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El Sobrino de Rosa - Capítulo 001
Rosa había quedado para comer con su hermana en el restaurante al que casi siempre solían ir. Llevaba como diez minutos esperando cuando Juanita apareció.
-Hola hermanita - dijo Juanita sentándose acalorada por la carrera que se había dado desde el aparcamiento - A estas horas es imposible aparcar en el centro.
-Hola Juana. ¿De verdad viniste en coche? ¡A quién se le ocurre!
-Claro, para ti que vives cerca es muy fácil hablar. Si vivieses en el extrarradio a ver como venías.
-¿Conoces esas cosas grandes, con ruedas, que llevan gente de un lado para otro de la ciudad? Se llaman autobuses. Y también hemos horadado grandes túneles bajo tierra por los que van trenes. Los llamamos metro.
-¡Vete pal’carajo, Rosa! Venir en autobús, con el trasbordo, me llevaría más de una hora.
-¡Qué Exagerada eres!
-Pues de eso quería hablarte - dijo Juanita, mirándola a los ojos.
-¿De que eres una exagerada? - respondió burlona, Rosa.
-No coño. Es sobre... David
-¿David? ¿Mi sobrino? ¿Le pasa algo? - preguntó con cierta preocupación Rosa.
-No no, está perfectamente. Es que... en septiembre empieza ya la universidad.
-¡Ay coño! La universidad. ¡Cómo pasa el tiempo! Que vieja me hago.
-Ahora la exagerada eres tú - resopló Juanita - Que solo eres 2 años mayor que yo y yo de vieja nada, guapa.
-Jajaja. Dejémoslo en madurita.
Rosa tenía 48 años y estaba a punto de cumplir 49. En poco tiempo se metería de lleno en la mitad de un siglo.
-Pues... verás - empezó titubeante Juanita - David va a estudiar Ingeniería Industrial en la Complutense… y…
-¿Y? - inquirió Rosa
-Pues... es solo una idea. Te lo piensas y si no estás de acuerdo, no pasa nada.
Rosa adivinó por donde iban los tiros.
-Quieres que se quede en mi casa - le dijo a Juanita.
-Sí. Desde la nuestra sería más de una hora de ida y otra de vuelta, todos los días. Desde tu casa podría ir caminando. La facultad está a 10 minutos a pie.
La idea de tener a alguien viviendo en su casa no la atraía. Llevaba tanto tiempo sola que se había acostumbrado a hacer lo que le daba la gana. Pero era su sobrino, su familia.
-Bueno... me lo pensaré. - le dijo.
-Solo sería de domingo a jueves. El viernes volvería a casa y regresaría el domingo.
-¿Cuánto... ya sabes… me pagarías? - le preguntó Rosa a su hermana mirándola a los ojos y frotándose los dedos pulgar e índice.
-¿Pagarte? Oh, pues… claro, claro… son gastos extras - balbuceó Juanita, que no había pensado en eso.
-Jajajaja tonta. ¿Cómo pensaste que te iba a cobrar?
-¡Cabrona! Bueno, sería lo justo. La comida, la luz, el agua.
-Quita quita, ni que fuera a gastar toda el agua del embalse – dijo Rosa con un ademán.
-Nosotros nos haríamos cargo de sus gastos, por supuesto –añadió Juanita, ya más calmada.
-Pues no se hable más. Estaré encantada de que mi sobrino preferido se venga a vivir son su tita - sonrió Rosa.
¿Preferido? Pero si es tu único sobrino.
-Jajaja. Pues por eso. Es mi preferido.
Las dos hermanas se rieron. Juanita había llegado un poco tensa por si su hermana le decía que no. Pero como siempre, allí estaba para ayudarla. La verdad es que para David sería fantástico no perder tantas horas en desplazamientos y poder aprovecharlas en los estudios.
Pidieron la comida y se pasaron el resto del almuerzo contándose chismes de familiares y amigas. Les encaba despellejar a todo bicho viviente. Después de pagar la cuenta, se despidieron con un fuerte abrazo.
-Gracias Rosa. No sabes lo que significa para mí el que David pueda vivir contigo durante el curso.
-Nada mujer. Para eso está la familia.
-A ver cómo se lo digo ahora a David - exclamó Juanita arqueando las cejas.
-¡Ah! ¿Pero él no sabe nada?
-No, no quise decirle nada por si tú no aceptabas. Pero no creo que haya problemas.
-Pues ya me dirás. Chao
-Chaito.
+++++
Sí que hubieron problemas. Cuando Juanita se lo dijo a su hijo, él se negó en redondo. Argumentó que prefería ir y venir todos los días, que sus amigos estaban ahí y que quería su habitación, sus cosas. Pero entre su madre y su padre lo convencieron de que era lo mejor para él. Sus amigos estarían los fines de semana. Que no se iba a la luna, solo al centro.
David, regañadientes, aceptó.
+++++
A la semana de haberse instalado en casa de su tía y empezar las clases, David comprendió que sus padres tenían razón. El ir caminando a la facultad le ahorraba mucho tiempo. Y al estar en el centro tenía acceso inmediato a muchas cosas que por su barrio no había. Además, vivir con su tía Rosa tampoco era tan malo. Siempre se había llevado bien con ella.
Los primeros días apenas coincidían. Solo se veían por las noches. Por las mañanas él iba a clase y ella a trabajar. Él por las tardes, al no tener aún mucho que estudiar, se dedicaba a ver la ciudad, ir al cine, etc. Por las noches cenaban juntos y luego se ponían a ver la tele un rato.
Cuando las clases empezaron en serio David agradeció de verdad estar tan cerca. Podía ir a estudiar a la biblioteca o quedarse en su habitación. Aunque no todo era estudiar. Con 18 años recién cumplidos su cuerpo necesitaba continuos desahogos. Al no tener novia y ser un poco cortado con las chicas como para tenerla en breve, hacía lo que hacen todos los jóvenes. Matarse a pajas. Ya fuera en la ducha, en la cama o mirando porno en el ordenador, era raro el día que no se la meneaba al menos una vez. Muchos días dos y algunos hasta tres buenas pajas se cascaba.
Bastantes noches, ya acostado y con las luces apagadas, se ponía cachondo y se hacía una paja a oscuras, solo imaginando, fantaseando. Se corría sobre su pecho o se ponía de lado y se vaciaba en la mano izquierda. Luego, con el papel que siempre tenía para esos menesteres, se limpiaba y dejaba la empapada bola de papel en el suelo para tirarla al wáter al día siguiente al levantarse.
Cuando se la meneaba pensaba en muchas mujeres. En alguna actriz que le gustara. Alguna compañera de clase. Un par de profesoras que estaban realmente buenas. Desde que empezó a vivir con ella en alguna ocasión se la había llegado a tocar pensando en su tía.
Ella no era exactamente su tipo de mujer. Bajita, algo entradita en carnes, pero sin llegar a ser gorda. Linda de cara - se daba un aire a su madre - y con un amplio culo que a veces espiaba. Lo mejor que tenía era un magnífico par de tetas. Desde pequeño le habían fascinado y ahora que las tenía cerca todos los días, se las miraba con disimulo. Sobre todo por las noches, que era cuando su tía iba más cómoda por la casa.
Desde que una de esas noches ella se puso a ver la tele con un top ajustado, sin sujetador, y se marcaban sus pezones, las pajas a la salud de su tía fueron en aumento. Empezó a buscar vídeos porno en los que salieran mujeres parecidas a Rosa. Muchos eran de supuestos incestos de sobrinos con sus tías. Se corría a borbotones sobre la mesa del ordenador viendo aquellos vídeos, fantaseando con hacer todas esas cosas con su tía, que se convirtió en su principal musa pajera.
Pero solo eran eso, fantasías de un joven calentorro.
+++++
Rosa pensó que el convivir con su sobrino sería una carga, pero a los pocos días se dio cuenta de que no iba ser así. Hasta le empezó a gustar el tener a alguien con quien hablar. Cocinar para ella sola era aburrido y ahora disfrutaba haciéndolo para los dos.
Como al mes y medio desde que él empezó a vivir con ella, un medio día antes de que David llegara de clase, Juanita entró en el cuarto de su sobrino para quitarle las sábanas para lavarlas y dejarle una limpias. Él ya era mayorcito para hacerse la cama solo. Al quitar la colcha y la sábana se fijó que había unas machas en la sábana bajera, apenas visibles. Por la zona en que estaban supuso lo que eran.
-¡Jajaja, jodío muchacho! - se rio sola en la habitación - Se la casca en la cama.
Bueno, era normal, se dijo a sí misma. David era un chico joven con las hormonas por las nubes y era lógico que se desahogara. No sabía si tenía novia o no. Quizás, si la tenía, sería de su barrio y la vería los fines de semana. Desde luego, entre semana no, ya que iba de clase a casa o la biblioteca.
Desde ese día, cada vez que cambiaba las sábanas de la cama de su sobrino, Rosa buscaba las inconfundibles marcas dejadas por las prácticas onanistas de su sobrino. Uno de esos días tras llegar de su trabajo, al quitar las sábanas vio a los pies de la mesilla de noche una bola de papel higiénico. La recogió.
Estaba fría, pesada.
-¿Será posible este mozalbete? ¡Mira que sonarse y tirar el papel al suelo! - exclamó.
Pero sin saber porqué, quizás por pura intuición, se dijo que no era de sonarse. Acercó el papel a su nariz y el inconfundible olor dulzón del semen invadió sus fosas nasales. Se dio cuenta de que tenía en la mano una bola de papel impregnada del semen de su sobrino. Y juzgando por el peso, debió ser una abundante corrida la que tuvo esa noche David.
Hacía mucho tiempo que Rosa no olía semen. Desde joven era un olor que la excitaba. Volvió a acercar el papel a su nariz y aspiró hondo, recreándose esta vez en el olor. Se sentó en la cama, aspiró nuevamente, sin poder evitar imaginar a su sobrino corriéndose esa noche en aquel papel. Notó como sus pezones se ponían duros como piedras y ese cosquilleo en el estómago que era el preludio a que su coño se mojara. Un agradable cosquilleo que no sentía desde hacía tiempo.
Se recostó en la cama. Con la mano izquierda sujetaba el papel sobre su nariz. Con la derecha buscó, metiéndola bajo sus bragas, los labios de su coño que ya estaban húmedos. Luego su inflamado clítoris, el cual frotó sintiendo oleadas de placer recorrer su cuerpo. Con los ojos cerrados, apretando los dientes, Rosa tuvo un intenso orgasmo. No recordaba cuando había tenido el último.
Reposó su placer unos minutos. Después dejó las sábanas limpias sobre la cama y fue al baño a tirar el papel. Sentía vergüenza por haberse masturbado como lo había hecho, aspirando el aroma del semen de David.
Cuando ese medio día él regresó de clase fue corriendo a su cuarto. Había estaba toda la mañana preocupado ya que no recordaba que esa mañana hubiese tirado el papel con el que se limpió la corrida de la noche pasada y temía que su tía pudiese encontrarlo. No lo encontró. Eso significaba o que lo había tirado él mismo y no se acordaba o que su tía lo había recogido. Las sábanas limpias sobre la cama le indicaron que ella había hecho limpieza y sintió una punzada de miedo.
-Bueno, aunque lo haya visto, si barrió el piso lo habrá cogido con la pala y el cepillo - se dijo a sí mismo para infundirse ánimos.
Durante la comida ella actuaba como siempre, por lo que David terminó de tranquilizarse y se prometió a sí mismo que sería más cuidadoso a partir de ese momento.
Así que esa misma noche, después de correrse tras una placentera paja y limpiarse con papel, en vez de dejarlo en el suelo para tirarlo a la mañana siguiente, se levantó y fue al baño. Al regresar a su dormitorio miró la puerta cerrada del de su tía.
No supo que tras esa puerta, Rosa estaba desnuda sobre la cama. Que se pellizcaba un pezón con la mano izquierda mientras se frotaba entre las piernas con la derecha. Que había estado imaginando a su sobrino haciéndose una paja en su cama y llenando con una abundante corrida más papel, como el que había encontrado ese medio día. Que estaba a punto de correrse cuando oyó como él salía de su cuarto e iba al baño.
No supo que ella se corrió justo cuando él miraba la puerta. No supo que ella tenía la certeza de que lo que había tirado en la taza del wáter era papel higiénico empapado con su aún caliente semen.
Para su pesar, Rosa ya no volvió a encontrar más papel a los pies de la mesilla. Pero a cambio, esperaba cada noche oír como su sobrino salía de su dormitorio e iba al baño a tirar las pruebas de su placer. Esperaba a oírlo para intensificar sus caricias y correrse también ella. Su libido, dormida durante años, había sido despertada por un jovenzuelo, por su propio sobrino.
+++++
Llegaron los primeros exámenes, lo que hizo que David estudiara más y apenas saliera de su cuarto. No fue hasta que terminó con ellos que volvió a hacerle compañía a su tía por las noches, viendo la tele.
Una de esas noches Rosa se había vuelto a poner aquel top ajustado, sin sujetador, que tanto había impactado en David. Él la miró con disimulo y notó como su polla se empezaba a poner dura, así que dejó de mirarla y se concentró en la película que estaban viendo para que la erección no fuese a más y ella lo notase. Estaba con un pantalón corto y suelto que no podría disimular el bulto de su polla en el caso de que se pusiera dura del todo.
Su tía estaba en el sofá grande, de tres plazas, que quedaba frente al televisor. Él, como siempre, estaba recostado en el de dos plazas, perpendicular al otro. Los dos miraran la película cuando entonces empezó una tórrida escena de sexo. Por supuesto no era explícita, pero si era bastante caliente. El protagonista masculino desnudaba a la bella coprotagonista y se la follaba salvajemente en la cocina. El salón se llenó de los jadeos de la chica, de los resoplidos del hombre.
Entre eso y su tía con aquel top fueron demasiado para David. No puedo evitar, por más que lo intentó, que su polla adquiriese una casi total dureza. Temiendo que su tía se diera cuenta, cogió un cojín y se lo puso sobre las piernas, tratando de disimular.
Rosa se dio cuenta. Ella misma había empezado a sentir cosquillas por el estómago con aquellas calientes imágenes.
-Uy, parece que la escenita te gusta, ¿No? - dijo Rosa, en tono divertido.
-¿eh? - respondió David.
-Que parece que algo - dijo la mujer, señalando hacia el cojín - se ha puesto... contento.
Rosa pudo ver como la cara de David enrojecía.
-Oh, yo… lo siento, tía.
-Jajaja, no hay por qué sentirlo, hombre. La escenita se las trae. Vaya polvazo que están echando
En la televisión el hombre besaba el cuello de la actriz mientras no dejaba de follarla. Solo se veían sus hombros. Pero estaba claro lo que estaba pasando. Después de un par de gemidos más, el fingido orgasmo de ambos actores y luego suaves caricias dieron por concluida la escena.
Rosa cerró con fuerza las piernas. El coño le palpitaba. No solo por la escena. Era sobre todo por saber que su sobrino tenía la polla dura bajo el cojín.
Siguieron viendo la película. De vez en cuando Rosa miraba hacia su sobrino, que no quitaba el cojín de donde lo tenía. Al rato no pudo evitar preguntarle
-¿Qué? ¿No se te... baja? - dijo, risueña.
David seguía avergonzado, pero la polla no se le quería ablandar. Su tía sabía que la tenía dura, así que no valía la pena negarlo.
-Pues... no. No quiere - respondió con una medio sonrisa.
-Jajaja. Bueno… Una meneadita y como nuevo.
-¡Pero... tía! - exclamó David, azorado.
-¿Qué? No me digas que no te la meneas de vez en cuando - le dijo, aún sabiendo que se le meneaba todas las noches.
Aquella conversación no le ayudaba, sino todo lo contrario. La polla se le puso aún más dura. Y mirarla a ella, con aquel hermoso para de tetas apretadas bajo el ajustado top ayudaba aún menos.
¿Le había mirado las tetas? Rosa vio como la mirada de su sobrino se bajó un instante hacia sus pechos.
-Bueno... alguna vez - se atrevió a decir el chico.
-El lo más normal del mundo, sobrinito. Le das gusto al cuerpo y sacas las tensiones acumuladas.
David volvió a mirarle las tetas. Rosa esta vez lo vio perfectamente. Cuando sus miradas se encontraron, también David supo que ella se había dado cuenta. Y como dicen que la mejor defensa es un buen ataque, antes de que ella le dijese nada, se atrevió a decirle:
-Parece que no soy el único 'contento' - comentó, aunque rojo como un tomate.
Rosa se miró las tetas y comprobó que sus duros pezones parecían querer romper la tela del top.
-Uy, es que… hace frio - respondió la mujer, poniendo cara de niña buena.
-No hace frio, mentirosa.
-Jajaja. Vaaaale. Es que no soy de piedra. La escenita también me afectó.
No le dijo a su sobrino que estaba más caliente por él que por la película.
-¿Una meneadita? - le soltó en plan venganza su sobrino.
-Las mujeres no nos meneamos nada.
-Lo sé. Pero ya me entiendes.
-¿Lo sabes? ¿Qué es lo que sabes, pillín?
-Joder, Rosa, ni que fuera un niño.
--Jajaja, tonto. Que te estoy tomando el pelo.
-Ya veo, ya.
Los dos rieron, relajando la tensión del momento. Pero la polla de David no se bajaba. Ni los pezones de Rosa dejaban de marcarse.
-Bueno -dijo Rosa levantándose - Me voy a la cama. Así te dejo solo para que bajes tu... problema - le dijo señalando el cojín.
¿Acababa su tía de decirle que se hiciera una paja? - se preguntó David mirando el cimbreante culazo de su tía.
Rosa llegó a la puerta del salón y se dio la vuelta. El corazón le latía con fuerza. Su encharcado coño le palpitaba entre las piernas.
-Si lo haces aquí, procura no marcharme el sofá. Que las sábanas siempre las dejas con lamparones.
Se dio la vuelta y se fue a su dormitorio, dejando tras de sí a un asombrado y excitado David.
-Joder - pensó David - Sabe que me la casco en la cama. ¿Pero cómo? Si soy siempre cuidadoso.
Comprobó que ella no estaba y se quitó el cojín de encima. Se bajó los pantalones y se sacó la polla. Empezó una furiosa paja, cerrando los ojos y recordando las hermosas tetas de su tía, su lindo culito, amplio, redondo. Se imaginó que se la follaba salvajemente en el sofá, clavándole la polla a fondo mientras le comía aquellas dos soberbias tetas.
Rosa, después de entrar en su alcoba y cerrar sin llave la puerta, se dirigió al aparador y se miró en el espejo. Tenía las mejillas sonrosadas. Los pezones pugnando por romper la tela del top. Sin dejar de mirarse, metió su mano derecha por dentro del pantaloncito de pijama que llevaba y se empezó a hacer una paja, buscando un ansiado orgasmo que no tardó en llegar. Estaba tan excitada que en menos de dos minutos se corrió intensamente, mordiéndose los labios para no gritar de placer.
Casi en ese mismo instante, a escasos metros de allí, su sobrino se corría con grandes y potentes chorros de espeso semen sobre su barriga. Con la mano izquierda paraba los disparos para no manchar el sofá como su tía le había dicho.
David miró el estropicio que su abundante y espesa corrida había provocado. Tuvo la precaución de subirse la camiseta antes de correrse, por lo su barriga había recibido la copiosa eyaculación. Su mano izquierda también estaba toda pringosa. Y encima, con la calentura repentina ni se acordó de tener a mano papel para limpiarse, así que tuvo que levantarse y como un pingüino se dirigió al baño a adecentarse.
Rosa, aún con el corazón desbocado y el placer de su arrollador orgasmo pasando a poco se había acostado en su cama.
-¿Lo estará haciendo? - se preguntó - ¿Estará pajeándose en el salón?
Se imaginó a su sobrino, acostado en el sofá, con la polla en la mano... subiendo y bajando hasta correrse. Gimió de placer cuando su mano volvió a acariciar los labios de su recién corrido coño, pero se paró en seco cuando oyó a David entrar al baño. Agudizó el oído, tratando de adivinar lo que estaba haciendo.
Oyó el agua correr. David estaba lavando algo. ¿Acaso se había corrido y estaba lavándose? La idea la excitó más de lo que ya estaba y continuó acariciándose, atenta a los ruidos que venían del baño. Después del lavamanos, el sonido de echar el agua de las cisterna. Luego la oscuridad cuando David apagó la luz y por último, el sonido de la puerta de la habitación de él al cerrarse.
Rosa no tardó en correrse una vez más. Después, relajada, se durmió.
+++++
A la mañana siguiente, David en la facultad y Rosa en su oficina recordaron los acontecimientos de la noche pasada. Ella reprochándose el haber sido tan descarada con su sobrino. Lo que empezó como un juego, como una broma, terminó con cada uno masturbándose. Había sido una locura, pero no podía negarse a sí misma que lo había disfrutado. David, por su parte, estaba un poco avergonzado de que su tía supiese que se la meneaba en la cama y de que encina, por la noche, supiera que se había empalmado con la película. Bueno, con la película y por ella. Aunque ella no parecía molesta, más bien al contrario. Incluso lo había animado a cascársela.
Rosa intentó concentrarse en su trabajo, pero al rato volvieron los recuerdos. Otra vez la imagen de su sobrino masturbándose en su sofá llenó su mente y excitó su cuerpo. Cogió su teléfono móvil.
-Es solo un juego... no hay nada de malo - pensó mientras abría el whatsapp y buscaba el contacto de David
Escribió una frase. La leyó un par de veces, dudando si enviarla o no. Al final, el cosquilleo de su estómago pudo más que su sensatez y lo mandó.
-Espero que no me mancharas anoche el sofá - le escribió, acompañándolo con un emoticono sonriente y picando un ojo.
David estaba en plena clase y sintió como le vibraba el móvil. Con disimulo para que el profesor no se diera cuenta, lo sacó de su bolsillo y miró lo que era. Cuando comprobó que era un mensaje de su tía, lo abrió en el acto y lo leyó.
¿Qué contestarle? ¿Decirle que no había hecho nada? No tenía sentido. Ella ya sabía lo que hacía en la cama. Así que optó por seguirle el juego.
-Tranquila. Fui cuidadoso - y añadió el mismo emoticono que ella.
-O sea, que te la meneaste en el sofá, bribón.
-Tú me lo pediste.
-¿Yooo? ¿Qué dices, loco?
-Bueno, no fue una orden... jeje. Pero me lo insinuaste. ¿Y tú?
-¿Yo qué? - preguntó Rosa a sabiendas de lo que su sobrino le estaba preguntando.
-Que si tú...
¿Que si yo...? - respondió la mujer, jugando con él
-Coño, tía. Ya sabes a lo que me refiero.
-Pues ni idea, la verdad.
-Que si te tocaste. No era yo anoche el único que estaba caliente.
-¿Le estás preguntando a tu tía que si se tocó anoche? - exclamó y enfatizó la frase con el emoticono del asombro.
-Sí.
-¿Pero no te va vergüenza?
-No - respondió David.
Aunque sí que se moría de vergüenza, pero ella había empezado. Cara a cara no se habría atrevido a hablarle así, pero hacerlo a través del móvil le era más fácil.
-Jajaja, pero que pillo me está saliendo mi sobrinito.
-No has contestado.
-Sí.
-No, no me has contestado.
-Que sí
-Que no, coño.
-Que sí, coño. Que SÍ me toqué - le contestó con una ristra de caritas sonrientes.
Lo que no le dijo a su sobrino es que desde que empezó la conversación de whatsapp se había ido al baño. Que se había encerrado en una de las cabinas y que sus dedos acariciaban furiosamente su encharcado coño.
-Ah, vale. No te había entendido.
La polla de David ya estaba dura como una piedra. Se imaginó a su tía, tumbada en la cama, con las piernas abiertas y acariciándose el coño. ¿Cómo lo tendría? ¿Afeitado con se llevaba ahora o peludito como en los vídeos porno más antiguos?
Rosa no pudo más y se corrió, tratando de no hacer ruido. Sus dedos se mojaron cuando su intenso orgasmo hizo que sus jugos fluyeran. Varios segundos de intenso placer, agarrando con fuerza el móvil con la mano izquierda y frotando su clítoris con la derecha. Cuando todo pasó y pudo escribir, se despidió de David.
-Bueno, sobrinito. Te dejo que sigas. ¿Estás en clase?
-Sí. Un tostonazo.
-Jaja, pobre. Pues nada. Hasta lueguito.
-Chao.
La erección de David tardó en desparecer. No podía creerse la conversación que acababa de tener con su tía.
+++++
Durante el almuerzo, ninguno de los dos se atrevió a hacer mención de lo que habían hablado y se comportaron como si nada hubiese pasado. Tampoco durante la cena dijeron nada al respecto. Después de recoger juntos la cocina, Rosa dijo que iba a ponerse cómoda para ver un rato la tele. David hizo lo mismo.
Rosa eligió un top parecido al de la noche anterior. También era ajustado y no se puso sujetador. Cuando se miró en el espejo vio como sus pezones se marcaban, dudó en si quitárselo y ponerse algo más recatado. Recordó como David le había mirado las tetas la noche anterior y decidió quedarse como estaba.
-Que se recree con esta vieja - se dijo, riéndose.
Cuando David se sentó en su sofá y vio como estaba vestida su tía, se dijo que iba a necesitar otra vez el cojín.
-¿Qué peli ponen? - le preguntó su tía.
-Pues no sé.
-Bueno, si ponen alguna picante tienes el cojín a mano jajaja.
-Ya... gracias - dijo David, un poco molesto.
-Que son bromas, hombre. No seas tan quisquilloso.
-Vaaaale.
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El Sobrino de Rosa - Capítulo 001
Rosa había quedado para comer con su hermana en el restaurante al que casi siempre solían ir. Llevaba como diez minutos esperando cuando Juanita apareció.
-Hola hermanita - dijo Juanita sentándose acalorada por la carrera que se había dado desde el aparcamiento - A estas horas es imposible aparcar en el centro.
-Hola Juana. ¿De verdad viniste en coche? ¡A quién se le ocurre!
-Claro, para ti que vives cerca es muy fácil hablar. Si vivieses en el extrarradio a ver como venías.
-¿Conoces esas cosas grandes, con ruedas, que llevan gente de un lado para otro de la ciudad? Se llaman autobuses. Y también hemos horadado grandes túneles bajo tierra por los que van trenes. Los llamamos metro.
-¡Vete pal’carajo, Rosa! Venir en autobús, con el trasbordo, me llevaría más de una hora.
-¡Qué Exagerada eres!
-Pues de eso quería hablarte - dijo Juanita, mirándola a los ojos.
-¿De que eres una exagerada? - respondió burlona, Rosa.
-No coño. Es sobre... David
-¿David? ¿Mi sobrino? ¿Le pasa algo? - preguntó con cierta preocupación Rosa.
-No no, está perfectamente. Es que... en septiembre empieza ya la universidad.
-¡Ay coño! La universidad. ¡Cómo pasa el tiempo! Que vieja me hago.
-Ahora la exagerada eres tú - resopló Juanita - Que solo eres 2 años mayor que yo y yo de vieja nada, guapa.
-Jajaja. Dejémoslo en madurita.
Rosa tenía 48 años y estaba a punto de cumplir 49. En poco tiempo se metería de lleno en la mitad de un siglo.
-Pues... verás - empezó titubeante Juanita - David va a estudiar Ingeniería Industrial en la Complutense… y…
-¿Y? - inquirió Rosa
-Pues... es solo una idea. Te lo piensas y si no estás de acuerdo, no pasa nada.
Rosa adivinó por donde iban los tiros.
-Quieres que se quede en mi casa - le dijo a Juanita.
-Sí. Desde la nuestra sería más de una hora de ida y otra de vuelta, todos los días. Desde tu casa podría ir caminando. La facultad está a 10 minutos a pie.
La idea de tener a alguien viviendo en su casa no la atraía. Llevaba tanto tiempo sola que se había acostumbrado a hacer lo que le daba la gana. Pero era su sobrino, su familia.
-Bueno... me lo pensaré. - le dijo.
-Solo sería de domingo a jueves. El viernes volvería a casa y regresaría el domingo.
-¿Cuánto... ya sabes… me pagarías? - le preguntó Rosa a su hermana mirándola a los ojos y frotándose los dedos pulgar e índice.
-¿Pagarte? Oh, pues… claro, claro… son gastos extras - balbuceó Juanita, que no había pensado en eso.
-Jajajaja tonta. ¿Cómo pensaste que te iba a cobrar?
-¡Cabrona! Bueno, sería lo justo. La comida, la luz, el agua.
-Quita quita, ni que fuera a gastar toda el agua del embalse – dijo Rosa con un ademán.
-Nosotros nos haríamos cargo de sus gastos, por supuesto –añadió Juanita, ya más calmada.
-Pues no se hable más. Estaré encantada de que mi sobrino preferido se venga a vivir son su tita - sonrió Rosa.
¿Preferido? Pero si es tu único sobrino.
-Jajaja. Pues por eso. Es mi preferido.
Las dos hermanas se rieron. Juanita había llegado un poco tensa por si su hermana le decía que no. Pero como siempre, allí estaba para ayudarla. La verdad es que para David sería fantástico no perder tantas horas en desplazamientos y poder aprovecharlas en los estudios.
Pidieron la comida y se pasaron el resto del almuerzo contándose chismes de familiares y amigas. Les encaba despellejar a todo bicho viviente. Después de pagar la cuenta, se despidieron con un fuerte abrazo.
-Gracias Rosa. No sabes lo que significa para mí el que David pueda vivir contigo durante el curso.
-Nada mujer. Para eso está la familia.
-A ver cómo se lo digo ahora a David - exclamó Juanita arqueando las cejas.
-¡Ah! ¿Pero él no sabe nada?
-No, no quise decirle nada por si tú no aceptabas. Pero no creo que haya problemas.
-Pues ya me dirás. Chao
-Chaito.
+++++
Sí que hubieron problemas. Cuando Juanita se lo dijo a su hijo, él se negó en redondo. Argumentó que prefería ir y venir todos los días, que sus amigos estaban ahí y que quería su habitación, sus cosas. Pero entre su madre y su padre lo convencieron de que era lo mejor para él. Sus amigos estarían los fines de semana. Que no se iba a la luna, solo al centro.
David, regañadientes, aceptó.
+++++
A la semana de haberse instalado en casa de su tía y empezar las clases, David comprendió que sus padres tenían razón. El ir caminando a la facultad le ahorraba mucho tiempo. Y al estar en el centro tenía acceso inmediato a muchas cosas que por su barrio no había. Además, vivir con su tía Rosa tampoco era tan malo. Siempre se había llevado bien con ella.
Los primeros días apenas coincidían. Solo se veían por las noches. Por las mañanas él iba a clase y ella a trabajar. Él por las tardes, al no tener aún mucho que estudiar, se dedicaba a ver la ciudad, ir al cine, etc. Por las noches cenaban juntos y luego se ponían a ver la tele un rato.
Cuando las clases empezaron en serio David agradeció de verdad estar tan cerca. Podía ir a estudiar a la biblioteca o quedarse en su habitación. Aunque no todo era estudiar. Con 18 años recién cumplidos su cuerpo necesitaba continuos desahogos. Al no tener novia y ser un poco cortado con las chicas como para tenerla en breve, hacía lo que hacen todos los jóvenes. Matarse a pajas. Ya fuera en la ducha, en la cama o mirando porno en el ordenador, era raro el día que no se la meneaba al menos una vez. Muchos días dos y algunos hasta tres buenas pajas se cascaba.
Bastantes noches, ya acostado y con las luces apagadas, se ponía cachondo y se hacía una paja a oscuras, solo imaginando, fantaseando. Se corría sobre su pecho o se ponía de lado y se vaciaba en la mano izquierda. Luego, con el papel que siempre tenía para esos menesteres, se limpiaba y dejaba la empapada bola de papel en el suelo para tirarla al wáter al día siguiente al levantarse.
Cuando se la meneaba pensaba en muchas mujeres. En alguna actriz que le gustara. Alguna compañera de clase. Un par de profesoras que estaban realmente buenas. Desde que empezó a vivir con ella en alguna ocasión se la había llegado a tocar pensando en su tía.
Ella no era exactamente su tipo de mujer. Bajita, algo entradita en carnes, pero sin llegar a ser gorda. Linda de cara - se daba un aire a su madre - y con un amplio culo que a veces espiaba. Lo mejor que tenía era un magnífico par de tetas. Desde pequeño le habían fascinado y ahora que las tenía cerca todos los días, se las miraba con disimulo. Sobre todo por las noches, que era cuando su tía iba más cómoda por la casa.
Desde que una de esas noches ella se puso a ver la tele con un top ajustado, sin sujetador, y se marcaban sus pezones, las pajas a la salud de su tía fueron en aumento. Empezó a buscar vídeos porno en los que salieran mujeres parecidas a Rosa. Muchos eran de supuestos incestos de sobrinos con sus tías. Se corría a borbotones sobre la mesa del ordenador viendo aquellos vídeos, fantaseando con hacer todas esas cosas con su tía, que se convirtió en su principal musa pajera.
Pero solo eran eso, fantasías de un joven calentorro.
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Rosa pensó que el convivir con su sobrino sería una carga, pero a los pocos días se dio cuenta de que no iba ser así. Hasta le empezó a gustar el tener a alguien con quien hablar. Cocinar para ella sola era aburrido y ahora disfrutaba haciéndolo para los dos.
Como al mes y medio desde que él empezó a vivir con ella, un medio día antes de que David llegara de clase, Juanita entró en el cuarto de su sobrino para quitarle las sábanas para lavarlas y dejarle una limpias. Él ya era mayorcito para hacerse la cama solo. Al quitar la colcha y la sábana se fijó que había unas machas en la sábana bajera, apenas visibles. Por la zona en que estaban supuso lo que eran.
-¡Jajaja, jodío muchacho! - se rio sola en la habitación - Se la casca en la cama.
Bueno, era normal, se dijo a sí misma. David era un chico joven con las hormonas por las nubes y era lógico que se desahogara. No sabía si tenía novia o no. Quizás, si la tenía, sería de su barrio y la vería los fines de semana. Desde luego, entre semana no, ya que iba de clase a casa o la biblioteca.
Desde ese día, cada vez que cambiaba las sábanas de la cama de su sobrino, Rosa buscaba las inconfundibles marcas dejadas por las prácticas onanistas de su sobrino. Uno de esos días tras llegar de su trabajo, al quitar las sábanas vio a los pies de la mesilla de noche una bola de papel higiénico. La recogió.
Estaba fría, pesada.
-¿Será posible este mozalbete? ¡Mira que sonarse y tirar el papel al suelo! - exclamó.
Pero sin saber porqué, quizás por pura intuición, se dijo que no era de sonarse. Acercó el papel a su nariz y el inconfundible olor dulzón del semen invadió sus fosas nasales. Se dio cuenta de que tenía en la mano una bola de papel impregnada del semen de su sobrino. Y juzgando por el peso, debió ser una abundante corrida la que tuvo esa noche David.
Hacía mucho tiempo que Rosa no olía semen. Desde joven era un olor que la excitaba. Volvió a acercar el papel a su nariz y aspiró hondo, recreándose esta vez en el olor. Se sentó en la cama, aspiró nuevamente, sin poder evitar imaginar a su sobrino corriéndose esa noche en aquel papel. Notó como sus pezones se ponían duros como piedras y ese cosquilleo en el estómago que era el preludio a que su coño se mojara. Un agradable cosquilleo que no sentía desde hacía tiempo.
Se recostó en la cama. Con la mano izquierda sujetaba el papel sobre su nariz. Con la derecha buscó, metiéndola bajo sus bragas, los labios de su coño que ya estaban húmedos. Luego su inflamado clítoris, el cual frotó sintiendo oleadas de placer recorrer su cuerpo. Con los ojos cerrados, apretando los dientes, Rosa tuvo un intenso orgasmo. No recordaba cuando había tenido el último.
Reposó su placer unos minutos. Después dejó las sábanas limpias sobre la cama y fue al baño a tirar el papel. Sentía vergüenza por haberse masturbado como lo había hecho, aspirando el aroma del semen de David.
Cuando ese medio día él regresó de clase fue corriendo a su cuarto. Había estaba toda la mañana preocupado ya que no recordaba que esa mañana hubiese tirado el papel con el que se limpió la corrida de la noche pasada y temía que su tía pudiese encontrarlo. No lo encontró. Eso significaba o que lo había tirado él mismo y no se acordaba o que su tía lo había recogido. Las sábanas limpias sobre la cama le indicaron que ella había hecho limpieza y sintió una punzada de miedo.
-Bueno, aunque lo haya visto, si barrió el piso lo habrá cogido con la pala y el cepillo - se dijo a sí mismo para infundirse ánimos.
Durante la comida ella actuaba como siempre, por lo que David terminó de tranquilizarse y se prometió a sí mismo que sería más cuidadoso a partir de ese momento.
Así que esa misma noche, después de correrse tras una placentera paja y limpiarse con papel, en vez de dejarlo en el suelo para tirarlo a la mañana siguiente, se levantó y fue al baño. Al regresar a su dormitorio miró la puerta cerrada del de su tía.
No supo que tras esa puerta, Rosa estaba desnuda sobre la cama. Que se pellizcaba un pezón con la mano izquierda mientras se frotaba entre las piernas con la derecha. Que había estado imaginando a su sobrino haciéndose una paja en su cama y llenando con una abundante corrida más papel, como el que había encontrado ese medio día. Que estaba a punto de correrse cuando oyó como él salía de su cuarto e iba al baño.
No supo que ella se corrió justo cuando él miraba la puerta. No supo que ella tenía la certeza de que lo que había tirado en la taza del wáter era papel higiénico empapado con su aún caliente semen.
Para su pesar, Rosa ya no volvió a encontrar más papel a los pies de la mesilla. Pero a cambio, esperaba cada noche oír como su sobrino salía de su dormitorio e iba al baño a tirar las pruebas de su placer. Esperaba a oírlo para intensificar sus caricias y correrse también ella. Su libido, dormida durante años, había sido despertada por un jovenzuelo, por su propio sobrino.
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Llegaron los primeros exámenes, lo que hizo que David estudiara más y apenas saliera de su cuarto. No fue hasta que terminó con ellos que volvió a hacerle compañía a su tía por las noches, viendo la tele.
Una de esas noches Rosa se había vuelto a poner aquel top ajustado, sin sujetador, que tanto había impactado en David. Él la miró con disimulo y notó como su polla se empezaba a poner dura, así que dejó de mirarla y se concentró en la película que estaban viendo para que la erección no fuese a más y ella lo notase. Estaba con un pantalón corto y suelto que no podría disimular el bulto de su polla en el caso de que se pusiera dura del todo.
Su tía estaba en el sofá grande, de tres plazas, que quedaba frente al televisor. Él, como siempre, estaba recostado en el de dos plazas, perpendicular al otro. Los dos miraran la película cuando entonces empezó una tórrida escena de sexo. Por supuesto no era explícita, pero si era bastante caliente. El protagonista masculino desnudaba a la bella coprotagonista y se la follaba salvajemente en la cocina. El salón se llenó de los jadeos de la chica, de los resoplidos del hombre.
Entre eso y su tía con aquel top fueron demasiado para David. No puedo evitar, por más que lo intentó, que su polla adquiriese una casi total dureza. Temiendo que su tía se diera cuenta, cogió un cojín y se lo puso sobre las piernas, tratando de disimular.
Rosa se dio cuenta. Ella misma había empezado a sentir cosquillas por el estómago con aquellas calientes imágenes.
-Uy, parece que la escenita te gusta, ¿No? - dijo Rosa, en tono divertido.
-¿eh? - respondió David.
-Que parece que algo - dijo la mujer, señalando hacia el cojín - se ha puesto... contento.
Rosa pudo ver como la cara de David enrojecía.
-Oh, yo… lo siento, tía.
-Jajaja, no hay por qué sentirlo, hombre. La escenita se las trae. Vaya polvazo que están echando
En la televisión el hombre besaba el cuello de la actriz mientras no dejaba de follarla. Solo se veían sus hombros. Pero estaba claro lo que estaba pasando. Después de un par de gemidos más, el fingido orgasmo de ambos actores y luego suaves caricias dieron por concluida la escena.
Rosa cerró con fuerza las piernas. El coño le palpitaba. No solo por la escena. Era sobre todo por saber que su sobrino tenía la polla dura bajo el cojín.
Siguieron viendo la película. De vez en cuando Rosa miraba hacia su sobrino, que no quitaba el cojín de donde lo tenía. Al rato no pudo evitar preguntarle
-¿Qué? ¿No se te... baja? - dijo, risueña.
David seguía avergonzado, pero la polla no se le quería ablandar. Su tía sabía que la tenía dura, así que no valía la pena negarlo.
-Pues... no. No quiere - respondió con una medio sonrisa.
-Jajaja. Bueno… Una meneadita y como nuevo.
-¡Pero... tía! - exclamó David, azorado.
-¿Qué? No me digas que no te la meneas de vez en cuando - le dijo, aún sabiendo que se le meneaba todas las noches.
Aquella conversación no le ayudaba, sino todo lo contrario. La polla se le puso aún más dura. Y mirarla a ella, con aquel hermoso para de tetas apretadas bajo el ajustado top ayudaba aún menos.
¿Le había mirado las tetas? Rosa vio como la mirada de su sobrino se bajó un instante hacia sus pechos.
-Bueno... alguna vez - se atrevió a decir el chico.
-El lo más normal del mundo, sobrinito. Le das gusto al cuerpo y sacas las tensiones acumuladas.
David volvió a mirarle las tetas. Rosa esta vez lo vio perfectamente. Cuando sus miradas se encontraron, también David supo que ella se había dado cuenta. Y como dicen que la mejor defensa es un buen ataque, antes de que ella le dijese nada, se atrevió a decirle:
-Parece que no soy el único 'contento' - comentó, aunque rojo como un tomate.
Rosa se miró las tetas y comprobó que sus duros pezones parecían querer romper la tela del top.
-Uy, es que… hace frio - respondió la mujer, poniendo cara de niña buena.
-No hace frio, mentirosa.
-Jajaja. Vaaaale. Es que no soy de piedra. La escenita también me afectó.
No le dijo a su sobrino que estaba más caliente por él que por la película.
-¿Una meneadita? - le soltó en plan venganza su sobrino.
-Las mujeres no nos meneamos nada.
-Lo sé. Pero ya me entiendes.
-¿Lo sabes? ¿Qué es lo que sabes, pillín?
-Joder, Rosa, ni que fuera un niño.
--Jajaja, tonto. Que te estoy tomando el pelo.
-Ya veo, ya.
Los dos rieron, relajando la tensión del momento. Pero la polla de David no se bajaba. Ni los pezones de Rosa dejaban de marcarse.
-Bueno -dijo Rosa levantándose - Me voy a la cama. Así te dejo solo para que bajes tu... problema - le dijo señalando el cojín.
¿Acababa su tía de decirle que se hiciera una paja? - se preguntó David mirando el cimbreante culazo de su tía.
Rosa llegó a la puerta del salón y se dio la vuelta. El corazón le latía con fuerza. Su encharcado coño le palpitaba entre las piernas.
-Si lo haces aquí, procura no marcharme el sofá. Que las sábanas siempre las dejas con lamparones.
Se dio la vuelta y se fue a su dormitorio, dejando tras de sí a un asombrado y excitado David.
-Joder - pensó David - Sabe que me la casco en la cama. ¿Pero cómo? Si soy siempre cuidadoso.
Comprobó que ella no estaba y se quitó el cojín de encima. Se bajó los pantalones y se sacó la polla. Empezó una furiosa paja, cerrando los ojos y recordando las hermosas tetas de su tía, su lindo culito, amplio, redondo. Se imaginó que se la follaba salvajemente en el sofá, clavándole la polla a fondo mientras le comía aquellas dos soberbias tetas.
Rosa, después de entrar en su alcoba y cerrar sin llave la puerta, se dirigió al aparador y se miró en el espejo. Tenía las mejillas sonrosadas. Los pezones pugnando por romper la tela del top. Sin dejar de mirarse, metió su mano derecha por dentro del pantaloncito de pijama que llevaba y se empezó a hacer una paja, buscando un ansiado orgasmo que no tardó en llegar. Estaba tan excitada que en menos de dos minutos se corrió intensamente, mordiéndose los labios para no gritar de placer.
Casi en ese mismo instante, a escasos metros de allí, su sobrino se corría con grandes y potentes chorros de espeso semen sobre su barriga. Con la mano izquierda paraba los disparos para no manchar el sofá como su tía le había dicho.
David miró el estropicio que su abundante y espesa corrida había provocado. Tuvo la precaución de subirse la camiseta antes de correrse, por lo su barriga había recibido la copiosa eyaculación. Su mano izquierda también estaba toda pringosa. Y encima, con la calentura repentina ni se acordó de tener a mano papel para limpiarse, así que tuvo que levantarse y como un pingüino se dirigió al baño a adecentarse.
Rosa, aún con el corazón desbocado y el placer de su arrollador orgasmo pasando a poco se había acostado en su cama.
-¿Lo estará haciendo? - se preguntó - ¿Estará pajeándose en el salón?
Se imaginó a su sobrino, acostado en el sofá, con la polla en la mano... subiendo y bajando hasta correrse. Gimió de placer cuando su mano volvió a acariciar los labios de su recién corrido coño, pero se paró en seco cuando oyó a David entrar al baño. Agudizó el oído, tratando de adivinar lo que estaba haciendo.
Oyó el agua correr. David estaba lavando algo. ¿Acaso se había corrido y estaba lavándose? La idea la excitó más de lo que ya estaba y continuó acariciándose, atenta a los ruidos que venían del baño. Después del lavamanos, el sonido de echar el agua de las cisterna. Luego la oscuridad cuando David apagó la luz y por último, el sonido de la puerta de la habitación de él al cerrarse.
Rosa no tardó en correrse una vez más. Después, relajada, se durmió.
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A la mañana siguiente, David en la facultad y Rosa en su oficina recordaron los acontecimientos de la noche pasada. Ella reprochándose el haber sido tan descarada con su sobrino. Lo que empezó como un juego, como una broma, terminó con cada uno masturbándose. Había sido una locura, pero no podía negarse a sí misma que lo había disfrutado. David, por su parte, estaba un poco avergonzado de que su tía supiese que se la meneaba en la cama y de que encina, por la noche, supiera que se había empalmado con la película. Bueno, con la película y por ella. Aunque ella no parecía molesta, más bien al contrario. Incluso lo había animado a cascársela.
Rosa intentó concentrarse en su trabajo, pero al rato volvieron los recuerdos. Otra vez la imagen de su sobrino masturbándose en su sofá llenó su mente y excitó su cuerpo. Cogió su teléfono móvil.
-Es solo un juego... no hay nada de malo - pensó mientras abría el whatsapp y buscaba el contacto de David
Escribió una frase. La leyó un par de veces, dudando si enviarla o no. Al final, el cosquilleo de su estómago pudo más que su sensatez y lo mandó.
-Espero que no me mancharas anoche el sofá - le escribió, acompañándolo con un emoticono sonriente y picando un ojo.
David estaba en plena clase y sintió como le vibraba el móvil. Con disimulo para que el profesor no se diera cuenta, lo sacó de su bolsillo y miró lo que era. Cuando comprobó que era un mensaje de su tía, lo abrió en el acto y lo leyó.
¿Qué contestarle? ¿Decirle que no había hecho nada? No tenía sentido. Ella ya sabía lo que hacía en la cama. Así que optó por seguirle el juego.
-Tranquila. Fui cuidadoso - y añadió el mismo emoticono que ella.
-O sea, que te la meneaste en el sofá, bribón.
-Tú me lo pediste.
-¿Yooo? ¿Qué dices, loco?
-Bueno, no fue una orden... jeje. Pero me lo insinuaste. ¿Y tú?
-¿Yo qué? - preguntó Rosa a sabiendas de lo que su sobrino le estaba preguntando.
-Que si tú...
¿Que si yo...? - respondió la mujer, jugando con él
-Coño, tía. Ya sabes a lo que me refiero.
-Pues ni idea, la verdad.
-Que si te tocaste. No era yo anoche el único que estaba caliente.
-¿Le estás preguntando a tu tía que si se tocó anoche? - exclamó y enfatizó la frase con el emoticono del asombro.
-Sí.
-¿Pero no te va vergüenza?
-No - respondió David.
Aunque sí que se moría de vergüenza, pero ella había empezado. Cara a cara no se habría atrevido a hablarle así, pero hacerlo a través del móvil le era más fácil.
-Jajaja, pero que pillo me está saliendo mi sobrinito.
-No has contestado.
-Sí.
-No, no me has contestado.
-Que sí
-Que no, coño.
-Que sí, coño. Que SÍ me toqué - le contestó con una ristra de caritas sonrientes.
Lo que no le dijo a su sobrino es que desde que empezó la conversación de whatsapp se había ido al baño. Que se había encerrado en una de las cabinas y que sus dedos acariciaban furiosamente su encharcado coño.
-Ah, vale. No te había entendido.
La polla de David ya estaba dura como una piedra. Se imaginó a su tía, tumbada en la cama, con las piernas abiertas y acariciándose el coño. ¿Cómo lo tendría? ¿Afeitado con se llevaba ahora o peludito como en los vídeos porno más antiguos?
Rosa no pudo más y se corrió, tratando de no hacer ruido. Sus dedos se mojaron cuando su intenso orgasmo hizo que sus jugos fluyeran. Varios segundos de intenso placer, agarrando con fuerza el móvil con la mano izquierda y frotando su clítoris con la derecha. Cuando todo pasó y pudo escribir, se despidió de David.
-Bueno, sobrinito. Te dejo que sigas. ¿Estás en clase?
-Sí. Un tostonazo.
-Jaja, pobre. Pues nada. Hasta lueguito.
-Chao.
La erección de David tardó en desparecer. No podía creerse la conversación que acababa de tener con su tía.
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Durante el almuerzo, ninguno de los dos se atrevió a hacer mención de lo que habían hablado y se comportaron como si nada hubiese pasado. Tampoco durante la cena dijeron nada al respecto. Después de recoger juntos la cocina, Rosa dijo que iba a ponerse cómoda para ver un rato la tele. David hizo lo mismo.
Rosa eligió un top parecido al de la noche anterior. También era ajustado y no se puso sujetador. Cuando se miró en el espejo vio como sus pezones se marcaban, dudó en si quitárselo y ponerse algo más recatado. Recordó como David le había mirado las tetas la noche anterior y decidió quedarse como estaba.
-Que se recree con esta vieja - se dijo, riéndose.
Cuando David se sentó en su sofá y vio como estaba vestida su tía, se dijo que iba a necesitar otra vez el cojín.
-¿Qué peli ponen? - le preguntó su tía.
-Pues no sé.
-Bueno, si ponen alguna picante tienes el cojín a mano jajaja.
-Ya... gracias - dijo David, un poco molesto.
-Que son bromas, hombre. No seas tan quisquilloso.
-Vaaaale.
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