Mi mujer, María y yo necesitábamos relajarnos de todo el invierno de duro trabajo. Yo tengo 44 años y ella 42.
Llevaba desde principios de verano buscando casa rural con piscina privada para darle una sorpresa a mi esposa. Después de mucho buscar encontré una casa que se ajustaba a mi idea.
Mi intención era darle una sorpresa a mi mujer, así que, dos días antes de iniciar nuestro fin de semana le comenté que íbamos a una casa a relajarnos y hacer una sesión de fotos que tanto le gusta.
Yo me encargué de hacer mi maleta y preparar vino y cava para esos días. Allí haríamos una barbacoa.
Ella, mientras, se encontraba haciendo su maleta donde no faltaba ni el consolador (negro), ni su vibrador (el destroza clítoris, como así lo llama ella).
Como preparativo de nuestra sesión de fotografía, aproveché la ocasión para llevar una bolsa bien grande de bañadores muy sugerentes, bañadores que usamos para nuestros juegos eróticos.
La casa estaba reservada para todo un fin de semana de mediados del mes de julio, la época de más calor.
Cuando llegamos al pueblo, el encargado de la finca nos estaba esperando para entregarnos la llave, marchándose rápidamente del lugar.
La casa era muy grande, un molino antiguo, al lado de un arroyo con agua y una piscina privada como decía el anuncio.
Entramos en la casa, dejamos las cosas y aprovechamos para pasar la tarde en la piscina. Ver a mi mujer desnuda en la piscina, era el avance lo que vendría los días siguientes. Me excitaba mucho esa situación y ella se encontraba muy a gusto y relajada.
Durante la tarde de nuestra llegada todo fueron risas, abrazos, besos y hacer el amor. Más tarde salimos al pueblo y cenamos románticamente, regresando a casa para dormir.
En más de una ocasión mi mujer me mostró su preocupación de que a la finca se podía entrar simplemente empujando la verja.
Por ello me puse en contacto con el encargado de la finca y nos dijo que allí no entraba nadie, que el pueblo era muy seguro, quedándome yo más tranquilo. También nos comentó que la casa estaba sin ocupar los dos días posteriores a nuestra reserva manifestándonos que, si queríamos ampliar algún día más, sólo se lo teníamos que decir. Él, junto a su mujer, se encargaban de mantener limpia la finca para los huéspedes. Durante esa breve charla, me manifestó que tenía un hijo, de nombre Alberto y una hija de nombre Eva, de 22 y 20 años respectivamente, y que mientras la finca no estaba ocupada, ellos hacían uso de la misma.
Casualmente, una de las noches que salimos a cenar, pasamos por delante de la puerta de su casa y pudimos conocer a los muchachos. El chico, alto y fibroso y la chica, también alta, de melena larga morena, de pechos grandes y duros que se dejaban ver a través de las trasparencias de su camiseta blanca, puesto que no llevaba sujetador.
Mi mujer y yo nos encontramos muy relajados en dicho entorno, por ello, le envié un mensaje al encargado de la finca para manifestarle la intención de quedarnos un día más.
Ese día, desayunamos y como habitualmente hacía mi mujer se desnudó para tomar el sol en la piscina.
Yo le sugerí hacer nuestra sesión fotográfica, y poco a poco se fue cambiando bañador mientras yo le hacía las correspondientes fotos. Entrando y saliendo de la piscina con esos bañadores tan sumamente minúsculos que dejaba ver su coño y parte de sus pezones. Decir que tiene un cuerpazo, es delgada, con una talla 100 de pecho y 1,75 de altura.
Auto DENIEGA adopción medida cautelar coetánea al proceso principal
Yo, al verla cambiarse, me ponía cada vez más cachondo y notaba cómo mi polla iba a reventar el bañador, así que me tuve que meter en el agua para poder contenerme. Ya llevábamos unas copitas de vino y junto al calor, hicieron el cóctel perfecto para qué mi mujer se masturbara por primera vez esa mañana. Se encontraba tan relajada qué se corrió rápidamente.
Mientras tanto, yo observaba atentamente como se masturbaba desde la piscina, impaciente, haciendo amago de acercarme a ella.
Ni te acerques, quiero masturbarme yo sola y comerme mi polla negra y metérmela en mi coño. Tú quédate ahí y observas. Sólo quiero tocarme……
La vi correrse hasta dos veces. Mientras, yo tenía la polla que me iba a reventar.
Mientras ella estaba ocupada tocándose y acariciándose las tetas, escuché dos personas hablando que se acercaban hacia la piscina de la casa, sin darle mayor importancia al asunto, pensando que era gente haciendo senderismo por el arroyo.
Mientras mi mujer estaba tocándose el clítoris, aparecieron en la piscina los dos hijos el encargado, él en bañador y ella en bikini. Al parecer el padre no les comentó que nos quedábamos un día más, con lo que tanto ellos, como nosotros, nos quedamos sorprendidos.
La situación era tan sumamente caliente, hecho que hizo que los chicos se quedaran bloqueados. De repente, se hizo el silencio y se escuchó en voz baja, como el chico exclamó a su hermana
Uff, Eva, qué hacemos……
Este hecho, hizo a mi mujer reaccionar rápidamente, levantándose para coger de la mano al chico, tocarle su polla a través del bañador, llevárselo a la mesa del jardín y una vez tumbada sobre la mesa, cogerle la cabeza, llevando la boca de Alberto hacia su coño empapado.
Alberto pasaba su lengua sin pausa, una y otra vez por el coño de María, lamiéndola y haciéndola gemir. Se había entregado completamente a él. María abría sus piernas para que el chico le metiera su lengua hasta el fondo.
Mientras tanto, su hermana que se encontraba observando la situación, se acercó por su espalda y le bajó el bañador a su hermano, no sin dificultad, dado que tenía la polla excesivamente dura, moviéndole acto seguido, el rabo adelante y atrás.
Me excitaba ver aquello, sin embargo, me fastidiaba que mi mujer se levantase tan rápidamente a cogerle la mano a aquel joven chico. Estaba claro que tenía ganas de sexo y hoy era su día. Alberto quiso también disfrutar del coño de una mujer madura, y pasaba la lengua por su clítoris insistentemente, mientras le acariciaba las tetas.
Aproveché y salí de la piscina con una erección considerable. La chica se encontraba totalmente absorta ante la situación, momento que aproveché para acercarme a ella por detrás, desenganchándole la parte superior del bikini, dejándose ver las tetas……..ella, ni se inmutó, dado que estaba entretenida, viendo como su hermano le comía el coño a mi mujer.
Yo seguía a lo mío y le bajé la braguita hasta los tobillos, quedándose totalmente desnuda, pudiendo observar cómo su coñito desprendía flujo por su entrepierna, no pude remediar que mi verga rozara su duro culo. Metí mis dedos en su coñito totalmente mojado y se le pusieron los pezones tiesos de placer.
Mientras tanto, mi mujer se levantó de la mesa, se puso de rodillas y se introdujo la polla del Alberto en su boca, comiéndole el rabo en repetidas ocasiones. La escena cada vez ponía más cachondo a su hermana, que también se arrodilló frente a mí para comerme la polla. La niña, aun siendo joven, tenía experiencia y la chupaba con placer . Sin embargo, el chaval parecía más tímido.
El chico se corrió en la boca de mi mujer, tragándoselo todo.
El chaval sólo tardó unos segundos en coger a mi mujer y empotrársela contra la hamaca, introduciéndole el rabo en su coño mientras ella se comía su dildo negro repetidamente. Gemía como una perra en celo.
La hermana, viendo la escena, me cogió de la mano y se acercó a la hamaca aprovechando que mi mujer se encontraba boca arriba, le quitó el dildo y le puso su coño en la boca de mi mujer, mientras que la joven me seguía comiendo el rabo.
De repente, se levanta y puso el dildo en el suelo para a follárselo con dureza, mientras me comía la polla, me tira al suelo e introduce mi rabo en su coño.
Unos minutos más tarde de estar follando los dos, se levanta y se va hacia su hermano, le saca la polla del coño de mi mujer y comienza a lamérsela, de arriba abajo una y otra vez.
El chaval totalmente caliente, pone su hermana 4 patas y se la folla hasta correrse en su culo.
Yo me dirijo a mi mujer y le meto el nabo en el coño y termino corriéndome en su interior.
Estuvimos follando durante dos horas sin parar.
FIN
Llevaba desde principios de verano buscando casa rural con piscina privada para darle una sorpresa a mi esposa. Después de mucho buscar encontré una casa que se ajustaba a mi idea.
Mi intención era darle una sorpresa a mi mujer, así que, dos días antes de iniciar nuestro fin de semana le comenté que íbamos a una casa a relajarnos y hacer una sesión de fotos que tanto le gusta.
Yo me encargué de hacer mi maleta y preparar vino y cava para esos días. Allí haríamos una barbacoa.
Ella, mientras, se encontraba haciendo su maleta donde no faltaba ni el consolador (negro), ni su vibrador (el destroza clítoris, como así lo llama ella).
Como preparativo de nuestra sesión de fotografía, aproveché la ocasión para llevar una bolsa bien grande de bañadores muy sugerentes, bañadores que usamos para nuestros juegos eróticos.
La casa estaba reservada para todo un fin de semana de mediados del mes de julio, la época de más calor.
Cuando llegamos al pueblo, el encargado de la finca nos estaba esperando para entregarnos la llave, marchándose rápidamente del lugar.
La casa era muy grande, un molino antiguo, al lado de un arroyo con agua y una piscina privada como decía el anuncio.
Entramos en la casa, dejamos las cosas y aprovechamos para pasar la tarde en la piscina. Ver a mi mujer desnuda en la piscina, era el avance lo que vendría los días siguientes. Me excitaba mucho esa situación y ella se encontraba muy a gusto y relajada.
Durante la tarde de nuestra llegada todo fueron risas, abrazos, besos y hacer el amor. Más tarde salimos al pueblo y cenamos románticamente, regresando a casa para dormir.
En más de una ocasión mi mujer me mostró su preocupación de que a la finca se podía entrar simplemente empujando la verja.
Por ello me puse en contacto con el encargado de la finca y nos dijo que allí no entraba nadie, que el pueblo era muy seguro, quedándome yo más tranquilo. También nos comentó que la casa estaba sin ocupar los dos días posteriores a nuestra reserva manifestándonos que, si queríamos ampliar algún día más, sólo se lo teníamos que decir. Él, junto a su mujer, se encargaban de mantener limpia la finca para los huéspedes. Durante esa breve charla, me manifestó que tenía un hijo, de nombre Alberto y una hija de nombre Eva, de 22 y 20 años respectivamente, y que mientras la finca no estaba ocupada, ellos hacían uso de la misma.
Casualmente, una de las noches que salimos a cenar, pasamos por delante de la puerta de su casa y pudimos conocer a los muchachos. El chico, alto y fibroso y la chica, también alta, de melena larga morena, de pechos grandes y duros que se dejaban ver a través de las trasparencias de su camiseta blanca, puesto que no llevaba sujetador.
Mi mujer y yo nos encontramos muy relajados en dicho entorno, por ello, le envié un mensaje al encargado de la finca para manifestarle la intención de quedarnos un día más.
Ese día, desayunamos y como habitualmente hacía mi mujer se desnudó para tomar el sol en la piscina.
Yo le sugerí hacer nuestra sesión fotográfica, y poco a poco se fue cambiando bañador mientras yo le hacía las correspondientes fotos. Entrando y saliendo de la piscina con esos bañadores tan sumamente minúsculos que dejaba ver su coño y parte de sus pezones. Decir que tiene un cuerpazo, es delgada, con una talla 100 de pecho y 1,75 de altura.
Auto DENIEGA adopción medida cautelar coetánea al proceso principal
Yo, al verla cambiarse, me ponía cada vez más cachondo y notaba cómo mi polla iba a reventar el bañador, así que me tuve que meter en el agua para poder contenerme. Ya llevábamos unas copitas de vino y junto al calor, hicieron el cóctel perfecto para qué mi mujer se masturbara por primera vez esa mañana. Se encontraba tan relajada qué se corrió rápidamente.
Mientras tanto, yo observaba atentamente como se masturbaba desde la piscina, impaciente, haciendo amago de acercarme a ella.
Ni te acerques, quiero masturbarme yo sola y comerme mi polla negra y metérmela en mi coño. Tú quédate ahí y observas. Sólo quiero tocarme……
La vi correrse hasta dos veces. Mientras, yo tenía la polla que me iba a reventar.
Mientras ella estaba ocupada tocándose y acariciándose las tetas, escuché dos personas hablando que se acercaban hacia la piscina de la casa, sin darle mayor importancia al asunto, pensando que era gente haciendo senderismo por el arroyo.
Mientras mi mujer estaba tocándose el clítoris, aparecieron en la piscina los dos hijos el encargado, él en bañador y ella en bikini. Al parecer el padre no les comentó que nos quedábamos un día más, con lo que tanto ellos, como nosotros, nos quedamos sorprendidos.
La situación era tan sumamente caliente, hecho que hizo que los chicos se quedaran bloqueados. De repente, se hizo el silencio y se escuchó en voz baja, como el chico exclamó a su hermana
Uff, Eva, qué hacemos……
Este hecho, hizo a mi mujer reaccionar rápidamente, levantándose para coger de la mano al chico, tocarle su polla a través del bañador, llevárselo a la mesa del jardín y una vez tumbada sobre la mesa, cogerle la cabeza, llevando la boca de Alberto hacia su coño empapado.
Alberto pasaba su lengua sin pausa, una y otra vez por el coño de María, lamiéndola y haciéndola gemir. Se había entregado completamente a él. María abría sus piernas para que el chico le metiera su lengua hasta el fondo.
Mientras tanto, su hermana que se encontraba observando la situación, se acercó por su espalda y le bajó el bañador a su hermano, no sin dificultad, dado que tenía la polla excesivamente dura, moviéndole acto seguido, el rabo adelante y atrás.
Me excitaba ver aquello, sin embargo, me fastidiaba que mi mujer se levantase tan rápidamente a cogerle la mano a aquel joven chico. Estaba claro que tenía ganas de sexo y hoy era su día. Alberto quiso también disfrutar del coño de una mujer madura, y pasaba la lengua por su clítoris insistentemente, mientras le acariciaba las tetas.
Aproveché y salí de la piscina con una erección considerable. La chica se encontraba totalmente absorta ante la situación, momento que aproveché para acercarme a ella por detrás, desenganchándole la parte superior del bikini, dejándose ver las tetas……..ella, ni se inmutó, dado que estaba entretenida, viendo como su hermano le comía el coño a mi mujer.
Yo seguía a lo mío y le bajé la braguita hasta los tobillos, quedándose totalmente desnuda, pudiendo observar cómo su coñito desprendía flujo por su entrepierna, no pude remediar que mi verga rozara su duro culo. Metí mis dedos en su coñito totalmente mojado y se le pusieron los pezones tiesos de placer.
Mientras tanto, mi mujer se levantó de la mesa, se puso de rodillas y se introdujo la polla del Alberto en su boca, comiéndole el rabo en repetidas ocasiones. La escena cada vez ponía más cachondo a su hermana, que también se arrodilló frente a mí para comerme la polla. La niña, aun siendo joven, tenía experiencia y la chupaba con placer . Sin embargo, el chaval parecía más tímido.
El chico se corrió en la boca de mi mujer, tragándoselo todo.
El chaval sólo tardó unos segundos en coger a mi mujer y empotrársela contra la hamaca, introduciéndole el rabo en su coño mientras ella se comía su dildo negro repetidamente. Gemía como una perra en celo.
La hermana, viendo la escena, me cogió de la mano y se acercó a la hamaca aprovechando que mi mujer se encontraba boca arriba, le quitó el dildo y le puso su coño en la boca de mi mujer, mientras que la joven me seguía comiendo el rabo.
De repente, se levanta y puso el dildo en el suelo para a follárselo con dureza, mientras me comía la polla, me tira al suelo e introduce mi rabo en su coño.
Unos minutos más tarde de estar follando los dos, se levanta y se va hacia su hermano, le saca la polla del coño de mi mujer y comienza a lamérsela, de arriba abajo una y otra vez.
El chaval totalmente caliente, pone su hermana 4 patas y se la folla hasta correrse en su culo.
Yo me dirijo a mi mujer y le meto el nabo en el coño y termino corriéndome en su interior.
Estuvimos follando durante dos horas sin parar.
FIN