davidlopez7207
Virgen
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CAPÍTULO 1: La puta de mi hija
POV Griseo
Me quedé con una sonrisa estúpida mientras manejaba de regreso a casa de mi hija. Qué pinche cabeza la mía. Había dejado el celular cargando en la sala después de cenar. Laura ya estaba dormida en casa, y yo nomás quería agarrar el teléfono y largarme sin hacer ruido.
Pero la vida, cabrones, nunca te da lo que esperas.
Apenas abrí la puerta con mi copia de la llave, los escuché.
Gemidos. Carnales. Mojados. Esos que no dejan duda de que alguien se está cogiendo como animal.
—Así, cabrón… más duro, Maro… ¡¡Más duro!!
Era la voz de Mar. Mi Mar. Mi hija.
Me quedé congelado en la entrada, con la mano todavía en la perilla. El corazón me empezó a latir como si quisiera salirse del pecho. Di dos pasos silenciosos y ahí estaban.
En el sillón grande de la sala, Mar estaba a cuatro patas, completamente desnuda. Sus tetas pequeñas colgaban y se movían con cada embestida. Maro, ese pinche militar bajito y moreno, la tenía agarrada de las caderas con fuerza bruta, metiéndole la verga hasta el fondo. El sonido de sus huevos pegando contra el coño mojado de ella llenaba toda la casa.
—Eres una puta, Mar… mi puta —gruñía Maro mientras le daba nalgadas fuertes que le dejaban la piel morena enrojecida.
—Sí… soy tu puta, mi amor… ¡¡Cógeme más fuerte!! —respondía ella entre gemidos, con la cara enterrada en un cojín.
Me latía la verga. Dura como piedra.
En lugar de irme o hacer ruido, cerré la puerta con cuidado y saqué mi celular. Activé la cámara y empecé a grabar. El pulso me temblaba. Estaba filmando a mi propia hija mientras su marido la partía en dos como una cualquiera.
Mar tenía las nalgas abiertas, el coño hinchado y brillante de tanto jugo. Cada vez que Maro sacaba la verga, se le veía el interior rosado y contraído. Era una puta visión. Mi hijita, la misma que crié, la que me seguía llamando “Papá” con esa voz inocente incluso después de casada, estaba siendo follada como perra en su propia sala.
Me bajé la bragueta despacio y saqué mi verga gruesa. Ya estaba completamente dura, con una gota de precum en la punta. Empecé a jalármela lentamente mientras seguía grabando. Enfoqué bien su cara de placer, cómo se mordía el labio, cómo se le ponían los ojos en blanco cada vez que Maro le daba una estocada profunda.
“Esto es mío”, pensé mientras me masturbaba con más fuerza. “Esta puta siempre ha sido mía. Aunque esté casada. Aunque tenga dos hijos. Aunque le dé pecho al más pequeño.”
Mar empezó a correrse. Lo supe porque todo su cuerpo se tensó, empezó a temblar y soltó un gemido ahogado y largo:
—¡Me vengo, Maro! ¡¡Me vengo en tu verga!!
Maro la agarró del cabello y le dio unas últimas embestidas brutales antes de correrse también, gruñendo como animal mientras le llenaba el coño.
Yo estaba a punto. Me jalaba la verga con violencia, apuntando la cámara para no perder detalle de cómo la verga de Maro salía del coño de mi hija chorreando semen espeso.
Y entonces me corrí.
Me vine como un cabrón, disparando chorros gruesos de leche que cayeron en el piso de la entrada. Tuve que morderme el brazo para no gemir.
Cuando terminé, guardé el video. Un video donde se veía claramente la cara de Mar corriéndose, el cuerpo de ella, y cómo su marido la llenaba.
Me subí la bragueta, limpié mi semen del piso con un pañuelo y salí de la casa sin hacer ruido, con el celular lleno de pruebas en el bolsillo.
Ahora lo sabía.
Mi hija era una puta.
Y yo, su Papá, iba a hacer algo al respecto.
CAPÍTULO 2: La confesión de Papá
POV MARO
Estaba recostado en mi litera en la base después de un día pesado de entrenamiento cuando llegó el mensaje.
Era de Griseo. Mi suegro.
“Maro, necesito hablar contigo. Es importante. Ábreme el video cuando estés solo.”
Fruncí el ceño. El viejo casi nunca me escribía. Aun así, me metí al baño de las instalaciones, cerré con seguro y abrí el chat.
El siguiente mensaje era un video. Casi cuatro minutos.
Le di play.
Ahí estaba mi sala. Mi sillón. Y mi mujer.
Mar estaba a cuatro patas, completamente desnuda, gimiendo como una perra en celo mientras yo le metía la verga hasta el fondo. Se escuchaba el golpe húmedo de mis huevos contra su coño mojado, sus gemidos desesperados y cómo me rogaba que se la diera más duro.
—Así, cabrón… ¡¡Más duro, Maro!! ¡¡Más duro!!
Sentí que la verga se me puso tiesa al instante dentro del pantalón militar.
Pero no fue solo el video lo que me dejó frío.
El ángulo no era desde donde yo estaba cogiéndomela. Estaba grabado desde la entrada de la casa. Alguien nos había estado espiando.
El video seguía. Se veía claramente cómo me corría adentro de Mar, cómo mi leche espesa le salía chorreando del coño hinchado. Y al final se escuchaba un gemido grave de hombre corriéndose. El que grababa se había jalado la verga viéndonos.
El mensaje de texto llegó justo después:
Griseo:
Maro, fui yo. Regresé por mi celular olvidado y los encontré. No pude evitar quedarme mirando. Te vi cogiéndote a mi hija como se merece. Le partiste ese coño rico que tiene. La hiciste gemir como la puta que es.
Quiero que sepas que me excité mucho. Me la jalé completa viéndote cómo te la follabas. Me vine como un cabrón mientras veía a mi hijita correrse en tu verga.
No estoy enojado, yerno. Al contrario.
Estoy orgulloso de ti. Sabes cómo tratar a mi hija. Sigue follándotela así de rico. La muy puta lo necesita.
Terminé de leer con la verga completamente dura, palpitando.
No sentí rabia.
No sentí celos.
Sentí una excitación oscura, enferma y jodidamente intensa que me recorrió todo el cuerpo.
Griseo… el Papá de Mar, su propio padrastro, nos había espiado mientras la cogía. Nos había grabado. Se había jalado la verga viendo a su hija siendo follada. Y en lugar de ponerse loco, me estaba felicitando por hacer gozar a su propia hija.
Me bajé el pantalón ahí mismo en el baño y saqué mi verga gruesa. Empecé a jalármela con fuerza mientras reproducía el video otra vez.
Ver a Mar corriéndose, ver cómo le daba nalgadas fuertes, escuchar sus gemidos… y saber que Griseo estaba ahí, escondido, corriéndose mientras nos miraba… me estaba poniendo más caliente que nunca.
Le contesté con una sola mano, mientras con la otra seguía jalándomela:
Maro:
Pinche Griseo… no sé ni qué chingados decirte.
Me pusiste la verga durísima, viejo.
¿De verdad te gustó ver cómo me cogía a tu hija? ¿Te excitó ver cómo le llené el coño de leche?
Griseo:
Me encantó, yerno. Esa puta es tu mujer, pero para mí sigue siendo mi hija. Verte dominarla, ver cómo se corría para ti… me hizo sentir cosas que un padre no debería sentir. Pero ya ves. Soy un viejo enfermo.
Quiero que sigas follándotela duro cuando estés en casa. Y si quieres… algún día puedo contarte cómo era Mar cuando era más joven y vivía conmigo.
Me corrí fuerte.
Disparé chorros gruesos de semen contra la pared del baño mientras veía el video de mi mujer siendo cogida… sabiendo que su propio Papá se la había estado jalando mientras nos espiaba.
Cuando terminé, respiraba como animal.
Esto estaba mal.
Muy mal.
Y sin embargo, nunca me había sentido tan excitado en mi puta vida.
Mar no sabía nada.
Mar no sabía que su Papá nos había grabado.
Mar no sabía que yo ahora compartía esta excitación enferma con su padrastro.
Y yo… yo quería más.
Quería saber hasta dónde podía llegar esta mierda.
CAPÍTULO 3: Para los ojos de Papá
POV MARO
Llegué a casa el viernes por la noche con la verga dura desde que crucé la puerta. Todo el pinche camino desde la base solo pensaba en lo mismo: en el video que Griseo me mandó, en cómo se jaló la verga viendo a su propia hija gemir como puta, y en que ahora yo iba a hacer algo mucho peor.
Mar estaba en la sala con Diego en brazos, dándole pecho. Se veía tan inocente, tan de mamá… y eso solo me ponía más cabrón.
—Maro, llegaste temprano —dijo sonriendo, sin tener la menor idea de lo que le esperaba.
No le contesté con palabras. Solo le quité al niño de los brazos, lo puse en el corralito y le hablé claro:
—Sube al cuarto. Ahora. Desnúdate y espérame en la cama.
Ella me miró sorprendida, pero conocía ese tono. Se mordió el labio y obedeció.
Cuando entré al cuarto, Mar ya estaba completamente desnuda sobre la cama. Sus tetas pequeñas todavía tenían un poco de leche en los pezones. Me acerqué con la venda negra en la mano y se la puse sobre los ojos sin pedir permiso.
—Maro… ¿qué te pasa hoy? —preguntó con la voz temblorosa.
—Cállate.
Le agarré las muñecas y las até con mi cinturón militar al cabecero de la cama. Bien apretado. Quedó completamente expuesta, con las piernas abiertas y el coño ya empezando a mojar.
Saqué el celular, activé la cámara y lo puse en un trípode que ya había preparado. Enfoqué perfectamente su cara, sus tetas y su coño. Griseo iba a ver todo con lujo de detalle.
Me desnudé y me subí a la cama. Mi verga estaba hinchada, morada, con venas marcadas. La agarré de las caderas y, sin preámbulos, se la metí de un solo golpe hasta el fondo.
—¡¡Ahhh!! —gritó Mar, arqueando la espalda.
Empecé a cogérmela como animal. Duro. Brutal. Cada embestida hacía que sus tetitas rebotaran y que un poco de leche le saliera de los pezones.
Mientras me la follaba, no dejaba de imaginarme a Griseo. Al viejo escondido en la puerta, igual que la otra vez, jalándose esa verga gruesa mientras veía a su “hija” siendo partida en dos.
—Estás más mojada que nunca, puta —le gruñí mientras le daba nalgadas fuertes—. ¿Sabes por qué? Porque en el fondo te gusta que te traten como la perra que eres.
Mar gemía sin control. Con los ojos vendados y las manos atadas se veía todavía más vulnerable. Le metí dos dedos en la boca para que los chupara mientras seguía partiéndole el coño.
—Chúpame los dedos como si fuera la verga de tu Papá —le solté de repente.
Ella se tensó un segundo, pero luego chupó con más ganas, gimiendo alrededor de mis dedos. Eso me puso todavía más loco.
Saqué la verga, la volteé como muñeca y la puse en cuatro. Le agarré el cabello con fuerza y se la volví a meter, follándola tan duro que la cabecera golpeaba contra la pared. El sonido de mi pelvis chocando contra sus nalgas llenaba todo el cuarto.
—Dile a la cámara cómo te gusta que te cojan, Mar —le ordené.
—Me… me gusta que me cojas duro… ¡¡Me encanta ser tu puta!! —gritó entre gemidos.
Me imaginé a Griseo viendo este video. Imaginé su cara mientras veía a su hijastra atada, vendada y siendo usada como un pedazo de carne. Eso me llevó al límite.
Le metí la verga hasta el fondo y me corrí como un animal, inundándole el coño con chorros espesos de leche. Mar se corrió también, temblando y apretándome la verga con su coño.
Cuando terminé, saqué la verga lentamente. El semen blanco le escurría por los muslos morenos. Tomé varios close-ups bien detallados: su cara vendada, sus tetas con leche, su coño destruido y chorreando.
Después desaté a Mar, le quité la venda y la besé en la frente como si nada.
—Descansa, mi amor —le dije suave.
Ella solo asintió, agotada y confundida.
Yo, en cambio, me fui al baño, edité el video para que se viera completo y sin censura, y se lo mandé directamente a Griseo con un mensaje:
Maro:
Para que no solo imagines, Papá.
Aquí tienes a tu hija bien cogida.
La até, la vendé y la partí en dos pensando en que nos estabas viendo.
Disfrútalo.
La próxima vez que vengas a “cenar”, avísame. A lo mejor te dejo mirar en vivo.
Enviar.
CAPÍTULO 4: Leche de mi hija
POV GRISEO
Estaba sentado en mi sillón favorito, con la casa en silencio porque Laura se había ido a dormir temprano. El celular vibró sobre la mesa y vi el nombre de Maro.
Solo el nombre ya me puso la verga dura.
Abrí el mensaje y casi se me cae el teléfono.
Era un video. Más de seis minutos. El título que puso Maro era claro: “Para que no solo imagines, Papá.”
Hijo de la chingada.
Me acomodé mejor en el sillón, me bajé los pantalones hasta los tobillos y saqué mi verga gruesa y venosa. Ya estaba completamente erecta solo de imaginar lo que iba a ver. Le di play.
Ahí estaba mi hija.
Mar, mi Mar, completamente desnuda, con los ojos vendados con una tela negra y las muñecas atadas al cabecero de la cama con un cinturón militar. Se veía tan pequeña, tan vulnerable… tan puta.
Maro no perdió el tiempo. La agarró de las caderas y se la metió de un solo golpe brutal. El gemido que soltó mi hija me llegó hasta los huevos.
— ¡¡Ahhh!! —gritó ella.
El sonido de la verga entrando y saliendo de su coño mojado era obsceno. Se escuchaba perfectamente cómo le escurría el jugo por los muslos. Maro la estaba partiendo en dos, dándole nalgadas tan fuertes que las nalgas morenas de mi hija se ponían rojas.
Mientras veía el video, empecé a jalármela despacio, saboreando cada segundo.
—Chúpame los dedos como si fuera la verga de tu Papá —le ordenó Maro.
Mar obedeció como una puta bien entrenada. Chupaba y gemía alrededor de sus dedos mientras su marido la cogía como animal. Verla así, atada, vendada y siendo usada… sabiendo que era mi propia hija… me estaba volviendo loco.
Me escupí en la mano y empecé a jalármela más rápido. Tenía la verga hinchada, morada, goteando precum como si fuera un adolescente.
Maro la volteó en cuatro, le jaló el cabello con fuerza y siguió follándosela como si quisiera romperla. Las tetitas de Mar rebotaban, y en un momento se le escapó un chorrito de leche de los pezones por lo fuerte que la estaba cogiendo.
—Puta… mi puta… —gruñía Maro en el video.
—Soy tu puta… ¡¡Soy tu puta!! —gritaba ella entre gemidos.
Me imaginé que era yo el que la estaba partiendo. Que era mi verga la que estaba destrozando ese coño que yo mismo ayudé a criar. Que era yo el que le estaba llenando el vientre de leche mientras su marido estaba lejos.
Cuando Maro se corrió adentro de ella, gruñendo como bestia y llenándola hasta que el semen blanco empezó a escurrir por sus muslos morenos, yo también llegué al límite.
—Hija de tu puta madre… —gruñí entre dientes.
Me corrí como un animal. Chorros gruesos, potentes y calientes que me salpicaron hasta el pecho y la panza. Seguí jalándomela mientras veía los close-ups finales: el coño destruido de Mar chorreando semen, su cara vendada con la boca entreabierta, sus pezones mojados de leche.
Cuando el video terminó, me quedé jadeando, con la verga todavía palpitando y toda mi mano llena de leche.
Este cabrón de Maro había entendido perfectamente.
Le escribí con los dedos todavía temblorosos y manchados de semen:
Griseo:
Pinche Maro… acabo de correrme como nunca en mi vida.
Tu video está de la chingada. Ver a mi hija atada, vendada y cogida como perra me puso más caliente que verla en vivo la primera vez.
Esa puta tiene un coño que vuelve loco a cualquiera. Y tú la estás usando como se debe. Me gustó mucho que le dijeras lo de “la verga de tu Papá”. Se nota que a ella también le afectó.
Ahora quiero subir el nivel, yerno.
La próxima vez que tengas que irte de viaje por más de una semana, avísame con tiempo. Quiero ir a la casa cuando Mar esté sola con los niños. Tú vas a dejarme la llave y la cámara encendida. Quiero que me grabes cogiéndome a mi propia hija mientras tú estás lejos.
Quiero que veas cómo su Papá la usa como la puta que siempre ha sido.
¿Estás listo para eso, Maro?
¿Estás listo para que yo le meta la verga a tu mujer mientras tú miras desde el celular?
Espero tu respuesta.
Envié el mensaje, me limpié la leche del pecho con un pañuelo y me quedé mirando la pantalla.
Sabía que esto ya no era un juego.
Esto se estaba convirtiendo en algo mucho más oscuro, más enfermo y más adictivo.
Y tanto Maro como yo ya estábamos demasiado metidos como para parar.
CONTINUARÁ...
POV Griseo
Me quedé con una sonrisa estúpida mientras manejaba de regreso a casa de mi hija. Qué pinche cabeza la mía. Había dejado el celular cargando en la sala después de cenar. Laura ya estaba dormida en casa, y yo nomás quería agarrar el teléfono y largarme sin hacer ruido.
Pero la vida, cabrones, nunca te da lo que esperas.
Apenas abrí la puerta con mi copia de la llave, los escuché.
Gemidos. Carnales. Mojados. Esos que no dejan duda de que alguien se está cogiendo como animal.
—Así, cabrón… más duro, Maro… ¡¡Más duro!!
Era la voz de Mar. Mi Mar. Mi hija.
Me quedé congelado en la entrada, con la mano todavía en la perilla. El corazón me empezó a latir como si quisiera salirse del pecho. Di dos pasos silenciosos y ahí estaban.
En el sillón grande de la sala, Mar estaba a cuatro patas, completamente desnuda. Sus tetas pequeñas colgaban y se movían con cada embestida. Maro, ese pinche militar bajito y moreno, la tenía agarrada de las caderas con fuerza bruta, metiéndole la verga hasta el fondo. El sonido de sus huevos pegando contra el coño mojado de ella llenaba toda la casa.
—Eres una puta, Mar… mi puta —gruñía Maro mientras le daba nalgadas fuertes que le dejaban la piel morena enrojecida.
—Sí… soy tu puta, mi amor… ¡¡Cógeme más fuerte!! —respondía ella entre gemidos, con la cara enterrada en un cojín.
Me latía la verga. Dura como piedra.
En lugar de irme o hacer ruido, cerré la puerta con cuidado y saqué mi celular. Activé la cámara y empecé a grabar. El pulso me temblaba. Estaba filmando a mi propia hija mientras su marido la partía en dos como una cualquiera.
Mar tenía las nalgas abiertas, el coño hinchado y brillante de tanto jugo. Cada vez que Maro sacaba la verga, se le veía el interior rosado y contraído. Era una puta visión. Mi hijita, la misma que crié, la que me seguía llamando “Papá” con esa voz inocente incluso después de casada, estaba siendo follada como perra en su propia sala.
Me bajé la bragueta despacio y saqué mi verga gruesa. Ya estaba completamente dura, con una gota de precum en la punta. Empecé a jalármela lentamente mientras seguía grabando. Enfoqué bien su cara de placer, cómo se mordía el labio, cómo se le ponían los ojos en blanco cada vez que Maro le daba una estocada profunda.
“Esto es mío”, pensé mientras me masturbaba con más fuerza. “Esta puta siempre ha sido mía. Aunque esté casada. Aunque tenga dos hijos. Aunque le dé pecho al más pequeño.”
Mar empezó a correrse. Lo supe porque todo su cuerpo se tensó, empezó a temblar y soltó un gemido ahogado y largo:
—¡Me vengo, Maro! ¡¡Me vengo en tu verga!!
Maro la agarró del cabello y le dio unas últimas embestidas brutales antes de correrse también, gruñendo como animal mientras le llenaba el coño.
Yo estaba a punto. Me jalaba la verga con violencia, apuntando la cámara para no perder detalle de cómo la verga de Maro salía del coño de mi hija chorreando semen espeso.
Y entonces me corrí.
Me vine como un cabrón, disparando chorros gruesos de leche que cayeron en el piso de la entrada. Tuve que morderme el brazo para no gemir.
Cuando terminé, guardé el video. Un video donde se veía claramente la cara de Mar corriéndose, el cuerpo de ella, y cómo su marido la llenaba.
Me subí la bragueta, limpié mi semen del piso con un pañuelo y salí de la casa sin hacer ruido, con el celular lleno de pruebas en el bolsillo.
Ahora lo sabía.
Mi hija era una puta.
Y yo, su Papá, iba a hacer algo al respecto.
CAPÍTULO 2: La confesión de Papá
POV MARO
Estaba recostado en mi litera en la base después de un día pesado de entrenamiento cuando llegó el mensaje.
Era de Griseo. Mi suegro.
“Maro, necesito hablar contigo. Es importante. Ábreme el video cuando estés solo.”
Fruncí el ceño. El viejo casi nunca me escribía. Aun así, me metí al baño de las instalaciones, cerré con seguro y abrí el chat.
El siguiente mensaje era un video. Casi cuatro minutos.
Le di play.
Ahí estaba mi sala. Mi sillón. Y mi mujer.
Mar estaba a cuatro patas, completamente desnuda, gimiendo como una perra en celo mientras yo le metía la verga hasta el fondo. Se escuchaba el golpe húmedo de mis huevos contra su coño mojado, sus gemidos desesperados y cómo me rogaba que se la diera más duro.
—Así, cabrón… ¡¡Más duro, Maro!! ¡¡Más duro!!
Sentí que la verga se me puso tiesa al instante dentro del pantalón militar.
Pero no fue solo el video lo que me dejó frío.
El ángulo no era desde donde yo estaba cogiéndomela. Estaba grabado desde la entrada de la casa. Alguien nos había estado espiando.
El video seguía. Se veía claramente cómo me corría adentro de Mar, cómo mi leche espesa le salía chorreando del coño hinchado. Y al final se escuchaba un gemido grave de hombre corriéndose. El que grababa se había jalado la verga viéndonos.
El mensaje de texto llegó justo después:
Griseo:
Maro, fui yo. Regresé por mi celular olvidado y los encontré. No pude evitar quedarme mirando. Te vi cogiéndote a mi hija como se merece. Le partiste ese coño rico que tiene. La hiciste gemir como la puta que es.
Quiero que sepas que me excité mucho. Me la jalé completa viéndote cómo te la follabas. Me vine como un cabrón mientras veía a mi hijita correrse en tu verga.
No estoy enojado, yerno. Al contrario.
Estoy orgulloso de ti. Sabes cómo tratar a mi hija. Sigue follándotela así de rico. La muy puta lo necesita.
Terminé de leer con la verga completamente dura, palpitando.
No sentí rabia.
No sentí celos.
Sentí una excitación oscura, enferma y jodidamente intensa que me recorrió todo el cuerpo.
Griseo… el Papá de Mar, su propio padrastro, nos había espiado mientras la cogía. Nos había grabado. Se había jalado la verga viendo a su hija siendo follada. Y en lugar de ponerse loco, me estaba felicitando por hacer gozar a su propia hija.
Me bajé el pantalón ahí mismo en el baño y saqué mi verga gruesa. Empecé a jalármela con fuerza mientras reproducía el video otra vez.
Ver a Mar corriéndose, ver cómo le daba nalgadas fuertes, escuchar sus gemidos… y saber que Griseo estaba ahí, escondido, corriéndose mientras nos miraba… me estaba poniendo más caliente que nunca.
Le contesté con una sola mano, mientras con la otra seguía jalándomela:
Maro:
Pinche Griseo… no sé ni qué chingados decirte.
Me pusiste la verga durísima, viejo.
¿De verdad te gustó ver cómo me cogía a tu hija? ¿Te excitó ver cómo le llené el coño de leche?
Griseo:
Me encantó, yerno. Esa puta es tu mujer, pero para mí sigue siendo mi hija. Verte dominarla, ver cómo se corría para ti… me hizo sentir cosas que un padre no debería sentir. Pero ya ves. Soy un viejo enfermo.
Quiero que sigas follándotela duro cuando estés en casa. Y si quieres… algún día puedo contarte cómo era Mar cuando era más joven y vivía conmigo.
Me corrí fuerte.
Disparé chorros gruesos de semen contra la pared del baño mientras veía el video de mi mujer siendo cogida… sabiendo que su propio Papá se la había estado jalando mientras nos espiaba.
Cuando terminé, respiraba como animal.
Esto estaba mal.
Muy mal.
Y sin embargo, nunca me había sentido tan excitado en mi puta vida.
Mar no sabía nada.
Mar no sabía que su Papá nos había grabado.
Mar no sabía que yo ahora compartía esta excitación enferma con su padrastro.
Y yo… yo quería más.
Quería saber hasta dónde podía llegar esta mierda.
CAPÍTULO 3: Para los ojos de Papá
POV MARO
Llegué a casa el viernes por la noche con la verga dura desde que crucé la puerta. Todo el pinche camino desde la base solo pensaba en lo mismo: en el video que Griseo me mandó, en cómo se jaló la verga viendo a su propia hija gemir como puta, y en que ahora yo iba a hacer algo mucho peor.
Mar estaba en la sala con Diego en brazos, dándole pecho. Se veía tan inocente, tan de mamá… y eso solo me ponía más cabrón.
—Maro, llegaste temprano —dijo sonriendo, sin tener la menor idea de lo que le esperaba.
No le contesté con palabras. Solo le quité al niño de los brazos, lo puse en el corralito y le hablé claro:
—Sube al cuarto. Ahora. Desnúdate y espérame en la cama.
Ella me miró sorprendida, pero conocía ese tono. Se mordió el labio y obedeció.
Cuando entré al cuarto, Mar ya estaba completamente desnuda sobre la cama. Sus tetas pequeñas todavía tenían un poco de leche en los pezones. Me acerqué con la venda negra en la mano y se la puse sobre los ojos sin pedir permiso.
—Maro… ¿qué te pasa hoy? —preguntó con la voz temblorosa.
—Cállate.
Le agarré las muñecas y las até con mi cinturón militar al cabecero de la cama. Bien apretado. Quedó completamente expuesta, con las piernas abiertas y el coño ya empezando a mojar.
Saqué el celular, activé la cámara y lo puse en un trípode que ya había preparado. Enfoqué perfectamente su cara, sus tetas y su coño. Griseo iba a ver todo con lujo de detalle.
Me desnudé y me subí a la cama. Mi verga estaba hinchada, morada, con venas marcadas. La agarré de las caderas y, sin preámbulos, se la metí de un solo golpe hasta el fondo.
—¡¡Ahhh!! —gritó Mar, arqueando la espalda.
Empecé a cogérmela como animal. Duro. Brutal. Cada embestida hacía que sus tetitas rebotaran y que un poco de leche le saliera de los pezones.
Mientras me la follaba, no dejaba de imaginarme a Griseo. Al viejo escondido en la puerta, igual que la otra vez, jalándose esa verga gruesa mientras veía a su “hija” siendo partida en dos.
—Estás más mojada que nunca, puta —le gruñí mientras le daba nalgadas fuertes—. ¿Sabes por qué? Porque en el fondo te gusta que te traten como la perra que eres.
Mar gemía sin control. Con los ojos vendados y las manos atadas se veía todavía más vulnerable. Le metí dos dedos en la boca para que los chupara mientras seguía partiéndole el coño.
—Chúpame los dedos como si fuera la verga de tu Papá —le solté de repente.
Ella se tensó un segundo, pero luego chupó con más ganas, gimiendo alrededor de mis dedos. Eso me puso todavía más loco.
Saqué la verga, la volteé como muñeca y la puse en cuatro. Le agarré el cabello con fuerza y se la volví a meter, follándola tan duro que la cabecera golpeaba contra la pared. El sonido de mi pelvis chocando contra sus nalgas llenaba todo el cuarto.
—Dile a la cámara cómo te gusta que te cojan, Mar —le ordené.
—Me… me gusta que me cojas duro… ¡¡Me encanta ser tu puta!! —gritó entre gemidos.
Me imaginé a Griseo viendo este video. Imaginé su cara mientras veía a su hijastra atada, vendada y siendo usada como un pedazo de carne. Eso me llevó al límite.
Le metí la verga hasta el fondo y me corrí como un animal, inundándole el coño con chorros espesos de leche. Mar se corrió también, temblando y apretándome la verga con su coño.
Cuando terminé, saqué la verga lentamente. El semen blanco le escurría por los muslos morenos. Tomé varios close-ups bien detallados: su cara vendada, sus tetas con leche, su coño destruido y chorreando.
Después desaté a Mar, le quité la venda y la besé en la frente como si nada.
—Descansa, mi amor —le dije suave.
Ella solo asintió, agotada y confundida.
Yo, en cambio, me fui al baño, edité el video para que se viera completo y sin censura, y se lo mandé directamente a Griseo con un mensaje:
Maro:
Para que no solo imagines, Papá.
Aquí tienes a tu hija bien cogida.
La até, la vendé y la partí en dos pensando en que nos estabas viendo.
Disfrútalo.
La próxima vez que vengas a “cenar”, avísame. A lo mejor te dejo mirar en vivo.
Enviar.
CAPÍTULO 4: Leche de mi hija
POV GRISEO
Estaba sentado en mi sillón favorito, con la casa en silencio porque Laura se había ido a dormir temprano. El celular vibró sobre la mesa y vi el nombre de Maro.
Solo el nombre ya me puso la verga dura.
Abrí el mensaje y casi se me cae el teléfono.
Era un video. Más de seis minutos. El título que puso Maro era claro: “Para que no solo imagines, Papá.”
Hijo de la chingada.
Me acomodé mejor en el sillón, me bajé los pantalones hasta los tobillos y saqué mi verga gruesa y venosa. Ya estaba completamente erecta solo de imaginar lo que iba a ver. Le di play.
Ahí estaba mi hija.
Mar, mi Mar, completamente desnuda, con los ojos vendados con una tela negra y las muñecas atadas al cabecero de la cama con un cinturón militar. Se veía tan pequeña, tan vulnerable… tan puta.
Maro no perdió el tiempo. La agarró de las caderas y se la metió de un solo golpe brutal. El gemido que soltó mi hija me llegó hasta los huevos.
— ¡¡Ahhh!! —gritó ella.
El sonido de la verga entrando y saliendo de su coño mojado era obsceno. Se escuchaba perfectamente cómo le escurría el jugo por los muslos. Maro la estaba partiendo en dos, dándole nalgadas tan fuertes que las nalgas morenas de mi hija se ponían rojas.
Mientras veía el video, empecé a jalármela despacio, saboreando cada segundo.
—Chúpame los dedos como si fuera la verga de tu Papá —le ordenó Maro.
Mar obedeció como una puta bien entrenada. Chupaba y gemía alrededor de sus dedos mientras su marido la cogía como animal. Verla así, atada, vendada y siendo usada… sabiendo que era mi propia hija… me estaba volviendo loco.
Me escupí en la mano y empecé a jalármela más rápido. Tenía la verga hinchada, morada, goteando precum como si fuera un adolescente.
Maro la volteó en cuatro, le jaló el cabello con fuerza y siguió follándosela como si quisiera romperla. Las tetitas de Mar rebotaban, y en un momento se le escapó un chorrito de leche de los pezones por lo fuerte que la estaba cogiendo.
—Puta… mi puta… —gruñía Maro en el video.
—Soy tu puta… ¡¡Soy tu puta!! —gritaba ella entre gemidos.
Me imaginé que era yo el que la estaba partiendo. Que era mi verga la que estaba destrozando ese coño que yo mismo ayudé a criar. Que era yo el que le estaba llenando el vientre de leche mientras su marido estaba lejos.
Cuando Maro se corrió adentro de ella, gruñendo como bestia y llenándola hasta que el semen blanco empezó a escurrir por sus muslos morenos, yo también llegué al límite.
—Hija de tu puta madre… —gruñí entre dientes.
Me corrí como un animal. Chorros gruesos, potentes y calientes que me salpicaron hasta el pecho y la panza. Seguí jalándomela mientras veía los close-ups finales: el coño destruido de Mar chorreando semen, su cara vendada con la boca entreabierta, sus pezones mojados de leche.
Cuando el video terminó, me quedé jadeando, con la verga todavía palpitando y toda mi mano llena de leche.
Este cabrón de Maro había entendido perfectamente.
Le escribí con los dedos todavía temblorosos y manchados de semen:
Griseo:
Pinche Maro… acabo de correrme como nunca en mi vida.
Tu video está de la chingada. Ver a mi hija atada, vendada y cogida como perra me puso más caliente que verla en vivo la primera vez.
Esa puta tiene un coño que vuelve loco a cualquiera. Y tú la estás usando como se debe. Me gustó mucho que le dijeras lo de “la verga de tu Papá”. Se nota que a ella también le afectó.
Ahora quiero subir el nivel, yerno.
La próxima vez que tengas que irte de viaje por más de una semana, avísame con tiempo. Quiero ir a la casa cuando Mar esté sola con los niños. Tú vas a dejarme la llave y la cámara encendida. Quiero que me grabes cogiéndome a mi propia hija mientras tú estás lejos.
Quiero que veas cómo su Papá la usa como la puta que siempre ha sido.
¿Estás listo para eso, Maro?
¿Estás listo para que yo le meta la verga a tu mujer mientras tú miras desde el celular?
Espero tu respuesta.
Envié el mensaje, me limpié la leche del pecho con un pañuelo y me quedé mirando la pantalla.
Sabía que esto ya no era un juego.
Esto se estaba convirtiendo en algo mucho más oscuro, más enfermo y más adictivo.
Y tanto Maro como yo ya estábamos demasiado metidos como para parar.
CONTINUARÁ...