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Fecundizando a mi Propia Madre – Capítulo 001
Fueron tres meses después del accidente automovilístico que envió a mamá al hospital con dolores abdominales. Esos dolores resultaron ser un aborto espontáneo de un embarazo que había durado solo dos meses.
“Vamos a intentarlo de nuevo”, dijo mamá. Se veía muy contenta de pie en la cocina.
"¿Intentar qué, mamá?".
“Quedar embarazada, por supuesto. Pronto voy a cumplir cuarenta, y tu padre ya está en sus cincuentas. Nos queda muy poco tiempo para poder tener otro hijo. ¡Fue un milagro quedar embarazada este año, y espero aun quede un poco de esa magia!”.
Mamá siempre había querido otro hijo después de mí, había pasado 18 años desde que nací y todavía no tenía hermanos ni hermanas. No pudieron concebir.
Finalmente, después de muchas visitas de papá a la clínica de fertilidad y de intentos de inseminación artificial, hubo éxito.
“Tu padre irá a la clínica de fertilidad mañana para hacer 'su parte'. Mi ovulación es al día siguiente, así que será ese día cuando ocurra la inseminación”.
Debería estar feliz, pero no lo estaba. Debería haber alentado a mamá, pero no pude.
Todo lo que sentía era culpa. Quizá miedo también.
“Daniel, te lo tomaste muy mal cuando perdí al bebé. Pensé que estarías emocionado al escuchar las noticias.
“Mamá, yo…”
"¿Qué pasa, Sr. Tristezas?"
Ella sonaba tan alegre. Nunca quise hacer nada que le causara dolor o angustia. Mamá es de tez clara, alta y con un físico bastante cuidado producto de su constancia en el gimnasio, parecía que estaba en sus veintes y todo lo que quería era tener otro bebé para poder darle el mismo amor que me dio a mi toda la vida.
“Nada, mamá. Es solo que...”
“Daniel. Sé cuándo algo te incomoda. Ahora, dile a mamá qué es”.
"Es solo que no quiero que te decepciones si... ya sabes".
“Daniel, Sabias que todos estos años que tu papá y yo no pudimos concebir, nunca necesité ninguna prueba de embarazo para saber que no había funcionado. Algo muy dentro de mí pudo sentir de inmediato que no había funcionado desde el principio. Pero, esta última vez, cuando llegué a casa después de ser inseminada, ¡Pude sentirlo! No te puedes imaginar cómo me sentí. ¡sería mami de nuevo!"
"Eso fue esta última vez, mamá y…".
“¿Y qué ha cambiado? Eso fue hace solo cuatro meses, solo un par de días después de tu cumpleaños 18. Le trajiste buena suerte a papá cuando lo llevaste a la clínica.”
La culpa entró en acción. Tenía que tomar una decisión, probablemente la segunda decisión más importante de mi vida: ¿debería decírselo a mamá?
“No quiero que te hagas ilusiones, mamá. Probablemente no vuelva a suceder. Si sucede, genial, pero realmente no creo que vaya a suceder”. Ni siquiera pude mirarla cuando dije eso.
“Daniel, esto no es propio de ti. Ven aquí. Ven con mamá. Abrió los brazos y me derretí en ellos, como de costumbre. Puse mis brazos alrededor de ella mientras ella me abrazaba. Se sentía cálida, hizo un pequeño movimiento de balanceo maternal.
Luego me retiro a la distancia de sus brazos y preguntó: “¿Qué pasa? ¿Qué no me estás diciendo?”
"Nada, mamá".
“Daniel, sé cuándo mientes. Siempre lo se. Dime. No hay nada tan malo que no podamos resolver juntos, como siempre lo hemos hecho”.
“No esta vez, mamá. Esto es un factor decisivo”.
"Está bien, ahora me estás asustando".
"Ni siquiera sabría cómo decírtelo", murmuré. Eso podría haber sido lo más cierto que he dicho.
“Vamos a Segregar”, dijo mamá. Así es como ella hace las cosas más fáciles, por lo general.
"Mamá, no funcionará así esta vez".
“Sí lo hará. ¡Observa!: ¿Se trata de la escuela?
"No."
“¿Se trata de la universidad? No hiciste nada para arruinar tu beca, ¿verdad? ¡Tu padre te mataría si lo hicieras!”
“No, todavía tengo mi beca.” Sin embargo, eso no impediría que papá me mate.
“¿Se trata de dinero? Hacemos lo que podemos por ti, y tienes ese trabajo de medio tiempo”.
“Tampoco es dinero, mamá. Vamos a olvidarlo."
“Ni lo sueñes, Jovencito. Esto se llama “Segregar”. Vamos a ver. ¿Se trata de chicas?
"Ah…"
"Ya veo. Se trata de chicas. Recuerda, Daniel, puedes decirle a mamá cualquier cosa. Nada es tan complicado o vergonzoso que no puedas confiar en tu mamá”.
"No se trata de esto, mamá".
Mamá dio un paso adelante y me abrazó de nuevo. “Daniel, tienes a una chica en problemas, ¿verdad? Dejaste embarazada a una chica.”
"más o menos," dije, sin saber cómo continuar desde allí.
“No existe un ‘más o menos’ en un embarazo. ¿Es tu ‘supuesta’ novia, Paula? Sabía que era demasiado liberada para ti. Pude verlo en—“
“No, mamá, no es ella”.
Mamá me miró a los ojos y dijo: “Dame el número de teléfono de su madre y comenzaremos a arreglar todo esto. Estoy contigo en esto, Daniel. Ya no tienes que preocuparte solo”.
“Mamá …"
“El número de su madre. ¡AHORA!" Mamá había sacado rápidamente su teléfono de su bolsillo trasero.
Dicté 10 dígitos y mamá los marcó uno por uno, luego se acercó el teléfono al oído. Ella indicó que colocaría el teléfono en altavoz y el timbre fue audible. Una voz dijo: "¿Hola?"
"Hola, esta es la madre de Daniel, la Sra.-"
"¿Lisa?" vino la voz de mi abuela. "¿Es acaso esto una broma?"
"¿MAMÁ?" mi madre dijo. "¡Te llamare más tarde!"
Mi madre colgó y me miró con ojos molestos. “Deja de hacerte el tonto. Quiero el número de la madre de la jovencita que dejaste embarazada.”
Me encogí de hombros. “Esta es la parte difícil, mamá. Ya te di el número.”
"No haces ningún sentido, Daniel".
“¡NO LO ENTIENDES! ¡ERES TU!" Grité, la tensión había convertido el miedo en ira. Después, con calma dije: "Eres tú, …mamá".
“No entiendo”, dijo mamá.
“En la clínica ese día. Cuando lleve a papá. Cambié su semen por el mío”.
El rostro de mamá se volvió larga y pálida, su boca trató de funcionar, pero no lo hizo. Extendió la mano hacia el respaldo de una silla y falló una o dos veces al intentar sacarla. Saqué la silla para ella y ella se sentó.
“No puedo creer lo que escucho”, dijo en un tono de voz apenas más audible que el ruido del motor del refrigerador.
Acerqué otra silla frente a ella. Quería sacar todo esto lo más rápido posible ahora.
“Mamá, papá hizo ‘su parte’ y estábamos saliendo de la clínica, y dijo que olvidó su abrigo, así que volví a la habitación y pude ver dos contenedores que le dieron, no pude evitar ver que el que uso papá contenía tal vez una pequeña gota y no lo suficiente para hacer inseminarte, así que decidí tomar el otro contenedor lo llené con mi semen, le puse la tapa y limpié el de papá con un pañuelo, así pensarían que papá solo usó un contenedor ¡así usarían mi contenedor para inseminarte!”
Creo que dije todo de golpe, pero estaba prácticamente inconsciente en ese momento.
Mamá también podría haber estado inconsciente por todo lo que estaba diciendo. Estaba sentada allí sin parpadear, y tal vez sin respirar tampoco. Me callé y esperé. Ella esperó también, hasta que dijo:
“No lo puedo creer. Esto no puede ser cierto.”
Esta vez saqué Mi teléfono, me tomo un momento encontrar el video e hice algo que nunca en un millón de años pensé que le mostraría a mi propia madre: ¡A mi masturbándome!
Giré la pantalla del teléfono hacia ella y pulsé el botón de reproducción.
El video mostraba una mano masturbando vigorosamente mi polla erecta y apuntándola a un contenedor de plástico con una pegatina impresa en un costado. No pasó mucho tiempo hasta que largos chorros de semen impactaron en el contendor e hice todo lo posible para llenar el pequeño recipiente. Expresé un cortante "¡Ah!" con cada chorro. Inconscientemente contamos en silencio juntos, nuestros labios moviéndose al unísono. Contamos hasta ocho.
En el video la mano soltó la polla aún dura y el contenedor. Luego lo cogió y enfocó la cámara en la etiqueta impresa. Tenía el nombre de mi papá y su información personal.
Mi voz dijo: “Hoy es miércoles, veintitrés de enero, y estoy en la Clínica Angelex…”
Mamá todavía no se había movido ni dicho una palabra.
"¿Mamá? ¿Mamá?"
Comenzó con un susurro, pero rápidamente se convirtió en histeria: “Oh, Dios mío… oh, Dios mío… oh, ¡DIOS mío!… ¡OH, DIOS MÍO!… ¡OH, DIOS MÍO!”
"¡MAMÁ! ¡MAMÁ!"
“¡TU ME EMBARAZASTE! ¡TU ME EMBARAZASTE!
"¡MAMÁ! Lo siento. Lo siento. Nunca quise que lo supieras. Nunca pensé que tendríamos que saberlo.”
“Ese bebé que llevaba en mi vientre, ¡Ese bebé! ¡Llevaba en mi vientre al BEBÉ DE MI PROPIO HIJO!” Sus palabras llenaron la casa, cada rincón de ella.
Empezó a levantarse y yo tenía miedo de lo que haría, así que le puse las manos en los hombros para sujetarla.
Fue entonces cuando me abofeteó, fuerte. Duro en la cara. El sonido no fue estruendoso como sus palabras, pero no tenían el mismo coraje. La bofetada me tiró hacia atrás en mi silla, y mis ojos se empañaron con lágrimas. No tanto por la bofetada, pero esta actuó como un interruptor que dejó salir las lágrimas de mis emociones.
Esa misma bofetada llevó a mamá a una calma extraña y espeluznante, como si esa bofetada la hubiera dejado sin energía.
"¿Estás bien?" preguntó con su voz cuerda.
"Estoy bien", dije, frotándome la cara y sin mirarla.
"Dime, ¿Quién ha visto eso?" Señaló mi teléfono.
"Nadie. Esa la primera vez que yo lo veo”.
“¿Por qué grabarías esa inmundicia? ¿Por qué lo guardarías?
“Pensé que podría ser importante. Como si alguna vez tuviera que comprobar algo dentro de cien años.”
"¿Comprobar que era tuyo?" Mamá preguntaba sin juicio. Miraba a la distancia mientras hablaba.
"Sí. Supongo."
“¿Daniel? ¿Por qué? ¿Por qué?"
“Quería que tú y papá fueran felices. Poder tener otro bebé que se tanto deseabas. Y pensé que todo iba a ser genial. Papá estaba tan orgulloso y Tú cantando todo el tiempo feliz porque al fin estabas…”
“Embarazada”, terminó mamá.
“No quería que te decepcionaras de nuevo. Como cada vez que lo intentaban. Te deprimiste mucho por tanto tiempo, mamá. Cuando vi el contenedorde papá… todo sucedió tan rápido antes de que pudiera pensarlo”.
"Eso fue. ¡No pensaste! No pensaste en todas las consecuencias, las implicaciones… la moralidad de todo”.
“Tu viste lo que papá dejó allí. Mamá. Y Tomé una decisión. Y Puedo ver ahora que estuvo mal. Ahora que todo salió mal. Muy mal."
“Tu padre nunca, nunca debe ver este video. Eso lo destruiría como hombre. ¿Comprendes?"
“Sí, mamá. Por supuesto que entiendo. Conozco a papá. Por eso pensé que hice lo correcto cuando vi lo feliz que estaba. Él es feliz en este momento pensando que va a funcionar de nuevo. El asegura que volverá a funcionar por algún milagro debido a lo que te paso en el accidente.
Mamá pensó en mis palabras durante mucho tiempo y no la interrumpí. Finalmente dijo: “Dame tu teléfono y vete a tu habitación y no quiero que salgas hasta que te lo indique. Necesito procesar esto”.
Le entregué el teléfono y dije: “Lo siento, mamá”. Estaba seguro de que no sería la última vez que diría eso en los próximos días.
Me la pase sentado en mi habitación durante la siguiente hora y media, toda una eternidad, -a excepción que estuviera viendo deportes o jugando un videojuego. Pero, me senté y pensé todo el tiempo, sin siquiera moverme.
Pensé en mamá y en ella teniendo a mi hijo dentro de ella. Pensé en papá pensando que era ‘su’ hijo dentro de ella. Pensé qué pasaría si mamá no pudiera ocultarle esto. Pensé en el pobre de papá, cómo se sentiría si supiera que su hijo pensaba que era un hombre tan debilucho que había decidido intervenir para poder dejar embarazada a su mujer.
“¡Daniel! ¡Daniel!
Abrí mi puerta un poco y llamé: "¡Sí, mamá!"
Ven a sentarte conmigo en la cocina. Sonaba casi normal.
"¿Cómo sigue tu cara?" Puso su mano en mi barbilla y la levanto hasta que el rosa brillante de mi mejilla se mostró a plana vista.
"Estoy bien. No duele.” Mentí.
"Supongo que, no golpeo tan fuerte como antes", dijo.
Se sentó con los brazos cruzados y me miró durante mucho tiempo. Mi teléfono se encontraba en la mesa de la cocina entre nosotros.
“Desde que te mandé a tu habitación, observé este video desde muchos ángulos. Algunos de esos ángulos son repugnantes, perturbadores. Absolutamente vergonzoso. Me enfermaron y me enojaron.”
“Lo sé, mamá. Puedo ver eso ahora y no sé qué me pasó para volverme loco ese día y hacer lo que hice fue el impulso del momento. Me equivoqué cien veces, pero mientras estabas embarazada, pensé que había hecho lo correcto”.
“Daniel, tenías una opción frente a ti, y siendo joven e impetuoso, te lanzaste hacia adelante sin todos los hechos y actuaste”. Esta era la madre que conocía todos los días, tranquila y racional. Es por eso que su explosión anterior fue aún más aterradora.
"Mamá, no volveré a hacer nada como eso nunca". Pensé que esa afirmación abriría la puerta al perdón en algún momento en un futuro lejano, si es que eso llegaba a ocurrir.
“Pero, Es ahí donde estas equivocado”, dijo. En tono serio.
"¿Equivocado? No entiendo."
“Tu declaración de ‘no volveré a hacer nada como eso nunca’. Es mentira. No es verdad, porque mañana quiero que hagas EXACTAMENTE lo mismo”.
"¿Qué?"
Mamá se inclinó hacia mí y susurró como si no quisiera que nadie en el mundo supiera lo que iba a decir a continuación: “Mañana, vas a llevar a tu padre a la clínica ‘otra vez, encontraras un camino de regreso a su habitación. Y-remplazaras su esperma con el tuyo- Otra vez.”
Mi boca debe haber estado abierta porque mamá puso su dedo índice debajo de mi barbilla y aplicó presión hasta que cerré la boca.
"¿Comprendes?"
Una palabra vino a mi mente: “No”.
Mamá respiró hondo, se miraba enfadada. “Cuando me dijiste por primera vez lo que habías hecho, estaba en shock. La idea de que habías hecho algo tan audaz, tan salvaje, tan imprudente fue algo que me arrancó de la realidad. Estaba en blanco. Estaba furiosa. Me sentí violada. Me quitaste la decisión más importante e íntima posible para una mujer: Elegir al padre de mi hijo.”
"Lo siento mamá. Es solo que…” Mamá levantó la mano.
“Así lo miré al principio. Luego, lo miré desde la perspectiva de nuestros fracasos, el de tu padre y el mío. Todos los años que pasamos sin bebes. Todos fueron por su culpa”. Me miró como si estuviera a punto de decirme un secreto íntimo.
Entonces se decidió. “Tu padre es mucho mayor que yo. Al principio, cuando éramos más jóvenes, no parecía tan evidente. Pero, con el paso de los años, digamos que su vigor ha disminuido. Ha perdido el interés total en el dormitorio.”
"¡Mamá!" Definitivamente no necesito escuchar esto.
“Es importante que lo sepas. Quiero darte la decisión que no me diste. Y estoy presentando todos los hechos tal como son. Tu papá, dijeron los médicos, tiene un conteo de esperma muy bajo. Dijeron que la última vez fue… ¿cómo lo llamaron? Un accidente feliz. Funciono y ambos le agradecimos a Dios que así fuera”.
“Pero ahora que ya conoces la verdad, me odias por ello.” dije
“No te odio. Sabes, No lo pensé ni dos veces sobre la anomalía, el milagro o el accidente feliz, nada. Cuando escuché que estaba embarazada, ese fue el momento más feliz de mi vida desde que TÚ naciste”.
Se inclinó y besó mi mejilla, la lastimada.
“Estar sentada aquí pensando y viendo ese maldito video nuevamente, me hizo pensar que, dado ah que ya he sido impregnada con el bebé de mi hijo, ¿Por qué no hacerlo otra vez? Ahora sé que no hubo ningún milagro y que no existirá ningún milagro en el futuro con tu padre. Nunca podre tener otro bebé”.
Mamá puso una cara seria y determinada, apretó los dientes y gruñó: "¡Y QUIERO otro bebé!"
“¿Puedo decir algo al respecto? ¿puedo tener tiempo para pensarlo?”
“Tienes todo el día hasta mañana cuando lleves a tu padre a la clínica, eyaculas en el recipiente y lo remplazas. ¿Entendiste lo que vas a hacer? ¿o tengo que explicártelo más sencillo?
“No, mamá, creo que estoy bien. Pero, fue solo suerte lo que sucedió la última vez. ¿Qué pasa si no puedo...?
“Sencillo, Llevas a tu padre a la clínica, Eyaculas y haces el remplazo. Llevar, eyacular, remplazar. ¿Cuál es el plan?"
“Llevar, eyacular, remplazar”. Mamá sonaba estricta con el orden en su plan.
"Estupendo. Otra cosa que NO quiero que hagas desde ahora hasta ese momento es: nada de masturbarse. ¿Entendido? Crees que no veo esos pañuelos en el cesto de basura. ¡Porfaavooor!”
"¡Mamá! ¡Mi habitación es privada!”
“Mi útero es privado, pero fue invadido por tu esperma. Y aléjate de esa zorra, Paula. Nunca me agrado y no permitiré que te sientas tentado a perder esa carga de semen hasta que esto termine. ¿Entendido?
“Paula es mi novia, mamá. No deberías hablar así de ella.”
“Me alegra que vayan a distintas universidades. En unos meses no tendré que preocuparme más por ella”.
Nuestra discusión sobre Paula habría continuado, pero papá entró por la puerta de la cocina, sonriendo.
"¿Hablando de mí?" preguntó.
Mamá y yo nos miramos. De habernos observado papa se habría dado cuenta que nos veíamos como culpables. Pero no debimos preocuparnos, porque eso era lo que él siempre decía cada vez que entraba en la casa.
“Llegas temprano”, dijo mamá.
“Sí, un cliente canceló esta tarde, así que llamé a la clínica y ¡moví mi cita, Bum! Un día antes. ¡Todo listo! Además, calcularon tu ciclo y dijeron que mañana será tu día más fértil, ya programé tu cita”.
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Fecundizando a mi Propia Madre – Capítulo 001
Fueron tres meses después del accidente automovilístico que envió a mamá al hospital con dolores abdominales. Esos dolores resultaron ser un aborto espontáneo de un embarazo que había durado solo dos meses.
“Vamos a intentarlo de nuevo”, dijo mamá. Se veía muy contenta de pie en la cocina.
"¿Intentar qué, mamá?".
“Quedar embarazada, por supuesto. Pronto voy a cumplir cuarenta, y tu padre ya está en sus cincuentas. Nos queda muy poco tiempo para poder tener otro hijo. ¡Fue un milagro quedar embarazada este año, y espero aun quede un poco de esa magia!”.
Mamá siempre había querido otro hijo después de mí, había pasado 18 años desde que nací y todavía no tenía hermanos ni hermanas. No pudieron concebir.
Finalmente, después de muchas visitas de papá a la clínica de fertilidad y de intentos de inseminación artificial, hubo éxito.
“Tu padre irá a la clínica de fertilidad mañana para hacer 'su parte'. Mi ovulación es al día siguiente, así que será ese día cuando ocurra la inseminación”.
Debería estar feliz, pero no lo estaba. Debería haber alentado a mamá, pero no pude.
Todo lo que sentía era culpa. Quizá miedo también.
“Daniel, te lo tomaste muy mal cuando perdí al bebé. Pensé que estarías emocionado al escuchar las noticias.
“Mamá, yo…”
"¿Qué pasa, Sr. Tristezas?"
Ella sonaba tan alegre. Nunca quise hacer nada que le causara dolor o angustia. Mamá es de tez clara, alta y con un físico bastante cuidado producto de su constancia en el gimnasio, parecía que estaba en sus veintes y todo lo que quería era tener otro bebé para poder darle el mismo amor que me dio a mi toda la vida.
“Nada, mamá. Es solo que...”
“Daniel. Sé cuándo algo te incomoda. Ahora, dile a mamá qué es”.
"Es solo que no quiero que te decepciones si... ya sabes".
“Daniel, Sabias que todos estos años que tu papá y yo no pudimos concebir, nunca necesité ninguna prueba de embarazo para saber que no había funcionado. Algo muy dentro de mí pudo sentir de inmediato que no había funcionado desde el principio. Pero, esta última vez, cuando llegué a casa después de ser inseminada, ¡Pude sentirlo! No te puedes imaginar cómo me sentí. ¡sería mami de nuevo!"
"Eso fue esta última vez, mamá y…".
“¿Y qué ha cambiado? Eso fue hace solo cuatro meses, solo un par de días después de tu cumpleaños 18. Le trajiste buena suerte a papá cuando lo llevaste a la clínica.”
La culpa entró en acción. Tenía que tomar una decisión, probablemente la segunda decisión más importante de mi vida: ¿debería decírselo a mamá?
“No quiero que te hagas ilusiones, mamá. Probablemente no vuelva a suceder. Si sucede, genial, pero realmente no creo que vaya a suceder”. Ni siquiera pude mirarla cuando dije eso.
“Daniel, esto no es propio de ti. Ven aquí. Ven con mamá. Abrió los brazos y me derretí en ellos, como de costumbre. Puse mis brazos alrededor de ella mientras ella me abrazaba. Se sentía cálida, hizo un pequeño movimiento de balanceo maternal.
Luego me retiro a la distancia de sus brazos y preguntó: “¿Qué pasa? ¿Qué no me estás diciendo?”
"Nada, mamá".
“Daniel, sé cuándo mientes. Siempre lo se. Dime. No hay nada tan malo que no podamos resolver juntos, como siempre lo hemos hecho”.
“No esta vez, mamá. Esto es un factor decisivo”.
"Está bien, ahora me estás asustando".
"Ni siquiera sabría cómo decírtelo", murmuré. Eso podría haber sido lo más cierto que he dicho.
“Vamos a Segregar”, dijo mamá. Así es como ella hace las cosas más fáciles, por lo general.
"Mamá, no funcionará así esta vez".
“Sí lo hará. ¡Observa!: ¿Se trata de la escuela?
"No."
“¿Se trata de la universidad? No hiciste nada para arruinar tu beca, ¿verdad? ¡Tu padre te mataría si lo hicieras!”
“No, todavía tengo mi beca.” Sin embargo, eso no impediría que papá me mate.
“¿Se trata de dinero? Hacemos lo que podemos por ti, y tienes ese trabajo de medio tiempo”.
“Tampoco es dinero, mamá. Vamos a olvidarlo."
“Ni lo sueñes, Jovencito. Esto se llama “Segregar”. Vamos a ver. ¿Se trata de chicas?
"Ah…"
"Ya veo. Se trata de chicas. Recuerda, Daniel, puedes decirle a mamá cualquier cosa. Nada es tan complicado o vergonzoso que no puedas confiar en tu mamá”.
"No se trata de esto, mamá".
Mamá dio un paso adelante y me abrazó de nuevo. “Daniel, tienes a una chica en problemas, ¿verdad? Dejaste embarazada a una chica.”
"más o menos," dije, sin saber cómo continuar desde allí.
“No existe un ‘más o menos’ en un embarazo. ¿Es tu ‘supuesta’ novia, Paula? Sabía que era demasiado liberada para ti. Pude verlo en—“
“No, mamá, no es ella”.
Mamá me miró a los ojos y dijo: “Dame el número de teléfono de su madre y comenzaremos a arreglar todo esto. Estoy contigo en esto, Daniel. Ya no tienes que preocuparte solo”.
“Mamá …"
“El número de su madre. ¡AHORA!" Mamá había sacado rápidamente su teléfono de su bolsillo trasero.
Dicté 10 dígitos y mamá los marcó uno por uno, luego se acercó el teléfono al oído. Ella indicó que colocaría el teléfono en altavoz y el timbre fue audible. Una voz dijo: "¿Hola?"
"Hola, esta es la madre de Daniel, la Sra.-"
"¿Lisa?" vino la voz de mi abuela. "¿Es acaso esto una broma?"
"¿MAMÁ?" mi madre dijo. "¡Te llamare más tarde!"
Mi madre colgó y me miró con ojos molestos. “Deja de hacerte el tonto. Quiero el número de la madre de la jovencita que dejaste embarazada.”
Me encogí de hombros. “Esta es la parte difícil, mamá. Ya te di el número.”
"No haces ningún sentido, Daniel".
“¡NO LO ENTIENDES! ¡ERES TU!" Grité, la tensión había convertido el miedo en ira. Después, con calma dije: "Eres tú, …mamá".
“No entiendo”, dijo mamá.
“En la clínica ese día. Cuando lleve a papá. Cambié su semen por el mío”.
El rostro de mamá se volvió larga y pálida, su boca trató de funcionar, pero no lo hizo. Extendió la mano hacia el respaldo de una silla y falló una o dos veces al intentar sacarla. Saqué la silla para ella y ella se sentó.
“No puedo creer lo que escucho”, dijo en un tono de voz apenas más audible que el ruido del motor del refrigerador.
Acerqué otra silla frente a ella. Quería sacar todo esto lo más rápido posible ahora.
“Mamá, papá hizo ‘su parte’ y estábamos saliendo de la clínica, y dijo que olvidó su abrigo, así que volví a la habitación y pude ver dos contenedores que le dieron, no pude evitar ver que el que uso papá contenía tal vez una pequeña gota y no lo suficiente para hacer inseminarte, así que decidí tomar el otro contenedor lo llené con mi semen, le puse la tapa y limpié el de papá con un pañuelo, así pensarían que papá solo usó un contenedor ¡así usarían mi contenedor para inseminarte!”
Creo que dije todo de golpe, pero estaba prácticamente inconsciente en ese momento.
Mamá también podría haber estado inconsciente por todo lo que estaba diciendo. Estaba sentada allí sin parpadear, y tal vez sin respirar tampoco. Me callé y esperé. Ella esperó también, hasta que dijo:
“No lo puedo creer. Esto no puede ser cierto.”
Esta vez saqué Mi teléfono, me tomo un momento encontrar el video e hice algo que nunca en un millón de años pensé que le mostraría a mi propia madre: ¡A mi masturbándome!
Giré la pantalla del teléfono hacia ella y pulsé el botón de reproducción.
El video mostraba una mano masturbando vigorosamente mi polla erecta y apuntándola a un contenedor de plástico con una pegatina impresa en un costado. No pasó mucho tiempo hasta que largos chorros de semen impactaron en el contendor e hice todo lo posible para llenar el pequeño recipiente. Expresé un cortante "¡Ah!" con cada chorro. Inconscientemente contamos en silencio juntos, nuestros labios moviéndose al unísono. Contamos hasta ocho.
En el video la mano soltó la polla aún dura y el contenedor. Luego lo cogió y enfocó la cámara en la etiqueta impresa. Tenía el nombre de mi papá y su información personal.
Mi voz dijo: “Hoy es miércoles, veintitrés de enero, y estoy en la Clínica Angelex…”
Mamá todavía no se había movido ni dicho una palabra.
"¿Mamá? ¿Mamá?"
Comenzó con un susurro, pero rápidamente se convirtió en histeria: “Oh, Dios mío… oh, Dios mío… oh, ¡DIOS mío!… ¡OH, DIOS MÍO!… ¡OH, DIOS MÍO!”
"¡MAMÁ! ¡MAMÁ!"
“¡TU ME EMBARAZASTE! ¡TU ME EMBARAZASTE!
"¡MAMÁ! Lo siento. Lo siento. Nunca quise que lo supieras. Nunca pensé que tendríamos que saberlo.”
“Ese bebé que llevaba en mi vientre, ¡Ese bebé! ¡Llevaba en mi vientre al BEBÉ DE MI PROPIO HIJO!” Sus palabras llenaron la casa, cada rincón de ella.
Empezó a levantarse y yo tenía miedo de lo que haría, así que le puse las manos en los hombros para sujetarla.
Fue entonces cuando me abofeteó, fuerte. Duro en la cara. El sonido no fue estruendoso como sus palabras, pero no tenían el mismo coraje. La bofetada me tiró hacia atrás en mi silla, y mis ojos se empañaron con lágrimas. No tanto por la bofetada, pero esta actuó como un interruptor que dejó salir las lágrimas de mis emociones.
Esa misma bofetada llevó a mamá a una calma extraña y espeluznante, como si esa bofetada la hubiera dejado sin energía.
"¿Estás bien?" preguntó con su voz cuerda.
"Estoy bien", dije, frotándome la cara y sin mirarla.
"Dime, ¿Quién ha visto eso?" Señaló mi teléfono.
"Nadie. Esa la primera vez que yo lo veo”.
“¿Por qué grabarías esa inmundicia? ¿Por qué lo guardarías?
“Pensé que podría ser importante. Como si alguna vez tuviera que comprobar algo dentro de cien años.”
"¿Comprobar que era tuyo?" Mamá preguntaba sin juicio. Miraba a la distancia mientras hablaba.
"Sí. Supongo."
“¿Daniel? ¿Por qué? ¿Por qué?"
“Quería que tú y papá fueran felices. Poder tener otro bebé que se tanto deseabas. Y pensé que todo iba a ser genial. Papá estaba tan orgulloso y Tú cantando todo el tiempo feliz porque al fin estabas…”
“Embarazada”, terminó mamá.
“No quería que te decepcionaras de nuevo. Como cada vez que lo intentaban. Te deprimiste mucho por tanto tiempo, mamá. Cuando vi el contenedorde papá… todo sucedió tan rápido antes de que pudiera pensarlo”.
"Eso fue. ¡No pensaste! No pensaste en todas las consecuencias, las implicaciones… la moralidad de todo”.
“Tu viste lo que papá dejó allí. Mamá. Y Tomé una decisión. Y Puedo ver ahora que estuvo mal. Ahora que todo salió mal. Muy mal."
“Tu padre nunca, nunca debe ver este video. Eso lo destruiría como hombre. ¿Comprendes?"
“Sí, mamá. Por supuesto que entiendo. Conozco a papá. Por eso pensé que hice lo correcto cuando vi lo feliz que estaba. Él es feliz en este momento pensando que va a funcionar de nuevo. El asegura que volverá a funcionar por algún milagro debido a lo que te paso en el accidente.
Mamá pensó en mis palabras durante mucho tiempo y no la interrumpí. Finalmente dijo: “Dame tu teléfono y vete a tu habitación y no quiero que salgas hasta que te lo indique. Necesito procesar esto”.
Le entregué el teléfono y dije: “Lo siento, mamá”. Estaba seguro de que no sería la última vez que diría eso en los próximos días.
Me la pase sentado en mi habitación durante la siguiente hora y media, toda una eternidad, -a excepción que estuviera viendo deportes o jugando un videojuego. Pero, me senté y pensé todo el tiempo, sin siquiera moverme.
Pensé en mamá y en ella teniendo a mi hijo dentro de ella. Pensé en papá pensando que era ‘su’ hijo dentro de ella. Pensé qué pasaría si mamá no pudiera ocultarle esto. Pensé en el pobre de papá, cómo se sentiría si supiera que su hijo pensaba que era un hombre tan debilucho que había decidido intervenir para poder dejar embarazada a su mujer.
“¡Daniel! ¡Daniel!
Abrí mi puerta un poco y llamé: "¡Sí, mamá!"
Ven a sentarte conmigo en la cocina. Sonaba casi normal.
"¿Cómo sigue tu cara?" Puso su mano en mi barbilla y la levanto hasta que el rosa brillante de mi mejilla se mostró a plana vista.
"Estoy bien. No duele.” Mentí.
"Supongo que, no golpeo tan fuerte como antes", dijo.
Se sentó con los brazos cruzados y me miró durante mucho tiempo. Mi teléfono se encontraba en la mesa de la cocina entre nosotros.
“Desde que te mandé a tu habitación, observé este video desde muchos ángulos. Algunos de esos ángulos son repugnantes, perturbadores. Absolutamente vergonzoso. Me enfermaron y me enojaron.”
“Lo sé, mamá. Puedo ver eso ahora y no sé qué me pasó para volverme loco ese día y hacer lo que hice fue el impulso del momento. Me equivoqué cien veces, pero mientras estabas embarazada, pensé que había hecho lo correcto”.
“Daniel, tenías una opción frente a ti, y siendo joven e impetuoso, te lanzaste hacia adelante sin todos los hechos y actuaste”. Esta era la madre que conocía todos los días, tranquila y racional. Es por eso que su explosión anterior fue aún más aterradora.
"Mamá, no volveré a hacer nada como eso nunca". Pensé que esa afirmación abriría la puerta al perdón en algún momento en un futuro lejano, si es que eso llegaba a ocurrir.
“Pero, Es ahí donde estas equivocado”, dijo. En tono serio.
"¿Equivocado? No entiendo."
“Tu declaración de ‘no volveré a hacer nada como eso nunca’. Es mentira. No es verdad, porque mañana quiero que hagas EXACTAMENTE lo mismo”.
"¿Qué?"
Mamá se inclinó hacia mí y susurró como si no quisiera que nadie en el mundo supiera lo que iba a decir a continuación: “Mañana, vas a llevar a tu padre a la clínica ‘otra vez, encontraras un camino de regreso a su habitación. Y-remplazaras su esperma con el tuyo- Otra vez.”
Mi boca debe haber estado abierta porque mamá puso su dedo índice debajo de mi barbilla y aplicó presión hasta que cerré la boca.
"¿Comprendes?"
Una palabra vino a mi mente: “No”.
Mamá respiró hondo, se miraba enfadada. “Cuando me dijiste por primera vez lo que habías hecho, estaba en shock. La idea de que habías hecho algo tan audaz, tan salvaje, tan imprudente fue algo que me arrancó de la realidad. Estaba en blanco. Estaba furiosa. Me sentí violada. Me quitaste la decisión más importante e íntima posible para una mujer: Elegir al padre de mi hijo.”
"Lo siento mamá. Es solo que…” Mamá levantó la mano.
“Así lo miré al principio. Luego, lo miré desde la perspectiva de nuestros fracasos, el de tu padre y el mío. Todos los años que pasamos sin bebes. Todos fueron por su culpa”. Me miró como si estuviera a punto de decirme un secreto íntimo.
Entonces se decidió. “Tu padre es mucho mayor que yo. Al principio, cuando éramos más jóvenes, no parecía tan evidente. Pero, con el paso de los años, digamos que su vigor ha disminuido. Ha perdido el interés total en el dormitorio.”
"¡Mamá!" Definitivamente no necesito escuchar esto.
“Es importante que lo sepas. Quiero darte la decisión que no me diste. Y estoy presentando todos los hechos tal como son. Tu papá, dijeron los médicos, tiene un conteo de esperma muy bajo. Dijeron que la última vez fue… ¿cómo lo llamaron? Un accidente feliz. Funciono y ambos le agradecimos a Dios que así fuera”.
“Pero ahora que ya conoces la verdad, me odias por ello.” dije
“No te odio. Sabes, No lo pensé ni dos veces sobre la anomalía, el milagro o el accidente feliz, nada. Cuando escuché que estaba embarazada, ese fue el momento más feliz de mi vida desde que TÚ naciste”.
Se inclinó y besó mi mejilla, la lastimada.
“Estar sentada aquí pensando y viendo ese maldito video nuevamente, me hizo pensar que, dado ah que ya he sido impregnada con el bebé de mi hijo, ¿Por qué no hacerlo otra vez? Ahora sé que no hubo ningún milagro y que no existirá ningún milagro en el futuro con tu padre. Nunca podre tener otro bebé”.
Mamá puso una cara seria y determinada, apretó los dientes y gruñó: "¡Y QUIERO otro bebé!"
“¿Puedo decir algo al respecto? ¿puedo tener tiempo para pensarlo?”
“Tienes todo el día hasta mañana cuando lleves a tu padre a la clínica, eyaculas en el recipiente y lo remplazas. ¿Entendiste lo que vas a hacer? ¿o tengo que explicártelo más sencillo?
“No, mamá, creo que estoy bien. Pero, fue solo suerte lo que sucedió la última vez. ¿Qué pasa si no puedo...?
“Sencillo, Llevas a tu padre a la clínica, Eyaculas y haces el remplazo. Llevar, eyacular, remplazar. ¿Cuál es el plan?"
“Llevar, eyacular, remplazar”. Mamá sonaba estricta con el orden en su plan.
"Estupendo. Otra cosa que NO quiero que hagas desde ahora hasta ese momento es: nada de masturbarse. ¿Entendido? Crees que no veo esos pañuelos en el cesto de basura. ¡Porfaavooor!”
"¡Mamá! ¡Mi habitación es privada!”
“Mi útero es privado, pero fue invadido por tu esperma. Y aléjate de esa zorra, Paula. Nunca me agrado y no permitiré que te sientas tentado a perder esa carga de semen hasta que esto termine. ¿Entendido?
“Paula es mi novia, mamá. No deberías hablar así de ella.”
“Me alegra que vayan a distintas universidades. En unos meses no tendré que preocuparme más por ella”.
Nuestra discusión sobre Paula habría continuado, pero papá entró por la puerta de la cocina, sonriendo.
"¿Hablando de mí?" preguntó.
Mamá y yo nos miramos. De habernos observado papa se habría dado cuenta que nos veíamos como culpables. Pero no debimos preocuparnos, porque eso era lo que él siempre decía cada vez que entraba en la casa.
“Llegas temprano”, dijo mamá.
“Sí, un cliente canceló esta tarde, así que llamé a la clínica y ¡moví mi cita, Bum! Un día antes. ¡Todo listo! Además, calcularon tu ciclo y dijeron que mañana será tu día más fértil, ya programé tu cita”.
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