño riquísimo… que se acuerda de cuando eras más joven y vivías con él.
Mar soltó un gemido largo y tembloroso. Su coño estaba empapado, chorreando alrededor de mi verga.
Seguí susurrándole mientras la cogía cada vez más fuerte:
—Imagínate que tu Papá estuviera aquí ahora mismo… mirándote mientras te parto el coño. Imagínate que te estuviera viendo cómo te pones de perra para mí. ¿Te gustaría que te viera, puta? ¿Te gustaría que tu Papá te viera cogiendo como la zorra que eres?
—Maro… ¡¡Dios!! —gimió ella, casi sin aliento.
Le di una nalgada fuerte que retumbó en el cuarto.
—Respóndeme —le exigí, mordiéndole la oreja—. ¿Te excita que tu Papá te mire? Dime la verdad, cabrona.
Mar tardó unos segundos, pero finalmente soltó entre gemidos entrecortados:
—Sí… sí me excita… No sé por qué… pero sí…
Esa respuesta me volvió completamente loco.
La agarré del cuello con una mano, la levanté un poco y empecé a cogérmela como si quisiera romperla. Rápido, profundo y salvaje. Cada embestida acompañada de más susurros enfermos:
—Tu Papá quiere cogerte, Mar… Quiere meterte su verga gruesa mientras yo miro… Quiere que le digas “Papá” mientras te llena de leche…
Mar se corrió violentamente. Su coño se contrajo alrededor de mi verga como si quisiera ordeñarme. Temblaba y gemía como nunca la había visto. Yo no aguanté más.
Me enterré hasta el fondo y me corrí adentro de ella con gruñidos animales, soltando chorros calientes de semen mientras le seguía susurrando al oído:
—Así… recibe leche, puta… Imagina que es la leche de tu Papá la que te estoy metiendo…
Cuando terminé, me quedé encima de ella, ambos jadeando. Mi verga todavía dentro de su coño chorreante.
Mar estaba callada, respirando agitada, claramente afectada por todo lo que le había dicho.
Yo, en cambio, solo podía pensar en una cosa:
Griseo iba a estar muy contento cuando le contara lo que había pasado esta noche.
CAPÍTULO 7: La voz en mi cabeza
POV MAR
No pude dormir casi nada en toda la noche.
Cada vez que cerraba los ojos, escuchaba la voz ronca de Maro susurrándome al oído mientras me partía el coño como nunca:
«Tu Papá te quiere coger… Ese viejo cabrón te ha querido desde hace años… Imagínate que tu Papá estuviera aquí ahora mismo, mirándote mientras te parto el coño… ¿Te gustaría que te viera, puta?»
Sentía un calor horrible entre las piernas solo de recordarlo.
Eran las diez de la mañana y yo seguía en la cocina, con Diego en brazos dándole pecho, pero mi mente estaba completamente en otro lado. Tenía los pezones tan duros que me dolían, y no era solo por la leche. Cada vez que el bebé succionaba, sentía un latigazo de placer que me llegaba directo al clítoris.
«¿Te excita que tu Papá te mire? Dime la verdad, cabrona.»
Me mordí el labio con fuerza. Estaba mojada. Otra vez. Desde anoche no había dejado de estar mojada.
—Esto está mal… —susurré para mí misma, avergonzada.
Griseo es mi Papá. Me crió desde que tenía quince años. Siempre fue estricto, autoritario, pero también protector. Me enseñó a manejar, me regañaba cuando llegaba tarde, me abrazaba cuando lloraba por algún novio pendejo. Y ahora… ahora mi propio marido me había metido en la cabeza la imagen de ese mismo hombre follándome.
Y lo peor de todo… era que me había excitado como nunca en mi vida.
Caminé por la casa con Diego dormido en el pecho. Cada paso que daba sentía mi coño palpitar. Tenía las bragas empapadas. Me senté en el sillón de la sala, el mismo donde Maro me había cogido salvajemente hace unas semanas, y abrí las piernas un poco.
No podía dejar de pensarlo.
Imaginé a Papá sentado en ese mismo sillón, mirándome con esos ojos oscuros y serios mientras yo estaba desnuda, atada y con los ojos vendados como anoche. Imaginé su voz grave diciéndome “hija” mientras me metía su verga gruesa.
—Ay, no mames… —gemí bajito, cerrando los ojos.
Estaba temblando. El solo pensamiento de mi padrastro cogiéndome me tenía al borde de un orgasmo sin siquiera tocarme. Me sentía sucia. Asquerosa. Pero también más cachonda de lo que había estado en años.
«Tu Papá quiere meterte su verga gruesa mientras yo miro… Quiere que le digas “Papá” mientras te llena de leche…»
Un escalofrío me recorrió toda la espalda.
Sabía que era solo una fantasía enferma de Maro. Mi marido siempre había sido celoso. Seguro solo lo dijo para ponerme más caliente, para jugar a algo prohibido. Papá jamás me vería de esa forma. Él me veía como su hija. Siempre me había tratado como tal.
Pero entonces… ¿por qué me mojaba tanto solo de imaginarlo?
Me metí la mano dentro de los shorts sin pensarlo dos veces. Estaba empapada. Mis dedos se deslizaron fácilmente entre mis labios hinchados y empecé a tocarme el clítoris mientras seguía con Diego dormido pegado a mi pecho.
Pensé en Papá. En sus manos grandes. En su forma de mirarme ayer cuando vine con la blusa manchada de leche. En cómo se quedó viendo mis nalgas cuando me agaché.
—Papá… —susurré casi sin voz, mientras mis dedos se movían más rápido.
El orgasmo me golpeó de repente, fuerte, vergonzoso. Tuve que morderme el labio para no gemir demasiado alto. Mi coño se contrajo con espasmos mientras imaginaba a mi propio padrastro corriéndose adentro de mí.
Cuando terminé, me quedé jadeando, con lágrimas de vergüenza en los ojos y la respiración agitada.
Esto estaba mal. Muy mal.
Yo no era esa clase de mujer. Tenía dos hijos. Estaba casada. Papá era… Papá.
Pero mientras limpiaba mis dedos llenos de jugos, una parte de mí, una parte oscura y húmeda que acababa de descubrir, no podía dejar de pensar en lo mismo:
¿Qué pasaría si no fuera solo una fantasía de Maro?
¿Qué pasaría si Papá realmente quisiera cogerme?
CAPÍTULO 8: El mensaje de Papá
POV MAR
Estaba terminando de bañar a Diego cuando el celular vibró sobre el lavabo.
Lo tomé con la mano mojada y el corazón casi se me sale del pecho al ver el nombre en la pantalla:
Papá
Era un mensaje de WhatsApp.
Me quedé congelada mirando la notificación. Los dedos me temblaban tanto que casi se me cae el teléfono. Tuve que sentar a Diego en su silla de baño para poder abrirlo.
Solo había dos cosas: un mensaje de voz de 22 segundos y un texto debajo.
Primero abrí el texto:
Papá:
Hija, ¿cómo amaneciste? Ayer me quedé con ganas de platicar más contigo. Dile a Maro que si necesita que venga a ayudarte con Diego esta semana, nomás avísame. Sabes que para ti siempre estoy disponible. Te quiero mucho, mi niña.
El mensaje era inocente. Completamente normal. Pero después de lo que Maro me había susurrado anoche, cada palabra se sentía cargada de algo sucio.
«Sabes que para ti siempre estoy disponible.»
«Te quiero mucho, mi niña.»
Mi coño dio una contracción involuntaria.
Me mordí el labio con tanta fuerza que sentí el sabor de la sangre. Tenía las bragas otra vez empapadas. Solo con leer un pinche mensaje de mi papá.
Respiré profundo y, sin poder evitarlo, le di play al mensaje de voz.
La voz grave y ronca de Papá llenó el baño:
“Hija… buenos días. Te escuché muy callada ayer, ¿todo bien? No sé por qué, pero no dejo de pensar en ti desde que te vi dando pecho. Se te ve tan… mujer. Tan hermosa. Si necesitas que tu Papá vaya a ayudarte con lo que sea, solo dilo. Estoy para ti. Siempre. Te mando un beso, mi reina.”
Se me aflojaron las piernas.
Tuve que apoyarme en el lavabo. La voz de Papá sonaba tan profunda, tan cargada… o tal vez solo era mi cabeza que ya estaba completamente podrida. Sentía el corazón latiéndome en la garganta y un calor insoportable entre las piernas.
—Esto no puede estar pasando… —susurré, mirándome al espejo. Tenía las mejillas rojas y los pezones tan duros que se marcaban obscenamente contra la fina tela de mi blusa.
Me senté en la tapa del inodoro con las piernas abiertas. Estaba temblando. La combinación de vergüenza, culpa y excitación era tan fuerte que me costaba respirar.
¿Y si no era solo fantasía de Maro?
¿Y si Papá realmente me deseaba?
La idea me golpeó como un rayo. ¿Debería tentarlo? ¿Debería mandarle algo provocativo? ¿Una foto de mis tetas con leche? ¿Un mensaje insinuante? Solo para ver cómo reaccionaba…
Me sentí asquerosa solo de pensarlo.
Pero no podía negar lo mojada que estaba. Mi coño palpitaba con tanta fuerza que era casi doloroso. Deslicé una mano dentro de mis shorts y gemí bajito al tocarme. Estaba chorreando.
Empecé a tocarme despacio mientras reproducía de nuevo el mensaje de voz de Papá.
Su voz grave diciendo “mi reina”… “mi niña”… “estoy para ti”…
—Papá… —susurré sin darme cuenta, con los ojos cerrados y dos dedos metidos en mi coño.
El orgasmo me llegó rapidísimo, brutal. Tuve que taparme la boca con la otra mano para no gritar. Mis piernas temblaban sin control mientras imaginaba a mi propio padrastro mirándome, tocándome, follándome.
Cuando terminé, me quedé sentada ahí, jadeando, con lágrimas de vergüenza corriéndome por las mejillas y los dedos cubiertos de mis jugos.
Esto ya no era solo una fantasía enferma de mi marido.
Yo también lo estaba deseando.
Y lo más peligroso de todo era que estaba empezando a pensar muy en serio si debería tentar a Papá… o si solo debía quedarme callada y volverme loca poco a poco.
Miré el celular otra vez.
El mensaje de Papá seguía abierto.
Tenía que responderle.
Pero ¿qué chingados le iba a decir ahora?
CONITNUARÁ...