Ander tiene veinticinco años, vive en un pueblo a varios kilómetros de la ciudad. Su novia Teresa tiene cuarenta años, es rubia con buenas caderas y un culazo. Se conocieron en una fiesta patronal, bebieron cerveza, comieron cabrito, se subieron a los juegos de la feria y Ander le ganó un peluche gigante en el tiro al blanco. Una noche les bastó para quedar enamorados y formar un vínculo que duraría por siempre. Teresa tiene dos hijas: la mayor llamada Natalia tiene veinte años, mide 1.72 m, es delgada y de piel blanca, sus piernas bien torneadas daban paso a un culo de ensueño, sus tetas eran dos limoncillos respingados, su carita de diabla era la joya de la corona, sus labios finos y pómulos parecían dibujados por un artesano. La hermana menor, Sofía, de dieciocho, mide 1.55 m, es morena y delgada, sus piernas cortas y carnosas sostenían un culito redondeado, sus tetas abultadas eran redondas como melones y su cintura era peligrosamente estrecha.
La noche que se conocieron llegaron a casa de Teresa, ella lo invitó a entrar para pasar la noche en su habitación. Caminaron a hurtadillas en la oscuridad para no despertar a las chicas. Una vez en su habitación, con el peso del silencio asfixiando sus cuerpos, se dejaron llevar. Se desvistieron con furia y se confiaron tanto que no cerraron la puerta. Ander la penetró en varias poses. Cuando la puso en cuatro sobre la cama, Teresa le pidió que se la metiera duro. Se la metió y ella soltó gemidos ahogados. De pronto, Ander alcanzó a ver una sombra fuera de la habitación, al enfocar, pudo ver a una de sus hijas mirando. Ander estuvo a punto de detenerse, pero no lo hizo, en su lugar, miró fijamente a la chica mientras seguía penetrando a su mamá. Eso aumentó su placer tremendamente, aumentó el ritmo y comenzó a resonar el golpe de sus testículos contra el culo de Teresa. Esta le alcanzó a susurrar:
—Shhhhh, se van a despertar mis niñas, aahh ahhh
—Espera, ya casi me corro —dijo en un tono justo para ser escuchado por la hija.
—Cállate, se van a despertar —respondió entre gemidos entrecortados.
—Te voy a llenar —Ander aceleró el vaivén aumentando el sonido del golpeteo—, te voy a dejar escurriendo como la putita que eres.
Ander no paraba de mirar a la chica mientras ella solo observaba en la penumbra. Iba de camisón corto, le llegaba hasta los muslos dejando ver unas tremendas piernas. Se imaginó que entraba y se desnudaba frente a él. Ander no pudo más y terminó adentro de Teresa.
—Nooooooo —suplicó Teresa mientras sentía el palpitar de la verga de Ander—, eres un cabrón.
—Lo siento, mañana te compro la pastilla.
—Aun así, te dije que no. Cierra la maldita puerta.
Se levantó y volvió a clavar la mirada en la chica. Su sorpresa fue que ahora le observaban dos tiernos e inocentes pares de ojos. Con la verga parada caminó hasta alcanzar el picaporte. Se paró un par de segundos paseando la mirada por los cuerpos en pijama de Natalia y Sofía, dejó que le vieran bien y cerró.
Pasaron unos meses y se hicieron novios. Eran como conejos, cuando se veían tenían relaciones dos o tres veces al día. Ander le pedía venirse adentro casi todas las veces, le excitaba demasiado llenarla de su semen, sentir que Teresa era suya y de nadie más, era su forma animal de marcar territorio. Ella no usaba métodos para protegerse, pero aun así aceptaba, le gustaba sentirse llena de él, llevar el chocho escurriendo de lefa por toda la casa o en el trabajo. Se sentía como una zorra cuando un par de horas después sentía la leche salirse mojando sus bragas, pronto se volvió también su forma favorita de terminar el sexo con Ander.
Cuando Teresa vio pertinente, le presentó formalmente a sus hijas. Ander finalmente las conoció y quedó hipnotizado con las dos chicas, nunca en su vida había visto a unas hermanas tan hermosas y sensuales. Cuando estrechó la mano de Natalia, quedó enamorado completamente, su pecho retumbó ante su mirada y la suavidad de su mano. Se sintió satisfecho por conocer a la mujer de hermosas piernas de aquella noche. Cuando saludó a Sofía no pudo evitar ver su escote, se cargaba unas tremendas tetas y una mirada angelical. Se puso tenso pensando que ellas podrían contarle a su madre lo de aquella noche. Logró tranquilizarse después de unos minutos cuando dio por sentado que ninguna le había mencionado a su mamá el incidente. Natalia desde el inicio se mostró fría y distante, no le daba importancia cuando su mamá aparecía con novio nuevo, además salía casi diario con amigos y uno que otro noviete, por lo que no hablaban muy seguido. Sofía, por otro lado, quedó impresionada por la forma de ser de Ander que siempre hablaba con elocuencia, pero reservado, como si supiera exactamente cuándo hablar y cuando escuchar. Por lo que ella desde el inicio fue muy atenta y cortés con él. A medida que Ander iba más seguido a la casa, pudo conocer más a Sofía, charlaban de memes o de videojuegos. Ella casi no salía porque prefería jugar en la PC, leer o ver series, pero cuando Ander andaba en la casa siempre se daba tiempo para saludarlo y charlar con él.
Ander notó que Sofía se ponía nerviosa frente a él, sobre todo cuando Teresa no estaba a la vista. Le excitaba la situación, siempre aprovechaba para decirle un cumplido, adularla, escucharla y hacerla reír con tal de seducirla. Sofía era consciente que se estaba enamorando del novio de su madre, pero ninguna parte de su cuerpo se resistía a Ander. Era mayor que cualquiera de sus amigos y eso provocó que encontrara en él algo que no tenía en ningún lugar. Le escribía cartas que nunca entregaba, cuando escuchaba canciones de amor pensaba en él y cuando en la escuela sus amigos le preguntaban quién le gustaba, pensaba en Ander justo antes de inventar una respuesta. Incluso en Sims se creó un personaje que tenía una familia con uno llamado Ander. Cuando lo veía con su mamá se moría de celos, deseaba ser ella, recibir sus besos y su atención, ser su princesa. Toda esa revoltura emocional se la llevaba a la cama todos los días. Aunque sufría un poco, podía vivir con ese amor platónico sin involucrarse con él. Ander solo la deseaba, quería tener su cuerpo a como diera lugar, a diferencia de ella, él no podía quedarse con los brazos cruzados, necesitaba accionar. Casi diario se pajeaba pensando en Sofía, en sus enormes pechos, imaginaba sus pezones y la forma de sus aureolas. Se convirtió en su único interés y, dejando de lado su súbito amor por Natalia, decidió forzar las cosas. Ander, utilizando el dato que Sofía no tenía buenas calificaciones en el colegio, logró volverse su tutor a espaldas de Teresa. Esto porque Sofía no le quería decir a su mamá que estaba a punto de reprobar materias. Se verían en su casa justo después de la escuela y se iría antes de que llegara Teresa.
La primera vez Ander llegó anticipadamente y vio cuando Sofía llegaba a casa, la miró en su uniforme; falda de cuadros con una blusa blanca ajustada que no disimulaba nada sus tetas. Se acercó y Sofía le saludó alegre agitando la mano. Ander entró y se sentó en la sala. Ella le platicó unos chismes de su escuela y él le contó sobre cómo iba su creciente negocio de importación.
—Bien, es hora de empezar —dijo Ander—, si nos sobra tiempo podemos seguir platicando.
—Vale, Ander —respondió obedientemente.
Se apresuró a resolverle unas dudas de álgebra y luego de biología, el tema era sobre células germinales, espermas y óvulos.
—Oye, tengo una duda —dijo Sofía muy nerviosa en lo que se ponía roja—. Es algo que me pasó hace tiempo y no sé a quién recurrir.
—Claro, cuéntame.
—Esto es difícil, pero ahí va. Anduve con Gibran unas semanas.
—¿El que acosa a Samanta? —respondió referenciando uno de los chismes que le contaba—. ¡Auch!
—Ya sé, no sé en qué estaba pensando. Resulta que fui a su casa y nos besamos por horas, literal ya tenía hinchados los labios… de pronto me pone la mano en su cosa esa.
—Pene
—Sí… al inicio le seguí, pero después lo sacó de su pantalón y estaba todo lleno de un cebo blancuzco. Lo toqué y se me quedó pegado al dedo como una baba asquerosa… No supe qué hacer y me paré, como pude recogí mis cosas y salí de allí. Me terminó a los pocos días porque ya no quise regresar a su casa… ¿Eso era normal?
Ander le sonrió
—Eso que viste es el liquido pre seminal, es completamente normal, sobretodo después de una sesión larga de besos.
—Oh… con razón se ofendió tanto. Quería que le sacara todo— se rio.
—Él debía comprender que no te sentías lista.
—Es que sí me siento lista… pero no con él…
—Es cierto, es un cerdo, me sorprendería que estuvieras enamorada de él.
—¿Te decepcionaría? —dijo con ternura
—Algo así, todavía si fuera Mario lo entendería, es todo un líder.
—Es guapo, pero tampoco me enamoraría.
—¿De quién sí? —Ander poco a poco la llevaba a su terreno.
Sofía se quedó callada.
—De alguien que no me de asco su líquido pre seminal, por ejemplo —se rio nerviosa—, debe reunir varios requisitos y al día de hoy nadie los ha reunido.
—¿Quién ha estado más cerca? —aventuró.
—Ay, ya… me pones nerviosa con tantas preguntas. Solo quería saber si era normal esa baba en el pene de los hombres.
—¿Cuándo me viste aquella noche te dio asco verme?
El silencio inundó la estancia.
—No… al inicio me sacó de onda ver a Naty parada en la oscuridad, pero al ver lo que pasaba contigo y mi mamá me asusté. Como si estuviera viendo algo prohibido.
—¿Sentiste algo en tu entrepierna?
Sofía asintió.
—¿Sentiste mojadito?
Asintió de nuevo.
—Algo sí nos pasa a los hombres cuando nos excita algo. De hecho llevo excitado desde hace rato.
—A ver.
Ander se bajó el cierre y sacó su verga llena de pre seminal.
—Mira cómo me la pones.
Sofía se quedó muda al ver su imponente titán.
—Eres el novio de mi mamá, no podemos.
Ella estaba viviendo un duelo interior mientras sentía sus bragas mojarse. No quería fallarle a su madre, pero todo su cuerpo pedía acercarse a Ander.
—No tengas miedo, puedes aprender todo lo que necesites para que estés lista cuando llegue el indicado. Ahora, tómalo con tu mano suavemente y muévelo de arriba abajo.
Sofía con desconfianza acercó su mano, al comenzar a masturbarlo sintió electricidad correr por su cuerpo. Ander comenzó a gemir y se recostó en el respaldo del sillón. Sofía vio que en su mano tenía todo el poder para complacerlo y eso la excitó de sobre manera. Era su primera paja y estaba dispuesta a darle todo el placer que su mano inexperta podía dar.
—Sigue así, hermosa.
—¿Lo hago bien?
—Es perfecto, tu manita me está llevando al cielo.
Sofía sonrió y aumentó el ritmo. Ander miró sus tetas rebotando, aprisionadas debajo de su sostén y su blusa, no pudo más y la besó con pasión. Tomó su carita y acarició sus mejillas, luego su cuello y bajó hasta su cintura. Tomó sus tetas. Sofía se detuvo por un segundo, pero continuó.
—No estoy segura, Ander.
—¿No te gusta que te agarre las tetas?
—Nunca me las han tocado… se siente bien.
—Déjame verlas, chiquita.
Sofía se detuvo y con lentitud se quitó la blusa. Su sostén no era nada especial, pero por primera vez pudo verlas más a detalle.
—Todo —Ander se inclinó y de un movimiento soltó el broche del sostén.
—Ay, qué pena —dijo llevando sus manos a sus pechos para que no se le cayera el sostén.
Ander siguió besándola y Sofía cerró los ojos perdida en sus labios. Con las manos masajeó sus tetas y poco a poco fue moviendo el sostén hasta que finalmente pudo desnudar sus pechos. Estaban calientes, sus pezones estaban duros y Ander le llevó la mano a su verga para que continuara con la paja. Dejó de besarla y apreció el paisaje de ver la preciosa carita de Sofía, con las tetas de fuera moviéndose al ritmo del vaivén de su mano.
—Eres divina —dijo.
Con su mano izquierda siguió tocando las tetas de Sofía, con la derecha se aventuró a acariciar sus piernas y se fue deslizando a su vagina
—Ahora quiero sentir si ya estás mojadita.
—Lo estoy, siento que ya mojé todas mis bragas.
Ander sonrió al comprobar que estaba su vulva inundada. Con la yema de sus dedos se paseó por sus labios mojados y usó sus jugos para estimular su clítoris. Se acercó y continuó con los besos. Deseaba con todas sus fuerzas que Sofía tuviera su primer orgasmo con él. Quería ser su primera vez en todo.
—Siento que algo viene, para, siento que me haré del baño.
—Confía en mí, déjate llevar.
—Ahhh, Ander, siento muy rico… Ahhh, siento que mojaré todo.
—También siento delicioso, vas a hacer que me corra… corrámonos juntos, amor.
Sofía comenzó a agitarse tanto que dejó de pajearlo y a los pocos segundos su rostro se iluminó del placer más puro que había sentido.
—Aaahhhhh Aaaaaaaaaaahhhhhhhh.
Su cuerpo se contorsionó con violencia y sus piernas temblaron sin control soltando jugos por todos lados. Ander se paró para ver todo lo que había hecho. En la parte del sillón donde estaba Sofía estaba tan mojado que se veía una mancha oscura. Ella estaba rendida semidesnuda recuperando la respiración. Ander vio la hora y al percatarse que Teresa llegaría en cualquier momento, tomó su pene con una mano y con la otra agarró la cara de Sofía. Sin decirle nada se la metió completa por la boca. Sofía se sobresaltó, pero Ander la sujetó con fuerza. Comenzó a arremeterla poseído por sus instintos más bajos. Verla sometida lo llevo aun nivel de excitación imparable.
—Ahg, ahg, ahg, ahg —las arcadas de Sofía eran la sinfonía más hermosa—, ahg, me, ahg, due, agh, le.
Ander pensó seriamente en voltearla y penetrarla sin más. Pero ya no había tiempo.
—Ahhhh —gimió Ander—. No aguanto más ahhhh.
Su cara comenzó a enrojecérsele cuando la metió hasta el fondo de su garganta e inundo la boca de Sofía con toda su carga de semen sin dejar que respirara. Su pene bombeaba leche al por mayor y no paraba. Las arcadas de Sofía eran más fuertes, cerró los ojos con fuerza y le comenzaron a salir lagrimas. Cuando terminó de correrse la soltó y Sofía se dejó caer a un lado tosiendo y tratando de respirar. Ander solo miró su letargo. Su carita roja y semen brotando de su boca. Se sintió mal, pero le seguía excitando verla en ese estado. Cuando Sofía recuperó el aliento lo miró con los ojos llorosos.
—¿Así es como te gusta tratarme?
—Sí
Ella se paró, se dirigió al baño y se escuchó la regadera. Ander se metió a su cuarto y buscó su cajón de ropa interior. Tomó la que más le gustó y la usó para limpiarse la verga que aun seguía llena de semen y saliva de Sofía. La dejó sobre su cama y salió. Pasó al cuarto de Natalia, robó la braga que más le gustó y se fue a casa. Horas después recibió un mensaje de Sofía. Era una foto temporal donde se veía que se había puesto las bragas que le dejó en la cama con un mensaje que decía “Estas serán mis favoritas ahora”.
Ander pasó el resto de la tarde pensando en Sofía. Al caer la noche, consumido por la culpa, fue a casa de Teresa con un ramo enorme de rosas. Ella salió emocionada a recibir la sorpresa y al verle se le abalanzó a besos. Pidieron de cenar y por primera vez, desde que se conocieron, Sofía no salió de su cuarto a saludarlo. Teresa estaba tan coqueta que después de la cena y una botella de vino, se lo agarró a besos en el sillón y lo manoseó por todos lados. Cuando escucharon que Natalia estaba llegando se fueron al cuarto de Teresa. Se desnudó y se lanzó sobre Ander, lo cabalgó rebotando su culo en su pelvis. El vaivén resonaba con la humedad de los jugos de Teresa. Ander la tomó de la cintura y la puso boca arriba, la penetró hasta el fondo mientras la ahorcaba con sus manos. Teresa ahogaba sus gemidos, deslizó sus dedos y empezó a estimular su clítoris. La penetración tomó más ritmo y Teresa se vino como una loca. Se quedaron viendo películas hasta tarde. Ander esperó a que Teresa comenzara a quedarse dormida para salir a explorar la casa. Salió en bóxer a la sala, las luces de los cuartos de las chicas seguían prendidos. Abrió la puerta de Sofía y entró.
—Hola, Sof.
—Hola —estaba en pijama con unos cascos de gatito jugando en la PC
—Te extrañé.
—Eres el novio de mi mamá, olvidemos lo que pasó hoy.
Ander se acercó y tomó su mano.
—Me peleé con tu mamá y por eso tuve que hacerle un detalle.
—No me expliques nada, las parejas hacen lo que deben de hacer —retiró su mano y siguió jugando.
Ander pasó sus dedos en el resorte del pijama de Sofía y lo bajó para comprobar si aún tenía las bragas de hace rato, pero llevaba otras.
—Fui una tonta, por un momento —suspiró—… olvídalo.
—Fue mi culpa, no debí empezar esto. Me fue imposible resistirme a ti, eres divina, una mirada tuya bastó para conquistarme —espetó Ander y Sofía puso pausa y se quedó mirando el teclado—: Estoy confundido, pero no podemos fallarle a tu mamá. Eso no significa que no tenga sentimientos hacia ti.
Le tomó la mano y cuando ella lo miró Ander se lanzó a besarla. Al inicio no le respondió, pero rápidamente sus labios comenzaron a danzar con los de él.
—No quiero dejar de tenerte —dijo Sofía—, aunque eso signifique sufrir en silencio.
Ander se puso de pie con Sofía y siguieron besándose. Repasó con las manos todo el cuerpo de Sofía, apretó su culo con fuerza y le bajó la pijama con todo y panty. Sintió sus nalgas desnudas, metió sus dedos entre sus glúteos y acarició su ano. Sofía soltaba gemidos sin dejar de besarlo. Subió sus manos rozando su cadera, pasó por su cintura y le quitó el camisón. Manoseó sus tetas con una mano y con otra siguió degustando su culo. Sofía tomó el mando y se puso de rodillas. De dos movimientos sacó la polla dura de Ander, lo miro a los ojos con la boca abierta y lentamente la rodeo con los labios. Sus manos comenzaron a masajear sus huevos. Se concentró en la cabeza, le pasó la lengua y el vaivén era discreto. De pronto se la metió completa, llegó a su garganta y soltó una arcada. Tomó las manos de Ander y las puso en su nuca. Ander no perdió el tiempo y empezó a penetrarla oralmente. Sofía acomodó sus manos en las nalgas de Ander y el resto de su cuerpo lo dejó a su merced. Estaba a punto de correrse de nuevo, pero Sofía se detuvo.
—No aguanto más, quiero que me lo hagas ahora mismo.
—¿Es tu primera?
Asintió con las mejillas sonrojadas y se acostó en la cama con las piernas abiertas.
—Tengo condones en el cajón —dijo ella—, nos regalaron una tira en la escuela.
—No necesitamos, no te preocupes, no me correré adentro.
—Aun así, es peligroso, ¿no?
—Respira, relájate y trata de disfrutar.
Ander solo había desvirgado un par de veces, pero estaba seguro de lo que hacía. Le metió la verga en la boca.
—Llénalo de baba.
La sacó escurriendo y acomodó la verga en los labios vaginales de Sofía. Sobó con su cabeza toda su vulva, subía al clítoris y regresaba a sus labios. Sofía se relajó de nuevo y empezó a soltar gemiditos. Cuando la sintió lista, perfiló su pito y empezó a entrar con cautela.
—Te dolerá un poco, pero no me detendré, así que aguanta.
Asintió con los ojos cerrados porque empezaba a sentir piquetes de dolor. Su vulva era pequeña, la verga parada de Ander se veía masiva, pero la lubricación era excelente. Su cabeza se abrió paso centímetro a centímetro. El placer obsceno de él era dolor para ella, pero no se detendría. Vio que escurría un poco de sangre y se detuvo para que sus paredes se adaptaran al tamaño de su polla.
—Arde mucho, ya no quiero.
—Ya es toda.
—¿En serio?
Ander metió la otra mitad y la penetró hasta el fondo. Sofía empezó a gritar de dolor y le tapó la boca. Ella se retorció y él se quedó adentro esperando a que pasara. Estaba tan caliente que si ella ponía mucha resistencia la penetraría hasta corrérsele adentro.
—Salte ya por favor.
—Pasará pronto.
Se quedaron pegados como perros y Ander empezó a moverse de a poco. La sacó y luego la volvió a meter. Nunca había visto tanta sangre en las desvirgadas que había hecho. Se preocupó haberla lastimado. «Estaba bien lubricado —pensó—, pero su vagina es muy pequeña». Pasaron los minutos y Ander inició un vaivén más fluido. Sofía seguía sin disfrutarlo, pero se dejó a placer de Ander, que lo notaba tremendamente excitado.
—No te contengas, Ander.
Sofía empezó a lubricar más y él aceleró el ritmo. Sentía cómo su vagina se expandía en cada metida y sacada. Era estrecha y eso elevó rápidamente a Ander.
—Me voy a venir.
Ella se quitó y se puso de rodillas, cerró los ojos y abrió la boquita. Tomó su pene y lo masturbó suavemente. Ander empezó a agitarse y empezó a disparar semen en toda la carita de Sofía.
Se puso el bóxer, se arregló el cabello, la besó y dijo:
—De regreso con tu madre. Besos, mi niña —abrió y salió de allí dejando a Sofía desnuda y cubierta de lefa
Su vagina aun palpitaba por el ardor y la excitación. Mientras se vestía pensó que el sexo estaba sobrevalorado, pero estaba dispuesta a dejarse hacer por Ander las veces que quisiera. Se sintió usada, pero lejos de molestarle, la excitaba. Había heredado de Teresa el sentir placer de ser humillada. Tomó su toalla y tomó una ducha por segunda vez en el día.
Al regresar con Teresa, esta se despertó.
—¿Apenas de regreso? Sentí que pasó mucho tiempo.
—Tardé un poco más, pero no fue tanto.
—Ven, házmelo rápido y durmamos
El pene de Ander seguía en recuperación, habían pasado escasos minutos de haber deslechado, pero su pene aún tenía rastros de los jugos y la sangre de Sofía y el morbo de metérsela así a la madre lo puso erecto rápidamente. Teresa le dio la espalda y se bajó la pijama dejando su culote al aire. Ander se puso atrás, se ayudó con la mano para apuntillar su erección y se la metió. Su chocho estaba un poco seco, le ardió un poco, pero se la metió hasta el fondo. Ander conectó inmediatamente su instinto primario y la empezó a martillar agresivamente. Se imaginó reventando a Natalia, su culo endemoniado, sus piernas brillantes y bronceadas. Recordó el sonido de los gemiditos de Sofía y a los pocos minutos pudo venirse adentro de Teresa. Ese orgasmo fue intenso, pero casi no salió leche. Afuera, Sofía estaba en toalla escuchando el leve rechinar de la cama y el bramido de Ander.
—Lléname, papi, soy tu puta —se escuchó tenue.
Sofía sintió un hueco en el estómago, cayó en cuenta de nuevo que amar a Ander significaría siempre ser su segunda opción, dio media vuelta y se fue a la cama.
La mañana era fresca y oscura cuando Ander salió de la casa. Se despidió de Teresa, ignorando que regresaría unas horas después para su encuentro diario con Sofía. Ander se fue a desayunar a un restaurante en el centro, pasó a su casa a ordenar unas cosas y regresó.
—Hoy no tengo tarea ni ganas de estudiar, Ander.
—¿Mal día? Si quieres lo dejamos para mañana.
Sofía pensó toda la mañana en rechazar el encuentro, pero en ese momento no pudo.
—Solo veamos una peli o algo... ¡Solo ver!
—Tranquila, pensé que ayer habíamos terminado bien.
—¿Qué hiciste cuando te fuiste de mi cuarto?
—Dormir.
—¿Nada más? ¿Eso es todo?
Ander sabía que sabía algo.
—Tu mamá me pidió que se lo hiciera para que pudiera dormir bien y eso hice.
Se quedaron en silencio.
—Tengo la estúpida idea que solo me desearás a mí. Que un día me dirás que solo quieres estar conmigo.
—Esa es mi intención —dijo Ander—, lo que tengo con tu mamá es pasajero. Algún día estaremos juntos y serás mi mujer.
—No soy imbécil, mi mamá nunca estaría tranquila, ella … te ama y te amará por mucho tiempo, no hay salida a este problema. En todo caso yo seré la putilla que se metió con el novio de su mamá.
—Yo también quedo mal.
—Tú cállate, eres un mierdas.
—¡No me hables así! —reclamó Ander.
—¿O qué? ¿Me vas a golpear?
—Jamás… pero te haré pagar de otra forma.
—Solo soy un objeto de placer para ti —se paró indignada, pero Ander la tomó del brazo de un zarpazo.
—Aun no te puedes ir.
—¡Suéltame, animal! ¡Gritaré para que vean el cerdo que eres!
Ander, inmerso en un cúmulo de inferioridad la jaló con fuerza y la puso en el sofá. Le tapó la boca y la comenzó a manosear. Forcejeando le pudo levantar la falda y le hizo a un lado bragas. Como pudo se sacó la verga y le empezó a meter la cabeza. Sofía se empezó a agitar y él logró penetrarla. Empezó a arremeterla con fuerza y lágrimas comenzaron a escurrir por sus mejillas. En ese instante se oyeron unas llaves y el pasador de la puerta. Ander la cargó y la llevó a su habitación. Le puso seguro y la aventó a su cama. La sometió poniéndola bocabajo y se la metió con enojo. Sofía agotó sus fuerzas y sentía una fuerza superior controlando su cuerpo.
—Te debería de llenar para que entiendas quién manda.
El vaivén era brutal cuando Teresa tocó a la puerta.
—Hija, ya llegué, en unos minutos te llamo para la comida.
—Sí, mamá… —respondió con cansancio.
Ander la seguía penetrando.
—¿Estás bien? —preguntó su mamá.
—Sí, es que estaba dormida.
Teresa se fue a la cocina y Ander siguió con lo suyo.
—Chúpamela y no pares hasta que bote toda la leche en tu boca.
Sofía se arrodilló y se la metió entera. Ander, que estaba en las últimas, dejó toda la leche brotar en su boca. Se quedaron acostados un rato.
—Eres un monstruo, solo me usas como un objeto sexual.
—Soy un monstruo, lo sé, pero es que haces que saqué mi lado más caliente, solo contigo me brota ese ardor de tomarte con fuerza.
—No te entiendo… por favor ya no lo hagas, te prometo que siempre me dejaré, pero no me vuelvas a tomar así cuando discutamos.
Teresa le llamó para comer y Ander le dijo que esperaría en su cuarto. Cuando regresó lo hicieron el resto de la tarde hasta la noche.
Una tarde, al terminar de resolver ejercicios de geometría analítica, Ander le dijo:
—Hay algo que llevo rato queriendo decirte —Buscó en la bolsa de su chaqueta y sacó un alhajero con un collar de plata y se puso de rodillas —. Quiero que seas mi novia, prometo darte todo mi amor, cuidarte, consentirte y besarte.
Sofía sintió una revoltura enorme de sentimientos contrariados, pero su emoción fue más.
—Acepto, Ander —lo besó—, quiero ser tuya y que seas mío —hizo una pausa—, pero promete no lastimar a mi mamá. Aprenderé a ser tu secreto y a no ponerme celosa.
Lo hicieron por tanto tiempo que llegó Teresa, de nuevo se quedó en la habitación escondido. Desde ahí, con la puerta abierta, se podía oír el asar de la carne, la licuadora, un programa de chismes en el fondo y Teresa riendo de vez en cuando. En cambio, ella no podía oír el vaivén entre la polla de Ander y la vagina empapada de su hija que ocurría a unos metros.
—Va a escuchar cómo me la metes, papi.
—Que nos escuche, me vale madre.
—Quiero que me hagas tuya todos los días.
Teresa escuchó ruidos raros.
—¡Sof! Mi vida, acompáñame a la tienda.
Sofía y Ander se sobresaltaron y se despegaron rápidamente.
—¡Voy, mami!
Sofía se acomodó la ropa, miró sonrojada a su nuevo novio y se besaron con ternura.
—Ander, aprovecha para salir de aquí.
Se cerró la puerta y Ander se quedó en silencio. Tenía la pija hinchada y los huevos llenísimos de leche. Cargaba con una calentura tremenda. En la pared vio un cuadro de Natalia donde se veía bellísima. Eso lo llevó a sacarse la verga y terminar en honor a ella; pensó en su cara, en sus tetas de limoncillo, en su culo de diosa, pero antes de descargar su mente divagó. Se metió a su habitación, buscó en su tocador y encontró una crema facial casi nueva. Continuó la paja y descargó una corrida tremenda sobre la crema. Lo revolvió todo con el dedo y la cerró. Ya sin calentura se sintió un completo enfermo. Con rapidez salió de la casa, dio vuelta a la cuadra y sin querer se topó a Natalia
—Hola, qué sorpresa —dijo Ander con alegría.
—Hola —respondió secamente—, ¿ibas a la casa?
—No exactamente, venía de paso.
—Ok, nos vemos —siguió su camino.
Ander se fue a casa, pero regresó más tarde porque Teresa lo invitó a cenar. Al llegar, saludó a Natalia. Ander notó que su rostro olía a la crema facial y eso le puso la polla al cien. Se imaginó todo su semen en su carita y que así sería hasta que se terminara el bote. «Degenerado y poco convencional —pensó—, no cabe duda que soy un depredador sin autocontrol y que esa familia convivía con su peor maldición».
Se sentaron en sus lugares y empezaron a cenar. Esa ocasión Natalia fue más amigable con Ander, platicaron por primera vez sobre un tema en común y se reía con sus chistes. «Mi corrida en toda su carita le provocó una súbita atracción hacia mí —pensó». Horas más tarde, cerca de las tres de la mañana, ese enunciado cobró más sentido cuando recibió la llamada de un teléfono desconocido.
—¿Sí?
—¿Ander? —dijo una voz femenina.
—¿Quién habla?
—Natalia… odio molestar a las personas, pero debo molestarte —dijo en un tono de voz cansado con una dicción atropellada.
—¡Natalia! ¿Qué pasó, dónde estás?
—Mi mamá me pasó tu contacto, hic, no te emociones, no te stalkeo ni nada parecido, hic.
—¿Bebiste mucho? ¿Dónde estás? —dijo mientras se empezaba a vestir.
Ander salió en carro en dirección al club donde dijo que se encontraba, pero la halló unas cinco cuadras al norte. Estaba sentada en el umbral de un edificio de departamentos. Vestía un top rosa y falda negra. En lo que caminaba hacia ella vio sus piernas largas y sus pies empotrados en unos tacones negros de doce centímetros. Tenía el rímel corrido y su labial estaba embadurnado por toda su boca.
—¿Mala noche? —dijo mientras se sentaba a su lado.
Natalia se recargó en su hombro sin decir nada y se empezó a dormir. A unos metros empezó a ver a gente merodeando, así que la despertó y logró meterla al asiento de a lado. En el camino de regreso ella le dijo:
—Si voy a vomitar te aviso, hic.
—Si vas a vomitar te arrojó del carro en movimiento.
Lo miró con indignación, pero se carcajeó enseguida.
—Qué grosero eres, ya ni porque debes de cuidarme.
—Debo cuidar lo mío —dijo riendo—, además tú siempre eres mala conmigo.
—Claro que no… no aguantas nada.
Ander notó que estaba temblando de frío.
—Tú tampoco, mira cómo tiemblas.
—Está helando aquí, qué querías —le tomó la mano y la llevó a su pierna—, ¿a eso le llamas cuidarme? Estoy congelada, ¡siénteme!
Él encendió la calefacción y quitó la mano.
—Nada —volvió a tomar su mano y la puso en su pierna—, no la quitas hasta que agarre calor esta cosa.
—Qué irritante eres —dijo fingiendo molestia, pero disfrutando cada centímetro de esas piernas maravillosas que tanto fantaseó. Se le paró tan duro que pensó que Natalia se daría cuenta.
Natalia sin soltar su muñeca pasó su mano a lo largo de su pierna y luego a lo largo de la otra. Se estiró como pudo sin dejar de prestar atención al camino. Cuando la calefacción hizo efecto le aventó la mano de regreso.
—No puedo caminar y estos tacones ya me mataron —dijo mientras se los quitaba y los arrojaba en el asiento de atrás—, si al bajar no puedo dar dos pasos sin caerme me vas a tener que cargar, si despierto a mi mamá te mato.
—Eres toda una princesa, me caías mejor cuando no me hablabas. ¿Cómo piensas pagarme el rescate y el posible transporte a tu cama?
—¿Tocar mis piernas no te bastó?
—Tú sola me hiciste tocar tus piernas yo solo me dejé.
—Pero bien que se te paró —dijo mirando a mi bulto que aún seguía endurecido.
—Tus piernas son gloriosas, solo un loco no sentiría nada al pasar su mano por tremendos muslos.
—Eres un cerdo…
Se quedaron en silencio unos minutos y continuó:
—Mi mamá no me deja tomar, si me viera en este estado jamás me dejaría salir de nuevo. Recurrí a ti porque…
—Porque no confías en nadie más en este mundo que en el novio de tu mamá al cual odias.
—No te odio, pero es verdad —dijo con tristeza—, cada hombre que se me cruza solo busca algo de mí, cualquier otro pararía el carro en un callejón y se aprovecharía de mí… tú solo eres un cerdo que se muere por mis piernas.
Ambos se rieron.
—¿Cómo estas tan segura que no me aprovecharía de ti?
—Eres muy cariñoso con mi mamá, tienes buena relación con Sof y no pareces ser un degenerado…
—¿Y esa vez que me viste con tu mamá?
—Oh, es verdad… —guardó unos segundos de silencio—, en realidad, aunque me dé pena admitirlo, me excitó mucho. Mi mamá tiene un cuerpo hermoso y tú… también. Verlos así me hizo desear tener un novio que me hiciera lo mismo.
—¿Aun crees que tengo un hermoso cuerpo?
—Ya subiste un par de kilitos, pero menudo culazo que te cargas.
Nos reímos al unísono. Ander sintió que de pronto eran buenos amigos, estiró la mano y la puso en su pierna.
—Si no quieres que te descubran lo mejor es que paremos en un hotel y di que te quedaste en casa de una amiga.
—Eso es justo lo que sugeriría un depredador sexual.
—No te emociones, te dejo acostada y me largo.
Natalia asintió y cerró los ojos. Se despertó cuando Ander la cargó en sus brazos y la llevó hasta la cama
—Si quieres quédate conmigo y mañana me das un aventón a mi casa —dijo Natalia desnudándose en plena oscuridad.
Ander se acostó en la alfombra del suelo para dormir.
—Conmigo, acuéstate conmigo, imbécil.
Esbozó una sonrisa porque era exactamente lo que quería escuchar. Se acomodaron, notó que ella no tenía nada de ropa. Le pegó el culo y sintió su verga dura.
—La tienes durísima.
—Es lo más cerca que estarás, no te emociones, ahora duérmete —respondió Ander.
—Al menos quítate todo para estar iguales.
—Estas jugando con fuego —respondió y procedió a desnudarse debajo de las sábanas.
Metió su mano por debajo de su brazo y acomodó su palma en sus tetitas, pudo sentir sus pezones duros y escuchó a Natalia agitarse levemente. El calor de ambos elevó la temperatura de las sábanas. Ander pasó su mano por sus piernas y pasó sus dedos por su entrepierna. Sintió abrir sus piernas otorgando el paso a su chocho y estaba ligeramente mojado. La verga de Ander estaba tan parada que se fue abriendo paso en las nalgas de Natalia. Mientras devoraba a besos su nuca escuchó que empezó a roncar. Se quedó quieto unos segundos y comprobó que estaba noqueada. Se paró de golpe, liberando el calor de las sábanas, prendió una luz y la vio desnuda, tirada en la cama como un ángel recién creado. Miró su reloj y cayó en cuenta que tenía al menos cuatro horas para hacer lo que quisiese.
Se acercó a su carita y le abrió los párpados, comprobó que no había forma de despertarla. Eso lo puso al cien. Primero la acomodó bocarriba, vio su perfecta anatomía de pies a cabeza, todo lo fue registrando, tomando fotografías y video, para poder inmortalizar ese evento. Se sacó la polla y la metió suavemente en su boca, empezó un mete y saca, mientras veía su carita dormida. Su excitación escaló tan rápido que al poco tiempo ya estaba a punto de venirse. Agarró su cara y aumentó la fuerza del vaivén, finalmente se vino, el primer disparo lo dejó en el fondo de su garganta, luego la sacó para descargar el resto de su corrida en toda la carita de Natalia, le llenó los ojos, su nariz, los chorros llegaban hasta su frente y caían por su cabello. Admiró su obra de arte y tomó fotos. Se recostó y vio la televisión para recuperarse. Luego la puso bocabajo, se colocó encima de ella, embadurnó su polla de lubricante y se la metió. Se sintió en el cielo y al poco rato la estaba taladrando con fuerza. Su cuerpo seguía sin responder. Sin titubear la lleno todita de leche, procuró que llegara hasta el fondo mientras fantaseaba con embarazarla. Al salirse vio el rio de semen desbordándose de su vulva. Ander estaba cansado y moría de sueño, pero estaba dispuesto a disfrutar cada segundo. No obstante, tuvo que pedir una pastilla azul porque intentaría algo nuevo y necesitaba toda la dureza posible. Aprovechó y pidió un par de cervezas y un kit de bondage.
La amarró en la posición de perrito de tal forma que su culo quedara al aire. Le arremetió unas fuertes nalgadas hasta ponerlas rojas. Llenó de lubricante su ano y su polla. Llevó su cabeza hasta su cueva y se introdujo con cuidado. Disfrutó cada centímetro, veía cómo sus músculos se iban relajando a medida que su enorme polla se abría paso. Lo sacó y vio su ano completamente abierto, puso más lubricante y se la metió con fuerza. Escuchó a Natalia quejarse, pero siguió penetrándola con desdén. Grabó unos segundos el sexo anal y después de un exhaustivo vaivén, le llenó todo el culo de leche. Se acostó rendido y dejó a Natalia amarrada, mientras tomó su tercer descanso. A punto de amanecer, se puso de pie de nuevo. Vio las piernas y los brazos de Natalia apretados por las cuerdas, le pegó más nalgadas y se la metió en el chocho de nuevo. Estuvo casi una hora metiéndosela a ritmo variado y finalmente pudo corrérsele adentro. En esa posición todo su semen no se podía salir, así que de nuevo se la imaginó embarazada de él. Le quitó las ataduras y la cargó hasta el jacuzzi. Enjabonó cada parte de su cuerpo y la secó. Finalmente se echó a dormir.
Al despertar Natalia no recordaba cómo llegaron, pero sí que le había llamado a Ander para que la fuera a recoger.
—Siento que me explota la cabeza.
—Te pegaste una buena borrachera.
—¿Qué hiciste mientras dormía?
—Dormí.
—¿Seguro?
—¿Hubieras preferido que me cobrara la deuda?
—No, sonará raro, pero me sorprende, estoy seguro de que cualquier otro se hubiera aprovechado de todas las formas posibles.
—Me debes una.
—Un hombre bueno no necesita recompensa por no abusar de alguien.
—Eso sí.
—Así que esto solo es porque se me antojó.
Metió la mano en el bóxer de Ander, le sacó la verga y se la chupó con decisión. Ander estaba seco, pero la pastilla aun hacia efecto porque se le puso dura al instante. Sabía que Natalia lo deseaba, aunque aún se sentía culpable por aprovecharse de ella. A los pocos minutos la levantó y la puso sobre él, se la metió sin que ella pusiera resistencia y ella comenzó a moverse buscando su orgasmo.
—No sabes cuánto te desee adentro de mí.
—Pensé que me odiabas.
Sus caderas tomaron un ritmo sublime que la llevó al orgasmo al poco rato.
—Ahhhhh, Ander, sí, me encanta tu polla… Ander, mi amor. Vas a hacer que te moje toda la polla.
—Vente, mamita, no pares que te voy a llenar.
—Ay, sí, lléname como siempre llenas a mi mamá. Lléname y préñame.
Eso último los elevó a ambos al límite y se corrieron al mismo tiempo; Natalia chorreando de jugos hasta crear un charco y Ander llenándola con una leche transparente e insípida. Se quedaron pegados unos minutos mientras se besaban.
Al salir del hotel, la llevó a su casa. Ander regresó poco después por Teresa. Ella lo notó distante y es que la piel cuarentona de Teresa, fue eclipsada por el cuerpo de su hija. La recordaba saltando sobre su falo petrificado, con sus tetitas revoloteando de aquí allá, lanzando los gemidos más ruidosos y moviendo sus caderas en círculos eternos que la llevaron a un orgasmo sublime. Ni siquiera Sofía le pudo sacar del hechizo de las piernas de Natalia, ella era su todo ahora. Ander pensó seriamente dejar a sus dos novias por Natalia, era su musa y ahora que por fin la tuvo en sus manos, no la dejaría ir.
—Ander ¿Ya tienes a otra verdad? —cuestionó Teresa.
—No, ¿de dónde sacas eso?
—Antes aprovechabas toda oportunidad para arrancarme la ropa y hacerme el amor. Ahora actúas sin deseo, como… como si te estuvieran deslechando.
Teresa se acercó a Ander, se puso de rodillas y le sacó los pantalones. Su falo se puso erecto al instante y ella se lo metió en la boca, le pegó un oral divino, se sacó las tetas y Ander hizo lo propio jugueteando con ellas. Cuando se empezó a correr vio que era poca leche.
—Lo sabía —se levantó indignada.
—Me la casqué hace rato, eso es todo.
—Si sabías que vendrías a verme, que estaríamos solos ¿por qué la urgencia de cascártela?
Lo cierto es que Ander había deslechado más veces que en toda su vida, sus reservas de estaban en recuperación aún. Guardó silenció mientras se levantaba el pantalón.
—No esperaba un drama por esto, desperté caliente y me la casqué, demándame.
—¿Me juras que no te ves con alguien más?
—Lo juro, amor —pasaron recuerdos de Natalia dormida y desnuda en el hotel.
—¿Quieres estar conmigo?
—Para siempre —era la primera vez que Ander decía algo así. Teresa se sonrojó y sintió satisfacción ya que ella ya lo había dicho un par de veces sin ser correspondida por él
—¿En serio?
—Sí… —Ander sintió un ímpetu inusitado—, de hecho, quería hablarte de algo…
—Dime, amor.
—Quiero que tengamos una familia juntos.
Teresa se lanzó sobre Ander y lo besó con pasión. El problema era que Teresa nunca se protegía y en todo ese tiempo nunca quedó embarazada, eso daba indicio a que sería complicado buscar un embarazo. Pasaron los meses y ese día no llegaba, puras pruebas en negativo los dejaron desanimados. Se hizo exámenes y resulta que Teresa prácticamente ya no tenía óvulos viables, por lo que era casi imposible que se preñara. Teresa se deprimió y por unos días se sumergió en la bebida. Ander estaba en el mejor punto de su relación con Sofía, lo hacían a escondidas cada vez que veían oportunidad y le prometía que pronto dejaría a su mamá para poder escaparse juntos. En esa época también frecuentaba mucho a Natalia, la iba a recoger después de sus fiestas y pasaban la noche en el hotel.
Una noche Teresa tocó el tema del bebé.
—Sé que te sientes frustrado. Yo me siento fatal. No poderle dar un hijo al amor de mi vida es un pesar que me llevaré a la tumba…—dijo Teresa desesperanzada.
—Yo quería tu sangre con la mía. Un bebé con nuestros genes y eso es imposible … Necesito tiempo para pensar las cosas, ver qué necesito como persona …
—No por favor, no quiero que termine así —se puso a llorar—, no puedo creer que por no tener hijos quieras alejarte de mí. ¿No me amabas a mí sobre todas las cosas?
—Sí, te amo, sobre todo, pero debo …
—Entonces no te alejes de mí, no me hagas esto —se puso de rodillas y lo tomó del brazo—. Si quieres que sea tu esclava sexual las veinticuatro horas lo haré, cualquier humillación, cualquier condición, pero no termines esto.
—No lo hagas más difícil, Teresa, de verdad necesito un tiempo a solas.
—¿Para que te vayas a coger a todas las zorras del pueblo?
—No digas eso.
—Me contaron que coqueteas con chicas cuando sales a beber.
—Pues lo disfruto, tal vez necesito más de eso, la verdad.
—Me rehúso, no puedo soportar la idea de que estés con otras chicas, me comería por dentro… preferiría morir —se dejó caer y se echó a llorar.
Ander nunca sintió tanta lástima por otro ser humano en su vida. Se quedó mudo porque era evidente que Teresa tenía un grave problema de dependencia emocional.
—No es tu culpa, yo estaba dispuesto a estar por ti y para ti por siempre, pero la vida nos está diciendo que no podemos tener una familia. Dame oportunidad de seguir persiguiendo ese sueño… aunque no sea contigo.
—Toma a mis hijas
Un silencio absoluto reinó por toda la casa y continuó:
—Vente a vivir con nosotras, elige a una, cásate y ten los hijos que quieras, pero quédate conmigo. Prefiero mil veces que todo se quede en familia a que andes rondando por ahí conociendo chicas.
En un segundo Ander recordó esa mítica escena cuando lo vieron reventando a su mamá. Ahora estaba en bandeja de plata la posibilidad de embarazar a la que quisiera.
—¿Estas de broma?
—Es real. He visto cómo ves a Naty, es una joven muy atractiva, te puedo ayudar a enamorarla y que entienda que ya no estaremos juntos, aunque si prefieres a Sofía… es pequeña, pero ella te adora, no será difícil que se enamore de ti.
Ander se quedó atónito ante tal situación. No daba crédito a lo que decía.
—Teresa… no entiendo cómo me propones esto después de decirme que te morirías si estuviera con otras mujeres.
—Pero ellas son mis mujeres, mi sangre, mis niñas. Si este cuerpo desecho no basta para que te quedes toda una vida, lo más que puedo hacer es resignarme y hacer que te cases con una de ellas… la condición es que solo estés para ella, que le seas fiel y siempre la respetes.
—¿Y fingir que lo nuestro nunca pasó? —miró al techo mientras buscaba ocultar su calentura.
—A ellas les diremos que acabó en buenos términos, pero nunca dejaré de ser tuya, me podrás tomar siempre que quieras y usarme a tu antojo, seré tu único escape.
—Acepto.
—Entonces ¿Cuál te gusta?
—Las dos, quiero una familia con cada una.
—Estás loco.
—Quiero a ambas y tú me vas a ayudar.
Teresa se sorprendió por lo fácil que fue convencerlo.
—¿Ya habías pensado en todo esto? —cuestionó Teresa.
—Desde hace tiempo… debes saber algo.
—Dime —su voz era temblorosa.
—Ya las he hecho mías, actualmente tengo un noviazgo con Sofi, llevamos varios meses juntos y la tengo loca, siempre que tenemos oportunidad lo hacemos, la he puesto en más posiciones que a ti, incluso logré que aprendiera a hacerme unas rusas con esas tetas que se carga, eso sí, cuido de no embarazarla, por lo que no me le corro dentro. Natalia, aunque tomó tiempo, siempre me busca, sobre todo cuando se emborracha, me lo hace tan duro y tan rico que no puedo evitar llenarla, de hecho, pasa tan seguido que es probable que ya esté preñada. Ha habido días donde se la he metido a las tres, incluso, cuando me tocó desvirgar a Sofi, lo primero que hice después fue metértela hasta venirme. A veces me he imaginado dejar todo y empezar de cero con Natalia o Sofía, pero las necesito a las tres, las tres son las mujeres que amo y quiero como esposas.
Teresa estaba absorta tratando de procesar la confesión de Ander. Unió los puntos y todo tenía sentido. Las amantes que tanto imaginaba eran nada más y nada menos que sus hijas.
—Eres un cabrón hijo de puta… mis hijas… ellas son unas p…
—Aunque —interrumpió—, yo siempre dejé en claro que tú eres mi reina, mi mujer, la primera en todo. Ellas te aman y quieren ser como tú.
Se puso de pie indignada, pero sus rodillas le temblaban mucho.
—Tú misma dijiste que preferías que fuera con tus hijas y no con otras mujeres. Me adelanté un poco, perdón por eso.
—Nunca pensé que ellas fueran así. Siento que me apuñalaron por la espalda. Mis niñas... son unas traidoras.
—No digas eso, yo sé que actuamos a tus espaldas, pero al final está ocurriendo lo que tú misma sugeriste.
—Sí, ya sé, cállate ya.
Ander le dio un beso en la frente y se paró en la puerta.
—Elijo a Sofía como mi esposa, pero el primer hijo se lo haré a Natalia. Que descanses.
Teresa lloró toda la noche y pensó muchas veces en dar marcha atrás, recordaba lo plena y feliz que era antes de conocer a Ander. A las cuatro de la mañana pensó métodos para eliminarlo, pero su amor por él, aunque torcido, era grande como un coliseo. A los pocos días, Ander empezó a mudarse y pasaba casi todo el día en casa adecuando el cuarto de huéspedes. Ahí dormiría con Sofía. Cuando pudo le contó todo a su novia.
—Por fin pasará, amor —dijo Ander.
—¿De qué hablas? —respondió Sofía mientras miraba el techo de su cuarto, ambos estaban desnudos en su cama.
—Estaremos juntos y nadie, ni tú mamá lo impedirá.
Lo miró incrédula.
—¿Qué hiciste?
—Todo salió mejor de lo que esperaba. Estaba dispuesto a terminarla, pero ella me suplicó que no, al final me dijo que me casara contigo o con Natalia, que fingiría que no pasó nada entre nosotros y que no se interpondrá.
Sofía abrió los ojos en señal de sorpresa.
—¿Cómo puede ser que eso prefiera mi madre?
—Dijo que prefería que todo se quedara en familia antes de que me fuera con otra.
—¿Le contaste lo nuestro?
—No —mentí —, le dije que era buena idea, pero fingí no estar convencido.
—¿Qué le respondiste?
—Claro que contigo, me casaré contigo, amor.
Se subió sobre Ander y lo devoró a besos. Cuando su verga despertó ella se la metió y lo cabalgó. Justo antes de correrse, Ander, la hizo a un lado y le embadurnó las piernas.
—Ya me está aburriendo que me batas con tu semen —le echó una mirada juguetona —, ya quiero que los dejes adentro, ya no hay problema si me embarazas.
—Aun eres muy joven, pasará, pero ten paciencia.
Sofía le hizo mala cara y se limpió con un paño.
Al día siguiente se metió al cuarto de Natalia:
—Oye, toca la puerta, degenerado.
—Tranqui, vengo a hablar.
—Si alguien te vio entrar te entierro en vida.
—Tu mamá se está duchando y Sofi está en su cuarto.
—Bueno, ¿qué quieres, un rapidín? —se empezó a desabrochar el pantalón.
—Terminé con tu mamá.
Ander le contó a detalle y Natalia pareció entenderlo.
—¿Entonces te casarás con mi hermanita y lo nuestro termina?
—No, quiero seguir teniéndote hasta el fin de mi vida, eres todo lo que necesito y la persona que quiero a mi lado por siempre. Siempre has sido tú, nadie más ha habitado mi mente, nadie me ha hecho sentir como tú lo haces.
—Entonces por qué carajos la elegiste a ella.
—Tú y yo sabemos que no estás enamorada de mí, solo te gusta el sexo conmigo, los orgasmos que te provocó y lo puta que te hago sentir.
—En una de esas y hubiéramos podido intentarlo.
—Por eso quiero que te quedes conmigo, acompáñame siendo mi cuñada, en el fondo nos seguiremos jurando lealtad, seremos cómplices por siempre.
—Tienes suerte que mi moral sea tan dudosa y yo tan caliente.
—Ahora sí el rapidín.
Natalia se quitó el pantalón y se inclinó sobre el escritorio. Ander acarició sus nalgas y las separó con sus manos, se la metió y se lo hizo duro, por el movimiento el mueble comenzó a golpetear la pared. Teresa, saliendo de su ducha, pudo escuchar el ritmo, se acercó a la puerta y escuchó lo gemidos de su hija, sintió un hueco en el pecho y se vistió. Ander le llenó las entrañas.
—Ya no me termines dentro, a tu prometida no le va a gustar que su hermana salga embarazada de ti.
—O del ex de tu mamá —respondió sin dejar de mirarle el chocho escurriendo de semen.
—Maldito.
—Estaba pensando en tenerlo en caso de que suceda.
—Estás enfermo.
La besó un rato más y salió.
A los pocos días Ander se mudó oficialmente. Le dio el anillo de compromiso a Sofía en un momento muy romántico. Tanto Teresa como Natalia estuvieron presentes y se mostraron emocionadas. Esa misma noche durante la cena, Natalia le tocó la mano a Ander y lo miró con secretismo, cuando Sofía se distrajo se metió al cuarto con Natalia.
—Se te cumplió —le dijo Natalia aventándole una prueba de embarazo—, preñaste a tu cuñada, ¿ahora qué hacemos?
La noche que se conocieron llegaron a casa de Teresa, ella lo invitó a entrar para pasar la noche en su habitación. Caminaron a hurtadillas en la oscuridad para no despertar a las chicas. Una vez en su habitación, con el peso del silencio asfixiando sus cuerpos, se dejaron llevar. Se desvistieron con furia y se confiaron tanto que no cerraron la puerta. Ander la penetró en varias poses. Cuando la puso en cuatro sobre la cama, Teresa le pidió que se la metiera duro. Se la metió y ella soltó gemidos ahogados. De pronto, Ander alcanzó a ver una sombra fuera de la habitación, al enfocar, pudo ver a una de sus hijas mirando. Ander estuvo a punto de detenerse, pero no lo hizo, en su lugar, miró fijamente a la chica mientras seguía penetrando a su mamá. Eso aumentó su placer tremendamente, aumentó el ritmo y comenzó a resonar el golpe de sus testículos contra el culo de Teresa. Esta le alcanzó a susurrar:
—Shhhhh, se van a despertar mis niñas, aahh ahhh
—Espera, ya casi me corro —dijo en un tono justo para ser escuchado por la hija.
—Cállate, se van a despertar —respondió entre gemidos entrecortados.
—Te voy a llenar —Ander aceleró el vaivén aumentando el sonido del golpeteo—, te voy a dejar escurriendo como la putita que eres.
Ander no paraba de mirar a la chica mientras ella solo observaba en la penumbra. Iba de camisón corto, le llegaba hasta los muslos dejando ver unas tremendas piernas. Se imaginó que entraba y se desnudaba frente a él. Ander no pudo más y terminó adentro de Teresa.
—Nooooooo —suplicó Teresa mientras sentía el palpitar de la verga de Ander—, eres un cabrón.
—Lo siento, mañana te compro la pastilla.
—Aun así, te dije que no. Cierra la maldita puerta.
Se levantó y volvió a clavar la mirada en la chica. Su sorpresa fue que ahora le observaban dos tiernos e inocentes pares de ojos. Con la verga parada caminó hasta alcanzar el picaporte. Se paró un par de segundos paseando la mirada por los cuerpos en pijama de Natalia y Sofía, dejó que le vieran bien y cerró.
Pasaron unos meses y se hicieron novios. Eran como conejos, cuando se veían tenían relaciones dos o tres veces al día. Ander le pedía venirse adentro casi todas las veces, le excitaba demasiado llenarla de su semen, sentir que Teresa era suya y de nadie más, era su forma animal de marcar territorio. Ella no usaba métodos para protegerse, pero aun así aceptaba, le gustaba sentirse llena de él, llevar el chocho escurriendo de lefa por toda la casa o en el trabajo. Se sentía como una zorra cuando un par de horas después sentía la leche salirse mojando sus bragas, pronto se volvió también su forma favorita de terminar el sexo con Ander.
Cuando Teresa vio pertinente, le presentó formalmente a sus hijas. Ander finalmente las conoció y quedó hipnotizado con las dos chicas, nunca en su vida había visto a unas hermanas tan hermosas y sensuales. Cuando estrechó la mano de Natalia, quedó enamorado completamente, su pecho retumbó ante su mirada y la suavidad de su mano. Se sintió satisfecho por conocer a la mujer de hermosas piernas de aquella noche. Cuando saludó a Sofía no pudo evitar ver su escote, se cargaba unas tremendas tetas y una mirada angelical. Se puso tenso pensando que ellas podrían contarle a su madre lo de aquella noche. Logró tranquilizarse después de unos minutos cuando dio por sentado que ninguna le había mencionado a su mamá el incidente. Natalia desde el inicio se mostró fría y distante, no le daba importancia cuando su mamá aparecía con novio nuevo, además salía casi diario con amigos y uno que otro noviete, por lo que no hablaban muy seguido. Sofía, por otro lado, quedó impresionada por la forma de ser de Ander que siempre hablaba con elocuencia, pero reservado, como si supiera exactamente cuándo hablar y cuando escuchar. Por lo que ella desde el inicio fue muy atenta y cortés con él. A medida que Ander iba más seguido a la casa, pudo conocer más a Sofía, charlaban de memes o de videojuegos. Ella casi no salía porque prefería jugar en la PC, leer o ver series, pero cuando Ander andaba en la casa siempre se daba tiempo para saludarlo y charlar con él.
Ander notó que Sofía se ponía nerviosa frente a él, sobre todo cuando Teresa no estaba a la vista. Le excitaba la situación, siempre aprovechaba para decirle un cumplido, adularla, escucharla y hacerla reír con tal de seducirla. Sofía era consciente que se estaba enamorando del novio de su madre, pero ninguna parte de su cuerpo se resistía a Ander. Era mayor que cualquiera de sus amigos y eso provocó que encontrara en él algo que no tenía en ningún lugar. Le escribía cartas que nunca entregaba, cuando escuchaba canciones de amor pensaba en él y cuando en la escuela sus amigos le preguntaban quién le gustaba, pensaba en Ander justo antes de inventar una respuesta. Incluso en Sims se creó un personaje que tenía una familia con uno llamado Ander. Cuando lo veía con su mamá se moría de celos, deseaba ser ella, recibir sus besos y su atención, ser su princesa. Toda esa revoltura emocional se la llevaba a la cama todos los días. Aunque sufría un poco, podía vivir con ese amor platónico sin involucrarse con él. Ander solo la deseaba, quería tener su cuerpo a como diera lugar, a diferencia de ella, él no podía quedarse con los brazos cruzados, necesitaba accionar. Casi diario se pajeaba pensando en Sofía, en sus enormes pechos, imaginaba sus pezones y la forma de sus aureolas. Se convirtió en su único interés y, dejando de lado su súbito amor por Natalia, decidió forzar las cosas. Ander, utilizando el dato que Sofía no tenía buenas calificaciones en el colegio, logró volverse su tutor a espaldas de Teresa. Esto porque Sofía no le quería decir a su mamá que estaba a punto de reprobar materias. Se verían en su casa justo después de la escuela y se iría antes de que llegara Teresa.
La primera vez Ander llegó anticipadamente y vio cuando Sofía llegaba a casa, la miró en su uniforme; falda de cuadros con una blusa blanca ajustada que no disimulaba nada sus tetas. Se acercó y Sofía le saludó alegre agitando la mano. Ander entró y se sentó en la sala. Ella le platicó unos chismes de su escuela y él le contó sobre cómo iba su creciente negocio de importación.
—Bien, es hora de empezar —dijo Ander—, si nos sobra tiempo podemos seguir platicando.
—Vale, Ander —respondió obedientemente.
Se apresuró a resolverle unas dudas de álgebra y luego de biología, el tema era sobre células germinales, espermas y óvulos.
—Oye, tengo una duda —dijo Sofía muy nerviosa en lo que se ponía roja—. Es algo que me pasó hace tiempo y no sé a quién recurrir.
—Claro, cuéntame.
—Esto es difícil, pero ahí va. Anduve con Gibran unas semanas.
—¿El que acosa a Samanta? —respondió referenciando uno de los chismes que le contaba—. ¡Auch!
—Ya sé, no sé en qué estaba pensando. Resulta que fui a su casa y nos besamos por horas, literal ya tenía hinchados los labios… de pronto me pone la mano en su cosa esa.
—Pene
—Sí… al inicio le seguí, pero después lo sacó de su pantalón y estaba todo lleno de un cebo blancuzco. Lo toqué y se me quedó pegado al dedo como una baba asquerosa… No supe qué hacer y me paré, como pude recogí mis cosas y salí de allí. Me terminó a los pocos días porque ya no quise regresar a su casa… ¿Eso era normal?
Ander le sonrió
—Eso que viste es el liquido pre seminal, es completamente normal, sobretodo después de una sesión larga de besos.
—Oh… con razón se ofendió tanto. Quería que le sacara todo— se rio.
—Él debía comprender que no te sentías lista.
—Es que sí me siento lista… pero no con él…
—Es cierto, es un cerdo, me sorprendería que estuvieras enamorada de él.
—¿Te decepcionaría? —dijo con ternura
—Algo así, todavía si fuera Mario lo entendería, es todo un líder.
—Es guapo, pero tampoco me enamoraría.
—¿De quién sí? —Ander poco a poco la llevaba a su terreno.
Sofía se quedó callada.
—De alguien que no me de asco su líquido pre seminal, por ejemplo —se rio nerviosa—, debe reunir varios requisitos y al día de hoy nadie los ha reunido.
—¿Quién ha estado más cerca? —aventuró.
—Ay, ya… me pones nerviosa con tantas preguntas. Solo quería saber si era normal esa baba en el pene de los hombres.
—¿Cuándo me viste aquella noche te dio asco verme?
El silencio inundó la estancia.
—No… al inicio me sacó de onda ver a Naty parada en la oscuridad, pero al ver lo que pasaba contigo y mi mamá me asusté. Como si estuviera viendo algo prohibido.
—¿Sentiste algo en tu entrepierna?
Sofía asintió.
—¿Sentiste mojadito?
Asintió de nuevo.
—Algo sí nos pasa a los hombres cuando nos excita algo. De hecho llevo excitado desde hace rato.
—A ver.
Ander se bajó el cierre y sacó su verga llena de pre seminal.
—Mira cómo me la pones.
Sofía se quedó muda al ver su imponente titán.
—Eres el novio de mi mamá, no podemos.
Ella estaba viviendo un duelo interior mientras sentía sus bragas mojarse. No quería fallarle a su madre, pero todo su cuerpo pedía acercarse a Ander.
—No tengas miedo, puedes aprender todo lo que necesites para que estés lista cuando llegue el indicado. Ahora, tómalo con tu mano suavemente y muévelo de arriba abajo.
Sofía con desconfianza acercó su mano, al comenzar a masturbarlo sintió electricidad correr por su cuerpo. Ander comenzó a gemir y se recostó en el respaldo del sillón. Sofía vio que en su mano tenía todo el poder para complacerlo y eso la excitó de sobre manera. Era su primera paja y estaba dispuesta a darle todo el placer que su mano inexperta podía dar.
—Sigue así, hermosa.
—¿Lo hago bien?
—Es perfecto, tu manita me está llevando al cielo.
Sofía sonrió y aumentó el ritmo. Ander miró sus tetas rebotando, aprisionadas debajo de su sostén y su blusa, no pudo más y la besó con pasión. Tomó su carita y acarició sus mejillas, luego su cuello y bajó hasta su cintura. Tomó sus tetas. Sofía se detuvo por un segundo, pero continuó.
—No estoy segura, Ander.
—¿No te gusta que te agarre las tetas?
—Nunca me las han tocado… se siente bien.
—Déjame verlas, chiquita.
Sofía se detuvo y con lentitud se quitó la blusa. Su sostén no era nada especial, pero por primera vez pudo verlas más a detalle.
—Todo —Ander se inclinó y de un movimiento soltó el broche del sostén.
—Ay, qué pena —dijo llevando sus manos a sus pechos para que no se le cayera el sostén.
Ander siguió besándola y Sofía cerró los ojos perdida en sus labios. Con las manos masajeó sus tetas y poco a poco fue moviendo el sostén hasta que finalmente pudo desnudar sus pechos. Estaban calientes, sus pezones estaban duros y Ander le llevó la mano a su verga para que continuara con la paja. Dejó de besarla y apreció el paisaje de ver la preciosa carita de Sofía, con las tetas de fuera moviéndose al ritmo del vaivén de su mano.
—Eres divina —dijo.
Con su mano izquierda siguió tocando las tetas de Sofía, con la derecha se aventuró a acariciar sus piernas y se fue deslizando a su vagina
—Ahora quiero sentir si ya estás mojadita.
—Lo estoy, siento que ya mojé todas mis bragas.
Ander sonrió al comprobar que estaba su vulva inundada. Con la yema de sus dedos se paseó por sus labios mojados y usó sus jugos para estimular su clítoris. Se acercó y continuó con los besos. Deseaba con todas sus fuerzas que Sofía tuviera su primer orgasmo con él. Quería ser su primera vez en todo.
—Siento que algo viene, para, siento que me haré del baño.
—Confía en mí, déjate llevar.
—Ahhh, Ander, siento muy rico… Ahhh, siento que mojaré todo.
—También siento delicioso, vas a hacer que me corra… corrámonos juntos, amor.
Sofía comenzó a agitarse tanto que dejó de pajearlo y a los pocos segundos su rostro se iluminó del placer más puro que había sentido.
—Aaahhhhh Aaaaaaaaaaahhhhhhhh.
Su cuerpo se contorsionó con violencia y sus piernas temblaron sin control soltando jugos por todos lados. Ander se paró para ver todo lo que había hecho. En la parte del sillón donde estaba Sofía estaba tan mojado que se veía una mancha oscura. Ella estaba rendida semidesnuda recuperando la respiración. Ander vio la hora y al percatarse que Teresa llegaría en cualquier momento, tomó su pene con una mano y con la otra agarró la cara de Sofía. Sin decirle nada se la metió completa por la boca. Sofía se sobresaltó, pero Ander la sujetó con fuerza. Comenzó a arremeterla poseído por sus instintos más bajos. Verla sometida lo llevo aun nivel de excitación imparable.
—Ahg, ahg, ahg, ahg —las arcadas de Sofía eran la sinfonía más hermosa—, ahg, me, ahg, due, agh, le.
Ander pensó seriamente en voltearla y penetrarla sin más. Pero ya no había tiempo.
—Ahhhh —gimió Ander—. No aguanto más ahhhh.
Su cara comenzó a enrojecérsele cuando la metió hasta el fondo de su garganta e inundo la boca de Sofía con toda su carga de semen sin dejar que respirara. Su pene bombeaba leche al por mayor y no paraba. Las arcadas de Sofía eran más fuertes, cerró los ojos con fuerza y le comenzaron a salir lagrimas. Cuando terminó de correrse la soltó y Sofía se dejó caer a un lado tosiendo y tratando de respirar. Ander solo miró su letargo. Su carita roja y semen brotando de su boca. Se sintió mal, pero le seguía excitando verla en ese estado. Cuando Sofía recuperó el aliento lo miró con los ojos llorosos.
—¿Así es como te gusta tratarme?
—Sí
Ella se paró, se dirigió al baño y se escuchó la regadera. Ander se metió a su cuarto y buscó su cajón de ropa interior. Tomó la que más le gustó y la usó para limpiarse la verga que aun seguía llena de semen y saliva de Sofía. La dejó sobre su cama y salió. Pasó al cuarto de Natalia, robó la braga que más le gustó y se fue a casa. Horas después recibió un mensaje de Sofía. Era una foto temporal donde se veía que se había puesto las bragas que le dejó en la cama con un mensaje que decía “Estas serán mis favoritas ahora”.
Ander pasó el resto de la tarde pensando en Sofía. Al caer la noche, consumido por la culpa, fue a casa de Teresa con un ramo enorme de rosas. Ella salió emocionada a recibir la sorpresa y al verle se le abalanzó a besos. Pidieron de cenar y por primera vez, desde que se conocieron, Sofía no salió de su cuarto a saludarlo. Teresa estaba tan coqueta que después de la cena y una botella de vino, se lo agarró a besos en el sillón y lo manoseó por todos lados. Cuando escucharon que Natalia estaba llegando se fueron al cuarto de Teresa. Se desnudó y se lanzó sobre Ander, lo cabalgó rebotando su culo en su pelvis. El vaivén resonaba con la humedad de los jugos de Teresa. Ander la tomó de la cintura y la puso boca arriba, la penetró hasta el fondo mientras la ahorcaba con sus manos. Teresa ahogaba sus gemidos, deslizó sus dedos y empezó a estimular su clítoris. La penetración tomó más ritmo y Teresa se vino como una loca. Se quedaron viendo películas hasta tarde. Ander esperó a que Teresa comenzara a quedarse dormida para salir a explorar la casa. Salió en bóxer a la sala, las luces de los cuartos de las chicas seguían prendidos. Abrió la puerta de Sofía y entró.
—Hola, Sof.
—Hola —estaba en pijama con unos cascos de gatito jugando en la PC
—Te extrañé.
—Eres el novio de mi mamá, olvidemos lo que pasó hoy.
Ander se acercó y tomó su mano.
—Me peleé con tu mamá y por eso tuve que hacerle un detalle.
—No me expliques nada, las parejas hacen lo que deben de hacer —retiró su mano y siguió jugando.
Ander pasó sus dedos en el resorte del pijama de Sofía y lo bajó para comprobar si aún tenía las bragas de hace rato, pero llevaba otras.
—Fui una tonta, por un momento —suspiró—… olvídalo.
—Fue mi culpa, no debí empezar esto. Me fue imposible resistirme a ti, eres divina, una mirada tuya bastó para conquistarme —espetó Ander y Sofía puso pausa y se quedó mirando el teclado—: Estoy confundido, pero no podemos fallarle a tu mamá. Eso no significa que no tenga sentimientos hacia ti.
Le tomó la mano y cuando ella lo miró Ander se lanzó a besarla. Al inicio no le respondió, pero rápidamente sus labios comenzaron a danzar con los de él.
—No quiero dejar de tenerte —dijo Sofía—, aunque eso signifique sufrir en silencio.
Ander se puso de pie con Sofía y siguieron besándose. Repasó con las manos todo el cuerpo de Sofía, apretó su culo con fuerza y le bajó la pijama con todo y panty. Sintió sus nalgas desnudas, metió sus dedos entre sus glúteos y acarició su ano. Sofía soltaba gemidos sin dejar de besarlo. Subió sus manos rozando su cadera, pasó por su cintura y le quitó el camisón. Manoseó sus tetas con una mano y con otra siguió degustando su culo. Sofía tomó el mando y se puso de rodillas. De dos movimientos sacó la polla dura de Ander, lo miro a los ojos con la boca abierta y lentamente la rodeo con los labios. Sus manos comenzaron a masajear sus huevos. Se concentró en la cabeza, le pasó la lengua y el vaivén era discreto. De pronto se la metió completa, llegó a su garganta y soltó una arcada. Tomó las manos de Ander y las puso en su nuca. Ander no perdió el tiempo y empezó a penetrarla oralmente. Sofía acomodó sus manos en las nalgas de Ander y el resto de su cuerpo lo dejó a su merced. Estaba a punto de correrse de nuevo, pero Sofía se detuvo.
—No aguanto más, quiero que me lo hagas ahora mismo.
—¿Es tu primera?
Asintió con las mejillas sonrojadas y se acostó en la cama con las piernas abiertas.
—Tengo condones en el cajón —dijo ella—, nos regalaron una tira en la escuela.
—No necesitamos, no te preocupes, no me correré adentro.
—Aun así, es peligroso, ¿no?
—Respira, relájate y trata de disfrutar.
Ander solo había desvirgado un par de veces, pero estaba seguro de lo que hacía. Le metió la verga en la boca.
—Llénalo de baba.
La sacó escurriendo y acomodó la verga en los labios vaginales de Sofía. Sobó con su cabeza toda su vulva, subía al clítoris y regresaba a sus labios. Sofía se relajó de nuevo y empezó a soltar gemiditos. Cuando la sintió lista, perfiló su pito y empezó a entrar con cautela.
—Te dolerá un poco, pero no me detendré, así que aguanta.
Asintió con los ojos cerrados porque empezaba a sentir piquetes de dolor. Su vulva era pequeña, la verga parada de Ander se veía masiva, pero la lubricación era excelente. Su cabeza se abrió paso centímetro a centímetro. El placer obsceno de él era dolor para ella, pero no se detendría. Vio que escurría un poco de sangre y se detuvo para que sus paredes se adaptaran al tamaño de su polla.
—Arde mucho, ya no quiero.
—Ya es toda.
—¿En serio?
Ander metió la otra mitad y la penetró hasta el fondo. Sofía empezó a gritar de dolor y le tapó la boca. Ella se retorció y él se quedó adentro esperando a que pasara. Estaba tan caliente que si ella ponía mucha resistencia la penetraría hasta corrérsele adentro.
—Salte ya por favor.
—Pasará pronto.
Se quedaron pegados como perros y Ander empezó a moverse de a poco. La sacó y luego la volvió a meter. Nunca había visto tanta sangre en las desvirgadas que había hecho. Se preocupó haberla lastimado. «Estaba bien lubricado —pensó—, pero su vagina es muy pequeña». Pasaron los minutos y Ander inició un vaivén más fluido. Sofía seguía sin disfrutarlo, pero se dejó a placer de Ander, que lo notaba tremendamente excitado.
—No te contengas, Ander.
Sofía empezó a lubricar más y él aceleró el ritmo. Sentía cómo su vagina se expandía en cada metida y sacada. Era estrecha y eso elevó rápidamente a Ander.
—Me voy a venir.
Ella se quitó y se puso de rodillas, cerró los ojos y abrió la boquita. Tomó su pene y lo masturbó suavemente. Ander empezó a agitarse y empezó a disparar semen en toda la carita de Sofía.
Se puso el bóxer, se arregló el cabello, la besó y dijo:
—De regreso con tu madre. Besos, mi niña —abrió y salió de allí dejando a Sofía desnuda y cubierta de lefa
Su vagina aun palpitaba por el ardor y la excitación. Mientras se vestía pensó que el sexo estaba sobrevalorado, pero estaba dispuesta a dejarse hacer por Ander las veces que quisiera. Se sintió usada, pero lejos de molestarle, la excitaba. Había heredado de Teresa el sentir placer de ser humillada. Tomó su toalla y tomó una ducha por segunda vez en el día.
Al regresar con Teresa, esta se despertó.
—¿Apenas de regreso? Sentí que pasó mucho tiempo.
—Tardé un poco más, pero no fue tanto.
—Ven, házmelo rápido y durmamos
El pene de Ander seguía en recuperación, habían pasado escasos minutos de haber deslechado, pero su pene aún tenía rastros de los jugos y la sangre de Sofía y el morbo de metérsela así a la madre lo puso erecto rápidamente. Teresa le dio la espalda y se bajó la pijama dejando su culote al aire. Ander se puso atrás, se ayudó con la mano para apuntillar su erección y se la metió. Su chocho estaba un poco seco, le ardió un poco, pero se la metió hasta el fondo. Ander conectó inmediatamente su instinto primario y la empezó a martillar agresivamente. Se imaginó reventando a Natalia, su culo endemoniado, sus piernas brillantes y bronceadas. Recordó el sonido de los gemiditos de Sofía y a los pocos minutos pudo venirse adentro de Teresa. Ese orgasmo fue intenso, pero casi no salió leche. Afuera, Sofía estaba en toalla escuchando el leve rechinar de la cama y el bramido de Ander.
—Lléname, papi, soy tu puta —se escuchó tenue.
Sofía sintió un hueco en el estómago, cayó en cuenta de nuevo que amar a Ander significaría siempre ser su segunda opción, dio media vuelta y se fue a la cama.
La mañana era fresca y oscura cuando Ander salió de la casa. Se despidió de Teresa, ignorando que regresaría unas horas después para su encuentro diario con Sofía. Ander se fue a desayunar a un restaurante en el centro, pasó a su casa a ordenar unas cosas y regresó.
—Hoy no tengo tarea ni ganas de estudiar, Ander.
—¿Mal día? Si quieres lo dejamos para mañana.
Sofía pensó toda la mañana en rechazar el encuentro, pero en ese momento no pudo.
—Solo veamos una peli o algo... ¡Solo ver!
—Tranquila, pensé que ayer habíamos terminado bien.
—¿Qué hiciste cuando te fuiste de mi cuarto?
—Dormir.
—¿Nada más? ¿Eso es todo?
Ander sabía que sabía algo.
—Tu mamá me pidió que se lo hiciera para que pudiera dormir bien y eso hice.
Se quedaron en silencio.
—Tengo la estúpida idea que solo me desearás a mí. Que un día me dirás que solo quieres estar conmigo.
—Esa es mi intención —dijo Ander—, lo que tengo con tu mamá es pasajero. Algún día estaremos juntos y serás mi mujer.
—No soy imbécil, mi mamá nunca estaría tranquila, ella … te ama y te amará por mucho tiempo, no hay salida a este problema. En todo caso yo seré la putilla que se metió con el novio de su mamá.
—Yo también quedo mal.
—Tú cállate, eres un mierdas.
—¡No me hables así! —reclamó Ander.
—¿O qué? ¿Me vas a golpear?
—Jamás… pero te haré pagar de otra forma.
—Solo soy un objeto de placer para ti —se paró indignada, pero Ander la tomó del brazo de un zarpazo.
—Aun no te puedes ir.
—¡Suéltame, animal! ¡Gritaré para que vean el cerdo que eres!
Ander, inmerso en un cúmulo de inferioridad la jaló con fuerza y la puso en el sofá. Le tapó la boca y la comenzó a manosear. Forcejeando le pudo levantar la falda y le hizo a un lado bragas. Como pudo se sacó la verga y le empezó a meter la cabeza. Sofía se empezó a agitar y él logró penetrarla. Empezó a arremeterla con fuerza y lágrimas comenzaron a escurrir por sus mejillas. En ese instante se oyeron unas llaves y el pasador de la puerta. Ander la cargó y la llevó a su habitación. Le puso seguro y la aventó a su cama. La sometió poniéndola bocabajo y se la metió con enojo. Sofía agotó sus fuerzas y sentía una fuerza superior controlando su cuerpo.
—Te debería de llenar para que entiendas quién manda.
El vaivén era brutal cuando Teresa tocó a la puerta.
—Hija, ya llegué, en unos minutos te llamo para la comida.
—Sí, mamá… —respondió con cansancio.
Ander la seguía penetrando.
—¿Estás bien? —preguntó su mamá.
—Sí, es que estaba dormida.
Teresa se fue a la cocina y Ander siguió con lo suyo.
—Chúpamela y no pares hasta que bote toda la leche en tu boca.
Sofía se arrodilló y se la metió entera. Ander, que estaba en las últimas, dejó toda la leche brotar en su boca. Se quedaron acostados un rato.
—Eres un monstruo, solo me usas como un objeto sexual.
—Soy un monstruo, lo sé, pero es que haces que saqué mi lado más caliente, solo contigo me brota ese ardor de tomarte con fuerza.
—No te entiendo… por favor ya no lo hagas, te prometo que siempre me dejaré, pero no me vuelvas a tomar así cuando discutamos.
Teresa le llamó para comer y Ander le dijo que esperaría en su cuarto. Cuando regresó lo hicieron el resto de la tarde hasta la noche.
Una tarde, al terminar de resolver ejercicios de geometría analítica, Ander le dijo:
—Hay algo que llevo rato queriendo decirte —Buscó en la bolsa de su chaqueta y sacó un alhajero con un collar de plata y se puso de rodillas —. Quiero que seas mi novia, prometo darte todo mi amor, cuidarte, consentirte y besarte.
Sofía sintió una revoltura enorme de sentimientos contrariados, pero su emoción fue más.
—Acepto, Ander —lo besó—, quiero ser tuya y que seas mío —hizo una pausa—, pero promete no lastimar a mi mamá. Aprenderé a ser tu secreto y a no ponerme celosa.
Lo hicieron por tanto tiempo que llegó Teresa, de nuevo se quedó en la habitación escondido. Desde ahí, con la puerta abierta, se podía oír el asar de la carne, la licuadora, un programa de chismes en el fondo y Teresa riendo de vez en cuando. En cambio, ella no podía oír el vaivén entre la polla de Ander y la vagina empapada de su hija que ocurría a unos metros.
—Va a escuchar cómo me la metes, papi.
—Que nos escuche, me vale madre.
—Quiero que me hagas tuya todos los días.
Teresa escuchó ruidos raros.
—¡Sof! Mi vida, acompáñame a la tienda.
Sofía y Ander se sobresaltaron y se despegaron rápidamente.
—¡Voy, mami!
Sofía se acomodó la ropa, miró sonrojada a su nuevo novio y se besaron con ternura.
—Ander, aprovecha para salir de aquí.
Se cerró la puerta y Ander se quedó en silencio. Tenía la pija hinchada y los huevos llenísimos de leche. Cargaba con una calentura tremenda. En la pared vio un cuadro de Natalia donde se veía bellísima. Eso lo llevó a sacarse la verga y terminar en honor a ella; pensó en su cara, en sus tetas de limoncillo, en su culo de diosa, pero antes de descargar su mente divagó. Se metió a su habitación, buscó en su tocador y encontró una crema facial casi nueva. Continuó la paja y descargó una corrida tremenda sobre la crema. Lo revolvió todo con el dedo y la cerró. Ya sin calentura se sintió un completo enfermo. Con rapidez salió de la casa, dio vuelta a la cuadra y sin querer se topó a Natalia
—Hola, qué sorpresa —dijo Ander con alegría.
—Hola —respondió secamente—, ¿ibas a la casa?
—No exactamente, venía de paso.
—Ok, nos vemos —siguió su camino.
Ander se fue a casa, pero regresó más tarde porque Teresa lo invitó a cenar. Al llegar, saludó a Natalia. Ander notó que su rostro olía a la crema facial y eso le puso la polla al cien. Se imaginó todo su semen en su carita y que así sería hasta que se terminara el bote. «Degenerado y poco convencional —pensó—, no cabe duda que soy un depredador sin autocontrol y que esa familia convivía con su peor maldición».
Se sentaron en sus lugares y empezaron a cenar. Esa ocasión Natalia fue más amigable con Ander, platicaron por primera vez sobre un tema en común y se reía con sus chistes. «Mi corrida en toda su carita le provocó una súbita atracción hacia mí —pensó». Horas más tarde, cerca de las tres de la mañana, ese enunciado cobró más sentido cuando recibió la llamada de un teléfono desconocido.
—¿Sí?
—¿Ander? —dijo una voz femenina.
—¿Quién habla?
—Natalia… odio molestar a las personas, pero debo molestarte —dijo en un tono de voz cansado con una dicción atropellada.
—¡Natalia! ¿Qué pasó, dónde estás?
—Mi mamá me pasó tu contacto, hic, no te emociones, no te stalkeo ni nada parecido, hic.
—¿Bebiste mucho? ¿Dónde estás? —dijo mientras se empezaba a vestir.
Ander salió en carro en dirección al club donde dijo que se encontraba, pero la halló unas cinco cuadras al norte. Estaba sentada en el umbral de un edificio de departamentos. Vestía un top rosa y falda negra. En lo que caminaba hacia ella vio sus piernas largas y sus pies empotrados en unos tacones negros de doce centímetros. Tenía el rímel corrido y su labial estaba embadurnado por toda su boca.
—¿Mala noche? —dijo mientras se sentaba a su lado.
Natalia se recargó en su hombro sin decir nada y se empezó a dormir. A unos metros empezó a ver a gente merodeando, así que la despertó y logró meterla al asiento de a lado. En el camino de regreso ella le dijo:
—Si voy a vomitar te aviso, hic.
—Si vas a vomitar te arrojó del carro en movimiento.
Lo miró con indignación, pero se carcajeó enseguida.
—Qué grosero eres, ya ni porque debes de cuidarme.
—Debo cuidar lo mío —dijo riendo—, además tú siempre eres mala conmigo.
—Claro que no… no aguantas nada.
Ander notó que estaba temblando de frío.
—Tú tampoco, mira cómo tiemblas.
—Está helando aquí, qué querías —le tomó la mano y la llevó a su pierna—, ¿a eso le llamas cuidarme? Estoy congelada, ¡siénteme!
Él encendió la calefacción y quitó la mano.
—Nada —volvió a tomar su mano y la puso en su pierna—, no la quitas hasta que agarre calor esta cosa.
—Qué irritante eres —dijo fingiendo molestia, pero disfrutando cada centímetro de esas piernas maravillosas que tanto fantaseó. Se le paró tan duro que pensó que Natalia se daría cuenta.
Natalia sin soltar su muñeca pasó su mano a lo largo de su pierna y luego a lo largo de la otra. Se estiró como pudo sin dejar de prestar atención al camino. Cuando la calefacción hizo efecto le aventó la mano de regreso.
—No puedo caminar y estos tacones ya me mataron —dijo mientras se los quitaba y los arrojaba en el asiento de atrás—, si al bajar no puedo dar dos pasos sin caerme me vas a tener que cargar, si despierto a mi mamá te mato.
—Eres toda una princesa, me caías mejor cuando no me hablabas. ¿Cómo piensas pagarme el rescate y el posible transporte a tu cama?
—¿Tocar mis piernas no te bastó?
—Tú sola me hiciste tocar tus piernas yo solo me dejé.
—Pero bien que se te paró —dijo mirando a mi bulto que aún seguía endurecido.
—Tus piernas son gloriosas, solo un loco no sentiría nada al pasar su mano por tremendos muslos.
—Eres un cerdo…
Se quedaron en silencio unos minutos y continuó:
—Mi mamá no me deja tomar, si me viera en este estado jamás me dejaría salir de nuevo. Recurrí a ti porque…
—Porque no confías en nadie más en este mundo que en el novio de tu mamá al cual odias.
—No te odio, pero es verdad —dijo con tristeza—, cada hombre que se me cruza solo busca algo de mí, cualquier otro pararía el carro en un callejón y se aprovecharía de mí… tú solo eres un cerdo que se muere por mis piernas.
Ambos se rieron.
—¿Cómo estas tan segura que no me aprovecharía de ti?
—Eres muy cariñoso con mi mamá, tienes buena relación con Sof y no pareces ser un degenerado…
—¿Y esa vez que me viste con tu mamá?
—Oh, es verdad… —guardó unos segundos de silencio—, en realidad, aunque me dé pena admitirlo, me excitó mucho. Mi mamá tiene un cuerpo hermoso y tú… también. Verlos así me hizo desear tener un novio que me hiciera lo mismo.
—¿Aun crees que tengo un hermoso cuerpo?
—Ya subiste un par de kilitos, pero menudo culazo que te cargas.
Nos reímos al unísono. Ander sintió que de pronto eran buenos amigos, estiró la mano y la puso en su pierna.
—Si no quieres que te descubran lo mejor es que paremos en un hotel y di que te quedaste en casa de una amiga.
—Eso es justo lo que sugeriría un depredador sexual.
—No te emociones, te dejo acostada y me largo.
Natalia asintió y cerró los ojos. Se despertó cuando Ander la cargó en sus brazos y la llevó hasta la cama
—Si quieres quédate conmigo y mañana me das un aventón a mi casa —dijo Natalia desnudándose en plena oscuridad.
Ander se acostó en la alfombra del suelo para dormir.
—Conmigo, acuéstate conmigo, imbécil.
Esbozó una sonrisa porque era exactamente lo que quería escuchar. Se acomodaron, notó que ella no tenía nada de ropa. Le pegó el culo y sintió su verga dura.
—La tienes durísima.
—Es lo más cerca que estarás, no te emociones, ahora duérmete —respondió Ander.
—Al menos quítate todo para estar iguales.
—Estas jugando con fuego —respondió y procedió a desnudarse debajo de las sábanas.
Metió su mano por debajo de su brazo y acomodó su palma en sus tetitas, pudo sentir sus pezones duros y escuchó a Natalia agitarse levemente. El calor de ambos elevó la temperatura de las sábanas. Ander pasó su mano por sus piernas y pasó sus dedos por su entrepierna. Sintió abrir sus piernas otorgando el paso a su chocho y estaba ligeramente mojado. La verga de Ander estaba tan parada que se fue abriendo paso en las nalgas de Natalia. Mientras devoraba a besos su nuca escuchó que empezó a roncar. Se quedó quieto unos segundos y comprobó que estaba noqueada. Se paró de golpe, liberando el calor de las sábanas, prendió una luz y la vio desnuda, tirada en la cama como un ángel recién creado. Miró su reloj y cayó en cuenta que tenía al menos cuatro horas para hacer lo que quisiese.
Se acercó a su carita y le abrió los párpados, comprobó que no había forma de despertarla. Eso lo puso al cien. Primero la acomodó bocarriba, vio su perfecta anatomía de pies a cabeza, todo lo fue registrando, tomando fotografías y video, para poder inmortalizar ese evento. Se sacó la polla y la metió suavemente en su boca, empezó un mete y saca, mientras veía su carita dormida. Su excitación escaló tan rápido que al poco tiempo ya estaba a punto de venirse. Agarró su cara y aumentó la fuerza del vaivén, finalmente se vino, el primer disparo lo dejó en el fondo de su garganta, luego la sacó para descargar el resto de su corrida en toda la carita de Natalia, le llenó los ojos, su nariz, los chorros llegaban hasta su frente y caían por su cabello. Admiró su obra de arte y tomó fotos. Se recostó y vio la televisión para recuperarse. Luego la puso bocabajo, se colocó encima de ella, embadurnó su polla de lubricante y se la metió. Se sintió en el cielo y al poco rato la estaba taladrando con fuerza. Su cuerpo seguía sin responder. Sin titubear la lleno todita de leche, procuró que llegara hasta el fondo mientras fantaseaba con embarazarla. Al salirse vio el rio de semen desbordándose de su vulva. Ander estaba cansado y moría de sueño, pero estaba dispuesto a disfrutar cada segundo. No obstante, tuvo que pedir una pastilla azul porque intentaría algo nuevo y necesitaba toda la dureza posible. Aprovechó y pidió un par de cervezas y un kit de bondage.
La amarró en la posición de perrito de tal forma que su culo quedara al aire. Le arremetió unas fuertes nalgadas hasta ponerlas rojas. Llenó de lubricante su ano y su polla. Llevó su cabeza hasta su cueva y se introdujo con cuidado. Disfrutó cada centímetro, veía cómo sus músculos se iban relajando a medida que su enorme polla se abría paso. Lo sacó y vio su ano completamente abierto, puso más lubricante y se la metió con fuerza. Escuchó a Natalia quejarse, pero siguió penetrándola con desdén. Grabó unos segundos el sexo anal y después de un exhaustivo vaivén, le llenó todo el culo de leche. Se acostó rendido y dejó a Natalia amarrada, mientras tomó su tercer descanso. A punto de amanecer, se puso de pie de nuevo. Vio las piernas y los brazos de Natalia apretados por las cuerdas, le pegó más nalgadas y se la metió en el chocho de nuevo. Estuvo casi una hora metiéndosela a ritmo variado y finalmente pudo corrérsele adentro. En esa posición todo su semen no se podía salir, así que de nuevo se la imaginó embarazada de él. Le quitó las ataduras y la cargó hasta el jacuzzi. Enjabonó cada parte de su cuerpo y la secó. Finalmente se echó a dormir.
Al despertar Natalia no recordaba cómo llegaron, pero sí que le había llamado a Ander para que la fuera a recoger.
—Siento que me explota la cabeza.
—Te pegaste una buena borrachera.
—¿Qué hiciste mientras dormía?
—Dormí.
—¿Seguro?
—¿Hubieras preferido que me cobrara la deuda?
—No, sonará raro, pero me sorprende, estoy seguro de que cualquier otro se hubiera aprovechado de todas las formas posibles.
—Me debes una.
—Un hombre bueno no necesita recompensa por no abusar de alguien.
—Eso sí.
—Así que esto solo es porque se me antojó.
Metió la mano en el bóxer de Ander, le sacó la verga y se la chupó con decisión. Ander estaba seco, pero la pastilla aun hacia efecto porque se le puso dura al instante. Sabía que Natalia lo deseaba, aunque aún se sentía culpable por aprovecharse de ella. A los pocos minutos la levantó y la puso sobre él, se la metió sin que ella pusiera resistencia y ella comenzó a moverse buscando su orgasmo.
—No sabes cuánto te desee adentro de mí.
—Pensé que me odiabas.
Sus caderas tomaron un ritmo sublime que la llevó al orgasmo al poco rato.
—Ahhhhh, Ander, sí, me encanta tu polla… Ander, mi amor. Vas a hacer que te moje toda la polla.
—Vente, mamita, no pares que te voy a llenar.
—Ay, sí, lléname como siempre llenas a mi mamá. Lléname y préñame.
Eso último los elevó a ambos al límite y se corrieron al mismo tiempo; Natalia chorreando de jugos hasta crear un charco y Ander llenándola con una leche transparente e insípida. Se quedaron pegados unos minutos mientras se besaban.
Al salir del hotel, la llevó a su casa. Ander regresó poco después por Teresa. Ella lo notó distante y es que la piel cuarentona de Teresa, fue eclipsada por el cuerpo de su hija. La recordaba saltando sobre su falo petrificado, con sus tetitas revoloteando de aquí allá, lanzando los gemidos más ruidosos y moviendo sus caderas en círculos eternos que la llevaron a un orgasmo sublime. Ni siquiera Sofía le pudo sacar del hechizo de las piernas de Natalia, ella era su todo ahora. Ander pensó seriamente dejar a sus dos novias por Natalia, era su musa y ahora que por fin la tuvo en sus manos, no la dejaría ir.
—Ander ¿Ya tienes a otra verdad? —cuestionó Teresa.
—No, ¿de dónde sacas eso?
—Antes aprovechabas toda oportunidad para arrancarme la ropa y hacerme el amor. Ahora actúas sin deseo, como… como si te estuvieran deslechando.
Teresa se acercó a Ander, se puso de rodillas y le sacó los pantalones. Su falo se puso erecto al instante y ella se lo metió en la boca, le pegó un oral divino, se sacó las tetas y Ander hizo lo propio jugueteando con ellas. Cuando se empezó a correr vio que era poca leche.
—Lo sabía —se levantó indignada.
—Me la casqué hace rato, eso es todo.
—Si sabías que vendrías a verme, que estaríamos solos ¿por qué la urgencia de cascártela?
Lo cierto es que Ander había deslechado más veces que en toda su vida, sus reservas de estaban en recuperación aún. Guardó silenció mientras se levantaba el pantalón.
—No esperaba un drama por esto, desperté caliente y me la casqué, demándame.
—¿Me juras que no te ves con alguien más?
—Lo juro, amor —pasaron recuerdos de Natalia dormida y desnuda en el hotel.
—¿Quieres estar conmigo?
—Para siempre —era la primera vez que Ander decía algo así. Teresa se sonrojó y sintió satisfacción ya que ella ya lo había dicho un par de veces sin ser correspondida por él
—¿En serio?
—Sí… —Ander sintió un ímpetu inusitado—, de hecho, quería hablarte de algo…
—Dime, amor.
—Quiero que tengamos una familia juntos.
Teresa se lanzó sobre Ander y lo besó con pasión. El problema era que Teresa nunca se protegía y en todo ese tiempo nunca quedó embarazada, eso daba indicio a que sería complicado buscar un embarazo. Pasaron los meses y ese día no llegaba, puras pruebas en negativo los dejaron desanimados. Se hizo exámenes y resulta que Teresa prácticamente ya no tenía óvulos viables, por lo que era casi imposible que se preñara. Teresa se deprimió y por unos días se sumergió en la bebida. Ander estaba en el mejor punto de su relación con Sofía, lo hacían a escondidas cada vez que veían oportunidad y le prometía que pronto dejaría a su mamá para poder escaparse juntos. En esa época también frecuentaba mucho a Natalia, la iba a recoger después de sus fiestas y pasaban la noche en el hotel.
Una noche Teresa tocó el tema del bebé.
—Sé que te sientes frustrado. Yo me siento fatal. No poderle dar un hijo al amor de mi vida es un pesar que me llevaré a la tumba…—dijo Teresa desesperanzada.
—Yo quería tu sangre con la mía. Un bebé con nuestros genes y eso es imposible … Necesito tiempo para pensar las cosas, ver qué necesito como persona …
—No por favor, no quiero que termine así —se puso a llorar—, no puedo creer que por no tener hijos quieras alejarte de mí. ¿No me amabas a mí sobre todas las cosas?
—Sí, te amo, sobre todo, pero debo …
—Entonces no te alejes de mí, no me hagas esto —se puso de rodillas y lo tomó del brazo—. Si quieres que sea tu esclava sexual las veinticuatro horas lo haré, cualquier humillación, cualquier condición, pero no termines esto.
—No lo hagas más difícil, Teresa, de verdad necesito un tiempo a solas.
—¿Para que te vayas a coger a todas las zorras del pueblo?
—No digas eso.
—Me contaron que coqueteas con chicas cuando sales a beber.
—Pues lo disfruto, tal vez necesito más de eso, la verdad.
—Me rehúso, no puedo soportar la idea de que estés con otras chicas, me comería por dentro… preferiría morir —se dejó caer y se echó a llorar.
Ander nunca sintió tanta lástima por otro ser humano en su vida. Se quedó mudo porque era evidente que Teresa tenía un grave problema de dependencia emocional.
—No es tu culpa, yo estaba dispuesto a estar por ti y para ti por siempre, pero la vida nos está diciendo que no podemos tener una familia. Dame oportunidad de seguir persiguiendo ese sueño… aunque no sea contigo.
—Toma a mis hijas
Un silencio absoluto reinó por toda la casa y continuó:
—Vente a vivir con nosotras, elige a una, cásate y ten los hijos que quieras, pero quédate conmigo. Prefiero mil veces que todo se quede en familia a que andes rondando por ahí conociendo chicas.
En un segundo Ander recordó esa mítica escena cuando lo vieron reventando a su mamá. Ahora estaba en bandeja de plata la posibilidad de embarazar a la que quisiera.
—¿Estas de broma?
—Es real. He visto cómo ves a Naty, es una joven muy atractiva, te puedo ayudar a enamorarla y que entienda que ya no estaremos juntos, aunque si prefieres a Sofía… es pequeña, pero ella te adora, no será difícil que se enamore de ti.
Ander se quedó atónito ante tal situación. No daba crédito a lo que decía.
—Teresa… no entiendo cómo me propones esto después de decirme que te morirías si estuviera con otras mujeres.
—Pero ellas son mis mujeres, mi sangre, mis niñas. Si este cuerpo desecho no basta para que te quedes toda una vida, lo más que puedo hacer es resignarme y hacer que te cases con una de ellas… la condición es que solo estés para ella, que le seas fiel y siempre la respetes.
—¿Y fingir que lo nuestro nunca pasó? —miró al techo mientras buscaba ocultar su calentura.
—A ellas les diremos que acabó en buenos términos, pero nunca dejaré de ser tuya, me podrás tomar siempre que quieras y usarme a tu antojo, seré tu único escape.
—Acepto.
—Entonces ¿Cuál te gusta?
—Las dos, quiero una familia con cada una.
—Estás loco.
—Quiero a ambas y tú me vas a ayudar.
Teresa se sorprendió por lo fácil que fue convencerlo.
—¿Ya habías pensado en todo esto? —cuestionó Teresa.
—Desde hace tiempo… debes saber algo.
—Dime —su voz era temblorosa.
—Ya las he hecho mías, actualmente tengo un noviazgo con Sofi, llevamos varios meses juntos y la tengo loca, siempre que tenemos oportunidad lo hacemos, la he puesto en más posiciones que a ti, incluso logré que aprendiera a hacerme unas rusas con esas tetas que se carga, eso sí, cuido de no embarazarla, por lo que no me le corro dentro. Natalia, aunque tomó tiempo, siempre me busca, sobre todo cuando se emborracha, me lo hace tan duro y tan rico que no puedo evitar llenarla, de hecho, pasa tan seguido que es probable que ya esté preñada. Ha habido días donde se la he metido a las tres, incluso, cuando me tocó desvirgar a Sofi, lo primero que hice después fue metértela hasta venirme. A veces me he imaginado dejar todo y empezar de cero con Natalia o Sofía, pero las necesito a las tres, las tres son las mujeres que amo y quiero como esposas.
Teresa estaba absorta tratando de procesar la confesión de Ander. Unió los puntos y todo tenía sentido. Las amantes que tanto imaginaba eran nada más y nada menos que sus hijas.
—Eres un cabrón hijo de puta… mis hijas… ellas son unas p…
—Aunque —interrumpió—, yo siempre dejé en claro que tú eres mi reina, mi mujer, la primera en todo. Ellas te aman y quieren ser como tú.
Se puso de pie indignada, pero sus rodillas le temblaban mucho.
—Tú misma dijiste que preferías que fuera con tus hijas y no con otras mujeres. Me adelanté un poco, perdón por eso.
—Nunca pensé que ellas fueran así. Siento que me apuñalaron por la espalda. Mis niñas... son unas traidoras.
—No digas eso, yo sé que actuamos a tus espaldas, pero al final está ocurriendo lo que tú misma sugeriste.
—Sí, ya sé, cállate ya.
Ander le dio un beso en la frente y se paró en la puerta.
—Elijo a Sofía como mi esposa, pero el primer hijo se lo haré a Natalia. Que descanses.
Teresa lloró toda la noche y pensó muchas veces en dar marcha atrás, recordaba lo plena y feliz que era antes de conocer a Ander. A las cuatro de la mañana pensó métodos para eliminarlo, pero su amor por él, aunque torcido, era grande como un coliseo. A los pocos días, Ander empezó a mudarse y pasaba casi todo el día en casa adecuando el cuarto de huéspedes. Ahí dormiría con Sofía. Cuando pudo le contó todo a su novia.
—Por fin pasará, amor —dijo Ander.
—¿De qué hablas? —respondió Sofía mientras miraba el techo de su cuarto, ambos estaban desnudos en su cama.
—Estaremos juntos y nadie, ni tú mamá lo impedirá.
Lo miró incrédula.
—¿Qué hiciste?
—Todo salió mejor de lo que esperaba. Estaba dispuesto a terminarla, pero ella me suplicó que no, al final me dijo que me casara contigo o con Natalia, que fingiría que no pasó nada entre nosotros y que no se interpondrá.
Sofía abrió los ojos en señal de sorpresa.
—¿Cómo puede ser que eso prefiera mi madre?
—Dijo que prefería que todo se quedara en familia antes de que me fuera con otra.
—¿Le contaste lo nuestro?
—No —mentí —, le dije que era buena idea, pero fingí no estar convencido.
—¿Qué le respondiste?
—Claro que contigo, me casaré contigo, amor.
Se subió sobre Ander y lo devoró a besos. Cuando su verga despertó ella se la metió y lo cabalgó. Justo antes de correrse, Ander, la hizo a un lado y le embadurnó las piernas.
—Ya me está aburriendo que me batas con tu semen —le echó una mirada juguetona —, ya quiero que los dejes adentro, ya no hay problema si me embarazas.
—Aun eres muy joven, pasará, pero ten paciencia.
Sofía le hizo mala cara y se limpió con un paño.
Al día siguiente se metió al cuarto de Natalia:
—Oye, toca la puerta, degenerado.
—Tranqui, vengo a hablar.
—Si alguien te vio entrar te entierro en vida.
—Tu mamá se está duchando y Sofi está en su cuarto.
—Bueno, ¿qué quieres, un rapidín? —se empezó a desabrochar el pantalón.
—Terminé con tu mamá.
Ander le contó a detalle y Natalia pareció entenderlo.
—¿Entonces te casarás con mi hermanita y lo nuestro termina?
—No, quiero seguir teniéndote hasta el fin de mi vida, eres todo lo que necesito y la persona que quiero a mi lado por siempre. Siempre has sido tú, nadie más ha habitado mi mente, nadie me ha hecho sentir como tú lo haces.
—Entonces por qué carajos la elegiste a ella.
—Tú y yo sabemos que no estás enamorada de mí, solo te gusta el sexo conmigo, los orgasmos que te provocó y lo puta que te hago sentir.
—En una de esas y hubiéramos podido intentarlo.
—Por eso quiero que te quedes conmigo, acompáñame siendo mi cuñada, en el fondo nos seguiremos jurando lealtad, seremos cómplices por siempre.
—Tienes suerte que mi moral sea tan dudosa y yo tan caliente.
—Ahora sí el rapidín.
Natalia se quitó el pantalón y se inclinó sobre el escritorio. Ander acarició sus nalgas y las separó con sus manos, se la metió y se lo hizo duro, por el movimiento el mueble comenzó a golpetear la pared. Teresa, saliendo de su ducha, pudo escuchar el ritmo, se acercó a la puerta y escuchó lo gemidos de su hija, sintió un hueco en el pecho y se vistió. Ander le llenó las entrañas.
—Ya no me termines dentro, a tu prometida no le va a gustar que su hermana salga embarazada de ti.
—O del ex de tu mamá —respondió sin dejar de mirarle el chocho escurriendo de semen.
—Maldito.
—Estaba pensando en tenerlo en caso de que suceda.
—Estás enfermo.
La besó un rato más y salió.
A los pocos días Ander se mudó oficialmente. Le dio el anillo de compromiso a Sofía en un momento muy romántico. Tanto Teresa como Natalia estuvieron presentes y se mostraron emocionadas. Esa misma noche durante la cena, Natalia le tocó la mano a Ander y lo miró con secretismo, cuando Sofía se distrajo se metió al cuarto con Natalia.
—Se te cumplió —le dijo Natalia aventándole una prueba de embarazo—, preñaste a tu cuñada, ¿ahora qué hacemos?