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En la Playa con mi Madre y su Amiga - Capítulo 001
Dolores colgó el teléfono. Llevaba un buen rato hablando con María, su amiga de toda la vida. Se pasó todo la conversación tratando de consolarla, de calmarla. Se acababa de divorciar y aún no lo había superado.
-Luuuuucas - gritó.
Lucas estaba en su habitación, estudiando. Oyó a lo lejos a su madre llamarlo.
-Dime mami.
-¿Puedes venir un momentito?
Después de toda la mañana estudiando con la cabeza pegada a los apuntes de Anatomía Patológica, Lucas necesitaba relajarse y por eso había encendido el ordenador y había cargado su página porno favorita, "Maduras Calientes". Se disponía a hacerse una relajante paja mirando a aquellas macizas cuando su madre lo llamó. El viernes era el último examen del curso y después, si todo iba bien, tendría un veranito tranquilo. Hasta ahora había aprobado todo. Se acercó al salón colocándose hacia un lado su ya inflamada polla.
Miró a su madre desde la puerta, sentada en el sofá. Estaba preciosa. 45 años pero aún muy hermosa. No sabía si le gustaban las mujeres maduras por su madre o si le gustaba su madre porque le gustaban las mujeres maduras. ¿Fue primero el huevo o la gallina?
-¿Qué 'paisa'? - preguntó a su madre.
-Tesoro. María está fatal con lo del divorcio. Le he dicho que se venga conmigo al apartamento de la playa. No te importa quedarte solo unos días, ¿Verdad?
-Claro que no. ¿Cómo está ella?
-Uy. Creo que si le das un cuchillo ahora les cortaba el cuello a todos los hombres del mundo.
-Jajajaja. No será para tanto.
-Uf. Sobre todo a su marido. Bueno, a su ex-marido.
María, la amiga de su madre, tenía misma edad que ella. Era algo más bajita y más entradita en carnes, pero igualmente apetecible. Y con un hermoso par de tetas, las cuales habían sido las protagonistas de unas cuantas masturbaciones.
-Un cambio de aires le sentará bien - dijo Lucas.
-Eso le dije. ¿Seguro que tú estarás bien?
-Que sí.
-¿El viernes es tu último examen, no?
-Sí. Por fin.
-¿Qué harás luego?
-Pues no sé. Descansar. Tirarme a la bartola.
-¡Si se deja es lo mejor que puedes hacer! jajajaja
A su madre siempre le gustaba hacer esa broma con la tal Bartola.
-Pues después del examen vente con nosotras. No creo que pueda aguantar yo sola a María toda la semana.
La idea de poder admirar a las dos mujeres le atraía. Sobre todo a su madre. Hacía meses que no la veía en bañador o bikini.
-Vale. Así quedamos.
-Gracias tesoro. Eres un sol.
La sonrisa con que ella le obsequió le deslumbró. Si no fuera su madre... quizás... Pero lo era. Su mente racional le decía que mirarla así era inmoral. Que los deseos que sentía eran impuros. Pero eran solo eso, deseos. No podía luchar contra ellos. La verdad es que tampoco quería luchar. Le gustaba sentirlos. Le gustaba fantasear, echar su mente a volar, aún sabiendo que nunca nada de todo lo que imaginaba se haría realidad.
-Voy a seguir estudiando. Chao.
-Vale. Voy a preparar la comida.
Lucas volvió a su habitación. Su polla seguía dura. Cerró la puerta. Iba a echar el cerrojo, pero no lo hizo. Una de sus recurrentes fantasías era que su madre abría la puerta y lo pillaba en plena paja. Se sacó la polla, se acostó en la cama y empezó a tocarse.
Cerró los ojos y e imaginó...
La puerta se abre de repente.
-Oye, Lucas, te...
Su madre se calla de repente con los ojos fijos en su polla. La boca medio abierta.
-Estoy cachondo, mami.
-Uf, ya lo veo.
-¿Me echas una mano?
-¿Qué?
-Que si me echas una mano con esto - le dice, mostrándole su herramienta en plenas facultades.
Ella, lentamente, se acerca a la cama sin dejar de mirarle la polla. Se sienta a su lado.
-¿Quieres que mami te haga una rica paja?
-Ummm, sí, por favor. Hazme una pajita, mami - dice soltándose la polla y mirando como su madre acerca su mano hasta su dura estaca y la agarra.
-Uf, que dura tiene mi niño la polla. Verás que rico lo que te hace mami. Te dejaré relajadito para que puedas seguir estudiando.
Lucas contempla como la mano de su madre sube y baja a lo largo de su verga. Los ojos de ella van de la brillante cabeza de la polla a sus ojos. En su boca, esa preciosa sonrisa que tanto gusta a Lucas.
-¿Te gusta mi polla, mami?
-Es preciosa, mi vida. Es grandota y gruesa... como me gustan a mí.
La paja es lenta. De vez en cuando su madre le suelta la polla y le acaricia los huevos.
-¿Están cargaditos los huevitos de mi niño?
-Llenitos mami.
-Ummm, pues vamos a dejarlos sequitos.
Ella reanuda la sensual paja y lo lleva poco a poco a un intenso orgasmo. El cuerpo de Lucas se empieza a tensar.
-Aggg, mami, que... rico...me... corro...me corro...
-Sí, sí, córrete mi amor. Dale a mami toda tu lechita.
Primero su pecho y después la mano de su madre se llenan de su abundante semen, que sale de la punta de su polla a borbotones. Chorro tras chorro que ella contempla extasiada. Al final, cuando no sale ya más, exprime la polla desde la base para dejarla sin gota.
-Wow, mi niño iba cargadito.
-Gracias mami. Ha sido fantástico.
-De nada, tesoro. Una madre tiene que echarle una mano a su hijo en todo lo que pueda. Cuando quieras otra pajita, u otra cosa, me llamas.
Lucas abrió los ojos. Se miró. No era la mano de su madre la que estaba llena de leche, sino la suya. Su pecho subía y bajaba al ritmo de su jadeante respiración, aún agitada por el intenso orgasmo. La puerta de su cuarto permanecía cerrada. Se limpió con papel higiénico y volvió a estudiar.
+++++
El martes por la mañana Dolores pasó por casa de María a recogerla. Ésta la esperaba con la maleta frente al portal de su casa. La ayudó a meter la maleta en el maletero y partieron hacia la costa. Les esperaban 300 km de carretera.
-¿Qué? ¿Cómo estás María?
-Bien. Mejor. Gracias por todo, Lola. La verdad es que necesitaba un cambio de aires. La casa se me estaba echando encima. No soporto estar...sola.
-Pero mujer. Tu mari...tu ex-marido ya no estaba casi nunca en casa.
-Ya. Pero por las noches sentía su calor. Ahora ni eso...
-Sabías desde hace mucho que tu matrimonio estaba muerto.
-Ya lo sé, Lola, ya lo sé. Ya no lo amaba. Pero es la costumbre. Estoy acostumbrada a tenerlo cerca. Me costará volver a vivir sola.
-Bueno, date tiempo, mujer. Ya verás como dentro de poco estarás estupendamente.
-Eso espero.
Mientras recorrían la larga carretera, empezaron a hablar de otras cosas. Dolores intentaba que su amiga pesara lo menos posible en su situación. Parecía que lo había logrado hasta que de repente María se puso a llorar.
-Cabrón. Asqueroso de mierda - dijo, llevándose las manos a la cara.
-Tranquila, mujer.
-¿Cómo quieres que me tranquilice? Lo pillé follándose a aquella mocosa...en mi sofá. Se la estaba follando en mi sofá. No he podido volver a sentarme allí.
Dolores no sabía que decir. María le había contado la historia. Le contó como un día, hacía unos meses, había llegado a su casa antes de lo previsto y había descubierto a su marido follando en el sofá del salón con una jovencita que no tendría más de 25 años. La chica, al ser descubierta, simplemente se vistió y desapareció.
Encima, el muy cabrito de su marido trató de disculparse e incluso de echarle la culpa a ella. Le dijo que ya no era como antes. Que ya casi nunca quería sexo con él, y que él necesitaba más.
-¿Al final supiste quién era esa chica?
-No. Seguramente sería alguna putilla barata. ¿Cómo si no se iba a acostar una chica joven con Manuel? Calvo, gordo... Y pesado. Muy pesado.
-Sip. Yo tampoco lo entiendo. De joven no estaba mal, pero se ha estropeado mucho.
-Muchísimo. ¿Nosotras no tanto, no? - dijo María, mirándose de arriba a abajo.
-Jajajaja. Tampoco somos unas jovencitas. Pero yo aún levanto... miradas.
No le dijo, que sobre todo de Lucas. Pero eso era algo solo de ella.
-Bueno, cabrona. Es que tú estás estupenda. ¿Cómo lo haces?
-No sé. No hago nada especial.
-¿No comes?
-Jajaja. Claro que como.
-Pues yo como como un pajarito y mírame.
-Mujer, que no estás nada mal. Seguro que también más de uno te mira.
-Jejeje, pues sí. El chico de la carnicería no que quita ojo de encima - dijo, tocándose las prominentes tetas.
-Jajajaja, no me extraña. Siempre has estado bien cargada de pecho.
-Bueno, unas tienen una figura de modelo y otras tenemos un buen par de tetas.
Las dos mujeres rieron con ganas. Al fin parecía que María empezaba a tomarse las cosas mejor.
Hicieron a medio camino una parada en una estación de servicio. Echar gasolina, hacer un pis y desayunar en la cafetería. Se sentaron en una mesa y pidieron dos cafés con leche y unas pastas.
Se los sirvió un chico joven, con la cara llena de granos y un piercing en la nariz. Cuando se marchó, Dolores le susurró a María.
-Ese chico no dejaba de mirarte las tetas.
-¿Sí?
-jaja, sí. Creo que hasta babeaba y todo.
María miró al joven, que tras la barra desvió la mirada al ver que ella le estaba mirando.
-¿Crees que se le habrá puesta dura, Lola?
-Jajaja. Yo que sé. Pero seguro que sí. Los jóvenes se ponen a tono enseguida. ¿Ves?
-¿Que si veo qué?
-Que aún te miran los hombres, tontina.
-Pero si no es más que un mocoso. No tendrá más de 17 o 18 años.
-Bueno, será un proyecto de hombre. Pero te comía con los ojos.
María se terminó el desayuno con una sonrisa en la cara. De vez en cuando miraba al camarero, que siempre miraba para otro lado al ser descubierto.
María tuvo una idea. Se desabrochó un par de botones de la camisa, exponiendo aún más sus dos enormes tetas.
-¿Qué haces, loca? - le increpó Dolores al ver lo que hacía.
-Jeje. Ahora veras... Oye - dijo, dirigiéndose al chico - ¿Nos traes la cuenta?
El chico sacó el ticket y se lo llevó. No pudo evitar mirarle las tetas. Los ojos se le abrieron como platos al comprobar que el escote se había agrandado sobremanera.
-¿Cuánto es? - le preguntó María
El chico no dijo nada. Sus ojos estaban clavados en el canalillo.
-Oye. ¿Cuánto te debo?
-¿Eh?
-Deja de mirarme las tetas y dime cuanto te debo.
Las dos mujeres vieron, divertidas, como la cara del pobre chaval se tornaba de un rojo intenso.
-Son... se...seis euros, señora.
-¿No me haces un descuento por el espectáculo?
-Yo...no puedo...solo soy un empleado.
-Vale, Vale. Toma. Quédate con la vuelta - dijo, dándole siete euros.
-Gracias, señora.
María y Dolores salieron del local riéndose con ganas. Se subieron al coche y continuaron camino.
-Jajaja, María. Mira que eres mala. El pobre muchacho se puso rojo como un tomate.
-Jajaja, sí. Seguro que esta noche tiene material para cascársela.
-¡Seguro!
Sobre las dos de la tarde llegaron a su destino. Un apartamentito que Dolores y su difunto marido habían comprado en primera línea de playa. Descargaron las maletas y se instalaron.
-Tú duerme en la habitación pequeña. Al menos hasta que venga Lucas.
-¿Vendrá tu hijo?
-Sí. El viernes tiene el último examen y después pasará el fin de semana con nosotras. ¿No te importa, no?
-Claro que no. Un hombre guapo y joven en casa, no uno gordo y calvo. Buen cambio, para variar.
María se asomó al balcón, que daba a la playa.
-Juan y tú hicisteis una buena inversión con este apartamento.
-Sí. Lástima que él no lo pudiese disfrutar mucho.
La playa estaba bastante llena de gente, pero no de una manera exagerada. Niños jugando en la orilla, familias comiendo, gente tomando el sol.
-Bueno, María. ¿Qué hacemos?
-Aún no tengo hambre. Podríamos tomar un poco el sol y después comer algo en cualquier chiringuito.
-Perfecto. Estoy más blanca que un pedo.
-Jajaja. Y yo.
Cada una se fue a su habitación a cambiarse. A los pocos minutos se encontraron en el saloncito.
-Wow, cabrona. Te van a comer con los ojos - le dijo María a su amiga
Dolores se había puesto un bikini que no hacía más que resaltar su cuerpo.
-¿Tú crees? - dijo, dando un vuelta.
-Ya lo creo. Ya quisieran ese cuerpo más de una veinteañera.
-Nah, no es para tanto. Tú tampoco estás nada mal, mujer.
María iba con un bañador floreado.
-Estoy gorda.
-¿Pero qué dices, loca? Solo tienes un poco de barriguita.
-Y unos muslos como columnas.
-Exagerada. Ya verás como también en la playa se te van a comer con los ojos.
Se pusieron unos pareos, cogieron las toallas, una sombrilla, se encasquetaron sus gafas de sol y salieron hacia la playa.
Buscaron una zona tranquila y lo dispusieron todo. Momentos después se embadurnaban con protector solar y se tumbaron a tomar el sol.
Al poco, María le dijo a Dolores.
-Lola, ese barrigudo de allí no te quita ojo de encima.
-Pues a ti aquella pareja de chicos no dejan de mirarte.
-¿Eh?
María buscó con la mirada hacia donde señalaba con disimulo su amiga y descubrió a dos chicos que la miraban y se reían.
-Joder, se están riendo de mí.
-No seas boba. Seguro que uno de ellos le habrá dicho al otro alguna burrada con respecto a tus tetas.
-¿Tú crees?
-Claro mujer.
Se olvidaron por un rato de los hombres y disfrutaron del intenso sol del medio día, el cual, enseguida, calentó sus cuerpos.
-Uf, que calor. Este sol no es bueno. No deberíamos estar mucho rato - dijo Dolores.
-Y ya me está entrando hambrecita. ¿Comemos?
-Vale. Podemos dejar las cosas aquí. Las vigilamos desde el chiringuito ese.
-Perfecto.
Se pusieron otra vez los pareos y se acercaron hasta el local para comer. Regaron la comida con cerveza bien fría.
Después de la comida volvieron a la sombrilla y cuando al sol bajó un poco, se tumbaron otra vez. Sobre las seis regresaron al apartamento
-¿Te duchas primero? Quiero llamar a Lucas a ver como está.
-Okis.
María dejó a Dolores hablando con su hijo y se metió en el baño. Se desnudó y antes de meterse en la bañera, se miró en el espejo.
Recordó las miradas del camarero y la de aquellos dos muchachos. Si la miraban era porque debían encontrarla atractiva, aunque quizás fuera solo por su tetas. Las observó mejor y las sopesó en sus manos.
-Bueno, ya no estáis tan tiesas y duras como antes, pero la verdad es que no estáis nada mal jajaja.
Miró su cuerpo. Mentalmente lo comparó con el estilizado cuerpo de Dolores, y se dijo, que aunque no podía competir con ella, no estaba nada mal. No se encontró tan gordita como hasta ahora.
-Que te den Manolito. Tú te pierdes este cuerpo serrano.
Se metió en la bañera y se dio una relajante ducha.
Lucas estaba en plena relajante paja entre tema y tema cuando sonó el teléfono. Al ver que era su madre, no se soltó la polla. Siguió subiendo y bajando su mano lentamente.
-Hola mami.
-Hola tesoro. ¿Todo bien?
-Claro, todo perfecto. No te preocupes por mí. ¿Y por ahí que tal?
-Uf, mucho calor. Recién llegamos de la playa.
Lucas cerró los ojos. Se imaginó a su madre en bikini y aceleró el ritmo de la paja. Le daba mucho morbo masturbarse mientras hablaba con ella por teléfono.
-Pues yo me he pasado el día estudiando.
-Ay mi niño lindo. Descansa un poco.
-Sí, tranquila. Que de vez en cuando hago una pausita.
No le dijo que durante esas 'pausitas' se hacía una buena paja mirando porno o acostado tranquilamente en su cama.
-Bien. Recuerda que en le nevera tienes de todo.
-Que sí, mujer. Que no soy un niño chico.
-Para mí sí
Lucas se miró la polla, a punto de estallar.
"No dirías eso si vieras lo que tengo en la mano", pensó.
-Bueno, mamá. Pasadlo bien las dos.
-Vale. Cualquier cosa me llamas.
-Ujum. Chao mami.
-Chao mi vida.
Lucas colgó y su mano subía y bajaba a toda velocidad. Estaba a punto de correrse. ¿Cómo iría su madre vestida? ¿Seguiría aún con el bikini? ¿O quizás llevaría un bañador?
Fuera lo que fuera, estaría preciosa. Se la imaginó con las pernas abiertas pero con el bikini puesto. Y entonces, en ese momento se le ocurrió una idea. Era algo que siempre había deseado hacer pero que nunca se había atrevido. Ahora, con su madre lejos, se armó de valor.
Si soltarse la polla se levantó y se acercó a la habitación de su madre. Buscó entre su ropa interior y sacó algunas de sus bragas.
Las admiró. Las abrió y pasó sus ojos por la zona que estaría en contacto con su coño. Aunque estaban limpias y sabía que solo olerían a jabón, las acercó a su nariz y aspiró. Incluso llegó a pasar su lengua a lo largo de la zona. Su calenturienta imaginación le hacía pensar que pasaba su lengua a lo largo de la rajita del coño de su madre.
Se tumbó en la cama, justo en donde dormía su madre. Se enrolló unas bragas en la polla y se empezó a pajear con ellas. No tardó en correrse con intensidad, llenando las maternales bragas con una abundante ración de semen caliente y espeso.
Miró las bragas.
-Joder. Las he dejado hechas unas bragas. Jajajaja
Momentos después, mientras las lavaba, pensó que sería fantástico hacerlo otra vez, pero con unas bragas recién usadas.
-Ummm, aún calentitas y olorosas.
Las dejó en la cocina para que se secaran y volvió a su cuarto a estudiar.
María salió del baño envuelta en una toalla.
-Todo tuyo Lola.
-Okis.
Mientras Dolores se duchaba, María se puso crema en todo el cuerpo. Cuando se pasó las manos por las tetas recordó la mirada del muchacho de la estación de servicio.
-Jaja, si me viera ahora así seguro que se corría en los pantalones - dijo a sí misma pasándose los dedos sobre los pezones.
Se empezó a preguntar cómo sería follar con un chico tan joven. Seguro que sería un inexperto. O quizás no. Quién sabe. Los chicos de ahora no son como los de antes.
Se siguió acariciando, pensando, imaginando. Sintió calorcillo entre sus piernas. Notó que su coño se empezaba a mojar. Gimió cuando atrapó sus pezones entre sus dedos.
-Ummm, me estoy poniendo cachonda.
Hacía mucho tiempo que no se calentaba. Desde antes de descubrir a su ex con aquella zorrita. Eran demasiados meses sin placer. Lentamente llevó su mano derecha hasta su coño. Se estremeció al pasar las yemas de sus dedos a lo largo de su ya mojada rajita.
-Agggg, que rico - gimió al frotarse el inflamado clítoris.
-Ya estoyyyyy - gritó Dolores saliendo del baño.
María dio un respingo y sacó la mano de entre sus piernas.
-Me estoy vistiendo. Ya salgo - le dijo.
-Vale.
Cachonda perdida, se vistió y salió al saloncito.
-Bueno, María. ¿Qué hacemos? Aún es temprano para cenar.
-Vamos a dar un paseo por la avenida.
-Vale.
Cogidas de la mano pasearon por la larga avenida. María seguía cachonda, y se sorprendió a sí misma mirando a todos los hombres jóvenes que veía.
-Cuando pimpollo suelto, ¿Eh Lolita?
-Jajaja. Sí. ¿Qué te pasa?
-No sé. Creo que al final mandé al carajo a Manolo.
-Ya era hora. ¡Aleluya!
-¡Aleluya!
Las dos mujeres rieron con ganas. Siguieron caminando, parándose en las diferentes tiendas que había a lo largo del paseo. Pasaron por delante de una que vendía bañadores y bikinis.
-Oye Lola. ¿Crees que aún me sentará bien un bikini?
-Claro tonta. Vamos a ver.
Dolores tiró de María hasta dentro de la tienda. Estuvieron un buen rato mirando y al final salieron cada una con dos bikinis nuevos.
-Mañana en la playa se nos van a comer con los ojos - dijo Dolores.
-Uy, ojalá me comieran con otra cosa.
-¡María! Jajajaja.
-Chica, no sé. Pero no dejo de mirar a los jovencitos.
-Algunos no están nada mal. Bueno, y algún madurito tampoco.
Un rato después se pararon en un lindo restaurante y se sentaron a cenar. Regaron la comida con una botella de vino de la cual dieron buena cuenta.
Sobre las 11 de la noche volvieron al apartamento. María se sentó en el sofá y Dolores en el sillón.
-Creo que el vinito se me ha subido a la cabeza, Lola.
-Y a mí. Pero estaba rico.
-Ummm, ya lo creo.
María volvió a sentir cosquillitas en los bajos. Miró a su amiga.
-¿Lo echas de menos? - le preguntó.
-¿Qué cosa?
-El sexo.
-A veces.
-Ya hace mucho de lo de tu marido. ¿No has pensado en volver a tener una relación?
-La verdad es que no. Me volqué tanto en Lucas que no tuve tiempo. Ahora ya es tarde.
-Mujer, pero si somos aún jóvenes. Y de buen ver. Seguro que tendrías muchos pretendientes.
-¿Y tú? ¿Lo echas de menos?
-Pues, la verdad que hasta ahora no. Ya desde mucho antes de pillar al cabrón estaba dormida ahí abajo. Pero...uf.
-¿Uf?
-Sí, Uf. Hoy con esas miraditas como que se me ha despertado.
-Jajajaja.
-Encima ríete.
-Necesitas un hombre, María.
-Sí, uno que me quite las telarañas del coño.
-Jajajajaja. Eso, eso.
-Bueno, me voy a la cama. A ver si se me pasa... el mareo.
-Buenas noches. Que descanses.
María se fue a su habitación, se puso un pijama y se acostó. No era el mareo lo que quería quitarse, sino la humedad que no había abandonado su coño en toda la tarde.
Con la mano izquierda empezó a pellizcarse sus duros pezones. La derecha la metió por dentro del pijama y recorrió la raja de su coño con las yemas de dos dedos.
-Agggg, que rico....
Cerró los ojos y empezó a imaginar. Se vio a sí misma en la estación de servicio. Aquel muchacho le miraba, embelesado, las tetas.
-Deja de mirarme las tetas y dime cuento te debo.
El chico que se imaginaba no se puso rojo.
-Perdone que se las mire así, señora. Pero tiene Vd. un impresionante par de tetas.
-¿Tú crees?
-Ya le digo. Lo que disfrutaría yo con esas dos.
-Vaya con el mocoso. ¿Y qué harías tú con estas dos? - le dijo levantándolas con sus manos.
-Preciosa, después de follarte bien el coño, te follaba esas dos preciosidades hasta dejártelas bien llenas de leche.
-Ummm eso me harías.
-Eso te voy a hacer.
La coge de la mano y la hace levantar. Tira de ella en dirección a la parte de atrás del local. Ella gira la cabeza hacia Dolores.
-Espérame un poquito. Me van a follar.
Entran en un almacén lleno de cajas. Allí mismo, el muchacho la abraza y la besa con pasión. Le coge una mano y se la lleva hasta su polla.
-Mira lo dura que la tengo. La tengo así desde que entraste por la puerta. Sácamela.
María le baja la bragueta, mete la mano y le saca una buena polla. Larga y dura. La agarra con las dos manos y la aprieta.
-Ummm que linda polla tienes, cabrito. La quiero toda dentro de mi coño. ¡YA!
La hace sentar sobre unas cajas. Le quita las bragas, le abre las piernas y se la empieza a follar. De un tirón le hace saltar los botones de la camisa y después le arranca el sujetador.
-Madre mía. Pero que tetas.
-Comételas. Y no dejes de follarme
Sin dejar de bombear, el muchacho agacha la cabeza y empieza a besar, a lamer, a morder, sus dos masas de carne. María gime de placer al sentir los dientes cerrarse sobre sus pezones.
-Aggggggggg, que rico....fóllame..., fóllame asíiiiiiiiiiiiiii.
La agarra por las caderas y se la folla bien fuerte, bien duro, clavándole la polla hasta el fondo de su encharcado coño, una y otra vez. Hasta que ella estalla en un fuerte y arrollador orgasmo.
El chico le saca la polla y la hace arrodillar delante de él. Le mete la polla entre las tetas y se mueve adelante y atrás, follándoselas
-Tía, que gusto....dios....me corroooooo
En la cama del apartamento el segundo orgasmo estalla en el cuerpo de María, que con los ojos cerrados, imagina como la polla del chico se corre con abundancia entre sus tetas. Imagina que con sus manos se extiende la corrida, llenándose la nariz con el dulzón aroma del semen fresco. Es algo que le gustaba mucho hacer cuando su ex se corría en sus tetas. Algo que cada vez hizo menos hasta que dejó de hacerlo.
Se quedó jadeando sobre la cama, con una sonrisa en los labios. A los pocos minutos, se durmió.
+++++
-¿Qué tal dormiste? - Le preguntó Dolores cuando entró por la mañana en la cocina, atraída por el olor del café recién hecho.
-Ummm, muy bien. ¿Y tú?
-Muy bien. El sol cansa.
-Sí. Bastante.
-¿Se te pasaron... los calores? Jajaja. - le preguntó divertida Dolores.
-Uy, un poco sí. Hice algo que hacía muuucho tiempo que no hacía.
-¿Qué cosa?
-Un... dedito. Bueno, dos.
Las dos amigas se miraron a los ojos. Ambas pensaron lo mismo. Pero habían jurado no volver a hablar más de aquello. Llevaban 30 años sin haber sacado jamás el tema.
-¿Qué plan tenemos para hoy? - dijo Dolores desviando la mirada.
-Playa, sol, mar. Descansar
-Estupendo plan. ¿Te pondrás uno de los bikinis nuevos?
-Sip. ¿Y tú?
-Vale.
Desayunaron y después fueron a ponerse la ropa de baño. La primera en salir al salón fue Dolores. A los dos minutos salió María.
-Wow, María. Estás espectacular.
-¿Tú crees? ¿No me queda pequeño? Uf, no sé. Creo que las tetas se me van a salir en cualquier momento.
-Jajaja. Si eso pasa, habrá revuelo en la playa. No seas tonta, que te queda de maravilla. Ya verás como no te van a dejar de mirar.
-Vale. Pues vamos a la playa.
Cuando María llegó a la arena iba pletórica, exultante. Había sentido las miradas de varios hombres clavados en ella. Sacó pecho y estiró la toalla cerca de la sombrilla. Se sentó sobre ella y se empezó a poner crema.
Un madurito a la izquierda dejó caer el periódico que leía y se quedó embobado mirándole las tetas. Ella, disimuladamente, se exhibió. A la derecha había un grupito de chicos y chicas. Uno de ellos la miraba embelesado hasta que una de las chicas, seguramente su novia, le dio un codazo.
María se sentía muy muy bien.
A Dolores también la miraban. Las dos juntas formaban una muy atractiva pareja. Ellas se hacían las locas, pero estaban encantadas de despertar esa admiración en la población playil masculina.
Media hora después, con el cuerpo ardiendo por el sol, María le dijo a Dolores que iba a darse un chapuzón. Se levantó y contoneó las caderas sensualmente. Sabía que la estarían mirando. Dolores se fijó como un chico joven, sobre los 23 o 24 años, salió detrás de su amiga y se puso a nadar cerda de ella.
Cuando María regresó, el joven se quedó en el agua. Llegó toda mojada y se tumbó boca abajo en la toalla.
-¿Viste aquel chaval? Uf, me miró descaradamente las tetas mientras me bañaba.
-Jajaja, sí, lo vi. Ahora está en el agua, sin salir.
-jajajaja. Seguro que está esperando a que se la baje la polla.
-Jajaja, sí. Seguro.
-¿Crees que se la meneará allí?
-Jaaaaaaaaaa, mira que eres bruta, María. Pero quien sabe.
María miró hacia el agua. Allí seguía el chico, con el agua por el pecho. Las manos estaban sumergidas.
-Mira, tiene las manos debajo del agua. Seguro que se la está meneando a mi salud.
-Capaz es.
María lo deseó. Que el chico se estuviese haciendo una buena paja. Por ella. Para ella. Notó que se empezaba a poner otra vez cachonda. Sus pezones, aplastados contra la caliente toalla se pusieron duros. Y su coño se mojó más de lo que ya estaba por el agua salada.
-¿Y si volvía al agua? ¿Se atrevería el chico a decirle algo? ¿O incluso a tocarla? Pensó que se dejaría meter mano. Se dijo a sí misma que incluso ella sería capaz de cogerle la polla bajo el agua. Que le haría una buena paja hasta hacerlo correr.
Dolores la miró. Vio a su amiga con los ojos cerrados y una leve sonrisa en los labios.
-¿Qué piensas, pillina?
-Uf, Lolita. Este sol me está quemando.
-Sí sí, el sol. Tú lo que necesitas es un buen macho que te quite esos calores.
-Ummm, sí. Un jovencito incansable.
-Jajaja, mujer, no seas asalta cunas. Confórmate con un madurito simpático. Vigilas las cosas. Voy a darme un bañito yo también.
-Vale. Fíjate si el chico ese se la está meneando.
-Quita, quita.
Pero lo hizo. Con disimulo nadó cerca del joven. Pero no vio nada raro. Simplemente, nadaba.
Media hora después las dos estaban debajo de la sombrilla, mirando a la gente.
-Mira Lola. Muchas mujeres están en top-less.
-Sí. Ya me he fijado.
-¿Te animas?
-Uy no.
-Antes lo hacías.
-Eso era antes. Ya no soy una jovencita.
-Mujer, pero si tienes un cuerpo precioso, lo sabes.
-Es que no me apetece.
-Yo lo hice una vez. Pero la playa estaba desierta.
-María, si te sacas esas dos tetas, más de uno se ahoga.
-Jajajaja. Exagerada.
Como el día anterior, comieron en uno de los chiringuitos y después se fueron a hacer la siesta. María, en la semi penumbra de su habitación, se frotaba el clítoris y se pellizcaba los pezones. Se imaginaba a sí misma en el agua, rodeada por dos apuestos jovencitos. En cada mano tenía una dura polla, que pajeaba mientras ellos le magreaban las tetas. Su boca iba de una a otra. Al fondo, en la arena, Dolores la miraba.
Y entonces empezó a recordar aquel día, hacía tantos años. Estaba en casa de Dolores, estudiando las dos en el cuarto.
Pero enseguida empezaron a hablar de chicos. Las dos aún eran vírgenes. Y las dos deseaban dejar de serlo. María había empezado a salir con un chico.
-¿Besa bien? - le preguntó Dolores
Estaban las dos boca abajo, una al lado de la otra, con los libros delante de ellas.
-Ummm, sí. Pero tiene las manos muy ligeras.
-¿Sí? ¿Te mete mano?
-Uf, sí. Le encanta magrearme las tetas.
-Es que estás muy cargada de pecho, María.
-La verdad es que me encanta que me las toque.
-¿Y tú.... al él...?
-¿Yo a él qué?- preguntó María aún sabiendo a que se refería Dolores.
-Que si tu, ya sabes. Que...si se la tocas.
-Ummm, sí. Cuando me acaricia las tetas yo se la acaricio sobre el pantalón. Se le pone dura. Pero el otro día...UF.
-¿Qué pasó? ¿Qué pasó?
-Me estaba besando y acariciando: Me tenía muy caliente. Cuando se la fue a tocar, el muy cabrito se la había sacado.
-¡Coño!
-Al principio me asusté. No me lo esperaba. Pero el me cogió la mano y me hizo cogerle la polla.
-¡María!
Las dos muchachas se miraron. Aquella conversación las había excitado. Sobre todo a María. Los ojos de María se posaron en los entreabiertos labios de Dolores. Los encontró preciosos, sensuales.
-Lola...me encantó sentir su polla en mi mano. Me pidió que le hiciera una paja.
-¿Se la hiciste?
-Sí
-Wow.
María sentía su coño palpitar. Los labios de Dolores entreabiertos, tan sonrosados. Era tan guapa. Sin saber porqué, acercó los suyos a los de su amiga y la besó.
Dolores se quedó sorprendida.
-¿Qué...qué haces? - le preguntó.
-Así me besa.
Las dos se quedaron unos segundos mirándose. Dolores aún sin creer que María la había besado y María sin creer que lo había hecho.
Pero lo volvió a hacer. Volvió a acercar sus labios y besó a Dolores. Más tiempo. Cerró los ojos. Sentía un agradable cosquilleo por todo el cuerpo. Entreabrió sus labios y con la lengua lamió los labios de Dolores.
Se separó de nuevo. Abrió los ojos y comprobó que Dolores tenía los suyos cerrados y la boca entre abierta.
Dolores no entendía que le pasaba. Era la primera vez que la besaban así. También tenía el cuerpo lleno de agradables cosquillitas, que aumentaron cuando María la volvió a besar. Y esta vez abrió su boca y buscó con su lengua la otra lengua.
El beso, su primer beso, se tornó apasionado. Sintió entre sus piernas eso que sentía cuando por las noches se acariciaba en la oscuridad de su cuarto. Juntó las piernas con fuerza, sintiendo una oleada de placer recorrer su cuerpo.
De repente, Dolores se echó sobre ella y la hizo darse la vuelta, quedando boca arriba y Dolores boca abajo. Se miraron unos instantes, ambas con los ojos brillantes, llenos de deseo. Y se fundieron en un nuevo beso, Entrelazaron las lenguas.
-Él me acaricia así - le susurró María llevando una mano a uno de sus pechos y acariciándolo
-Ummmm, María...esto...no...no está bien.
María le cerró la boca con la suya, y siguió acariciándola. Sin separar los labios, empezó a bajar lentamente su mano, acariciando el cuerpo de Dolores. Llegó a su falda y metió la mano por debajo. Lentamente, la llevó hasta las braguitas. Con el corazón desbocado, empezó a acariciarle el coñito por encima. Dolores estaba muy mojada, como ella.
La deseaba. Deseaba tocarla, acariciarla. Metió las manos por debajo de las bragas. Acarició su sedoso pubis y fue en busca de la virginal rajita.
Pero en ese momento Dolores salió del trance en que estaba. Le apartó la mano y se zafó, saliendo de la cama.
-No quiero seguir, María. Será mejor que te vayas.
-Yo...Dolores... lo siento.
-Vete por favor.
-Vale. Me voy.
Cuando salía por la puerta, Dolores le dijo.
-No quiero que jamás hablemos de lo que ha pasado. Jamás
-Está bien.
Les costó varias semanas volver a ser las de antes, pero al final pudieron seguir con su amistad. Nunca sacaron el tema. Nunca insinuaron nada.
Ahora, 30 años después, en la cama del apartamento de Dolores, María frotaba su clítoris recordando aquel momento. Se preguntó que hubiese pasado si Dolores no la hubiese detenido. Si cuando metió su mano por dentro de las bragas Dolores no se hubiese levantado, asustada.
Habría seguido. Habría recorrido con sus dedos el mojado coñito de Dolores y la habría masturbado sin dejar de besarla. Habría hecho como ella estaba haciendo ahora. Frotar su clítoris con las yemas de sus dedos. No habría parado hasta hacerla correr con sus caricias, y después le habría pedido que se lo hiciera a ella. Le habría pedido que le hiciera una pajita como aquel chico le hizo después de haberle hecho ella a él lo mismo.
30 años después, María se corrió con intensidad imaginando que su amiga la hacía estallar con sus dedos. Se quedó unos segundos jadeando, con los ojos cerrados. Se preguntó que hubiese sido de su amistad si Dolores no la hubiese parado. Quizás habrían terminado. O quizás no.
Eran demasiado jóvenes, demasiado inexpertas. Apenas empezaban a conocer el placer. Todo había quedado en un recuerdo enterrado en su mente que resurgía de vez en cuando.
Siempre fue más abierta en el sexo que Dolores. Los primeros años con su ex fueron años llenos de intensas experiencias. No había nada que no intentaran. Incluso una vez él le pidió que deseaba verla con otra mujer. Ella accedió y gozó entre los brazos de la chica que eligieron. Cuando se besaban volvieron los recuerdos de aquel día con Dolores. Y cuando hicieron un 69 siendo observadas por su marido, deseó que la chica fuera Dolores.
De esa parte de su vida nunca habló con su amiga. Era lo único que la había ocultado. Después, el paso del tiempo fue enfriando la relación. El sexo comenzó a desaparecer poco a poco. Hasta que pilló a aquel cabrón follándose a la chica en su propio sofá.
Ahora todo aquello había vuelto. El deseo había regresado.
Cerró los ojos para dormir.
+++++
Por fin llegó el viernes. Lucas fue a la Facultad para hacer el maldito examen.
Salió contento. Aunque tardaría unos días en saber la nota, sabía que lo aprobaría. Tanto tiempo encerrado en casa habían dado sus frutos.
En la cafetería se encontró con Pedro, un compañero.
-¿Qué Luquitas? ¿Cómo te salió?
-Muy bien la verdad. ¿Y a ti?
-Joder, creo que cateo seguro.
-Pues ya sabes. Ajo y agua y a estudiar para septiembre.
-Síp, no me queda otra. ¿Qué va a hacer este verano?
-Aún no lo sé. Este finde me voy a la playa con mi madre y una amiga suya.
-Joder, que aburrido.
Pedro no conocía a su madre ni a María. Si no quizás hasta se hubiese apuntado
-Nah, hombre. A tomar el sol, que estoy más blanco que un pedo.
-Jajaja, sí. Pues nada, que lo pases bien con tu mami y su amiga. Seguro que se pasan las noches jugando a las cartas. Jajajaja. Chao
-Chao. Ya nos veremos por ahí.
Se marchó a su casa, cogió la maleta que tenía preparada y se dirigió a la estación de tren. En tres horitas estaría en la playa. En tres horitas tendría a su madre y a María casi desnudas delante de él.
Una vez el tren arrancó, llamó a su madre.
-Hola tesoro. ¿Qué tal fue todo?
-Todo perfecto, mami. Apruebo seguro.
-¡Cuánto me alegro, tesoro!
-Ya estoy de camino. Llegaré sobre las tres.
-Ah, perfecto. Te esperaremos en la playa para comer juntos.
-Okis. Hasta ahora.
Dolores colgó. Estaban ya en la playa desde hacía rato.
-Era Lucas. Llegará sobre las tres. ¿Le esperamos para comer?
-Claro. Será agradable comer con un hombre, para variar.
-Sí. Dice que el examen le salió bien.
-Es un buen chico.
-El mejor. Ummm, será amor de madre.
Hacía un tiempo que María no había coincidido con Lucas. Siempre estudiando. Era un guapo mozo. Alguna que otra vez lo había visto mirándole las tetas, pero nunca le dio importancia. Se preguntó si seguiría mirándola.
+++++
Puntual, cosa rara, el tren llegó a su destino. El apartamento no estaba lejos y Lucas fue andando. Tenía llaves, así que subió y entró.
-Mamá. Ya llegué - gritó.
Pero nadie le contestó. Recordó entonces que su madre le dijo que lo esperarían en la playa, así que decidió dejar la maleta y cambiarse antes de bajar.
Entró en el cuarto pequeño y descubrió que había ropa de mujer. Entonces cayó en la cuenta de que María debía de dormir allí.
-Vaya. Creo que me tocará el sofá.
Iba a salir de la habitación cuando vio a los pies de la cama unas prendas. Sintió curiosidad y se acercó. Era ropa interior. De María. Lo supo en cuando cogió el sujetador y vio lo grande que era.
Miró las bragas. ¿Estarían usadas? Las miró y comprobó que sí. La polla se le puso morcillona. Se llevó las bragas a la nariz y las olió.
-Ummmm, joder. Huelen a coño.
Se sacó la polla, dispuesto a hacerse una buena paja oliendo las bragas de María, pero se dio cuenta de que ellas podrían volver en cualquier momento y pillarlo in fraganti, así que las dejó donde estaban y se acercó a la ventana. Trató de encontrarlas en la arena, pero había demasiada gente y podrían estar debajo de cualquier sombrilla.
Pero entonces la vio. Su madre subía desde la orilla, secándose el cabello. La miró. La admiró.
-Joder mami. Pero que preciosa eres.
La siguió con la mirada hasta que llegó a una sombrilla. Allí vio otros pies. Tenía que ser María. Su madre se metió también debajo de la sombrilla.
-Bien, ahora sí.
Se dio la vuelta y volvió hacia la habitación de María, pero se paró en seco. ¿Tendría su madre también bragas usadas? Cambió de dirección y fue al dormitorio principal.
No vio nada por el suelo. Ni en los armarios. Una lucecita se le encendió en la cabeza. Las veces que él había estado fuera de casa, ponía la ropa sucia en una bolsa y la lavaba (bueno, la lavaba su madre) al volver a casa. Quizás ella hiciera lo mismo. No tenían lavadora en el apartamento.
Buscó en la maleta de su madre y allí la encontró. Una bolsa cerrada. La abrió y encontró un tesoro. Había varias bragas. Todas usadas. La polla le daba brinquitos, asomando por la bragueta.
Cogió unas rojas preciosas y las olió.
-Ummm, mami, que rico huelo tu coñito. Lo que daría por comértelo bien comido.
Cogió otras color celeste y con las dos bragas en la mano volvió a la ventana. Miró y comprobó que las dos seguían debajo de la sombrilla.
Se envolvió la polla con las bragas celestes y se puso las rojas sobre la cara. Y allí, mirando por la ventana, ladeado para que no pudieran verlo desde fuera, se empezó a hacer una maravillosa paja aspirando los íntimos aromas de su deseada madre.
Tan cachondo estaba que se corrió en pocos minutos. Una impresionante corrida que salió disparada de su polla más de un metro, cayendo al suelo. Varios potentes chorros, varias placenteras contracciones.
-Agggg, mami...que rico...toda mi leche para ti...
Se quedó unos segundos más, jadeando, recuperándose. Después, devolvió las bragas a donde las encontró, limpió bien el suelo y se cambió de ropa.
Bajó a la playa y se acercó a la sombrilla.
-Hola. Ya estoy aquí.
-Tesoro. Ya has llegado - dijo su madre levantándose y dándole un gran abrazo.
A Lucas le encantó sentir como las tetas de su madre se aplastaban contra su pecho.
-Hola Lucas. ¿Cómo estás? - le preguntó María, que seguía tumbada en la arena.
Lucas lo intentó, pero no pudo evitar que sus ojos se posaran fugazmente en las dos tetazas de la amiga de su madre. Encima vestía un bikini que no hacía más que resaltarlas.
María se dio cuenta de esa fugaz mirada.
-Muy bien María. ¿Y tú?
-La verdad que muy bien. Estos días me han sentado de maravilla. ¿Me ayudas a levantar?
-Claro.
Le tendió las dos manos. Ella se agarró y la levantó. Los ojos de Lucas fijos en el canalillo que separaba sus dos maravillas.
-¿No me das un beso? Hace mucho que no nos vemos.
-
En la Playa con mi Madre y su Amiga - Capítulo 001
Dolores colgó el teléfono. Llevaba un buen rato hablando con María, su amiga de toda la vida. Se pasó todo la conversación tratando de consolarla, de calmarla. Se acababa de divorciar y aún no lo había superado.
-Luuuuucas - gritó.
Lucas estaba en su habitación, estudiando. Oyó a lo lejos a su madre llamarlo.
-Dime mami.
-¿Puedes venir un momentito?
Después de toda la mañana estudiando con la cabeza pegada a los apuntes de Anatomía Patológica, Lucas necesitaba relajarse y por eso había encendido el ordenador y había cargado su página porno favorita, "Maduras Calientes". Se disponía a hacerse una relajante paja mirando a aquellas macizas cuando su madre lo llamó. El viernes era el último examen del curso y después, si todo iba bien, tendría un veranito tranquilo. Hasta ahora había aprobado todo. Se acercó al salón colocándose hacia un lado su ya inflamada polla.
Miró a su madre desde la puerta, sentada en el sofá. Estaba preciosa. 45 años pero aún muy hermosa. No sabía si le gustaban las mujeres maduras por su madre o si le gustaba su madre porque le gustaban las mujeres maduras. ¿Fue primero el huevo o la gallina?
-¿Qué 'paisa'? - preguntó a su madre.
-Tesoro. María está fatal con lo del divorcio. Le he dicho que se venga conmigo al apartamento de la playa. No te importa quedarte solo unos días, ¿Verdad?
-Claro que no. ¿Cómo está ella?
-Uy. Creo que si le das un cuchillo ahora les cortaba el cuello a todos los hombres del mundo.
-Jajajaja. No será para tanto.
-Uf. Sobre todo a su marido. Bueno, a su ex-marido.
María, la amiga de su madre, tenía misma edad que ella. Era algo más bajita y más entradita en carnes, pero igualmente apetecible. Y con un hermoso par de tetas, las cuales habían sido las protagonistas de unas cuantas masturbaciones.
-Un cambio de aires le sentará bien - dijo Lucas.
-Eso le dije. ¿Seguro que tú estarás bien?
-Que sí.
-¿El viernes es tu último examen, no?
-Sí. Por fin.
-¿Qué harás luego?
-Pues no sé. Descansar. Tirarme a la bartola.
-¡Si se deja es lo mejor que puedes hacer! jajajaja
A su madre siempre le gustaba hacer esa broma con la tal Bartola.
-Pues después del examen vente con nosotras. No creo que pueda aguantar yo sola a María toda la semana.
La idea de poder admirar a las dos mujeres le atraía. Sobre todo a su madre. Hacía meses que no la veía en bañador o bikini.
-Vale. Así quedamos.
-Gracias tesoro. Eres un sol.
La sonrisa con que ella le obsequió le deslumbró. Si no fuera su madre... quizás... Pero lo era. Su mente racional le decía que mirarla así era inmoral. Que los deseos que sentía eran impuros. Pero eran solo eso, deseos. No podía luchar contra ellos. La verdad es que tampoco quería luchar. Le gustaba sentirlos. Le gustaba fantasear, echar su mente a volar, aún sabiendo que nunca nada de todo lo que imaginaba se haría realidad.
-Voy a seguir estudiando. Chao.
-Vale. Voy a preparar la comida.
Lucas volvió a su habitación. Su polla seguía dura. Cerró la puerta. Iba a echar el cerrojo, pero no lo hizo. Una de sus recurrentes fantasías era que su madre abría la puerta y lo pillaba en plena paja. Se sacó la polla, se acostó en la cama y empezó a tocarse.
Cerró los ojos y e imaginó...
La puerta se abre de repente.
-Oye, Lucas, te...
Su madre se calla de repente con los ojos fijos en su polla. La boca medio abierta.
-Estoy cachondo, mami.
-Uf, ya lo veo.
-¿Me echas una mano?
-¿Qué?
-Que si me echas una mano con esto - le dice, mostrándole su herramienta en plenas facultades.
Ella, lentamente, se acerca a la cama sin dejar de mirarle la polla. Se sienta a su lado.
-¿Quieres que mami te haga una rica paja?
-Ummm, sí, por favor. Hazme una pajita, mami - dice soltándose la polla y mirando como su madre acerca su mano hasta su dura estaca y la agarra.
-Uf, que dura tiene mi niño la polla. Verás que rico lo que te hace mami. Te dejaré relajadito para que puedas seguir estudiando.
Lucas contempla como la mano de su madre sube y baja a lo largo de su verga. Los ojos de ella van de la brillante cabeza de la polla a sus ojos. En su boca, esa preciosa sonrisa que tanto gusta a Lucas.
-¿Te gusta mi polla, mami?
-Es preciosa, mi vida. Es grandota y gruesa... como me gustan a mí.
La paja es lenta. De vez en cuando su madre le suelta la polla y le acaricia los huevos.
-¿Están cargaditos los huevitos de mi niño?
-Llenitos mami.
-Ummm, pues vamos a dejarlos sequitos.
Ella reanuda la sensual paja y lo lleva poco a poco a un intenso orgasmo. El cuerpo de Lucas se empieza a tensar.
-Aggg, mami, que... rico...me... corro...me corro...
-Sí, sí, córrete mi amor. Dale a mami toda tu lechita.
Primero su pecho y después la mano de su madre se llenan de su abundante semen, que sale de la punta de su polla a borbotones. Chorro tras chorro que ella contempla extasiada. Al final, cuando no sale ya más, exprime la polla desde la base para dejarla sin gota.
-Wow, mi niño iba cargadito.
-Gracias mami. Ha sido fantástico.
-De nada, tesoro. Una madre tiene que echarle una mano a su hijo en todo lo que pueda. Cuando quieras otra pajita, u otra cosa, me llamas.
Lucas abrió los ojos. Se miró. No era la mano de su madre la que estaba llena de leche, sino la suya. Su pecho subía y bajaba al ritmo de su jadeante respiración, aún agitada por el intenso orgasmo. La puerta de su cuarto permanecía cerrada. Se limpió con papel higiénico y volvió a estudiar.
+++++
El martes por la mañana Dolores pasó por casa de María a recogerla. Ésta la esperaba con la maleta frente al portal de su casa. La ayudó a meter la maleta en el maletero y partieron hacia la costa. Les esperaban 300 km de carretera.
-¿Qué? ¿Cómo estás María?
-Bien. Mejor. Gracias por todo, Lola. La verdad es que necesitaba un cambio de aires. La casa se me estaba echando encima. No soporto estar...sola.
-Pero mujer. Tu mari...tu ex-marido ya no estaba casi nunca en casa.
-Ya. Pero por las noches sentía su calor. Ahora ni eso...
-Sabías desde hace mucho que tu matrimonio estaba muerto.
-Ya lo sé, Lola, ya lo sé. Ya no lo amaba. Pero es la costumbre. Estoy acostumbrada a tenerlo cerca. Me costará volver a vivir sola.
-Bueno, date tiempo, mujer. Ya verás como dentro de poco estarás estupendamente.
-Eso espero.
Mientras recorrían la larga carretera, empezaron a hablar de otras cosas. Dolores intentaba que su amiga pesara lo menos posible en su situación. Parecía que lo había logrado hasta que de repente María se puso a llorar.
-Cabrón. Asqueroso de mierda - dijo, llevándose las manos a la cara.
-Tranquila, mujer.
-¿Cómo quieres que me tranquilice? Lo pillé follándose a aquella mocosa...en mi sofá. Se la estaba follando en mi sofá. No he podido volver a sentarme allí.
Dolores no sabía que decir. María le había contado la historia. Le contó como un día, hacía unos meses, había llegado a su casa antes de lo previsto y había descubierto a su marido follando en el sofá del salón con una jovencita que no tendría más de 25 años. La chica, al ser descubierta, simplemente se vistió y desapareció.
Encima, el muy cabrito de su marido trató de disculparse e incluso de echarle la culpa a ella. Le dijo que ya no era como antes. Que ya casi nunca quería sexo con él, y que él necesitaba más.
-¿Al final supiste quién era esa chica?
-No. Seguramente sería alguna putilla barata. ¿Cómo si no se iba a acostar una chica joven con Manuel? Calvo, gordo... Y pesado. Muy pesado.
-Sip. Yo tampoco lo entiendo. De joven no estaba mal, pero se ha estropeado mucho.
-Muchísimo. ¿Nosotras no tanto, no? - dijo María, mirándose de arriba a abajo.
-Jajajaja. Tampoco somos unas jovencitas. Pero yo aún levanto... miradas.
No le dijo, que sobre todo de Lucas. Pero eso era algo solo de ella.
-Bueno, cabrona. Es que tú estás estupenda. ¿Cómo lo haces?
-No sé. No hago nada especial.
-¿No comes?
-Jajaja. Claro que como.
-Pues yo como como un pajarito y mírame.
-Mujer, que no estás nada mal. Seguro que también más de uno te mira.
-Jejeje, pues sí. El chico de la carnicería no que quita ojo de encima - dijo, tocándose las prominentes tetas.
-Jajajaja, no me extraña. Siempre has estado bien cargada de pecho.
-Bueno, unas tienen una figura de modelo y otras tenemos un buen par de tetas.
Las dos mujeres rieron con ganas. Al fin parecía que María empezaba a tomarse las cosas mejor.
Hicieron a medio camino una parada en una estación de servicio. Echar gasolina, hacer un pis y desayunar en la cafetería. Se sentaron en una mesa y pidieron dos cafés con leche y unas pastas.
Se los sirvió un chico joven, con la cara llena de granos y un piercing en la nariz. Cuando se marchó, Dolores le susurró a María.
-Ese chico no dejaba de mirarte las tetas.
-¿Sí?
-jaja, sí. Creo que hasta babeaba y todo.
María miró al joven, que tras la barra desvió la mirada al ver que ella le estaba mirando.
-¿Crees que se le habrá puesta dura, Lola?
-Jajaja. Yo que sé. Pero seguro que sí. Los jóvenes se ponen a tono enseguida. ¿Ves?
-¿Que si veo qué?
-Que aún te miran los hombres, tontina.
-Pero si no es más que un mocoso. No tendrá más de 17 o 18 años.
-Bueno, será un proyecto de hombre. Pero te comía con los ojos.
María se terminó el desayuno con una sonrisa en la cara. De vez en cuando miraba al camarero, que siempre miraba para otro lado al ser descubierto.
María tuvo una idea. Se desabrochó un par de botones de la camisa, exponiendo aún más sus dos enormes tetas.
-¿Qué haces, loca? - le increpó Dolores al ver lo que hacía.
-Jeje. Ahora veras... Oye - dijo, dirigiéndose al chico - ¿Nos traes la cuenta?
El chico sacó el ticket y se lo llevó. No pudo evitar mirarle las tetas. Los ojos se le abrieron como platos al comprobar que el escote se había agrandado sobremanera.
-¿Cuánto es? - le preguntó María
El chico no dijo nada. Sus ojos estaban clavados en el canalillo.
-Oye. ¿Cuánto te debo?
-¿Eh?
-Deja de mirarme las tetas y dime cuanto te debo.
Las dos mujeres vieron, divertidas, como la cara del pobre chaval se tornaba de un rojo intenso.
-Son... se...seis euros, señora.
-¿No me haces un descuento por el espectáculo?
-Yo...no puedo...solo soy un empleado.
-Vale, Vale. Toma. Quédate con la vuelta - dijo, dándole siete euros.
-Gracias, señora.
María y Dolores salieron del local riéndose con ganas. Se subieron al coche y continuaron camino.
-Jajaja, María. Mira que eres mala. El pobre muchacho se puso rojo como un tomate.
-Jajaja, sí. Seguro que esta noche tiene material para cascársela.
-¡Seguro!
Sobre las dos de la tarde llegaron a su destino. Un apartamentito que Dolores y su difunto marido habían comprado en primera línea de playa. Descargaron las maletas y se instalaron.
-Tú duerme en la habitación pequeña. Al menos hasta que venga Lucas.
-¿Vendrá tu hijo?
-Sí. El viernes tiene el último examen y después pasará el fin de semana con nosotras. ¿No te importa, no?
-Claro que no. Un hombre guapo y joven en casa, no uno gordo y calvo. Buen cambio, para variar.
María se asomó al balcón, que daba a la playa.
-Juan y tú hicisteis una buena inversión con este apartamento.
-Sí. Lástima que él no lo pudiese disfrutar mucho.
La playa estaba bastante llena de gente, pero no de una manera exagerada. Niños jugando en la orilla, familias comiendo, gente tomando el sol.
-Bueno, María. ¿Qué hacemos?
-Aún no tengo hambre. Podríamos tomar un poco el sol y después comer algo en cualquier chiringuito.
-Perfecto. Estoy más blanca que un pedo.
-Jajaja. Y yo.
Cada una se fue a su habitación a cambiarse. A los pocos minutos se encontraron en el saloncito.
-Wow, cabrona. Te van a comer con los ojos - le dijo María a su amiga
Dolores se había puesto un bikini que no hacía más que resaltar su cuerpo.
-¿Tú crees? - dijo, dando un vuelta.
-Ya lo creo. Ya quisieran ese cuerpo más de una veinteañera.
-Nah, no es para tanto. Tú tampoco estás nada mal, mujer.
María iba con un bañador floreado.
-Estoy gorda.
-¿Pero qué dices, loca? Solo tienes un poco de barriguita.
-Y unos muslos como columnas.
-Exagerada. Ya verás como también en la playa se te van a comer con los ojos.
Se pusieron unos pareos, cogieron las toallas, una sombrilla, se encasquetaron sus gafas de sol y salieron hacia la playa.
Buscaron una zona tranquila y lo dispusieron todo. Momentos después se embadurnaban con protector solar y se tumbaron a tomar el sol.
Al poco, María le dijo a Dolores.
-Lola, ese barrigudo de allí no te quita ojo de encima.
-Pues a ti aquella pareja de chicos no dejan de mirarte.
-¿Eh?
María buscó con la mirada hacia donde señalaba con disimulo su amiga y descubrió a dos chicos que la miraban y se reían.
-Joder, se están riendo de mí.
-No seas boba. Seguro que uno de ellos le habrá dicho al otro alguna burrada con respecto a tus tetas.
-¿Tú crees?
-Claro mujer.
Se olvidaron por un rato de los hombres y disfrutaron del intenso sol del medio día, el cual, enseguida, calentó sus cuerpos.
-Uf, que calor. Este sol no es bueno. No deberíamos estar mucho rato - dijo Dolores.
-Y ya me está entrando hambrecita. ¿Comemos?
-Vale. Podemos dejar las cosas aquí. Las vigilamos desde el chiringuito ese.
-Perfecto.
Se pusieron otra vez los pareos y se acercaron hasta el local para comer. Regaron la comida con cerveza bien fría.
Después de la comida volvieron a la sombrilla y cuando al sol bajó un poco, se tumbaron otra vez. Sobre las seis regresaron al apartamento
-¿Te duchas primero? Quiero llamar a Lucas a ver como está.
-Okis.
María dejó a Dolores hablando con su hijo y se metió en el baño. Se desnudó y antes de meterse en la bañera, se miró en el espejo.
Recordó las miradas del camarero y la de aquellos dos muchachos. Si la miraban era porque debían encontrarla atractiva, aunque quizás fuera solo por su tetas. Las observó mejor y las sopesó en sus manos.
-Bueno, ya no estáis tan tiesas y duras como antes, pero la verdad es que no estáis nada mal jajaja.
Miró su cuerpo. Mentalmente lo comparó con el estilizado cuerpo de Dolores, y se dijo, que aunque no podía competir con ella, no estaba nada mal. No se encontró tan gordita como hasta ahora.
-Que te den Manolito. Tú te pierdes este cuerpo serrano.
Se metió en la bañera y se dio una relajante ducha.
Lucas estaba en plena relajante paja entre tema y tema cuando sonó el teléfono. Al ver que era su madre, no se soltó la polla. Siguió subiendo y bajando su mano lentamente.
-Hola mami.
-Hola tesoro. ¿Todo bien?
-Claro, todo perfecto. No te preocupes por mí. ¿Y por ahí que tal?
-Uf, mucho calor. Recién llegamos de la playa.
Lucas cerró los ojos. Se imaginó a su madre en bikini y aceleró el ritmo de la paja. Le daba mucho morbo masturbarse mientras hablaba con ella por teléfono.
-Pues yo me he pasado el día estudiando.
-Ay mi niño lindo. Descansa un poco.
-Sí, tranquila. Que de vez en cuando hago una pausita.
No le dijo que durante esas 'pausitas' se hacía una buena paja mirando porno o acostado tranquilamente en su cama.
-Bien. Recuerda que en le nevera tienes de todo.
-Que sí, mujer. Que no soy un niño chico.
-Para mí sí
Lucas se miró la polla, a punto de estallar.
"No dirías eso si vieras lo que tengo en la mano", pensó.
-Bueno, mamá. Pasadlo bien las dos.
-Vale. Cualquier cosa me llamas.
-Ujum. Chao mami.
-Chao mi vida.
Lucas colgó y su mano subía y bajaba a toda velocidad. Estaba a punto de correrse. ¿Cómo iría su madre vestida? ¿Seguiría aún con el bikini? ¿O quizás llevaría un bañador?
Fuera lo que fuera, estaría preciosa. Se la imaginó con las pernas abiertas pero con el bikini puesto. Y entonces, en ese momento se le ocurrió una idea. Era algo que siempre había deseado hacer pero que nunca se había atrevido. Ahora, con su madre lejos, se armó de valor.
Si soltarse la polla se levantó y se acercó a la habitación de su madre. Buscó entre su ropa interior y sacó algunas de sus bragas.
Las admiró. Las abrió y pasó sus ojos por la zona que estaría en contacto con su coño. Aunque estaban limpias y sabía que solo olerían a jabón, las acercó a su nariz y aspiró. Incluso llegó a pasar su lengua a lo largo de la zona. Su calenturienta imaginación le hacía pensar que pasaba su lengua a lo largo de la rajita del coño de su madre.
Se tumbó en la cama, justo en donde dormía su madre. Se enrolló unas bragas en la polla y se empezó a pajear con ellas. No tardó en correrse con intensidad, llenando las maternales bragas con una abundante ración de semen caliente y espeso.
Miró las bragas.
-Joder. Las he dejado hechas unas bragas. Jajajaja
Momentos después, mientras las lavaba, pensó que sería fantástico hacerlo otra vez, pero con unas bragas recién usadas.
-Ummm, aún calentitas y olorosas.
Las dejó en la cocina para que se secaran y volvió a su cuarto a estudiar.
María salió del baño envuelta en una toalla.
-Todo tuyo Lola.
-Okis.
Mientras Dolores se duchaba, María se puso crema en todo el cuerpo. Cuando se pasó las manos por las tetas recordó la mirada del muchacho de la estación de servicio.
-Jaja, si me viera ahora así seguro que se corría en los pantalones - dijo a sí misma pasándose los dedos sobre los pezones.
Se empezó a preguntar cómo sería follar con un chico tan joven. Seguro que sería un inexperto. O quizás no. Quién sabe. Los chicos de ahora no son como los de antes.
Se siguió acariciando, pensando, imaginando. Sintió calorcillo entre sus piernas. Notó que su coño se empezaba a mojar. Gimió cuando atrapó sus pezones entre sus dedos.
-Ummm, me estoy poniendo cachonda.
Hacía mucho tiempo que no se calentaba. Desde antes de descubrir a su ex con aquella zorrita. Eran demasiados meses sin placer. Lentamente llevó su mano derecha hasta su coño. Se estremeció al pasar las yemas de sus dedos a lo largo de su ya mojada rajita.
-Agggg, que rico - gimió al frotarse el inflamado clítoris.
-Ya estoyyyyy - gritó Dolores saliendo del baño.
María dio un respingo y sacó la mano de entre sus piernas.
-Me estoy vistiendo. Ya salgo - le dijo.
-Vale.
Cachonda perdida, se vistió y salió al saloncito.
-Bueno, María. ¿Qué hacemos? Aún es temprano para cenar.
-Vamos a dar un paseo por la avenida.
-Vale.
Cogidas de la mano pasearon por la larga avenida. María seguía cachonda, y se sorprendió a sí misma mirando a todos los hombres jóvenes que veía.
-Cuando pimpollo suelto, ¿Eh Lolita?
-Jajaja. Sí. ¿Qué te pasa?
-No sé. Creo que al final mandé al carajo a Manolo.
-Ya era hora. ¡Aleluya!
-¡Aleluya!
Las dos mujeres rieron con ganas. Siguieron caminando, parándose en las diferentes tiendas que había a lo largo del paseo. Pasaron por delante de una que vendía bañadores y bikinis.
-Oye Lola. ¿Crees que aún me sentará bien un bikini?
-Claro tonta. Vamos a ver.
Dolores tiró de María hasta dentro de la tienda. Estuvieron un buen rato mirando y al final salieron cada una con dos bikinis nuevos.
-Mañana en la playa se nos van a comer con los ojos - dijo Dolores.
-Uy, ojalá me comieran con otra cosa.
-¡María! Jajajaja.
-Chica, no sé. Pero no dejo de mirar a los jovencitos.
-Algunos no están nada mal. Bueno, y algún madurito tampoco.
Un rato después se pararon en un lindo restaurante y se sentaron a cenar. Regaron la comida con una botella de vino de la cual dieron buena cuenta.
Sobre las 11 de la noche volvieron al apartamento. María se sentó en el sofá y Dolores en el sillón.
-Creo que el vinito se me ha subido a la cabeza, Lola.
-Y a mí. Pero estaba rico.
-Ummm, ya lo creo.
María volvió a sentir cosquillitas en los bajos. Miró a su amiga.
-¿Lo echas de menos? - le preguntó.
-¿Qué cosa?
-El sexo.
-A veces.
-Ya hace mucho de lo de tu marido. ¿No has pensado en volver a tener una relación?
-La verdad es que no. Me volqué tanto en Lucas que no tuve tiempo. Ahora ya es tarde.
-Mujer, pero si somos aún jóvenes. Y de buen ver. Seguro que tendrías muchos pretendientes.
-¿Y tú? ¿Lo echas de menos?
-Pues, la verdad que hasta ahora no. Ya desde mucho antes de pillar al cabrón estaba dormida ahí abajo. Pero...uf.
-¿Uf?
-Sí, Uf. Hoy con esas miraditas como que se me ha despertado.
-Jajajaja.
-Encima ríete.
-Necesitas un hombre, María.
-Sí, uno que me quite las telarañas del coño.
-Jajajajaja. Eso, eso.
-Bueno, me voy a la cama. A ver si se me pasa... el mareo.
-Buenas noches. Que descanses.
María se fue a su habitación, se puso un pijama y se acostó. No era el mareo lo que quería quitarse, sino la humedad que no había abandonado su coño en toda la tarde.
Con la mano izquierda empezó a pellizcarse sus duros pezones. La derecha la metió por dentro del pijama y recorrió la raja de su coño con las yemas de dos dedos.
-Agggg, que rico....
Cerró los ojos y empezó a imaginar. Se vio a sí misma en la estación de servicio. Aquel muchacho le miraba, embelesado, las tetas.
-Deja de mirarme las tetas y dime cuento te debo.
El chico que se imaginaba no se puso rojo.
-Perdone que se las mire así, señora. Pero tiene Vd. un impresionante par de tetas.
-¿Tú crees?
-Ya le digo. Lo que disfrutaría yo con esas dos.
-Vaya con el mocoso. ¿Y qué harías tú con estas dos? - le dijo levantándolas con sus manos.
-Preciosa, después de follarte bien el coño, te follaba esas dos preciosidades hasta dejártelas bien llenas de leche.
-Ummm eso me harías.
-Eso te voy a hacer.
La coge de la mano y la hace levantar. Tira de ella en dirección a la parte de atrás del local. Ella gira la cabeza hacia Dolores.
-Espérame un poquito. Me van a follar.
Entran en un almacén lleno de cajas. Allí mismo, el muchacho la abraza y la besa con pasión. Le coge una mano y se la lleva hasta su polla.
-Mira lo dura que la tengo. La tengo así desde que entraste por la puerta. Sácamela.
María le baja la bragueta, mete la mano y le saca una buena polla. Larga y dura. La agarra con las dos manos y la aprieta.
-Ummm que linda polla tienes, cabrito. La quiero toda dentro de mi coño. ¡YA!
La hace sentar sobre unas cajas. Le quita las bragas, le abre las piernas y se la empieza a follar. De un tirón le hace saltar los botones de la camisa y después le arranca el sujetador.
-Madre mía. Pero que tetas.
-Comételas. Y no dejes de follarme
Sin dejar de bombear, el muchacho agacha la cabeza y empieza a besar, a lamer, a morder, sus dos masas de carne. María gime de placer al sentir los dientes cerrarse sobre sus pezones.
-Aggggggggg, que rico....fóllame..., fóllame asíiiiiiiiiiiiiii.
La agarra por las caderas y se la folla bien fuerte, bien duro, clavándole la polla hasta el fondo de su encharcado coño, una y otra vez. Hasta que ella estalla en un fuerte y arrollador orgasmo.
El chico le saca la polla y la hace arrodillar delante de él. Le mete la polla entre las tetas y se mueve adelante y atrás, follándoselas
-Tía, que gusto....dios....me corroooooo
En la cama del apartamento el segundo orgasmo estalla en el cuerpo de María, que con los ojos cerrados, imagina como la polla del chico se corre con abundancia entre sus tetas. Imagina que con sus manos se extiende la corrida, llenándose la nariz con el dulzón aroma del semen fresco. Es algo que le gustaba mucho hacer cuando su ex se corría en sus tetas. Algo que cada vez hizo menos hasta que dejó de hacerlo.
Se quedó jadeando sobre la cama, con una sonrisa en los labios. A los pocos minutos, se durmió.
+++++
-¿Qué tal dormiste? - Le preguntó Dolores cuando entró por la mañana en la cocina, atraída por el olor del café recién hecho.
-Ummm, muy bien. ¿Y tú?
-Muy bien. El sol cansa.
-Sí. Bastante.
-¿Se te pasaron... los calores? Jajaja. - le preguntó divertida Dolores.
-Uy, un poco sí. Hice algo que hacía muuucho tiempo que no hacía.
-¿Qué cosa?
-Un... dedito. Bueno, dos.
Las dos amigas se miraron a los ojos. Ambas pensaron lo mismo. Pero habían jurado no volver a hablar más de aquello. Llevaban 30 años sin haber sacado jamás el tema.
-¿Qué plan tenemos para hoy? - dijo Dolores desviando la mirada.
-Playa, sol, mar. Descansar
-Estupendo plan. ¿Te pondrás uno de los bikinis nuevos?
-Sip. ¿Y tú?
-Vale.
Desayunaron y después fueron a ponerse la ropa de baño. La primera en salir al salón fue Dolores. A los dos minutos salió María.
-Wow, María. Estás espectacular.
-¿Tú crees? ¿No me queda pequeño? Uf, no sé. Creo que las tetas se me van a salir en cualquier momento.
-Jajaja. Si eso pasa, habrá revuelo en la playa. No seas tonta, que te queda de maravilla. Ya verás como no te van a dejar de mirar.
-Vale. Pues vamos a la playa.
Cuando María llegó a la arena iba pletórica, exultante. Había sentido las miradas de varios hombres clavados en ella. Sacó pecho y estiró la toalla cerca de la sombrilla. Se sentó sobre ella y se empezó a poner crema.
Un madurito a la izquierda dejó caer el periódico que leía y se quedó embobado mirándole las tetas. Ella, disimuladamente, se exhibió. A la derecha había un grupito de chicos y chicas. Uno de ellos la miraba embelesado hasta que una de las chicas, seguramente su novia, le dio un codazo.
María se sentía muy muy bien.
A Dolores también la miraban. Las dos juntas formaban una muy atractiva pareja. Ellas se hacían las locas, pero estaban encantadas de despertar esa admiración en la población playil masculina.
Media hora después, con el cuerpo ardiendo por el sol, María le dijo a Dolores que iba a darse un chapuzón. Se levantó y contoneó las caderas sensualmente. Sabía que la estarían mirando. Dolores se fijó como un chico joven, sobre los 23 o 24 años, salió detrás de su amiga y se puso a nadar cerda de ella.
Cuando María regresó, el joven se quedó en el agua. Llegó toda mojada y se tumbó boca abajo en la toalla.
-¿Viste aquel chaval? Uf, me miró descaradamente las tetas mientras me bañaba.
-Jajaja, sí, lo vi. Ahora está en el agua, sin salir.
-jajajaja. Seguro que está esperando a que se la baje la polla.
-Jajaja, sí. Seguro.
-¿Crees que se la meneará allí?
-Jaaaaaaaaaa, mira que eres bruta, María. Pero quien sabe.
María miró hacia el agua. Allí seguía el chico, con el agua por el pecho. Las manos estaban sumergidas.
-Mira, tiene las manos debajo del agua. Seguro que se la está meneando a mi salud.
-Capaz es.
María lo deseó. Que el chico se estuviese haciendo una buena paja. Por ella. Para ella. Notó que se empezaba a poner otra vez cachonda. Sus pezones, aplastados contra la caliente toalla se pusieron duros. Y su coño se mojó más de lo que ya estaba por el agua salada.
-¿Y si volvía al agua? ¿Se atrevería el chico a decirle algo? ¿O incluso a tocarla? Pensó que se dejaría meter mano. Se dijo a sí misma que incluso ella sería capaz de cogerle la polla bajo el agua. Que le haría una buena paja hasta hacerlo correr.
Dolores la miró. Vio a su amiga con los ojos cerrados y una leve sonrisa en los labios.
-¿Qué piensas, pillina?
-Uf, Lolita. Este sol me está quemando.
-Sí sí, el sol. Tú lo que necesitas es un buen macho que te quite esos calores.
-Ummm, sí. Un jovencito incansable.
-Jajaja, mujer, no seas asalta cunas. Confórmate con un madurito simpático. Vigilas las cosas. Voy a darme un bañito yo también.
-Vale. Fíjate si el chico ese se la está meneando.
-Quita, quita.
Pero lo hizo. Con disimulo nadó cerca del joven. Pero no vio nada raro. Simplemente, nadaba.
Media hora después las dos estaban debajo de la sombrilla, mirando a la gente.
-Mira Lola. Muchas mujeres están en top-less.
-Sí. Ya me he fijado.
-¿Te animas?
-Uy no.
-Antes lo hacías.
-Eso era antes. Ya no soy una jovencita.
-Mujer, pero si tienes un cuerpo precioso, lo sabes.
-Es que no me apetece.
-Yo lo hice una vez. Pero la playa estaba desierta.
-María, si te sacas esas dos tetas, más de uno se ahoga.
-Jajajaja. Exagerada.
Como el día anterior, comieron en uno de los chiringuitos y después se fueron a hacer la siesta. María, en la semi penumbra de su habitación, se frotaba el clítoris y se pellizcaba los pezones. Se imaginaba a sí misma en el agua, rodeada por dos apuestos jovencitos. En cada mano tenía una dura polla, que pajeaba mientras ellos le magreaban las tetas. Su boca iba de una a otra. Al fondo, en la arena, Dolores la miraba.
Y entonces empezó a recordar aquel día, hacía tantos años. Estaba en casa de Dolores, estudiando las dos en el cuarto.
Pero enseguida empezaron a hablar de chicos. Las dos aún eran vírgenes. Y las dos deseaban dejar de serlo. María había empezado a salir con un chico.
-¿Besa bien? - le preguntó Dolores
Estaban las dos boca abajo, una al lado de la otra, con los libros delante de ellas.
-Ummm, sí. Pero tiene las manos muy ligeras.
-¿Sí? ¿Te mete mano?
-Uf, sí. Le encanta magrearme las tetas.
-Es que estás muy cargada de pecho, María.
-La verdad es que me encanta que me las toque.
-¿Y tú.... al él...?
-¿Yo a él qué?- preguntó María aún sabiendo a que se refería Dolores.
-Que si tu, ya sabes. Que...si se la tocas.
-Ummm, sí. Cuando me acaricia las tetas yo se la acaricio sobre el pantalón. Se le pone dura. Pero el otro día...UF.
-¿Qué pasó? ¿Qué pasó?
-Me estaba besando y acariciando: Me tenía muy caliente. Cuando se la fue a tocar, el muy cabrito se la había sacado.
-¡Coño!
-Al principio me asusté. No me lo esperaba. Pero el me cogió la mano y me hizo cogerle la polla.
-¡María!
Las dos muchachas se miraron. Aquella conversación las había excitado. Sobre todo a María. Los ojos de María se posaron en los entreabiertos labios de Dolores. Los encontró preciosos, sensuales.
-Lola...me encantó sentir su polla en mi mano. Me pidió que le hiciera una paja.
-¿Se la hiciste?
-Sí
-Wow.
María sentía su coño palpitar. Los labios de Dolores entreabiertos, tan sonrosados. Era tan guapa. Sin saber porqué, acercó los suyos a los de su amiga y la besó.
Dolores se quedó sorprendida.
-¿Qué...qué haces? - le preguntó.
-Así me besa.
Las dos se quedaron unos segundos mirándose. Dolores aún sin creer que María la había besado y María sin creer que lo había hecho.
Pero lo volvió a hacer. Volvió a acercar sus labios y besó a Dolores. Más tiempo. Cerró los ojos. Sentía un agradable cosquilleo por todo el cuerpo. Entreabrió sus labios y con la lengua lamió los labios de Dolores.
Se separó de nuevo. Abrió los ojos y comprobó que Dolores tenía los suyos cerrados y la boca entre abierta.
Dolores no entendía que le pasaba. Era la primera vez que la besaban así. También tenía el cuerpo lleno de agradables cosquillitas, que aumentaron cuando María la volvió a besar. Y esta vez abrió su boca y buscó con su lengua la otra lengua.
El beso, su primer beso, se tornó apasionado. Sintió entre sus piernas eso que sentía cuando por las noches se acariciaba en la oscuridad de su cuarto. Juntó las piernas con fuerza, sintiendo una oleada de placer recorrer su cuerpo.
De repente, Dolores se echó sobre ella y la hizo darse la vuelta, quedando boca arriba y Dolores boca abajo. Se miraron unos instantes, ambas con los ojos brillantes, llenos de deseo. Y se fundieron en un nuevo beso, Entrelazaron las lenguas.
-Él me acaricia así - le susurró María llevando una mano a uno de sus pechos y acariciándolo
-Ummmm, María...esto...no...no está bien.
María le cerró la boca con la suya, y siguió acariciándola. Sin separar los labios, empezó a bajar lentamente su mano, acariciando el cuerpo de Dolores. Llegó a su falda y metió la mano por debajo. Lentamente, la llevó hasta las braguitas. Con el corazón desbocado, empezó a acariciarle el coñito por encima. Dolores estaba muy mojada, como ella.
La deseaba. Deseaba tocarla, acariciarla. Metió las manos por debajo de las bragas. Acarició su sedoso pubis y fue en busca de la virginal rajita.
Pero en ese momento Dolores salió del trance en que estaba. Le apartó la mano y se zafó, saliendo de la cama.
-No quiero seguir, María. Será mejor que te vayas.
-Yo...Dolores... lo siento.
-Vete por favor.
-Vale. Me voy.
Cuando salía por la puerta, Dolores le dijo.
-No quiero que jamás hablemos de lo que ha pasado. Jamás
-Está bien.
Les costó varias semanas volver a ser las de antes, pero al final pudieron seguir con su amistad. Nunca sacaron el tema. Nunca insinuaron nada.
Ahora, 30 años después, en la cama del apartamento de Dolores, María frotaba su clítoris recordando aquel momento. Se preguntó que hubiese pasado si Dolores no la hubiese detenido. Si cuando metió su mano por dentro de las bragas Dolores no se hubiese levantado, asustada.
Habría seguido. Habría recorrido con sus dedos el mojado coñito de Dolores y la habría masturbado sin dejar de besarla. Habría hecho como ella estaba haciendo ahora. Frotar su clítoris con las yemas de sus dedos. No habría parado hasta hacerla correr con sus caricias, y después le habría pedido que se lo hiciera a ella. Le habría pedido que le hiciera una pajita como aquel chico le hizo después de haberle hecho ella a él lo mismo.
30 años después, María se corrió con intensidad imaginando que su amiga la hacía estallar con sus dedos. Se quedó unos segundos jadeando, con los ojos cerrados. Se preguntó que hubiese sido de su amistad si Dolores no la hubiese parado. Quizás habrían terminado. O quizás no.
Eran demasiado jóvenes, demasiado inexpertas. Apenas empezaban a conocer el placer. Todo había quedado en un recuerdo enterrado en su mente que resurgía de vez en cuando.
Siempre fue más abierta en el sexo que Dolores. Los primeros años con su ex fueron años llenos de intensas experiencias. No había nada que no intentaran. Incluso una vez él le pidió que deseaba verla con otra mujer. Ella accedió y gozó entre los brazos de la chica que eligieron. Cuando se besaban volvieron los recuerdos de aquel día con Dolores. Y cuando hicieron un 69 siendo observadas por su marido, deseó que la chica fuera Dolores.
De esa parte de su vida nunca habló con su amiga. Era lo único que la había ocultado. Después, el paso del tiempo fue enfriando la relación. El sexo comenzó a desaparecer poco a poco. Hasta que pilló a aquel cabrón follándose a la chica en su propio sofá.
Ahora todo aquello había vuelto. El deseo había regresado.
Cerró los ojos para dormir.
+++++
Por fin llegó el viernes. Lucas fue a la Facultad para hacer el maldito examen.
Salió contento. Aunque tardaría unos días en saber la nota, sabía que lo aprobaría. Tanto tiempo encerrado en casa habían dado sus frutos.
En la cafetería se encontró con Pedro, un compañero.
-¿Qué Luquitas? ¿Cómo te salió?
-Muy bien la verdad. ¿Y a ti?
-Joder, creo que cateo seguro.
-Pues ya sabes. Ajo y agua y a estudiar para septiembre.
-Síp, no me queda otra. ¿Qué va a hacer este verano?
-Aún no lo sé. Este finde me voy a la playa con mi madre y una amiga suya.
-Joder, que aburrido.
Pedro no conocía a su madre ni a María. Si no quizás hasta se hubiese apuntado
-Nah, hombre. A tomar el sol, que estoy más blanco que un pedo.
-Jajaja, sí. Pues nada, que lo pases bien con tu mami y su amiga. Seguro que se pasan las noches jugando a las cartas. Jajajaja. Chao
-Chao. Ya nos veremos por ahí.
Se marchó a su casa, cogió la maleta que tenía preparada y se dirigió a la estación de tren. En tres horitas estaría en la playa. En tres horitas tendría a su madre y a María casi desnudas delante de él.
Una vez el tren arrancó, llamó a su madre.
-Hola tesoro. ¿Qué tal fue todo?
-Todo perfecto, mami. Apruebo seguro.
-¡Cuánto me alegro, tesoro!
-Ya estoy de camino. Llegaré sobre las tres.
-Ah, perfecto. Te esperaremos en la playa para comer juntos.
-Okis. Hasta ahora.
Dolores colgó. Estaban ya en la playa desde hacía rato.
-Era Lucas. Llegará sobre las tres. ¿Le esperamos para comer?
-Claro. Será agradable comer con un hombre, para variar.
-Sí. Dice que el examen le salió bien.
-Es un buen chico.
-El mejor. Ummm, será amor de madre.
Hacía un tiempo que María no había coincidido con Lucas. Siempre estudiando. Era un guapo mozo. Alguna que otra vez lo había visto mirándole las tetas, pero nunca le dio importancia. Se preguntó si seguiría mirándola.
+++++
Puntual, cosa rara, el tren llegó a su destino. El apartamento no estaba lejos y Lucas fue andando. Tenía llaves, así que subió y entró.
-Mamá. Ya llegué - gritó.
Pero nadie le contestó. Recordó entonces que su madre le dijo que lo esperarían en la playa, así que decidió dejar la maleta y cambiarse antes de bajar.
Entró en el cuarto pequeño y descubrió que había ropa de mujer. Entonces cayó en la cuenta de que María debía de dormir allí.
-Vaya. Creo que me tocará el sofá.
Iba a salir de la habitación cuando vio a los pies de la cama unas prendas. Sintió curiosidad y se acercó. Era ropa interior. De María. Lo supo en cuando cogió el sujetador y vio lo grande que era.
Miró las bragas. ¿Estarían usadas? Las miró y comprobó que sí. La polla se le puso morcillona. Se llevó las bragas a la nariz y las olió.
-Ummmm, joder. Huelen a coño.
Se sacó la polla, dispuesto a hacerse una buena paja oliendo las bragas de María, pero se dio cuenta de que ellas podrían volver en cualquier momento y pillarlo in fraganti, así que las dejó donde estaban y se acercó a la ventana. Trató de encontrarlas en la arena, pero había demasiada gente y podrían estar debajo de cualquier sombrilla.
Pero entonces la vio. Su madre subía desde la orilla, secándose el cabello. La miró. La admiró.
-Joder mami. Pero que preciosa eres.
La siguió con la mirada hasta que llegó a una sombrilla. Allí vio otros pies. Tenía que ser María. Su madre se metió también debajo de la sombrilla.
-Bien, ahora sí.
Se dio la vuelta y volvió hacia la habitación de María, pero se paró en seco. ¿Tendría su madre también bragas usadas? Cambió de dirección y fue al dormitorio principal.
No vio nada por el suelo. Ni en los armarios. Una lucecita se le encendió en la cabeza. Las veces que él había estado fuera de casa, ponía la ropa sucia en una bolsa y la lavaba (bueno, la lavaba su madre) al volver a casa. Quizás ella hiciera lo mismo. No tenían lavadora en el apartamento.
Buscó en la maleta de su madre y allí la encontró. Una bolsa cerrada. La abrió y encontró un tesoro. Había varias bragas. Todas usadas. La polla le daba brinquitos, asomando por la bragueta.
Cogió unas rojas preciosas y las olió.
-Ummm, mami, que rico huelo tu coñito. Lo que daría por comértelo bien comido.
Cogió otras color celeste y con las dos bragas en la mano volvió a la ventana. Miró y comprobó que las dos seguían debajo de la sombrilla.
Se envolvió la polla con las bragas celestes y se puso las rojas sobre la cara. Y allí, mirando por la ventana, ladeado para que no pudieran verlo desde fuera, se empezó a hacer una maravillosa paja aspirando los íntimos aromas de su deseada madre.
Tan cachondo estaba que se corrió en pocos minutos. Una impresionante corrida que salió disparada de su polla más de un metro, cayendo al suelo. Varios potentes chorros, varias placenteras contracciones.
-Agggg, mami...que rico...toda mi leche para ti...
Se quedó unos segundos más, jadeando, recuperándose. Después, devolvió las bragas a donde las encontró, limpió bien el suelo y se cambió de ropa.
Bajó a la playa y se acercó a la sombrilla.
-Hola. Ya estoy aquí.
-Tesoro. Ya has llegado - dijo su madre levantándose y dándole un gran abrazo.
A Lucas le encantó sentir como las tetas de su madre se aplastaban contra su pecho.
-Hola Lucas. ¿Cómo estás? - le preguntó María, que seguía tumbada en la arena.
Lucas lo intentó, pero no pudo evitar que sus ojos se posaran fugazmente en las dos tetazas de la amiga de su madre. Encima vestía un bikini que no hacía más que resaltarlas.
María se dio cuenta de esa fugaz mirada.
-Muy bien María. ¿Y tú?
-La verdad que muy bien. Estos días me han sentado de maravilla. ¿Me ayudas a levantar?
-Claro.
Le tendió las dos manos. Ella se agarró y la levantó. Los ojos de Lucas fijos en el canalillo que separaba sus dos maravillas.
-¿No me das un beso? Hace mucho que no nos vemos.
-