Flor es una Niña Mala

heranlu

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Me llamo Flor, tengo 21 años y vivo con mi madre desde hace 7 porque se divorciaron. Sin embargo mi hermano mayor, de 24 vive con mi padre. Mi vida, aunque con padres divorciados es muy sencilla. Voy a la universidad, donde socializo y estudio filología inglesa. Por las tardes estudio o me voy al gimnasio a hacer algo de ejercicio, otras veces quedo con mis amigos a tomarnos algo, ir al cine, etc. Lo dicho, una vida simple.

Físicamente soy morena de piel, el pelo negro y rizado, mis labios son gruesos y mi cuerpo no es normativo, tengo mis curvas, pero también mis lorzitas. Unos muslos anchos y unos hombros y espalda también anchas. Aún así me siento feliz porque en el último año he conseguido tener una vida más saludable y activa. Mi estatura es promedio, 1´73cm. Ojos marrones y visto bien.

Al acabar las clases y empezar las vacaciones de Navidad mi madre se fue con su nuevo marido y su hijo pequeño de viaje a Teruel. Desde que nació ese niño que a mí me tienen un poco olvidada, pero supongo que es normal. A ver, que yo quiero mucho a mi hermano, pero también me gustaría que me hiciesen un poco de caso de vez en cuando.

—Deberías irte con tu padre y tu hermano. Hace años que no los ves. —Me comentó mi madre mientras preparaba la cena. La idea no era mala, ya ni recuerdo cuándo fue la última vez que lo vi.

—Tres para ser exactos.

No es que tenga mala relación con mi padre, simplemente hablamos por mensaje y poco más ya que se fue a vivir a otro país por temas de trabajo, cada ciertos meses se está mudando, y eso fue causa suficiente para que mis padres tomasen la decisión de separarse. Pero es verdad que llevo tiempo sin verlo. A mi hermano lo veo más a menudo porque mi madre se lo pide y viene a visitarnos. Después de la cena fui a mi habitación, cogí el teléfono y me puse a pensar qué podría escribirle. Revisando la conversación, llevamos más de un mes sin hablar. Capaz que me dice que tiene muchas cosas y no puede dedicarme ese tiempo para mí. Estaba en línea.

Flor: Hola papá, ¿cómo estás? Ya tengo vacaciones en la universidad, ¿quieres que me vaya con vosotros a pasar unos días, celebrar Navidad, etc?

Enviado.

Recibido.

A los pocos segundos… leído.

Un poco después… escribiendo…

Me dio un poco de ansiedad pensar que la distancia geográfica entre mi padre y yo podría haber puesto en peligro nuestra relación, y que tomase esa excusa como para no querer pasar ningún momento especial conmigo, solo mensajes y videollamadas.

AAPapá: Hola cariño, todo bien, un tanto ocupado por el trabajo, pero dime los días que vienes y me los cojo libres.

Su respuesta me sorprendió, mi corazón se aceleró de felicidad.

Flor: Del 23 de diciembre al 26 puedo ir y así pasamos unos días y cuando vuelva me pongo a estudiar para los exámenes de enero.

AAPapá: OK. Mira los vuelos y me dices lo que cuestan. Voy a pedir los días.

Al día siguiente mi padre me confirmó que sus días de vacaciones habían sido confirmados y aceptados. Esos días los pasé preparando el viaje, la maleta, buscando el pasaporte por si me iba a ser necesario, todo. Me despedí de mi madre, mi hermano y mi padrastro, en el aeropuerto casi me pierdo, parecía una pequeña ciudad metida en un recinto, sin embargo había mucha gente que viajaba al mismo destino que yo y pude seguirlos. La verdad que viajar en avión me gusta sin embargo nunca puedo evitar pensar en las cosas malas, como que se caiga, o estalle en mitad del vuelo, cosas así, soy una ansiosa. Como el vuelo duraba varias horas, me entretuve con lo que pude. Una película que ofrecía la aerolínea, los apuntes que me llevé para leer precisamente en el avión. También dormí, y tuve un sueño la mar de extraño. Mi padre me metía en los baños del aeropuerto y me metía mano, besaba mi cuello, y su mano jugueteaba con mi parte íntima. Lo peor del sueño era que me gustaba y le pedía más hasta que… Me desperté con un orgasmo en mitad del avión, agitada. Miré a mi al rededor, menos mal que quien iba a mi lado estaba dormido, como creo y espero que estuviese el avión entero. Cuando pude calmarme, intenté olvidarlo y conseguí volver a dormir pero no conseguí olvidarlo.

Al llegar al país donde vivía mi padre me puse a buscarlo tras recoger la maleta de la cinta. No lo vi, fue mi hermano Hugo quien fue a recogerme al aeropuerto.

—¡Hugo! —lo saludé, fui corriendo hacia él y nos fundimos en un gran abrazo.

Hugo es mi hermano mayor. Nos llevamos tres años y nuestra relación es bastante estrecha aunque lo mismo, a distancia. Era más alto que yo, fuerte y muy inteligente, se hizo CEO de no se qué empresa de comida ecológica.

—¿Cómo estás? ¿El vuelo fue bien?

—Todo bien, hermano. Un poco cansada. Pero muy feliz de estar aquí con papá y tú. ¿Ha venido?

—Está en casa, no quiere que te lo diga, pero está preparando una fiesta sorpresa.

—Ya no es sorpresa… — Echamos a reír y fuimos al coche, y de ahí rumbo a la casa de mi padre.

La ciudad era bonita, había mucho verde y poco edificio, me encantaría estar aquí más veces. Pero duraría poco porque está claro que mi padre al poco tiempo se iría. Llegamos a la casa y era un pequeño chalet con piscina. Sorprendente el cambio que ha dado mi padre estos años atrás. La fachada era blanca, la estructura modera y había una casera en el jardín de madera. El interior era moderno y muy bien cuidado, estaba limpio y olía bien.

—¡Sorpresa! —Mi padre estaba en el salón, que lo decoró con globos, puso música a todo volumen y tiró confeti. No puedo creerme que mi padre tuviese tanta ilusión por verme.

—¡Papá!

Nos fundimos en un cálido abrazo.

—Que alegría tenerte aquí, hija mía. Toma, esto es para ti. —Me dio una caja envuelta en un papel rojo con un lazo blando.

—Aún queda un poco para Navidad. —Lo miré.

—Esto no es por Navidad, es para darte la bienvenida.

Comencé a deshacer el lazo y arrancar el papel. Una cámara. Pero nueva y tenía pinta de ser cara. Hace años que hacía fotos artísticas, pero llevaba meses que no podía hacer ninguna porque por culpa de mi hermano pequeño que la rompió, y no disponía de los medios para poder reponerla.

—¡Me encanta! Muchas gracias, papá. —Volví a abrazarlo.

—Me alegro que te guste, un pajarito me contó que te hacía falta una. Así podrás fotografiar todas las cosas que hagas estos días.

—El pajarito también quiere un abrazo. —Abracé a mi hermano y le agradecí por la cámara. —Ven, que te enseño tu habitación.

Subimos las escaleras y la primera habitación a la derecha era la mía. Había una cama grande, una cómoda y una mesa donde había una televisión, al fondo había una puerta blanca. Las paredes eran amarillo suave y el suelo estaba decorado con una alfombra rosa. Esa alfombra estaba de cuando yo era pequeña.

—¿Te gusta? Mira esto es el baño. Compartimos el mismo, por lo que cuidado al entrar, y siempre que puedas pon el pestillo.

—Claro, no quiero cosas raras. —Mi hermano rio por lo bajo.

El baño era grande, contaba con ducha amplia, dos lavabos y una bañera también.

Después me enseñaron el resto de la casa, era un estilo moderno y rústico a la vez. Me gustaba, e jardín lo que más, y aunque haga frío la piscina estaba climatizada, y yo no me he traído ropa de baño.

—Podemos ir a comprar un bikini al centro esta tarde, si quieres.

—No te preocupes. No tengo ganas igualmente. —Aunque las tuviese me daba vergüenza ir casi desnuda delante de mi padre, y me ha entrado tras tener ese sueño en el avión. De acordarme se me revolvió algo. —¿Y si recogemos el salón? Eso estará hecho un asco con el confeti.

—No te preocupes, Juliana lo limpiará. Es nuestra ama de casa.

—Ahora entiendo que la casa estuviese tan limpia. —Comenzamos a reír y a planear que hacer los siguientes días.

Esa tarde la pasamos viendo películas los tres, pero yo del cansancio del avión me quedé dormida en el sofá en seguida. Volví a soñar que mi padre me hacía algo, pero esta vez era en su casa, en su habitación. Me tenía las piernas sujetas y me miraba con lascivia.

—Sé buena niña, pórtate bien y yo haré lo mismo. —Acariciaba mis muslos, besaba mi abdomen y se diría a mi parte íntima de nuevo.

Me desperté de un salto, sudada. Hiperventilando.

—¿Pasa algo, cariño?— Papá tenía su mano sobre mi pierna, instintivamente me ericé. —Estabas soñando algo raro, y se ve que era conmigo.

—¿Cómo sabes que era contigo?

—Porque ibas gimiendo mi nombre, “papá no”, “sigue papi”. ¿Qué ocurre Florecilla?

Mi corazón se aceleró más aún. En el sueño mi padre lamía mi vagina por encima de las bragas, y eso provocó que dijese que siguiese porque la sensación era increíble.

—Será que necesito una ducha, el viaje ha sido muy largo. — Me levanté del sofá y fui casi corriendo a mi habitación. Cerré la puerta, eché el seguro, me tumbé un rato en la cama y cuando me calmé, entré al baño. —¡Ahhhh!

—Cállate, joder Flor. —Mi hermano estaba en el baño desnudo, con su miembro en la mano. En el fondo sonaban gemidos y azotes, estaba viendo un vídeo porno en nuestro baño, al mismo tiempo que se la cascaba. Me di la vuelta para salir del baño y volver a la habitación, pero su mano me detuvo, y me hizo quedarme. —Ven aquí, no pasa nada.

—¡Suéltame cerdo! —Me tapó la boca para que no gritara más. Me cogió de los hombros y me puso contra la puerta del baño.

—Me has pillado en un momento que… —ambos miramos para abajo, su pene estaba duro. — no me has dejado terminar. Y eso está mal. ¿Has cerrado la puerta de tu habitación?

—Sí.

—Buena chica. Esto no se lo cuentes a papá, ¿prometido? —asentí con la cabeza. —Ponte de rodillas, hermana.

—No… no quiero hacerlo.

—No vas a hacer nada, por ahora, pero quiero que me veas acabar. Quítate la camiseta. —Me puse nerviosa, pero lo hice, me quité la camiseta, dejando mis pecho al aire, ya que con pijama no uso sujetador. —Uf… qué bonitas, tienes los pezones duros, eh. —Me arrodillé y lo miré. —¿Sabes por qué me he ido del salón? —Negué con la cabeza. Ni siquiera me percaté de ello.

—No.

—Porque estabas gimiendo, teniendo algún sueño húmedo con papá y yo me había endurecido como una piedra, Flor. Eso está mal. —Llevó su mano a su pene y empezó a masajearlo. Lo vi fijamente. Su cuerpo estaba bien moldeado, podría ser modelo o actor de cine para adultos. Sus músculos se marcaban y su pene era grande. Su masaje se hizo más intenso, se hinchó más. —¿Te pone cachonda papá?

—No… lo sé.

Mi padre era igual de alto que mi hermano, pero no tan fibrado, aunque sí había mejorado su aspecto físico desde la última vez que lo vi, igual que yo, perdió peso.

—¿No lo sabes? O sea, que sí. ¿Y yo? Te pongo cachonda yo, también, ¿no? Por eso tienes los pezones así…

No dije nada. Nunca fui de fijarme en los chicos, de hecho nunca he estado con ninguno. Siempre he ido a mi bola, con mis intereses privados, mi series, mis películas, mis amigos, mis estudios… Empezar en el sexo para mí nunca fue una prioridad, y aunque a veces me masturbaba, creo que nunca desperté en ese aspecto, hasta el viaje en avión.

Hugo empezó a acercase a mí, se arrodilló, manoseándome las tetas. Con dos dedos empezó a pellizcarme los pezones y eso me hizo gemir.

—Dime una cosa, Flor… —Susurró en mi oído. —¿Eres virgen? —Tragué saliva y suspiré.

—Sí… lo soy. —Con esa respuesta mi intención era que me dejase en paz. Pero no fue así.

—¡Joder! —Se echó las manos a la cabeza, me miró y se levantó. — ¿Te masturbas?

—A veces. —Empezó a dar vueltas por el baño, mientras yo seguía arrodillada.

Se quedó un rato en silencio, pensativo, yo no podía evitar pensar en algunas cosas que veía en internet. Hermanos teniendo sexo, con sus padres también. No era lo que más frecuentaba pero sabía que existía. ¿Qué me hará Hugo? ¿Se la tendré que chupar? ¿Me va a follar? ¿Se lo dirá a papá?

—Ven, levanta. Quítate el pantalón del pijama. —Sus órdenes fueron obedecidas casi de inmediato. En menos que canta un gallo yo estaba completamente desnuda delante suya. — Habrá que quitar eso, o al menos, parte. —Cogió una tijeras de su habitación, se acercó a mi, se agachó un poco, me agarró y estiró un poco y cortó el exceso de vello púbico. Nunca antes había tenido a nadie tan cerca de mi intimidad. Nunca pensé que el primero en estarlo fuese mi hermano. — Esto solo lo llevan las vírgenes y las guarras. Mañana lo quiero completamente liso y sin ningún pelo, ¿está claro?

—Sí.

—Ahora ven. —Hugo entró a la bañera y se tumbó, abrió sus piernas dejando espacio suficiente para que yo entrase. Me metí y me recosté, dejando mi espalda contra su pecho. Encendió la alcachofa y yo me ericé por el contacto del agua fría con mi piel. Al poco empezó a salir caliente. Reguló el chorro de la alcachofa para que saliese un chorro fuerte pero que no hiciera daño. —Abre las piernas.

—Hugo, no… —Fue el quien me las abrió separando mis rodillas haciéndolas chocar con las paredes de la bañera. No íbamos a bañarnos, iba a masturbarme. Yo nunca lo había hecho en la ducha, decían que daba mucho gusto, pero nunca lo probé, siempre que me tocaba lo hacía con mis propias manos.

—Hazme caso, Flor, vas a disfrutar mucho. —Con cuidado fue manoseando mis tetas, volviendo a jugar con mis pezones, que volvían a estar duros con sus caricias. Cogió la alcachofa de la bañera y la pasó primero por mis piernas, sin ir directo a mi coño, yo estaba muy nerviosa pero a la vez con ganas de probarlo. — Relájate. —Pasó su mano por mi sexo, explorando, firme, sabía donde tocar. Gemí echando la cabeza para atrás, dejando mi cuello vacío, acto seguido fue llenado por sus besos y lamidas hasta el lóbulo de mi oreja. Separó mis labios mayores dejando expuesto mi clítoris, empecé a acelerar mi respiración. —Shh… relaja. Verás que gusto. —El chorro hizo contacto con mi clítoris, yo di un salto y gemí de nuevo, fue brusco, pero delicioso, me agarré al cuello de mi hermano, él me miró, repitió el mismo movimiento. —¿Te gusta?

—Sí, me gusta. —Tuve que admitirlo.

Hugo me besó, al mismo tiempo que hacía círculos con la alcachofa sobre el punto más débil de mi anatomía. No podía evitar gemir en sus labios, su lengua poco a poco se hizo paso en mi boca. Empezó a jugar con el chorro, a ponerlo directamente, y quitarlo, me estaba volviendo loca. Pero no sé si me gusta más la sensación que siente mi cuerpo, o e hecho de que quien me lo esté haciendo sentir sea mi propio hermano.

—Hugo…

—¿Sí?

—Más…

—¿Más qué?

—Rápido. —Volví a gimotear. Y en ese momento fui consciente de que su polla estaba dura chocando contra mi espalda. El movimiento fue in crescendo, y mi orgasmo se acercaba a gran velocidad, con gran intensidad. —Me voy a correr, Hugo.

—Córrete hermanita, déjate llevar.

Fui atravesada por un rayo en ese momento. El orgasmo fue majestuoso. Mi vagina tuvo multitud de contracciones, mi clítoris se hizo débil y sensible y mis piernas se cerraron al instante, desviando el chorro a otro lado. Hugo cerró el agua y me besó. Yo gemí en distintos tonos, del modo que di a entender a mi hermano que lo que me hizo fue maravilloso. Mi cuerpo entero temblaba debido a lo ocurrido.

—¿Ves como si ibas a disfrutar? —Hugo besó mi lóbulo y me acarició el sexo con cuidado, teniendo en cuenta la sensibilidad de este tras tremendo orgasmo.

—Sí… tenías razón.

—Ahora me toca disfrutar a mí. —Besó mi cuello y yo me asusté, pero mi cuerpo seguía excitado.

—¿Y qué puedo hacer para que disfrutes hermanito?

—Vas a hacerme una paja.

Salimos de la bañera y nos secamos los cuerpos, fuimos a su habitación aún desnudos. El se tumbó en su cama y empezó a hacerse una paja. Yo solo estaba sentada a su lado mirando. Hasta hoy no vi un pene, y menos flácido, en directo, solo en películas porno o en libros de anatomía en el cole. Nunca vi uno en vivo, porque dudo mucho que ver a un tío borracho meando en la calle, cuente. El de mi hermano era grande, y ancha, iba depilado.

—Cógela. —Yo me incorporé de manera que me fuese cómo agarrarlo. La rodeé con la mano. El tacto era caliente, se endureció con mis caricias. Hugo suspiró. Puso su mano encima al rededor de la mía, de manera firme, empezó a subir y bajar nuestras manos por su polla que cada vez estaba más dura. —Hazlo así.

Empecé con el masaje al ritmo que él me había marcado. Con firmeza, sin apretar demasiado, subía y bajaba su pellejo dejando a su glande entrar y salir, en un momento mi mano se puso pegajosa por un líquido transparente, no era semen, sino líquido preseminal. ¿A qué sabrá? El ritmo iba bien, Hugo arqueaba sus caderas en busca de más, eso me hizo pensar que lo estaba haciendo bien.

—¿Lo hago bien?

—Lo haces perfecto, Flor, no pares, oh… sí…

Seguí con mi movimiento, haciendo que Hugo se retorciera de placer, me gustaba verlo así, con los ojos cerrados, gruñendo y suspirando, empecé a excitarme de nuevo.

—Ya acabo, hermanita, joder, sí…

Incrementé mis movimientos, de manera que Hugo se sorprendió y pidió mas. Gimió fuerte mi nombre, eso me puso más cachonda. En un momento noté como su polla empezó a palpitar y a brotar un líquido blanco, espeso y caliente sobre mi mano, que aún sujetaba su tranca.

—Que maravilla hermanita… Que placer. —Siguió tumbado y sacó de su mesita papel para limpiarse. Yo en cambio fui al baño a lavarme las manos. Después volví, Hugo ya estaba poniéndose el pijama. —Esto…

—Secreto. Prometido.

—Gracias. —Se acercó a mí y besó mi frente. Después me llevó a la puerta de su habitación, me tiró al pasillo y cerró con seguro.

—¡Eh! —Menudo desagradecido.

Me ha dejado en el pasillo desnuda, puesto que mi ropa se ha quedado en el baño. Suspiro y me voy a mi cuarto.

—No, no me jodas. No me jodas… —Intento abrir desesperadamente la puerta pero también le puse seguro. —Mierda.

No se me ocurrió otra idea que ir a la habitación de mi padre, pero cuando fui a cruzar el pasillo el subía las escaleras. Encontrándose con una estampa preciosa, pero muy humillante para mí. Intenté cubrirme como pude, pero mis tetas eran demasiado grandes para caber en un solo brazo, sin embargo no podía descubrirme el coño.

—¿Flor?

—Papá… eh… puedo explicarlo. —Pero que explicación iba a darle. ¿Le hice una paja a mi hermano y me echó de su cuarto?

—No quiero explicaciones. Ve a mi habitación ahora mismo.

Lo acompañé a su habitación. De su baño sacó un albornoz y me lo puso.

—¿Qué hacías desnuda en el pasillo?

—Yo… bueno, me…

—Déjalo. Voy a llamar a Hugo a ver si él puede explicármelo.

Creo que él tampoco tiene excusa. Fue hacia su puerta y tocó, Hugo salió con su pijama, frotándose los ojos.

—¿Puedes venir a mi habitación, por favor?

—Claro.

Aparecieron los dos en la habitación, yo estaba en el centro de la cama de mi padre, que era el doble de grande que la mía.

—¿Por qué estaba desnuda en el pasillo y su habitación cerrada?

—Papá… verás… —Empezó a hablar, sé que nos caerá bronca, pero al menos si dice la verdad disfrazada, sea menos bronca. —Vino a mi habitación así, me propuso algo muy asqueroso y me tocó echarla.

¿Cómo se puede ser tan sinvergüenza?

—¿Perdón? Eso es mentira.

—No es mentira, viniste desnuda, me dijiste que te hiciese porquerías y me tocó echarte de mi cuarto. Dijiste que estabas empapada y que me necesitabas —Hugo me miró serio. Mi sangre hervía y empecé a cabrearme, sin embargo no quería decir nada porque mi estancia aquí duraría poco y no tengo otro lado donde ir. —Compruébalo papá.

—¿Qué quieres que compruebe, hijo?

—Que está cachonda, así al menos se sabrá que es verdad lo que digo.

Mi vagina estaba mojada, por el orgasmo que he tenido y porque mientras pajeaba a mi hermano me volví a excitar, esa es la verdad, no la historia que está contando, eso es falso.

Mi padre me miró, se sentó en la cama y dio golpes encima de sus piernas.

—¿Papá, lo dices en serio?

—Flor, no quiero problemas, tengo que desmentirlo. Por favor, no hagas esto más difícil. Confío en que no es así, pero debo comprobarlo. No quiero que hayan incidentes en esta casa.

Suspiré de manera pesada, me levanté y bajé de la cama, me senté en las piernas de mi padre. Noté su erección bajo su pantalón, yo solo llevaba el albornoz que me dejó. Como me venía grande, una parte de él cayó dejando mi hombro al descubierto. Su mano derecha se posó en mi espalda, con la izquierda empezó a acariciar mis muslos.

—Flor, hija mía… ¿eres virgen?

—Sí, papá. —Noté como su polla se hizo más dura y apretaba contra mi culo.

—Eres mayor para serlo, ¿no crees?

—Supongo.

—Eso debe solucionarse. ¿No crees Hugo? —Mi hermano estaba apoyado en la pared de la habitación, su erección se hacía notoria a través del bulto del pantalón fino del pijama.

—Sí, papá, a esa edad ser virgen es un pecado casi.

Ambos rieron. Mi padre seguía acariciando mis muslos. Mi respiración se aceleraba. Mi hermano se sentó en la cama, donde estaba yo antes. Mi padre lo vio y me miró a mí.

—Túmbate en la cama mejor, Flor. Hugo, que se apoye en ti, así podré revisarla bien.

Me volví a poner en la cama, con la espalda contra el pecho de mi hermano, como estábamos en la bañera hace un rato.

—Esto me recuerda a algo. ¿A ti no?—Me susurró al oído.

No le hice caso. El albornoz se aflojó y mi padre terminó subido en la cama también. Me separó las piernas y se puso en medio, subió mis rodillas mientras que mi hermano me terminó por deshacer el nudo del albornoz, y lo abrió dejando mi cuerpo desnudo ante los ojos de nuestro padre. Yo no sabía lo que estaba pasando, parecían cómplices de esto. Mi padre empezó a acariciarme los muslos con ambas manos, y mi hermano volvió a tocarme las tetas, mis pezones volvieron a ponerse duros bajo su tacto.

—Mira papá, si hasta le gusta, mira como se le han puesto los pezones. —Mi padre subió la mirada hacia mis tetas y pudo comprobarlo.

—Flor, ¿te gusta cómo te trata tu hermano? ¿Te da gusto?

—Sí… —Joder no podía mentir. Me gustaba.

Mi padre seguía acariciando mis muslos, una de sus manos fue más directa a mi sexo, apenas lo rozó por fuera.

—Flor hija mía… sí estás mojada.

—¿Ves como era verdad papá? —Mi hermano buscó la aprobación de mi padre. Se miraron, sonriendo. —No es la niña buena que parecía al principio.

—Tienes razón, hijo mío. Creo que tiene que ser castigada como la niña mala que es.

—¡No! —Mi hermano me sujetó los brazos, evitando que pudiese moverme, pues tenía muchísima más fuerza que yo. Empecé a patalear y llorar. No quería tener mi primera vez aquí, ni con ellos.

—Hija, no te portes mal que será peor. Debes portarte bien para que así no te duela. Papá nunca va a permitir que te pase nada malo, lo voy a hacer con cariño y cuidado, y verás como así lo disfrutas.

—Sois unos cerdos, soltadme.

—Hugo, que no se suelte.

Mi hermano bajó de la cama mientras que me sujetaba las muñecas, de debajo de la cama salieron unas esposas de tela y junto con la ayuda de mi padre empezó a atarme las muñecas con ellas. Mis manos ahora estaban inútiles, y mis piernas las sujetaba mi padre, quien fue reemplazado por mi hermano para quitarse la ropa.

Mi padre tenía barriga, cosa de la edad supongo, también iba depilado y su torso estaba tatuado. Bajé la mirada a su miembro, estaba flácido. Se acercó a un cajón y sacó unas pastillas azules. Me dio por reír el solo saber que a mi padre no se le levanta de manera natural.

—¿Te ríes de tu padre? —Me soltó un bofetón que me hizo ver las estrellas. Me mareé un poco. Cuando recobré la conciencia estaban ambos entre mis piernas abiertas. —Por fin despiertas, hija. No te he dado tan fuerte, pero a papá le ha dolido que te rieses de él. Perdón.

—Asqueroso…

Mi padre me ignoró, volvió a la conversación con mi hermano. Vi un flash. ¿Están sacando fotos a mi vagina? Vi que mi hermano estaba con la cámara en la mano, apuntando a mi sexo.

—Pere seréis…

—Tranquila, el álbum es privado. Flor cariño tienes mucho flujo. —Hugo pasó un dedo por el exterior de mi sexo, me lo mostró y lo vi brillante. —Estás cachonda como una perra. ¿Te acuerdas lo que te hice en la bañera? Ahora vas a volver a sentirlo pero… de otra forma.

Mi padre se quedó solo entre mis piernas, mientras que mi hermano sacaba fotos de la escena. Volvió a acariciarme los muslos, a besar su interior, dirección a mi vulva, yo intentaba cerrar las piernas pero me era imposible. Mi sueño, mi sueño estaba haciéndose realidad. Y me estaba gustando…

Llegó a mi coño y eso me hizo tiritar. Sus labios besaban los míos, y su lengua se hizo paso hacia mi clítoris, que estaba erecto y muy hinchado a causar de la excitación. Se deslizó despacio, absorbiendo mis jugos, jugando en mi entrada, pero no mucho más. Se concentró en mi clítoris, despacio, suave, yo gemía, no podía reprimirme más, solté un sollozo de gusto.

—¿Te gusta lo que te hace tu papi? —Me preguntó, yo sollozando le respondí que sí. —Pues verás lo que viene ahora, papá quiere que te corras en su boca, te voy a hacer acabar mi niña.

No pude responder, solo centrarme en sus caricias. Mi hermano seguía sacando fotos, a veces me acariciaba las tetas, las chupaba y jugaba con mis pezones, o me besaba. Estaba desnudo él también y su polla dura, no podía evitar mirársela. No paraba de gemir debido a la lengua de mi padre, se movía con maestría. No entiendo cómo puede mi madre haberse separado de él. Con el gustazo que da cuando hace esto.

—Dime que te encanta, dime que estás disfrutando. —Dijo entre lametones.

—Ay papi… Me encanta, sigue.

—Claro mi niña, ya te hago acabar.—En ese momento metió un dedo den mi interior, yo grité, pero del gusto. No me dolió, al menos no mucho, cuando estaba más lubricada consiguió meter otro y yo me estaba volviendo loca. Fue jugando con mi cuerpo.

La lengua de mi padre incrementó los movimientos. No podía más, iba a estallar. Hugo se puso con mis pezones otra vez y eso hacía que me pusiese a mover las caderas, pidiendo más.

—Me… corro… papá…

—Sí mi amor, córrete para papá.

Estallé en su boca, grité y me arqueé. Me quedé temblando un rato. Mi padre me chupaba las tetas y mi hermano seguía sacando fotos.

—¿Ves como te dije que tu papá te iba a hacer pasarlo bien? —Por primera vez me besó, su lengua encontró la mía y me excité de nuevo.

—Papá, quiero más.

Mi hermano y mi padre se miraron.

—Claro mi amor. Lo que quieras. Pero ahora quiero hacerte mujer, va siendo hora. —El pene de mi padre había crecido y era no muy grande y fino. —¿Vas a ser mi niña buena?

—Sí papá, hazlo, quiero ser tuya.

Me soltaron las muñecas, se acomodó entre mis piernas, su pene encontró mi entrada, me fue penetrando poco a poco, haciéndome sentir mujer, hasta que me llenó completamente, me sentía tan bien con su polla dentro de mí. Me aferré a su espalda y empezó a moverse, entrando y saliendo lento, me encantaba.

—Toma hermanita. —Mi hermano me ofreció su pene, y yo empecé a pajearlo como hace un rato atrás. —Oh sí…

Mi padre sabía perfectamente cuando empezar a moverse más rápido, notó que mi cuerpo se relajaba y empezó a incrementar sus movimientos. Yo estaba en el séptimo cielo, no iba a tardar en acabar.

—Joder, papi… fóllame, sí.

—Toma mi amor, toma mi polla. Es tuya, entera, hija mía. —Mis caderas empezaron a moverse buscando más, mi padre aprovechó para darme unos azotes en el culo. Gemí. —Ay mi niña, fóllame tú también a mí. — Me puso encima suya, me cogió de las caderas y me hizo subir y bajar por su miembro. —Dios mío, sí, me corro hija, me corro dentro de ti.

—Sí papi, córrete para mí.

Mi padre estalló dentro de mí, yo no acabé.

Estuvimos un rato unidos Me levanté y me tumbé al lado de mi padre, suspirando ambos. Pero no duró mucho. Mi hermano se puso encima mío. Me besó y después me cambió de posición. Con el culo en pompa, dejando mi ano y mi coño chorreando semen dispuestos para él.

—Ahora es mi turno, hermanita.

—¿Qué vas a..?

No me dio tiempo a reaccionar. El miembro de mi hermano me estaba atravesando entera, con movimiento bruscos y rápidos empezó a follarme a cuatro patas, mientras que mi padre su puso debajo de mi y volvía comerme el coño. Yo no pude evitar gritar. Mi padre tenía el rabo tieso todavía. Me dio hambre, lo tomé con mi mano, y me puse a limpiar su leche con mi lengua.

Al instante mi padre me agachó la cabeza chocándola con su miembro, haciéndolo entrar en mi boca. Moví mi lengua en todas direcciones. Que gusto le estaba dando.

Mi hermano me volvió a dar la vuelta, desarmando el puzzle. Me apené un poco porque quería seguir comiéndome la polla de papá. Puso mis piernas en sus hombros y me embistió de una, joder… eso me encanta.

Empezó a follarme duro y no pude evitar gritar cuando noté el dedo de mi padre en mi culo, entrando y saliendo. Y con otro dedo entre los cuerpos de mi hermano y el mío, frotando mi clítoris. Con una de mis manos me puse a masturbar a mi padre.

Tres partes de mi estaban siendo estimuladas, no puedo más…

—Me corro, Hugo. Me voy a correr.

—Córrete hermanita, al rededor de mi pollas, venga, vamos. —Él dio las últimas embestidas. Y gracias a las caricia de mi padre, pude acabar, convulsionando al rededor de la polla de mi hermano, quien gimió de sentir esas contracciones. —Joder, Flor… que gustazos me das.

Mi hermano y yo acabamos y nos separamos, mi padre se tumbó entre los dos, nos abrazó y nos besó las frentes.

—Como os quiero, hijos míos. —Me miró. —Y tú no vuelvas a ser una niña mala.
 
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