Estoy Ansiosa Porque Llegue Papá – Capítulos 001 al 002

heranlu

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Estoy Ansiosa Porque Llegue Papá – Capítulo 001

Soy una chica de 19 años, bajita, gordita pero con buenas curvas, papá siempre dice pusieron la carne dónde debían. Tengo una talla 115 de pecho, copa E, con unos pezones rosados y sensibles; el vientre casi plano, y unas buenas caderas con un buen culazo; por lo que mi cuerpo es totalmente estilo reloj de arena. Tengo el pelo largo, castaño casi rubio, con reflejos cobrizos, los ojos marrón claro y una boca con labios carnosos y gorditos. Me llamo Elena, pero todos me llaman Elle. Mi historia se centra en… mi papá. Toda mi vida, desde que puedo recordar, he mirado a mi padre mucho más de lo que lo hacía cualquier otra amiga o conocida. No podía remediarlo, papá es… perfecto en todos los sentidos. Mi padre se llama Daniel, tiene 42 años y es como el buen vino. Mide casi 1.90 y está fuerte, siempre ha sido de complexión atlética y desde que se separó de mamá ha vuelto a ir al gimnasio regularmente y tiene un físico increíble. Es un hombre de piel bronceada, todo el año, es natural en él; tiene el pelo corto, muy negro, y unos ojos verdes increíbles. Los labios finos. A veces lleva barba de un par de días que le da un toque masculino de infarto… antes no se depilaba, así que tenía un poco de bello oscuro en el pectoral y la línea de los abdominales, pero ahora tuvo una medio novia y empezó a hacerse la cera, así que de cintura para arriba no tiene pelo en todo el torso. Me encanta mirarlo cuando se ducha. A veces bromeo con él y le digo que yo no puedo ser hija suya, pero la verdad es que en los rasgos de la cara me parezco más a él, sólo que en lo demás soy como mi madre, un clon de mi querida mamá.

Este año ha hecho tres años que se separaron y yo me quedé a vivir con mi padre. Nunca he tenido una relación muy cercana a mi madre, ella es una mujer bastante especial, muy centrada en su trabajo y en ella misma, rara vez nos hacía mucho caso ni a mí, ni a mi padre. Y al final todo aquello explotó, discutieron, llegaron a un acuerdo y se fue. La veo de vez en cuando, pero nunca pidió la custodia ni nada de eso… es más como una tia o algo así, porque pocas veces se ha comportado como una madre.

Desde que papá y yo vivimos juntos, la verdad es que hemos tenido una vida genial. Antes nos iba bien, pero ahora sin mi madre por medio, mi padre siempre anda de buen humor y hacemos un montón de cosas juntos… es casi como un amigo para mí, sólo que últimamente era incapaz de verlo como eso, ni como padre.

Todo empezó con las duchas… como estamos en casa y en familia, papá nunca cierra la puerta cuando se ducha, es algo natural. Así que uno de los días entré a peinarme mientras estaba él y no pude evitar mirarlo, él me vio y sonrío, y siguió duchándose y yo tuve que irme a mi cuarto para aliviarme de lo caliente que estaba. Quería abrir esa ducha y meterme a su lado, saborear cada gota de agua sobre su cuerpo y luego arrodillarme y… ufff, cuando bajé la mirada hacia allí y la vi, relajada y blanda, sólo me entraron ganas de lamerla hasta que estuviera dura y caliente. A partir de entonces, aprovechaba cualquier ocasión para verle, mirarle, para entrar al baño cuando estaba él, quitarle la toalla para que tuviera que llamarme para que se la llevara, y tenía los dedos gastados de tanto correrme pensando en él. No pensé nunca que nada pasaría, es más, yo vivía mi propia fantasía muy consciente de que nunca sucedería nada, pero pasó.

Era martes, llamé a mi padre para decirle que me iría por la tarde a casa de una amiga e iríamos a tomar algo, así que llegaría un poco tarde. Las cosas cambiaron y al final mi amiga se torció el pie mientras íbamos al metro, así que la acompañé a casa y me fui para la mía. Cuando llegué, abrí la puerta con la llave pensando que no había nadie y fui caminando hacia la cocina cuando oí gemidos y la voz de mi padre susurrando algo. Me quedé helada, pero me acerqué poco a poco hacia la puerta… y los vi. Ahí estaba mi padre con una mujer que no conocía, bastante mona, con bastantes más curvas que mamá, arrodillada en el suelo y comiéndosela… bueno, no, en verdad ella estaba quieta y papá se movía contra su boca.

- Como te gusta tragar… apuesto a que te pone sentir como te la meto hasta el fondo… -papá embistió y se oyó la arcada, ella aguantando mientras mi padre le sujetaba la mandíbula y seguía moviéndose- vamos… sácame la leche… no voy a follarte hasta que me corra en tu boca cerda.

Me aparté un poco, poniéndome de espaldas contra la pared y medio asimilando lo que estaba viendo. Mi padre, mi padre comportándose como un capullo con esa mujer… mi padre que siempre era dulce y cariñoso, mi padre que siempre era tan alegre y simpático siendo así, no lo entendía. Oía a la mujer tragar y mi padre decía alguna cosa más, hasta que gimió como en un gruñido ronco y supuse que se había corrido. Miré instintivamente… le lleno la boca y descargó los últimos chorros sobre su cara. Ver la corrida de mi padre me llevó casi al borde del orgasmo y se me escapó un gemido suave, pero mi padre ni se inmutó, así que supuse que no me había oído. Luego cogió a la chica, la puso en el sofá, de rodillas y con las manos sujetas en la espalda, la inclinó un poco y empezó a follarla fuerte, sin descanso, mientras ella gemía. Iba azotando su culo mientras la insultaba y siguió follándola a un ritmo endemoniado hasta que se corrió de nuevo. La hizo arrodillarse de nuevo para que le limpiara la polla y ambos se fueron al baño. Aproveché para coger mis cosas y salir de allí, pero llevaba un calentón imposible, y tenía muchas preguntas, me sentía rara, porque me parecía horrible ver a mi padre haciendo eso, pero también estaba muy excitada… ¿qué iba a hacer al llegar?

Una hora después, tras caminar y pensar un poco, llegué a casa y saludé a mi padre normalmente. Él me abrazó con fuerza y me llamó ‘mi niña’, como hacía siempre. Me duché, mientras papá preparaba la cena, y después de cenar sacó una película para que viéramos juntos. Me senté en el sofá tranquila, y mi padre me hizo un hueco entre sus brazos, abrazándome con él como hacíamos siempre, pero yo empecé a ponerme roja y no sabía que decir o qué hacer.

- Antes de nada, te mereces que te pida sinceramente y con todo mi amor disculpas. Nunca jamás habría querido que presenciaras algo así pequeña… sé que es culpa mía y que no tendría que haberla traído a casa, pero no estabas, me dejé llevar y… lo siento mucho mi niña. Créeme que no volverá a pasar, y por favor… no me mires con miedo, ni pienses mal de mí, es sólo que…

- ¿Te gusta eso papá? –El me miró como extrañado-. Dominar a una mujer, el sexo duro, hablarle sucio… ¿es cómo te gusta? –Papá tragó saliva y no dijo nada-. Sólo respóndeme, soy tu hija, no tengo derecho a juzgarte… pero quiero saberlo.

- Me gusta el sexo mi vida, me gusta mucho, uno de los grandes problemas con tu madre era ese… -asiento, ya lo sabía, mamá era fría y seca, nunca me la imaginé siendo una amante apasionada, al contrario que papá-. En cuanto a mis gustos… sí, se podría decir que me gusta duro, me gusta tener el control, pero no someter a nadie o obligar… además, es importante para mí que ella también disfrute –eso me hizo sonreír, sonaba más a mi papi-.

- ¿Y hablar guarro? –Él se puso a reír-.

- Sí… tengo que reconocer que eso siempre me ha gustado –respiro muy hondo, cogiéndome a él, apretando mis manos en su abrazo y apoyo mi frente en el hueco de su cuello, respirando hondo-.

- Papá… -él me presta atención, yo suspiro- me gustó verte… y tus palabras… -noto que papá se pone rígido, traga saliva- me excitaron.

- Bueno… -está nervioso, lo noto- es normal, quiero decir, el cuerpo tiene instintos y bueno… tu cuerpo vio algo, como si fuera porno, y casi cualquier persona reacciona a las palabras soeces y…

- No papá, me gustó porque eras tú… igual… igual que me gusta verte en la ducha, o… -me sube la barbilla con la mano y mira mis ojos fijamente, lo noto un poco rígido, medio nervioso, pero tiene esos ojos medio brillantes, me muerdo el labio y él respira al mirarme-.

- ¿O qué mi niña… algo más que desees… admitir? –Subo mi cabeza y pongo mis labios a la altura de su oído, para no tener que mirarle cuando lo diga, y en un intento por excitarle-.

- O… cuando me acaricio a todas horas pensando en ti.

Hay un pequeño silencio y tengo miedo de que mi padre me aparte o que se enfade mucho, pero se queda en su sitio, y tras un par de minutos me abraza suave, dándome un beso en el pelo y haciéndome sentir cuidada, completa. Noto como sus labios bajan por mi pelo, hasta rozar el lóbulo de mi oreja.

- Eres silenciosa pero no lo suficiente… -mi corazón se acelera, papá lo sabe- me encanta cuando se te escapa ese “papi” cuando te corres, aunque creo que mis manos te darían mejores orgasmos.

Me muerde la oreja y yo me deshago, quiero más. Baja sus labios por mi cuello y lo recorre suave, alternándolos con la lengua, estremeciéndome, mientras me mueve para que quede a horcajadas sobre él, pegada a su cuerpo. Instintivamente, me rozo contra su paquete y lo noto abultado, eso me excita, los pezones se me endurecen y papá lleva su mano a mi cintura, metiéndola bajo la blusa y subiendo hacia mis pechos, agarrando uno con la mano y frotando el pezón con ganas. Se me escapa un jadeo, y papá sonríe contra mi clavícula.

- Eres muy sensible mi niña… eso te hace una amante muy interesante… -mete su otra mano en mi pelo, tras mi nuca, y la sube para que mire sus ojos, se muerde el labio y me mira con esa media sonrisa que me pone caliente- eres mi hija, esto no está bien, y pararé en el mismo segundo en que digas “No”, una sola vez bastará –Asiento-, pero me muero de ganas de hacerte muchas cosas pequeña, quiero corromperte hasta los huesos.

- Mmmm papá… llevo años imaginando y fantaseando con eso… quiero dártelo todo, quiero ser la amante perfecta que nunca tuviste… mmm sólo enséñame…

- Puedo ser un profe un poco duro, ¿estás preparada para eso? Porque también puedo ser papá para ti, suave y dulce, cariñoso –yo niego con la cabeza- ¿no? ¿Por qué no?

- Lo quiero todo de ti… quiero complacerte como no lo ha hecho ninguna mujer, jamás, quiero cumplir todas tus fantasías, tus deseos más oscuros, quiero saciarte y volverte loco… -el bulto es cada vez mayor, me refregó contra él mientras hablo, y papá jadea-.

- Mmmm para que luego digan que eres igual que tu madre… sólo en cuerpo; porque en alma eres una pecaminosa como yo… y créeme que papá te lo va enseñar todo… -me muerde el cuello mientras sube en un reguero hacia mi mandíbula, va a besarme, pero se queda a centímetros, mirándome y me besa suave, pero lamiéndome con su lengua, acelerándome el pulso; se separa de mí y me sonríe- mi niña… ¿eres virgen, verdad?

- Sí papá… nunca… hice nada.

- Define nada.

- No ha habido más que algún beso y alguna caricia… en mis pechos.

Su mirada pícara me enciende, baja su mano rápido a mi pantalón del pijama y mete la mano sin rodeos sobre mi coñito. Palmea los rizos, y baja sus dedos, pasando su mano por encima, suave, entonces me mira fijamente y me acaricia los labios y el clítoris con un dedo, despacio, muy suave, y baja hacia mi vagina para meterlo dentro, hasta el fondo, haciéndome gemir.

- Entonces… ¿es la primera vez que alguien te toca aquí… mi amor? –Asiento- No te lo voy a negar, ser el primero en todo… me excita. Eres como una hoja en blanco sobre la que poder escribir…. Puedo moldearte completamente a mi gusto.

*

Eso ya pasó hace casi un mes. Hemos ido avanzando pero papá va poco a poco, aún soy virgen, porque mi padre ha ido enseñándome a besar, a acariciar, hemos hablado mucho… siempre dice que lo más importante es la confianza, y me ha contado fantasías y cosas. Hemos tenido suerte, porque tenemos casi los mismos límites, no hay nada que papá quiera hacer que yo me niegue, y yo no tengo deseos de probar nada más. Ahora estoy en ese momento en que me paso los días pensando en sexo oral… papá tiene una boca increíble, y hace maravillas, además es un hombre al que le gusta casi más dar que recibir. He perdido la cuenta de los orgasmos que me ha dado con la boca, y ha ido estimulándome para que mi vagina esté bien preparada. Es algo así como que quiere que sea algo especial, además de que sigo creyendo que lo que quiere es volverme loca y cachonda para cuando me folle por primera vez.

Además de eso, también hemos avanzado en el sexo oral masculino. Es decir, mamadas a punta pala. Me gustó desde el primer día, me gusta el tacto de su polla, el olor, como se endurece…. Aunque la primera que vez que la vi tan cerca, erecta del todo, me asusté un poco, porque son 18cm gordos de polla. Pero bueno… todo es ponerse. Al principio apenas podía con la mitad, papá fue paciente y me fue enseñando, él dijo literalmente que “te doy unos pequeños consejos, porque cariño, sin ánimo de ofender, eres una comepollas nata”. No me ofendió, me encantó oírlo de sus labios, del mismo modo que me encantaron los gemidos, los jadeos y las palabras soeces que soltó. Papá excitado siempre habla guarro y me hace hacerlo a mí también, dice que así el sexo es más intenso… y de momento le doy la razón, me excita mucho cuando me habla de esa manera.

Son las doce y media… hoy tenía una cena de empresa, y ese tipo de cosas lo enfurruñan un poco, además últimamente siempre dormimos juntos después de corrernos, sea con la boca o con las manos. Así que eso de no poder correrse conmigo le puso de mal humor, así que hablé con él sobre solucionarlo. La solución es que esta noche cumpliremos una de sus fantasías, ahora también una de las mías, porque desde que me la contó… estoy deseosa por hacerlo. Para ello estoy en mi cuarto, en mi cama, y tengo que esperar a que venga.

Creo que he oído la puerta, pero no me debo levantar, debo hacerme la dormida y esperar. Me acurruco en mi cama y oigo sus pasos, camina un poco, otro poco… se oye el silencio y de repente oigo abrirse la puerta de mi cuarto, mi pulso se acelera y mi coñito se moja más aún, ya mojado de la excitación de saber lo que viene. Siento los pasos de mi padre acercarse y como se planta ante mí, al lado de la cama. Respiro suave, como si nada. Oigo su cinturón abrirse, el botón, la cremallera… y ahora su mano trabajando sobre su polla. Solo tengo ganas de abrir los ojos y mirarle, pero me quedo quieta. Papá se acerca, noto la punta del glande sobre mis labios… dios huele tan bien, adoro el olor de papá.

- Mi niña… papá está aquí… despierta que tienes que tomarte tu biberón para poder dormir… -entreabro un poco los labios y papá mete su capullo entero en mi boca, lo deja ahí mientras yo me quedo quieta, me acaricia el pelo- mmm vamos putita… papi quiere darte su rica leche, ya sabes que no puedes irte a dormir sin tomar el biberón.

Entreabro los ojos mirándole y veo ese brillo malicioso en ellos, noto como mete un poco más su polla en mi boca y paso la lengua alrededor. Él acaricia mi cabeza un poco más, como relajándome, tranquilo.

- Sí, pequeña… papá ha venido a darte tu ración de leche… estoy seguro de que lo esperabas impaciente, ¿verdad mi zorrita? –Asiento, mirándole- Por supuesto que sí, sé lo mucho que te gusta que papá venga cada noche a darte el biberón directo en tu boca para que mi putita duerma bien y papá se quede relajado y saciado.

Me apoyo en una de mis manos y empiezo a lamer su polla lentamente, acariciando el tronco con la lengua, chupando el capullo, moviéndome contra su cadera… pero aún poquito, sin tragar más de la mitad, despacio.

- Mmmm cariño… a papá le encanta ver como chupas…. Es un vicio mirar como mi polla entra entre tus labios, como la sorbes, como lames… ¿te gusta comerle la polla a papá mi niña?

- Sí, papi –respondo, cuando papá hace respuestas directas, quiere que conteste con palabras, a poder ser, con palabras soeces, guarras- a tu niña le encanta comerte la polla.

- ¿Y el biberón mi niña, también te gusta que papi te lo de cada noche?

- Sí papa… adoro que vengas cada noche a darme tu leche, a darme mi biberón calentito.

Papá asiente, sonriendo, le encanta que le hable así, aún me cuesta un poco pero me gusta hacerlo, y me encanta complacerle. Papá se aparta de mi y me indica que me siente en el filo de la cama, me saca la camiseta, y luego me pide que me ponga de pie. Pone sus manos en el borde de mi cintura y pasa sus labios por mi cuello, yendo a mi oído.

- Mi pequeña zorrita… ¿hiciste lo que te dijo papá?

- Sí papá, lo hice.

Me mira sonriente, y baja la tela de mis pantalones, dejándola caer tras pasar por mis rodillas y me hace moverme para salir de ella. Sube sus manos por la parte externa de mis muslos y sujetándome la cintura con la izquierda, mete su mano en mi coñito y me masajea, haciéndome gemir, acariciándome y metiendo un par de dedos en mí. Para pasar la mano hacia atrás y rozar el interior de mis nalgas.

- Mmmm putita… estás muy, muy caliente… me mojaste toda la mano –al ir hacia mis nalgas, y tocar allí, puedo ver su sonrisa- veo que sí hiciste lo que papá de pidió. Date la vuelta y apoya tus manos y rodillas en la cama para que pueda verlo y disfrutarlo.

Me doy la vuelta, y me pongo en cuatro sobre la cama, exponiendo bien mi culo, muy en pompa. Papá pasa sus manos por mis nalgas y las acaricia, y luego va hacia mi ano… encontrándose la tapa de un tapón anal que dejó en mi mesa esa mañana, al lado de una nota. Acaricia la tapa y mete los dedos, cogiéndolo y moviéndolo suavemente en mi culo, haciéndome gemir sin poder evitarlo.

- Mi niña… no sabes como me pone ver esto en tu culito… dime, ¿dolió meterlo? Vamos, cuéntamelo todo… -me azota una nalga con suavidad, jugando, y pasa los dedos de su otra mano por los pliegues de mi coñito-.

- Casi no dolió papi… Cogí el aceite que me dijiste y estuve masturbándome hasta que me corrí, tras estar ya relajada metí primero un dedo… y luego dos… intenté con tres, pero molestaba mucho, así que embadurné la punta y fui jugando con él, metiendo poco, mientras me acariciaba. Cuando me corrí por segunda vez el tapón estaba a la mitad, y no molestaba mucho, así que me relajé bien y unté bien en aceite, y lo fui metiendo poco a poco hasta que entró del todo –Se me escapan jadeos mientras hablo, pero no me paro-. Eran las cinco o así cuando terminé, y al principio molestaba al andar, pero luego me fui acostumbrando… después de cenar lo saqué para volver a ponerme aceite, como me dijiste, y lo metí en dos o tres movimientos, mucho más fácil, y lo he tenido ahí hasta ahora.

Papá movió el tapón un poco más fuerte, y tiró de él, haciéndome suspirar, mientras metía dos dedos en mi coño. Suspiré y lo volvió a meter el todo, haciendo plop, para volverlo a sacar casi la mitad, y volverlo a meter. Lo sacó un poco más de la mitad, y lo metió de nuevo… y finalmente lo sacó del todo y lo dejó en su mano. Yo seguía en cuatro, abierta, excitada.

- Bien mi niña… mi preciosa putita, sabes lo que hay hoy, ¿verdad? ¿Quieres hacerlo o prefieres que papá elija otra cosa?

- No papá, quiero hacerlo.

- Bien… ¿con tapón… o sin tapón?

- Lo que más te excite papá… así que, diría que con tapón.

- Mi niña es muy lista…

Metió dos de sus dedos en mi culito, masajeándolo rápido pero intenso, haciéndome jadear, y metió el tapón en dos movimientos, pero sin hacerme daño. Luego estuvo acariciando mi coñito un rato, y finalmente se apartó relamiéndose los dedos. Fue a mi mesa y cogió los dos pañuelos que yo había sacado y los pasó por sus manos.

- ¿Estás segura, mi niña? –Dijo en un tono más de preocupación y cariño, que duro-.

- Sí papá, quiero hacerlo… quiero complacerte y beberme tu biberón calentito –me mordí el labio, mirándole, sentada sobre mis rodillas y él me sonrío como respuesta-.

Se quitó la camisa y me dio una fabulosa visión de su cuerpo, pero se dejó los pantalones puestos… y aún tenía la polla semierecta metida en el agujero de la cremallera. Me tumbé en mi cama, aparté la almohada y me puse en el filo, con la cabeza ligeramente inclinada hacia atrás. Papá se acercó y besó mis labios. Puse un brazo en un lado, abierto en cruz, así que papá ató mi muñeca a la estructura de metal de la cama, y luego hizo lo mismo con el otro brazo. Doblé mis piernas, poniendo mis talones casi tocando mi culo y las abrí bien, para que papá tuviera buena visión de mí… y esperé.

- Uff mi niña… verte así, atada, ofrecida y con la cabeza en el borde… -tira ligeramente de mí e inclina un poco más mi cabeza, tengo la punta de su polla casi contra mis labios, pero me quedo quieta, esperándole-. Vas a cumplir mi fantasía pequeña… vas a ser mi putita. Voy a follar tu boca así, atada, usando esta boquita preciosa y viendo estremecerse tu coñito. ¿Te excita estar así mi putita? ¿Te pone lo que te voy a hacer? –Trago saliva y respondo-.

- Sí papá, me excita estar así… y me pone mucho cumplirte esta fantasía –papá espera, callado, así que respiro hondo y sigo- sí papi, a tu putita le pone que le folles la boca mientras está atada en su propia cama.

Como respuesta mete su polla en mi boca. Sólo el capullo, lo rodeo con la lengua y sorbo, papá baja sus manos a mis tetas, acariciándolas suave, apretando mis pezones, agarrándolas enteras… sólo con su glande en mi boca.

- Bien putita, bien… lámelo, sórbelo, chúpalo, demuéstrame que lo quieres, que deseas mi polla en tu boca –aprieto mis labios en su polla mientras muevo la lengua en círculos, notando como se estremece en mi boca. Cuando me inclino un poco para tragar un poco más, papá baja su mano a mi coñito y lo acaricia, bajando rápido su mano y metiéndome dos dedos de golpe, haciéndome gemir, y en ese instante… mete más su polla, hasta rozar mi garganta, sin forzar demasiado-. Tienes una boca increíble mi vida… y este coñito también pide ser follado, te mojas con tanta rapidez… -remueve su polla en mi boca y se pone de pie de nuevo, mirándome, sacando la polla-. Ahora abre bien la boca.. sí, así, lengua fuera… perfecto… ahora probaremos tu entrega mi pequeña puta, vamos a ver cuanto tragas…

Empieza a meter su polla, centímetro a centímetro, y recuerdo las otras mamadas y las veces en que me enseñó a tragar. Recuerdo la primera vez que me forzó a aguantar un poco más y la sentí entera en mi boca, y me estremezco, apretando mi coñito y mi boca. Papá lo nota y oigo una pequeña risa de fondo, mientras roza mi garganta y sigue empujando, ya casi no quedan centímetros fuera.

- Sé lo que pensabas putita… gimes del gusto, recordando como se siente mi polla entera en tu boca verdad, quieres sentirla de nuevo… mmm sí, que putita eres mi vida… -encaja su polla en mi boca, hasta el fondo, noto sus huevos contra mi nariz, aprieta un poco y la retira hasta la mitad. Respiro hondo, pero aguanto bien- ufff mi puta.. estás hecha para comer pollas, me encanta ver como se hincha tu garganta cuando la entro –recorre mi cuello con su dedo, y vuelve a meterla, resiguiendo su polla con el dedo, hasta meterla del todo… y sacarla.

Respiro hondo, apenas hay saliva, aguanto bien. Estoy encharcada, me siento sucia en parte, es humillante, pero me gusta, me encanta el modo en que papá me habla… porque es él, sólo él, y me encanta complacerle, me encanta sentir su polla entera en mi boca, me encanta que suspire, me encanta volverle loco.

- Papá… sabes muy bien… -Se agacha y besa mis labios, con más dulzura de la que esperaba-.

- Y tú eres maravillosa… tienes una boca que es un pecado preciosa –mete su polla de nuevo, pero sólo hasta la mitad, y empieza un vaivén lento, estremeciéndose y suspirando suave-. Mi niña… quiero joderte la boca, quiero embestirla, que confíes en mí y me cedas tu boca, solo yo decidiré cuando parar y hasta dónde forzarte… -me asusta un poco, pero respiro hondo, relajándome, conozco a papá, sé que él nunca me haría daño-. Me… me encantaría que confiaras en mí y me dejaras follar tu preciosa boca… puede que sea un poco incómodo, pero te juro que no te daré más de lo que puedas aguantar… y te prometo, mi putita, que haré que te corras como jamás en tu vida.

Sólo asiento, respirando. Sabía que eso era lo que quería: follar mi boca. Me quería así, en esa posición y con las manos atadas para que fuera él quien controlara todo. Para poder embestirme, el día en que me lo dijo… susurró: “quiero usar tu boca como si fuera tu coño”, y aunque me asustó, también me excité. Supongo que me gusta esto, que sea duro y me fuerce a más. Al fin y al cabo llevamos casi un mes probando, chupándolo profundo, impulsándose en mi boca, enseñándome a respirar, a obviar las arcadas… y confío en que pare cuando lo necesite, confío en que será bueno para ambos.

- Quiero oírlo nena… no empezaré sin oírlo de tus labios.

- Sí papá… fóllame la boca, soy tuya.

- Sí cariño, eres mía.

Mete su glande y me hace lamerlo, luego me pone las manos en el pelo y embiste despacio, metiéndola hasta el fondo. Sólo rozar el final, la saca hasta la mitad. Está de pie y repite eso dos, tres, cinco, ocho, diez veces. Profundo, pero aún lento. Me acostumbro bien a sentirla completamente dentro, al grosor y la largura de su polla. Jadea y se inclina un poco hacia adelante, cogiéndose de mis tetas pero sin apretar mucho. No duele, sólo me excita aún más.

- Respira hondo mi niña –lo hago, despacio, aprieta un poco mis tetas, indicándome que va a embestir, y se mueve contra mí, metiéndola hasta el fondo, y casi sin sacarla, embiste hasta cinco veces, y luego la saca de nuevo. Toso un poco, y respiro- bien preciosa, bien… iré poco a poco, pasando la raya un poco cada vez… -baja su mano por mi cuerpo, y mete dos dedos en mi coño, como antes, rápido, profundo, metiendo de nuevo su polla en mi boca- dime mi putita… ¿te excita esto, estás mojada porque papá te folla tu boquita?

- Sí… papi… -balbuceo con su polla en mi boca, y vuelve a apretarme un pezón, para embestir de nuevo al fondo, casi sin sacarla, ahora seis veces. La saca, respiro hondo, remueve su polla y lo repite, cada vez que lo hace aumenta una embestida, hasta llegar a doce-.

- Mi preciosa putita… cada vez que tengo mi polla en tu garganta, al fondo, me entran ganas de follarte sin parar, no quiero detenerme, solo dejar mis huevos contra tu cara y embestir hasta llenarte la garganta de leche –gimo contra su polla, que embiste al fondo- te excita eso… ¿verdad mi puta? Ufff eres un sueño hecho realidad mi niña.

Empieza a embestir contra mi boca, hasta el fondo, en tandas de 10, 12, 15 seguidas… metiéndola al fondo y follandome sin piedad. Me relajo tanto como puedo, siento su glande en mi garganta y aunque a veces me arqueo por la arcada, me excita pensar en toda su polla dentro. Mi coñito se contrae, y el tapón me da gusto, me remuevo contra él, sintiéndome llena y mojada.

- Mi putita… tienes una boca deliciosa… -embiste despacio, ahora lentamente como al principio, hasta el fondo pero lento, y yo respiro cuando la saca, relajada- te acostumbras a esto con facilidad mi niña… has nacido para ser mi fantasía, y voy a disfrutarte muchísimo –pellizca mis pezones y embiste duro, rápido, y la saca despacio, yo aguanto la arcada y me relajo- mmm ¿ves? Esa capacidad de aguantar las arcadas, de cederte a mí… eso es lo que más he deseado en mi vida, eso es lo que te hace perfecta mi niña.

Sigue follando mi boca, más lento, más duro, más profundo, apenas a la mitad… y sigue hablándome, una y otra vez, encarchándome más, endureciendo mis pezones, acariciándome de vez en cuando. Hasta que me posiciona bien en la cama y pone sus manos en mis tetas. Se queda quieto y mete su glande en mi boca.

- Estoy a punto mi niña… si lo deseas, si de verdad quieres tu biberón mi putita, pide tu leche –respiro hondo, lamiendo su glande- pero si la pides, follaré tu boca sin parar hasta correrme. Me da igual que sea en 3 embestidas que en 30, tendrás que aguantarlo… tú decides si quieres eso… o prefieres que me masturbe contra tu cara y te la llene con mi semen – Retira su polla y se masturba delante de mí, me parece tan excitante ver su mano apretada contra su polla.. todo el capullo gordo, brillante-.

- Quiero tu leche papá… quiero tu biberón, en mi garganta, quiero que jodas mi boca, que me embistas hasta correrme, lo quiero todo…

- Como tú me pidas mi putita… voy a follarte la boca hasta llenártela de leche… y beberás cada gota, tragándolo todo como una niña buena, y…. te correrás como una zorra mientras me bebes, tragando la leche de papá.

Mete su polla en mi boca y embiste despacio, hasta el fondo, y ahí empieza a moverse en una cadencia lenta que va acelerando. Diez embestidas, quince, diecisiete, no dieciséis, veinte… pierdo la cuenta, me cuesta un poco respirar, papá aprieta mis tetas fuerte y embiste más duro, me arqueo un poco, me relajo para él, noto su polla dura, gorda, palpitante, mi coño tenso, chorreando…

- Sí puta… papá está a punto de correrse… bébete tu biberón mi niña, traga la leche de papá… -embiste duro y suelta el primer chorro, que trago por instinto, estremeciéndome, mientras papá baja una mano a mi coñito y aprieta mi clítoris mientras embiste al fondo, corriéndose en mi garganta chorro a chorro- córrete bebiéndome zorrita… córrete mientras lleno tu boca de leche, vamos, dame tu orgasmo… mmm sí, putita así, corréte comiéndome la polla, siéntela bien dentro de tu boca… siente como tragas esa leche de papá, calentita, toda para ti…

Me estremezco, corriéndome… por sus palabras, la postura, el gesto, el momento, la voz ronca de papá, la sensación… y es un orgasmo malditamente arrollador, mojo la cama y me quedo quieta mientras papá retira su polla de mi boca y yo la relamo. Antes de darme cuenta, papá se estira a mi lado, me pone normal en la cama, mi cabeza sobre la almohada, besa mi frente y me abraza desde atrás.

- Te quiero preciosa… -suspiro, recuperándome un poco de todo, y me giro un poco, buscando su mirada, veo cierto miedo y duda en sus ojos- ¿Estás bien, te duele, fui…?

- Te quiero… mucho –él sonríe, vagamente y yo le beso los labios- no te voy a pedir que lo hagamos cada día, pero… fue un orgasmo increíble papá… -sonríe de verdad, y me besa-.

- Créeme… no querría hacerlo cada día, ni siquiera pensé que alguna vez lo haría… -me acaricia la cara- ¿de verdad estás bien? Al final yo…

- Estoy bien papá, de verdad… no me diste nada que no pudiera soportar –digo usando sus palabras, y eso lo calma, me abraza fuerte y noto su erección contra mis nalgas, no puedo evitar sonreír-. ¿No tuviste suficiente papá…?

- ¿Suficiente, de ti? Jamás mi vida… jamás.
 

heranlu

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Estoy Ansiosa Porque Llegue Papá – Capítulo 002


Han pasado ya casi dos meses desde que vi a mi padre con otra mujer en casa. Esa misma noche medio nos confesamos, y bueno, tenemos una especie de “relación de incesto”, aunque estamos un poco… estancados. Casi cada día estamos juntos, acabados de levantar, después de comer –especialmente los fines de semana-, alguna tarde, y muchas, muchas noches, pero siempre nos quedamos en las caricias y el sexo oral. No hemos avanzado desde ahí. Mi padre, a veces, me pone un tapón anal de plástico duro… o usa unas bolas chinas o un pequeño consolador conmigo, pero nada más, y no siempre. A veces saco el tema, pero muchas veces se sale por la tangente o no le da importancia, realmente no sé qué pensar. A veces cuando me toca, cuando me mira, no entiendo cómo es capaz de no desear más… me encantan sus manos, y maldita sea adoro su lengua, pero me muero de ganas de sentirlo dentro de mí. Sinceramente, me encanta su polla, desde siempre, es gorda y bastante larga, y está dura pero muy suave, y aunque me encantan sus dedos… necesito más, quiero más. Y me mata pensar que a papá le basta, que él… no me desea.

*

- ¿Elle estás en este mundo?

Subo la mirada y veo a Vero, mi mejor amiga y quitapenas. Estamos sentadas en uno de nuestros cafés preferidos, hemos quedado después de algunos días sin vernos por cosas de la uni y horarios diferentes. Veo preocupación en sus ojos, y medio sonrío.

- Perdona, estaba dándole vueltas…

- ¿A qué? –Niego con la cabeza-. ¿Estás bien? Hace días que no estás muy fina…

- Tonterías mías, ya sabes.

- ¿Te peleaste con tu padre? –La miro rápido, nada más mentar su nombre mi corazón se acelera, respiro hondo y pongo mi mejor sonrisa fingida, y niego-. Ya… bueno, pues igual deberías hablar con él, sé que con él tienes mucha confianza.

- No, no es eso… quiero decir, no es que no pueda hablarlo contigo y con mi padre sí, es sólo que, son tonterías… nada grave, ni concreto…

- Ya… seguro…

Vero se bebe su café sin quitarme los ojos de encima. Una parte de mí querría preguntarle, querría decirle que qué hay mal en mí para que mi padre no quiera más, que porqué me siento rechazada y dolida por esto… pero por una parte no me veo capaz de contarle mi secreto a Vero, y por otra, Vero me sonreiría y me diría que no hay nada malo en mí, que soy maravillosa y que él es un idiota. Aunque no sea verdad, sé que diría eso, y no es una respuesta. Le pregunto sobre su nuevo novio y desvío el tema, me dejo acompañar por lo que me cuenta y me olvido por un rato de mi padre y mis miedos.

Se hace la hora de la cena, le mando un mensaje a mi padre para avisarle que ya voy para casa, en parte porque siempre lo hago, en parte porque tengo miedo de que él esté quedando con otras, y por nada del mundo quiero verlo, ni tampoco saberlo. Se me hace un nudo en la garganta sólo de pensarlo, pero intento sacármelo de la cabeza.

Al abrir la puerta oigo la voz de mi padre un poco tensa, y me quedo quieta. ¿Quién hay en casa? De repente se oye la voz de una mujer, y aunque me asusto en un primer momento, en seguida se me pasa: es mamá.

- Me importa una mierda Dani, es mi hija.

- Y la mía, ¿recuerdas? Elle no es un trapo que puedas usar, ella se quedó conmigo y hasta ahora te ha importado lo más mínimo, así que no me vengas con tu mierda de “madre preocupada”, que a mí no me la das. He estado 20 años contigo…

- ¡No me hables así!

Entro en el comedor, y miro a mi padre. Él me sonríe, cálido, como siempre, y mamá se gira mirándome. Pone una de sus sonrisas profident que nunca me ha gustado y se acerca a mí, abrazándome con fuerza, pero no hay calidez en ella.

- Cariño… ¿Cómo estás? ¿Cómo te va todo?

Me aparto de ella y me voy hacia mi padre, le doy dos besos fuertes en las mejillas y lo abrazo. Papá me rodea suave entre sus brazos y me acuna un poco, posando sus labios en mi coronilla y mirándome con una gran sonrisa.

- Hola mi vida... ¿todo bien con Vero, os pusisteis al día? –Asiento y miro a mi madre-.

- ¿Qué quieres mamá?

Ella aparta la sonrisa y muestra su cara seria, la que he visto la mayor parte de mi vida. Está un poco tensa, así que obviamente está enfadada. Miro a mi padre y me siento en el sofá, él se queda a mi lado, desafiando a mi madre.

- ¿Puedes dejarnos solas, por favor?

- Prefiero quedarme.

- Ya no es una niña, ni una menor de edad, creo que puede…

- ¿Quieres que me quede, amor? –Corta mi padre, mirándome, apretándome la mano. Yo le sonrío, agradecida, y miro a mi madre-.

- Tranquilo papá, sabes que yo siempre he sabido lidiar con mamá… vete a la ducha.

Él me sonríe y me besa en la frente, yéndose al baño. Yo miro a mi madre y le indico que se siente, se pone al otro lado del sofá y nos quedamos la una frente a la otra.

- Mira cariño, sé que siempre te has llevado muy bien con tu padre y me parece bien –se le nota en la cara y en el tono que no le encanta precisamente-, pero ahora hace ya dos años y medio que vives con tu padre y con mi trabajo y mis viajes, apenas nos vemos, así que… he pensado que te gustaría venirte a vivir una temporada conmigo.

Me quedo un poco sorprendida, mirándola. Mamá nunca tuvo ningún interés ni intención de quedarse con mi custodia cuando se separaron, más bien, me dejó claro que era mucho mejor que me quedara con mi padre, para ella su trabajo siempre fue lo primero.

- Mamá, perdona que te sea tan franca, ¿pero por qué? Tú nunca has querido que yo viviera contigo… apenas he estado contigo nunca más de tres días seguidos…

- Lo sé cariño –ella se tensa un poco, parece culpable, es una de las primeras veces que veo a mi madre humana, incluso miedosa- Sé que he hecho cosas mal, y que no me he portado como debía, pero ahora me han ofrecido un ascenso, con unos horarios mucho más fijos, sin apenas viajes y con un piso fabuloso. Y, bueno, me encantaría que vinieras conmigo y pudiéramos pasar un tiempo juntas, conocernos más, por favor Elle… dame una oportunidad.

Miro a mi madre. Nunca ha sido una extraña para mí, no es que me abandonara de pequeña ni nada de eso, simplemente ella trabajaba de lunes a domingo mil horas, nunca jugaba conmigo, no venía a buscarme al colegio, no me llevaba de compras… todo eso lo hizo siempre mi padre. Papá era el que me cuidaba, quién jugaba, me contaba cuentos, me hacía reír… apenas conozco a mi madre más allá del hecho de vivir en la misma casa y cenar de vez en cuando juntas. Ella estaba en su despacho, en la oficina, de viaje… y nunca fue cariñosa, ni cercana a mí, siempre la sentí más como una tía que una madre. La verdad es que sé que se merece una oportunidad, que es mi madre y debería dársela… pero me tenso sólo de pensar en dejar a mi padre, él lo es… todo para mí. Es incluso, demasiado. Es en ese momento en que recapacito, y creo que quizá irme… sea una buena opción para detener esta especie de locura que estamos llevando a cabo últimamente y volver a ser lo que siempre debimos ser: padre e hija.

- ¿Dónde te han dado el piso, mamá? –Ella me mira, medio sonríe-.

- Esa es la cuestión… la plaza es en Londres, tendrías que venir a Inglaterra conmigo.

Mierda. Eso no son dos kilómetros. Es cambiar de país, de lengua, de clima…. Y estar lejos de papá, demasiado lejos. Es no poder ir a verle los fines de semana, ni abrazarle, ni llamarle y fugarme a su casa si con mamá no funciona. Estoy aterrada. Mamá me mira, creo que me entiende un poco, me pone una mano en el muslo y sube a acariciarme la mejilla.

- Tranquila Elle… debo irme en un mes, puedes pensarlo. Creo que sería una buena oportunidad para ti, aprender inglés, ir a otra universidad, conocer gente nueva… -la miro, pensando en mi vida y mi carrera- Tranquila, ya hablaría con el decano y con quien hiciera falta para que esto no afectara negativamente a tus estudios, y papá puede venir a verte de vez en cuando, con mi aumento de sueldo puedo permitírmelo.

Pienso en el trabajo de mi padre, en estar en otra universidad, en los días de fiesta… aunque mamá tenga más dinero, papá no puede dejarlo todo y salir cada 15 días a Londres para verme. Creo que ella lo sabe, creo que una parte de mi madre quiere “alejarme” de papá, quizá por venganza, ellos se llevan fatal, y desde que se separaron peor. Suspiro.

- Vale mamá, lo pensaré, necesito un poco de tiempo… y tengo que hablar con papá.

- Claro cariño. Llámame cuando quieras, aunque decidas que no. Te quiero.

Me da un beso y se va, cogiendo su bolso. Me quedo en el sofá, sentada, mil sensaciones me revuelven el estómago, la cabeza… Una parte de mí, desde el fondo de mi alma, grita NO, grita que ni lo piense, que la mande a tomar por saco, que no me vaya. Pero la parte más racional de mí, piensa que quizá sea una buena idea: conocer a mi madre, ir a Londres, cambiar de Universidad… Pero entonces una voz grita más: ¡solo huyes de tu padre! Y es cierto, eso es otra razón, lo malo es que es una razón tanto para quedarme, como para irme. Sigo dándole vueltas hasta que siento una mano fría rozarme la barbilla, me muevo hacia dónde me da la mano y veo a mi padre mirarme. Lleva ya el pijama, y se está secando el pelo con una toalla. La deja en sus hombros y se sienta a mi lado. Sin decir nada me coge, con sus brazos, y me aprieta en su pecho fuerte, abrazándome y dándome un beso en la sien.

- Te quiero más que a nada en el mundo Elle…

Se me llenan los ojos de lágrimas, sin querer. Sé que si me voy, voy a echar eso de menos cada segundo de cada día, no… no voy a poder pasarme meses sin abrazarle, sin verle sonreír, sin oírle reír a carcajadas y decirme que he heredado su raro sentido del humor. No quiero dejarle… ni como padre, ni como… ni como hombre.

- Yo también… -se me apaga la voz, una parte de mí quiere decir papá, pero otra parte quiere decir Daniel, porque le quiero a él, por encima de que sea mi padre, le quiero desde hace demasiado y aunque sea antinatural… siempre fue más que un padre para mí-.

Me sube la cara y me limpia las lágrimas con los dedos, mirándome fijamente. Cuando lo miro así, tan cerca de mí, abrazándome y con sus manos a ambos lados de mi cara, soy incapaz de verle como familia, sólo quiero que sea para mí, que me bese, que me toque. Pero él ha puesto como una especie de barrera, así que medio le sonrío y me aparto. Noto su duda en sus ojos, y casi pregunta, pero no dice nada, simplemente ve como me voy hacia la ducha y no me detiene, así que me escapo de mis propios sentimientos y respiro hondo.

Me ducho y me pongo el pijama, me seco el pelo con la toalla y me miro en el espejo. No puedo evitar compararme a mi madre, soy un clon de ella, nos parecemos muchísimo físicamente, sólo que yo soy un poco más alta y más gordita. Si papá la dejó, ¿qué interés podría tener en estar ahora con un clon de algo que no funcionó? Sonrío, irónica, y lo dejo estar. Quizá lo mejor sea irme a Londres y olvidarme de todo.

- Preciosa, está la cena puesta…

- Voy papá –salgo del baño y voy a la cocina, dejando la ropa en el cesto y colgando la toalla en las cuerdas, para que se seque. Siento como viene por detrás y me abraza fuerte, respirando en mi pelo y dándome un beso sobre él-.

- Me encanta como hueles mi niña… tu olor a frutas me hace sonreír… -tira de mi mano y se sienta en su silla en la mesa, y en lugar de dejarme ir a mi silla me sienta sobre él. Me fijo en la mesa, está todo en ese lado, como si sólo fuera a cenar una persona-.

- ¿Qué se supone…?

- Voy a darle de comer a mi niña, como cuando eras pequeña… sentada conmigo.

No puedo evitar sonreír y le doy un beso en la mejilla, riéndome de sus ideas. Me siento sobre sus piernas como puedo, intentando obviar la zona peligrosa, pero papá me reacomoda dejando mis nalgas precisamente sobre el lugar que quiero eludir. Supuestamente es una cena de padre e hija, volviendo a cuando era peque y me sentaba con él, infantil e inocente, pero… nada es inocente con papá. Siento todo su pecho tras mi espalda, duro, y sus brazos alrededor de mí. A veces suspira en mi pelo o en mi nuca, sus manos se mueven sobre mis muslos cuando me remuevo en la silla, y las miradas mientras comemos los sándwiches y aperitivos que ha preparado lo dicen todo.

- ¿Qué te ha dicho tu madre Elle?

Respiro hondo, intentando obviar el bulto que siento contra mis nalgas, y el calor que me recorre el cuerpo, notando cada parte de su cuerpo contra mí, además del sonido ronco de su voz en mi oído. Me quedo quieta, y me giro mirando sus ojos.

- Quiere que me vaya a vivir con ella un tiempo, a… Londres –lo noto tenso, parece enfadado-.

- Supongo que le has dicho que no se te ha perdido nada allí, ¿verdad?

Noto su tono duro y esa mirada que me traspasa, sé que está enfadado, molesto, y que la idea no le hace ni pizca de gracia.

- Le he dicho que me lo pensaré… tengo un mes…

- Pero eso ha sido un eufemismo para no ofenderla, porque le vas a decir que no, ¿verdad Elle?

Su voz es aún más dura cuando pregunta esta vez, mirándome fijamente. Me siento incómoda, mi cuerpo sigue tenso y no puedo evitar sentirme demasiado bien entre sus brazos, me gustan sus ojos y sus labios, y una parte de mí se siente feliz porque mi padre no me quiera bajo ningún concepto lejos; pero por otra parte… siento rabia porque sea tan duro, ¡tengo derecho a elegir! Al fin y al cabo es mi madre.

- Le he dicho que me lo pensaré, y es lo que pienso hacer…

- ¿Por el amor de dios Elle, qué tienes que pensar?

- Es una buena oportunidad para mí –aparto la mirada-, una buena universidad, otro idioma, nueva gente, conocer cosas… y bueno, quizá conocer un poco más a mamá, ya sabes, nunca hemos estado unidas y quizá…

- ¿Y quizá qué? ¿Ahora seáis súper amigas y se convierta en la madre perfecta? No me puedo creer que siquiera estés pensando en irte con ella…

- ¿Por qué no? –Subo la mirada, entre desconcertada, molesta y enfadada con él-.

- Porque… porque ella no quiso saber nada de tu custodia cuando nos separamos. Apenas te hacía caso cuando estaba en casa, nunca se preocupó de estar ahí cuando la necesitaste, nunca fue la madre que te merecías… -noto dolor en su voz, y recuerdo la de veces que mamá no estuvo ahí, la de veces que le preguntaba a papá porqué no había venido, o porqué no me iba a buscar al colegio, y papá siempre se inventaba historias para que no me enfadara, de pequeña casi pensaba que mamá era una súper heroína y por eso no podía estar conmigo. Sé lo mucho que le debo a mi padre por eso, y que él fue quién me lo dio todo, siempre-.

- Lo sé papá… -medio le sonrío, acariciándole la mejilla- si me voy nada va a cambiar entre nosotros, tú siempre serás lo más importante de mi vida, es sólo que…. creo que le debo una oportunidad, y puede que el cambio me viniera bien.

- Mi vida… -siento como me coge, acercándome más a él, poniendo mi pelo tras mi oreja y acariciando mi mejilla- si te vas, todo va a cambiar, y yo no… -no termina la frase, mirándome, y a mí se me cierra la garganta.

Me aparto un poco y me levanto de la silla, respirando hondo.

- Quizá ambos necesitamos un cambio.

- ¿Qué? –Papá se pone de pie detrás de mí, y noto sorpresa y duda en su voz-.

- Lo que… lo que tenemos no es normal, y entiendo que tú, que tú no desees más… pero yo, yo necesito más y no puedo seguir así, como si nada –se me caen lágrimas por las mejillas, y lo noto justo detrás de mí, pero no me toca-. Sé que sólo por ser mi padre no debería verte como hombre, que no es lógico ni sano lo que siento por ti… pero lo siento, ¡maldita sea! Eres… eres todo lo que siempre he querido y lo… lo quiero todo, y tú no puedes o no quieres dármelo, y me voy a volver loca si sigo aquí. Irme a Londres es la manera perfecta de que tú vuelvas a tu vida, y yo pueda… pueda tener una oportunidad de olvidarme de esto y encontrar a…

- ¿Y encontrar a otro? ¿Es eso lo que quieres?

Me quedo de pie, sin decir una palabra. Oigo mi respiración, mi corazón acelerado, y a papá acercarse detrás de mí, rodearme entre sus brazos y abrazarme como si no hubiera nada más importante en el mundo. Respiro hondo, relajándome en sus brazos.

- Mi vida, mi cielo… ¿cómo tengo que decirte que eres lo que más quiero en el mundo? ¿Qué te hace pensar que yo no te necesito, que no te quiero, que no te correspondo?

- ¿Cómo hija… o como mujer? –Noto su media sonrisa y me besa en la coronilla-.

- Amor, eres mi hija y te adoro, pero te quiero a ti Elle… te quiero a ti como mujer, como persona y maldita sea, como amante… ¿es que no te lo he demostrado suficiente?

- No me has hecho el amor… -me salen las palabras solas, medio asustada-.

Mi padre tira de mí y nos sentamos de nuevo en la mesa, pero ahora me pone de lado, mirando hacia él y me retira el pelo de la cara y me besa la frente, mientras busca mi mirada con los ojos y pone sus manos a mi alrededor, dejándome muy cerca de él.

- ¿Estás preocupada por eso? ¿Esa es la razón por la que últimamente me evades, casi no dejas que te bese y… estás pensando en irte con tu madre?

Quiero negarlo, quiero darle mil explicaciones diferentes… pero serían mentira. Noto su pulgar en mi mejilla y respiro hondo, asintiendo.

- Mierda Elle, perdóname, no… nunca quise hacerte dudar de nada, si hubiera sabido que eso era lo que te preocupaba te habría hablado hace días –miro sus ojos, entre preocupada e interesada-. Amor, te deseo, muchísimo… no hay ni una sola razón para que no quiera estar contigo. Quiero hacerte el amor casi más que respirar –me sonrojo, y respiro entrecortada-, pero es algo… irreversible, no quería adelantarme, no quería forzar algo que quizá…

Me abrazo a él, mucho más tranquila, y me quedo pegada a su cuerpo, respirando contra su oído, acariciándole el pelo y sintiendo sus manos en mi espalda. Debajo de mi muslo noto todavía el bulto, noto como sigue ahí, deseándome… me muerdo el labio, entre contenta y aún nerviosa, relajándome un poco.

- Elle, cariño, ¿qué te hacía pensar que yo no quiero estar contigo? –Me quedo un poco rígida, y papá tira de mí para que mire sus ojos-.

- Bueno yo… no lo sé… sabes que siempre he sido insegura, y yo… -veo una media sonrisa en su cara, casi riendo- soy igual que ella…

- ¿Igual que quién?

- Que mamá… y lo vuestro nunca funcionó –él me mira sorprendido, yo bajo la mirada-, las dos somos del tipo gorditas con curvas, y bueno, si mamá no era lo que te gustaba… ¿por qué iba a serlo yo? Además yo no tengo experiencia y no sé…

- Shhhh calla pequeña… -me pone la mano en la nuca, y me levanta la barbilla con la otra, mirando fijamente mis ojos- Me encantas Elle, me encanta tu cuerpo y tus curvas, me encanta tu piel suave y caliente bajo mis manos. Me encantan tus ojos marrones y esos labios gruesos, y cómo te los muerdes cuando te pongo nerviosa… -Me besa, intenso, nada que ver con lo que haría un padre, ese es un beso pasional, de pareja, un amante reclamando lo que es suyo, y me encanta-. ¿La notas Elle, bajo tu pierna? –Remueve su pelvis contra mí, y yo asiento, ruborizada-. Amor, adoro cada maldito centímetro de tu cuerpo, me caliento sólo con mirarte… pero, aunque no quiero meterla en la conversación, tienes que oírlo: me gustaba mucho tu madre físicamente, me gustan las mujeres voluptuosas pero bajitas, los pechos grandes, las caderas anchas… el físico nunca fue un problema para mí. No funcionó porque tu madre es fría, metódica, sosa… nunca me buscaba, nunca tenía ganas, nunca quería hacer o probar nada, todo era indecente o inadecuado, nada le gustaba, y siempre me hacía sentir culpable o mal conmigo mismo.

- ¿Siempre fue así? –Me acaricia la mejilla y medio sonríe, calmándose un poco-.

- Bueno, cuando empezamos a salir era un poco más… dispuesta, por así decirlo, pero sí, nunca fue una mujer fogosa, ni cariñosa, ni siquiera fuera de la cama. Eso me mataba Ella, tú me conoces, sabes que más allá del sexo soy un hombre cariñoso, que necesito abrazos y besos, y palabras de cariño, momentos de convivencia normal y corriente…

- Siempre me ha gustado eso de ti… -me besa de nuevo, pero ahora más dulce- No es tu culpa amor –papá me mira-, si alguna vez lo pensaste, quiero que sepas que no es tu culpa, que ser sexualmente activo no es algo de lo que arrepentirse o esconderse, y que… ninguna mujer normal en el mundo se alejaría de ti y de tus atenciones.

- Pues no te vayas Ella por favor… prométeme que te quedarás conmigo, por favor.

Veo miedo en sus ojos, dolor y me resulta sorprendente que mi padre me esté rogando, que me agarre fuerte como si tuviera miedo de soltarme, que me mire así… y niego con la cabeza, acercándome a él y rozando su nariz, sin besarle.

- Papá, lo siento, pero… -me mira, dudando, tragando saliva- si me quedo, si te prometo que no me voy con mamá, no puedo prometérselo a mi padre -él parece aún más sorprendido-.

- ¿Entonces a quién mi niña? Soy yo el que te lo está pidiendo, por favor… no me dejes.

- A Daniel –bajo la mirada, después de decir su nombre, nunca nadie lo llama así, para todos es Dani, sólo la abuela lo llama así cuando se enfada o quiere convencerlo de algo-, si me quedo, me quedo por él… porque le quiero más que nadie en el mundo y porque no quiero vivir ni un maldito segundo sin tenerlo cerca…

Mi padre, Daniel, se inclina sobre mí y me sube la barbilla lo justo para besarme, pegando mi espalda contra la mesa y prácticamente invadiendo toda mi boca, relamiendo mis labios y jugando con mi lengua, jadeando suave mientras me besa.

- Yo también te quiero Elle, como hombre, como Daniel… -me mira, intenso, volviendo a besarme y tira de mi labio inferior, separándose un poco, lamiéndolo al soltarlo, subiendo sus ojos a los míos- pero prométeme… que nunca dejarás de llamarme papá o papi –acerca sus labios a mi oído y muerde el lóbulo, lamiéndolo suave mientras susurra- sabes que me la pone dura cuando me llamas así…

- Ay papi… no tienes remedio, y ¡cómo me gusta que no lo tengas!

Terminamos de recoger las cosas y nos sentamos en el sofá, esa noche vemos una película, hablamos, nos reímos, y luego me lleva a su cama y me vuelve loca tres, cuatro, cinco veces, entre su mano y su lengua, y luego se masturba mirándome y se corre sobre mi vientre, malditamente excitante, jadeando mi nombre. Luego se acurruca detrás de mí, besándome el cuello, y me dice que me queda muy poco de virgen… y que me va a encantar ser su mujer.

***

Me despierto desnuda, de lado, tapada con la sábana y calentita. Me muevo un poco, aún medio dormida, y noto como mi padre me rodea con sus brazos, bien cogida, y siento todo su pecho tras mi espalda. Al removerme un poco noto también su erección contra la curva de mi trasero, y sin poder evitarlo, me remuevo un poco, notando como se endurece más y papá jadea apretándome contra su pecho.

- No seas mala…

- ¿Quién es el malo aquí?

Lo noto sonreír, y siento sus labios en mi cuello, relamiéndome la curva y mordiéndome la oreja, jadeando contra ella cuando pasa toda su erección por entre mis nalgas, jugueteando con ellas y haciéndome suspirar. No puedo evitar que la temperatura de mi cuerpo suba, y sentirme toda caliente… deseándolo mucho, demasiado.

- Maldita sea pequeña si sigues haciendo eso no… -mi padre respira fuerte en mi oído y me muerde el cuello con suavidad, apretando mi vientre con su mano-.

Pongo la mía sobre la suya y la acompaño por mi cuerpo, bajando por mi piel despacio. Recorriendo mi ombligo, la parte baja, la línea alba, y por fin el pubis. Mi padre se detiene un poco, pero continúo hacia abajo y él se deja llevar. Abro tenuemente las piernas y siento sus dedos largos sobre mí, jadeando, girando mi cara hacia él y buscando sus labios, besándole con ganas, y separándome para mirar sus ojos y suspirar.

- Ufff tócame papá… por favor…

- Mmmm parece que mi niña necesita mimos… -pasa sus dedos lentamente, haciéndome gemir suave y agarrarme a él, mientras mueve su mano y acaricia con mas tino y mete un par de dedos dentro de mí- cariño… me encanta notarte mojada… toda excitada por mi culpa…

Suspira en mi oído y me mordisquea el cuello, sin dejar de mover su mano ni una vez, y con su erección aún pegada a mi culo. Noto como después de un par de movimientos, baja su pene y lo mete entre mis piernas, rozándolo contra mí mientras sigue moviendo su mano. Está duro, muy caliente, parece de terciopelo… tan grueso, mojándose contra mi piel, con sus manos recorriéndome el cuerpo y sus palabras deshaciéndome, susurradas en mi oído. Mete dos dedos completamente dentro, noto sus nudillos contra mi piel y no puedo dejar de gemir, es un poco incómodo al principio, pero no me duele… todo mi cuerpo se adapta bien.

- Me haces pensar en cosas… demasiado indecentes…

Lo oigo suspirar y me giro, buscando su boca. Lo beso y refriego mis muslos entre sí, apresando su pene entre ellos. La noto tan dura y gorda, caliente… sólo puedo pensar en que la quiero dentro, completamente dentro, y me mojo aún más.

- Cómo qué… cuéntamelo…

- Cuando te tengo así sacas la peor versión de mí mismo… -le devuelvo el beso y me muerdo el labio, apretando sus dedos dentro de mí- ufff… me encanta que hagas eso… sólo imaginar cuando lo hagas con mi polla…

La noto palpitar entre mis muslos, completamente dura. Papá se separa un poco de mí, y la vuelve a pegar a mis nalgas, ahora bien mojada se resbala contra ellas, mientras no aparta su mano de mi coñito, rozándolo, acariciándolo, metiendo sus dedos… no puedo dejar de jadear mientras me toca y roza su erección en mi culo.

- La notas, ¿verdad? Sabes lo que más me excita… -suspiro, y miro sus ojos- me pone demasiado pensar en abrirte este culito antes que tu coño… en ponerte en cuatro y dilatarte durante horas, hacerte desear mi polla hasta que la pidas gimiendo… y entonces romperte este precioso culo que me encanta, ver mi polla completamente dentro, encajada entre estas nalgas suaves… y no parar de follártelo hasta correrme dentro.

Empieza a masturbarme más rápido, y baja su otra mano a mi culo, rozando mi ano con su dedo, una y otra vez, y luego mete su polla entre los cachetes, y la roza, mientras no deja de masturbarme… haciéndome gemir…

- Me caliento pensando en follarte primero el culo mi niña… me pongo loco de imaginar tu culo todo lleno de mi polla, aún con tu coñito virgen. –Besa mi cuello y aprieta su polla, pasándome todo el glande por el ano, rozándolo todo, pero sin apretar-. Quiero estrenarte el culito primero… quiero meterte mi polla aquí, hasta el fondo, abrirte este culazo precioso y correrme dentro, llenártelo todo de leche y luego separar tus nalgas y ver como caen las gotas…

No dejo de jadear, removiéndome contra su mano, cada vez más caliente. Sus palabras, la imagen, sus manos…. Todo me calienta, no puedo dejar de excitarme, cada vez más al borde, necesitando mi orgasmo.

- Quiero oírte pedir, suplicar porque meta mi polla aquí pequeña… quiero verte jadeando, excitada por sentir todo tu culito abierto y quiero que pidas más, que gimas y te calientes –pone sus labios sobre mi oído y aprieta sus dedos en mi coño, acelerando el ritmo- porque hasta que no entierre mi polla en tu culo y me corra dentro, no pienso follarte el coño mi pequeña puta.

Y cuando dice eso, me corro. Me tenso contra su mano, apretándome contra sus dedos y se me escapa un gemido fuerte, ronco, mientras me dejo ir, mojando su mano y jadeando, del gusto, disfrutando de cada segundo de mi orgasmo.

Siento como saca su mano de entre mis piernas y abro los ojos, viendo como acerca dos dedos a mi boca. Paso la lengua por las yemas, y luego sorbo todo los dedos, metiéndolos en mi boca enteros y chupándolos.

- Eso es putita… aprende a reconocer tu sabor –baja de nuevo su mano a mi coño, y ahora es él quién chupa esos dedos, relamiéndolos como si fuera un manjar- quiero que cuando me comas la polla, sepas si sabe a mí… o a ti, mi niña viciosa. Ahora –me pone boca arriba en la cama y me mira fijamente- quiero que me digas exactamente por qué te has corrido.

- Por tu culpa, papi… -él me mira, y me pellizca un pezón, y yo sé que esa no es la respuesta, respiro hondo y miro sus ojos- tus manos son una delicia, pero no me he corrido sólo por eso. –Él sonríe-. Me ha gustado notar tu polla contra mi culito, rozándome, pero sobre todo me han calentado tus palabras.

- ¿Cómo te han calentado?

- No podía dejar de pensar en ello… imaginándome a cuatro patas, abierta, sintiendo tu polla dura y caliente entrar, sintiendo como follabas mi culito hasta el final… y sobre todo sabiendo que lo hacías antes que con mi coño, que… usabas mi culito antes porque eso te excita.

- ¿A ti no pequeña? Dime que no te excita pensar que papá te folle el culo, que es algo indecente , antes que tu pequeño y salado coñito… dime que no te has corrido pensando en tenerme detrás de ti sodomizándote el culito, con mi polla bien al fondo de este culazo.

- Sí, me excita.. –papá me mira, como diciéndome “el qué”, y continuo- me excita que quieras abrir mi culo antes de desvirgarme. Me excita pensar que usarás mi culito antes, pero… papá, prométeme que no me dolerá…

Esa cara de vicioso que se le pone cuando me mira, cambia por completo. Ahora vuelve a ser mi padre, supongo que no puede evitarlo, me aprieta entre sus brazos y me besa en la frente, en el pelo, en la mejilla… se pone todo dulce y atento, haciéndome sentir tranquila.

- Mi vida… sé que a veces soy un poco, sí, duro… pero te juro que no tengo en mí ni un solo ápice de interés de conseguir que algo de lo que hacemos sea doloroso, molesto o incómodo para ti. Jamás te haré daño, y si alguna vez de alguna forma inconsciente lo hago, te ruego que me lo digas en el momento. Mi vida… solo quiero que disfrutes, y no… esto es solo una idea viciosa de tu amante, pero si no te sientes cómoda podemos ir paso a paso, mucho más tradicional, y te juro que será igual de satisfactorio y placentero para mí. Incluso si tú decides finalmente que no quieres que tengamos sexo anal, seguirá estando bien para mí… tú puedes marcarme las líneas cuando quieras amor, por encima de todo te quiero mi niña. Nunca jamás olvides eso.

Me abrazo a él, aún un poco caliente, pero sobre todo tranquila, relajada, feliz… más que feliz radiante, las palabras de mi padre me dejan muy a gusto, él es exactamente todo lo que deseo y quiero. Miro sus ojos y beso sus labios, suave.

- Me gusta que seas vicioso conmigo… me gusta que hagamos estas cosas, que fantaseemos, me gusta que me hables así, tan sucio, y que me calientes tanto… papá, los orgasmos contigo son increíbles y confío plenamente en ti. –La sonrisa es enorme, entre la bravuconería, el orgullo y el cariño-. Sí, sí que me excita tener sexo anal antes de perder la virginidad… quiero hacerlo contigo, y confío en ti, pero es sólo que no quiero tener que oír eso de “al principio te dolerá, pero luego se calmará” o el “aguanta…”. No quiero que sea forzado y que termine doliendo, porque no quiero ese recuerdo… y sabes que no disfruto con el dolor.

- No pienso ser un bruto irresponsable. No quiero hacerte daño, ni por ti, ni por mí. Quiero que cada maldita cosa que hagamos, sea de disfrute para ambos, y ya que el dolor no forma parte de nuestra vida… haré lo que sea para evitártelo –medio sonrío-. Pero en serio mi niña, no tiene porque doler, ¿te dolió el tapón? –Niego con la cabeza, pero pienso en la diferencia de tamaño entre el tapón y su pene, él sonríe, como sabiendo lo que pienso-. Todo se basa en dilatar, preparar y lubricar bien. Y luego, en ser paciente, no forzar… y tocar dónde se debe.
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