Kassandra era una diosa terrenal de 22 años, su nombre ya sonaba a pecado, y su cuerpo lo confirmaba, rubia natural con una melena dorada y brillante que caía en ondas perfectas hasta la mitad de su espalda, medía solo 155 cm, pero su estatura era lo único pequeño que tenía, cada centímetro estaba diseñado para volver locos a los hombres, sus senos eran enormes, redondos, firmes y naturales, dos melones pesados que desafiaban la gravedad, tenía el estómago plano, cintura de avispa, caderas anchas y un culo grande, jugoso, redondo y perfectamente levantado que se movía hipnóticamente con cada paso, todo un regalo de la naturaleza, no se preocupaba de lo que comía o bebía, nunca ha pisado un gimnasio y aun así, su cuerpo es todo un sueño húmedo.
Su rostro era pura inocencia engañosa: ojos grandes color miel con pestañas largas, nariz pequeña, labios carnosos y mejillas suaves que se sonrojaban con facilidad, parecía una muñeca angelical… pero Kassandra no tenía nada de inocente, disfrutaba de su juventud al máximo, de su cuerpo y de todo el placer que podía extraer de él, se arreglaba con devoción casi religiosa, su apariencia era su mayor arma y su mayor placer, jamás salía de casa sin el pelo impecable, el maquillaje perfecto y una ropa que gritara sexo sin decir una palabra.
Le encantaba que la miraran, que la desearan, que envidiaran al hombre que la llevaba del brazo y ser el trofeo más deseado de la noche era uno de sus mayores vicios.
Desde hacía unas semanas salía con Roberto, un hombre de 53 años, locatario de la zona, para ella era “todo un viejo”, pero no le importaba, no le molestaba en absoluto. El la consentía como nadie: ropa, bolsos, perfumes y la llevaba a buenos lugares, nada muy lujoso, pero le bastaba. A cambio, Kassandra le daba su cuerpo joven y caliente sin restricciones, solo dos días después de conocerse ya estaban follando y aunque la polla de Roberto era más bien pequeña y sus habilidades sexuales mediocres, ella disfrutaba como loca del sexo, sabía apretar su coñito depilado en el momento justo, mover las caderas en círculos con habilidad gimnastica, gemir como una puta cara y correrse con facilidad. Para Kassandra, cada polvo era una oportunidad de sacar el máximo placer posible, sin importar con quién y siempre lo conseguía.
Esa noche Roberto la invitó a una fiesta con sus amigos, a Kassandra no le apetecía nada pasar la noche rodeada de más viejos, con uno ya tenía suficiente, pero aceptó, porque sabía que ninguno de ellos llevaría una chica como ella y a Roberto le gustaba presumirla y eso era adictivo para Kassandra.
Se preparó durante casi dos horas, se puso una blusa roja brillante, tan apretada que parecía una segunda piel, el escote era profundo y generoso, dejando ver el borde de un diminuto sostén de encaje rojo que apenas lograba contener sus enormes tetas, también eligió una falda de mezclilla ajustada, no demasiado corta, pero lo suficientemente provocadora como para que, si se agachara, el comienzo de su culo quedara completamente expuesto, debajo llevaba un conjunto infernal: ligueros rojos de encaje, medias transparentes del mismo color y una tanguita roja tan pequeña que apenas cubría su coño suave y rosado. Remató el look con unos tacones rojos de aguja de 12 centímetros que hacían que su culo se elevara aún más y sus piernas se vieran infinitas.
Cuando Roberto la vio salir de su departamento, se quedó sin aliento.
— Joder, Kassy… vas a matarlos a todos — murmuró con la voz ronca.
Ella sonrió con esa carita de ángel y le dio un beso lento en los labios.
— Esa es la idea, papi, quiero que tus amigos se mueran de envidia, y vean al tremendo mujeron que te estas follando.
Caminaron a la casa de su amigo donde seria la fiesta, mientras Roberto sobaba con total descaro el trasero de Kassandra por sobre la falda.
Al llegar al lugar, era un departamento no muy grande, en una zona de clase media, nada lujoso, Kassandra entró contoneando las caderas, el tacón resonaba con autoridad sobre el piso, en cuanto cruzó la puerta, sintió las miradas, cinco hombres, todos entre 56 y 64 años, se encontraban en la sala.
Al avanzar unos pasos su sonrisa coqueta empezó a desdibujarse, aquello no parecía una fiesta en absoluto, no había música, ni luces de colores, ni mesa con comida o bebida para invitados, solo un pequeño departamento de sala-comedor bastante modesto, con muebles viejos y un sofá grande de cuero negro que ocupaba casi todo el espacio, todo arreglado como lo esperarías de un departamento de soltero de un cincuentón.
Con siete personas dentro —ella y los seis hombres— el lugar se sentía diminuto, casi asfixiante, como si las paredes se cerraran sobre ellos.
Todos los viejos tenían vasos de whisky en mano, cigarros y conversaciones que se cortaron de golpe al verla, el silencio fue casi reverencial, Kassandra recorrió la habitación con sus ojos grandes e inocentes, decepcionada, pero por dentro sentía esa satisfacción que le daba ser el centro de atención, todos la estaban devorando: sus tetas enormes apretadas en la blusa roja, su cintura, sus caderas anchas, ese culo que parecía hecho para ser agarrado con fuerza, podía sentir el deseo crudo en el aire. Algunos ni siquiera disimulaban, bajaban la mirada directamente a su escote o a sus piernas.
Roberto, orgulloso como un pavo real, la tomó por la cintura con posesión y la presentó:
— Hola muchachos, llegamos. Ella es Kassandra, mi novia.
Los hombres murmuraron saludos, algunos con la voz más ronca de lo normal, uno de ellos, un tipo calvo y corpulento de unos 60 años, no pudo evitar que se le escapara una mirada hambrienta hacia sus senos, otro se ajustó discretamente el pantalón, Kassandra sonrió con dulzura, como si no se diera cuenta del efecto que causaba, pero por dentro estaba encantada, lo notaba todo, le fascinaba esto, le gustaba ser la fantasía de todos esos viejos que probablemente no habían visto un cuerpo tan joven y perfecto en años o tal vez nunca. Se sentó con elegancia en el sofá que Roberto le indicó, cruzando las piernas lentamente, dejando que la falda se subiera un poco y revelara el encaje rojo de las medias en sus muslos suaves, sabía que más de uno ya estaba imaginando qué había debajo de esa ropa.
Sus ojos miel recorrieron la habitación y se detuvieron en la mesa del centro, dos cámaras de video semiprofesionales montadas en trípodes pequeños apuntaban directamente hacia el sofá.
— Oye, Roberto… —dijo Kassandra bajando la voz, acercándose a él—. Me dijiste que esto era una fiesta ¿a qué hora comienza?
Los cinco hombres soltaron una risa ronca y cómplice al mismo tiempo, Roberto también rio, claramente divertido por su confusión.
Uno de los amigos, un tipo calvo y flaco de más de 60 años con camisa abierta que revelaba el pelo gris de su pecho, respondió con una sonrisa lobuna:
— Pero de que hablas preciosa, la fiesta ya está aquí — Dijo uno de los viejos.
Kassandra decepcionada y claramente confundida, dijo:
— Ah, ok… y… ¿a que hora llegan los demás invitados?
Nuevamente risas llenaron el departamento.
— Ya llegamos todos los que vamos a disfrutar “la fiesta”— Dijo otro de los viejos.
Kassandra parpadeó, más confundida aún, su carita de muñeca inocente mostraba genuina extrañeza, Roberto se sentó a su lado y la tomó suavemente por la cintura y le habló cerca del oído:
— Tú eres la fiesta, cariño.
Kassandra sintió un escalofrío recorrerle la espalda, una mezcla de miedo y una curiosidad peligrosa le subió por el estómago, antes de que pudiera decir algo más, otro de los amigos, un hombre alto y muy delgado de cabello canoso mal teñido de rubio, le sonrió y le preguntó:
— ¿Quieres ver qué hicimos con la última fiesta?
Kassandra dudó solo un segundo, su corazón latía rápido, pero la curiosidad pudo más, con esa vocecita suave y casi angelical respondió:
— …Sí.
Le acercaron uno de los monitores de las cámaras y presionaron play, en la pantalla apareció inmediatamente una mujer de unos 45 años, de cuerpo voluptuoso, con buenas tetas y culo grande, pero claramente inferior al de Kassandra, estaba completamente desnuda, arrodillada sobre un sofá, chupaba con ganas una polla gruesa, metiéndosela hasta la garganta mientras gemía, segundos después, otro hombre entró por detrás de ella, le abrió las nalgas y la penetró de un solo empujón, la mujer soltó un grito ahogado de placer y empezó a moverse como loca entre los dos, la cámara captaba perfectamente cómo sus tetas se balanceaban y cómo su cara se deformaba de gusto. Kassandra reconoció enseguida el lugar, el mismo sofá, la misma lámpara de pie, las mismas cortinas, en lugar de asustarse o mostrar vergüenza como cualquier chica normal habría hecho, Kassandra sintió un calor entre las piernas, una sonrisa lenta y traviesa se dibujó en sus labios carnosos.
— Oigan… —dijo con voz suave pero cargada de curiosidad—, ¿todos ustedes se follaron a esta chica?
Los hombres sonrieron con satisfacción, Roberto se sentó a su lado en el sofá, pasó una mano por su muslo suave y subió lentamente por debajo de la falda de mezclilla, acariciando el encaje de las medias rojas. Acercó su boca al oído de la rubia y le susurró con voz ronca:
— Sí, amor… Eso es lo que hacemos cuando llevamos “la fiesta” a casa de mis amigos, las invitamos, las grabamos y nos divertimos con ellas todo lo que queremos.
Kassandra respiró más profundo, sus enormes senos subían y bajaban dentro de la blusa roja apretada, podía sentir las miradas hambrientas de los seis hombres recorriendo su cuerpo: sus tetas a punto de reventar el escote, sus caderas prominentes, ese culo jugoso que apenas cabía en la falda, el ambiente en la pequeña sala se había vuelto denso, cargado de deseo y testosterona, mordió suavemente su labio inferior, todavía con esa carita de inocencia que contrastaba con la situación. Su coñito, cubierto apenas por la diminuta tanga roja, ya empezaba a humedecerse.
— ¿Y… qué piensan hacer conmigo? —preguntó casi en un susurro, mirando de reojo a Roberto mientras este seguía acariciando su pierna cada vez más arriba.
Los hombres se quedaron en silencio un segundo, disfrutando el momento, Roberto sonrió contra su oreja y le apretó el muslo con fuerza.
— Lo que tú nos dejes hacerte, Kassandra… y por cómo te ves, creo que nos vas a dejar hacerte de todo.
Kassandra no era fácil de asustar, lejos de incomodarse o asustarse, se acomodó mejor en el sofá y siguió mirando el video con atención, casi como si fuera una película normal, en la pantalla, la mujer estaba en plena acción, los gemidos crudos y desesperados de la película llenaban la pequeña sala.
— Miren cómo se la metió Carlos ahí —comentó uno de los hombres con orgullo, señalando la pantalla—. Le entró hasta el fondo de una.
— Esa toma quedó brutal —añadió el calvo corpulento, claramente el más técnico—. El zoom cuando le abrí las nalgas quedó perfecto, se ve todo.
Otro rio y agregó con satisfacción:
— La cabrona era una folladora de primera, se corrió como tres veces y pedía más y más, la muy puta.
Kassandra escuchaba todo con una sonrisita traviesa en los labios, respirando agitadamente, sudando, Roberto se pegó más a ella y empezó a tocarla con descaro, su mano gruesa subió por su muslo, metiéndose debajo de la falda de mezclilla hasta rozar el liguero rojo de encaje, ella volteó la mirada hacia la otra cámara que estaba sobre la mesa, con la lucecita roja encendida.
— Entonces… ¿ustedes graban a todas las chicas que traen? —preguntó con curiosidad genuina.
— Claro que sí —respondió uno de ellos sonriendo—. Para recordar los buenos momentos.
Kassandra soltó una risita suave y miró directamente a la cámara.
— Entonces… ¿me están grabando a mí en este momento? — Dijo con picardía, apretando las piernas
Los seis hombres sonrieron al mismo tiempo.
— Sí, princesa. Te estamos grabando —confirmó Roberto.
Kassandra sonrió aún más al verse reflejada en el lente de la cámara, no era la primera vez que la grababan, ni mucho menos, con todo el sexo que había tenido a sus 22 años, seguramente existían decenas de videos suyos, follando en distintas situaciones y eso solo la excitaba más.
— Pero aún no saben si voy a aceptar ser una de sus “amiguitas”… —dijo con voz juguetona, mordiéndose el labio inferior.
Parecería como si Roberto hubiera hecho una apuesta grande trayéndola y proponerle tan pronto un gangbang, pero en realidad no estaba apostando a ciegas, durante sus encuentros sexuales, Kassandra le había confesado entre gemidos cómo había participado en varios tríos con dos hombres a la vez y lo mucho que había disfrutado sintiéndose usada, cuando le contaba sobre esto, ella tenia un orgasmo casi de inmediato solo por recordarlo, el sabía perfectamente lo depravada y caliente que era su joven novia, y que esta apuesta estaba ganada.
La respiración de Kassandra ya se había vuelto más agitada, incluso se podía escuchar en la habitación, sus mejillas estaban ligeramente ruborizadas y, aunque ellos aún no lo notaban, su coñito estaba empapando la diminuta tanga roja, el calor entre sus piernas crecía y aumentaba a cada momento.
Roberto entonces, hizo una ultima jugada, le susurró al oído mientras le acariciaba el muslo:
— Si no quieres, no te obligo a nada, amor. Si prefieres nos vamos a comer y ya.
Kassandra volteó a mirarlo con esa carita de ángel pervertido y respondió con voz baja y cargada de intención:
— Tal vez… tengo mucha hambre, tal vez podría comer… algo de carne jugosa y dura. — Mientras decía eso se mordió el labio con fuerza y paseó su mirada lentamente por todos los hombres que la rodeaban.
Los gemidos de la chica del video no habían parado ni un segundo; seguía gritando y pidiendo que la follaran más duro, Kassandra empezó a hablar con Roberto como si estuvieran en una plática normalísima, casi como si acabara de conocer a sus amigos en un café:
— ¿Y ustedes se conocen desde hace mucho? —preguntó con inocencia fingida—. ¿Todos están casados o tienen novia?
— Ninguno estamos casado ya —respondió uno riendo—. Estamos libres y tranquilos para divertirnos.
La conversación seguía fluyendo de forma casual, pero la fiesta ya había comenzado de verdad, Roberto metió la mano completa debajo de la blusa roja apretada y agarró uno de sus enormes senos con descaro, apretándolo y masajeándolo por encima del sostén de encaje. Kassandra soltó un suave gemidito, otro de los hombres se acercó por el lado izquierdo y empezó a sobarle la pierna con la mano, subiendo poco a poco por el encaje de las medias. Un tercero se sentó en el brazo del sofá y jugaba con su larga melena rubia, acariciándola y enredando sus dedos entre los mechones dorados, Kassandra seguía con la mirada fija en el video, respirando cada vez más pesado, mientras sentía cómo seis pares de ojos y varias manos empezaban a reclamar su cuerpo joven y espectacular.
Casi por reflejo, la mano de Kassandra ya se había deslizado sobre el pantalón de Roberto y sobaba su polla con movimientos lentos y firmes por encima de la tela, sus dedos sentían cómo se endurecía rápidamente. Uno de los hombres señaló la pantalla del video, donde la mujer todavía gemía como loca, y dijo con una risa ronca:
— Ya vieron lo buena mamadora que es la puta esa…
Kassandra, con esa carita inocente y una sonrisa llena de picardía, giro la cabeza, lo miró directamente a los ojos y respondió sin dudar:
— Yo doy mejores mamadas...
Esa frase fue la señal que todos estaban esperando, el hombre que estaba sentado a su izquierda, no esperó ni un segundo, con un tirón fuerte le bajó la blusa hasta la cintura, liberando sus enormes senos que rebotaron pesadamente. El sostén de encaje rojo apenas duró un instante antes de ser bajado también. Se lanzó sobre uno de sus pezones rosados y lo chupó con avidez, mordisqueándolo y succionándolo con fuerza, Roberto sonrió con orgullo y le susurró cerca del oído:
—Cariño, sé amable con mis amigos, demuestra que tienes modales.
Detrás del sofá, dos de los hombres ya se habían puesto de pie, uno a cada lado de Kassandra, tenían las pollas fuera, duras y apuntando hacia su cara, ella sonrió con lujuria, giró la cabeza hacia la derecha y abrió su boquita carnosa para meterse la primera polla, chupó con ganas, moviendo la cabeza y haciendo ruidos húmedos y obscenos, después giró al lado izquierdo y repitió la operación, alternando entre ambas pollas con hambre, babeando y lamiendo los testiculos de uno mientras masturbaba al otro con la mano. Roberto, mientras tanto, se había agachado un poco y atacaba el otro seno de Kassandra, chupando y apretando su teta enorme con fuerza, otro de los hombres se arrodilló frente a ella, le separó las piernas sin pedir permiso y le subió la falda de mezclilla hasta la cintura, movió a un lado la diminuta tanga roja empapada y enterró su cara entre sus muslos, su lengua gruesa empezó a lamerle el coño con desesperación, chupando su clítoris hinchado y metiendo la lengua dentro de ella. Kassandra soltó un gemido ahogado alrededor de la polla que tenía en la boca, otro hombre acomodaba una de las cámaras con cuidado, ajustando el ángulo para captar perfectamente la escena: los enormes senos de Kassandra siendo chupados, su cara alternando entre dos pollas, y el otro comiéndole el coño como si fuera su última comida.
Kassandra estaba excitada como loca, tener seis pollas solo para ella la ponía a mil, no le importaba que fueran viejas, feas, arrugadas, malolientes o que sus dueños tuvieran más edad que su padre, casi la misma que su abuelo, al contrario, por alguna razón eso la ponía todavía más cachonda.
Sentía cómo su coño chorreaba sobre la lengua del hombre que la lamía, sentía su piel arrugada y barba raposa entre sus muslos, mientras ella seguía mamando con entusiasmo, alternando las dos pollas con habilidad y gimiendo como una verdadera puta.
Sus ojos grandes y supuestamente inocentes brillaban de pura lujuria mientras el departamento se llenaba de gemidos, ruidos húmedos y el sonido de la cámara grabando cada segundo de su depravada fiesta.
Kassandra comenzó a gemir cada vez más fuerte, con la voz entrecortada, de repente soltaba gemidos altos y agudos, para luego bajar a unos ahogados y desesperados, se mezclaban con los gemidos de la película de la cámara; pero después la cámara se detuvo y los únicos gemidos que había eran los de ella.
El hombre que tenía entre sus piernas era tremendamente hábil con la lengua, la movía rápido sobre su clítoris, la metía profundamente y chupaba sus jugos sin parar, Kassandra no podía evitar mover las caderas contra su cara. Los hombres, claramente acostumbrados a esto, empezaron a organizarse con eficiencia, rotando posiciones, cambiaron las pollas en la boca de Kassandra por las de otros dos, mientras ella seguía chupando con hambre, alternando entre una y otra.
Todos comenzaron a desnudarse, era una escena casi grotesca por el contraste, seis hombres viejos, la mayoría con grandes panzas, algunos flácidas y otros más prominentes, cuerpos cubiertos de vello canoso en el pecho, la espalda y los testículos, calvos o con poco pelo, algunos con lentes, piel arrugada, manchas de la edad y ese característico olor a viejo que llenaba la pequeña sala, sus pollas, de diferentes tamaños y grosores, ya estaban duras y listas, y en el centro de todo, el cuerpo perfecto, voluptuoso y juvenil de Kassandra: piel tersa y suave, completamente depilada, pezones rosados, vagina rosa e hinchada de excitación, vientre plano y firme, senos enormes y culo jugoso, junto con un perfume dulce y delicado, un contraste absurdo que parecía excitar aún más a los viejos.
Uno de los hombres tomó las piernas de Kassandra con fuerza, las jaló hacia él y la acomodó mejor en el sofá, alineó su polla arrugada y venosa contra su coño y, sin avisar, la penetró de un solo empujón hasta el fondo.
—¡Aaaahhh! —gritó Kassandra de puro placer, abriendo mucho los ojos.
Sentir la polla desnuda, caliente y sin condón entrando en ella la volvió loca en cuestión de segundos, empezó a mover las caderas pidiendo más mientras gemía como una perra en celo, ahora había dos viejos a cada lado de su cabeza, completamente desnudos, con las pollas apuntando directamente a su boca. Kassandra, sin dejar de gemir por la follada que estaba recibiendo, giraba la cabeza de un lado a otro chupando una y luego la otra, babeando abundantemente. Mientras tanto, las manos de los demás no paraban, apretaban y pellizcaban sus enormes senos con rudeza, cada vez con menos control, le torcían los pezones rosados, los estiraban y los soltaban para ver cómo rebotaban sus tetas. Kassandra, lejos de quejarse por el dolor, gemía más fuerte, ese dolor la excitaba brutalmente, los hombres se dieron cuenta rápido y sonrieron con malicia, empezaron a apretar con más fuerza, pellizcando sus tetas con saña, dejando marcas rojas en su piel blanca y perfecta, querían hacerla gritar… y lo conseguían, el jugar ferozmente con sus senos se volvió un reto silencioso entre ellos.
Cambió el turno, los otros tres hombres tomaron sus lugares, ahora otro la penetraba con fuerza, y dos mas recibían una buena mamada, mientras la pellizcaban, apretaban y sobaban sin ninguna contemplación: sus tetas, sus muslos, su cintura, su culo, manos ásperas y viejas recorrían y maltrataban su cuerpo joven, ella gemía y gritaba cada vez más alto, completamente perdida en el placer, en aquella depravada y salvaje fiesta.
Kassandra estaba extasiada, con los ojos entrecerrados y la boca muy abierta, gimiendo sin control alrededor de las pollas.
Los seis hombres reían y conversaban entre ellos como si estuvieran en una reunión cualquiera, comentando lo puta que se veía la rubia y lo bien que se estaba portando, cuando iban a cambiar de posición nuevamente, Roberto se sentó en el centro del sofá con la polla dura y tiesa.
—Ven para acá, puta —ordenó con voz ronca.
Jaló a Kassandra como si fuera una muñeca de trapo, ella se dejó manejar sin resistencia, Roberto la sentó encima de él dándole la espalda, alineó su polla y, de un solo golpe brutal, se la metió hasta el fondo.
—¡Aaaahhh! ¡Joder! —gritó Kassandra, arqueando la espalda. — ¡Siiii! ¡Asiiii! ¡Rico!
Roberto la agarró fuerte de las caderas y empezó a hacerla saltar arriba y abajo con fuerza, sus enormes senos rebotaban salvajemente con cada embestida, dos viejos se subieron al sofá, uno a cada lado, y le pusieron sus pollas en la cara, Kassandra, sin dejar de gemir, abrió la boca y empezó a chuparlos hábilmente, alternando entre ambas, aunque a veces se quedaba sin aire varios segundos, babeando y tosiendo mientras las lágrimas de placer le corrían por las mejillas, la excitación la tenía completamente confundida y sometida, ya no pensaba, solo sentía. Los demás hombres seguían con el juego de maltratar sus tetas al máximo: las apretaban con fuerza bruta, pellizcaban y estiraban sus pezones rosados hasta ponerlos rojos e hinchados, cada pellizco fuerte hacía que Kassandra gritara alrededor de las pollas que tenía en la boca. Los hombres se movían con experiencia, como un equipo bien coordinado.
Cada vez que sacaban una polla de su coño para que entrara otra, Kassandra suplicaba desesperada:
—No… por favor… ¡más polla! ¡No la saquen! ¡Por favor!
Los hombres estallaban en carcajadas y la insultaban sin piedad:
—Mira nada más qué puta tan depravada eres.
—Tan joven y ya eres una zorra insaciable, devoradora de pollas.
—Roberto, eres un mentiroso, esta no es tu novia, trajiste a una puta profesional, cabrón.
Otro hombre se subió al sofá y ahora Kassandra tenía tres pollas rodeándole la cara, ella intentaba chuparlas como podía, lamiendo, besando y metiéndose dos a la vez en la boca, babeando profusamente mientras Roberto la follaba desde abajo, después de varios minutos de esa locura salvaje, de pollas entrando y saliendo de su coño, Kassandra soltó un chillido agudo y largo, su cuerpo entero se tensó y empezó a retorcerse violentamente, se había corrido con fuerza, chorreando alrededor de la polla que la penetraba, tal vez el orgasmo más intenso que había tenido nunca.
Los hombres rieron con burla al verla convulsionar de placer:
—Mírenla, ya se corrió la muy puta.
—Qué fácil se moja esta zorrita y apenas estamos comenzando.
—No pares cabron, sigue metiéndosela, que no termine de chorrear la muy golfa.
No le dieron ni un segundo de descanso, todavía estaba perdida en su orgasmo, cuando otro de los hombres se sentó en el sofá y la jaló hacia él, ahora Kassandra quedó sentada de frente, mirándolo a la cara, mientras él la empalaba profundamente en su polla gruesa. Roberto se colocó detrás del sofá y continuó follando su boca, la follaban sin piedad, ella mamaba con desesperación y ellos seguían castigando su cuerpo joven: apretando sus tetas, pellizcando sus pezones y, ahora también, azotándole el culo con violencia. Las nalgadas resonaban en la pequeña sala, cada vez mas fuerte, dejando las marcas rojas de manos en su grande y jugoso trasero, cada azote era como un choque eléctrico que iba directamente a su coño, que la hacia apretar con mas fuerza la polla que tenia metida.
Kassandra gemía, gritaba y suplicaba más, completamente perdida en el placer, mientras las cámaras seguían grabando cada segundo de su salvaje degradación, gritaba sin control, completamente fuera de sí.
—¡Más duro! ¡Fóllenme más duro! ¡Más pollas! ¡No paren, por favor! ¡No paren! —suplicaba entre gemidos y gritos, con la voz rota de placer.
Uno de los hombres, excitado por sus súplicas, agarró la blusa roja que aún colgaba arrugada alrededor de su cintura y la rompió de un tirón violento, dejando sus enormes senos completamente libres, rebotando salvajemente, Kassandra no protestó en absoluto, al contrario, el sonido de la tela rasgándose la excitó todavía más y soltó un gemido largo y profundo de pura lujuria, su falda, su tanga y su sosten ya habian desaparecido en algun momento de la salvaje orgia, ella no supo ni como ni cuando, pero ya solo tenia puesta sus medias y los ligueros.
—Es hora de cambiar, chicos —anunció Roberto con autoridad.
Kassandra, confundida y como si la hubieran sacado de un trance profundo, parpadeó y preguntó casi desesperada:
—¿Qué? ¿Cómo? ¿Y las pollas? ¿Dónde están las ricas pollas?
El calvo corpulento le agarró la cara con una mano y le ordenó con voz grave:
—Ponte en cuatro, cerda.
Kassandra obedeció al instante, sin rechistar, con agilidad felina se puso a gatas sobre el sofá con rapidez, levantando su culo grande y jugoso, ofreciéndose como una perra en celo, agitándolo, esperando ser penetrada, necesitaba las pollas dentro de ella ¡ya!
Apenas estuvo en posición, uno de los hombres se colocó detrás y, con un golpe brutal, le metió toda la polla de una sola embestida, Kassandra gritó de placer, arqueando la espalda, casi al mismo tiempo, otro le metió su pene en la boca, silenciando sus gritos, Empezaron a turnarse salvajemente, un minuto de embestidas profundas y fuertes en su coño, luego cambiaban de polla, Lo mismo hacían con su boca, en esta posición podían follársela mucho más salvajemente, las nalgadas resonaban fuerte, los testículos golpeaban contra su coño empapado una y otra vez, produciendo un sonido obsceno y húmedo que la enloquecía.
Por un momento, Kassandra sacó la polla que tenía en la boca, volteó la cabeza hacia la cámara con cara de puta total y dijo entre gemidos:
—Así… para que todos vean a la putita que están follando… Que vean bien mi carita de perra en celo… — Regresó inmediatamente a chupar con más ganas, metiéndose dos pollas a la vez como podía, babeando sin control.
Los hombres estallaron en risas burlonas:
—Mira nada más qué puta tan descarada, ahora quiere ser la protagonista, jaja.
—Tan inocente que se ve y es una guarra mamadora de primera.
—Roberto ¿de qué prostíbulo de mala muerte trajiste a tan degenerada tragapollas?
La follaban con más fuerza, su culo estaba rojo e hinchado por los azotes, otros le apretaban y pellizcaban las tetas bamboleantes con brutalidad, estirando sus pezones y golpeando sus senos pesados mientras la penetraban.
Kassandra, completamente ida de placer, bajó una mano y empezó a frotarse el clítoris con desesperación, moviendo los dedos rápido y con presión, sus gemidos se volvieron cada vez más agudos y entrecortados, de repente, todo su cuerpo se tensó, su boca chupo con fuerza y apretó su coño, soltó un gemido ahogado callado por la polla que tenía en la boca y tuvo un orgasmo abrumador, mucho más fuerte que el anterior, sus piernas temblaban sin control y chorros de sus jugos corrieron por sus muslos, se retorcía y convulsionaba mientras los hombres seguían follándola sin parar, riendo y burlándose de lo fácil que se corría la joven rubia.
—Mírenla cómo tiembla, la muy puta —reía uno, sin parar de follarle el coño.
—es la zorra más grande que hemos traído —decía otro que le azotaba el culo.
—Esta guarra nació para follar, mira cómo pide más.
Se intercambiaban constantemente, cada uno buscaba la forma de darle más duro en esa posición, la agarraban fuerte de las caderas, clavando sus dedos en su carne, tiraban de su melena rubia como riendas, como si domaran a una yegua salvaje y la embestían con toda su fuerza, haciendo que cada golpe contra su coño empapado, la hicieran balancear sus gigantescas tetas, ella no paraba de gemir y gritar, completamente embriagada de placer.
Tuvo dos orgasmos más en esa posición, el primero la hizo gritar sacando la polla que tenía en la boca, el segundo fue tan fuerte que por un momento sus brazos fallaron y cayó con la cara contra el sofá, con el culo todavía levantado recibiendo polla en su coño.
Los hombres, sudados y excitados, seguían riendo y conversando entre ellos.
—Para una puta así no es suficiente tratarla bien —dijo uno.—Hay que tratarla como la cerda que es.
—Exacto… ya es hora de reventarle ese lindo culo que tiene.
Kassandra gimió sorprendida al escucharlos y sacó la polla que tenía en la boca haciendo un sonido húmedo, por un segundo su carita pareció como si fuera a protestar, con los ojos muy abiertos y la boca babeando, pero en lugar de eso, con voz ronca y cargada de lujuria, gritó:
—¡Sí! ¡Esta cerda se merece que le rompan el culo! ¡Reviéntenle su asqueroso ano!
Los seis hombres estallaron en carcajadas fuertes y burlonas, mirándola con una mezcla de sorpresa y satisfacción animal.
—Mira nada más a esta guarra…
—Pide que le destrocen el culo y todo.
—Qué puta tan asquerosa eres, Kassy.
Las risas y burlas llenaban la pequeña sala, Kassandra todavía jadeando y con la cara llena de baba, sonrió con esa expresión depravada y respondió con voz entrecortada:
—Para una puta tan asquerosa como yo… no basta con una polla.
Roberto se sentó en el sofá, disfrutando de las palabras de Kassandra, ella se subió encima de inmediato, agarró su polla y se la metió entera en el coño de un solo movimiento, soltando un gemido largo y profundo, empezó a mover su culo en círculos, follándose a Roberto con ganas.
—Estoy lista… —dijo mirándolos con ojos vidriosos de lujuria—… rómpanmelo.
Uno de los hombres, se colocó detrás de ella sonriendo con malicia y excitación, escupió abundantemente sobre el ano de ella, lo que provoco que gimiera levemente y sin ningún cuidado ni preparación extra, empujó su polla gruesa y venosa hasta el fondo de un solo golpe brutal.
—¡AAAAAGGGGGHHHHH! —gritó Kassandra con fuerza, abriendo mucho los ojos por el dolor desgarrador.
Casi al instante, otra polla gruesa se plantó frente a su cara y se la metió hasta la garganta, callándola. Sintió un desgarro intenso y ardiente en su ano, el dolor era sumamente fuerte, las lágrimas corrieron por sus mejillas mientras gritaba ahogadamente alrededor de la polla que le follaba la boca.
Los hombres no se apiadaron de ella ni por un segundo, el que estaba en su culo comenzó a bombear con fuerza, sacándola casi toda y volviéndola a clavar hasta los testículos, Kassandra intentó zafarse por instinto, retorciéndose, pero varios pares de manos arrugadas la sujetaron firmemente por las caderas, los hombros y el cabello, manteniéndola completamente inmóvil y sometida.
—¿Qué pasa, puta? ¿No querías que te rompiéramos el culo? —se burlaba uno.
—Vamos cerda… esto es lo que pediste, te vamos a dejar echa pedazos.
—Mírenla, hace un segundo muy valiente pidiendo polla en su ano y ahora llora como una niñita.
Poco a poco, entre embestida y embestida, el dolor intenso empezó a transformarse en un placer oscuro y profundo, Kassandra comenzó a gemir de forma diferente, más gutural y ansiosa, su cuerpo respondió al castigo de su culo y tuvo otro orgasmo violento, su coño se contrajo fuertemente alrededor de la polla de Roberto y su ano apretó con fuerza la polla que la estaba partiendo por atrás, los hombres no daban crédito a lo que veían y nuevamente estallaron en risas al verla.
—¡Ja ja ja! ¡Mírenla! De llorar de dolor pasó al placer la muy puta.
—Qué cerda degenerada, se corre con el culo roto.
—Esta zorra ya está completamente arruinada, no podrá vivir sin nuestras pollas.
Kassandra temblaba y gemía sin control, sintiéndose completamente llena por ambos lados, era el éxtasis total, completamente agotada tras una larga cadena de orgasmos intensos, se dejó caer hacia adelante sobre el pecho de Roberto, con su cara enterrada en su cuello, su cuerpo joven y sudoroso temblaba sin control, sus enormes senos aplastados contra él, y su respiración era un jadeo entrecortado, su ano palpitaba, abierto y sensible después de la salvaje penetración.
Pero los hombres no tenían la menor intención de darle descanso.
—Todavía no, puta, esto apenas empieza —gruñó uno de ellos.
Otro viejo, de panza prominente y manos ásperas, se colocó rápidamente detrás de ella Kassandra apenas tuvo un segundo de alivio cuando la polla anterior salió de su ano, dejando un vacío ardiente, e Inmediatamente después, sintió cómo una nueva polla empujaba con fuerza brutal dentro de sus entrañas, abriéndola de nuevo hasta el fondo.
—¡AAAAAHHHHH! ¡Duele! ¡Me duele mucho! —gritó Kassandra entre lágrimas, retorciéndose violentamente.
El dolor era intenso, como si le estuvieran desgarrando el interior con una vara ardiendo.
nuevamente la sujetaron sin piedad, Roberto la agarró firme de la cintura desde abajo, otros le tiraron del cabello rubio y le sujetaron los brazos, inmovilizándola completamente, mientras reían con crueldad.
—Mírenla, la zorrita ya está llorando de nuevo—se burló el calvo corpulento
—Hace rato corriéndose con el culo roto y ahora llora como si fuera virgen.
—Qué patética eres, Kassy, con esa carita de ángel y eres la cerda más degenerada que hemos tenido —añadió otro, dándole una fuerte nalgada.
Hicieron esto varias veces, cambiando de polla en su ano solo para disfrutar el espectáculo de verla retorcerse, gritar y pasar del dolor al placer una y otra vez. El cambio repentino era agonizante, su ano, ya sensible y abierto, protestaba con cada nueva invasión, cada nueva penetración era acompañada de risas y comentarios humillantes y Kassandra alternaba entre súplicas desesperadas:
—¡Por favor… deténganse un momento! ¡Me duele demasiado! ¡Mi culo está ardiendo! —lloraba con lágrimas de dolor, sudando y jadeando
Y solo segundos después, con la voz quebrada y llena de lujuria:
—¡No! ¡Más duro! ¡Rómpanme el culo! ¡Quiero que me destrocen como la puta barata que soy! ¡Por favor, denme más polla!
Los hombres no paraban de reir.
—Escúchenla, no sabe ni lo que quiere. Llora y pide más al mismo tiempo. —Eres una masoquista de mierda. Una cerda bipolar. —Creo que ya quebramos a la guarra, está completamente rota.
— Dale más duro, que sienta cómo duele.
Después de varios minutos de esta rotación brutal y humillante, uno de los hombres —el más viejo y escualido— aceleró sus embestidas salvajemente, gruñendo como un animal, justo cuando estaba a punto de correrse, clavó sus uñas con fuerza en las caderas suaves y tersas de Kassandra, dejando profundos surcos rojos.
—¡AAAAAAGHHHHH! —chilló Kassandra de dolor, ese dolor agudo y punzante, combinado con las fuertes embestidas, la hizo explotar.
El hombre eyaculó profundamente dentro de su ano, inundándola con chorros calientes y espesos de semen, Kassandra sintió el calor dentro de sus entrañas y su ano se contrajo con fuerza alrededor de la polla, apretándola como si quisiera sacarle hasta la última gota, ese orgasmo fue tremendo y salvaje. Todo su cuerpo sufría de espasmos, sus ojos se pusieron en blanco, sus piernas temblaron sin control y soltó un grito gutural y prolongado mientras chorros de sus jugos salían disparados de su coño, empapando a Roberto y el sofá.
Los hombres felicitaron al sujeto:
—¡Bien hecho, viejo! ¡Llenaste bien el culo de la cerda!
—Mírenla cómo se corre con el ano lleno de leche, qué puta tan estuipda.
—Esta zorra ya no tiene remedio.
—Sigue apretando el culo guarra, ordeña bien esa polla.
Ella seguía temblando y gimiendo, con el ano lleno de semen caliente, las marcas de uñas ardiendo en sus caderas, completamente sometida, usada y humillada. El hombre que acababa de correrse en su ano sacó la polla lentamente, Kassandra soltó un grito largo y ronco, mezcla de dolor ardiente y placer enfermizo, mientras su ano quedaba abierto, palpitando y chorreando semen espeso que corría por sus muslos.
—¡Aaaahhh! ¡Quema! —gimió
Antes de que pudiera recuperarse, otro hombre ocupó su lugar y le clavó la polla hasta el fondo de un solo empujón sin importarle el dolor de la chica, así siguieron, uno tras otro, rotando sin descanso, Kassandra ya no sabía ni qué pasaba a su alrededor, el mundo se había reducido a pollas entrando y saliendo de su coño y de su ano, sin parar.
Cuando terminaban de follarle la vagina y querían cambiar, simplemente la soltaban sin cuidado, dejándola caer de lado sobre el sofá como si fuera un costal de papas, su cuerpo sudoroso y tembloroso rebotaba contra los cojines, luego la agarraban de nuevo por las caderas o el cabello, la ponían en cuatro, la sentaban o la tiraban como querían, ella se dejaba hacer, completamente sometida, gritando, llorando y gimiendo sin control:
—¡Ay Dios…! ¡Me están destrozando! ¡Por favor…! ¡No puedo más…! —gritaba en algunos momentos, con lágrimas corriendo por su carita angelical.
Pero solo segundos después suplicaba lo contrario:
—¡Más! ¡Fóllenme más duro! ¡Rómpanme el culo y el coño! ¡Revienten a su puta…! ¡Soy su cerda…!
Llevaba incontables orgasmos pequeños que la hacían temblar, medianos que la dejaban jadeando, y grandes que la hacían convulsionar y chorrear como una fuente, su cuerpo ya no respondía como ella quería, estaba casi inconsciente de puro cansancio, con los ojos vidriosos y la boca entreabierta, babeando. De pronto sintió cómo uno de los hombres aceleraba salvajemente la embestidas dentro de su coño y eyaculaba con fuerza, inundándola de semen caliente, Kassandra gritó de placer, apretando los músculos internos, en ese mismo instante, otro hombre le metió la polla en la boca, el sabor la sorprendió momentáneamente, sabi a esperma espeso, amargo… mezclado con algo más terroso y fuerte, abrió los ojos con dificultad y vio al mismo hombre que había eyaculado antes en su culo, estaba allí de nuevo, con la polla todavía dura como una roca, sucia de semen y jugos de su propio ano, metiéndosela hasta la garganta. Kassandra se sorprendió mucho, había estado con suficientes hombres mayores como para saber que, normalmente, después de correrse quedaban fuera de combate hasta el día siguiente; pero este estaba listo para seguir.
Si no estuviera perdida en el placer, ella se hubiera percatado que el Viagra se lo repartían como dulces, además de tantas bebidas energizantes que era sorprendente que no les diera un paro cardiaco, pero eran cosas necesarias para poder usarla durante horas.
Sus entrañas se fueron llenando poco a poco de semen: primero el ano, luego el coño, luego otra vez el ano, chorros calientes y espesos la inundaban por dentro.
Cuando sacaban la polla de sus agujeros, la obligaban a limpiarla con la boca.
—Límpiala, cerda —le ordenaban—. Chúpala bien, que para eso sirves.
Durante todo este tiempo, no dejaban de castigarla con crueldad, le apretaban y pellizcaban las tetas con saña, le golpeaban las tetas para verlas rebotar, le torcían los pezones hinchados y rojos, le daban nalgadas fuertes y brutales, dejando su culo completamente rojo e hinchado, y hablaban de ella, como si Kassandra no estuviera presente, como si fuera un simple objeto:
—Esta puta tiene el culo más apretado que he probado—decía uno riendo. —Miren cómo chorrea semen, parece una puta de barata de carretera.
—Con esa carita de niña buena y es la cerda más loca que hemos tenido.
—Roberto, la próxima vez tráela más temprano para que la usemos día y noche
—Este culo ya no aprieta mucho que digamos — dijo uno de los viejos soltando una carcajada — está completamente arruinado, miren cómo queda abierto como túnel de tren.
—Ella es solo un pedazo de carne para follar. Nada más.
Kassandra escuchaba todo entre gemidos, lágrimas y orgasmos, completamente rota, usada y llena de esperma por todos lados, sudaba como si estuviera dentro de un sauna, su piel suave y dorada brillaba completamente empapada, el cabello rubio pegado a su cara y cuello, su sudor corría entre sus enormes senos y por su espalda como ríos, su ano ardía como fuego con cada embestida, un fuego constante que no cesaba, su coño se sentía entumecido, hinchado y abusado después de tantas penetraciones seguidas, pero aun así seguía chorreando, la mandíbula le dolía horriblemente de chupar y tragar polla tras polla durante tanto tiempo, los labios hinchados y rojos, la baba y el semen resbalando por su barbilla, y aun así, el placer no terminaba. Del dolor más intenso pasaba al orgasmo una y otra vez, como si su cuerpo ya no le perteneciera.
Los hombres, sudados y excitados, decidieron cambiar de posición una vez más.
—Vamos a partirla en dos —dijo uno riendo.
Sacaron las pollas de su interior, Kassandra apenas tuvo tiempo de gemir al sentirse vacía, antes de que la levantaran como a una muñeca rota, Roberto se sentó en el sofá con la polla tiesa y la bajaron de espaldas encima de él, empalándola profundamente en el ano de un solo golpe.
—¡Aaaahhh! ¡Mi culo! —gritó Kassandra, arqueando la espalda, sintiendo un intenso dolor.
Apenas se acomodó, otro hombre se colocó frente a ella, le abrió las piernas al máximo y le metió la polla en el coño ya hinchado, la doble penetración fue devastadora, las dos pollas entraban mucho más profundo que antes, rozándose entre sí a través de la delgada pared que separaba sus dos agujeros, Kassandra sintió que la estaban partiendo al medio.
—¡Nooo! ¡Por favor! ¡Así no! ¡Me van a romper! ¡Duele mucho! ¡Paren! ¡Se lo suplico! —gritaba llorando, mientras intentaba cerrar las piernas inútilmente.
Los hombres solo se reían con crueldad, sujetándola fuerte para que no pudiera escapar.
—¿Ahora pides que paremos, puta? —se burló uno, dándole una fuerte nalgada—. Hace rato eras toda “rómpanme el culo como a una cerda”.
—Mira cómo llora la zorrita con las dos pollas adentro ¡Vamos a reventarte!
—Calla sucia puta, este coño y este ano están hechos para esto. Cállate y disfruta, cerda.
Las dos pollas empezaron a moverse al unísono, una entrando mientras la otra salía, follándola con fuerza brutal, Kassandra gritaba y sollozaba, el dolor era casi insoportable… pero poco a poco, como antes, su cuerpo empezó a acostumbrarse y el placer regresó como una ola gigante golpeandola.
—Ah… ah… ¡joder! —gimió, cambiando el tono de sus gritos—. Más… más adentro… ¡llénenme!
Cada vez que uno de los hombres se corría dentro de ella, Kassandra lo sentía todo con una intensidad brutal: el chorro caliente inundando su ano o su coño, el palpitar de la polla contra sus paredes internas, y con cada eyaculación tenía un orgasmo nuevo, más débil que el anterior por el cansancio, pero igual de devastador, su cuerpo se convulsionaba, apretaba las pollas con fuerza y soltaba gemidos roncos y entrecortados.
—Siente cómo te lleno, puta —gruñía uno mientras se corría en su coño.
—Traga mi leche, cerda —decía otro eyaculando en lo profundo de su ano.
Kassandra solo podía gemir y temblar, completamente llena de semen, rota, sudada y destruida, mientras los hombres seguían follándola sin piedad, riéndose de lo fácil que era hacerla pasar del llanto al placer una y otra vez.
La salvaje sesión continuó sin misericordia, las pollas volvían una y otra vez a su boca, obligándola a chupar, lamer y tragar incluso cuando ya apenas podía mantener los ojos abiertos, sus pezones rosados eran estirados brutalmente, pellizcados y retorcidos como si los hombres quisieran arrancárselos, Kassandra gritaba de dolor alrededor de las pollas, su coño chorreaba aún más con cada cruel pellizco.
Poco a poco la rotación de pollas se volvió más lenta, los hombres empezaban a cansarse, sudados y respirando con dificultad, pero no querían terminar todavía, decidieron cerrar la noche por turnos.
—Uno por uno, chicos, última corrida —anunció Roberto.
Empezaron a follarla de forma más ordenada, cada hombre elegía dónde quería descargar su última ración de esperma. Uno la penetró con fuerza en el coño, gruñendo mientras se vaciaba dentro de ella, Kassandra casi inconsciente abrazo con sus piernas la cintura del hombre, esperando recibir todo el semen.
Otro prefirió su ano ya destruido y abierto, bombeando hasta correrse profundamente, Kassandra estaba boca abajo con la cara enterrada en el sillón, ya no tenía fuerzas ni para levantar el rostro.
Varios eligieron su boca, sujetándole la cabeza y corriéndose directamente en su garganta o sobre su lengua, obligándola a tragar o dejando que el semen espeso le cayera por la barbilla, tetas y cara, Kassandra solo obedecía, estaba al límite de sus fuerzas, pero aún respondía como una muñeca sexual. Su joven cuerpo quedó completamente cubierto de semen: chorros blancos y espesos corrían por su cara, por su cabello, senos, estómago, muslos y entrepierna, su coño y ano chorreaban sin parar, el semen salia espeso ensuciando el sofá.
Cuando todos habían terminado, uno de los hombres acercó la cámara principal a su cara, enfocando su expresión destruida pero llena de placer: ojos vidriosos, mejillas sonrojadas, labios hinchados, rostro cubierto de semen y una boba sonrisa .
—Díselo a la cámara, puta: Nombre completo, edad, dónde vives y qué te hicimos esta noche.
Kassandra, con voz ronca, débil y entrecortada, confundida, pero claramente excitada, miró a la cámara y habló:
—Me llamo… Kassandra López… tengo 22 años… vivo en el centro… Esta noche… me trajeron a este departamento… y seis viejos asquerosos me usaron como su puta… Me follaron el coño, el culo y la boca durante horas… Se corrieron adentro y afuera… Me insultaron, me pellizcaron las tetas, me rompieron el ano… y yo… yo me corrí como una cerda degenerada… Porque soy una puta asquerosa… que ama que la degraden y la llenen de semen…
Roberto sonrió con orgullo y le ordenó:
—Ahora dales las gracias a los chicos por ser tan atentos contigo Kassy.
Todavía desparramada en el sofá con las piernas abiertas y semen goteando de ella, miró a cada uno de los hombres, solo podía intentar abrir uno de sus ojos, ya que el otro estaba cubierto de semen grumoso. Uno por uno se acercaron y le pusieron sus sucias pollas frente a la boca, ella las limpió con esmero, lamiendo y chupando cada resto de esperma y fluidos, aunque apenas le quedaban fuerzas.
—Gracias… por follarme el coño… —le dijo al primero.
—Gracias por romperme el culo… —al segundo.
—Gracias por correrse en la boca y tratarme como puta… —al tercero.
Y así con cada uno, agradeciendo humildemente mientras los limpiaba, al terminar, uno de los hombres gritó con voz fuerte y burlona:
—¡Corte!
Esto los hizo reit y comenzaron los aplausos fuertes, felicitándose entre sí, contentos y satisfechos por la sesión.
Kassandra apenas logró esbozar una débil sonrisa de placer absoluto, todo empezó a sonar más lejano: las risas, las voces, los aplausos… El mundo se fue alejando, sintió el placer más grande y profundo de toda su vida recorriendo su cuerpo destrozado, y finalmente perdió el conocimiento, desplomándose sobre el sofá, cubierta de semen, sudor y marcas en todo su cuerpo, con una expresión de éxtasis total en su rostro angelical.
Su rostro era pura inocencia engañosa: ojos grandes color miel con pestañas largas, nariz pequeña, labios carnosos y mejillas suaves que se sonrojaban con facilidad, parecía una muñeca angelical… pero Kassandra no tenía nada de inocente, disfrutaba de su juventud al máximo, de su cuerpo y de todo el placer que podía extraer de él, se arreglaba con devoción casi religiosa, su apariencia era su mayor arma y su mayor placer, jamás salía de casa sin el pelo impecable, el maquillaje perfecto y una ropa que gritara sexo sin decir una palabra.
Le encantaba que la miraran, que la desearan, que envidiaran al hombre que la llevaba del brazo y ser el trofeo más deseado de la noche era uno de sus mayores vicios.
Desde hacía unas semanas salía con Roberto, un hombre de 53 años, locatario de la zona, para ella era “todo un viejo”, pero no le importaba, no le molestaba en absoluto. El la consentía como nadie: ropa, bolsos, perfumes y la llevaba a buenos lugares, nada muy lujoso, pero le bastaba. A cambio, Kassandra le daba su cuerpo joven y caliente sin restricciones, solo dos días después de conocerse ya estaban follando y aunque la polla de Roberto era más bien pequeña y sus habilidades sexuales mediocres, ella disfrutaba como loca del sexo, sabía apretar su coñito depilado en el momento justo, mover las caderas en círculos con habilidad gimnastica, gemir como una puta cara y correrse con facilidad. Para Kassandra, cada polvo era una oportunidad de sacar el máximo placer posible, sin importar con quién y siempre lo conseguía.
Esa noche Roberto la invitó a una fiesta con sus amigos, a Kassandra no le apetecía nada pasar la noche rodeada de más viejos, con uno ya tenía suficiente, pero aceptó, porque sabía que ninguno de ellos llevaría una chica como ella y a Roberto le gustaba presumirla y eso era adictivo para Kassandra.
Se preparó durante casi dos horas, se puso una blusa roja brillante, tan apretada que parecía una segunda piel, el escote era profundo y generoso, dejando ver el borde de un diminuto sostén de encaje rojo que apenas lograba contener sus enormes tetas, también eligió una falda de mezclilla ajustada, no demasiado corta, pero lo suficientemente provocadora como para que, si se agachara, el comienzo de su culo quedara completamente expuesto, debajo llevaba un conjunto infernal: ligueros rojos de encaje, medias transparentes del mismo color y una tanguita roja tan pequeña que apenas cubría su coño suave y rosado. Remató el look con unos tacones rojos de aguja de 12 centímetros que hacían que su culo se elevara aún más y sus piernas se vieran infinitas.
Cuando Roberto la vio salir de su departamento, se quedó sin aliento.
— Joder, Kassy… vas a matarlos a todos — murmuró con la voz ronca.
Ella sonrió con esa carita de ángel y le dio un beso lento en los labios.
— Esa es la idea, papi, quiero que tus amigos se mueran de envidia, y vean al tremendo mujeron que te estas follando.
Caminaron a la casa de su amigo donde seria la fiesta, mientras Roberto sobaba con total descaro el trasero de Kassandra por sobre la falda.
Al llegar al lugar, era un departamento no muy grande, en una zona de clase media, nada lujoso, Kassandra entró contoneando las caderas, el tacón resonaba con autoridad sobre el piso, en cuanto cruzó la puerta, sintió las miradas, cinco hombres, todos entre 56 y 64 años, se encontraban en la sala.
Al avanzar unos pasos su sonrisa coqueta empezó a desdibujarse, aquello no parecía una fiesta en absoluto, no había música, ni luces de colores, ni mesa con comida o bebida para invitados, solo un pequeño departamento de sala-comedor bastante modesto, con muebles viejos y un sofá grande de cuero negro que ocupaba casi todo el espacio, todo arreglado como lo esperarías de un departamento de soltero de un cincuentón.
Con siete personas dentro —ella y los seis hombres— el lugar se sentía diminuto, casi asfixiante, como si las paredes se cerraran sobre ellos.
Todos los viejos tenían vasos de whisky en mano, cigarros y conversaciones que se cortaron de golpe al verla, el silencio fue casi reverencial, Kassandra recorrió la habitación con sus ojos grandes e inocentes, decepcionada, pero por dentro sentía esa satisfacción que le daba ser el centro de atención, todos la estaban devorando: sus tetas enormes apretadas en la blusa roja, su cintura, sus caderas anchas, ese culo que parecía hecho para ser agarrado con fuerza, podía sentir el deseo crudo en el aire. Algunos ni siquiera disimulaban, bajaban la mirada directamente a su escote o a sus piernas.
Roberto, orgulloso como un pavo real, la tomó por la cintura con posesión y la presentó:
— Hola muchachos, llegamos. Ella es Kassandra, mi novia.
Los hombres murmuraron saludos, algunos con la voz más ronca de lo normal, uno de ellos, un tipo calvo y corpulento de unos 60 años, no pudo evitar que se le escapara una mirada hambrienta hacia sus senos, otro se ajustó discretamente el pantalón, Kassandra sonrió con dulzura, como si no se diera cuenta del efecto que causaba, pero por dentro estaba encantada, lo notaba todo, le fascinaba esto, le gustaba ser la fantasía de todos esos viejos que probablemente no habían visto un cuerpo tan joven y perfecto en años o tal vez nunca. Se sentó con elegancia en el sofá que Roberto le indicó, cruzando las piernas lentamente, dejando que la falda se subiera un poco y revelara el encaje rojo de las medias en sus muslos suaves, sabía que más de uno ya estaba imaginando qué había debajo de esa ropa.
Sus ojos miel recorrieron la habitación y se detuvieron en la mesa del centro, dos cámaras de video semiprofesionales montadas en trípodes pequeños apuntaban directamente hacia el sofá.
— Oye, Roberto… —dijo Kassandra bajando la voz, acercándose a él—. Me dijiste que esto era una fiesta ¿a qué hora comienza?
Los cinco hombres soltaron una risa ronca y cómplice al mismo tiempo, Roberto también rio, claramente divertido por su confusión.
Uno de los amigos, un tipo calvo y flaco de más de 60 años con camisa abierta que revelaba el pelo gris de su pecho, respondió con una sonrisa lobuna:
— Pero de que hablas preciosa, la fiesta ya está aquí — Dijo uno de los viejos.
Kassandra decepcionada y claramente confundida, dijo:
— Ah, ok… y… ¿a que hora llegan los demás invitados?
Nuevamente risas llenaron el departamento.
— Ya llegamos todos los que vamos a disfrutar “la fiesta”— Dijo otro de los viejos.
Kassandra parpadeó, más confundida aún, su carita de muñeca inocente mostraba genuina extrañeza, Roberto se sentó a su lado y la tomó suavemente por la cintura y le habló cerca del oído:
— Tú eres la fiesta, cariño.
Kassandra sintió un escalofrío recorrerle la espalda, una mezcla de miedo y una curiosidad peligrosa le subió por el estómago, antes de que pudiera decir algo más, otro de los amigos, un hombre alto y muy delgado de cabello canoso mal teñido de rubio, le sonrió y le preguntó:
— ¿Quieres ver qué hicimos con la última fiesta?
Kassandra dudó solo un segundo, su corazón latía rápido, pero la curiosidad pudo más, con esa vocecita suave y casi angelical respondió:
— …Sí.
Le acercaron uno de los monitores de las cámaras y presionaron play, en la pantalla apareció inmediatamente una mujer de unos 45 años, de cuerpo voluptuoso, con buenas tetas y culo grande, pero claramente inferior al de Kassandra, estaba completamente desnuda, arrodillada sobre un sofá, chupaba con ganas una polla gruesa, metiéndosela hasta la garganta mientras gemía, segundos después, otro hombre entró por detrás de ella, le abrió las nalgas y la penetró de un solo empujón, la mujer soltó un grito ahogado de placer y empezó a moverse como loca entre los dos, la cámara captaba perfectamente cómo sus tetas se balanceaban y cómo su cara se deformaba de gusto. Kassandra reconoció enseguida el lugar, el mismo sofá, la misma lámpara de pie, las mismas cortinas, en lugar de asustarse o mostrar vergüenza como cualquier chica normal habría hecho, Kassandra sintió un calor entre las piernas, una sonrisa lenta y traviesa se dibujó en sus labios carnosos.
— Oigan… —dijo con voz suave pero cargada de curiosidad—, ¿todos ustedes se follaron a esta chica?
Los hombres sonrieron con satisfacción, Roberto se sentó a su lado en el sofá, pasó una mano por su muslo suave y subió lentamente por debajo de la falda de mezclilla, acariciando el encaje de las medias rojas. Acercó su boca al oído de la rubia y le susurró con voz ronca:
— Sí, amor… Eso es lo que hacemos cuando llevamos “la fiesta” a casa de mis amigos, las invitamos, las grabamos y nos divertimos con ellas todo lo que queremos.
Kassandra respiró más profundo, sus enormes senos subían y bajaban dentro de la blusa roja apretada, podía sentir las miradas hambrientas de los seis hombres recorriendo su cuerpo: sus tetas a punto de reventar el escote, sus caderas prominentes, ese culo jugoso que apenas cabía en la falda, el ambiente en la pequeña sala se había vuelto denso, cargado de deseo y testosterona, mordió suavemente su labio inferior, todavía con esa carita de inocencia que contrastaba con la situación. Su coñito, cubierto apenas por la diminuta tanga roja, ya empezaba a humedecerse.
— ¿Y… qué piensan hacer conmigo? —preguntó casi en un susurro, mirando de reojo a Roberto mientras este seguía acariciando su pierna cada vez más arriba.
Los hombres se quedaron en silencio un segundo, disfrutando el momento, Roberto sonrió contra su oreja y le apretó el muslo con fuerza.
— Lo que tú nos dejes hacerte, Kassandra… y por cómo te ves, creo que nos vas a dejar hacerte de todo.
Kassandra no era fácil de asustar, lejos de incomodarse o asustarse, se acomodó mejor en el sofá y siguió mirando el video con atención, casi como si fuera una película normal, en la pantalla, la mujer estaba en plena acción, los gemidos crudos y desesperados de la película llenaban la pequeña sala.
— Miren cómo se la metió Carlos ahí —comentó uno de los hombres con orgullo, señalando la pantalla—. Le entró hasta el fondo de una.
— Esa toma quedó brutal —añadió el calvo corpulento, claramente el más técnico—. El zoom cuando le abrí las nalgas quedó perfecto, se ve todo.
Otro rio y agregó con satisfacción:
— La cabrona era una folladora de primera, se corrió como tres veces y pedía más y más, la muy puta.
Kassandra escuchaba todo con una sonrisita traviesa en los labios, respirando agitadamente, sudando, Roberto se pegó más a ella y empezó a tocarla con descaro, su mano gruesa subió por su muslo, metiéndose debajo de la falda de mezclilla hasta rozar el liguero rojo de encaje, ella volteó la mirada hacia la otra cámara que estaba sobre la mesa, con la lucecita roja encendida.
— Entonces… ¿ustedes graban a todas las chicas que traen? —preguntó con curiosidad genuina.
— Claro que sí —respondió uno de ellos sonriendo—. Para recordar los buenos momentos.
Kassandra soltó una risita suave y miró directamente a la cámara.
— Entonces… ¿me están grabando a mí en este momento? — Dijo con picardía, apretando las piernas
Los seis hombres sonrieron al mismo tiempo.
— Sí, princesa. Te estamos grabando —confirmó Roberto.
Kassandra sonrió aún más al verse reflejada en el lente de la cámara, no era la primera vez que la grababan, ni mucho menos, con todo el sexo que había tenido a sus 22 años, seguramente existían decenas de videos suyos, follando en distintas situaciones y eso solo la excitaba más.
— Pero aún no saben si voy a aceptar ser una de sus “amiguitas”… —dijo con voz juguetona, mordiéndose el labio inferior.
Parecería como si Roberto hubiera hecho una apuesta grande trayéndola y proponerle tan pronto un gangbang, pero en realidad no estaba apostando a ciegas, durante sus encuentros sexuales, Kassandra le había confesado entre gemidos cómo había participado en varios tríos con dos hombres a la vez y lo mucho que había disfrutado sintiéndose usada, cuando le contaba sobre esto, ella tenia un orgasmo casi de inmediato solo por recordarlo, el sabía perfectamente lo depravada y caliente que era su joven novia, y que esta apuesta estaba ganada.
La respiración de Kassandra ya se había vuelto más agitada, incluso se podía escuchar en la habitación, sus mejillas estaban ligeramente ruborizadas y, aunque ellos aún no lo notaban, su coñito estaba empapando la diminuta tanga roja, el calor entre sus piernas crecía y aumentaba a cada momento.
Roberto entonces, hizo una ultima jugada, le susurró al oído mientras le acariciaba el muslo:
— Si no quieres, no te obligo a nada, amor. Si prefieres nos vamos a comer y ya.
Kassandra volteó a mirarlo con esa carita de ángel pervertido y respondió con voz baja y cargada de intención:
— Tal vez… tengo mucha hambre, tal vez podría comer… algo de carne jugosa y dura. — Mientras decía eso se mordió el labio con fuerza y paseó su mirada lentamente por todos los hombres que la rodeaban.
Los gemidos de la chica del video no habían parado ni un segundo; seguía gritando y pidiendo que la follaran más duro, Kassandra empezó a hablar con Roberto como si estuvieran en una plática normalísima, casi como si acabara de conocer a sus amigos en un café:
— ¿Y ustedes se conocen desde hace mucho? —preguntó con inocencia fingida—. ¿Todos están casados o tienen novia?
— Ninguno estamos casado ya —respondió uno riendo—. Estamos libres y tranquilos para divertirnos.
La conversación seguía fluyendo de forma casual, pero la fiesta ya había comenzado de verdad, Roberto metió la mano completa debajo de la blusa roja apretada y agarró uno de sus enormes senos con descaro, apretándolo y masajeándolo por encima del sostén de encaje. Kassandra soltó un suave gemidito, otro de los hombres se acercó por el lado izquierdo y empezó a sobarle la pierna con la mano, subiendo poco a poco por el encaje de las medias. Un tercero se sentó en el brazo del sofá y jugaba con su larga melena rubia, acariciándola y enredando sus dedos entre los mechones dorados, Kassandra seguía con la mirada fija en el video, respirando cada vez más pesado, mientras sentía cómo seis pares de ojos y varias manos empezaban a reclamar su cuerpo joven y espectacular.
Casi por reflejo, la mano de Kassandra ya se había deslizado sobre el pantalón de Roberto y sobaba su polla con movimientos lentos y firmes por encima de la tela, sus dedos sentían cómo se endurecía rápidamente. Uno de los hombres señaló la pantalla del video, donde la mujer todavía gemía como loca, y dijo con una risa ronca:
— Ya vieron lo buena mamadora que es la puta esa…
Kassandra, con esa carita inocente y una sonrisa llena de picardía, giro la cabeza, lo miró directamente a los ojos y respondió sin dudar:
— Yo doy mejores mamadas...
Esa frase fue la señal que todos estaban esperando, el hombre que estaba sentado a su izquierda, no esperó ni un segundo, con un tirón fuerte le bajó la blusa hasta la cintura, liberando sus enormes senos que rebotaron pesadamente. El sostén de encaje rojo apenas duró un instante antes de ser bajado también. Se lanzó sobre uno de sus pezones rosados y lo chupó con avidez, mordisqueándolo y succionándolo con fuerza, Roberto sonrió con orgullo y le susurró cerca del oído:
—Cariño, sé amable con mis amigos, demuestra que tienes modales.
Detrás del sofá, dos de los hombres ya se habían puesto de pie, uno a cada lado de Kassandra, tenían las pollas fuera, duras y apuntando hacia su cara, ella sonrió con lujuria, giró la cabeza hacia la derecha y abrió su boquita carnosa para meterse la primera polla, chupó con ganas, moviendo la cabeza y haciendo ruidos húmedos y obscenos, después giró al lado izquierdo y repitió la operación, alternando entre ambas pollas con hambre, babeando y lamiendo los testiculos de uno mientras masturbaba al otro con la mano. Roberto, mientras tanto, se había agachado un poco y atacaba el otro seno de Kassandra, chupando y apretando su teta enorme con fuerza, otro de los hombres se arrodilló frente a ella, le separó las piernas sin pedir permiso y le subió la falda de mezclilla hasta la cintura, movió a un lado la diminuta tanga roja empapada y enterró su cara entre sus muslos, su lengua gruesa empezó a lamerle el coño con desesperación, chupando su clítoris hinchado y metiendo la lengua dentro de ella. Kassandra soltó un gemido ahogado alrededor de la polla que tenía en la boca, otro hombre acomodaba una de las cámaras con cuidado, ajustando el ángulo para captar perfectamente la escena: los enormes senos de Kassandra siendo chupados, su cara alternando entre dos pollas, y el otro comiéndole el coño como si fuera su última comida.
Kassandra estaba excitada como loca, tener seis pollas solo para ella la ponía a mil, no le importaba que fueran viejas, feas, arrugadas, malolientes o que sus dueños tuvieran más edad que su padre, casi la misma que su abuelo, al contrario, por alguna razón eso la ponía todavía más cachonda.
Sentía cómo su coño chorreaba sobre la lengua del hombre que la lamía, sentía su piel arrugada y barba raposa entre sus muslos, mientras ella seguía mamando con entusiasmo, alternando las dos pollas con habilidad y gimiendo como una verdadera puta.
Sus ojos grandes y supuestamente inocentes brillaban de pura lujuria mientras el departamento se llenaba de gemidos, ruidos húmedos y el sonido de la cámara grabando cada segundo de su depravada fiesta.
Kassandra comenzó a gemir cada vez más fuerte, con la voz entrecortada, de repente soltaba gemidos altos y agudos, para luego bajar a unos ahogados y desesperados, se mezclaban con los gemidos de la película de la cámara; pero después la cámara se detuvo y los únicos gemidos que había eran los de ella.
El hombre que tenía entre sus piernas era tremendamente hábil con la lengua, la movía rápido sobre su clítoris, la metía profundamente y chupaba sus jugos sin parar, Kassandra no podía evitar mover las caderas contra su cara. Los hombres, claramente acostumbrados a esto, empezaron a organizarse con eficiencia, rotando posiciones, cambiaron las pollas en la boca de Kassandra por las de otros dos, mientras ella seguía chupando con hambre, alternando entre una y otra.
Todos comenzaron a desnudarse, era una escena casi grotesca por el contraste, seis hombres viejos, la mayoría con grandes panzas, algunos flácidas y otros más prominentes, cuerpos cubiertos de vello canoso en el pecho, la espalda y los testículos, calvos o con poco pelo, algunos con lentes, piel arrugada, manchas de la edad y ese característico olor a viejo que llenaba la pequeña sala, sus pollas, de diferentes tamaños y grosores, ya estaban duras y listas, y en el centro de todo, el cuerpo perfecto, voluptuoso y juvenil de Kassandra: piel tersa y suave, completamente depilada, pezones rosados, vagina rosa e hinchada de excitación, vientre plano y firme, senos enormes y culo jugoso, junto con un perfume dulce y delicado, un contraste absurdo que parecía excitar aún más a los viejos.
Uno de los hombres tomó las piernas de Kassandra con fuerza, las jaló hacia él y la acomodó mejor en el sofá, alineó su polla arrugada y venosa contra su coño y, sin avisar, la penetró de un solo empujón hasta el fondo.
—¡Aaaahhh! —gritó Kassandra de puro placer, abriendo mucho los ojos.
Sentir la polla desnuda, caliente y sin condón entrando en ella la volvió loca en cuestión de segundos, empezó a mover las caderas pidiendo más mientras gemía como una perra en celo, ahora había dos viejos a cada lado de su cabeza, completamente desnudos, con las pollas apuntando directamente a su boca. Kassandra, sin dejar de gemir por la follada que estaba recibiendo, giraba la cabeza de un lado a otro chupando una y luego la otra, babeando abundantemente. Mientras tanto, las manos de los demás no paraban, apretaban y pellizcaban sus enormes senos con rudeza, cada vez con menos control, le torcían los pezones rosados, los estiraban y los soltaban para ver cómo rebotaban sus tetas. Kassandra, lejos de quejarse por el dolor, gemía más fuerte, ese dolor la excitaba brutalmente, los hombres se dieron cuenta rápido y sonrieron con malicia, empezaron a apretar con más fuerza, pellizcando sus tetas con saña, dejando marcas rojas en su piel blanca y perfecta, querían hacerla gritar… y lo conseguían, el jugar ferozmente con sus senos se volvió un reto silencioso entre ellos.
Cambió el turno, los otros tres hombres tomaron sus lugares, ahora otro la penetraba con fuerza, y dos mas recibían una buena mamada, mientras la pellizcaban, apretaban y sobaban sin ninguna contemplación: sus tetas, sus muslos, su cintura, su culo, manos ásperas y viejas recorrían y maltrataban su cuerpo joven, ella gemía y gritaba cada vez más alto, completamente perdida en el placer, en aquella depravada y salvaje fiesta.
Kassandra estaba extasiada, con los ojos entrecerrados y la boca muy abierta, gimiendo sin control alrededor de las pollas.
Los seis hombres reían y conversaban entre ellos como si estuvieran en una reunión cualquiera, comentando lo puta que se veía la rubia y lo bien que se estaba portando, cuando iban a cambiar de posición nuevamente, Roberto se sentó en el centro del sofá con la polla dura y tiesa.
—Ven para acá, puta —ordenó con voz ronca.
Jaló a Kassandra como si fuera una muñeca de trapo, ella se dejó manejar sin resistencia, Roberto la sentó encima de él dándole la espalda, alineó su polla y, de un solo golpe brutal, se la metió hasta el fondo.
—¡Aaaahhh! ¡Joder! —gritó Kassandra, arqueando la espalda. — ¡Siiii! ¡Asiiii! ¡Rico!
Roberto la agarró fuerte de las caderas y empezó a hacerla saltar arriba y abajo con fuerza, sus enormes senos rebotaban salvajemente con cada embestida, dos viejos se subieron al sofá, uno a cada lado, y le pusieron sus pollas en la cara, Kassandra, sin dejar de gemir, abrió la boca y empezó a chuparlos hábilmente, alternando entre ambas, aunque a veces se quedaba sin aire varios segundos, babeando y tosiendo mientras las lágrimas de placer le corrían por las mejillas, la excitación la tenía completamente confundida y sometida, ya no pensaba, solo sentía. Los demás hombres seguían con el juego de maltratar sus tetas al máximo: las apretaban con fuerza bruta, pellizcaban y estiraban sus pezones rosados hasta ponerlos rojos e hinchados, cada pellizco fuerte hacía que Kassandra gritara alrededor de las pollas que tenía en la boca. Los hombres se movían con experiencia, como un equipo bien coordinado.
Cada vez que sacaban una polla de su coño para que entrara otra, Kassandra suplicaba desesperada:
—No… por favor… ¡más polla! ¡No la saquen! ¡Por favor!
Los hombres estallaban en carcajadas y la insultaban sin piedad:
—Mira nada más qué puta tan depravada eres.
—Tan joven y ya eres una zorra insaciable, devoradora de pollas.
—Roberto, eres un mentiroso, esta no es tu novia, trajiste a una puta profesional, cabrón.
Otro hombre se subió al sofá y ahora Kassandra tenía tres pollas rodeándole la cara, ella intentaba chuparlas como podía, lamiendo, besando y metiéndose dos a la vez en la boca, babeando profusamente mientras Roberto la follaba desde abajo, después de varios minutos de esa locura salvaje, de pollas entrando y saliendo de su coño, Kassandra soltó un chillido agudo y largo, su cuerpo entero se tensó y empezó a retorcerse violentamente, se había corrido con fuerza, chorreando alrededor de la polla que la penetraba, tal vez el orgasmo más intenso que había tenido nunca.
Los hombres rieron con burla al verla convulsionar de placer:
—Mírenla, ya se corrió la muy puta.
—Qué fácil se moja esta zorrita y apenas estamos comenzando.
—No pares cabron, sigue metiéndosela, que no termine de chorrear la muy golfa.
No le dieron ni un segundo de descanso, todavía estaba perdida en su orgasmo, cuando otro de los hombres se sentó en el sofá y la jaló hacia él, ahora Kassandra quedó sentada de frente, mirándolo a la cara, mientras él la empalaba profundamente en su polla gruesa. Roberto se colocó detrás del sofá y continuó follando su boca, la follaban sin piedad, ella mamaba con desesperación y ellos seguían castigando su cuerpo joven: apretando sus tetas, pellizcando sus pezones y, ahora también, azotándole el culo con violencia. Las nalgadas resonaban en la pequeña sala, cada vez mas fuerte, dejando las marcas rojas de manos en su grande y jugoso trasero, cada azote era como un choque eléctrico que iba directamente a su coño, que la hacia apretar con mas fuerza la polla que tenia metida.
Kassandra gemía, gritaba y suplicaba más, completamente perdida en el placer, mientras las cámaras seguían grabando cada segundo de su salvaje degradación, gritaba sin control, completamente fuera de sí.
—¡Más duro! ¡Fóllenme más duro! ¡Más pollas! ¡No paren, por favor! ¡No paren! —suplicaba entre gemidos y gritos, con la voz rota de placer.
Uno de los hombres, excitado por sus súplicas, agarró la blusa roja que aún colgaba arrugada alrededor de su cintura y la rompió de un tirón violento, dejando sus enormes senos completamente libres, rebotando salvajemente, Kassandra no protestó en absoluto, al contrario, el sonido de la tela rasgándose la excitó todavía más y soltó un gemido largo y profundo de pura lujuria, su falda, su tanga y su sosten ya habian desaparecido en algun momento de la salvaje orgia, ella no supo ni como ni cuando, pero ya solo tenia puesta sus medias y los ligueros.
—Es hora de cambiar, chicos —anunció Roberto con autoridad.
Kassandra, confundida y como si la hubieran sacado de un trance profundo, parpadeó y preguntó casi desesperada:
—¿Qué? ¿Cómo? ¿Y las pollas? ¿Dónde están las ricas pollas?
El calvo corpulento le agarró la cara con una mano y le ordenó con voz grave:
—Ponte en cuatro, cerda.
Kassandra obedeció al instante, sin rechistar, con agilidad felina se puso a gatas sobre el sofá con rapidez, levantando su culo grande y jugoso, ofreciéndose como una perra en celo, agitándolo, esperando ser penetrada, necesitaba las pollas dentro de ella ¡ya!
Apenas estuvo en posición, uno de los hombres se colocó detrás y, con un golpe brutal, le metió toda la polla de una sola embestida, Kassandra gritó de placer, arqueando la espalda, casi al mismo tiempo, otro le metió su pene en la boca, silenciando sus gritos, Empezaron a turnarse salvajemente, un minuto de embestidas profundas y fuertes en su coño, luego cambiaban de polla, Lo mismo hacían con su boca, en esta posición podían follársela mucho más salvajemente, las nalgadas resonaban fuerte, los testículos golpeaban contra su coño empapado una y otra vez, produciendo un sonido obsceno y húmedo que la enloquecía.
Por un momento, Kassandra sacó la polla que tenía en la boca, volteó la cabeza hacia la cámara con cara de puta total y dijo entre gemidos:
—Así… para que todos vean a la putita que están follando… Que vean bien mi carita de perra en celo… — Regresó inmediatamente a chupar con más ganas, metiéndose dos pollas a la vez como podía, babeando sin control.
Los hombres estallaron en risas burlonas:
—Mira nada más qué puta tan descarada, ahora quiere ser la protagonista, jaja.
—Tan inocente que se ve y es una guarra mamadora de primera.
—Roberto ¿de qué prostíbulo de mala muerte trajiste a tan degenerada tragapollas?
La follaban con más fuerza, su culo estaba rojo e hinchado por los azotes, otros le apretaban y pellizcaban las tetas bamboleantes con brutalidad, estirando sus pezones y golpeando sus senos pesados mientras la penetraban.
Kassandra, completamente ida de placer, bajó una mano y empezó a frotarse el clítoris con desesperación, moviendo los dedos rápido y con presión, sus gemidos se volvieron cada vez más agudos y entrecortados, de repente, todo su cuerpo se tensó, su boca chupo con fuerza y apretó su coño, soltó un gemido ahogado callado por la polla que tenía en la boca y tuvo un orgasmo abrumador, mucho más fuerte que el anterior, sus piernas temblaban sin control y chorros de sus jugos corrieron por sus muslos, se retorcía y convulsionaba mientras los hombres seguían follándola sin parar, riendo y burlándose de lo fácil que se corría la joven rubia.
—Mírenla cómo tiembla, la muy puta —reía uno, sin parar de follarle el coño.
—es la zorra más grande que hemos traído —decía otro que le azotaba el culo.
—Esta guarra nació para follar, mira cómo pide más.
Se intercambiaban constantemente, cada uno buscaba la forma de darle más duro en esa posición, la agarraban fuerte de las caderas, clavando sus dedos en su carne, tiraban de su melena rubia como riendas, como si domaran a una yegua salvaje y la embestían con toda su fuerza, haciendo que cada golpe contra su coño empapado, la hicieran balancear sus gigantescas tetas, ella no paraba de gemir y gritar, completamente embriagada de placer.
Tuvo dos orgasmos más en esa posición, el primero la hizo gritar sacando la polla que tenía en la boca, el segundo fue tan fuerte que por un momento sus brazos fallaron y cayó con la cara contra el sofá, con el culo todavía levantado recibiendo polla en su coño.
Los hombres, sudados y excitados, seguían riendo y conversando entre ellos.
—Para una puta así no es suficiente tratarla bien —dijo uno.—Hay que tratarla como la cerda que es.
—Exacto… ya es hora de reventarle ese lindo culo que tiene.
Kassandra gimió sorprendida al escucharlos y sacó la polla que tenía en la boca haciendo un sonido húmedo, por un segundo su carita pareció como si fuera a protestar, con los ojos muy abiertos y la boca babeando, pero en lugar de eso, con voz ronca y cargada de lujuria, gritó:
—¡Sí! ¡Esta cerda se merece que le rompan el culo! ¡Reviéntenle su asqueroso ano!
Los seis hombres estallaron en carcajadas fuertes y burlonas, mirándola con una mezcla de sorpresa y satisfacción animal.
—Mira nada más a esta guarra…
—Pide que le destrocen el culo y todo.
—Qué puta tan asquerosa eres, Kassy.
Las risas y burlas llenaban la pequeña sala, Kassandra todavía jadeando y con la cara llena de baba, sonrió con esa expresión depravada y respondió con voz entrecortada:
—Para una puta tan asquerosa como yo… no basta con una polla.
Roberto se sentó en el sofá, disfrutando de las palabras de Kassandra, ella se subió encima de inmediato, agarró su polla y se la metió entera en el coño de un solo movimiento, soltando un gemido largo y profundo, empezó a mover su culo en círculos, follándose a Roberto con ganas.
—Estoy lista… —dijo mirándolos con ojos vidriosos de lujuria—… rómpanmelo.
Uno de los hombres, se colocó detrás de ella sonriendo con malicia y excitación, escupió abundantemente sobre el ano de ella, lo que provoco que gimiera levemente y sin ningún cuidado ni preparación extra, empujó su polla gruesa y venosa hasta el fondo de un solo golpe brutal.
—¡AAAAAGGGGGHHHHH! —gritó Kassandra con fuerza, abriendo mucho los ojos por el dolor desgarrador.
Casi al instante, otra polla gruesa se plantó frente a su cara y se la metió hasta la garganta, callándola. Sintió un desgarro intenso y ardiente en su ano, el dolor era sumamente fuerte, las lágrimas corrieron por sus mejillas mientras gritaba ahogadamente alrededor de la polla que le follaba la boca.
Los hombres no se apiadaron de ella ni por un segundo, el que estaba en su culo comenzó a bombear con fuerza, sacándola casi toda y volviéndola a clavar hasta los testículos, Kassandra intentó zafarse por instinto, retorciéndose, pero varios pares de manos arrugadas la sujetaron firmemente por las caderas, los hombros y el cabello, manteniéndola completamente inmóvil y sometida.
—¿Qué pasa, puta? ¿No querías que te rompiéramos el culo? —se burlaba uno.
—Vamos cerda… esto es lo que pediste, te vamos a dejar echa pedazos.
—Mírenla, hace un segundo muy valiente pidiendo polla en su ano y ahora llora como una niñita.
Poco a poco, entre embestida y embestida, el dolor intenso empezó a transformarse en un placer oscuro y profundo, Kassandra comenzó a gemir de forma diferente, más gutural y ansiosa, su cuerpo respondió al castigo de su culo y tuvo otro orgasmo violento, su coño se contrajo fuertemente alrededor de la polla de Roberto y su ano apretó con fuerza la polla que la estaba partiendo por atrás, los hombres no daban crédito a lo que veían y nuevamente estallaron en risas al verla.
—¡Ja ja ja! ¡Mírenla! De llorar de dolor pasó al placer la muy puta.
—Qué cerda degenerada, se corre con el culo roto.
—Esta zorra ya está completamente arruinada, no podrá vivir sin nuestras pollas.
Kassandra temblaba y gemía sin control, sintiéndose completamente llena por ambos lados, era el éxtasis total, completamente agotada tras una larga cadena de orgasmos intensos, se dejó caer hacia adelante sobre el pecho de Roberto, con su cara enterrada en su cuello, su cuerpo joven y sudoroso temblaba sin control, sus enormes senos aplastados contra él, y su respiración era un jadeo entrecortado, su ano palpitaba, abierto y sensible después de la salvaje penetración.
Pero los hombres no tenían la menor intención de darle descanso.
—Todavía no, puta, esto apenas empieza —gruñó uno de ellos.
Otro viejo, de panza prominente y manos ásperas, se colocó rápidamente detrás de ella Kassandra apenas tuvo un segundo de alivio cuando la polla anterior salió de su ano, dejando un vacío ardiente, e Inmediatamente después, sintió cómo una nueva polla empujaba con fuerza brutal dentro de sus entrañas, abriéndola de nuevo hasta el fondo.
—¡AAAAAHHHHH! ¡Duele! ¡Me duele mucho! —gritó Kassandra entre lágrimas, retorciéndose violentamente.
El dolor era intenso, como si le estuvieran desgarrando el interior con una vara ardiendo.
nuevamente la sujetaron sin piedad, Roberto la agarró firme de la cintura desde abajo, otros le tiraron del cabello rubio y le sujetaron los brazos, inmovilizándola completamente, mientras reían con crueldad.
—Mírenla, la zorrita ya está llorando de nuevo—se burló el calvo corpulento
—Hace rato corriéndose con el culo roto y ahora llora como si fuera virgen.
—Qué patética eres, Kassy, con esa carita de ángel y eres la cerda más degenerada que hemos tenido —añadió otro, dándole una fuerte nalgada.
Hicieron esto varias veces, cambiando de polla en su ano solo para disfrutar el espectáculo de verla retorcerse, gritar y pasar del dolor al placer una y otra vez. El cambio repentino era agonizante, su ano, ya sensible y abierto, protestaba con cada nueva invasión, cada nueva penetración era acompañada de risas y comentarios humillantes y Kassandra alternaba entre súplicas desesperadas:
—¡Por favor… deténganse un momento! ¡Me duele demasiado! ¡Mi culo está ardiendo! —lloraba con lágrimas de dolor, sudando y jadeando
Y solo segundos después, con la voz quebrada y llena de lujuria:
—¡No! ¡Más duro! ¡Rómpanme el culo! ¡Quiero que me destrocen como la puta barata que soy! ¡Por favor, denme más polla!
Los hombres no paraban de reir.
—Escúchenla, no sabe ni lo que quiere. Llora y pide más al mismo tiempo. —Eres una masoquista de mierda. Una cerda bipolar. —Creo que ya quebramos a la guarra, está completamente rota.
— Dale más duro, que sienta cómo duele.
Después de varios minutos de esta rotación brutal y humillante, uno de los hombres —el más viejo y escualido— aceleró sus embestidas salvajemente, gruñendo como un animal, justo cuando estaba a punto de correrse, clavó sus uñas con fuerza en las caderas suaves y tersas de Kassandra, dejando profundos surcos rojos.
—¡AAAAAAGHHHHH! —chilló Kassandra de dolor, ese dolor agudo y punzante, combinado con las fuertes embestidas, la hizo explotar.
El hombre eyaculó profundamente dentro de su ano, inundándola con chorros calientes y espesos de semen, Kassandra sintió el calor dentro de sus entrañas y su ano se contrajo con fuerza alrededor de la polla, apretándola como si quisiera sacarle hasta la última gota, ese orgasmo fue tremendo y salvaje. Todo su cuerpo sufría de espasmos, sus ojos se pusieron en blanco, sus piernas temblaron sin control y soltó un grito gutural y prolongado mientras chorros de sus jugos salían disparados de su coño, empapando a Roberto y el sofá.
Los hombres felicitaron al sujeto:
—¡Bien hecho, viejo! ¡Llenaste bien el culo de la cerda!
—Mírenla cómo se corre con el ano lleno de leche, qué puta tan estuipda.
—Esta zorra ya no tiene remedio.
—Sigue apretando el culo guarra, ordeña bien esa polla.
Ella seguía temblando y gimiendo, con el ano lleno de semen caliente, las marcas de uñas ardiendo en sus caderas, completamente sometida, usada y humillada. El hombre que acababa de correrse en su ano sacó la polla lentamente, Kassandra soltó un grito largo y ronco, mezcla de dolor ardiente y placer enfermizo, mientras su ano quedaba abierto, palpitando y chorreando semen espeso que corría por sus muslos.
—¡Aaaahhh! ¡Quema! —gimió
Antes de que pudiera recuperarse, otro hombre ocupó su lugar y le clavó la polla hasta el fondo de un solo empujón sin importarle el dolor de la chica, así siguieron, uno tras otro, rotando sin descanso, Kassandra ya no sabía ni qué pasaba a su alrededor, el mundo se había reducido a pollas entrando y saliendo de su coño y de su ano, sin parar.
Cuando terminaban de follarle la vagina y querían cambiar, simplemente la soltaban sin cuidado, dejándola caer de lado sobre el sofá como si fuera un costal de papas, su cuerpo sudoroso y tembloroso rebotaba contra los cojines, luego la agarraban de nuevo por las caderas o el cabello, la ponían en cuatro, la sentaban o la tiraban como querían, ella se dejaba hacer, completamente sometida, gritando, llorando y gimiendo sin control:
—¡Ay Dios…! ¡Me están destrozando! ¡Por favor…! ¡No puedo más…! —gritaba en algunos momentos, con lágrimas corriendo por su carita angelical.
Pero solo segundos después suplicaba lo contrario:
—¡Más! ¡Fóllenme más duro! ¡Rómpanme el culo y el coño! ¡Revienten a su puta…! ¡Soy su cerda…!
Llevaba incontables orgasmos pequeños que la hacían temblar, medianos que la dejaban jadeando, y grandes que la hacían convulsionar y chorrear como una fuente, su cuerpo ya no respondía como ella quería, estaba casi inconsciente de puro cansancio, con los ojos vidriosos y la boca entreabierta, babeando. De pronto sintió cómo uno de los hombres aceleraba salvajemente la embestidas dentro de su coño y eyaculaba con fuerza, inundándola de semen caliente, Kassandra gritó de placer, apretando los músculos internos, en ese mismo instante, otro hombre le metió la polla en la boca, el sabor la sorprendió momentáneamente, sabi a esperma espeso, amargo… mezclado con algo más terroso y fuerte, abrió los ojos con dificultad y vio al mismo hombre que había eyaculado antes en su culo, estaba allí de nuevo, con la polla todavía dura como una roca, sucia de semen y jugos de su propio ano, metiéndosela hasta la garganta. Kassandra se sorprendió mucho, había estado con suficientes hombres mayores como para saber que, normalmente, después de correrse quedaban fuera de combate hasta el día siguiente; pero este estaba listo para seguir.
Si no estuviera perdida en el placer, ella se hubiera percatado que el Viagra se lo repartían como dulces, además de tantas bebidas energizantes que era sorprendente que no les diera un paro cardiaco, pero eran cosas necesarias para poder usarla durante horas.
Sus entrañas se fueron llenando poco a poco de semen: primero el ano, luego el coño, luego otra vez el ano, chorros calientes y espesos la inundaban por dentro.
Cuando sacaban la polla de sus agujeros, la obligaban a limpiarla con la boca.
—Límpiala, cerda —le ordenaban—. Chúpala bien, que para eso sirves.
Durante todo este tiempo, no dejaban de castigarla con crueldad, le apretaban y pellizcaban las tetas con saña, le golpeaban las tetas para verlas rebotar, le torcían los pezones hinchados y rojos, le daban nalgadas fuertes y brutales, dejando su culo completamente rojo e hinchado, y hablaban de ella, como si Kassandra no estuviera presente, como si fuera un simple objeto:
—Esta puta tiene el culo más apretado que he probado—decía uno riendo. —Miren cómo chorrea semen, parece una puta de barata de carretera.
—Con esa carita de niña buena y es la cerda más loca que hemos tenido.
—Roberto, la próxima vez tráela más temprano para que la usemos día y noche
—Este culo ya no aprieta mucho que digamos — dijo uno de los viejos soltando una carcajada — está completamente arruinado, miren cómo queda abierto como túnel de tren.
—Ella es solo un pedazo de carne para follar. Nada más.
Kassandra escuchaba todo entre gemidos, lágrimas y orgasmos, completamente rota, usada y llena de esperma por todos lados, sudaba como si estuviera dentro de un sauna, su piel suave y dorada brillaba completamente empapada, el cabello rubio pegado a su cara y cuello, su sudor corría entre sus enormes senos y por su espalda como ríos, su ano ardía como fuego con cada embestida, un fuego constante que no cesaba, su coño se sentía entumecido, hinchado y abusado después de tantas penetraciones seguidas, pero aun así seguía chorreando, la mandíbula le dolía horriblemente de chupar y tragar polla tras polla durante tanto tiempo, los labios hinchados y rojos, la baba y el semen resbalando por su barbilla, y aun así, el placer no terminaba. Del dolor más intenso pasaba al orgasmo una y otra vez, como si su cuerpo ya no le perteneciera.
Los hombres, sudados y excitados, decidieron cambiar de posición una vez más.
—Vamos a partirla en dos —dijo uno riendo.
Sacaron las pollas de su interior, Kassandra apenas tuvo tiempo de gemir al sentirse vacía, antes de que la levantaran como a una muñeca rota, Roberto se sentó en el sofá con la polla tiesa y la bajaron de espaldas encima de él, empalándola profundamente en el ano de un solo golpe.
—¡Aaaahhh! ¡Mi culo! —gritó Kassandra, arqueando la espalda, sintiendo un intenso dolor.
Apenas se acomodó, otro hombre se colocó frente a ella, le abrió las piernas al máximo y le metió la polla en el coño ya hinchado, la doble penetración fue devastadora, las dos pollas entraban mucho más profundo que antes, rozándose entre sí a través de la delgada pared que separaba sus dos agujeros, Kassandra sintió que la estaban partiendo al medio.
—¡Nooo! ¡Por favor! ¡Así no! ¡Me van a romper! ¡Duele mucho! ¡Paren! ¡Se lo suplico! —gritaba llorando, mientras intentaba cerrar las piernas inútilmente.
Los hombres solo se reían con crueldad, sujetándola fuerte para que no pudiera escapar.
—¿Ahora pides que paremos, puta? —se burló uno, dándole una fuerte nalgada—. Hace rato eras toda “rómpanme el culo como a una cerda”.
—Mira cómo llora la zorrita con las dos pollas adentro ¡Vamos a reventarte!
—Calla sucia puta, este coño y este ano están hechos para esto. Cállate y disfruta, cerda.
Las dos pollas empezaron a moverse al unísono, una entrando mientras la otra salía, follándola con fuerza brutal, Kassandra gritaba y sollozaba, el dolor era casi insoportable… pero poco a poco, como antes, su cuerpo empezó a acostumbrarse y el placer regresó como una ola gigante golpeandola.
—Ah… ah… ¡joder! —gimió, cambiando el tono de sus gritos—. Más… más adentro… ¡llénenme!
Cada vez que uno de los hombres se corría dentro de ella, Kassandra lo sentía todo con una intensidad brutal: el chorro caliente inundando su ano o su coño, el palpitar de la polla contra sus paredes internas, y con cada eyaculación tenía un orgasmo nuevo, más débil que el anterior por el cansancio, pero igual de devastador, su cuerpo se convulsionaba, apretaba las pollas con fuerza y soltaba gemidos roncos y entrecortados.
—Siente cómo te lleno, puta —gruñía uno mientras se corría en su coño.
—Traga mi leche, cerda —decía otro eyaculando en lo profundo de su ano.
Kassandra solo podía gemir y temblar, completamente llena de semen, rota, sudada y destruida, mientras los hombres seguían follándola sin piedad, riéndose de lo fácil que era hacerla pasar del llanto al placer una y otra vez.
La salvaje sesión continuó sin misericordia, las pollas volvían una y otra vez a su boca, obligándola a chupar, lamer y tragar incluso cuando ya apenas podía mantener los ojos abiertos, sus pezones rosados eran estirados brutalmente, pellizcados y retorcidos como si los hombres quisieran arrancárselos, Kassandra gritaba de dolor alrededor de las pollas, su coño chorreaba aún más con cada cruel pellizco.
Poco a poco la rotación de pollas se volvió más lenta, los hombres empezaban a cansarse, sudados y respirando con dificultad, pero no querían terminar todavía, decidieron cerrar la noche por turnos.
—Uno por uno, chicos, última corrida —anunció Roberto.
Empezaron a follarla de forma más ordenada, cada hombre elegía dónde quería descargar su última ración de esperma. Uno la penetró con fuerza en el coño, gruñendo mientras se vaciaba dentro de ella, Kassandra casi inconsciente abrazo con sus piernas la cintura del hombre, esperando recibir todo el semen.
Otro prefirió su ano ya destruido y abierto, bombeando hasta correrse profundamente, Kassandra estaba boca abajo con la cara enterrada en el sillón, ya no tenía fuerzas ni para levantar el rostro.
Varios eligieron su boca, sujetándole la cabeza y corriéndose directamente en su garganta o sobre su lengua, obligándola a tragar o dejando que el semen espeso le cayera por la barbilla, tetas y cara, Kassandra solo obedecía, estaba al límite de sus fuerzas, pero aún respondía como una muñeca sexual. Su joven cuerpo quedó completamente cubierto de semen: chorros blancos y espesos corrían por su cara, por su cabello, senos, estómago, muslos y entrepierna, su coño y ano chorreaban sin parar, el semen salia espeso ensuciando el sofá.
Cuando todos habían terminado, uno de los hombres acercó la cámara principal a su cara, enfocando su expresión destruida pero llena de placer: ojos vidriosos, mejillas sonrojadas, labios hinchados, rostro cubierto de semen y una boba sonrisa .
—Díselo a la cámara, puta: Nombre completo, edad, dónde vives y qué te hicimos esta noche.
Kassandra, con voz ronca, débil y entrecortada, confundida, pero claramente excitada, miró a la cámara y habló:
—Me llamo… Kassandra López… tengo 22 años… vivo en el centro… Esta noche… me trajeron a este departamento… y seis viejos asquerosos me usaron como su puta… Me follaron el coño, el culo y la boca durante horas… Se corrieron adentro y afuera… Me insultaron, me pellizcaron las tetas, me rompieron el ano… y yo… yo me corrí como una cerda degenerada… Porque soy una puta asquerosa… que ama que la degraden y la llenen de semen…
Roberto sonrió con orgullo y le ordenó:
—Ahora dales las gracias a los chicos por ser tan atentos contigo Kassy.
Todavía desparramada en el sofá con las piernas abiertas y semen goteando de ella, miró a cada uno de los hombres, solo podía intentar abrir uno de sus ojos, ya que el otro estaba cubierto de semen grumoso. Uno por uno se acercaron y le pusieron sus sucias pollas frente a la boca, ella las limpió con esmero, lamiendo y chupando cada resto de esperma y fluidos, aunque apenas le quedaban fuerzas.
—Gracias… por follarme el coño… —le dijo al primero.
—Gracias por romperme el culo… —al segundo.
—Gracias por correrse en la boca y tratarme como puta… —al tercero.
Y así con cada uno, agradeciendo humildemente mientras los limpiaba, al terminar, uno de los hombres gritó con voz fuerte y burlona:
—¡Corte!
Esto los hizo reit y comenzaron los aplausos fuertes, felicitándose entre sí, contentos y satisfechos por la sesión.
Kassandra apenas logró esbozar una débil sonrisa de placer absoluto, todo empezó a sonar más lejano: las risas, las voces, los aplausos… El mundo se fue alejando, sintió el placer más grande y profundo de toda su vida recorriendo su cuerpo destrozado, y finalmente perdió el conocimiento, desplomándose sobre el sofá, cubierta de semen, sudor y marcas en todo su cuerpo, con una expresión de éxtasis total en su rostro angelical.